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Presentación

442px-Emblem of the Papacy SE svgBienvenido a este blog de actualidad religiosa,de filosofía, de combate de la Verdad contra la secta modernista del "Concilio Vaticano II", de honor, amor y fidelidad al Magisterio infalible de la Santa Iglesia Católica, y de discusión sobre la actualidad de Méjico.
   Este blog pretende también reunir las direcciones de los centros de Misa y de sacerdotes NON UNA CUM, celebrando el Santo Sacrificio en total desunión a "Benedicto XVI" en México.

   No reconocemos, pues, la legitimidad de la autoridad de los "Papas del Concilio" Vaticano II. Estamos ciertos de que solamente esta posición, también llamada sedevacantismo, es la posición teológica que responde perfectamente a la situación actual de la Autoridad en la Iglesia, en particular detallada por la Tesis de Cassiciacum.

   Le invitamos a leer nuestro blog detalladamente. Permítanos presertarle nuestra postura teológica.

   Sea a la mayor gloria de Dios: 


El equipo de México y Tradición

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14 agosto 2012 2 14 /08 /agosto /2012 06:43

Estimados lectores:

 poco a poco nuestro sencillo blog va tomando forma, no sin aportaciones considerables de diferentes páginas de internet que comparten nuestras ideas.

   En esta ocasión nos permitimos presentarles algunos documentos que seguramente retendrán su atención por la su actualidad e importancia en la comprensión de la crisis religiosa con la que nos encontramos los católicos.

   No es nuestra intención la de calumniar a otras congregaciones que defienden la Misa tradicional. Sin embargo creemos ser nuestro deber como católicos militantes, orgullosos de serlo (ORGULLOSOS DE SER ULTRAMONTANOS, diría nuestro estimado compañero de combate el Instituto Mater Bonii Consilii), el de denunciar a la mentira cuando ella se disfraza de verdad.

   En efecto, no son pocas las ocasiones en las que el católico que se hace preguntas se topa de frente con la cuestión de la infalibilidad (ver nuestro enlace hacia la Tesis de Cassiciacum): "El Espíritu Santo preserva al Sumo Pontífice de enseñar el error. Sin embargo puedo ver que desde Vaticano II el "magisterio" enseña doctrinas contrarias a la Tradición de la Iglesia. ¿Cómo es posible? ¿Puede ser verdadero Papa quien enseña el error?" Muchos católicos no pueden evitar, en toda lógica católica y filosófica -y por lo tanto racional- responder de manera negativa a la segunda pregunta. Sin embargo, son muchos los que, desanimados por sus capellanes o amigos pertenecientes a determinado grupo religioso, termina por ver en los sedevacantistas, a los cismáticos más sectarios que existan...

   Como ustedes podrán ver, no es todo de color rosa del otro lado de las filas tradicionalistas, y buscar una verdadera respuesta implica, previamente, desenmascarar el error. Ojalá nuestros "primos" en el combate - la FSSPX- se dé cuenta de sus errores e incoherencias doctrinales y progresemos todos juntos en el Amor a Cristo y a su Iglesia, defendiendo realmente la Realeza de Nuestro Señor.

   Así pues, que no nos atribuyan mala fe, sino un deseo verdadero y legítimo de ayudar a nuestros lectores a progresar en la Verdad. Es esa la Caridad de la Verdad que tanto proclamaba Monseñor GUÉRARD DES LAURIERS.

 
Textos tomados de Sodalitium y de la Revista Integrismo.

-  DECLARACIÓN DEL INSTITUTO “MATER BONI CONSILII” SOBRE EL DECRETO DEL 21 DE ENERO DE 2009 CONCERNIENTE A LA REVOCACIÓN DE LA EXCOMUNIÓN A CUATRO OBISPOS DE LA FRATERNIDAD SAN PÍO X:

    http://ddata.over-blog.com/2/35/00/25/abbe-romero/documentos/levantamiento_excomuniones.pdf

- Una alegría indecente (Por el Padre Belmont):

   http://ddata.over-blog.com/2/35/00/25/abbe-romero/Una-alegria-indecente.pdf

 
- Informe sobre la Comisión Canónica de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X:

   ddata.over-blog.com/2/35/00/25/abbe-romero/documentos/51-mod.pdf

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Published by Juan Manuel Olivar Robles - en Crisis de la Iglesia
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14 agosto 2012 2 14 /08 /agosto /2012 03:47

http://img.over-blog.com/221x300/4/10/51/15/442px-Emblem_of_the_Papacy_SE_svg.png... a este su humilde blog que no tiene otra pretención que la de poder sembrar una pequeña semilla en la lucha por la Verdad que es Nuestro Señor Jesucristo y de su Santa Iglesia Católica, su Esposa Mística.

   Desde este nuestro Méjico amado, que nació y ha sido desde tiempos de la Nueva España -hija predilecta de la Madre Patria España- profundamente católico, actualmente atacado por toda suerte de enemigos, que ya bajo el nombre de cristianos, libre pensadores o conservadores se dedican a difundir el error, por más pequeño que este sea, nosotros deseamos, bajo el manto de Nuestra Santísima Madre de Guadalupe, ayudar a propagar la doctrina de Nuestra Santa Madre la Iglesia Católica, que no es otra que la del mismísimo Cristo.

   En estos tiempo azotados por la secta modernista, implantada con profundas raíces en el seno de la Iglesia, fundamento y al mismo tiempo fruto del "Concilio Vaticano II", que han visto progresivamente una disminución constante del Catolicismo en el mundo -del verdadero catolicismo que San Pio X vió llamar INTRANSIGENTE- en favor de una caricatura de la doctrina de Cristo, protestamos solemnemente que solo en la Trandición invariable transmitida por el Magisterio Infalible de la Santa Iglesia Católica se encuentra el depósito de la Fé y de la salvación del género humano.

   Con sólo un poco de sentido común, cualquiera puede constatar que el llamado "Concilio Vaticano II" marca una transformación rotunda en la mentalidad y en la práctica de la Fé católica. Frente a la tormenta modernista que ataca a la Iglesia desde ese momento, sólo una posición de las llamadas "tradicionalistas" nos parece corresponder PERFECTAMENTE a la santa doctrina de nuestra fé y a la sana razón que Dios ha dignado concedernos a nosotros, pobres humanos imperfectos. Así pues, creemos que el Magisterio de la Santa Iglesia, siendo desde siempre asistido por el Espíritu Santo y teniendo la promesa de esta asistencia hasta el fin de los tiempos, no puede caer en el error de manera continua y enseñarlo cotidianamente a sus fieles. Que el actual "magisterio" pueda separarse como lo hace de la enseñanza de Cristo solo se puede explicar por la imposibiidad de poseer la autoridad FORMAL, poseyendo únicamente la autoridad MATERIAL. Poco a poco explicaremos más en detalle esta posición teológica, desarrollada por Monseñor Michel Guérard des Lauriers O.P., y llamada Tesis de Cassiciacum. Nosotros pues, no podemos reconocer a "Benedicto XVI" como el pastor del rebaño confiado por N.S. Jesucristo a su Esposa Mística, la Santa Iglesia. Como católicos convencidos de la veracidad de la Doctrina transmitida por los APÓSTOLES, afirmamos pues que la situación actual de la Iglesia nos induce a protestar solemnemente que el Trono de San Pedro se encuentra VACANTE, al menos formalmente.
                                                                                        *


   Sin embargo, bien que nosotros seamos partidarios de la llamada Tesis de Cassiciacum, consideramos que es necesario que los fieles católicos tengan acceso a la Santa Misa NON UNA CUM Benedicto y por lo tanto deseamos que este blog pueda servir de lazo entre los fieles católicos mejicanos y los sacerdotes que luchan en el buen combate, insitando a los católicos a sostener a estos últimos. Es por esta razón que rogamos a todos lo sacerdotes que llevan su apostolado de manera individual, a los grupos constituídos, y los fieles que disfrutan, por la gracia de Dios, de la asistencia regular de un sacerdote de los llamados sedevacantistas nos brinden su apoyo e indiquen a su servidor su dirección o cualquier otro modo de poder contactarlos y poder beneficiar de los sacramentos sin recurrir a otras congregaciones que, ya sea se encuentran unidas a la Roma modernista por los acuerdos Ecclesia Dei, o ya sea que aunque rechazan los errores del "Concilio" predican una desobediencia permanente al "Pastor" que pretenden reconocer.
                                                                                       *


   Que Nuestra Santa e Inmaculada Madre del Cielo, la Virgen María de Guadalupe nos guíe en este humilde proyecto, y que la Sangre de tantos mártires Cristeros que Méjico dió a la Iglesia, sean una vez más, semilla de Cristianos.

   Sea por la Mayor Gloria de Dios:

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Published by JUAN MANUEL OLIVAR ROBLES - en Presentación
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13 junio 2012 3 13 /06 /junio /2012 06:37

Estimados lectores:

 

Permítannos ser breves y presentarles el nuevo esquema de este blog. Dos puntos importantes qué considerar:

 

1) Dado que nuestro objetivo siempre ha sido el de difundir, fomentar y defender la Tradición bimilenaria de la Iglesia; teniendo en cuenta el pasado histórico-religioso de nuestro país México; considerando el número muy significativo de personas que quieren conservar la fe católica íntegra; tenemos la alegría de informarles que muy pronto les anunciaremos la creación de una asociación civil católica tradicionalista.

 

2) Este blog, el cual fue otrora utilizado para difundir artículos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, servirá como enlace entre nuestra asociación civil y todos los fieles católicos de México y el mundo que defiendan el Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo, la Santa Iglesia Católica y el Magisterio de la Iglesia.

 

Así pues, les pedidos humildemente sus oraciones para que Dios Nuestro Señor se digne bendecir esta nueva empresa. Sabemos que el combate será dificil, pero con Su ayuda, con su Santísima Madre, y los millones de católicos en nuestro querido México, haremos que venga Su Reino.           

 

Afectísimo en Cristo,

 

Juan Manuel Olivar Robles

Director del Equipo de

México y Tradición

 

 

 

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1 enero 2012 7 01 /01 /enero /2012 19:31

Una agencia científica nacional italiana corrobora que la Sábana Santa no es una falsificación medieval.
sabana-santa.jpgLa Agencia Nacional para las Nuevas Tecnologías, la Energía y el Desarrollo Económico Sostenible italiana (ENEA) ha realizado un estudio durante los últimos cinco años para intentar reproducir la Sábana Santa, que se encuentra custodiada en Turín. Los científicos han corroborado en su intento por realizar una copia que no se trata de una falsificación, como aseguran algunos, sino que el sudario es real.

Los investigadores sólo consiguieron imitar el efecto de la tela, aplicando en el lino láseres ultra violeta de alta intensidad y abrasando el material. Comprobaron que presenta unas características físicas y químicas tan peculiares que actualmente hacen imposible obtener en el laboratorio una coloración idéntica en todos sus componentes. Por lo tanto, se deshecha la teoría de que un falsificador medieval fue el autor de la reliquia.

Los resultados del informe de ENEA indican que “esta incapacidad de repetir (y por lo tanto de falsificar) la imagen de la Sábana Santa impide formular una hipótesis fehaciente respecto al mecanismo de formación de la impresión. De hecho, al día de hoy la ciencia todavía no está en condiciones de explicar de qué modo se ha formado la imagen corpórea en el Santo Sudario. Los científicos se lamentan de la imposibilidad de realizar mediciones directas en la tela de la Sábana Santa y en parte podría ser una justificación. De hecho, el último análisis experimental in situ de las propiedades físicas y químicas de la imagen corpórea del Sudario fue efectuado en 1978 por un grupo de 31 científicos en nombre de la Shroud of Turin Research Project, Inc. (STURP)”.

“Los científicos han usado instrumentos de vanguardia, puestos a su disposición por diversas casas productoras, cuyo valor comercial alcanza los dos millones y medio de dólares. Han efectuado numerosas mediciones no destructivas de espectroscopia infrarroja, visible y ultravioleta, de fluorescencia de rayos X, de termografía y pirólisis, de espectrometría de masa, de análisis micro Raman, fotografía en transmisión, microsocopía, extracción de fibrillas y test microquímicos", continúan las conclusiones del estudio.

Los resultados del informe de Enea indican, además, que "el Sudario se remonta al siglo I, es decir, no es medieval. También hemos comprobado la total ausencia de pigmento, o sea, es posible decir que no fue hecho por la mano del hombre. Todos los fragmentos que hemos hallado son de origen orgánico", dice el documento, que incluso habla de "sangre".

“Las implicaciones son... que la imagen se formó por una explosión de energía ultravioleta tan intensa, que sólo puede ser sobrenatural. No creo que se haya hecho nada igual”, asegura a The Independent Luigi Garlaschelli, profesor de química en la Universidad de Pavía.

Para Paolo di Lazzaro, quien dirigió el estudio, "cuando uno habla de un destello de luz capaz de dar color a una pieza de lino en la misma forma que el sudario, la discusión inevitablemente cae en el terreno de los milagros".

El Dr. Di Lazzaro asegura que “si sus resultados van a suscitar algún tipo de debate filosófico o teológico, es cuestión de los expertos y de la conciencia de cada persona”.

 

tomado de "El Confidencial".

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10 octubre 2011 1 10 /10 /octubre /2011 05:40

La película protagonizada por Andy García además de Eduardo Verástegui y Rubén Blades sobre la epopeya de los cristeros en México, se estrenará a finales de este año 2011.
cristiada.jpgEl actor cubano-norteamericano Andy García encarna en el filme a Enrique Gorostieta Velarde, un caudillo que lidera un destacamento cristerio en Jalisco, mientras que Eduardo Verástegui, el intérprete de Bella, interpretará a Anacleto González Flores, beatificado por el Papa Benedicto XVI en 2005 como mártir de la rebelión de los católicos mexicanos contra la persecución desatada en los años veinte por Plutarco Elías Calles.

Además de ellos protagonizan la película sobre la epopeya católica mexicana el compositor y cantante panameño de salsa, Rubén Blades (el de Pedro Navaja), y Karyme Lozano, otra actriz que, como Verástegui, es ampliamente conocida por su abierta defensa de la religión cristiana y de la Iglesia. La afamada Eva Longoria también hace parte del elenco de estrellas de actores de la cinta.

La nueva película toma lugar durante la Guerra Cristeros (1926-1929), que fue provocada por una rebelión contra el intento del gobierno Mexicano de secularizar el país. La historia sigue a la gente común de todo el país que deciden luchar por su libertad. Atrapado en una guerra civil, todos ellos deben decidir hasta qué punto están dispuestos a ir y lo que están dispuestos a arriesgar.

 

 

http://www.cristiadafilm.com/

 

 

 


Les presentamos a continuación una crónica más que extraordinaria de la Epopeya Cristera. Agradecemos al sitio web Fluvium que elaboró este magnífico trabajo y que difundiremos a todos nuestros amables lectores con el fin de incrementar más su fe católica, su amor a Dios, a su Iglesia y su Patria Mejicana.

cubilete_cristo_rey.jpg

 

El siglo de los mártires

        Es indudable que el siglo XX ha sido el más acentuadamente martirial de toda la historia de la Iglesia. Y conviene recordar en esto que el testimonio impresionante de los mártires de México fue el modelo inmediato para todos los católicos que más tarde habrían de verter su sangre por Cristo. Y en primer lugar, poco después, los mártires españoles, tan numerosos. Antonio Montero, en La historia de la persecución religiosa en España (1936-1939), obra de 1961 recientemente reeditada (BAC 204,19982, p. XIII-XIV) dice que «en toda la historia de la universal Iglesia no hay un solo precedente, ni siquiera en las persecuciones romanas, del sacrificio sangriento, en poco más de un semestre, de doce obispos, cuatro mil sacerdotes y más de dos mil religiosos».

        Pero unos años antes (1926-1929), también los mártires mexicanos fueron modelo para tantos otros cientos de miles, millones de cristianos aplastados en nuestro siglo por la Revolución en cualquiera de sus formas, liberal o nazi, socialista o comunista. Nos interesa, pues, mucho conocer la persecución religiosa en México, y entender bien la respuesta de aquellos católicos admirables, que con su sangre siguieron escribiendo los Hechos de los apóstoles en América.

        Hallamos información sobre la Cristiada en obras como la de Aquiles P. Moctezuma, El conflicto religioso de 1926; sus orígenes, su desarrollo, su solución; Antonio Ríus Facius, Méjico cristero; historia de la Asociación Católica de la Juventud Mejicana, 1925-1931; Miguel Palomar y Vizcarra, El caso ejemplar mexicano. Poseemos relatos impresionantes de los mismos cristeros, como el de Luis Rivero del Val, Entre las patas de los caballos, que viene a ser el diario del estudiante cristero Manuel Bonilla, o el del campesino Ezequiel Mendoza Barragán, Testimonio cristero; memorias del autor, a cual más admirable. Y disponemos también de excelentes estudios modernos, como el de Jean Meyer, La cristiada, I-III, y Lauro López Beltrán, La persecución religiosa en México.

        Convendrá, en todo caso, que comencemos nuestra crónica por el principio: la persecución liberal que ocasionó la Cristiada en el siglo XX no era sino la continuación de la que se inició ya largamente en el siglo XIX.

        Las persecuciones religiosas de México en el siglo XIX

        En 1810, con el grito del cura Miguel Hidalgo: «¡Viva Fernando VII y muera el mal gobierno!», se inicia el proceso que culminaría con la independencia de México. Todavía en 1821 el Plan de Iguala decide la independencia completa de México como monarquía constitucional que, al ser ofrecida sin éxito a Fernando VII, queda a la designación de las Cortes mexicanas. Tras el breve gobierno del emperador Agustín de Itúrbide (1821-24), rechazado por la masonería y fusilado en Padilla, se proclama la República (1824), que camina vacilante hasta mediados de siglo, y que pierde, en provecho de los Estados Unidos, la mitad del territorio mexicano (1848).

        Muy poco después de la independencia, ya en 1855, se desata la revolución liberal con toda su virulencia anticristiana, cuando se hace con el poder Benito Juárez (1855-72), indio zapoteca, de Oaxaca, que a los 11 años, con ayuda del lego carmelita Salanueva, aprende castellano y a leer y escribir, lo que le permite ingresar en el Seminario. Abogado más tarde y político, impone, obligado por la logia norteamericana de Nueva Orleans, la Constitución de 1857, de orientación liberal, y las Leyes de Reforma de 1859, una y otras abiertamente hostiles a la Iglesia.

        Por ellas, contra todo derecho natural, se establecía la nacionalización de los bienes eclesiásticos, la supresión de las órdenes religiosas, la secularización de cementerios, hospitales y centros benéficos, etc. Su gobierno dio también apoyo a una Iglesia mexicana, precario intento de crear, en torno a un pobre cura, una Iglesia cismática.

        Todos estos atropellos provocaron un alzamiento popular católico, semejante, como señala Jean Dumont, al que habría de producirse en nuestro siglo. En efecto, «la Cristiada [1926-1931] tuvo un precedente muy parecido en los años 1858-1861. También entonces la catolicidad mejicana sostuvo una lucha de tres años contra los Sin-Dios de la época, aquellos laicistas de la Reforma, también jacobinos, que habían impuesto la libertad para todos los cultos, excepto el culto católico, sometido al control restrictivo del Estado, la puesta a la venta de los bienes de la Iglesia, la prohibición de los votos religiosos, la supresión de la Compañía de Jesús y, por tanto, de sus colegios, el juramento de todos los empleados del Estado a favor de estas medidas, la deportación y el encarcelamiento de los obispos o sacerdotes que protestaran. Pío IX condenó estas medidas, como Pío XI expresó su admiración por los cristeros».

        En aquella guerra civil, en la que hubo «deportación y condena a muerte de sacerdotes, deportación y encarcelamiento de obispos y de otros religiosos, represión sangrienta de las manifestaciones de protesta, particularmente numerosas en los estados de Jalisco, Michoacán, Puebla, Tlaxcala» (Hora de Dios en el Nuevo Mundo 246), el gobierno liberal prevaleció gracias a la ayuda de los Estados Unidos.

        La Reforma liberal de Juárez no se caracterizó sólamente por su sectarismo antirreligioso, sino también porque junto a la desamortización de los bienes de la Iglesia, eliminó los ejidos comunales de los indígenas. Estas medidas no evitaron al Estado un grave colapso financiero, pero enriquecieron a la clase privilegiada, aumentando el latifundismo. Con todo eso, según el historiador mexicano Vasconcelos, también filósofo y político, «Juárez y su Reforma, están condenados por nuestra historia», y él ha pasado, como otros, «a la categoría de agentes del Imperialismo anglosajón» (Breve hª 11).

        Sobre esto último bastaría recordar las ofertas increíbles, vergonzosas, del gobierno de Juárez a los Estados Unidos en los tratados Mac Lane-Ocampo y Corwin-Doblado, o en los convenios con los norteamericanos gestionados por el agente juarista José María Carvajal.

        El período de Juárez se vió interrumpido por un breve período en el que, por imposición de Napoleón III, ocupó el poder Maximiliano de Austria (1864-67), fusilado en Querétaro poco más tarde. También en estos años la Iglesia fue sujeta a leyes vejatorias, y los masones «le ofrecieron al Emperador la presidencia del Supremo Consejo de las logias, que él declinó, pero aceptó el título de protector de la Orden, y nombró representantes suyos a dos individuos que inmediatamente recibieron el grado 33» (Acevedo, Hª de México 292).

        A Juárez le sucedió en el poder Sebastián Lerdo de Tejada (1872-76). Éste, que había estudiado en el Seminario de Puebla, acentuó la persecución religiosa, llegando a expulsar hasta «las Hermanas de la Caridad –a quienes el mismo Juárez respetó–, no obstante que de las 410 que había, 355 eran mexicanas, que atendían a cerca de 15 mil personas en sus hospitales, asilos y escuelas. En cambio, se favoreció oficialmente la difusión del protestantismo, con apoyo norteamericano. En el mismo año de 1873 se prohibió que hubiera fuera de los templos cualquier manifestación o acto religioso» (Alvear Acevedo 310). Todo esto provocó la guerra llamada de los Religioneros (1873-1876), un alzamiento armado católico, precedente también de los cristeros (Meyer II,31-43).

        La perduración de Juárez en el poder ocasionó entre los mismos liberales una oposición cada vez más fuerte. El general Porfirio Díaz –que era, como Juárez, de Oaxaca y antiguo seminarista–, propugnando como ley suprema la no-reelección del Presidente de la República (Plan de la Noria 1871; Plan de Tuxtepec 1876), desencadenó una revolución que le llevó al gobierno de México durante casi 30 años: fue reelegido ocho veces, en una farsa de elecciones, entre 1877 y 1910.

        En ese largo tiempo ejerció una dictadura de orden y progreso, muy favorable para los inversores extranjeros –petróleo, redes ferroviarias–, sobre todo norteamericanos, y para los estratos nacionales más privilegiados. También en su tiempo aumentó el latifundismo, y se mantuvieron injusticias sociales muy graves (+Kenneth Turner, México bárbaro). Por lo demás, el liberalismo del Porfiriato fue más tolerante con la Iglesia. Aunque dejó vigentes las leyes persecutorias de la Reforma, normalmente no las aplicaba; pero mantuvo en su gobierno, especialmente en la educación preparatoria y universitaria, el espíritu laicista antirreligioso.

        Las persecuciones de Carranza y Obregón (1916-20, 1920-24)

        Los últimos años del Porfiriato y los siguientes, en medio de continuas ingerencias de los Estados Unidos, registran innumerables conspiraciones y sublevaciones, movimientos indígenas de reivindicación agraria, y guerras marcadas por crueldades atroces. La revolución liberal, que tan duramente perseguía a los católicos, iba devorando también uno tras otro a sus propios hijos: es el horror del «proceso histórico del liberalismo capitalista, que durante el siglo XIX y la mitad del XX, logró apoderarse de las conciencias de nuestros pueblos y no sólo de sus riquezas» (Vasconcelos, Hª de México 10). Surgen en ese período nombres como los del presidente Madero (+1913, asesinado), Emiliano Zapata (+1919, asesinado), presidente Carranza (+1920, asesinado), Pancho Villa (+1923, asesinado), ex presidente Alvaro de Obregón (+1928, asesinado).

        La revolución del general Venustiano Carranza, que le llevó a la presidencia (1916-20), se caracterizó por la dureza de su persecución contra la Iglesia. En el camino hacia el poder, sus tropas multiplicaban los incendios de templos, robos y violaciones, atropellos a sacerdotes y religiosas. Todavía hoy en México carrancear significa robar, y un atropellador es un carrancista.

        Y ya en el poder, cuando los jefes militares quedaban como gobernadores de los Estados liberados, dictaban contra la Iglesia leyes tiránicas y absurdas: que no hubiera Misa más que los domingos y con determinadas condiciones; que no se celebraran Misas de difuntos; que no se conservara el agua para los bautismos en las pilas bautismales, sino que se diera el bautismo con el agua que corre de las llaves; que no se administrara el sacramento de la penitencia sino a los moribundos, y «entonces en voz alta y delante de un empleado del Gobierno» (López Beltrán 35).

        La orientación anticristiana del Estado cristalizó finalmente en la Constitución de 1917, realizada en Querétaro por un Congreso constituyente formado únicamente por representantes carrancistas. En efecto, en aquella Constitución esperpéntica el Estado liberal moderno, agravando las persecuciones ya iniciadas con Juárez en las Leyes de Reforma, establecía la educación laica obligatoria (art.3), prohibía los votos y el establecimiento de órdenes religiosas (5), así como todo acto de culto fuera de los templos o de las casas particulares (24). Y no sólo perpetuaba la confiscación de los bienes de la Iglesia, sino que prohibía la existencia de colegios de inspiración religiosa, conventos, seminarios, obispados y casas curales (27). Todas estas y otras muchas barbaridades semejantes se imponían en México sin que pestañease ningún liberal ortodoxo de Occidente.

        El gobierno del general Obregón (1920-24), nuevo presidente, llevó adelante el impulso perseguidor de la Constitución mexicana: se puso una bomba frente al arzobispado de México; se izaron banderas de la revolución bolchevique -lo más progresista, en aquellos años- sobre las catedrales de México y Morelia; un empleado de la secretaría del Presidente hizo estallar una bomba al pie del altar de la Virgen de Guadalupe, cuya imagen quedó ilesa; fue expulsado Mons. Philippi, Delegado Apostólico, por haber bendecido la primera piedra puesta en el Cerro del Cubilete para el monumento a Cristo Rey.

        La persecución de Calles (1924-29)

        Después de la presidencia de Juárez (1855-72), México fue gobernado casi siempre, como hemos visto, por generales: general Porfirio Díaz (1877-1910), general Huerta (13-14), general Carranza (16-20), general Obregón (20-24). Y ahora, en forma aún más brutal, va a ser gobernado por el general Plutarco Elías Calles (1924-29).

        Reformando el Código Penal, la Ley Calles de 1926, expulsa a los sacerdotes extranjeros, sanciona con multas y prisiones a quienes den enseñanza religiosa o establezcan escuelas primarias, o vistan como clérigo o religioso, o se reúnan de nuevo habiendo sido exclaustrados, o induzcan a la vida religiosa, o realicen actos de culto fuera de los templos... Repitiendo el truco de los tiempos de Juárez, también ahora desde una Secretaría del gobierno callista se hace el ridículo intento de crear una Iglesia cismática mexicana, esta vez en torno a un precario Patriarca Pérez, que finalmente murió en comunión con la Iglesia.

        Los gobernadores de los diversos Estados rivalizan en celo persecutorio, y así el de Tabasco, general Garrido Canabal, un déspota corporativista, al estilo mussoliniano, y mujeriego, exige a los sacerdotes casarse, si quieren ejercer su ministerio (Meyer I, 356). En Chiapas una Ley de Prevención Social «contra locos, degenerados, toxicómanos, ebrios y vagos» dispone: «Podrán ser considerados malvivientes y sometidos a medidas de seguridad, tales como reclusión en sanatorios, prisiones, trabajos forzados, etc., los mendigos profesionales, las prostitutas, los sacerdotes que ejerzan sin autorización legal, las personas que celebren actos religiosos en lugares públicos o enseñen dogmas religiosos a la niñez, los homosexuales, los fabricantes y expendedores de fetiches y estampas religiosos, así como los expendedores de libros, folletos o cualquier impreso por los que se pretenda inculcar prejuicios religiosos» (Rivero del Val 27).

        Cesación del culto (31-7-1926)

        Los Obispos mexicanos, en una enérgica Carta pastoral (25-7-1926), protestan unánimes, manifestando su decisión de trabajar para que «ese Decreto y los Artículos antirreligiosos de la Constitución sean reformados. Y no cejaremos hasta verlo conseguido». El presidente Calles responde fríamente: «Nos hemos limitado a hacer cumplir las [leyes] que existen, una desde el tiempo de la Reforma, hace más de medio siglo, y otra desde 1917... Naturalmente que mi Gobierno no piensa siquiera suavizar las reformas y adiciones al código penal». Era ésta la tolerancia de los liberales frente al fanatismo de los católicos. Ellos pedían a los católicos sólamente que obedecieran las leyes.

        A los pocos días, el 31 de julio, y previa consulta a la Santa Sede, el Episcopado ordena la suspensión del culto público en toda la República. Inmediatamente, una docena de Obispos, entre ellos el Arzobispo de México, son sacados bruscamente de sus sedes, y sin juicio previo, son expulsados del país.

        Es de suponer que los callistas habrían acogido la suspensión de los cultos religiosos con frialdad, e incluso con una cierta satisfacción. Ellos no se esperaban, como tampoco la mayoría de los Obispos, la reacción del pueblo cristiano al quedar privado de la Eucaristía y de los sacramentos, al ver los altares sin manteles y los sagrarios vacíos, con la puertecita abierta.

        El cristero Cecilio Valtierra cuenta aquella experiencia con la elocuencia ingenua del pueblo: «Se cerró el templo, el sagrario quedó desierto, quedó vacío, ya no está Dios ahí, se fue a ser huésped de quien gustaba darle posada ya temiendo ser perjudicado por el gobierno; ya no se oyó el tañir de las campanas que llaman al pecador a que vaya a hacer oración. Sólo nos quedaba un consuelo: que estaba la puerta del templo abierta y los fieles por la tarde iban a rezar el Rosario y a llorar sus culpas. El pueblo estaba de luto, se acabó la alegría, ya no había bienestar ni tranquilidad, el corazón se sentía oprimido y, para completar todo esto, prohibió el gobierno la reunión en la calle como suele suceder que se para una persona con otra, pues esto era un delito grave» (Meyer I, 96).

        Alzamiento de los cristeros (agosto 1926)

        Ya a mediados de agosto, con ocasión del asesinato del cura de Chalchihuites y de tres seglares católicos con él, se alza en Zacatecas el primer foco de movimiento armado. Y en seguida en Jalisco, en Huejuquilla, donde el 29 de agosto el pueblo alzado da el grito de la fidelidad: ¡Viva Cristo Rey! Entre agosto y diciembre de 1926 se produjeron 64 levantamientos armados, espontáneos, aislados, la mayor parte en Jalisco, Guanajuato, Guerrero, Michoacán y Zacatecas.

        Aquellos, a quienes el Gobierno por burla llamaba cristeros, no tenían armas a los comienzos, como no fuese un machete, o en el mejor caso una escopeta; pero pronto las fueron consiguiendo de los soldados federales, los juanes callistas, en las guerrillas y ataques por sorpresa. Siempre fue problema para los cristeros el aprovisionamiento de municiones; en realidad, «no tenían otra fuente de municiones que el ejército, al cual se las tomaban o se las compraban» (Meyer I, 210).

        En Arandas, un pueblo de Los Altos, según refiere J. J. Hernández, acudían de todos los ranchos nuevos contingentes, «algunos armándose hasta con rosaderas, hachas, y por los ranchos donde sabían que había armas iban a pedirlas... Esta gente de verla daba lástima, unos a más de traer malas armas, traían unas garras de huaraches [sandalias], sus sombreros desgarrados, mochos, su vestido todos remendados, otros iban en pelo de sus caballos, algunos no traían ni freno, otros nomás a pie» (Meyer I, 133).

        Al frente del movimiento, para darle unidad de plan y de acción, se puso la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, fundada en marzo de 1925 con el fin que su nombre expresa, y que se había extendido en poco tiempo por toda la república.

        El alzamiento viene expresado así en la carta de un cristero campesino, como lo eran casi todos, Francisco Campos, de Santiago Bayacora, en Durango:

        «El 31 de julio de 1926, unos hombres hicieron por que Dios nuestro Señor se ausentara de sus templos, de sus altares, de los hogares de los católicos, pero otros hombres hicieron por que volviera otra vez; esos hombres no vieron que el gobierno tenía muchísimos soldados, muchísimo armamento, muchísimo dinero pa’hacerles la guerra; eso no vieron ellos, lo que vieron fue defender a su Dios, a su Religión, a su Madre que es la Santa Iglesia; eso es lo que vieron ellos. A esos hombres no les importó dejar sus casas, sus padres, sus hijos, sus esposas y lo que tenían; se fueron a los campos de batalla a buscar a Dios nuestro Señor. Los arroyos, las montañas, los montes, las colinas, son testigos de que aquellos hombres le hablaron a Dios Nuestro Señor con el Santo Nombre de VIVA CRISTO REY, VIVA LA SANTISIMA VIRGEN DE GUADALUPE, VIVA MÉXICO. Los mismos lugares son testigos de que aquellos hombres regaron el suelo con su sangre y, no contentos con eso, dieron sus mismas vidas por que Dios Nuestro Señor volviera otra vez. Y viendo Dios nuestro Señor que aquellos hombres de veras lo buscaban, se dignó venir otra vez a sus templos, a sus altares, a los hogares de los católicos, como lo estamos viendo ahorita, y encargó a los jóvenes de ahora que si en lo futuro se llega a ofrecer otra vez que no olviden el ejemplo que nos dejaron nuestros antepasados» (Meyer I, 93).

        Aprobaciones eclesiales de la lucha armada

        Pero antes de hacer la crónica de esta guerra martirial, hemos de detenernos a analizar con cuidado, pues la cuestión es muy grave, la actitud de la jerarquía eclesial contemporánea hacia los cristeros. Prestemos atención a las fechas.

        18 de octubre de 1926. •En Roma Pío XI recibe una Comisión de Obispos mexicanos, que le informa de la situación de persecución y de resistencia armada. Pocos días después, habiéndose planteado al Cardenal Gasparri la cuestión de si los prelados podían disponer de los bienes de la Iglesia para la defensa armada, contesta que «él, el secretario de Estado de Su Santidad, si fuera Obispo mexicano, vendería sus alhajas para el caso» (Ríus 138).

        18 de noviembre de 1926. •Un mes más tarde publica el Papa su encíclica Iniquis afflictisque, en la que denuncia los atropellos sufridos por la Iglesia en México:

        «Ya casi no queda libertad ninguna a la Iglesia [en México], y el ejercicio del ministerio sagrado se ve de tal manera impedido que se castiga, como si fuera un delito capital, con penas severísimas». El Papa alaba con entusiasmo la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, extendida «por toda la República, donde sus socios trabajan concorde y asiduamente, con el fin de ordenar e instruir a todos los católicos, para oponer a los adversarios un frente único y solidísimo». Y se conmueve ante el heroísmo de los católicos mexicanos: «Algunos de estos adolescentes, de estos jóvenes –cómo contener las lágrimas al pensarlo– se han lanzado a la muerte, con el rosario en la mano, al grito de ¡Viva Cristo Rey! Inenarrable espectáculo que se ofrece al mundo, a los ángeles y a los hombres».

        30 de noviembre de 1926. •Los dirigentes de la Liga Nacional, antes de asumir a fondo la dirección del movimiento cristero, quisieron asegurarse del apoyo del Episcopado, y para ello dirigieron a los Obispos un Memorial en el que solicitaban:

        «1) Una acción negativa, que consista en no condenar el movimiento. 2) Una acción positiva que consista en: a.-Sostener la unidad de acción, por la conformidad de un mismo plan y un mismo caudillo. b.-Formar la conciencia colectiva, en el sentido de que se trata de una acción lícita, laudable, meritoria, de legítima defensa armada. c.-Habilitar canónicamente vicarios castrenses. d.-Urgir y patrocinar una cuestación desarrollada enérgicamente cerca de los ricos católicos, para que suministren fondos que se destinen a la lucha, y que, siquiera una vez en la vida, comprendan la obligación en que están de contribuir».

        El 30 de noviembre los jefes de la Liga son recibidos por Mons. Ruiz y Flores y por Mons. Díaz y Barreto. El primero les comunica jovialmente que, «como de costumbre, se salieron con la suya»; que estudiadas las propuestas por los Obispos reunidos en la Comisión, «los diversos puntos del Memorial habían sido aprobados por unanimidad», menos los dos últimos, el de los vicarios castrenses y el de los ricos, no convenientes o irrealizables.

        15 de enero de 1927. •El Comité Episcopal, respondiendo a unas declaraciones incriminatorias del Jefe del Estado Mayor callista, afirma que el Episcopado es ajeno al alzamiento armado; pero declara al mismo tiempo «que hay circunstancias en la vida de los pueblos en que es lícito a los ciudadanos defender por las armas los derechos legítimos que en vano han procurado poner a salvo por medios pacíficos»; y hace recuerdo de todos los medios pacíficos puestos por los Obispos y por el pueblo, y despreciados por el Gobierno. «Fue así como los prelados de la jerarquía católica dieron su plena aprobación a los católicos mejicanos para que ejercitaran su derecho a la defensa armada, que la Santa Sede pronosticó que llegaría, como único camino que les quedaba para no tener que sujetarse a la tiranía antirreligiosa» (Ríus 135).

        16 de enero de 1927. •A comienzos de 1927, sin embargo, llegan a Roma noticias de prensa, en las que se comunica que Monseñor Pascual Díaz y Barreto, jesuita, obispo de Tabasco, que había sido desterrado de México, en diversas declaraciones hechas en el exilio se muestra reservado sobre los cristeros: «Como Obispo y como ciudadano reprueba Díaz la Revolución, cualquiera sea su causa» (Lpz. Beltrán 108).

        Inmediatamente, el 16 de enero, la Comisión de Obispos mexicanos envía una dura carta a Mons. Díaz y Barreto, entonces residente en Nueva York, lamentando con profunda tristeza sus declaraciones públicas hechas «en contra de los generosos defensores de la libertad religiosa y algunas favorables al perseguidor, Calles».

        Los combatientes «dan la sangre y la vida por cumplir un santo deber, el de conquistar la libertad de la Iglesia». Ante el abuso gravemente injusto del poder, «existe el derecho de resistir y de defenderse, ya que habiendo resultado vanos todos los medios pacíficos que se han puesto en práctica, es justo y debido recurrir a la resistencia y a la defensa armada». Le recuerdan también los Obispos que éste «es el sentir de la mayoría de nuestros Hermanos [Obispos] de México», y también el de «los Padres de la Compañía, no sólo en México, sino en Europa y especialmente aquí en Roma». A propósito le citan las declaraciones hechas unos días antes (3-2-1927) por el famoso moralista de la Gregoriana padre Vermeersch, jesuita: «Hacen muy mal aquellos que, creyendo defender la doctrina cristiana, desaprueban los movimientos armados de los católicos mexicanos. Para la defensa de la moral cristiana no es necesario acudir a falsas doctrinas pacifistas. Los católicos mexicanos están usando un derecho y cumpliendo un deber». Poco después llega un cablegrama con la contestación de Mons. Díaz y Barreto: «Autorizo honorable Comisión negar aquello que se asegura dicho por mí, contrario lo determinado todos nosotros, aprobado, Bendito Santa Sede. Autorizo honorable Comisión publicar este cable, si conveniente» (Lpz. Beltrán 109-110).

        22 de febrero de 1927. •En Roma, el presidente de la Comisión de Obispos mexicanos declara a la prensa: «¿Hacen bien o mal los católicos recurriendo a las armas? Hasta ahora no habíamos querido hablar, por no precipitar los acontecimientos. Mas una vez que Calles mismo empuja a los ciudadanos a la defensa armada, debemos decir: que los católicos de México, como todo ser humano, gozan en toda su amplitud del derecho natural e inalienable de legítima defensa» (107).

        Pío XI bendice el grito: ¡Viva Cristo Rey!

        17 de mayo de 1927. •Unos años antes de los sucesos que nos ocupan, en 1914, San Pío X, a petición de los Obispos mexicanos, había autorizado, como «un proyecto para Nos indeciblemente grato», consagrar a Cristo Rey la república de México, y poner corona real en las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús, colocando también cetro en su mano, para significar así su realeza.

        La consagración de México a Cristo Rey, cosa al parecer imposible –a semejanza de la realizada por García Moreno en el Ecuador en 1873–, pudo sin embargo realizarse, aprovechando la venia del general Victoriano Huerta, presidente (1913-14), indio puro de Jalisco, que, por rara circunstancia, era católico y no masón, sino odiado y calumniado por las logias. Fue entonces, el 6 de enero de 1914, durante el solemnísimo acto realizado en la Catedral, en presencia de todas las primeras autoridades religiosas y civiles de la nación, cuando por primera vez en México el pueblo cristiano alzó el grito de ¡Viva Cristo Rey!

        Pues bien, a los comienzos de la Cristiada, con fecha 17 de mayo de 1927 se da traslado a los Obispos mexicanos de algunas respuestas y licencias llegadas de Roma. Y en el documento se lee: «Otro rescripto que hemos recibido concede a los que están en México, indulgencia plenaria in articulo mortis, si confesados y comulgados, o por lo menos contritos, pronuncien con los labios, o cuando menos con el corazón, la jaculatoria ¡Viva Cristo Rey!, aceptando la muerte como enviada por el Señor en castigo de nuestras culpas». Jean Meyer niega la existencia de este insólito documento (II, 344-345), pero posteriormente López Beltrán ha reproducido su fotografía en la obra ya citada (73).

        2 de octubre de 1927. •El Cardenal Gasparri, secretario de Estado, en unas declaraciones al The New York Times (2-10-1927), cuenta los horrores de la persecución sufrida en México por la Iglesia, y denuncia el silencio de las naciones, al «tolerar tan salvaje persecución en pleno siglo XX».

        Reservas sobre el movimiento armado

        A medida que pasaban los meses, las reticencias de la Iglesia para apoyar a los cristeros iban creciendo, también en Roma. Recordemos que la doctrina tradicional de la Iglesia reconoce la licitud de la rebelión armada contra las autoridades civiles con ciertas condiciones: 1, causa muy grave; 2, agotamiento de los medios pacíficos; 3, que la violencia empleada no produzca mayores males que los que pretende remediar; 4, que haya probabilidad de éxito (Pío XI, Firmissimam constantiam 1937: Dz 3775-76).

        Pues bien, la persecución de Calles daba claramente las dos primeras condiciones. Pero algunos Obispos tenían dudas sobre si se daba la tercera, pues pasaba largo tiempo en que el pueblo se veía sin sacramentos ni sacerdotes, y la guerra producía más y más muertes y violencias. Y aún eran más numerosos los que creían muy improbable la victoria de los cristeros. No faltaron incluso algunos pocos Obispos que llegaron a amenazar con la excomunión a quienes se fueran con los cristeros o los ayudaran.

        Aprobaron la rebelión armada los Obispos Manríquez y Zárate, González y Valencia, Lara y Torres, Mora y del Río, y estuvieron muy cerca de los cristeros el Obispo de Colima, Velasco, y el arzobispo de Guadalajara, Orozco y Jiménez, quienes, con grave riesgo, permanecieron ocultos en sus diócesis, asistiendo a su pueblo.

        La reprobaron en mayor o menor medida otros tantos, entre los cuales Ruiz y Flores y Pascual Díaz, que siempre vió la Cristiada como «un sacrificio estéril», condenado al fracaso. Y los más permanecieron indecisos. Pues bien, siendo discutibles las condiciones tercera y cuarta, ha de evitarse todo juicio histórico cruel, que reparta entre aquellos Obispos los calificativos de fieles o infieles, valientes o cobardes. En todo caso, es evidente que la falta de un apoyo más claro de sus Obispos fue siempre para los cristeros el mayor sufrimiento...

        18 enero 1928. -Por fin, a mediados de diciembre de 1927 el arzobispo Pietro Fumasoni Biondi, Delegado Apostólico en los Estados Unidos, y encargado de negocios de la Delegación Apostólica en México, transmite a Mons. Díaz y Barreto, Secretario del Comité Episcopal, a quien el mismo Mons. Fumasoni había nombrado Intermediario Oficial entre él y los Obispos mexicanos, la disposición del Papa, según la cual «deben los Obispos no sólo abstenerse de apoyar la acción armada, sino también deben permanecer fuera y sobre todo partido político». Norma que Mons. Díaz comunicó a todos los prelados (18-1-1928) (Meyer I,18; Lpz. Beltrán 111, 150-52)...

        Se echaron al campo, «para buscar a Dios»

        Agosto de 1926. Muchos campesinos, de la zona central de México sobre todo, se echan al monte, como Francisco Campos, «a buscar a Dios Nuestro Señor».

        «En Cocula (Jalisco), desde el 1º de agosto la iglesia estaba custodiada permanentemente por 100 mujeres en el interior y 150 hombres en el atrio y en el campanario, de noche y de día. Los cinco barrios se relevaban por turno y a cada alarma se tocaba el bordón. Entonces, todo el mundo acudía al instante, como refiere Porfiria Morales. El 5 de agosto tocó la campana cuando ella estaba en su cocina; su criada María, exclamó: "¡Ave María Purísima!". Se quitó el delantal, tomo su rebozo y un garrote, y cuando aquélla le preguntó a dónde iba, le contestó: "¡Qué pregunta de mi ama! ¿Qué no oye la campana que nos llama a los católicos de la Unión Popular? ¡Primero son las cosas de Dios!" Y salió dejando las cacerolas en el fuego» (Meyer I,103).

        No podrá encarecerse suficientemente el valor de las mujeres católicas mexicanas en la Cristiada, repartiendo propaganda, llevando avisos, acogiendo prófugos o cuidando heridos, ayudando clandestinamente al aprovisionamiento de alimentos y armas. Las Brigadas Femeninas de Santa Juana de Arco, las Brigadas Bonitas, escribieron historias de leyenda... Pero, en fin, la guerra es cosa de hombres, y a ella se fueron campesinos recios. Ezequiel Mendoza Barragán, un ranchero de Coalcomán, en Michoacán, cuya voz patriarcal hemos de escuchar en otras ocasiones, lo cuenta así:

        «Centenares de personas firmamos los papeles, se enviaron a Calles y a sus secuaces, pero todo fue inútil... Los Calles se creyeron muy grandotes y más nos apretaron, matando gente y confiscando bienes particulares de los católicos. Yo, ignorante, pero con brío, al saber los nuevos procedimientos de tal gobierno, me exalté y quise tapar el sol con un dedo, así eran mis sentimientos, me fui a conquistar gente armada y dispuesta a la guerra en defensa de la libertad de Dios y de los prójimos» (Testimonio 17).

        El curso de la guerra

        Jean Meyer, en el volumen I de su obra, describe al detalle las vicisitudes que corrió al paso de los años la guerra de la Cristiada, que él divide en estas fases:

        -incubación, de julio a diciembre de 1926;

        -explosión del alzamiento armado, desde enero de 1927;

        -consolidación de las posiciones, de julio 1927 a julio de 1928, es decir, desde que el general Gorostieta asume la guía de los cristeros hasta la muerte de Obregón.

        -prolongación del conflicto, de agosto 1928 a febrero de 1929, tiempo en que el Gobierno comienza a entender que no podrá vencer militarmente a los cristeros;

        -apogeo del movimiento cristero, de marzo a junio de 1929;

        -licenciamiento de los cristeros, en junio 1929, cuando se producen los mal llamados Arreglos entre la Iglesia y el Estado.

        El ejército federal

        El ejército «consustancial con el gobierno» en el México de entonces «consideraba a la Iglesia como su adversaria personal. Agente activo del anticlericalismo y de la lucha antirreligiosa, hizo su propia guerra, su guerra religiosa. El general Eulogio Ortiz mandó fusilar a un soldado, en el cuello del cual vió un escapulario. Algunos oficiales llevaban sus tropas al combate al grito de ¡Viva Satán!» (Meyer I,146).

        «Cada arma reclutaba por su cuenta. El enganche debía ser voluntario y firmado al menos por tres años», condición que muchas veces se incumplía, tanto que «se seguían utilizando las cuerdas para atar a los voluntarios. Se echaba mano de cualquiera: condenados de derecho común, obreros sin trabajo, campesinos», y sobre todo «del subproletariado rural y de los indios, vencidos o no» (149-150). La brutalidad y la indisciplina de esta tropa es apenas descriptible.

        Al no haber servicio de intendencia, «el avituallamiento estaba a cargo de las compañeras de los soldados, las famosas soldaderas, que marchaban al lado del ejército y que, como la langosta, caían sobre las granjas y los pueblos... La deserción, frecuente en tiempo de paz, llegaba a ser masiva en tiempo de guerra» (152). El general Amaro, jefe del ejército federal, no conseguía «poner en línea más de 70.000 hombres, aunque se pasaba el tiempo reclutando: ¡20.000 desertores al año, de 70.000 soldados!» (153). Este general famoso, el indio Amaro, hijo de un peón de Zacatecas, hombre inteligente, implacable y sanguinario, el que mandó a su aviación bombardear en el cerro del Cubilete el monumento a Cristo Rey, llegó a ser muy culto, y se reconcilió con la Iglesia varios años antes de su muerte.

        Los federales, malos jinetes, eran peores soldados, que disparaban de lejos, gastaban mucha munición, perdían las armas con facilidad, y no conocían bien el terreno por donde andaban. Eso explica que los cristeros, cuyas características de lucha eran las contrarias, les infligieran tantas bajas. Los callistas, eso sí, eran muy crueles, pero «la dureza de la represión, la ejecución de todos los prisioneros, la matanza de los civiles, el saqueo, la violación, el incendio de los pueblos y de las cosechas, dejaban en la estela de los federales otros tantos nuevos levantamientos en germen» (I, 194).

        La guerra se hacía también en la prensa del gobierno, ocultando la magnitud del conflicto o dando siempre la victoria por inminente. Unida a la lucha militar, el general Amaro propugnaba una campaña de «desfanatización», como aquélla por la que dio orden al gobernador de Jalisco de cambiar los nombres de todos los lugares que llevaban nombres de santos (I,178). Todos los medios valían, también el soborno. Así, en una ocasión, el gobierno trató de comprar a un jefe cristero llamado «el 14», el cual respondió: «Que a mí ni me den nada, que nomás arreglen eso de los padrecitos y de las iglesias, y yo me estoy en paz, pero mientras no lo arreglen que no piensen que con dinero me van a comprar» (177).

        La desesperación del gobierno se iba acrecentando a medida que pasaban los meses, y se veía incapaz de vencer -en palabras del gobernador de Colima- «las hordas episcopales de fanáticos que engañados por la patraña clerical se han lanzado a la loca aventura de restaurar el predominio de los curas» (189).

        Balance de la guerra

        A mediados de 1928 los cristeros, unos 25.000 hombres en armas, «no podían ya ser vencidos, dice Meyer, lo cual constituía una gran victoria; pero el gobierno, sostenido por la fuerza norteamericana, no parecía a punto de caer» (I, 248). En realidad, la posición de los cristeros era a mediados de 1929 mejor que la de los federales, pues, combatiendo por una Causa absoluta, tenían mejor moral y disciplina, y operando en pequeños grupos que golpeaban y huían -piquihuye-, sufrían muchas menos bajas que los soldados callistas. Después de tres años de guerra, se calcula que en ella murieron 25.000 o 30.000 cristeros, por 60.000 soldados federales.

        En enero de 1929, el embajador norteamericano Morrow -que insistía al gobierno y a la prensa para que no hablasen de cristeros sino de «bandidos» (I,301)- estimaba improbable pacificar el Estado «antes de que se solucione la cuestión religiosa». En febrero los mismos políticos veían el panorama muy oscuro, y un senador decía en un discurso a sus colegas: «¿Es que nuestros soldados no saben combatir rancheros, o no se quiere que se acabe la rebelión? Pues dígase de una vez y no estemos echando más leña. No se olviden ustedes de que con tres Estados más que se levanten de veras, ¡cuidado con el Poder Público, señores!» (I,285).

        A mediados de 1929 se veía ya claramente que, al menos a corto plazo, ni unos ni otros podían vencer. Sin embargo, en este empate había una gran diferencia: en tanto que los cristeros estaban dispuestos a seguir luchando el tiempo que fuera necesario hasta obtener la derogación de las leyes que perseguían a la Iglesia, el gobierno, viéndose en bancarrota tanto en economía como en prestigio ante las naciones, tenía extremada urgencia de terminar el conflicto cuanto antes. Eran, pues, éstas unas favorables condiciones para negociar el reconocimiento de los derechos de la Iglesia...

        Rumores de un posible arreglo

        Desde mediados de 1927 estuvo al mando supremo de los cristeros el general Gorostieta, militar de carrera, a quien iban llegando de cuando en cuando rumores de posibles arreglos entre la Iglesia y el Estado, a espaldas de la Guardia Nacional cristera. Como estos rumores iban en aumento, el 16 de mayo de 1929 escribió a los Obispos mexicanos una larga carta, de la que citamos algún fragmento:

        «Desde que comenzó nuestra lucha, no ha dejado de ocuparse periódicamente la prensa nacional, y aun la extranjera, de posibles arreglos entre el llamado gobierno y algún miembro señalado del Episcopado mexicano, para terminar el problema religioso. Siempre que tal noticia ha aparecido han sentido los hombres en lucha que un escalofrío de muerte los invade, peor mil veces que todos los peligros que se han decidido a arrostrar. Cada vez que la prensa nos dice de un obispo posible parlamentario con el callismo, sentimos como una bofetada en pleno rostro, tanto más dolorosa cuanto que viene de quien podríamos esperar un consuelo, una palabra de aliento en nuestra lucha; aliento y consuelo que con una sola honorabilísima excepción [Mons. Martínez y Zárate, obispo de Huejutla, 17 años desterrado] de nadie hemos recibido...

        «Si los obispos al presentarse a tratar con el gobierno aprueban la actitud de la Guardia Nacional, si están de acuerdo en que era ya la única digna que nos dejaba el déspota, tendrán que consultar nuestro modo de pensar y atender nuestras exigencias; nada tenemos que decir en este caso...

        «Si los obispos al tratar con el gobierno desaprueban nuestra actitud, si no toman en cuenta a la Guardia Nacional y tratan de dar solución al conflicto independientemente de lo que nosotros anhelamos...; si se olvidan de nuestros muertos, si no se toman en consideración nuestros miles de viudas y huérfanos, entonces... rechazaremos tal actitud como indigna y como traidora...

        «Muchas y de muy diversa índole son las razones que creemos tener para que la Guardia Nacional, y no el Episcopado, sea quien resuelva esta situación. Desde luego el problema no es puramente religioso, es éste un caso integral de libertad, y la Guardia Nacional se ha constituido de hecho en defensora de todas las libertades y en la genuina representación del pueblo, pues el apoyo que el pueblo nos imparte es lo que nos ha hecho subsistir...

        «Como última razón creemos tener derecho a que se nos oiga, si no por otra causa, por ser parte constitutiva de la Iglesia católica de México, precisamente por ser parte importantísima de la Institución que gobiernan los obispos mexicanos» (+Meyer I,316-320)

        El 2 de junio de 1929 el general Gorostieta fue asesinado en una emboscada por los callistas, y le sucedió al frente de la Guardia Nacional el general Degollado.

        Los «mal llamados Arreglos» (21-6-1929)

        La historia de los Arreglos alcanzados en junio de 1929 es tan triste que haremos de ella una referencia muy breve, ateniéndonos sobre todo a la documentada información que López Beltrán ha dado recientemente del asunto. Mons. Ruiz y Flores, Delegado Apostólico ad referendum, escogió como secretario para negociar a Mons. Pascual Díaz y Barreto, el «único Obispo que había mostrado decidido empeño en lograr una transacción con los callistas» (Lpz. Beltrán 499).

        Ambos fueron traídos de los Estados Unidos a México, incomunicados en un vagón de tren, por el embajador norteamericano Dwight Whitney Morrow, banquero y diplomático, protestante y masón, cómplice de Calles y del presidente Portes Gil. Ya en la ciudad de México continuaron incomunicados en la lujosa residencia del banquero Agustín Legorreta. No recibieron ni a los Obispos mexicanos ni a un enviado de la Liga. Tampoco quisieron recibier al Obispo Miguel de la Mora, secretario del Subcomité Episcopal, que mandó aviso a Mons. Flores de que «tenía grandes y urgentes cosas que comunicarle, y que no fuera a pactar nada sin antes oírlo». Las puertas de aquella casa, en esos días, sólo estuvieron abiertas «para Morrow, para los sacerdotes extranjeros: Wilfrid y Parsons y Edmundo Walsh, S.J. [experto en política internacional de la universidad de Georgetown], para Cruchaga Tocornal, el embajador de Chile, y para otros extranjeros. Para los extraños. No para los mexicanos» (Lpz. Beltrán 516).

        Puede afirmarse, pues, que los dos Obispos de los Arreglos con Portes Gil no cumplieron las Normas escritas que Pío XI les había dado, pues no tuvieron en cuenta el juicio de los Obispos, ni el de los cristeros o la Liga Nacional; tampoco consiguieron, ni de lejos, la derogación de las leyes persecutorias de la Iglesia; y menos aún obtuvieron garantías escritas que protegieran la suerte de los cristeros una vez depuestas las armas.

        Sólamente consiguieron del Presidente unas palabras de conciliación y buena voluntad, y unas Declaraciones escritas en las que, sin derogar ley alguna, se afirmaba el propósito de aplicarlas «sin tendencia sectaria y sin perjuicio alguno». Así las cosas, los dos Obispos, convencidos por el embajador norteamericano Morrow de que no era posible conseguir del Presidente más que tales Declaraciones, y aconsejados por Cruchaga y el padre Walsh, que las «creían suficientes», aceptaron este documento redactado personalmente en inglés por el mismo Morrow:

        «El Obispo Díaz y yo hemos tenido varias conferencias con el C. Presidente de la República... Me satisface manifestar que todas las conversaciones se han significado por un espíritu de mutua buena voluntad y respeto. Como consecuencia de dichas Declaraciones hechas por el C. Presidente, el clero mexicano reanudará los servicios religiosos de acuerdo con las leyes vigentes. Yo abrigo la esperanza de que la reanudación de los servicios religiosos [expresión protestante, propia de Morrow, su redactor] pueda conducir al Pueblo Mexicano, animado por un espíritu de buena voluntad, a cooperar en todos los esfuerzos morales que se hagan para beneficio de todos los de la tierra de nuestros mayores. México, D.F. Junio 21 de 1929.-Leopoldo Ruiz, Arzobispo de Morelia y Delegado Apostólico» (Lpz. Beltrán 527).

        Las leyes vigentes, por supuesto, eran aquéllas que habían desencadenado la Cristiada. ¿Para derogar aquellas leyes vigentes habían muerto inútilmente veinte o treinta mil cristeros?...

        Frutos de la Cristiada

        ¿Inútilmente lucharon, con tan grandes pérdidas y sufrimientos, los cristeros y sus familias? En 1929 el jesuita Eduardo Iglesias, bajo el pseudónimo Aquiles P. Moctezuma, en El conflicto religioso de 1926, escribía relativamente satisfecho: «Terminadas felizmente las conferencias entre el Estado y la Iglesia»... (441). No es ésa la interpretación hoy más común. Pero también hay actualmente quienes estiman que los Arreglos «fueron los menos malos posibles dentro de las circunstancias». Así lo cree, por ejemplo, Juan Landerreche Obregón, quien además insiste en que los Arreglos

        «de ninguna manera significaron que el esfuerzo, el sacrificio y la sangre de los cristeros hayan sido inútiles para la libertad de la Iglesia Católica y el respeto a la religión y a los fieles. Por el contrario, los cristeros demostraron al gobierno con sus sacrificios, sus esfuerzos y sus vidas, que en México no se puede atacar impunemente a la religión católica ni a la Iglesia... Y todo esto se demostró en forma tan convincente a los tiranos, que los obligó no sólo a desistir de la persecución religiosa, sino los ha obligado también a respetar la religión y la práctica y el desarrollo de la misma, a pesar de todas las disposiciones de la Constitución [de 1917] que se oponen a ello, y que no se cumplen, porque no se pueden cumplir, porque el pueblo las rechaza... Los frutos [de la Cristiada] se han recogido y se siguen recogiendo sesenta años después de su lucha y seguramente culminarán a su tiempo en la realización plena por la que lucharon quienes dieron ese testimonio» (Prólogo a E. Mendoza, Testimonio 4,7-8).

        En 1993 el gobierno de México concedió a la Iglesia un precario reconocimiento legal como asociación religiosa, y reestableció sus relaciones diplomáticas con la Santa Sede.

        Un triunfo de la masonería

        Unos días después de los Arreglos logrados sobre todo por los masones Morrow y Portes Gil, el 27 de junio de 1929, los masones dieron un gran banquete al presidente Portes Gil, el cual a los postres habló «a sus reverendos hermanos»:

        «Mientras el clero fue rebelde a las Instituciones y a las Leyes, el Gobierno de la República estuvo en el deber de combatirlo... Ahora, queridos hermanos, el clero ha reconocido plenamente al Estado. Y ha declarado sin tapujos: que se somete estrictamente a las Leyes (aplausos). Y yo no podía negar a los católicos el derecho que tienen de someterse a las Leyes... La lucha [sin embargo] es eterna. La lucha se inició hace veinte siglos. Yo protesto ante la masonería que, mientras yo esté en el Gobierno, se cumplirá estrictamente con esa legislación (aplausos).

        «En México, el Estado y la masonería, en los últimos años, han sido una misma cosa: dos entidades que marchan aparejadas, porque los hombres que en los últimos años han estado en el poder, han sabido siempre solidarizarse con los principios revolucionarios de la masonería» (+Lpz. Beltrán 540-541).

        Alude a la misma revolución que asesinó a García Moreno, y que tantas victorias ha logrado en los siglos XIX y XX en la América hispana con el apoyo de la masonería local y norteamericana. Portes Gil más tarde, en su libro La lucha entre el Poder Civil y el Clero, dejó bien claro que «su aparente capitulación [de los Obispos] a la que dieron el nombre de un arreglo con el Gobierno, no fue otra cosa que someterse incondicionalmente a la ley» (547). En 1958, ajeno a la Iglesia, murió en Mixcoac, y en la esquela publicada por «la Muy Respetable Gran Logia Valle de México» se le citaba como «Miembro Activo y Gran Capitán de Guardias de este Supremo Consejo del Grado 33» (546).

        Licenciamiento de los cristeros

        El Jefe supremo de la Guardia Nacional, general Jesús Degollado Guízar, dirigió a todos los cristeros, «a pesar de que se nos desgarra el alma», un patético mensaje de licenciamiento, del que entresacamos el último párrafo:

        «La Guardia Nacional desaparece, no vencida por nuestros enemigos, sino, en realidad, abandonada por aquellos que debían recibir, los primeros, el fruto valioso de sus sacrificios y abnegación. ¡AVE, CRISTO! Los que por Ti vamos a la humillación, al destierro, tal vez a la muerte gloriosa, víctimas de nuestros enemigos, con el más fervoroso de nuestros amores, te saludamos y, una vez más, te aclamamos.

REY DE NUESTRA PATRIA.

¡VIVA CRISTO REY!

¡VIVA SANTA MARIA DE GUADALUPE!

Dios, Patria y Libertad».

        «Tal vez a la muerte gloriosa...» En efecto, poco después de los Arreglos, el Gobierno, mostrando «el espíritu de buena voluntad y respeto» asegurado a los Obispos negociadores, comenzó a través de siniestros agentes «el asesinato sistemático y premeditado» de los cristeros que habían depuesto sus armas, «con el fin de impedir cualquier reanudación del movimiento... La caza del hombre fue eficaz y seria, ya que se puede aventurar, apoyándose en pruebas, la cifra de 1.500 víctimas, de las cuales 500 jefes, desde el grado de teniente al de general».

        También «hay que decir, y esto honra a aquellos hombres, que más de un general federal advirtió a los cristeros del peligro que los amenazaba» (Meyer I, 344-346). De todos modos, aún con esto, más jefes cristeros fueron muertos después de los Arreglos que durante la guerra.

        Esto supuso una larga y durísima prueba para la fe de los cristeros, que sin embargo se mantuvieron fieles a la Iglesia con la ayuda sobre todo de los mismos sacerdotes que durante la guerra les habían asistido.

        Después de los Arreglos

        El capellán de los cristeros de Colima, padre Enrique de Jesús Ochoa, en Los cristeros del volcán de Colima, cuenta que «lloró de verdad el mismo Señor Ruiz y Flores cuando se vió burlado, cuando miró el fracaso de aquellos Arreglos, "si arreglos pueden llamarse", según él mismo dijo, escribiendo de su puño y letra (el 1º de agosto de 1929)».

        Y añade: «Yo mismo he visto llorar al Papa [Pío XI] cuando trata el asunto de los arreglos de México: L’ho veduto piàngere, decía el Cardenal Boggiani al vicepresidente de la Liga Nacional, don Miguel Palomar y Vizcarra; y al que esto escribe, en Roma el año 1930» (+Lpz. Beltrán 517).

        La verdad es que los dos obispos de los Arreglos, y especialmente Mons. Pascual Díaz, sufrieron mucho en los años posteriores, y al menos por parte de algunos sectores, padecieron un verdadero linchamiento moral.

        Recientemente publicaba la revista «30 días» (1993, n.66) una entrevista con la pintora mexicana Dolores Ortega, de 85 años, que vivió de cerca la Cristiada con su marido, Carlos Díez de Sollano, uno de los responsables de la Liga Nacional. A la pregunta ¿por qué los obispos firmaron los acuerdos?, responde: «Estaban confundidos y los engañaron. Después de los arreglos, convidamos a cenar a monseñor Díaz, arzobispo de México. Estábamos comiendo y mi esposo le dice: "Oigame, Ilustrísima, ¿qué me dice usted de los arreglos?" Bajó los ojos, casi se le saltaron las lágrimas y le dice: "Mira Carlitos, ese asunto no me lo toques, me causa mucho dolor. Nos engañaron"». Y continúa el periodista: También ustedes cayeron en el engaño. A lo que contesta la señora Ortega: "No, de ningún modo. Nosotros sabíamos que era una trampa, que el Gobierno no respetaría nunca los arreglos. Lo sabíamos todos, los de la Liga y los cristeros". Sabían ustedes que era un engaño, que entregando las armas y dejando la clandestinidad la muerte era segura. ¿Por qué lo hicieron, entonces? "Porque lo mandaba la Iglesia. Por fidelidad, por obediencia a la Iglesia"».

        Crónica de los mártires y beatos

        Así fue. Y aún hoy, pocos pueblos católicos, como el mexicano, quieren tanto a sus Obispos y sacerdotes. Pero hagamos crónica de los mártires, lo más importante de todo cuanto ocurrió en torno a la Cristiada.

        Los mártires cristeros -en el sentido estricto de la palabra- fueron muchísimos, aunque como es lógico sólo algunos serán reconocidos y canonizados por la Iglesia como tales. No es fácil, pues, entre tantos héroes destacar a algunos, pero vamos a hacerlo con Anacleto González Flores, el que organizó la Unión Popular en Jalisco, impulsó la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, y se distinguió como profesor, orador y escritor católico. El Maestro Cleto, como solían decirle con respeto y afecto, era un cristiano muy piadoso, como lo muestra el siguiente dato:

        «Al final del Rosario, los cristeros de Jalisco añadían esta oración compuesta por Anacleto González Flores: "¡Jesús misericordioso! Mis pecados son más que las gotas de sangre que derramaste por mí. No merezco pertenecer al ejército que defiende los derechos de tu Iglesia y que lucha por ti. Quisiera nunca haber pecado para que mi vida fuera una ofrenda agradable a tus ojos. Lávame de mis iniquidades y límpiame de mis pecados. Por tu santa Cruz, por mi Madre Santísima de Guadalupe, perdóname, no he sabido hacer penitencia de mis pecados; po

r eso quiero recibir la muerte como un castigo merecido por ellos. No quiero pelear, ni vivir ni morir, sino por ti y por tu Iglesia. ¡Madre Santa de Guadalupe!, acompaña en su agonía a este pobre pecador. Concédeme que mi último grito en la tierra y mi primer cántico en el cielo sea ¡Viva Cristo Rey!"» (Meyer III,280).

        Pues bien, el 1 de abril de 1927 fue apresado con tres muchachos colaboradores suyos, los hermanos Vargas, Ramón, Jorge y Florentino. «Si me buscan, dijo, aquí estoy; pero dejen en paz a los demás». Fue inútil su petición, y los cuatro, con Luis Padilla Gómez, presidente local de la A.C.J.M., fueron internados en un cuartel de Guadalajara. Allá interrogaron sobre todo al Maestro Cleto, pidiéndole nombres y datos de la Liga y de los cristeros, así como el lugar donde se escondía el valiente arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez. Como nada obtenían de él, lo desnudaron, lo suspendieron de los dedos pulgares, lo flagelaron y le sangraron los pies y el cuerpo con hojas de afeitar. Él les dijo:

        «Una sola cosa diré y es que he trabajado con todo desinterés por defender la causa de Jesucristo y de su Iglesia. Ustedes me matarán, pero sepan que conmigo no morirá la causa. Muchos están detrás de mí dispuestos a defenderla hasta el martirio. Me voy, pero con la seguridad de que veré pronto, desde el Cielo, el triunfo de la Religión y de mi Patria».

        Atormentaron entonces frente a él a los hermanos Vargas, y él protestó: «¡No se ensañen con niños; si quieren sangre de hombre aquí estoy yo!». Y a Luis Padilla, que pedía confesión: «No, hermano, ya no es tiempo de confesarse, sino de pedir perdón y perdonar. Es un Padre, no un Juez, el que nos espera. Tu misma sangre te purificará». Le atravesaron entonces el costado de un bayonetazo, y como sangraba mucho, el general que mandaba dispuso la ejecución, pero los soldados elegidos se negaban a disparar, y hubo que formar otro pelotón. Antes de recibir catorce balas, aún alcanzó don Anacleto a decir: «¡Yo muero, pero Dios no muere! ¡Viva Cristo Rey!».

        Y en seguida fusilaron a Padilla y los hermanos Vargas (+Rivero 131-133).

        Una vez suspendido el culto en México el 31 de julio de 1937, la inmensa mayoría del clero, unos 3.500, obedeciendo a sus Obispos, se fue recogiendo en las grandes ciudades, controladas por el gobierno, con lo que los civiles y combatientes del campo quedaban sin pastores. Estos sacerdotes, aunque sujetos a estricta vigilancia y en ocasiones a vejaciones, no corrieron normalmente peligro de muerte.

        Por el contrario, los sacerdotes que permanecieron en el campo, lo hicieron con gravísimo riesgo, conscientes de que si eran apresados, serían ejecutados, muchas veces con sadismo, ya que el gobierno pensaba que «fusilando sin compasión a todo sacerdote cogido en el campo, obligaba a los demás, aterrorizados, a refugiarse en la ciudad», y esperaba así que «dejando a los campesinos sin sacerdotes, sofocaría rápidamente la rebelión» (Meyer I,40).

        Se calcula que cien o doscientos permanecieron en el campo, escondidos con la protección de los fieles, que en muchos casos fueron también ejecutados por darles cobijo. López Beltrán, considerando los años 1926-29, da los nombres de 39 sacerdotes asesinados, más los de 1 diácono, 1 minorista y 6 religiosos (343-4). Guillermo Mª Havers recoge los nombres de 46 sacerdotes diocesanos ejecutados en el mismo período de tiempo (Testigos de Cristo en México 205-8). Muchos de estos curas pertenecían a la archidiócesis de Guadalajara (Jalisco, Zacatecas, Guanajuato) o a la diócesis de Colima, pues sus prelados, Mons. Orozco y Jiménez y Mons. Velasco, permanecieron en sus puestos, con buena parte de su clero.

        El 22 de noviembre de 1992, Juan Pablo II beatificó a veintidós de estos sacerdotes diocesanos, destacando que «su entrega al Señor y a la Iglesia era tan firme que, aun teniendo la posibilidad de ausentarse de sus comunidades durante el conflicto armado, decidieron, a ejemplo del Buen Pastor, permanecer entre los suyos para no privarlos de la Eucaristía, de la palabra de Dios y del cuidado pastoral.

        Lejos de todos ellos encender o avivar sentimientos que enfrentaran a hermanos contra hermanos. Al contrario, en la medida de sus posibilidades procuraron ser agentes de perdón y reconciliación». La Conferencia del Episcopado Mexicano, en el libro ¡Viva Cristo Rey! (México 19912), nos da breves reseñas biográficas de los 25 mártires que han sido beatificados (otras reseñas de ellos y de otros muchos, también de laicos y religiosos: +Lpz. Beltrán 243-487; Havers, Testigos de Cristo en México). Aquí nos limitaremos a recordar sus santos nombres, con las fechas de su martirio.

        En 1915: David Galván Bermúdez, en la persecución de Carranza (30-1).

        En 1926: Luis Batis Sainz, y con él tres feligreses de la Acción Católica, Manuel Morales, casado, Salvador Lara Puente, y su primo David Roldán Lara (15-8), también beatificados.

        En 1927: Mateo Correa Magallanes (6-2); Jenaro Sánchez (18-2); Julio Alvarez Mendoza (30-3); David Uribe Velasco (12-4); Sabas Reyes Salazar (13-4); Cristóbal Magallanes, con su coadjutor Agustín Sánchez Caloca (25-5); José Isabel Flores (21-6); José María Robles (26-6); Miguel de la Mora (7-8); Margarito Flores García (12-11); Pedro Esqueda Ramírez (22-11).

        En 1928: Jesús Méndez Montoya (5-2); Toribio Romo González (25-2); Justino Orona Madrigal (1-7); Atilano Cruz Alvarado (1-7); Tranquilino Ubiarco (5-10);

        En 1937: Pedro de Jesús Maldonado (11-2), en una persecución desatada en Chihuahua, en tiempo del presidente Lázaro Cárdenas, otro general (1934-40).

        «La solemnidad de hoy [Cristo Rey], destacaba Juan Pablo II en la ceremonia de beatificación, instituida por el papa Pío XI precisamente cuando más arreciaba la persecución religiosa de México, penetró muy hondo en aquellas comunidades eclesiales y dio una fuerza particular a estos mártires, de manera que al morir muchos gritaban: ¡Viva Cristo Rey!»

        A todos ellos ha de añadirse el nombre del padre jesuita Miguel Agustín Pro Juárez, beatificado por el papa Juan Pablo II el 25 de setiembre de 1988. A diferencia de los sacerdotes antes recordados, él estaba en la ciudad de México, por orden de sus superiores, dedicándose ocultamente al apostolado. Con ocasión de un atentado contra el presidente Obregón, fueron apresados y ejecutados los autores del golpe, y con ellos fueron también eliminados el padre Pro y su hermano Humberto, que eran inocentes (23-11-1927) (+Rafael Ramírez Torres, Miguel Agustín Pro; y Luis Butera, Un mártir alegre. Vida del P. Miguel Pro).

        El espíritu de los cristeros

        Pero volvamos a los cristeros, a aquellos católicos que se alzaron en armas, echándose al monte «para defender a su Dios, a su Religión, a su Madre, que es la Santa Iglesia». Traeremos sobre ellos algunos datos y observaciones, siguiendo principalmente a Jean Meyer, que estudió largamente la Cristiada, y entrevistó durante cuatro años a muchos antiguos cristeros. Dos avisos previos:

        1.-Nótese que los datos reflejan un tiempo, hacia 1970, en que el pueblo mexicano llevaba siglo y medio independiente de España, y un siglo sometido a persecución religiosa continua por parte de los gobiernos liberales, a partir de Juárez.

        Recordemos que en 1917 la Constitución establece la educación laica. En 1934 se impone al pueblo la educación socialista, y Calles proclama indispensable que la Revolución se apodere «de las conciencias de la niñez y de la juventud», porque ambas «deben pertenecer» a la Revolución (352) -a la revolución liberal o a la socialista, viene a ser lo mismo-. Y en 1946 se vuelve a la educación arreligiosa. Pero siempre y en todo caso «ha sido constante la actitud que supone que es el Estado el que tiene el derecho de educar, derecho negado expresamente a la Iglesia y no reconocido a los padres de familia» (Acevedo 357).

        2.-Adviértase también que la inmensa mayoría de los cristeros eran rancheros modestos, gente de pueblo, aunque también se unieron a ella algunos estudiantes, licenciados o profesionales. Los ricos católicos, dicho sea de paso, apenas les ayudaron nunca, aunque lo necesitaban siempre, sobre todo para comprar armas y parque. Pues bien, los cuestionarios muestran que entre los cristeros «cerca del 60 % no habían ido jamás a la escuela», aunque no todos ellos eran analfabetos, pues bastantes habían aprendido a leer en su casa (III,272).

        Muestran sin embargo una sorprendente cultura, y más concretamente, una profunda cultura cristiana. Ya conocemos, por ejemplo, la voz de Ezequiel Mendoza Barragán, campesino michoacano de Coalcomán, que nunca fue a la escuela, y que llegó a ser coronel famoso de cristeros. Jean Meyer, que conoció a Mendoza cuando éste tenía ya 75 años, confiesa: «quedé deslumbrado, fascinado, por la misteriosa energía que irradiaba de él» (pról. Testimonio). Y en otro lugar dice que «todas las entrevistas confirman el carácter representativo de Ezequiel Mendoza», aunque es cierto que su lengua era «especialmente clara y bella» (III,289).

        Espiritualidad católica. -En entrevistas, crónicas y cartas de cristeros causa admiración comprobar la calidad doctrinal, bíblica y poética de sus expresiones. Todo lo cual contradice abiertamente el menosprecio de algunos pedantes acerca de la veracidad del cristianismo entre los indígenas de América. Los cristeros, concretamente, tenían en sí toda la fuerza de quien sabe estar haciendo la voluntad de Dios. «Conscientes de hacer la voluntad de Dios, dice Meyer, los cristeros podían resistir todos los descalabros militares, todas las desdichas espirituales y hasta la más terrible de todas: los arreglos y el poco apoyo clerical» (289). Esa fidelidad a la voluntad de Dios providente les hacía inquebrantables.

        Ezequiel Mendoza, por ejemplo, decía a su gente: «No, muchachos, acuérdense que aquí pedimos a Dios lo que más nos conviniera y por eso no digamos desatinados "ya ven que las cosas cambian de un momento a otro"; "la hoja del árbol no se mueve sin la gran voluntad de Dios", paciencia y resignación» (289). En cierta ocasión, según él mismo refiere, arengaba así a los suyos: «No queremos compañeros que traigan fines torcidos, queremos hombres que de todo corazón quieran agradar a Dios en todo, sin otro interés que defender a su Iglesia nuestra Madre; ya que sus feroces enemigos la quieren exterminar, aunque no lo conseguirán, porque fue dicho por Nuestro Señor Jesucristo que "las puertas del infierno no prevalecerán contra ella"; y lo que Cristo ofreció lo cumple; también dijo que "pasarán los cielos y la tierra, pero sus palabras no pasarán". Además tenemos nuestra Reina y Madre la Virgen de Guadalupe, ella nos recomendará con su Padre, con su Hijo, y con su esposo, el Espíritu Santo. Todavía más contamos con todos los santos y santas del Cielo y de la tierra para que ellos rueguen a Dios por nosotros en todo tiempo y lugar, y si Dios está con nosotros no tengamos miedo de morir en defensa de la Iglesia y de la Patria, seremos mártires e iremos al cielo para siempre» (Testimonio 31).

        Por su parte, Aurelio Acevedo, un simple ranchero de Zacatecas, animaba así a su tropa: «Vosotros, valientes sin tacha, siempre pensad que vais en camino del Calvario; pensad que vais al martirio cumbre donde se entra al Cielo de la Paz y eterno regocijo. Todo redentor debe ser crucificado para fin de que triunfe y sea glorificado. No olvidéis que esta lección es más clara que el sol que nos alumbra: ¡recordad a Jesús!» (Meyer III,275).

        Y otro jefe, Pedro Quintanar, decía a sus tropas: «Todo lo bueno que en vosotros hay es sólo de Dios y... todo lo malo que en vuestro regimiento hay es vuestro. A Dios hay que atribuir todo lo bueno y toda la gloria y todo triunfo, pues vosotros sois instrumentos viles» (289).

        Prácticas religiosas. -La guerra fue para muchos cristeros como unos ejercicios espirituales continuados. La misa sobre todo era, cuando había sacerdote, lo más apreciado por los cristeros, el centro de todo, cada día. Más aún, «en los campamentos cristeros, cuando esto era posible, el Santísimo Sacramento estaba expuesto, y los soldados, por grupos de quince o veinte, practicaban la adoración perpetua. La comunión frecuente era la regla... Los sacerdotes que permanecían con los cristeros se pasaban el tiempo confesando, bautizando, casando, organizando ejercicios espirituales y haciendo misiones» (III,278).

        Pero «era frecuente que no hubiese ya sacerdote, y entonces un seglar tomaba la dirección de la vida religiosa, como Cecilio Valtierra, el cual todas las mañanas leía el Oficio de la Iglesia, en presencia de los fieles, y todas las tardes llevaba el Rosario. Estas misas blancas iban acompañadas de otras innovaciones» (III,277). «Los cánticos y el Rosario acompañaban todos los instantes de la vida, en la marcha o en el campamento. Los cristeros oraban y cantaban a altas horas de la noche, rezando colectivamente el Rosario, de rodillas, y cantando los laudes a la Virgen o a Cristo, entre las decenas» (III,279).

        Es indudable que de su fe cristiana sacaban los cristeros toda su abnegación y valor para la guerra. No eran unos valientes a pesar de ser unos hombres piadosos, sino que más bien porque eran piadosos eran valientes.

        Sólo un ejemplo: en cierta ocasión en que los cristeros habían sufrido varias bajas y estaban tristes, el general «Degollado les hizo rezar el rosario, tras de lo cual los arengó: "Porque Cristo Rey se llevó a los nuestros ya ustedes se acobardaron, ¿ya se les olvidó que al enlistarse en las filas de Su ejército le ofrecieron sus servicios y sus vidas?... Dios, sin necesidad de usar de combates, dispone de nuestras vidas cuando a Él le place... Dejen sus armas al pie del altar, que yo nunca seré jefe de cobardes". Las tropas lloraban y gritaban: "¡No, mi general! Seguiremos siendo los valientes de Cristo Rey, y si no, pónganos a prueba"» (Meyer I,232).

        Idea del gobierno y de la guerra. -Los cristeros tenían de la guerra, y de la persecución que la causó, una idea mucho más teológica que política. En las entrevistas, algunas veces también, se refleja una cierta visión política del conflicto. Por ejemplo, «para los cristeros, el turco Calles, vendido a la masonería internacional, representaba al extranjero yanki y protestante, deseoso de terminar su obra destructora (la anexión de 1848 es conocida de todos, y la situación de subhombres de los chicanos de Texas y Nuevo México...), descatolizando el país» (III,285).

        Sin embargo, prevalecía con mucho la visión teológica de la guerra. Conocían bien, en primer lugar, el deber moral de obedecer a las autoridades civiles, pues «toda autoridad procede de Dios», pero también sabían que «hay que obedecer a Dios antes que a los hombres», cuando éstos hacen la guerra a Dios. Veían claramente en la persecución del gobierno una acción poderosa del Maligno.

        Ezequiel Mendoza, por ejemplo, consideraba a los gobernantes de su patria «endiablados callistas, masones y protestantes malos, que sólo buscan las comodidades del cuerpo y la satisfacción de sus caprichos en este mundo engañador y no creen que los espera un infierno de tormentos eternos, pobres murciélagos que se creen aves y son ratones» (III,283). Y decía, «¡ay de los tiranos que persiguen a Cristo Rey, bestias rumanas de las que nos habla el Apocalipsis! Todos debemos tener muy presentes las bienaventuranzas de que nos habla Nuestro Señor Jesucristo: pobreza de espíritu, lágrimas de contrición, justa mansedumbre, hambre y sed de justicia, misericordiosos, los de limpio corazón, los pacificadores, los buenos cuando son perseguidos por los malos, como nos aprietan los Calles ahora, dizque porque somos muy malos, que andamos tercos queriendo defender la honra y gloria de Aquel que murió desnudo en la cruz más alta y en medio de dos ladrones, por ser Él el más malo de todos los humanos, que no quiso someterse al supremo de la tierra. Es lo que dicen ellos, porque les falta un domingo y los redobles de tambor, pero nosotros se los daremos con ayuda de quien resucitó de los muertos el tercer día y que, porque nos ama, nos dejó por Madre su propia Madre» (III,287).

        Este tono profundamente bíblico era el de la Cristiada. Es la visión del Apocalipsis: Satán, el dragón infernal, la antigua serpiente, da su fuerza a la Bestia, poder maligno intramundano, que hace la guerra a los santos y a cuantos guardan el testimonio de Jesús. En este sentido, los cristeros estaban indeciblemente más cerca del Apocalipsis del apóstol San Juan que de la teología de la liberación moderna.

        Con toda razón el Cardenal Ratzinger afirmaba que «la teología de la liberación, en sus formas conexas con el marxismo, no es ciertamente un producto autóctono, indígena, de América Latina o de otras zonas subdesarrolladas, en las que habría nacido y crecido casi espontáneamente, por obra del pueblo. Se trata en realidad, al menos en su origen, de una creación de intelectuales; y de intelectuales nacidos o formados en el Occidente opulento» (Informe sobre la fe, 207). La espiritualidad popular real es la de Ezequiel Mendoza y sus compañeros, llena de resonancias de la Biblia y del catecismo.

        El martirio. -La teología del martirio en los cristeros no es menos rica que la de las Passiones de los primeros siglos, aunque muchas veces vaya en clave de humor. «¡Qué fácil está el cielo ahorita, mamá!», decía el joven Honorio Lamas, que fue ejecutado con su padre (III,299). «Hay que ganar el cielo ahora que está barato», decía otro (298). Norberto López, que rechazó el perdón que le ofrecían si se alistaba con los federales, antes de ser fusilado, dijo: «Desde que tomé las armas hice el propósito de dar la vida por Cristo. No voy a perder el ayuno al cuarto para las doce» (302).

        En Sahuayo asesinaron uno a uno a veintisiete cristeros, que uno a uno murieron dando vivas a Cristo Rey, pero perdonaron la vida a Claudio Becerra, por ser muy jovencito. Más tarde, con gran tristeza, iba a pedir junto al sepulcro de sus compañeros martirizados: «Compañeros, pídanle a Dios me vaya al cielo a acompañarlos». Bebía entonces demasiado, y cuando el cura le reprochó, él dijo: «Me emborracho, padre, porque me da sentimiento que Dios no me quiso para mártir» (Lpz. Beltrán 66-70)...

        Una vez más la voz del patriarca Mendoza: «Ustedes y yo lamentamos de corazón el fallecimiento de esos hombres que de buena fe ofrendaron sus vidas, familia y demás intereses terrenales, derramaron su sangre por Dios y por nuestra querida patria, como lo hacen los verdaderos mártires cristianos; pues su sangre, unida con la de Nuestro Señor Jesucristo y con la de todos los mártires del Espíritu Santo, nos alcanzará de Dios Padre los bienes que esperamos en la tierra y en el Cielo. Dichosos los que mueren por el amor al Dios que hizo los cielos y la tierra, y en todo está por esencia, presencia y potencia, no como los dioses falsos de Plutarco Elías Calles y de otros locos desviados por Satanás, que les ofrece los bueyes y la carreta de esta vida y después los hace birria caliente y gorda en el infierno de los tormentos» (III,299).

        La muerte tranquila de los cristeros, con frecuencia después de terribles tormentos, impresionaba siempre a los federales. Morían perdonando y gritando ¡Viva Cristo Rey! Y el pueblo guardaba sus palabras, recogía su sangre, enterraba sus cuerpos, acudía en masa a sus funerales, cuando eran posibles, en protesta silenciosa y confesión de fe.

        Alegría. -La alegría estaba también siempre presente, como es lógico, en estos hombres que se estaban jugando la vida por Cristo, pasando indecibles miserias y penalidades. En crónicas y escritos siempre hay huellas de alegría y de humor. Cuenta Ezequiel Mendoza que su papá, en una ocasión, jugándose la vida, se quedó sosteniendo una puerta de campo, para que escapara un grupo de cristeros. Los federales le disparaban una y otra vez, sin atinarle. Así que él, sin soltar la puerta, «como enojado volvió su cara y regañó al enemigo, dijo: "Pendejos, tirar para acá, parece que no ven gente"» (Testimonio 37). De éstas hay innumerables anécdotas cristeras.

        Espiritualidad bíblica y tradicional

        Siendo la Biblia y la Tradición eclesial las fuentes permanentes de la espiritualidad cristiana, el calificativo de tradicional, en su sentido más genuino, es tan precioso como el de bíblico. Pues bien, la espiritualidad de los cristeros es netamente bíblica y tradicional. Jean Meyer subraya con fuerza ambas notas: «Hemos quedado asombrados por el número y la exactitud de las citas bíblicas. La idea de un pueblo católico ignorante de la Biblia no es válida para el campesino mexicano de esta época. En los caseríos lejanos de la parroquia se la leía de pie, o más bien se formaba círculo en torno de aquel que sabía leer» (307).

        No hay, tampoco, mariolatría en la devoción a la Virgen: «El culto de la Virgen guadalupana no es distinto del que recibe en Rusia (¡800 lugares de peregrinación marianos!), en Polonia o en Francia» (309). Meyer afirma una y otra vez «la indiscutible catolicidad de la fe mexicana» (309).

        «La religión de los cristeros era, salvo excepción, la religión católica romana tradicional, fuertemente enraizada en la Edad Media hispánica. El catecismo del P. Ripalda, sabido de memoria, y la práctica del Rosario, notable pedagogía que enseña a meditar diariamente sobre todos los misterios de la religión, de la cual suministra así un conocimiento global, dotaron a ese pueblo de un conocimiento teológico fundamental asombrosamente vivo. A Cristo conocido en su vida humana y en sus dolores, con los cuales puede el fiel identificarse con frecuencia, amado en el grupo humano que lo rodea: la Virgen, el patriarca San José, patrono de la Buena Muerte, y todos los santos que ocupan un lugar muy grande, completamente ortodoxo, en la vida común, se le adora en el misterio de la Trinidad. Esta religión próxima al fiel la califican de superstición los misioneros norteamericanos (protestantes y católicos) y los católicos europeos no la juzgan de manera distinta» (307). Sin embargo, «el cristianismo mexicano, lejos de estar deformado o ser superficial, está sólida y exactamente fundamentado en Cristo, es mariológico a causa de Cristo, y sacramental por consiguiente, orientado hacia la salvación, la vida eterna y el Reino. Durante la guerra, los santos se retraen notablemente hasta su propio lugar, mientras se manifiesta el deseo ardiente del cielo» (310).

        La profundidad de la evangelización realizada en México durante siglos quedó absolutamente probada cuando, después de más de un siglo de continuas persecuciones liberales, socialistas y revolucionarias, los cristeros ofrecieron al mundo este testimonio formidable de espiritualidad y de martirio.

        Volvamos, pues, al principio, y oigamos la voz franciscana de uno de los primeros evangelizadores, Fray Toribio de Benavente, Motolinía. Lo que él dice de México, lo diremos aquí, para terminar nuestra historia; y lo diremos pensando en toda la América hispana:

        «¡Oh, México que tales montes te cercan y coronan! ¡Ahora con razón volará tu fama, porque en ti resplandece la fe y evangelio de Jesucristo! Tú que antes eras maestra de pecados, ahora eres enseñadora de verdad; y tú que antes estabas en tinieblas y oscuridad, ahora das resplandor de doctrina y cristiandad» (Hª de los indios III,6, 339). «Pues concluyendo, digo: ¿quién no se espantará viendo las nuevas maravillas y misericordias que Dios hace con esta gente?... Estos conquistadores y todos los cristianos amigos de Dios se deben mucho alegrar de ver una cristiandad tan cumplida en tan poco tiempo, e inclinada a toda virtud y bondad. Por tanto ruego a todos los que esto leyeren que alaben y glorifiquen a Dios con lo íntimo de sus entrañas; digan estas alabanzas que se siguen, según San Buenaventura: "Alabanza y bendiciones, engrandecimientos y confesiones, gracias y glorificaciones, sobrealzamientos, adoraciones y satisfacciones sean a vos, Altísimo Señor Dios Nuestro, por las misericordias hechas con estos indios nuevos convertidos a vuestra santa fe. Amén, Amén, Amén"» (II, 11, 283).

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6 octubre 2011 4 06 /10 /octubre /2011 05:08

Queremos difundir la siguiente información del P. Dizán Vásquez L. a través de este medio para que sea una herramienta en nuestra lucha contra las sectas protestantes que están destruyendo a nuestro país. Les solicitamos su difusión masiva para salvaguardar la fe de millones de mexicanos confundidos por la herejía protestante.

El Equipo de México y Tradición.

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REFERENCIA
CATOLICO: ¡DEFIENDE TU FE!
Pbro. Dizán Vásquez L.
Como responder al proselitismo sectario
La Nueva Librería Parroquial de Clavería
Editorial Basilio Núñez S.A. de C. V.

Introducción

Se recopilan  en este libro una serie de temas en que poco a poco hemos ido dando respuesta a algunas de las objeciones mas frecuentes que ponen a los católicos ciertos protestantes proselitistas, especialmente a los de tipo sectario. La constante queja y petición de muchos católicos que se acercan a sus pastores en busca de ayuda nos movió a emprender esta laboriosa tarea.
     Estos temas se editaron primero en forma de fichas sueltas, que tuvieron gran aceptación en toda la República Mexicana y más allá de nuestras fronteras. Ahora las publicamos en un libro  agrupándolas por la unidad de su contenido, y, sobre todo, hemos añadido muchos temas nuevos.
     Esperamos que estos temas orienten de veras a muchos católicos que se ven asediados continuamente por propagandistas sectarios, que cuestionan con insistencia, y a veces con agresividad, nuestra fe católica.
     La invasión de sectas, venidas casi siempre del vecino país del norte, es ya un fenómeno alarmante del que muchos pastores de la Iglesia parece que no acaban de darse cuenta. A veces da la impresión que ven con indiferencia y hasta con desdén esa continua labor de destrucción de la fe, que un verdadero enjambre de sectas esta realizando entre los católicos. Nos dormimos en nuestros laureles y cuando de repente despertamos, nos damos cuenta de que un numero considerable de católicos ha abandonado ya la Iglesia, atraído por la propaganda sectaria.
     Por eso en América Latina diversas voces autorizadas se han levantado para pedir que se vuelva a utiliza en la Iglesia una sana apologética, tan favorecida en otros tiempos, tal vez con excesos, pero tan abandonada en estos últimos anos. ( Apologética es la parte de la teología que se dedica a exponer las pruebas y fundamentos de la fe católica, especialmente en confrontación con los ataques de que es  objeto).
     Somos conscientes, sin embargo, de que una labor apologética no basta, y que ni siquiera es lo principal. En el fondo, si muchos católicos se pasan a las sectas o caen en la incredulidad, es porque no han podido encontrar en su propia Iglesia la respuesta a los interrogantes más profundos que  los agobian. Urge, por tanto, que la Iglesia intensifique en su propio seno un proceso de  evangelización integral que llegue a todos los bautizados que no han descubierto el tesoro inagotable de su fe.
     Estos temas están escritos en un lenguaje sencillo, al alcance de todos. Algunos amigos, sin embargo, nos han hecho la observación de que la cantidad de citas bíblicas es excesiva. Pero nos hemos atenido al criterio de que “ más vale que sobre y no que falte “, confiando en que los lectores consultaran en la Biblia solo las citas que consideren suficientes.

     Aunque la intención y el tono es de confrontación con los que se muestran hostiles a nuestra fe, muchos de estos temas pueden servir para que los católicos, sin ningún afán  apologético, conozcan o profundicen su propia fe. En este caso es recomendable que estudien este libro en grupo bajo la guía de un coordinador, seleccionando los temas que más les interesan.
     Esperamos, pues, que Dios bendiga este trabajo y que anime a nuestros hermanos católicos, a quienes va dirigido, a estar “ siempre dispuestos para justificar la esperanza que los anima, ante cualquiera que les pida razón de ella. Pero háganlo con sencillez y respeto, como quien tiene la conciencia en paz. Asi, tendrán vergüenza de sus acusaciones todos aquellos que los calumnian por llevar la hermosa vida cristiana “ ( 1 Pe 3, 15 – 16)


Pbro. Dizán Vázquez Loya.

Primera parte

Algunas objeciones contra la fe católica


1.    ¡Alerta, católico! ¡Te quieren arrancar la fe!

     Tal vez parezca exagerada esta afirmación, pero es la verdad.
     Un gran numero de sectas, unas de origen protestante, otras que ni siquiera pueden llamarse cristianas, han desatado sobre nuestras comunidades católicas una gran ofensiva. Como un enjambre están acosando a los católicos a toda hora y por todos los medios: visitas a domicilio, en la calle, por radio y TV, con folletos y revistas, etc. Esas sectas son muy diversas y hasta enemigas unas de otras, pero con un mismo objetivo: arrancarnos la verdadera fe cristiana que tenemos, para sustituirla con sus errores y extravagancias.
     Esta no es una falsa alarma. Ahí tienes el caso de Guatemala, un país hermano de Mexico, donde hace apenas unos cuantos anos mas del 90% de la población era católica. Ahora, tras unos anos de intensa propaganda, los protestantes son ya el 50% de la población.
     También en Mexico, las sectas están llevando a cabo diversas campanas, planeadas en Estados Unidos y apoyadas con millones de dólares, para llegar a cada uno de nuestros hogares católicos.
     Si abres los ojos, veras que ya son muchos los católicos que se han pasado a alguna de esas sectas. Tal vez eso le ha sucedido a algún miembro de tu familia o a algún amigo tuyo.
     Y ¡si al menos se cambiaran a una sola iglesia protestante, mas o menos evangélica! Pero ya son mas de 200 las sectas que “trabajan” en  Mexico, sembrando la confusión doctrinal y la división en las familias, porque ni siquiera ellas mismas están de acuerdo entre sí. Muchas de ellas, además, ponen en peligro nuestra misma identidad nacional, al imponernos patrones de conducta ajenos a nuestra cultura.
     Esas sectas se valen de todos los medios para arrancarnos la fe: se aprovechan de nuestra soledad o tristeza, de nuestra pobreza, de nuestra ignorancia religiosa, y llegan a difundir las más groseras calumnias contra la Iglesia católica. Atacan a la Santísima Virgen Maria, atacan al Papa, atacan la Santa Misa. En fin, atacan todo lo que somos y creemos, sin tomarse la molestia de entablar un dialogo serio y respetuoso para saber que es lo que en realidad creemos.

¡DESPIERTA!


     La Iglesia Católica es la verdadera Iglesia que fundo Jesucristo hace 20 siglos y que existe interrumpidamente desde los Apóstoles. En todas las épocas ha habido sectas que han pretendido apartar a los católicos de su verdadera fe. Por eso la Palabra de Dios nos puso en guardia desde el principio:
     Yo sé que después de mi partida se introducirá entre ustedes lobos crueles que no perdonaran al rebaño; Y también que de entre ustedes mismos se levantaran hombres que hablaran cosas perversas, para arrastrar a los discípulos detrás de sí (Hch 20,29-30; Ver también Mt 7,15; 24,24; 2Pe 2,1-3)
     Todas las sectas pretenden defender sus errores con la Biblia, olvidando que nadie puede interpretar la Biblia a su antojo (2Pe 1,20; 3,15-16)
     Si alguien entrara en tu casa para robarte cualquier cosa ¿no te defenderías? Tu fe es el tesoro más grande que tienes ¿vas a dejar que te la arrebaten?
     Instrúyete en tu propia fe católica para que estés siempre dispuesto a dar respuesta a todo el que te pida razón de tu esperanza (1Pe 3,15) Únete a tu parroquia, entra en algún movimiento apostólico, estudia la Biblia en un grupo católico.
     Puedes estar seguro de que  cualquier cosa buena que encuentres en cualquier secta, la tienes ya, y con mayor abundancia, en tu propia Iglesia. También puedes estar seguro de que tu Iglesia tiene respuestas suficientes a todas las dificultades que te pongan los protestantes. Aclara a tiempo tus dudas.
     Como respuesta a la montana de hojas, folletos, programas, etc. Con que te están aplastando las sectas, ponemos en tus manos este libro CATOLICO: DEFIENDE TU FE. Léelo, estúdialo, difúndelo.



2.    ¿En cual Iglesia debemos seguir a Jesucristo?

     Un gran numero de sectas protestantes están sembrando confusión en nuestras comunidades católicas. Con su proselitismo nos quieren apartar de la Iglesia Católica, en la que fuimos bautizados, para que aceptemos el Evangelio mutilado y el Cristo incompleto que ellas nos presentan. Supongamos que usted ya no quisiera ser católico y tratara de “encontrar la verdad” y de seguir a Cristo en otra Iglesia. ¿Cuál escogerías? Hay actualmente mas de mil denominaciones y sectas, pero suponiendo que usted vive en donde se escribió esto, tendría una larga lista de iglesias para escoger, por ejemplo:

Asamblea de Dios                    Iglesia Evangélica Internacional
Ejercito de Salvación                    Iglesia Interdenominacional
Iglesia Adventista                    Iglesia Local
Iglesia Apostólica de la fe en Cristo Jesús        Iglesia Bautista
Iglesia Cristiana                    Iglesia Menonita
Iglesia de Cristo                    Iglesia Mormona
Iglesia de Dios Universal                Iglesia Presbiteriana
Iglesia de Jesucristo de las Américas         Iglesia reestructurada en el Espíritu   
Iglesia Evangélica                    Testigos de Jehová
Etc, etc.

     Todas esas iglesias anuncian a Jesucristo, es verdad. Pero cada una a su modo. Hay para todos los gustos. ¿Cuál escogería usted? Si se hace mormón. ¿Por qué no se hace mejor testigo de Jehová? Si prefiere a los pentecostales ¿por qué no escoge mejor a los bautistas? Acaso da lo mismo pertenecer a una iglesia que a otra, o no pertenecer a ninguna, para ser verdadero discípulo de Cristo.
     NO. Según la Biblia UNA SOLA es la verdadera Iglesia de Jesucristo. Por tanto, las demás, aunque conserven muchos elementos de la fe cristiana, no son la Iglesia de Jesucristo, porque aparecieron en la tierra cuando la Iglesia Católica ya existía, y porque no contienen toda la verdad y la vida que Cristo nos vino a traer.


Analicemos la Biblia:

     En primer lugar vemos que Cristo jamás se planteo la posibilidad de que hubiera diferentes iglesias que lo tuvieran a El como Señor y que estuvieran separadas y en desacuerdo entre si. Cristo no quiere divisiones entre sus discípulos. Quiere que todos los que creemos en El estemos unidos (Jn 17,21; 1 Cor 12, 12-13)
     Cristo fundo una sola Iglesia, no muchas. Y esa Iglesia se nos presenta con figuras que dan a entender unidad, acuerdo, armonía: la Iglesia en su Cuerpo, su Casa, su Comunidad: (Mt 16, 18;  1 Cor 10, 32; 11, 22; Ef 1, 22; Col 1, 18; 1 Tim 3, 15; Hch 2, 47)
     Ciertamente la Biblia habla de “iglesias”, en plural, pero se refiere a comunidades que están en comunión unas con otras. Son las “iglesias locales” que forman, todas juntas, la Iglesia universal, es decir católica (Hch 14,23; Rm 16,5; 2Cor 8,1; 1 1,8; Ap. 1,14)
     Cristo mismo le dio a su Iglesia pastores par que la apacentaran en su nombre. Estos son los Apóstoles (Mt 10,1-4; 28, 18-20; Hch 1, 12; 2,42; Ef 2,20). A los Apóstoles les dio el Espíritu Santo y el poder de transmitirlo (Hch 2,4; 8,18; Jn 21, 20-23)
     A uno de esos Apóstoles, a Pedro, Cristo le encomendó el ministerio especial de confirmar la fe de sus hermanos y de hacer que se conserven en la unidad que Cristo quiere para su Iglesia (Mt 16, 18-19; Jn21, 15-17; Lc 22-31-32). Los Apóstoles, incluido Pedro, fueron dejando sucesores para que apacentaran las iglesias locales que ellos iban fundando (Hch 20, 28-30; 6, 2-6; 8, 18; 1 Tim 3, 1-10; 4, 14; 5, 17-23 Tim 1,6; Tito 1, 5-9)
     A estos sucesores de los Apóstoles se les puede seguir la pista a través de la historia, y son los que llamamos ahora los obispos, que tiene como colaboradores a los presbíteros y diáconos, como en la Iglesia de los primeros tiempos. Todos los obispos del mundo están en comunión con el Obispo de Roma, que  es el sucesor del Apóstol Pedro. ¡Esa es la Iglesia católica!
     En cambio, la historia nos dice quien fundo cada una de las sectas, y sabemos que en el momento en que nacieron ya existía la Iglesia católica, porque esta fue fundada por Jesucristo hace 20 siglos.


3.    ¿Es cierto que la Iglesia Católica traiciono a Jesucristo?

     Las sectas protestantes no niegan, porque es un hecho comprobable históricamente, que la actual Iglesia católica existe desde el principio del cristianismo, hace 20 siglos.
     Entonces ¿cómo justifican las sectas, su propia existencia como iglesias diferentes y separadas de la Iglesia católica, si la Biblia dice que Cristo fundo y quiere una sola Iglesia? (Mt 16, 18; Ef 1,22; Col 1,18; Hch 2,47).
     Cada secta parece olvidar que ella es una entre mil y se presenta como la única Iglesia de Cristo, la única que ¡de veras! Obedece la Biblia y enseña toda la verdad.
     Pero de cada una de ellas sabemos quien la fundo y cuando. Por ejemplo, John Smith, H. Jacob y otros, fundaron a los bautistas en el siglo XVII; Joseph Smith fundo a los mormones a principios del siglo XIX; A fines de ese mismo siglo Charles T. Russell fundo a los testigos de Jehová, etc. Y sabemos que en cualquiera de esos anos en que se fundaba una nueva secta, la Iglesia católica ya existía.
     Naturalmente, las sectas no dicen que esos señores fueron sus fundadores, sino que, Biblia en mano, fueron los “restauradores” de la verdadera Iglesia, porque, según ellos, la Iglesia, porque, según ellos, la Iglesia católica en determinado momento y con determinados errores que a ellas se les ocurren, apostato de la verdadera fe y abandono a Cristo. Entonces vinieron ellos y ¡zas! A Iglesia apareció de nuevo, limpia y fresca como salió de las manos de Cristo. ¡Lo curioso es que eso mismo afirman, de una u otra manera, cada una de las mil sectas que hay!

     Pero ¿en realidad pudo la Iglesia católica, la única que viene sin interrupción desde los Apóstoles, haber caído en el error y dejado de ser la única Iglesia que Cristo fundo?

     No es posible. Porque si eso hubiera pasado, no seria la Iglesia la que habría fallado, sino el mismo Cristo. Veamos por que.
     De la Iglesia, como comunidad humana, se podría esperar cualquier falla. Eso ya lo sabia Cristo. Por eso, El mismo prometió a su Iglesia que la preservaría de todo error:

-    El poder del infierno no la puede vencer (Mt 16,17)
-    Jesucristo estara con su Iglesia todos los días, hasta el fin del mundo (Mt 28, 20)
-    Jesús prometió a Pedro que su fe no fallaría, para que confirmara a sus hermanos (Lc 22,31-32)
-    El Espíritu Santo estara siempre con su Iglesia (Jn 14, 16)
    
     Si Cristo y la Iglesia son como la Cabeza y el Cuerpo o como el Esposo y la Esposa (Col1, 18; Ef 5,25-27) ¿puede la Cabeza separarse de su Cuerpo o el Esposo divino divorciarse de su Esposa?
     Por eso, la Escritura llama a la Iglesia columna y fundamento de la verdad (1 Tim 3, 15)
     Por tanto, al decir las sectas que la Iglesia se aparto de Cristo en tal o cual siglo, en realidad no acusan a la Iglesia, sino acusan al mismo Cristo de mentiroso y de haber fallado a sus promesas.
     Pero, ¿qué pensar de los defectos y pecados que ha habido en los miembros de la Iglesia, desde el Papa hasta el mas sencillo de los católicos? Cristo ya sabia que, como humanos, en su Iglesia siempre habría pecadores (Mt 13, 24-30; 47-50) Lo que hace santa a la Iglesia es que Jesús esta con ella y que en ella les ofrece a todos los hombres los tesoros de la verdad, de la redención, de la gracia. Si algunos católicos, pocos o muchos, no viven la riqueza de su fe, la responsabilidad es de ellos y eso no invalida a la Iglesia en cuanto tal.
     Entre los mismos Apóstoles se le coló a Jesús un Judas, y en la Iglesia primitiva, que estaba bajo la dirección de los Apóstoles, ya se daban escándalos (1 Cor 5, 1-5; Gal. 3, 1-3, 1-4; Lc 17-1)
     En las sectas, cuando surge cualquier conflicto, o cuando a uno le parece que los demás no están bien, se separa y ¡funda otra secta! Asi pretenden conservarse puros. Pero aun asi ¿podrían tirar la primera piedra? (Jn 8,7; Mt 7,3).



4.  ¿Te ha desilusionado la Iglesia?

     Uno de los argumentos favoritos que utilizan las sectas protestantes para atraer a los católicos, consiste en repetirles  machaconamente los pecados y defectos (unos verdaderos, otros falsos) de la Iglesia católica.
     Las sectas protestantes se escandalizan de que la Iglesia católica se presente a si misma como la verdadera Iglesia de Cristo, la original, la que viene desde los Apóstoles, y que pretenda que Cristo sigue obrando su salvación en el mundo a través de ella.
     ¡Eso es imposible! Dicen. Una Iglesia tan pecadora no puede representar a Cristo. Ahí esta la historia para probarlo: los papas indignos, las cruzadas, la inquisición. . . y, ahora mismo, tantos malos sacerdotes, tantos católicos borrachos, tantas injusticias. . . (En sus hojitas de propaganda procuran, naturalmente, omitir cualquier referencia a lo bueno que también tiene la Iglesia)
     Con estos argumentos engatusan a muchos católicos que, decepcionados de su Iglesia, la abandonan para irse a esas sectas donde “todos son tan buenos. . . tan alegres. . . todos se ayudan. . . nadie se emborracha. . .”.
     Es característica de todos los sectarios el considerarse a si mismos los únicos puros, los únicos buenos y elegidos. Por eso, en un vano intento de constituir esa casta de hombres selectos que pretenden ser, cuando no están de acuerdo con algo malo que descubren en su secta, se separan de ella y fundan otra, y otra, y otra. . .Con eso les es muy fácil negar su pasado y presentarse siempre como recién caídos del cielo, como si entre ellos y la época bíblica no hubiera pasado el tiempo.
     Cristo, al fundar su Iglesia (Mt 16, 18), al enviarla a salvar a  los hombres enriquecida con la misma autoridad divina de El (Jn 20, 21-23), y al constituirla como columna y fundamento de la verdad (1 Tim 3, 15), no se hacia ilusiones: Bien sabia que estaría formada por hombres pecadores, como lo eran los mismos Apóstoles (Mt 16, 23; 26, 40-43; Mc 9, 33-34; Jn 13, 21-26 2 Cor 4, 7)
     Si la Iglesia católica se presenta como santa, según confesamos en el Credo, no es porque la raíz de esa cantidad este en sus miembros, sino en el Señor Jesucristo, que la fundo y la envió al mundo, y porque en ella el Señor ofrece a todos los hombres los frutos de su redención y los auxilios constantes de su gracia para que se santifique todo el que quiera. Por eso, la Iglesia católica, al lado de muchos pecadores, puede también ofrecer al mundo el ejemplo de millones de mártires y santos que han vivido plenamente el Evangelio.
     Es cierto que Cristo nos ha justificado (Rm 3, 24; 5,9) y nos ha llamado a ser santos (Mt 5,48; Tes 4,3; 1Pe 1,16; 2Cor 5,17), pero Dios no nos ha quitado la libertad y, mientras vivamos en esta vida, tenemos que luchar para seguir siendo fieles a Cristo, tratando continuamente de morir al pecado, a fin de que la vida de Cristo se manifieste plenamente en nosotros (Rm 6,4-8) Y aun después del Bautismo, Dios nos invita continuamente a hacer penitencia por nuestros pecados (Lc 13,1-5; Ap. 2,1-5) y progresar en la santidad (2Cor 4,16; Rm 12,1; Ef 4,20-24; Col 3,10)

     Cristo purifico a su Iglesia con su sangre (Ef 5,25-27), pero esa Iglesia ideal no será una realidad plena y perfecta sino al final de los tiempos (Ap. 21,1-5.10-11) Mientras tanto, en el camino de la Iglesia esta mezclada la azada con el trigo, hasta que solo Dios juzgue quien es digno de la vida eterna (Mt 13,27-30; 25,32-33)
     La desilusión y el escándalo que los protestantes (y con ellos muchos incrédulos y católicos alejados) sufren frente a la Iglesia, a causa de los errores y pecados de muchos de sus miembros, es de la misma naturaleza de la que sufren los ateos frente a Dios, y los judíos frente a Jesucristo.
     La Iglesia, ciertamente, tiene el mismo poder de Cristo para salvar a los hombres, pues asi como Cristo es el signo que manifestó a Dios, la Iglesia es el signo que manifiesta a Cristo. Pero un signo, al mismo tiempo que revela algo (descubre, manifiesta, da a conocer) también lo vela (opaca, oculta, no pone a la vista toda la realidad de lo que quiere dar a conocer) Si al individuo le falte la fe, el signo, en lugar de llevarlo a la cosa significada, puede apartarlo de ella. Por eso son mas los que creen en Dios; menos los que creen en Cristo, y mucho menos los que creen en la Iglesia.
Expliquemos.

1.    Dios. En el mundo son más numerosos los que creen en Dios que los creen en Cristo, pues de Dios, a quien nadie ve, se tiene la idea de los mas perfecto posible. Pero aun asi, muchos se escandalizan de Dios y pierden la fe en El, por las formas humanas imperfectas en que El se ha querido revelar, respetando la lenta evolución de la humanidad. (Dt 2,31-34; 3,2-3; 1Sam 15,2-3; Sal 137,7-9)

2.    Cristo. Aunque es Dios mismo, el numero de los que creen en el disminuye. Es cierto que se presento como hombre santísimo (Heb 7,26; Jn 8,46) y extraordinario en todos los aspectos (Mt 8,27; Jn 7,45-46) Pero, al fin y al acabo, se presento como hombre (Fil 2,6-8), y la fe tiene que atravesar al hombre Jesús para llegar hasta el Dios revelado por Él (Jn 14,9) Por eso los judíos (como muchos hombres de hoy), al faltarles la fe, se escandalizaron de Cristo (Mc 2,5-7; 6,3; Mt 13,56-57; Lc 4, 21-22; 7,23. 34; 10,33; 1Cor 1,23)

3.    La Iglesia. Todavía es más fácil creer en ella. La Iglesia no solo es humana, sino además pecadora. Por eso son todavía más numerosos los que se escandalizan de ella: las sectas protestantes que se aferran a la idea de una Iglesia ideal, invisible, formada solo por los puros y santos; los incrédulos que también, por falta de fe, no alcanzan a penetrar mas allá de la realidad humana de la Iglesia para captar el misterio divino que encierra.

      Sin embargo, la Iglesia es santa, repetimos, no porque la santidad provenga de ella misma, sino por haber sido elegida misericordiosamente por Cristo como su Esposa y su Cuerpo (Ef 5,22-33), por ser su Casa, Familia y Templo de Dios (Ef 2,19-22)
     Por eso la Iglesia, a pesar de cualquier amenaza exterior, es indestructible (Mt 16,18) A pesar de todo pecado y de toda culpa que pueda haber en ella, Dios la renueva continuamente, y no la abandona (Mt 28,20) A pesar de todos sus errores y equivocaciones, es infalible (Jn 14,17) Dios la mantiene en la verdad pues su infalibilidad significa la radical permanencia en la verdad, la cual no queda destruida por errores particulares.
     Por eso a la Iglesia también se le puede aplicar aquellas palabras que Pedro le dijo a Jesús cuando muchos se escandalizaron de Él y lo abandonaron (Jn 6,60. 66-68): ¿Para que inventar o buscar otra Iglesia, si en esta Iglesia católica, real y concreta, a la que pertenecemos, esta toda la verdad de Cristo, y todos los medios de salvación que Él nos dejo?

 

5.   Ni la Iglesia sin la Biblia, ni la Biblia sin la Iglesia.

     Con frecuencia se invita a los católicos a escuchar el mensaje de la Biblia predicado por muy diversa sectas; en la calle, en las plazas, en reuniones especiales, en visitas a domicilio, o en cursos por correo.
     Los católicos que acuden a esas enseñanzas descubren ciertamente cosas maravillosas, porque la Biblia es la Palabra de Dios. Pero, al mismo tiempo, caen en el caos y en la confusión doctrinal tan propios del protestantismo.
     ¿Se pregunta usted por que? Pues porque la Biblia no es un libro caído del cielo, que cada quien puede entender y explicar a su manera. La Biblia no puede ser comprendida correctamente si se toma desligada de la Iglesia en la que nació. La Biblia y la Iglesia están inseparablemente unidas: ni Iglesia sin Biblia, ni Biblia sin Iglesia.
     Es probable que usted nunca haya pensado en las siguientes afirmaciones:

1.    La Iglesia no nació de la Biblia, pues la Iglesia es anterior a la Biblia. Es decir, primero fue la Iglesia, y en ella nació la Biblia. Esto, vale con respecto a Israel, si nos referimos al Antiguo Testamento, como con respecto a la Iglesia cristiana, si nos referimos al Nuevo Testamento. De la Iglesia cristiana hablamos en lo que sigue.

     Cuando se escribieron los libros del Nuevo Testamento, la Iglesia ya había sido fundada por Cristo, pues recordamos que Cristo murió y resucito alrededor del ano 30,mientras que los libros del N. T. fueron escritos anos después. Por ejemplo, el Evangelio de San Marcos se escribió alrededor del ano 64. San  Lucas escribió su Evangelio entre los anos 65 y 80. de estas fechas data mas o menos el Evangelio actual de San Mateo. Los primeros libros del N. T. son las Cartas de San Pablo, escritas entre los anos 51 y 67. el ultimo libro fue el Apocalipsis, entre los anos 70 y 95.
     Es evidente que lo que estos libros dicen ya era enseñado, creído y practicado en la Iglesia, antes de que se escribieran.

2.    Cuando se escribió la Biblia (en nuestro caso el Nuevo Testamento) la Iglesia era ya una comunidad viva y organizada, alimentada por la Palabra de Dios que predicaban oralmente los Apóstoles y sus sucesores.

     Los escritos del Nuevo Testamento no son unos tratados sistemáticos y completos de la Revelación Divina, como si fueran textos de la doctrina para usarse en la enseñanza.  Estos libros responden circunstancias especiales del momento. Los mismos Apóstoles dicen que no todo lo que paso quedo escrito, ni siquiera de la vida y la predicación de Jesús (Jn 21,25; 2Tes 2,15; 2 Tim 1,13; 2,2; 2Jn 12)

3.    Ciertamente los protestantes han hecho mucho bien a la humanidad traduciendo la Biblia a muchos idiomas, y difundiéndola por todas partes, pues la Biblia es un gran tesoro que todos debemos leer. Pero ellos hacen eso principalmente porque creen que para estar en unión con Jesús, y poder salvarse, basta que cada quien lea la Biblia y crea lo que ella dice, aunque la interprete como quiera. A cusa de este error, los protestantes se han dividido (y se siguen dividiendo) en centenares de sectas, opuestas unas a otras, que defienden los más increíbles errores, y sin embargo afirma cada una que lo que ella enseña es “lo que la Biblia dice”.
 
4.    La Biblia es verdadera Palabra de Dios, y debemos creer y obedecer lo que nos enseña y manda. Pero Jesucristo no vino a escribir una Biblia. El vino a inaugurar el Reino de Dios, y para eso fundo una comunidad (su Iglesia), que en el mundo fuera ya el anuncio y el inicio del Reino. A sus Apóstoles, Jesús no los mando a repartir Biblias, sino a predicar, y a dirigir en su nombre su Iglesia (Mt 28, 19-20; Lc 10, 16; Rm 10, 17) A sus discípulos, Jesús no les mando que leyeran la Biblia, para conocer su voluntad, sino que los puso en relación con su Iglesia, y con las autoridades que dejo en ella (Hch 9, 6-17; Mt 18, 15-18) Esto mismo hizo Yahvé en el Antiguo Testamento (Dt 17, 8-13)

En la misma Biblia leemos que algunas de sus partes son difíciles de entender, y que muchos falsean su sentido, y por eso es necesario que alguien, que este plenamente insertado en la Iglesia y con misión de predicar, ayude a entenderla (2Pe 1, 20-21; 3, 15-17; Hch 8, 26-)

5.    La Iglesia cristiana del siglo I (los primeros anos de Iglesia era guiada por la Palabra   
de Dios. Pero esta no estaba solo en los pocos libros que escribieron algunos de los Apóstoles, sino que se encontraba también en las palabras y hechos de Jesús, en la predicación de los Apóstoles, y en la orientación que daban continuamente a la Iglesia, y que ella recogía, conservaba y vivía con fidelidad. A este conjunto de orientaciones vivas de Cristo y de los Apóstoles (que no quedaron escritas) es a lo que la Iglesia llama la Tradición divina, la cual quedo plasmada en la vida misma de su Iglesia, en sus instituciones, en su culto, y, sobre todo, en su manera de entender todas las cuestiones que plantea la Biblia.

6.    La Tradición no es, pues, un conjunto de verdades separadas de, o en oposición a la Biblia, sino la atmósfera o el ambiente en que esta se escribió, y la clave para interpretarla correctamente. La Tradición es la vida y la fe de la Iglesia el siglo I que, junto con la Biblia escrita, se ha conservado y trasmitido fielmente del siglo I al II, de este al III, y asi sin interrupción. Con ella se conecta la Iglesia católica de hoy.

          De   la   tradición  viene, por  ejemplo,  la celebración  del domingo, que muchas sectas admiten (¿Por qué, si en la Biblia no hay mandato expreso de ello?).También el sentido concreto que la Iglesia da a algunos pasajes de la Biblia, en los que los protestantes no se ponen de acuerdo jamás, por ejemplo la Eucaristía (Mt 26, 26-28; Mc 14, 22-25;   Lc
     22, 17-20; 1Cor 11, 23-29).
     Cualquiera que hoy (como lo hacen los protestantes) quiera entender la Biblia fuera  de la única Iglesia que existe desde los bíblicos al momento en que fueron escritos. Finalmente, es por la Tradición como la Iglesia pudo saber cuales libros son inspirados y cuales no. De ese modo ella, con autoridad, definió el canon (lista de los libros de la Biblia)
     Aun con estas pocas ideas ¿se da usted cuenta de lo absurdo que es querer leer y explicar la Biblia prescindiendo de la Tradición y de la Iglesia en que se escribió, y de los pastores que le fueron dados por Cristo para conservar la Iglesia dentro de la verdadera fe? Por eso las sectas protestantes son un hervidero de errores, de divisiones y de contradicciones.



6.    Leer la Biblia. . . ¿En clave protestante o en clave católica?

     Existe hoy entre los católicos, a Dios gracias, un renovado interés por la lectura de la Biblia. Y esto, que puede convertirse en una hermosa renovación de su vida cristiana, puede también entrañar el peligro de llevarlos a abandonar la Iglesia, y de caer en alguna secta protestante a causa de una buena o de una mala interpretación de la Biblia.
     Es importante tener en cuenta que nadie debe interpretar la Biblia a su manera, pues interpretarla es buscar lo que allí quiso decir Dios; además, bien sabido es que en la Biblia hay pasajes difíciles de entender, como enseña el mismo San Pedro (2Pe 1, 20; 3, 16) Por eso necesitamos que alguien, debidamente capacitado, nos la explique (Lc 24, 25-27; Hch 8, 29-35; Ne 8,8)
   
      Los protestantes defienden que:
-    Cada quien puede entender, por si mismo, el sentido de la Biblia.
-    La palabra de Dios es la única autoridad  a la que debemos someternos.
-    Todas las cosas que ellos creen, las creen: “porque asi dice la Biblia”.
    
     Pero estas afirmaciones son tan falsas, que ni los mismos protestantes las practican.
     De hecho, en cada secta hay una autoridad, o una tradición que les indica a los miembros de la secta el sentido que le deben dar a la Biblia. Y si algún miembro de la secta se cree inspirado y quiere interpretar la Biblia de manera diferente a como esta establecido entre ellos, lo echa de la secta, si no es que el mismo se sale para ir a fundar su propia secta. Con razón las sectas se multiplican sin cesar.
     ¡Que diferente es la posición de los católicos! Nosotros abiertamente reconocemos que entendemos la Biblia como nos enseñan el Papa y los Obispos, que son los sucesores de aquellos Apóstoles a los que Cristo les dejo la autoridad en su Iglesia (Mt 28, 19; Lc 10, 16; Jn 20, 21-23; 21, 15-17; Hch 2, 14) Y el Papa y los Obispos no nos enseñan lo que a ellos se les ocurre, según su interpretación personal, sino que ellos conservan y transmiten la interpretación que la Iglesia le dio desde un principio a la Biblia y que le ha venido dando a través de los siglos, desde el tiempo en que todavía vivían los Apóstoles. Los católicos tenemos una Tradición, que es la misma vida y la fe de la Iglesia del siglo I, cuando todavía vivían los Apóstoles. Entendemos la Biblia a la luz de esa Tradición, es decir la entendemos como los Apóstoles enseñaron a la Iglesia a entenderla.
     Las sectas protestantes niegan la autoridad de la Iglesia católica y pretenden apoyarse solo en la Biblia; pero entonces se  quedan sin la Tradición autentica, que es la única clave segura para interpretar la Biblia. Por eso se ven obligados a sustituir esa Tradición divina por las tradiciones de sus propia sectas. De esa manera tenemos una “tradición” luterana, otra calvinista, otra metodista y bautista y mormona y pentecostal y sabatista. . .
     Tan numerosas las sectas, tan diferente y muchas veces opuestas entre si (unas mas equivocadas que otras), todas se derivan de un tronco común y tienen, a pesar de esas diferencias y oposiciones una característica común, que es la clave con la que leen e interpretan la Biblia:
     Según esta clave, las sectas seleccionan ciertos textos bíblicos que destacan el papel único que le corresponde a Cristo como autor de nuestra salvación; pero, al mismo tiempo, olvidan o callan otros textos (tan bíblicos como aquellos) que hablan del poder que Cristo le dejo a su Iglesia. Las sectas hacen a un lado casi totalmente a la Iglesia. Y con esto creen defender a Cristo, pero, en realidad, lo traicionan, pues rechazan lo que el expresamente ordeno. Son “más cristianos” que el mismo Cristo.
     Por eso las sectas, cuando leen, o enseñan a leer la Biblia, se  fijan solo en textos que afirman el poder de Cristo, como estos: Jn 3, 16;  14, 6; 17, 3; Hch 4, 12; 16, 31; 1Tim 2, 5-6; 1 Cor 10, 4; 1Pe 2, 6-8; Jn 8, 12, y otros.
     En cambio, no saben que hacer con los textos que afirman claramente que Cristo esta  presente en su Iglesia, con todo su poder y su autoridad, como estos: Mt 16, 18-19; 1Tim 3, 15; Cor 5,4; Mt 18, 18; Jn 20, 23, y otros.
    La clave católica de la Biblia, en cambio, se caracteriza porque no excluye ninguna de esas dos series de afirmaciones, sino que las integra en una sola realidad, sin oposiciones ficticias, como es la voluntad de Dios, que es quien inspiro la Biblia, y como la Iglesia las ha vivido desde sus orígenes hasta hoy.1

1.    Ver mas adelante, Tercera parte: La Iglesia católica, entre el pelagianismo y el protestantismo.



7.    ¿Se puede ser discípulo de Cristo sin pertenecer a su Iglesia?

     Las sectas protestantes que tan activo proselitismo hacen entre los católicos, con la intención de apartarnos de la verdadera Iglesia, usan principalmente des argumentos:

1.    Unos dicen que su secta es la verdadera Iglesia de Cristo. Que ellos tuvieron que restaurarla, porque la antigua Iglesia, la católica, se había apartado de la verdad.

2.    Otros protestantes, en cambio, sobre todo en estos últimos anos, cansados de tanta división y tantas sectas que hay entre ellos, hacen otra división mas, y pretenden llamarse simplemente “cristianos”. Ellos no son, ni quieren ser, una iglesia mas mientras afirman que lo mismo da pertenecer a cualquier iglesia, o no pertenecer a ninguna. Eso es secundario, dicen, basta creer en Jesucristo y leer la Biblia.
     Pero, ¿tienen realmente razón? ¿Qué nos enseña la Biblia sobre esto?. Veamos.

     Cristo mismo habla de establecer su Iglesia (Mt 16,18) la cual es llamada también “la Iglesia de Dios” (1Cor 10,32; 11,22; Gal. 1,13; 1Tim 3,5.15)
     La Iglesia es la reunión o asamblea (en griego “ekklesia”), formada por los llamados por Cristo para ser santificados (1Cor 1,1-2) La Iglesia es una comunidad visible (Hch 2,42-47) que continua a través de la historia (Mt 28,20), organizada y dirigida por los mismos pastores que Cristo le dejo, para que la apacentaran en su nombre (Mt 28,18-19; Jn 20,21-22; 21,15-17)
     A la Iglesia se entra por medio del Bautismo, Sacramento de la fe (1Cor 12,13), el cual nos incorpora a Cristo, muerto y resucitado (Rm 6,3-5) Es decir, por la misma fe con que nos unimos a Cristo, nos unimos también a la Iglesia.
     La Iglesia es el nuevo Pueblo de Dios, formado con los judíos que reconocieron en Jesús al Mesías, y con los paganos que creyeron en el Evangelio (Hch 11,14-18; Rm 9,24-26; 1Pe 2,9-10)
     Asi como Dios escogió a Israel e hizo con el una alianza (Ex 24,38), asi también, en Cristo, Dios hizo un nuevo pueblo, el verdadero Israel (Gal. 16,15-16), del cual el antiguo era solo figura e hizo con el una Alianza nueva y definitiva, sellada con la sangre de Cristo (Mt 26,26-28)
     Dios, por tanto, no solo llama a cada hombre a una relación individual con Él, sino que nos quiere unidos en una Comunión, que es la Iglesia, formada a imagen de la Trinidad (1Jn 1,3; Hch 4,32)
     Cristo quiere identificarse de tal manera con su Iglesia, que rechazarla a ella (especialmente a los que ha puesto como pastores en su lugar) es rechazarlo a Él (Lc 10,16); perseguirla a ella, es perseguirlo a Él (Hch 9,1-6)

     Tan intima es la unión entre Cristo y la Iglesia, que se nos presenta como la comparación de la cabeza (Cristo) y el cuerpo (Iglesia) (Ef 1,22-23; 5,23; Col 1,18; 2,17-19); o con la comparación del esposo (Cristo) y la esposa (Iglesia) (Ef 5,25-27)
     ¡Que diferencia con lo que hacen las sectas, que minimizan a la Iglesia y nos presentan un Cristo solo, como cabeza arrancada de su cuerpo, o como esposo divorciado de su esposa!
     Las sectas, además, fastidiadas por tantas divisiones que tienen, han acabado por verlas como “normales” (contra la expresa voluntad de Cristo: Jn 17,21), y algunas hasta     piensan que todas las “iglesias” son iguales, aunque no tengan ninguna comunión entre si, con tal de que crean en Cristo, y aunque no se pongan de acuerdo en muchas otras verdades que tan claramente nos enseña la Biblia. Pero de todo eso no resulta sino ¡una cabeza con muchos cuerpos, o un esposo con muchas esposas! Lo cual es absurdo. Por eso los católicos creemos que solo debe haber una sola Iglesia de Cristo, y que no se puede seguir a Cristo plenamente sino formando parte de esa única Iglesia, que es la católica.
     “Esta es la única Iglesia de Cristo, que en el Credo confesamos como Una, Santa, Católica y Apostólica, y que nuestro Salvador, después de su resurrección encomendó a Pedro para que la apacentara (Ver Jn 21,17), confiándoles a el y a los demás Apóstoles su difusión y gobierno (Ver Mt 28,18ss), y la erigió perpetuamente como columna y fundamento de la verdad (1Tim 3,15)” 1

1.    Concilio Vaticano II, Constitución sobre la Iglesia, 8.



8.    ¿Quién te salva... Cristo o la Iglesia?


     “La Iglesia no te salva, ni el Papa, ni los curas. Solo Cristo te salva”. Asi nos predican muchas sectas protestantes que pululan entre nosotros, invitándonos a que dejemos la Santa Iglesia Católica y abracemos sus errores.
     La cuestión planteada por ellos, parece muy atractiva y evangélica a simple vista, pero en realidad esta en desacuerdo con lo que Cristo hizo y enseñó:
     En primer lugar, hay que repetir y dejar bien claro lo que la Iglesia Católica siempre ha creído y enseñado; que Cristo es el único salvador del hombre (Mt 1,21; Jn 3,16-18; Hch 2,21; 4,12; 16,30-31; 1Tim 2,5-6)
     Por tanto esa pretendida originalidad evangélica de la salvación solo por Jesucristo que pregonan muchas sectas, no es mas que una repetición (y además un empobrecimiento)de la verdadera y tradicional fe católica. Igualmente, las acusaciones que hacen a la Iglesia, de que ella pretende suplantar a Cristo para salvar al hombre solo con sacramentos, rezos, buenas obras, medallas, penitencias, etc., es pura calumnia de gente que obstinadamente se niega a examinar sin perjuicios la autentica fe de la Iglesia.
     Las sectas utilizan en su predicación una falsa disyuntiva entre Cristo y la Iglesia, como si hubiera que escoger entre los dos y, naturalmente, quedarse solo con Cristo.
     No es que las sectas nieguen la noción de “iglesia”, pues de ella habla claramente la Biblia, pero la vacían a tal grado de su verdadero sentido, que en la practica la reducen a nada, sustituyéndola por un subjetivismo y un individualismo ajenos al plan de Dios.

¿Qué dice la Biblia acerca de la Iglesia?

     Como Cristo es enviado (a salvar al mundo) por el Padre, asi también Cristo envía (con su misma misión y poder) a su Iglesia (Jn 20,21-23)
     Esto quiere decir que asi como Cristo, por su naturaleza humana, es el sacramento (o signo sagrado) que hace presente y visible entre los hombres al Dios invisible (Jn 14,9-10), asi también la Iglesia es el Sacramento que perpetua visiblemente, en medio de la humanidad, a Cristo resucitado, ausente físicamente de este mundo desde su ascensión al Padre (Mt 28,18-20; Lc 10,16)
     Por eso, entre Cristo y su Iglesia hay una unión tan estrecha, que nada la puede romper. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo y Él es la Cabeza (Col 1,18) Entre ambos constituyen el “Cristo completo”. Es cierto que, hablando en absoluto, Cristo no necesita a la Iglesia, pero su plan es salvar al mundo desde ella; aunque también es cierto que cuando el quiere, obra co soberana libertad fuera de ella (Jn 10,16)
     Pero, ¿qué o quien es la Iglesia? La Iglesia somos todos los que, unidos a Cristo por la fe, hemos sido bautizados para formar un solo cuerpo (1 Cor 12, 13-14; Hch 2, 41-42), y al celebrar la Eucaristía (1 Cor 11, 23-26) entramos en comunión con el Señor ( 1 Cor 10, 16-17) y nos hacemos miembros unos de otros (Rom 12, 5)
     Somos el Pueblo de Dios (1Pe 2, 9-10), que en el Espíritu Santo mantiene unido (Ef 4, 1-6) y enriquecido con diferentes carismas y ministerios para el servicio común (Ef 4, 11-12; 1 Cor 12, 4-12)
     Entre estos servicios y ministerios esta el servicio que desempeñan en la Iglesia los Apóstoles, sus sucesores y colaboradores (Mt 10, 17; Rm 1,1; Hch 1, 21-26; 2 Tim 1, 6) y, en particular, el “servicio de Pedro” (Mt 16, 18-19; Jn 21, 15-17; Lc 22, 31-32), que en la Iglesia católica nunca ha dejado de existir en la persona del Papa.
     Las sectas, al no poder negar el deseo de Cristo de establecer una Iglesia, se escapan por la tangente explicándola como una iglesia abstracta e “invisible”, que no corresponde a ninguna estructura concreta de este mundo. Eso lo dicen solo para negar la autoridad de la Iglesia Católica (“para escapar de la esclavitud de Roma”) mientras que en el interior de cada secta imponen interpretaciones, disciplinas y estructuras mucho más rígidas que las de la Iglesia católica.
     La idea de una Iglesia “invisible” (es decir, reducida a la guía espiritual y aislada del Espíritu Santo en cada alma), es contraria a lo que nos enseña la Biblia, la cual nos habla siempre de una comunidad, al mismo tiempo visible – institucionalizada, jerárquica, bien organizada e identificable – (Hch 2, 42-42; 4, 32-35; Mt 5, 14-16; Jn 13, 34-35; 17, 20-21) y espiritual –animada por el Espíritu Santo, carismática – (Hch 2, 1-4.38; 13, 52; Jn 20, 22-23; 1 Cor 2, 9-13; 12, 4; 2 Cor 1, 21-22)
     Si la Iglesia no estuviera vivificada por el Espíritu, no estaría en ella el poder de Cristo para salvar a los que creen. Pero si no fuera visible y concreta, no tendría nada que ver con los hombres, pues no podría ser signo de Cristo para ellos.
     En el fondo, el error protestante, desde Lutero hasta nuestros días, consiste en que no han comprendido ( o no han querido admitir plenamente) el misterio de la Encarnación del Verbo: un Dios que se hace hombre de carne y hueso como nosotros (Jn 1, 14) y que nos salva desde ese hombre llamado Jesús (Mt 1, 21; Ef 1, 3-7)1*.
     La existencia y la misión de la Iglesia responde, por voluntad divina, esa misma “ley de la encarnación”. Es decir, el propósito de Dios de haber “encarnado”, de algún modo, en su Iglesia, en los sacerdotes, en todos los bautizados, a través de los signos sacramentales, instituciones, etc.
     Por eso, para los católicos, cada vez que la Iglesia bautiza, es Cristo el que bautiza (Rm 6, 3-4), cada vez que la Iglesia perdona, es Cristo quien perdona, cada vez que la Iglesia predica la Palabra, es Cristo quien la predica y produce el fruto (1 Cor 3, 5-9; 2Cor 5, 20).
     Entonces, nos volvemos a preguntar: ¿Quién salva: Cristo o la Iglesia? ¿No es verdad que esa falsa disyuntiva solo la ponen las sectas para engañar a los incautos y para arrancarlos de la Iglesia católica?

*1. Ver el desarrollo de este tema en la 2ª. Parte.



1.   El peligro jehovista


     Entre las variadas sectas que hoy corroen con sus errores y su proselitismo agresivo el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, destaca la secta de los testigos de Jehová.
     Esta secta es una verdadera Anti-Iglesia. Conscientemente se ha propuesto erradicar, con un plan minucioso y llevado a cabo con tenacidad, hasta el mas leve vestigio de lo que hemos entendido siempre por la palabra “cristianismo”.
     Su embestida mortal tiene como objetivo demoler el contenido fundamental de la fe cristiana (aun aquello que las diferentes Iglesias separadas conservan todavía en común, como el Kerygma apostólico), asi como el culto y la espiritualidad que hemos practicado durante siglos.
     Mas aun, su radicalismo los lleva a borrar del corazón y del lenguaje de las gentes aquellas formas culturales que están al mismo tiempo enraizadas en la historia y en la fe de nuestros pueblos.
     Por ejemplo, echan abajo las fiestas más entrañables con que el pueblo expresa y revive su fe y su amor a la patria, como la Navidad o las fiestas nacionales. No solo cambian el significado de la fe, sino el vocabulario mismo que la expresa: A la Iglesia la llaman “congregación”; a la cruz, “madero de tormento”; al Antiguo Testamento, “escrituras hebreas”; al Nuevo Testamento, “escrituras griegas cristianas”; a la gracia,, “bondad inmerecida”; a bautizarse, “simbolizarse”, etc.
     ¿A que viene este afán de cambiarlo todo? Quieren hacer “tabla rasa” de todo lo que ahora somos y creemos, en lo civil y en lo religioso, para hacer de nosotros algo totalmente nuevo e irreconocible: un pueblo de esclavos de la gran organización teocratica que tiene su sede en Brooklin, aunque esto parezca un relato de ciencia-ficción.
     Por su furia destructora anticristiana, los testigos de Jehová no son solamente una Anti-Iglesia, sino un verdadero Anti-Cristo. Niegan con verdadera sana el contenido más fundamental de nuestra fe cristiana acerca de Dios y de Cristo: La Trinidad, la divinidad de Jesús, su encarnación,  la redención por su muerte en la cruz, su resurrección corporal, y el significado profundo de Pentecostés.
     Niegan muchísimas otras verdades cristianas, pero para que seguir adelante. ¿Acaso negando a Cristo como verdadero Dios y verdadero hombre, tiene sentido cualquier otra afirmación cristiana? No se trata, pues, de una nueva modalidad del cristianismo, dentro de la ya de por sí desdichada división que existe, sino de una negación radical del cristianismo. Pero una negación que trata de imponer un proyecto alternativo, falaz y dañino, para sustituirlo.
     A pesar de esto, los pastores y los laicos más conscientes de la Iglesia, no parece que se den cuenta cabal de lo que pasa a su alrededor. Ven con indiferencia que a su lado van cayendo, uno tras otros, miles y miles de católicos en las garras de esa secta tenebrosa, que les arrebata lo más sagrado que poseen: Su fe en Jesucristo. Este tesoro que nos predicaron con tantas fatigas nuestros misioneros, por el que murieron tantos testigos verdaderos y que nos legaron las generaciones pasadas... Todo para que en un momento absurdo, tal vez por un descuido nuestro inexcusable, esa preciosa herencia se pierda para siempre.
     ¡No puede ser! ¡Nosotros somos responsables de nuestros hermanos, de esas ovejas indefensas asediadas por el lobo rapaz! ¡Tenemos que hacer algo!
     Tenemos que proclamar, hoy mas fuerte que nunca, a los  cuatro vientos, incluso yendo de casa en casa como lo hacen los falsos testigos, que Jesucristo es el Señor, el Hijo de Dios, consustancia al Padre, nuestro Redentor y único Mediador, verdadero Dios y verdadero hombre.
     Nuestra recomendación es que al dar testimonio de nuestra fe ante los falsos testigos, no se pierda el tiempo discutiendo con ellos las numerosas diferencias que nos separan, sino que nos concentremos siempre e invariablemente en una sola: Quien es realmente Jesucristo.
     Si se trata de discutir con los testigos, o con quienes estén cayendo en sus garras, hagámoslo con amor hacia su persona. Proclamemos alegremente y con absoluta seguridad la verdad sobre Jesucristo, como quien trata de salvar a un hermano que se ahoga. Si con la gracia de Dios lo logramos, esa será nuestra mayor recompensa.
     ¡Pongamos en rescatar a nuestros hermanos en la fe, por lo menos el mismo entusiasmo que los falsos testigos están poniendo para perderlos! 1*.



*1. Muchos buenos libros y folletos se han escrito para rebatir a los falsos testigos de Jehová, pero creemos que los mejores, los que dan el golpe definitivo, y mortal a esa secta, son estos dos de Antonio Carrera, ex-testigo:: Mentiras y Disparates de los Testigos de Jehová y Documentos que Desenmascaran a los Testigos de Jehová, publicados por Editorial Camino. Apdo. 877, Chihuahua, Chih, Mexico. Otras obras del mismo autor pueden verse al final de este libro.



2.   Quienes son los testigos de Jehová
Historia

     Los testigos de Jehová fueron fundados en Pensilvania (E.U.) alrededor del ano 1870, por Carlos Taze Russell, un joven que abandono pronto la escuela y se dedico al comercio. Comenzó a leer la Biblia con un grupo de amigos y “descubrió” que todas las iglesias cristianas estaban equivocadas en la interpretación de la Biblia,  mientras que solo él la entendía correctamente.
     Para difundir sus ideas fundo una revista y escribió muchos folletos y libros, e impuso a sus seguidores la obligación de venderlos.
     Russell estableció entonces su secta en forma de sociedad de acciones legalmente constituida, con el objeto de publicar y vender sus escritos. Es la actual Sociedad de Biblias y Tratados Torre del Vigía o Atalaya (Sociedad Watch Tower) Luego fundo otras empresas comerciales filiales.
     Russell se vio en constantes pleitos ante los tribunales. Unas veces como demandante y otras como demandado. Su misma mujer lo acuso de injurias graves y logro la separación legal.
     Russell se fanatizo con una idea, alrededor de la gira toda su doctrina: el próximo fin del mundo. Tomando literalmente los números que hay en la Biblia, predijo que el mundo se acabaría en 1914.
     Murió en 1916 y lo sucedió como Presidente de la Sociedad Joseph Franklin Rutherford, el cual organizo la secta como una teocracia gobernada por Dios a través de los dirigentes supremos de la secta. Rutherford se caracterizo por un gran odio y hostilidad contra todas las religiones y gobiernos civiles del mundo, a los que consideraba instrumentos de Satanás, especialmente a la Iglesia católica.
     La secta fundada por Russell se ha dividido en muchos grupos, especialmente debido a los cambios que Rutherford introdujo. En 1931 Rutherford impuso a sus seguidores el nombre de Testigos de Jehová, inspirándose en Isaías 43, 10-12. Rutherford también escribió muchos libros, en los que “corrigió” muchas afirmaciones de Russell; el mismo cambio con frecuencia. Predijo el fin del mundo para 1925, y construyo una gran mansión para hospedar a los antiguos patriarcas, que habrían de resucitas. El acabo ocupando esa casa en la que murió en 1942.
     Lo sucedió Nathan Homer Knorr, quien completo la organización de la secta, conservó y amplio las doctrinas de sus antecesores, pero recomendó a sus seguidores mas amabilidad y cortesía con las personas que había de convertir.
     Knorr murió en 1977 y, desde esa fecha, gobierna la secta Frederick Franz, ayudado por un cuerpo de Gobierno de 18 miembros. Las oficinas centrales de la secta están en Brooklin, N.Y. Los testigos, según sus propias estadísticas, son unos 2,000,000 en mas de 200 países. En Mexico hay actualmente unos 84,000.
     Se pasa a ser testigo de Jehová por el hecho de predicar o de vender las publicaciones de la Sociedad, de casa en casa, o de cualquier otro modo. Existen dos categorías de testigos: los pioneros que deben dedicar a la secta al menos 100 horas al mes, y los proclamadores que consagran al menos 10 o 15 horas al mes a predicar y vender libros.

Creencias


     ¿Son protestantes los testigos de Jehová? Por su origen, y por gran parte de sus doctrinas, son protestantes. Russell era de familia presbiteriana; Rutherford perteneció antes a los bautistas y Knorr a la Iglesia Reformada. Además, una gran parte de sus doctrinas y de las acusaciones que repiten contra la Iglesia católica, son típicamente protestantes: sobre  la Biblia, los Sacramentos, la Virgen Maria, los Santos, las imágenes, el Papa, etc.
     Sin embargo, los testigos se apartan radicalmente de los demás protestantes al negar verdades fundamentales que la mayoría de estos todavía conservan en común con la Iglesia católica. Aquí vamos a enumerar solo algunas de las creencias típicas de los testigos.
     Dios. Dicen que solo ellos le dan a Dios su verdadero nombre, que es Jehová. Niegan la Trinidad.. Según ellos Cristo no es Dios, y el Espíritu Santo es solo una “fuerza activa” de Dios.
     Jesucristo. Enseñan que fue creado por Jehová. Antes de venir a la tierra era el Arcángel Miguel, o sea el Verbo, el cual no se encarno, sino que dejo de existir como creatura espiritual para convertirse en un embrión humano en el seno de Maria. Vino a la tierra en primer lugar para reivindicar el nombre de Jehová, en segundo lugar para borrar con su muerte los pecados de los suyos. El Jesús humano no resucito. Su cuerpo y su alma murieron para siempre, y en su lugar Jehová saco del sepulcro una creatura espiritual.
     Destino del Hombre. Enseñan que hay tres grupos de personas:
   
      1) Los 144,000 (Ap. 7,4) Estos, al morir, son transformados en creaturas espirituales y van al cielo a reinar con Cristo. De ellos, solo una pequeña parte  vive todavía en la tierra. Todos juntos son el “siervo fiel y prudente” (Mt 24, 25) que maneja la Sociedad Watch Tower; son los representantes visibles de Jehová en la Tierra.

     2) “La gran multitud” (Ap. 7,9), o “yonadabs” (2Re 10, 15), o las “otras ovejas” (Jn 16,16): son los demás testigos de Jehová. Estos vivirán para siempre en un paraíso restaurado en la tierra. Pero antes, dentro de muy poco tiempo (ya no se atreven a señalar fechas), este mundo será destruido en la gran  batalla de Harmagedon (Ap. 16, 14 y 2Re 23, 29-30), donde los pecadores y los miembros de todas las religiones (que forman el 3er. Grupo), serán aniquilados, pues el infierno, según ellos, no existe. Entonces Cristo establecerá un reinado provisional de mil años (Ap. 20, 22-4) para la “ multitud”. Estos serán allí probados por ultima vez, y los que perseveren serán felices para siempre en el paraíso terrenal.
     Los testigos dicen que todas estas cosas están en la Biblia, y las “prueban” con multitud de textos escogidos y manipulados por  sus dirigentes, a quienes los testigos obedecen ciegamente.
     En realidad, los testigos no hacen sus estudios directamente sobre la Biblia, sino sobre los libros y revistas que les proporciona la Sociedad.



3.   Los testigos de Jehová niegan la divinidad de Cristo

     En sus visitas de casa en casa, los testigos de Jehová ocultan al principio sus verdaderos propósitos e invitan simplemente a las personas a estudiar la Biblia con ellos. Si la persona acepta, poco a poco le van transmitiendo sus errores, al mismo tiempo que le infunden un profundo desprecio por la Iglesia católica, a la que malinterpretan y calumnian con verdadera sana.
     Cuando usted hable con algún miembro de esta secta, no se eje enfrascar en discusiones interminables sobre diversos temas, tal vez poco importantes. Concéntrese mejor en una verdad fundamental que ellos niegan, echando por tierra toda la redención del hombre y la fe cristiana: la divinidad de Jesucristo, la cual esta íntimamente relacionada con el Misterio de la Santísima Trinidad. Asi, al quedar los testigos desenmascarados por este error fundamental, quedan completamente desacreditados, y por lo mismo, será inútil seguir discutiendo con ellos otros errores de la secta, como la fecha del fin del mundo, la prohibición de la sangre, etc.
     Los testigos de Jehová, sobre todo cuando se ven perdidos, son especialistas, en saltar de una tema a otro, acumulando textos y mas textos de la ¿Biblia. No se deje enredar. Insista en discutir un solo tema, el de la divinidad de Jesucristo.
     La divinidad de Cristo es una creencia tan firme, fundamental y tradicional p

ara aun cristiano que solo se puede esperar que la niegue uno que no es cristiano. Por eso, los testigos de Jehová, que quieren aparecer como cristianos, y que dicen creer en el Nuevo Testamente, no se atreven a negarla directamente, sino que esquivan la cuestión, dando un largo rodeo, que al fin los hace caer ni mas ni menos que en el politeísmo ¡Si! los testigos de Jehová, según su propia confesión, creen que solo hay un Dios, sino que hay diversos dioses, uno de los cuales ¡es Jesucristo!
     De acuerdo con sus escritos y con sus platicas, esto es lo que los testigos creen acerca de Jesucristo.
     -   Hay un Dios todopoderoso, que es Jehová.
-   Antes de crear al mundo, Jehová creo a los ángeles.
-    Al primer ángel que creo, o sea el  Arcángel San Miguel, Jehová lo llamo su  “primogénito (su Hijo), el cual se hizo hombre y ¡es Jesús!
-    Además de Jehová, hay otros “dioses” que son “poderosos” Jesús es “un Dios poderoso” ( citan a Is 9, 6-7), a diferencia de Jehová, que es “todopoderoso”. Por eso en Jn 1,1 donde todas las Biblias traducen  “el Verbo (la Palabra) era Dios” la “Biblia” de los testigos (adulterada cínicamente por ellos) dice “la Palabra era un dios”. Según los testigos, Satanás es otro “dios” (se basan en 2 Cor 4,4)

Que pensar de todas estas barbaridades

     1. - El monoteísmo (creencia en un solo Dios) es la nota mas característica de los judíos, que estaban rodeados de pueblos politeístas (creencia en varios dioses) Los judíos basaban su fe precisamente en la revelación bíblica: No hay mas que un solo Dios verdadero (2 Sam. 7, 22, 32; 1Cron 17, 20; Is 44, 6,8; 45,22) El es eterno, santo, todopoderoso (Gn 17,1) o simplemente poderoso  (Sal 89, 8-9)
     2. - Rodeado como estaba Israel de pueblos politeístas, Yahvé (o Jehová, como un Dios celoso, que no admite otros dioses delante de El, Nadie, fuera de El, es Dios, porque solo El puede salvar (Ex 20, 3-5; Is 43, 10-12; 48, 11-12)
     3.- Cuando en el Antiguo Testamento se habla de “dioses” diferentes del único Dios se refiere a los dioses falsos de los gentiles, a los ídolos, que ni son Dios, ni son nada (2Re 19, 18; Jer 2, 11; Sal. 135 15-18)
     4. - También en el Nuevo Testamento se habla constantemente de un solo Dios verdadero, y se les llama “dioses” no solo a los  ídolos de los paganos (Hch 17, 16; 1 Tes 1,9), sino a todo aquello que pretenda ocupar para el hombre el lugar que solo le corresponde al Dios verdadero ( como el diablo: 2 Cor 4, 4; los placeres: Fil 3, 19; el dinero: Col 3,5; o también los reyes, que en algunos pueblos eran considerados como dioses) Pero claramente se afirma que todos ellos son los falsos dioses (1 Cor 8, 5-6; Gal. 4, 8-9)
     5. - Como se ve, cuando la Biblia habla de “dioses” (con minúscula y diferente de Yahvé) lo hace en sentido negativo, refiriéndose a dioses falsos, en oposición a Yahvé, el único Dios verdadero. Solo en el Sal 82, 6 se les llama “dioses e hijos del Altísimo” a los jueces que representan a Yahvé en medio de su pueblo (incluso a los jueces inicuo, como en este caso). Jesús cita este pasaje (Jn 10, 34), para probar que El, con mayor razón, puede ser llamado Dios e Hijo e Dios, pues no solo participa de la naturaleza divina por la gracia como nosotros ( 2Pe 1,4) sino que posee la misma divinidad del Padre, del cual procede como Hijo desde toda la eternidad (Jn 1,1. 18; 10-30)
     6. - Por tanto es totalmente falso y blasfemo decir que Jesús es un dios, asi como minúscula. El enredo en el que se meten los testigos de Jehová se debe a su obstinación en negar otro dogma de la fe cristiana, claramente enseñado por la Biblia, es decir, la Trinidad de personas en el único Dios. No pudiendo negar que la Biblia habla del Padre como Dios, no saben dónde colocar al Hijo, al que la Biblia también presenta como Dios y lo convierten en “un dios”, lo cual equivale a negar su divinidad.

4.   Cristo y Yahvé son el mismo y único Dios

     Ya vimos como los testigos de Jehová niegan uno de los pilares fundamentales de nuestra fe cristiana: La divinidad de Jesucristo. Con esto basta para saber que esa secta es completamente falsa.
     En el Antiguo Testamento Dios se presenta, entre otros nombre, como Yahvé (Ex 3, 14-15. Esto lo admiten los testigos, aunque siguiendo un antiguo error en la lectura del hebreo, ellos lo   llaman Jehová.
     Ahora bien, Jesucristo, en el Nuevo Testamento, aparece con el mismo poder y la misma divinidad con que aparece Yahvé en el Antiguo Testamento. Los dos se identifican en su divinidad: son el mismo y único Dios. Tanto a Yahvé como a Jesús, y solo a ellos, se les aplican en la Biblia, con exclusividad, ciertos títulos que indican una tarea que solo Dios puede realizar: crear y salvar al hombre.


Compare estos textos:

     ROCA: Yahvé (2Sam 22,2; Sal 18,2.31; Is 8,14-15) Jesus (1Cor 10,4; Ef 2,20; 1Pe 2,6-8; Hch 4,11)

     PASTOR: Yahvé (Sal 23,1; 80,1; Is 40,10-11; Ez 34,2-16) Jesús (Jn 10,10-16; 1Pe 2,25)
     JUEZ: Yahvé (Ez. 34,17-22; Ecl 12,14; Jer 17,10) Jesús (Mt 25,31-33; 2 Cor 5-10, comparado con Rm 14,10;  2Tim 4,1; Ap. 2,18,23)

     UNICO SALVADOR: Yahvé (Is 43,3.11-14; 45,22; Os 13,4) Jesús (Mt 1,21; Hch 4,11-12; Tit. 2,13)

     REY: Yahvé (Sal 10,16; 24,7-9; Is 6-5) Jesús (Jn 1,49; 18,37; Mt 25,34; Ap. 17,14)

     CREADOR: Yahvé (Gn 1,1; Is 42,5: 45,12.18) Jesús (Jn 1,3-10; Col 1,16-17; Heb 1,10)

     ES ADORADO: Yahvé (Sal 95,6-7; Ap. 22,8-9) Jesús (Heb 1,6; Ap. 5,12-14; Jn 5,23)

     TODA RODILLA ANTE EL SE DOBLA: Yahvé (Is 45,23) Jesús (Rm 14,10-12; Fil 2,10-11)

     UNICONOMBRE QUE DEBEMOS INVOCAR: Yahvé (Joel 2,32; Hch 2,21) Jesús (Hch 4,11-12; 3-16)

     TIENE EL MISMO PRECURSOR: Yahvé (Is 40,3-5) Jesús (Mt 3,1-3; 11-12; Mc 1,1-3. 7-8; Lc 1,76) DIOS VERDADERO: Yahvé (Jer. 10,10) Jesús (1Jn 5,20)

     SENOR DEL SABADO: Yahvé (Ex 31,15) Jesús (Mc 12,8)

     INMUTABLE: Yahvé (Mal 3,6) Jesús (Heb 1,11-12; 13,8)

     ALFA Y OMEGA, PRINCIPIO Y FIN: Yahvé (Ap. 1,8; 21,6) Jesús (Ap. 1,11.17; 22,13)

     ENVIA A LOS PROFETAS: Yahvé (2Cron 36,15-16) Jesús (Mt 23,34)

     VIDA: Yahvé (Gn 2,7; 1Sam 2,6; Job 33,4; Sal 16,11; 21,4; 36,9; 71,20) Jesús (Jn 1,4; 3,36; 5,21.26; 35.40.47.52-54; 8,12; 10,10.28; 11,25; Col 3,4; 1Jn 1,1)

     LUZ: Yahvé (Job 29,3; Sal 27,1; 36.9; 43,3; 89,15; 90,17; 118, 27; Is 2,5; Mi 7,8; 1Jn 1,5) Jesús ( Jn 1,4-9; 8,12; 9,5; 12,46)

     RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS: Yahvé (Job 19, 25-27) Jesús (Jn 11,25-26)

     Un titulo de máxima importancia, exclusivo de Yahvé en el Antiguo Testamento y aplicado a El también es el Nuevo Testamento, solo es compartido por Jesús. Este titulo es usado con tanta frecuencia para suplir el nombre de Yahvé, que acababa por convertirse en un nombre propio del único Dios: Es el titulo de Señor.

     YAHVE ES EL SEÑOR: (En hebreo Adonai, en griego Kyrios) (Dt 10,16-17; Jos. 3,11; Miq 4,13; Sal. 140,8) JESUS ES EL SEÑOR (Rm 10,9; Mt 22,43-46; Hch 2,36; Lc 1,43; 1Cor 12,3; Col 2,6; Filp. 2.11; Ap. 17-14)

     Finalmente, el mismo nombre divino YAHVE, que significa YO SOY y que Dios se aplica a si mismo en su revelación a Moisés, Jesús también se lo aplica a si mismo:
     Dios dijo: YO SOY (= YAHVE) (Ex 3,14-15) Jesús dijo: YO SOY (= YAHVE) ( Jn 8,57-58; 18,4-5)

     Para nosotros “ yo soy” no es mas que una forma verbal, pero a los judíos que escucharon a Jesús, eso les sonó como una blasfemia porque vieron que Jesús se aplicaba a si mismo el nombre divino. (Ver la reacción de los judíos en Jn 8,59 y 18,6)

     Como se ve, las pruebas bíblicas de la identidad divina entre Jesús y Yahvé son abrumadoras. ¡Y todavía se empeñan los testigos de Jehová en decir que Jesús es solo un representante de Jehová! ¿De que representado se puede decir exactamente lo mismo que del representado?.



5.   La Biblia afirma la divinidad de Cristo.

     El mayor tesoro que tenemos los católicos y que los testigos nos quieren arrancar, es nuestra fe en Cristo. Creemos que Él es nuestro único Salvador, precisamente porque es el Mediador, y es Mediador porque solo El es en si mismo verdadero Dios y verdadero hombre.

     Profundizando en el error de los testigos, podemos preguntarnos: ¿En que afecta su negación de la divinidad de Cristo al dogma de la redención de la humanidad? Los Santos Padres (escritores cristianos posteriores a los Apóstoles) decían: “No es salvado lo que no es asumido”. Esto quiere decir que Dios(en Cristo), salvo al hombre, asumiendo (haciendo suya) su naturaleza humana y uniéndola en si mismo a su naturaleza divina en la Persona del Verbo Encarnado. Por eso entre otras cosas, la sangre del hombre Jesús, derramada en la cruz, tuvo valor infinito para salvarnos.
     Ya hemos probado con la Biblia la divinidad de Jesucristo, verdad fundamental del cristianismo que niegan los testigos de Jehová. Ahora vamos a ver otros textos de la Biblia en que se afirma claramente esa verdad.
     El Verbo era Dios (Jn 1,1) Este pasaje es uno de los más claros testimonios de la divinidad de Cristo, por eso los testigos en su “biblia” falsificada traducen “un dios”.
     Jesús reclama para sí el poder divino de perdonar  el pecado, y prueba con milagro su afirmación (Mc 2,5-12)
     Jesús no proclama la Palabra de Dios como portavoz de Yahvé (como lo hacían los profetas: Is 1,1-2.10-11; Jer 1,1-2.7-9; Ez. 2,3-4), sino en nombre propio (Mt 5,21-22.27-28.31-32)
     Jesús hace milagros en nombre propio (Mc 1,4; 2,9-11; 3, 5; 5,41) y no como los apóstoles (que los hacían en nombre de Jesucristo o por la fe que se tenia en El: Hch, 3, 6; 14, 8-10)
     Jesús exige de sus perseguidores una adhesión absoluta que solo a Dios se le puede dar (Mt 10, 37; 19, 29, comparar con Dt 6, 5 y Mt 22, 37)
     A Jesús se le da gloria igual que a Dios (2 Cor 4, 6; 2 Tim 4, 18, aquí el Señor es Jesús: v v. 1 y 8; 2 Pe 3, 18; comparar con 1 Cr. 29, 11; Sal 86, 12; 104, 31)
     Jesús es la imagen de Dios invisible. Es decir, Dios, que al hacerse hombre ( Jn 1, 14), se hizo visible (Col 1, 15; Heb 1, 3).  Tiene la plenitud de la divinidad (Col 1, 19).
     Jesús afirma tener el mismo poder y divinidad del Padre (Jn 10, 37-38; 14, 8-10; 16, 15; 17, 110. 21). Los judíos entendieron muy bien que Jesús quería hacer pasar por Yahvé-Dios (Jn 5, 18; 10, 30-33; Mt 26, 65)
     Tomas confiesa la divinidad de Jesús y Jesús no lo reprende (Jn 20, 228-29; comparar con Hch 14, 11-15). Ver también los siguientes textos:
      Rm 9,5; 1 Tim 3,16; 6, 11-16; Tito 2, 13; Heb 1, 5-24).
     NOTA IMPORTANTE: Vea estos textos en cualquier traducción de la Biblia, católica o protestante, pero NO en la de los Testigos de Jehová (“Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras”), pues ellos la han falsificado descaradamente para negar la divinidad de Cristo, como lo veremos mas adelante.
     Para echar por tierra todas estas  pruebas de la divinidad de Cristo los testigos, aparte de traducirlas de otra manera en su “biblia”, mencionan algunos textos en los que Jesús aparece como inferior al Padre (Mc 13, 32; Jn 14, 28; Mt 27, 46).
     Para entender esos textos hay que recordar que Jesucristo es verdadero Dios, igual al Padre en divinidad, sabiduría, poder, eternidad, etc., (como lo hemos demostrado ya), pero también es verdadero hombre por su Encarnación (Gal. 4,4; Jn 1, 14; Lc 2, 7; 1 Cor 15, 21; Tim 2, 5) y en cuanto hombre obviamente es inferior al Padre.
     Este es el sentido del anonadamiento del Verbo (Filp. 2, 6-8)
     Por eso Jesús compartía nuestras limitaciones humanas, menos el pecado (Heb 4, 15): crecía en sabiduría (Lc 2, 52), tuvo hambre (Mt 14, 33-34), y sobre todo murió (Jn 19, 30) Jesús también resucito como hombre, no como Dios (Hch 2, 32), y también fue constituido Señor en su humanidad, pues como Dios ya lo era (Filp. 2, 9-11; Hch 2, 36; Jn 17, 5)


6.    Jesucristo es Hijo de Dios

     De acuerdo con la revelación bíblica, la Iglesia católica (y siguiéndola a ella, la mayor parte de las Iglesias cristianas) ha confesado siempre  que Dios es Trinidad: un solo Dios verdadero en el que hay tres personas distintas: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
     Esta verdad fundamental es negada hoy por dos tipos de sectas antitrinitarias.
1.    Los que confiesan la divinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, pero dicen que no son tres personas, sino tres modos de manifestarse el mismo y único Dios. Por ejemplo, la Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús (pentecostal)
2.     Los que afirman (en un error mucho mas grave) la divinidad del Padre (al que llaman Jehová), pero niegan la del Hijo y la del Espíritu Santo. Tales son los testigos de Jehová.
     Es interesante notar que todas las herejías que se dan actualmente no hacen mas que repetir, a veces al pie de la letra, herejías que se dieron en la antigüedad cristiana. Asi por ejemplo, los que pusimos en el numero 1 no son sino una reproducción del sabelianismo (o monarquismo) del siglo II. Y los del número 2 reviven, casi al pie de la letra, los errores del arrianismo del siglo IV.
     Sobre la divinidad y la personalidad del Espíritu Santo hablaremos en el tema siguiente. Veamos ahora como el Padre y el Hijo son el mismo y único Dios verdadero y al mismo tiempo dos personas distintas. Los pasos de la prueba son los siguientes:
1)    La Biblia afirma claramente que no hay mas que un solo Dios verdadero (ya lo vimos)
2)    La divinidad del Padre la reconocen las sectas mencionadas, y no la vamos a probar aquí.
3)    Jesucristo es verdadero Dios y, por tanto, es el único Dios que existe, pues no hay otro (ya lo vimos también).
4)    En el Nuevo Testamento el Padre y Jesucristo se presentan cada uno con una personalidad propia y diferente ( es lo que vamos a ver ahora).


Jesucristo no solo es Dios, sino Hijo de Dios

a)    Asi lo confesaron muchos (Mt 14, 33; 16, 16; 27-54; Mc 3, 11; 5,7; Lc 1, 32; Jn 1, 34. 499; 6, 69; Hch 3, 13.26; Rm 5, 10; 8, 3; Gal 4,4).
b)    Es cierto que en la Biblia excepcionalmente, también se les llama “hijos de Dios” a los ángeles (Job 1, 62, 1) y a los hombres (Os 1, 10).
c)    Pero la manera en que Jesús se presenta como Hijo de Dios es única y especial (Mt 11, 27, 43; Lc 22, 70-71; Jn 3, 35-36; 5, 19-47; 6, 32-40; 9, 35-38; 10, 29-38; 11, 4; 19-7).
d)    El mismo Padre atestigua la relación única que hay entre El y su Hijo (Mt 3, 17 y paralelos).
     En las dos ultimas listas de textos, c) y d), se ve claramente que el Padre y el Hijo se distinguen y que hablan el uno del otro sin confundirse.
     Si además de Cristo nosotros también somos hijos de Dios, es porque en Cristo hemos sido adoptados (Rm 8, 14-17. 29; Gal. 3, 26-27; 4,4-7; Ef 1, 5; 1Jn 3, 1-2). Pero solo Jesús es el Unigénito, el único Hijo engendrado por Dios (Jn 1,18; 3,16), y su relación con el Padre es diferente a la nuestra (Jn 16,28; 20,17)
     Ciertamente la vida de Dios infinito es una realidad inabarcable para nuestra pobre inteligencia humana (Rm 11, 33-55) y las palabras que usamos para expresar ese misterio (padre, hijo, naturaleza, persona) se quedan cortas, pues están tomadas de la realidad humana. El Concilio de Nicea (ano 325) condeno a Arrio, y expreso la doctrina bíblica diciendo que Cristo, el Hijo de Dios, es consubstancial con el Padre: Es decir, no dice solo que tiene una naturaleza igual a la del Padre - como pasa en la tierra entre el papa y el hijo sino que su naturaleza ( o sustancia) es única con el Padre, aunque sean dos personas diferentes.
     El Hijo fue engendrado (no creado, como dicen los testigos) por el Padre, en el sentido que procede del Padre desde la eternidad. Dios Padre nunca fue no-Padre, porque engendro a su Hijo desde toda la eternidad (Jn 1, 18). En este mismo sentido dice la Escritura que el Hijo es la Palabra (O verbo) del Padre. Ahora bien una palabra, antes de expresarse, ya esta en la mente, como idea (Jn 1, 1.14; 1s 55, 10-11) También la Escritura dice que el hijo es el resplandor de su gloria, e imagen de su sustancia (Heb 1, 3)
     Es imposible decir mas en este reducido espacio, pero los católicos pueden tener la seguridad de que nuestra fe siempre tendrá una respuesta precisa, segura y basada en la Biblia, para desbaratar las artimañas que los testigos de Jehová siguen acumulando contra la Santísima Trinidad.



7.   El Espíritu Santo es Dios


     La Iglesia católica ha confesado siempre, de acuerdo con la Biblia, que el Espíritu Santo es verdadero y único Dios, junto con el Padre y el Hijo, y al mismo tiempo es una Persona distinta de ellos.
     Esta verdad, que junto con la Iglesia Católica es confesada por casi todos los demás cristianos, es hoy negada por dos tipos de sectas, como lo vimos con respecto a Jesucristo a saber:
1.    Los que afirman la divinidad del Espíritu Santo, pero niegan que sea una persona distinta del Padre y del Hijo.
2.    Los que niegan tanto la divinidad como la personalidad del Espíritu Santo. Tales son los testigos de Jehová.
     Los testigos de Jehová dicen que cada vez que la Biblia habla del Espíritu Santo se esta refiriendo a un soplo o viento, poder o energía o fuerza activa de Dios. Por eso en su traducción falsificada de la Biblia (Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras) siempre escriben “espíritu santo”, con minúsculas.
     En la antigüedad cristiana hubo unos herejes que afirmaban algo parecido, era los Macedonianos. Contra estos se reunió el I Concilio de Constantinopla (ano 381) que resumió  la doctrina bíblica con las palabras que todavía confesamos en el Credo de la Misa:
     “(Creemos) en el Espíritu Santo
     Señor y dador de vida;
     Que procede del Padre y el Hijo;
     Que con el Padre y el Hijo
     Recibe una misma adoración y gloria;
     Y que hablo por los profetas”.
     En la Biblia, la palabra espíritu (ruaj, en hebreo; pneuma, en griego),  significa soplo de viento, aliento vital, espíritu, y en cada caso hay que ver cual es su significado preciso, sobre todo cuando se refiere al Espíritu de Dios o Espíritu Santo. La Biblia nos enseña que el Espíritu Santo:
1)    es una persona,
2)    distinta del Padre y del Hijo,
3)    Es el mismo y único Dios que el Padre y el Hijo ( los tres son la misma sustancia divina)
     NOTA: Hemos separado los siguientes textos bíblicos en 3 grupos para mayor claridad, pero los tres prueban las mismas verdades.
     1. - El Espíritu Santo es una Persona ( es decir: un sujeto o individuo inteligente y espiritual, capaz de obrar por sí mismo con responsabilidad. Es “alguien”, no algo”).
     Obra como persona (Hch 8,29; 13,2; 15, 28; 16,6; Rm 8, 14-16.26-27; 1 Cor 3, 16;2, 10-11; Ef 4, 30; 1 Jn 5,6; Ap. 2, 7;22,17)
     Jesús mismo trata al Espíritu como una persona, pues la palabra griega pneuma (espíritu) es neutra, por tanto el pronombre que se refiere a ella debería ser también neutro, sin embargo en Juan 16, 8. 13-14 se usa el pronombre masculino ekeinos (aquel) para referirse al Espíritu Santo.
     Al Espíritu Santo se la llama Paráclito, que quiere decir auxiliador, protector, consolador, abogado (Jn 14, 26; 16, 17) Y Jesús dice que el Espíritu Santo es otro Paráclito diferente a El mismo, que también lo es (Jn 14, 16; 1Jn 2,1)
     2. - El Espíritu Santo es presentado como alguien distinto del padre Y del Hijo: Se habla al mismo tiempo de los tres sin confundirlos. (Mt 28, 19; Mc 1, 10-11; Rm 8, 14-17; 15, 15-16. 30. 1 Cor 12, 4-6; 2 Cor 1, 21-22; 13, 13; Ef 4,3-6; 1Pe 1, 2)
     3. - El Espíritu Santo tiene los mismos atributos de Dios (por tanto es Dios)
     Se identifica con Yahvé (Hch, 5, 3-4; 28, 25-27; comparar con Is 6, 8-10; Heb 3, 7-9; comparar con Ex 17, 7 y Sal 95, 7-11) Es Señor igual que YAHVE (2 Cor 3, 16-17; Is 1, 24). Es eterno (Hch 9, 14). Esta en todas partes (Sal 139, 7-12; Jn 14, 17; Icor 3, 16). Todo lo sabe (Jn 14, 26; 1 Cor 2, 10-11)
     Con su poder, fue creado, el mundo (Gn 1, 2), la Virgen concibió a Jesús (Lc 1,35; Mt 1, 18-20), Cristo resucito (Rm 8, 11). Los profetas hablaron (2Pe 1,21), y la Iglesia es extendida gobernada y santificada (Hch, 1, 8, 20,28, Jn 3,5; Rm 8,19-16)



8.   El Padre, y el Espíritu Santo son Yahvé, el único Dios verdadero


     Los testigos de Jehová destruyen  la verdad de la Biblia al negar y combatir una de sus revelaciones fundamentales. La Trinidad.
     Dicen ellos que la palabra “trinidad” no se encuentra en la Biblia, y eso es cierto, pero la realidad de la Trinidad si se encuentra tan clara y repetida en la Biblia, que para poder negarla, ellos tuvieron que hacer su propia traducción de la Biblia, en la que falsifican y tuercen todos los pasajes que se refieren a la Trinidad.
     En los temas anteriores hemos probado la divinidad de Cristo y del espíritu Santo. En el presente tema veremos, en forma conjunta, la identidad divina de las Tres Personas.
     Veamos algunos  de los títulos, perfecciones y obras que se dicen igualmente de cada una de las tres Personas d la Trinidad. La fuerza del argumento esta e que si la Biblia le reconoce a cada Persona los atributos de Dios, es evidente que esa persona es Dios. Y precisamente el único Dios que existe, pues la Biblia no reconoce mas que uno.
     Hay que tener en cuenta que muchos de los textos siguientes que se refieren a Dios Padre, se refieren también al Dios único, simplemente, sin distinción de personas, sobre todo tratándose del Antiguo Testamento.
-    La Biblia no solo atribuye el nombre de Yahvé a Dios Padre, o a Dios en el Antiguo Testamento (Neh 9, 6-7), sino que también identifica al Hijo con Yahvé (Lc 1, 76, comparado con Mal 3, 1; Lc 3, 4-6 y Jn 1, 15,  comparados con Is 4,3), y también el Espíritu Santo (Heb 3, 7-11, comparado con Sal 95, 6-11 y Ex 17, 5-7)
-    Según la Biblia el Padre es Dios (Rm 1,7; Ef, 4, 6), pero también el Hijo es Dios (Rm 9,5; Tit 2, 13; Heb 1, 8-9; Jn 20-28, y también el Espíritu Santo es Dios (Hch 5,3-4; 7,51, comparado con 2Re 17, 14; Hch 28; 25-27, comparado con Is 6, 8-10)
-    El Padre es nuestro Señor (Sal 8, 11.9) El Hijo es nuestro Señor (Hch 2,36; ICor 8,6; Fil 2,11) El Espíritu Santo es nuestro Señor (2Cor 3, 16-17) Entonces ¿cuántos Señores tenemos los creyentes? (Mt, 6,24; Ef 4,5)
-    El Padre es eterno (Sal 90,2; 93,2) El Hijo es eterno (Heb 1, 10-12; 13,8; Prov. 8, 22-23). El Espíritu Santo es eterno (Heb 9,14)
-    El Padre es omnipotente (Gn 17, 1; Ex 6,3) El Hijo es omnipotente (Mt 28, 18; Mc 2, 10-12; Ap. 1,8) El espíritu Santo es omnipotente – tiene el mismo poder de Dios- (Lc 1,35; Hch 2,4 4,31; 9,31; Rm 15, 3.9).
-    El Padre es el Salvador (Is 43, 3.11; Lc 1,47; Tit 3,4) El Hijo es el Salvador (Mt 1,21; Lc 2,11; Tit  2,13). El Espíritu Santo es el Salvador (1Cor 6,11; Heb 9,14). La salvación es atribuida a las tres Divinas Persona (2Cor 1, 21-22).
-    El Padre es el autor de la regeneración –o nuevo nacimiento- (Jn 1, 12-13) El Hijo es el autor de la regeneración 1Jn 2, 29). El Espíritu Santo es el autor de la regeneración (Jn 3, 5-6) En la obra del nuevo nacimiento interviene la Santísima Trinidad (Tit 3, 4-6)
-    Los hijos de Dios tenemos comunión con cada una de las tres Divinas Personas, y las tres habitan en cada uno de nosotros como un templo (Jn 1,3; Fil 2, 1; 2Cor 13, 14; Jn 14, 23; Ap. 3, 20; 2 Cor 6, 16; Gal. 2, 20; Ef 3, 17; 1 Cor 3, 16-17; 6, 19; 2 Tim 1, 14)



9.   Una “biblia “ adulterada para negar a Jesucristo

     Los testigos de Jehová niegan las verdades más importantes de la fe cristiana. Durante anos trataron de “probar” sus errores manejando a su antojo las traducciones de la Biblia (católicas y protestantes) que tenían a mano. Sin embargo, a cada paso se encontraban con una dificultad: todas esas Biblias afirman precisamente lo contrario de lo que ellos enseñan. Por eso no tuvieron mas remedio que hacer su propia traducción de la Biblia, para poder “probar” con ella sus inmensos errores, especialmente para negar la divinidad de Jesucristo.
     La “biblia” de los testigos de Jehová se llama Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras. Es un verdadero fraude, una descarada adulteración de la Biblia. Sin el menor pudor suprimen o añaden palabras y tuercen el sentido original hebreo y griego según les conviene. Además, con el pretexto de ser una traducciones literal, su “biblia” esta escrita en un español rudo, extravagante y desagradable.
     Si usted toma una traducción católica ( y también no católica) de la Biblia, allí le dice quien o quienes la tradujeron. Podemos investigar la capacidad científica y la honestidad de esas personas, para saber si podemos confiar en la fidelidad de su traducción. En cambio, la Sociedad de los testigos se ha negado obstinadamente a revelar los nombres de los traductores de su “biblia”. Añádase que la traducción castellana esta hecha, no sobre los idiomas originales, sino del inglés.
     Veamos, con algunos ejemplos, como los testigos de Jehová han corrompido la verdad de la Sagrada Escritura. Consiga con sus amigos varias traducciones diferentes de la Biblia (católicas y protestantes), y también la “biblia” Nuevo Mundo de los testigos. Compare en todas ellas los siguientes textos y vera la sorpresa que se lleva:
-    Juan 1,1; el texto se refiere a Jesucristo. Los testigos lo rebajan a la categoría de “un dios”, asi con minúscula.
-    Romanos 9,5: añaden el verbo sea, y asi impiden que la palabra Dios se refiere a Cristo.
-    Tito 2,13; Pedro 1,1; añaden del antes de Salvador, para evitar la identificación entre Dios y el Salvador Jesucristo.
-    Mateo 2,11; 9, 38; 2998, 17; Juan 9,38: proskunesan en griego significa adorar de rodillas, y no rendir homenaje. De hecho, los testigos traducen bien en Mateo 4,9; Lucas 4,8; Juan 4,20.
      Comparar también Jn 7,29; 10,38; 14, 10-11; Mt 26, 26-28: se vera como los Testigos inventan palabras que cambian todo el sentido: “representante”, “en unión”, “significa”...
      ¡Increíble! Ha habido, y hay actualmente, grandes sabios, expertos en hebreo y griego, y grandes, instituciones de renombre mundial dedicadas al estudio de la Biblia. Pero ahora resulta que todos ellos no saben nada, y que los únicos que saben traducir correctamente la Biblia son esos “sabios” testigos de Jehová, que, “por humildad” quieren quedar en el anonimato. ¿Tiene sentido todo esto?
      Veamos otros ejemplos: en el Antiguo Testamento, el titulo Señor (Adonai) es un titulo divino; solo se aplica a Dios Yahvé o Jehová). Pero en el Nuevo Testamento ese mismo titulo Señor (Kyrios) se le aplica indistintamente a Dios y a Cristo, lo que  demuestra que ambos son iguales en su divinidad.
     Ahora bien, los testigos, abusando de su traducción, cada vez que en el Nuevo Testamento la palabra Señor (Kyrios) se refiere (según ellos) a Dios, la traducen por Jehová, pero cuando esa misma palabra se refiere a Cristo, la traducen por Señor. Solo que a veces ellos mismos caen en su propia trampa, como sucede en Rom14, 1-14, donde el titulo Señor se repite en griego 9 veces. Los testigos, creyendo que ahí Señor se refiere a Jehová, lo  traducen por Jehová, pero al llegar, al v. 14, lo vuelven a traducir por Señor, pues de lo contrario ¡hubieran tenido que traducir Jehová Jesús! Traducción perfecta que les hubiera echado por tierra todos sus errores, pues el v. 9 nos dice que el Señor ( del que habla todo el párrafo) ¡Es Jesús!



10.   ¿Testigos de Jehová o testigos de Jesucristo?


     Los testigos de Jehová, según ellos, quieren restablecer en la tierra el santo nombre de Dios, que en el Antiguo Testamento se presento a Moisés como Jehová (Ex 3, 14) (Ahora sabemos que  es erróneo leer las cuatro consonantes hebreas YHWH por Jehová. Deben leerse YAHVE  (Yahvé, Yavé), que significa El-Que-Es, o también EHYEH (Yo Soy), en primera persona.
     La secta dice que los verdaderos adoradores de Dios deben ser “Testigos de Jehová” como dice Isaías (43, 10) Pero con eso los testigos de Jehová se quedan anclados en el Antiguo Testamento y no logran entender, sino superficialmente, la plena revelación que Dios nos hizo en su Hijo  Jesucristo (Heb 1,1-2). Asi los testigos de Jehová, mas que una secta cristiana, son una secta judía.
     Los testigos, al igual que los judíos, niegan la divinidad de Jesucristo y con eso echan abajo la redención del hombre por la sangre de Jesucristo. El, por ser hombre, derramo su sangre (Heb 10, 19-20) y por ser Dios, ese derramamiento de sangre tuvo valor  infinito (merito infinito) para perdonar todos los pecados del mundo (Hch 20-28; Rom 5; 9; Ef 1,7; Col 1,20; Heb 9, 11-12; 10, 4-10; 1 Pe 1, 18-19; Ap. 1, 5)
     Según la idea de redención que tienen los testigos la voluntad  de Jehová de redimir al hombre la hubiera podido realizar cualquier hombre, o ángel encarnado. Pero eso no se puede admitir o por lo menos, eso no responde al plan de Dios de que nos habla la Escritura  (Rm 3, 9-10; Heb 1, 5-6; 10, 1-2)
     Jesucristo es el mismo Dios, hecho hombre o manifestado en carne humana (Jn 1, 1-4; 14, 9; 17, 22; Col 1, 15; Tit 3, 16) Por eso, por su humanidad unida a su divinidad,  y no por otra razón, Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres (1 Tim 2, 5-6), el único camino  para llegar al Padre (Jn 14, 6)
     Para los cristianos, creer en Dios (Gn 15, 6), amar a Dios (Dt 6, 5) y obedecer a Dios (Dt 7,9; Ex 24, 7), es igual que creer en Cristo (Jn 1, 13;3, 16’ Hch 16, 31), amar a Cristo (Mt 10, 37; Jn 8, 42; 1 Cor 16-22) y obedecer a Cristo (Jn 14, 5; 15, 17; Hch 5, 9). Por eso, como adoramos a Yahvé (Mt 4, 10), adoramos a Cristo (Mt 2, 11; 28, 18; Heb 1,6; Ap. 5, 12-14)
     Al negar la divinidad de Cristo, los testigos de Jehová niegan, en consecuencia, el sublime misterio de la encarnación del Verbo (Jn 1, 14), que llega a la culminación con su muerte y resurrección. La confesión de este misterio es, precisamente, lo que nos constituye como cristianos (Rm 10,9; Hch 11, 26)
     Frente a Jesucristo, que reclamaba por si la misma divinidad de Yahvé, los testigos reaccionaron con el mismo escándalo que sufrieron los judíos (Mc 2, 6-12; Jn 10,31-33), los cuales estaban tan convencidos de la trascendencia, unidad e infinitud de Yahvé Dios (Dt 4, 12,15; 6,4; Is 6, 1-15; Sal. 8, 1), que no quisieron aceptar que ese Dios se revelara después en tres Personas y que, por un misterioso e inefable designio de su voluntad, una de esas Personas quisiera hacerse hombre y morir por nosotros  en una cruz, dándonos asi Dios una prueba mas – la definitiva-  de su poder y de su amor infinitos. De ese modo, al igual que los judíos, los testigos de Jehová pretenden defender el honor de Yahvé enmendándole la plana, es decir, no tolerándoles que se salga del molde en que ellos, lectores ávidos del Antiguo Testamento, lo han encerrado y negándose a aceptarlo como el Dios siempre sorpresivo que esta mas allá de nuestros cálculos y previsiones humanas (Is 55, 8-9)
     Los testigos de Jehová, como toda secta, insisten machaconamente en muchos elementos bíblicos, pero descuidan y francamente menosprecian el núcleo central del Evangelio, es decir, el Kerigma: Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, murió por nuestros pecados, y resucitó para nuestra salvación. Solo los que invoquen su nombre, y lo reconozcan como Señor (Kyrios, Adonay) pueden ser salvos (1 Cor 15, 1-4; Ef 1,11-18; Fil 2, 5-11; Rm 5,8-11; 1Tim 2, 5-6; Hch 4, 12; 116, 31)
     Los testigos insisten en todo menos en eso. Jesucristo ocupa para ellos un lugar secundario. Comparemos los elementos básicos de la predicación de los testigos ( el nombre de Jehová, la próxima venida de su Reino, el inminente fin del mundo, el milenio y el paraíso en la tierra, los 144,000 que irán al cielo, etc.), con el Kerigma es decir, la predicación fundamental de los Apóstoles (Hch 2,22-36; 3, 12-26; 4,8-12; 5, 28-32; 8, 30-35; 13, 26-39)
     Se comprende pues,   que los testigos no son movidos por el Espíritu de Dios (1 Cor 12, 3; 1 Jn 4, 1-3), antes bien, están cegados por el “dios” de este mundo (2 Cor 4, 3-4) y son falsos testigos de Jehová, pues si no honran y reconocen la divinidad del Hijo, tampoco honran al Padre (Jn 5, 23, 1 Jn 2, 22-23)
     El plan de Dios es que nosotros, si queremos ser verdaderos “testigos de Jehová” debemos ser, ante todo, testigos de Jesucristo (Hch 1, 8, 22; 2, 32; 3, 15, 4, 33; 5, 31-32, 10, 39; 18, 5; 22,15. 18; Mt 10, 32-33; Jn 3, 26; 15, 27; 2 Tim 1, 8), pues Jesucristo y Yahvé (Jehová) son el mismo y único Dios verdadero.



11.   ¿Qué harán los testigos de Jehová después de este nuevo engaño?

     Se trata del engaño del Fin del Mundo, que los testigos de Jehová, con una verdadera obsesión, andan profetizando para los anos que van de 1984 a 1994.
     El error de los testigos de Jehová ( y de otras sectas parecidas consiste en que, echando mano de su imaginación, afirman sobre el Fin del Mundo mas detalles de los que la Biblia nos revela, y sobre todo, se atreven a señalar con mas o menos precisión la fecha en que sucederá, contradiciendo la expresa afirmación de Cristo (Mt 24, 36. 42.44)
     En sus 100 anos de historia, los testigos de Jehová han señalado como fechas del Fin del Mundo y de la Segunda Venida de Cristo, los años de 1874, 1914, 1918, 1925 y 1975. En todas esas ocasiones han fallado, y como consecuencia de esos fracasos, muchos testigos desilusionados han abandonado la secta. Pero los dirigentes de la Watch Tower, que son los principales culpables del engaño, y a quienes el mismo reditúa grandes ventajas económicas, se las han arreglado siempre para sacudirse la vergüenza y seguir adelante como si nada hubiera pasado.
     Esos fracasos los han obligado también a contradecirse una y otra vez. Cada nuevo dirigente corrige al anterior, a pesar de que todos afirman  que hablan con la mismísima autoridad de Dios, ¡Da pena ver a tantos ingenuos testigos  de Jehová moverse como veletas, según el viento que sopla desde la central de Brooklyn!
     El último fraude que han inventado es que el Fin del Mundo tendrá lugar mientras este viva la generación de 1914. Y para “probarlo” profanan la Sagrada Escritura con las mas descabelladas interpretaciones.
     1914 es para ellos una fecha clave (aunque cada vez la explican de diferente manera). En ese ano, según ellos, Cristo  comenzó a reinar en el Cielo sentándose en su trono “ a la derecha del Padre “ (Sal 110, 1-2; Ap. 12,7-12) y Satanás “fue soltado” para que hiciera mucho daño en la tierra durante el tiempo que dure la generación que nació en 1914 o que ya vivía  en ese año (Mt 24, 34) Antes de que termine ese plazo, Cristo vendrá y  aniquilara, en la Batalla del Harmagedon (Ap. 16, 14. 16), los falsos sistemas de este mundo, que son los gobiernos y las regiones. Entonces establecerá  en la tierra un gobierno de mil anos (Ap. 20, 2-4) en un paraíso terrenal. Al final de ese milenio habrá una segunda prueba, y los que resulten fieles (“la gran muchedumbre”: Ap. 7, 9), se quedaran a vivir para siempre en ese paraíso terrenal, mientras que los malos serán aniquilados (pues según ellos el infierno no existe)
     El comienzo de todo esto será, pues, antes de que se acabe la generación de 1914. Y como según el Salmo 90 la vida del  hombre dura de 70 a 80 anos, de aquí se sigue que la generación del 14 comenzó a desaparecer en 1984 y prácticamente no existirá en 1994. Por tanto  el Fin del Mundo sucederá entre estas dos fechas, pero más cerca de la primera que de la segunda.
     Como se ve, después de tantos fracasos, los testigos de Jehová ya no se atreven a señalar un ano preciso para el Fin del Mundo, y ahora dejan la fecha un poco indefinida. Pero en todo caso su nuevo fracaso será evidente a mas tardar en 1994, ¿Qué inventaran entonces los dirigentes de la Torre?
     Para reforzar sus vaticinios, los testigos manipulan todavía mas la Biblia haciéndonos creer que en este tiempo que corre, mas que en ningún otro, se están cumpliendo las señales que Cristo profetizo como preludio del Fin del Mundo: Guerras, hambre, terremotos y peste  (Mt 24, 7; Mc 13, 8; Lc 21, 10-11). Y llegan al colmo de afirmar que solo ahora, gracias a ellos, el Evangelio se esta predicando en todo el mundo, cumpliéndose con esto otra señal dada por Cristo (Mt 24, 14).
     La razón del presente tema es la siguiente:
     QUE LES QUEDE BIEN CLARA A TODOS LOS CATÓLICOS LA FECHA QUE  PONEN LOS TESTIGOS PARA EL FIN DEL MUNDO, PUES CUANDO PASEN ESTOS ANOS SEGURAMENTE LOS TESTIGOS SE VAN A QUERER ESCABULLIR DICIENDO QUE ELLOS  NO DIJERON NADA, Y RETIRARAN DE LA CIRCULACIÓN LOS LIBROS QUE LOS COMPROMETEN, COMO LO HAN HECHO EN OTRAS OCASIONES.
     Cuando este nuevo fraude quede al descubierto ¿tendrán los testigos de Jehová la suficiente humildad para volver a visitar  nuestros hogares y reconocer su error y la falsedad de su secta?.1*



1* Todas las afirmaciones consignadas en este tema están rigurosamente tomadas de los escritos de los testigos de Jehová. Por la brevedad del espacio se han omitido muchos datos.



12.   ¿Esta cerca el Fin del Mundo?


     El Fin del Mundo, junto con la Segunda Venida de Cristo, es uno de los temas en que más insisten algunas sectas que hacen proselitismo entre los católicos. Para algunas este tema constituye una verdadera obsesión, por ejemplo, los adventistas, los testigos de Jehová, algunos grupos bautistas y pentecostales.
     El hecho de que esas sectas anuncien con tanta insistencia el Fin del Mundo, puede llevar a los católicos a pensar que todo lo que se refiere a este tema es también un error. Por eso, lo primero que hay que aclarar es que el Fin del Mundo pertenece al mensaje central de Jesucristo y desde siempre ha formado parte de  la de la Iglesia católica.
     Lo que pasa con esta verdad, como con otras que también pertenecen a la Iglesia católica, es que las sectas la desligan del conjunto de la Revelación divina, la distorsionan y la  convierten asi en una herejía.
     Las sectas se han contaminado la verdad del Fin del Mundo con detalles sacados, no de la Biblia, sino  de su propia imaginación. Entre estos, el mas importante es el que se refiere a la fecha  del Fin del Mundo, que se señalan con precisión, o aseguran que ya esta muy próxima.
     Para no dejarnos engañar, pues, por falsos predicadores (2 Pe 3, 16), veamos, en una apretada síntesis, que nos enseña la Biblia sobre esas realidades finales.
     Este mundo en que vivimos (la tierra, el universo, la humanidad) no es cierto, tendrá fin (Sal  72, 5; 105, 25-26; Mt 5, 18) El Fin del Mundo consistirá  en la destrucción final del mal: el pecado, el dolor, la muerte (Mt 13, 39-40. 49; 1 Cor 15, 24-26). La Biblia presenta esa destrucción con figuras literarias, propias del lenguaje apocalíptico, que indican la magnitud, la fuerza y la rapidez con que van a suceder (Joel 2, 10.31; Is 13, 9-10; Mt 24, 29; Ap. 6, 12-14)
     Pero el mundo en cuanto tal, lo mismo que nuestro cuerpo, no serán destruidos para siempre, sino purificados y  transformados (Hch 3, 21; Rm 8, 11. 19-23; 1 Cor 15, 35-49; Ef 1, 9- 10; 2Pe 3, 13; Ap. 21, 1015).
          Toda esa realidad perfecta y definitiva la presento Jesús con el concepto fundamental del Reino de Dios (Mt 5, 3; 6, 33; Hch 1, 3) Pero ese Reino ya comenzó a ser una realidad en la tierra desde la encarnación del Hijo de Dios. Él es un anticipo del Reino (Mt 3,2; 4,17; 10,7) También la Iglesia Cuerpo de Cristo, es ya una avanzada del Reino de Dios en medio de este mundo. En la medida que se predica el Evangelio y los hombres aceptan a Cristo, el Reino va creciendo (Mt 12,28; 13,24.31.33; Mc 12,34; Lc 17,20-21)
     El Reino de Dios llegara a su plenitud y consumación cuando Jesucristo venga por segunda vez, pero esto hay que entenderlo bien. Cristo, en realidad ha seguido estando siempre con nosotros (Mt 28,20), y su presencia se hace realidad cada vez que, individual y comunitariamente, nos entregamos a El (Gal. 2,20; Mt 18,20) Su segunda venida consistirá, mas bien, en que se manifestara visiblemente con toda su gloria y poder divinos, para juzgar a los vivos y a los muertos. (Mt 25,31-33; Tit 2,13; 2Pe 4,13)
     Un momento parcial de esta segunda venida gloriosa de Jesús se da cuando a cada uno le llega la muerte, en la que se decide, mediante el juicio particular, nuestra salvación o condenación eternas ( Fil 1,19-21; 2Tim 4,6-8; 2Or 5,1-10; Lc 16,22-23)
     Y ahora, la Gran Pregunta:
     ¿Cuándo será el Fin del Mundo y la Segunda Venida del Señor? Por lo anterior se deduce que estas son realidades que ya se están dando. Sin embargo, tendrán un momento final y conclusivo (Hch 1,11) De la fecha de este momento final no sabemos absolutamente nada. Cristo quiso dejarla en la incertidumbre total. Puede suceder ahora mismo o dentro de mil años o más (Mt 24 3,36; Hch 1,6-7; 1Tes 5,1-2)
     Lo que si sabemos que esta es la última etapa de la humanidad. La nueva y definitiva Alianza de Dios con los hombres (Heb 1,1-2; Gal. 4,4; Ef 3,8-9; Mt 26,27-29; 1Pe 1,20; 1Jn 2,18) El Fin del Mundo esta siempre “a la vuelta de la esquina”. Por eso las “señales del fin del mundo” (Mt 24,7; Mc 13,8; Lc 21,10-11; Mt 24,14; 2Tes 2,3; Rm 11,25-26) son fenómenos que se están dando a lo largo de esta ultima etapa de la humanidad en que nos encontramos.
     San Pedro nos dice que la tardanza de Cristo se debe a que para El mil años son como un dia y, porque espera pacientemente que todos los hombres se arrepientan (2 Pe 3,8-15) Al no revelarnos la hora de su venida, el Señor nos exhorta a permanecer siempre vigilantes (Mt 24,42-44; 25,1-13) Esa vigilancia consiste en vivir santamente haciendo fructificar la gracia que nos trajo el Señor en su primera venida (2Pe 3,11.14; Mt 25,14-30) De esta manera apresuramos esa venida del Señor, que debemos desear y pedir ardientemente. (2Pe,3,12; Ap. 22,17.20) 

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2 abril 2011 6 02 /04 /abril /2011 03:43

 

 

 QUE SE SEPA LA VERDAD, LA PERSECUSIÓN RELIGIOSA EN MÉXICO REPRESENTA UN ACONTECIMIENTO TRÁGICO EN LA HISTORIA DE NUESTRO PAÍS. EL GOBIERNO REVOLUCIONARIO Y ANTICATÓLICO PERSIGUIÓ A LA IGLESIA Y AL PUEBLO DE MÉXICO POR CREER EN JESUCRISTO Y EN LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA E HIZO MÁRTIRES PARA LA ETERNIDAD.

 

VIVA CRISTO REY !!!

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28 septiembre 2010 2 28 /09 /septiembre /2010 05:31

Non fecit taliter omni nationi !!!

 

 

Viva la Virgen de Guadalupe Reina de México

y Emperatriz de América !!!

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5 septiembre 2010 7 05 /09 /septiembre /2010 06:28

Frutos de la Santa Comunión


comunion.jpg

El hombre nace herido pero es curado por los sacramentos

 

            Después del pecado original cometido por Adán, los hombres quedaron separados de Dios perdiendo su gracia. Quedaron también heridos en su cuerpo y en su alma. El cuerpo humano está sometido a mil enfermedades y finalmente a la muerte. Las pasiones que son energías buenas pero ciegas no obedecen más a la voluntad. Nuestra inteligencia herida no ve fácilmente la verdad y cae en muchos errores. Nuestra voluntad está inclinada al mal y al egocentrismo, está debilitada delante de las dificultades y tentaciones y cede fácilmente. Muchas veces las pasiones nos gobiernan impulsándonos a cumplir todos sus caprichos sin tener en cuenta la ley de Dios ni la justicia para con el prójimo ni nuestro verdadero bien.

            Nuestro Señor Jesucristo por su Pasión y Muerte nos mereció la gracia y nos la comunica mediante los sacramentos. Sin embargo, aunque el bautismo nos purifique del pecado original, no suprime las heridas heredadas de ese mismo pecado. Dios quiere que cooperemos con la ayuda que nos brinda poniendo a nuestra disposición unos antídotos espirituales que nos fortalecen curando nuestras heridas y dándonos fuerzas para hacer el bien y evitar el mal. Estos antídotos o medicinas divinas los conseguimos mediante los sacramentos. Por esa razón es necesario confesarse y comulgar regularmente para vencer las tentaciones y pecados y así tener la paz en su alma y familia.

 

 

           

            El Sacramento que debemos recibir a menudo es la Santa Eucaristíamediante la Comunión.¿Por qué? Porque “su eficacia santificadora es enorme, ya que no solamente confiere la gracia en cantidad muy superior a la de cualquier sacramento, sino que nos da y une íntimamente a la persona adorable de Cristo, manantial y fuente de la misma gracia” (1). He aquí algunos de los frutos de la santa Comunión sobre el alma y el cuerpo del que comulga sin estar en pecado mortal.

 

 Frutos de la Comunión en el alma

Según el R. P. Antonio Royo Marín, los principales efectos que la Sagrada Comunión bien recibida son los siguientes (2):

1) La Eucaristía nos une íntimamente con Cristo y, en cierto sentido, nos transforma en Él. Es el primer efecto y más inmediato puesto que en el recibimos real y verdaderamente el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad del mismo Cristo. "Yo soy el pan de vida...Yo soy el pan que bajó del cielo...Si uno come de este pan vivirá para siempre y el pan que yo daré es la carne mía para la vida del mundo. En verdad, en verdad, os digo, si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis la sangre del mismo, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y Yo le resucitaré el último día. Porque la carne mía es verdaderamente comida y la sangre mía es verdaderamente bebida. El que  come mi carne y bebe mi sangre, en Mí permanece y Yo en él. El que come de este pan vivirá eternamente" (Juan, 6, 35-58).

Los alimentos corporales que comemos, los transformamos en carne propia; por el contrario, al comulgar es Cristo quien nos transforma en Él, haciéndonos cada vez más semejantes a Él. El que comulga bien, puede decir con San Pablo: “Cristo vive en mí" (Gálatas, 2, 20). Esto es una maravillosa realidad. Podemos poner un ejemplo, aunque muy imperfecto: al arrojar una esponja al agua, podemos decir que la esponja está en el agua y el agua está en la esponja.

            La santa comunión nos une a Cristo de una manera muy estrecha e íntima por medio de una gran caridad y vehemente amor. Después de ser recibido por nosotros, “Jesucristo nos mira como cosa suya propia y nos cuida con especialísimo amor, como cosa a él perteneciente y nos rodea de singular providencia para que seamos y permanezcamos dignos de Él. No sólo tiene cuidado de nuestra alma, sino aún de nuestro propio cuerpo y de toda nuestra persona en orden a nuestra santificación y perfección” (4).

2) La Eucaristía nos une con la Santísima Trinidad.Es una consecuencia necesaria del hecho de que en la Eucaristía esté real y verdaderamente Cristo entero, con su cuerpo, alma y divinidad. Porque las tres personas divinas -El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo- son absolutamente inseparables. Donde está una de ellas, tienen que estar forzosamente las otras dos. Y aunque es verdad que el alma en gracia es siempre templo vivo de la Trinidad, la sagrada comunión perfecciona ese misterio de la inhabitación trinitaria (Juan 14, 23; 2 Cor. 6, 16). “Así como el Padre, que me ha enviado, vive, y yo vivo por el Padre; así quien me come vivirá por Mí”, dice Nuestro Señor (Juan 6, 58).

3) La Eucaristía aumenta la gracia santificante al darnos la gracia sacramental que alimenta, conforta y vigoriza nuestra vida sobrenatural.

4) La Eucaristía aumenta la fe, la esperanza y, sobre todo, la caridad. Aumenta la Fepor el acto de fe que hacemos al recibir a Cristo en el sacramento. Aumenta la Esperanza porque la Eucaristía es prenda y garantía de la gloria y de la vida eterna. Aumenta, sobre todo, la Caridad según aquello de San Pablo: "La caridad de Cristo nos apremia" (2 Cor, 5, 14) ya que la comunión nos une a Cristo. “Es la caridad para con Dios y con el prójimo, una caridad no sólo afectiva sino efectiva (nos hace amar a Dios y al prójimo realmente). De este modo la Eucaristía es vínculo de caridad que une los diversos miembros de toda la familia cristiana: a los pobres y a los ricos, a los sabios y a los ignorantes en la misma santa Mesa; une a todos los pueblos de la cristiandad” (5).

            Aumenta, finalmente, todas las demás virtudes infusas (que son la prudencia, la justicia, la fortaleza, y la templanza) y los dones del Espíritu Santo, (que son la sabiduría, el entendimiento, la ciencia, el consejo, la fortaleza, la piedad y el santo temor de Dios). Desde luego la Sagrada Comunióntiene una eficacia santificadora incomparable, ya que la santidad consiste propiamente en el desarrollo y crecimiento perfecto de la gracia y de las virtudes infusas en nuestra alma.

5) La Eucaristía borra los pecados veniales. La comunión siendo un alimento divino repara las fuerzas del alma perdidas por los pecados veniales. La comunión excita el acto de caridad y la caridad actual destruye los pecados veniales que son un enfriamiento de la caridad, como el calor destruye al frío. Como el alimento es necesario para restaurar las fuerzas del cuerpo cada día, así la Comuniónes necesaria para restaurar las fuerzas del alma perdidas por la concupiscencia mediante los pecados veniales que disminuyen el fervor de la caridad (Suma Teológica III, 79, 4 ).

6) La Eucaristía perdona indirectamente la pena temporal debida por los pecados. Es decir mientras más somos fervorosos, más recibimos perdón de nuestro purgatorio. La cantidad de la pena remitida estará en proporción con el grado de fervor y devoción al recibir la Eucaristía.

7) La Eucaristía preserva de los pecados futuros, sobre todo, de los pecados de deshonestidad, por la pureza y castidad de la Carne y Sangre de Cristo que comunica su virtud, su fuerza al que las recibe. La comunión robustece las fuerzas del alma contra las malas inclinaciones de la naturaleza y nos preserva de los asaltos del demonio al aplicarnos los efectos de la pasión de Cristo, por la que fue él vencido, dice santo Tomás de Aquino (III, 79,6 y 79,6 ad 1). A un muchacho que había contraído el vicio de pecar, San Felipe Neri le aconsejó la comunión diaria. Él procuraba estar dispuesto para confesarle cuando quisiese y con la comunión diaria quitó al pobre joven su mal hábito deshonesto.

8) La Eucaristía es prenda de la gloria futura. El mismo Cristo dijo: "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene la vida eterna, y yo lo resucitaré el último día" (Juan, 6, 54). El Magisterio de la Iglesia lo afirmó en el Concilio de Trento: “Quiso Cristo que la Eucaristía fuera prenda de nuestra futura gloria y perpetua felicidad" (Dz. 875).

 

         Efectos de la Eucaristía en el cuerpo

 

1) La Eucaristía, dignamente recibida, santifica en cierto modo el cuerpo mismo del que comulga. El catecismo romano del Concilio de Trento (2ª parte n° 53) dice: “La Eucaristía refrena también y reprime la misma concupiscencia de la carne, porque, al encender en el alma el fuego de la caridad, mitiga los ardores sensuales de nuestro cuerpo”.

2) La Eucaristía confiere el derecho a la resurrección gloriosa de su cuerpo. “El que come mi Cuerpo y bebe mi Sangre, tiene la vida eterna, y Yo le resucitaré el último día” (Juan 6, 54). Se trata de la resurrección gloriosa para la felicidad eterna.

           

 

Comulgar es recibir a Dios. Es recibir santificación y fuerza, paz y consuelo, fe, esperanza y caridad. Comulgar es hacerse cada vez más semejante a Cristo, imitando sus virtudes y reproduciendo en sí mismo la vida y comportamiento de Cristo. Comulgar es armarse de la fuerza de Dios contra los vicios y los demonios; comulgar es ir sometiendo poco a poco el cuerpo al alma y ser libre de las esclavitudes de los vicios; comulgar es tener paz en el alma y a su alrededor.

            Todos los santos han deseado recibir a menudo la divina Eucaristía; de ella han sacado su santidad y perfección. ¡Dichosos los que comulgan cada día o al menos cada domingo con buena preparación y acción de gracias!

Padre Servus Christi

Bibliografía y notas

 

(1) Antonio Royo Marín, O. P. Jesucristo y la vida cristiana,  Madrid, 1961, BAC, pág. 501, no 481.

 (2) Antonio Royo Marín, O. P. Teología moral para seglares, Tomo II, Los Sacramentos, Madrid, BAC,1958, pág. 205-213 n°137.

(3) Enrique Denzinger, El Magisterio de la Iglesia, Barcelona, Herder, 1963, pág.. 249, n° 883; y DzS n° 1651.

(4) Remigio Vilariño Ugarte, S. J. Puntos de catecismo, Bilbao, 1957, pág. 1158-1159, no 2837

(5) R. Garrigou-Lagrange, O.P., La unión del sacerdote con Cristo, sacerdote y víctima, Madrid, Rialp, 1955, pág. 132.

           

 

 

 

 

 

Reflexiones acerca de la Sagrada Eucaristía

 

Pero no solo es necesario que te prepares muy bien para comulgar devotamente, sino que es necesario conservar cuidadosamente la devoción después de haber comulgado. Pues no es menor la devoción que se necesita para después de comulgar, que la que exige antes de pasar a recibir al Señor.

            La fervorosa acción de gracias después de comulgar es una gran garantía y muy buena disposición para recibir luego más favores y gracias del cielo. Y al contrario, es una verdadera falta de buena disposición y de fervor, el dedicarse enseguida inmediatamente después de comulgar, a darles satisfacciones a los sentidos.

            Después de comulgar no te dediques a charlas. Quédate unos minutos en comunicación con tu Dios. No se te olvide que en esos momentos tienes en tu corazón “al que el cielo y la tierra no logran abarcar” (2 Corintios 2,6) y al que nadie podrá quitar si tú no quieres que se aleje; es tu Dios, a quien debes consagrarte sin guardarte nada para tí, para que logres vivir ya no para tí, sino para tu Creador, y quedarte así libre de todo cuidado y preo-cupación, porque todo lo has colocado en sus manos. Que puedas decir con el Apóstol: “Vivo, pero ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en Mí” (Gálatas 6,20) (Imitación de Cristo 4,12).

 

            Si este Santísimo Sacramento se cele-brará solamente en un sitio del mundo y por un solo sacerdote, cómo serían de grandes los deseos de la gente de ir hasta aquel sitio y a este privilegiado sacerdote, para ver celebrar tan sublime misterio?

            Pero en la Eucaristía se ofrece Cristo en tantos sitios distintos y por medio de tantos sacerdotes, para que se manifieste más y más el amor que Dios tiene a los seres humanos, y para que cuanto más difundida sea la Eucaristía, más gracias y favores recibamos.

(Imitación de Cristo 4,1).

           

            Cada vez que participamos en este Sacramento de la Eucaristía, y cada vez que recibimos el Cuerpo de Cristo, participamos del Misterio de su Redención y de todos los méritos que Cristo ganó para nosotros.

            Por eso debes siempre disponerte a comulgar purificando más y más tu espíritu, y meditando con profunda atención todo lo que significa este sublime misterio de nuestra salvación. (Imitación de Cristo 4,2).       

 

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5 septiembre 2010 7 05 /09 /septiembre /2010 06:19

CRISTO FUNDO UNA SOLA IGLESIA

LA IGLESIA CATÓLICA

Pruebas bíblicas e históricas

 

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Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, dio su vida en la Cruz para salvar a los hombres del pecado y del poder del demonio. Fundó su Iglesia para continuar su obra de salvación. Única y exclusivamente a esta Iglesia que Él mismo fundó, confió su misión, su Evangelio, su autoridad y sus poderes divinos para predicar, bautizar, hablar en su nombre y salvar a los hombres. Sin embargo, dieciséis siglos después de Cristo, Martín Lutero, un sacerdote católico excomulgado por sus  graves errores en materia de fe, inventó la teoría de la libre interpretación de la Biblia. Este libre examen produjo unas 36,000 sectas diferentes y opuestas, que sin ningún derecho se apropiaron del Evangelio, utilizándolo contra la legítima Iglesia. Para hacerse aceptar, todas estas sectas destructoras de la Iglesia legítima, pretenden ser de Jesucristo. Hoy en día muchos fundan “su iglesia” y “predican la Biblia” a su modo, haciendo “discípulos” y sembrando confusión y división entre los católicos.

                ¿ Todo esto sería fruto del Espíritu Santo de Cristo? ¿Reconoce Cristo a estas 36,000 iglesias como suyas o las rechaza? puesto que Él no las fundó y a nadie dio autoridad para fundarlas? Frente a la confusión provocada por las sectas, para no dejarse engañar y perderse eternamente (Mateo 7, 15-23) ¿cómo saber con certeza cuál es la verdadera Iglesia que Cristo fundó? Este  asunto necesita reflexión, mucha buena voluntad y humildad.


Cristo fundó la Iglesia Católica


Toda persona que es lógica y cree en lo que dice la Biblia y quiere hacer la voluntad de Dios, debería aceptar los principios siguientes:

1.  Cristo no escribió una Biblia, sino que fundó una Iglesia: formó hombres y los mandó a hablar y actuar en su Nombre (Mateo 28, 19; II Timoteo 2, 2).

2 La Iglesia que Cristo fundó debe necesariamente tener 21 siglos de existencia, puesto que Cristo vivió hace más de 2000 años en esta tierra.

3. Únicamente la Iglesia que tiene 21 siglos viene de Cristo, es la iglesia legítima, la que escribió la Biblia, la que recibió el Espíritu Santo.

4. Ahora bien, la historia nos dice que la Iglesia Católica, es decir, la Iglesia cristiana universal, es la única Iglesia que tiene 21 siglos, y que esta misma Iglesia viene de los Apóstoles, a través de sus legítimos sucesores. Desde San Pedro, martirizado en el año 67 en Roma por el emperador romano Nerón, hasta el Papa Benedicto XVI, esta Iglesia tiene un jefe, representante de Cristo y sucesor de San Pedro, ahora llamado Papa.

5. Únicamente la Iglesia Católica, que ha tenido 265 Papas, puede proporcionarnos una lista de sus jefes, desde San Pedro hasta el Papa actual. Ninguna otra iglesia puede ofrecernos esta lista de la sucesión apostólica. Si no puede mostrarnos este documento, significa que fue fundada después; y si fue fundada después, no es una iglesia legítima, ni verdadera ni bíblica; no puede ser obra de Cristo; si no es obra de Cristo, esta “iglesia” fundada por supuestos profetas, no puede ni predicar correctamente el Evangelio, ni santificar ni salvar, aunque afirme ser de Cristo (Mateo 7, 15-23). Es un instrumento de perdición que confunde la gente, ya que Cristo afirma que habrá supuestos “profetas que extraviarán a muchos” (Mateo 24, 11).

6. Cristo, por ser Dios, no puede equivocarse ni engañarnos: prometió a sus Apóstoles y a sus sucesores que Él estaría con ellos hasta el fin del mundo y que las fuerzas del mal no podrían prevalecer contra su Iglesia (Mateo 28, 17-19). Por consiguiente, pretender que la Iglesia verdadera se acabó en el siglo cuarto y que el emperador Constantino “fundó la Iglesia Católica”, es antibíblico y antihistórico; es una afirmación indigna de un hombre sensato.

7 Los que inventan supuestas iglesias desobedecen a Cristo y sus legítimos representantes a quienes Él dijo: “Quien a vosotros escucha, a Mí me escucha y quien a vosotros rechaza, me rechaza a Mí; ahora bien, quien me rechaza a Mí rechaza a Aquel que me envió.” (Lucas 10, 16).

8. A los que rechazan la Iglesia Católica, pero se sirven de la Biblia, que la misma Iglesia Católica recibió, escribió, y nos la transmitió durante dieciséis siglos, decimos: Cristo, por ser Dios, es sabio y prudente, no dejó la Biblia como una manzana de la discordia entre sus discípulos y los  que se hacen pasar por sus discípulos fundando sectas.  Cristo fundó una Iglesia, dejó un representante, que fue San Pedro y sus legítimos sucesores, para predicar, interpretar y defender su Evangelio contra los manipuladores de la Biblia (II Pedro 1, 20; Gál. 1, 8; II Cor. 11, 13-14). La Biblia en manos de los fundadores de sectas, no puede defenderse, no tiene boca para desmentir las falsas interpretaciones y malas aplicaciones.

9. La Iglesia verdadera necesariamente es UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA y debe tener 2000 años; debe tener la misma fe, la misma moral, la misma autoridad mediante la legítima sucesión apostólica y la misma enseñanza, desde Cristo hasta hoy. Ahora bien, aparte de la Iglesia Católica, ninguna de las 36 000 iglesias protestantes cumple con estas condiciones (Juan 17, 20).


La Biblia nos habla de una Iglesia


                San Pedro, después de haber declarado que Cristo es el Hijo de Dios vivo, recibe del propio Cristo esta respuesta: “Yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré MI IGLESIA, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del reino de los cielos: todo lo que atares sobre la tierra, será atado en los cielos, y lo que desatares sobre la tierra, será desatado en los cielos.” (Mateo 16, 17-19).

                Nuestro Señor dice mi Iglesia, no dice mis iglesias. Aunque la Iglesia esté en el mundo entero, es una. Jamás de los jamases nuestro Señor habla de varias iglesias. Al contrario, nos advierte de no dejarnos engañar por supuestos profetas. Así como Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2, 5), así la Iglesia Católica es la única Iglesia que conduce a Jesucristo, puesto que ella sola fue fundada por Él, para continuar su obra. Ella sola recibió al Espíritu Santo y la promesa de ser asistida por Él hasta el fin del mundo (Hechos 1, 8; Mateo 28, 20); ella sola es “la Iglesia del Dios viviente, columna y sostén de la verdad” (I Timoteo 3, 15); ella sola es la Iglesia de los Apóstoles, la iglesia de la cual habla la Biblia. Separarse de ella es renunciar a Cristo. Que esta Iglesia tenga hijos o ministros buenos o malos es otro asunto.

                Cristo, Pontífice y Sacerdote supremo del Nuevo Testamento (Hebreos 4 y 5), formó a los Apóstoles y les comunicó sus poderes. Los Apóstoles que son los enviados y depositarios exclusivos de la autoridad de Cristo, antes de morir dejaron sucesores legítimos, esto es, formaron otros presbíteros y obispos, a quienes dieron el poder y la misión de predicar conforme a la Fe que ellos recibieron, predicaron y transmitieron ( II Timoteo 2, 2). Desde el siglo I hasta el XXI, siempre la Iglesia Católica tuvo sacerdotes, obispos y papas. Ella sola tiene esta sucesión apostólica legítima. San Pablo escribe a su discípulo, el obispo Tito: “Te he dejado en Creta [isla griega] para que arregles las cosas que faltan y para que constituyas presbíteros en cada ciudad, como yo te ordené” (Tito 1, 5). Los presbíteros son los sacerdotes. El mismo San Pablo dice a los fieles de la ciudad de Corinto: “Os alabo porque observáis las tradiciones conforme os las he transmitido (I Cor. 11, 2). “Mantened firmemente las tradiciones en que fuisteis adoctrinados, ya sea de viva voz ya sea por carta nuestra (II Tesalonicenses 2, 15). Una secta que nació 2000 años después no ha visto nada, no recibió nada, no escuchó nada, no tiene ninguna tradición apostólica ni legitimidad. La palabra tradición viene del latín; significa transmisión y entrega del mensaje de Cristo, comunicado oralmente o por escrito (II Juan 12; III Juan 13). Por ejemplo por la Tradición sabemos que hay cuatro evangelios. En la Iglesia Católica, los fieles con sus presbíteros observaron lo que les fue transmitido, y ellos lo transmitieron, bajo la vigilancia de los obispos, a la generación siguiente; así fue desde el siglo I hasta hoy.

                 La más antigua secta protestante fue fundada por un sacerdote católico Martín Lutero, 1521 años después de Cristo. Ahora bien, los protestantes, que nacieron dieciséis siglos después de los Apóstoles, nunca los conocieron ni los escucharon ni recibieron una Biblia o misión de ellos. De ninguna manera pueden saber la correcta interpretación de la Biblia, que es el libro Sagrada de la Iglesia Católica y Apostólica. San Pablo dice: “Aun cuando nosotros mismos, aun cuando un ángel del cielo os anuncie un evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea maldito. Lo dijimos ya, y ahora vuelvo a decirlo: Si alguno os predica un evangelio distinto del que recibisteis, sea anatema. (Gálatas 1, 8-9). Toda interpretación de la Biblia que contradice la Fe católica y apostólica de 2000 años es un evangelio distinto. Todas las sectas predican un evangelio diferente del que predicaron los Apóstoles y sus legítimos sucesores. Esto es sumamente grave para ellas y sus víctimas.

                Hablando de los predicadores no autorizados por la legítima Iglesia, San Pablo dice: “Esos tales son falsos apóstoles, obreros engañosos, que se disfrazan de apóstoles de Cristo. No es maravilla, ya que el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz. No es mucho, pues, que también sus ministros se disfracen de ministros de justicia; su fin será el que corresponde a sus obras” (II Cor. 11, 13-14). Esto es algo tremendo e increíble. Sin embargo Cristo dijo: “Se levantarán muchos falsos profetas que engañarán a muchos […] y obrarán grandes señales y prodigios....” (Mateo 24, 11, 24). Los falsos profetas harán incluso falsos milagros.


La verdadera Iglesia es católica y apostólica


                Cristo mandó a sus Apóstoles y sucesores anunciar su Evangelio (Mateo 28, 20). Los Apóstoles predicaron y dejaron representantes. San Pablo escribe a Timoteo, a quien consagró Obispo: "Lo que oíste de mí transmítelo a hombres fieles, los cuales serán aptos para enseñarlo a otros" (II Timoteo 2, 2). En la Iglesia Católica, desde San Pablo los obispos transmitieron a otros obispos lo recibido y los dejaron como guardianes de este depósito de la Fe (I Timoteo 6, 20).

                Las palabras Iglesia y Católica vienen del griego y significan la asamblea universal de todos los fieles cristianos. Decir católico y decir cristiano es la misma cosa. “La Iglesia dijo San Agustín es el pueblo cristiano esparcido por toda la redondez de la tierra”. Desde el año 107, San Ignacio mártir, segundo Obispo de Antioquía de Siria, después de San Pedro, utilizó el término Iglesia Católica hablando de las iglesias fundadas por los apóstoles.

                La historia nos dice que los rusos y griegos “ortodoxos”, por ejemplo, se separaron de la Iglesia Católica en el año 1054. Los protestantes  y evangélicos empezaron con Martín Lutero a partir de 1521. Los anglicanos fueron fundados en 1534 por el rey de Inglaterra, Enrique VIII, porque el Papa no le permitió divorciarse. Todas las demás sectas nacieron de la revolución luterana. Los Testigos de Jehová fueron fundados en Estado Unidos en 1871 por Carlos Taze Russell; los Mormones en 1830 por Joseph Smith; los de la supuesta “Luz del mundo” en 1926 por Eusebio Joaquín González en México. Los que se llaman “cristianos” son protestantes disfrazados. De todas estas sectas, ninguna tiene 2000 años, ninguna viene de los Apóstoles. Ahora bien, si Cristo no las fundó ¿qué garantía de veracidad y legitimidad pueden tener? Absolutamente ninguna. Al contrario, la Biblia, la historia, el sentido común y la justicia las condenan como usurpadoras de misión y función (Jeremías 23, 21, 25).

En conclusión, Cristo, fundador de la Iglesia Católica y Apostólica  nos advierte: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestiduras de ovejas; mas por dentro son lobos feroces… No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos; mas el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, éste entrará en el reino de los cielos. Muchos me dirán en aquel día (del Juicio): Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu nombre, en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre obramos muchos prodigios? Y entonces les declararé: nunca jamás os conocí; apartaos de mí los que obráis la iniquidad” (Mateo 7, 15-23).

En la crisis actual muchos de buena fe están en las sectas, pensando estudiar la Biblia. Sin embargo, se separaron de la Iglesia de Cristo para seguir iglesias ilegítimas que no tienen la autentica interpretación de la Biblia y que no salvan. La solución es regresar a la Iglesia fundada por Cristo, la que es Una, Santa, Católica y Apostólica.

Un sacerdote católico

 

Para saber más y escuchar testimonios de ex-pastores ahora católicos ver

www.fernando-casanova.com/ALIANZA_FORMATIVA.html;

http://www.defiendetufe.org/Testimonios.htm

sus comentarios a : email losdefensoresdelafecatolica@gmail.com

o dios.nuncamuere@hotmail.com

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