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Presentación

442px-Emblem of the Papacy SE svgBienvenido a este blog de actualidad religiosa,de filosofía, de combate de la Verdad contra la secta modernista del "Concilio Vaticano II", de honor, amor y fidelidad al Magisterio infalible de la Santa Iglesia Católica, y de discusión sobre la actualidad de Méjico.
   Este blog pretende también reunir las direcciones de los centros de Misa y de sacerdotes NON UNA CUM, celebrando el Santo Sacrificio en total desunión a "Benedicto XVI" en México.

   No reconocemos, pues, la legitimidad de la autoridad de los "Papas del Concilio" Vaticano II. Estamos ciertos de que solamente esta posición, también llamada sedevacantismo, es la posición teológica que responde perfectamente a la situación actual de la Autoridad en la Iglesia, en particular detallada por la Tesis de Cassiciacum.

   Le invitamos a leer nuestro blog detalladamente. Permítanos presertarle nuestra postura teológica.

   Sea a la mayor gloria de Dios: 


El equipo de México y Tradición

Archivos

22 octubre 2012 1 22 /10 /octubre /2012 04:40

Estimados lectores:

 

La encontramos!!!. Les presentamos el filme: Diálogo de las carmelitas. Seguro que les va a fascinar. La Revolución Francesa es la madre de la barbarie, odio y violencia contra la Iglesia Católica. Su función fue querer destruir a las dos instituciones más importantes de nuestra sociedad: la Iglesia y el Estado.

 

Es una Imperdible película que nos muestra el martirio de las dieciséis monjas carmelitas (incluyendo una novicia) del monasterio de Compiègne en el año 1794, por las fuerzas del terror instauradas tras la Revolución Francesa y su Tribunal Revolucionario. Esperamos que les guste.

 

El Equipo de México y Tradición

 

 

Viva Cristo Rey!

Vivan los Mártires de la Santa Iglesia Católica!!!

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Published by Juan Manuel Olivar Robles - en Religión Católica
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22 octubre 2012 1 22 /10 /octubre /2012 03:11

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«El hombre no puede realizar una acción más santa, más grande, más sublime que celebrar una Misa, a cuyo respecto el Concilio de Trento dice: “Nosotros debemos confesar que ninguna otra obra puede realizarse. tan santa y divina como este formidable Misterio. Dios mismo no puede originar una acción para ser realizada que sea más santa y más grande que la celebración de la Misa”. »            S. Alfonso M de Ligorio, “la Santa Misa”.


CATECISMO DE LA SANTA MISA


LA RELIGIÓN


I.- LO QUE ES LA RELIGIÓN Y NECESIDAD DE ELLA.
1.- ¿Qué es la Religión?
Religión es el conjunto de relaciones morales que unen al hombre con Dios.
2.- ¿Qué es lo que forma las relaciones que unen al hombre con Dios?
Dichas relaciones están formadas por los distintos deberes que tiene el hombre con Dios.
3.- ¿Podrías citarme algunos de los deberes del hombre para con Dios?
He aquí algunos:
El hombre debe adorar a Dios porque es su Criador;
debe servirle porque es su Dueño y Señor;
debe agradecerle porque es su Bienhechor;
debe amarle porque es su Padre;
debe sujetarse a sus mandatos porque es su Legislador;
debe, en fin, buscar en Dios cuanto necesite tanto para su alma como para su cuerpo, porque el Señor es la fuente de
todo bien.
4.- ¿Qué debemos notar acerca de estos deberes?
1º Que todos estos deberes son necesarios y obligatorios;
2º que en su conjunto forman el lazo que une al hombre con Dios.
5.- ¿Qué resulta de esto?
Que con justísima razón podemos y debemos afirmar que LA RELIGIÓN ES NECESARIA AL HOMBRE.
6.- ¿Es obligatoria la Religión únicamente al hombre en particular?
No solamente al hombre en particular le es necesaria la Religión, sino que es también necesaria a la Sociedad.
7.- ¿Por qué es necesaria la Religión a la Sociedad?
Porque solamente el conocimiento y la práctica de la Religión pueden dar a todos y a cada uno de los miembros de la
misma Sociedad, las virtudes necesarias e indispensables para cumplir con sus deberes sociales.
II.- LA RELIGIÓN NATURAL
8.- ¿Cuántas religiones distinguimos?
Distinguimos dos religiones: La Religión Natural y la Religión sobrenatural o Revelada.
9.- ¿Qué es Religión Natural?
Religión Natural es la que se conoce con las luces naturales de la razón.
10.- ¿En qué se funda la Religión Natural?
En las relaciones necesarias entre el Creador y la Criatura.
11.- ¿Es obligatoria la Religión Natural?
Sí, la Religión Natural es obligatoria a todos los hombres, en todos los tiempos y en todos los lugares.


12.- ¿Por qué decís que la Religión Natural es obligatoria?
Porque se funda y nace en la naturaleza de Dios y en la naturaleza del hombre.
III.- LA RELIGIÓN REVELADA O SOBRENATURAL.
13.- ¿A qué llamamos Religión Revelada o Sobrenatural?
Llamamos Religión Revelada o Sobrenatural a la que Dios mismo ha hecho conocer al hombre, desde el principio del
mundo.
14.- ¿Qué ha hecho Dios por medio de la Religión Revelada?
Por medio de la Religión Revelada Dios se ha inclinado hacia el hombre, dándose a conocer de él y dándole a conocer
su destino eterno.
15.- ¿Qué partes distinguimos en la Religión Revelada?
Tres partes distintas:
1º. EL DOGMA;
2º. LA MORAL; y
3º. EL CULTO.
16.- ¿A qué llamamos Dogma?
Al conjunto de verdades que debemos creer.
17.- ¿Qué es la Moral?
El conjunto de deberes que estamos obligados a cumplir.
18.- ¿Qué es el Culto?
El conjunto de Ritos a que debemos sujetarnos para dar a Dios la adoración que le es debida.
EL CULTO
I.- EN QUÉ CONSISTE EL CULTO.
19.- ¿Qué es el Culto?
EL CULTO ES LA EXPRESIÓN DE LA RELIGIÓN.
20.- ¿En qué consiste el Culto?
En el conjunto de medios que debemos poner por obra para honrar a Dios y santificarnos
21.- ¿Cuáles son estos medios?
La oración, los sacramentos, y sobre todo el SANTO SACRIFICIO DE LA MISA.
22.- ¿En qué consiste la adoración?
Adoración es el acto por el cual reconocemos la excelencia infinita de Dios, Criador y Soberano Dueño de todas las
cosas.



II.- LAS DISTINTAS CLASES DE CULTO.
23.- ¿Cuántas clases de Culto distinguimos?
Hay tres clases de Culto:
1º. CULTO DE LATRÍA o de adoración, que sólo a Dios es debido;
2º. CULTO DE HIPERDULÍA o de mayor honor que tributamos a la Virgen Santísima por ser Madre de Dios; y
3º CULTO DE DULÍA o de honor, que tributamos a los ángeles, a los santos y a los beatos.
24.- ¿Qué clase de Culto tributamos a las imágenes y reliquias?
Un Culto RELATIVO, porque nuestros homenajes no se dirigen a las cosas sino a las personas que representan o a
quienes pertenecieron.
25.- ¿El Culto que tributamos a los ángeles y santos, no disminuye el Culto que se debe a Dios?
No; por el contrario, le honra; puesto que los santos son obra suya, son los frutos de la obra de Santificación que se
atribuye al Espíritu Santo.
III.- CÓMO DEBE EL HOMBRE RENDIR CULTO A DIOS.
26.- ¿Por qué está obligado el hombre a dar Culto a Dios?
Porque es la única de las criaturas visibles capaz de conocer las relaciones que lo unen a Dios su Creador.
27.- ¿Qué clase de Culto debe el hombre rendir a Dios?
1°. CULTO INTERIOR con su alma;
2°. CULTO EXTERIOR con su cuerpo;
3°. CULTO PRIVADO, ya solo, ya en compañía de otros; y
4°. CULTO PÚBLICO, tomando parte activa en los actos mandados por la Iglesia.

EL CULTO PÚBLICO
 
I.- DIOS ES EL AUTOR DE LA SOCIEDAD

 

28.- ¿Basta que el hombre dé a Dios Culto individual o personal?
No, es preciso además, que tribute a Dios culto social.
29.- ¿Por qué?
Porque Dios es el Autor de la Sociedad.
30.- ¿Cuándo fundó Dios la Sociedad?
Cuando fundó la primera familia uniendo a Adán y a Eva en matrimonio.
31.- ¿Cómo está organizada la Sociedad Civil?
En Municipios, Estados y Naciones.
32.- ¿Cuál es el origen y base de la Sociedad Civil?
La Familia, que también se llama Sociedad Doméstica.
33.- ¿Qué derecho tiene Dios sobre la Sociedad por ser su Autor?
Siendo Dios Autor de la Sociedad, es Dueño de ella.
34.- ¿Es Dios solamente Autor de la Sociedad?
No, es también su Conservador y su Soberano Bienhechor.

II.- LA SOCIEDAD ESTÁ OBLIGADA A DAR A DIOS CULTO EXTERIOR Y PÚBLICO.

35.- Según esto, ¿qué obligaciones tiene la Sociedad Civil para con Dios?
La sociedad civil está obligada a profesar la religión verdadera, y a expresar esta Religión dando a Dios culto exterior y
publico.
36.- ¿Es lo mismo Culto Público que Culto en público?
No, porque el Culto en público puede ser simplemente Culto Privado, Individual o Social.
III.- QUÉ ES CULTO PÚBLICO
37.- ¿Qué es Culto Público?
Culto público es el conjunto de símbolos, cantos y actos por medio de los cuales la iglesia pone de manifiesto su
religión para con dios.
38.- ¿Está sometido a ciertas reglas el ejercicio del Culto Público?
Sí, y el conjunto de estas reglas se llama liturgia católica. Y por esta razón el Culto Público se llama también culto
oficial de la iglesia.
39.- ¿De qué otra manera se llama el Culto Público?
El Culto Público, que es el Culto Oficial de la Iglesia, se llama también culto litúrgico.
40.- ¿Por qué el Culto Litúrgico es el más agradable a Dios?
Porque le es ofrecido por la Iglesia, y siendo interior, exterior y social, es el más perfecto.

EL SACRIFICIO EN GENERAL

 

I.- QUÉ ES EL SACRIFICIO
41.- ¿Cuál es el acto principal del Culto Público?
El acto principal del Culto Público es el sacrificio.
42.- ¿Qué es el Sacrificio?
Sacrificio es el ofrecimiento exterior de una cosa sensible, que se hace solamente a dios por un ministro legitimo,
destruyéndola o cambiándola para reconocer de una manera especial el soberano dominio de dios sobre nosotros.
43.- ¿Qué partes distinguimos en el Sacrificio?
Dos: la materia y la forma.
44.- ¿Qué es la Materia?
La Materia es la Víctima o cosa ofrecida.
45.- ¿Qué es la Forma?
La Forma es el modo de sacrificar a la Víctima.
II.- DIFERENTES CLASES DE SACRIFICIO.
46.- ¿Cómo se divide el Sacrificio atendiendo a la Materia?
Atendiendo a la Materia, el Sacrificio puede ser:
1º. Hostia o víctima, si se ofrece un animal;
2º. Oblación, si se ofrecen cosas inanimadas pero sólidas, como pan, harina, frutos de la tierra, etc.; y
3º. Libación, si lo que se ofrece es cosa líquida, como el vino, el aceite, etc.
47.- ¿Cómo se dividen los Sacrificios atendiendo a la Forma?
Atendiendo a la Forma, pueden ser:
1º. Holocausto, si la cosa ofrecida es quemada completamente;
2º. Hostia por el pecado, si una parte es quemada y la otra guardada para los Ministros del Sacrificio; y
3º. Hostia pacifica, si la parte no quemada, se guarda, ya para los ministros, ya para los donantes del objeto del
Sacrificio.
48.- ¿Cuándo decimos que el Sacrificio es cruento?
El Sacrificio es cruento, cuando se derrama la sangre de la víctima.
49.- ¿Cuándo es incruento?
Es incruento cuando no se derrama sangre.
50.- ¿Cómo se divide el Sacrificio atendiendo al fin del mismo?
En atención al fin, el Sacrificio puede ser:
1º. Latréutico o de adoración;
2º. Eucarístico, o de acción de gracias;


3º. Propiciatorio, o sea ofrecido a Dios para obtener de su misericordia el perdón de los pecados; y
4º. Impetratorio, o sea ofrecido a Dios para obtener sus beneficios.
III.- NECESIDAD DEL SACRIFICIO.
51.- ¿Ha habido siempre sacrificios?
El Sacrificio ha existido desde el principio del mundo y en todos los pueblos donde se han practicado actos de religión.
52.- ¿Qué la Religión Católica no podría prescindir del Sacrificio?
La Religión Católica que es la única religión perfecta, no puede carecer de Sacrificio.
53.- ¿Por qué es necesario el Sacrificio a la Religión?
El Sacrificio es necesario, porque es el acto por medio del cual, la Iglesia, exterior, pública y solemnemente tributa a
Dios homenajes a nombre de los individuos y de toda la Sociedad.
54.- ¿Qué entendemos también por Sacrificio?
Entendemos también por Sacrificio toda obra buena por la cual el hombre se ofrece, se somete y se sacrifica a dios.
55.- Según esto ¿qué actos son sacrificios?
En este sentido todos los actos de virtud son sacrificios.
56.- ¿Y qué carácter tienen todos estos sacrificios?
Todos estos sacrificios son simplemente actos de Culto privado, ya individual, ya colectivo.
57.- ¿Qué diferencia existe entre estos sacrificios y el Sacrificio propiamente dicho?
Que el Sacrificio propiamente dicho o verdadero Sacrificio, debe ser un acto de culto público y culto de Latría, y los
actos de culto público, sólo pueden ser ofrecidos por las personas que la Iglesia ha destinado para ello.

EL SACRIFICIO ANTES DE JESUCRISTO


I.- QUE EL SACRIFICIO HA EXISTIDO SIEMPRE
58.- ¿Cuáles son las personas destinadas a ofrecer el Sacrificio?
Los Sacerdotes.
59.- ¿Cuándo reciben los Sacerdotes el poder de ofrecer el Sacrificio?
El día de su ordenación o consagración sacerdotal.
60.- ¿Desde cuándo existe el Sacrificio?
El Sacrificio ha existido desde el principio del mundo.
61.- ¿Qué sacrificios notables nos recuerda la Sagrada Escritura?
Los sacrificios de Caín y Abel; el sacrificio de Noé, el sacrificio de Melquisedec, el sacrificio de Abrahán y los
sacrificios del Pueblo de Dios, cuyas ceremonias fueron prescritas por el mismo Dios.
62.- ¿Solamente el Pueblo de Dios ofrecía sacrificios?
No, también en los pueblos paganos se tuvo el sacrificio como el acto principal del culto exterior y público.
II.- SIGNIFICADO DE LOS SACRIFICIOS.
63.- ¿Qué significado tenían los sacrificios antiguos?
Significaban el homenaje supremo que es debido a Dios y además, se ofrecían como pago o expiación de los pecados.
64.- ¿Hubo algún Sacrificio antiguo que pudiese pagar a Dios la deuda que los hombres tenían con El?
Ninguno bastaba para que los hombres pudiesen pagar la deuda que con El tenían.
65.- ¿Por qué razón?
Porque la deuda contraída con Dios por el pecado de Adán era de un valor infinito.
III.- POR QUÉ AGRADABAN A DIOS LOS SACRIFICIOS.
66.- Si los sacrificios antiguos no bastaban para pagar la deuda ¿por qué agradaban a Dios?
Agradaban a Dios únicamente por tres razones:
1º.- Porque enseñaban a los hombres a rendir a Dios culto de adoración, a darle gracias y a invocarle como Autor de
todo bien;
2º.- Porque los enseñaba a pedirle perdón de sus pecados con un corazón contrito y humillado; y
3º.- Porque anunciaban y representaban el Gran Sacrificio del Mesías prometido.

EL SACRIFICIO DE LA CRUZ

I.- JESUCRISTO ES JEFE Y REPRESENTANTE DE LA HUMANIDAD.

 

67.- ¿A quién representaban las víctimas de los sacrificios antiguos?
Las víctimas de los sacrificios antiguos representaban al hombre.
68.- ¿Qué debemos decir de esta representación?
Que era imperfecta, ineficaz e insuficiente para pagar a Dios la deuda infinita que los hombres tenían con El.
69.- Entonces, ¿qué Víctima debería ofrecerse para que con su Sacrificio quedara plenamente pagada la deuda?
Una Víctima de la misma naturaleza de los hijos de Adán y cuyo Sacrificio fuera de VALOR INFINITO.
70.- ¿Qué determinó Dios entonces?
Quiso Dios que su Hijo se hiciera Hombre, para que tomando la misma naturaleza de los hijos de Adán, fuera el Jefe y
Representante de la humanidad y pagase en nombre de todos los hombres.
II.- JESUCRISTO ES SUPREMO SACERDOTE.
71.- ¿Qué debía hacer el Hijo de Dios para pagar la deuda contraída por el pecado de Adán?
Debía ofrecer el Gran Sacrificio y para ofrecerlo, debía ser Sacerdote.
72.- ¿Qué es el Sacerdote?
Es el mediador entre dios y los hombres.
73.- ¿Qué se necesita para ser Sacerdote?
ser llamado por dios a este altísimo ministerio de mediador y recibir también la consagración o unción sacerdotal.
74.- ¿Podía Jesucristo, el Hijo de Dios, ofrecer el Gran Sacrificio?
Sí, puesto que en cuanto Hombre fue llamado por su Padre Celestial a la dignidad de Sacerdote.
75.- ¿Cuándo fue Jesucristo consagrado Sacerdote?
En el momento de la Encarnación, por la unión de la Naturaleza Divina y la Naturaleza Humana, en la sola Persona del
Verbo.


III.- EL SACRIFICIO DE JESUCRISTO EN LA CRUZ FUÉ VERDADERO SACRIFICIO.

 

76.- ¿Cuándo ofreció Jesucristo el Gran Sacrificio?
Cuando se ofreció a Sí mismo como Víctima muriendo por nosotros los hombres y por nuestra salvación, en el árbol de
la Cruz.
77.- ¿Fue el Sacrificio de Cristo en la Cruz un verdadero Sacrificio?
Sí, pues en él se hallan todas las condiciones del Sacrificio propiamente dicho.
78.- ¿Cuántas veces ofreció Jesucristo el Sacrificio de la Cruz?
Una sola vez y en un solo lugar -el Calvario-, y solamente lo vieron unos cuantos hombres.
79.- ¿Qué hizo Jesucristo para perpetuar este Sacrificio?
Instituyó el Santo Sacrificio de la Misa, que es un Sacrificio necesario.

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21 octubre 2012 7 21 /10 /octubre /2012 16:37

annibale_bugnini.jpg¿Quien fue Annibale Bugnini?
 
El R.P. Bugnini, principal autor del Novus Ordo Missae

     ”No se trata solamente de retocar una valiosa obra de arte sino, a veces, de dar estructuras nuevas a ritos enteros. Se trata, en realidad, de una  restauración fundamental, diría casi de una refundición y, en ciertos puntos, de una verdadera creación nueva.”  (*94)

ANNIBALE BUGNINI (1912-1982)

 

En un libro del P. Anscar Chupungco osb, ex Presidente del Pontificio Instituto litúrgico de Roma, el autor afirma que escuchó decir al entonces Prelado Bugnini: "Io sono la riforma liturgica!" 1, opinión que el testigo no desestima, pues afirma que si no hubiese sido por él, la reforma litúrgica no se hubiera dado. 2

Antes de mencionar el Novus Ordo Missae que rubricó la reforma litúrgica, se hace necesario conocer a Monseñor Aníbal Bugnini. ¿Por qué? Porque si «La réforme, c'est moi» 3, es imprescindible conocer al reformador.

Monseñor Aníbal Bugnini nació en Civitella del Lago, en la región de Umbría en Italia, durante el 1912. Fue miembro de los padres lazaristas. En 1938 se doctoró en teología con su tesis: De liturgia eiusque momento in Concilio Tridentino 4. En 1946 dirige la revista litúrgica: Ephemerides liturgicae. De 1948 a 1960 fue secretario de la Comisión para la Reforma Litúrgica, creada por Pío XII. En 1957 fue profesor universitario de la Pontificia Università Lateranense. Secretario de la Comisión preparatoria para la liturgia del Concilio Vaticano II en el período 1959-1962. Desde 1964 fue secretario de la Comisión Litúrgica instituida por Pablo VI para elaborar la Reforma Litúrgica, de acuerdo a las pautas del Concilio Vaticano II.

Durante este período comienza a circular versiones de su afiliación a las logias masónicas. A este respecto afirma el vaticanista Sandro Magister:

«En 1978, la oficial "Revista Masónica" saludó a Pablo VI, que murió ese mismo año, como el primer papa "no enemigo". En los años sesenta y setenta, en el impulso del deshielo del Concilio Vaticano II, entre la Iglesia y la masonería existió una gran diálogo. Y también un gran murmullo. Había rumores de cardenales y prelados eminentes de la curia secretamente afiliados a las logias. Circulaban copias de sus presuntos carnets. Incluso hoy, en el charlatán folleto “Via col Vento in Vaticano” 5, salió en febrero pasado (1999) por la pluma de anónimos monseñores, un capítulo entero dedicado al "humo de Satanás", acerca de la infiltración masónica entre los magnates de la curia. Y de dos, el panfleto da nombre y apellido. El primero es Aníbal Bugnini, el director de la reforma litúrgica postconciliar, terminó como nuncio en Irán después de la finalización de su obra sobre "la destrucción del antiguo rito de la Misa" y allí murió, de acuerdo con el libelo, "de muerte natural provocada" por sus mismos cabecillas de logia. El segundo es Sebastián Baggio, muy influyente cardenal del Papa Giovanni Battista Montini. Él tenía el poder de nombrar a los obispos de todo el mundo "y por lo tanto promover las carreras de sus compañeros ocultos". Y en los dos cónclaves de 1978 se presentó como candidato papal.» 6

El periodista Mino Pecorelli, antes de su “trágica muerte”7 lo incluyó en sus listas, denunciando que su fecha de iniciación fue el 23 de abril de 1963, siendo su número de código 1365/75 y su nombre codificado BUAN.

Su exilio a Teherán, es producido por rumores sobre su relación con la masonería.

En un reportaje a cierto cardenal, del cual no se da el nombre, el Dr. Robert Moynihan, en el Magacine Rorate Caeli, expone que confidencialmente se le expuso el modo por el cual se detectó a Bugnini como masón:

«Él fue a una reunión con el Secretario de Estado llevando su maletín. Era el 1975. Más tarde, esa noche cuando todos se habían ido a casa, un monseñor encontró el maletín que había dejado Bugnini. El Monseñor decidió abrirlo para ver quién era su dueño. Y cuando lo abrió, se encontró con cartas dirigidas a Bugnini definido como "hermano", de parte del gran Maestre de la masonería italiana.»

Lo cierto es que en 1976 se lo “exilia” como Nuncio en Irán, el mismo Bugnini explica 8 que su salida de Roma se debe al crédito que dieron los rumores que circulaban, y circulan sobre su supuesta afiliación a las logias.

Por cierto, Monseñor Bugnini negó todo afirmando:

«...“ni [sé] qué es (la masonería), ni qué hace, ni cuáles son sus fines.» 9

Respuesta muy poco creíble en un Prelado de su nivel.

En Teherán fue protagonista de los conflictos desatados durante la Revolución Iraní, oficiando hábilmente para la Santa Sede. Murió repentinamente en Roma en el 1982, bajo la sospecha de “muerte natural provocada”, como ya lo afirmó en su artículo Sandro Magister, haciéndose eco del Libro Via col vento in Vaticano.

A este respecto un tal Matias Augé, escribe en un comentario sobre las afirmaciones de su muerte 'provocada'.

«La tesis de la muerte “natural provocada” de Bugnini es un absurdo. Bugnini murió en la Clínica Pío XI (Roma), donde yo era y soy capellán. Murió cerca de las ocho de la mañana, luego de recibir la Santa Comunión de mis manos. El Prelado había sido operado y debía salir de la Clínica [dado de alta] ese mismo día. Cuando las hermanas enfermeras le llevaban el desayuno lo encontraron muerto en el sofá. Los médicos redactaron la causal de su muerte y está a disposición de quien desee conocer las circunstancias de su deceso.»10

Si bien dicho comentario no goza de credibilidad documental, por la forma donde fue redactado, no se puede dejar pasar, que su relato confirma que murió cuando estaba dado de alta, y nadie lo asistió en su muerte.

«No quisiera equivocarme, pero la laguna más notable del P. Bugnini es la falta de formación y sensibilidad teológica.»

(Card. F. Antonelli)

Sobre la personalidad de Mons. Bugnini, se afirman muchas cosas. Veamos qué opinan de él, aquellos que lo conocieron.

En un libro surgido en el 2005, publicado por Ediciones Cristiandad, el cual recoge escritos inéditos del cardenal Ferdinando Antonelli, se puede leer:

«Ha sido nombrado Secretario de la nueva Congregación del Culto Divino el P. Annibale Bugnini, CM. Podría decir muchas cosas de este hombre. He de añadir que Pablo VI lo ha apoyado siempre. No quisiera equivocarme, pero la laguna más notable del P. Bugnini es la falta de formación y sensibilidad teológica. Falta y laguna grave, porque en la liturgia cada palabra y cada gesto traducen una idea que es idea teológica. Tengo la impresión de que se ha concedido mucho, sobre todo en materia de sacramentos, a la mentalidad protestante. No es que el P. Bugnini haya creado estos conceptos, nada de eso, él no ha creado, él se ha servido de mucha gente, y, no sé por qué, ha introducido en el trabajo a gente hábil pero de matices teológicos progresistas. Y, o no se ha dado cuenta, o no ha resistido, como no se podía resistir a ciertas tendencias.» 11

Como se puede apreciar, es corriente escuchar que Mons. Bugnini poseía escasos conocimientos teológicos. También es más probable que se hiciera el distraído en determinados conocimientos teológicos, para manipular más cómodamente los ritos, lo cual en él es mucho más creíble.

Circula sobre él una correspondencia, donde es difícil de comprobar su autenticidad. Todo el mundo conoce que la masonería, como toda sociedad de alta conspiración, no deja rastros, ni documentos, y en esto poseen sobrada experiencia y sobretodo mucha tradición. La revista católica 30 Giorni de junio de 1992, publicó esta cita de una supuesta carta enviada a Mons. Bugnini, donde se puede leer:

«Querido Buan, comunicamos el encargo que el Consejo de los Hermanos estableció para ti, de acuerdo con el Gran Maestre y los Príncipes Asistentes al Trono, y te obligamos (...) a difundir la descristianización mediante la confusión de los ritos y de las lenguas y de colocar padres, obispos y cardenales unos contra otros. La Babel lingüística y ritual será nuestra victoria, como la unidad lingüística y ritual fue la fuerza de la Iglesia (...) Todo debe acontecer en el plazo de diez años.» 12

A lo que supuestamente Bugnini responde en nota fechada el 2 de junio de 1967:

«Gran Maestro incomparable, la desacralización prosigue rápidamente. Se publicó otra Instrucción que entró en vigor el día 29 de junio p.p. Ya podemos cantar victoria, porque la lengua vulgar es soberana en toda la liturgia, inclusive en las partes esenciales (...) Se dio máxima libertad de elegir entre varias formas, a la creatividad particular y al ...caos. (...) En suma, con este documento creo haber impuesto el principio de máximo libertinaje, según vuestras disposiciones. Luché duramente contra mis enemigos de la Congregación para los Ritos y tuve que recurrir a toda mi astucia para que el Papa la aprobase. Por suerte, encontramos el apoyo de los amigos y hermanos de Universa Laus, que son fieles. Agradezco por la suma enviada y esperando verlo en breve, un abrazo. Vuestro Hermano Buan.» 13

Andrea Tornielli, quien redacta el artículo con la cartas incluidas, afirma:

«El texto de las cartas, de hecho, es muy inmediatista y grosero. En todo caso, las cartas existen y los resultados concuerdan plenamente con los objetivos que fijan.» 14

No deben esperarse pruebas específicas; para un católico; las pruebas sobran, bastan las obras; y las obras son sin lugar a dudas del Novus Ordo.

Es difícil dar por seguro lo que proviene de las logias masónicas, ya que, como afirmamos, no dejan huellas ni rastros, solo se los conoce por su pensamiento y por su forma de actuar, o casualmente, cuando nos saludan con su típico apretón de manos de reconocimiento. Hoy como ayer, por sus frutos los conoceréis. No deben esperarse pruebas específicas; para un católico; las pruebas sobran, bastan las obras; y las obras son sin lugar a dudas del Novus Ordo, y a él pertenecen el concilio extramuros y la Nueva Iglesia Tan solo la Providencia nos ha dejado un leve rastro, como prueba de su advertencia, pues lo que se anunció y en su momento no se creyó, se produjo.

En resumen, Mons. Bugnini, es una personalidad curiosa y destacada por su gran actividad y manipulación de la reforma, la cual por todas las versiones de quienes lo conocieron, indica que pasó por su arbitrio, de allí que también es creíble la supuesta expresión de “io sono la riforma liturgica”; por ello, haciendo honor a sus méritos muy bien ganados, por cierto, le hemos brindado en estas pocas líneas el título de gran Arquitecto de la Reforma Litúrgica . Su edificio máximo: El Novus Ordo Missae.

El mismo Monseñor Bugnini definió su propia persona:

«Esta es la «reforma litúrgica más vasta que jamás se recuerda en la historia multisecular de la iglesia» 15

Y en otra parte afirma que por medio de ella se...

«tiende a cambiar radicalmente la faz de las asambleas litúrgicas tradicionales» 16.

Si el pez muere por la boca, Mons. Bugnini, como Gran Arquitecto, se suicida por sus expresiones.

El reformador Bugnini no puede ser más explícito, ha dejado de sí mismo la mejor definición que podíamos buscar. No estoy prejuzgando, pues aplico sus mismas palabras, que en este caso son realmente lapidarias. Si el pez muere por la boca, Mons. Bugnini, como Gran Arquitecto, se suicida por sus expresiones, pues sin lugar a dudas revelan su ideología. Analicemos palabra por palabra:

En primer lugar, llama al Novus Ordo Missae: reforma litúrgica. Implica esto que a la liturgia le dio una nueva forma: si la forma ha cambiado, es porque también existen cambios en la hipóstasis que sustenta dicha forma. Como se puede apreciar, no es un solo cambio externo, sino interno, pues lo uno acompaña lo otro.

En segundo lugar indica la proporción de la reforma, la cual es la más vasta. Esto indica la extensión tanto de lo reformado, como la geografía que abarcó dicha reforma.

En tercer lugar, ha sido un hecho inédito, pues no se recuerda en la historia multisecular de la iglesia algo semejante. Con esta expresión, reconoce ampliamente lo novedoso de su aplicación, como también afirma llanamente su falta de continuidad tradicional. No existen modelos anteriores con la que se pueda comparar. Es como esas batallas únicas, que deben describirse palmo a palmo para llevarse a las bibliotecas de las academias militares y donde los futuros oficiales puedan extraer todas las enseñanzas posibles.

En cuarto lugar es un cambio radical pues afirma que su reforma tiende a cambiar radicalmente. Nuevamente afirma su rotura con la Tradición y con cualquier lineamiento histórico. Cambio radical implica que se cambió de raíz, en otros términos afirma que el cambio posee otra hipóstasis, pues la raíz es la hipóstasis del cambio, esto implica que la relación lex credendi, lex orandi, ha sufrido un cambio radical; en otros términos, el cambio es una mutación.

En quinto lugar el reformador muta la faz de las asambleas litúrgicas, es decir produce, según sus palabras un cambio de icono. El icono es la cara externa de la forma, pero si el icono cambia, es porque la forma interna ha cambiado, y por supuesto, la hipóstasis que sustenta la forma, también cambió. El gatopardismo, en este terreno es imposible dada la relación entre fe y oración.

En sexto lugar, el cambio del icono se produce sobre las asambleas litúrgicas tradicionales, no se puede ser más claro ni más preciso. Por ello Augusto del Río en su libro, El Drama Litúrgico, trae de Monseñor Bugnini, esta cita:

«No se trata sólo de retoques en una obra de valor grande, sino a veces es preciso dar estructuras nuevas a ritos enteros. Se trata de una restauración fundamental, yo diría casi un cambio total y, para ciertos puntos, de una verdadera nueva creación.» (Doc. Cath. Nº 1493, 7 de mayo de 1967). 17

... hallamos una línea de autores, que relatan la mutación producida...

De la obra surgida de sus manos, el Novus Ordo Missae, no entraré en su análisis, pues otros la han realizado muy bien. Por ello, desde el Breve Examen Crítico del Novus Ordo Missae, redactado por los cardenales Alfredo Ottaviani prefecto de la Congregación para la doctrina de la Fe y Antonio Bacci, – obrita que puede encontrarse en muchas páginas web – hasta la reciente publicación: Come andare a Messa senza perdere la fede (Como ir a misa sin perder la fe) escrito por don Nicola Bux, 18 hallamos una línea de autores, que relatan la mutación producida y se insertan en lo que Nuestra Señora solicita para estos difíciles tiempos, donde hoy comprobamos, que las tinieblas se ha infiltrado hasta el corazón mismo de la oración católica, y es en este Nuevo Orden (de la Misa) que se produce ya en 1968 el fenómeno de comulgar usando las propias manos, un año antes que Pablo VI apruebe el nuevo misal romano.
NOTAS

1--- ”La reforma litúrgica soy yo”. Frase similar a la empleada por Luis XIV para definir al estado francés de finales del siglo XVII al afirmar: «L'État, c'est moi», el Estado soy yo.

2---Una síntesis del libro puede leerse en lengua inglesa: rorate-caeli.blogspot.com/2010/10/bugnini-i-am-liturgical-reform.html ; o en italiano: blog.messainlatino.it/2010/10/annibale-bugnini-la-riforma-liturgica.html

3--- ”La reforma soy yo”.

4---La liturgia durante la época del Concilio de Trento.

5---Lo que el viento se llevó en el Vaticano.

6---El artículo completo es del 19 de agosto de 1999 y puede leerse en http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/7167

7---Mino Pecorelli fue ejecutado con cinco disparos bajo la sede de su periódico en 1979.

8---Cfr. La Riforma Liturgica de Annibale Bugnini: "...al credito che godettero a Roma le voci della sua presunta affiliazione". Pp. 13 y 279.

9---Carta a Pablo VI, 22 de octubre de 1975, citada por el mismo Bugnini en La reforma, p. 81. Tomado de http://missatridentinaemportugal.blogspot.com/2010/04/formacion-del-novus-ordo-miss-nom.html.

10---http://fidesetforma.blogspot.com/2009/07/sul-massone-bugnini.html#/architettura-sacra-tradizionale-/

11---Se pueden ver algunas expresiones en http://infocatolica.com/blog/novaetvetera.php/1004060124-reforma-liturgica-la-vision-d

12---”Una Babel Programada,” Andrea Tornielli, 30 Días, Junio, 1992, pp. 41-42 .

13---Ibídem.

14---Ibídem.

15---ANNIBALE BUGNINI, La reforma litúrgica, B.A.C., 1999 pág. 819.

16---Op. cit, pág. 37.

17---Augusto del Río “El drama litúrgico”

18---Nombrado por Benedetto XVI entre los Consultores de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

 

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20 octubre 2012 6 20 /10 /octubre /2012 02:38

El "papa" Benedicto XVI no dejará de sorprender. He aquí un nuevo escándalo después de la pseudo beatificación de Juan Pablo II.

pablovi.jpg
A PESAR DE SER UNO DE LOS PRINCIPALES RESPONSABLES- POR OMISION O POR COMISION-DE LO QUE EL MISMO LLAMO “LA AUTODEMOLICION DE LA IGLESIA CATOLICA” , PABLO VI (CALIFICADO POR EL P. DOMINIQUE BOURMUAD COMO “EL SEPULTURERO DE LA TRADICION”) FINALMENTE SERA BEATIFICADO POR BENEDICTO XVI. SE AFIRMA QUE EL PROCESO FINALIZARA EL PROXIMO AÑO LUEGO DE POR LO MENOS VEINTE AÑOS DE INVESTIGACIONES. EL VATICANOLOGO ANDREA TORNIELLI INFORMA DE ALGUNOS DETALLES EN LA SIGUIENTE NOTA. COMO ANEXO A ESTA ENTRADA COLOCAMOS EL LIBRO DEL PADRE LUIGI VILLA TITULADO PABLO VI ¿BEATO?, DONDE EXPLICA EL PORQUE ESA BEATIFICACION NO DEBE TENER LUGAR. EL PADRE LUIGI HACE LAS VECES DE ABOGADO DEL DIABLO.


Después del visto bueno de los teólogos, el 11 de diciembre se pronunciarán los cardenales. El milagro que se presentará es la curación de un feto

ANDREA TORNIELLI (http://vaticaninsider.lastampa.it/es/)

Ciudad del Vaticano

Pablo VI (Juan Battista Montini), el Papa que condujo tres de las cuatro sesiones del Concilio Vaticano II y que guió a la Iglesia en el difícil periodo post-conciliar, podría ser proclamado beato en 2013. En las últimas semanas, el congreso de teólogos de la Congregación para las Causas de los Santos, después de haber examinado la “Positio” con los documentos del proceso canónico, expresó su voto favorable sin plantear ninguna objeción. El próximo 11 de diciembre se expresarán al respecto los cardenales y los obispos que forman parte de esta Congregación. Superada la prueba de los teólogos, el visto bueno de los cardenales se considera altamente probable.

 Así pues, durante el próximo consistorio para los decretos sobre las beatificaciones y las canonizaciones (que se prevé antes de Navidad), Benedicto XVI podría promulgar el decreto que reconoce las «virtudes heroicas» del Papa Montini para marcar el final del proceso. En vista de la ceremonia de beatificación, solo haría falta el reconocimiento de un milagro por intercesión del candidato a los altares. En el caso de Pablo VI, el postulador de la causa, el padre Antonio Marrazzo, ya seleccionó, entre las indicaciones de gracias recibidas, un caso de curación que resultó ser, según los primeros exámenes, «inexplicable». El presunto milagro tiene que ver con la curación de un feto que se llevó a cabo hace 16 años en California.  Durante el embarazo,los médicos habían encontrado graves problemas en el feto y, por las consecuencias a nivel cerebral que se dan en estos casos, los médicos habían sugerido que la única posible solución era el aborto. La mujer no escuchó el consejo de los médicos y se encomendó a la intercesión de Pablo VI, el Papa que en 1968 escribió la encíclica “Humanae vitae”. El niño nació sin ningún problema, pero, para constatar que no hubiera ninguna consecuencia, los médicos esperaron a que cumpliera los 15 años. Aunque formalmente el “processo  super miro”, la investigación vaticana sobre el milagro, comenzará después de la proclamación de las virtudes heroicas, la documentación recopilada es tal que los tiempos podrían resultar muy breves.

Benedicto XVI ha seguido de cerca el desarrollo de la causa del predecesor que le nombró arzobispo de Mónaco de Baviera y cardenal. Después de haber proclamado beato a Juan Pablo II, el primero de mayo de 2011 (el Papa con el que Ratzinger colaboró durante un cuarto de siglo), ahora Benedicto XVI espera poder hacer lo mismo con Montini. Un Pontífice que, después de haber hecho llegar a buen puerto el Concilio, con el “milagro” de la aprobación prácticamente unánime de sus documentos, habría sido el testigo de la época contestataria post-conciliar, durante la que nunca dejó de subrayar con discursos y encíclicas el Credo de la Iglesia y durante la que defendió con vigor la vía que había indicado el Concilio Vaticano II.

Además de la de Pablo VI, también está siguiendo su curso la causa de beatificación de Juan Pablo I (el “Papa de la sonrisa” que goza de una enorme fama de santidad en todo el mundo), mientras que, como se recordará, la causa de Pío XII concluyó en diciembre de 2009, con la promulgación del decreto sobre las “virtudes heroicas”, pero no ha sido identificado ningún milagro para someterlo al análisis de la Congregación para las Causas de los Santos, que dirige el cardenal Angelo Amato.

LINK DE CONSULTA:

PABLO VI EL SEPULTURERO DE LA TRADICION I.-http://www.tradicioncatolica.net/pablo-vi-el-sepulturero-de-la-tradicion-parte-1/

PABLO VI EL SEPULTURERO DE LA TRADICION  II.-http://www.tradicioncatolica.net/pablo-vi-el-sepulturero-de-la-tradicion-parte-2/

ANEXO 1
Paulo VI Beato

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20 octubre 2012 6 20 /10 /octubre /2012 02:07

Estimados lectores:

 

He aquí un artículo sacado de tradicioncatolica.net sobre el Novus Ordo Missae del P. Joaquín Sáenz y Arriaga. Les deseamos un buen estudio.

 

El Equipo de México y Tradición.

200px-Padre Saenz jovencito

NOTA INTRODUCTORIA: Revisando los libros escritos por el escritor antimodernista Doctor Joaquin Saenz y Arriaga (de origen mexicano) nos encontramos uno titulado “Apóstata” ,La apostasia del jesuita Porfirio Miranda y de la Parra, donde el teólogo de hierro rebate las erradas tesis de ese teólogo de la liberacion que pretendia equiparar las enseñanzas de la Biblia con las enseñanzas de la Iglesia Católica en su libro “Marx y la Biblia”.

El Padre Saenz-conocido tambien como el teológo de hierro- en la parte introductoria de su libro, narra  una  conferencia de prensa celebrada en Roma donde se discutia la llamada Nueva Misa- que recien se habia confeccionado, como se sabe, por Anibale Bugnini y varios ministros protestantes- en la que estaban presentes un numeroso grupo de sacerdotes, teólogos y miembros detacados de la curia Roma y de algunos dicasterios, interviene y da sus argumentos del porque no esta de acuerdo con la Reforma Liturgica y el Novus Ordo Missae.

Este es el extracto de su razonamiento(Pags. 5-10) del libro mencionado:

SantaMissa

Uno de los periodistas italianos, sobrino de Paulo VI, el Doctor Montini, dijo que él veía, en la nueva misa Vernácula, una especie de repetición de Pentecostés, cuando los Apóstoles predicaron el misterio de Cristo a multitudes de diversas lenguas, razas, religiones y nacionalidades, y todos entendieron, como si los Apóstoles hubieran predicado en su propia lengua.

Contestó con mucho acierto, el Abbe Noel Barbará a este pensamiento metafórico del Doctor Montini, diciendo que “para nosotros, el problema de la lengua, con ser tan importante, no era en manera alguna, el más importante. Preferiríamos, dijo, decir la Misa de San Pio V, la del Concilio de Trento, la Misa de siempre, en lengua vernácula, a admitir como católica esa nueva misa, confeccionada por Bungini y por cuatro pastores protestantes, que ha suprimido el Sacrificio, que se puede adaptar a todas las sectas cristianas, no católicas, que es equivoca y que ha degenerado en tantos sacrilegios y en tantas profanaciones. Este es un pentecostés puesto al revés :  aquí se hablan muchas lenguas, pero nadie entiende. La división existe aun en las mismas familias cristianas, entre padres e hijos. En el verdadero Pentecostés, los Apóstoles hablaban una sola lengua, y todos entendían. Como pasaba en la Iglesia Preconciliar, cuando el lenguaje de todos era un solo latín, y, sin embargo, todos entendían”.

Entonces fue cuando me levanté yo, para completar el pensamiento de P.Barbara y demostrar teológicamente que la nueva misa no es una verdadera Misa Católica, como lo demuestra la Tradición indeficiente de la Iglesia Católica.

“Sr. Montini, dije, antes de exponer mi demostración teológica, debo recordarle que EL CONCILIO ECUMENICO DE TRENTO fue un verdadero Concilio de la Iglesia Católica; un Concilio dogmatico, en el que se nos preciso, definitiva y dogmáticamente, la doctrina católica sobre nuestra justificación por Jesucristo, contra las herejías y falsas pretensiones de Lutero y sus secuaces. El Concilio Ecuménico de Trento fue un Concilio DOGMATICO, no “pastoral”. El que niegue sus definiciones o cambie su formulación o su sentido; ha caído ipso facto, en la herejía; está fuera de la Iglesia. Esto equivale a decir que dicho Concilio está en plena vigencia para los que somos y queremos ser verdaderos católicos. Creo que Ud. Estará de acuerdo conmigo, porque, de lo contrario negaría la “INERRANCIA”  de la verdadera y única Iglesia fundada por Jesucristo; usted dejaría de ser católico y pasaría a la categoría  Postconciliar de “hermano separado”. Esto presupuesto, expondré mi argumento:

Mayor del silogismo: Para que una Misa sea válida y licita, se necesita que el celebrante tenga la misma intención, que tuvo Cristo, al instituir el Santo Sacrificio del Altar, la Misa.

Menor del Silogismo: Es así que el sacerdote que celebra la Misa, según el “Novus Ordo”, en lengua vernácula, no solo no tiene, sino que positivamente excluye la intención de Cristo.

Luego: LA NUEVA MISA NO ES VALIDA, NI LICITA.

La premisa mayor del silogismo es evidente, ya que el celebrante debe hacer lo que Cristo hizo, según la misma intención de Cristo, aquellas palabras del Salvador: “HOC FACITE IN MEAM COMMEMORATIONEM”, haced lo mismo que yo hice con la misma intención, en memoria mía.

Pruebo la menor: Cristo, que debía morir, de una manera cruenta, en el Calvario, para obrar la redención de todos los hombres, quiso, en la Ultima Cena, instituir otro sacrificio, verdadero sacrificio, como nos enseña Trento, para aplicarnos los frutos de su redención. Dos son, pues, los Sacrificios de Cristo, uno cruento y otro incruento; uno para redimir a todo el género humano, y el otro para aplicarnos los frutos de su redención. La intención de Cristo en el Calvario fue la redención; la intención de Cristo en la Eucaristía no era la redención, sino la justificación, la salvación de los hombres, por la aplicación de los frutos  de su redención.

La redención fue para todos los hombres, para todo el género humano. No así la aplicación de los frutos redentores , que sólo se nos dan por los medios instituidos por Cristo para este fin. Citemos a Trento:

“Is igitur et Dominus noster, etsi semel se ipsum, ni ara crucis norte intercedente, Deo Patri oblaturus erat, ut aeternam illis (ómnibus hominibus) redemptionem operatur… in coena novissima, qua nocte tradabatur, ut dilectae suaen sponsae Ecclesiae visibile (sicut hominum natura exigit) relinqueret sacrificium, eiusque memoria in finem usque saeculi permaneret, AQUE ILLIUS SALUTARIS VIRTUS IN REMISSIONEM EORUM, QUA A NOBIS COMMITUNDUR, PECCATORUM APPLICARETUR… corpus et sanguinem suum, sub speciebus panis et vini Deo Patri obtulit ae sub earundem rerum Symbolis Apostolis … ut sumerent, tradidit, et eisdem eorumque in sacerdotio succesoribus, ut offerent, praecipit …uti Semper católica Ecclesia intellexit et docuit”…

(Este, pues, nuestro Dios y Señor, aunque una vez tan sólo había de ofrecerse a sí mismo, en el ara de la Cruz, por medio de su muerte, a Dios Padre, para obrar la redención de todo el género humano … en la última cena, en la noche en que iba a ser entregado, para dejar a su esposa muy amada, la Iglesia, un Sacrificio visible, como lo pide la naturaleza de los hombres, que hasta el fin de los tiempos recordase su memoria y para que la virtud saludable de este Sacrificio nos fuese aplicada, para remisión de nuestros pecados, que cometemos…ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre, bajo las apariencias de pan y vino, y bajo las apariencias de estas mismas cosas, ordeno a sus Apóstoles y en ellos a sus sucesores en el Sacerdocio, que ofreciesen este Sacrificio, como siempre lo ha entendido y enseñado la Iglesia Católica).

De estas palabras de Trento se sigue claramente:

1).-Cristo se ofreció, de una manera cruenta y por su muerte, una sola vez en la Cruz.

2.-La intención de Cristo en el Calvario fue obrar la redención de todo el género humano.

3.-En la ultima cena en el día que iba a ser entregado, quiso ofrecer otro sacrificio de su Cuerpo y Sangre, de una manera incruenta, bajo las apariencias de pan y del vino.

4.-Las intenciones de Cristo fueron: dejar un verdadero y visible sacrificio a su Iglesia, que nos recordase siempre su memoria y en el cual se nos aplicasen los frutos de su redención, para remisión de nuestros pecados.

5.-La intención de Cristo, pues, al instituir este sacrificio eucarístico, no fue obrar nuestra redención –esta la había de hacer en la cruz-sino aplicarnos los frutos de su redención, presupuesta la libre correspondencia de nuestra libertad.

Así pues, aunque el Sacrificio de la Cruz y el Sacrificio Eucarístico convergen en que ambos tienen el mismo Sacerdote y la misma victima; sin embargo, difieren en el modo y en el fin, o sea , en la intención de Cristo: en la Cruz hubo sangre y hubo muerte; pero no en el altar, porque Cristo resucitado ya no puede sufrir, ni morir; en la Cruz, Cristo obró  la redención de todo el género humano; ese fue el fin de ese sacrificio, esa la intención de Cristo. En cambio, la intención del Sacrificio del Altar fue darnos el medio para apropiarnos los frutos de esa redención.

Ahora bien, sabemos por la fe católica, que no todos los hombres han de alcanzar los frutos de la redención, que no todos han de salvarse. Al admitir el celebrante la fórmula, en la consagración del vino: “Este es el cáliz de mi Sangre…que será derramada por vosotros y por todos los hombres, el sacerdote esta adulterando, excluyendo la intención de Cristo, al instituir el Sacrificio Eucarístico, la está confundiendo con la intención de Cristo en el Calvario, en donde  sí murió por todos los hombres. Esta adulteración fraudulenta, en las traducciones vernáculas, hace que la nueva misa sea inválida, sea ilícita, no sea un sacrificio.

En algunos cánones antiguos se omitía parte de la formula: “Este es el cáliz de mi sangre, que será derramada por vosotros”. Esta omisión, supuesta la intención del celebrante de hacer lo que hizo Cristo, no hacia inválida la misa. En absoluto, si sólo dijese: “Este es el cáliz de mi sangre, podría haber consagración, porque no se niega ni excluye la intención de Cristo. Pero, en las versiones vernáculas del “Novus Ordo”, positivamente se excluye la intención de Cristo, al decir “POR TODOS LOS HOMBRES, confundiendo el dogma de la redención (POR TODOS) con el dogma de la justificación o salvación (POR MUCHOS). Esta confusión es la doctrina luterana.

Por ultimo: recomiendo que se lea en el Denzinger (magisterio de la Iglesia) la sesion XXII del Tridentino y, para mayor claridad y abundamiento el Catecismo del Concilio de Trento, pag. 206, no. 24.

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17 octubre 2012 3 17 /10 /octubre /2012 04:39

SOBRE LA MASONERÍA Y OTRAS SECTAS

Carta Encíclica
del Papa León XIII
promulgada el 20 de abril de1884


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El humano linaje, después que, por envidia del demonio, se hubo, para su mayor desgracia, separado de Dios, creador y dador de los bienes celestiales, quedó dividido en dos bandos diversos y adversos: uno de ellos combate asiduamente por la verdad y la virtud, y el otro por todo cuanto es contrario a la virtud y a la verdad.

El uno es el reino de Dios en la tierra, es decir, la verdadera Iglesia de Jesucristo, a la cual quien quisiere estar adherido de corazón y según conviene para la salvación, necesita servir a Dios y a su unigénito Hijo con todo su entendimiento y toda su voluntad; el otro es el reino de Satanás, bajo cuyo imperio y potestad se encuentran todos los que, siguiendo los funestos ejemplos de su caudillo y de nuestros primeros padres, rehusan obedecer a la ley divina y eterna, y obran sin cesar o como si Dios no existiera o positivamente contra Dios. Agudamente conoció y describió Agustín estos dos reinos a modo de dos ciudades contrarias en sus leyes y deseos, compendiando con sutil brevedad la causa eficiente de una y otra en estas palabras: Dos amores edificaron dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios edificó la ciudad terrena; el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo, la celestial [1].

2. En el decurso de los siglos, las dos ciudades han luchado, la una contra la otra, con armas tan distintas como los métodos, aunque no siempre con igual ímpetu y ardor. En nuestros días, todos los que favorecen la peor parte parecen conspirar a una y pelear con la mayor vehemencia, bajo la guía y auxilio de la sociedad que llaman de los Masones, por doquier dilatada y firmemente constituida. Sin disimular ya sus intentos, con la mayor audacia se revuelven contra la majestad de Dios, maquinan abiertamente y en público la ruina de la Santa Iglesia, y esto con el propósito de despojar, si pudiesen, enteramente a los pueblos cristianos de los beneficios conquistados por Jesucristo, nuestro Salvador.

Llorando Nos estos males, y movido Nuestro ánimo por la caridad, Nos sentimos impelidos a clamar con frecuencia ante el Señor: He aquí que tus enemigos vocearon; y levantaron la cabeza los que te odian. Contra tu pueblo determinaron malos consejos, discurrieron contra tus santos. Venid, dijeron, y hagámoslos desaparecer de entre las gentes [2].

3. En tan inminente riesgo, en medio de tan atroz y porfiada guerra contra el nombre cristiano, es Nuestro deber indicar el peligro, señalar los adversarios, resistir cuanto podamos a sus malas artes y consejos, para que no perezcan eternamente aquellos cuya salvación Nos está confiada, y no sólo permanezca firme y entero el reino de Jesucristo que Nos hemos obligado a defender, sino que se dilate con nuevos aumentos por todo el orbe.

4. Los Romanos Pontífices Nuestros antecesores, velando solícitos por la salvación del pueblo cristiano, conocieron muy pronto quién era y qué quería este capital enemigo, apenas asomaba entre las tinieblas de su oculta conjuración; y como tocando a batalla les amonestaron con previsión a príncipes y pueblos que no se dejaran coger en las malas artes y asechanzas preparadas para engañarlos.

Dióse el primer aviso del peligro el año 1738 por el papa Clemente XII [3] cuya Constitución confirmó y renovó Benedicto XIV [4]. Pío VII [5] siguió las huellas de ambos, y León XII, incluyendo en la Constitución apostólica Quo graviora [6] lo decretado en esta materia por los anteriores, lo ratificó y confirmó para siempre. Pío VIII [7], Gregorio XVI [8] y Pío IX [9], por cierto repetidas veces, hablaron en el mismo sentido.

5. Y, en efecto, puesta en claro la naturaleza e intento de la secta masónica por indicios manifiestos, por procesos instruidos, por la publicación de sus leyes, ritos y revistas, allegándose a ello muchas veces las declaraciones mismas de los cómplices, esta Sede Apostólica denunció y proclamó abiertamente que la secta masónica, constituida contra todo derecho y conveniencia, era no menos perniciosa al Estado que a la religión cristiana, y amenazando con las más graves penas que la Iglesia puede emplear contra los delincuentes, prohibió terminantemente a todos inscribirse en esta sociedad.

Llenos de ira con esto sus secuaces, juzgando evadir o debilitar a lo menos, parte con el desprecio, parte con las calumnias, la fuerza de aquellas censuras, culparon a los Sumos Pontífices que las decretaron de haberlo hecho injustamente o de haberse excedido en el modo. Así procuraron eludir el peso y autoridad de las Constituciones apostólicas de Clemente XII, Benedicto XIV, Pío VII y Pío IX; aunque no faltaron en aquella misma sociedad quienes confesasen, aun a pesar suyo, que lo hecho por los Romanos Pontífices, conforme a la doctrina y disciplina de la Iglesia, era según derecho. En lo cual varios príncipes y jefes de Gobierno se hallaron muy de acuerdo con los Papas, cuidando, ya de acusar a la sociedad masónica ante la Silla Apostólica, ya de condenarla por sí mismos, promulgando leyes a este propósito, como en Holanda, Austria, Suiza, España, Baviera, Saboya y en algunas otras partes de Italia.

6. Pero lo que sobre todo importa es ver comprobada por los sucesos la previsión de Nuestros Antecesores. En efecto, no siempre ni en todas partes lograron el deseado éxito sus cuidados próvidos y paternales; y esto, o por el fingimiento y astucia de los afiliados a esta iniquidad, o por la inconsiderada ligereza de aquellos, a quienes más interesaba haber vigilado con diligencia en este negocio. Así que en espacio de siglo y medio la secta de los Masones ha logrado unos aumentos mucho mayores de cuanto podía esperarse, e infiltrándose con tanta audacia como dolo en todas las clases sociales ha llegado a tener tanto poder que parece haberse hecho casi dueña de los Estados. De tan rápido y terrible progreso se ha seguido en la Iglesia, en la potestad de los príncipes y en la salud pública la ruina prevista muy de atrás por Nuestros Antecesores; y se ha llegado a punto de temer grandemente para lo venidero, no ciertamente por la Iglesia, cuyo fundamento es bastante firme para que pueda ser socavado por esfuerzo humano, sino por aquellas mismas naciones en que logran influencia grande la secta de que hablamos u otras semejantes que se le agregan como auxiliares y satélites.

7. Por estas causas, apenas subimos al gobierno de la Iglesia, vimos y experimentamos cuánto convenía resistir en lo posible a mal tan grave, interponiendo para ello Nuestra autoridad.

En efecto, aprovechando repetidas veces la ocasión que se presentaba, hemos expuesto algunos de los más importantes puntos de doctrina en que parecía haber influido en gran manera la perversidad de los errores masónicos. Así, en Nuestra carta encíclica Quod apostoli muneris emprendimos demostrar con razones convincentes las enormidades de los socialistas y comunistas; después, en otra, Arcanum, cuidamos de defender y explicar la verdadera y genuina noción de la sociedad doméstica, que tiene su fuente y origen en el matrimonio; además, en la que comienza Diuturnum, propusimos la forma de la potestad política moderada según los principios de sabiduría cristiana, tan maravillosamente acorde con la naturaleza misma de las cosas y la salud de los pueblos y príncipes. Ahora, a ejemplo de Nuestros Predecesores, hemos resuelto ocuparnos expresamente de la misma sociedad masónica, de toda su doctrina, así como de sus planes y manera de pensar y de obrar, a fin de que así llegue a conocerse, con la mayor claridad posible, su maliciosa naturaleza, y pueda evitarse el contagio de peste tan funesta.

8. Hay varias sectas que, si bien diferentes en nombre, ritos, forma y origen, unidas entre sí por cierta comunión de propósitos y afinidad entre sus opiniones capitales, concuerdan de hecho con la secta masónica, especie de centro de donde todas salen y adonde vuelven. Estas, aunque aparenten no querer en manera alguna ocultarse en las tinieblas, y tengan sus juntas a vista de todos, y publiquen sus periódicos, con todo, bien miradas, son un género de sociedades secretas, cuyos usos conservan. Pues muchas cosas hay en ellas a manera de arcanos, las cuales hay mandato de ocultar con muy exquisita diligencia, no sólo a los extraños, sino a muchos de sus mismos adeptos, como son los planes íntimos y verdaderos, así como los jefes supremos de cada logia, las reuniones más reducidas y secretas, sus deliberaciones, por qué vía y con qué medios se han de llevar a cabo. A esto se dirige la múltiple diversidad de derechos, obligaciones y cargos que hay entre los socios, la distinción establecida de órdenes y grados y la severidad de la disciplina por que se rigen. Tienen que prometer los iniciados, y aun de ordinarios se obligan a jurar solemnemente, no descubrir nunca ni de modo alguno sus compañeros, sus signos, sus doctrinas. Con estas mentidas apariencias y arte constante de fingimiento, procuran los Masones con todo empeño, como en otro tiempo los maniqueos, ocultarse y no tener otros testigos que los suyos. Celebran reuniones muy ocultas, simulando sociedades eruditas de literatos y sabios, hablan continuamente de su entusiasmo por la civilización, y de su amor hacia los más humildes: dicen que su único deseo es mejorar la condición de los pueblos y comunicar a cuantos más puedan las ventajas de la sociedad civil. Aunque fueran verdaderos tales propósitos, no todo está en ellos. Además, deben los afiliados dar palabra y seguridad de ciega y absoluta obediencia a sus jefes y maestros, estar preparados a obedecerles a la menor señal e indicación; y de no hacerlo así, a no rehusar los más duros castigos ni la misma muerte. Y, en efecto, cuando se ha juzgado que algunos han traicionado al secreto o han desobedecido las órdenes, no es raro darles muerte con tal audacia y destreza, que el asesino burla muy a menudo las pesquisas de la policía y el castigo de la justicia.

Ahora bien: esto de fingir y querer esconderse, de sujetar a los hombres como a esclavos con fortísimo lazo y sin causa bastante conocida, de valerse para toda maldad de hombres sujetos al capricho de otro, de armar a los asesinos procurándoles la impunidad de sus crímenes, es una monstruosidad que la misma naturaleza rechaza; y, por lo tanto, la razón y la misma verdad evidentemente demuestran que la sociedad de que hablamos pugna con la justicia y la probidad naturales.

9. Singularmente, cuando hay otros argumentos, por cierto clarísimos, que ponen de manifiesto esta falta de probidad natural. Porque, por grande astucia que tengan los hombres para ocultarse, por grande que sea su costumbre de mentir, es imposible que no aparezca de algún modo en los efectos la naturaleza de la causa. No puede el árbol bueno dar malos frutos, ni el árbol malo dar buenos frutos [10]. Y los frutos de la secta masónica son, además de dañosos, muy amargos. Porque de los certísimos indicios antes mencionados resulta claro el último y principal de sus intentos, a saber: destruir hasta los fundamentos todo el orden religioso y civil establecido por el cristianismo, y levantar a su manera otro nuevo con fundamentos y leyes sacadas de las entrañas del naturalismo.

10. Cuanto hemos dicho y diremos, debe entenderse de la secta masónica en sí misma y en cuanto abraza otras con ella unidas y confederadas, pero no de cada uno de sus secuaces. Puede haberlos, en efecto, y no pocos, que, si bien no dejan de tener culpa por haberse comprometido con semejantes sociedades, con todo no participan por sí mismos en sus crímenes e ignoran sus últimas intenciones. Del mismo modo, aun entre las otras asociaciones unidas con la masonería, algunas tal vez no aprobarán ciertas conclusiones extremas que sería lógico abrazar como dimanadas de principios comunes, si no causara horror su misma torpe fealdad. Algunas también, por circunstancias de tiempo y lugar, no se atreven a hacer tanto como ellas mismas quisieran y suelen hacer las otras; pero no por eso se han de tener por ajenas a la confederación masónica, pues ésta no tanto ha de juzgarse por sus hechos y las cosas que lleva a cabo, cuanto por el conjunto de los principios que profesa.

11. Ahora bien: es principio capital de los que siguen el naturalismo, como lo declara su mismo nombre, que la naturaleza y razón humana ha de ser en todo maestra y soberana absoluta; y, sentado esto, descuidan los deberes para con Dios o tienen de ellos conceptos vagos y erróneos. Niegan, en efecto, toda divina revelación; no admiten dogma religioso ni verdad alguna que la razón humana no pueda comprender, ni maestro a quien precisamente deba creerse por la autoridad de su oficio. Y como, en verdad, es oficio propio de la Iglesia católica, y que a ella sola pertenece, el guardar enteramente y defender en su incorrupta pureza el depósito de las doctrinas reveladas por Dios, la autoridad del magisterio y los demás medios sobrenaturales para la salvación, de aquí el haberse vuelto contra ella toda la saña y el ahínco todo de estos enemigos.

12. Véase ahora el proceder de la secta masónica en lo tocante a la religión, singularmente donde tiene mayor libertad para obrar, y júzguese si es o no verdad que todo su empeño está en llevar a cabo las teorías de los naturalistas. Mucho tiempo ha que trabaja tenazmente para anular en la sociedad toda influencia del magisterio y autoridad de la Iglesia; por esto proclaman y defienden doquier el principio de que "Iglesia y Estado deben estar por completo separados" y así excluyen de las leyes y administración del Estado el muy saludable influjo de la religión católica, de donde se sigue que los Estados se han de constituir haciendo caso omiso de las enseñanzas y preceptos de la Iglesia.

Ni les basta con prescindir de tan buena guía como la Iglesia, sino que la agravan con persecuciones y ofensas. Se llega, en efecto, a combatir impunemente de palabra, por escrito y en la enseñanza, los mismos fundamentos de la religión católica; se pisotean los derechos de la Iglesia; no se respetan las prerrogativas con que Dios la dotó; se reduce casi a nada su libertad de acción, y esto con leyes en apariencia no muy violentas, pero en realidad expresamente hechas y acomodadas para atarle las manos. Vemos, además, al Clero oprimido con leyes excepcionales y graves, para que cada día vaya disminuyendo en número y le falten las cosas más necesarias; los restos de los bienes de la Iglesia, sujetos a todo género de trabas y gravámenes y enteramente puestos al arbitrio y juicio del Estado; las Ordenes religiosas, suprimidas y dispersas.

13. Pero donde, sobre todo, se extrema la rabia de los enemigos es contra la Sede Apostólica y el Romano Pontífice. Quitósele primero con fingidos pretextos el reino temporal, baluarte de su independencia y de sus derechos; en seguida se le redujo a situación inicua, a la par que intolerable, por las dificultades que de todas partes se le oponen; hasta que, por fin, se ha llegado a punto de que los fautores de las sectas proclamen abiertamente lo que en oculto maquinaron largo tiempo, a saber, que se ha de suprimir la sagrada potestad del Pontífice y destruir por entero el Pontificado, instituido por derecho divino. Aunque faltaran otros testimonios, consta suficientemente lo dicho por el de los sectarios, muchos de los cuales, tanto en otras diversas ocasiones como últimamente, han declarado que el propósito de los Masones es perseguir cuanto puedan a los católicos con una enemistad implacable, y no descansar hasta lograr que sea destruido todo cuanto los Sumos Pontífices han establecido en materia de religión o por causa de ella.

Y si no se obliga a los adeptos a abjurar expresamente la fe católica, tan lejos está esto de oponerse a los intentos masónicos, que antes bien sirve a ellos. Primero, porque éste es el camino de engañar fácilmente a los sencillos e incautos y de atraer a muchos más; y después, porque, abriendo los brazos a cualesquiera y de cualquier religión, consiguen persuadir de hecho el grande error de estos tiempos, a saber, el indiferentismo religioso y la igualdad de todos los cultos; conducta muy a propósito para arruinar toda religión, singularmente la católica, a la que, por ser la única verdadera, no sin suma injuria se la iguala con las demás.

14. Pero más lejos van los naturalistas, porque, lanzados audazmente por las sendas del error en las cosas de mayor momento, caen despeñados en lo profundo, sea por la flaqueza humana, sea por un justo juicio de Dios, que castiga su soberbia. Así es que en ellos pierden su certeza y fijeza aun las verdades que se conocen por luz natural de la razón, como son la existencia de Dios, la espiritualidad e inmortalidad del alma humana.

Y la secta de los Masones da en estos mismos escollos del error con no menos precipitado curso. Porque, si bien confiesan, en general, que Dios existe, ellos mismos testifican no estar impresa esta verdad en la mente de cada uno con firme asentimiento y estable juicio. Ni disimulan tampoco ser entre ellos esta cuestión de Dios causa y fuente abundantísima de discordia; y aun es notorio que últimamente hubo entre ellos, por esta misma cuestión, no leve contienda. De hecho la secta concede a los suyos libertad absoluta de defender que Dios existe o que no existe; y con la misma facilidad se recibe a los que resueltamente defienden la negativa, como a los que opinan que existe Dios, pero sienten de El perversamente, como suelen los panteístas; lo cual no es otra cosa que acabar con la verdadera noción de la naturaleza divina, conservando de ella no se sabe qué absurdas apariencias. Destruido o debilitado este principal fundamento, síguese que han de quedar vacilantes otras verdades conocidas por la luz natural: por ejemplo, que todo existe por la libre voluntad de Dios creador; que su providencia rige el mundo; que las almas no mueren; que a esta vida ha de suceder otra sempiterna.

15. Destruidos estos principios, que son como la base del orden natural, importantísimo para la conducta racional y práctica de la vida, fácilmente aparece cuáles han de ser las costumbres públicas y privadas. Nada decimos de las virtudes sobrenaturales, que nadie puede alcanzar ni ejercitar sin especial gracia y don de Dios, de las cuales por fuerza no ha de quedar vestigio en los que desprecian por desconocidas la redención del género humano, la gracia divina, los sacramentos, la felicidad que se ha de alcanzar en el cielo.

Hablamos de las obligaciones que se deducen de la probidad natural. Un Dios creador del mundo y su próvido gobernador; una ley eterna que manda conservar el orden natural y veda el perturbarlo; un fin último del hombre y mucho más excelso que todas las cosas humanas y más allá de esta morada terrestre; éstos son los principios y fuente de toda honestidad y justicia; y, suprimidos éstos, como suelen hacerlo naturalistas y masones, falta inmediatamente todo fundamento y defensa a la ciencia de lo justo y de lo injusto. Y, en efecto, la única educación que a los Masones agrada, y con la que, según ellos, se ha de educar a la juventud, es la que llama laica, independiente, libre; es decir, que excluya toda idea religiosa. Pero cuán escasa sea ésta, cuán falta de firmeza y a merced del soplo de las pasiones, bien lo manifiestan los dolorosos frutos que ya se ven en parte; en dondequiera que esta educación ha comenzado a reinar más libremente, una vez suprimida la educación cristiana, prontamente se han visto desaparecer las buenas y sanas costumbres, tomar cuerpo las opiniones más monstruosas y subir de todo punto la audacia en los crímenes. Públicamente se lamenta y deplora todo esto, y aun lo reconocen, aunque no querrían, no pocos que se ven forzados a ello por la evidencia de la verdad.

16. Además, como la naturaleza humana quedó inficionada con la mancha del primer pecado, y por lo tanto más propensa al vicio que a la virtud, requiérese absolutamente para obrar bien sujetar los movimientos obcecados del ánimo y hacer que los apetitos obedezcan a la razón. Y para que en este combate conserve siempre su señorío la razón vencedora, se necesita muy a menudo despreciar todas las cosas humanas y pasar grandísimas molestias y trabajos. Pero los naturalistas y masones, que ninguna fe dan a las verdades reveladas por Dios, niegan que pecara nuestro primer padre, y estiman, por tanto, al libre albedrío en nada amenguado en sus fuerzas ni inclinado al mal [11]. Antes, por lo contrario, exagerando las fuerzas y excelencia de la naturaleza, y poniendo en ésta únicamente el principio y norma de la justicia, ni aun pensar pueden que para calmar sus ímpetus y regir sus apetitos se necesite una asidua pelea y constancia suma. De aquí vemos ofrecerse públicamente tantos estímulos a los apetitos del hombre: periódicos y revistas, sin moderación ni vergüenza alguna; obras dramáticas, licenciosas en alto grado; asuntos para las artes, sacados con proterva de los principios de ese que llaman realismo; ingeniosos inventos para una vida muelle y muy regalada; rebuscados, en suma, toda suerte de halagos sensuales, a los cuales cierre los ojos la virtud adormecida. En lo cual obran perversamente, pero son en ello muy consecuentes consigo mismos, quienes quitan toda esperanza de los bienes celestiales, y ponen vilmente en cosas perecederas toda la felicidad, como si la fijaran en la tierra. Lo referido puede confirmar una cosa más extraña de decirse que de creerse. Porque, como apenas hay tan rendidos servidores de esos hombres sagaces y astutos como los que tienen el ánimo enervado y quebrantado por la tiranía de las pasiones, hubo en la secta masónica quien dijo públicamente y propuso que ha de procurarse con persuasión y maña que la multitud se sacie con la innumerable licencia de los vicios, en la seguridad que así la tendrán sujeta a su arbitrio para poder atreverse a todo en lo futuro.

17. Por lo que toca a la vida doméstica, he aquí casi toda la doctrina de los naturalistas. El matrimonio es un mero contrato: puede justamente rescindirse a voluntad de los contratantes; la autoridad civil tiene poder sobre el vínculo matrimonial. En el educar los hijos nada hay que enseñarles como cierto y determinado en punto de religión; al llegar a la adolescencia, corre a cuenta de cada cual escoger lo que guste. Esto mismo piensan los Masones; no solamente lo piensan, sino que se empeñan, hace ya mucho, en reducirlo a costumbre y práctica. En muchos Estados, aun en los llamados católicos, está establecido que fuera del matrimonio civil no hay unión legítima; en otros, la ley permite el divorcio; en otros se trabaja para que cuanto antes sea permitido. Así, apresuradamente se corre a cambiar la naturaleza del matrimonio en unión inestable y pasajera, que la pasión haga o deshaga a su antojo.

También tiene puesta la mira, con suma conspiración de voluntades, la secta de los Masones en arrebatar para sí la educación de los jóvenes. Ven cuán fácilmente pueden amoldar a su capricho esta edad tierna y flexible y torcerla hacia donde quieran, y nada más oportuno para lograr que se forme así para la sociedad una generación de ciudadanos tal cual ellos se la forjan. Por tanto, en punto de educación y enseñanza de los niños, nada dejan al magisterio y vigilancia de los ministros de la Iglesia, habiendo llegado ya a conseguir que en varios lugares toda la educación de los jóvenes esté en manos de laicos, de suerte que, al formar sus corazones, nada se les diga de los grandes y santísimos deberes que ligan al hombre con Dios.

18. Vienen en seguida los principios de la ciencia política. En este género dogmatizan los naturalistas que los hombres todos tienen iguales derechos y son de igual condición en todo; que todos son libres por naturaleza; que ninguno tiene derecho para mandar a otro, y el pretender que los hombres obedezcan a cualquier autoridad que no venga de ellos mismos es propiamente hacerles violencia. Todo está, pues, en manos del pueblo libre; la autoridad existe por mandato o concesión del pueblo; tanto que, mudada la voluntad popular, es lícito destronar a los príncipes aun por la fuerza. La fuente de todos los derechos y obligaciones civiles está o en la multitud o en el Gobierno de la nación, organizado, por supuesto, según los nuevos principios. Conviene, además, que el Estado sea ateo; no hay razón para anteponer una a otra entre las varias religiones, pues todas deben ser igualmente consideradas.

19. Y que todo esto agrade a los Masones del mismo modo, y quieran ellos constituir las naciones según este modelo, es cosa tan conocida que no necesita demostrarse. Con todas sus fuerzas e intereses lo están maquinando así hace mucho tiempo, y con esto dejan expedito el camino a no pocos más audaces que se inclinan a peores opiniones, pues proyectan la igualdad y comunidad de toda la riqueza, borrando así del Estado toda diferencia de clases y fortunas.

20. De lo que sumariamente hemos referido aparece bastante claro que sea y por dónde va la secta de los Masones. Sus principales dogmas discrepan tanto y tan claramente de la razón, que nada puede ser más perverso. Querer acabar con la religión y la Iglesia, fundada y conservada perennemente por el mismo Dios, y resucitar después de dieciocho siglos las costumbres y doctrinas gentílicas, es necedad insigne y muy audaz impiedad. Ni es menos horrible o más llevadero el rechazar los beneficios que con tanta bondad alcanzó Jesucristo, no sólo a cada hombre en particular, sino también en cuanto viven unidos en la familia o en la sociedad civil, beneficios señaladísimos hasta según el juicio y testimonio de los mismos enemigos. En tan feroz e insensato propósito parece reconocerse el mismo implacable odio o sed de venganza en que arde Satanás contra Jesucristo.

Así como el otro vehemente empeño de los Masones, el de destruir los principales fundamentos de lo justo y lo honesto, y animar así a los que, a imitación del animal, quisiera fuera lícito cuanto agrada, no es otra cosa que empujar el género humano ignominiosa y vergonzosamente a su extrema ruina.

21. Aumentan el mal los peligros que amenazan a la sociedad doméstica y civil. Porque, como otras veces lo hemos expuesto, hay en el matrimonio, según el común y casi universal sentir de todos los pueblos y siglos, algo de sagrado y religioso: veda, además, la ley divina que pueda disolverse. Pero si esto se permitiera, si el matrimonio se hace profano, necesariamente ha de seguirse en la familia la discordia y la confusión, cayendo de su dignidad la mujer y quedando incierta la prole tanto sobre sus bienes como sobre su propia vida.

22. Pues el no cuidar oficialmente para nada de la religión, y en la administración y ordenación de la cosa pública no tener cuenta ninguna de Dios, como si no existiese, es atrevimiento inaudito aun entre los mismos gentiles, en cuyo corazón y en cuyo entendimiento tan grabada estuvo no sólo la creencia en los dioses, sino la necesidad de un culto público, que reputaban más fácil encontrar una ciudad sin suelo que sin Dios.

De hecho la sociedad humana a que nos sentimos naturalmente inclinados fue constituida por Dios, autor de la naturaleza; y de El emana, como de principio y fuente, la naturaleza y perenne abundancia de los bienes innumerables en que la sociedad abunda. Así, pues, como la misma naturaleza enseña a cada uno en particular a dar piadosa y santamente culto a Dios por tener de El la vida y los bienes que la acompañan, así, y por idéntica causa, incumbe este mismo deber a pueblos y Estados. Y los que quisieran a la sociedad civil libre de todo deber religioso, claro está que obran no sólo injusta, sino ignorante y absurdamente.

Si, pues, los hombres por voluntad de Dios nacen ordenados a la sociedad civil, y a ésta es tan indispensable el vínculo de la autoridad que, quitando éste, por necesidad se disuelve aquélla, síguese que el mismo que creó la sociedad creó la autoridad. De aquí se ve que quien está revestido de ella, sea quien fuere, es ministro de Dios, y, por tanto, según lo piden el fin y la naturaleza de la sociedad humana, es tan puesto en razón el obedecer a la potestad legítima cuando manda lo justo, como obedecer a la autoridad de Dios, que todo lo gobierna; y nada tan falso como el pretender que corresponda por completo a la masa del pueblo el negar la obediencia cuando le agrade. Todos los hombres son, ciertamente, iguales: nadie duda de ello, si se consideran bien la comunidad igual de origen y naturaleza, el fin último cuya consecuencia se ha señalado a cada uno, y finalmente los derechos y deberes que de ellos nacen necesariamente.

23. Mas como no pueden ser iguales las capacidades de los hombres, y distan mucho uno de otro por razón de las fuerzas corporales o del espíritu, y son tantas las diferencias de costumbres, voluntades y temperamentos, nada más repugnante a la razón que el pretender abarcarlo y confundirlo todo y llevar a las leyes de la vida civil tan rigurosa igualdad. Así como la perfecta constitución del cuerpo humano resulta de la juntura y composición de miembros diversos, que, diferentes en forma y funciones, atados y puestos en sus propios lugares, constituyen un organismo hermoso a la vista, vigoroso y apto para bien funcionar, así en la humana sociedad son casi infinitas las diferencias de los individuos que la forman; y si todos fueran iguales y cada uno se rigiera a su arbitrio, nada habría más deforme que semejante sociedad; mientras que si todos, en distinto grado de dignidad, oficios y aptitudes, armoniosamente conspiran al bien común, retratarán la imagen de una ciudad bien constituida y según pide la naturaleza.

24. Además, de los turbulentos errores, que ya llevamos enumerados, han de temerse los mayores peligros para los Estados. Porque, quitado el temor de Dios y el respeto a las leyes divinas, menospreciada la autoridad de los príncipes, consentida y legitimada la manía de las revoluciones, sueltas con la mayor licencia las pasiones populares, sin otro freno que el castigo, ha de seguirse necesariamente el trastorno y la ruina de todas las cosas. Y aun precisamente esta ruina y trastorno, es lo que a conciencia maquinan y expresamente proclaman unidas las masas de comunistas y socialistas, a cuyos designios no podrá decirse ajena la secta de los Masones, pues favorece en gran manera sus planes y conviene con ellas en los principales dogmas. Y si de hecho no llegan inmediatamente y en todas partes a las últimas consecuencias, no se atribuya a sus doctrinas ni a su voluntad, sino a la eficacia de la religión divina, que no puede extinguirse, y a la parte más sana de los hombres, que, rechazando la servidumbre de las sociedades secretas, resisten con valor a sus locos conatos.

25. ¡Ojalá juzgasen todos del árbol por sus frutos y conocieran la semilla y principio de los males que nos oprimen y los peligros que nos amenazan! Tenemos que habérnoslas con un enemigo astuto y doloso que, halagando los oídos de pueblos y príncipes, ha cautivado a unos y otros con blandura de palabras y adulaciones.

Al insinuarse entre los príncipes fingiendo amistad, pusieron la mira los Masones en lograrlos como socios y colaboradores poderosos para oprimir a la religión católica; y para estimularles más con insistente calumnia acusaron a la Iglesia de que, envidiosa, disputaba a los príncipes su potestad y prerrogativas reales. Lograda por tales artes la audacia y la seguridad, comenzaron a intervenir con gran influencia en el régimen de las naciones, estando dispuestos -por lo demás- a sacudir los fundamentos de los imperios y a perseguir, calumniar y destronar a los príncipes, siempre que ellos no se mostrasen inclinados a gobernar a gusto de la secta.

No de otro modo engañaron, adulándolos, a los pueblos. Voceando libertad y prosperidad pública, haciendo ver que por culpa de la Iglesia y de los monarcas, no había salido ya la multitud de su inicua servidumbre y de su miseria, engañaron al pueblo, y, despertada en él la sed de novedades, le incitaron a combatir contra ambas potestades. Pero ventajas tan esperadas están más en el deseo que en la realidad, y antes bien, más oprimida la plebe, se ve forzada a carecer en gran parte de las mismas cosas en que esperaba el consuelo de su miseria, las cuales hubiera podido hallar con facilidad y abundancia en la sociedad cristianamente constituida. Y éste es el castigo de su soberbia, que suelen encontrar cuantos se vuelven contra el orden de la Providencia divina: que tropiezan con una suerte desoladora y mísera allí mismo donde, temerarios, la esperaban próspera y abundante según sus deseos.

26. La Iglesia, en cambio, como que manda obedecer primero y sobre todo a Dios, Soberano Señor de todas las cosas, no podría, sin injuria y falsedad, ser tenida por enemiga de la potestad civil, usurpadora de algún derecho de los príncipes; antes bien, quiere se de al poder civil, por dictamen y obligación de conciencia, cuanto de derecho se le debe; y el hacer dimanar de Dios mismo, conforme hace la Iglesia, el derecho de mandar, da gran incremento a la dignidad del poder civil y no leve apoyo para captarse el respeto y benevolencia de los ciudadanos. Amiga de la paz, la misma Iglesia fomenta la concordia, abraza a todos con maternal cariño y, ocupada únicamente en ayudar a los hombres, enseña que conviene unir la justicia con la clemencia, el mando con la equidad, las leyes con la moderación; que no ha de violarse el derecho de nadie; que se ha de servir al orden y tranquilidad pública y aliviar cuanto se pueda pública y privadamente la necesidad de los menesterosos. Pero por esto piensan, para servirnos de las palabras mismas de San Agustín[12], o quieren que se piense no ser la doctrina de Cristo provechosa para la sociedad, porque no quieren que el Estado se asiente sobre la solidez de las virtudes, sino sobre la impunidad de los vicios. Conocido bien todo esto, sería insigne prueba de sensatez política y empresa conforme a lo que exige la salud pública que príncipes y pueblos se unieran, no con los Masones para destruir la Iglesia, sino con la Iglesia para quebrantar los ímpetus de los Masones.

27. Sea como quiera, ante un mal tan grave y ya tan extendido, lo que a Nos toca, Venerables Hermanos, es aplicarnos con toda el alma a la busca de remedios.

Y porque sabemos que la mejor y más firme esperanza de remedio está puesta en la virtud de la religión divina, tanto más odiada por los Masones cuanto más temida, juzgamos ser lo principal el servirnos contra el común enemigo de esta virtud tan saludable. Así que todo lo que decretaron los Romanos Pontífices, Nuestros Antecesores, para impedir las tentativas y los esfuerzos de la secta masónica, y todo cuanto sancionaron para alejar a los hombres de semejantes sociedades o sacarlos de ellas, todas y cada una de estas cosas las damos por ratificadas y las confirmamos con Nuestra autoridad apostólica. Y confiadísimos en la buena voluntad de los cristianos, rogamos y suplicamos a cada uno en particular por su eterna salvación que estimen deber sagrado de conciencia el no apartarse un punto de lo que en esto tiene ordenado la Silla Apostólica.

28. Y a vosotros, Venerables Hermanos, os pedimos y rogamos con la mayor instancia que, uniendo vuestros esfuerzos a los Nuestros, procuréis con todo ahínco extirpar esta asquerosa peste que va serpeando por todas las venas de la sociedad. A vosotros toca defender la gloria de Dios y la salvación de los prójimos: ante tales fines en el combate, no ha de faltaros ni el valor ni la fuerza.

29. Vuestra prudencia os dictará el modo mejor de vencer los obstáculos y las dificultades que se alzarán; pero como es propio de la autoridad de nuestro ministerio el indicaros Nos mismo algún plan razonable, pensad que en primer lugar se ha de procurar arrancar a los Masones su máscara, para que sean conocidos tales cuales son, que los pueblos aprendan por vuestros discursos y pastorales, dados con este fin, las malas artes de semejantes sociedades para halagar y atraer, la perversidad de sus opiniones y lo criminal de sus hechos. Que ninguno que estime en lo que debe su profesión de católico y su salvación juzgue serle lícito por ningún título dar su nombre a la secta masónica, como repetidas veces lo prohibieron Nuestros Antecesores. Que a ninguno engañe aquella honestidad fingida; puede, en efecto, parecer a algunos que nada piden los Masones abiertamente contrario a la religión y buenas costumbres; pero como toda la razón de ser y causa de la secta estriba en el vicio y en la maldad, claro es que no es lícito unirse a ellos ni ayudarles en modo alguno.

30. Además, conviene con frecuentes sermones y exhortaciones inducir a las muchedumbres a que se instruyan con todo esmero en lo tocante a la religión, y para esto recomendamos mucho que en escritos y sermones oportunos se explanen los principales y santísimos dogmas que encierran toda la filosofía cristiana. Con lo cual se llega a sanar los entendimientos por medio de la instrucción y a fortalecerlos así contra las múltiples formas del error como contra los varios modos con que se presentan atractivos los vicios en esa tan grande libertad de publicaciones y curiosidad tan grande de saber.

Grande obra, sin duda; pero en ella será vuestro primer auxiliar y colaborador de vuestros trabajos el Clero, si con vuestro esfuerzo lográis que salga bien pertrechado en virtudes y en ciencia. Mas empresa tan sana e importante reclama también en su auxilio el celo activo de los seglares, que juntan en uno el amor de la religión y de la Patria con la probidad y el saber. Aunadas las fuerzas de una y otra clase, trabajad, Venerables Hermanos, para que todos los hombres conozcan bien y amen a la Iglesia; porque cuanto mayor fuere este conocimiento y este amor, tanto mayor será así la repugnancia con que se mire a las sociedades secretas como el empeño en rehuirlas.

31. Y aprovechando esta oportunidad, renovamos ahora justamente Nuestro deseo, ya repetido, de que se propague y se fomente con toda diligencia la Orden Tercera de San Francisco, cuyas reglas con lenidad prudente hemos suavizado hace muy poco tiempo. El único fin que le dio su autor es el de traer los hombres a la imitación de Jesucristo, al amor de su Iglesia, al ejercicio de toda virtud cristiana; mucho ha de valer, por tanto, para extinguir el contagio de estas perversísimas sociedades. Y así, que cada día aumente más esta santa Congregación; pues, además de otros muchos frutos, puede esperarse de ella el insigne de que vuelvan los corazones a la libertad, fraternidad e igualdad, no como absurdamente las conciben los masones, sino como las alcanzó Jesucristo para el humano linaje y las siguió San Francisco: esto es, la libertad de los hijos de Dios, por la cual nos veamos libres de la servidumbre de Satanás y de las pasiones, nuestros perversísimos tiranos; la fraternidad que dimana de ser Dios nuestros Creador y Padre común de todos; la igualdad que, teniendo por fundamento la caridad y la justicia, no borra toda diferencia entre los hombres, sino que con la variedad de condiciones, deberes e inclinaciones forma aquel admirable y armonioso concierto que aun la misma naturaleza pide para el bien y la dignidad de la vida civil.

32. Viene, en tercer lugar, una institución sabiamente establecida por nuestros mayores e interrumpida por el transcurso del tiempo, que puede valer ahora como ejemplar y forma para lograr instituciones semejantes.

Hablamos de los gremios y cofradías de trabajadores con que éstos, al amparo de la religión, defendían juntamente sus intereses y, a la par, las buenas costumbres.

Y si con el uso y experiencia de largo tiempo vieron nuestros mayores la utilidad de estas asociaciones, tal vez la experimentaremos mejor nosotros por ser especialmente aptas para invalidar el poder de las sectas. Los que conllevan la pobreza con el trabajo de sus manos, fuera de ser dignísimos, en primer término, de caridad y consuelo, están más expuestos a las seducciones de los malvados, que todo lo invaden con fraudes y engaños. Débeseles, por ello, ayudar con la mayor benignidad posible y atraer a sociedades honestas, no sea que los arrastren a las infames. En consecuencia, para salud del pueblo, tenemos vehementes deseos de ver restablecidas en todas partes, según piden los tiempos, estas corporaciones bajo los auspicios y patrocinio de los Obispos. Y no es pequeño Nuestro gozo al verlas ya establecidas en diversos lugares en que también se han fundado sociedades protectoras, siendo propósito de unas y otras ayudar a la clase honrada de los proletarios, socorrer y custodiar sus hijos y sus familias, fomentando en ellas, con la integridad de las buenas costumbres, el amor a la piedad y el conocimiento de la religión.

33. Y en este punto no dejaremos de mencionar la Sociedad llamada de San Vicente de Paúl, tan benemérita de las clases pobres y tan insigne públicamente en su ejemplaridad. Bien conocidas son su actuación y sus aspiraciones; se emplea en adelantarse espontáneamente al auxilio de los menesterosos y de los que sufren, y esto con admirable sagacidad y modestia; pues, cuanto menos quiere mostrarse, tanto es mejor para ejercer la caridad cristiana y más oportuna para consuelo de las miserias.

34. En cuarto lugar, y para obtener más fácilmente lo que intentamos, con el mayor encarecimiento encomendamos a vuestro celo y a vuestros desvelos la juventud, esperanza de la sociedad.

Poned en su educación vuestro principal cuidado, y nunca, por más que hiciereis, creáis haber hecho bastante en el preservar a la adolescencia de aquellas escuelas y aquellos maestros, en los que pueda temerse el aliento pestilente de las sectas. Exhortad a los padres, a los directores espirituales, a los párrocos para que insistan, al enseñar la doctrina cristiana, en avisar oportunamente a sus hijos y alumnos sobre la perversidad de estas sociedades, y a que aprendan desde luego a precaverse de las fraudulentas y varias artes que sus propagadores suelen emplear para enredar a los hombres. Y aun no harían mal, los que preparan a los niños para recibir bien la primera Comunión, en persuadirles que se propongan y se comprometan a no ligarse nunca con sociedad alguna sin decirlo antes a sus padres o sin consultarlo con su confesor o con su párroco.

35. Bien conocemos que todos nuestros comunes trabajos no bastarán a arrancar estas perniciosas semillas del campo del Señor si desde el cielo el dueño de la viña no favorece benigno nuestros esfuerzos.

Necesario es, por lo tanto, implorar con vehemente anhelo e instancia su poderoso auxilio, como y cuanto lo piden la extrema necesidad de las circunstancias y la grandeza del peligro. Levántase insolente y orgullosa por sus triunfos la secta de los Masones, ni parece poner ya límites a su pertinacia. Préstanse mutuo auxilio sus sectarios, todos unidos en nefando contubernio y por comunes ocultos designios, y unos a otros se animan para todo malvado atrevimiento. Tan fiero asalto pide igual defensa, es a saber, que todos los buenos se unan en amplísima coalición de obras y oraciones. Les pedimos, pues, por un lado que, estrechando las filas, firmes y a una, resistan contra los ímpetus cada día más violentos de los sectarios; por otro, que levanten a Dios las manos y le supliquen con grandes gemidos, para alcanzar que florezca con nuevo vigor la religión cristiana; que goce la Iglesia de la necesaria libertad; que vuelvan a la buena senda los descarriados; y que, al fin, abran paso a la verdad los errores y los vicios a la virtud.

36. Como intercesora y abogada tengamos a la Virgen María Madre de Dios, para que, pues ya en su misma Concepción purísima venció a Satanás, sea Ella quien se muestre poderosa contra las nefandas sectas, en las que claramente se ve revivir la soberbia contumaz del demonio junto con una indómita perfidia y simulación. Acudamos también al príncipe de los Angeles buenos, San Miguel, el debelador de los enemigos infernales; y a San José, esposo de la Virgen santísima, así como a San Pedro y San Pablo, Apóstoles grandes, sembradores e invictos defensores de la fe cristiana, en cuyo patrocinio confiamos, así como en la perseverante oración de todos, para que el Señor acuda oportuno y benigno en auxilio del género humano que se encuentra lanzado a peligros tantos. Sea prueba de los dones celestiales y de Nuestra benevolencia la Bendición Apostólica, que de todo corazón os damos en el Señor, a vosotros, Venerables Hermanos, al Clero y a todo el pueblo confiado a vuestra vigilancia.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 20 de abril de 1884, año séptimo de Nuestro Pontificado.

[1] De civ. Dei. 14, 17.

[2] Ps. 82, 2-4.
[3] Const. In eminenti 24 april. 1738.
[4] Const. Providas 18 mai. 1751.
[5] Const. Ecclesiam a Iesu Christo 12 sept. 1821.
[6] Const. 13 mart. 1825.
[7] Enc. Traditi 21 mai. 1829.
[8] Enc. Mirari 15 aug. 1832.
[9] Enc. Qui pluribus 9 nov. 1846. -Aloc. Multiplices inter 25 sept. 1865, etcétera.
[10] Mat. 7, 18.
[11] Conc. Trid. sess. 6 de iustif. c. 1.
[12] Ep. 137 (al. 3) Ad Volusianum c. 5 n. 20.

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Published by Juan Manuel Olivar Robles - en Religión Católica
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16 octubre 2012 2 16 /10 /octubre /2012 00:41

Estimados lectores:

 

he aquí un breve estudio de Mons. Martín Dávila Gándara, Superior de la Sociedad Sacerdotal Trento, sobre la institución del Papado y la posición sedevacantista. Le recomendamos ampliamente.

 

El Equipo de México y Tradición.

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El PAPADO (UN BREVE ESTUDIO)

Antes de comenzar con la exposición con todo lo que se refiere al Papado, vamos a exponer primero, lo referente a la jerarquía y gobierno de la Iglesia.

JERARQUÍA ECLESIÁSTICA

Jesucristo ha llamado a su Iglesia “Reino de Dios”, la constituyó materialmente a semejanza, a una Monarquía temporal.

Jesucristo Nuestro Señor distinguió siempre entre los Apóstoles (que quiere decir legados o enviados) y los Discípulos; y así sólo a los Apóstoles dijo que fuesen a predicar el Evangelio a todas las naciones, y que los enviaba a ellos como su Padre celestial le había a Él enviado. Y entre los Apóstoles distinguió siempre a San Pedro, haciéndolo Cabeza de los Apóstoles, pues que a él solo dijo que confirmase a sus hermanos en la fe, y que apacentase las ovejas y corderos del redil cristiano.

Los miembros de la Iglesia forman, grupos diferentes, subordinados el uno al otro; el grupo de los que enseñan y administran, y el de los enseñados y administrados. (el primer grupo, por su encargo de enseñar, se le llama Iglesia docente, que quiere decir enseñante;el segundo grupo se llama discente o simplemente fiel).

Forman la Iglesia docente el Papa con los Obispos, y, por delegación los presbíteros y ministros sagrados.

Y forman la Iglesia discente o fiel los católicos de todas condiciones que no han recibido órdenes sagradas.

El Papa es el representante de Cristo sobre la tierra, y por lo tanto, la Cabeza visible de la Iglesia (la palabra Papa es griega, y significa Padre, y se daba primitivamente a todos los obispos; así se llama también al Papa, Padre Santo. Por estar en lugar de Cristo, Vicario de Cristo; por ser el Príncipe de los Obispos, Soberano Pontífice, y sucesor de San Pedro, quien murió en Roma).

La Jerarquía esta dividida en Jerarquía de Orden y en Jerarquía de Jurisdicción, esta última consta del Papa, los Obispos, y Párrocos.

El Papa tiene autoridad de Jefe supremo, de Maestro infalible y de Juez inapelable para enseñar y regir la Iglesia.

El Papa como Jefe supremo de la Iglesia, tiene la primacía de honor y de jurisdicción sobre todos los Obispos y fieles de la Iglesia, junto con el poder de disponer todo lo concerniente a la santificación de las almas, sin tener que someterse a ninguna autoridad civil ni eclesiástica.

GOBIERNO Y ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA

Nuestro Señor Jesucristo estableció la Iglesia como una Monarquía absoluta, de la cual Jesucristo es el Rey y cabeza invisible, y siendo el Papa por extensión, el Rey y cabeza visible. la Iglesia jamás puede estar acéfala o sea sin cabeza, esto a pesar, de que acontezca la sede vacante después de la muerte de un Papa hasta que se reúna el Conclave Cardenalicio y elija otro Papa, y en algunas veces, este periodo se llegó a prolongar hasta casi 3 años, del 29 de noviembre de 1268, en que el papa Clemente IV murió, hasta el 1 de Septiembre de 1271, y con ello se dio comienzo a uno de los más largos interregnos — o vacancia del cargo papal — en la historia de la Iglesia católica. Los cardenales en ese momento iban a reunirse en cónclave en la ciudad de Viterbo; pero las maquinaciones de Carlo d’Anglio, Rey de Nápoles, sembraron discordia entre los miembros del Sagrado Colegio, y la posibilidad de una elección vino a ser cada vez más remota.Después de casi tres años, el alcalde de Viterbo encerró a los cardenales en un palacio, no permitiéndoles más de lo necesario para subsistir, hasta que llegaran a una decisión que devolviera a la Iglesia su Cabeza visible. Finalmente, el 1° de septiembre de 1271, se eligió a Gregorio X para la silla de Pedro.

Durante este largo período de vacancia de la Sede Apostólica, también ocurrieron vacancias en varias diócesis alrededor del mundo. A fin de que los sacerdotes y fieles no quedasen sin pastores, se eligieron y consagraron obispos para llenar las sedes vacantes. En este tiempo hubo veintiún elecciones y consagraciones en varios países. Lo más importante de este precedente histórico es que todas estas consagraciones episcopales fueron ratificadas por el papa Gregorio X, y, por consiguiente, afirmó su licitud.

Es importante considerar, que aunque como en estos casos de Sede vacante, no se haya la cabeza visible que es el Papa, la Iglesia jamás queda acéfala, (y no es como piensan algunos que se acaba el mundo, por no haber la cabeza visible) ya que Nuestro Señor Jesucristo, como Rey y cabeza invisible, con la ayuda del Espíritu Santo siempre esta rigiéndola, y siempre pesan las palabras de Nuestro señor, que la fuerzas y poderes del infierno no prevalecerán contra ella.

Algo parecido sucedió en el gran cisma de occidente, pero en este caso hubo Papas verdaderos y papas falsos o antipapas, pero era tal confusión, que los fieles no sabían cuales eran los verdaderos Papas, porque llegó haber hasta tres Papas y cada uno con su colegio cardenalicio que se proclamaban como Papas verdaderos, es como si se viviera en Sede vacante por la confusión, y todo este cisma duró 39 años (1378-1417), y durante ese tiempo, no se acabó el mundo como piensan algunos, se ordenaron y consagraron muchos sacerdotes y obispos válidamente, aunque en algunos casos ilícitamente. Estos casos de Sede vacante, más bien fueron un aviso de Dios, para toda la cristiandad, que en el futuro, no por la muerte de un Papa, sino por la herejía pudiese darse la Sede vacante, ya que no puede haber un Papa hereje, ya que o es Papa o es hereje, no puede ser Papa y hereje a la misma vez, porque se estaría en contra del dogma de la Infalibilidad Pontificia, definido por el Concilio Vaticano I, y la Bula Cum est Apostolatus Officio de Pablo IV.

Volvamos a retomar el tema, decíamos que la Iglesia es monárquica y que Nuestro Señor Jesucristo es el Rey y cabeza invisible de ella y el Papa es la cabeza visible. Los Obispos son como los gobernantes de las provincias; y los Párrocos, los jefes de los pueblos, nombrados por los Obispos para mandar en su nombre.

El Papa gobierna asistido por el Colegio de Cardenales, a quien consulta y distribuye la dirección de la Congregaciones romanas, las cuales atienden a los diversos ramos de administración de la Iglesia. Y se comunica con los Estados o países por medio de los Nuncios Apostólicos, especie de embajadores del Papa, con las facultades que él quiera concederles.

El mundo distribuido en Diócesis, es gobernado por los Obispos que forman grupos, a cuya cabeza se halla el Arzobispo (primero entre los Obispos); y en cada nación, un Primado de honor (en México, es el Arzobispo de la ciudad de México).

Cuando se reúnen los Obispos de una provincia para tomar acuerdos, esta Asamblea episcopal se llama Concilio Provincial; si se reúnen los de una nación con su Primado, se llama la reunión Concilio Nacional, y si se reúnen los de la Iglesia Universal con el Papa o siquiera con aprobación del Papa, se llama Concilio Ecuménico. Los acuerdos de éste, aprobados por el Papa, en fe y costumbres, son infalibles.

En cada Diócesis, el Obispo tiene un Consejo formado por los Canónigos (antiguamente, canónigo era hombre que vivía de regla (canon) y estaba dedicado a la celebración de los oficios divinos en la Catedral) de su Catedral; uno o más Vicarios Generales (Vicario es el que desempeña funciones de otro) para ayudarle en la administración de su Obispado, junto con un Tribunal Eclesiástico; y para ayudarle en el gobierno, uno o más Secretarios de Cámara.

Distribuida cada Diócesis en parroquias, pone el Obispo al frente de cada una de ellas un sacerdote, generalmente con carácter de inamovible, quien puede ser ayudado por vicarios o coadjutores.

Los Párrocos de cada comarca forman un grupo presidido por el Párroco que tiene señalada la dignidad de arcipreste.

En cada parroquia los sacerdotes ocupan cargos particulares o están agrupados formando Comunidades de Beneficiados.

Por fin, para la formación científica y espiritual del Clero tiene la Iglesia institutos de enseñanza llamados Universidades, Colegios o Seminarios.

Ahora si, vamos adentrarnos más, en todo lo referente al Papado, y para ello vamos a extractar y actualizar, algunas partes de un escrito de Mons. Mark A. Pivarunas en Junio de 1997.

Hace casi 2000 años en el antiguo distrito de Cesárea de Filipo, nuestro Divino Salvador escogió a San Pedro como la roca sobre la cual él habría de fundar Su Iglesia. Prometió a San Pedro y, en su persona, a sus sucesores, la potestad suprema sobre la Iglesia universal “para atar y desatar.”

Repasemos las enseñanzas de Jesucristo y del magisterio infalible de la Iglesia católica a fin de entender mejor la naturaleza y prerrogativas del oficio divino del Papa.

En el Evangelio de San Juan, leemos cómo nuestro Divino Salvador escogió a sus doce Apóstoles y a Simón, hijo de Jonás, Cristo le había puesto por nombre Cefas:

“Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)” (Juan 1:42).

¿Por qué le cambió Cristo su nombre? ¿Qué importancia tendría este cambio en el futuro? Las respuestas a estas preguntas se encuentran en el Evangelio de San Mateo, donde leemos:

“Viniendo Jesús a la región de Cesárea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el bautista; otros Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos” (Mateo 16:13-19).

Jesucristo dio a Simón, hijo de Jonás, el nombre de Cefas (roca) pues sobre él construiría Su Iglesia.

Esto es además probado por las palabras de nuestro Señor a San Pedro en ambos el Evangelio de San Lucas y el de San Juan:

“Dijo el Señor también: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo. Pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Lucas 22:31-32).

“Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Apacienta mis corderos… Pastorea mis ovejas… Apacienta mis ovejas” (Juan 21:15-17).

En los santos Evangelios, siempre se nombra primero a San Pedro en las listas de los Apóstoles (Mt. 10:2; Marcos 3:16; Lucas 6:14). En los Hechos de los Apóstoles, es Pedro quien dice que debe reemplazarse al apóstata de Judas (Hechos 1:15; 2:14) y es San Pedro quien primero se dirige a las masas el primer Domingo de Pentecostés.

Cuando investigamos los primeros siglos de la era cristiana, vemos cómo los sucesores de San Pedro en Roma ejercieron el poder de “las llaves del reino de los cielos” “para atar y desatar.”

El Papa San Clemente, escribiendo a los Corintios en el 96 D.C., mientras aún vivía el Apóstol y Evangelista San Juan, advirtió a ciertos perturbadores entre los Corintios que no desobedecieran lo que Cristo les había ordenado a través de él, así reclamando claramente para sí la autoridad de Vicario de Cristo para mandar a toda la Iglesia como sucesor de San Pedro.

En el siglo segundo, el Papa San Víctor I (189-198) ordenó a los obispos de Asia a celebrar la Pascua en el mismo día que la Iglesia de Roma, y los amenazó con la excomunión si rehusaban su obediencia.

En el siglo tercero, el Papa San Calixto (217-222) declaró en contra de los Montanistas que por virtud del Primado que sostenía él como sucesor de San Pedro, tenía el poder para perdonar hasta los pecados más grandes.

El Papa San Esteban I (254-257) ordenó a las Iglesias africanas y asiáticas a no re-bautizar a los herejes, so pena de excomunión.

En el siglo cuarto, el Papa San Julio I (337-352) enseñó que las dificultades que surgieran entre los Obispos habrían de ser decididas por él mismo como Juez Supremo.

El Papa Siricio (384-399) enseñó que la Iglesia Universal había sido encomendada a su cuidado como quien había heredado el Primado de San Pedro.

Las declaraciones de los sucesores de San Pedro en la Sede de Roma a través de los siglos son tan explícitos y numerosos que sería superfluo dar más testimonios. Además de esta lista de sucesores de San Pedro que ejercieron el Primado de Jurisdicción sobre la Iglesia universal, el testimonio de los primeros Padres de la Iglesia y de los Concilios ecuménicos también confirman este punto. De nuevo tenemos recurso al testimonio de la historia.

San Ignacio Mártir (murió en el año 110), escribiendo a los romanos, dijo que la Iglesia de Roma es la cabeza de las demás iglesias.

San Ireneo dijo que sería muy largo enumerar los sucesores de todas las iglesias; pero que mostrando la enseñanza tradicional de la Iglesia de Roma, se refuta a los herejes, pues es necesario que cada iglesia esté de acuerdo con la Iglesia de Roma por razón de su mayor autoridad.

San Cipriano llamó a la Iglesia de Roma la “Iglesia principal y la fuente de la unidad.”

En el Concilio de Éfeso, en el año 431, Felipe, el Legado del papa, hizo la siguiente declaración y a la cual unánimemente consintieron los Padres del Concilio: “Nadie niega, pues en verdad fue conocido en todas las épocas, que el santo y bienaventurado Pedro, Príncipe y Cabeza de los Apóstoles, el pilar de la fe y el fundamento de la Iglesia, recibió de Nuestro Señor, Jesucristo, el Salvador y Redentor de la raza humana, las Llaves del Reino, y a él le fue dado el poder de atar y desatar. él (Pedro) vive y ejercejuicio hasta el día de hoy y para siempre en sus sucesores… Su sucesor y representante en ese oficio, el Papa Celestino, nos ha enviado a este sínodo.”

Los Padres del Concilio de Calcedonia (451), escribiendo al Papa San León, declararon que en el Concilio él presidía por su legado como cabeza sobre sus miembros; ellos le hablan como a padre; como a sucesor de Pedro e intérprete de la Fe; como a quien le había sido confiado el cuidado de toda la Iglesia; y le ruegan que honre y afirme sus decretos mediante su decisión.

El Tercer Concilio de Constantinopla (680) se dirigió al Papa como El Arzobispo de la Iglesia Universal.

El Segundo Concilio de Nicea (787) se dirigió al Papa como a quien cuya Sede es preeminente por razón de que posee el Primado del mundo entero.

Existen muchas otras referencias que pueden citarse; sin embargo, la mejor referencia al Papado, a su Primado de Jurisdicción e Infalibilidad Papal, se encuentra en el Primer Concilio Vaticano que se reunió bajo el Papa Pío IX entre 1869 y 1870.

En este Concilio encontramos un resumen de todas las enseñanzas anteriores de la Iglesia sobre este tema:

“Pues los padres del Cuarto Concilio de Constantinopla, siguiendo con fidelidad los pasos de sus predecesores, hicieron esta solemne profesión: ‘La primer condición de la salvación es mantener la norma de la verdadera Fe. Pues es imposible que las palabras de nuestro Señor Jesucristo, quien dijo, “Tú eres Pedro, y sobre esta roca fundaré mi Iglesia” (Mt. 16:18), no puedan verificarse. Y su verdad ha sido probada por el curso de la historia, pues en la Sede Apostólica la religión Católica se ha mantenido siempre sin mancha, y su enseñanza conservada santa.’”

“Pues ellos entendieron plenamente que esta Sede de San Pedro siempre permanece intacta de cualquier error, de acuerdo a la divina promesa que nuestro Señor y Salvador hizo al príncipe de sus discípulos, ‘He orado por ti, para que tu fe no desfallezca; y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos’ (Lucas 22:32).”

“Ahora este carisma de la Verdad y de la nunca carente Fe fue conferida sobre San Pedro y sus sucesores en esta Sede, a fin de que pudieran cumplir su supremo oficio para la salvación de todos.”

Estas citas del Primer Concilio Vaticano nos recuerdan que el Papa es la única persona esencial en el ejercicio de la Iglesia Católica de la propiedad de su infalibilidad.

Ahora vamos a dejar un poco el escrito por Mons. Pivarunas, para especificar y exponer un poco más sobre la INFALIBILIDAD PONTIFICIA.

Para probar la verdad y racionalidad de esta doctrina, de la Infalibilidad, nos apoyaremos de las palabras mismas de nuestro Salvador, y del tribunal del sentido común.

Primero, vamos a considerar lo que no es la infalibilidad papal. Y muy por el contrario de lo que piensan muchas personas, esta infalibilidad no significa que el Papa esté inspirado. Los Apóstoles y los Evangelistas recibieron este don, y sus escritos son aceptados como palabra inspirada por Dios. Más la Iglesia no afirma que el Papa esté inspirado, o que reciba alguna revelación divina, estrictamente hablando.

Así, el Concilio Vaticano I declara: “Porque el Espíritu Santo no les fue prometido a los sucesores de Pedro, a fin de que ellos propaguen una nueva doctrina revelada, sino que, bajo la asistencia del Divino Espíritu, puedan preservar incólume, y explicar con toda fidelidad la revelación o depósito de la fe, trasmitido por los apóstoles”.

ALGUNOS LA CONFUNDEN CON LA IMPECABILIDAD. En segundo lugar, la infalibilidad no quiere decir que el Papa sea impecable o incapaz de culpabilidad moral. Muchos individuos tienen el hábito de referirse a algún pontífice cuyo carácter no se halla enteramente libre de faltas de esta naturaleza, diciendo: “he ahí un Papa que ha sido culpable de una mala acción. Eso prueba que él no era infalible y, por tanto, ningún Papa es infalible”, pero lo más admirable es que ciertos grupos que se dicen católicos ataquen de esto mismo al mismo San Pedro, primero con la triple negación de S. Pedro a Jesús antes de la Pasión; aunque después de la Resurrección el mismo Señor, lo perdonó, preguntándole tres veces “Pedro me amas” a lo cual San Pedro contesto afirmativamente, y ante tal respuesta Jesús, lo confirmó como pastor visible de su rebaño, diciéndole primero apacienta mis ovejas y después apacienta mis corderos y por último apacienta mis ovejas y mis corderos. Pero claro está, que cuando se dio esa triple negación todavía no tenía San Pedro la Infalibilidad papal, sino después de recibir el Espíritu Santo en Pentecostés, pero aun así siguen con su necedad, esos grupos, diciendo que también S. Pedro se equivocó después de Pentecostés, puesto que él mismo fue reprendido por San Pablo, por no hacer la diferencia entre el judaísmo y el cristianismo, para ello, cabe señalar que ésta supuesta duda de S. Pedro no afecta a su infalibilidad, por la sencilla razón: de quela costumbre de la circuncisión, heredada por los apóstoles, debió ser dejada de lado, toda vez que no era necesaria para la salvación. Todas estas objeciones que hacen los no católicos y ciertos grupos que se dicen católicos, no han acertado ni de lejos el significado de la infalibilidad.

De hecho, los Papas han sido, con pocas excepciones, hombres de mucha virtud, veintinueve de los primeros treinta murieron como mártires por la fe. Y de los 261 que han ocupado la silla de Pedro, 69 son honrados en los altares como santos, a causa de sus eminentes virtudes. Solamente 6 han podido ser acusados de graves culpas. Esta es una proporción bastante pequeña si consideramos que de los doce Apóstoles escogidos directamente por Cristo, uno fue Judas Iscariote.

Con todo aún cuando una gran mayoría de los Pontífices hubieran sido malos, esto no habría menoscabado la prerrogativa de su infalibilidad; porque ésta les fue otorgada, no para mantenerlos en la virtud, sino para preservarlos de error en la enseñanza de los dogmas o verdades perennes de la Iglesia Católica. Tenemos, por ejemplo, que un juez ha sido revestido por las leyes de nuestro país con cierto poder y autoridad. Si en su vida privada este juez comete alguna falta de orden moral, esto no quita la validez de sus decisiones judiciales. Su autoridad no depende del carácter de su vida privada. Se le ha conferido por virtud del cargo que desempeña, en bien de la comunidad. Del mismo modo la infalibilidad fue conferida al oficio del Papado, en provecho de la sociedad, y no depende para nada de la conducta privada del Papa.

RECONOCE SUS FRAGILIDADES. El Papa reconoce tener las mismas debilidades a que están sujetos todos los demás hombres. Todas las mañanas al principiar la Misa, dice humildemente al pie del altar: “Yo pecador me confieso a Dios todopoderoso… que pequé gravemente en pensamiento, palabra y obra”.

Asimismo, al ofertorio de la Misa, ora: Recibe Padre santo, Dios omnipotente y eterno, esta Hostia inmaculada, que yo indigno siervo tuyo, te ofrezco por mis innumerables pecados, ofensas y omisiones”.

A pesar de su alto ministerio no pretende el Papa estar exento de las fragilidades y tentaciones que afligen al común de la humanidad. Ni se atribuye por un solo instante la impecabilidad, por virtud de la infalibilidad que está vinculada a su oficio.

En vista de todo esto, ¿no es extraño que los ministros protestantes traten de denigrar el dogma de la infalibilidad papal diciendo a sus seguidores que ha habido malos Papas?; pero lo más terrible, es que ciertos grupos que se dicen cat mismas de nuestro Salvador, y depor Mons. Pivarunas, para expner ni eclesiponer todo lo concerniente a la santificaciele habamnólicos, denigren este dogma, en su afán de defender lo indefendible, en la búsqueda de justificar las herejías de falsos Papas, y con ello, confunden maliciosamente la impecabilidad con la infalibilidad papal, porque una cosa muy diferente es la debilidad y fragilidad humana que están presentes en San Pedro y sus sucesores, y otra es la prerrogativa de la infalibilidad papal, que les fue otorgada, no para mantenerlos en la virtud, sino para precaverlos del error en la enseñanza de la revelación divina.

NO SE TRATA DE CIENCIAS. En tercer lugar, la infalibilidad no significa que el Papa no pueda equivocarse tratándose de ciencias naturales, como física, geología, astronomía, o medicina, cosas que nada tienen que ver con el depósito de la verdad revelada. Tampoco se refiere la infalibilidad a cuestiones de política, tales como la forma de gobierno que una nación debe de tener, o los candidatos que han de sostener los católicos. Por tanto, no restringe la libertad de la ciencia, ni se arroga la autoridad civil del estado.

Por último, la infalibilidad no quiere decir que el Papa esté inmune de error cuando habla como un maestro privado. En esto puede errar, aún cuando hable de fe y de moral.

VERDADERO SIGNIFICADO. ¿Qué es lo que significa entonces la infalibilidad Papal realmente? Significa: Cuando el Papa, oficialmente y con toda la autoridad de sucesor de San Pedro y como cabeza de la Iglesia universal, define para toda la Iglesia una doctrina de fe o de moral, entonces no comete error.

Tres condiciones se exigen, como se ve: (1) El Papa debe hablar ex cátedra, es decir, desde la silla de San Pedro, en su capacidad oficial. (2) Su decisión debe de aplicarse y obligar a toda la Iglesia. (3) Debe referirse a materias de fe o de moral.

Por lo mismo, el Papa no tiene autoridad de establecer una nueva doctrina (como es el caso de los Papas del Vaticano II). Porque, no es el autor de la revelación, sino solamente su intérprete y expositor. Por eso, no tiene autoridad para quebrantar la ley divina o cambiar un solo ápice de la Escritura. Sus funciones se limitan a trasmitir incólume a los hombres el divino depósito de la fe.

Ahora continuemos con el escrito de Mons. Pivarunas:

Como Ludwig Ott, STD, lo explica en su libro de teología dogmática, Principios Básicos de los Dogmas Católicos:

Los posesores de la infalibilidad son:

A) El Papa: El Papa es infalible cuando habla ex cathedra (como ya se mostró arriba).

B) El episcopado entero: La totalidad de los obispos es infalible cuando, ya estén en asamblea en un Concilio general o esparcidos por toda la tierra, proponen una enseñanza de fe o moral para ser sostenida por todos los fieles.

Los Obispos ejercen su poder de enseñanza infalible de manera ordinaria cuando, en sus diócesis, en unión moral con el Papa, unánimemente promulgan las mismas enseñanzas sobre la fe y la moral. El Concilio Vaticano expresamente declaró que también las verdades de la Revelación, propuestas como tales por el oficio docente ordinario y general de la Iglesia, también han de ser firmemente sostenidas con “fe divina y católica”.

Sin el Papa, la Iglesia no puede ejercer su infalibilidad. Por esta razón la Ley Canónica legisla que un Concilio Ecuménico se suspende (ipso jure) en caso de la muerte del Papa. Se vuelve a reunir solamente después de la elección de un nuevo Papa.

Ahora bien, todas estas consideraciones nos llevan al tema principal de este escrito. ¿Qué ocurrió en el Segundo Concilio Vaticano de 1962 a 1965?

La respuesta es horrorosa. Después de dos años de trabajo de la Comisión Preparatoria, compuesta de Obispos y teólogos de alrededor del mundo, se reunieron 75 schemata (temas para discusión) para presentarse al Concilio, no obstante, por intervención de Juan XXIII, todos estos documentos fueron descartados y reemplazados por nuevos schemata.

De esto se lamentaban algunos Obispos, uno de ellos era, Marcel Lefebvre (quien era miembro de la Comisión Preparatoria):

“Ahora saben lo que ocurrió en el Concilio. Después de quince días desde su apertura, no quedó ni una de los esquemas ya preparados, ¡ni uno! Todos fueron rechazados, todos fueron condenados a la basura. Nada quedó, ni una sola oración. Todos fueron sacados… Después de quince días, nos quedamos sin preparación alguna. Realmente fue inconcebible.”

Ahora, ya era posible presentar el siguiente programa — el del ecumenismo y la libertad religiosa.

A pesar del hecho de que la Iglesia Católica había previamente condenado el falso ecumenismo (el diálogo inter-religioso y la comunión en el culto con los no-católicos), especialmente por el Papa Pío XI en laMortalium Animos, y a pesar del hecho de que el Código de Derecho Canónico de 1917 había prohibido la communicatio in sacris (canon 1258) y consideraba sospechoso de herejía al que se involucrara en ella (canon 2315), el Concilio Vaticano II, ahora fomentaba el ecumenismo en su decreto Unitatis Redintegratio y en su declaración Nostra Aetate. Mientras que antes del Concilio, la Iglesia Católica siempre enseñó que la fe católica era la única y verdadera religión revelada por Dios, ahora el Concilio abría sus puertas de salvación a todas las demás religiones — protestantes e infieles (hinduismo, budismo, islamismo, judaísmo, etc.) por igual. Ahora la nueva misión de la Iglesia, de acuerdo al Vaticano II, es promover lo bueno que se halle en estas falsas religiones.

Ya no hay referencia a la conversión a la verdadera Fe.

Siguiendo al Concilio, se hizo necesario que los innovadores liberales se deshicieran del Santo Sacrificio de la Misa, pues planteaba una barrera para los protestantes. En el nombre del ecumenismo, seis teólogos protestantes representantes del Concilio Mundial de Iglesias, la iglesia luterana, la iglesia anglicana y la iglesia presbiteriana participaron activamente en la comisión especial establecida por Paulo VI para re-escribir la Misa. El resultado final de esta comisión, como ya sabemos, fue el Novus Ordo Missae — el Nuevo Ordinario de la Misa — el cual por ningún motivo representa el Sacrificio propiciatorio del Calvario, sino, como la definieron ellos, usando las palabras del mismo Lutero, “la Cena del Señor.”

En los últimos 47 años, la moderna jerarquía ha promulgado diariamente en sus “enseñanzas ordinarias y universales” estos evidentes errores. De forma regular, Juan Pablo II reitera una y otra vez los falsos y francmasónicos principios de la libertad religiosa y práctica el falso ecumenismo, no sólo con protestantes, sino también con infieles.

¿Cómo puede representar la moderna jerarquía el magisterio infalible de la Iglesia Católica? ¿Cómo pueden los “papas” del Vaticano II representar la roca sobre la cual Cristo fundó su Iglesia? ¿Puede aplicarse las palabras del Concilio Vaticano I “en las enseñanzas de la Sede Apostólica la religión Católica se ha mantenido siempre sin mancha” y “esta Sede de San Pedro siempre permanece intacta de cualquier error,” a la jerarquía moderna?

¿Qué, entonces, ha ocurrido en la Iglesia Católica? La respuesta se encuentra en la Segunda Epístola a los Tesalonicenses de San Pablo:

“El día del Señor no vendrá sin que antes venga la Apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición… que se sienta en el templo de Dios, haciéndose pasar por Dios” (II Tes. 2:3-4).

En las instrucciones del Gran Oriente Francmasónico, el Alta Venta, su plan fue claramente delineado para infiltrar la Iglesia Católica en sus más altos niveles, hasta la misma Silla de Pedro. Estos son extractos de El Gran Oriente Francmasónico Desenmascarado, por Mons. George F. Dillon, D.D:

“Ahora; a fin de asegurarnos un Papa en la manera requerida, es necesario modelar para ese Papa una generación merecedora del reino que nosotros soñamos. Dejar por un lado a la vejez y la madurez, e ir por la juventud, y, si fuere posible, hasta por la infancia.

“En unos años el joven clero habrá, por la fuerza de los eventos, invadido todas las funciones. Ellos gobernarán, administrarán y juzgarán. Ellos formarán el concilio del Soberano. Ellos serán llamados para escoger al Pontífice reinante; y ese Pontífice, como la gran parte de sus contemporáneos, necesariamente estará imbuido con los principios italianos y humanitarios que estamos por poner en circulación.

“Buscad al Papa que nosotros retratamos. ¿Queréis establecer el reino de los escogidos sobre el trono de la prostituta de Babilonia? Dejad que el clero marche bajo vuestra bandera, siempre en la creencia de que marchan bajo la bandera de las Llaves Apostólicas. ¿Deseáis causar la desaparición del último vestigio de la tiranía y la opresión? Arrojad las redes como Simón, hijo de Jonás. Pero en lugar de que sea a las profundidades del mar, arrojadlas a las profundidades de las sacristías, los seminarios, y los conventos, y, si no os precipitáis en nada, ganaréis una carga de pescados más milagrosa que la de él… Habréis pescado una Revolución en Tiara y Capa pluvial, marchando con Cruz y estandarte — una Revolución que sólo necesita un pequeño piquete para incendiar las cuatro esquinas del mundo.”

Hoy somos testigos de una formación rápida de un Nuevo Orden Mundial bajo las auspicias de las Naciones Unidas, pero no puede haber duda de que la O.N.U. tiene su contraparte en la moderna Iglesia Conciliar del Vaticano II.

Que podamos permanecer firmes en la verdadera Fe, pues “quien perseverare hasta el final, ese se salvará” (Mt. 24:13). Hasta aquí el escrito de Mons. Pivarunas.

Este estudio que se ha hecho del Papado, es para dar luz, en estos tiempos de apostasía y tinieblas, que nos ha tocado vivir.

Y por último, espero en Dios, que todo lo expuesto, le sirva, y oriente a todo y sensato fiel católico de buena fe.

Para la elaboración de este escrito, nos respaldamos en los siguientes libros: “Catecismo Romano” traducción de Pedro Martín Hernández; “Tratado Completo de Religión” de Cayetano Soler, Pbro.; “La Iglesia Católica sus Doctrinas Enseñanzas y Practicas” por el Rev. Padre Juan A. O´Brien Doctor en Filosofía; y la Carta Pastoral de Mons. Pivarunas sobre el “Papado” del 29 de Junio de 1997.


Sinceramente en Cristo

Mons. Martín Dávila Gándara

Obispo en Misiones

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Published by Juan Manuel Olivar Robles - en El Sedevacantismo
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14 octubre 2012 7 14 /10 /octubre /2012 20:26

Estimados lectores:

 

he aquí un artículo interesante sobre el nacimiento de América sacado del blog Halcones de la Historia. Conocer nuestro pasado es comprender nuestro presente. Dios bendiga nuestra tierra mejicana y española.

 


 

 

CRISTÓBAL COLÓN DESCUBRE AMÉRICA

El viernes 12 de octubre de 1492 llegó a América un grupo expedicionario español representando a los Reyes Católicos de Castilla y Aragón, comandados por el almirante Cristóbal Colón, y que habían partido en el mes de agosto del Puerto de Palos de La Frontera (Cádiz).

La primera tierra que pisaron sus pies fue la isla Guanahani, en lo que hoy es San Salvador (Bahamas).
Los viajes de los portugueses a la India siguiendo la costa Africana significaron un estímulo para quienes creían en la ruta hacia el oeste como el camino más corto para llegar hasta las regiones del Asia oriental partiendo desde Europa. Cristobal Colón fue partidario de esta hipótesis. Apoyado por la monarquía española, organizó un viaje de exploración que lo condujo a la costa Americana en 1492. Colón creyó que había llegado al continente asiático, denominado por los europeos Indias y murió sin saber que había llegado a un continente desconocido por Europa.
Descubrimiento de America-John Vanderlyn, 1847Cristóbal Colón, en representación de los Reyes Católicos de Castilla y Aragón, Isabel y Fernando, realizó cuatro viajes desde Europa a América, en 1492, 1493, 1498 y 1502.
En el primero de ellos llegó hasta Guanahani, cuya exacta localización es discutida.
En el tercer viaje arribó a territorio continental en la actual Venezuela.

A partir del tercer viaje de Colón, descubrimientos y conquista progresaron conjuntamente. Durante los veinte años que separan 1499 de 1519, cuando empieza la empresa de Magallanes, tuvieron lugar los "viajes menores o andaluces", concertados por la corona con otros navegantes, quebrando el discutido monopolio de Colón.
En el primero de éstos participó Américo Vespucio, a quien se ha atribuído ser el primer europeo en proponer que las tierras a las que Colón había llegado no eran en realidad parte de Asia, sino de un continente desconocido por los europeos.

Los Reyes Católicos, particularmente Isabel, deciden ayudar a Colón en su proyecto de llegar a Asia por Occidente. El 17 de Abril de 1492, Cristóbal Colón firma con los reyes las llamadas Capitulaciones de Santa Fe, documentos por los cuales se autoriza y financia la expedición de Colón a las Indias por el mar hacia occidente.
Una vez en la villa de Palos de la Frontera, una Real Providencia de los reyes ordenaba a los vecinos poner a disposición del Almirante dos carabelas totalmente armadas y aparejadas. Pero la marinería de la zona no estaba dispuesta a formar parte de la expedición con un desconocido, como lo era Colón para aquellos hombres, a no ser que lo acompañara algún navegante respetado en la villa.

En estas circunstancias y gracias a la ayuda de los franciscanos del Monasterio de la Rábida y a Pero Vázquez de la Frontera, viejo y respetado marino de la zona, Colón conoce a Martín Alonso Pinzón, rico armador y líder natural del lugar gracias a sus muchas navegaciones tanto por el Atlántico como por el Mediterráneo. Colón le dirigió estas palabras:

"Señor Martín Alonso Pinçón, vamos a este viage que, si salimos con él y Dios nos descubre tierras, yo os prometo por la Corona Real de partir con vos como un hermano."

Martín Alonso comienza una enérgica campaña en favor de la empresa.


Desecha las naves que Colón había confiscado en Moguer y contrata otras nuevas, La Pinta y La Niña, que sabía que "eran muy aptas para navegar", pues las tenía arrendadas, aporta parte de su fortuna personal y contacta con sus hermanos Francisco y Vicente a los que convence para que se unan a la aventura. Así mismo, contrata y enrola a toda la marinería necesaria para la empresa.

Ultimados los preparativos, la expedición parte del puerto de Palos de la Frontera el 3 de Agosto de 1492. La escuadra colombina estaba formada por las carabelas Pinta, Niña, y por la nao Santa María.
La expedición se dirigió hacia Las Canarias, donde se hicieron reparaciones en la Pinta, en el timón y en las velas. Finalizadas las reparaciones, desde la isla de Gomera continuaron su travesía por el Atlántico el 6 de Septiembre.

El viaje no resultó fácil para nadie, hubieron varios conatos de amotinamiento, pero gracias a la presencia y las dotes de mando de Alonso Pinzón, se consiguieron resolver. Cuando ya se habían agotado todos los cálculos y previsiones realizados por Colón, se oyó desde la Pinta el grito de Rodrigo de Triana, ¡¡Tierra a la vista!!, dos horas después de la medianoche del 12 de Octubre.

...descubrir no es sólo llegar, es tomar posesión, grabar nombres, dejar constancia de que se ha llegado (...) de tal manera que las tierras a las que se ha llegado se incorporen al general conocimiento de la cultura, de la civilización que envía esa expedición. Eso es descubrir."
Julio Izquierdo, Historiador

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Published by Juan Manuel Olivar Robles - en Noticias en General
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14 octubre 2012 7 14 /10 /octubre /2012 20:23

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CAPITULO XI.- SEDE VACANTE
En el estrecho estudio, a mano izquierda de la entrada de su casa estilo colonial en la calle de Maricopa número 16, colonia Napóles, en la que se hospedan una veintena de estudiantes, algunos gratuitamente, otros pagando una mínima cuota que cubre escasamente su propia manutención, el padre Sáenz trabaja sin dar reposo a su fatiga desde el amanecer hasta que cae la noche. Su quebrantada salud no es impedimento para escribir, en la vieja máquina, centenares de cuartillas que darán forma a sus libros, a sus artículos, a sus conferencias.
Papeles amontonados; pilas de volúmenes fuera de la estantería abarrotada de libros y folletos; revistas procedentes de diversas partes del mundo; periódicos, sobres abiertos, todo ello en aparente desorden. El viejo sacerdote sabe dónde encontrar cada noticia, los datos que precisa, la referencia indispensable. Intuye la proximidad del fin de su existencia, y no se permite ningún descanso. No es el legado del propio pensamiento lo que le preocupa, sino el cumplimiento de su misión heroica que ha hecho de él un resuelto defensor de la Iglesia.
Lo encuentro sentado frente a su escritorio, con el mínimo espacio libre para trabajar. Escribe sin interrupción: de vez en vez se detiene para consultar textos latinos, libros y documentos en inglés, en francés, en castellano. Allégase un dato, confirma una tesis teológica, obtiene una prueba más que aportar en la denuncia a la metódica, a la incontenible destrucción de la Iglesia verdadera. Pretende apuntalar, con la más pura doctrina, las minadas estructuras.
Un esfuerzo extraordinario supone la redacción de su última obra publicada: Sede vacante. En los talleres de Editores Asociados, S. de R. L., de la ciudad de México, se terminó de imprimir este libro el día 12 de marzo de 1973.
El prólogo es de Rene Capistrán Garza. No hace referencia al contenido de la obra, sino al decreto de excomunión contra el autor de La nueva Iglesia montiniana, estudio en el que fundó Su Eminencia tan radical procedimiento.
Capistrán Garza se propuso y es indudable que logra demostrar la nulidad del mentado decreto y la carencia de autoridad del excomulgador, ya que, ". . .para impartir justicia se necesitan dos elementos imprescindibles: el juez y la norma. Un mal juez o una ley mala, o mal aplicada e interpretada, no son factores de justicia sino factores de injusticia. Y en el asunto de la excomunión dictada por el encumbrado señor Cardenal contra el modesto señor presbítero, nos encontramos con un deplorable juez y para sorpresa de los lectores, en unos casos con una ley mal interpretada, y en otros con una ley inexistente... En la inteligencia que el mal juez que aplica mal la ley, o aplica una ley que no existe, se transforma en el acto en delincuente, en reo, y es él y no el acusado quien se convierte de juez acusador en sujeto y objeto de la ley acusadora." (Sáenz Arriaga, Dr. Joaquín. Sede vacante. Editores Asociados, S. de R. L., México, D. F., 1973. Págs. VII-VIII). Y así lo establece con argumentos irrebatibles, cimentados en el Derecho Canónico y en el proceder ambivalente del propio Cardenal.
En el decreto se afirma: "Del examen minucioso de este libro resulta evidente que en él se contiene una escala de graves injurias, insultos y juicios heréticos proferidos directamente en contra del Romano Pontífice y de los Padres del Concilio Vaticano II; al grado de afirmar el autor, con ingenua malicia, que la Iglesia está «acéfala» por haber incurrido el Santo Padre en herejía."
Don Rene se pregunta: "¿Para qué examinar tan minuciosamente un texto que resulta evidente? No; del texto no se siguen tan «evidentemente» las conclusiones que concluye el señor Cardenal", pues de ser así no se requeriría un examen minucioso.
En la segunda parte de su, aunque sintético no menos explícito examen sobre la inválida excomunión decretada por Su Eminencia, Capistrán Garza analiza la explícita autorización dada a una obra preñada de herejías, por lo cual quedó, ipso facto, fuera de la Iglesia el Arzobispado que se hizo solidario de doctrinas previamente condenadas por el Magisterio Pontificio.
Sáenz Arriaga, en el primer capítulo de Sede vacante, ofrece una clase lección de Derecho Eclesiástico sobre el significado de vacancia en la Sede Apostólica y la sustancial diferencia con el concepto de Iglesia acéfala.
"Por Sede vacante, en el lenguaje canónico, se entiende la carencia, por muerte, renuncia, traslado o desaparición, bien sea de los obispos, en las iglesias locales, bien sea del Sumo Pontífice en la Iglesia Universal.
"La Sede vacante puede durar, y de hecho ha durado vacante, según consta en la historia de la Iglesia, por largo tiempo, sin que esa vacancia del pontificado signifique, en manera alguna, la desaparición de la misma Iglesia." (Ibidem. Pág. 2.)
"La Iglesia nunca está, ni puede estar «acéfala», como con «refinada malicia» me atribuyó haber dicho el «terrible» canciller de la Mitra Metropolitana de la Arquidiócesis de México, el tristemente célebre Luis Reynoso Cervantes" —añade párrafos adelante. "Para probarlo, basta citar aquí algunas palabras de la encíclica Mystici Corporis Christi de Su Santidad Pío XII:
«Se prueba que este Cuerpo místico, que es la Iglesia, lleva el nombre de Cristo, por el hecho de que Él ha de ser considerado como su Cabeza. Él —dice San Pablo (Col. I, 18)— es la Cabeza del Cuerpo de la Iglesia, dispuesto con debido orden, crece y se aumenta, para su propia edificación (Efes. IV, 16; Col. II, 19).»
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"La Iglesia, pues, no puede nunca estar «acéfala» porque su verdadera Cabeza, Cristo, aunque falte el Papa o falten los obispos, nunca la abandonará, cumpliendo así la divina promesa: «Yo estaré con vosotros todos los días liasta la consumación de los siglos». Puede faltar el Vicario, el lugarteniente, la cabeza visible de la Iglesia, pero la Iglesia nunca puede quedar «acéfala»." (Ibídem. Pág. 4)
Sede vacante abarca lecciones de historia, de teología; indaga, penetra en sucesos de importancia capital, se refiere a los temas y conclusiones habidos en el Concilio Vaticano II.
Tres cuestiones motivan al padre Sáenz, con las cuales existía absoluta coincidencia en el campo tradicionalista al pedir: "1) Por el restablecimiento de la Misa de San Pío V, la Misa de siempre, la que se remonta hasta los tiempos apostólicos, en sus partes principales. 2) Porque los catecismos católicos, libres de resistencias, de inexactitudes y de verdaderos errores, que, por desgracia, circulan en varios países, vuelvan a enseñar al pueblo y, especialmente a los niños y jóvenes, la doctrina tradicional, apostólica, que siempre se ha enseñado en la Iglesia Católica; y 3) Que no se dé a las Sagradas Escrituras el sentido ecuménico, ecléctico que hoy, apoyándose en la exégesis protestante o de los rabinos judíos, se les quiere dar, sino el único sentido, que semper et ubique Ecclesia, que ha enseñado siempre el Magisterio de la Iglesia."
Causa asombro que tres puntos tan naturales, tan simples aunque esenciales tengan dividida la Iglesia. En otros tiempos estas cuestiones de fondo las resolvía el Soberano Pontífice aplicando categóricamente la doctrina católica; ahora el "Papa Montini ha tolerado, disimulado, aparentado condescender con las exigencias absurdas, anticatólicas y, en muchos casos, abiertamente heréticas de los dirigentes del «progresismo», ya sean cardenales, obispos, clérigos o simples laicos... ¿Cuál sería la reacción de San Pablo ante el viaje a Ginebra, ante el discurso «ecuménico» en el Consejo Mundial de las Iglesias, en el que la verdadera y única Iglesia de Jesucristo, quedó asimilada y absorbida por ese ecléctico conglomerado de sectas, cuyo denominador común, si alguno tienen, es la negación de la verdad inmutable y permanente?" (Ibídem. Pág. 13.)
Antes de reafirmar "la doctrina católica, dogmática e infalible sobre el Primado de Jurisdicción y las demás prerrogativas que Cristo quiso dar a Pedro y a los legítimos sucesores de Pedro en el Pontificado Romano", (Ibídem. Pág. 20) el padre Sáenz relata el proceso del llamado gran cisma de Occidente.
Cisma es "la separación de la Iglesia Católica de alguno o algunos de sus miembros, por el hecho de negar la debida obediencia al Romano Pontífice", (Ibídem. Pág. 21) siempre y cuando éste sea un verdadero y legítimo papa. San Pablo advierte: "Pero aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os predicase un Evangelio distinto del que os hemos anunciado, que sea anatema." (Galatas, I, 8.)
El cisma, por consiguiente, se produce por la desobediencia al Papa legítimo cuando éste no se aparta de la doctrina invariable de la Iglesia.
"Cuando, como en los actuales tiempos, vemos que la tradición apostólica ha sido menospreciada, cuando no abiertamente negada; cuando circulan impunemente los más graves errores y herejías, sin que los obispos, ni el mismo Papa reaccionen enérgica y definitivamente... tenemos derecho, tenemos el deber de dudar de la legitimidad del Papa Montini, ya que es el principal responsable de este derrumbe." (Ibídem. Pág. 239)
A continuación hace una breve historia del cisma de Occidente que se inició el 9 de agosto de 1378 y terminó treinta y nueve años después, el día 8 de noviembre de 1417. En esa espantosa crisis desfilaron varios Papas, simultáneamente, que gozaron del acatamiento y respeto de prelados, clérigos y seglares, a la vez que eran desobedecidos y menospreciados por los del bando contrario. "Hubo momentos en que tres distintos elegidos reclamaron la sucesión legítima de Pedro." (Ibidem. Pág. 32) De lo cual se sigue que "En la Iglesia, a pesar de las promesas y asistencia de Cristo, a pesar también de la acción del Espíritu Santo, los hombres que entonces la regían, como los hombres que la rigen ahora, los que representaban y representan a Cristo pueden, por sus pasiones, por sus equivocaciones, por las presiones extrañas conducir a la Iglesia a un estado caótico, en el que un pontificado tricípite desgarre la unidad, no tan sólo de las disciplinas, sino de los mismos dogmas." (Ibídem. Pág. 39)
El Concilio Vaticano II se vio constantemente presionado para cambiar principios sólidamente establecido?. "El Concilio —afirmó erróneamente el teólogo Hans Kung, citado por Sáenz Arriaga— debe tener en cuenta las legítimas pretensiones de los protestantes, de los ortodoxos, de los anglicanos y de los liberales." (Ibídem. Pág. 42) Este criterio, bastante generalizado entre los padres conciliares, produjo nefastas consecuencias; la primera fue el deterioro de la autoridad pontificia frente a la colegialidad episcopal. Sáenz Arriaga estudia esta cuestión extensamente, sigue paso a paso los proyectos y resoluciones, las interferencias, los textos y las necesarias aclaraciones que no alcanzaron a modificar la ambivalencia de las conclusiones.
"Es indudable que la discusión sobre la colegialidad fue una de las más agitadas y peligrosas del Vaticano II. El ecumenismo, la unión de las sectas separadas uno de los principales, si no el principal objetivo de ese Concilio Pastoral, tropezaba, como uno de los más graves obstáculos... para la unión de la Iglesia Católica con las sectas protestantes, en el «Consejo Mundial de las Iglesias», entre otros puntos fundamentales de nuestra fe católica, con el Primado de Jurisdicción y la Supremacía del Magisterio del Romano Pontífice." (Ibídem. Pág. 55)
Recordaba el autor de Sede vacante algunos de sus propios conceptos publicados veinticinco años atrás en su libro Donde está el Papa, allí está la Iglesia: "Demostrado que Cristo fundó en su Iglesia un Magisterio auténtico e infalible, preservado del error por la asistencia especialísima del Espíritu Santo, hemos visto que Pedro, independientemente del Colegio Apostólico como fundamento de la Iglesia, como Pastor supremo del rebaño de Cristo, como cabeza visible de la Iglesia, recibió entre sus prerrogativas y poderes, el don de la infalibilidad didáctica en el ejercicio de su Supremo Magisterio." (Ibídem. Pág. 61)
La exposición doctrinal que hace Sáenz Arriaga sobre la primacía del Papa en la Iglesia única y verdadera, no deja resquicio de duda sobre su ortodoxia católica, pues no se limita a defender los atributos de Pedro contra toda intromisión enemiga, va más allá: a los fundamentos mismos del Papado y al reconocimiento de su magisterio infalible, el cual "es, en su ejercicio, absolutamente independiente, sea de la autoridad de un Concilio, sea de la aprobación ulterior dada por toda la Iglesia universal." (Ibidem. Pág. 70)
"La infalibilidad pontificia, como la infalibilidad del Magisterio de la Iglesia, considerada de una manera general, proviene de la asistencia divinia, para descartar perpetuamente todo error o todo peligro de error en la enseñanza de la verdadera y única doctrina. Asistencia especialmente prometida a Pedro y a sus sucesores, hasta la consumación de los siglos. Esta es la enseñanza formal del Concilio Vaticano I en la definición del dogma de la Infalibilidad Pontificia", la cual "sólo se da en los actos en los que el Papa habla con la plenitud de su poder apostólico, como Pastor y Doctor supremo de la Iglesia..." (Ibidem. Pág. 72) ya que "infalibilidad no significa, en manera alguna, una nueva y divina revelación, como la que recibieron los Apóstoles y Evangelistas, cuyos escritos son recibidos y aceptados como la palabra de Dios..."
"El depósito de las verdades reveladas, que quedó cerrado con la muerte del último de los Apóstoles no puede ser aumentado, ni adulterado en lo más mínimo por las enseñanzas de la Iglesia. La Iglesia de hoy debe enseñar lo que aquellos primeros evangelizadores enseñaron por prescripción de Cristo. La evolución dogmática no hace nuevas verdades, sino que a lo más nos descubre las verdades que, contenidas en el depósito de la Divina Revelación, no habían sido definidas, como tales, por el Magisterio de la Iglesia." (Ibidem. Pág. 73)
Las lecciones de teología contenidas en Sede vacante hacen, de este libro, un tratado sobre las implicaciones actuales que ofrece esta ciencia.
Explicada la infalibilidad pontificia, el teólogo se pregunta: ¿Puede un Papa caer en herejía? Y se responde: "En nada se opone la infalibilidad pontificia, definida como dogma de nuestra fe católica, el que un papa, considerado como persona particular, pueda incurrir en herejía, no sólo en el error." (Ibidem. Pág. 103) Para demostrar esta tesis recurre a las enseñanzas de santos, teólogos y doctores de la Iglesia a lo largo de su historia. La resistencia al Espíritu Santo, explicable por el libre albedrío con el que Dios dotó a toda criatura humana, puede degenerar en incredulidad, en herejía, en apostasía. Y es lógico que no será Pastor universal aquel que voluntariamente renuncie a conducir el rebaño por el camino señalado en el Evangelio.
Así pues, resulta que Paulo VI "al seguir con tanto entusiasmo las tesis maritenianas, que no sólo yo —afirma Sáenz Arriaga— sino otros muchos teólogos han considerado casi heréticas, escandalosas, indudablemente se equivocó; se equivocó y por cierto, con increíble y peligrosa visión, al afirmar en su discurso en la ONU que esa organización heterogénea, controlada por manos invisibles, era para la humanidad de hoy y de mañana la sólida y segura esperanza, para forjar un mundo mejor y más humano. Se equivocó también el Papa al buscar, en las relaciones diplomáticas con los países dominados por el comunismo ateo, una postura anticristiana, antirreligiosa y políticamente suicida que garantizase la paz del mundo. Y para no alargar demasiado mi raciocinio, Paulo VI cometió el más grave de todos sus errores al imponernos el Novus Ordo Missae que es equívoco y que favorece la herejía." (Ibidem. Pág. 105)
Sede vacante es también una extensa y múltiple denuncia que se inicia con las revelaciones de lo acaecido en el Seminario Moctezuma, instalado cerca de Las Vegas, Nevada, Estados Unidos (Ibidem. Págs. 168 a 173) donde, huelga decirlo, han salido generaciones de jesuítas impregnados de ideas modernistas, promotores del socialismo, renuentes al celibato sacerdotal.
También se ocupa del Seminario de México y otros centros "educativos" igualmente afectados por la contaminación progresista. Estas referencias, aunque aisladas, hacen pensar en los lamentables resultados que ha producido la labor reformadora y sincretista de prelados y clérigos activistas.
¿Por qué se casan los sacerdotes?, es un capítulo amargo, enriquecido con testimonios veraces que revelan la decadente vocación sacerdotal. Los títulos que encabezan los subsecuentes capítulos de Sede vacante anuncian la importancia de los textos: ¿Puede haber un papa ilegítimo? Paulo VI sigue adelante su programa reformista. El ecumenismo, medio eficaz para la autodemolición de la Iglesia...
Nutridas lecciones teológicas de sucesos recientes y actuales contiene la obra postuma de don Joaquín Sáenz Arriaga. Este libro, escrito en breve tiempo, abarca diversos temas, presentados, algunos de ellos, en forma un tanto desordenada por la premura del autor en llevar, al pueblo católico, amplias noticias, recias advertencias del acelerado cambio eclesiástico cuyos resultados a nadie se ocultan.
En la primera página del libro aparece reproducida una tarjeta escrita por el cardenal Ottaviani, fechada en diciembre de 1970: "Bendice al Rev. P. Joaquín Sáenz Arriaga y le anima a seguir con entusiasmo defendiendo la integridad de la fe."
Sede vacante fue escrito con posterioridad al mensaje del distinguido Cardenal de la Curia Romana quien se opuso, hasta nue sus facultades físicas se lo impidieron, a la propagación de los errores postconciliares, y criticó vigorosamente el Novus Ordo Missae de Paulo VI, sin que sus razonamientos lograran modificar la decisión tomada por el Papa.
La inclusión del autógrafo de Ottaviani en su libro, trajo al padre Sáenz acerva crítica rayana en la calumnia. El licenciado Salvador Abascal escribió al Cardenal preguntándole si la inclusión de su "supuesta" tarjeta en Sede vacante significaba que él estaba de acuerdo con la tesis planteada por su autor. Ottaviani, casi ciego y sordo, reaccionó de acuerdo a la sugerencia de la pregunta, rechazando su presumible aprobación al libro que no pudo conocer más que por la referencia interesada de su remitente, pues es improbable que, impedido físicamente como estaba, hubiera podido conocer a fondo todo el texto.
La ofensiva contra el Novus Ordo Missae alcanzó señalados triunfos. El día 11 de abril de 1974 el abbé Noel Barbara terminó de escribir un estudio intitulado: ¿Es válida la santa misa celebrada según el nuevo ordo missae de Paulo VI?
Sáenz Arriaga, a su regreso de Europa a finales de septiembre de ese año, dio conocer la traducción de este texto singularmente claro y categórico. Con infatigable constancia viajaba una, dos y aún tres veces al año al viejo continente, afianzando relaciones personales, intercambiando noticias y opiniones, visitando personas importantes de la esfera eclesiástica. No podía permanecer tranquilo e indiferente al desarrollo de los acontecimientos; algo había que hacer y él, enfermo y angustiado, no cedía a la fatiga.
Frente a la manifiesta oposición a la nueva misa de corte luterano, y la creciente fidelidad a la Misa eterna, la conspiración vaticana realizó una maniobra de intimidación para impedir el retorno a la ortodoxia católica. El cardenal James Robert Knox y el arzobispo Annibale Bugnini, prefecto y secretario, respectivamente, de la Sagrada Congregación para el Culto Divino, suscribieron una notificación el 28 de octubre de 1974 en la que "con la aprobación del Sumo Pontífice" (Paulo VI), se reconocía competencia a "las Conferencias Episcopales para la elaboración de las versiones populares de los libros litúrgicos y las normas que deben seguirse para alcanzar la confirmación de la Santa Sede." Habiéndose "puesto en práctica de una manera gradual en todas partes" las mencionadas "versiones populares" eran "casi una obra perfecta". Una vez establecido el mencionado Misal Romano en lengua vernácula, solamente se permitirá celebrar misa "según el rito del Misal Romano, promulgado con la autoridad de Paulo VI el día 3 de abril de 1969... compete al Ordinario del lugar conceder la facultad de usar el Misal Romano según la edición típica del año 1962 (es decir, la misa tradicional de origen apostólico canonizada en el Concilio de Trento), acomodada por los decretos de los años 1965 y 1967, ya sea en todo, ya en parte, pero solamente en la celebración de la Misa sin pueblo. Los Ordinarios no pueden conceder esta facultad para celebrar la Misa con pueblo."
La Constitución Apostólica Missale Romanum mencionada por Knox y por Bugnini en su "Notificación", establecía: "La Cena del Señor, o Misa, es la asamblea sagrada o congregación del pueblo de Dios, reunido bajo la presidencia del sacerdote para celebrar el memorial del Señor. De ahí que sea eminentemente válida, cuando se habla de la asamblea local de la Santa Iglesia, aquella promesa de Cristo: «Donde están reunidos dos o tres en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt. 18, 20)."
"Esta definición es totalmente equívoca y, por lo mismo, totalmente anticatólica. Fueron tantas las protestas que en todo el mundo hicimos, que la Ordenación general en éste, como en otros puntos, tuvo que ser enmendada. Y eso que esa Institutio generalis, como dice el Decreto de la Sagrada Congregación había sido «a Summo Pontífice pariter aprobóla», aprobada igualmente por el Sumo Pontífice. «Contrariis quibuslibet minime obstantibus», sin que hubiera nada que a estas disposiciones puedan oponerse. Si la infalibilidad del Sumo Pontífice fuese personal y fuese constante, ¿cómo podríamos explicar esa aprobación dada a la Ordenación General, que tuvo que ser muy pronto reformada para ocultar los errores o equívocos doctrinales de la primera edición de esa Institutio generalis Missalis Romani? Por otra parte, debemos tener en cuenta que, aun hechas esas reformas a la Institutio generalis, los equívocos o errores que en la Institutio generalis se denunciaron y corrigieron, no cambiaron en lo mínimo la misma nueva misa, cuyos lamentables equívocos y nuevos ritos han protestantizado el augusto Sacrificio del Altar, repetición incruenta del mismo Sacrificio del Calvario. ¿Podemos mantener ante estas realidades, la infalibilidad personal y permanente de Paulo VI?" (Ibidem. Pág. 108.)

CAPITULO XII.- AL FINAL DE LA JORNADA
Hombre de perspectivas universales, desde su juventud viaja incontables veces al extranjero; no son excursiones turísticas las suyas; siempre llevan un fin apostólico. De ello resulta que su visión religiosa tiene alcances verdaderamente católicos, es decir, universales. Su actividad no se centra en una parroquia, en un barrio, en una ciudad, ni siquiera en su propio país. La doctrina de Cristo escapa a todo límite de tiempo y espacio. Don Joaquín no se encierra entre cuatro paredes a criticar estérilmente las torceduras doctrinales que conducen a la apostasía; sale al encuentro de la conspiración y concerta alianzas con sus iguales, busca concordancias, recibe apoyos y estímulos morales para continuar su misión.
A fines de 1973 vuela a Europa; allí permanece casi dos meses. Visita el seminario de Econe y, cuantas veces se hace necesario, se comunica con el arzobispo Marcel Lefebvre, a quien conoce desde el Concilio, y a otros prelados que actúan discretamente para no verse obstaculizados y perseguidos.
El 3 de enero de 1974 regresa a México. Atiende su casa de estudiantes. Sostiene frecuente correspondencia epistolar con sus amigos de todo el mundo, y ni aun cuando su cada día más deficiente salud lo obliga a recluirse en su habitación, deja de estudiar y atender los asuntos relacionados con su ministerio. Junto a su cama de enfermo se juntan frascos de medicamentos, papeles, libros... Prepara originales y corrige pruebas de imprenta de la revista Trento, mensajero doctrinal que pretende contrarrestar, aunque sea en mínima parte, la campaña desorientadora de publicaciones ubicadas en un tradicionalismo condicionado al ataque exclusivo contra Méndez Arceo y sus congéneres, hasta las revistas de franca postura marxistoide y teilhardiana, como lo es Christus, de los nuevos jesuitas.
El acertado título de Trento se le ocurrió al presbítero Moisés Carmona, cuando lo visitó Sáenz Arriaga en el puerto de Acapulco, a mediados de 1972, y le dio a conocer su intención de lanzar un impreso, de no más de ocho páginas, en papel "diario" aunque rico en contenido doctrinal.
El primer número de Trento en el que figura como director el padre Carmona, salió el 19 de octubre de 1972. A partir del número 2, es Abelardo Rodríguez Díaz quien aparece dirigiendo esta revista que siempre estuvo al cuidado de don Joaquín, cuya experiencia periodística y sus conocimientos teológicos hacían de él un experto publicista y un claro exponente del pensamiento católico.
En Trento se publicaron artículos escritos por autores competentes, nacionales y extranjeros, sobre temas actuales y lecciones de doctrina tan valiosas como el Catecismo de San Pío V.
La polémica no estuvo ausente de sus páginas; no para insultar, no para saciar rencorosos desquites, sino para demostrar errores y afirmar verdades.
A la muerte del padre Sáenz, esta combativa publicación quedó en manos de Gloria Riestra, esforzada escritora que ha sabido resistir presiones eclesiásticas y vacíos en los medios periodísticos que no han logrado doblegar su voluntad ni minar la solidez de su fe.
El 2 de febrero de 1974, fiesta de la Presentación del Señor, Paulo VI dio su exhortación apostólica "para la recta ordenación y desarrollo del culto de la Santísima Virgen María", que se publicó hasta el 22 de marzo siguiente. Algunos de los periodistas que asistieron a la reunión de prensa convocada por el vocero del Vaticano, se escandalizaron al escuchar algunos conceptos de la exhortación.
"La conferencia de prensa ofrecida en el Vaticano se transformó, por momentos, en tormentoso debate —Novedades, diario de la ciudad de México, 22 de marzo de 1974—, y hubo quienes criticaron al Papa y a sus expertos por aceptar ideologías sacrilegas acerca de la mujer y el culto.
"La exhortación del Sumo Pontífice —añade la noticia llegada de Roma— contiene 95 páginas, y en ella se llega a la conclusión de que «el cuadro de la Santísima Virgen que presenta cierto tipo de literatura devocional, no puede reconciliarse fácilmente con los estilos de vida actuales, sobre todo con la forma en que las mujeres viven hoy»."
"El padre Jean Galot —expresa párrafos adelante esta noticia —judío converso y jesuíta francés (el subrayado es mío) que trabaja en el Vaticano, dijo que en lo futuro es posible que las mujeres «desempeñen un papel activo en los Concilios y que ese papel, visto a la luz de su capacidad de decisión, será examinado mejor. Dios mismo ha promovido la emancipación de la mujer» —manifestó—. A la explicación del padre Galot de que «María es una mujer que trabajó activamente por transformar la sociedad, una mujer moderna», hubo indignadas reacciones de varios periodistas. «Este documento ha sido dictado por un espíritu demagogico e inclinado a la propaganda» gritó un individuo. «¡Es un documento alentado por el mismo espíritu que envió un vándalo a destrozar La Piedad, de Miguel Ángel», dijo otro. (1)
Al recibirse la crónica de lo sucedido en Roma, nadie de la jerarquía eclesiástica intentó clarificar la situación, ni mucho menos defender la devoción mariana. Sólo el excomulgado, lleno de santa indignación, salió por los fueros de la verdad. Esperó tener en sus manos la versión española de L'Osservatore Romano para conocer el texto oficial, que aunque difería por algunas supresiones al texto dado a conocer en la conferencia de prensa, no dejaba de tener por ello puntos inaceptables. Redactó un minucioso estudio sobre la exhortación de Paulo VI y convocó a una conferencia de prensa en un salón del hotel Reforma, de la ciudad de México, la tarde del 5 de abril de 1974.
"Comparando el documento con los informes que la prensa nos había dado —escribió poteriormente en el prólogo a su estudio— encontramos una gran probabilidad para afirmar que el texto leído en Roma a las agencias informativas internacionales había sido después mutilado por L'Osservatore Romano en su versión española..." (2)
Don Joaquín transcribe íntegro este nuevo texto de la exhortación apostólica y, a continuación, analiza el documento: "Reconocemos la habilidad, ya muy advertida en todos los documentos, alocuciones, relaciones y gestos de Juan B. Montini para encubrir sus reformas con el velo piadoso de una restauración de la Iglesia, envejecida por su ya dos veces milenaria historia."
. . ."No negamos que el documento de Paulo VI en varios puntos es un ferviente y doctrinal reclamo sobre la devoción y el culto a la Virgen Santísima, la Madre de Dios."
. . ."A pesar del ambiguo lenguaje y estilo dialéctico del Pontífice, reconocemos que el documento tiene trozos hermosos y hasta conmovedores. Pero, en medio de esa sana doctrina, en la que enmarca Paulo VI su pensamiento adaptado a la mentalidad moderna y su tendencia reconocida al movimiento ecuménico, nos encontramos con puntos inadmisibles en el lenguaje tradicional del Magisterio." (3)
Una vez más nos encontramos con la dificultad práctica de reproducir el texto aleccionador. Coger de aquí y de allá una frase, mutila las muchas enseñanzas que contiene todo el libro.
"He aquí el relativismo religioso —señala Sáenz Arriaga tras de reproducir las enseñanzas de Paulo VI—, que, en su búsqueda de nuevas formas de culto, puede llegar, como de hecho ha llegado, a las aberraciones de las misas panamericanas, de las misas a go-go, o al Cristo Superstar de Jenson." (4)
No andaba desatinado el Padre; tiempo después se exhibiría, por expresa recomendación pontificia, el sacrilego bodrio musical en el mismo Vaticano, que fue visto e inexplicablemente aceptado y aplaudido por cardenales, obispos, presbíteros y religiosos.
El autor del comentario cita al Papa Pío XII, cuyo magisterio choca contra la nueva teología. En su encíclica Mediator Dei expone ideas muy claras sobre la liturgia católica de la Misa, que desemboca en la devoción mariana sin mengua del significado sacrifical del Misterio Eucarístico: "...no pocos fieles cristianos son incapaces de usar el Misal Romano —admite el Pontífice—, aun cuando este traducido a lengua vulgar; y no todos están preparados para entender rectamente los ritos y las fórmulas litúrgicas... ¿Quién, llevado de ese prejuicio, se atrevería a afirmar que todos esos cristianos no pueden participar en el Sacrificio Eucarístico y gozar de sus beneficios? Pueden, ciertamente, recurrir a otro método que a algunos les resulta más fácil, como, por ejemplo, meditando piadosamente los misterios de Jesucristo o haciendo otros ejercícíos de piedad, y rezando otras oraciones que, siendo deficientes en los sagrados ritos en la forma, sin embargo, concuerdan con ellos por su misma naturaleza."
En el capítulo VII de la Exhortación Apostólica, Paulo VI se aparta de este sentimiento devoto cuando afirma "que es difícil encuadrar la imagen de la Virgen, tal como es presentada por cierta literatura devocional, en las condiciones de vida de la sociedad contemporánea, y, en particular, de las condiciones de la mujer, bien sea en el ambiente doméstico... donde las leyes de la evolución de las costumbres tienden justamente a la igualdad y la corresponsabilidad con el hombre en la dirección de la vida familiar: bien sea en el campo político... bien sea en el campo social... lo mismo que en el campo cultural..." El padre Sáenz llega a esta contundente conclusión: "Para Paulo VI, la mujer moderna es una mujer emancipada del ambiente doméstico, una mujer política, una activista en el campo social, una mujer que deja, cada día más, las estrecheces de su casa para salirse a conquistar el mundo de las ciencias, del dinero y del poder." (5)
El sentido común y la experiencia mundana hiciéronle ver al talentoso teólogo las consecuencias futuras de tales postulados. La tradicional piedad mariana, obsoleta, cambiante como quería Paulo VI, ha llegado a ser, en nuestros días, un grotesco remedo de mujer liberada, dígalo si no, entre otros ejemplos, el "logotipo" del Congreso Mariano Internacional, celebrado en Zaragoza, España, en octubre de 1979. Aparece una joven vistiendo pantalones y blusa ceñida de manga corta, tocando la guitarra. Lleva el pelo suelto; una aureola de estrellas rodea su cabeza. A sus pies el perfil de la Basílica del Pilar de Zaragoza, y arriba un letrero que dice: María, mujer, joven, canta.
Juan Pablo II, consecuente con las enseñanzas de su amado predecesor envió su bendición a este congreso.
La paulatina pero firme transformación religiosa es un hecho. Y el padre Sáenz Arriaga fue uno de los más clarividentes pioneros que la denunciaron.
En una ciudad de escasa relevancia religiosa debida, en buena parte, al origen heterogéneo de su población, la voz convincente de una mujer dotada de excepcional inteligencia, sensibilidad poética, reflexiva y estudiosa, se hacía escuchar, por medio de artículos periodísticos, en todo el país. Habíase ganado la admiración y el reconocimiento de Hispanoamérica con sus poesías, de corte castizo y hondo misticismo. Ahora se batía con el valor que infunde la posesión de la verdad en la palestra católica, sin que los clérigos o laicos progresistas que le salían al paso lograsen mellar su pluma, esgrimida al servicio de la Iglesia verdadera.
Habían transcurrido muchos años. El padre Sáenz la recordaba, niña aún, durante sus misiones al puerto de Tampico. Gloria Riestra no había olvidado a su consejero espiritual. Lectora de sus libros había seguido con interés su embestida dialéctica contra los infiltrados enemigos del catolicismo.
Ambos volvieron a encontrarse, y su mutua comunicación se hizo constante y provechosa.
Quienes antes ensalzaban a la escritora, después aparentaron ignorarla cuando no llegaron a las amenazas o al insulto. El antiguo obispo de Tamaulipas, ahora Cardenal, Arzobispo de México, de quien Gloria recibió sabias lecciones y sanos consejos, volvióle la espalda y torció su camino para alcanzar altos honores y prevendas de la nueva Iglesia. El Obispo sucesor de la diócesis la amenazó con la aplicación de las más severas penas canónicas... que no se atrevió a dictar, quizás porque a tiempo comprendió la inconsecuencia de su propia conducta.
En este aislamiento obligado, Gloria recordó el trigésimo aniversario de "su profesión de escritora, en la exposición y defensa de la Fe Católica" con una solemne aunque privada "Acción de Gracias por medio del Santo Sacrificio de la Misa, celebrada según el rito tridentino por el R. P. don Joaquín Sáenz Arriaga, el día 10 de diciembre de 1974."
Don Joaquín, como testimonio de su aprecio a la singular escritora, le hizo entrega del cáliz que usó durante muchos años. Al morir legó a un convento de religiosas contemplativas, que había fundado en la ciudad de Celaya, Gto., sus ornamentos y objetos para el culto, algunos de los cuales fueron luego cedidos por las congregantes para ser usados en la capilla privada de la antigua residencia del legatario.
Cuando más se acentuaba su quebranto físico, el irreductible sacerdote más se entregaba a su labor apostólica. Nuevamente sus viajes a Europa. Dos veces estuvo allá en 1974 y otras tantas en 1975. Tenía la esperanza de ver extendida, reafirmada la inicial postura intransigente del arzobispo Marcel Lefebvre. Conocía varios prelados dispuestos a restablecer la legitimidad pontificia; pero hasta el día de su muerte nadie se atrevió a seguir abiertamente el camino doloroso de la total renuncia a sus bienes, a su posición jerárquica, a los respetos humanos.
Aún escribió un libro más, que permanece inédito: Paulo VI, el político, La importancia relativa de esta obra no habría de contribuir sustancialmente en el éxito de su lucha. Legaba sus otros libros, su prédica, su ejemplo, su integridad sacerdotal.
La muerte acechaba al Padre. Su salud decayó en los últimos años de su vida, que fueron los más activos y fecundos. Un cáncer en la próstata, de la que fue operado tres veces, una de ellas en Roma durante uno de sus viajes, sin que él llegara a conocer el terrible diagnóstico, destruyó su resistencia física, pero no su ardor sacerdotal. Sin conocer la naturaleza de su mal, intuía que la muerte estaba próxima, y redobló su esfuerzo; no cedió ante el debilitamiento físico. Y como los buenos soldados de Cristo, no dio ni pidió cuartel.
Muy cerca del final, su médico dispuso que fuese internado en el sanatorio Santa Fe, en la colonia Roma de la ciudad de México. En su alcoba de enfermo recibía a sus amigos, a sus colaboradores, a sus compañeros que, dispersos en los medios de acción pero unidos en el mismo propósito, daban, a la medida de sus recursos y posibilidades humanas, la batalla por la Iglesia de Cristo, confiados en el auxilio de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe.
Aquel hospital era atendido por religiosas que, incapaces de examinar, de comprender el origen de la transformación eclesiástica, tenían idea equivocada de los límites de la obediencia, y seguían lineamientos y prácticas religiosas establecidas por Paulo VI. Algunas de ellas, conocedoras de la gravedad física del enfermo, se acercaron a él para pedirle que aceptara los sacramentos de la nueva religión y se reconciliase con el cardenal Miranda. El padre Sáenz montó en santa indignación y, auxiliado por alguno de sus fieles amigos, abandonó el sanatorio para afirmar, una vez más, su adhesión a la Iglesia única, santa, católica y apostólica.
El doctor Alejandro Ruiz y Ruiz, amigo del enfermo, asistió a una misa celebrada por el presbítero Pedro Toledo en la capilla privada de la casa que habitaba el padre Sáenz en la calle de Culiacán número 103, ciudad de México; y, días más tarde, a petición de don Joaquín, el doctor Ruiz le llevó al presbítero Maximiliano Reynares, titular de la antigua iglesita de San Salvador el Seco ubicada en la calle cerrada del mismo nombre. El padre Reynares administró el sacramento de la penitencia y la Sagrada Eucaristía al enfermo, por quien sentía profundo afecto y lo admiraba por su desigual lucha religiosa.
Otra vez volvió el padre Maximiliano a visitar al anciano teólogo, en esta ocasión lo llevó Xavier Wiechers Conday. Don Joaquín recibió devotamente el Cuerpo de Nuestro Amo. Su sincera piedad, su vocación sacerdotal encontraba, en los auxilios espirituales de la Santa Madre Iglesia, un sedante eficaz para sus dolencias físicas y sus angustias apostólicas.
Quienes más cerca de él estaban conocían su gravedad extrema, y no faltó algún allegado suyo que sugiriese llamar a monseñor Vicente Torres, que atendía la capilla de San Juan Bautista, en Tacubaya, D. F.
Ermilo López era un joven de condición humilde al servicio del padre. Hacía mandados, recibía recados y cuidaba la casa. El sábado 10 de abril le pidió el enfermo que lo comunicase por teléfono con Xavier Wiechers. Xavier profesaba gran cariño al padre Sácnz y estaba siempre dispuesto a complacerlo. Don Joaquín pidió a su buen amigo ir en busca de monseñor Torres. Le dio su dirección y número telefónico. Xavier concertó una cita inmediata con este sacerdote a quien suponía que, habiéndolo solicitado don Joaquín, participaba plenamente de sus creencias religiosas.
Sin perder tiempo se trasladó en su auto a Tacubaya y recogió al padre Torres; éste, durante el trayecto, se mantuvo silencioso. Al llegar a la casa de la colonia Roma todo estaba dispuesto para dar la Sagrada Comunión al padre Sáenz. Xavier cogió una vela y la sostuvo encendida en sus manos. Se arrodilló junto a la cama del paciente. La escena era conmovedora. Cuantos la contemplaban presentían el cercano desenlace.
"Antes de dar Sagrada Forma, el R. P. Torres, con voz clara, le preguntó al padre Sáenz «si pedía perdón por haber ofendido al Papa Paulo VI».
"Con voz fuerte y precisa, acompañada de ademanes con su mano derecha, como era habitual en él, es decir, juntando el pugar con el índice y los otros tres dedos en alto alzados, contestó con energía: «Si yo ofendí a Paulo VI por mis defectos, pido perdón. Pero si lo ofendí por haber yo defendido la Iglesia Católica, no tengo nada de qué arrepentirme, ni pido perdón por haber defendido la verdad».
"En seguida monseñor Torres le preguntó si pedía perdón por haber ofendido a sus hermanos jesuítas. En forma análoga, el R. P. Joaquín Sáenz contestó: «Si yo los ofendí por mis debilidades, pido sincero perdón. Pero si se ofendieron por mi defensa de la Santa Iglesia Católica, no tengo por qué pedir perdón».
"Acto continuo, monseñor Torres le dio la Santa Comunión, y luego acercándose le rogó que pidiera por él. Yo escuché estas palabras: «Memento mei». El padre Sáenz contestó: «Ad ínvicem».
"Monseñor Torres se retiró después de haberse despedido del padre Sáenz." (6)
Xavier lo regresó a su capilla. En el camino charlaron y, a una pregunta, Monseñor respondió que él nunca se había apartado del canon tridentino. Xavier prometió oír misa en su iglesia el siguiente domingo y volvió a la casa del padre Sáenz. Al entrar a su cuarto, el Padre lo interrogó: ¿Quién era ese sacerdote que le había pedido que se retractara? Xavier respondió que era la primera vez que lo veía e ignoraba quién era.
Al domingo siguiente, 18 de abril, por invitación expresa que le hizo por teléfono monseñor Torres, Xavier, acompañado de su familia, asistió a misa en el templo de San Juan Bautista. No dejó de sorprenderle que el oficiante usase el novus ordo, por más que, en la consagración, bajara la voz de manera que resultaba inteligible lo que decía. Terminada la misa, el padre Torres mostró a sus visitantes, en la sacristía, una imagen de la llamada Virgen de Puruarán; otra más de las supercherías que atentan contra la integridad católica. Comentando la "excomunión" del R. P. Joaquín Sáenz Arriaga, monseñor Torres opinó que eso había sido una cosa "ad hominen".
Domingo 25 de abril. El padre Sáenz ofició su última misa auxiliado con un par de muletas. En medio de profunda emoción, sus asiduos feligreses recibieron de su mano el Pan de los Ángeles. Ese día lo visitaron sus amigos, el notario Francisco Villalón Igartúa, Carlos Carrillo, Xavier Wiechers. El enfermo teólogo comprendía que era llegado el momento de dar cima a su obra apostólica. Realizar un postrero esfuerzo para hacer llegar su testimonio de fidelidad a la Iglesia.
Frente a sus amigos dictó su Testamento Espiritual, síntesis y resumen de su vida sacerdotal. Con pulso firme estampó su firma al calce de este documento:
"Las presentes palabras constituyen mi testamento espiritual, dirigido a todas aquellas personas que de un modo u otro han estado en contacto espiritual conmigo durante toda mi vida y, en particular, en el curso de mis actividades por la causa de Cristo y de la Iglesia.
"Ante todo declaro que siempre he sido católico de corazón. Que he amado al Primado de Cristo en la tierra y si alguna vez alcé mi voz para protestar contra las desviaciones que en la Fe advertí, mi protesta fue contra el hombre que, apartándose de la tradición milenaria de la Iglesia, puso en gravísima, contingencia la misma Institución Divina.
"Nunca he negado ni en mi corazón ni en mis palabras la Doctrina Inmutable del Magisterio Eclesiástico. Mi vida y todo lo más precioso que ella pudiese tener para mí la he sacrificado por Cristo, por la Iglesia y por el Papado. Pido perdón a todos los que en cualquier modo haya ofendido y de corazón perdono a todos los que a mí me hayan podido ofender. Que el último suspiro de mi alma sea el de nuestros mártires mexicanos: ¿Viva Cristo Rey, Viva la Virgen de Guadalupe!
"JOAQUÍN SÁENZ ARRIAGA".

No poseía bienes materiales. La casa que habitaba tuvo que enajenarla para sufragar el costo de sus viajes y su modesta subsistencia. Ningún objeto de valor material; nada que lo anclara a los intereses mudables y perecederos. Su legado se redujo a sus "libros, folletos, papeles, correspondencia y demás documentos". En breve disposición testamentaria —menos de media cuartilla escrita a máquina, firmada por él y los mismos testigos—, pidió que "su correspondencia privada, cambiada entre mis familiares y yo... deberán ser incinerados." Disposición que fue fielmente cumplida por el ingeniero Anacleto González Flores, depositario de sus pobres pertenencias. Lamentablemente se perdió una fuente de información personal muy valiosa para el mejor conocimiento familiar de don Joaquín.

Lunes 26 de abril. Las últimas luces del crepúsculo se diluyen entre la bruma de la gran ciudad. Los minutos transcurren a lo largo de la espera silenciosa. Un reducido grupo de amigos acompañan al enfermo.
El anciano sacerdote estaba a punto de abandonar su vivienda para dirigirse al sanatorio. Su entereza y lucidez no le permitían mostrar vacilación alguna. Sonó el teléfono. Gloria Riestra le llamaba desde Tampico. Don Joaquín tomó la bocina; con voz entera saludó a su antigua discípula. La animó a continuar sin desfallecer en la áspera lucha emprendida, a rechazar toda flaqueza de ánimo, todo desaliento frente a los adversarios. Le reiteró su compromiso de fidelidad a la causa sacrosanta de la verdadera Iglesia. Con la gracia de Dios su sacrificio no habría de resultar estéril.
—Que se cumpla la voluntad de Dios —respondió el padre Sáenz a las palabras de gratitud con las que correspondió a sus alentadoras recomendaciones su admirable colaboradora quien, emocionada, le pidió su bendición. El sacerdote con firme acento, pronunció la frase consagrada—: Benedicat vos omnipotens Deus Pater, et FiliUs, ct Spiritus Sanctus. Amén.
Don Joaquín marchó al sanatorio Santa Elena, ubicado en la calle de Querétaro número 56. Quedó recluido en la habitación 423.

Martes 27. Desde temprana hora estuvieron pendientes de él, Anacleto González Flores, quien se retiró al llegar su esposa para suplirlo, y otros amigos del enfermo. Este había llamado, la víspera, al presbítero Moisés Ortega Rey. Don Carlos Carrillo, caballeroso exiliado cubano, devoto amigo del padre Sáenz, fue en su busca. Ambos llegaron al sanatorio a las diez de la mañana. El padre Ortega entró solo al cuarto de don Joaquín y le administró los sacramentos de la Penitencia y la Sagrada Eucaristía.
"El Padre recibió los Sacramentos con una unción desbordante de alegría, llorando de emoción..." Ambos ministros del Señor se despidieron "hasta la eternidad." (7)
"La muerte es el término de un día... —había reflexionado en el desarrollo de un sermón pronunciado el 29 de noviembre del año anterior— el día pasajero, efímero de esta vida presente. ¡Pero la muerte es la aurora de otro día para el creyente, el día de la eternidad!"
Monseñor Vicente Torres, a solicitud del jesuita Enrique Torroella, hecha a nombre del padre Carlos Soltero, S. J., Provincial de la Compañía de Jesús, escribió su propia versión de lo sucedido en los minutos anteriores al ingreso de don Joaquín en el quirófano.
Dice que, a sugerencia suya, hizo que el padre Sáenz Arriaga pidiese perdón a quienes hubiese podido ofender, cosa que, condicionada a las personas, reafirmaba las palabras de su Testamento Espiritual, dictado dos días antes:
"Pido perdón a todos los que en cualquier modo haya ofendido y de corazón perdono a todos los que a mí me hayan podido ofrender." Este acto espontáneo de humildad, lejos de oponerse, confirmaha su rechazo "contra el hombre que, apartándose de la tradición milenaria de la Iglesia, puso en gravísima contingencia la misma Institución."
Había llegado la hora y el enfermo quedó al cuidado del personal médico. A las 12 horas ingresó en la sala de operaciones. Largo tiempo trabajaron los cirujanos en un campo invadido de cáncer y debilitado por las anteriores intervenciones. Poco quedaba por hacer para prolongarle la vida.
Miércoles 28. Su misión en la tierra estaba terminada. A las 10 horas 40 minutos sufrió una hemorragia que no pudo ser contenida. Su corazón, extremadamente débil, cesó de latir. Pleno de confianza en la misericordia divina, su alma se desprendió de la frágil envoltura corpórea para ir al encuentro del Señor.
El ingeniero González Flores fue informado del deceso y, de inmediato, se presentó en el sanatorio para hacerse cargo de la situación. Del cuarto número 423 habían desaparecido los objetos personales del difunto sacerdote.
Trasladaron el cadáver a una funeraria para velarlo. En la capilla mortuoria no le faltaron misas de responso, oficiadas por sacerdotes inasequibles al Novus Ordo Missae.
La prensa dejó pasar, sin relevancia, la noticia del fallecimiento del presbítero y doctor Joaquín Sáenz Arriaga. Apareció publicado su Testamento Espiritual y, en días posteriores, esquelas y testimonios de afecto, algunos de ellos provenientes de lejanos países:
"La vida del difunto sacerdote será un ejemplo para las futuras generaciones —escribieron al unísono las juventudes católicas de Roma, de Buenos Aires, de París; Genitum Concordia Pro Ecclesia Catholica, de Roma; la Asociación San Pío V, de Pittsburgh, Pa., Estados Unidos; Vigilia Romana, de Roma, Italia; los católicos pro Misa San Pío V, de Hawthone, Australia— en esta etapa tal vez preapocalíptica, por su entrega total a la causa más noble a que el ser humano puede dedicarse: La defensa de la fe católica en momentos críticos, cuando se apagan las luces de quienes deberían ser guías y faros para el pueblo de Dios."
De varios puntos de la República Mexicana llegaron, a las redacciones de los periódicos, encendidos elogios para el apóstol desaparecido: de Tampico, de Mérida, de Guadalajara, de Zacatecas, de Acapulco...

El jueves 29 de abril, pasado el mediodía, los restos mortales del padre Sáenz recibieron cristiana sepultura en el Panteón Español, en la misma fosa en que reposan los restos de doña Magdalena Arriaga de Sáenz, de quien Joaquín era hijo predilecto. Estuvo presente el sacerdote Moisés Carmona y, entre los jóvenes, Rafael Vázquez se adelantó a pronunciar sentida y vibrante despedida, que resultó promesa y afirmación de permanecer en los puestos de avanzada en la defensa del catolicismo.
Resultó significativa, días después, la decisión de monseñor Tricarico, Delegado Apostólico de la Santa Sede en México. En la capilla de la Delegación celebráronse nueve misas del Novus Ordo —no podían ser de otras en tal sitio— en sufragio del alma del padre Sáenz Arriaga. Cenas, misas o asambleas, lo mismo da, a las que fueron especialmente invitados los familiares del difunto. Terminado el novenario, monseñor Tricarico preguntó por los documentos y papeles del Padre, a lo que contestó una sobrina suya: "Pídalos a los inquisidores mexicanos, amigos de mi tío..."
El presbítero y doctor Joaquín Sáenz Arriaga, como el Cid Campeador, ganaba una batalla más, después de muerto.
Laus Deo Semper

Antonio Rius Facius
¡EXCOMULGADO!
Trayectoria y pensamiento del
pbro. Dr. Joaquín Sáenz Arriaga
1980

NOTAS
1.- Ibidem. Pág. 2.
2.- Sáenz Arriaga, Dr. Joaquín. La restauración montiniana de la devoción a la Virgen Santísima. Imprenta Ideal, México, D. F., 1974. Pág. 5.
3.- Ibídem. Pág. 50.
4.- Ibídem. Pág. 54.
5.- Ibidem. Pág. 79.
6.- Wiechers Condey, Xavier. Relación manuscrita al autor. Ciudad de México, 4 de diciembre de 1979.
7.- Carta original del presbítero Moisés Ortega Rey, dirigida al autor.

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Published by Juan Manuel Olivar Robles - en El Concilio Vaticano II y sus herejías
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14 octubre 2012 7 14 /10 /octubre /2012 20:17

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CAPITULO VIII.- EL PROGRESISMO EN ACCIÓN
Durante los siguientes meses pareció suavizarse la tirante relación entre el Arzobispo, su Canciller secretario y el padre Sáenz. El 7 de julio la Madre Superiora de la Congregación de Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento solicitó a la Mitra autorización para que el padre Joaquín Sáenz Arriaga continuase, por tercera vez, el siguiente trienio como confesor ordinario de la comunidad, solicitud que fue concedida el 10 de agosto.
En aquellos días apareció su libro Cuernavaca y el progresismo religioso en México. La publicación de esta nueva obra del padre Sáenz abrió las puertas al asombro. Lo que estaba ocurriendo en aquella diócesis sufragánea de la de México, era muy grave y sintomático de un problema con implicaciones de momento indescifrables. La lucidez y conocimientos del sacerdote descubría el problema y anticipaba su origen, sus resultados y futuras consecuencias, como es fácil advertir en el simple enunciado de los capítulos del libro. El primero señala a Cuernavaca como planta piloto del progresismo religioso y denuncia la estrecha colaboración del dirigente del CIDOC (Centro Intercultural de Documentación) Ivan Illich, sacerdote yugoslavo de ascendencia judía, el ex abad Gregorio Lemercier y el obispo Sergio Méndez Arceo. Estos tres funestos personajes "obedecen necesariamente a una inspiración, a un poder, a un complot que supera las posibilidades individuales de cada uno de esos actores." (1).
Las pruebas presentadas son contundentes: la depravación moral, soslayada, justificada por el psicoanálisis de grupo en el convento de Lemercier, autor de la representación folclórica llamada "Misa Panamericana", que desde entonces fue implantada en la catedral de Cuernavaca. Después vendrían otras misas, tan falsas como aquélla, dirigidas a la destrucción de la fe católica.
Gregorio Lemercier fue consejero de Méndez Arceo durante su asistencia al Concilio Vaticano II.
El testimonio jurado de un miembro de la familia Capetillo reveló al padre que, bajo el freudanismo practicado en el convento de Nuestra Señora de la Resurrección, se practicaba la sodomía. Es un hecho que la denuncia desencadenó la investigación y posterior condena de Roma a este verdadero antro de prostitución, que funcionaba gracias a la complacencia y autorización expresa del progresista obispo de Cuernavaca quien, a pesar de todas las denuncias, las evidencias y sus propias cuanto cínicas confesiones, nunca sufrió represión alguna de las autoridades vaticanas ni de sus cofrades mexicanos.
El caso Illich alcanzó también relieve internacional. Ivan Illich, por medio de su Centro Intercultural de Documentación, con secretas conexiones judaicas y marxistas, realizó nefasta labor de adoctrinamiento comunista a través de religiosas y sacerdotes llegados a Cuernavaca de toda Hispanoamérica y los Estados Unidos.
El libro del padre Sáenz, claro, contundente e inequívoco, disgustó al cada día más numeroso grupo de progresistas e infiltrados, y, naturalmente, al jerarca más comprometido de la Iglesia en México: Miguel Darío, cardenal Miranda, quien esperó una oportunidad más propicia para descargar su golpe vengativo contra el primer sacerdote que se había atrevido a denunciar la conspiración dentro de la Iglesia cuyo origen muy pocos intuían, y menos aún conocían.
En octubre de 1967 el padre Sáenz pidió a la Mitra la renovación de sus licencias para ejercitar su ministerio sacerdotal. El día 23 recibió respuesta firmada por el Prosecretario en la que, por orden del Vicario General, le comunicaba "que sus licencias ministeriales últimas terminaron el 20 de febrero de 1964; que no hay constancia, desde dicha fecha, de renovación de la facultad de binar y de trinar (es decir, celebrar dos o tres misas el mismo día); que la licencia que pidió la R. Madre María Rosa Guadalupe de la Santa Cruz, de las R. R. M. M. Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento, el 7 de julio último, para que continuara usted como confesor de la Comunidad por un tercer trienio, no la concedió el Exmo. señor Arzobispo..." Le decía, además, que varias veces había sido llamado por el Arzobispo y nunca se presentó.
La mentira era manifiesta; no es de extrañar. A la primera objeción, el padre Sáenz reconoció que se le había pasado el tiempo para pedir oportunamente la renovación de las licencias, cosa que a muchos sucedía con frecuencia y seguirá sucediendo, debido a sus muchas ocupaciones "y para ser franco —admite— por no tener muchas relaciones con la Mitra, en donde hay tanta oposición" a su labor. Y cita casos concretos, ajenos al suyo, para demostrar su afirmación.
A la segunda objeción sobre que "no hay constancia de renovación de la facultad de binar o trinar, después de esa fecha (20 de febrero de 1964), el padre argumenta que decía la Santa Misa en la parroquia de la Divina Providencia donde el señor cura era cabeza de uno de los Decanatos —institución creada por el arzobispo Miguel Darío— y, las veces que dijo dos o tres misas, lo hizo por indicación del mismo señor cura, "a quien suponía con poderes para delegar".
Refiriéndose a que el arzobispo no concedió la licencia que pidió la Superiora de las R. R. M. M. Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento para que continuase como confesor de la Comunidad, el padre Sáenz respondió: "Miente Su Eminencia, o miente el Excmo. señor Vicario o, lo que es más probable, miente el Canciller", pues el 10 de agosto de ese año, es decir, dos meses y medio escasos anteriores a la carta del Prosecretario, el padre Sáenz había recibido el comunicado oficial número 00248-67 de la Curia del Arzobispado de México, nombrándolo, por un tercer trienio, confesor ordinario de la mencionada comunidad de religiosas.
Como se ve, el propósito de destruir al sacerdote que fue capaz de salir públicamente en defensa de la verdad, se hizo evidente con mucha anticipación.
Por aquellos días apareció un libro compuesto por Tito Casini, escritor laureado en letras italianas. Su título es harto sugestivo: La túnica rasgada. Los primeros ejemplares de este pequeño libro aparecen, por vez primera, en las librerías de Roma allá por el mes de marzo de 1967. Lleva un prólogo de Antonio, cardenal Bacci, fechado en Ciudad Vaticana el 23 de febrero de 1967. Libro revelador, que fue escrito tiempo antes y que su autor se atrevió a publicar cuando apareció Sacrificum Laudis, carta apostólica de Paulo VI, el 15 de agosto de 1966. "En la semana litúrgica —dice el autor— celebrada escasamente dos semanas después de la Carta del Santo Padre, se formuló un programa ampliando el campo para las lenguas vernáculas y los cánticos modernos populares... por tal motivo tuve que llevar de nuevo mi manuscrito a los impresores..." (2)
El padre Sáenz tradujo esta obra cuando estuvo en Roma, en mayo de 1968, y la publicó en castellano a su regreso a México.
Allí se relacionó con Civilita Cristiana, dirigida por Franco Antico. A esta organización católica tradicionalista pertenecen muchos miembros de la aristocracia romana, cuya adhesión a la Iglesia es bien conocida. Una distinguida señora, de rancia estirpe, ocupada en revolver viejos infolios para podar a los árboles genealógicos sus frutos podridos e injertos bastardos descubrió, en los anales de la nobleza italiana, pruebas de los nexos judaicos de la familia Montini. Estos datos importantes se los proporcionó al padre Sáenz, con los que pudo aclarar algunas dudas sobre la enigmática personalidad de Paulo VI.
También tradujo y publicó la Carta para una dialéctica conciliar, escrita por el Abbe de Nantes.
El de 1968 fue un año de importancia capital en el cambio de rumbo político y, por ende, doctrinal de la Santa Sede. Para justificar ahora lo que antes se había condenado hizo falta audacia y confianza en el poder de la autoridad.
Aunque muchos apreciaron la importancia de las radicales transformaciones, pocos se atrevieron a denunciarlas, y menos aún, a censurarlas. Sáenz Arriaga, testigo preocupado de lo que acontecía, consignó, en la Nueva Iglesia Montiniana, libro publicado tres años después, el significado de aquellos episodios trascendentales. Esta obra habría de acarrearle represalias inimaginables que no lograron, sin embargo, doblegar su espíritu.
Punto de partida en el asalto a la doctrina católica fue al Congreso Eucarístico de Bogotá, al que siguió la ya célebre Segunda Asamblea de la Conferencia Espiscopal Latinoamericana.
Durante los días 18 al 28 de agosto de 1968, en la ciudad de Bogotá, Colombia, se realizó este congreso, de características muy peculiares, pues asistió Paulo VI. Mas no adelantemos vísperas y, a grandes zancadas, sigamos el relato y los comentarios del padre Sáenz:
"El mencionado congreso fue el toque de rebato en la planeada subversión de los países latinoamericanos"... "fue la presentación solemne y oficial, ante el mundo católico, de la reformada Iglesia Postconciliar, de su programa, de sus finalidades." (3)
Ya para terminar el congreso, "cinco observadores no católicos" pidieron, en llamativo mensaje dirigido a la augusta asamblea, "la facultad de recibir la Sagrada Comunión con los obispos reunidos en ocasión tan importante." (4) Éstos fueron un obispo anglicano, un profesor luterano, un miembro de la comunidad de Taizé y dos protestantes más. La solicitud fue aceptada y el sacrilegio consumado. Pasado algún tiempo esta licencia fue elevada a rango legal por Paulo VI en beneficio de todos los herejes que, sin abjurar de sus errores, deseen participar de la comunión eucarística en las nuevas misas.
"Esto hecho inaudito e incomprensible es, así me parece —apunta el padre Sáenz—la digna culminación del segundo «Bogotazo» que quiere revolucionar las estructuras todas de América Latina. Como católico y como sacerdote... no puedo controlar mi justa indignación ante el ultraje que yo considero sacrilego, de este gesto político, con que los prelados latinoamericanos, y el mismo Paulo VI, según se supo después, como otros nuevos judas, quieren entregar a su Maestro." (5)
Cabe subrayar la real presencia de Nuestro Señor Jesucristo en la Sagrada Eucaristía, pues aún no se había sustituido la Santa Misa por la actual asamblea del Novus Ordo Missae.
La Conferencia de Medellín resultó punto de arranque de la subversión marxista en Hispanoamérica. Fue su justificante, su eficaz impulsor. Ya lo señalaba el padre Sáenz: "Porque los hechos sucedidos subcontinente después del Congreso Eucarístico y la Conferencia de Medellín son en extremo gravísimos y reveladores..." Presentáronse las primeras consecuencias en forma de "sangrientos conflictos estudiantiles en Uruguay, Brasil y México; el presidente de Bolivia anunció que las guerrillas habían resurgido en el campo boliviano..." En Costa Rica, en Argentina, en Panamá, en Perú hubo actos terroristas y golpes de Estado. La Teología de la Liberación estaba en marcha. El recuento de aquellos sucesos que ensangrentaron tierras de América prueban la funesta influencia de la reunión del CELAM en el asalto al poder constituido para procurar el cambio de estructuras, en el que Fidel Castro resultó obligado intermediario entre sus amos de Moscú y los terroristas que contaban con el disimulo y aun la complicidad de clérigos progresista- y prelados de sotana roja. Son concluyentes los documentos publicados y que el padre Sáenz cita en su libro. Coincidió el viaje de Paulo VI con severos problemas de alcance mundial. En Checoslovaquia habíase iniciado un proceso de desovietización, un intento atrevido para recuperar la independencia por medio de un cambio progresivo en el sistema socialista mantenido por Moscú. En abril de ese año se formó el nuevo gobierno que propició estas drásticas reformas políticas y económicas. En julio reunidos en la URSS los miembros del Pacto de Varsovia, instrumento que garantiza por la fuerza militar la hegemonía comunista en Europa del Este, enviaron un ultimátum al gobierno checoslovaco, seguido de la brutal invasión del ejército ruso hasta destruir el proceso de liberación. Paulo VI lamentó este hecho, pero no lo condenó como sabía hacerlo cuando, en algún país libre, se juzgaba y condenaba a terroristas de izquierda, consecuente con su propia imagen prefabricada que lo hacía aparecer como nuevo Cristo de los pobres y los que tienen hambre.
El año del Congreso Eucarístico y la Segunda Conferencia del CELAM fue el de los estallidos revolucionarios protagonizados por juventudes estudiantiles azuzadas en París y en México. La viril resistencia del presidente Gustavo Díaz Ordaz evitó que el país cayera definitivamente en manos marxistas. Todo un proceso de cambio apoyado en la negación teológica anterior para ser sustituida por verdaderas herejías propias a dicho cambio, como lo demuestra documentalmente Sáenz Arriaga en las páginas centrales de su libro. Esta conferencia del CELAM no era, en sí misma, más que consecuencia natural de las nuevas corrientes teológicas: " llaman los hombres de la prensa a la iglesia «Nueva Iglesiareformada» que nació del Concilio de Juan XXIII y de Paulo VI. Nueva Iglesia que avanza irreversiblemente contra las tesis tradicionalistas y conservadoras. Es, pues, un avance doctrinal que borra, que destruye el pasado, porque hay oposición entre esas dos mentalidades, y esa oposición es irreconciliable." (6)
No es posible seguir página a página el extenso trabajo del padre Sáenz, pero dada la importancia que alcanzó esta obra en la opinión mundial, conviene señalar algunas de sus certeras denuncias, entre ellas la que se refiere al Día del Ecumenismo, lunes 19 de agosto de 1968. Transcribe el texto oficial de la "concelebración", el diálogo entre el ''presidente" y la "asamblea" a la que asistieron los coros de la Iglesia Bautista, de la Iglesia Anglicana, de otras Iglesias y el Orfeón Antioqueño:
"Al lado del Legado Pontificio se sentaron en desedificante igualdad, en litúrgicos hábitos, el sacerdote ortodoxo Gabriel Stephen, el llamado obispo luterano de Baviera Dieszelbinger y el sacerdote o ministro anglicano Samuel Pinzón... Ante aquel insólito espectáculo, yo pensaba en la crucifixión de Cristo, cuando el Señor, en el Calvario, estuvo en su cruz entre dos ladrones." (7)
Es necesario advertir que el padre Sáenz Arriaga concurrió al Congreso Eucarístico de Bogotá y a la Asamblea del CELAM, en Medellín; fue, por consiguiente, testigo directo de aquellos sucesos que acabaron por descubrirle la terrible conspiración contra la Iglesia y la ineludible responsabilidad del más alto jerarca de la Iglesia Católica.
Ya en este camino sigue, paso a paso, desmenuzando el cambio impuesto a la teología católica: "Es evidente que ha ocurrido un cambio radical entre la actitud definida, precisa, contundente de Pío XI y Pío XII, y el ablandamiento desconcertante y manifiesto de Juan XXIII y Paulo VI:" (8) Basta, entre tantos ejemplos, el Decreto de excomunión de la Suprema Congregación del Santo Oficio sobre el Comunismo, de fecha 29 de junio de 1949, aprobado por el Papa Pío XII el V de julio de 1949. El padre Sáenz lo transcribe en la página 156 de su libro y concluye: "El viraje, pues, de que habla Prezzolini entre la posición de Gregorio XVI, Pío IX, León XIII, Pío XI y Pío XII, y la política conciliatoria de Juan XXIII y Paulo VI es claro, es indiscutible."
Habla, también, del Padre General de la Compañía de Jesús, Pedro Arrupe, de su interferencia en el CELAM y el desvío de 180 grados que ha impuesto a la otrora gloriosa institución ignaciana, y cita la respuesta que dio a unos periodistas que lo entrevistaron:
"—¿Y por qué es tan notoria la impaciencia de los sacerdotes jóvenes?
"—Porque toda la gente joven ve, con razón, que el mundo está cambiando. Hay que cambiar estructuras y mentalidades. Pero ese cambio se le presenta al sacerdote joven de manera más profunda, precisamente porque su vocación le mueve a vivir todo con más intensidad.
"Ese cambio de mentalidad, de que habla el padre Arrupe —reflexiona el padre Sáenz—, es un cambio de fe." (9)No es de extrañar tan radical afirmación cuando, más adelante, transcribe los elogios desmedidos y la plena y personal identificación de Arrupe con el pensamiento de Teilhard de Chardin, quien como se sabe, fue censurado por S. S. Pío XII.
¿Qué fuerza oculta inspiraba estos cambios, este proceso demoledor de la Iglesia? ¿La respuesta estará relacionada con la ostentosa exhibición del Racional o Joshem, símbolo del gran sacerdote israelita usado por Paulo VI? En las fotografías —algunas en color— que le fueron tomadas durante los distintos recorridos y ceremonias realizadas en Colombia —y posteriormente en el mismo Vaticano—, publicadas en la prensa y reproducidas en libros y folletos alusivos, aparece claramente ese pectoral misterioso.
En la página 322 de La Nueva Iglesia Montiniana, su autor copia un artículo escrito y publicado por el Abbé Georges de Nantes en su revista Contra Reforma intitulado El amuleto del Papa: "He aquí, pues, sobre el corazón del Papa, atado a su cuello, el Pectoral del Juicio, que el Sumo Sacerdote Aaron y sus sucesores deberán llevar como ornamento ritual, y sobre las doce piedras del cual estaban inscritos los nombres de las doce tribus de Israel, «para evocar continuamente su recuerdo en presencia de Yahveh» (Ex XXVIII, 29). Paulo IV lleva la insignia de Caifas." (10)
A pesar de la importancia de tal interpretación, Paulo VI no sólo guardó silencio, sino que continuó usando en muchas ocasiones el mentado Racional, como es fácil probarlo por las fotografías suyas publicadas en L'Osservatore Romano. Precisamente, en el N° 554 correspondiente al 12 de agosto de 1979, edición semanal en lengua española, aparece en la primera página "Una foto histórica: Pablo VI en el Consistorio del 26 de junio de 1967, agrega al Sacro Colegio de los Cardenales al arzobispo de Cracovia, monseñor Karol Wojtyla, abriéndole así el camino al pontificado romano... Juan Pablo II habla siempre de su predecesor llamándole su «maestro», su «padre»." Monseñor Wojtyla, de rodillas frente a Paulo VI que porta el discutido símbolo judaico, escucha las palabras que su predecesor le dirige.
En su viaje por Sudamérica, el padre Sáenz visitó jefes de Estado, a monseñor Antonio Castro Mayer, obispo de Campos, Brasil, uno de los prelados fieles a la tradición católica en Hispanoamérica; a Antonio Corso, del Uruguay; y en el Instituto de San Atanasio encontró al gran pensador y escritor católico, doctor Carlos Disandro, latinista y teólogo excepcional. Su llegada a Buenos Aires fue coreada por publicaciones pagadas por falsos tradicionalistas que quisieron capitalizar el respeto y admiración internacional hacia el sacerdote mexicano. Sorprendiéronse con sus declaraciones sobre la herejía montiniana. Había llegado la hora de ser consecuente con la verdad. Remontar el cauce de las divergencias doctrinales hasta llegar al manantial del error. Y el padre Sáenz se sumergió valerosamente en esta corriente contraria.
Celoso del valor del tiempo, también viajó a los Estados Luidos de América. Este país heterogéneo y liberal le ofrecía posibilidades de relacionarse con grupos de resistencia en algunos círculos católicos. Contaba con la amistad de importantes portavoces del tradicionalismo, entre otros el padre James Wathen, autor del libro El gran sacrilegio, capellán de los Caballeros de Malta. Asistió a diversos congresos católicos y visitó la comunidad polaca de Pittsburgh, en el templo de San Pío V, construido por seglares y atendido por el padre Leo Fredercks.
En una de las conferencias a las que concurrió, fue invitado a pronunciar el discurso oficial en el banquete de clausura. Como era obvio, se le designó lugar en la mesa de honor. A su derecha permaneció vacío el asiento designado a un sacerdote de los que llaman en los Estados Unidos "conservador responsable", es decir, de aquellos que defienden la misa tridentina, atacan la masonería pero excluyen toda referencia al judaismo y son incapaces de objetar la legitimidad de Paulo VI. El perspicaz sacerdote mexicano midió la escena, calibró el desaire y dijo:
"Los enemigos de la Iglesia son capaces de devolvernos la Misa a cambio de que no toquemos el poder oculto que gobierna en estos días la divina institución."
Su discurso resultó estupenda lección de teología católica, y una feliz referencia a la obra suscrita por Maurice Pinay.

NOTAS
1.- Sáenz Arriaga. Dr. Joaquín. Cuernavaca y el progresismo religioso en México. México, D. F. 1967. Pág. 8.
2.- Casini, Tito. La túnica rasgada. Pág. 13. En el mismo volumen: Saj, Eduardo. ¿A dónde vamos? Christian Book Club of America, Hawthorne, Cal., 1968. Traducción del doctor Joaquín Sáenz Arriaga.
3.- Sáenz Arriaga Dr. Joaquín. La Nueva Iglesia Montiniana. México, D. F., 1971. Pág. 5.
4.- Ibidem. Pág. 6.
5.- Ibidem. Pág. 7.
6.- ibidem. Pág. 93.
7.- Ibidem. Pág. 121.
8.- Ibídem. pág. 144
9.- Ibídem. Pág. 229.
10.- Ibídem. Pág. 322.


IX.- LA NUEVA MISA

ANTES de finalizar el año 1969, el padre Sáenz compuso un pequeño libro intitulado La misa impuesta para el 30 de noviembre, no es ya una misa católica.
Se refería a la Constitución Apostólica Missale Romanum promulgada por Paulo VI el 3 de abril de 1969, con base en el capítulo II de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, promulgada por él mismo durante el Concilio Vaticano II, el 15 de diciembre de 1963. En este II capítulo dedicado al Sacrosanto Misterio de la Eucaristía no se habla de una reforma sustancial de la Misa; todo el texto va dirigido a una posible adecuación popular del Santo Sacrificio: una ampliación de las lecturas bíblicas; reafirmación del uso del latín en las partes culminantes de la Misa; la conveniencia de la homilía, especialmente dominical; puntualización de algunos aspectos accesorios y permiso de establecer algunos ritos o plegarias en desuso. En ninguna parte de este capítulo se habla de transformar el sentido sacrifical, de adaptar el rito al uso protestante para justificar la herejía centenaria de luteranos, calvinistas, anglicanos. Sin embargo, sucedió lo inesperado. Paulo VI nombró una comisión presidida por Annibale Bugnini, desautorizado eclesiástico a quien Pío XII había marginado de la Curia Romana.
Este prelado pidió y obtuvo la colaboración de cinco ministros protestantes para crear una nueva misa o cena luterana que dejó muy complacidos a sus colaboradores y, por supuesto, a todas las sectas reformistas que nunca antes habían admitido la Misa verdadera.
Era, la llamada de atención del padre Sáenz, un grito de alarma que se perdió en la sordera de los comprometidos, de los indiferentes, de los pusilánimes. Un grito de alarma que no era suyo únicamente. Era la voz múltiple de diversas y autorizadas personas representativas de Francia, de Italia, de España, de México. En su estudio expone puntos irrebatibles de doctrina y denuncia las graves discrepancias entre la Misa sacrificio y la misa asamblea; entre el dogma tridentino y la cena conmemorativa.
Don Joaquín conoció y trató ampliamente a George Vinson, en París, y también allí se relacionó con el escritor Michel de St. Pierre, notable investigador del judaismo y sus relaciones con la Iglesia a lo largo de los tiempos.
George Vinson dio a las prensas, en 1971, un breve cuanto explícito análisis del Novus Ordo Missae, con el título La nouvelle messe et la conscience catholique. Con notas del padre Sáenz se publicó al año siguiente en México, traducido al español.
Resulta incomprensible cómo, ante tan sólidas objeciones enviadas oportunamente a la Santa Sede, iniciadas con el examen realizado por "un grupo de prominentes teólogos liturgistas, pastores de almas de la Ciudad Eterna —el M. I. G. des Lauriers, O. P., fue uno de ellos—, presentado al Soberano Pontífice por un grupo de cardenales, entre los cuales figuraban Ottaviani y Bacci qne firmaron la carta" (1), no se diera marcha atrás en la confección y promulgación del novus ordo missae, quizás porque el propósito del cambio era, como ha dicho el arzobispo Marcel Lefebvre, transformar la Iglesia. La primitiva reforma protestante tardó más de medio siglo en consolidarse, es decir, el tiempo que media aproximadamente entre dos generaciones; la reforma postconciliar fue consumada en menos de diez años.
"El nuevo «ordo missae» se instaló y se impone a la Iglesia contra la voluntad del Sínodo Espiscopal que, en 1967, había mayoritariamente rechazado esa que entonces llamaron «misa nomativa». El nuevo «ordo missae» pretende sustituir al antiguo Misal Romano, promulgado por San Pío V, y la Constitución Apostólica de Paulo VI Missale Romanum que pretende imponerlo, reconoce, con palabras claras e inequívocas, que la dicha Misa de San Pío V no ha sido cambiada desde el siglo IV o V." (2)
En su libro el padre Sáenz, además de la recopilación de opiniones desfavorables a la anunciada imposición de la nueva misa postconciliar y ecuménica, ofrece serian reflexiones basadas en la doctrina del Concilio de Tiento sobre el verdadero sacrificio eucarístico. Apoya sus argumentos en lo ordenado por San Pío V, "confirmado después por Clemente VIII, por Urbano VIII y por San Pío X.' Esgrime "la doctrina de Pío XII en la encíclica Mediator Dei et hominum", para concluir que "la nueva misa no es ya una misa católica".
El novus ordo missae fue impuesto, aun antes de la fecha fijada al ser promulgada, sin manifiesta oposición de los episcopados. Las Conferencias Episcopales se apresuraron a la fraudulenta traducción del texto latino a lenguas vernáculas, agudizándose los cambios sustanciales y el sentido original del Santo Sacrificio.
El ataque frontal contra la tradición representada por veinte siglos de magisterio infalible, había hecho crisis. Ante el dilema de aceptar o rechazar los cambios impuestos, y aceptar o rechazar la autoridad de los responsables, hubo algunos "prudentes" y "sagaces" que optaron por rechazar los cambios, no así a la autoridad que los imponía.
A esa corriente, seguida por multitud de católicos, intentaron llevar al padre Sáenz. Un antiguo compañero suyo, el R. P. Benjamín Campos, S. J., autor de vigorosos ataques al progresismo, profeta del Apocalipsis, escribió, en junio 8 de 1971, a su ex hermano de la Orden: "Nunca digamos que el Papa está en mal camino, sino declaremos que nosotros estamos apoyados por el Papa, y expongamos la doctrina verdadera, aduciendo palabras del Papa que confirmen nuestra posición.
"Este modo de actuar nos dará: 1) La intocabilidad como católicos. 2) Las armas para que el Papa nos dé la razón o se declare contra el dogma. 3) La adhesión de los católicos aun de los tímidos, de los cobardes...
"Conozco las razones que tienen ustedes para proceder abiertamente. Que esto nos quita armas, lo tiene claro en las «revelaciones de la monjita de la Villa» (3) ... En ellas se recalca que debemos estar con el Papa, y no cualquier Papa, sino con Pablo VI." (4)
Firmado en Roma, en junio de 1971, terminado de imprimir en la ciudad de México el 16 de julio siguiente, apareció ¡Apóstata!, crítica al libro de José Porfirio Miranda y de la Parra, S. J., intitulado Marx y la Biblia, crítica a la filosofía de la opresión. Este libro verdaderamente herético y subversivo lleva el Nihil obstat de Jorge Manzano, S. J. (que fue, irónicamente, antiguo discípulo del padre Sáenz Arriaga), y Luis G. del Valle, también S. J. El Imprimi potest lo dio Enrique Gutiérrez Martín del Campo, Prepósito Provincial de la Compañía de Jesús, y el Imprimatur lo otorgó el cardenal Miguel Darío Miranda, Arzobispo Primado de México. La complicidad de tan relevantes eclesiásticos es manifiesta.
"Estuve en Roma —dice don Joaquín en su libro—. Mi salida (de México) coincidió con la publicación del libro más escandaloso, más satánico que han publicado los jesuítas de la «nueva ola», siguiendo, con ciega obediencia, las consignas reformistas que vienen de Roma." (5)
Esta denuncia trascendía el limitado territorio de una diócesis. La poderosa intuición de su autor le descubrió que tras de este libro revisado y autorizado por censores autorizados, estaba toda la responsabilidad de la nueva Iglesia, que rechazaba la doctrina tradicional, dogmática, incorruptible.
El muy conocido liberal padre Enrique Gutiérrez Martín del Campo, Prepósito Provincial de la Provincia de México, da luz verde, es decir, concede el Imprimini potest, al fruto engendrado por la calenturienta y revolucionaria inteligencia de José Porfirio; Su Eminencia Reverendísima, Miguel Darío, Cardenal Miranda y Gómez, Arzobispo Primado de México, otorga al fin graciosamente el Imprimatur, no sin lavarse antes las manos, como Pílatos, con una nota marginal, en la que hace notar "que su aprobación no significa necesariamente que ésta haga suyas las afirmaciones del autor...'' sino prueba que permite, en su arquidiócesis, la sana libertad de expresión ya que considera "que esta publicación está dentro del dogma católico; en nada se opone a nuestra fe".
"Yo, sin embargo —continúa diciendo el padre Sáenz—, a pesar de tantos y tan preclaros garantizadores, me atrevo a decir —¡pecador de mí!— ya desde el principio, que los censores no leyeron el libro, o no saben teología, o traicionan, comprometidos, su conciencia."
"...Afirmo que el libro, cuya publicación él ordenó con su «Imprimatur», sí está, abierta, descarada y perversamente, contra el dogma católico, contra la religión que fundó Cristo y contra toda religión; que esa que él llama «Sana libertad de expresión», es sencillamente la difusión diabólica y nociva de errores gravísimos, ya repetidamente condenados por Papas y Concilios; y que, haciendo o no haciendo suyas las tesis de José Porfirio Miranda y de la Parra, él, Su Eminencia, es el principal responsable de todo el daño que ese libro infame produzca." (6)
La referencia era clara y concisa. A lo largo del libro había de resultar reiterativa, cosa que a Su Eminencia le disgustó, sintiéndose impotente para actuar contra el viril censor.
Ya le llegaría mejor oportunidad para ejercitar su venganza.
En su libro el padre Sáenz apunta, con ojo certero, los errores de doctrina que sostiene el jesuíta; descubre sus falacias, denuncia sus sofismas, subraya sus herejías:
"Aquí tenemos, pues a Marx —a quien José Porfirio Miranda v de la Parra va a identificar con el pensamiento salvífico de la Biblia— rehabilitado, nada menos que por Paulo VI y los jesuítas de la «nueva ola»... Por eso. el mismo jesuíta emite este definitivo y asombroso juicio: "Todos nosotros estamos sobre los hombros de Carlos Marx"(7)
Hay, evidentemente, un rompimiento entre la iglesia preconciliar y la Iglesia reformada de Juan XXIII y Paulo VI.
"Admitir... la contradicción doctrinal entre lo que fue solemnemente, repetidamente enseñado por la Iglesia, por los Papas y Concilios anteriores y lo que Juan XXIII, Paulo VI y el Vaticano dicen ahora... es negar la inerrancia de la Iglesia y su indefectibilidad, garantizada por las promesas de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre: «Et portae inferí paevalebunt», y las puertas del infierno no prevalecerán. . ." (8)
El autor de ¡Apóstata!, como era obligado, transcribe citas textuales de José Porfirio para demostrar su gravísima heterodoxia, y concluye: "Creo que de sobra he demostrado lo inconsistente, lo arbitrario de su pensamiento, descaradamente comunista... decir que el pensamiento de Marx se identifica con el mensaje de la Biblia es, a todas luces, groseramente erróneo, injurioso para la palabra de Dios, blasfemo e intolerante para los oídos católicos." (9)
Ante la avalancha de reclamaciones provenientes de escandalizados católicos, entre los que por sus fundamentos teológicos destacaba la del padre Sáenz, los jesuítas ofrecieron inconsistentes argumentos en favor del apóstata y trataron, inútilmente, de exculpar a Su Eminencia, quien con su hermético silencio otorgó la razón a cuantos demostraron su personal complicidad.
Esta obra, más que las anteriores, provocó seria alarma en los círculos eclesiásticos. Porfirio Miranda tuvo que enfrentarse a un grupo de sus impugnadores frente a las cámaras de televisión.
Al comienzo de la década de los años setentas, entre los programas de televisión más vistos y comentados se contaba Anatomías: entrevistas, en ocasiones polémicas, con un número variable de participantes a quienes Jorge Saldaña, hábil y no pocas veces malicioso interrogador, disparaba preguntas o hacía comentarios sorpresivos para hacer caer en contradicciones a sus interlocutores. Este programa era transmitido por el canal 13, de la ciudad de México, los domingos a las 10 de la noche, aunque era grabado días antes.
En Anatomías se esgrimieron estupendos argumentos sobre temas políticos, artísticos, de actualidad. Hablar de religión, y concretamente del controvertido progresismo duramente criticado pero paulatinamente aceptado por muchedumbre de católicos desprevenidos, garantizaba inmenso auditorio.
En dos ocasiones se presentó Miranda a defender sus tesis marxistas y en ambas, aunque contaba con la evidente simpatía del conductor y de una parte de los asistentes al programa, no salió justificado. Jorge Saldaña invitó a un grupo de destacados "tradicionalistas" a exponer sus puntos de vista. El primer domingo de agosto el canal 13 transmitió el programa en el que tomaron parte el padre Joaquín Sáenz Arriaga, el licenciado Rafael Capetillo, el profesor Celerino Salmerón, el licenciado Rafael Rodríguez López y Antonio Ruis Facius.
El autor de ¡Apóstata! afirmó: "¡No soy un rebelde, un obstinado, sino un católico convencido...! En la Iglesia no puede haber contradicción entre la verdad y el error."
Sus intervenciones estuvieron matizadas por la prudencia de sus expresiones, la nitidez de sus argumentos, la solidez de sus exposiciones teológicas.
Saldaña le espetó a quemarropa esta pregunta: "¿Están excomulgados los progresistas?"
Sáenz Arriaga, respondió:
"—Si nos atenemos a las condenaciones de concilios anteriores, por ejemplo a las condenaciones de Trento, a las condenaciones del Vaticano I, a las condenaciones del Concilio Lateranense IV, están excomulgados, porque estas condenaciones fueron definitivas. El Concilio Vaticano I está en plena vigencia, como está en plena vigencia el Concilio IV Lateranense.
"—¿No cabe la palabra perdón? —insistió Saldaña.
"—Sí puede haber perdón si hay arrepentimiento, si hay retractación..."
Al finalizar el programa resumió su pensamiento en estas frases:
—Mis últimas palabras son de aliento para los que en México como en otras partes del mundo estamos dando la batalla dolorosa, estamos pasando por este calvario de verdadera amargura, porque nosotros somos los marginados, somos los descontinuados; nosotros somos ahora los enemigos, los que nos confiamos en la verdad eterna, en la verdad de Cristo."
Aún faltaba su más categórica definición personal. Desde hacía algunos meses el padre Sáenz traía entre manos un libro de importancia capital, cuyo título resume su vasto y variado contenido: La Nueva Iglesia Montiniana.. Lo dededicó a la memoria de monseñor Rafael Rúa Álvarez, antiguo cura de Orizaba, Ver., autor de una de las cartas que precedían el texto de Cuernavaca y el progresismo religioso en México.
Este nuevo libro apareció dos meses después de ¡Apóstata!, y sirvió como justificante a Su Eminencia Miguel Darío, cardenal Miranda, para descargar toda su autoridad sobre el indomable defensor de la tradición y la teología católica.
Desde la portada se define el contenido de la obra. Aparece una fotografía de Paulo VI revestido con el Racional de doce piedras semipreciosas, simbolizando las doce tribus de Israel. Este ornamento litúrgico jamás formó parte del ritual católico.
Sáenz Arriaga —ya lo hemos mencionado antes— relata y examina el significado del viaje de Paulo VI a Colombia, el contenido ideológico de la Segunda Conferencia del CELAM. Su juicio de los hechos podría considerarse profético si no resultara simplemente lógico. Advierte las contradicciones de Paulo VI y se pregunta: "¿Es Juan Bautista Montini un verdadero Papa?"
La respuesta va implícita en el capítulo titulado Paulo VI y sus responsabilidades en el caos actual de la Pglesia:
"El Modernismo, doctrina y partido denunciados y condenados por San Pío X —dice en este capítulo—, resurge y se impone en nuestros días con una pujanza y un poderío sin paralelo en la historia".
"Yo encuentro incomprensible e inaceptable este Concilio (Vaticano II), que además de ser equívoco, tiene puntos que han venido a revolucionar la doctrina de la Iglesia, en innegable contradicción con las definiciones de anteriores y recientes Concilios Ecuménicos y con documentos solemnes del Magisterio."
Añade adelante:
"La ruina de la Iglesia coincide tan exactamente con el Pontificado actual y sigue tan de cerca sus orientaciones reformistas y revolucionarias, que ya es imposible cerrar los ojos, para no darnos cuenta de que son los pastores, de que es, ante todos, Paulo VI el verdadero responsable de esta crisis sin precedente ni paralelo en la historia de la Iglesia." (10)
En otra parte de su libro, el teólogo mexicano vuelve sobre el tema ya tratado en otra de sus obras: la Misa, cómo fue canonizada por el Concilio de Trento, con toda su carga de tradición apostólica, y el Novus Ordo de Paulo VI. La sencillez del texto aunada a la profundidad teológica convencen a todo aquel que esté abierto a la lógica y dispuesto a aceptar la verdad.
La Nueva Iglesia Montiniana es una antología de opiniones diversas sobre el sincretismo religioso postconciliar, opuesto a la doctrina anterior y constante de la Iglesia.

NOTAS:
1.- Vinson, Georges. La Misa Impía (La nouvelle messe et la conscience catholique). Versión al español por Lidia Cruz de Rodríguez. Revisión y notas del Pbro. Dr. Joaquín Sáenz Amaga. Editores Asociados, S. de R. L., México, D. F., 1972. Pág. 33.
2.- Ibidem. Pág. 40.
3.- Cerca do !a Villa de Guadalupe vivía una monja de apellido Consuló, abadesa de su particular convento. Hacíase pasar por iluminada ya que era, desde hacía cuatro décadas ¡portavoz de Jesús! Afirmaba que Nuestro Señor la visitaba en horas inusitadas para dictarle mensajes celestiales que ella transmitía a los fieles por medio de una revistilla que publicaba bajo el rubro de Estrella. Contaba con centenares de crédulos seguidores ansiosos de reencontrar el rumbo perdido; creían las supuestas revelaciones de la monja condenando la acción de los infiltrados a la Iglesia, enemigos del Papa a quien impedían ejercer su autoridad.
Esta madre Consuló y doña Cabina, la rústica vidente de Punrarán en imaginario contacto personal con la Santísima Virgen María, ¡cuánto daño han becho a infinidad de incautos haciéndose pasar por representantes de la tradición católica!
4.- El R. P. Benjamín Campos, S. J., nunca ocultó esta tesis farisaica. En cierta ocasión me visitó, pienso ahora, con el propósito de sumarme a esta corriente de pensamiento intrínsicamente hipócrita, vergonzante y mentiroso, pues en privado cuestionaba la legitimidad de Paulo VI y en público se apoyaba en ella.
5.- Sáenz Arriaga, Dr. Joaquín. Apóstata. Crítica al libro de José Porfirio Miranda y de la Parra, S. J., México, D. F., 1971. Pág. 5.
6.- Ibídem. Págs. 12-13.
7.- Ibídem. Pág. 14
8.- Ibídem. Pág. 19.
9.- Ibídem. Pág. 155.
10.- Sáenz Arriaga, Dr. Joaquín. La nueva Iglesia montiniana. Pág. 341.

CAPITULO X.- EXCOMUNIÓN
Don Joaquín no quedó tranquilo e indolente después de ver impreso su libro. La edición se difundió con rapidez, y se agotó casi antes de brotar el caudal publicitario que le dio el decreto de excomunión.
El padre Sáenz, sin tomar descanso, emprendió la redacción de una nueva obra a la que había puesto por título ¿Cisma o Fe?, pero luego de las represalias recibidas al aparecer La Nueva Iglesia Montiniana añadió el subtítulo: ¿Por qué me excomulgaron?
Comienza refiriéndose a los ataques aparecidos en la prensa, y torna a mencionar los cambios, las aberraciones teógicas de la nueva economía del Evangelio. Habla del último Sínodo en Roma y sus implicaciones en la vida de la Iglesia y de la sociedad.
Fue, precisamente, cuando estaba a punto de dar fin a estas páginas en México cuando, inopinadamente, le llegó el edicto firmado por Miguel Darío, cardenal Miranda, Arzobispo Primado de México, y por su canciller, monseñor Luis Reynoso Cervantes, fulminando contra él "las penas supremas con que la iglesia puede herir de muerte a un sacerdote." (1)

Antes de citar la refutación que hace el padre Sáenz al texto de este edicto, hago un breve paréntesis sobre la personalidad eclesiástica del excomulgador.
Don Miguel Darío, originario de la ciudad de León, Guanajuato, nació el 19 de diciembre de 1895. Al ser ordenado presbítero nada hacía suponer que habría de escalar tantos peldaños jerárquicos. Siempre enigmático, discreto hasta en su repulsa a toda tradición: en lo histórico, en lo artístico, en lo religioso. Es posible que el origen de sus antagonismos nazca de mi origen mestizo, de su inadaptabilidad a la cultura occidental. Así lo demuestran, desde los remotos días de su juventud, decisiones tan radicales como la destrucción de archivos pertenecientes a asociaciones comprometidas en la lucha cristera, la eliminación de la primitiva Asociación Católica de la Juventud Mexicana, su antipatía por todo lo hispánico, incluyendo la herencia de arte virreinal. Cuando un sospechoso incendio destruyó en Catedral el retablo del Perdón, la sillería del coro, el facistol oriental, y dañó severamente los órganos de tubos, don Miguel Darío no disimuló, tras fingida pesadumbre, su satisfacción por la posibilidad de transformar el interior de la Catedral Metropolitana en un amplio bodegón, similar a la Catedral de Cuernavaca, donde su buen camarada, Sergio Méndez Arceo, acaudillaba las huestes progresistas en México.
Muchas voces clamaron justicia y el proyectado estropicio no se consumó. El retablo primero, los órganos después y la sillería del coro por último, fueron restaurados según su primitivo diseño. Sólo han permanecido los horrendos ventanales al estilo Cuernavaca, desafiando el ambiente, el sentido estético, el diseño original del templo más notable de Hispanoamérica.
Don Miguel Darío, sagaz y persistente, resultó elemento valioso en el cambio de la Iglesia. "Porque no hay que parar en medios para alcanzar fines previstos —afirma Manuel Magaña Contreras en la página 231 de la segunda edición de su libro Poder Laico—, el purpurado Miranda y Gómez excomulgó a los hermanos Santacruz —María, Carlos y Antonio— el 22 de julio de 1959, cuando estaban en los umbrales de ser electos dirigentes mundiales de las Congregaciones Marianas.
"Pero la insidia de monseñor Miranda y Gómez fue desbaratada por la Sacra Romana Rota, el 25 de mayo de 1962, en fallo que consta en la notaría del Vaticano." (2) Don Miguel Darío sufrió total derrota en su manía excomulgatoria, aunque logró lo que se proponía: nulificar a los destacados dirigentes católicos. (3)
Y aquí cierro este paréntesis, para mejor valorar el significado de la excomunión decretada contra el presbítero Joaquín Sáenz Arriaga quien, al recibir el edicto infamante, no se sorprendió: esperaba hacía tiempo el golpe de la Mitra de México, aunque ciertamente no tan feroz, injusto y rencoroso. Punto por punto deshizo las falacias ahí consignadas : "El presbítero Joaquín Sáenz Arriaga... sin ninguna censura, ni licencia eclesiástica, y no obstante que previamente se le había amonestado... ha editado, entre otros, el libro titulado La Nueva Iglesia Montiniana."
El aludido respondió: "Ante Dios juro que nunca se me había hecho ninguna amonestación... y exijo que se demuestre (nunca se demostró) un documento firmado por mí, que dicha amonestación se me había hecho de manera formal..."
Continúa el decreto: "Del examen minucioso de este libro, resulta evidente que en él se contiene una escala de graves injurias, insultos y juicios heréticos proferidos directamente en contra del Romano Pontífice y de los Padres del Concilio Vaticano II; al grado de afirmar el autor, con ingenua malicia, que la Iglesia está «acéfala» por haber incurrido el Santo Padre en herejía..."
"Creo que ante tan tremendas acusaciones —responde Sáenz Arriaga—, hubiera sido necesario el que se adujese siquiera algunas pruebas concretas. Y entonces hubiera tenido ocasión de legítima defensa y hubiera demostrado que el argumento de mi libro es una defensa de la fe de veinte siglos y un ataque, no a las personas, sino a los errores gravísimos que en mi libro denuncié."
Aducir pruebas es lo que menos convenía a los censores, entre otras razones por las que esgrime don Joaquín: "...lo que está en litigio es mi lucha por mi fe católica... Pero sobre las normas jurídicas y sobre las penas canónicas está, ante mi conciencia, la verdad revelada:
La crisis de la Iglesia, a la que Paulo VI había calificado como autodemolición, era ya inocultable. Dos campos antagónicos, irreconciliables, cuestionan la unidad: el tradicionalismo y el progresismo. "El primero es la postura monolítica de una fe que se remonta, a través de todos los Papas y todos los Concillios, hasta las fuentes mismas de la Verdad Revelada. . . El segundo, en cambio, es la «nueva economía del Evangelio» (Paulo VI, 29 de junio de 1970), es el llamado progresismo, el neomodernismo, la religión de la apertura, del diálogo, del aggiornamento, del ecumenismo." (4)
Los macizos conocimientos del padre Sáenz sobre Derecho Canónico, minaron ante la opinión pública las falsas bases sobre las que el Cardenal y su Canciller intentaron construir el decreto de excomunión.
Falsos tradicionalistas y declarados progresistas reaccionaron contra la legítima autodefensa del padre Sáenz Arriaga y, apoyados en la autoridad del excomulgador, se lanzaron contra don Joaquín; le arrojaron mil improperios que no alcanzaron a destruir sus argumentos, aunque desorientaron aún más a las multitudes incapaces de formarse un juicio imparcial. La dignidad episcopal se impuso a la fuerza de la razón. Los embozados enemigos de la Iglesia montaron la batería de Salvador Abascal para denostar, en artículos publicados en La hoja de combate, al inteligente teólogo mexicano. Los comprometidos en la conjura progresista, los que tienen intereses, no sólo sectarios sino económicos con los integrantes del poder laico, denunciado con pruebas irrefutables por Manuel Magaña Contreras, pasaron lista de presentes en la ofensiva de prensa para acallar las voces múltiples, desinteresadas e independientes que salieron en defensa del sacerdote ofendido. Magaña los menciona: Canónigo Ramón Ertze Garamendi, refugiado español; Enrique Maza García, jesuíta de sotana roja; su dócil amanuense, Rafael Moya García, primo suyo; Alejandro Aviles, democristiano inteligente y sagaz; Abraham López Lara, editorialista protestante; Genaro María González, fatuo escritor de estirpe progresista; Rafael Vázquez Corona, demoledor de la Acción Católica; José N. Chávez González, portavoz de los posteonciliares en "su" revista Señal; Horacio Guajardo tránsfuga liberal ex representante de empresarios confiados; José Álvarez Icaza, ex director del Movimiento Familiar Cristiano y activo dirigente socialista al frente del CENCOS (Centro Nacional de Comunicación Social), vocero oficioso de la Jerarquía Eclesiástica; Samuel Bernardo Lemus, sacerdote editorialista, propulsor del cambio litúrgico, económico, político; Antonio Brambila, presbítero y filósofo hábil en sofismas condimentados con sana doctrina católica... etcétera, etcétera; larga relación de la flor y nata de la subversión religiosa en México, cuya lista incompleta la encontrarán mis lectores en él mencionado poder laico. (5)
Sergio VII, el de Cuernavaca, no disimuló su gusto y, en la acostumbrada homilía dominical de su folclórica misa panamericana del 3 de enero de 1972, se dolió de los libros anteriores a La nueva Iglesia montiniana de Sáenz Arriaga: Cuernavaca y Apóstata.
"A la Iglesia en México le urge una era de creatividad que podría considerarse iniciada precisamente con el libro de Miranda —dijo— el mejor o uno de los mejores libros escritos en América Latina en orden a la liberación del hombre por el Dios libertador."
Tuvo razón don Joaquín al decir: "Si esta es la jerarquía que me excomulga, yo me siento muy honrado con esa excomunión."
Como muestra de los argumentos ambivalentes esgrimidos por los detractores del padre Sáenz, vale mencionar el artículo de Antonio Brambila: Sobre una excomunión, aparecido en El Sol de México, el 22 de enero de 1972.
Para impresionar a sus lectores, dice que "Joaquín Sáenz —condiscípulo mío de antaño y querido amigo— no incurrió en excomunión por haber criticado al Pontífice reinante... declara que la Iglesia está actualmente acéfala." Calumniosa imputación que Sáenz Arriaga desbarataría más tarde, pero que descubre la ligereza de su crítico al no leer, previamente, el libro en que fundamenta sus inválidos argumentos. Y no es todo: como buen sofista emplea la sinrazón al disculpar a Su Eminencia. Refiriéndose al Imprimatur que don Miguel Darío concedió a Marx y la Biblia, afirma: "El señor Vicario General de la Arquidiócesis se enteró con algún retraso de la salida del libro, de que ostentaba el Imprimatur, y que que estaba lleno de graves errores, y acaso por el retardo y también porque el Cardenal estaba ausente, no se apresuró a hacer una rectificación. Y regresado el Cardenal, seguramente por el cúmulo de atenciones diversas y por haber pasado un poco la «actualidad» del asunto, tampoco pareció prudente volverlo a suscitar." De manera que el "cúmulo de atenciones diversas" de Su Eminencia justificó el Imprimatur que nunca fue negado ni mucho menos derogado por quien se hizo solidario de las doctrinas marxistas expuestas por el jesuíta Miranda y de la Parra.
Frente a tales evidencias ¿no había de afirmarse más en su fe multisecular y en su difícil misión el irreductible teólogo?
El aislamiento provocado al padre Sáenz no mermó sus convicciones ni apagó su celo apostólico; aceptó las consecuencias de su postura intransigente y recibió con resignación las falsas imputaciones y calumnias, no sólo provenientes de extraños, sino originados aún en el seno de su propia familia.
"Hace unos días —revela en el prólogo al estudio del padre George Vinson, ya citado—, una persona, pariente mío por cierto muy cercano, infestado del progresismo en boga, para quien la teología medieval de los grandes maestros de la escolástica de la edad de oro, definitivamente superada por Maritain, Teilhard de Chardin, el papa Montini, y los «jesuítas de la nueva ola», me condenaba por mi postura anticuada, retrógrada y totalmente insostenible ante los avances de la ciencia moderna. Para él —su profesión es la de médico, no la de filósofo ni la de teólogo— la «evolución» es incontenible y dentro de su dinámica ininterrumpible, ha de dominar también la ciencia religiosa. El papa Montini, Juan XXIII y su Concilio vinieron a salvar la Iglesia de la inevitable muerte a donde su decrepitud la llevaba.
"Estos pobres indoctrinados, sin darse cuenta, han perdido la fe. Piensan que Cristo, el hijo de Dios, no tuvo visión o poder para fundar una Iglesia inmutable, aunque capaz de desarrollo y de progreso, sino que debería haber incorporado su obra divina al curso constante de la evolución." (6)
Sus argumentos son precisos, dentro de su fina ironía. Resulta fácil, después de todo, defender la tradición con la verdad, y descubrir el embate contra la fe, programado y realizado eficazmente por los nuevos reformistas que han salido al encuentro de los hermanos separados para integrar, entre todos, la nueva Iglesia postconciliar.
En sentido inverso, la repulsa al arbitrario proceder de Su Eminencia se caracterizó por la solidez de los argumentos esgrimidos y la calidad moral e intelectual de cuantos se hicieron solidarios del indoblegable teólogo.
Quizás la frase más feliz, resumen de esta postura, la expresó Rene Capistrán Garza, en memorable artículo publicado a los pocos días del infamante decreto del cardenal Miranda. El título era síntesis perfecta del contenido: En comunión con el excomulgado. Capistrán Garza, como en sus más significados días de gallardía cristera, cuando simbolizaba la rectitud, la firmeza de la juventud católica de México, esgrimió su pluma en defensa de la Iglesia. Puso en esta última batalla de su vida azarosa todo el ardor, el ingenio de su inimitable estilo literario en el que, jugando con las palabras, dejaba sin defensa posible a sus adversarios, a los modernos adversarios de la Iglesia Católica.
Con don Joaquín estuvieron, en sus horas de abandono por respetos humanos, gente de estirpe religiosa, intelectual y artística. El poeta Vicente Echeverría del Prado dedicó "al reverendo padre Joaquín Sáenz Arriaga, denodado paladín de la verdadera Doctrina de Cristo", este soneto:
Hoy como nunca con Usted, querido y venerado Padre Sáenz Arriaga; hoy que su corazón luce la llaga que en la verdad más ha resplandecido. La del puñal por la traición blandido contra la fe que al pensamiento embriaga en una luz misericorde y maga que sobre la razón ha descendido. La luz de Cristo Dios que representa Usted, en el malstróm de la tormenta de falsedades, desencadenada por la sombra satánica, extendida de pelo a pelo, como encrucijada del tiempo cruel contra la Eterna Vida.

No faltó, en medio del drama, la nota humorística e ingeniosa de don Luis Vega Monroy, el insuperable epigramista contemporáneo que bajo el diáfano seudónimo de Don Luis, escribió:
Todo ha dado tal viraje y es tanta la confusión, que ya no parece ultraje que alguien, con toda razón se mande cortar un traje de primera excomunión.

En otro de su célebres epigramas, Don Luis, atinadamente, comentó:
Si el que la hace la paga, aquí —por lo que yo veo— nos quedamos a la zaga, pues la hace Méndez Arceo y la paga Sáenz Arriaga.

Llegáronle cartas del interior de la República. Seglares unos, religiosos otros. Gloria Riestra le reiteraba "el afecto filial de la hija en Cristo que tiene desde hace muchos años que con su palabra de apóstol conmovió su alma." Jesús Ochoa, padre misionero de la Sagrada Familia, en Uruapan, Mich., se hizo presente, como también el presbítero Moisés Carmona, de Acapulco, Gro., otro de los denodados sostenedores de la tradición: "A usted lo excomulgaron por su fidelidad a Cristo, a sus enseñanzas y a su Iglesia. ¡Bendita excomunión! Como sea por eso, que me vengan todas las excomuniones." Y así sucedió: poco tiempo después el postconciliar Obispo de su diócesis lo "excomulgó" por negarse a celebrar la nueva asamblea comunitaria en lugar de la Santa Misa. Montado en cólera quiso expulsarlo del templo de la Divina Providencia, a lo que se opusieron todos sus feligreses. Ninguno claudicó y el padre Carmona pudo continuar celebrando el Misterio Eucarístico e impartiendo los sacramentos en su prístina pureza evangélica.
Los católicos colimenses publicaron en el periódico Novedades, de la ciudad de México (5 de enero de 1972) extensa carta abierta, dirigida al cardenal Miranda, la cual, como es de suponerse, no obtuvo respuesta. En esta misiva muestran su extrañeza "por una sanción no aplicada a miles de desertores sacerdotes, tránsfugas y corruptores que desde la cátedra sagrada aniquilan dogmas, fe y buenas costumbres, así como la liturgia eclesiástica hasta llegar a las misas comunitarias sacrilegas —como está sucediendo en esta Diócesis de Colima y las que se celebran en la ciudad de México— en que se consagran bolillos, cemitas y tortillas en burla a la Sagrada Eucaristía, todo a ciencia y paciencia del cardenal Miranda."
De España, Francia, Italia, Inglaterra, Estados Unidos, Brasil, Argentina y otros países recibió don Joaquín mensajes alentadores. Entre los más conocidos corresponsales estaban el padre Herve Le Lay, de Argentina, hecho al temple de las persecuciones por publicar la excelente revista La tradición; el padre Noel Barbara, director de Forts dans la fei, de Francia; el escritor argentino Alberto Boixados; la sociedad The Voice (La Voz) en Nueva York, etcétera.
En momento alguno vaciló don Joaquín. No sostenía una lucha personal; estaba comprometido con Cristo y con Su Iglesia. Voló a Roma el 9 de enero de 1972 para asistir a la Asamblea de los Defensores de la Tradición, en la que estuvieron presentes delegados de 21 países. Su reciente '"excomunión" contribuyó a extender la fama que gozaba internacionalmente el valeroso sacerdote mexicano, quien fue recibido en Roma con el entusiasmo peculiar de los italianos. En conferencia de prensa transmitida a todo el mundo, declaró su ascendencia católica, su cercano parentesco con más de medio centenar de sacerdotes y religiosas; flageló a los infiltrados en la Iglesia que auspiciaban los modernos errores y reiteró su postura frente a Juan Bautista Montini de quien dio a conocer su ascendencia judía, sus complacencias con la masonería y el comunismo ya que era sabido que la Santa Sede realizaba secretamente convenios y compromisos con los gobiernos marxistas del Este europeo y sus amos de Moscú.
La presencia del padre Sáenz en Roma exaltó los ánimos de no pocos tradicionalistas (7) y un grupo de ellos arrancó el escudo del cardenal Miranda, colocado en la parroquia romana de Nuestra Señora de Guadalupe y, al día siguiente, aparecieron en las paredes de la embajada de México las inscripciones: "¡Viva il padre Sáenz!", "Morte ai traidori", "W. P. Sáenz, patriota". El portavoz del Vaticano, Federico Alessandrini, se apresuró a condenar el justiciero atentado contra el símbolo del Arzobispo de México, que debía su cardenalato a Paulo VI, quien le impuso e

l capelo el 28 de abril de 1969. De alguna forma había que justificar a los Miranda, a los Méndez Arceo, a los Suens, a los Alfrik, a los Bugnini, a los Helder Cámara, a los Tarancón y toda la caterva progresista receptaría de honores vaticanos.
En 25 de enero de 1972 salió de prensas el libro del Padre Sáenz Arriaga, ¿Por qué me excomulgaron? ¿Cisma o fe? Y, sin desperdicio de tiempo, don Joaquín se impuso tarea de escribir y publicar su siguiente obra: Sede vacante, continuación, ampliación y actualización de La nueva esia montiniana (8)

NOTAS
1) Sáenz Arriaba, Dr. Joaquín ¿Por qué me excomulgaron?... Pág. 266.
2) Magaña Contreras, Manuel. Poder laico. Segunda edición. México D F 1972. Pág. 231.
3) Este turbio asunto es el tema central del libro Una enérgica y justa sentencia de la Sacra Romana Rota, publicado en la ciudad de México en 1969. por el licenciado Jerónimo Díaz, abogado defensor en el terreno canónico de los hermanos Santacruz.
4) Sáenz Arriaga, Dr. Joaquín. ¿Por qué me excomulgaron? Pág. 266.
5) Magaña Contreras, Manuel. Ibidem.
6) Vinson, Georges. Ibídem. Pág. 16.
7) El término tradicionalista me veo forzado a usarlo como una concesión al lenguaje común, ahora en uso. Reconozco, sin embargo, que no es correcto hablar de católicos tradicionalistas ni de católicos progresistas o postconciliares, pues lo primero es repetición de un mismo pensamiento expresado en distinta manera, y lo segundo es una contradicción. La esencia del ser católico es la fidelidad a la Tradición Apostólica, al Magisterio invariable; la evolución doctrinaria, la mutabilidad de principios canonizados, es herejía.
(8) La sorpresiva "excomunión" del presbítero Joaquín Sáenz Arriaga resulta una paradoja más en esta época preñada de contradicciones.
Por querer conservar su antigua fe y ser consecuente con las enseñanzas aprendidas en su hogar, en el seminario y a lo largo de su ministerio sacerdotal, la más alta autoridad eclesiástica en México lo expulsa pública e ignominiosamente de la comunidad católica, al mismo tiempo que diversos miembros del clero regular y secular, entre los que se cuentan célebres prelados, niegan dogmas y llegan al sacrilegio y la blasfemia sin renunciar a su privilegiado estado y dignidad sacerdotal.

Nadie se explica, en buena lógica, que un Méndez Arceo continuúe al frente de la diócesis de Cuernavaca; y como él otros muchos. Ni tampoco es explicable que un Salvador Freixedo, autor de libros heréticos, se siga considerando sacerdote; y como él una infinidad de tonsurados sin fe.

En el escenario mundial los ejemplos se multiplican hasta llegar al asombroso caso del profesor Hans Küng. La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, al cabo de 12 años se decidió a declarar que éste "no puede ser considerado como teólogo católico; ni puede, como tal, realizar una misión de enseñanza en la Iglesia Católica.''

La primera amonestación le fue hecha en 1967, después de la publicación de su libro Die Kirche ("La Iglesia"), Freibur / Brsg. 1967.

A este "teólogo" que contradice la doctrina dogmática del Concilio Vaticano I sobre la infalibilidad del magisterio eclesiástico, que pone en duda "si Jesucristo es realmente Hijo de Dios, o sea si es del grado y del nivel ser de Dios sin disminución", se le niega, únicamente, el derecho de enseñar en nombre de la Iglesia, pero no se le suspenda "ad divinis", ni se le declara excomulgado pues, como afirma el cardenal Joseph Hoffner, arzobispo de Colonia y presidente de la Conferencia Episcopal Alemana: "El profesor Kung no queda excluido de la Iglesia por esto y continúa siendo sacerdote." (Documento de la Presidencia de la Conferencia Episcopal Alemana sobre el profesor Hans Küng, publicado en L'Osservatore Romano, edición en español. 6 de enero de 1980, p. 11). Huelga señalar la marcada diferencia de trato entre un teólogo "tradicionalista'" y un profesor de teología "moderno", influyente consejero en el Concilio Vaticano II. Excomunión para el primero; desautorización pedagógica para el segundo, después de doce años continuos de amigables componendas.


continúa parte 4

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Published by Juan Manuel Olivar Robles - en El Concilio Vaticano II y sus herejías
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