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Presentación

442px-Emblem of the Papacy SE svgBienvenido a este blog de actualidad religiosa,de filosofía, de combate de la Verdad contra la secta modernista del "Concilio Vaticano II", de honor, amor y fidelidad al Magisterio infalible de la Santa Iglesia Católica, y de discusión sobre la actualidad de Méjico.
   Este blog pretende también reunir las direcciones de los centros de Misa y de sacerdotes NON UNA CUM, celebrando el Santo Sacrificio en total desunión a "Benedicto XVI" en México.

   No reconocemos, pues, la legitimidad de la autoridad de los "Papas del Concilio" Vaticano II. Estamos ciertos de que solamente esta posición, también llamada sedevacantismo, es la posición teológica que responde perfectamente a la situación actual de la Autoridad en la Iglesia, en particular detallada por la Tesis de Cassiciacum.

   Le invitamos a leer nuestro blog detalladamente. Permítanos presertarle nuestra postura teológica.

   Sea a la mayor gloria de Dios: 


El equipo de México y Tradición

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26 julio 2013 5 26 /07 /julio /2013 22:30

Estimados lectores:

 

A continuación difundimos un artículo del P. Héctor Lázaro Romero tomado de su blog Revista Integrismo (cuyo enlace se encuentra más abajo) en el cual se pone en tela de juicio los argumentos de la Tradizione Catolica en contra de la Tesis de Cassiciacum de Mons. Guérard des Lauriers. Buena lectura.

 

El Equipo de México y Tradición. MONS. GUÉRARD

 

La última objeción especulativa de la TC a la sola Tesis de Cassiciacum es la de fundarse en un “juicio privado” (págs. 17-20; 34-39). Futilidad de esta objeción, que se reduce a las precedentes ya resueltas

La TC admite que los adherentes a la Tesis de Cassiciacum no pretenden reemplazar a la Iglesia al constatar la vacancia (formal) de la Sede Apostólica. Cuando decimos que Juan Pablo II no es formalmente Papa, no pretendemos hablar en nombre de la Iglesia ni con su autoridad (cf. Lucien, págs. 119-120); no solo la propia TC lo reconoce, sino que nos alaba por ello (págs. 17 y 34). Alabanza emponzoñada: en efecto, la TC pretende deducir justamente de esta afirmación, “gravísimas consecuencias”. Veamos si esto corresponde a la verdad… ¿Es lícito para un católico seguir un “juicio privado” en materia teológica? Y en nuestro caso concreto, ¿un “juicio privado” sobre el hecho dogmático “Juan Pablo II no es Papa” comporta “gravísimas consecuencias”?

Un “juicio privado”, o más bien una conclusión teológica, es una guía segura para el fiel en la medida en que dicha conclusión esté fundada en datos de la fe y un recto razonamiento. Es, por el contrario, ilícito oponer el propio “juicio privado” al que es considerado el magisterio de la Iglesia, como hace la Fraternidad San Pío X

¿Qué significa “juicio privado”? El juicio es la conclusión de un silogismo, de un razonamiento: si el razonamiento es correcto, el juicio será verdadero. Dado que estamos hablando de cosas de fe (la legitimidad de un Pontífice es un hecho dogmático que puede pertenecer al objeto material de la fe), el razonamiento en cuestión es un razonamiento teológico que, fundado sobre al menos una premisa de fe, puede llegar a una conclusión (llamada teológica) absolutamente cierta, es decir, propia para obtener la plena adhesión de la inteligencia a esta conclusión. A este juicio lo llamamos “privado” porque no lo emite la Iglesia, que está divinamente asistida, sino solamente teólogos (como lo era, indudablemente, el Padre Guérard des Lauriers) y fieles.
No vemos en sí cual sea el problema de principio que pueda plantear el hecho de sostener una tesis teológica como absolutamente cierta, y esto a la luz de la fe (lo que la Fraternidad hace tranquilamente, y con razón, a propósito del Concilio y la Reforma litúrgica). “Cierta”, porque rigurosamente demostrada (con aquellos argumentos que la TC omite exponer, para poder acusarnos de afirmar cosas gravísimas de modo arbitrario). “A la luz de la fe”, porque la Tesis se sirve en su demostración deductiva de una premisa de fe, unida a hechos de observación inmediata y al principio de no contradicción (cf. Lucien, pág. 11) (87). Para la TC, por el contrario, nuestro razonamiento sería largo, complejo, inaccesible al simple fiel (pág. 35), que debería fiarse ciegamente (con tendencias carismáticas) (ibidem) de sus guías… La elaboración del argumento es ciertamente compleja, pero no lo es la simple toma de conciencia del hecho de que un verdadero Papa no puede enseñar el error, darnos una misa mala, destruir (en la medida de lo posible) la Iglesia. Es cuanto, en el fondo y muy simplemente, escribía el mismo Mons. Lefebvre: “un problema grave se presenta a la conciencia y a la FE DE TODOS LOS CATÓLICOS desde el comienzo del pontificado de Pablo VI. ¿Cómo puede un papa, verdadero sucesor de Pedro, garantizado por la asistencia del Espíritu Santo, presidir la destrucción de la Iglesia, la más profunda y extensa de su historia, en el espacio de tan poco tiempo, como ningún heresiarca jamás logró hacer?” (Declaración del 2 de agosto de 1976; Itinéraires nº 206, pág. 280).
A esta pregunta, Mons. Lefebvre respondía en su carta a los cardenales reunidos para el cónclave, del 6 de octubre de 1978: “Un Papa digno de este nombre y VERDADERO sucesor de Pedro no puede declarar que se dedicará a la aplicación del Concilio y de sus Reformas” (Itinéraires nº 233, pág. 130).
Y el Padre Lucien comentaba así estas palabras: “En efecto, la doctrina católica sobre la asistencia ejercida por el Espíritu Santo respecto de la Autoridad de la Iglesia en general y del Magisterio en particular nos dicta afirmaciones ciertas concernientes al hecho dogmático: Pablo VI no era Papa. Afirmaciones que, por el hecho mismo, son sostenidas a la luz de la fe.
Sí, es imposible, es una certeza de fe, que un Papa conduzca la Iglesia a su destrucción con un río de reformas impuestas de hecho y autenticadas ‘en nombre de su autoridad suprema’.
Es imposible, en particular, que un Papa promulgue en unión con los obispos representantes de la Iglesia universal un texto conciliar que contradiga un punto de doctrina ya fijado. Esto es imposible en virtud de la infalibilidad del Magisterio ordinario universal. (…)
Es igualmente imposible que un verdadero Papa promulgue, establezca de hecho e imponga un rito de la misa ‘peligroso y nocivo’.
Estas son las certezas de la fe, accesibles a todos, que responden a la cuestión que se presenta a la conciencia de todos los católicos” (Cahiers de Cassiciacum nº 5, pág. 76).
Que Pablo VI, Juan Pablo II, etc., no posean la Autoridad es una consecuencia necesaria del hecho -sostenido también por la TC- de que el Vaticano II ha errado en su enseñanza y que el nuevo misal es moralmente inaceptable.
Concluyamos: si los argumentos de los “sedevacantistas”, y en particular de la Tesis de Cassiciacum, realizan una demostración rigurosa del hecho de que Pablo VI no podía, y Francisco I no puede ser Papa, tal conclusión se impone a la inteligencia de todos los fieles capaces de comprenderla. Estos adhieren a ella con certeza, y deben conformar su conducta con esta verdad. No es necesario, para hacer esto, que la Iglesia se haya pronunciado explícitamente, así como no es necesaria la intervención del magisterio para concluir que llueve y que es entonces oportuno proveerse de un paraguas. A esta conclusión (Francisco I no es -formalmente- Papa) los fieles no adhieren, sin embargo, aún como a una verdad de fe, ya que la Iglesia no la ha definido aún como tal; quien rechaza esta conclusión no es, por el hecho mismo, un hereje que se coloca fuera de la Iglesia (cf. Lucien, op. cit., págs. 119-121). Sin embargo, al negar esta conclusión teológica y afirmar que Francisco I es Papa, se arriesga a tener que negar ciertas verdades de fe (ya sea aceptando su enseñanza, que está en oposición en muchos puntos con el magisterio de la Iglesia; ya sea al rechazarla, atribuyendo así el error al Papa y a la Iglesia). Resulta, en efecto, ilegítima la posición de la Fraternidad San Pío X y de la TC, la cual opone un juicio privado (sobre el Vaticano II, sobre el nuevo misal, sobre el nuevo código de derecho canónico, sobre las canonizaciones proclamadas por Francisco I, sobre su magisterio, etc.) a aquel que, según ellos, es siempre el Magisterio de la Iglesia o su disciplina: preferir el juicio propio al de la Iglesia es la actitud propia del hereje.

Ni siquiera en el caso concreto el “juicio privado”: “Juan Pablo II no es Papa” nos coloca en una situación de “gravísimas consecuencias”, como teme la TC. En efecto, el juicio de la Iglesia al respecto permanece siempre posible

La TC no se opone al hecho de que un simple fiel pueda, e incluso deba, formular “juicios privados” sobre materias de por sí muy difíciles: “Naturalmente -escribe- el rechazo de los otros elementos doctrinales (como el ecumenismo, la libertad religiosa, el Novus Ordo...) por parte de todo ‘tradicionalista’ se sitúa de manera completamente distinta respecto al rechazo de la autoridad de los pontífices contemporáneos, en cuanto a que él realmente puede en tales casos constatar la incompatibilidad entre una enseñanza conciliar y su contrario expresado en el magisterio dogmático perenne de la Iglesia y entonces, la imposibilidad de adherir a ella” (págs. 38-39); la Fraternidad concluye de aquí, en la vida moral, que es por ejemplo pecaminoso asistir a la nueva misa, aún cuando no haya otras misas a las cuales asistir en un día de precepto… Sin embargo, la misma TC excluye que se pueda afirmar que no es posible que la Iglesia (por lo tanto, un Papa legítimo) haya podido darnos veneno (es decir, una doctrina y una liturgia nocivas), ¡aunque esta imposibilidad sea enseñada por el Concilio Vaticano I (DS 3075) y sea evidente para todo fiel! ¿Por qué? Tratemos de comprender juntos los argumentos de la TC...
En general, nuestra Tesis inventaría una tercera solución inexistente entre el juicio puramente privado “pronunciado por un sujeto sin autoridad, privado de efectos jurídicos y normativos” y un “un juicio canónico, es decir, de por sí público, con efectos jurídicos, pronunciado por la autoridad competente”. “En síntesis -concluye la TC resumiendo nuestro “error”- la Tesis de Cassiciacum pretende de algún modo demostrar que de un juicio que se proclama no jurídico derivan efectos de facto jurídicos, TENIENDO VALOR NORMATIVO PARA LA CONDUCTA DE TODOS LOS FIELES” (pág. 37, nota 12). Ahora bien, la TC no se da cuenta que nos reprocha exactamente lo que ella misma hace: como hemos recordado, para la Fraternidad es lícito y obligatorio pasar de un juicio privado (“la nueva misa es mala”) a una verdadera norma “para la conducta de todos los fieles” (“no es lícito asistir a la nueva misa”). Esta inexistente tercera posición entre el juicio privado que no puede obligar las conciencias y el juicio público y canónico de la Iglesia para la Fraternidad existe, ¡y cómo!… ¡pero no cuando podría contradecir sus propias posiciones! Respondemos entonces: el “juicio privado” está privado de efectos jurídicos, concedo; está privado de efectos normativos para la conciencia de los fieles, nego. Si una persona descubriese que no está válidamente casada, por ejemplo, estaría obligada a comportarse como no casada en cuanto a la norma moral, y como casada en cuanto al hecho jurídico. Se trata de dos realidades distintas.
La TC insiste: el caso de la legitimidad de un Papa, y en general de “un hecho histórico y contingente sobre el cual la Iglesia como tal no se ha expedido todavía” (pág. 39), no es asimilable al de una enseñanza ya definida por la Iglesia (como por ejemplo la doctrina sobre la libertad religiosa, ya condenada por la Iglesia). Podríamos objetar que sobre la nueva misa la Iglesia como tal no se ha expedido aún, y sin embargo la Fraternidad da, con razón, un juicio (privado) negativo que comporta una norma para las conciencias (no se puede asistir a ella)…
El caso de la legitimidad de una “autoridad” eclesiástica no es esencialmente distinto: pueden haber criterios objetivos, y no solo subjetivos, que pueden llevarnos a la conclusión cierta de la legitimidad o ilegitimidad de determinado prelado. En consecuencia, el clero y el pueblo tienen el deber de romper la comunión eclesiástica con él, como hicieron el clero y el pueblo de Constantinopla con su Patriarca Nestorio antes de que éste último fuese condenado en el Concilio de Éfeso, en el cual participó justamente porque no había sido todavía canónicamente depuesto. Pero la TC objeta que el caso del Papa es distinto. Y nuestra Tesis caería en el subjetivismo desde tres puntos de vista: al afirmar que tal persona no es Papa antes del juicio de la Iglesia; al afirmar que tal persona podría ser nuevamente Papa sin que exista una autoridad que lo pueda confirmar; al juzgar a la Primera Sede, que no puede ser juzgada por nadie.
Contra estas afirmaciones, recordamos lo dicho por el Cardenal Albani, citado por Bouix: “El Papa herético, si se enmienda antes de la sentencia declaratoria [de herejía], recupera ipso facto el pontificado, sin una nueva elección por parte de los Cardenales…” (Tractatus de Papa, t. I, pág. 548). Según este autor, en consecuencia, el Papa herético pertinaz cesaría ya de ser Papa antes de la sentencia de la Iglesia (contra lo que sostiene la TC) y podría recuperar la misma autoridad antes de la sentencia de la Iglesia (siempre contra lo que sostiene la TC). Esto no excluye que -también desde el punto de vista de la Tesis de Cassiciacum- puedan y deban haber intervenciones de la autoridad de la Iglesia. La Tesis, en efecto, postula la intervención del Concilio general imperfecto para declarar que el “papa materialiter” cesa también materialmente de ocupar la Sede. Según la TC, esto sería imposible, porque sería imposible para los cardenales y obispos, también ellos solamente materialiter, (re)tomar la jurisdicción. Respondemos que si esto es posible en el caso del Papa, lo es todavía más en el caso del episcopado; que en todo caso dicha jurisdicción puede venir de Dios, como en la hipótesis presentada por el P. Zapelena para el caso del Concilio de Constanza. Y también, tanto en el caso del Papa como en el del episcopado, los criterios son todo menos subjetivos: ya que el obstáculo a la recepción de la Autoridad es la adhesión al Vaticano II y a sus reformas, es necesario y suficiente para que sea recuperada la autoridad que sea públicamente condenado el Vaticano II y declaradas nulas sus reformas; lo que puede ser fácil e indiscutiblemente constatado por todos.
La Primera Sede no puede ser juzgada, recuerda la TC, y es muy cierto. Es por eso que los teólogos han interpretado los textos del Decreto de Graciano, de Inocencio III, de los teólogos medievales que afirman que la Primera Sede PUEDE ser juzgada (sólo) en caso de herejía, en este sentido: “del hecho de que el Papa herético pueda ser juzgado por el Concilio, no se sigue que el Papa pueda estar sometido al Concilio; ya que, vuelto hereje, ya no es más Papa” (Card. Albani, en Bouix, pág. 547) (88). Por lo tanto, de hecho, es posible un juicio del “Papa herético” (y con mayor razón, del hereje elegido “papa”).
En resumen: afirmar que Francisco I no es Papa formalmente es una conclusión teológica fundada en una premisa de fe (la infalibilidad del magisterio ordinario universal, por ejemplo) y en la contradicción constatada entre el Vaticano II y la enseñanza de la Iglesia (contradicción admitida por Mons. Lefebvre).
Tal juicio es solamente privado: puede ser norma cierta de comportamiento, pero carece de valor jurídico: Francisco I es aún “papa” materialmente.
Francisco I puede arrepentirse, condenar el Vaticano II y volverse formalmente Papa: es doctrina enseñada también por autores del pasado, como el Cardenal Albani, y la cosa es constatable con evidencia por todos, sin ninguna necesidad de recurrir al juicio privado de los “guerardianos”.
De la misma manera, sería posible a todos constatar la condenación pública del Vaticano II por parte de obispos materialiter que tendrían ipso facto, removido el obstáculo, autoridad en la Iglesia. ¿Autoridad dada por quién?, se pregunta la TC. Por Cristo, que la concede a quien posea los títulos a la jurisdicción (títulos dados por el “papa” materialiter).
Notemos, entre otras cosas, que -concretamente- sedevacantistas de todas las tendencias, partidarios de Mons. Lefebvre o del abbé de Nantes estarían todos de acuerdo, al menos de hecho, en esta feliz eventualidad, reconociendo y prestando obediencia al Sumo Pontífice que condenara como es debido al Vaticano II y declarara nulas las reformas. Todos deseamos poder ver pronto este milagro moral, imposible a los hombres, pero no a Dios, que suprimiría el cisma de facto que se introdujo entre nosotros.

"RESPUESTA AL DOCUMENTO DE LA FRATERNIDAD SAN PÍO X SOBRE EL SEDEVACANTISMO", http:// integrismo.over-blog.com/ article-documentos-50950108.htm l

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Published by Juan Manuel Olivar Robles - en La Tesis de Cassiciacum
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