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Presentación

442px-Emblem of the Papacy SE svgBienvenido a este blog de actualidad religiosa,de filosofía, de combate de la Verdad contra la secta modernista del "Concilio Vaticano II", de honor, amor y fidelidad al Magisterio infalible de la Santa Iglesia Católica, y de discusión sobre la actualidad de Méjico.
   Este blog pretende también reunir las direcciones de los centros de Misa y de sacerdotes NON UNA CUM, celebrando el Santo Sacrificio en total desunión a "Benedicto XVI" en México.

   No reconocemos, pues, la legitimidad de la autoridad de los "Papas del Concilio" Vaticano II. Estamos ciertos de que solamente esta posición, también llamada sedevacantismo, es la posición teológica que responde perfectamente a la situación actual de la Autoridad en la Iglesia, en particular detallada por la Tesis de Cassiciacum.

   Le invitamos a leer nuestro blog detalladamente. Permítanos presertarle nuestra postura teológica.

   Sea a la mayor gloria de Dios: 


El equipo de México y Tradición

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25 julio 2013 4 25 /07 /julio /2013 05:54

Estimados lectores:

 

Les dejamos ahora el artículo LA “POSICIÓN PRUDENCIAL”, SOLUCIÓN DE LA FRATERNIDAD SAN PÍO X AL PROBLEMA DE LA AUTORIDAD DEL PAPA de la Revista Integrismo del P. Héctor Lázaro Romero.

 


El Equipo de México y Tradición.

 

A la posición sedevacantista, definida como “una falsa solución”, el dossier contrapone la “posición prudencial” de la Fraternidad San Pío X. ¿En qué consiste esta posición? Frente a la cuestión que se presenta a la conciencia de todo católico: Juan Pablo II es -sí o no- el Vicario de Cristo, al cual se debe adherir (en la enseñanza, en la disciplina, en la comunión eclesiástica) para salvarse, la solución prudencial consiste en responder: “no se sabe”. Esto equivale a decir que la pregunta carece de toda importancia real para un católico.
Si alguien piensa que el dossier sobre el sedevacantismo ha demostrado que Juan Pablo II es Papa, debe cambiar de opinión justamente en base a cuanto dice el dossier, pues la propuesta “solución de carácter prudencial” intenta “poder obrar en base a un número suficiente de elementos que, no obstante, no contemplan la solución definitiva del problema de la autoridad en la Iglesia” (pág. 20). Más bien, la postura de la Fraternidad se alejaría de la sedevacantista precisamente por el hecho de que “aún antes de diferenciarse en los contenidos, la posición de la Fraternidad y la de cuño sedevacantista difieren radicalmente en cuanto al nivel en el que se colocan. En consecuencia, toda explicación que la Fraternidad puede proponer respecto de la situación de la autoridad de Juan Pablo II es real y cualitativamente un elemento sobre el que ella admite la posibilidad de discusión; en el caso del sedevacantismo, por el contrario, las posturas de fondo sobre la autoridad de Juan Pablo II son instancias absolutas, ciertas e indiscutibles” (pág. 20). Por lo cual -coherentemente-, el objetivo del dossier no es “el de demostrar que Juan Pablo II sea Papa” (siempre pág. 20).
Esta postura es -naturalmente- la de Monseñor Lefebvre, citado por su anónimo pero no por ello ignoto discípulo: “Tal vez un día, dentro de treinta o cuarenta años, una sesión de cardenales reunida por un futuro Papa estudiará y juzgará el pontificado de Pablo VI, quizás dirá que existen elementos que habrían debido saltar a los ojos de los contemporáneos a partir de las afirmaciones de este papa, absolutamente contrarias a la Tradición [Mons. Lefebvre no aguardó demasiado tiempo para sostener él mismo esta postura y en la Pascua de 1986 se atribuye a sí mismo la posibilidad de estar “en la obligación de creer que este papa no es papa”, n.d.a.]. Prefiero por ahora considerar como papa a aquel que al menos está en el solio de Pedro; y si un día se descubriera en modo indudable que este papa no era papa, con todo, habría cumplido con mi deber” (pág. 62).
Por lo tanto, la posición “de la caridad y de la prudencia”, que sin embargo excluye de hecho a todo sedevacantista acusado de espíritu cismático por la Fraternidad San Pío X, admite en teoría la posibilidad de que la Sede Apostólica esté vacante y pueda ser declarada tal en el futuro.
Veamos si podemos extraer algunas consecuencias de esta postura definida como “necesaria” (cf. pág. 20).
PRIMERA CONSECUENCIA: La postura según la cual Juan Pablo II [Francisco I] sería Papa es, según sus propios propugnadores: no definitiva, relativa, incierta, discutible, no demostrada.
SEGUNDA CONSECUENCIA: Todos los argumentos que presenta el dossier de la FSPX (que examinaremos a continuación) también son argumentos no definitivos, relativos, inciertos, discutibles, no demostrados. En caso contrario, la primera consecuencia no sería verdadera.
TERCERA CONSECUENCIA: En particular, un futuro Papa podrá y deberá decirnos si Pablo VI y Juan Pablo II eran, sí o no, legítimos Pontífices. “Podrá”: por lo tanto, el argumento del dossier del cual nos ocuparemos enseguida (Pablo VI, Juan Pablo II, etc., son Papas porque fueron reconocidos por la Iglesia universal, afirmar lo contrario equivale a decir que la Iglesia ha dejado de existir por un largo período), carece de todo valor. “Deberá”: por consiguiente, Francisco I no es Papa que pueda garantizar su legitimidad. ¿Por qué esperar a un futuro Papa cuando se presupone que hay uno actualmente (Francisco I mismo)? “Si Juan Pablo II es Papa -observa el Padre Carandino en Opportune, Importune- no hay necesidad de esperar al pronunciamiento de la Iglesia de mañana. La ‘Iglesia’ de hoy ya se ha pronunciado sobre el Concilio, sobre la nueva misa y también sobre el propio Monseñor Lefebvre, al que considera cismático y excomulgado” (nº 5, pág. 2).
CUARTA CONSECUENCIA: La posición prudencial considera secundaria la cuestión de saber si hay y quién es actualmente el Papa, o sea, la regla próxima de la Fe. Como dijimos, esto equivale a descartar toda la enseñanza de la Iglesia respecto del Papa, su autoridad, la necesaria sumisión al Papa para salvarse, del depósito de la Revelación y la Tradición que se pretende defender. Para quien adopta esta solución prudencial el Papa vendrá a ser un elemento completamente marginal en la práctica de la propia fe católica.
QUINTA CONSECUENCIA: Quien adopta la solución prudencial -que no se pronuncia definitivamente sobre la legitimidad de Juan Pablo II- se expone a un naufragio cierto, cualquiera sea la postura que se decida adoptar: ¡se trata por lo tanto de una postura altamente imprudente! En efecto, si Juan Pablo II es Papa, uno se expone al cisma resistiéndole habitualmente y llegando a ser excomulgado por él y separado de su comunión. En cambio, si Juan Pablo II no fuese Papa, uno se expone al peligro de seguir a un falso papa, citándolo en el Canon de la Misa y presentándose la posibilidad de recibir un reconocimiento canónico de su parte; incluso la sola expectativa de un acuerdo en la duda de que él pueda no ser el legítimo Pontífice, es moralmente inaceptable y peligroso.
SEXTA CONSECUENCIA: La solución prudencial se arriesga mucho a ser una solución que terminará demostrándose falsa, como ya ha ocurrido en la historia de la Fraternidad a propósito de la cuestión sobre la licitud moral de participar de la nueva misa.
El biógrafo de Mons. Lefebvre, Mons. Bernard Tissier de Mallerais, expone muy bien este caso en el pequeño capitulo intitulado precisamente: “Un problema, la asistencia a la nueva misa”, y en los capítulos sucesivos. Hay que saber que a fines de 1971, los Padres Guérard des Lauriers, Barbara y Vinson (todos “sedevacantistas”) tomaron públicamente una postura contraria a la asistencia a la nueva misa (cf. Sodalitium, nº 50, pág. 74). Por Mons. Tissier nos enteramos que hasta Mons. de Castro Mayer, en una carta a Mons. Lefebvre del 29 enero de 1969, comunicaba a su hermano en el episcopado su convicción al respecto: “No se puede participar de la nueva misa, y para estar presentes debe existir una razón grave. No se puede colaborar con la difusión de un rito que si bien no es herético, conduce a la herejía. Es la norma que doy a mis amigos” (pág. 441). En cambio, Mons. Tissier aprueba la “prudencia” de Mons. Lefebvre (que consistía en cambiar a menudo de postura). En 1969-1970 el fundador de la Fraternidad sostiene -¡prudencialmente!- que no solo se puede, sino que se debe asistir a la nueva misa y que incluso es lícito celebrarla (cf. págs. 441- 442); los seminaristas de Mons. Lefebvre dan el ejemplo, puesto que en su ausencia “irán juntos para asistir a la misa en lo de los bernardinos de Maigrauge, donde un religioso anciano celebra la nueva misa en latín” (pág. 441). Mons. Tissier define a esta postura como una “actitud de prudente expectativa” (pág. 442). Por otra parte, solo en 1971 Mons. Lefebvre decide definitivamente rechazar la nueva misa (pág. 487). En diciembre de 1972, en sus conferencias a los seminaristas, reafirma la necesidad de eventualmente asistir a la nueva misa para satisfacer el precepto dominical. Mons. Tissier comenta: “De este modo, el arzobispo se distancia de los sacerdotes Coache y Barbara, quienes en ocasión de la ‘marcha sobre Roma’ que organizaran en Pentecostés en 1971 y 1973 habían hecho hacer a los peregrinos y a los niños un ‘juramento de fidelidad a la misa de San Pío V’” (pág. 490). Todavía en 1973, predica: “busquen la misa tridentina, o por lo menos la consagración dicha en latín” (pág. 478). Pero he aquí que en una carta privada del 23 de noviembre de 1975, (por lo tanto, después de la supresión del seminario y de la Fraternidad decretada por Pablo VI) Mons. Lefebvre escribe que la nueva misa “no obliga para cumplir con el precepto dominical” (pág. 490). “En 1975 admitirá todavía una ‘asistencia ocasional’ a la nueva misa, cuando se tema quedar mucho tiempo sin comulgar. Pero en 1977 es casi absoluto: ‘conformándonos a la evolución que se produce poco a poco en el espíritu de los sacerdotes (...) debemos evitar, diría casi de manera radical, toda asistencia a la nueva misa’”(pág. 491). “Bien pronto -escribe también Mons. Tissier- Mons. Lefebvre no tolera más que se participe en la misa celebrada según el nuevo rito...” (pág. 491). No dice el biógrafo que este “bien pronto” data recién de junio de 1981, en oportunidad de la división que se produjo en Ecône a causa de las tesis del Padre Cantoni, entonces profesor del seminario (favorable a la asistencia a la nueva misa, apoyado en esto por el propio director, el Padre Tissier). En 1982 todo candidato al sacerdocio en la Fraternidad deberá jurar no aconsejar a nadie asistir a la nueva misa, y en 1983 el distrito italiano manifestará -como postura de Mons. Lefebvre- la doctrina según la cual se comete objetivamente pecado asistiendo a la nueva misa. En conclusión: para la Fraternidad San Pío X, de 1969 a 1975, era obligatorio asistir en determinados casos a la nueva misa bajo pena de pecado. De 1975 a 1981 era tan lícito asistir a la nueva misa como no asistir a ella. Desde 1981 en adelante, es ilícito asistir a la nueva misa bajo pena de pecado. Vemos, por lo tanto, como la “posición prudencial” de Mons. Lefebvre y de la Fraternidad San Pío X respecto de una cuestión moral importante (la no asistencia a la Misa es materia de pecado grave) y doctrinal (la utilización del nuevo misal depende del juicio doctrinal que se adopta sobre la reforma litúrgica), ha consistido en una continua evolución donde el punto de llegada (por ahora) es diametralmente opuesto al de partida y se casa con la posición de aquellos que al principio eran condenados como “imprudentes” por Mons. Lefebvre (Coache, Barbara, Vinson, Guérard des Lauriers, el mismo Mons. de Castro Mayer). Detrás de este continuo cambio de posición no hay ninguna razón de principio, sino solo el tomar en cuenta “la evolución que se produce poco a poco en el espíritu de los sacerdotes”. Por lo tanto, la fe y la moral después de la opinión... ¿No le hace pensar al autor del dossier que el caso de la “posición prudencial” sobre la asistencia a la nueva misa es absolutamente análogo al de la legitimidad de Francisco I?
Para concluir: la “solución prudencial” propuesta por la FSPX es doctrinalmente infundada, intrínsecamente contradictoria y sumamente imprudente. El único punto que puede compartirse es que la Iglesia jerárquica (cardenales, obispos con jurisdicción, un futuro Concilio o un futuro Papa) deberá pronunciarse con autoridad sobre la cuestión de la legitimidad de Pablo VI, Juan Pablo II, etc. Empero, mientras tanto, el problema no puede dejarse sin resolver, porque ya desde ahora los fieles deben saber si el actual ocupante de la Sede Apostólica es -sí o no- el Vicario de Cristo, al cual es obligatorio someterse (no solo de palabra) para poder alcanzar la salvación eterna.

"RESPUESTA AL DOCUMENTO DE LA FRATERNIDAD SAN PÍO X SOBRE EL SEDEVACANTISMO", http://integrismo.over-blog.com/article-documentos-50950108.html

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Published by Juan Manuel Olivar Robles - en El Sedevacantismo
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