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Presentación

442px-Emblem of the Papacy SE svgBienvenido a este blog de actualidad religiosa,de filosofía, de combate de la Verdad contra la secta modernista del "Concilio Vaticano II", de honor, amor y fidelidad al Magisterio infalible de la Santa Iglesia Católica, y de discusión sobre la actualidad de Méjico.
   Este blog pretende también reunir las direcciones de los centros de Misa y de sacerdotes NON UNA CUM, celebrando el Santo Sacrificio en total desunión a "Benedicto XVI" en México.

   No reconocemos, pues, la legitimidad de la autoridad de los "Papas del Concilio" Vaticano II. Estamos ciertos de que solamente esta posición, también llamada sedevacantismo, es la posición teológica que responde perfectamente a la situación actual de la Autoridad en la Iglesia, en particular detallada por la Tesis de Cassiciacum.

   Le invitamos a leer nuestro blog detalladamente. Permítanos presertarle nuestra postura teológica.

   Sea a la mayor gloria de Dios: 


El equipo de México y Tradición

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14 octubre 2012 7 14 /10 /octubre /2012 20:23

200px-Padre Saenz jovencito
CAPITULO XI.- SEDE VACANTE
En el estrecho estudio, a mano izquierda de la entrada de su casa estilo colonial en la calle de Maricopa número 16, colonia Napóles, en la que se hospedan una veintena de estudiantes, algunos gratuitamente, otros pagando una mínima cuota que cubre escasamente su propia manutención, el padre Sáenz trabaja sin dar reposo a su fatiga desde el amanecer hasta que cae la noche. Su quebrantada salud no es impedimento para escribir, en la vieja máquina, centenares de cuartillas que darán forma a sus libros, a sus artículos, a sus conferencias.
Papeles amontonados; pilas de volúmenes fuera de la estantería abarrotada de libros y folletos; revistas procedentes de diversas partes del mundo; periódicos, sobres abiertos, todo ello en aparente desorden. El viejo sacerdote sabe dónde encontrar cada noticia, los datos que precisa, la referencia indispensable. Intuye la proximidad del fin de su existencia, y no se permite ningún descanso. No es el legado del propio pensamiento lo que le preocupa, sino el cumplimiento de su misión heroica que ha hecho de él un resuelto defensor de la Iglesia.
Lo encuentro sentado frente a su escritorio, con el mínimo espacio libre para trabajar. Escribe sin interrupción: de vez en vez se detiene para consultar textos latinos, libros y documentos en inglés, en francés, en castellano. Allégase un dato, confirma una tesis teológica, obtiene una prueba más que aportar en la denuncia a la metódica, a la incontenible destrucción de la Iglesia verdadera. Pretende apuntalar, con la más pura doctrina, las minadas estructuras.
Un esfuerzo extraordinario supone la redacción de su última obra publicada: Sede vacante. En los talleres de Editores Asociados, S. de R. L., de la ciudad de México, se terminó de imprimir este libro el día 12 de marzo de 1973.
El prólogo es de Rene Capistrán Garza. No hace referencia al contenido de la obra, sino al decreto de excomunión contra el autor de La nueva Iglesia montiniana, estudio en el que fundó Su Eminencia tan radical procedimiento.
Capistrán Garza se propuso y es indudable que logra demostrar la nulidad del mentado decreto y la carencia de autoridad del excomulgador, ya que, ". . .para impartir justicia se necesitan dos elementos imprescindibles: el juez y la norma. Un mal juez o una ley mala, o mal aplicada e interpretada, no son factores de justicia sino factores de injusticia. Y en el asunto de la excomunión dictada por el encumbrado señor Cardenal contra el modesto señor presbítero, nos encontramos con un deplorable juez y para sorpresa de los lectores, en unos casos con una ley mal interpretada, y en otros con una ley inexistente... En la inteligencia que el mal juez que aplica mal la ley, o aplica una ley que no existe, se transforma en el acto en delincuente, en reo, y es él y no el acusado quien se convierte de juez acusador en sujeto y objeto de la ley acusadora." (Sáenz Arriaga, Dr. Joaquín. Sede vacante. Editores Asociados, S. de R. L., México, D. F., 1973. Págs. VII-VIII). Y así lo establece con argumentos irrebatibles, cimentados en el Derecho Canónico y en el proceder ambivalente del propio Cardenal.
En el decreto se afirma: "Del examen minucioso de este libro resulta evidente que en él se contiene una escala de graves injurias, insultos y juicios heréticos proferidos directamente en contra del Romano Pontífice y de los Padres del Concilio Vaticano II; al grado de afirmar el autor, con ingenua malicia, que la Iglesia está «acéfala» por haber incurrido el Santo Padre en herejía."
Don Rene se pregunta: "¿Para qué examinar tan minuciosamente un texto que resulta evidente? No; del texto no se siguen tan «evidentemente» las conclusiones que concluye el señor Cardenal", pues de ser así no se requeriría un examen minucioso.
En la segunda parte de su, aunque sintético no menos explícito examen sobre la inválida excomunión decretada por Su Eminencia, Capistrán Garza analiza la explícita autorización dada a una obra preñada de herejías, por lo cual quedó, ipso facto, fuera de la Iglesia el Arzobispado que se hizo solidario de doctrinas previamente condenadas por el Magisterio Pontificio.
Sáenz Arriaga, en el primer capítulo de Sede vacante, ofrece una clase lección de Derecho Eclesiástico sobre el significado de vacancia en la Sede Apostólica y la sustancial diferencia con el concepto de Iglesia acéfala.
"Por Sede vacante, en el lenguaje canónico, se entiende la carencia, por muerte, renuncia, traslado o desaparición, bien sea de los obispos, en las iglesias locales, bien sea del Sumo Pontífice en la Iglesia Universal.
"La Sede vacante puede durar, y de hecho ha durado vacante, según consta en la historia de la Iglesia, por largo tiempo, sin que esa vacancia del pontificado signifique, en manera alguna, la desaparición de la misma Iglesia." (Ibidem. Pág. 2.)
"La Iglesia nunca está, ni puede estar «acéfala», como con «refinada malicia» me atribuyó haber dicho el «terrible» canciller de la Mitra Metropolitana de la Arquidiócesis de México, el tristemente célebre Luis Reynoso Cervantes" —añade párrafos adelante. "Para probarlo, basta citar aquí algunas palabras de la encíclica Mystici Corporis Christi de Su Santidad Pío XII:
«Se prueba que este Cuerpo místico, que es la Iglesia, lleva el nombre de Cristo, por el hecho de que Él ha de ser considerado como su Cabeza. Él —dice San Pablo (Col. I, 18)— es la Cabeza del Cuerpo de la Iglesia, dispuesto con debido orden, crece y se aumenta, para su propia edificación (Efes. IV, 16; Col. II, 19).»
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"La Iglesia, pues, no puede nunca estar «acéfala» porque su verdadera Cabeza, Cristo, aunque falte el Papa o falten los obispos, nunca la abandonará, cumpliendo así la divina promesa: «Yo estaré con vosotros todos los días liasta la consumación de los siglos». Puede faltar el Vicario, el lugarteniente, la cabeza visible de la Iglesia, pero la Iglesia nunca puede quedar «acéfala»." (Ibídem. Pág. 4)
Sede vacante abarca lecciones de historia, de teología; indaga, penetra en sucesos de importancia capital, se refiere a los temas y conclusiones habidos en el Concilio Vaticano II.
Tres cuestiones motivan al padre Sáenz, con las cuales existía absoluta coincidencia en el campo tradicionalista al pedir: "1) Por el restablecimiento de la Misa de San Pío V, la Misa de siempre, la que se remonta hasta los tiempos apostólicos, en sus partes principales. 2) Porque los catecismos católicos, libres de resistencias, de inexactitudes y de verdaderos errores, que, por desgracia, circulan en varios países, vuelvan a enseñar al pueblo y, especialmente a los niños y jóvenes, la doctrina tradicional, apostólica, que siempre se ha enseñado en la Iglesia Católica; y 3) Que no se dé a las Sagradas Escrituras el sentido ecuménico, ecléctico que hoy, apoyándose en la exégesis protestante o de los rabinos judíos, se les quiere dar, sino el único sentido, que semper et ubique Ecclesia, que ha enseñado siempre el Magisterio de la Iglesia."
Causa asombro que tres puntos tan naturales, tan simples aunque esenciales tengan dividida la Iglesia. En otros tiempos estas cuestiones de fondo las resolvía el Soberano Pontífice aplicando categóricamente la doctrina católica; ahora el "Papa Montini ha tolerado, disimulado, aparentado condescender con las exigencias absurdas, anticatólicas y, en muchos casos, abiertamente heréticas de los dirigentes del «progresismo», ya sean cardenales, obispos, clérigos o simples laicos... ¿Cuál sería la reacción de San Pablo ante el viaje a Ginebra, ante el discurso «ecuménico» en el Consejo Mundial de las Iglesias, en el que la verdadera y única Iglesia de Jesucristo, quedó asimilada y absorbida por ese ecléctico conglomerado de sectas, cuyo denominador común, si alguno tienen, es la negación de la verdad inmutable y permanente?" (Ibídem. Pág. 13.)
Antes de reafirmar "la doctrina católica, dogmática e infalible sobre el Primado de Jurisdicción y las demás prerrogativas que Cristo quiso dar a Pedro y a los legítimos sucesores de Pedro en el Pontificado Romano", (Ibídem. Pág. 20) el padre Sáenz relata el proceso del llamado gran cisma de Occidente.
Cisma es "la separación de la Iglesia Católica de alguno o algunos de sus miembros, por el hecho de negar la debida obediencia al Romano Pontífice", (Ibídem. Pág. 21) siempre y cuando éste sea un verdadero y legítimo papa. San Pablo advierte: "Pero aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os predicase un Evangelio distinto del que os hemos anunciado, que sea anatema." (Galatas, I, 8.)
El cisma, por consiguiente, se produce por la desobediencia al Papa legítimo cuando éste no se aparta de la doctrina invariable de la Iglesia.
"Cuando, como en los actuales tiempos, vemos que la tradición apostólica ha sido menospreciada, cuando no abiertamente negada; cuando circulan impunemente los más graves errores y herejías, sin que los obispos, ni el mismo Papa reaccionen enérgica y definitivamente... tenemos derecho, tenemos el deber de dudar de la legitimidad del Papa Montini, ya que es el principal responsable de este derrumbe." (Ibídem. Pág. 239)
A continuación hace una breve historia del cisma de Occidente que se inició el 9 de agosto de 1378 y terminó treinta y nueve años después, el día 8 de noviembre de 1417. En esa espantosa crisis desfilaron varios Papas, simultáneamente, que gozaron del acatamiento y respeto de prelados, clérigos y seglares, a la vez que eran desobedecidos y menospreciados por los del bando contrario. "Hubo momentos en que tres distintos elegidos reclamaron la sucesión legítima de Pedro." (Ibidem. Pág. 32) De lo cual se sigue que "En la Iglesia, a pesar de las promesas y asistencia de Cristo, a pesar también de la acción del Espíritu Santo, los hombres que entonces la regían, como los hombres que la rigen ahora, los que representaban y representan a Cristo pueden, por sus pasiones, por sus equivocaciones, por las presiones extrañas conducir a la Iglesia a un estado caótico, en el que un pontificado tricípite desgarre la unidad, no tan sólo de las disciplinas, sino de los mismos dogmas." (Ibídem. Pág. 39)
El Concilio Vaticano II se vio constantemente presionado para cambiar principios sólidamente establecido?. "El Concilio —afirmó erróneamente el teólogo Hans Kung, citado por Sáenz Arriaga— debe tener en cuenta las legítimas pretensiones de los protestantes, de los ortodoxos, de los anglicanos y de los liberales." (Ibídem. Pág. 42) Este criterio, bastante generalizado entre los padres conciliares, produjo nefastas consecuencias; la primera fue el deterioro de la autoridad pontificia frente a la colegialidad episcopal. Sáenz Arriaga estudia esta cuestión extensamente, sigue paso a paso los proyectos y resoluciones, las interferencias, los textos y las necesarias aclaraciones que no alcanzaron a modificar la ambivalencia de las conclusiones.
"Es indudable que la discusión sobre la colegialidad fue una de las más agitadas y peligrosas del Vaticano II. El ecumenismo, la unión de las sectas separadas uno de los principales, si no el principal objetivo de ese Concilio Pastoral, tropezaba, como uno de los más graves obstáculos... para la unión de la Iglesia Católica con las sectas protestantes, en el «Consejo Mundial de las Iglesias», entre otros puntos fundamentales de nuestra fe católica, con el Primado de Jurisdicción y la Supremacía del Magisterio del Romano Pontífice." (Ibídem. Pág. 55)
Recordaba el autor de Sede vacante algunos de sus propios conceptos publicados veinticinco años atrás en su libro Donde está el Papa, allí está la Iglesia: "Demostrado que Cristo fundó en su Iglesia un Magisterio auténtico e infalible, preservado del error por la asistencia especialísima del Espíritu Santo, hemos visto que Pedro, independientemente del Colegio Apostólico como fundamento de la Iglesia, como Pastor supremo del rebaño de Cristo, como cabeza visible de la Iglesia, recibió entre sus prerrogativas y poderes, el don de la infalibilidad didáctica en el ejercicio de su Supremo Magisterio." (Ibídem. Pág. 61)
La exposición doctrinal que hace Sáenz Arriaga sobre la primacía del Papa en la Iglesia única y verdadera, no deja resquicio de duda sobre su ortodoxia católica, pues no se limita a defender los atributos de Pedro contra toda intromisión enemiga, va más allá: a los fundamentos mismos del Papado y al reconocimiento de su magisterio infalible, el cual "es, en su ejercicio, absolutamente independiente, sea de la autoridad de un Concilio, sea de la aprobación ulterior dada por toda la Iglesia universal." (Ibidem. Pág. 70)
"La infalibilidad pontificia, como la infalibilidad del Magisterio de la Iglesia, considerada de una manera general, proviene de la asistencia divinia, para descartar perpetuamente todo error o todo peligro de error en la enseñanza de la verdadera y única doctrina. Asistencia especialmente prometida a Pedro y a sus sucesores, hasta la consumación de los siglos. Esta es la enseñanza formal del Concilio Vaticano I en la definición del dogma de la Infalibilidad Pontificia", la cual "sólo se da en los actos en los que el Papa habla con la plenitud de su poder apostólico, como Pastor y Doctor supremo de la Iglesia..." (Ibidem. Pág. 72) ya que "infalibilidad no significa, en manera alguna, una nueva y divina revelación, como la que recibieron los Apóstoles y Evangelistas, cuyos escritos son recibidos y aceptados como la palabra de Dios..."
"El depósito de las verdades reveladas, que quedó cerrado con la muerte del último de los Apóstoles no puede ser aumentado, ni adulterado en lo más mínimo por las enseñanzas de la Iglesia. La Iglesia de hoy debe enseñar lo que aquellos primeros evangelizadores enseñaron por prescripción de Cristo. La evolución dogmática no hace nuevas verdades, sino que a lo más nos descubre las verdades que, contenidas en el depósito de la Divina Revelación, no habían sido definidas, como tales, por el Magisterio de la Iglesia." (Ibidem. Pág. 73)
Las lecciones de teología contenidas en Sede vacante hacen, de este libro, un tratado sobre las implicaciones actuales que ofrece esta ciencia.
Explicada la infalibilidad pontificia, el teólogo se pregunta: ¿Puede un Papa caer en herejía? Y se responde: "En nada se opone la infalibilidad pontificia, definida como dogma de nuestra fe católica, el que un papa, considerado como persona particular, pueda incurrir en herejía, no sólo en el error." (Ibidem. Pág. 103) Para demostrar esta tesis recurre a las enseñanzas de santos, teólogos y doctores de la Iglesia a lo largo de su historia. La resistencia al Espíritu Santo, explicable por el libre albedrío con el que Dios dotó a toda criatura humana, puede degenerar en incredulidad, en herejía, en apostasía. Y es lógico que no será Pastor universal aquel que voluntariamente renuncie a conducir el rebaño por el camino señalado en el Evangelio.
Así pues, resulta que Paulo VI "al seguir con tanto entusiasmo las tesis maritenianas, que no sólo yo —afirma Sáenz Arriaga— sino otros muchos teólogos han considerado casi heréticas, escandalosas, indudablemente se equivocó; se equivocó y por cierto, con increíble y peligrosa visión, al afirmar en su discurso en la ONU que esa organización heterogénea, controlada por manos invisibles, era para la humanidad de hoy y de mañana la sólida y segura esperanza, para forjar un mundo mejor y más humano. Se equivocó también el Papa al buscar, en las relaciones diplomáticas con los países dominados por el comunismo ateo, una postura anticristiana, antirreligiosa y políticamente suicida que garantizase la paz del mundo. Y para no alargar demasiado mi raciocinio, Paulo VI cometió el más grave de todos sus errores al imponernos el Novus Ordo Missae que es equívoco y que favorece la herejía." (Ibidem. Pág. 105)
Sede vacante es también una extensa y múltiple denuncia que se inicia con las revelaciones de lo acaecido en el Seminario Moctezuma, instalado cerca de Las Vegas, Nevada, Estados Unidos (Ibidem. Págs. 168 a 173) donde, huelga decirlo, han salido generaciones de jesuítas impregnados de ideas modernistas, promotores del socialismo, renuentes al celibato sacerdotal.
También se ocupa del Seminario de México y otros centros "educativos" igualmente afectados por la contaminación progresista. Estas referencias, aunque aisladas, hacen pensar en los lamentables resultados que ha producido la labor reformadora y sincretista de prelados y clérigos activistas.
¿Por qué se casan los sacerdotes?, es un capítulo amargo, enriquecido con testimonios veraces que revelan la decadente vocación sacerdotal. Los títulos que encabezan los subsecuentes capítulos de Sede vacante anuncian la importancia de los textos: ¿Puede haber un papa ilegítimo? Paulo VI sigue adelante su programa reformista. El ecumenismo, medio eficaz para la autodemolición de la Iglesia...
Nutridas lecciones teológicas de sucesos recientes y actuales contiene la obra postuma de don Joaquín Sáenz Arriaga. Este libro, escrito en breve tiempo, abarca diversos temas, presentados, algunos de ellos, en forma un tanto desordenada por la premura del autor en llevar, al pueblo católico, amplias noticias, recias advertencias del acelerado cambio eclesiástico cuyos resultados a nadie se ocultan.
En la primera página del libro aparece reproducida una tarjeta escrita por el cardenal Ottaviani, fechada en diciembre de 1970: "Bendice al Rev. P. Joaquín Sáenz Arriaga y le anima a seguir con entusiasmo defendiendo la integridad de la fe."
Sede vacante fue escrito con posterioridad al mensaje del distinguido Cardenal de la Curia Romana quien se opuso, hasta nue sus facultades físicas se lo impidieron, a la propagación de los errores postconciliares, y criticó vigorosamente el Novus Ordo Missae de Paulo VI, sin que sus razonamientos lograran modificar la decisión tomada por el Papa.
La inclusión del autógrafo de Ottaviani en su libro, trajo al padre Sáenz acerva crítica rayana en la calumnia. El licenciado Salvador Abascal escribió al Cardenal preguntándole si la inclusión de su "supuesta" tarjeta en Sede vacante significaba que él estaba de acuerdo con la tesis planteada por su autor. Ottaviani, casi ciego y sordo, reaccionó de acuerdo a la sugerencia de la pregunta, rechazando su presumible aprobación al libro que no pudo conocer más que por la referencia interesada de su remitente, pues es improbable que, impedido físicamente como estaba, hubiera podido conocer a fondo todo el texto.
La ofensiva contra el Novus Ordo Missae alcanzó señalados triunfos. El día 11 de abril de 1974 el abbé Noel Barbara terminó de escribir un estudio intitulado: ¿Es válida la santa misa celebrada según el nuevo ordo missae de Paulo VI?
Sáenz Arriaga, a su regreso de Europa a finales de septiembre de ese año, dio conocer la traducción de este texto singularmente claro y categórico. Con infatigable constancia viajaba una, dos y aún tres veces al año al viejo continente, afianzando relaciones personales, intercambiando noticias y opiniones, visitando personas importantes de la esfera eclesiástica. No podía permanecer tranquilo e indiferente al desarrollo de los acontecimientos; algo había que hacer y él, enfermo y angustiado, no cedía a la fatiga.
Frente a la manifiesta oposición a la nueva misa de corte luterano, y la creciente fidelidad a la Misa eterna, la conspiración vaticana realizó una maniobra de intimidación para impedir el retorno a la ortodoxia católica. El cardenal James Robert Knox y el arzobispo Annibale Bugnini, prefecto y secretario, respectivamente, de la Sagrada Congregación para el Culto Divino, suscribieron una notificación el 28 de octubre de 1974 en la que "con la aprobación del Sumo Pontífice" (Paulo VI), se reconocía competencia a "las Conferencias Episcopales para la elaboración de las versiones populares de los libros litúrgicos y las normas que deben seguirse para alcanzar la confirmación de la Santa Sede." Habiéndose "puesto en práctica de una manera gradual en todas partes" las mencionadas "versiones populares" eran "casi una obra perfecta". Una vez establecido el mencionado Misal Romano en lengua vernácula, solamente se permitirá celebrar misa "según el rito del Misal Romano, promulgado con la autoridad de Paulo VI el día 3 de abril de 1969... compete al Ordinario del lugar conceder la facultad de usar el Misal Romano según la edición típica del año 1962 (es decir, la misa tradicional de origen apostólico canonizada en el Concilio de Trento), acomodada por los decretos de los años 1965 y 1967, ya sea en todo, ya en parte, pero solamente en la celebración de la Misa sin pueblo. Los Ordinarios no pueden conceder esta facultad para celebrar la Misa con pueblo."
La Constitución Apostólica Missale Romanum mencionada por Knox y por Bugnini en su "Notificación", establecía: "La Cena del Señor, o Misa, es la asamblea sagrada o congregación del pueblo de Dios, reunido bajo la presidencia del sacerdote para celebrar el memorial del Señor. De ahí que sea eminentemente válida, cuando se habla de la asamblea local de la Santa Iglesia, aquella promesa de Cristo: «Donde están reunidos dos o tres en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt. 18, 20)."
"Esta definición es totalmente equívoca y, por lo mismo, totalmente anticatólica. Fueron tantas las protestas que en todo el mundo hicimos, que la Ordenación general en éste, como en otros puntos, tuvo que ser enmendada. Y eso que esa Institutio generalis, como dice el Decreto de la Sagrada Congregación había sido «a Summo Pontífice pariter aprobóla», aprobada igualmente por el Sumo Pontífice. «Contrariis quibuslibet minime obstantibus», sin que hubiera nada que a estas disposiciones puedan oponerse. Si la infalibilidad del Sumo Pontífice fuese personal y fuese constante, ¿cómo podríamos explicar esa aprobación dada a la Ordenación General, que tuvo que ser muy pronto reformada para ocultar los errores o equívocos doctrinales de la primera edición de esa Institutio generalis Missalis Romani? Por otra parte, debemos tener en cuenta que, aun hechas esas reformas a la Institutio generalis, los equívocos o errores que en la Institutio generalis se denunciaron y corrigieron, no cambiaron en lo mínimo la misma nueva misa, cuyos lamentables equívocos y nuevos ritos han protestantizado el augusto Sacrificio del Altar, repetición incruenta del mismo Sacrificio del Calvario. ¿Podemos mantener ante estas realidades, la infalibilidad personal y permanente de Paulo VI?" (Ibidem. Pág. 108.)

CAPITULO XII.- AL FINAL DE LA JORNADA
Hombre de perspectivas universales, desde su juventud viaja incontables veces al extranjero; no son excursiones turísticas las suyas; siempre llevan un fin apostólico. De ello resulta que su visión religiosa tiene alcances verdaderamente católicos, es decir, universales. Su actividad no se centra en una parroquia, en un barrio, en una ciudad, ni siquiera en su propio país. La doctrina de Cristo escapa a todo límite de tiempo y espacio. Don Joaquín no se encierra entre cuatro paredes a criticar estérilmente las torceduras doctrinales que conducen a la apostasía; sale al encuentro de la conspiración y concerta alianzas con sus iguales, busca concordancias, recibe apoyos y estímulos morales para continuar su misión.
A fines de 1973 vuela a Europa; allí permanece casi dos meses. Visita el seminario de Econe y, cuantas veces se hace necesario, se comunica con el arzobispo Marcel Lefebvre, a quien conoce desde el Concilio, y a otros prelados que actúan discretamente para no verse obstaculizados y perseguidos.
El 3 de enero de 1974 regresa a México. Atiende su casa de estudiantes. Sostiene frecuente correspondencia epistolar con sus amigos de todo el mundo, y ni aun cuando su cada día más deficiente salud lo obliga a recluirse en su habitación, deja de estudiar y atender los asuntos relacionados con su ministerio. Junto a su cama de enfermo se juntan frascos de medicamentos, papeles, libros... Prepara originales y corrige pruebas de imprenta de la revista Trento, mensajero doctrinal que pretende contrarrestar, aunque sea en mínima parte, la campaña desorientadora de publicaciones ubicadas en un tradicionalismo condicionado al ataque exclusivo contra Méndez Arceo y sus congéneres, hasta las revistas de franca postura marxistoide y teilhardiana, como lo es Christus, de los nuevos jesuitas.
El acertado título de Trento se le ocurrió al presbítero Moisés Carmona, cuando lo visitó Sáenz Arriaga en el puerto de Acapulco, a mediados de 1972, y le dio a conocer su intención de lanzar un impreso, de no más de ocho páginas, en papel "diario" aunque rico en contenido doctrinal.
El primer número de Trento en el que figura como director el padre Carmona, salió el 19 de octubre de 1972. A partir del número 2, es Abelardo Rodríguez Díaz quien aparece dirigiendo esta revista que siempre estuvo al cuidado de don Joaquín, cuya experiencia periodística y sus conocimientos teológicos hacían de él un experto publicista y un claro exponente del pensamiento católico.
En Trento se publicaron artículos escritos por autores competentes, nacionales y extranjeros, sobre temas actuales y lecciones de doctrina tan valiosas como el Catecismo de San Pío V.
La polémica no estuvo ausente de sus páginas; no para insultar, no para saciar rencorosos desquites, sino para demostrar errores y afirmar verdades.
A la muerte del padre Sáenz, esta combativa publicación quedó en manos de Gloria Riestra, esforzada escritora que ha sabido resistir presiones eclesiásticas y vacíos en los medios periodísticos que no han logrado doblegar su voluntad ni minar la solidez de su fe.
El 2 de febrero de 1974, fiesta de la Presentación del Señor, Paulo VI dio su exhortación apostólica "para la recta ordenación y desarrollo del culto de la Santísima Virgen María", que se publicó hasta el 22 de marzo siguiente. Algunos de los periodistas que asistieron a la reunión de prensa convocada por el vocero del Vaticano, se escandalizaron al escuchar algunos conceptos de la exhortación.
"La conferencia de prensa ofrecida en el Vaticano se transformó, por momentos, en tormentoso debate —Novedades, diario de la ciudad de México, 22 de marzo de 1974—, y hubo quienes criticaron al Papa y a sus expertos por aceptar ideologías sacrilegas acerca de la mujer y el culto.
"La exhortación del Sumo Pontífice —añade la noticia llegada de Roma— contiene 95 páginas, y en ella se llega a la conclusión de que «el cuadro de la Santísima Virgen que presenta cierto tipo de literatura devocional, no puede reconciliarse fácilmente con los estilos de vida actuales, sobre todo con la forma en que las mujeres viven hoy»."
"El padre Jean Galot —expresa párrafos adelante esta noticia —judío converso y jesuíta francés (el subrayado es mío) que trabaja en el Vaticano, dijo que en lo futuro es posible que las mujeres «desempeñen un papel activo en los Concilios y que ese papel, visto a la luz de su capacidad de decisión, será examinado mejor. Dios mismo ha promovido la emancipación de la mujer» —manifestó—. A la explicación del padre Galot de que «María es una mujer que trabajó activamente por transformar la sociedad, una mujer moderna», hubo indignadas reacciones de varios periodistas. «Este documento ha sido dictado por un espíritu demagogico e inclinado a la propaganda» gritó un individuo. «¡Es un documento alentado por el mismo espíritu que envió un vándalo a destrozar La Piedad, de Miguel Ángel», dijo otro. (1)
Al recibirse la crónica de lo sucedido en Roma, nadie de la jerarquía eclesiástica intentó clarificar la situación, ni mucho menos defender la devoción mariana. Sólo el excomulgado, lleno de santa indignación, salió por los fueros de la verdad. Esperó tener en sus manos la versión española de L'Osservatore Romano para conocer el texto oficial, que aunque difería por algunas supresiones al texto dado a conocer en la conferencia de prensa, no dejaba de tener por ello puntos inaceptables. Redactó un minucioso estudio sobre la exhortación de Paulo VI y convocó a una conferencia de prensa en un salón del hotel Reforma, de la ciudad de México, la tarde del 5 de abril de 1974.
"Comparando el documento con los informes que la prensa nos había dado —escribió poteriormente en el prólogo a su estudio— encontramos una gran probabilidad para afirmar que el texto leído en Roma a las agencias informativas internacionales había sido después mutilado por L'Osservatore Romano en su versión española..." (2)
Don Joaquín transcribe íntegro este nuevo texto de la exhortación apostólica y, a continuación, analiza el documento: "Reconocemos la habilidad, ya muy advertida en todos los documentos, alocuciones, relaciones y gestos de Juan B. Montini para encubrir sus reformas con el velo piadoso de una restauración de la Iglesia, envejecida por su ya dos veces milenaria historia."
. . ."No negamos que el documento de Paulo VI en varios puntos es un ferviente y doctrinal reclamo sobre la devoción y el culto a la Virgen Santísima, la Madre de Dios."
. . ."A pesar del ambiguo lenguaje y estilo dialéctico del Pontífice, reconocemos que el documento tiene trozos hermosos y hasta conmovedores. Pero, en medio de esa sana doctrina, en la que enmarca Paulo VI su pensamiento adaptado a la mentalidad moderna y su tendencia reconocida al movimiento ecuménico, nos encontramos con puntos inadmisibles en el lenguaje tradicional del Magisterio." (3)
Una vez más nos encontramos con la dificultad práctica de reproducir el texto aleccionador. Coger de aquí y de allá una frase, mutila las muchas enseñanzas que contiene todo el libro.
"He aquí el relativismo religioso —señala Sáenz Arriaga tras de reproducir las enseñanzas de Paulo VI—, que, en su búsqueda de nuevas formas de culto, puede llegar, como de hecho ha llegado, a las aberraciones de las misas panamericanas, de las misas a go-go, o al Cristo Superstar de Jenson." (4)
No andaba desatinado el Padre; tiempo después se exhibiría, por expresa recomendación pontificia, el sacrilego bodrio musical en el mismo Vaticano, que fue visto e inexplicablemente aceptado y aplaudido por cardenales, obispos, presbíteros y religiosos.
El autor del comentario cita al Papa Pío XII, cuyo magisterio choca contra la nueva teología. En su encíclica Mediator Dei expone ideas muy claras sobre la liturgia católica de la Misa, que desemboca en la devoción mariana sin mengua del significado sacrifical del Misterio Eucarístico: "...no pocos fieles cristianos son incapaces de usar el Misal Romano —admite el Pontífice—, aun cuando este traducido a lengua vulgar; y no todos están preparados para entender rectamente los ritos y las fórmulas litúrgicas... ¿Quién, llevado de ese prejuicio, se atrevería a afirmar que todos esos cristianos no pueden participar en el Sacrificio Eucarístico y gozar de sus beneficios? Pueden, ciertamente, recurrir a otro método que a algunos les resulta más fácil, como, por ejemplo, meditando piadosamente los misterios de Jesucristo o haciendo otros ejercícíos de piedad, y rezando otras oraciones que, siendo deficientes en los sagrados ritos en la forma, sin embargo, concuerdan con ellos por su misma naturaleza."
En el capítulo VII de la Exhortación Apostólica, Paulo VI se aparta de este sentimiento devoto cuando afirma "que es difícil encuadrar la imagen de la Virgen, tal como es presentada por cierta literatura devocional, en las condiciones de vida de la sociedad contemporánea, y, en particular, de las condiciones de la mujer, bien sea en el ambiente doméstico... donde las leyes de la evolución de las costumbres tienden justamente a la igualdad y la corresponsabilidad con el hombre en la dirección de la vida familiar: bien sea en el campo político... bien sea en el campo social... lo mismo que en el campo cultural..." El padre Sáenz llega a esta contundente conclusión: "Para Paulo VI, la mujer moderna es una mujer emancipada del ambiente doméstico, una mujer política, una activista en el campo social, una mujer que deja, cada día más, las estrecheces de su casa para salirse a conquistar el mundo de las ciencias, del dinero y del poder." (5)
El sentido común y la experiencia mundana hiciéronle ver al talentoso teólogo las consecuencias futuras de tales postulados. La tradicional piedad mariana, obsoleta, cambiante como quería Paulo VI, ha llegado a ser, en nuestros días, un grotesco remedo de mujer liberada, dígalo si no, entre otros ejemplos, el "logotipo" del Congreso Mariano Internacional, celebrado en Zaragoza, España, en octubre de 1979. Aparece una joven vistiendo pantalones y blusa ceñida de manga corta, tocando la guitarra. Lleva el pelo suelto; una aureola de estrellas rodea su cabeza. A sus pies el perfil de la Basílica del Pilar de Zaragoza, y arriba un letrero que dice: María, mujer, joven, canta.
Juan Pablo II, consecuente con las enseñanzas de su amado predecesor envió su bendición a este congreso.
La paulatina pero firme transformación religiosa es un hecho. Y el padre Sáenz Arriaga fue uno de los más clarividentes pioneros que la denunciaron.
En una ciudad de escasa relevancia religiosa debida, en buena parte, al origen heterogéneo de su población, la voz convincente de una mujer dotada de excepcional inteligencia, sensibilidad poética, reflexiva y estudiosa, se hacía escuchar, por medio de artículos periodísticos, en todo el país. Habíase ganado la admiración y el reconocimiento de Hispanoamérica con sus poesías, de corte castizo y hondo misticismo. Ahora se batía con el valor que infunde la posesión de la verdad en la palestra católica, sin que los clérigos o laicos progresistas que le salían al paso lograsen mellar su pluma, esgrimida al servicio de la Iglesia verdadera.
Habían transcurrido muchos años. El padre Sáenz la recordaba, niña aún, durante sus misiones al puerto de Tampico. Gloria Riestra no había olvidado a su consejero espiritual. Lectora de sus libros había seguido con interés su embestida dialéctica contra los infiltrados enemigos del catolicismo.
Ambos volvieron a encontrarse, y su mutua comunicación se hizo constante y provechosa.
Quienes antes ensalzaban a la escritora, después aparentaron ignorarla cuando no llegaron a las amenazas o al insulto. El antiguo obispo de Tamaulipas, ahora Cardenal, Arzobispo de México, de quien Gloria recibió sabias lecciones y sanos consejos, volvióle la espalda y torció su camino para alcanzar altos honores y prevendas de la nueva Iglesia. El Obispo sucesor de la diócesis la amenazó con la aplicación de las más severas penas canónicas... que no se atrevió a dictar, quizás porque a tiempo comprendió la inconsecuencia de su propia conducta.
En este aislamiento obligado, Gloria recordó el trigésimo aniversario de "su profesión de escritora, en la exposición y defensa de la Fe Católica" con una solemne aunque privada "Acción de Gracias por medio del Santo Sacrificio de la Misa, celebrada según el rito tridentino por el R. P. don Joaquín Sáenz Arriaga, el día 10 de diciembre de 1974."
Don Joaquín, como testimonio de su aprecio a la singular escritora, le hizo entrega del cáliz que usó durante muchos años. Al morir legó a un convento de religiosas contemplativas, que había fundado en la ciudad de Celaya, Gto., sus ornamentos y objetos para el culto, algunos de los cuales fueron luego cedidos por las congregantes para ser usados en la capilla privada de la antigua residencia del legatario.
Cuando más se acentuaba su quebranto físico, el irreductible sacerdote más se entregaba a su labor apostólica. Nuevamente sus viajes a Europa. Dos veces estuvo allá en 1974 y otras tantas en 1975. Tenía la esperanza de ver extendida, reafirmada la inicial postura intransigente del arzobispo Marcel Lefebvre. Conocía varios prelados dispuestos a restablecer la legitimidad pontificia; pero hasta el día de su muerte nadie se atrevió a seguir abiertamente el camino doloroso de la total renuncia a sus bienes, a su posición jerárquica, a los respetos humanos.
Aún escribió un libro más, que permanece inédito: Paulo VI, el político, La importancia relativa de esta obra no habría de contribuir sustancialmente en el éxito de su lucha. Legaba sus otros libros, su prédica, su ejemplo, su integridad sacerdotal.
La muerte acechaba al Padre. Su salud decayó en los últimos años de su vida, que fueron los más activos y fecundos. Un cáncer en la próstata, de la que fue operado tres veces, una de ellas en Roma durante uno de sus viajes, sin que él llegara a conocer el terrible diagnóstico, destruyó su resistencia física, pero no su ardor sacerdotal. Sin conocer la naturaleza de su mal, intuía que la muerte estaba próxima, y redobló su esfuerzo; no cedió ante el debilitamiento físico. Y como los buenos soldados de Cristo, no dio ni pidió cuartel.
Muy cerca del final, su médico dispuso que fuese internado en el sanatorio Santa Fe, en la colonia Roma de la ciudad de México. En su alcoba de enfermo recibía a sus amigos, a sus colaboradores, a sus compañeros que, dispersos en los medios de acción pero unidos en el mismo propósito, daban, a la medida de sus recursos y posibilidades humanas, la batalla por la Iglesia de Cristo, confiados en el auxilio de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe.
Aquel hospital era atendido por religiosas que, incapaces de examinar, de comprender el origen de la transformación eclesiástica, tenían idea equivocada de los límites de la obediencia, y seguían lineamientos y prácticas religiosas establecidas por Paulo VI. Algunas de ellas, conocedoras de la gravedad física del enfermo, se acercaron a él para pedirle que aceptara los sacramentos de la nueva religión y se reconciliase con el cardenal Miranda. El padre Sáenz montó en santa indignación y, auxiliado por alguno de sus fieles amigos, abandonó el sanatorio para afirmar, una vez más, su adhesión a la Iglesia única, santa, católica y apostólica.
El doctor Alejandro Ruiz y Ruiz, amigo del enfermo, asistió a una misa celebrada por el presbítero Pedro Toledo en la capilla privada de la casa que habitaba el padre Sáenz en la calle de Culiacán número 103, ciudad de México; y, días más tarde, a petición de don Joaquín, el doctor Ruiz le llevó al presbítero Maximiliano Reynares, titular de la antigua iglesita de San Salvador el Seco ubicada en la calle cerrada del mismo nombre. El padre Reynares administró el sacramento de la penitencia y la Sagrada Eucaristía al enfermo, por quien sentía profundo afecto y lo admiraba por su desigual lucha religiosa.
Otra vez volvió el padre Maximiliano a visitar al anciano teólogo, en esta ocasión lo llevó Xavier Wiechers Conday. Don Joaquín recibió devotamente el Cuerpo de Nuestro Amo. Su sincera piedad, su vocación sacerdotal encontraba, en los auxilios espirituales de la Santa Madre Iglesia, un sedante eficaz para sus dolencias físicas y sus angustias apostólicas.
Quienes más cerca de él estaban conocían su gravedad extrema, y no faltó algún allegado suyo que sugiriese llamar a monseñor Vicente Torres, que atendía la capilla de San Juan Bautista, en Tacubaya, D. F.
Ermilo López era un joven de condición humilde al servicio del padre. Hacía mandados, recibía recados y cuidaba la casa. El sábado 10 de abril le pidió el enfermo que lo comunicase por teléfono con Xavier Wiechers. Xavier profesaba gran cariño al padre Sácnz y estaba siempre dispuesto a complacerlo. Don Joaquín pidió a su buen amigo ir en busca de monseñor Torres. Le dio su dirección y número telefónico. Xavier concertó una cita inmediata con este sacerdote a quien suponía que, habiéndolo solicitado don Joaquín, participaba plenamente de sus creencias religiosas.
Sin perder tiempo se trasladó en su auto a Tacubaya y recogió al padre Torres; éste, durante el trayecto, se mantuvo silencioso. Al llegar a la casa de la colonia Roma todo estaba dispuesto para dar la Sagrada Comunión al padre Sáenz. Xavier cogió una vela y la sostuvo encendida en sus manos. Se arrodilló junto a la cama del paciente. La escena era conmovedora. Cuantos la contemplaban presentían el cercano desenlace.
"Antes de dar Sagrada Forma, el R. P. Torres, con voz clara, le preguntó al padre Sáenz «si pedía perdón por haber ofendido al Papa Paulo VI».
"Con voz fuerte y precisa, acompañada de ademanes con su mano derecha, como era habitual en él, es decir, juntando el pugar con el índice y los otros tres dedos en alto alzados, contestó con energía: «Si yo ofendí a Paulo VI por mis defectos, pido perdón. Pero si lo ofendí por haber yo defendido la Iglesia Católica, no tengo nada de qué arrepentirme, ni pido perdón por haber defendido la verdad».
"En seguida monseñor Torres le preguntó si pedía perdón por haber ofendido a sus hermanos jesuítas. En forma análoga, el R. P. Joaquín Sáenz contestó: «Si yo los ofendí por mis debilidades, pido sincero perdón. Pero si se ofendieron por mi defensa de la Santa Iglesia Católica, no tengo por qué pedir perdón».
"Acto continuo, monseñor Torres le dio la Santa Comunión, y luego acercándose le rogó que pidiera por él. Yo escuché estas palabras: «Memento mei». El padre Sáenz contestó: «Ad ínvicem».
"Monseñor Torres se retiró después de haberse despedido del padre Sáenz." (6)
Xavier lo regresó a su capilla. En el camino charlaron y, a una pregunta, Monseñor respondió que él nunca se había apartado del canon tridentino. Xavier prometió oír misa en su iglesia el siguiente domingo y volvió a la casa del padre Sáenz. Al entrar a su cuarto, el Padre lo interrogó: ¿Quién era ese sacerdote que le había pedido que se retractara? Xavier respondió que era la primera vez que lo veía e ignoraba quién era.
Al domingo siguiente, 18 de abril, por invitación expresa que le hizo por teléfono monseñor Torres, Xavier, acompañado de su familia, asistió a misa en el templo de San Juan Bautista. No dejó de sorprenderle que el oficiante usase el novus ordo, por más que, en la consagración, bajara la voz de manera que resultaba inteligible lo que decía. Terminada la misa, el padre Torres mostró a sus visitantes, en la sacristía, una imagen de la llamada Virgen de Puruarán; otra más de las supercherías que atentan contra la integridad católica. Comentando la "excomunión" del R. P. Joaquín Sáenz Arriaga, monseñor Torres opinó que eso había sido una cosa "ad hominen".
Domingo 25 de abril. El padre Sáenz ofició su última misa auxiliado con un par de muletas. En medio de profunda emoción, sus asiduos feligreses recibieron de su mano el Pan de los Ángeles. Ese día lo visitaron sus amigos, el notario Francisco Villalón Igartúa, Carlos Carrillo, Xavier Wiechers. El enfermo teólogo comprendía que era llegado el momento de dar cima a su obra apostólica. Realizar un postrero esfuerzo para hacer llegar su testimonio de fidelidad a la Iglesia.
Frente a sus amigos dictó su Testamento Espiritual, síntesis y resumen de su vida sacerdotal. Con pulso firme estampó su firma al calce de este documento:
"Las presentes palabras constituyen mi testamento espiritual, dirigido a todas aquellas personas que de un modo u otro han estado en contacto espiritual conmigo durante toda mi vida y, en particular, en el curso de mis actividades por la causa de Cristo y de la Iglesia.
"Ante todo declaro que siempre he sido católico de corazón. Que he amado al Primado de Cristo en la tierra y si alguna vez alcé mi voz para protestar contra las desviaciones que en la Fe advertí, mi protesta fue contra el hombre que, apartándose de la tradición milenaria de la Iglesia, puso en gravísima, contingencia la misma Institución Divina.
"Nunca he negado ni en mi corazón ni en mis palabras la Doctrina Inmutable del Magisterio Eclesiástico. Mi vida y todo lo más precioso que ella pudiese tener para mí la he sacrificado por Cristo, por la Iglesia y por el Papado. Pido perdón a todos los que en cualquier modo haya ofendido y de corazón perdono a todos los que a mí me hayan podido ofender. Que el último suspiro de mi alma sea el de nuestros mártires mexicanos: ¿Viva Cristo Rey, Viva la Virgen de Guadalupe!
"JOAQUÍN SÁENZ ARRIAGA".

No poseía bienes materiales. La casa que habitaba tuvo que enajenarla para sufragar el costo de sus viajes y su modesta subsistencia. Ningún objeto de valor material; nada que lo anclara a los intereses mudables y perecederos. Su legado se redujo a sus "libros, folletos, papeles, correspondencia y demás documentos". En breve disposición testamentaria —menos de media cuartilla escrita a máquina, firmada por él y los mismos testigos—, pidió que "su correspondencia privada, cambiada entre mis familiares y yo... deberán ser incinerados." Disposición que fue fielmente cumplida por el ingeniero Anacleto González Flores, depositario de sus pobres pertenencias. Lamentablemente se perdió una fuente de información personal muy valiosa para el mejor conocimiento familiar de don Joaquín.

Lunes 26 de abril. Las últimas luces del crepúsculo se diluyen entre la bruma de la gran ciudad. Los minutos transcurren a lo largo de la espera silenciosa. Un reducido grupo de amigos acompañan al enfermo.
El anciano sacerdote estaba a punto de abandonar su vivienda para dirigirse al sanatorio. Su entereza y lucidez no le permitían mostrar vacilación alguna. Sonó el teléfono. Gloria Riestra le llamaba desde Tampico. Don Joaquín tomó la bocina; con voz entera saludó a su antigua discípula. La animó a continuar sin desfallecer en la áspera lucha emprendida, a rechazar toda flaqueza de ánimo, todo desaliento frente a los adversarios. Le reiteró su compromiso de fidelidad a la causa sacrosanta de la verdadera Iglesia. Con la gracia de Dios su sacrificio no habría de resultar estéril.
—Que se cumpla la voluntad de Dios —respondió el padre Sáenz a las palabras de gratitud con las que correspondió a sus alentadoras recomendaciones su admirable colaboradora quien, emocionada, le pidió su bendición. El sacerdote con firme acento, pronunció la frase consagrada—: Benedicat vos omnipotens Deus Pater, et FiliUs, ct Spiritus Sanctus. Amén.
Don Joaquín marchó al sanatorio Santa Elena, ubicado en la calle de Querétaro número 56. Quedó recluido en la habitación 423.

Martes 27. Desde temprana hora estuvieron pendientes de él, Anacleto González Flores, quien se retiró al llegar su esposa para suplirlo, y otros amigos del enfermo. Este había llamado, la víspera, al presbítero Moisés Ortega Rey. Don Carlos Carrillo, caballeroso exiliado cubano, devoto amigo del padre Sáenz, fue en su busca. Ambos llegaron al sanatorio a las diez de la mañana. El padre Ortega entró solo al cuarto de don Joaquín y le administró los sacramentos de la Penitencia y la Sagrada Eucaristía.
"El Padre recibió los Sacramentos con una unción desbordante de alegría, llorando de emoción..." Ambos ministros del Señor se despidieron "hasta la eternidad." (7)
"La muerte es el término de un día... —había reflexionado en el desarrollo de un sermón pronunciado el 29 de noviembre del año anterior— el día pasajero, efímero de esta vida presente. ¡Pero la muerte es la aurora de otro día para el creyente, el día de la eternidad!"
Monseñor Vicente Torres, a solicitud del jesuita Enrique Torroella, hecha a nombre del padre Carlos Soltero, S. J., Provincial de la Compañía de Jesús, escribió su propia versión de lo sucedido en los minutos anteriores al ingreso de don Joaquín en el quirófano.
Dice que, a sugerencia suya, hizo que el padre Sáenz Arriaga pidiese perdón a quienes hubiese podido ofender, cosa que, condicionada a las personas, reafirmaba las palabras de su Testamento Espiritual, dictado dos días antes:
"Pido perdón a todos los que en cualquier modo haya ofendido y de corazón perdono a todos los que a mí me hayan podido ofrender." Este acto espontáneo de humildad, lejos de oponerse, confirmaha su rechazo "contra el hombre que, apartándose de la tradición milenaria de la Iglesia, puso en gravísima contingencia la misma Institución."
Había llegado la hora y el enfermo quedó al cuidado del personal médico. A las 12 horas ingresó en la sala de operaciones. Largo tiempo trabajaron los cirujanos en un campo invadido de cáncer y debilitado por las anteriores intervenciones. Poco quedaba por hacer para prolongarle la vida.
Miércoles 28. Su misión en la tierra estaba terminada. A las 10 horas 40 minutos sufrió una hemorragia que no pudo ser contenida. Su corazón, extremadamente débil, cesó de latir. Pleno de confianza en la misericordia divina, su alma se desprendió de la frágil envoltura corpórea para ir al encuentro del Señor.
El ingeniero González Flores fue informado del deceso y, de inmediato, se presentó en el sanatorio para hacerse cargo de la situación. Del cuarto número 423 habían desaparecido los objetos personales del difunto sacerdote.
Trasladaron el cadáver a una funeraria para velarlo. En la capilla mortuoria no le faltaron misas de responso, oficiadas por sacerdotes inasequibles al Novus Ordo Missae.
La prensa dejó pasar, sin relevancia, la noticia del fallecimiento del presbítero y doctor Joaquín Sáenz Arriaga. Apareció publicado su Testamento Espiritual y, en días posteriores, esquelas y testimonios de afecto, algunos de ellos provenientes de lejanos países:
"La vida del difunto sacerdote será un ejemplo para las futuras generaciones —escribieron al unísono las juventudes católicas de Roma, de Buenos Aires, de París; Genitum Concordia Pro Ecclesia Catholica, de Roma; la Asociación San Pío V, de Pittsburgh, Pa., Estados Unidos; Vigilia Romana, de Roma, Italia; los católicos pro Misa San Pío V, de Hawthone, Australia— en esta etapa tal vez preapocalíptica, por su entrega total a la causa más noble a que el ser humano puede dedicarse: La defensa de la fe católica en momentos críticos, cuando se apagan las luces de quienes deberían ser guías y faros para el pueblo de Dios."
De varios puntos de la República Mexicana llegaron, a las redacciones de los periódicos, encendidos elogios para el apóstol desaparecido: de Tampico, de Mérida, de Guadalajara, de Zacatecas, de Acapulco...

El jueves 29 de abril, pasado el mediodía, los restos mortales del padre Sáenz recibieron cristiana sepultura en el Panteón Español, en la misma fosa en que reposan los restos de doña Magdalena Arriaga de Sáenz, de quien Joaquín era hijo predilecto. Estuvo presente el sacerdote Moisés Carmona y, entre los jóvenes, Rafael Vázquez se adelantó a pronunciar sentida y vibrante despedida, que resultó promesa y afirmación de permanecer en los puestos de avanzada en la defensa del catolicismo.
Resultó significativa, días después, la decisión de monseñor Tricarico, Delegado Apostólico de la Santa Sede en México. En la capilla de la Delegación celebráronse nueve misas del Novus Ordo —no podían ser de otras en tal sitio— en sufragio del alma del padre Sáenz Arriaga. Cenas, misas o asambleas, lo mismo da, a las que fueron especialmente invitados los familiares del difunto. Terminado el novenario, monseñor Tricarico preguntó por los documentos y papeles del Padre, a lo que contestó una sobrina suya: "Pídalos a los inquisidores mexicanos, amigos de mi tío..."
El presbítero y doctor Joaquín Sáenz Arriaga, como el Cid Campeador, ganaba una batalla más, después de muerto.
Laus Deo Semper

Antonio Rius Facius
¡EXCOMULGADO!
Trayectoria y pensamiento del
pbro. Dr. Joaquín Sáenz Arriaga
1980

NOTAS
1.- Ibidem. Pág. 2.
2.- Sáenz Arriaga, Dr. Joaquín. La restauración montiniana de la devoción a la Virgen Santísima. Imprenta Ideal, México, D. F., 1974. Pág. 5.
3.- Ibídem. Pág. 50.
4.- Ibídem. Pág. 54.
5.- Ibidem. Pág. 79.
6.- Wiechers Condey, Xavier. Relación manuscrita al autor. Ciudad de México, 4 de diciembre de 1979.
7.- Carta original del presbítero Moisés Ortega Rey, dirigida al autor.

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Published by Juan Manuel Olivar Robles - en El Concilio Vaticano II y sus herejías
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