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Presentación

442px-Emblem of the Papacy SE svgBienvenido a este blog de actualidad religiosa,de filosofía, de combate de la Verdad contra la secta modernista del "Concilio Vaticano II", de honor, amor y fidelidad al Magisterio infalible de la Santa Iglesia Católica, y de discusión sobre la actualidad de Méjico.
   Este blog pretende también reunir las direcciones de los centros de Misa y de sacerdotes NON UNA CUM, celebrando el Santo Sacrificio en total desunión a "Benedicto XVI" en México.

   No reconocemos, pues, la legitimidad de la autoridad de los "Papas del Concilio" Vaticano II. Estamos ciertos de que solamente esta posición, también llamada sedevacantismo, es la posición teológica que responde perfectamente a la situación actual de la Autoridad en la Iglesia, en particular detallada por la Tesis de Cassiciacum.

   Le invitamos a leer nuestro blog detalladamente. Permítanos presertarle nuestra postura teológica.

   Sea a la mayor gloria de Dios: 


El equipo de México y Tradición

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10 septiembre 2012 1 10 /09 /septiembre /2012 03:04

http://idata.over-blog.com/3/91/86/86/19.jpgESTIMADOS LECTORES:

 

LES PRESENTAMOS LA ÚLTIMA REVISTA INTEGRISMO DEL REV. PADRE HECTOR LÁZARO ROMERO. EXCELENTES ANÁLISIS.

 

GLORIA A DIOS, FIDELIDAD A LA IGLESIA, CARIDAD CON EL PRÓJIMO.

 

http://ddata.over-blog.com/0/46/19/78/integrismo/n--19.pdf

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10 septiembre 2012 1 10 /09 /septiembre /2012 02:58

 Algunos dan por inminente la firma de un acuerdo canónico entre los modernistas y la FSSPX. El Instituto Mater Boni Consilii durante años ha explicado cómo la posición de lefebvrista conduce a un callejón sin salida: o el compromiso con aquellos que son considerados la autoridad legítima de la Iglesia; o el persistir en la praxis cismática (desobedecer habitualmente a la denominada “legítima autoridad”) típica de una “petit église”. A pesar de las suposiciones más o menos fundadas de algunos vaticanistas, no es posible saber con certeza si, y cuando, se realizará el acuerdo canónico. 

En cambio, podemos y debemos constatar lo que está ahora ante los ojos de todos: la frecuentación, cada vez más asidua, por parte de la FSPX, de los ambientes conciliares conservadores; compuestos, no lo olvidemos, por aquellos que son los “guardianes” del Concilio, los defensores de las jornadas ecuménicas de Asís, los partidarios de la legitimidad y validez de los nuevos ritos, etc., todos en comunión con Benedicto XVI.

Pero la desviación de la FSPX no se detiene en este nivel, ya que se está consolidando la colaboración también con personajes relacionados con la organización brasileña TFP [tradición, familia, propiedad], considerada por muchos como sectaria, y sus múltiples siglas y satélites presentes en Italia, precisamente entre las filas de los conservadores. Y sin embargo la fe y el sentido común bastarían para mantenerse alejados de ambientes semejantes. Parecería que a fuerza de usar el misal del “beato Juan XXIII”, algunos están asimilando el principio roncalliano de “busquemos lo que nos une y no lo que nos divide”...

Recuerdo que el católico está radicalmente separado de los modernistas (progresistas o conservadores, con el rito antiguo o nuevo, en mangas de camisa o con hábito eclesiástico) por la profesión de Fe. Consideradas superables, al menos en el plano de la colaboración práctica, las divergencias doctrinales, ahora entonces se abren algunos espacios (aunque marginales) bajo argumentos en sí buenos y loables, pero que se convierten en la ocasión para hacer confluir, confundir y luego disolver a los católicos teóricamente anti-modernistas en la “derecha” del modernismo. Se trata de un mecanismo particularmente peligroso, sobre todo para los más idealistas, los más generosos y los más ingenuos, que merecerían ser guiados (y primero entonces formados doctrinalmente) de manera diferente.

Un ensayo general será una manifestación “pro-vida”, donde los lefebvristas se hallarán junto a institutos sacerdotales Ecclesia Dei, a una congregación Novus Ordo de frailes conservadores, a grupos del estilo “Timone-Bussola” [timón-brújula/publicaciones católicas conservadoras italianas], a la TFP y a la “Fundación Lepanto”, ¡e incluso junto al “Opus Dei” y a los Legionarios de Cristo! Entre otras cosas, sería interesante preguntar a los “lepantinos” y a los “timoneros” su opinión acerca de la vida y las condiciones en las que se ven obligados a vivir –y a morir– los niños palestinos. La relectura del artículo del Padre Francesco Ricossa, publicado en el n° 64 de Sodalitium, referente a las ediciones “Lindau” y “Fede e Cultura”, permitirá profundizar la cuestión de la absorción de la FSPX por grupos modernistas conservadores y los inquietantes lazos de algunos personajes de estos grupos con ambientes sectarios. 

Entrando entonces en la cuestión específica de la defensa de la vida, desde siempre y con mucho celo, las asociaciones “tradicionalistas” se han comprometido en este frente, consecuencia de su combate doctrinal. En Italia el divorcio y el aborto han vencido gracias a las concesiones del modernismo político de la Democracia Cristiana, y del modernismo religioso en el interior de la “Jerarquía” (entre otras cosas, la posición sostenida en el referéndum de 1981 marcó el pasaje de “Alleanza Cattolica” del frente anti-modernista a la carroza conciliar. Roberto de Mattei tuvo el mérito de oponerse a Giovanni Cantoni, pero permaneció devoto discípulo de Plinio de Oliveira…). 

Actualmente la situación no ha cambiado. La CEI [conferencia episcopal italiana] podría emprender una batalla enérgica sobre este tema, pero se guarda bien de hacerlo (el “cardenal” Bagnasco prefiere bendecir al gobierno Monti); los políticos “católicos” susurran vagos compromisos “por la vida” durante las campañas electorales, y el grupo inter-parlamentario que se ha constituido recientemente no se asemeja precisamente a un ejército de cruzados. Sin embargo, la derecha ratzingeriana habla de un número cada vez mayor de “cardenales” y “obispos” tradicionalistas (varios de los cuales adhieren a las manifestaciones mencionadas arriba), confundiendo quizás la defensa del dogma con las capas magnas revestidas en un uso acaso demasiado teatral del Misal Romano. Si los prelados en cuestión fueran verdaderamente como se los describe, sería sorprendente la ausencia sistemática, en sus diócesis, de acciones vigorosas contra el crimen del aborto. Y antes de eso, o al menos en paralelo, de acciones contra los errores en materia religiosa presentes en los textos del Concilio y en el “magisterio” de Benedicto XVI. 

La verdad es que entre los conservadores se ha creado una idea de la restauración en la iglesia que no coincide con la realidad. Se podrán extrapolar sistemáticamente las frases “católicas” de los textos modernistas de Ratzinger, se podrá intentar defender lo indefendible, justificar lo injustificable y realizar impresionantes acrobacias para conciliar lo inconciliable, podrán mentir a los demás y a sí mismos, podrán preferir la carrera, los espacios periodísticos y los éxitos editoriales al testimonio de la fe, pero no se puede cambiar la realidad objetiva de las cosas. Benedicto XVI, y todos aquellos que en el episcopado están en comunión con él, prosiguen la obra nefasta del Concilio, con la enseñanza de errores que ofenden a Nuestro Señor, contradicen la fe católica y el magisterio de los Papas hasta Pío XII, provocando gravísimo daño a las almas. La contrarreforma doctrinal y litúrgica de Ratzinger existe entonces sólo en la imaginación de los conservadores-tradicionalistas de la derecha conciliar.

Todo esto me recuerda el título de una canción interpretada por Edoardo Bennato, “l’isola che non c’è” [la isla que no existe]. Una isla, sin embargo, con muchas rocas traicioneras, contra las cuales podrían estrellarse el clero y los fieles de la Fraternidad, antes incluso de que su capitán realice la esperada y definitiva reverencia ante Benedicto.

8 de mayo de 2012

Padre Ugo Carandino

 

TOMADO DE LA REVISTA INTEGRISMO

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10 septiembre 2012 1 10 /09 /septiembre /2012 02:49

http://www.sodalitium.eu/images/benvenuto_files/001_SignatureAccordLefebvre1988.jpg

 

EN EL MES DE MAYO DEL PRESENTE AÑO 2012, EL PADRE FRANCESCO RICOSSA, SUPERIOR GENERAL DEL INSTITUTO MATER BONI CONSILII HIZO EL SIGUIENTE ANÁLISIS SOBRE LAS RELACIONES ENTRE LA FSSPX Y LA ROMA CONCILIAR, ESPERAMOS QUE SEA DE SU INTERÉS:

 

Un edificio construido sobre la arena…

El 9 de mayo del corriente año se hizo público un intercambio de correspondencia entre los obispos consagrados por Mons. Lefebvre en 1988, acerca de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y de la eventualidad de aceptar la propuesta de reconocimiento canónico, con ciertas condiciones, de dicha Fraternidad por Benedicto XVI. Más precisamente, se trata de una carta del 7 de abril del 2012, dirigida al Consejo general de la FSSPX por los obispos Alfonso de Galarreta, Bernard Tissier de Mallerais y Richard Williamson, y de la respuesta del 14 de abril firmada por los tres miembros del Consejo general: Mons. Bernard Fellay, Superior General, y sus dos asistentes, Niklaus Pfluger y Marc-Alain Nély. La autenticidad de las cartas fue confirmada el 11 de mayo por un comunicado de la Casa Generalicia de la FSSPX, que acusó de falta grave al anónimo divulgador de la correspondencia. La primera consecuencia oficial de la revelación de la carta de los tres obispos fue tomada ayer, 16 de mayo, durante la habitual reunión de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que decidió que “respecto a las posiciones adoptadas por los tres obispos de la Fraternidad San Pío X, su situación deberá ser tratada separada y singularmente” (separadamente de la de Mons. Fellay). 

 A una primera lectura, los autores de la carta del 7 de abril parecen estar –desde un punto de vista doctrinal, pastoral y también humano– en las antípodas de su colega y superior Mons. Fellay, y viceversa. Los tres primeros se oponen valientemente a la doctrina del Vaticano II y a aquella “subjetivista” de Joseph Ratzinger; estiman por lo tanto imposible un acuerdo doctrinal e inaceptable un acuerdo práctico con Benedicto XVI, y consideran que dicho acuerdo conducirá a la FSSPX a la ruina. Por el contrario, Mons. Fellay y sus asistentes piensan que el Vaticano II debe solamente ser interpretado según la Tradición, según la intención manifestada por Benedicto XVI, y que rechazar el reconocimiento canónico de la FSSPX equivale de hecho a tomar una posición cismática, si no sedevacantista, al rechazar la autoridad del Papa. De allí la tentación de los católicos de alinearse del lado de una u otra parte de los dos ejércitos en batalla. 

 En realidad, los cuatro obispos consagrados por Mons. Lefebvre están menos alejados entre ellos de lo que parece: llegan a conclusiones opuestas, pero lo hacen partiendo de los mismos principios. En efecto, los cuatro sostienen, al menos de hecho, como primera, última y suprema referencia la autoridad de Mons. Lefebvre –del cual se proclaman herederos– más que la de la Iglesia. Los cuatro se dicen en comunión con Joseph Ratzinger-Benedicto XVI. Los cuatro consideran, al menos de hecho, que la Iglesia y su Jefe visible, el Papa, son falibles, y que en los últimos cincuenta años (si no incluso constantemente, desde San Pedro, como pretende Roberto De Mattei en su ensayo “Apologia della Tradizione”), han caído en el error. Sus divergencias son atribuibles al hecho de que ponen de relieve uno u otro aspecto de la doctrina y praxis de Mons. Lefebvre: la existencia de errores en el Vaticano II, por un lado; la legitimidad de los “Papas” que difundieron y confirmaron estos errores, por el otro (con la consecuencia, común a ambos, que la Iglesia y el Papa serían –a veces sí, a veces no– fuente de errores). 

 La historia de la Fraternidad, dijo un día Mons. Lefebvre, es la historia de sus cismas. La causa principal de estos cismas, que llegaron ahora a la cima de esta sociedad, debe buscarse en la posición existente desde su fundación y adoptada luego definitivamente por la FSSPX entre 1979 y 1981: atribuir los errores “conciliares”, que no son otra cosa que la reedición del Modernismo condenado por San Pío X como la reunión de todas las herejías (y en consecuencia como una “súper-herejía”, según la expresión condenada por Mons. Fellay), al Papa legítimo y a la Iglesia, y entonces, en última instancia, al mismo Cristo que gobierna Su Iglesia, y al Espíritu de Verdad. 

 ¿Qué sucederá, quizás dentro de poco? No somos profetas. Sin duda, una vez más, los Modernistas han logrado hábilmente sembrar la división. 

¿Cuáles son los riesgos que, al término de este análisis, denuncia nuestro Instituto? 

El primero: que una buena parte de los fieles, detrás de Mons. Fellay, siga el proceso –comenzado desde hace mucho tiempo– de aceptación de la teoría y de la praxis del Modernismo agnóstico ratzingeriano. 

El segundo: que una u otra parte de los fieles, detrás de los otros tres obispos, o solamente de uno de ellos, siga el proceso ya avanzado de constitución de una pequeña iglesia galicana, hostil casi instintivamente al Papado y a la Iglesia Romana.

El tercero (pero no el último): que unos y otros persistan en los principios erróneos que Mons. Lefebvre, conscientemente o no, puso a la base de su edificio, y que han conducido al actual desastre. Un pequeño error en los principios se vuelve grande en sus conclusiones, y un edificio construido sobre la arena no resistirá a la prueba de los hechos. 


Nuestro Instituto denuncia los errores modernistas que comenzaron con el Vaticano II y las reformas que le siguieron. 

Afirma que tales errores no pueden venir de la Iglesia ni de un Pontífice legítimo. Recuerda que no se puede estar en comunión con quien no profesa íntegramente la Fe Católica.

Pone en guardia contra los errores profesados desde siempre por la FSSPX y por sus comunidades amigas, sea que estos errores lleven a un acuerdo con los Modernistas, sea que lleven contrariamente, siguiendo a uno o a varios obispos, a una resistencia a aquellos que son considerados como las autoridades legítimas. 

Constata que la tesis teológica sobre la situación actual de la Autoridad en la Iglesia de Mons. Guérard des Lauriers O.P., es hoy y siempre la más adecuada para fundar sólidamente la perseverancia en la Fe, y entonces poder enfrentar y vencer, con la gracia de Dios y la intercesión de María, a la herejía modernista que arruina y pierde las almas.   

Padre Francesco Ricossa

Verrua Savoia, 17 de mayo de 2012, Ascensión del Señor

Fuente: www.sodalitium.it

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10 septiembre 2012 1 10 /09 /septiembre /2012 02:11

http://www.sodalitium.eu/images/benvenuto_files/001_12ConMsre8296web.jpgLos sacerdotes fundadores del Instituto Mater Bonii Consilii hicieron en mayo de 1987 esta retractación pública debido a los difusión pública de doctrinas erróneas concernientes a la fe o a la moral, enseñadas precedentemente cuando formaban parte de la Fraternidad Sacerdotal San Pio X:

DISCULPA PÚBLICA

 Por haber enseñado, o al menos dejado implícitamente creer como conformes a la verdad, durante el período de 1982-1985, cuando pertenecían a la Fraternidad San Pio X, los errores siguientes:

    1) El Pontífice Romano goza de la infalibilidad solamente cuando enseña "ex cathedra" (es decir, cuando define dogmas).

    2) El Magisterio Ordinario y Universal de la Iglesia  no es infalible.

   3) El "Concilio Vaticano II", siendo pastoral y no dogmático, no puede ser infalible.

    4) Es legítimo y es un deber desobedecer ordinariamente a la enseñanza doctrinal, moral y litúrgica de la Autoridad legítima (Papa y Obispos), reconociendo al mismo tiempo a dicha Autoridad, todos los poderes que le son propios según la Divina Constitución de la Iglesia.

   5) Es posible que la Autoridad legítima (el Pontífice romano) promulgue e imponga a la Iglesia Universal leyes (rito de la Misa, Sacramentos, Código de Derecho Canónico) que contengan errores, herejías, o leyes simplemente nocivas al bien de las almas.

   6) Es posible que un auténtico Pontífice romano, verdadero Vicario de Jesucristo, sea al mismo tiempo cismático, apóstata, en ruptura con la Tradición y que sus actos sean considerados como nulos.

 
   Las presentes declaraciones erróneas hieren mortalmente al dogma católico concerniente a la divina constitución de la Iglesia, su Magisterio, la infalibilidad de la Iglesia y del Pontífice Romano.

  Quienes firman la presente "Disculpa pública" piden perdón y oraciones a todos aquellos que pudieron haber sido escandalizados, asegurando que, con la ayuda de Dios, errores tan graves como estos, no serán nunca más enseñados. 

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10 septiembre 2012 1 10 /09 /septiembre /2012 02:00

442px-Emblem of the Papacy SE svgCon un Decreto del 21 de enero de 2009, el prefecto de la Congregación para los  Obispos, cardenal Giovanni Battista Re, ha levantado “a los obispos Bernard Fellay, Bernard Tissier de Mallerais, Richard Williamson y Alfonso de Galarreta la censura de excomunión latae sententiae declarada por esta Congregación el 1 de julio de 1988” declarando privado de efectos jurídicos, “a partir de la fecha de hoy, el Decreto emanado en aquel momento”.

 Como recuerda el mismo Decreto, el retiro de la excomunión ha sido acordado después de un pedido en tal sentido de Mons. Fellay, a nombre de los cuatro Obispos, enviado al cardenal Castrillón Hoyos, presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei (carta de Mons. Fellay del 15 de diciembre de 2008).

 Por sí mismo el Decreto del 21 de enero atañe exclusivamente a los cuatro Obispos, que son “absueltos” así de la “excomunión” que les había caído veinte años antes, y no la Fraternidad San Pío X, que por el momento, con sus obispos, está todavía considerada privada de la “plena comunión”, y de cualquier estatuto canónico. A pesar de que no se haga mención, debería, por tanto, seguir siempre en vigor la “suspensión a divinis” para todos los sacerdotes de la mencionada Fraternidad. Los hechos contradicen por eso la pretensión de la Fraternidad misma de haber sido plenamente “rehabilitada” con el decreto del 21 de enero.

 Si estos son los hechos, en su aspecto material, ¿qué juicio podemos sostener sobre este suceso que, como sea, no adolecerá de tener su influencia en la vida de la Iglesia?

 
Las consagraciones del 30 de junio de 1988
 

Un juicio adecuado, a la luz de la Fe, sobre este Decreto, y sobre el hecho que las autoridades de la Fraternidad San Pío X lo hayan solicitado, poniéndolo como preliminar a un futuro acuerdo, debe ante todo fundarse sobre el suceso que ocasionó el “Decreto de excomunión” del que están hoy suspendidos los efectos jurídicos, es decir, las consagraciones episcopales sin mandato pontificio realizadas por Mons. Marcel Lefebvre y Mons. de Castro Mayer el 30 de junio de 1988.

 En ocasión de las consagraciones episcopales de 1988, el Instituto Mater Boni Consilii publicó una Declaración (Sodalitium N° 17, septiembre-octubre de 1988) que consideramos todavía ahora válida; en ella, entre otras cosas, leemos:

“El Instituto Mater Boni Consilii constata que Mons. Lefebvre, y cuantos lo siguen, no han cometido formalmente cisma, porque no es cisma desobedecer a Juan  Pablo que no es formalmente Papa. Del mismo modo Juan Pablo II no puede excomulgar a ninguno,, estando del todo privado de autoridad, ni se aplican las censuras previstas por el derecho mismo en ausencia de autoridad.

Sin embargo, Mons. Lefebvre y la Fraternidad San Pío X inoculan en los fieles que le siguen una praxis – que se transforma siempre más en una doctrina – absolutamente cismática, según la cual en los hechos, se debe desobedecer también en materia gravísima al verdadero Vicario de Cristo, sin tener en ninguna cuenta su jurisdicción universal e inmediata sobre los fieles católicos. En su perspectiva, el fundador, los miembros y los fieles de la Fraternidad San Pío X, actúan cismáticamente”

A nuestro parecer, por consiguiente, de los protagonistas de la jornada del 30 de junio de 1988 se podía decir cuanto afirma la Escritura: no hay quien haga el bien, no hay ni siquiera uno.

No actuaba lícitamente la Fraternidad San Pío X, consagrando los Obispos no sólo sin el acuerdo del Papa, sino contra la voluntad de aquel que ellos consideraban ser el Papa. Todavía menos lícitamente actuaban los modernistas que habían ocupado y todavía ahora ocupan las sedes episcopales, incluida la Sede Apostólica, en el imponer una doctrina en varios puntos contraria y hasta contradictoria  con aquella de la Iglesia, y una reforma litúrgica de sabor protestante: “Si incluso nosotros mismos o un ángel del Cielo viniese a anunciaros un Evangelio distinto de aquél que os hemos anunciado nosotros, sea él anatema” (Gal. 1,8; cf  Concilio Vaticano I, DS 3070).

 El fiel católico no podía, en aquel día, seguir a Mons. Lefebvre, y tampoco a Juan Pablo II, tanto más que, anunciaban ya entonces, basándonos sobre las palabras mismas de Mons. Lefebvre, “futuras tratativas no están excluidas, al contrario están proyectadas”. El engaño continúa, como antes y más que antes.

La dolorosa impresión de entonces (que el espíritu de la Iglesia Católica no se encontraba cerca de los modernistas, obviamente, ni tampoco en Ecône) se representa hoy – a veinte años de distancia – de frente al decreto del 21 de enero de 2009.


Un gesto ecuménico, según la lógica del Vaticano II
 

Los observadores superficiales (o maliciosos) de los recientes sucesos eclesiásticos, han inicialmente difundido la idea que Joseph Ratzinger-Benedicto XVI sea y quiera ser el enterrador del Vaticano II (¡lo quisiera Dios!). La misma teoría fue ya defendida, en su momento, a propósito de Juan Pablo II y del mismo Pablo VI. Se trata desgraciadamente de una evidente falsedad, contradicha por sus mismas y explícitas declaraciones de Benedicto XVI, como antes de él Pablo VI y los dos Juan  Pablo, quiere simplemente realizar el Vaticano II, con la pretensión que el Vaticano II sea en continuidad (y desarrollo) del magisterio tradicional (Cf. Discurso de Benedicto XVI a la Curia Romana del 22 de diciembre de 2005, repropuesto significativamente por el Osservatore Romano. del 25 enero de 2009, p. 5; Cf. crítica en Sodalitium, n. 59, pp. 41-43).

La absolución de los cuatro Obispos “lefebvristas” se ubica, según Benedicto XVI, en esta óptica conciliar. Concedida durante el Octavario de plegarias por la unidad de los cristianos, publicada la vigilia de la clausura del Octavario y del 50° aniversario del anuncio de la convocación al Concilio de parte de Juan XXIII (25 de enero de 1959), la decisión no puede no recordar un gesto análogo y todavía más solemne: la recíproca (!) absolución de las excomuniones que se intercambiaron el “Patriarca” cismático de Constantinopla Atenágoras y Pablo VI el 7 de diciembre de 1965 con una declaración común que fue leída en la clausura del Vaticano II por el cardenal Willebrands en el Concilio reunido en sesión solemne.

La Iglesia Católica exige, para la absolución de las censuras eclesiásticas (entre las cuales está la excomunión) que el culpable se retracte de la propia contumacia (can. 2248 §2) (*), lo que implica que el reo “se haya arrepentido del delito cometido y al mismo tiempo haya dado, o por lo menos seriamente prometido de dar, una justa satisfacción por los daños y el escándalo dado” (can. 2242§3); aunque corresponde a la autoridad que absuelve juzgar la presencia de estas condiciones (ibidem), parece evidente que los cuatro Obispos no hayan obedecido, pretendiendo al contrario de no haber estado jamás excomulgados (Cf. Declaración de Mons. Fellay del 24 de enero de 2009). Pero, de la otra parte, ¿se han alguna vez arrepentido los orientales de su cisma? ¿Reconoce tal vez Atenágoras el primado de jurisdicción del Papa y la infalibilidad de su magisterio? Evidentemente no. Analógicamente, la absolución impartida por Benedicto XVI a los cuatro Obispos pertenece a la eclesiología ecumenista de la “comunión imperfecta” (Unitatis redintregratio, Lumen gentium) y “al nuevo estilo de Iglesia querido por el concilio que prefiere la medicina de la misericordia a la condena” (Osservatore Romano, 26-27 de enero de 2009).

La revocación de las excomuniones es, por lo tanto, como sostiene el Osservatore Romano (25 de enero de 2009) uno de los innumerables buenos frutos del concilio:

"Los buenos frutos del concilio son innumerables, y entre estos está ahora el gesto de misericordia en la confrontación de los obispos excomulgados en 1988. Un gesto que le habría gustado a Juan XXIII y a sus sucesores [bueno, tal vez no a Pablo VI, n. d. a.] es un límpido ofrecimiento que Benedicto XVI, Papa de paz, ha querido rendir público en coincidencia con el anuncio del Vaticano II (…) A medio siglo del anuncio, el Vaticano II está vivo en la Iglesia”.

 Lo ha confirmado el mismo Benedicto XVI el 25 de enero, en la Basílica de San Pablo, rodeado en la ceremonia litúrgica de “ortodoxos”, anglicanos y luteranos, elogiando el ecumenismo conciliar que prevé la conversión de todos, “también de la Iglesia Católica”, comenta escandalosamente  el Osservatore Romano del 26-27 de enero.

 ¿El verdadero fin de Benedicto XVI? Con la revocación de la excomunión “el Papa desaloja el campo de posibles pretextos para infinitas polémicas, entrando en el mérito del verdadero problema: la aceptación plena del magisterio, comprendido obviamente el concilio Vaticano II” (Osservatore Romano, 26-27 de enero de 2009): es cierto que éste el sentido de las palabras del decreto, que  exige ahora “verdadera fidelidad y verdadero reconocimiento del Magisterio y de la autoridad del Papa con la prueba de la unidad visible”.

 Si alguno hubiese tenido todavía dudas, el discurso tenido por Benedicto XVI el 28 de enero ha quitado toda ambigüedad, hablando explícitamente del Vaticano II:

“En cumplimiento de este servicio a la unidad que califica en modo específico mi ministerio he decidido hace unos días conceder la remisión de la excomunión en la cual habían incurrido cuatro obispos ordenados en el 1988 por Mons. Lefebvre sin mandato pontificio. He cumplido este acto de paternal misericordia porque repetidamente estos prelados me han manifestado su vivo sufrimiento por la situación en la que se encontraban. Deseo que a éste mi gesto le siga el solícito empeño de parte de ellos de cumplir los ulteriores pasos necesarios para realizar la plena comunión con la Iglesia, testimoniando así verdadera fidelidad y verdadero reconocimiento del Magisterio y de la autoridad del Papa y del Concilio Vaticano II”

Mons. Fellay: ambigüedad, pragmatismo, contradicciones

Si una cierta lógica – como hemos visto – se puede reconocer a los modernistas, otro tanto no se puede decir de la Fraternidad San Pío X.

La Fraternidad San Pío X reconoce en Benedicto XVI el Vicario de Cristo; y sin embargo continúa refutando su enseñanza sobre el Vaticano II.

La Fraternidad pide a Benedicto XVI la absolución de la excomunión para sus cuatro Obispos, reconociendo (implícitamente) la validez de esta censura, y declarándose así (implícitamente) arrepentidos del delito cometido. Para sus fieles, en vez, declara de haberla “siempre negado”, presentando la absolución como una victoria de la “Tradición”. Y de hecho los cuatro obispos, por veinte años, han vivido como si no hubiese alguna vez existido, al contrario, jactándose y reivindicándola como signo de ortodoxia, también sabiendo que si uno está excomulgado, endurecido, quedando por un año en la excomunión, es sospechoso de herejía (can. 2340§1).

 Según el Decreto, la excomunión a los obispos ha sido levantada porque Benedicto XVI está “confiado en el empeño por ellos expresado en la citada carta de no ahorrar ningún esfuerzo por profundizar en los necesarios coloquios con la autoridad de la Santa Sede las cuestiones todavía abiertas, para poder así alcanzar rápido una plena y satisfactoria solución del problema puesto originalmente”. El problema es ciertamente de orden disciplinar (qué estatuto dar a la Fraternidad) pero también y ante todo de orden doctrinal, y relativo al Vaticano II y sus reformas. La absolución de la excomunión no resuelve, en efecto, sino que cubre de ambigüedad, los problemas puestos por el Vaticano II. Lumen Gentium, Gaudium et spes, Unitatis redintegratio, Nostra Aetate, Dignitatis humanae ecc., ¿son un desarrollo de la doctrina católica, o están en contradicción con la doctrina católica? Y si están en contradicción con la doctrina católica, ¿pueden tales errores, y las reformas que le han seguido, provenir de la Iglesia santa, infalible e indefectible, y, por consiguiente, del Vicario de Cristo? La declaración de Mons. Fellay del 24 de enero, señala sólo “razones doctrinales de fondo que ella (la Fraternidad) piensa están al origen de las actuales dificultades de la Iglesia”, ¡dificultades denunciadas por el mismo Juan Pablo II! Dichas razones doctrinales, por ahora no mejor especificadas, son presentadas como una opinión de la Fraternidad, y no como la doctrina no negociable de la Iglesia…

 Los primeros actos puestos por Mons. Fellay después de la “remisión de las excomuniones” parecen confirmar que la Fraternidad San Pío X está ya dispuesta incluso a dolorosas renuncias con tal de arribar a una solución “positiva” de las tratativas y a cumplir, por consiguiente, aquel ulterior paso deseado por Joseph Ratzinger, coherentemente con su afirmación (incluida entre otras cosas en cada celebración de la Misa una cum famulo tuo Papa nostro Benedicto) de reconocer su autoridad y su magisterio.

 
Pespectivas futuras

Desgraciadamente los católicos corren el riesgo de recibir de los coloquios entre la Fraternidad San Pío X y los neo-modernistas una respuesta ambigua que entre ambos parecen desear, y que es indispensable para un acuerdo entre las partes.

Todo hace pensar, en efecto, que el acuerdo pueda “alcanzarse rápido” (Decreto). Benedicto XVI ha  plenamente satisfecho las condiciones puestas por la Fraternidad San Pío X con el Motu proprio Summorum Pontificum, y  ahora con el Decreto de la congregación para los Obispos. No es realista pensar que lo haya hecho sin recibir de Mons. Fellay y de su Fraternidad un compromiso en encontrar rápidamente un acuerdo. En esta perspectiva, la Fraternidad San Pío X debería en breve tiempo seguir el ejemplo de todas las otras sociedades religiosas que, separándose de ella han, antes que ella, estrechado un acuerdo similar: o sea, aceptar la nueva doctrina conciliar y la legitimidad de la nueva liturgia.

 Si, en cambio, la Fraternidad, o una parte de ella, debiese rechazar el “paso ulterior” exigido, ella conservaría, sin embargo, aquella posición contradictoria y falsa, que la desacredita, según la cual los católicos deberían desobedecer a un legítimo Papa y oponerse a su magisterio para permanecer católicos, ya que del Papa, y, por consiguiente, de la Iglesia y, en definitiva, de Cristo, vendrían los errores que justamente la Fraternidad condena. ¿Quién no ve que estas afirmaciones son un ultraje al Papado, a la Iglesia, al Señor?

 La línea de conducta a tener

 La línea de conducta a tener ha sido por nosotros expresada en un comunicado precedente (junio de 2008):

“Nuestra tarea, por tanto, no es aquella de favorecer las ‘tratativas’ en curso o, al contrario, de obstaculizarlas, sino de esperar más bien que, sea la Fraternidad San Pío X, sea los seguidores de los errores conciliares, depuestos los errores hasta ahora defendidos y proclamada integralmente la doctrina católica, se unan finalmente no en el error, sino en la Verdad”.

Por su parte, el Instituto Mater Boni Consilii, conforme a sus estatutos, “entiende representar para todos los fieles que lo deseasen… en estos tiempos de desorientación, un instrumento para perseverar en la fidelidad absoluta al depositum fidei revelado por Dios y propuesto por el Magisterio Infalible de la Iglesia.”

Sabemos que tenemos en Cristo, Camino, Verdad y Vida, y en la Iglesia Católica, columna y fundamento de la Verdad, el camino a recorrer y la roca firme sobe la cual apoyarnos, roca contra la cual la puertas del infierno no prevalecerán.

El Instituto renueva, por consiguiente, su profesión de Fe Católica, su adhesión al Magisterio Infalible y no reformable del Papa y de la Iglesia, y por esto retiene todavía hoy que la tesis teológica que mejor describe la situación que la Iglesia misma está viviendo sigue siendo todavía aquella que Mons. Guérard des Lauriers defendiera públicamente sobre la sede apostólica vacante, formalmente pero no materialmente, a partir del Vaticano II. La solución de esta crisis no pasa a través de una solución disciplinar como aquella pedida y obtenida por la Fraternidad San Pío X, sino solamente a través de  la condena de las novedades introducidas con el Vaticano II contra la enseñanza de la Iglesia y su disciplina canónica y litúrgica (sea en cuanto a lo relativo al rito del Santo Sacrificio de la Misa, sea en cuanto a lo relativo a los ritos de todos los Sacramentos), y la derrota definitiva de la herejía modernista. En la única Iglesia de Aquel que es Verdad, no pueden convivir la verdad y  el error, la Misa católica y el rito reformado. Confiamos esta causa a la especial intercesión de la Virgen Santísima, de San José, Patrono de la Iglesia, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y de los Santos Pontífices Pío V y Pío X.


Verrua Savoia, 28 de enero de 2009

 
(*) Los cánones citados hacen referencia al Código de Derecho Canónico promulgado por el Papa Benedicto XV.

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6 septiembre 2012 4 06 /09 /septiembre /2012 00:50

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El 7 de julio del 2007, Benedicto XVI ha hecho pública la Carta Apostólica Motu Proprio Data, “Summorum Pontificum cura” sobre el uso del Misal Romano, precedida de una carta a los Obispos de todo el mundo para presentar este documento.

Aquellos católicos que, desde siempre, se han opuesto a la reforma litúrgica conciliar no pueden permanecer indiferentes a un documento semejante que, aun no proviniendo de la Iglesia habrá ciertamente importantes repercusiones para la vida de la Iglesia.

Para poder dar una adecuada valoración es, sin embargo, indispensable retornar a los orígenes de toda la controversia concerniente al uso del Misal y del Ritual Romanos y, más en general, de la reforma litúrgica.

 El Concilio Vaticano II y la reforma litúrgica

 De hecho, la reforma litúrgica culminada en 1969 con un nuevo misal, aun yendo más allá de la letra de la Constituciónconciliar Sacrosanctum Concilium, ha sido aplicada y querida bajo la orden y el control de Pablo VI, para expresar también en el campo litúrgico, con una nueva “lex orandi”, la nueva “lex credendi” de la eclesiología conciliar fundada sobre el ecumenismo y el diálogo interreligioso y, genéricamente, la nueva relación entre la Iglesiay el mundo contemporáneo (véanse en particular los documentos conciliares Lumen Gentium, Unitatis redintegratio, Orientalium ecclesiarum, Dignitatis humanae personae, Nostra aetate, Gaudium et spes).

La reforma litúrgica, por tanto, no puede ser disociada de la reforma doctrinal del Vaticano II. No por casualidad, casi al mismo tiempo del Motu Proprio sobre la liturgia, la Sagrada Congregaciónpara la Doctrinade la Fe, en continuidad con la Dominus Iesus y el discurso a los cardenales el 22 de diciembre del 2005, hapublicado otro documento (Respuesta a cuestiones referentes a algunos aspectos acerca de la doctrina sobre la Iglesia) con el cual se intenta dar una interpretación de Lumen gentium N° 8 (el famoso pasaje según el cual la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia Católica, pero no es la Iglesia Católica). Esta interpretación se opone a la hermenéutica que van más allá de la letra del Concilio, pero es perfectamente fiel, sin embargo, a la letra del mismo Concilio, letra que no está en conformidad, como en vez se quiere demostrar, con la enseñanza precedente de la Iglesia.

Si, por lo tanto, la letra del Concilio, y no solamente su “espíritu”, es contraria a la enseñanza de la Iglesia, se deduce que el Concilio mismo no puede venir de la Iglesia y de su Autoridad Suprema divinamente asistida. Y que, por consiguiente, Benedicto XVI, que quiere permanecer fiel al Vaticano II, y mientras tenga esta intención, no puede ser la Autoridad de la Iglesia. He aquí por qué hemos escrito que el Motu Proprio, promulgado por Benedicto XVI, no es un documento de la Iglesiay no proviene de ella. Una primera conclusión es, por lo tanto, la siguiente: La crisis que estamos atravesando no tendrá fin hasta cuando no sean corregidos y condenados, los errores del Vaticano II. La celebración del Misal Romano no pone fin, por sí mismo, a esta crisis, y no es lícito celebrar la Santa Misa, o asistir a misas celebradas en comunión (una cum Pontífice nostro Benedicto) con una autoridad que no puede ser tal porque profesa e impone la doctrina reformada del Vaticano II.

La reforma litúrgica en el juicio del “Breve examen crítico del Novus Ordo Missae” y del Motu Proprio

Cuando en 1969, Pablo VI manifestó la intención de promulgar un nuevo misal, un grupo de teólogos, y en primer lugar el padre dominico L. M. Guérard des Lauriers, docente en la Pontificia UniversidadLateranense, redactó un “breve examen crítico del Novus Ordo Missae”. Al suscribirlo y presentarlo a Pablo VI, los Cardenales Ottaviani y Bacci expresaron este juicio sobre la reforma del misal: “el Novus Ordo (...) representa, sea en su conjunto como en lo particular, un alejamiento impresionante de la teología católica de la Santa Misa cual fue formulada en la Sesión XXII del Concilio Tridentino, el cual, fijando definitivamente los ‘cánones’ del rito erigió una barrera infranqueable contra cualquier herejía que resquebrajara la integridad del Misterio”. El misal reformado es, por lo tanto, “una gravísima fractura”. Todos aquellos que por alrededor de cuarenta años se negaron de celebrar con el nuevo misal montiniano, o a asistir a los ritos celebrados con este misal, manteniendo vivo el antiguo, lo han hecho porque están convencidos de este juicio.

 Completamente distinto el parecer expresado por Benedicto XVI en la carta a los Obispos y en el Motu Proprio. El misal reformado permanece la forma ordinaria del rito romano, mientras el Misal Católico es una forma extraordinaria (art. 1). Además se afirma que “no hay ninguna contradicción entre una y otra edición del Misal Romano” y se concluye, por consiguiente, que “obviamente, para vivir la plena comunión, también los sacerdotes adherentes al uso antiguo no pueden, en línea de principio, excluir la celebración según los libros nuevos. No sería, de hecho, coherente con el reconocimiento del valor y de la santidad del nuevo rito la exclusión total del mismo” (carta a los Obispos). La participación al nuevo rito parece prevista al menos durante el Triduo Sacro (Jueves, Viernes y Sábado Santo) cuando no está permitido el uso del Misal “antiguo” (art. 2). Los institutos que habían adherido a la Comisión Ecclesia Dei y que buscaban de evitar la celebración del nuevo rito podrían ahora encontrarse, paradójicamente, después del Motu Proprio, ¡en una situación peor que la precedente! No se ve, por consiguiente, como Mons. Fellay, Superior de la Fraternidad San Pío X, haya podido declarar que “el Motu Proprio pontificio restablece la Misa tridentina en sus derechos” (declaración de la Fraternidad SanPío X, 7 de julio del 2007) y que este “documento es un don de la gracia (...) no es un paso, es un salto en la buena dirección (..) un acto de justicia (...) una ayuda sobrenatural extraordinaria” (entrevista de Mons. Fellay a Vittorio Messori, Corriere della Sera, 8 de julio del 2007).

Una segunda conclusión es, por tanto, la siguiente: los católicos non deben contentarse de ver reconocida la licitud de celebrar con el Misal Romano, sino que deben pretender –por la gloria de Dios, la santidad de la Iglesia, y el bien de las almas-, la integridad de la Fe, aquello que requerían en 1969 los Cardenales Ottaviani y Bacci, es decir, la abrogación pura y simple del nuevo misal (y de toda la reforma litúrgica).

La cuestión de la validez del Novus Ordo y las consecuencias del olvido de este asunto después del Motu Proprio

Benedicto XVI habla, lo hemos visto, de ortodoxia, del “valor y de la santidad” de la reforma litúrgica. La cosa no debe sorprendernos. Un rito de la Iglesia, de hecho, no puede ser otra cosa que ortodoxo (conforme a la recta doctrina), válido y santo, exactamente como la enseñanza de la Iglesia y del Papa no puede contener errores contra la Fe y la Moral.

Si el nuevo misal y, en general, la reforma litúrgica, “representa un alejamiento impresionante de la teología católica de la Santa Misa”, eso es posible sólo porque no proviene de la Iglesia y de su Autoridad divinamente asistida.

Pero si el nuevo misal y, con toda la reforma litúrgica, el nuevo ritual de los sacramentos y el nuevo pontifical no son garantizados por la santidad de la Iglesia, entonces la duda sobre la validez de estos ritos, al menos para algunos de ellos, se torna posible. Con la nueva situación creada después del Indulto del 1984, el Motu Proprio del 1988 y el Motu Proprio del 2007 nacen situaciones graves para la validez y el respeto debido a los Santos Sacramentos, y en particular para el Sacramento de la Eucaristíay el Sacrificio de la Misa. De hecho, como tercera conclusión debemos recordar a sacerdotes y fieles como –a causa de las dudas sobre la validez del nuevo rito de consagración episcopal y de ordenación- los sacerdotes ordenados con el nuevo rito, o que han recibido el sacerdocio de Obispos consagrados con el nuevo rito- son dudosamente ordenados, por lo que su misa, también celebrada con el antiguo Misal Romano podría ser inválida. Que, por las dudas sobre la validez del nuevo misal, las partículas consagradas con el nuevo rito son dudosamente consagradas, y que, por consiguiente, los fieles que se acercan a la comunión también durante una misa según el antiguo misal celebrada por un sacerdote válidamente ordenado podrían recibir la santa comunión en manera inválida si las partículas distribuidas fueron consagradas durante una celebración desarrollada según el nuevo misal. En fin, que las partículas válidamente consagradas durante una misa celebrada con el rito antiguo y conservadas en el sagrario serán verdaderamente profanadas, serán distribuidas a los fieles durante los ritos reformados, los cuales, en expresión del mismo Benedicto XVI llegan frecuentemente al límite de lo soportable” (y también más allá). Estos motivos, que se agregan a los precedentes, impiden toda aceptación práctica del Motu Propio Summorum Pontificum.

La situación de la Iglesia después del Motu Proprio: esperanzas y temores

No corresponde a nosotros juzgar las intenciones subjetivas de Benedicto XVI en promulgar el Motu Proprio, bien que él mismo las ha, al menos en parte, manifestado aduciendo no el motivo de la defensa de la Fesino el motivo ecuménico de esta disposición, agregando incluso el criticar a la Iglesia misma y a sus “predecesores” de manera inaceptable (“Mirando al pasado, a las divisiones que en el curso de los siglos han lacerado el Cuerpo de Cristo, se tiene continuamente la impresión que, en momentos críticos en los cuales las divisiones estaban naciendo, no se ha hecho lo suficiente por parte de los responsables de la Iglesiapara reconquistar la conciliación y la unidad; se tiene la impresión que las omisiones en la Iglesiahayan tenido su parte de culpa en el hecho que estas divisiones se hayan podido consolidar”).

Podemos, sin embargo, preguntarnos si –más allá de las intenciones- el Motu Proprio es un paso adelante en la solución de la crisis que estamos atravesando o si, al contrario, se trata de un grave peligro. Porque pasando del campo de los principios a aquel de los hechos contingentes, es más fácil errar. Veamos juntos aquellos que me parecen los motivos de esperanza o de temor para el futuro, permaneciendo seguro de que las puertas del infierno no triunfarán sobre la Iglesiade Cristo.

No faltan los motivos de satisfacción, come han hecho notar también los comentadores más críticos del Motu Proprio. El más importante me parece el fracaso, -ya oficialmente reconocido- del intento de suprimir para siempre el Misal Romano y el Sacrificio de la Misa. Ensu carta a los Obispos, Benedicto XVI afirma que, con la introducción del nuevo misal, el antiguo “non fue nunca abrogado jurídicamente y, en consecuencia, en línea de principio, permaneció siempre permitido”. Con estas palabras Benedicto XVI desautoriza no sólo al artífice de la Reforma Litúrgica, Mons. Annibale Bugnini, que sostiene exactamente lo contrario (cf. A. Bugnini, La riforma litúrgica 1948-1975, CLV Edizioni Liturgiche, Roma, 1983, pp. 297-299) sino al mismo Pablo VI que en ocasión del Concistorio del 24 de mayo del 1976 declaró expresamente: “Es en el nombre de la Tradición que nosotros demandamos a todos nuestros hijos, a todas las comunidades católicas, de celebrar, con dignidad y fervor la Liturgia renovada. La adopción del nuevo Ordo Missae es abandonada al arbitrio de los sacerdotes y de los fieles: y la Instrucción del 14 de junio del 1971 haprevisto la celebración de la Misa en la antigua forma, con la autorización del Ordinario, sólo para los sacerdotes ancianos o enfermos, que ofrecen el Divino Sacrificio sin pueblo. El nuevo Ordo ha sido promulgado para que se sustituya el antiguo, luego de madura deliberación, después de las instancias del Concilio Vaticano II. No distintamente nuestro santo Predecesor Pío V había hecho obligatorio el Misal reformado bajo su autoridad, después del Concilio Tridentino.

La misma disponibilidad nosotros exigimos con la misma autoridad suprema que nos viene de Cristo Jesús, a todas las otras reformas litúrgicas, disciplinares, pastorales, maduradas en estos años en aplicación de los decretos conciliares”.

Quien ha sido testigo de aquellos días recuerda con tristeza el caso de sacerdotes que hasta entonces habían celebrado con el rito “antiguo” y que abandonaron por obediencia a Pablo VI, y de otros que, continuando a celebrar con el Misal Romano sufrieron toda suerte de persecuciones. Hoy, podemos decir que el intento de Paolo VI de destruir totalmente y prohibir la celebración de la Misa ha, también oficialmente, fracasado. Esta evidente contradicción (para quien tienen memoria) entre Pablo y Benedicto no puede sino sembrar la división en el campo de aquellos que sostienen el Concilio y sus reformas. Ejemplo, a este propósito, la declaración hecha al diario Reppublica por el Obispo de Sora, Aquino y Pontecorvo, también miembro de la Comisión Litúrgicade la Conferencia Episcopal Italiana: “No alcanzo a contener las lágrimas –ha dicho- estoy viviendo el momento más triste de mi vida como obispo y como hombre. Es un día de luto no sólo para mi, sino para tantos que han vivido y trabajado para el Concilio Vaticano II. Ha sido cancelada una reforma por la cual trabajaron tantos, al precio de grandes sacrificios, animados sólo por el deseo de renovar la Iglesia”. Desde este punto de vista el Motu Proprio es un punto a favor, ya que demostrará abundantemente el espíritu de desobediencia de los más convencidos autores del Vaticano II. Luego, con el Motu Proprio los bautizados tendrán alguna posibilidad más de ver nuevamente, o por primera vez, la liturgia de la Iglesia, y re-habituarse: un pasaje gradual pero humanamente necesario para salir de la enfermedad espiritual que nos ha golpeado por cuarenta años.

Estos beneficios serán, sin embargo, vanos si los católicos que permanecieron fieles hasta ahora a la doctrina y a la liturgia católica aceptaran, con el Motu Proprio, la “validez y la santidad” del nuevo misal, y la doctrina del Vaticano II. En este caso, el Motu Proprio, lejos de ser un paso (¡no un salto!) hacia la curación, será –como objetivamente es- un engaño fatal para reabsorber los católicos refractarios de la reforma neo-modernista. Tenemos ante los ojos los repetidos ejemplos de los que han desde ya, en los años o décadas pasados, aceptado un compromiso entre la verdad y el error: la Fe o es íntegra, o no es.

El Motu Proprio, en fin, preconiza una contaminación entre los dos ritos, según la intención varias veces manifestada por el Cardenal Ratzinger de alcanzar, en un futuro, un solo rito romano fruto de la evolución de aquel romano e del reformado. En efecto, bien que el Motu Proprio afirme repetidamente que el Misal “antiguo” y aquel de Pablo VI pueden coexistir como dos formas (extraordinaria y ordinaria) del rito romano, se advierte en realidad que los dos rituales no pueden coexistir, porque uno ha nacido para suplantar al otro. El único modo así de salvar la Reforma sería aquel de realizar una “reforma de la reforma”, que tendría, sin embargo, el efecto de destruir –si eventualmente fuese posible- la milenaria liturgia romana que ni siquiera Pablo VI logró extirpar. Desde ya el misal “liberado” del Motu Proprio, es aquel reformado por Juan XXIII; desde ya Benedicto XVI quiere alterarlo ulteriormente con la inserción de la lengua vulgar, de nuevos prefacios, de nuevas misas propias: bien rápido el abrazo del Motu Proprio se revelará más peligroso, para la Misa, que el persecutorio discurso del 24 de mayo del 1976, ya que correrá el riesgo de desaparecer por alteración y no más por supresión.

La última conclusión será, por lo tanto, aquella de no cambiar en lo más mínimo nuestra actitud de intransigente oposición a todas las doctrinas y las reformas modernistas. Nuestra intransigencia no mira a obtener honores o reconocimientos; ella mira, en cambio, y tenemos el deber, a obtener una profesión íntegra de la Fe, y una santa administración de los Sacramentos, sin ningún compromiso con el error, por la gloria de Dios, la salvación de las almas y el triunfo de la Iglesia.

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30 agosto 2012 4 30 /08 /agosto /2012 04:19

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 Estimados lectores: una vez más les traemos un artículo interesante publicado por nuestro querido Instituto Mater Boni Consilii. Esperemos que les sea interesante. 

 

El Equipo de México y Tradición.

 

 

 

POR LA MISA ROMANA, CONTRA EL NOVUS ORDO

 

 

A consecuencia del Motu Proprio “Summorum Pontificum cura” sobre el uso del Misal Romano (7 de julio del 2007), el Insrtituto Mater Boni Consilii:

Constata con satisfacción que el intento de suprimir del todo el antiguo y venerable Misal Romano para sustituirlo con un nuevo misal reformado, intento expresado claramente por Pablo VI en el discurso al Concistorio del 24 de mayo de 1976, está –por implícita admisión del mismo Motu Proprio “Summorum Pontificum”-, míseramente fracasado.

 No reconoce, sin embargo, “el valor y la santidad” del nuevo rito de 1969, aplicación del Concilio Vaticano II.

Al contrario, hace propio, sobre le nuevo rito, el juicio de los Cardenales Ottaviani y Bacci, según el cual el nuevo misal “representa, sea en su conjunto como en lo particular, un alejamiento impresionante de la teología católica de la Santa Misa, tal cual fue formulada en la Sesión XXII del Concilio Tridentino”.

 Recuerda que un juicio así de severo no puede designar un rito de la Iglesia, es decir, promulgado por la legítima y suprema autoridad eclesiástica.

 No admite, por consiguiente, que el misal reformado pueda ser considerado la forma “ordinaria” del rito romano, del cual el Misal Romano antiguo sería sólo la forma “extraordinaria”.

 Pide, con los mismos Cardenales Ottaviani y Bacci, la abrogación del nuevo rito y de toda la reforma litúrgica.

 Pone en guardia sobre el proyecto de una ulterior reforma litúrgica que resultaría de la fusión y confusión de los dos ritos.

 Verrua Savoia, 16 de julio del 2007, Fiesta de Nuestra Señora del Carmen.

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27 agosto 2012 1 27 /08 /agosto /2012 02:54

Estimados lectores:

 

les anunciamos que próximamente en salas tendremos la película sobre la vida de San Agustín. Disfruten de tráiler.

 

 

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24 agosto 2012 5 24 /08 /agosto /2012 04:48

Estimados lectores:

 

Esperamos que este artículo sea de su agrado.

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¿Qué es el Modernismo? Herejía o, mejor, compendio de herejías surgido en el seno de la Iglesia a comienzos del vigésimo siglo XX bajo el influjo de la filosofía y de la crítica moderna, con la pretensión de elevar y de salvar la religión y la Iglesia Católica a través de una renovación radical.

 Autores principales: en Francia Leroy y Loisy, en Inglaterra Tyrrel, en Alemania Schell, en Italia los autores (anónimos) del “Programa de los Modernistas”, que no tienen originalidad, pero repiten ideas de otros; obstinado seguidor y defensor del Modernismo fue E. Bonaiuti. El Papa San Pío X sancionó dos documentos contra el Modernismo: el Decreto del Santo Oficio “Lamentabili” (3 de julio de 1907, DB, 2001 ss.) y la Encíclica “Pascendi” (8 de septiembre de 1907). El primero consiste en una serie de 65 Proposiciones condenadas, la Encíclicaes un lúcido y profundo análisis de las teorías modernistas en contraste con la sana filosofía y con el patrimonio de toda la doctrina cristiana. Para hacerse una idea exacta del Modernismo basta leer este documento pontificio, que, no obstante las protestas de los Modernistas, con el pasar de los años, se ha demostrado siempre más objetivo y eficaz. Señalémoslo un esquema.

 El Modernismo es una híbrida amalgama de catolicismo verbal con un real racionalismo naturalista, en base a tres falsos sistemas filosóficos:

 1) Agnosticismo (del Kantismo), que pone juntos subjetivismo, fenomenismo y relativismo, desvalorizando el conocimiento racional.

2) Inmanentismo, por el cual la conciencia humana lleva en sí virtualmente toda verdad, también aquella verdad divina, que se desarrolla bajo es estímulo del sentido religioso (de la doctrina de Kant y de Schleiermacher).

 3) Evolucionismo radical, por el cual la verdadera realidad no es el ser, sino el devenir dentro y fuera del hombre (de Hegel y más todavía de Bergson).

 Consecuencias de índole religiosa:

a) Imposibilidad de demostrar un Dios personal, distinto del mundo.

 b) La religión y la revelación son un producto natural de nuestro subconsciente y el dogma es la expresión provisoria, sujeta a una perenne evolución.

c) La Biblia no es un libro divinamente inspirado, sino que debe ser estudiado críticamente como libro humano, sujeto a errores.

d) La ciencia no tiene nada que hacer con la Fe: el crítico como tal puede negar aquello que admite como creyente.

 e) La divinidad de Cristo no es producto de los Evangelios, sino que es fruto de la conciencia cristiana.

 f) El valor expiatorio y redentor de la muerte de Cristo es una opinión de San Pablo.

 g) Cristo no ha instituido la Iglesia ni el primado de Pedro, pasado luego a los Romanos Pontífices: la actual organización eclesiástica es la resultante de humanas contingencias y puede cambiarse continuamente.

 h) Los Sacramentos fueron instituidos de los Apóstoles, que creían así interpretar las instrucciones del Maestro. Estos Sacramentos sirven solamente a mantener vivo en los hombres el pensamiento de la presencia del Creador siempre benéfica.

 i) El dogmatismo rígido de la Iglesia Romana es inconciliable con la verdadera ciencia, que está ligada a la evolución universal y sigue su suerte.

 San Pío X concluye justamente que el Modernismo, en razón de estos principios deletéreos, conduce a la abolición de toda religión y, por tanto, al Ateísmo.

 
(Parente- Piolanti, Dizionario di Teologia Dommatica per laici, Studium Roma 1943).

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20 agosto 2012 1 20 /08 /agosto /2012 05:05

442px-Emblem of the Papacy SE svg El Papa San Pío X durante su pontificado (1903-1914), para combatir más eficazmente el modernismo, impulsó y aprobó la fundación de una asociación llamada Sodalitium Pianum (Liga de San Pío V). Monseñor Humberto Begnini (1862-1934), fundador y animador de la asociación, compuso el programa de Sodalitium Pianum, que puede ser considerado como el manifiesto de la acción política y social de los católicos. Publicamos el texto completo del programa de Sodalitium Pianum. El texto original, difícilmente hallable, está en lengua italiana; el texto que publicamos ha estado traducido de la versión francesa publicada por Emile Poulat en Integrismo y Catolicismo integral (Casterman, 1969).

 

 

1. Nosotros somos católicos romanos integrales. Como lo indica la palabra el católico romano integral acepta íntegramente la doctrina, la disciplina, las directivas de la Santa Sede y todas sus legítimas consecuencias para el individuo y la sociedad. Por consiguiente, en pro del Papa, clericales, anti-modernistas, antiliberales, antisectarios. Por lo tanto e integralmente contra-revolucionarios, porque es el adversario no solamente de la revolución jacobina y del radicalismo sectario, sino igualmente del liberalismo religioso y social. Queda absolutamente comprendido que diciendo “católico romano integral” no se quiere absolutamente en ningún modo modificar el título auténtico y glorioso de “católico romano”. La palabra “integral” significa solamente “íntegramente católico romano”, es decir, plena y simplemente católico romano, sin las adiciones ni las restricciones correspondientes (también sin la intención de aquellos que la usan) sea de la expresión de “católico liberal”, “católico social” u otras similares, sea de aquellos que tienden a restringir en la teoría o en la práctica la aplicación de los derechos de la Iglesiay de los deberes del católico en la vida religiosa y social.

 

2. Luchamos por el principio y por el hecho de la Autoridad, de la tradición, del orden religioso y social, en el sentido católico de la palabra y en sus deducciones lógicas.

 

3. Consideramos como plagas del cuerpo humano de la Iglesia, el espíritu y el hecho del liberalismo y del democratismo considerado católico, como asimismo el modernismo intelectual y práctico, radical y moderado, con sus consecuencias.

 

4. En los casos prácticos de la disciplina católica, veneramos y seguimos a los Obispos puestos por el Espíritu Santo para regir la Iglesiade Dios bajo la dirección y el control del Vicario de Cristo, con el cual queremos estar siempre, antes que todo y a pesar de todo.

 

5. La naturaleza de la Iglesia Católicanos enseña, y su historia nos confirma, que la Santa Sede es el centro vital del catolicismo; a eso se debe, desde un cierto punto de vista y sobretodo a causa de ciertas circunstancias, la posición momentánea de la Santa Sede que es también el resultado de la situación religiosa y social. De allí comprendemos plenamente que Roma pueda algunas veces callar y esperar, por causa de la situación en sí misma, como se presente en determinado momento. En estos casos evitaremos utilizar el pretexto de permanecer inactivos, frente a los daños y peligros de esta situación. En los momentos en los cuáles, en diferentes casos, hayamos entendido y controlado en modo seguro la realidad de las cosas, nosotros actuaremos en el mejor de los modos posibles para contrarrestar estos daños y estos peligros, siempre y dondequiera de acuerdo a la voluntad y los deseos del Papa.

 

6. En nuestra observación y en nuestra acción nos ponemos siempre desde el punto de vista “católico”, es decir, universal –sea en el tiempo, a través de los diferentes momentos históricos, -sea en el espacio, a través de todas las naciones. Sabemos que en la contingencia momentánea y local, existe siempre, al menos en el fondo, la lucha secular y cosmopolita entre dos fuerzas organizadas; por una parte, la única Iglesia de Dios, Católica y Romana, y por la otra, sus enemigos internos y externos. Los externos (las sectas judaico-masónicas y sus aliados directos) están en las manos del poder central de la Secta; los internos (modernistas, demo-liberales, etc.) sirven a los otros como instrumentos concientes e inconcientes de infiltración y descomposición entre los católicos.

 

7. Combatimos la secta interna y la externa, siempre y dondequiera, bajo todas las formas, con todos los medios honestos y oportunos. En las personas de los sectarios internos y externos y de sus cómplices combatimos asimismo la realización concreta de la Secta, de su vida, de su acción, de sus planes. Entendemos hacerlo sin rencor en la confrontación con los hermanos extraviados, como por otra parte, sin ninguna debilidad y sin ningún equívoco, como un buen soldado trata sobre el campo de batalla a todos aquellos que se enfrentan bajo la bandera enemiga, sus ayudantes y sus cómplices.

 

8. Estamos plenamente: contra toda tentativa de disminuir, de dejar en segundo plano, de disimular sistemáticamente las reivindicaciones papales sobre la Cuestión Romana, de excluir la influencia social del Papado, de hacer dominar al laicismo; por la reivindicación incansable de la cuestión romana según los derechos y las directivas de la Santa Sede; y por un esfuerzo continuo en vista de reportar, lo más posible, la vida social bajo la influencia legítima y benéfica del Papado y, en general, de la Iglesia Católica;

 

9. Contra el inter-confesionalismo, el neutralismo y el minimalismo religioso en la organización y la acción social, en la enseñanza, como así también en toda otra actividad del hombre individual y del hombre colectivo, la cual depende de la verdad moral, y por tanto de la verdadera religión, por consiguiente de la Iglesia; por el confesionalismo en todos los casos previstos en el parágrafo precedente; y con el supuesto de que, en casos excepcionales y transitorios, la Santa Sede tolera la uniones inter-confesionales, por una aplicación concienzuda controlada de esta tolerancia excepcional, y por su duración y extensión lo más limitada posible, según la intención de la misma Santa Sede;

 

10. Contra el sindicalismo abiertamente o implícitamente “a-religioso”, neutro, amoral, que lleva fatalmente a la lucha anticristiana de las clases según la ley brutal del más fuerte, contra el democratismo, también cuando se denomine cristiano, pero siempre más o menos envenenado de ideas y de hechos demagógicos; contra el liberalismo, también cuando se denomine económico social, que incita con su individualismo a la disgregación social; por la armonía cristiana de las clases entre sí, así como entre los individuos, las clases y la sociedad entera; por la organización corporativa de la sociedad cristiana, según los principios y las tradiciones de justicia y de caridad sociales, enseñadas y vividas por la Iglesia y por el mundo católico en el curso de los siglos y que por consecuencia son perfectamente adaptables a toda época y a toda sociedad verdaderamente civilizada;

 

11. Contra el nacionalismo pagano, que es copia del sindicalismo a-religioso, sea el que considera las naciones, sea el otro que considera las clases, es decir, la colectividad en la cual cada uno puede y debe buscar de un modo inmoral los propios intereses, completamente al margen y contra los intereses de los otros, según la bruta ley de la que hemos hablado; y al mismo tiempo contra el antimilitarismo y el pacifismo utopista aprovechado por la Secta para debilitar y adormecer a la sociedad bajo la pesadilla judío-masónica; por un patriotismo sano y moral, patriotismo cristiano del cual la historia de la Iglesia Católicasiempre nos ha dado espléndidos ejemplos.

 

12. Contra el feminismo que exagera y desnaturaliza los derechos y deberes de la mujer, colocándolos fuera de la ley cristiana; contra la educación mixta; contra la iniciación sexual de la juventud; por el mejoramiento de las condiciones materiales y morales de la mujer, de la juventud, de la familia, según la doctrina y la tradición católica;

 

13. Contra la doctrina y contra el hecho profundamente anticristiano de la separación entre la Iglesia y el Estado, como también entre la Religióny la sociedad, la ciencia, la literatura, el arte; por la unión leal y cordial de la sociedad, de la ciencia, de la literatura, del arte como del Estado con la Religión y por consiguiente con la Iglesia;

 

14. Contra la enseñanza filosófica, dogmática y bíblica “modernizada”, la cual, también cuando no es completamente modernista, como fuere es reducida a una enseñanza arqueológica o anatómica, como si no se tratase de una doctrina inmortal y vivificante que todo el clero, sin excepción, debe aprender sobretodo para el ministerio sacerdotal; por la enseñanza eclesiástica inspirada y guiada por la gloriosa tradición de la Escolástica, de los Santos Doctores de la Iglesia, y de los mejores teólogos de la época de la Contrarreforma, con todos los auxilios del método y de la documentación científica;

 

15. Contra el falso misticismo y tendencia individualista e iluminista; por una vida espiritual intensa y profunda, según la enseñanza doctrinal y práctica de los santos autores y de los místicos alabados por la Iglesia;

 

16. En general contra la explotación del clero y de la Acción Católica por parte de los partidos políticos o sociales; y en particular contra la encantamiento “social” que se quiere inocular al clero y a la Acción Católica con el pretexto de “salir de la sacristía” para más raramente, o a escondidas, o como fuere, regresar con el espíritu absorbido por el resto; por el mantenimiento de la acción eclesiástica y respectivamente de la Acción Católica en conjunto sobre el terreno abiertamente religioso, ante todo, y sin encantamiento “social” o algo similar para las otras cosas;

 

17. Contra la manía y la debilidad de tantos católicos de querer sembrar “conciente y evolutivamente, al paso del tiempo”, e “ingenuamente” frente al enemigo brutal e hipócrita además de implacable, -siempre listos para esparcir su tolerancia, para avergonzarse y directamente para condenar los actos cumplidos con justo rigor por la Iglesia o a causa de ella, -siempre listos a un optimismo sistemático frente a las trampas del adversario y a reservar su desconfianza y dureza en las confrontaciones con los católicos romanos integrales; por una actitud justa y oportuna, pero siempre franca, enérgica e incansable en las confrontaciones del enemigo, de sus violencias y de sus engaños;

 

18. Contra todo eso que es opuesto a la doctrina, a la tradición, a la disciplina, al sentimiento del Catolicismo integralmente Romano; por todo eso que le es conforme.

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Published by Juan Manuel Olivar Robles - en Crisis de la Iglesia
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