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Presentación

442px-Emblem of the Papacy SE svgBienvenido a este blog de actualidad religiosa,de filosofía, de combate de la Verdad contra la secta modernista del "Concilio Vaticano II", de honor, amor y fidelidad al Magisterio infalible de la Santa Iglesia Católica, y de discusión sobre la actualidad de Méjico.
   Este blog pretende también reunir las direcciones de los centros de Misa y de sacerdotes NON UNA CUM, celebrando el Santo Sacrificio en total desunión a "Benedicto XVI" en México.

   No reconocemos, pues, la legitimidad de la autoridad de los "Papas del Concilio" Vaticano II. Estamos ciertos de que solamente esta posición, también llamada sedevacantismo, es la posición teológica que responde perfectamente a la situación actual de la Autoridad en la Iglesia, en particular detallada por la Tesis de Cassiciacum.

   Le invitamos a leer nuestro blog detalladamente. Permítanos presertarle nuestra postura teológica.

   Sea a la mayor gloria de Dios: 


El equipo de México y Tradición

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22 mayo 2010 6 22 /05 /mayo /2010 06:15

SON NECESARIOS POLITICOS AUTENTICAMENTE CRISTIANOS

CIUDAD DEL VATICANO, 21 MAY 2010 (VIS).-El Santo Padre recibió hoy a los participantes en la XXIV asamblea plenaria del Pontificio Consejo para los Laicos, que están afrontando el tema: "Testigos de Cristo en la comunidad política".

  El Papa afirmó que si bien la Iglesia no tiene como misión "la formación técnica de los políticos", sin embargo, "da su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas".

  "Corresponde a los fieles laicos -dijo- mostrar concretamente en la vida personal y familiar, en la vida social, cultural y política, que la fe permite leer en modo nuevo y profundo la realidad y transformarla".

  Benedicto XVI subrayó que "los fieles laicos deben participar activamente en la vida política, de manera siempre coherente con las enseñanzas de la Iglesia, compartiendo razones bien fundadas y grandes ideales en el proceso democrático y en la búsqueda de un consenso amplio con todos los que se preocupan de la defensa de la vida y de la libertad, la custodia de la verdad y del bien de la familia, la solidaridad con los necesitados y la búsqueda necesaria del bien común". 

  "Se necesitan -continuó- políticos auténticamente cristianos, pero sobre todo fieles laicos que sean testigos de Cristo y del Evangelio en la comunidad civil y política. Esta exigencia debe estar claramente presente en los programas educativos de las comunidades eclesiales y requiere nuevas formas de acompañamiento y apoyo por parte de los pastores. La pertenencia de los cristianos a las asociaciones de fieles, a los movimientos eclesiales y nuevas comunidades, puede ser una buena escuela para estos discípulos y testigos, sostenidos por la riqueza carismática, comunitaria, educativa y misionera de estas realidades".

  El Papa señaló que "la difusión de un relativismo cultural confuso y de un individualismo utilitarista y hedonista debilita la democracia y favorece el dominio de los poderes fuertes. Es necesario recuperar y reforzar una sabiduría política auténtica; ser exigentes en lo que concierne a la propia competencia; servirse críticamente de las investigaciones de las ciencias humanas; afrontar la realidad en todos sus aspectos, superando reduccionismos ideológicos o pretensiones utópicas; mostrarse abiertos a todo diálogo y colaboración verdaderos, teniendo en cuenta que la política también es un complejo arte de equilibrio entre ideales e intereses, pero sin olvidar que la contribución de los cristianos es decisiva únicamente si la inteligencia de la fe se convierte en inteligencia de la realidad, clave de juicio y de transformación. Es necesaria una verdadera "revolución del amor".

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2 diciembre 2009 3 02 /12 /diciembre /2009 18:39
   
Cómo Pío XI condena el falso ecumenismo de hoy
y las reuniones de Asís


Mortalium Animos
Encíclica del Papa Pío XI
promulgada el 6 de enero de 1928



(Acerca de cómo se ha de fomentar
la verdadera unidad religiosa)



Venerables Hermanos: Salud y bendición apostólica.

1. Ansia universal de paz y fraternidad. Nunca quizás como en los actuales tiempos se ha apoderado del corazón de todos los hombres un tan vehemente deseo de fortalecer y aplicar al bien común de la sociedad humana los vínculos de fraternidad que, en virtud de nuestro común origen y naturaleza, nos unen y enlazan a unos con otros.

Porque no gozando todavía las naciones plenamente de los dones de la paz, antes al contrario, estallando en varias partes discordias nuevas y antiguas, en forma de sediciones y luchas civiles y no pudiéndose además dirimir las controversias, harto numerosas, acerca de la tranquilidad y prosperidad de los pueblos sin que intervengan en el esfuerzo y la acción concordes de aquellos que gobiernan los Estados, y dirigen y fomentan sus intereses fácilmente se echa de ver —mucho más conviniendo todos en la unidad del género humano—, porque son tantos los que anhelan ver a las naciones cada vez más unidas entre sí por esta fraternidad universal.

2. La fraternidad en religión. Congresos ecuménicos. Cosa muy parecida se esfuerzan algunos por conseguir en lo que toca a la ordenación de la nueva ley promulgada por Jesucristo Nuestro Señor. Convencidos de que son rarísimos los hombres privados de todo sentimiento religioso, parecen haber visto en ello esperanza de que no será difícil que los pueblos, aunque disientan unos de otros en materia de religión, convengan fraternalmente en la profesión de algunas doctrinas que sean como fundamento común de la vida espiritual. Con tal fin suelen estos mismos organizar congresos, reuniones y conferencias, con no escaso número de oyentes, e invitar a discutir allí promiscuamente a todos, a infieles de todo género, a cristianos y hasta a aquellos que apostataron miserablemente de Cristo o con obstinada pertinacia niegan la divinidad de su Persona o misión.

3. Los católicos no pueden aprobarlo.Tales tentativas no pueden, de ninguna manera obtener la aprobación de los católicos, puesto que están fundadas en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables, pues, aunque de distinto modo, todas nos demuestran y significan igualmente el ingénito y nativo sentimiento con que somos llevados hacia Dios y reconocemos obedientemente su imperio.

Cuantos sustentan esta opinión, no sólo yerran y se engañan, sino también rechazan la verdadera religión, adulterando su concepto esencial, y poco a poco vienen a parar al naturalismo y ateísmo; de donde claramente, se sigue que, cuantos se adhieren a tales opiniones y tentativas, se apartan totalmente de la religión revelada por Dios.

4. Otro error. La unión de todos los cristianos. Argumentos falaces. Pero donde con falaz apariencia de bien se engañan más fácilmente algunos, es cuando se trata de fomentar la unión de todos los cristianos. ¿Acaso no es justo —suele repetirse— y no es hasta conforme con el deber, que cuantos invocan el nombre de Cristo se abstengan de mutuas recriminaciones, y se unan por fin un día con vínculos de mutua caridad? ¿Y quién se atreverá a decir que ama a JESUCRISTO, sino procura con todas sus fuerzas realizar los deseos que Él manifestó al rogar a su Padre que sus discípulos fuesen una sola cosa.(2) Y el mismo JESUCRISTO ¿por ventura no quiso que sus discípulos se distinguiesen y diferenciasen de los demás por este rasgo y señal de amor mutuo: En esto conocerán todos que sois mis discípulos, en que os améis unos a otros? (3). ¡Ojalá —añaden— fuesen una sola cosa todos los cristianos! Mucho más podrían hacer para rechazar la peste de la impiedad, que, deslizándose y extendiéndose cada vez más, amenaza debilitar el Evangelio.

5. Debajo de esos argumentos se oculta un error gravísimo. Estos y otros argumentos parecidos divulgan y difunden los llamados “pancristianos”; los cuales, lejos de ser pocos en número, han llegado a formar legiones y a agruparse en asociaciones ampliamente extendidas, bajo la dirección, las más de ellas, de hombres católicos, aunque discordes entre sí en materia de fe.

6. La verdadera norma en esta materia. Exhortándonos, pues, la conciencia de Nuestro deber a no permitir que la grey del Señor sea sorprendida por perniciosas falacias, invocamos vuestro celo, Venerables Hermanos, para evitar mal tan grave; pues confiamos que cada uno de vosotros, por escrito y de palabra, podrá más fácilmente comunicarse con el pueblo y hacerle entender mejor los principios y argumentos que vamos a exponer, y en los cuales hallarán los católicos la norma de lo que deben pensar y practicar en cuanto se refiere al intento de unir de cualquier manera en un solo cuerpo a todos los hombres que se llaman católicos.

7. Sólo una Religión puede ser verdadera: la revelada por Dios. Dios, Creador de todas las cosas, nos ha creado a los hombres con el fin de que lo conozcamos y lo sirvamos. Tiene, pues, nuestro Creador perfectísimo derecho a ser servido por nosotros. Pudo ciertamente Dios imponer para el gobierno de los hombres una sola ley, la de la naturaleza, ley esculpida por Dios en el corazón del hombre al crearlo: y pudo después regular los progresos de esa misma ley con sólo su providencia ordinaria. Pero en vez de ella prefirió dar Él mismo los preceptos que habíamos de obedecer; y en el decurso de los tiempos, esto es desde los orígenes de género humano hasta la venida y Predicación de JESUCRISTO, enseñó por Sí mismo a los hombres los deberes que su naturaleza racional les impone para con su Creador. “Dios, que en otro tiempo habló a nuestros padres en diferentes ocasiones y de muchas maneras, por medio de los Profetas, nos ha hablado últimamente por su Hijo Jesucristo”.(4) Por donde claramente se ve que ninguna religión puede ser verdadera fuera de aquella que se funda en la palabra revelada por Dios, revelación que comenzada desde el principio, y continuada durante la Ley Antigua, fue perfeccionada por el mismo JESUCRISTO con la Ley Nueva. Ahora bien: si Dios ha hablado —y que haya hablado lo comprueba la historia— es evidente que el hombre está obligado a creer absolutamente la revelación de Dios, y a obedecer totalmente sus preceptos. Y con el fin de que cumpliésemos bien lo uno y lo otro, para gloria de Dios y salvación nuestra, el Hijo Unigénito de Dios fundó en la tierra su Iglesia.

8. La única Religión revelada es la de la Iglesia Católica. Así pues, los que se proclaman cristianos es imposible no crean que Cristo fundó una Iglesia, y precisamente una sola. Mas, si se pregunta cuál es esa Iglesia conforme a la voluntad de su Fundador, en esto ya no convienen todos. Muchos de ellos, por ejemplo, niegan que la Iglesia de Cristo haya de ser visible, a lo menos en el sentido de que deba mostrarse como un solo cuerpo de fieles, concordes en una misma doctrina y bajo un solo magisterio y gobierno. Estos tales entienden que la Iglesia visible no es más que la alianza de varias comunidades cristianas, aunque las doctrinas de cada una de ellas sean distintas.

Sociedad perfecta, externa, visible. Pero es lo cierto que Cristo Nuestro Señor instituyó su Iglesia como sociedad perfecta, externa y visible por su propia naturaleza, a fin de que prosiguiese realizando, de allí en adelante, la obra de la salvación del género humano, bajo la guía de una sola cabeza,(5) con magisterio de viva voz(6) y por medio de la administración de los sacramentos,(7) fuente de la gracia divina; por eso en sus parábolas afirmó que era semejante a un reino,(8) a una casa,(9) a un aprisco,(10) y a una grey.(11) Esta Iglesia, tan maravillo­samente fundada, no podía ciertamente cesar ni extinguirse, muertos su Fundador y los Apóstoles que en un principio la propagaron, puesto que a ella se le habla confiado el mandato de conducir a la eterna salvación a todos los hombres, sin excepción de lugar ni de tiempo: “Id, pues, e instruid a todas las naciones”.(12) Y en el cumplimiento continuo de este oficio, ¿acaso faltará a la Iglesia el valor ni la eficacia, hallándose perpetuamente asistida con la presencia del mismo Cristo, que solemnemente le prometió: “He aquí que Yo estaré siempre con vosotros, hasta la consumación de los siglos”?(13) Por tanto, la Iglesia de Cristo no sólo ha de existir necesariamente hoy, mañana y siempre, sino también ha de ser exactamente la misma que fue en los tiempos apostólicos, si no queremos decir —y de ello estamos muy lejos— que Cristo Nuestro Señor no ha cumplido su propósito, o se engañó cuando dijo que las puertas del infierno no habían de prevalecer contra ella.(14)

9. Un error capital del movimiento ecuménico en la pretendida unión de iglesias cristianas. Y aquí se Nos ofrece ocasión de exponer y refutar una falsa opinión de la cual parece depender toda esta cuestión, y en la cual tiene su origen la múltiple acción y confabulación de los católicos que trabajan, como hemos dicho, por la unión de los iglesias cristianas. Los autores de este proyecto no dejan de repetir casi infinitas veces las palabras de Cristo: “Sean todos una misma cosa... Habrá un solo rebaño, y un solo pastor”,(15) mas de tal manera las entienden, que, según ellos, sólo significan un deseo y una aspiración de Jesucristo, deseo que todavía no se ha realizado. Opinan, pues, que la unidad de fe y de gobierno, nota distintiva de la verdadera y única Iglesia de Cristo, no ha existido casi nunca hasta ahora, y ni siquiera hoy existe: podrá, ciertamente, desearse, y tal vez algún día se consiga, mediante la concorde impulsión de las voluntades; pero entre tanto, habrá que considerarla sólo como un ideal.

“La división" de la Iglesia. Añaden que la Iglesia, de suyo o por su propia naturaleza, está dividida en partes; esto es, se halla compuesta de varias comunidades distintas, separadas todavía unas de otras, y coincidentes en algunos puntos de doctrina, aunque discrepantes en lo demás, y cada una con los mismos derechos exactamente que las otras; y que la Iglesia sólo fué única y una, a lo sumo desde la edad apostólica hasta tiempos de los primeros Concilios Ecuménicos. Sería necesario pues —dicen—, que, suprimiendo y dejando a un lado las controversias y variaciones rancias de opiniones, que han dividido hasta hoy a la familia cristiana, se formule, se proponga con las doctrinas restantes una norma común de fe, con cuya profesión puedan todos no ya reconocerse, sino sentirse hermanos. Y cuando las múltiples iglesias o comunidades estén unidas por un pacto universal, entonces será cuando puedan resistir sólida y fructuosamente los avances de la impiedad...

Esto es así tomando las cosas en general, Venerables hermanos; mas hay quienes afirman y conceden que el llamado Protestantismo ha desechado demasiado desconsideradamente ciertas doctrinas fundamentales de la fe y algunos ritos del culto externo ciertamente agradables y útiles, los que la Iglesia Romana por el contrario aún conserva; añaden sin embargo en el acto, que ella ha obrado mal porque corrompió la religión primitiva por cuanto agregó y propuso como cosa de fe algunas doctrinas no sólo ajenas sino más bien opuestas al Evangelio, entre las cuales se enumera especialmente el Primado de jurisdicción que ella adjudica a Pedro y a sus sucesores en la sede Romana.

En el número de aquellos, aunque no sean muchos, figuran también los que conceden al Romano Pontífice cierto Primado de honor o alguna jurisdicción o potestad de la cual creen, sin embargo, que desciende no del derecho divino sino de cierto consenso de los fieles. Otros en cambio aun avanzan a desear que el mismo Pontífice presida sus asambleas las que pueden llamarse “multicolores”. Por lo demás, aun cuando podrán encontrarse a muchos no católicos que predican a pulmón lleno la unión fraterna en Cristo, sin embargo, hallarás pocos a quienes se ocurre que han de sujetarse y obedecer al Vicario de Jesucristo cuando enseña o manda y gobierna. Entretanto aseveran que están dispuestos a actuar gustosos en unión con la Iglesia Romana, naturalmente en igualdad de condiciones jurídicas, o sea de iguales a igual: mas si pudieran actuar no parece dudoso de que lo harían con la intención de que por un pacto o convenio por establecerse tal vez, no fueran obligados a abandonar sus opiniones que constituyen aun la causa por qué continúan errando y vagando fuera del único redil de Cristo.

10. La Iglesia Católica no puede participar en semejantes uniones. Siendo todo esto así, claramente se ve que ni la Sede Apostólica puede en manera alguna tener en dichos Congresos, ni de ningún modo pueden los católicos favorecer ni cooperar a semejantes intentos; y si lo hiciesen, darían autoridad a una falsa religión cristiana, totalmente ajena a la única y verdadera Iglesia de Cristo.

11. La verdad revelada no admite transaciones. ¿Y habremos Nos de sufrir —cosa que sería por todo extremo injusta— que la verdad revelada por Dios, se rindiese y entrase en transacciones? Porque de lo que ahora se trata es de defender la verdad revelada. Para instruir en la fe evangélica a todas las naciones envió Cristo por el mundo todo a los Apóstoles; y para que éstos no errasen en nada, quiso que el Espíritu Santo les enseñase previamente toda la verdad;(16) ¿Y acaso esta doctrina de los Apóstoles ha descaecido del todo, o siquiera se ha debilitado alguna vez en la Iglesia, a quien Dios mismo asiste dirigiéndola y custodiándola? Y si nuestro Redentor manifestó expresamente que su Evangelio no sólo era para los tiempos apostólicos, sino también para las edades futuras, ¿habrá podido hacerse tan obscura e incierta la doctrina de la Fe, que sea hoy conveniente tolerar en ella hasta las opiniones contrarias entre sí? Si esto fuese verdad, habría que decir también que el Espíritu Santo infundido en los apóstoles, y la perpetua permanencia del mismo Espíritu en la Iglesia, y hasta la misma predicación de Jesucristo, habría perdido hace muchos siglos toda utilidad y eficacia; afirmación que seria ciertamente blasfema.

12. La Iglesia Católica depositaria infalible de la verdad. Ahora bien: cuando el Hijo Unigénito de Dios mandó sus legados que enseñasen a todas las naciones, impuso a todos los hombres la obligación de dar fe a cuanto les fuese enseñado por los testigos predestinados por Dios;(17) obligación que sancionó de este modo: el que creyere y fuere bautizado, se salvará; mas el que no creyere será condenado.(18) Pero ambos preceptos de Cristo, uno de enseñar y otro de creer, que no pueden dejar de cumplirse para alcanzar la salvación eterna, no pueden siquiera entenderse si la Iglesia no propone, íntegra y clara la doctrina evangélica y si al proponerla no está ella exenta de todo peligro de equivocarse. Acerca de lo cual van extraviados también los que creen que sin duda existe en la tierra el depósito de la verdad, pero que para buscarlo hay que emplear tan fatigosos trabajos, tan continuos estudios y discusiones, que apenas basta la vida de un hombre para hallarlo y disfrutarlo: como si el benignísimo Dios hubiese hablado por medio de los Profetas y de su Hijo Unigénito para que lo revelado por éstos sólo pudiesen conocerlo unos pocos, y ésos ya ancianos; y como si esa revelación no tuviese por fin enseñar la doctrina moral y dogmática, por la cual se ha de regir el hombre durante todo el curso de su vida moral.

13. Sin fe, no hay verdadera caridad. Podrá parecer que dichos “pancristianos”, tan atentos a unir las iglesias, persiguen el fin nobilísimo de fomentar la caridad entre todos los cristianos. Pero, ¿cómo es posible que la caridad redunde en daño de la fe? Nadie, ciertamente, ignora que SAN JUAN, el Apóstol mismo de la caridad, el cual en su Evangelio parece descubrirnos los secretos del Corazón Santísimo de Jesús, y que solía inculcar continuamente a sus discípulos el nuevo precepto Amaos unos a los otros, prohibió absolutamente todo trato y comunicación con aquellos que no profesasen, íntegra y pura, la doctrina de JESUCRISTO: Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no le recibáis en casa, y ni siquiera le saludéis.(19) Siendo, pues, la fe íntegra y sincera, como fundamento y raíz de la caridad, necesario es que los discípulos de Cristo estén unidos principalmente con el vínculo de la unidad de fe.

14. Unión irrazonable. Por tanto, ¿cómo es posible imaginar una confederación cristiana, cada uno de cuyos miembros pueda, hasta en materias de fe, conservar su sentir y juicio propios aunque contradigan al juicio y sentir de los demás? ¿Y de qué manera, si se nos quiere decir, podrían formar una sola y misma Asociación de fieles los hombres que defienden doctrinas contrarias, como, por ejemplo, los que afirman y los que niegan que la sagrada Tradición es fuente genuina de la divina Revelación; los que consideran de institución divina la jerarquía eclesiástica, formada de Obispos, presbíteros y servidores del altar, y los que afirman que esa jerarquía se ha introducido poco a poco por las circunstancias de tiempos y de cosas; los que adoran a Cristo realmente presente en la Sagrada Eucaristía por la maravillosa conversión del pan y del vino, llamada “transubstanciación”, y los que afirman que el Cuerpo de Cristo está allí presente sólo por la fe, o por el signo y virtud del Sacramento; los que en la misma Eucaristía reconocen su doble naturaleza de sacramento y sacrificio, y los que sostienen que sólo es un recuerdo o conmemoración de la Cena del Señor, los que estiman buena y útil la suplicante invocación de los Santos que reinan con Cristo, sobre todo de la Virgen MARÍA Madre de Dios, y la veneración de sus imágenes, y los que pretenden que tal culto es ilícito por ser contrario al honor del único Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo?(20)

15. Resbaladero hacia el indiferentismo y el modernismo. Entre tan grande diversidad de opiniones, no sabemos cómo se podrá abrir camino para conseguir la unidad de la Iglesia, unidad que no puede nacer más que de un solo magisterio, de una sola ley de creer y de una sola fe de los cristianos. En cambio, sabemos, ciertamente que de esa diversidad de opiniones es fácil el paso al menosprecio de toda religión, o “indiferentismo”, y al llamado “modernismo”, con el cual los que están desdichadamente inficionados, sostienen que la verdad dogmática no es absoluta sino relativa, o sea, proporcionada a las diversas necesidades de lugares y tiempos, y a las varias tendencias de los espíritus, no hallándose contenida en una revelación inmutable, sino siendo de suyo acomodable a la vida de los hombres.

Además, en lo que concierne a las cosas que han de creerse, de ningún modo es lícito establecer aquella diferencia entre las verdades de la fe que llaman fundamentales y no fundamentales, como gustan decir ahora, de las cuales las primeras deberían ser aceptadas por todos, las segundas, por el contrario, podrían dejarse al libre arbitrio de los fieles; pues la virtud de la fe tiene su causa formal en la autoridad de Dios revelador que no admite ninguna distinción de esta suerte. Por eso, todos los que verdaderamente son de Cristo prestarán la misma fe al dogma de la Madre de Dios concebida sin pecado original como, por ejemplo, al misterio de la augusta Trinidad; creerán con la misma firmeza en el Magisterio infalible de Romano Pontífice, en el mismo sentido con que lo definiera el Concilio Ecuménico del Vaticano, como en la Encarnación del Señor.

No porque la Iglesia sancionó con solemne decreto y definió las mismas verdades de un modo distinto en diferentes edades o en edades poco anteriores han de tenerse por no igualmente ciertas ni creerse del mismo modo. ¿No las reveló todas Dios?

Pues, el Magisterio de la Iglesia el cual por designio divino fue constituido en la tierra a fin de que las doctrinas reveladas perdurasen incólumes para siempre y llegasen con mayor facilidad y seguridad al conocimiento de los hombres aun cuando el Romano Pontífice y los Obispos que viven en unión con él, lo ejerzan diariamente, se extiende, sin embargo, al oficio de proceder oportunamente con solemnes ritos y decretos a la definición de alguna verdad, especialmente entonces cuando a los errores e impugnaciones de los herejes deben más eficazmente oponerse o inculcarse en los espíritus de los fieles, más clara y sutilmente explicados, puntos de la sagrada doctrina. Mas por ese ejercicio extraordinario del Magisterio no se introduce, naturalmente ninguna invención, ni se añade ninguna novedad al acervo de aquellas verdades que en el depósito de la revelación, confiado por Dios a la Iglesia, no estén contenidas, por lo menos implícitamente, sino que se explican aquellos puntos que tal vez para muchos aun parecen permanecer oscuros o se establecen como cosas de fe los que algunos han puesto en tela de juicio.

16. La única manera de unir a todos los cristianos. Bien claro se muestra, pues, Venerables Hermanos, por qué esta Sede Apostólica no ha permitido nunca a los suyos que asistan a los citados congresos de acatólicos; porque la unión de los cristianos no se puede fomentar de otro modo que procurando el retorno de los disidentes a la única y verdadera Iglesia de Cristo, de la cual un día desdichadamente se alejaron; a aquella única y verdadera Iglesia que todos ciertamente conocen, y que por la voluntad de su Fundador debe permanecer siempre tal cual Él mismo la fundó para la salvación de todos. Nunca, en el transcurso de los siglos, se contaminó esta mística Esposa de Cristo, ni podrá contaminarse jamás, cómo dijo bien SAN CIPRIANO: No puede adulterar la Esposa de Cristo; es incorruptible y fiel. Conoce una sola casa y custodia con casto pudor la santidad de una sola estancia.(21) Por eso se maravillaba con razón el santo Mártir de que alguien pudiese creer que esta unidad, fundada en la divina estabilidad y robustecida por medio de celestiales sacramentos, pudiese desgarrarse en la Iglesia, y dividirse por el disentimiento de las voluntades discordes.(22) porque siendo el cuerpo místico de Cristo, esto es, la Iglesia, uno,(23) compacto y conexo,(24) lo mismo que su cuerpo físico, necedad es decir que el cuerpo místico puede constar de miembros divididos y separados; quien, pues, no está unido con él no es miembro ni está unido con su cabeza, que es Cristo.(25)

17. La obediencia al Romano Pontífice. Ahora bien, en esta única Iglesia de Cristo nadie vive y nadie persevera, que no reconozca y acepte con obediencia la suprema autoridad de PEDRO y de sus legítimos sucesores. ¿No fue acaso al Obispo de Roma a quien obedecieron, como a sumo Pastor de las almas, los ascendientes de aquellos que hoy yacen anegados en los errores de FOCIO, y de otros novadores? Alejáronse ¡ay! los hijos de la casa paterna, que no por eso se arruinó ni pereció, sostenida como está perpetuamente por el auxilio de Dios. Vuelvan, pues, al Padre común, que olvidando las injurias inferidas ya a la Sede Apostólica, los recibirá amantísimamente. Porque, si, como ellos repiten, desean asociarse a Nos y a los Nuestros, ¿por qué no se apresuran a venir a la Iglesia, madre y maestra de todos los fieles de Cristo.(26) Oigan como clamaba en otro tiempo LACTANCIO: Sólo la Iglesia Católica es la que conserva el culto verdadero. Ella es la fuente de la verdad, la morada de la Fe, el templo de Dios; quienquiera que en él no entre o de él salga, perdido ha la esperanza de vida y de salvación. Menester es que nadie se engañe a sí mismo con pertinaces discusiones. Lo que aquí se ventila es la vida y la salvación; a la cual si no se atiende con diligente cautela, se perderá y se extinguirá.(27)

18. Llamamiento a las sectas disidentes. Vuelvan, pues, a la Sede Apostólica, asentada en esta ciudad de Roma, que consagraron con su sangre los Príncipes de los Apóstoles SAN PEDRO y SAN PABLO, a la Sede raíz y matriz de la Iglesia Católica;(28) vuelvan los hijos disidentes, no ya con el deseo y la esperanza de que la Iglesia de Dios vivo, la columna y el sostén de la verdad (29) abdique de la integridad de su fe, y consienta los errores de ellos, sino para someterse al magisterio y al gobierno de ella. Pluguiese al Cielo alcanzásemos felizmente Nos, lo que no alcanzaron tantos predecesores Nuestros: el poder abrazar con paternales entrañas a los hijos que tanto nos duele ver separados de Nos por una funesta división.

Plegaria a Cristo y a Maria. Y ojalá Nuestro Divino Salvador, el cual quiere que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad,(30) oiga Nuestras ardientes oraciones para que se digne llamar a la unidad de la Iglesia a cuantos están separados de ella.

Con este fin, sin duda importantísimo, invocamos y queremos que se invoque la intercesión de la Bienaventurada Virgen MARÍA, Madre de la Divina Gracia, develadora de todas las herejías y Auxilio de los cristianos, para que cuanto antes nos alcance la gracia de ver alborear el deseadísimo día en que todos los hombres oigan la voz de su divino Hijo, y conserven la unidad del Espíritu Santo con el vínculo de la paz.(31)

19. Conclusión y bendición apostólica. Bien comprendéis, Venerables Hermanos, cuánto deseamos Nos este retorno, y cuánto anhelamos que así lo sepan todos Nuestros hijos, no solamente los católicos, sino también los disidentes de Nos; los cuales, si imploran humildemente las luces del cielo, reconocerán, sin duda, a la verdadera Iglesia de Cristo, y entrarán, por fin, en su seno, unidos con Nos en perfecta caridad. En espera de tal suceso, y como prenda y auspicio de los divinos favores, y testimonio de Nuestra paternal benevolencia, a vosotros, Venerables Hermanos, y a vuestro Clero y pueblo, os concedemos de todo corazón la Apostólica Bendición.

Dado en San Pedro de Roma el día 6 de Enero, fiesta de la Epifanía de Nuestro Señor Jesucristo, el año 1928, sexto de Nuestro Pontificado.


(1) Del 6 de enero de 1928, publicada en AAS 20 (1928), p. 5-16). La presente traducción está tomada de la “Colección completa de Encíclicas Pontificias”, editorial Guadalupe, Bs. Aires, en dos tomos; t. I, p. 1114 y ss.).
(2) Jn. XVII, 21.
(3) Jn. XIII, 35.
(4) Heb. I, 1-2.
(5) Mat. XVI, 18; Lc. XXII, 32; Jn. XXI, 15-17.
(6) Mc. XVI, 15.
(7) Jn. III, 5; VI, 48-59; XX, 22; Jn. XVIII, 18.
(8) Mt. XIII, 24, 31,33,44, 47.
(9) Ver. Mt. XVI, 18.
(10) Jn. X, 16.
(11) Jn. XXI, 15-17.
(12) Mt. XXVIII, 19.
(13) Mt. XXVIII, 20.
(14) Mt. XVI, 18.
(15) Jn. XVII, 21; X, 16.
(16) Jn. XVI, 13.
(17) Act. X, 41.
(18) Mc. XVI, 16.
(19) II Jn. vers. 10.
(20) Ver I Tim. II, 5.
(21) San Cipriano. De la Unidad de la Iglesia (Migne PL. 4, col. 518-519).
(22) S. Cipriano. De la Unidad de la Iglesia (Migne PL:, 4, col. 519-B y 520-A).
(23) I Cor. XII, 12.
(24) Efes. IV, 15.
(25) Efes. V, 30; I, 22.
(26) Conc. Lateran. IV, c. 5 (Denz. Umb. 436).
(27) Lactancio Div. Inst. 4, 30 (Corp. Scr. E. Lat. Vol. 19, pág. 397, 11-12; Migne PL, 6. col. 542-B a 543-A).
(28) S. Cipriano, Carta 38 a Cornelio 3. (Entre las cartas de S. Cornelio Papa III; Migne PL 3, col. 733-B).
(29) I Tim. III, 15.
(30) I Tim. II, 4.
(31) Efes. IV, 3.
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23 noviembre 2009 1 23 /11 /noviembre /2009 20:03


Cristo fundó una sola Iglesia : la Iglesia católica :

Pruebas bíblicas e históricas

Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, dio su vida en la Cruz para salvar a los hombres del pecado y del poder del demonio que es enemigo mortal de la humanidad. Fundó su Iglesia para continuar su obra de salvación. Únicamente a esta Iglesia que Él mismo fundó, confió su misión, su Evangelio, su autoridad y sus poderes divinos para  santificar y salvar a los hombres y hablar en su nombre. Hoy Cristo sigue santificando y salvando a los hombres en la Iglesia que El mismo fundó.  Sin embargo, 16 siglos después de Cristo un pobre sacerdote católico excomulgado, Martin Lutero, inventó la teoría de la libre interpretación de la Biblia. Este libre examen produjo unos 30,000 grupos diferentes y opuestos que reclaman ser de Jesucristo. Hoy en día muchos fundan su "su iglesia" y "predican la Biblia" a su modo haciendo "discípulos" y calumniando en nombre de Cristo la única Iglesia que Cristo mismo fundó. ¿Es conforme a la voluntad de Cristo todo eso? ¿Reconoce Cristo a estas 30,000 "iglesias" como suyas? o ¿las rechaza puesto que El no las fundó y a nadie dio autoridad para fundarlas? Frente a la confusión provocada por los falsos profetas ¿cómo saber con certeza cuál es la Iglesia que Cristo fundó para no dejarse engañar y perderse eternamente? Este es un asunto de salvación o condenación eterna (Mateo. 7, 15-23).

Unos 30,000 grupos diferentes y opuestos reclaman ser de Jesucristo. ¿Es conforme a la voluntad de Cristo todo eso? ¿Reconoce Cristo a estas "iglesias" recién nacidas como suyas? o ¿las rechaza puesto que El no las fundó y a nadie dio autoridad para fundarlas? Frente a la confusión provocada por las sectas, para no dejarse engañar y perderse eternamente ¿cómo saber con certeza cuál es la Iglesia que Cristo fundó?

 

Cristo fundó la Iglesia Católica

Toda persona de buena voluntad que ama a su Salvador y quiere hacer la voluntad de Dios, debe tener estos principios claros en la mente:

1. La Iglesia que Cristo fundó debe necesariamente tener 21 siglos de existencia. Por la simple razón de que Cristo vivió hace unos 2000 años en esta tierra.

2. Únicamente la Iglesia que tiene 21 siglos viene directamente de Cristo mediante sus 12 Apóstoles, es decir, sus 12 enviados y sus legítimos sucesores.

3. Ahora bien la historia nos dice que la Iglesia católica, es decir, la Iglesia cristiana universal, es la única Iglesia que tiene 21 siglos; y que esta misma Iglesia viene de los Apóstoles mediante sus legítimos sucesores. Desde San Pedro, martirizado en el año 67 en Roma por el emperador  romano Nerón, hasta el Papa Benedicto XVI, esta Iglesia tiene un jefe, vicario de Cristo, y sucesor legítimo  de San Pedro, ahora llamado Papa.

4. A parte de la Iglesia Católica que tuvo 265 Papas ninguna otra iglesia puede darnos una lista de sus jefes desde San Pedro hasta hoy. Si no puede mostrarnos este documento, esto significa que fue fundada después; y si fue fundada después, no es una iglesia legítima, ni verdadera. Si no fue fundada por Cristo, no puede ser obra de Cristo; si no es obra de Cristo esta “iglesia” fundada por hombres, supuestos profetas autoproclamados, no puede ni santificar ni salvar aunque se reclame de Cristo (Mateo 7, 15-23). Es un instrumento de perdición puesto que Cristo afirma explícitamente que habrá supuestos “profetas que engañarán a muchos” (Mateo 24, 11).

5. A los que afirman a la ligera  que la iglesia se terminó en el siglo cuarto, contestamos: . Cristo, por ser Dios, es la Verdad misma, no puede equivocarse ni engañarnos; prometió a sus Apóstoles y a sus legítimos sucesores que El estaría con ellos y sus legítimos sucesores hasta el fin del mundo y que las puertas del mal no podrían prevalecer contra su Iglesia (San Mateo 28, 17-19). Por consecuencia, pretender que la Iglesia verdadera se acabó en el siglo 4º y que el emperador Constantino “fundó la Iglesia Católica”, es anti bíblico y anti histórico; es una afirmación gratuita, inventada por las sectas para justificar su ilegítima iglesia que no tiene 2000 años. Aceptar esta acusación y falsificación de la historia y de la Biblia, es indigno de un hombre sensato que afirma ser creyente en Cristo. Además los que inventan supuestas iglesias actúan en contra de la voluntad de Cristo manifestada en la Biblia, siendo desobedientes a los legítimos representantes de Cristo  a quien dijo :“Quien a vosotros escucha, a Mí me escucha y quien a vosotros rechaza me rechaza a Mí; ahora bien, quien me rechaza a Mí rechaza a Aquel que me envió” (Lucas 10, 16).

6. A los que rechazan a la Iglesia católica y se sirven de la Biblia que la Iglesia católica nos comunicó decimos: Cristo, por ser Dios que lo sabe todo, no podía dejar la Biblia como una manzana de discordia entre sus discípulos. Fundó una Iglesia, dejó un vicario, es decir, lugarteniente que es San Pedro y sus sucesores legítimos para predicar, interpretar y defender su Evangelio y doctrina contra los imprudentes que para su condenación manipulan la Biblia (II Pedro 1, 20; Gal,1, 8. II Cor 11, 13-14). La Biblia en la mano de los falsos profetas, fundadores de sectas no puede defenderse, no tiene boca para gritar ni manos para rechazar al injusto agresor que la falsifica y adultera. Cristo no escribió una Biblia sino fundó una Iglesia, formó a hombres y los mandó hablar en su nombre (II Timoteo 2, 2).

7. La Iglesia verdadera necesariamente es UNA, SANTA, CATOLICA Y APOSTOLICA y debe tener 2000 años; tener la misma fe; misma moral; misma autoridad y misma enseñanza desde Cristo hasta hoy.

 

La Biblia nos habla de Una Iglesia

En el Evangelio de San Mateo vemos que San Pedro después de haber declarado que Cristo es el Hijo de Dios vivo, recibe del propio Cristo esta respuesta: "Bienaventurado eres, Simón Bar Yoná, porque carne y sangre no te lo reveló, sino mi Padre Celestial. Yo te digo que tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré MI IGLESIA, y las puertas del abismo no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del reino de los cielos: todo lo que atares sobre la tierra, será atado en los cielos, lo que desatares sobre la tierra, será desatado en los cielos" (Mateo 16, 17-19).

Nuestro Señor habla de una sola Iglesia, dice Mi Iglesia, no dice mis iglesias. Aunque la Iglesia esté en el mundo entero, es una, como el cuerpo está compuesta de muchos miembros sin embargo es uno. Jamás de los jamases nuestro Señor habla de varias iglesias. Al contrario nos advierte de ser prudentes  y no dejarnos engañar por los falsos y supuestos profetas que sin ningún derecho fundan "sus iglesias" y engañan la gente con la Biblia robada a los católicos.

Los Apóstoles, es decir los enviados y depositarios de la autoridad de Cristo, antes de morir dejaron lugartenientes y sucesores legítimos. Desde el siglo 1º  hasta el 21°, siempre la Iglesia católica tuvo sacerdotes, obispos y papas. Como Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres (1Timoteo 2, 5), así la Iglesia Católica es la única Iglesia que conduce a Jesucristo puesto que ella sola fue fundada por El para continuar su obra. Cristo formó a los Apóstoles  los Apóstoles formaron otros hombres a quienes dieron poder y misión de predicar conforme a la fe que ellos recibieron, predicaron y transmitieron (II Timoteo 2, 2). San Pablo escribe a su discípulo, el obispo Tito: "Te he dejado en Creta [isla griega] para que arregles las cosas que faltan y para que constituya presbíteros en cada ciudad como yo te ordené" (Tito, 1, 5).

Los presbíteros son los sacerdotes y su jefe, su supervisor es el obispo. El mismo San Pablo dice a los fieles de la ciudad de Corinto que evangelizó: "Sed imitadores míos tal cual yo soy de Cristo" (1 Cor 11, 1). Ahora bien para ser imitador de San Pablo hace falta haberlo visto y escuchado. Del siglo 1 hasta el 21 hubo cristianos y presbíteros en Corinto o en Roma que vivieron conforme a lo que habían visto y escuchado; y nos comunicaron a nosotros los católicos lo que recibieron de los apóstoles. El mismo Apóstol dice: "Os alabo porque observáis las tradiciones conforme os las he transmitido" (I Cor 11, 1-2). Una secta que nació 2000 años después no ha visto nada, no recibió nada, no tiene ninguna tradición ni legitimidad.

Tradición viene del latín; significa transmisión, entrega. En la Iglesia católica, los fieles con sus presbíteros observaron lo que les fue comunicado, transmitido y ellos lo transmitieron a la generación siguiente; así fue desde el siglo I hasta hoy. La más antigua secta protestante fue fundada por un mal sacerdote católico alemán Martin Lutero 1521 años después de Cristo. Muchos otros sacerdotes corruptos y políticos interesados apoyaron a Lutero en su rebeldía, hicieron una sangrienta •revolución en toda Europa y después se dividieron en una infinitud de sectas que siguen confundiendo a la gente.

Ahora bien, los protestantes que nacieron 16 siglos después  de Cristo y de sus Apóstoles nunca recibieron una misión o autoridad de los Apóstoles, nunca los conocieron, nunca escucharon nada de lo que transmitieron. De ninguna manera pueden saber realmente el contenido de la Fe auténtica y la correcta interpretación de la Biblia que nació en la Iglesia Católica. Al contrario, todas las sectas fundadas después caen bajo la maldición de San Pablo que dice: "aun cuando nosotros mismos, aun cuando un ángel del cielo os anuncie un evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema. Lo dijimos ya, y ahora vuelvo a decirlo: Si alguno os predica un evangelio distinto del que recibisteis, sea anatema (maldito)" (Gálatas 1, 8-9).

Todas las sectas aunque se digan evangélicas anuncian un evangelio diferente del que anunciaron los Apóstoles y sus legítimos sucesores, usurpan el titulo de la Iglesia de Jesucristo para su perdición. El mismo san Pablo nos advierte: "Esos tales son seudoapóstoles (falsos apóstoles), obreros engañosos, que se transfiguran en apóstoles de Cristo, [se hacen pasar por... como un bandido se viste de policía por ejemplo]. No es maravilla, ya que el mismo Satanás  se transfigura en ángel de luz. No es mucho, pues, que también sus ministros se transfiguran cual ministros de justicia, cuyos remate será conforme a sus obras". (II Cor 11, 13-14). Es muy importante lo que nos dice San Pablo en este texto: como el demonio se hace pasar por ángel bueno así sus ministros se hacen pasar por ministros de Cristo para engañar a la gente la biblia en la mano y el nombre de Dios y de Cristo en la boca. Esto es algo tremendo, propio de los tiempos de los falsos profetas. Cristo dice: "Se levantarán muchos falsos profetas que engañarán a muchos" (San Mateo 24, 11). "Se levantarán falsos cristos y falsos profetas y obrarán grandes señales y prodigios para inducir a error, si posible fuera, aun a los mismos elegidos..."(San Mateo 24, 24)

 

La verdadera Iglesia  debe ser católica y apostólica

Cristo mandó a sus Apóstoles y sucesores anunciar su Evangelio a todos los pueblos y les prometió que estaría con ellos hasta el fin del mundo (San Mateo 28, 20). Los Apóstoles predicaron y dejaron lugartenientes.
Prisionero en Roma, San Pablo escribe a Timoteo a quien consagró obispo: "Lo que oíste de mí transmítelo a hombres fieles, los cuales serán aptos para enseñarlo a otros" (II Timoteo 2, 2; Filipenses 4, 9). En la Iglesia Católica, desde San Pablo los obispos transmitieron lo recibido.

Las palabras Iglesia y Católica vienen del griego, significan la asamblea general de todos los fieles cristianos que tienen como jefe a San Pedro y sus sucesores. "La Iglesia dijo San Agustín, es el pueblo cristiano esparcido por toda la redondez de la tierra." Esta es la definición de católica. La doctrina católica es apostólica, es decir, viene directamente de los Apóstoles. El Espíritu Santo gobierna a esta Iglesia mediante los ministros apostólicos, es decir, los sucesores legítimos de los Apóstoles que son el  Papa y los obispos. Los sacerdotes son los ayudantes de los obispos.

Muchos protestantes pretenden a la ligera tener el Espíritu Santo y en su nombre hacer lo que hacen. Esto es totalmente falso.  El Catecismo  Católico Romano del Concilio de Trento dice: "El Espíritu Santo fue dado primero a los Apóstoles; después por la gracia de Dios siempre quedó en esta Iglesia. Puesto que es la única que está dirigida y gobernada por el Espíritu Santo, ella es la única iglesia infalible en su enseñanza y moral. Al contrario todas las demás iglesias que usurpan el nombre de iglesias están bajo la conducta e influencia del demonio, y caen necesariamente en funestos errores en materia de fe y moral." (Capitulo X).

Desde el año 107, San Ignacio mártir, 2º  obispo de Antioquía de Siria después de San Pedro, utilizó la palabra católica para designar el conjunto de las iglesias locales fundadas por los Apóstoles y sus sucesores. Los rusos y griegos "ortodoxos" por ejemplo se han separado de la Iglesia Católica en el año 1054.       Los protestantes empezaron con el mal sacerdote católico Martín Lutero en 1517.

En 1521 el Papa tuvo que excomulgarlo por sus numerosas herejías, es decir, sus errores graves en materia de fe. Todas las demás sectas, independientemente del nombre que se dan, nacieron de la revolución protestante. Los Testigos de Jehová fueron fundados en 1871, los Mormones en 1834, los de la "Luz del mundo" en 1926. Ninguna tiene 21 siglos, ninguna tuvo contacto directo con los Apóstoles de Cristo. Ahora bien, si Cristo no las fundó ¿qué credibilidad y garantía de veracidad pueden tener? Absolutamente ninguna. Al contrario, la Biblia, la historia y el sentido común las condenan como usurpadoras de misión y función. El que se separa de la Iglesia Católica que Nuestro Señor Jesucristo fundó,  desobedece a Cristo (San Juan 17, 21); y separándose de Cristo, se deja engañar por los falsos profetas y apóstoles de la mentira mediante una Biblia robada y manipulada que no salva.           

Nuestro Señor Jesucristo nos advierte: "Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestiduras de ovejas; mas de dentro son los lobos feroces… No todo el que me  dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos; mas el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, éste entrará en el reino de los cielos. Muchos me dirán en aquel día (día del Juicio): Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu nombre, en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre obramos muchos prodigios?  Y entonces le declararé: nunca jamás os conocí; apartaos de mí los que obráis la iniquidad" (San Mateo 7, 15-23). Seguramente muchos de buena fe siguen a los falsos  profetas, sin embargo esto no cambia nada puesto que se separaron de la única Iglesia de Cristo para seguir gente que fundó falsas iglesias que no salvan. La solución es regresar a la Iglesia Católica que Cristo fundó.

Un sacerdote católico

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23 noviembre 2009 1 23 /11 /noviembre /2009 19:59


El hombre nace herido pero es curado por los sacramentos

            Después del pecado original cometido por Adán, los hombres quedaron separados de Dios perdiendo su gracia. Quedaron también heridos en su cuerpo y en su alma. El cuerpo humano está sometido a mil enfermedades y finalmente a la muerte. Las pasiones que son energías buenas pero ciegas no obedecen más a la voluntad. Nuestra inteligencia herida no ve fácilmente la verdad y cae en muchos errores. Nuestra voluntad está inclinada al mal y al egocentrismo, está debilitada delante de las dificultades y tentaciones y cede fácilmente. Muchas veces las pasiones nos gobiernan impulsándonos a cumplir todos sus caprichos sin tener en cuenta la ley de Dios ni la justicia para con el prójimo ni nuestro verdadero bien.

Nuestro Señor Jesucristo por su Pasión y Muerte nos mereció la gracia y nos la comunica mediante los sacramentos. Sin embargo, aunque el bautismo nos purifique del pecado original, no suprime las heridas heredadas de ese mismo pecado. Dios quiere que cooperemos con la ayuda que nos brinda poniendo a nuestra disposición unos antídotos espirituales que nos fortalecen curando nuestras heridas y dándonos fuerzas para hacer el bien y evitar el mal. Estos antídotos o medicinas divinas los conseguimos mediante los sacramentos. Por esa razón es necesario confesarse y comulgar regularmente para vencer las tentaciones y pecados y así tener la paz en su alma y familia.

El Sacramento que debemos recibir a menudo es la Santa Eucaristía mediante la Comunión. ¿Por qué? Porque “su eficacia santificadora es enorme, ya que no solamente confiere la gracia en cantidad muy superior a la de cualquier sacramento, sino que nos da y une íntimamente a la persona adorable de Cristo, manantial y fuente de la misma gracia” (1). He aquí algunos de los frutos de la santa Comunión sobre el alma y el cuerpo del que comulga sin estar en pecado mortal.

 

Frutos de la Comunión en el alma

Según el R. P. Antonio Royo Marín, los principales efectos que la Sagrada Comunión bien recibida son los siguientes (2):

1) La Eucaristía nos une íntimamente con Cristo y, en cierto sentido, nos transforma en Él. Es el primer efecto y más inmediato puesto que en el recibimos real y verdaderamente el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad del mismo Cristo. "Yo soy el pan de vida...Yo soy el pan que bajó del cielo...Si uno come de este pan vivirá para siempre y el pan que yo daré es la carne mía para la vida del mundo. En verdad, en verdad, os digo, si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis la sangre del mismo, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y Yo le resucitaré el último día. Porque la carne mía es verdaderamente comida y la sangre mía es verdaderamente bebida. El que  come mi carne y bebe mi sangre, en Mí permanece y Yo en él. El que come de este pan vivirá eternamente" (Juan, 6, 35-58).

Los alimentos corporales que comemos, los transformamos en carne propia; por el contrario, al comulgar es Cristo quien nos transforma en Él, haciéndonos cada vez más semejantes a Él. El que comulga bien, puede decir con San Pablo: “Cristo vive en mí" (Gálatas, 2, 20). Esto es una maravillosa realidad. Podemos poner un ejemplo, aunque muy imperfecto: al arrojar una esponja al agua, podemos decir que la esponja está en el agua y el agua está en la esponja.

La santa comunión nos une a Cristo de una manera muy estrecha e íntima por medio de una gran caridad y vehemente amor. Después de ser recibido por nosotros, “Jesucristo nos mira como cosa suya propia y nos cuida con especialísimo amor, como cosa a él perteneciente y nos rodea de singular providencia para que seamos y permanezcamos dignos de Él. No sólo tiene cuidado de nuestra alma, sino aún de nuestro propio cuerpo y de toda nuestra persona en orden a nuestra santificación y perfección” (4).

2) La Eucaristía nos une con la Santísima Trinidad. Es una consecuencia necesaria del hecho de que en la Eucaristía esté real y verdaderamente Cristo entero, con su cuerpo, alma y divinidad. Porque las tres personas divinas -El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo- son absolutamente inseparables. Donde está una de ellas, tienen que estar forzosamente las otras dos. Y aunque es verdad que el alma en gracia es siempre templo vivo de la Trinidad, la sagrada comunión perfecciona ese misterio de la inhabitación trinitaria (Juan 14, 23; 2 Cor. 6, 16). “Así como el Padre, que me ha enviado, vive, y yo vivo por el Padre; así quien me come vivirá por Mí”, dice Nuestro Señor (Juan 6, 58).

3) La Eucaristía aumenta la gracia santificante al darnos la gracia sacramental que alimenta, conforta y vigoriza nuestra vida sobrenatural.

4) La Eucaristía aumenta la fe, la esperanza y, sobre todo, la caridad. Aumenta la Fe por el acto de fe que hacemos al recibir a Cristo en el sacramento. Aumenta la Esperanza porque la Eucaristía es prenda y garantía de la gloria y de la vida eterna. Aumenta, sobre todo, la Caridad según aquello de San Pablo: "La caridad de Cristo nos apremia" (2 Cor, 5, 14) ya que la comunión nos une a Cristo. “Es la caridad para con Dios y con el prójimo, una caridad no sólo afectiva sino efectiva (nos hace amar a Dios y al prójimo realmente). De este modo la Eucaristía es vínculo de caridad que une los diversos miembros de toda la familia cristiana: a los pobres y a los ricos, a los sabios y a los ignorantes en la misma santa Mesa; une a todos los pueblos de la cristiandad” (5).

Aumenta, finalmente, todas las demás virtudes infusas (que son la prudencia, la justicia, la fortaleza, y la templanza) y los dones del Espíritu Santo, (que son la sabiduría, el entendimiento, la ciencia, el consejo, la fortaleza, la piedad y el santo temor de Dios). Desde luego la Sagrada Comunión tiene una eficacia santificadora incomparable, ya que la santidad consiste propiamente en el desarrollo y crecimiento perfecto de la gracia y de las virtudes infusas en nuestra alma.

5) La Eucaristía borra los pecados veniales. La comunión siendo un alimento divino repara las fuerzas del alma perdidas por los pecados veniales. La comunión excita el acto de caridad y la caridad actual destruye los pecados veniales que son un enfriamiento de la caridad, como el calor destruye al frío. Como el alimento es necesario para restaurar las fuerzas del cuerpo cada día, así la Comunión es necesaria para restaurar las fuerzas del alma perdidas por la concupiscencia mediante los pecados veniales que disminuyen el fervor de la caridad (Suma Teológica III, 79, 4 ).

6) La Eucaristía perdona indirectamente la pena temporal debida por los pecados. Es decir mientras más somos fervorosos, más recibimos perdón de nuestro purgatorio. La cantidad de la pena remitida estará en proporción con el grado de fervor y devoción al recibir la Eucaristía.

7) La Eucaristía preserva de los pecados futuros, sobre todo, de los pecados de deshonestidad, por la pureza y castidad de la Carne y Sangre de Cristo que comunica su virtud, su fuerza al que las recibe. La comunión robustece las fuerzas del alma contra las malas inclinaciones de la naturaleza y nos preserva de los asaltos del demonio al aplicarnos los efectos de la pasión de Cristo, por la que fue él vencido, dice santo Tomás de Aquino (III, 79,6 y 79,6 ad 1). A un muchacho que había contraído el vicio de pecar, San Felipe Neri le aconsejó la comunión diaria. Él procuraba estar dispuesto para confesarle cuando quisiese y con la comunión diaria quitó al pobre joven su mal hábito deshonesto.

8) La Eucaristía es prenda de la gloria futura. El mismo Cristo dijo: "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene la vida eterna, y yo lo resucitaré el último día" (Juan, 6, 54). El Magisterio de la Iglesia lo afirmó en el Concilio de Trento: “Quiso Cristo que la Eucaristía fuera prenda de nuestra futura gloria y perpetua felicidad" (Dz. 875).

 

Efectos de la Eucaristía en el cuerpo

1) La Eucaristía, dignamente recibida, santifica en cierto modo el cuerpo mismo del que comulga. El catecismo romano del Concilio de Trento (2ª parte n° 53) dice: “La Eucaristía refrena también y reprime la misma concupiscencia de la carne, porque, al encender en el alma el fuego de la caridad, mitiga los ardores sensuales de nuestro cuerpo”.

2) La Eucaristía confiere el derecho a la resurrección gloriosa de su cuerpo. “El que come mi Cuerpo y bebe mi Sangre, tiene la vida eterna, y Yo le resucitaré el último día” (Juan 6, 54). Se trata de la resurrección gloriosa para la felicidad eterna.

Comulgar es recibir a Dios. Es recibir santificación y fuerza, paz y consuelo, fe, esperanza y caridad. Comulgar es hacerse cada vez más semejante a Cristo, imitando sus virtudes y reproduciendo en sí mismo la vida y comportamiento de Cristo. Comulgar es armarse de la fuerza de Dios contra los vicios y los demonios; comulgar es ir sometiendo poco a poco el cuerpo al alma y ser libre de las esclavitudes de los vicios; comulgar es tener paz en el alma y a su alrededor.

Todos los santos han deseado recibir a menudo la divina Eucaristía; de ella han sacado su santidad y perfección. ¡Dichosos los que comulgan cada día o al menos cada domingo con buena preparación y acción de gracias!

Padre Servus Christi

 

Bibliografía y notas

(1) Antonio Royo Marín, O. P. Jesucristo y la vida cristiana,  Madrid, 1961, BAC, pág. 501, no 481.
 (2) Antonio Royo Marín, O. P. Teología moral para seglares, Tomo II, Los Sacramentos, Madrid, BAC,1958, pág. 205-213 n°137.
(3) Enrique Denzinger, El Magisterio de la Iglesia, Barcelona, Herder, 1963, pág.. 249, n° 883; y DzS n° 1651.
(4) Remigio Vilariño Ugarte, S. J. Puntos de catecismo, Bilbao, 1957, pág. 1158-1159, no 2837
(5) R. Garrigou-Lagrange, O.P., La unión del sacerdote con Cristo, sacerdote y víctima, Madrid, Rialp, 1955, pág. 132.
          

Reflexiones acerca de la Sagrada Eucaristía

Pero no solo es necesario que te prepares muy bien para comulgar devotamente, sino que es necesario conservar cuidadosamente la devoción después de haber comulgado. Pues no es menor la devoción que se necesita para después de comulgar, que la que exige antes de pasar a recibir al Señor.

La fervorosa acción de gracias después de comulgar es una gran garantía y muy buena disposición para recibir luego más favores y gracias del cielo. Y al contrario, es una verdadera falta de buena disposición y de fervor, el dedicarse enseguida inmediatamente después de comulgar, a darles satisfacciones a los sentidos.

Después de comulgar no te dediques a charlas. Quédate unos minutos en comunicación con tu Dios. No se te olvide que en esos momentos tienes en tu corazón “al que el cielo y la tierra no logran abarcar” (2 Corintios 2,6) y al que nadie podrá quitar si tú no quieres que se aleje; es tu Dios, a quien debes consagrarte sin guardarte nada para tí, para que logres vivir ya no para tí, sino para tu Creador, y quedarte así libre de todo cuidado y preo-cupación, porque todo lo has colocado en sus manos. Que puedas decir con el Apóstol: “Vivo, pero ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en Mí” (Gálatas 6,20) (Imitación de Cristo 4,12).

Si este Santísimo Sacramento se cele-brará solamente en un sitio del mundo y por un solo sacerdote, cómo serían de grandes los deseos de la gente de ir hasta aquel sitio y a este privilegiado sacerdote, para ver celebrar tan sublime misterio?

Pero en la Eucaristía se ofrece Cristo en tantos sitios distintos y por medio de tantos sacerdotes, para que se manifieste más y más el amor que Dios tiene a los seres humanos, y para que cuanto más difundida sea la Eucaristía, más gracias y favores recibamos. (Imitación de Cristo 4,1).

Cada vez que participamos en este Sacramento de la Eucaristía, y cada vez que recibimos el Cuerpo de Cristo, participamos del Misterio de su Redención y de todos los méritos que Cristo ganó para nosotros.

Por eso debes siempre disponerte a comulgar purificando más y más tu espíritu, y meditando con profunda atención todo lo que significa este sublime misterio de nuestra salvación. (Imitación de Cristo 4,2).     

 
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23 noviembre 2009 1 23 /11 /noviembre /2009 19:54


          
I- Los negadores del Infierno

No existe el Infierno, dicen: Los librepensadores: ¡Usted injuria la razón humana!...¡En nuestro siglo creer en el infierno!

Los escépticos: ¡Invenciones! ¡Historias de terror !

Los modernistas y liberales: ¡No hablamos de eso!...¡Se van a vaciar nuestras iglesias!...¡Atacan al espíritu moderno!

Los optimistas y sentimentales: ¡Dios es demasiado bueno!...¿Por un pecado de un momento?...

No se trata de saber si creen o no, de si les gusta o no, de si les acomoda o no a los intelectuales modernos. Se trata de saber si el infierno existe... Pues bien... ¡Existe el infierno! “De Dios nadie se burla” nos repite con frecuencia la Sagrada Escritura.

¿Cómo estar seguros de que el infierno existe?

Por Nuestro Señor Jesucristo... Quien no puede equivocarse ni engañarnos...porque El es Dios y ha manifestado su divinidad por sus milagros porque Dios nos ha revelado que existe verdaderamente un Infierno.

 

II- Lo que dice la Biblia

a) En el Antiguo Testamento: Recorred los Salmos, los Profetas, etc. Frecuentemente refiriéndose a los impíos, hablan de “gusano que roe y no muere, fuego que no se apaga, fuego que los devorará”, “¿quién de vosotros podrá soportar este fuego que devora?”, “¿quién de vosotros podrá vivir en medio de los fuegos eternos”, etc.

b)  En el Nuevo Testamento: ¡Cuántas veces el Evangelio nos recuerda esta verdad! He aquí el resumen de la predicación  de San Juan Bautista: “Haced penitencia, porque ya el hacha está puesta a la raíz del árbol”. “Todo árbol que no da buen fruto será cortado y arrojado al fuego” (San Lucas 3, 9). “El alma cenará su trigo en su granero, mientras que la paja la quemará con fuego inextinguible” (San Mateo 3, 10-12).

Cristo habla del Infierno

Aún si no hubiera hablado más que una sola vez, sería suficiente. Bajo pena de renunciar a ser sus discípulos y bajo pena de ser rechazado por El, deberíamos creer en su divina palabra que no puede engañar.

Pero ¿Nuestro Señor Jesucristo habló del Infierno una sola vez? ¿Nos puso en guardia Nuestro Señor “que venía a salvar lo que estaba perdido”? Cuántas veces habla de las “tinieblas exteriores”, del lugar donde habrá “lágrimas y rechinar de dientes”, de la “Gehenna”.

“Nada temáis a los que pueden matar el cuerpo y no pueden matar el alma: temed más bien al que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehenna” (San Mateo 10, 28).

¿Se dice que pensar en el Infierno es inútil? Lean las actas de los mártires: ¿no es cierto que con esta última frase respondían a sus jueces en medio de sus torturas?

¿Nuestro Señor Jesucristo no tuvo miedo de insistir? Escuchen lo que nos dice para no titubear ante ningún sacrificio: “Si tu mano te escandaliza, córtatela: mejor te será entrar manco en la vida que con ambas manos ir a la Gehenna, al fuego inextinguible, donde ni el gusano muere ni el fuego se apaga”.

Y el buen Maestro insiste: “Si tu pie te escandaliza córtatelo: mejor te es entrar en la vida cojo que con ambos pies ser arrojado a la Gehenna, donde ni el gusano muere ni el fuego se apaga”.

Pero no se insistirá jamás demasiado para salvar a estos pobres locos que se dejan seducir por la vanidad del mundo que nos deslumbra tanto. Y continúa:“Si tu ojo te escandaliza, sácatelo: mejor te es entrar tuerto en el reino de los cielos que con ambos ojos ser arrojado a la Gehenna, donde ni el gusano muere ni el fuego se apaga”.

Y este discurso en donde el Hijo de Dios insiste tanto lo repitió frecuentemente, porque nos lo reporta San Marcos (9, 43-48). Los Evangelios son sólo un resumen de su vida, está claro que el mismo Señor recordó frecuentemente esta misma verdad.

El discurso sobre el juicio final

“Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, preparado para el Diablo y sus ángeles”  (San Mateo 25).

Los que temen saber si hay fuego en el Infierno, lean estas palabras y las del final del mismo discurso “Y estos irán al suplicio eterno”.

Los sentimentales que se imaginan que se pueden burlar impunemente de Dios, mediten esta advertencia de la Verdad Eterna, así como éstas expresiones de la historia del Rico Epulón. Es Jesús mismo quien las ha escogido para hacernos comprender: “Este lugar de tormentos”. “Estoy atormentado en las llamas”. “Hijo, acuérdate de que ya recibiste tus bienes en vida, y Lázaro recibió males, y ahora él es consolado y tú eres atormentado”. “Entre nosotros hay un gran abismo, de manera que los que quieran pasar de aquí a vosotros no pueden, ni tampoco pasar de ahí a nosotros”...“Padre, te lo ruego, envía a Lázaro a casa de mi Padre, por que tengo cinco hermanos, para que les advierta, a fin de que no vengan también ellos a este lugar de tormentos”. Y dijo Abrahám: -Tienen a Moisés y a los Profetas: que los escuchen. -No, Padre Abrahám, dijo él (el rico malo), pero si alguno de los muertos fuese a ellos, harían penitencia. Y le dijo: Si no oyen a Moisés y a los Profetas, tampoco creerán si un muerto resucita”.

¿Y los Apóstoles?

San Pedro: “Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que, los precipitó en el abismo de las tinieblas al fondo del Tártaro para ser allí atormentados”. (II Pedro 2, 4)

San Pablo: “El Señor castigará con las llamas de fuego a los que desconocen a Dios y no obedecen al Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo”. “Sufrirán penas eternas en la muerte, lejos de la faz del Señor” (II Tesalonicenses 1, 8 Gálatas 5 y Efesios 5, 5). Y este grito de pavor: “Es terrible caer en las manos de Dios vivo”. Además, a pesar de sus milagros y de las conversaciones que Dios le había concedido hacer, San Pablo dice:“castigo mi cuerpo y lo esclavizo” “no sea que, habiendo predicado a otros, resulte yo mismo reprobado”.

Y el dulce San Juan: “Si alguno adora a la bestia... será atormentado con el fuego y el azufre delante de los santos ángeles y delante del Cordero. Y el humo de sus tormentos subirá por los siglos de los siglos y no tendrá reposo ni de día ni de noche” (Apocalipsis 14, 10). “Y todo el que no fue hallado en el libro de la vida fue arrojado al estanque de fuego” (Apocalipsis 20, 15). “Los cobardes, los infieles, los abominables, los homicidas, los fornicarios, los hechiceros, los idólatras y todos los embusteros, tendrán su parte en el estanque que arde con fuego y con azufre, que es la segunda muerte” (Apocalipsis 21, 8 y 13,18).

 

III- La Iglesia católica y el Infierno

¡Sí! Existe un infierno...y un infierno eterno. Es de fe. Lo sabemos con certeza por que Dios mismo nos lo ha advertido. El nos ha dicho: “Yo soy el Señor y no cambio” (Malaquías 3, 6).

La Iglesia nos lo advierte por el Símbolo de San Atanasio y el IV Concilio de Letrán y por su enseñanza continua. El que no lo quisiera creer, quedará fuera del Arca de Salvación.

 

Conclusión

¿IRA USTED AL INFIERNO?

Sí,...si usted no cree. “El que no crea será condenado” (San Marcos 16, 16).

Sí,...si desprecia a Dios y a sus mandamientos. No piense poder actuar impunemente: “De Dios nadie se burla”. Es El quien tiene la última palabra...piénselo.

Sí,...si no teme a Dios, usted que se resiste a creer en su palabra a pesar de las pruebas  que El le ha dado, usted que acepta las malas doctrinas, usted que se esfuerza en ganar un poco de dinero o prolongar su salud y no hace nada por su salvación eterna, usted que se deja arrastrar por el respeto humano, usted que hace confesiones y comuniones sacrílegas, usted que no santifica el día del Señor, que no quiere perdonar o restituir el mal adquirido o romper con esta compañía peligrosa, o que no quiere aceptar el deber de tener hijos en el matrimonio, o que no quiere huir de la impureza, etc.

Sí,...muy probablemente...si deja para mañana su conversión. “Aquel que ha prometido el perdón al pecador arrepentido, no le ha prometido el día siguiente” dice San Gregorio. La regla general es ésta: “Se muere como se vive”. Entonces ¿dónde se irá usted? ¿a dónde hubiese ido si hubiese muerto tal día? ¿Y esta mañana? ¿No son preguntas que todo hombre de juicio y razón debe hacerse?

Pero, ¿y la bondad de Dios? ¿No la ve usted? Mire el crucifijo “Dios amó tanto a los hombres que les dio a su Hijo Unigénito, para que el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna” (San Juan 3, 16). “El se anonadó por nosotros”, “me ha amado, se ha entregado a Si mismo por mí” (Filipenses 2, 16).

¡Cuántas veces Él vino a llamar a la puerta de su corazón! Y el tiempo tan precioso que le dio, ¡no es acaso fruto de su Misericordia para que lo emplee en su salvación? ¿Qué espera? Arrójese a sus pies. Pídale perdón. Póngase resueltamente a practicar sus mandamientos. ¡Con su ayuda es fácil y dulce!

¿Quiere usted asegurar su salvación? Tome el mejor medio. Venga a hacer los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. Quien quiere el fin pone los medios.
¡No hay nada mejor que la salvación!

Pero si usted continúa haciendo poco caso de los deberes para con Dios y pecando en su presencia, sépalo, no lo olvide jamás: ¡DE DIOS NADIE SE BURLA! (San Pablo a los Gálatas 6.7).

Un sacerdote católico
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23 noviembre 2009 1 23 /11 /noviembre /2009 19:38
        

He aquí un texto resumido del teólogo romano R. Garrigou-Lagrange O.P. que en su obra  El Salvador y su amor por nosotros, nos habla de la excelencia y eficacia de la santa Misa (Colección Patmos, ed. Rialp, Cap. XIV).

“Jesucristo, Salvador nuestro, es el Sacerdote principal del sacrificio de la Misa. La oblación interior, que fue el alma del sacrificio de la Cruz, per-dura siempre en el Corazón de Cristo que quiere nuestra salvación. Él mismo ofrece todas las Misas que se celebran cada día. ¿Cuál es el valor de cada una de esas Misas? Es importante tener una idea justa, para unirse cada día al santo Sacrificio y recibir más abundantes frutos.

En la Iglesia se enseña comúnmente que el sacrificio de la Misa considerado en sí mismo tiene un valor infinito, pero que el efecto que produce en nosotros es siempre finito, por elevado que sea, y proporcional a nuestras disposiciones interiores. Estos son los dos puntos de doctrina que conviene explicar.

 

El sacrificio de la Misa considerado en sí mismo tiene un valor infinito

La razón estriba en que, en sustancia, el sacrificio de la Misa es el mismo que el de la Cruz, el cual tiene un valor infinito a causa de la dignidad de la Víctima ofrecida y del Sacerdote que la ha ofrecido, pues es el Verbo hecho hombre quien, en la Cruz, era al mismo tiempo Sacerdote y Víctima. Es Él quien permanece en la Misa como Sacerdote principal y Víctima realmente presente, realmente ofrecida sacramentalmente inmolada. Mientras que los efectos de la Misa inmediatamente relativos a Dios, como la adoración reparadora y la acción de gracias, se producen siempre infaliblemente en su plenitud infinita, incluso sin nuestro concurso, sus efectos relativos a nosotros sólo se extienden en la medida de nuestras disposiciones interiores.

En cada Misa se ofrecen infaliblemente a Dios una adoración, una reparación y una acción de gracias de valor sin límites, y ello en razón de la Víctima ofrecida y del Sacerdote principal, independientemente de las oraciones de la Iglesia universal y del fervor del celebrante.

Es imposible adorar a Dios, reconocer mejor su soberano dominio sobre todas las cosas, sobre todas las almas, que por la inmolación sacramental del Salvador muerto por nosotros en la Cruz. Tal adoración la expresa el Gloria: Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Te alabamos, Te bendecimos, Te adoramos, Te glorificamos. Esta adoración la expresa de nuevo el Sanctus y aún más la doble Consagración. Es la más perfecta realización del precepto: Adorarás al Señor tu Dios y al Él sólo servirás. Sólo la infinita grandeza de Dios merece el culto de latría. En la Misa se le ofrece una adoración en espíritu y en verdad de valor sin medida.

En el momento de la Consagración, en la paz del santuario, hay como un gran impulso de adoración que sube hacia Dios. Su preludio es el Gloria y el Sanctus, cuya belleza queda subrayada algunos días por el canto gregoriano, el más excelso, el más simple y el más puro de todos los cantos religiosos; pero cuando llega el momento de la doble Consa-gración, todos se callan: el silencio expresa a su manera lo que el canto ya no puede decir. Que el silencio de la Consa-gración sea nuestro reposo y nuestra fortaleza.

Esa adoración, que sube hacia Dios en todas las Misas cotidianas, recae, de alguna manera, como fecundo rocío, sobre nuestra pobre tierra para fertilizarla espiritualmente.

Igualmente, es imposible ofrecer a Dios una reparación más perfecta por las faltas que se cometen diariamente, como dice el Concilio de Trento. No se trata de una nueva reparación, distinta de la de la Cruz: Cristo no muere ni sufre más, pero, según el mismo Concilio, el Sacrificio del altar, siendo substancialmente el mismo que el del Calvario, agrada a Dios más que lo que le desagradan todos los pecados juntos. El imprescriptible derecho de Dios, So-berano Bien, a ser amado por encima  de todo no se podría reconocer mejor por la oblación [ofrecimiento] del Cordero [Jesucristo] que quita los pecados del mundo.(Dz 940 y 950, S. Tomás, de Aquino, Suma Teológica III, 48 2).

A menudo nos olvidamos de agradecer a  Dios sus gracias, como los leprosos curados por Jesús; de diez, sólo uno se lo agradeció. Conviene ofrecer con frecuencia Misas de acción de gracias. Por cada Misa celebrada, por la oblación y la inmolación sacramental del Salvador en el altar, Dios obtiene infaliblemente una adoración infinita, una reparación y una acción de gracias sin límite.

No olvidemos que el más alto fin del Santo Sacrificio es la Gloria de Dios. Sin embargo hay otros efectos que son relativos a nosotros. La Misa puede obtenernos todas las gracias necesarias para la salvación. Cristo, que siempre está vivo, no deja de interceder por nosotros, (Hebreos 7,25).

 

¿Cuáles son los efectos que la Misa puede producir en nosotros?

Aunque el sacrificio de la Misa tenga en sí un valor infinito, en razón de la dignidad de la Víctima ofrecida y del Sacerdote principal, los efectos que produce en nosotros son siempre finitos a causa de los límites mismos de la criatura y de los límites mismos de nuestra disposición interior.

Gran número de  teólogos, inspirándose en los textos de Santo Tomás, dicen: El efecto de cada Misa no está limitado por la voluntad de Cristo, sino tan sólo por la devoción de aquellos por los que se ofrece. Una sola Misa ofrecida por cien personas, puede  serle provechosa a cada una, del mismo modo que si hubiese sido dicha sólo por una.

La razón estriba en que la influencia de una causa universal sólo está limitada por la capacidad de los sujetos que la reciben. Así, el sol ilumina y calienta en un solo lugar tanto a mil personas como a una sola. La influencia de la Santa Misa en nosotros no está pues, limitada más que por la disposición y el fervor de quienes las reciben.

El sacrificio de la Misa, que perpetúa en sustancia el de la Cruz, es de un valor infinito para aplicarnos los méritos y las satisfacciones de la Pasión del Salvador.

Es esto lo que explica la práctica de la Iglesia, que ofrece Misas por la salvación del mundo entero, por todos los fieles vivos y difuntos, por el Soberano Pontífice, los jefes de Estado, los obispos, sin limitar sus intenciones. Actuando así, la Iglesia no piensa en modo alguno que la Misa sea menos provechosa para aquél por quien se aplica especialmente.

En la Misa Cristo sigue ofreciéndose por acto teándrico [acto divino-humano], de valor infinito para aplicarnos los frutos de su Pasión. El límite no proviene de Él, sino sólo de nosotros, de nuestras disposiciones y de nuestro fervor. Como dice Santo Tomás de Aquino, igual que uno recibe más el calor de un hogar si se aproxima a él, así nosotros nos beneficiamos tanto más de los frutos de una Misa a la que asistimos con más espíritu de fe, de confianza en Dios, de amor y de piedad.

 

La Misa facilita nuestra conversión

En tanto que nos obtiene la gracia del arrepentimiento, nos facilita el perdón de los pecados; no se dicen en vano estas palabras antes de la Comunión: Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros. ¡Cuántos pecadores, asistiendo a Misa, han encontrado allí la gracia del arrepentimiento y la inspiración de hacer una buena confesión de toda su vida!

Por razón de que la Misa facilita el arrepentimiento, se sigue que puede ser ofrecida por pecadores incluso endurecidos e impenitentes a los que no se podría dar la Comunión. El santo Sacrificio puede obtenerles suficientes gracias de luz y de conversión. Incluso puede ser ofrecido, como el de la Cruz, por todos los hombres vivos, incluso por los infieles, los cismáticos, los herejes, siempre y cuando no se ofrezca por ellos como si fuesen miembros de la Iglesia. Con esta idea, el Padre Charles de Foucauld, eremita del Sahara [África], celebraba a menudo la Misa por los musulmanes a fin de preparar sus almas para recibir más tarde la predicación del Evangelio

 

La  Misa neutraliza al demonio

El espíritu del mal nada teme tanto como una Misa, sobre todo cuando es celebrada con gran fervor y cuando muchos se unen a ella con espíritu de fe. Cuando el enemigo del bien choca con un obstáculo insuperable, es que en una iglesia, un sacerdote consciente de su propia debilidad y de su pobreza, ha ofrecido la omnipotente Hostia y la Sangre redentora. Hay que recordar el caso de santos que, asistiendo a Misa, en el momento de la elevación del cáliz, han visto desbordarse la preciosa Sangre y deslizarse por los brazos del sacerdote, y los ángeles venir a recogerla en copas de oro para llevarla a aquellos que tienen mayor necesidad de participar en el misterio de la Redención.

 

La Misa disminuye nuestro purgatorio

El sacrificio de la Misa no sólo perdona nuestros pecados, sino la pena debida a nuestros pecados perdonados, ya se trate de vivos o muertos por quienes se ofrece el sacrificio. Este efecto es infalible; sin embargo, la pena no siempre es perdonada en su totalidad, sino según la disposición de la Providencia y el grado de nuestro fervor. Así se verifican las palabras: Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, danos la paz.

De aquí no se sigue que los difuntos que han dejado mucho dinero para que se digan numerosas Misas por su intención, sean librados más rápidamente del purgatorio que los pobres que no han podido dejar nada o casi nada; pues esos pobres, teniendo quizá menos deudas con la Justicia divina, puede ser que hayan sido mejores cristianos y participen más del fruto de las Misas dichas por todos los difuntos y del fruto general de cada Misa.

Finalmente, el sacrificio de la Misa nos obtiene los bienes espirituales y temporales necesarios o útiles para nuestra salvación.  Así, conviene, como lo recomendó el Papa Benedicto XV, celebrar Misas para obtener la gracia de una buena muerte, que es la gracia de las gracias, de la que depende nuestra salvación eterna.

Conviene que al asistir a Misa, nos unamos, con gran espíritu de fe, de confianza y de amor, al acto interior de oblación que perdura siempre en el Corazón de Cristo. Mientras más nos unamos así a Nuestro Señor en el momento de la Consagración, la esencia del sacrificio de la Misa, mejor será nuestra Comunión, que es una perfecta participación en ese sacrificio.

Ofrezcamos igualmente las contrariedades cotidianas; será la mejor manera de llevar nuestra cruz, tal como el Señor lo ha pedido. ¡Quiera Dios que tengamos el pensamiento y la fortaleza de renovar esta oblación en el momento de nuestra muerte, de unirnos entonces, por medio de un gran amor, a las Misas que se celebrarán, al sacrificio de Cristo perpetuado en el altar! ¡Podríamos hacer así, del sacrificio de nuestra vida, una oblación de adoración reparadora, de súplica y de acción de gracias, que sea verdaderamente el preludio de la vida eterna!

Los fieles que poco a poco, dejan de asistir a Misa pierden progresivamente el sentido cristiano, el sentido de las cosas superiores y de la eternidad. Hay que encomendar las parroquias y las comunidades donde no se celebra Misa sino de tarde en tarde a aquellos santos del cielo que recibieron el carácter sacerdotal, en particular al alma del Santo Cura de Ars, para que desde arriba, vele sobre los rebaños sin pastor, para que interceda y obtenga a los agonizantes que no son asistidos la gracia de la buena muerte. Hay que pensar en ello a menudo al asistir al santo Sacrificio, y puesto que cada Misa tiene un valor infinito, hay que pedir que ésa a la que asistimos resplandezca allí donde ya no se celebra, donde poco a poco se pierde la costumbre de asistir a ella. Pidamos a Nuestro Señor que haga germinar vocaciones sacerdotales en esos medios; pidámosle sacerdotes, santos sacerdotes, cada día más conscientes de la grandeza del sacerdocio de Cristo, para que sean sus celosos ministros que solo vivan para la salvación de las almas. En los periodos turbulentos la Providencia envía innumerables santos; por eso es necesario pedir al Señor que envíe al mundo santos que tengan la fe y la confianza de los Apóstoles.”

Claro todo lo que se dice en estos textos trata de Misa tradicional.
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23 noviembre 2009 1 23 /11 /noviembre /2009 19:31


Los Santos son los verdaderos discípulos de Nuestro Señor Jesucristo. La vida de los Santos es el Evangelio puesto en práctica y por esto son los modelos que tenemos que conocer e imitar para salvarnos. Sin embargo, los que hoy llamamos santos eran hombres como nosotros, que tenían problemas y dificultades en sus familias, con sus hijos y sus vecinos. También ellos tenían tentaciones, pecados e incluso algunos de ellos fueron grandes pecadores como San Agustín.

¿Cómo de pecadores alcanzaron la santidad? ¿Cómo vencieron la ira, la pereza, la envidia, los malos deseos y todas las tentaciones? En una palabra, ya fueran jóvenes o viejos, religiosos o seglares, padres o madres de familia, muchachos o muchachas, ¿qué medios emplearon para protegerse del mal, fortalecerse, santificarse, progresar, vencer y triunfar? Al leer su vida sabremos estas cosas. Mejor aún, la lectura de su vida, junto con la lectura del Catecismo y del Santo Evangelio nos fortalecerá, iluminará, instruirá y nos ayudará a ser verdaderos católicos, con la paz en el alma y la sonrisa en el rostro, a pesar de las dificultades de la vida.

 

Leer en familia

Los católicos de los siglos pasados, que conocían el valor y la importancia de estas buenas lecturas, hacían a veces sacrificios enormes para poder adquirir la vida de los mártires y de los santos; y constituían así un patrimonio intelectual católico para sus hijos. Pues no hay que olvidarlo nunca, los santos son los héroes y campeones del cristianismo; los mejores hijos de la Iglesia y los vencedores del mundo, de la carne y del demonio. A ellos es a quienes tenemos que conocer, imitar y seguir, y no a los protagonistas corruptos de la televisión y del cine.

Las familias católicas se reunían , después de la cena, rezaban juntos y leían cada día algunas páginas de las vidas de los santos, del Catecismo o del Evangelio. Esta lectura cotidiana alimentaba las inteligencias, fortificaba la voluntad; inflamaba su celo; los ponía en guardia contra las trampas y mentiras del demonio y de sus secuaces; unía a los miembros de la misma familia; formaba jóvenes virtuosos, obedientes, fuertes contra el mal y orgullosos de ser católicos, hijos de Dios y herederos del cielo, a tal punto que decían “antes morir que pecar” (S. Domingo Savio).
Frutos de la buena lectura

Esta lectura ha hecho Santos y familias felices. ¡Dichosos los padres que les dan a sus hijos la costumbre de leer la vida de los campeones de la Fe: tendrán hijos o nietos santos! Así, Santa Teresa de Jesús, cuando era niña, al leer la vida de los Santos con su hermano, se entusiasmó por la felicidad del cielo y finalmente llegó a él gloriosamente (1). ¡Dichosos los padres que defienden a sus hijos y nietos cerrando la puerta de su casa a los malvados, corruptos y corruptores de la caja de todos los vicios, impura y mentirosa! ¡Dichosos los padres que eligen buenos compañeros y modelos para sus hijos, pues los niños tienden a imitar todo!

«Dime con quién andas y te diré quién eres». Si les dan a leer a sus hijos la vida de los Santos, se sentirán movidos por estos héroes y, consciente o inconscientemente, tratarán de imitar sus virtudes de fortaleza, trabajo, obediencia y respeto de sí y de los demás. Muchos pecadores se convirtieron y se hicieron a su vez Santos al querer imitar los buenos ejemplos de los santos cuya vida leían; y otros hombres están, por desgracia, en el infierno por haber leído o visto cosas malas.

Algunos conocemos el caso del soldado español Ignacio de Loyola. Herido, clavado en su lecho de sufrimiento, Ignacio leyó la vida de Nuestro Señor Jesucristo y de los Santos. Esta lectura repetida lo convirtió, le hizo descubrir la verdadera sabiduría e hizo de él mediante los Ejercicios Espirituales y la Compañía de Jesús, el mayor defensor de la Fe católica frente a la herejía protestante naciente.

 

La lectura es una escuela de santificación

¿Quieren ustedes vencer el pecado, saber santificar el sufrimiento, vivir cristianamente, salvar su alma, ser católicos militantes que ayudan a sus hermanos a vencer y a salvarse? Lean y hagan que otros lean la vida de los Santos y de los Mártires. Lean la Imitación de Cristo de Tomás de Kempis, la Introducción a la Vida Devota de San Francisco de Sales, la Vida de San Juan Bosco, la de Santo Domingo Savio, San Pío X, Santa Mónica, Las Glorias de María de San Alfonso María de Logorio, etcétera.

Hoy en día, triunfan el mal y las sectas porque atacan a católicos ignorantes, cadáveres ambulantes, a gente que paga por dejarse envenenar a sí mismo y a sus familias, en lugar de formarse leyendo buenos libros.

 

Los santos nos hablan de la lectura

Miren lo que hacían los Santos: a unas religiosas que le pedían cilicios, San Alfonso de Ligorio les respondió enviándoles un buen lote de libros que les ayudarían a santificarse mejor (2). El mismo San Alfonso escribía: “No tengo la posibilidad, pero si pudiera quisiera imprimir tantos ejemplares de este pequeño libro (“El gran medio de la Oración”) como hay fieles vivos en el mundo, y distribuírselo a todos para que comprendieran la gran necesidad de la oración para salvarnos” (3).

El Santo Cura de Ars leía cada día la vida del santo del día y decía: “Leamos sobre todo la vida de algún santo, donde veremos lo que ellos hacían para santificarse; esto nos alentará” (4).

San Antonio María Claret decía: “Al considerar el bien tan grande que trajo a mi alma la lectura de libros buenos y piadosos, es la razón por la que procuro dar con tanta profusión libros por el estilo, esperando que darán en mis prójimos a quienes amo tanto los mismos felices resultados que dieron en mi alma ” (5). Y el mismo santo añadía: “El bien que se puede recabar de la lectura de un buen libro no se puede calcular, y siendo ésta la mejor limosna que puede hacerse, ciertamente recibirá de Dios un premio centuplicado en la vida eterna”(6). Delante de la inercia y flojera de unos católicos San Claret se quejaba: “¿Hasta cuando serán más prudentes y diligentes los hijos de las tinieblas que los de la luz? (Lucas 16, 8). Si los impíos lo hacen para pervertir ¿por qué no haremos nosotros otro tanto para conservar y aumentar la piedad de los fieles?” (7). Para mantener al pueblo en la fe católica y rechazar el veneno de los herejes, San Claret escribía a un amigo suyo: “Doy continuas gracias a Dios y a ustedes por el celo que veo les anima para hacer circular los escritos buenos, y que no sean más prudentes y solícitos los hijos de las tinieblas en hacer circular sus pestíferos errores escritos que los hijos de la luz en hacer correr los escritos saludables”(carta no 19). ¿Qué hacer para a frontar las sectas: “Conviene que salgan libros buenos, muchos y a bajo precio, y que se extiendan por toda España”, decía el mismo Santo (carta no 23). ¿Por qué no decir la misma cosa para México o Guatemala?

 

La buena lectura nos ayuda a ser buenos

La lectura de los libros buenos produce un cambio de costumbres, amor a la paz, unión en la familia, cumplimiento de los deberes de estado; respeto y caridad hacia el prójimo, hace amar la virtud, rechaza el vicio, impulsa hacia lo bueno, lo verdadero, lo eterno, la santidad que es fuente de la felicidad y de todos los bienes.

Por consiguiente, el que quiere ser verdadero católico lea vidas de los Santos y medite sus ejemplos, ya que son estrellas brillantes y ardientes que encienden el corazón. No hay mejor lectura para llegar a la virtud como la lectura de la vida de los Santos. La lectura de la vida de los Santos es un arsenal en el que hallamos todas las armas para vencer a los enemigos de la salvación y domar nuestras pasiones; la vida de los Santos es una farmacia espiritual en la que hallamos todos los remedios para curar todas las enfermedades del alma. En la vida de los Santos hallamos fuerza, paciencia, caridad, justicia, buenos ejemplos y verdadera vida de familia católica. Así pues, el que quiere salvarse y salvar a su familia, lea y haga leer las vidas de los santos ofreciéndolas a sus hijos, nietos, ahijados, amigos como regalo de cumpleaños, o fiesta de su santo patrono. Pues sólo hay un camino para ir al cielo, es el que tomaron los Santos.

Sigámoslos pues y ayudemos a los demás a tomarlo. Sigamos a nuestros héroes, hagamos lo que ellos hacían y, como ellos, triunfaremos con la gracia de Dios.

 

Noticias

(1) Santa Teresa de Jesús, Autobiografía, cap 1, no. 5
(2) San Alfonso de Ligorio, Obras Selectas, Madrid, BAC, 1954 tomo II, pág. 5
(3) El Gran Medio de la Oración, Prefacio
(4) San Juan María Vianney Sermones Escogidos, tomo I, pág. 50
(5) San Antonio María Claret, Escritos Autobiográficos, Madrid, BAC 1981 no. 42
(6) San Antonio María Claret, Escritos Espirituales, BAC, pág. 427-428
(7) San Antonio María Claret, Cartas Selectas, Madrid, BAC, pág. 24, carta no. 9
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18 julio 2009 6 18 /07 /julio /2009 18:32


Letanías de la Preciosísima Sangre

de Nuestro Señor Jesucristo

 

 

 


 

Señor, ten piedad de nosotros.                                                         Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.                                                        Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.                                                       Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.                                                                                                               Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.                                                                                               Cristo, escúchanos.

Dios Padre Celestial,                                                                                    Ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo,                                                                                         
Dios Espíritu Santo,                                                                                                             
Santísima Trinidad, que eres un solo Dios,                                                                     

Sangre de Cristo, el Unigénito del Padre Eterno,                                                    Sálvanos.
Sangre de Cristo, Verbo de Dios Encarnado,                                                                
Sangre de Cristo, del Testamento Nuevo y Eterno,                                                       
Sangre de Cristo, derramada sobre la tierra en la agonía,                                           

Sangre de Cristo, vertida copiosamente en la flagelación,                                           
Sangre de Cristo, brotada de la coronación de espinas,                                              
Sangre de Cristo, derramada en la Cruz,                                                                        
Sangre de Cristo, precio de nuestra salvación,                                                              
Sangre de Cristo, sin la cual no hay perdón,                                                                   
Sangre de Cristo, bebida eucarística y limpieza de las almas,                                    
Sangre de Cristo, manantial de misericordia,                                                                

Sangre de Cristo, vencedora de los demonios,                                                             
Sangre de Cristo, fortaleza de los mártires,                                                                    
Sangre de Cristo, sostén de los confesores,                                                                  
Sangre de Cristo, que haces germinar las vírgenes,                                                                 
Sangre de Cristo, consuelo en el peligro,                                                                                   
Sangre de Cristo, alivio de los afligidos,                                                                         
Sangre de Cristo, solaz en las penas,                                                                             
Sangre de Cristo, esperanza del penitente,                                                                    
Sangre de Cristo, consuelo del moribundo,                                                                    
Sangre de Cristo, paz y ternura para los corazones,                                                     
Sangre de Cristo, prenda de vida eterna,                                                                       

Sangre de Cristo, que libras a las almas del Purgatorio,                                              
Sangre de Cristo, acreedora de todo honor y gloria,                                                     

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,                                      Perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,                                      Escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,                              Ten piedad de nosotros.

V. ¡Oh Señor! Nos has redimido con Tu sangre.
R. Y nos has hecho reino de nuestro Dios.


Oremos:
Dios omnipotente y eterno, que has hecho de Tu Hijo Unigénito el Redentor del mundo, y has querido ser aplacado por Su Sangre, concédenos, Te suplicamos, que de tal modo adoremos el precio de nuestra salvación, que por su virtud nos salvemos de los peligros de la vida presente y alcancemos el gozo de sus frutos eternamente en el Cielo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

  

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21 mayo 2009 4 21 /05 /mayo /2009 06:27

Santo Sacrificio de la Misa





 Ponemos los siguientes videos a disposición de sacerdotes, seminaristas, religiosos, acólitos y fieles que deseen aprender o conocer la Misa de San Pío V.


























Buena difusión y buen apostolado.


                                                                            El Equipo de México y Tradición.
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20 mayo 2009 3 20 /05 /mayo /2009 20:14

 EL GRAN MEDIO DE LA ORACION

 

 

 


TODOS LOS SANTOS INSISTIERON EN LA NECESIDAD DE LA ORACION: VEAMOS LOS DICHOS DE ALGUNOS.
 

   SAN JUAN CRISOSTOMO.- “A la oración debiéramos considerarla como el colmo y término de todos nuestros bienes... Ella es la que produce en nosotros una vida santa... El no amar la oración es locura, y el que vive sin ella está ya muerto y corrompido... No hay señal más clara para conocer la virtud de un hombre que el ver aprecio que éste hace de la oración... Es una verdad de todos manifiesta que sin la oración no se puede vivir virtuosamente. Ella es la única arma que nos defiende por completo.


   “La oración es la cabeza de todos los bienes y el fundamento y raíz de una visa provechosa. La oración fortalece nuestra visa y sin ella nada habría en nosotros de bueno y saludable. La oración es para el hombre lo que el agua es para las plantas, o, más bien, lo que el agua es para los preces.


   “Aunque seas perro, si eres asiduo en la oración, serás preferido al hijo descuidado... No digas: Dios en mi enemigo y no me escuchará, porque si eres asiduo en la oración, pronto te dará respuesta, si ya no por ser su enemigo, al menos por ser pertinaz... No digas: “Mucho he pecado y no puedo rogar a quien tengo irritado”, porque no mira Dios la dignidad o merecimiento, sino a la intensión... Pues cuando no le pedimos es cuando se aíra: y cuando no le rogamos es cuando se aparta de nosotros.


   “Si a un hombre le pides continuamente se te tendrá por pesado y molesto; pero no es así Dios, el cual se molesta precisamente cuando no le pides, y si perseveras pidiendo, aún cuando inmediatamente no recibas, recibirás infaliblemente. Pues si encuentras la puerta cerrada, es justamente porque quiere obligarte a que llames, y si no te escucha enseguida es para que sigas pidiendo. Sigue, pues, pidiendo e infaliblemente recibirás”. (Sermón sobre San Mateo).
 

   SAN HILARIO.- “Habiendo puesto Cristo Nuestro Señor leyes difíciles de cumplir luego, dio este consejo: “Pedid y recibiréis”, para indicarnos la manera de poderlas cumplir... La consecución de todas las gracias divinas, depende únicamente de la oración.
 

   SAN JOSE DE CALASANZ.- “Sin oración no se puede perseverar en el servicio de Dios... La oración es a manera de un canal por el que nos vienen todas las gracias... La oración es tan necesaria para el hombre interior como el alimento lo es para el hombre exterior.


   SAN PEDRO DE ALCANTARA.- “Sin la gracia de la oración es imposible mortificar la carne y aún mucho más mortificar el espíritu”.
 

   SAN JUAN BERCHMANS.- “Toda apostasía es la religión tiene su origen en la falta de oración. Si hago bien mi oración, perseveraré en mi vocación”.
 

   SAN LEONARDO DE PORTOMAURICIO.- “Tomad, pues, y conservad este importante consejo: Tened por día perdido aquél en el que no hacéis oración.
 

   SAN FELIPE NERI.- “La oración mental y el pecado no pueden estar juntos. Un hombre sin oración es como un animal sin razón.
 

   SAN EFREN.- “No hay en la vida del hombre tesoro comparable a la oración.
 

   SAN NILO.- “No dará Dios la perseverancia, si no al que se la pida con perseverante oración”.
 

   SAN AGUSTIN.- “Si quieres vivir cristianamente con facilidad, haz mucha oración y lo conseguirás.
 

   SANTA TERESA DE JESUS.- “Como se haga la oración que es lo más importante, no dejará de hacerse todo lo demás...


   “La oración es el camino real para el Cielo, y camino seguro... No me parece es otra cosa perder el camino, sino dejar la oración...


   “Nadie puede hacerse a sí mismo mayor daño que dejar de tener oración...


   Las almas sin oración son como un cuerpo tullido que aunque tiene pies y manos no se puede menear... El que persevere en la oración, por más pecados y tentaciones y caídas que ponga el demonio, tengo por cierto que la sacará el Señor a puerto de luz”.
 

   SANTA TERESITA DEL NIÑO JESUS.- “La oración y el sacrificio son mis armas invencibles; constituyen todas mis fuerzas, y sé por experiencia que conmueven los corazones mucho más que las palabras”.


   Y termino recogiendo algunos pensamientos de la carta de LUCIA, la vidente de Fátima, a su sobrino el P. José: “Lo que le recomiendo por encima de todo, es que te llegues al Sagrario y reces. En la oración fervorosa recibes la luz, la fuerza y la gracia que necesitas... Sigue este camino y verás que en la oración encontrarás más ciencia, más luz, más fuerza, más gracia y virtud de lo que pudieras conseguir leyendo muchos libros o haciendo grandes estudios. Nunca consideres mal gastado el tiempo que pases en la oración... Que falte tiempo para todo lo demás, pero nunca para la oración... Estoy convencida de que la principal causa del mal que hay en el mundo y de los fallos de tantas personas consagradas es la falta de unión con Dios a través de la oración”.


   Nadie ignora que la Iglesia Católica está pasando por un momento muy difícil: Los seminarios están casi vacíos, y muchos religiosos y sacerdotes han solicitado la dispensa de sus votos.


   Ante tan extraños y alarmantes acontecimientos, muchos nos preguntamos, cuál será la causa de esta crisis religiosa, y qué clase de cosas habrán sido el motivo que nos ha llevado a esta angustiosa relajación.

   Algunos le echan la culpa al Concilio, otros a las tensiones políticas, y los más se quedan perplejos sin saberse explicar cómo hemos llegado a esto y cuál será el porvenir que nos espera.


   No obstante, en medio de este mundo que parece haberse olvidado por completo de Dios, todavía hay un grupo de almas valientes y generosas (Católicos Tradicionalistas), que luchando contra la impetuosa corriente se siguen manteniendo en el lugar que les corresponde, fieles a su vocación. Y se mantienen firmes, porque han comprendido su gran debilidad y se han asido fuertemente a Cristo, única fortaleza de las almas. El es quien les ha enseñado y les ha hecho comprender aquella gran verdad tan predicada por todos los Santos: “El que ora se salva, y el que no ora se condena”.


   Estamos estudiando el hecho inaudito de la gran relajación de una gran parte del Clero, que ha llevado a la Iglesia a un estado muy diferente al que teníamos hace treinta años. ¿Por qué hace treinta años estaban tan llenos los seminarios y había tanta ilusión en el clero en aumentar el fervor religioso mediante toda clase de ejercicios públicos de devoción, como novenarios, triduos, ejercicios espirituales, y aquellas famosas misiones populares que tanto bien hicieron y que tanta falta nos hacen ahora? Y ¿por qué ahora todo se perdió? ¿Tiene la culpa el Concilio? ¿La tienen los partidos Políticos? No. La culpa de todo está el LA FALTA DE ORACIÓN.


   Decía San Francisco de Sales que “la lectura espiritual es la raíz, la meditación es el tallo y la oración es la flor que produce todas las virtudes”.


   ¿Por qué ahora no se lee ni se hace oración como se hacía antes? La respuesta es clara y rotunda: POR CULPA DE LA TELEVISION. No se puede ver televisión y ser alma de oración. Oración y televisión, son dos cosas completamente incompatibles.
   La televisión es una arma perfectísima que tiene Satanás en sus manos para destruir la Iglesia y llevar muchas almas al infierno. ¡Es tan cómodo sentarse en el confort de una habitación, despreocupado de todo, para contemplar la televisión! Y es tan astuto el demonio que será capaz de persuadirte de que esto es un recreo necesario que te hace falta para calmar tus nervios demasiado excitados por las preocupaciones de la vida.


   Sin embargo, no hay duda de que sólo ella (televisión) ha sido el motivo de que muchísimas personas hayan descuidado necesidades tan primordiales, como la lectura espiritual, la meditación y la oración, ejercicios absolutamente necesarios para vivir nuestra vacación cristiana ajustando nuestra vida a los deseos de Cristo.


   Tal vez algunos digan: “Yo no hago oración mental, pero sí rezo el Rosario, oigo o celebro la Santa Misa y tengo otros rezos vocales”. Yo le preguntaría: y ¿cómo los haces?, ¿tienes siempre tus pensamientos en lo que pronuncian tus labios?, porque Santa Teresa dice: “Si no pensamos con Quién hablamos, y qué es lo que hablamos, y quiénes somos nosotros que osamos hablar con El, no la llamo yo oración...” La oración vocal tiene este peligro, que mientras estás rezando puedes estar pensando en otra cosa, mientras que si hablas con Dios con palabras propiamente tuyas, es más difícil que te distraigas, y es mucho más eficaz la oración. De aquí aquella afirmación de San Ligorio: “Muchos rezan el Rosario, el Oficio de Nuestra Señora, y hacen otras oraciones externas de devoción, y sin embargo continúan en pecado, mientras que el que hace oración mental es imposible que peque, porque una de dos, o deja la oración o abandona el pecado; oración mental y pecado es imposible que estén juntos” (Monja Santa).


 

El gran medio de la oración.
Autor:   San Alfonso María de Ligorio.




PRECES

Oración al comenzar el viaje  
Oracion a San Jose
Oracion de Santa Teresa  
Despues de comulgar  
Estaba la Madre Dolorosa  
Oración a la Santísima Virgen   
Oracion de San Ambrosio  
15 minutos en Compañia de Jesus Sacramentado 

Bendición de la Mesa  
Angelus 
Salve del Mar Estrella  
Madre del Redentor 
Salve Reina de los Cielos  
Acordaos Virgen 

Confiteor  
Ven Espíritu Santo 
 
Oración al Inmaculado Corazón de María  
Formula de la Intención de la Santa Misa


 

 

 

San José: acude a nosotros en los momentos difíciles.


Concédenos, sagrado San José que siempre bajo tu protección, podamos pasar nuestras vidas sin pecado.


San José nuestro Padre y Señor, bendice a todos tus hijos de la Santa Iglesia de Dios.


San José, padre adoptivo de Señor Jesús y verdadero esposo de María siempre Virgen, ruega por nosotros.


Glorioso San José, alcánzame de Jesús y María, gran fe y plena confianza en la Divina Providencia.


San José, modelo y patrono de aquellos que aman al Sagrado Corazón de Jesús, ruega por nosotros.


San José, modelo de amor al Señor; bendice a tu pueblo y llévalo a Dios.


San José, esposo y padre elegido por Dios para conducir la Sagrada Familia de Nazareth, protege nuestras familias.


San José, Padre adoptivo de Jesucristo y verdadero Esposo de la Virgen María, ruega por nosotros y por los agonizantes de este día (noche).




JACULATORIAS






   Las jaculatorias son oraciones vocales breves que ayudan a mantener la presencia de Dios a lo largo del día. Son palabras de amor, expresión de cariño vivo que salen naturales. Aparte de las que salgan espontáneamente, hará falta aprenderse algunas de memoria.
 

— Cor mundum crea in me, Deus. Ps 50,12 
— Cor contrítum, et humiliátum, Deus non despícies. Ps 50,19 
— Deo omnis glória. 
— Diligéntibus Deum ómnia cooperántur in bonum. 
Rom 3,28 
— Quia tu es, Deus, fortitúdo mea. Ps 42,2 
— Illum oportet créscere, me autem mínui. Jn 3,30 
— Ecce ego, quia vocásti me. 1 K 3,6 
— Sancta Maria, spes nostra, sedes sapiéntiæ, 
ora pro nobis. 
— Sancta Maria, spes nostra, ancílla Dómini, 
ora pro nobis. 
— Sancta Maria, stella maris, filios tuos ádiuva. 
— Omnia possum in eo qui me confórtat. Phil 4,13 
— Credo, sed ádiuva incredulitátem meam. Mk 9,23 
— Ago tibi grátias pro univérsis benefíciis tuis, 
étiam ignótis. 
— In te, Dómine, sperávi; non confúndar in ætérnum. Ps 30,2
— Adauge nobis fidem. Lk 17,5 
— Iesu, fili David, miserére mei peccatóris. Mk 10,47 
— Iesu, Iesu, esto mihi semper Iesus. 
— Dómine, tu ómnia nosti; tu scis quia amo te. Jn 21,17 
— Dómine, ut vídeam! Lk 18,41 
— Dómine, quid me vis fácere?. Acts 9,6 
— Mater pulchræ dilectiónis, fílios tuos ádjuva. 
— Dóminus meus et Deus meus! Jn 20,28  — Crea en mí, ¡oh Dios!, un corazón puro. 
— Un corazón contrito y humillado, ¡oh Dios!, 
Tú no lo desprecias. 
— Para Dios toda la gloria. 
— Para los que aman a Dios, todo es para bien. 
— Porque tú eres, oh Dios, mi fortaleza. 
— Conviene que Él crezca y yo disminuya. 
— Aquí me tienes, porque me has llamado. 
— Santa María, esperanza nuestra, asiento de la sabiduría, ruega por nosotros. 
— Santa María, esperanza nuestra, esclava del Señor, ruega por nosotros. 
— Santa María, estrella de Oriente, ayuda a tus hijos. 
— Todo lo puedo en aquel que me conforta. 
— Creo, Señor, pero ayuda mi incredulidad. 
— Te doy gracias por todos tus beneficios, 
también por los ignorados. 
— En ti, ¡oh Dios!, confío; no sea yo nunca confundido. 
— Auméntanos la fe. 
— ¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí, que soy pecador! 
— Jesús, Jesús, sé para mí siempre Jesús. 
— Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo. 
— ¡Señor, que vea! 
— Señor, ¿qué quieres que haga? 
— Santa María, Madre del amor hermoso, ayuda a tus hijos. 
— ¡Señor mío y Dios mío! 
— No se haga mi voluntad, sino la tuya. 
— Corazón sacratísimo de Jesús, danos la paz. 
— Corazón dulcísimo de María, prepárame un camino seguro. 
— Hágase, cúmplase, sea alabada y eternamente ensalzada la justísima y amabilísima Voluntad de Dios, sobre todas las cosas. Amén 
— Señor, Dios mío: en tus manos abandono lo pasado y lo presente y lo futuro, lo pequeño y lo grande, lo poco y lo mucho, lo temporal y lo eterno. 
— Dios mío, te amo… pero ¡enséñame a amar! 
— Señor, tómame como soy, pero haz que sea como Tú quieres que sea. 

— Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que Él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor (Santo Tomás Moro, antes de su martirio). 
— Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros. 
— Muestra que eres madre.

 



¡¡CRISTO REY DE REYES!!


 

 


CRISTO REY, AUTOR Y FIN DE LA CREACIÓN

 


"En el principio era le Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. El estaba en el principio en Dios. Todas las cosas por El han sido hechas, y nada de lo que existe ha sido hecho sin El".
Pero si es principio del universo, el Verbo es también su Fin.
Nada tiene ésto de extraño: la primera causa eficiente es también la última causa final; la armonía de las cosas quiere que el Alfa sea el Omega, principio y fin, y que todo se termine y vuelva finalmente a su primer principio. ?Cómo no habría de ser el heredero y el término de los siglos aquél por quién los siglos comenzaron?


Ya desde el segundo versículo de su Epístola a los Hebreos, San Pablo lo enseñan vigorosamente: es el mismo hijo de Dios quien ha hecho los siglos y en quien los siglos terminan como en el heredero de su obra común. Y que todas las cosas acaben en El, que en El encuentren su término y su consumación, proviene de que el Padre Le ha instituido heredero de todas las personas y cosas. Filiación y herencia van juntas: la una es consecuencia de la otra. Y esto significa igualmente que toda la historia se orienta hacia El, que es le heredero del largo esfuerzo de los siglos, y que todos han trabajado para El.


¿Acaso Sócrates, Platón y Aristóteles no han pensado para El? ¿Es que la Iglesia no ha venido, a su hora, para recoger como bien suyo, como una riqueza preparada por Dios para ella, todo el fruto de la inteligencia antigua? ¿Para quién sino para la Iglesia, han hablado la Ley y los profetas, la religión judía se ha desarrollado, las escuelas socráticas han discutido, los pueblos se han mezclado, los judíos han sido puestos en contacto sucesivamente con todas las grandes monarquías, el Imperio Romano adquirió su poderosa estructura? El Señor es le heredero de todo; a El, primero en el pensamiento de Dios, se han ordenando todas las obras de Dios.

Por tanto, Jesucristo es Rey. No hay ni un Profeta, ni un Evangelista, ni uno de los Apóstoles que no le asegure su cualidad y sus atribuciones de Rey.


"Un niño nos ha nacido y un hijo nos ha sido dado", Escribe Isaias en su visión profética. "El imperio ha sido asentado sobre sus hombros..." Daniel es aun más explícito: "Yo miraba en las visiones de la noche y he aquí que, sobre las nubes, vino como un Hijo de hombre; él avanzó hasta el anciano y le condujeron ante él. Y éste le dió el poder, gloria y reinado, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su dominación es una dominación eterna que no acabará nunca y su reino no será nunca destruido..."
"Príncipe de los reyes de la tierra" le llama San Juan en el Apocalipsis, y sobre sus vestiduras como sobre El mismo, pudo leer el Apóstol: "Rey de los reyes y Señor de los señores".

 

CRISTO ES REY UNIVERSAL

 


Por tanto, Jesucristo es Rey. Rey por derecho de nacimiento eterno, puesto que en Dios.
Pero también por derecho de conquista, de redención y de rescate.
"Omnia potestas data es mihi in coelo et in tierra", "Todo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra.
En el cielo y en la tierra..., que es como decir: en el orden sobrenatural y en el orden natural.
Sí, todo poder ha sido dado a Cristo en el cielo y en la tierra. Verdad que esta en la base misma del catolicismo.
Jesucristo ha pedido y Su Padre le ha concedido. Todo desde entonces le ha sido entregado. Está a la cabeza y es le jefe de todo, de todo sin excepción.


"En El y rescatados pro Su sangre", escribía San Pablo a los Colosenses, "tenemos la redención y la remisión de los pecados; que es la imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque en El fueron creadas todas las cosas del Cielo y de la Tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades; todo fue creado por El y para El. El es anterior a todo y todo subsiste en El es la cabeza del cuerpo de la Iglesia. El es el principio, el primogénito de los muertos, para que tenga la primaria sobre todas las cosas: Y plugo al padre que en El habitase toda la plenitud de la Divinidad, y por el reconciliar consigo, pacificando por la Sangre de su Cruz todas las cosas, así las de la tierra como las del cielo, en Jesucristo Nuestro Señor".

 

No establezcáis, pues, en modo alguno excepción allí donde Dios no ha dejado lugar a la excepción -exclama Monseñor Pie-. El hombre individual y el jefe de familia, a el simple ciudadano y el hombre público, los particulares y los pueblos, en una palabra, todos los elementos de este mundo terrestre, cualesquiera que sean, deben sumisión y homenaje al hombre de Jesús.

 

CRISTO ES REY DE LAS NACIONES

 


Jesucristo es Rey universal... y, por tanto, Rey de los reyes, Rey de las naciones, Rey de los pueblos, Rey de las instituciones, Rey de las sociedades, Rey del orden político como del orden privado.
¿Cómo podría ser de otro modo? Si Jesucristo es rey universal, ¿Cómo podría esa realeza no ser también realeza sobre las instituciones, sobre el Estado: Realiza social? Sin embargo,, ¡cuántos se dejan engañar!


A quienes se obstinan en negar la autoridad social del cristianismo, San Gregorio Magno da la respuesta. En ele comentario del Evangelio en que se cuenta la adoración de los Magos, al explicar el misterio de los dones ofrecidos a Jesús por estos representantes de la gentilidad, el Santo Doctor se expresa en estos términos: "Los Magos -dice- reconocen en Jesús la triple cualidad de Dios, de hombre y de Rey. Ofrecen al Rey oro, al Dios incienso, al Hombre mirra. Ahora bien, hay algunos heréticos que creen que Jesús es Dios, que creen igualmente que Jesús es hombre, pero que se niegan en absoluto a creer que Su reino se extiende por todas partes".


"Hermano mío -dice Monseñor Pie-, dices que tienes la conciencia en paz, y al aceptar el programa del liberalismo, crees permanecer en la ortodoxia, ya que crees firmemente en la divinidad y humanidad de Jesucristo, lo que te basta para considerar tu cristianismo inatacable. Desengáñate. Desde el tiempo de San Gregorio, había "algunos heréticos" que, como tú, creían en esos dos puntos; pero su herejía consistía en no querer reconocer en el Dios hecho hombre una realeza que se extiende a todo... No, no eres irreprochable en tu fe, y el Papa San Gregorio te inflige la nota de herejía, si eres de los que considerando un deber ofrecer a Dios el incienso, no quieren añadirle el oro...", es decir, reconocer y proclamar Su realeza social.


En nuestros días, Pío XI, con particular insistencia, ha querido recordar al mundo la misma doctrina en dos encíclicas especialmente escritas sobre este tema: "Ubi arcano Dei" y "Quas primas".
Esta es, pues, la enseñanza eterna de la Iglesia, y no una determinada prescripción limitada a una sola época.
 

REALEZA, NO "DE ESTE MUNDO", SINO SOBRE ESTE MUNDO

 

Sin embargo, ¿no está escrito: "Mi reino no es de éste mundo?". Su reino, ciertamente, no es de éste mundo, es decir, no proviene de éste mundo: "non est de hoc mundo"; y porque viene de arriba y no de abajo, "regnum meum non est hinc", ninguna mano terrestre podrá arrancárselo.
Dicho de otro modo, la fórmula "de este mundo" no significa en modo alguno que Jesús se niegue a reconocer el carácter de realeza social de Su soberanía.
Mi reino no es de este mundo; es decir, mi realeza no es una realeza según éste mundo, no es mi reino como los reinos de la tierra, que están limitados, sujetos a contratiempos... Mi realeza es mucho más que ésto. Mi reino no conoce fronteras; no depende de un plebiscito ni del sufragio universal. La buena o mala voluntad de los hombres no puede nada contra él.
Mi realeza no es una realeza que pasa. Mi trono no es un trono que tenga necesidad de soldados para conservarse, ni que una revolución pueda derrocar.
No soy un rey de este mundo, porque los reyes de este mundo pueden engañar y ser engañador; se puede uno librar de ellos; se puede huir de su justicia... Nada de ésto es posible a mi respecto.


No es, pues, sin manifiesto abuso que la respuesta de nuestro Señor a Pilatos es interpretada casi siempre en un sentido restrictivo para hacer creer en una realeza exclusivamente espiritual, realeza sobre las almas, y no una realeza sobre los pueblos, las naciones y los gobernantes Si "mi reino no es de éste mundo" significara que la realeza de Nuestro Señor no sobrepasa el orden de la vida interior de las almas, sería necesario admitir que aquella otra frase de Jesús, "todo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra", no es más que una amable jactancia, Sería preciso decir que muchos otros pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamento son fórmulas huecas y sin valor. Habría que decir, sobre todo, que la Iglesia no ha cesado, desde hace veinte siglos, de equivocarse en este punto.


EL DIOS-HOMBRE: REY DE REYES

 


Volvamos a los evangelios, en el capítulo del interrogatorio de Pilatos... Para lo sucesivo, y a través de Pilatos, Jesús ha querido dar la lección completa a los políticos de todos los tiempos. Observemos cuidadosamente la admirable progresión de la lección divina. En primer lugar, y por caridad, Jesús se esfuerza por disipar el equivoco fundamental que podría asustar y, por ésto mismos, cerrar el corazón al mismo tiempo que entenebrecer el espíritu: "Mi reino no es de este mundo..."


Pues Pilatos no piensa más que en un posible complot, en una simple agitación del tipo político más sórdido. Jesús lo tranquiliza. Y para dar de ello un argumento particularmente claro: "si mi reino fuese de este mundo, mis gentes habrían combatido para que no cayese en manos de los judíos..." Dicho de otra manera, lo está viendo ahora claramente, tras lo que acabo de decir y por el mismo hecho de que no haya habido motín, maquinación ni revueltas políticas... MI reino no es de los que se ven aquí abajo.
Pero la sorpresa de Pilatos aumenta. En su pobre cerebro de romano pragmático no alcanza a comprender que en tales condiciones alguien pueda declararse rey. "Ergo rex es tu"... Luego, no obstante, a pesar de todo... ¿tú eres rey...? ?tú te llamas rey?
"Tù lo has dicho, yo soy rey. He nacido para ésto y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad escucha mi voz".


Jesús, pues, ha nacido para ésto. Y Su Realeza consiste esencialmente en eso mismo: el restablecimiento de la Verdad. Restablecimiento tanto en el orden natural como en el orden sobrenatural. Su realeza es, por esencia, la realeza de la Verdad... Realeza universal de una enseñanza. Realeza universal de la doctrina católica. Doctrina y enseñanza que tiene repercusiones sociales y políticas.



Revista CRISTO REY FSSPX. octubre/1990

 

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Published by A.C.I.A. - en Devocionario
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