Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog

Presentación

442px-Emblem of the Papacy SE svgBienvenido a este blog de actualidad religiosa,de filosofía, de combate de la Verdad contra la secta modernista del "Concilio Vaticano II", de honor, amor y fidelidad al Magisterio infalible de la Santa Iglesia Católica, y de discusión sobre la actualidad de Méjico.
   Este blog pretende también reunir las direcciones de los centros de Misa y de sacerdotes NON UNA CUM, celebrando el Santo Sacrificio en total desunión a "Benedicto XVI" en México.

   No reconocemos, pues, la legitimidad de la autoridad de los "Papas del Concilio" Vaticano II. Estamos ciertos de que solamente esta posición, también llamada sedevacantismo, es la posición teológica que responde perfectamente a la situación actual de la Autoridad en la Iglesia, en particular detallada por la Tesis de Cassiciacum.

   Le invitamos a leer nuestro blog detalladamente. Permítanos presertarle nuestra postura teológica.

   Sea a la mayor gloria de Dios: 


El equipo de México y Tradición

Archivos

30 octubre 2012 2 30 /10 /octubre /2012 03:40

III. LA VALIDEZ DE LAS CONSAGRACIONES

Mons.-Pedro-Martin-Ngo-Dinh-Thuc.jpg
Ahora, retomemos la cuestión que diera lugar a este estudio: - ¿Estamos obligados a considerar que las consagraciones Thuc son válidas, i.e., que sirvieron? Fundándonos en principios de derecho eclesiástico y teología moral aplicables a todos los sacramentos, estamos obligados a responder afirmativamente.
Para entender porqué, simplemente tenemos que repasar los requisitos mínimos exigidos para que una consagración se realice válidamente, y de qué manera el derecho eclesiástico y los moralistas consideran que tales requisitos se han satisfecho en un caso dado, a menos que exista evidencia positiva en contrario.
A. Una receta para la validez Dentro de las numerosas ceremonias bellísimas de la Iglesia Católica, el Rito de Consagración Episcopal es sin duda la más espléndida y compleja. Se lleva a cabo en la festividad de un Apóstol, generalmente ante una gran concurrencia de fieles. En su forma más solemne, el obispo consagrante es asistido por otros dos obispos (denominados «co-consa-grantes»), 11 sacerdotes, 20 acólitos y 3 ceremonieros24[24]. Realizar una consagración episcopal tal como lo prescriben todas las elaboradas directivas del ceremonial demanda aproximadamente cuatro horas.
Por otro lado, realizar una consagración episcopal válidamente demanda aproximadamente 15 segundos. O sea, más o menos el tiempo que le toma a un obispo imponer sus manos sobre la cabeza del sacerdote y recitar las 16 palabras de la fórmula que exige la Iglesia para la validez. Lo que acabamos de decir podría dejar pasmado al lector lego, pero este caso es semejante a algo que todos hemos aprendido en el catecismo. Todo lo que se necesita para bautizar válidamente a alguien es agua común y la fórmula breve (Yo te bautizo, etc.). Es tan simple que hasta un musulmán o un judío podrían hacerlo bien, en caso de que alguien necesitara ser bautizado verdaderamente. Y una vez que el agua fue derramada y se recitó la fórmula breve, estará tan válidamente bautizado y será tan cristiano como si el Papa en persona lo hubiera hecho en la Basílica de San Pedro.
La receta que la Iglesia da para que una consagración episcopal sea válida es también así de simple. Además del obispo válidamente consagrado que realice el rito y un sacerdote válidamente ordenado que tenga la intención de recibir la consagración, hay solo tres ingredientes esenciales para la validez:
·  1) La imposición de manos por el obispo consagrante (denominada técnicamente materia del sacramento).
·  2) La fórmula esencial de 16 palabras recitada por el obispo consagrante (denominada técnicamente forma del sacramento)25[25].

·  3) Una intención mínima de parte del obispo consagrante «de hacer lo que hace la Iglesia» (denominada intención ministerial).
Aunque se deben observar todas las ceremonias que prescribe el rito, los tres elementos precedentes son todo lo que se requiere para que una consagración episcopal sea válida.
B. El peso de la prueba
Luego de asegurarse del hecho que un verdadero obispo realizó una consagración empleando un rito católico, ¿es necesario probar en forma positiva que el obispo no omitió alguno de estos elementos esenciales durante la ceremonia?
No. El mero hecho de que un obispo emplee un rito católico es por sí prueba suficiente de la validez, y a partir de entonces no se requiere ninguna evidencia extra. La validez se «da por sentada», y solo puede ser refutada. Y esto solo puede lograrse si se demuestra que uno de los elementos esenciales para la validez faltó (o probablemente faltó) cuando se realizó la ceremonia.
Esto se aplica a todos los sacramentos y se manifiesta por:
1. La práctica pastoral ordinaria: El registro diario de los sacramentos da por supuesto que el ministro del sacramento cumplió con los requisitos esenciales para la validez. Las actas oficiales de bautismo y ordenación no mencionan en absoluto términos técnicos como «materia», «forma» o «intención ministerial». Además, los certificados de los sacramentos simplemente declaran que fulano recibió un sacramento «con todas las ceremonias y solemnidades necesarias y oportunas», o sencillamente «según el rito de la Santa Iglesia Romana». No dicen nada más, porque la ley de la Iglesia no requiere nada más. Dichos sacramentos se consideran válidos sin necesidad de pruebas adicionales.
2. Los canonistas: Los canonistas hablan de «la reina de las presunciones, que tiene por válido el acto o el contrato mientras no se pruebe su invalidez»26[26]. Y se aplica a los sacramentos de la siguiente forma: si alguien se presenta ante un tribunal eclesiástico para cuestionar la validez de un bautismo católico27[27], un matrimonio28[28] o una ordenación29[29], la responsabilidad de probarlo [el peso de la prueba] le compete a él. Él debe demostrar que faltó un elemento esencial cuando se confirió el sacramento.
3. El Derecho Canónico y la Teología Moral: Estas fuentes prohíben volver a administrar un sacramento en forma condicional, a menos que exista una duda «positiva» o «prudente» sobre la validez (véase el punto IV.A más adelante). Como ejemplo de una duda que no caería en esta categoría, el teólogo moralista dominico Fanfani habla de un sacerdote que no recuerda si recitó la fórmula sacramental esencial. «No debería repetir nada», dice Fanfani. «Sin duda pecaría si lo hace -puesto que todo lo que se hace se presupone hecho correctamente, a menos que se demuestre positivamente lo contrario»30[30]. Que las partes esenciales del rito fueron realizadas es otra vez simplemente tomado por
garantizado.
El canonista Gasparri (que luego fuera Cardenal y compilador del Código de Derecho Canónico de 1917) proporciona un principio general: «...un acto, en particular uno tan solemne como una ordenación, debe considerarse válido mientras no se demuestre claramente su invalidez»31[31].
4. Incluso en los casos raros: Los canonistas y los moralistas incluso amplían la aplicación de estos principios a los casos donde alguien que no es el ministro católico normal emplea un rito católico para conferir un sacramento. Si una partera que afirma haber hecho un bautismo de urgencia es una persona seria, confiable e instruida en la manera de realizar el bautismo -dice el teólogo Merkelbach-, «no hay razón para dudar seriamente de la validez de un bautismo»32[32].
Por último, la Iglesia sostiene tan firmemente la validez de un sacramento administrado según un rito católico que extiende el principio no solamente a los clérigos católicos, sino que incluso lo aplica a los cismáticos. Así, las ordenaciones y las consagraciones episcopales recibidas de obispos ortodoxos, de obispos viejo-católicos de Holanda, Alemania o Suiza «deben considerarse válidas, a menos que en un caso particular deba reconocerse un defecto
esencial»33[33]. Lo que antecede refleja ciertamente la sabiduría de la Iglesia. Ella no nos pide que refutemos acusaciones negativas intrincadas: «Pruébame positivamente que no omitiste lo que se suponía que tenías que hacer para que el sacramento fuera válido». De lo contrario, habría que capacitar a hordas de testigos especialmente calificados para que comprobaran en forma independiente la validez cada vez que un sacerdote confiere un sacramento.
Por lo tanto, es fácil ver porqué un sacramento administrado según un rito católico debe considerarse válido mientras no se demuestre positivamente lo contrario.
C. Validez
Los requisitos para que una consagración episcopal sea válida son, entonces, mínimos. Y cuando se emplea un rito católico para este o para cualquier otro sacramento, la práctica pastoral ordinaria, los canonistas, el derecho eclesiástico y los moralistas no requieren ninguna prueba adicional para la validez del sacramento, incluso cuando lo administre una partera o un cismático. La validez más bien debe ser refutada.
Cuando volvemos a considerar las consagraciones de Mons. Guérard y de Mons. Carmona, tres hechos clave son absolutamente ciertos:
·  1) Mons. Thuc era un obispo válidamente consagrado.
·  2) Mons. Thuc realizó el rito de consagración episcopal para Mons.
Guérard el 7 de mayo de 1981 y para Mons. Carmona el 17 de octubre de 1981.
·  3) Mons. Thuc empleó el rito católico en ambas consagraciones.


Tenemos un obispo válidamente consagrado, que realiza el rito de consagración episcopal y que utilizó el rito católico. No hacen falta más pruebas. Por consiguiente, estamos obligados a considerar que las consagraciones episcopales que Mons. P.M. Ngo-dinh-Thuc confirió a M.L. Guérard des Lauriers y a Moisés Carmona Rivera son válidas.BishopDesLauriers2.jpg


IV. OBJECIONES DUDOSAS
Como señaláramos antes, Monseñor Antonio de Castro Mayer admitió la validez de la consagración de Mons. Guérard, y el Nuncio Apostólico en Estados Unidos, Mons. Pío Laghi, también lo consideró así, pues al condenar la consagración de Guérard como «ilícita», también reconocía que era «valida»34[34]. Podemos suponer que si se planteara a cualquiera de los dos prelados una cuestión sobre la consagración de Mons. Carmona, habrían dado respuestas similares a aquellas. Aunque eclesiásticos tan distantes teológicamente como el prelado tradicionalista de Campos y el representante oficial de Juan Pablo II en los EE.UU. puedan coincidir al admitir la validez de las consagraciones, algunos
sacerdotes católicos tradicionalistas se han mantenido cautelosos al respecto. Algunos de ellos hallaron honestamente ciertas cuestiones que les resultaban desconcertantes. Otros denunciaron agresivamente como «dudosa» la validez de las consagraciones.
Aquí nos ocuparemos del último grupo. Cada una de sus objeciones se ha basado en una de estas dos cosas:
·  A) Una aseveración gratuita que los teólogos definirían como «duda negativa», que como tal no puede utilizarse para impugnar la validez de un sacramento.
·  B) Un supuesto «requisito» del derecho eclesiástico o de la teología moral que resultó ser un invento de los objetores.
A. Dudas «negativas»
La única manera de decir verdaderamente que un sacramento es dudoso es presentar una duda positiva (o prudente) sobre su validez. La duda es positiva cuando tiene un fundamento claramente objetivo y firmemente basado en la realidad. En el caso de un sacramento, debe fundarse en pruebas sólidas de que probablemente se omitió un elemento esencial para la validez.
Por lo tanto, para plantear una duda positiva sobre la validez de las consagraciones Thuc debe demostrarse que cuando se realizó la ceremonia hubo, o probablemente hubo, un defecto sustancial en alguno de los siguientes elementos esenciales:
·  - La imposición de manos.
·  - La fórmula esencial de 16 palabras.
·  - La intención mínima del obispo de «hacer lo que hace la Iglesia».
Ahora bien, nadie entre los presentes en las consagraciones de Mons. Thuc afirmó jamás que hubieran ocurrido alguno de estos defectos.
Al no haber ningún tipo de prueba sobre defecto semejante, los objetores promueven especulaciones, cavilaciones, conjeturas, teorías personales y -un recurso favorito- cuestiones retóricas acerca de lo que puede haber o no puede haber, o de lo que posiblemente podría o no podría haber ocurrido durante los «15 segundos esenciales» de la consagración. Pero la característica principal de tales objeciones es que son subjetivas, i.e.,
que no se sustentan en un conocimiento de lo que ocurrió durante el rito, sino de la falta de conocimiento personal en el objetor de lo que ocurrió. Estas objeciones son lo que los teólogos moralistas denominan dudas negativas (o imprudentes). Y las dudas negativas no hacen que un sacramento se vuelva «dudoso». Nos limitaremos a algunas de las dudas negativas más repetidas:
1ª Objeción: ¿Qué pasaría si se hubiera omitido un elemento esencial y no lo sabemos? ¿No sería terrible? ¿No debemos acaso querer estar bien seguros? ¿No es prudente desear saber? ¿No es prudente dudar? ¿No necesitamos mayores pruebas? etc.
Tenemos aquí toda una manada de dudas negativas atronando a todo galope. Observen cómo funciona el procedimiento: Montones de dudas. Montones y montones de rastros oscuros. Pero ningún hecho pertinente y verificable. Y ningún principio tomado del derecho canónico o la teología moral. La respuesta es simple: Los canonistas católicos, los teólogos moralistas y los Papas nos han dicho qué es lo que da la certeza moral de la validez de un sacramento. Estas son las reglas que debemos seguir. Si nos ponemos a inventar nuestra propia religión cuando queramos podemos exigir más y más.
2ª Objeción: Me pregunto si Mons. Thuc «quiso hacer lo que hace la Iglesia», así que las consagraciones deben considerarse dudosas.
- Un sacerdote o un obispo que confiere un sacramento no tiene que «probar» que quiere hacer lo que hace la Iglesia. Se presume automáticamente que tiene la intención implícita en el rito. Esta es doctrina teológica cierta enseñada por la Iglesia. Y negarla es «teológicamente erróneo»35[35]. León XIII confirmó específicamente el principio con respecto a las Órdenes Sagradas cuando dijo que alguien que aplica seria y correctamente la materia y la forma, «debe juzgarse por esa misma razón que tuvo la intención de hacer lo que hace la Iglesia»36[36].
Antes citamos la declaración del canonista Gasparri afirmando que una ordenación debe considerarse válida mientras no se demuestre su invalidez. También dice que nunca debe presumirse que un obispo que confiere Órdenes Sagradas no tiene la intención de ordenar a alguien, mientras no se demuestre lo contrario. Porque no debe presumirse que alguien es malo -agrega- a menos que se pruebe que lo es37[37].
Por lo tanto, es inadmisible atacar la intención ministerial de Mons. Thuc. - Además, el solo intento de hacerlo, deja traslucir un aguerrido espíritu de presunción. La investigación y prueba en casos en los que se impugnan ordenaciones por falta de intención, era tarea de un tribunal del Vaticano llamado Santo Oficio. Entonces, el Papa mismo confirmaba específicamente la decisión del tribunal.
Un clero tradicionalista «flotante» no tiene, por lo tanto, ni el derecho ni la autoridad de atacar la intención ministerial de un arzobispo católico válidamente consagrado. La sola idea es una necedad.

3ª Objeción: Creo que Mons. Thuc estaba demente o senil, de modo que las consagraciones deben considerarse dudosas. Esta es una variante de la 2ª Objeción, ya que ataca la intención ministerial de Mons. Thuc. Como ya mencionamos, esto es igualmente inadmisible.
Rogamos a los objetores que se den cuenta que, del mismo modo, no han presentado ningún testigo o documento que apoye el cargo de que Mons. Thuc estaba «demente» o «senil » cuando realizó las consagraciones. Ellos suponen que por el simple hecho de plantear esta cuestión, ella tendría un fundamento real: Pruebe que él no estaba demente o senil. Es como decir: Pruebe que usted no le pega a su mujer.
- El «nivel» mínimo de intención requerido para conferir un sacramento válidamente es la intención virtual. No podemos extendernos aquí en la exposición de este concepto técnico. Todo lo que necesitamos saber es que la intención virtual garantiza la validez de un sacramento, incluso si el sacerdote o el obispo están interiormente distraídos antes o durante todo el rito sacramental. La intención virtual, dice el teólogo Coronata, «ciertamente está presente en alguien que realiza habitualmente acciones sacramentales »38[38]. El solo hecho de revestirse con los ornamentos e ir al altar se considera prueba suficiente de intención virtual.
Mons. Thuc celebró la Misa tradicional regularmente antes y después de las consagraciones, y muy devotamente, dijo uno de mis amigos laicos que una vez dio testimonio de que así lo hacía. Es ridículo pretender que cuando se revestía y celebraba consagraciones episcopales de tres horas de duración, Mons. Thuc repentinamente no podía siquiera lograr el mínimo de intención virtual. - Por otra parte, quienes lo conocieron realmente descartan esas acusaciones. El Dr. Eberhard Heller, que estuvo presente en las dos consagraciones, atestiguó bajo juramento que Mons. Thuc «confirió las consagraciones en completa posesión de sus facultades mentales»39[39]. Mons. Guérard declaró asimismo que Mons. Thuc era de «buen juicio», estaba «perfectamente lúcido»40[40], y que «tenía la intención de hacer lo que hace la Iglesia»41[41]. El R.P. Thomas Fouhy, un sacerdote tradicionalista de Nueva Zelanda que pasó dos días con Mons. Thuc en 1983, en Toulon, Francia, relata que el arzobispo «no tenía un pelo de tonto » y que discutió con competencia distintas cuestiones teológicas y canónicas. Incluso obsequió al Padre Fouhy con detalles de su viaje a Nueva Zelanda en 1963. El Padre Fouhy agregó que no quedaba ninguna duda de que Mons. Thuc
era competente42[42].
Así también, incluso los enemigos que tenía el arzobispo dentro del movimiento tradicionalista. Los RR.PP. Noel Barbara y Gustave Dalmasure visitaron a Mons. Thuc por separado en enero de 1982. Ambos se oponían a las consagraciones y todavía son críticos de Mons. Thuc, pero ambos también atestiguan que estaba en perfecta posesión de sus facultades. El Padre Barbara dice que la validez de las consagraciones está fuera de toda duda. Él cree que la Iglesia Conciliar fue la que inició el rumor contra el discernimiento de Mons. Thuc43[43].
- He recibido fotocopias de cuatro documentos escritos por Mons. Thuc, de puño y letra. Todos ellos fueron escritos después de las consagraciones. Su caligrafía es clara, firme y más legible que la mía. Los documentos son indudablemente la obra de un hombre coherente, cuya capacidad para conferir sacramentos válidos es inatacable.
Uno de los documentos es una carta del 30 de julio de 1982 a Mons. Guérard para enviarle cierta correspondencia. Dos son declaraciones; una de ellas, de que rompe relaciones con el grupo del Palmar de Troya44[44]; en la otra, declara su posición sobre la vacancia de la Santa Sede45[45]. El último documento es una carta de 1982 (en latín) en respuesta a una pregunta de Mons. Guérard. Varios meses después de su consagración, Mons. Guérard escuchó que Mons. Thuc había concelebrado previamente una vez el Novus Ordo, el Jueves Santo de 1981, con el obispo de Toulon. El arzobispo admite que era verdad, pero cierra con esta conmovedora frase: «Tengo la esperanza de que Dios no me juzgue con tal crueldad, pues erré de buena fe»46[46]. Es indudable que un hombre que puede escribir semejante declaración es totalmente dueño de su mente.
- Por consiguiente, extraemos la conclusión correcta: La enseñanza católica prohíbe atacar la intención sacramental de Mons. Thuc y, a la luz de las declaraciones del arzobispo y de quienes lo conocieron, los principios de la moral católica dictaminan que se deje de repetir la calumnia infundada de que él era incapaz de conferir un sacramento válido.
B. «Requisitos» inexistentes»

Muchas veces mientras realizábamos nuestra investigación, quienes objetaban las consagraciones Thuc nos decían al Padre Sanborn y a mi que «la Iglesia exige» esto o aquello para considerar válida una consagración episcopal, que en las consagraciones no se hallaba el requisito y que entonces eran «dudosas». La mayoría de estas objeciones estaba de algún modo ligada al hecho de que, además de Mons. Thuc y los futuros obispos, solo estaban presentes dos laicos en las ceremonias.
Casualmente, descubríamos en cada caso que el supuesto «requisito» no provenía de la Iglesia sino únicamente de los objetores. Citamos aquí ejemplos:
1ª Objeción: Si no existe un certificado firmado, la consagración episcopal es dudosa.
- No existe ninguna ley eclesiástica que diga que no emitir un certificado vuelve dudosa automáticamente una consagración episcopal. La certeza moral sobre el hecho de que un sacramento tuvo lugar es todo lo que se requiere para considerarlo válido (véase más arriba II.A, C).
- De todos modos, es el registro diocesano de ordenaciones, y no el certificado del obispo consagrante, el acta oficial de una consagración episcopal.
2ª Objeción: Las consagraciones fueron un hecho «secreto», más que un hecho «notorio». La responsabilidad de probar un hecho secreto corresponde a quienes lo sostienen, y dado que no se han presentado pruebas, las consagraciones son dudosas.
Esta objeción es puro cuento chino.

- El derecho eclesiástico no dice en ninguna parte que una consagración episcopal realizada con solo dos laicos presentes es un hecho «secreto», o que tal consagración sea dudosa. Esta norma la inventaron los objetores.

- De todos modos, para el derecho eclesiástico son suficientes dos testigos para
que un acto se convierta legalmente en «público». El Matrimonio, por su propia
naturaleza, por ejemplo, siempre se considera un sacramento público. Pero puede
ser contraído a puertas cerradas (para no escandalizar, por ejemplo), frente a dos
testigos. La presencia de los cuales lo convierte legalmente en «público», aunque
el hecho de que el sacramento tuvo lugar no se difunda por aquí y por allá.
- Las referencias sobre actos «secretos» y «notorios» se toman de las normas de
evidencia que el derecho canónico aplica solamente cuando dos partes
adversarias litigan, al estilo «Perry Mason», ante un juez eclesiástico en un juicio
eclesiástico.
Obviamente, el tribunal no está sesionando. Y no estará sesionando hasta que la
jerarquía de la Iglesia sea restaurada. Mientras tanto, el poder judicial para
dictaminar sobre la evidencia no ha pasado, por defecto, a los objetores.
E incluso si el tribunal estuviera sesionando, los objetores serían arrojados
fuera del recinto del juzgado, pues según el derecho canónico solo tres clases de
personas pueden cuestionar la validez de una ordenación o consagración47[47].
Ninguna otra persona -dice el canonista Cappello- tiene derecho a formular
acusaciones48[48].
3ª Objeción: Una consagración episcopal sin «testigos calificados» es dudosa.
- No existe ninguna ley eclesiástica que prescriba que los testigos -sean
calificados o no- deben estar presentes en una consagración episcopal, y menos
todavía que una consagración es dudosa sin ellos. Nuevamente, los objetores
inventaron un requisito de la nada.
4ª Objeción: Sin la presencia de al menos dos sacerdotes para atestiguar que
una consagración episcopal se realizó válidamente, la consagración es dudosa.
Este «requisito» no existe, y lo contradicen directamente las actas autorizadas
por la Santa Sede.
- La función de los sacerdotes asistentes no es -como parecen creer los
objetores- atestiguar la validez de una consagración. El Papa Benedicto XIV dice
claramente que la razón de los sacerdotes asistentes es la de agregar solemnidad
al acto litúrgico y llevar a cabo las prescripciones de los ritos49[49].
- En los países de misión, las consagraciones episcopales a menudo se
efectuaban sin sacerdotes asistentes50[50]. La práctica fue sancionada por los
Papas Alejandro VII51[51], Clemente X52[52] y Pío VI53[53]. De hecho, el breve
25
de Pío VI estaba dirigido a los obispos de lo que era entonces llamado Tonkin y
Cochinchina, la parte de Vietnam donde estaba ubicada la diócesis de Mons.
Thuc.
- La Iglesia no solamente permite que se realicen consagraciones episcopales
sin dos sacerdotes asistentes, sino que en algunos casos específicamente lo ha
ordenado así. En un caso, Roma ordenó que una consagración episcopal no
solamente se efectuara en secreto y sin asistentes, sino incluso bajo sigilo
sacramental54[54].
En un caso más reciente, el Papa Pío XI ordenó en 1926 que el Nuncio
Apostólico de Alemania efectuara una consagración episcopal secreta sin que
hubiera nadie presente. El Nuncio era el Cardenal Eugenio Pacelli, más tarde, por
supuesto, el Papa Pío XII. Pacelli solicitó a Roma que se permitiera la presencia
de al menos un sacerdote. Por favor, tómese en cuenta que no fue para servir de
«testigo », sino que simplemente así el Cardenal podría tener alguien que
sostuviera el Misal sobre los hombros del nuevo obispo, como está prescripto
efectuar mientras se recita el Prefacio55[55].
- Pío XI envió al obispo que Pacelli había consagrado, Mons. d’Herbigny, a
Rusia, para que consagrase obispos en secreto. Realizó la primera de estas
consagraciones el 21 de abril de 1926 para un cierto Padre Neveu. La
consagración tuvo lugar sin sacerdotes asistentes y con la presencia de dos laicos;
circunstancias idénticas a las de las consagraciones Thuc. Mons. d’Herbigny no
expidió ningún certificado56[56].
Obviamente, la Iglesia no permitiría -y menos aún ordenaría- que un obispo
realizase una consagración episcopal sin sacerdotes asistentes, si esta fuera
«dudosa». Por consiguiente, es imposible sostener que las consagraciones Thuc
son «dudosas» fundándose en semejante cosa.
5ª Objeción: Sin dispensa papal, una consagración episcopal realizada sin dos
sacerdotes asistentes es dudosa.
- Una vez más, ninguna ley ni canonista sustenta esta afirmación.
- Las enseñanzas de los canonistas contradicen esto directamente. Bouix dice
llanamente: «Incluso si hubiera una consagración sin ningún asistente y sin una
dispensa pontificia, aún sería válida»57[57]. Regatillo, escribiendo en un trabajo
del año 1953, va incluso más allá. Dice que una consagración realizada sin una
dispensa sería válida incluso si el obispo «es la única persona presente en la
consagración»58[58].
- Los Papas Alejandro VI59[59], Clemente XI y Benedicto XIV declararon que
las consagraciones realizadas sin tal dispensa son válidas60[60].

Compartir este post

Repost 0
Published by Juan Manuel Olivar Robles - en El Sedevacantismo
Comenta este artículo

Comentarios