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Presentación

442px-Emblem of the Papacy SE svgBienvenido a este blog de actualidad religiosa,de filosofía, de combate de la Verdad contra la secta modernista del "Concilio Vaticano II", de honor, amor y fidelidad al Magisterio infalible de la Santa Iglesia Católica, y de discusión sobre la actualidad de Méjico.
   Este blog pretende también reunir las direcciones de los centros de Misa y de sacerdotes NON UNA CUM, celebrando el Santo Sacrificio en total desunión a "Benedicto XVI" en México.

   No reconocemos, pues, la legitimidad de la autoridad de los "Papas del Concilio" Vaticano II. Estamos ciertos de que solamente esta posición, también llamada sedevacantismo, es la posición teológica que responde perfectamente a la situación actual de la Autoridad en la Iglesia, en particular detallada por la Tesis de Cassiciacum.

   Le invitamos a leer nuestro blog detalladamente. Permítanos presertarle nuestra postura teológica.

   Sea a la mayor gloria de Dios: 


El equipo de México y Tradición

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22 agosto 2013 4 22 /08 /agosto /2013 01:39

Estimados lectores:


Este artículo fue tomado del Blog del Padre Hector Lázaro Romero: Revista Integrismo. es un estudio sobre el Bautismo de deseo y sobre lo que el Magisterio enseña sobre él. Esperamos que les sea de su interés.

 

El bautismo de deseo y de sangre

Probado a partir del Magisterio Pontificio, el Concilio de Trento, el Derecho Canónico, el Martirologio Romano, los Santos Padres, los Doctores y teólogos de la Iglesia

Últimamente S.E. Mons. Pivarunas ha estado profundizando la enseñanza eclesiástica acerca de la necesidad del bautismo. Como veremos en las siguientes citas, para salvarse es necesario pertenecer a la Iglesia Católica, al menos por el deseo. También es necesario recordar que sin la fe y la caridad sobrenatural la salvación es imposible, se haya o no recibido el sacramento del bautismo. Al adulto que busca conocer y hacer la voluntad de Dios se le da la gracia suficiente para que obre lo necesario y obtenga la salvación.

1. Concilio de Trento (1545-1563)

Cánones sobre los sacramentos en general, c. 4: «Si alguno dijere que los sacramentos de la nueva ley no son necesarios, sino superfluos para salvarse; y aun cuando no todos sean necesarios a cada particular, asimismo dijere que los hombres sin ellos, o sin el deseo de ellos (sine eis aut eorum voto), alcanzan de Dios, por la sola fe, la gracia de la justificación; sea anatema». 

Decreto sobre la justificación, ses. VI, cap. IV: «En esas palabras se describe la justificación del pecador, de suerte que es tránsito de aquel estado en que el hombre nace hijo del primer Adán, al estado de gracia y adopción de los hijos (Rom. 8, 15) de Dios por el segundo Adán, Jesucristo nuestro Salvador; y este tránsito no se puede lograr, después de promulgado el Evangelio, sin el bautismo o sin el deseo de él (sine lavacro regenerationis aut eius voto); según está escrito: El que no naciere de agua y del Espíritu Santo no puede entrar en el reino de Dios (Jn. 3, 5)». 

2. S. Alfonso M. de Ligorio (Doctor de la Iglesia, 1691-1787)

«Mas el bautismo de deseo es una conversión perfecta a Dios por contrición, o por amor a Él sobre todas las cosas, con deseo explícito o implícito del verdadero bautismo de agua, del cual toma su lugar en cuanto a la remisión de la culpa, pero no en cuanto a la impresión del carácter [bautismal] o a la supresión de toda pena a pagar. Se llama “de viento” [flaminis] porque se realiza bajo el impulso del Espíritu Santo, a quien se le da este nombre [flamen]. Ahora bien, es de fide que los hombres se salvan también por el bautismo del deseo, según el canon “Apostolicam de presbytero non baptizato” y el Concilio de Trento, sesión VI, capítulo IV, donde está dicho que nadie puede salvarse “sin el bautismo o su deseo”» (“Teología moral”, lib. VI). 

3. Código de Derecho Canónico (1917)

Sobre la sepultura eclesiástica, cn. 1239.2: «Los catecúmenos que sin culpa propia mueren sin el bautismo, han de ser tratados como los bautizados» (“The Sacred Canons”, PP. John Abbo, Jerome Hannan). 

Comentario al Código: «La razón de esta regla estriba en que justamente se cree que ellos encontraron la muerte unidos a Cristo por el bautismo del deseo». 

4. Papa Inocencio III (1198-1216)

«A vuestra pregunta respondemos de la siguiente manera: Afirmamos sin vacilación alguna (basados en la autoridad de los Santos Padres Agustín y Ambrosio) que el presbítero de quien decís (en vuestra carta) haber muerto sin el agua del bautismo, por haber perseverado en la fe de la Santa Madre Iglesia y en la confesión del nombre de Cristo, fue liberado del pecado original y obtuvo la dicha de la patria celestial. Leed, hermano, en el libro VIII de la obra La Ciudad de Dios de San Agustín, donde, entre otras cosas, escribe que “el bautismo es administrado invisiblemente a quien ha sido excluido no por desprecio a la religión, sino por la muerte”. Leed también otra vez el libro del bienaventurado Ambrosio en lo concerniente a la muerte de Valentiniano, donde afirma lo mismo. Por lo tanto, en las cuestiones que atañen a los muertos, debéis sostener las opiniones de los doctos Padres, y en vuestra iglesia habéis de uniros en oración y hacer que se ofrezcan sacrificios a Dios por el mencionado presbítero» (“Apostolicam”, Dz. 388).

«Habéis preguntado, en efecto, por cierto judío, que habiendo vivido únicamente entre judíos, en la hora de la muerte se sumergió en agua diciendo: “Yo me bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén”. Respondemos que, debiendo haber distinción entre el bautizante y el bautizado, como se deduce de las palabras del Señor, cuando dice a los Apóstoles: “Id y bautizad a todas las naciones en el nombre…” (cf. Mt. 28, 19), el mencionado judío debe ser bautizado nuevamente por otro, de tal manera que pueda mostrarse que uno es el bautizado y otro es el que bautiza... Sin embargo, si el susodicho hubiera muerto inmediatamente, al instante hubiera volado a la patria celestial por virtud de la fe en el sacramento, aunque no por el sacramento de la fe» (“Debitum pastoralis officii”, 28/08/1206, Dz. 413). 

5. Papa San Pío V (1566-1572)

Condenó (en “Ex omnibus afflictionibus”, 1/10/1567) las siguientes proposiciones erróneas de Miguel Bayo: 

• La caridad sincera y perfecta, que nace de corazón puro y conciencia buena y fe no fingida (I Tim. 1, 5), puede darse en los catecúmenos como en los penitentes sin la remisión de los pecados.

• Aquella caridad, que es la plenitud de la ley, no está siempre unida con la remisión de los pecados.

• El catecúmeno vive justa, recta y santamente y observa los mandamientos de Dios y cumple la ley por la caridad, antes de obtener la remisión de los pecados que sólo se recibe en el bautismo.

6. S. Ambrosio (Doctor de la Iglesia)

«Os oigo expresar pena porque [Valentiniano] no recibió el sacramento del bautismo. Decidme, ¿qué más hay en nosotros excepto voluntad y súplica? Mas él por largo tiempo deseó ser iniciado... y expresó su intención de ser bautizado... Sin duda lo recibió porque lo pidió».

7. S. Agustín (Doctor de la Iglesia)

«No vacilo en colocar al catecúmeno católico, que arde en el amor a Dios, antes que el hereje bautizado… El centurión Cornelio, antes de su bautismo, fue mejor que Simón [Mago], quien había sido bautizado. Pues Cornelio, aun antes del bautismo, estaba lleno del Espíritu Santo; mientras que Simón, después del bautismo, estaba hinchado de un espíritu inmundo» (De Bapt. c. Donat., IV, 21).

8. S. Tomás de Aquino (Doctor de la Iglesia) 

«Respondo: El sacramento del bautismo puede faltarle a alguien de dos maneras. Primero, de hecho y de propósito, como ocurre a los que ni están bautizados ni quieren bautizarse. Esta actitud, en los que tienen uso de razón, supone desprecio del sacramento. Por eso, aquellos a quienes les falta el bautismo de esta manera, no pueden conseguir la salvación, porque ni sacramental ni intencionalmente se incorporan a Cristo, por quien únicamente viene la salvación. 

«En segundo lugar, el sacramento del bautismo puede faltarle a alguien de hecho pero no de propósito, como es el caso de quien desea recibir el bautismo pero inopinadamente es sorprendido por la muerte antes de recibirlo. Éste puede conseguir la salvación sin el bautismo de hecho, por el deseo del bautismo, un deseo que procede de la fe que actúa por la caridad, por la que el hombre es santificado interiormente por Dios, cuyo poder no está atado a los sacramentos. Por eso dice san Ambrosio de Valentiniano, muerto cuando era todavía catecúmeno: “Perdí al que había de regenerar, mas él no perdió la gracia por la que oró”» (“Summa”, III p., q. 68, a. 1).

9. S. Roberto Belarmino (Doctor de la Iglesia, 1542-1621)

«Boni catechumeni sunt de Ecclesia, interna unione tantum, non autem externa» (Los buenos catecúmenos son de la Iglesia, aunque por unión interna solamente y no por unión externa - lib. II, cap. XXX).

10. Martirologio Romano

23 de Enero: En Roma, Santa Emerenciana, virgen y mártir, fue apedreada por los paganos, siendo todavía catecúmena, al encontrarse orando en la tumba de Santa Inés, de quien era hermanastra.

12 de Abril: En Braga, Portugal, San Víctor, mártir, rehusó adorar un ídolo cuando todavía era catecúmeno, y confesó a Cristo Jesús con gran constancia; así, después de muchos tormentos y de ser decapitado, mereció ser bautizado en su propia sangre.

11. Papa Pío IX (1846-1878)

«Claramente debe sostenerse como artículo de fe que fuera de la Iglesia Apostólica Romana nadie puede salvarse, que la Iglesia es la única arca de salvación, y que quien no entre en ella perecerá en el diluvio. Por otro lado, asimismo debe sostenerse como cierto que quienes están afectados por ignorancia de la verdadera religión, si fuese ignorancia invencible, no están sujetos a culpa alguna en esta cuestión ante los ojos del Señor. Ahora bien, ¿quién podría presumir de tener la habilidad de establecer las fronteras de tal ignorancia, tomando en consideración las diferencias naturales de los pueblos, tierras, talentos nativos y muchos otros factores? Solamente cuando hayamos sido librados de los lazos de este cuerpo y hayamos visto a Dios tal como es (Jn. 3, 2), comprenderemos realmente qué tan íntimo y hermoso es el lazo que une la misericordia divina con la justicia divina» (“Singulari Quadam”, 1854).                                                                                                                    «...Todos sabemos que los afectados de ignorancia invencible respecto a nuestra santa religión, si guardan con solicitud los preceptos de la ley natural, escritos por Dios en el corazón de los hombres, si están preparados para obedecer a Dios y si llevan una vida virtuosa y sumisa, pueden alcanzar la vida eterna por el poder de la luz y la gracia divinas» (“Quanto Conficiamur Moerore”, 1863). 

12. Papa Pío XII (1939-1958)

«Como bien sabéis, Venerables Hermanos, desde el mismo comienzo de Nuestro Pontificado, hemos confiado al cielo la protección y guía de quienes no pertenecen al organismo visible de la Iglesia Católica, declarando solemnemente que, a ejemplo del Buen Pastor, nada deseamos más ardientemente que tengan vida y la tengan con mayor abundancia... Pues, aunque inconscientemente estén relacionados al Cuerpo Místico del Redentor en deseo y resolución, sin embargo, siguen estando privados de tantos y tan grandes dones y socorros celestiales, que sólo se pueden gozar en la Iglesia Católica» (“Mystici Corporis Christi”, 29/06/1943). 

13. P.  A. Tanquery

El bautismo de deseo. La contrición  o caridad perfecta, junto con un deseo al menos implícito del bautismo, suple en los adultos al bautismo de agua en lo que mira al perdón de los pecados.

Esto es cierto. Explicación: a) Un deseo implícito del bautismo, el cual supone el propósito general de guardar todos los mandamientos de Dios, es, como todos lo afirman, suficiente para quien es invenciblemente ignorante de la ley del bautismo; e igualmente, según la opinión más común, para quien sabe de la necesidad del bautismo. 

b) La caridad perfecta, junto con el deseo del bautismo, perdona el pecado original y el actual, y entonces infunde la gracia santificante, pero no imprime el carácter bautismal y no remite por sí misma la totalidad de la pena temporal por el pecado; de donde se infiere que, cuando se ofrezca la oportunidad, la obligación de recibir el bautismo de agua aún permanece en el que ha sido santificado de esta manera (“Dogmatic Brevior”, a. IV, s. I-II, 1024-1, 1945).

14. P. Dominicus Prümmer, O.P.

• «El bautismo del deseo, que es un acto de caridad perfecto que incluye, al menos implícitamente, el deseo del bautismo de agua»;

• «El bautismo de sangre, que significa el martirio sobrellevado por Cristo antes de la recepción del bautismo de agua»;

• «En cuanto a los efectos del bautismo de sangre y de deseo... ambos producen la gracia santificante ...El bautismo de sangre remite normalmente todos los pecados veniales y la pena temporal...» (“Moral Theology”, 1949).

15. P. Francis O’Connell

• «El bautismo de deseo... es un acto de caridad divina o de contrición perfecta...»

• «Estos medios (i.e., el bautismo de sangre y de deseo) presuponen en el sujeto un deseo al menos implícito de recibir el sacramento».

• «... Aun si un niño pudiera obtener el beneficio del bautismo de sangre al ser muerto por alguien movido por odio a la fe cristiana…» (“Outlines of Moral Theology”, 1953).

16. Mons. J.H. Hervé

En quién el bautismo de agua puede ser suplido. Los diversos bautismos: a partir del mismo Concilio de Trento y de sus decretos, se mantiene firmemente que el bautismo es necesario, ya sea de hecho o de deseo; por tanto, en un caso extraordinario, puede ser suplido. Además, según la doctrina católica, hay dos cosas que pueden suplir el sacramento del bautismo; a saber, un acto de caridad perfecta junto al deseo del bautismo, y la muerte como mártir. Como estas dos cosas compensan el bautismo de agua, también son llamadas bautismo, a fin de que sean comprendidas bajo un solo nombre genérico, por así decir; de tal manera que el acto de caridad junto con el deseo de bautismo se llama baptismus flaminis (bautismo del espíritu), y el otro, martyrium (bautismo de sangre) (“Manuale Theologiæ Dogmaticæ”, vol. III, cap. IV, 1931). 

17. PP. H. Nolden S.J., A. Schmit S.J. 

El bautismo de espíritu (flaminis) es la caridad o contrición perfecta, en la que se incluye el deseo de recibir de hecho el sacramento del bautismo; la caridad o contrición perfecta, además, tienen el poder de conferir la gracia santificante (“Summa theologiæ moralis”, de Sacramentis, vol. III, lib. II, q. I, 1921).

18. P. Arthur Vermeersch, S.J.

El bautismo de espíritu (flaminis) es un acto de perfecta caridad o contrición que contiene al menos un deseo tácito del sacramento. De ahí que únicamente lo alcanzan los adultos. No imprime el carácter… pero borra todo pecado mortal junto con la sentencia de la pena eterna, según aquello: “el que me ama, será amado por mi Padre” (Jn. 14, 21) (“Theologiæ Moralis”, vol. III, Tractatus II, 1948).

19. Card. Ludovico Billot, S.J. 

El bautismo de espíritu (flaminis), llamado también de arrepentimiento o de deseo, no es otra cosa que un acto de caridad o de perfecta contrición que incluye el deseo del sacramento, según lo dicho anteriormente, a saber, que el corazón de todos es movido por el Espíritu Santo para que crea y ame a Dios, y se arrepienta de sus pecados (“De Ecclesiæ Sacramentis”, vol. I, q. LXVI, th. XXIV, 1931).

20. PP. Aloysia Sabetti S.J., Timotheo Barrett S.J. 

El bautismo, puerta y fundamento de los sacramentos, tanto de hecho como de deseo, es necesario para la salvación de todos...

Del bautismo de agua, que es llamado de río (baptismus fluminis), procede el bautismo de espíritu (baptismus flaminis) y de sangre, los cuales pueden suplir al bautismo de hecho, si éste fuera imposible. El primero es una conversión total a Dios por la contrición o caridad perfecta, en cuanto contiene un deseo explícito o al menos implícito de recibir el bautismo de agua... El bautismo de espíritu (flaminis) y el bautismo de sangre son llamados bautismo de deseo (in voto) (“Compendium Theologiæ Moralis”, Tractatus XII, De Baptismo, cap. I, 1926).

21. P. Eduardus Genicot, S.J. 

El bautismo de espíritu (flaminis) consiste en un acto de perfecta caridad o contrición, junto al que se une siempre una infusión de gracia santificante…

Ambos son llamados «de deseo» (in voto)... la caridad perfecta, porque se une siempre el deseo, al menos implícito, de recibir este sacramento, absolutamente necesario para la salvación (“Theologiæ Moralis Institutiones”, vol. II, Tractatus XII, 1902).

22. P. George Hardock (1859)

«...La gracia de Dios y la caridad y contrición del hombre ocasionalmente pueden ser tales que éste tenga remisión, justificación y santificación antes de recibir los sacramentos externos del bautismo, confirmación y penitencia; como vemos que sucedió durante la predicación de Pedro, cuando todos recibieron el Espíritu Santo antes que cualquier sacramento...»

23. Hechos de los Apóstoles

«Entonces Pedro dijo: ¿Podemos acaso negarles el agua y no bautizar a quienes han recibido el Espíritu Santo como nosotros?» (10, 47).

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Published by Por amor a la Verdad - en Religión Católica
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