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Presentación

442px-Emblem of the Papacy SE svgBienvenido a este blog de actualidad religiosa,de filosofía, de combate de la Verdad contra la secta modernista del "Concilio Vaticano II", de honor, amor y fidelidad al Magisterio infalible de la Santa Iglesia Católica, y de discusión sobre la actualidad de Méjico.
   Este blog pretende también reunir las direcciones de los centros de Misa y de sacerdotes NON UNA CUM, celebrando el Santo Sacrificio en total desunión a "Benedicto XVI" en México.

   No reconocemos, pues, la legitimidad de la autoridad de los "Papas del Concilio" Vaticano II. Estamos ciertos de que solamente esta posición, también llamada sedevacantismo, es la posición teológica que responde perfectamente a la situación actual de la Autoridad en la Iglesia, en particular detallada por la Tesis de Cassiciacum.

   Le invitamos a leer nuestro blog detalladamente. Permítanos presertarle nuestra postura teológica.

   Sea a la mayor gloria de Dios: 


El equipo de México y Tradición

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14 octubre 2012 7 14 /10 /octubre /2012 20:17

200px-Padre Saenz jovencito
CAPITULO VIII.- EL PROGRESISMO EN ACCIÓN
Durante los siguientes meses pareció suavizarse la tirante relación entre el Arzobispo, su Canciller secretario y el padre Sáenz. El 7 de julio la Madre Superiora de la Congregación de Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento solicitó a la Mitra autorización para que el padre Joaquín Sáenz Arriaga continuase, por tercera vez, el siguiente trienio como confesor ordinario de la comunidad, solicitud que fue concedida el 10 de agosto.
En aquellos días apareció su libro Cuernavaca y el progresismo religioso en México. La publicación de esta nueva obra del padre Sáenz abrió las puertas al asombro. Lo que estaba ocurriendo en aquella diócesis sufragánea de la de México, era muy grave y sintomático de un problema con implicaciones de momento indescifrables. La lucidez y conocimientos del sacerdote descubría el problema y anticipaba su origen, sus resultados y futuras consecuencias, como es fácil advertir en el simple enunciado de los capítulos del libro. El primero señala a Cuernavaca como planta piloto del progresismo religioso y denuncia la estrecha colaboración del dirigente del CIDOC (Centro Intercultural de Documentación) Ivan Illich, sacerdote yugoslavo de ascendencia judía, el ex abad Gregorio Lemercier y el obispo Sergio Méndez Arceo. Estos tres funestos personajes "obedecen necesariamente a una inspiración, a un poder, a un complot que supera las posibilidades individuales de cada uno de esos actores." (1).
Las pruebas presentadas son contundentes: la depravación moral, soslayada, justificada por el psicoanálisis de grupo en el convento de Lemercier, autor de la representación folclórica llamada "Misa Panamericana", que desde entonces fue implantada en la catedral de Cuernavaca. Después vendrían otras misas, tan falsas como aquélla, dirigidas a la destrucción de la fe católica.
Gregorio Lemercier fue consejero de Méndez Arceo durante su asistencia al Concilio Vaticano II.
El testimonio jurado de un miembro de la familia Capetillo reveló al padre que, bajo el freudanismo practicado en el convento de Nuestra Señora de la Resurrección, se practicaba la sodomía. Es un hecho que la denuncia desencadenó la investigación y posterior condena de Roma a este verdadero antro de prostitución, que funcionaba gracias a la complacencia y autorización expresa del progresista obispo de Cuernavaca quien, a pesar de todas las denuncias, las evidencias y sus propias cuanto cínicas confesiones, nunca sufrió represión alguna de las autoridades vaticanas ni de sus cofrades mexicanos.
El caso Illich alcanzó también relieve internacional. Ivan Illich, por medio de su Centro Intercultural de Documentación, con secretas conexiones judaicas y marxistas, realizó nefasta labor de adoctrinamiento comunista a través de religiosas y sacerdotes llegados a Cuernavaca de toda Hispanoamérica y los Estados Unidos.
El libro del padre Sáenz, claro, contundente e inequívoco, disgustó al cada día más numeroso grupo de progresistas e infiltrados, y, naturalmente, al jerarca más comprometido de la Iglesia en México: Miguel Darío, cardenal Miranda, quien esperó una oportunidad más propicia para descargar su golpe vengativo contra el primer sacerdote que se había atrevido a denunciar la conspiración dentro de la Iglesia cuyo origen muy pocos intuían, y menos aún conocían.
En octubre de 1967 el padre Sáenz pidió a la Mitra la renovación de sus licencias para ejercitar su ministerio sacerdotal. El día 23 recibió respuesta firmada por el Prosecretario en la que, por orden del Vicario General, le comunicaba "que sus licencias ministeriales últimas terminaron el 20 de febrero de 1964; que no hay constancia, desde dicha fecha, de renovación de la facultad de binar y de trinar (es decir, celebrar dos o tres misas el mismo día); que la licencia que pidió la R. Madre María Rosa Guadalupe de la Santa Cruz, de las R. R. M. M. Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento, el 7 de julio último, para que continuara usted como confesor de la Comunidad por un tercer trienio, no la concedió el Exmo. señor Arzobispo..." Le decía, además, que varias veces había sido llamado por el Arzobispo y nunca se presentó.
La mentira era manifiesta; no es de extrañar. A la primera objeción, el padre Sáenz reconoció que se le había pasado el tiempo para pedir oportunamente la renovación de las licencias, cosa que a muchos sucedía con frecuencia y seguirá sucediendo, debido a sus muchas ocupaciones "y para ser franco —admite— por no tener muchas relaciones con la Mitra, en donde hay tanta oposición" a su labor. Y cita casos concretos, ajenos al suyo, para demostrar su afirmación.
A la segunda objeción sobre que "no hay constancia de renovación de la facultad de binar o trinar, después de esa fecha (20 de febrero de 1964), el padre argumenta que decía la Santa Misa en la parroquia de la Divina Providencia donde el señor cura era cabeza de uno de los Decanatos —institución creada por el arzobispo Miguel Darío— y, las veces que dijo dos o tres misas, lo hizo por indicación del mismo señor cura, "a quien suponía con poderes para delegar".
Refiriéndose a que el arzobispo no concedió la licencia que pidió la Superiora de las R. R. M. M. Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento para que continuase como confesor de la Comunidad, el padre Sáenz respondió: "Miente Su Eminencia, o miente el Excmo. señor Vicario o, lo que es más probable, miente el Canciller", pues el 10 de agosto de ese año, es decir, dos meses y medio escasos anteriores a la carta del Prosecretario, el padre Sáenz había recibido el comunicado oficial número 00248-67 de la Curia del Arzobispado de México, nombrándolo, por un tercer trienio, confesor ordinario de la mencionada comunidad de religiosas.
Como se ve, el propósito de destruir al sacerdote que fue capaz de salir públicamente en defensa de la verdad, se hizo evidente con mucha anticipación.
Por aquellos días apareció un libro compuesto por Tito Casini, escritor laureado en letras italianas. Su título es harto sugestivo: La túnica rasgada. Los primeros ejemplares de este pequeño libro aparecen, por vez primera, en las librerías de Roma allá por el mes de marzo de 1967. Lleva un prólogo de Antonio, cardenal Bacci, fechado en Ciudad Vaticana el 23 de febrero de 1967. Libro revelador, que fue escrito tiempo antes y que su autor se atrevió a publicar cuando apareció Sacrificum Laudis, carta apostólica de Paulo VI, el 15 de agosto de 1966. "En la semana litúrgica —dice el autor— celebrada escasamente dos semanas después de la Carta del Santo Padre, se formuló un programa ampliando el campo para las lenguas vernáculas y los cánticos modernos populares... por tal motivo tuve que llevar de nuevo mi manuscrito a los impresores..." (2)
El padre Sáenz tradujo esta obra cuando estuvo en Roma, en mayo de 1968, y la publicó en castellano a su regreso a México.
Allí se relacionó con Civilita Cristiana, dirigida por Franco Antico. A esta organización católica tradicionalista pertenecen muchos miembros de la aristocracia romana, cuya adhesión a la Iglesia es bien conocida. Una distinguida señora, de rancia estirpe, ocupada en revolver viejos infolios para podar a los árboles genealógicos sus frutos podridos e injertos bastardos descubrió, en los anales de la nobleza italiana, pruebas de los nexos judaicos de la familia Montini. Estos datos importantes se los proporcionó al padre Sáenz, con los que pudo aclarar algunas dudas sobre la enigmática personalidad de Paulo VI.
También tradujo y publicó la Carta para una dialéctica conciliar, escrita por el Abbe de Nantes.
El de 1968 fue un año de importancia capital en el cambio de rumbo político y, por ende, doctrinal de la Santa Sede. Para justificar ahora lo que antes se había condenado hizo falta audacia y confianza en el poder de la autoridad.
Aunque muchos apreciaron la importancia de las radicales transformaciones, pocos se atrevieron a denunciarlas, y menos aún, a censurarlas. Sáenz Arriaga, testigo preocupado de lo que acontecía, consignó, en la Nueva Iglesia Montiniana, libro publicado tres años después, el significado de aquellos episodios trascendentales. Esta obra habría de acarrearle represalias inimaginables que no lograron, sin embargo, doblegar su espíritu.
Punto de partida en el asalto a la doctrina católica fue al Congreso Eucarístico de Bogotá, al que siguió la ya célebre Segunda Asamblea de la Conferencia Espiscopal Latinoamericana.
Durante los días 18 al 28 de agosto de 1968, en la ciudad de Bogotá, Colombia, se realizó este congreso, de características muy peculiares, pues asistió Paulo VI. Mas no adelantemos vísperas y, a grandes zancadas, sigamos el relato y los comentarios del padre Sáenz:
"El mencionado congreso fue el toque de rebato en la planeada subversión de los países latinoamericanos"... "fue la presentación solemne y oficial, ante el mundo católico, de la reformada Iglesia Postconciliar, de su programa, de sus finalidades." (3)
Ya para terminar el congreso, "cinco observadores no católicos" pidieron, en llamativo mensaje dirigido a la augusta asamblea, "la facultad de recibir la Sagrada Comunión con los obispos reunidos en ocasión tan importante." (4) Éstos fueron un obispo anglicano, un profesor luterano, un miembro de la comunidad de Taizé y dos protestantes más. La solicitud fue aceptada y el sacrilegio consumado. Pasado algún tiempo esta licencia fue elevada a rango legal por Paulo VI en beneficio de todos los herejes que, sin abjurar de sus errores, deseen participar de la comunión eucarística en las nuevas misas.
"Esto hecho inaudito e incomprensible es, así me parece —apunta el padre Sáenz—la digna culminación del segundo «Bogotazo» que quiere revolucionar las estructuras todas de América Latina. Como católico y como sacerdote... no puedo controlar mi justa indignación ante el ultraje que yo considero sacrilego, de este gesto político, con que los prelados latinoamericanos, y el mismo Paulo VI, según se supo después, como otros nuevos judas, quieren entregar a su Maestro." (5)
Cabe subrayar la real presencia de Nuestro Señor Jesucristo en la Sagrada Eucaristía, pues aún no se había sustituido la Santa Misa por la actual asamblea del Novus Ordo Missae.
La Conferencia de Medellín resultó punto de arranque de la subversión marxista en Hispanoamérica. Fue su justificante, su eficaz impulsor. Ya lo señalaba el padre Sáenz: "Porque los hechos sucedidos subcontinente después del Congreso Eucarístico y la Conferencia de Medellín son en extremo gravísimos y reveladores..." Presentáronse las primeras consecuencias en forma de "sangrientos conflictos estudiantiles en Uruguay, Brasil y México; el presidente de Bolivia anunció que las guerrillas habían resurgido en el campo boliviano..." En Costa Rica, en Argentina, en Panamá, en Perú hubo actos terroristas y golpes de Estado. La Teología de la Liberación estaba en marcha. El recuento de aquellos sucesos que ensangrentaron tierras de América prueban la funesta influencia de la reunión del CELAM en el asalto al poder constituido para procurar el cambio de estructuras, en el que Fidel Castro resultó obligado intermediario entre sus amos de Moscú y los terroristas que contaban con el disimulo y aun la complicidad de clérigos progresista- y prelados de sotana roja. Son concluyentes los documentos publicados y que el padre Sáenz cita en su libro. Coincidió el viaje de Paulo VI con severos problemas de alcance mundial. En Checoslovaquia habíase iniciado un proceso de desovietización, un intento atrevido para recuperar la independencia por medio de un cambio progresivo en el sistema socialista mantenido por Moscú. En abril de ese año se formó el nuevo gobierno que propició estas drásticas reformas políticas y económicas. En julio reunidos en la URSS los miembros del Pacto de Varsovia, instrumento que garantiza por la fuerza militar la hegemonía comunista en Europa del Este, enviaron un ultimátum al gobierno checoslovaco, seguido de la brutal invasión del ejército ruso hasta destruir el proceso de liberación. Paulo VI lamentó este hecho, pero no lo condenó como sabía hacerlo cuando, en algún país libre, se juzgaba y condenaba a terroristas de izquierda, consecuente con su propia imagen prefabricada que lo hacía aparecer como nuevo Cristo de los pobres y los que tienen hambre.
El año del Congreso Eucarístico y la Segunda Conferencia del CELAM fue el de los estallidos revolucionarios protagonizados por juventudes estudiantiles azuzadas en París y en México. La viril resistencia del presidente Gustavo Díaz Ordaz evitó que el país cayera definitivamente en manos marxistas. Todo un proceso de cambio apoyado en la negación teológica anterior para ser sustituida por verdaderas herejías propias a dicho cambio, como lo demuestra documentalmente Sáenz Arriaga en las páginas centrales de su libro. Esta conferencia del CELAM no era, en sí misma, más que consecuencia natural de las nuevas corrientes teológicas: " llaman los hombres de la prensa a la iglesia «Nueva Iglesiareformada» que nació del Concilio de Juan XXIII y de Paulo VI. Nueva Iglesia que avanza irreversiblemente contra las tesis tradicionalistas y conservadoras. Es, pues, un avance doctrinal que borra, que destruye el pasado, porque hay oposición entre esas dos mentalidades, y esa oposición es irreconciliable." (6)
No es posible seguir página a página el extenso trabajo del padre Sáenz, pero dada la importancia que alcanzó esta obra en la opinión mundial, conviene señalar algunas de sus certeras denuncias, entre ellas la que se refiere al Día del Ecumenismo, lunes 19 de agosto de 1968. Transcribe el texto oficial de la "concelebración", el diálogo entre el ''presidente" y la "asamblea" a la que asistieron los coros de la Iglesia Bautista, de la Iglesia Anglicana, de otras Iglesias y el Orfeón Antioqueño:
"Al lado del Legado Pontificio se sentaron en desedificante igualdad, en litúrgicos hábitos, el sacerdote ortodoxo Gabriel Stephen, el llamado obispo luterano de Baviera Dieszelbinger y el sacerdote o ministro anglicano Samuel Pinzón... Ante aquel insólito espectáculo, yo pensaba en la crucifixión de Cristo, cuando el Señor, en el Calvario, estuvo en su cruz entre dos ladrones." (7)
Es necesario advertir que el padre Sáenz Arriaga concurrió al Congreso Eucarístico de Bogotá y a la Asamblea del CELAM, en Medellín; fue, por consiguiente, testigo directo de aquellos sucesos que acabaron por descubrirle la terrible conspiración contra la Iglesia y la ineludible responsabilidad del más alto jerarca de la Iglesia Católica.
Ya en este camino sigue, paso a paso, desmenuzando el cambio impuesto a la teología católica: "Es evidente que ha ocurrido un cambio radical entre la actitud definida, precisa, contundente de Pío XI y Pío XII, y el ablandamiento desconcertante y manifiesto de Juan XXIII y Paulo VI:" (8) Basta, entre tantos ejemplos, el Decreto de excomunión de la Suprema Congregación del Santo Oficio sobre el Comunismo, de fecha 29 de junio de 1949, aprobado por el Papa Pío XII el V de julio de 1949. El padre Sáenz lo transcribe en la página 156 de su libro y concluye: "El viraje, pues, de que habla Prezzolini entre la posición de Gregorio XVI, Pío IX, León XIII, Pío XI y Pío XII, y la política conciliatoria de Juan XXIII y Paulo VI es claro, es indiscutible."
Habla, también, del Padre General de la Compañía de Jesús, Pedro Arrupe, de su interferencia en el CELAM y el desvío de 180 grados que ha impuesto a la otrora gloriosa institución ignaciana, y cita la respuesta que dio a unos periodistas que lo entrevistaron:
"—¿Y por qué es tan notoria la impaciencia de los sacerdotes jóvenes?
"—Porque toda la gente joven ve, con razón, que el mundo está cambiando. Hay que cambiar estructuras y mentalidades. Pero ese cambio se le presenta al sacerdote joven de manera más profunda, precisamente porque su vocación le mueve a vivir todo con más intensidad.
"Ese cambio de mentalidad, de que habla el padre Arrupe —reflexiona el padre Sáenz—, es un cambio de fe." (9)No es de extrañar tan radical afirmación cuando, más adelante, transcribe los elogios desmedidos y la plena y personal identificación de Arrupe con el pensamiento de Teilhard de Chardin, quien como se sabe, fue censurado por S. S. Pío XII.
¿Qué fuerza oculta inspiraba estos cambios, este proceso demoledor de la Iglesia? ¿La respuesta estará relacionada con la ostentosa exhibición del Racional o Joshem, símbolo del gran sacerdote israelita usado por Paulo VI? En las fotografías —algunas en color— que le fueron tomadas durante los distintos recorridos y ceremonias realizadas en Colombia —y posteriormente en el mismo Vaticano—, publicadas en la prensa y reproducidas en libros y folletos alusivos, aparece claramente ese pectoral misterioso.
En la página 322 de La Nueva Iglesia Montiniana, su autor copia un artículo escrito y publicado por el Abbé Georges de Nantes en su revista Contra Reforma intitulado El amuleto del Papa: "He aquí, pues, sobre el corazón del Papa, atado a su cuello, el Pectoral del Juicio, que el Sumo Sacerdote Aaron y sus sucesores deberán llevar como ornamento ritual, y sobre las doce piedras del cual estaban inscritos los nombres de las doce tribus de Israel, «para evocar continuamente su recuerdo en presencia de Yahveh» (Ex XXVIII, 29). Paulo IV lleva la insignia de Caifas." (10)
A pesar de la importancia de tal interpretación, Paulo VI no sólo guardó silencio, sino que continuó usando en muchas ocasiones el mentado Racional, como es fácil probarlo por las fotografías suyas publicadas en L'Osservatore Romano. Precisamente, en el N° 554 correspondiente al 12 de agosto de 1979, edición semanal en lengua española, aparece en la primera página "Una foto histórica: Pablo VI en el Consistorio del 26 de junio de 1967, agrega al Sacro Colegio de los Cardenales al arzobispo de Cracovia, monseñor Karol Wojtyla, abriéndole así el camino al pontificado romano... Juan Pablo II habla siempre de su predecesor llamándole su «maestro», su «padre»." Monseñor Wojtyla, de rodillas frente a Paulo VI que porta el discutido símbolo judaico, escucha las palabras que su predecesor le dirige.
En su viaje por Sudamérica, el padre Sáenz visitó jefes de Estado, a monseñor Antonio Castro Mayer, obispo de Campos, Brasil, uno de los prelados fieles a la tradición católica en Hispanoamérica; a Antonio Corso, del Uruguay; y en el Instituto de San Atanasio encontró al gran pensador y escritor católico, doctor Carlos Disandro, latinista y teólogo excepcional. Su llegada a Buenos Aires fue coreada por publicaciones pagadas por falsos tradicionalistas que quisieron capitalizar el respeto y admiración internacional hacia el sacerdote mexicano. Sorprendiéronse con sus declaraciones sobre la herejía montiniana. Había llegado la hora de ser consecuente con la verdad. Remontar el cauce de las divergencias doctrinales hasta llegar al manantial del error. Y el padre Sáenz se sumergió valerosamente en esta corriente contraria.
Celoso del valor del tiempo, también viajó a los Estados Luidos de América. Este país heterogéneo y liberal le ofrecía posibilidades de relacionarse con grupos de resistencia en algunos círculos católicos. Contaba con la amistad de importantes portavoces del tradicionalismo, entre otros el padre James Wathen, autor del libro El gran sacrilegio, capellán de los Caballeros de Malta. Asistió a diversos congresos católicos y visitó la comunidad polaca de Pittsburgh, en el templo de San Pío V, construido por seglares y atendido por el padre Leo Fredercks.
En una de las conferencias a las que concurrió, fue invitado a pronunciar el discurso oficial en el banquete de clausura. Como era obvio, se le designó lugar en la mesa de honor. A su derecha permaneció vacío el asiento designado a un sacerdote de los que llaman en los Estados Unidos "conservador responsable", es decir, de aquellos que defienden la misa tridentina, atacan la masonería pero excluyen toda referencia al judaismo y son incapaces de objetar la legitimidad de Paulo VI. El perspicaz sacerdote mexicano midió la escena, calibró el desaire y dijo:
"Los enemigos de la Iglesia son capaces de devolvernos la Misa a cambio de que no toquemos el poder oculto que gobierna en estos días la divina institución."
Su discurso resultó estupenda lección de teología católica, y una feliz referencia a la obra suscrita por Maurice Pinay.

NOTAS
1.- Sáenz Arriaga. Dr. Joaquín. Cuernavaca y el progresismo religioso en México. México, D. F. 1967. Pág. 8.
2.- Casini, Tito. La túnica rasgada. Pág. 13. En el mismo volumen: Saj, Eduardo. ¿A dónde vamos? Christian Book Club of America, Hawthorne, Cal., 1968. Traducción del doctor Joaquín Sáenz Arriaga.
3.- Sáenz Arriaga Dr. Joaquín. La Nueva Iglesia Montiniana. México, D. F., 1971. Pág. 5.
4.- Ibidem. Pág. 6.
5.- Ibidem. Pág. 7.
6.- ibidem. Pág. 93.
7.- Ibidem. Pág. 121.
8.- Ibídem. pág. 144
9.- Ibídem. Pág. 229.
10.- Ibídem. Pág. 322.


IX.- LA NUEVA MISA

ANTES de finalizar el año 1969, el padre Sáenz compuso un pequeño libro intitulado La misa impuesta para el 30 de noviembre, no es ya una misa católica.
Se refería a la Constitución Apostólica Missale Romanum promulgada por Paulo VI el 3 de abril de 1969, con base en el capítulo II de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, promulgada por él mismo durante el Concilio Vaticano II, el 15 de diciembre de 1963. En este II capítulo dedicado al Sacrosanto Misterio de la Eucaristía no se habla de una reforma sustancial de la Misa; todo el texto va dirigido a una posible adecuación popular del Santo Sacrificio: una ampliación de las lecturas bíblicas; reafirmación del uso del latín en las partes culminantes de la Misa; la conveniencia de la homilía, especialmente dominical; puntualización de algunos aspectos accesorios y permiso de establecer algunos ritos o plegarias en desuso. En ninguna parte de este capítulo se habla de transformar el sentido sacrifical, de adaptar el rito al uso protestante para justificar la herejía centenaria de luteranos, calvinistas, anglicanos. Sin embargo, sucedió lo inesperado. Paulo VI nombró una comisión presidida por Annibale Bugnini, desautorizado eclesiástico a quien Pío XII había marginado de la Curia Romana.
Este prelado pidió y obtuvo la colaboración de cinco ministros protestantes para crear una nueva misa o cena luterana que dejó muy complacidos a sus colaboradores y, por supuesto, a todas las sectas reformistas que nunca antes habían admitido la Misa verdadera.
Era, la llamada de atención del padre Sáenz, un grito de alarma que se perdió en la sordera de los comprometidos, de los indiferentes, de los pusilánimes. Un grito de alarma que no era suyo únicamente. Era la voz múltiple de diversas y autorizadas personas representativas de Francia, de Italia, de España, de México. En su estudio expone puntos irrebatibles de doctrina y denuncia las graves discrepancias entre la Misa sacrificio y la misa asamblea; entre el dogma tridentino y la cena conmemorativa.
Don Joaquín conoció y trató ampliamente a George Vinson, en París, y también allí se relacionó con el escritor Michel de St. Pierre, notable investigador del judaismo y sus relaciones con la Iglesia a lo largo de los tiempos.
George Vinson dio a las prensas, en 1971, un breve cuanto explícito análisis del Novus Ordo Missae, con el título La nouvelle messe et la conscience catholique. Con notas del padre Sáenz se publicó al año siguiente en México, traducido al español.
Resulta incomprensible cómo, ante tan sólidas objeciones enviadas oportunamente a la Santa Sede, iniciadas con el examen realizado por "un grupo de prominentes teólogos liturgistas, pastores de almas de la Ciudad Eterna —el M. I. G. des Lauriers, O. P., fue uno de ellos—, presentado al Soberano Pontífice por un grupo de cardenales, entre los cuales figuraban Ottaviani y Bacci qne firmaron la carta" (1), no se diera marcha atrás en la confección y promulgación del novus ordo missae, quizás porque el propósito del cambio era, como ha dicho el arzobispo Marcel Lefebvre, transformar la Iglesia. La primitiva reforma protestante tardó más de medio siglo en consolidarse, es decir, el tiempo que media aproximadamente entre dos generaciones; la reforma postconciliar fue consumada en menos de diez años.
"El nuevo «ordo missae» se instaló y se impone a la Iglesia contra la voluntad del Sínodo Espiscopal que, en 1967, había mayoritariamente rechazado esa que entonces llamaron «misa nomativa». El nuevo «ordo missae» pretende sustituir al antiguo Misal Romano, promulgado por San Pío V, y la Constitución Apostólica de Paulo VI Missale Romanum que pretende imponerlo, reconoce, con palabras claras e inequívocas, que la dicha Misa de San Pío V no ha sido cambiada desde el siglo IV o V." (2)
En su libro el padre Sáenz, además de la recopilación de opiniones desfavorables a la anunciada imposición de la nueva misa postconciliar y ecuménica, ofrece serian reflexiones basadas en la doctrina del Concilio de Tiento sobre el verdadero sacrificio eucarístico. Apoya sus argumentos en lo ordenado por San Pío V, "confirmado después por Clemente VIII, por Urbano VIII y por San Pío X.' Esgrime "la doctrina de Pío XII en la encíclica Mediator Dei et hominum", para concluir que "la nueva misa no es ya una misa católica".
El novus ordo missae fue impuesto, aun antes de la fecha fijada al ser promulgada, sin manifiesta oposición de los episcopados. Las Conferencias Episcopales se apresuraron a la fraudulenta traducción del texto latino a lenguas vernáculas, agudizándose los cambios sustanciales y el sentido original del Santo Sacrificio.
El ataque frontal contra la tradición representada por veinte siglos de magisterio infalible, había hecho crisis. Ante el dilema de aceptar o rechazar los cambios impuestos, y aceptar o rechazar la autoridad de los responsables, hubo algunos "prudentes" y "sagaces" que optaron por rechazar los cambios, no así a la autoridad que los imponía.
A esa corriente, seguida por multitud de católicos, intentaron llevar al padre Sáenz. Un antiguo compañero suyo, el R. P. Benjamín Campos, S. J., autor de vigorosos ataques al progresismo, profeta del Apocalipsis, escribió, en junio 8 de 1971, a su ex hermano de la Orden: "Nunca digamos que el Papa está en mal camino, sino declaremos que nosotros estamos apoyados por el Papa, y expongamos la doctrina verdadera, aduciendo palabras del Papa que confirmen nuestra posición.
"Este modo de actuar nos dará: 1) La intocabilidad como católicos. 2) Las armas para que el Papa nos dé la razón o se declare contra el dogma. 3) La adhesión de los católicos aun de los tímidos, de los cobardes...
"Conozco las razones que tienen ustedes para proceder abiertamente. Que esto nos quita armas, lo tiene claro en las «revelaciones de la monjita de la Villa» (3) ... En ellas se recalca que debemos estar con el Papa, y no cualquier Papa, sino con Pablo VI." (4)
Firmado en Roma, en junio de 1971, terminado de imprimir en la ciudad de México el 16 de julio siguiente, apareció ¡Apóstata!, crítica al libro de José Porfirio Miranda y de la Parra, S. J., intitulado Marx y la Biblia, crítica a la filosofía de la opresión. Este libro verdaderamente herético y subversivo lleva el Nihil obstat de Jorge Manzano, S. J. (que fue, irónicamente, antiguo discípulo del padre Sáenz Arriaga), y Luis G. del Valle, también S. J. El Imprimi potest lo dio Enrique Gutiérrez Martín del Campo, Prepósito Provincial de la Compañía de Jesús, y el Imprimatur lo otorgó el cardenal Miguel Darío Miranda, Arzobispo Primado de México. La complicidad de tan relevantes eclesiásticos es manifiesta.
"Estuve en Roma —dice don Joaquín en su libro—. Mi salida (de México) coincidió con la publicación del libro más escandaloso, más satánico que han publicado los jesuítas de la «nueva ola», siguiendo, con ciega obediencia, las consignas reformistas que vienen de Roma." (5)
Esta denuncia trascendía el limitado territorio de una diócesis. La poderosa intuición de su autor le descubrió que tras de este libro revisado y autorizado por censores autorizados, estaba toda la responsabilidad de la nueva Iglesia, que rechazaba la doctrina tradicional, dogmática, incorruptible.
El muy conocido liberal padre Enrique Gutiérrez Martín del Campo, Prepósito Provincial de la Provincia de México, da luz verde, es decir, concede el Imprimini potest, al fruto engendrado por la calenturienta y revolucionaria inteligencia de José Porfirio; Su Eminencia Reverendísima, Miguel Darío, Cardenal Miranda y Gómez, Arzobispo Primado de México, otorga al fin graciosamente el Imprimatur, no sin lavarse antes las manos, como Pílatos, con una nota marginal, en la que hace notar "que su aprobación no significa necesariamente que ésta haga suyas las afirmaciones del autor...'' sino prueba que permite, en su arquidiócesis, la sana libertad de expresión ya que considera "que esta publicación está dentro del dogma católico; en nada se opone a nuestra fe".
"Yo, sin embargo —continúa diciendo el padre Sáenz—, a pesar de tantos y tan preclaros garantizadores, me atrevo a decir —¡pecador de mí!— ya desde el principio, que los censores no leyeron el libro, o no saben teología, o traicionan, comprometidos, su conciencia."
"...Afirmo que el libro, cuya publicación él ordenó con su «Imprimatur», sí está, abierta, descarada y perversamente, contra el dogma católico, contra la religión que fundó Cristo y contra toda religión; que esa que él llama «Sana libertad de expresión», es sencillamente la difusión diabólica y nociva de errores gravísimos, ya repetidamente condenados por Papas y Concilios; y que, haciendo o no haciendo suyas las tesis de José Porfirio Miranda y de la Parra, él, Su Eminencia, es el principal responsable de todo el daño que ese libro infame produzca." (6)
La referencia era clara y concisa. A lo largo del libro había de resultar reiterativa, cosa que a Su Eminencia le disgustó, sintiéndose impotente para actuar contra el viril censor.
Ya le llegaría mejor oportunidad para ejercitar su venganza.
En su libro el padre Sáenz apunta, con ojo certero, los errores de doctrina que sostiene el jesuíta; descubre sus falacias, denuncia sus sofismas, subraya sus herejías:
"Aquí tenemos, pues a Marx —a quien José Porfirio Miranda v de la Parra va a identificar con el pensamiento salvífico de la Biblia— rehabilitado, nada menos que por Paulo VI y los jesuítas de la «nueva ola»... Por eso. el mismo jesuíta emite este definitivo y asombroso juicio: "Todos nosotros estamos sobre los hombros de Carlos Marx"(7)
Hay, evidentemente, un rompimiento entre la iglesia preconciliar y la Iglesia reformada de Juan XXIII y Paulo VI.
"Admitir... la contradicción doctrinal entre lo que fue solemnemente, repetidamente enseñado por la Iglesia, por los Papas y Concilios anteriores y lo que Juan XXIII, Paulo VI y el Vaticano dicen ahora... es negar la inerrancia de la Iglesia y su indefectibilidad, garantizada por las promesas de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre: «Et portae inferí paevalebunt», y las puertas del infierno no prevalecerán. . ." (8)
El autor de ¡Apóstata!, como era obligado, transcribe citas textuales de José Porfirio para demostrar su gravísima heterodoxia, y concluye: "Creo que de sobra he demostrado lo inconsistente, lo arbitrario de su pensamiento, descaradamente comunista... decir que el pensamiento de Marx se identifica con el mensaje de la Biblia es, a todas luces, groseramente erróneo, injurioso para la palabra de Dios, blasfemo e intolerante para los oídos católicos." (9)
Ante la avalancha de reclamaciones provenientes de escandalizados católicos, entre los que por sus fundamentos teológicos destacaba la del padre Sáenz, los jesuítas ofrecieron inconsistentes argumentos en favor del apóstata y trataron, inútilmente, de exculpar a Su Eminencia, quien con su hermético silencio otorgó la razón a cuantos demostraron su personal complicidad.
Esta obra, más que las anteriores, provocó seria alarma en los círculos eclesiásticos. Porfirio Miranda tuvo que enfrentarse a un grupo de sus impugnadores frente a las cámaras de televisión.
Al comienzo de la década de los años setentas, entre los programas de televisión más vistos y comentados se contaba Anatomías: entrevistas, en ocasiones polémicas, con un número variable de participantes a quienes Jorge Saldaña, hábil y no pocas veces malicioso interrogador, disparaba preguntas o hacía comentarios sorpresivos para hacer caer en contradicciones a sus interlocutores. Este programa era transmitido por el canal 13, de la ciudad de México, los domingos a las 10 de la noche, aunque era grabado días antes.
En Anatomías se esgrimieron estupendos argumentos sobre temas políticos, artísticos, de actualidad. Hablar de religión, y concretamente del controvertido progresismo duramente criticado pero paulatinamente aceptado por muchedumbre de católicos desprevenidos, garantizaba inmenso auditorio.
En dos ocasiones se presentó Miranda a defender sus tesis marxistas y en ambas, aunque contaba con la evidente simpatía del conductor y de una parte de los asistentes al programa, no salió justificado. Jorge Saldaña invitó a un grupo de destacados "tradicionalistas" a exponer sus puntos de vista. El primer domingo de agosto el canal 13 transmitió el programa en el que tomaron parte el padre Joaquín Sáenz Arriaga, el licenciado Rafael Capetillo, el profesor Celerino Salmerón, el licenciado Rafael Rodríguez López y Antonio Ruis Facius.
El autor de ¡Apóstata! afirmó: "¡No soy un rebelde, un obstinado, sino un católico convencido...! En la Iglesia no puede haber contradicción entre la verdad y el error."
Sus intervenciones estuvieron matizadas por la prudencia de sus expresiones, la nitidez de sus argumentos, la solidez de sus exposiciones teológicas.
Saldaña le espetó a quemarropa esta pregunta: "¿Están excomulgados los progresistas?"
Sáenz Arriaga, respondió:
"—Si nos atenemos a las condenaciones de concilios anteriores, por ejemplo a las condenaciones de Trento, a las condenaciones del Vaticano I, a las condenaciones del Concilio Lateranense IV, están excomulgados, porque estas condenaciones fueron definitivas. El Concilio Vaticano I está en plena vigencia, como está en plena vigencia el Concilio IV Lateranense.
"—¿No cabe la palabra perdón? —insistió Saldaña.
"—Sí puede haber perdón si hay arrepentimiento, si hay retractación..."
Al finalizar el programa resumió su pensamiento en estas frases:
—Mis últimas palabras son de aliento para los que en México como en otras partes del mundo estamos dando la batalla dolorosa, estamos pasando por este calvario de verdadera amargura, porque nosotros somos los marginados, somos los descontinuados; nosotros somos ahora los enemigos, los que nos confiamos en la verdad eterna, en la verdad de Cristo."
Aún faltaba su más categórica definición personal. Desde hacía algunos meses el padre Sáenz traía entre manos un libro de importancia capital, cuyo título resume su vasto y variado contenido: La Nueva Iglesia Montiniana.. Lo dededicó a la memoria de monseñor Rafael Rúa Álvarez, antiguo cura de Orizaba, Ver., autor de una de las cartas que precedían el texto de Cuernavaca y el progresismo religioso en México.
Este nuevo libro apareció dos meses después de ¡Apóstata!, y sirvió como justificante a Su Eminencia Miguel Darío, cardenal Miranda, para descargar toda su autoridad sobre el indomable defensor de la tradición y la teología católica.
Desde la portada se define el contenido de la obra. Aparece una fotografía de Paulo VI revestido con el Racional de doce piedras semipreciosas, simbolizando las doce tribus de Israel. Este ornamento litúrgico jamás formó parte del ritual católico.
Sáenz Arriaga —ya lo hemos mencionado antes— relata y examina el significado del viaje de Paulo VI a Colombia, el contenido ideológico de la Segunda Conferencia del CELAM. Su juicio de los hechos podría considerarse profético si no resultara simplemente lógico. Advierte las contradicciones de Paulo VI y se pregunta: "¿Es Juan Bautista Montini un verdadero Papa?"
La respuesta va implícita en el capítulo titulado Paulo VI y sus responsabilidades en el caos actual de la Pglesia:
"El Modernismo, doctrina y partido denunciados y condenados por San Pío X —dice en este capítulo—, resurge y se impone en nuestros días con una pujanza y un poderío sin paralelo en la historia".
"Yo encuentro incomprensible e inaceptable este Concilio (Vaticano II), que además de ser equívoco, tiene puntos que han venido a revolucionar la doctrina de la Iglesia, en innegable contradicción con las definiciones de anteriores y recientes Concilios Ecuménicos y con documentos solemnes del Magisterio."
Añade adelante:
"La ruina de la Iglesia coincide tan exactamente con el Pontificado actual y sigue tan de cerca sus orientaciones reformistas y revolucionarias, que ya es imposible cerrar los ojos, para no darnos cuenta de que son los pastores, de que es, ante todos, Paulo VI el verdadero responsable de esta crisis sin precedente ni paralelo en la historia de la Iglesia." (10)
En otra parte de su libro, el teólogo mexicano vuelve sobre el tema ya tratado en otra de sus obras: la Misa, cómo fue canonizada por el Concilio de Trento, con toda su carga de tradición apostólica, y el Novus Ordo de Paulo VI. La sencillez del texto aunada a la profundidad teológica convencen a todo aquel que esté abierto a la lógica y dispuesto a aceptar la verdad.
La Nueva Iglesia Montiniana es una antología de opiniones diversas sobre el sincretismo religioso postconciliar, opuesto a la doctrina anterior y constante de la Iglesia.

NOTAS:
1.- Vinson, Georges. La Misa Impía (La nouvelle messe et la conscience catholique). Versión al español por Lidia Cruz de Rodríguez. Revisión y notas del Pbro. Dr. Joaquín Sáenz Amaga. Editores Asociados, S. de R. L., México, D. F., 1972. Pág. 33.
2.- Ibidem. Pág. 40.
3.- Cerca do !a Villa de Guadalupe vivía una monja de apellido Consuló, abadesa de su particular convento. Hacíase pasar por iluminada ya que era, desde hacía cuatro décadas ¡portavoz de Jesús! Afirmaba que Nuestro Señor la visitaba en horas inusitadas para dictarle mensajes celestiales que ella transmitía a los fieles por medio de una revistilla que publicaba bajo el rubro de Estrella. Contaba con centenares de crédulos seguidores ansiosos de reencontrar el rumbo perdido; creían las supuestas revelaciones de la monja condenando la acción de los infiltrados a la Iglesia, enemigos del Papa a quien impedían ejercer su autoridad.
Esta madre Consuló y doña Cabina, la rústica vidente de Punrarán en imaginario contacto personal con la Santísima Virgen María, ¡cuánto daño han becho a infinidad de incautos haciéndose pasar por representantes de la tradición católica!
4.- El R. P. Benjamín Campos, S. J., nunca ocultó esta tesis farisaica. En cierta ocasión me visitó, pienso ahora, con el propósito de sumarme a esta corriente de pensamiento intrínsicamente hipócrita, vergonzante y mentiroso, pues en privado cuestionaba la legitimidad de Paulo VI y en público se apoyaba en ella.
5.- Sáenz Arriaga, Dr. Joaquín. Apóstata. Crítica al libro de José Porfirio Miranda y de la Parra, S. J., México, D. F., 1971. Pág. 5.
6.- Ibídem. Págs. 12-13.
7.- Ibídem. Pág. 14
8.- Ibídem. Pág. 19.
9.- Ibídem. Pág. 155.
10.- Sáenz Arriaga, Dr. Joaquín. La nueva Iglesia montiniana. Pág. 341.

CAPITULO X.- EXCOMUNIÓN
Don Joaquín no quedó tranquilo e indolente después de ver impreso su libro. La edición se difundió con rapidez, y se agotó casi antes de brotar el caudal publicitario que le dio el decreto de excomunión.
El padre Sáenz, sin tomar descanso, emprendió la redacción de una nueva obra a la que había puesto por título ¿Cisma o Fe?, pero luego de las represalias recibidas al aparecer La Nueva Iglesia Montiniana añadió el subtítulo: ¿Por qué me excomulgaron?
Comienza refiriéndose a los ataques aparecidos en la prensa, y torna a mencionar los cambios, las aberraciones teógicas de la nueva economía del Evangelio. Habla del último Sínodo en Roma y sus implicaciones en la vida de la Iglesia y de la sociedad.
Fue, precisamente, cuando estaba a punto de dar fin a estas páginas en México cuando, inopinadamente, le llegó el edicto firmado por Miguel Darío, cardenal Miranda, Arzobispo Primado de México, y por su canciller, monseñor Luis Reynoso Cervantes, fulminando contra él "las penas supremas con que la iglesia puede herir de muerte a un sacerdote." (1)

Antes de citar la refutación que hace el padre Sáenz al texto de este edicto, hago un breve paréntesis sobre la personalidad eclesiástica del excomulgador.
Don Miguel Darío, originario de la ciudad de León, Guanajuato, nació el 19 de diciembre de 1895. Al ser ordenado presbítero nada hacía suponer que habría de escalar tantos peldaños jerárquicos. Siempre enigmático, discreto hasta en su repulsa a toda tradición: en lo histórico, en lo artístico, en lo religioso. Es posible que el origen de sus antagonismos nazca de mi origen mestizo, de su inadaptabilidad a la cultura occidental. Así lo demuestran, desde los remotos días de su juventud, decisiones tan radicales como la destrucción de archivos pertenecientes a asociaciones comprometidas en la lucha cristera, la eliminación de la primitiva Asociación Católica de la Juventud Mexicana, su antipatía por todo lo hispánico, incluyendo la herencia de arte virreinal. Cuando un sospechoso incendio destruyó en Catedral el retablo del Perdón, la sillería del coro, el facistol oriental, y dañó severamente los órganos de tubos, don Miguel Darío no disimuló, tras fingida pesadumbre, su satisfacción por la posibilidad de transformar el interior de la Catedral Metropolitana en un amplio bodegón, similar a la Catedral de Cuernavaca, donde su buen camarada, Sergio Méndez Arceo, acaudillaba las huestes progresistas en México.
Muchas voces clamaron justicia y el proyectado estropicio no se consumó. El retablo primero, los órganos después y la sillería del coro por último, fueron restaurados según su primitivo diseño. Sólo han permanecido los horrendos ventanales al estilo Cuernavaca, desafiando el ambiente, el sentido estético, el diseño original del templo más notable de Hispanoamérica.
Don Miguel Darío, sagaz y persistente, resultó elemento valioso en el cambio de la Iglesia. "Porque no hay que parar en medios para alcanzar fines previstos —afirma Manuel Magaña Contreras en la página 231 de la segunda edición de su libro Poder Laico—, el purpurado Miranda y Gómez excomulgó a los hermanos Santacruz —María, Carlos y Antonio— el 22 de julio de 1959, cuando estaban en los umbrales de ser electos dirigentes mundiales de las Congregaciones Marianas.
"Pero la insidia de monseñor Miranda y Gómez fue desbaratada por la Sacra Romana Rota, el 25 de mayo de 1962, en fallo que consta en la notaría del Vaticano." (2) Don Miguel Darío sufrió total derrota en su manía excomulgatoria, aunque logró lo que se proponía: nulificar a los destacados dirigentes católicos. (3)
Y aquí cierro este paréntesis, para mejor valorar el significado de la excomunión decretada contra el presbítero Joaquín Sáenz Arriaga quien, al recibir el edicto infamante, no se sorprendió: esperaba hacía tiempo el golpe de la Mitra de México, aunque ciertamente no tan feroz, injusto y rencoroso. Punto por punto deshizo las falacias ahí consignadas : "El presbítero Joaquín Sáenz Arriaga... sin ninguna censura, ni licencia eclesiástica, y no obstante que previamente se le había amonestado... ha editado, entre otros, el libro titulado La Nueva Iglesia Montiniana."
El aludido respondió: "Ante Dios juro que nunca se me había hecho ninguna amonestación... y exijo que se demuestre (nunca se demostró) un documento firmado por mí, que dicha amonestación se me había hecho de manera formal..."
Continúa el decreto: "Del examen minucioso de este libro, resulta evidente que en él se contiene una escala de graves injurias, insultos y juicios heréticos proferidos directamente en contra del Romano Pontífice y de los Padres del Concilio Vaticano II; al grado de afirmar el autor, con ingenua malicia, que la Iglesia está «acéfala» por haber incurrido el Santo Padre en herejía..."
"Creo que ante tan tremendas acusaciones —responde Sáenz Arriaga—, hubiera sido necesario el que se adujese siquiera algunas pruebas concretas. Y entonces hubiera tenido ocasión de legítima defensa y hubiera demostrado que el argumento de mi libro es una defensa de la fe de veinte siglos y un ataque, no a las personas, sino a los errores gravísimos que en mi libro denuncié."
Aducir pruebas es lo que menos convenía a los censores, entre otras razones por las que esgrime don Joaquín: "...lo que está en litigio es mi lucha por mi fe católica... Pero sobre las normas jurídicas y sobre las penas canónicas está, ante mi conciencia, la verdad revelada:
La crisis de la Iglesia, a la que Paulo VI había calificado como autodemolición, era ya inocultable. Dos campos antagónicos, irreconciliables, cuestionan la unidad: el tradicionalismo y el progresismo. "El primero es la postura monolítica de una fe que se remonta, a través de todos los Papas y todos los Concillios, hasta las fuentes mismas de la Verdad Revelada. . . El segundo, en cambio, es la «nueva economía del Evangelio» (Paulo VI, 29 de junio de 1970), es el llamado progresismo, el neomodernismo, la religión de la apertura, del diálogo, del aggiornamento, del ecumenismo." (4)
Los macizos conocimientos del padre Sáenz sobre Derecho Canónico, minaron ante la opinión pública las falsas bases sobre las que el Cardenal y su Canciller intentaron construir el decreto de excomunión.
Falsos tradicionalistas y declarados progresistas reaccionaron contra la legítima autodefensa del padre Sáenz Arriaga y, apoyados en la autoridad del excomulgador, se lanzaron contra don Joaquín; le arrojaron mil improperios que no alcanzaron a destruir sus argumentos, aunque desorientaron aún más a las multitudes incapaces de formarse un juicio imparcial. La dignidad episcopal se impuso a la fuerza de la razón. Los embozados enemigos de la Iglesia montaron la batería de Salvador Abascal para denostar, en artículos publicados en La hoja de combate, al inteligente teólogo mexicano. Los comprometidos en la conjura progresista, los que tienen intereses, no sólo sectarios sino económicos con los integrantes del poder laico, denunciado con pruebas irrefutables por Manuel Magaña Contreras, pasaron lista de presentes en la ofensiva de prensa para acallar las voces múltiples, desinteresadas e independientes que salieron en defensa del sacerdote ofendido. Magaña los menciona: Canónigo Ramón Ertze Garamendi, refugiado español; Enrique Maza García, jesuíta de sotana roja; su dócil amanuense, Rafael Moya García, primo suyo; Alejandro Aviles, democristiano inteligente y sagaz; Abraham López Lara, editorialista protestante; Genaro María González, fatuo escritor de estirpe progresista; Rafael Vázquez Corona, demoledor de la Acción Católica; José N. Chávez González, portavoz de los posteonciliares en "su" revista Señal; Horacio Guajardo tránsfuga liberal ex representante de empresarios confiados; José Álvarez Icaza, ex director del Movimiento Familiar Cristiano y activo dirigente socialista al frente del CENCOS (Centro Nacional de Comunicación Social), vocero oficioso de la Jerarquía Eclesiástica; Samuel Bernardo Lemus, sacerdote editorialista, propulsor del cambio litúrgico, económico, político; Antonio Brambila, presbítero y filósofo hábil en sofismas condimentados con sana doctrina católica... etcétera, etcétera; larga relación de la flor y nata de la subversión religiosa en México, cuya lista incompleta la encontrarán mis lectores en él mencionado poder laico. (5)
Sergio VII, el de Cuernavaca, no disimuló su gusto y, en la acostumbrada homilía dominical de su folclórica misa panamericana del 3 de enero de 1972, se dolió de los libros anteriores a La nueva Iglesia montiniana de Sáenz Arriaga: Cuernavaca y Apóstata.
"A la Iglesia en México le urge una era de creatividad que podría considerarse iniciada precisamente con el libro de Miranda —dijo— el mejor o uno de los mejores libros escritos en América Latina en orden a la liberación del hombre por el Dios libertador."
Tuvo razón don Joaquín al decir: "Si esta es la jerarquía que me excomulga, yo me siento muy honrado con esa excomunión."
Como muestra de los argumentos ambivalentes esgrimidos por los detractores del padre Sáenz, vale mencionar el artículo de Antonio Brambila: Sobre una excomunión, aparecido en El Sol de México, el 22 de enero de 1972.
Para impresionar a sus lectores, dice que "Joaquín Sáenz —condiscípulo mío de antaño y querido amigo— no incurrió en excomunión por haber criticado al Pontífice reinante... declara que la Iglesia está actualmente acéfala." Calumniosa imputación que Sáenz Arriaga desbarataría más tarde, pero que descubre la ligereza de su crítico al no leer, previamente, el libro en que fundamenta sus inválidos argumentos. Y no es todo: como buen sofista emplea la sinrazón al disculpar a Su Eminencia. Refiriéndose al Imprimatur que don Miguel Darío concedió a Marx y la Biblia, afirma: "El señor Vicario General de la Arquidiócesis se enteró con algún retraso de la salida del libro, de que ostentaba el Imprimatur, y que que estaba lleno de graves errores, y acaso por el retardo y también porque el Cardenal estaba ausente, no se apresuró a hacer una rectificación. Y regresado el Cardenal, seguramente por el cúmulo de atenciones diversas y por haber pasado un poco la «actualidad» del asunto, tampoco pareció prudente volverlo a suscitar." De manera que el "cúmulo de atenciones diversas" de Su Eminencia justificó el Imprimatur que nunca fue negado ni mucho menos derogado por quien se hizo solidario de las doctrinas marxistas expuestas por el jesuíta Miranda y de la Parra.
Frente a tales evidencias ¿no había de afirmarse más en su fe multisecular y en su difícil misión el irreductible teólogo?
El aislamiento provocado al padre Sáenz no mermó sus convicciones ni apagó su celo apostólico; aceptó las consecuencias de su postura intransigente y recibió con resignación las falsas imputaciones y calumnias, no sólo provenientes de extraños, sino originados aún en el seno de su propia familia.
"Hace unos días —revela en el prólogo al estudio del padre George Vinson, ya citado—, una persona, pariente mío por cierto muy cercano, infestado del progresismo en boga, para quien la teología medieval de los grandes maestros de la escolástica de la edad de oro, definitivamente superada por Maritain, Teilhard de Chardin, el papa Montini, y los «jesuítas de la nueva ola», me condenaba por mi postura anticuada, retrógrada y totalmente insostenible ante los avances de la ciencia moderna. Para él —su profesión es la de médico, no la de filósofo ni la de teólogo— la «evolución» es incontenible y dentro de su dinámica ininterrumpible, ha de dominar también la ciencia religiosa. El papa Montini, Juan XXIII y su Concilio vinieron a salvar la Iglesia de la inevitable muerte a donde su decrepitud la llevaba.
"Estos pobres indoctrinados, sin darse cuenta, han perdido la fe. Piensan que Cristo, el hijo de Dios, no tuvo visión o poder para fundar una Iglesia inmutable, aunque capaz de desarrollo y de progreso, sino que debería haber incorporado su obra divina al curso constante de la evolución." (6)
Sus argumentos son precisos, dentro de su fina ironía. Resulta fácil, después de todo, defender la tradición con la verdad, y descubrir el embate contra la fe, programado y realizado eficazmente por los nuevos reformistas que han salido al encuentro de los hermanos separados para integrar, entre todos, la nueva Iglesia postconciliar.
En sentido inverso, la repulsa al arbitrario proceder de Su Eminencia se caracterizó por la solidez de los argumentos esgrimidos y la calidad moral e intelectual de cuantos se hicieron solidarios del indoblegable teólogo.
Quizás la frase más feliz, resumen de esta postura, la expresó Rene Capistrán Garza, en memorable artículo publicado a los pocos días del infamante decreto del cardenal Miranda. El título era síntesis perfecta del contenido: En comunión con el excomulgado. Capistrán Garza, como en sus más significados días de gallardía cristera, cuando simbolizaba la rectitud, la firmeza de la juventud católica de México, esgrimió su pluma en defensa de la Iglesia. Puso en esta última batalla de su vida azarosa todo el ardor, el ingenio de su inimitable estilo literario en el que, jugando con las palabras, dejaba sin defensa posible a sus adversarios, a los modernos adversarios de la Iglesia Católica.
Con don Joaquín estuvieron, en sus horas de abandono por respetos humanos, gente de estirpe religiosa, intelectual y artística. El poeta Vicente Echeverría del Prado dedicó "al reverendo padre Joaquín Sáenz Arriaga, denodado paladín de la verdadera Doctrina de Cristo", este soneto:
Hoy como nunca con Usted, querido y venerado Padre Sáenz Arriaga; hoy que su corazón luce la llaga que en la verdad más ha resplandecido. La del puñal por la traición blandido contra la fe que al pensamiento embriaga en una luz misericorde y maga que sobre la razón ha descendido. La luz de Cristo Dios que representa Usted, en el malstróm de la tormenta de falsedades, desencadenada por la sombra satánica, extendida de pelo a pelo, como encrucijada del tiempo cruel contra la Eterna Vida.

No faltó, en medio del drama, la nota humorística e ingeniosa de don Luis Vega Monroy, el insuperable epigramista contemporáneo que bajo el diáfano seudónimo de Don Luis, escribió:
Todo ha dado tal viraje y es tanta la confusión, que ya no parece ultraje que alguien, con toda razón se mande cortar un traje de primera excomunión.

En otro de su célebres epigramas, Don Luis, atinadamente, comentó:
Si el que la hace la paga, aquí —por lo que yo veo— nos quedamos a la zaga, pues la hace Méndez Arceo y la paga Sáenz Arriaga.

Llegáronle cartas del interior de la República. Seglares unos, religiosos otros. Gloria Riestra le reiteraba "el afecto filial de la hija en Cristo que tiene desde hace muchos años que con su palabra de apóstol conmovió su alma." Jesús Ochoa, padre misionero de la Sagrada Familia, en Uruapan, Mich., se hizo presente, como también el presbítero Moisés Carmona, de Acapulco, Gro., otro de los denodados sostenedores de la tradición: "A usted lo excomulgaron por su fidelidad a Cristo, a sus enseñanzas y a su Iglesia. ¡Bendita excomunión! Como sea por eso, que me vengan todas las excomuniones." Y así sucedió: poco tiempo después el postconciliar Obispo de su diócesis lo "excomulgó" por negarse a celebrar la nueva asamblea comunitaria en lugar de la Santa Misa. Montado en cólera quiso expulsarlo del templo de la Divina Providencia, a lo que se opusieron todos sus feligreses. Ninguno claudicó y el padre Carmona pudo continuar celebrando el Misterio Eucarístico e impartiendo los sacramentos en su prístina pureza evangélica.
Los católicos colimenses publicaron en el periódico Novedades, de la ciudad de México (5 de enero de 1972) extensa carta abierta, dirigida al cardenal Miranda, la cual, como es de suponerse, no obtuvo respuesta. En esta misiva muestran su extrañeza "por una sanción no aplicada a miles de desertores sacerdotes, tránsfugas y corruptores que desde la cátedra sagrada aniquilan dogmas, fe y buenas costumbres, así como la liturgia eclesiástica hasta llegar a las misas comunitarias sacrilegas —como está sucediendo en esta Diócesis de Colima y las que se celebran en la ciudad de México— en que se consagran bolillos, cemitas y tortillas en burla a la Sagrada Eucaristía, todo a ciencia y paciencia del cardenal Miranda."
De España, Francia, Italia, Inglaterra, Estados Unidos, Brasil, Argentina y otros países recibió don Joaquín mensajes alentadores. Entre los más conocidos corresponsales estaban el padre Herve Le Lay, de Argentina, hecho al temple de las persecuciones por publicar la excelente revista La tradición; el padre Noel Barbara, director de Forts dans la fei, de Francia; el escritor argentino Alberto Boixados; la sociedad The Voice (La Voz) en Nueva York, etcétera.
En momento alguno vaciló don Joaquín. No sostenía una lucha personal; estaba comprometido con Cristo y con Su Iglesia. Voló a Roma el 9 de enero de 1972 para asistir a la Asamblea de los Defensores de la Tradición, en la que estuvieron presentes delegados de 21 países. Su reciente '"excomunión" contribuyó a extender la fama que gozaba internacionalmente el valeroso sacerdote mexicano, quien fue recibido en Roma con el entusiasmo peculiar de los italianos. En conferencia de prensa transmitida a todo el mundo, declaró su ascendencia católica, su cercano parentesco con más de medio centenar de sacerdotes y religiosas; flageló a los infiltrados en la Iglesia que auspiciaban los modernos errores y reiteró su postura frente a Juan Bautista Montini de quien dio a conocer su ascendencia judía, sus complacencias con la masonería y el comunismo ya que era sabido que la Santa Sede realizaba secretamente convenios y compromisos con los gobiernos marxistas del Este europeo y sus amos de Moscú.
La presencia del padre Sáenz en Roma exaltó los ánimos de no pocos tradicionalistas (7) y un grupo de ellos arrancó el escudo del cardenal Miranda, colocado en la parroquia romana de Nuestra Señora de Guadalupe y, al día siguiente, aparecieron en las paredes de la embajada de México las inscripciones: "¡Viva il padre Sáenz!", "Morte ai traidori", "W. P. Sáenz, patriota". El portavoz del Vaticano, Federico Alessandrini, se apresuró a condenar el justiciero atentado contra el símbolo del Arzobispo de México, que debía su cardenalato a Paulo VI, quien le impuso e

l capelo el 28 de abril de 1969. De alguna forma había que justificar a los Miranda, a los Méndez Arceo, a los Suens, a los Alfrik, a los Bugnini, a los Helder Cámara, a los Tarancón y toda la caterva progresista receptaría de honores vaticanos.
En 25 de enero de 1972 salió de prensas el libro del Padre Sáenz Arriaga, ¿Por qué me excomulgaron? ¿Cisma o fe? Y, sin desperdicio de tiempo, don Joaquín se impuso tarea de escribir y publicar su siguiente obra: Sede vacante, continuación, ampliación y actualización de La nueva esia montiniana (8)

NOTAS
1) Sáenz Arriaba, Dr. Joaquín ¿Por qué me excomulgaron?... Pág. 266.
2) Magaña Contreras, Manuel. Poder laico. Segunda edición. México D F 1972. Pág. 231.
3) Este turbio asunto es el tema central del libro Una enérgica y justa sentencia de la Sacra Romana Rota, publicado en la ciudad de México en 1969. por el licenciado Jerónimo Díaz, abogado defensor en el terreno canónico de los hermanos Santacruz.
4) Sáenz Arriaga, Dr. Joaquín. ¿Por qué me excomulgaron? Pág. 266.
5) Magaña Contreras, Manuel. Ibidem.
6) Vinson, Georges. Ibídem. Pág. 16.
7) El término tradicionalista me veo forzado a usarlo como una concesión al lenguaje común, ahora en uso. Reconozco, sin embargo, que no es correcto hablar de católicos tradicionalistas ni de católicos progresistas o postconciliares, pues lo primero es repetición de un mismo pensamiento expresado en distinta manera, y lo segundo es una contradicción. La esencia del ser católico es la fidelidad a la Tradición Apostólica, al Magisterio invariable; la evolución doctrinaria, la mutabilidad de principios canonizados, es herejía.
(8) La sorpresiva "excomunión" del presbítero Joaquín Sáenz Arriaga resulta una paradoja más en esta época preñada de contradicciones.
Por querer conservar su antigua fe y ser consecuente con las enseñanzas aprendidas en su hogar, en el seminario y a lo largo de su ministerio sacerdotal, la más alta autoridad eclesiástica en México lo expulsa pública e ignominiosamente de la comunidad católica, al mismo tiempo que diversos miembros del clero regular y secular, entre los que se cuentan célebres prelados, niegan dogmas y llegan al sacrilegio y la blasfemia sin renunciar a su privilegiado estado y dignidad sacerdotal.

Nadie se explica, en buena lógica, que un Méndez Arceo continuúe al frente de la diócesis de Cuernavaca; y como él otros muchos. Ni tampoco es explicable que un Salvador Freixedo, autor de libros heréticos, se siga considerando sacerdote; y como él una infinidad de tonsurados sin fe.

En el escenario mundial los ejemplos se multiplican hasta llegar al asombroso caso del profesor Hans Küng. La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, al cabo de 12 años se decidió a declarar que éste "no puede ser considerado como teólogo católico; ni puede, como tal, realizar una misión de enseñanza en la Iglesia Católica.''

La primera amonestación le fue hecha en 1967, después de la publicación de su libro Die Kirche ("La Iglesia"), Freibur / Brsg. 1967.

A este "teólogo" que contradice la doctrina dogmática del Concilio Vaticano I sobre la infalibilidad del magisterio eclesiástico, que pone en duda "si Jesucristo es realmente Hijo de Dios, o sea si es del grado y del nivel ser de Dios sin disminución", se le niega, únicamente, el derecho de enseñar en nombre de la Iglesia, pero no se le suspenda "ad divinis", ni se le declara excomulgado pues, como afirma el cardenal Joseph Hoffner, arzobispo de Colonia y presidente de la Conferencia Episcopal Alemana: "El profesor Kung no queda excluido de la Iglesia por esto y continúa siendo sacerdote." (Documento de la Presidencia de la Conferencia Episcopal Alemana sobre el profesor Hans Küng, publicado en L'Osservatore Romano, edición en español. 6 de enero de 1980, p. 11). Huelga señalar la marcada diferencia de trato entre un teólogo "tradicionalista'" y un profesor de teología "moderno", influyente consejero en el Concilio Vaticano II. Excomunión para el primero; desautorización pedagógica para el segundo, después de doce años continuos de amigables componendas.


continúa parte 4

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Published by Juan Manuel Olivar Robles - en El Concilio Vaticano II y sus herejías
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