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Presentación

442px-Emblem of the Papacy SE svgBienvenido a este blog de actualidad religiosa,de filosofía, de combate de la Verdad contra la secta modernista del "Concilio Vaticano II", de honor, amor y fidelidad al Magisterio infalible de la Santa Iglesia Católica, y de discusión sobre la actualidad de Méjico.
   Este blog pretende también reunir las direcciones de los centros de Misa y de sacerdotes NON UNA CUM, celebrando el Santo Sacrificio en total desunión a "Benedicto XVI" en México.

   No reconocemos, pues, la legitimidad de la autoridad de los "Papas del Concilio" Vaticano II. Estamos ciertos de que solamente esta posición, también llamada sedevacantismo, es la posición teológica que responde perfectamente a la situación actual de la Autoridad en la Iglesia, en particular detallada por la Tesis de Cassiciacum.

   Le invitamos a leer nuestro blog detalladamente. Permítanos presertarle nuestra postura teológica.

   Sea a la mayor gloria de Dios: 


El equipo de México y Tradición

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25 julio 2013 4 25 /07 /julio /2013 06:06

Estimados lectores:

 

Algunos tradicionalistas piensan que el sedevacantismo nació de la separación con la FSSPX, o que el concepto de Tradición o tradicionalismo es la obra exclusiva de Mons. Lefebvre y su Fraternidad. Y bien, en este artículo sacado de la Revista Integrismo del P. Héctor Lázaro Romero analizaremos este tema.

 

El Equipo de México y Tradición.

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El sedevacantismo no fue tardío. ¡Incluso hasta fue “preventivo”! Las tomas de posición sedevacantistas respecto de la cuestión del Papa desde 1962 en adelante.

El autor del número especial de la TC es un joven que no ha conocido otra cosa que la Fraternidad; tal vez así se explique su ignorancia sobre la historia del “tradicionalismo”, pese a las “diligentes búsquedas” (cf. pág. 29, nota 7) efectuadas. Ya que él mismo nos lo pregunta (ibidem), le damos alguna información al respecto.
Demostraremos que, en cierto sentido, el sedevacantismo existía incluso antes de 1965, y que la cuestión del Papa ha sido el centro de las discusiones de los “tradicionalistas” (sedevacantistas o no) desde el principio; mientras que la “solución prudencial” (que consiste en el desinterés por la cuestión, considerada secundaria, si no ociosa y nociva) ha sido propiedad exclusiva de la Fraternidad San Pío X.

Los católicos mexicanos. El Padre Sáenz y Arriaga (1962/65)

En el subtítulo expliqué que el “sedevacantismo” no solo no fue tardío sino que, a las claras, fue “preventivo”. Hago alusión al libro Complot contra la Iglesia, publicado bajo el pseudónimo de Maurice Pinay; su primera edición -la italiana- data de 1962 y fue distribuida a todos los Padres conciliares en octubre de ese mismo año, después de 14 meses de trabajo de los autores (*). Diría que no se puede pedir una fecha de nacimiento del sedevacantismo más antigua y más pública (en Roma, en la mismísima aula de San Pedro). El libro en cuestión denuncia las tratativas en marcha entre el Cardenal Bea (encargado por Juan XXIII) y las autoridades judías (particularmente la B’naï B’rith) para obtener del Concilio apenas convocado una declaración en favor del judaísmo. Esta declaración lograría el objetivo de poner el Vaticano II en contradicción con el Evangelio, contra el consenso unánime de los Padres y contra diecinueve siglos de magisterio infalible de la Iglesia. Los judíos querían que de ese modo la “Santa Iglesia se contradijera a sí misma, perdiendo autoridad sobre los fieles, porque evidentemente proclamarían que una institución que se contradice no puede ser divina” (pág. XIX). En la introducción a la edición austríaca (enero de 1963) se lee: “La audacia del comunismo, la masonería y los judíos llega a tal punto que ya se habla de controlar la elección del próximo Papa, pretendiendo colocar en el trono de San Pedro a uno de sus cómplices en el respetable cuerpo cardenalicio” (pág. 3). Según los autores, tal plan no es nuevo: “Como lo demostraremos en esta obra con documentos de indiscutible autenticidad, los poderes del dragón infernal llegaron a colocar en el Pontificado a un cardenal maniobrado por las fuerzas de Satanás, dando por un momento la sensación de ser los dueños de la Santa Iglesia. Nuestro Señor Jesucristo, que jamás la ha abandonado, inspiró la acción y armó el brazo de hombres píos y combativos como San Bernardo, San Norberto, el cardenal Américo (…) que no reconocieron la calificación de Papa al Cardenal Pierleoni, este lobo con piel de cordero que durante muchos años buscó usurpar el Trono de San Pedro y a quien excomulgaron y desterraron bajo la merecida calificación de Antipapa” (pág. 4). Y, en efecto, todo el capítulo XXV (Un cardenal criptojudío usurpa el Papado) está consagrado al caso del antipapa Anacleto II Pierleoni. Como puede verse, para los autores del libro Complot contra la Iglesia (laicos y eclesiásticos vinculados a la Universidad de Guadalajara y a la Unión Católica Trento), solo un antipapa como Pierloni habría podido promulgar el documento Nostra Ætate que el cardenal Bea preparaba en el Concilio; este hombre fue Pablo VI, elegido en junio de 1963. Después de Complot contra la Iglesia, no faltaron otras intervenciones sobre el mismo tema durante el Concilio (**). Pese a esto, y no obstante la oposición de la minoría conciliar guiada por Mons. Carli Obispo de Segni (y coadyuvada por los Obispos árabes), y a pesar de los numerosos incidentes en el camino que hicieron pensar en un estancamiento del esquema, se llega a las vísperas del voto definitivo de la declaración conciliar Nostra Ætate. Los católicos que se oponían al Concilio y a Nostra Ætate hicieron un último intento por tratar de obstruir la vía hacia la Declaración. Henri Fesquet, enviado del periódico Le Monde, escribe en su artículo del 16 de octubre de 1965: “Sobre todo, hay que mencionar el libelo de cuatro páginas que han recibido los obispos. Está precedido por este título, tan largo como curioso: ‘Ningún concilio ni Papa alguno pueden condenar a Jesús, a la Iglesia Católica Apostólica Romana, ni a sus Pontífices y Concilios más ilustres. Ahora bien, la declaración sobre los judíos comporta implícitamente una tal condena y por esta razón, debe rechazársela’. En el texto, se leen estas impresionantes afirmaciones: ‘Los judíos desean ahora empujar a la Iglesia a condenarse tácitamente y a desacreditarse ante el mundo entero. ES EVIDENTE QUE SOLO UN ANTIPAPA Y UN CONCILIÁBULO PODRÍAN APROBAR UNA DECLARACIÓN DE ESTE GÉNERO. Y ESO ES LO QUE PIENSAN JUNTO CON NOSOTROS UN NÚMERO CADA VEZ MAYOR DE CATÓLICOS DE TODO EL MUNDO QUE ESTÁN DECIDIDOS A OBRAR DEL MODO QUE SEA NECESARIO PARA SALVAR A LA IGLESIA DE SEMEJANTE IGNOMINIA’ (…)”. Por lo tanto, los historiadores de La Tradizione Cattolica deberán admitir que el “sedevacantismo” no ha visto la luz en 1973/76, sino que tomó posición pública dirigiéndose a todos los Padres conciliares desde 1962 a 1965, o sea, de principio a fin del Vaticano II. También tendrán que admitir que dichos católicos condenaron la declaración Nostra Ætate, en tanto que Mons. Lefebvre (que también había exigido el rechazo, junto con Mons. Carli y Mons. Proença Sigaud, mediante una carta a los Padres conciliares distribuida en el aula el 11 de octubre) no formó parte -según sus propias declaraciones- de los 88 Padres que no votaron el documento conciliar el 28 de octubre de 1965. Estos solos hechos históricos demuelen completamente todas las tesis de La Tradizione Cattolica fundadas sobre el carácter tardío del sedevacantismo. Para completar, añadiré otros testimonios sobre la existencia del “sedevacantismo” antes de 1973/76, fecha de nacimiento de esta posición según los diligentes historiadores de La Tradizione Cattolica.

El Padre Guérard des Lauriers, el Padre Coache (1969)

Es sabido que el “tradicionalismo” salió a la luz pública sobre todo con la promulgación del nuevo misal, en 1969. Podemos demostrar que para esa fecha los principales defensores de la Misa Católica en Francia eran “sedevacantistas”. De hecho, el abbé de Nantes narra (a su modo) la reunión que sostuviera en su casa, la Maison Saint-Joseph, en Saint-Parres-les-Vaudes, el 21 de julio de 1969 (antes de la promulgación del nuevo misal, acaecida en noviembre del mismo año). Se trasladaron hasta lo del abbé de Nantes el Padre Philippe Rousseau, el sacerdote mexicano Sáenz y Arriaga y Charles Marquette, el Padre Coache y el Padre M.L. Guérard des Lauriers, más un laico de Versailles (Alain Tilloy); el Padre Barbara ya era huésped del abbé de Nantes en forma independiente al grupo que hacía la visita. Según el testimonio del abbé de Nantes y sus religiosos, los sacerdotes que vinieron a visitarle sostenían la invalidez de la nueva misa y la vacancia de la Sede Apostólica. Una confirmación de este testimonio se halla en una carta del Padre Guérard des Lauriers al abbé de Nantes el 8 de agosto siguiente, en la que hace referencia a la visita del 21 de julio y sostiene haber quedado demostrado -a partir de la aprobación del nuevo misal- que el “cardenal Montini” no es Papa.

Argentina, Estados Unidos, Alemania… (1967/69)

La influencia del abbé de Nantes (en ese entonces enorme, a causa de su oposición al Vaticano II desde el principio) hacía dudar a personas como el Padre Barbara o, en la Argentina, al Prof. Disandro, que ya en mayo de 1969 postulaban sin embargo también ellos la cuestión de la Sede vacante. En Estados Unidos no faltaron bien pronto los “sedevacantistas”, desde 1967 por lo menos, sino antes, como lo testimonia la carta del Dr. Kellner al Cardenal Browne del 28 de abril de ese año (22). Igualmente en Alemania, en donde se había fundado el Una Voce-Gruppe Maria en 1966. Desde 1969, el Prof. Reinhard Lauth, de la Universidad de Munich, se declaró por la vacancia de la Sede Apostólica. Por lo tanto, la tesis de la TC (ningún rastro de “sedevacantismo”antes de 1973/76) se demuestra -también universalmente falsa.

(*) MAURICE PINAY, Complot contra la Iglesia, traducción española del Dr. Luis González, Ed. Mundo Libre, México, 1968, publicado con imprimatur del 18 de abril de 1968 del arzobispo de Hermosillo, Juan Navarrete. El libro fue publicado en italiano en Roma (31 de agosto de 1962), y distribuido a todos los Padres conciliares en octubre. La edición austríaca es del 20 de enero de 1963; la venezolana, del 15 de diciembre de 1963; las mexicanas, de 1968 y 1969 (usaré la edición de 1969). El libro fue preparado en los 14 meses previos. El libro de Maurice Pinay (se trata de un pseudónimo) fue presentado también al público italiano en Sodalitium nº 37, abril-mayo de 1994, págs. 33-45 [ed. it.; ed. fr., nº 37, oct.-nov. 1994, págs. 28-40]: El complot judeo-masónico contra la Iglesia Romana. Este artículo corresponde al cap. XX del libro del PADRE NITOGLIA, Per padre il diavolo. Un’introduzione al problema ebraico secondo la tradizione cattolica, SEB, Milán, 2002.
(**) JOAQUÍN SÁENZ Y ARRIAGA, El antisemitismo y el Concilio Ecuménico. Y qué es el progresismo, La hoja de roble, México (sine loco et data, pero posterior a la apertura de la segunda sesión del Concilio); LEÓN DE PONCINS, Il problema dei giudei in Concilio, Tipografia Operaia romana, Roma. En Inglaterra, con The Britons, Londres (después de la tercera sesión); La acción judeo-masónica en el Concilio (enviado a todos los Obispos, cf. Fesquet, pág. 504, 29 de septiembre de 1964).

"RESPUESTA AL DOCUMENTO DE LA FRATERNIDAD SAN PÍO X SOBRE EL SEDEVACANTISMO", http:// integrismo.over-blog.com/ article-documentos-50950108.htm l

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Published by Juan Manuel Olivar Robles - en El Sedevacantismo
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25 julio 2013 4 25 /07 /julio /2013 05:54

Estimados lectores:

 

Les dejamos ahora el artículo LA “POSICIÓN PRUDENCIAL”, SOLUCIÓN DE LA FRATERNIDAD SAN PÍO X AL PROBLEMA DE LA AUTORIDAD DEL PAPA de la Revista Integrismo del P. Héctor Lázaro Romero.

 


El Equipo de México y Tradición.

 

A la posición sedevacantista, definida como “una falsa solución”, el dossier contrapone la “posición prudencial” de la Fraternidad San Pío X. ¿En qué consiste esta posición? Frente a la cuestión que se presenta a la conciencia de todo católico: Juan Pablo II es -sí o no- el Vicario de Cristo, al cual se debe adherir (en la enseñanza, en la disciplina, en la comunión eclesiástica) para salvarse, la solución prudencial consiste en responder: “no se sabe”. Esto equivale a decir que la pregunta carece de toda importancia real para un católico.
Si alguien piensa que el dossier sobre el sedevacantismo ha demostrado que Juan Pablo II es Papa, debe cambiar de opinión justamente en base a cuanto dice el dossier, pues la propuesta “solución de carácter prudencial” intenta “poder obrar en base a un número suficiente de elementos que, no obstante, no contemplan la solución definitiva del problema de la autoridad en la Iglesia” (pág. 20). Más bien, la postura de la Fraternidad se alejaría de la sedevacantista precisamente por el hecho de que “aún antes de diferenciarse en los contenidos, la posición de la Fraternidad y la de cuño sedevacantista difieren radicalmente en cuanto al nivel en el que se colocan. En consecuencia, toda explicación que la Fraternidad puede proponer respecto de la situación de la autoridad de Juan Pablo II es real y cualitativamente un elemento sobre el que ella admite la posibilidad de discusión; en el caso del sedevacantismo, por el contrario, las posturas de fondo sobre la autoridad de Juan Pablo II son instancias absolutas, ciertas e indiscutibles” (pág. 20). Por lo cual -coherentemente-, el objetivo del dossier no es “el de demostrar que Juan Pablo II sea Papa” (siempre pág. 20).
Esta postura es -naturalmente- la de Monseñor Lefebvre, citado por su anónimo pero no por ello ignoto discípulo: “Tal vez un día, dentro de treinta o cuarenta años, una sesión de cardenales reunida por un futuro Papa estudiará y juzgará el pontificado de Pablo VI, quizás dirá que existen elementos que habrían debido saltar a los ojos de los contemporáneos a partir de las afirmaciones de este papa, absolutamente contrarias a la Tradición [Mons. Lefebvre no aguardó demasiado tiempo para sostener él mismo esta postura y en la Pascua de 1986 se atribuye a sí mismo la posibilidad de estar “en la obligación de creer que este papa no es papa”, n.d.a.]. Prefiero por ahora considerar como papa a aquel que al menos está en el solio de Pedro; y si un día se descubriera en modo indudable que este papa no era papa, con todo, habría cumplido con mi deber” (pág. 62).
Por lo tanto, la posición “de la caridad y de la prudencia”, que sin embargo excluye de hecho a todo sedevacantista acusado de espíritu cismático por la Fraternidad San Pío X, admite en teoría la posibilidad de que la Sede Apostólica esté vacante y pueda ser declarada tal en el futuro.
Veamos si podemos extraer algunas consecuencias de esta postura definida como “necesaria” (cf. pág. 20).
PRIMERA CONSECUENCIA: La postura según la cual Juan Pablo II [Francisco I] sería Papa es, según sus propios propugnadores: no definitiva, relativa, incierta, discutible, no demostrada.
SEGUNDA CONSECUENCIA: Todos los argumentos que presenta el dossier de la FSPX (que examinaremos a continuación) también son argumentos no definitivos, relativos, inciertos, discutibles, no demostrados. En caso contrario, la primera consecuencia no sería verdadera.
TERCERA CONSECUENCIA: En particular, un futuro Papa podrá y deberá decirnos si Pablo VI y Juan Pablo II eran, sí o no, legítimos Pontífices. “Podrá”: por lo tanto, el argumento del dossier del cual nos ocuparemos enseguida (Pablo VI, Juan Pablo II, etc., son Papas porque fueron reconocidos por la Iglesia universal, afirmar lo contrario equivale a decir que la Iglesia ha dejado de existir por un largo período), carece de todo valor. “Deberá”: por consiguiente, Francisco I no es Papa que pueda garantizar su legitimidad. ¿Por qué esperar a un futuro Papa cuando se presupone que hay uno actualmente (Francisco I mismo)? “Si Juan Pablo II es Papa -observa el Padre Carandino en Opportune, Importune- no hay necesidad de esperar al pronunciamiento de la Iglesia de mañana. La ‘Iglesia’ de hoy ya se ha pronunciado sobre el Concilio, sobre la nueva misa y también sobre el propio Monseñor Lefebvre, al que considera cismático y excomulgado” (nº 5, pág. 2).
CUARTA CONSECUENCIA: La posición prudencial considera secundaria la cuestión de saber si hay y quién es actualmente el Papa, o sea, la regla próxima de la Fe. Como dijimos, esto equivale a descartar toda la enseñanza de la Iglesia respecto del Papa, su autoridad, la necesaria sumisión al Papa para salvarse, del depósito de la Revelación y la Tradición que se pretende defender. Para quien adopta esta solución prudencial el Papa vendrá a ser un elemento completamente marginal en la práctica de la propia fe católica.
QUINTA CONSECUENCIA: Quien adopta la solución prudencial -que no se pronuncia definitivamente sobre la legitimidad de Juan Pablo II- se expone a un naufragio cierto, cualquiera sea la postura que se decida adoptar: ¡se trata por lo tanto de una postura altamente imprudente! En efecto, si Juan Pablo II es Papa, uno se expone al cisma resistiéndole habitualmente y llegando a ser excomulgado por él y separado de su comunión. En cambio, si Juan Pablo II no fuese Papa, uno se expone al peligro de seguir a un falso papa, citándolo en el Canon de la Misa y presentándose la posibilidad de recibir un reconocimiento canónico de su parte; incluso la sola expectativa de un acuerdo en la duda de que él pueda no ser el legítimo Pontífice, es moralmente inaceptable y peligroso.
SEXTA CONSECUENCIA: La solución prudencial se arriesga mucho a ser una solución que terminará demostrándose falsa, como ya ha ocurrido en la historia de la Fraternidad a propósito de la cuestión sobre la licitud moral de participar de la nueva misa.
El biógrafo de Mons. Lefebvre, Mons. Bernard Tissier de Mallerais, expone muy bien este caso en el pequeño capitulo intitulado precisamente: “Un problema, la asistencia a la nueva misa”, y en los capítulos sucesivos. Hay que saber que a fines de 1971, los Padres Guérard des Lauriers, Barbara y Vinson (todos “sedevacantistas”) tomaron públicamente una postura contraria a la asistencia a la nueva misa (cf. Sodalitium, nº 50, pág. 74). Por Mons. Tissier nos enteramos que hasta Mons. de Castro Mayer, en una carta a Mons. Lefebvre del 29 enero de 1969, comunicaba a su hermano en el episcopado su convicción al respecto: “No se puede participar de la nueva misa, y para estar presentes debe existir una razón grave. No se puede colaborar con la difusión de un rito que si bien no es herético, conduce a la herejía. Es la norma que doy a mis amigos” (pág. 441). En cambio, Mons. Tissier aprueba la “prudencia” de Mons. Lefebvre (que consistía en cambiar a menudo de postura). En 1969-1970 el fundador de la Fraternidad sostiene -¡prudencialmente!- que no solo se puede, sino que se debe asistir a la nueva misa y que incluso es lícito celebrarla (cf. págs. 441- 442); los seminaristas de Mons. Lefebvre dan el ejemplo, puesto que en su ausencia “irán juntos para asistir a la misa en lo de los bernardinos de Maigrauge, donde un religioso anciano celebra la nueva misa en latín” (pág. 441). Mons. Tissier define a esta postura como una “actitud de prudente expectativa” (pág. 442). Por otra parte, solo en 1971 Mons. Lefebvre decide definitivamente rechazar la nueva misa (pág. 487). En diciembre de 1972, en sus conferencias a los seminaristas, reafirma la necesidad de eventualmente asistir a la nueva misa para satisfacer el precepto dominical. Mons. Tissier comenta: “De este modo, el arzobispo se distancia de los sacerdotes Coache y Barbara, quienes en ocasión de la ‘marcha sobre Roma’ que organizaran en Pentecostés en 1971 y 1973 habían hecho hacer a los peregrinos y a los niños un ‘juramento de fidelidad a la misa de San Pío V’” (pág. 490). Todavía en 1973, predica: “busquen la misa tridentina, o por lo menos la consagración dicha en latín” (pág. 478). Pero he aquí que en una carta privada del 23 de noviembre de 1975, (por lo tanto, después de la supresión del seminario y de la Fraternidad decretada por Pablo VI) Mons. Lefebvre escribe que la nueva misa “no obliga para cumplir con el precepto dominical” (pág. 490). “En 1975 admitirá todavía una ‘asistencia ocasional’ a la nueva misa, cuando se tema quedar mucho tiempo sin comulgar. Pero en 1977 es casi absoluto: ‘conformándonos a la evolución que se produce poco a poco en el espíritu de los sacerdotes (...) debemos evitar, diría casi de manera radical, toda asistencia a la nueva misa’”(pág. 491). “Bien pronto -escribe también Mons. Tissier- Mons. Lefebvre no tolera más que se participe en la misa celebrada según el nuevo rito...” (pág. 491). No dice el biógrafo que este “bien pronto” data recién de junio de 1981, en oportunidad de la división que se produjo en Ecône a causa de las tesis del Padre Cantoni, entonces profesor del seminario (favorable a la asistencia a la nueva misa, apoyado en esto por el propio director, el Padre Tissier). En 1982 todo candidato al sacerdocio en la Fraternidad deberá jurar no aconsejar a nadie asistir a la nueva misa, y en 1983 el distrito italiano manifestará -como postura de Mons. Lefebvre- la doctrina según la cual se comete objetivamente pecado asistiendo a la nueva misa. En conclusión: para la Fraternidad San Pío X, de 1969 a 1975, era obligatorio asistir en determinados casos a la nueva misa bajo pena de pecado. De 1975 a 1981 era tan lícito asistir a la nueva misa como no asistir a ella. Desde 1981 en adelante, es ilícito asistir a la nueva misa bajo pena de pecado. Vemos, por lo tanto, como la “posición prudencial” de Mons. Lefebvre y de la Fraternidad San Pío X respecto de una cuestión moral importante (la no asistencia a la Misa es materia de pecado grave) y doctrinal (la utilización del nuevo misal depende del juicio doctrinal que se adopta sobre la reforma litúrgica), ha consistido en una continua evolución donde el punto de llegada (por ahora) es diametralmente opuesto al de partida y se casa con la posición de aquellos que al principio eran condenados como “imprudentes” por Mons. Lefebvre (Coache, Barbara, Vinson, Guérard des Lauriers, el mismo Mons. de Castro Mayer). Detrás de este continuo cambio de posición no hay ninguna razón de principio, sino solo el tomar en cuenta “la evolución que se produce poco a poco en el espíritu de los sacerdotes”. Por lo tanto, la fe y la moral después de la opinión... ¿No le hace pensar al autor del dossier que el caso de la “posición prudencial” sobre la asistencia a la nueva misa es absolutamente análogo al de la legitimidad de Francisco I?
Para concluir: la “solución prudencial” propuesta por la FSPX es doctrinalmente infundada, intrínsecamente contradictoria y sumamente imprudente. El único punto que puede compartirse es que la Iglesia jerárquica (cardenales, obispos con jurisdicción, un futuro Concilio o un futuro Papa) deberá pronunciarse con autoridad sobre la cuestión de la legitimidad de Pablo VI, Juan Pablo II, etc. Empero, mientras tanto, el problema no puede dejarse sin resolver, porque ya desde ahora los fieles deben saber si el actual ocupante de la Sede Apostólica es -sí o no- el Vicario de Cristo, al cual es obligatorio someterse (no solo de palabra) para poder alcanzar la salvación eterna.

"RESPUESTA AL DOCUMENTO DE LA FRATERNIDAD SAN PÍO X SOBRE EL SEDEVACANTISMO", http://integrismo.over-blog.com/article-documentos-50950108.html

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25 julio 2013 4 25 /07 /julio /2013 05:46

Estimados lectores:

 

seguramente habrán escuchado diferentes opiniones sobre las posturas sedevacantistas. Hoy les traemos un extracto de un artículo completo de la Revista Integrismo del P. Héctor Lázaro Romero sobre los argumentos infundamentados de la FSSPX en Italia.

 

El Equipo de México y Tradición.

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El dossier debería haber presentado especialmente los argumentos aducidos por los sedevacantistas. Pero no hay ni traza de estas pruebas, lo que evita al autor la faena de refutarlas.

Un viejo axioma escolástico reza: “alegar una dificultad no equivale a demostrar la falsedad de un razonamiento”. Como veremos, el dossier consistirá sustancialmente en una continua variación sobre un único tema: como objeción contra el sedevacantismo presenta la doctrina de la indefectibilidad de la Iglesia. Enseguida veremos cómo esta objeción -ciertamente importante- no es probatoria. Así, se evita explicar las pruebas que presentamos para demostrar que la Sede Apostólica está (formalmente) vacante. Un trabajo científicamente correcto tiene la obligación de exponer estas pruebas para luego demostrar que son falsas, cosa que el dossier se guarda muy bien de hacer.
El autor, completamente ocupado en destacar (hasta la exasperación) las divergencias que existen entre los diversos sedevacantismos, se olvida precisamente del punto fundamental sobre el cual el acuerdo es prácticamente unánime: Francisco I no puede ser Papa precisamente en virtud del dogma de la infalibilidad del Papa y de la Iglesia.
El sedevacantismo (que se pretende estudiar) parte justamente de la infalibilidad del Papa y/o de la Iglesia:
infalibilidad del magisterio ordinario universal;
infalibilidad práctica en la promulgación de leyes canónicas;
infalibilidad práctica en la promulgación de leyes litúrgicas;
infalibilidad práctica en la canonización de los santos.
Ahora bien, la propia Fraternidad San Pío X admite la tesis -que incluso defiende a capa y a espada- según la cual están contenidos errores:
en el Concilio Vaticano II;
en el nuevo código de derecho canónico;
en el nuevo rito de la misa y en las demás reformas litúrgicas;
en algunas canonizaciones efectuadas después del Concilio.
De aquí el hecho de que el Vaticano II y las reformas que le siguieron no estén garantizadas por la infalibilidad cuando, por el contrario, deberían estarlo. No pueden venir de la Iglesia. No pueden venir del Papa. Pablo VI, Juan Pablo II, etc., que promulgaron y confirmaron estos actos, no pueden ser la Autoridad.
De todo esto, el lector de "La Tradizione Cattolica" [TC] -en un dossier dedicado al sedevacantismo y que pretende exponer sus razones no hallará ni rastros (en lo referido al argumento particular de la Tesis de Cassiciacum acerca de la falta habitual y objetiva de procurar el bien/fin de la Iglesia por parte de Pablo VI, Juan Pablo II, etc., no hallará ni una exposición ni una refutación, sino tan solo una alusión (en pág. 11, nota 1).
Esta sola laguna bastaría para desacreditar totalmente el dossier de la TC sobre el sedevacantismo. De esta laguna se derivan dos consecuencias: por un lado, el autor se siente dispensado -como ya dijimos- de rebatir los argumentos sedevacantistas. Por otro, le resulta asimismo posible acusar a los sedevacantistas de prejuicio y apriorismo deshonesto. Si no entienden y aún deforman la teología, es porque “para ellos el hecho de que Francisco I y sus sucesores no sean Papas es un dato descontado y finiquitado; en consecuencia, se sirven de Belarmino o de otros autores autorizados no para buscar la verdad, no de modo desinteresado, esforzándose honestamente para comprender qué es lo que dicen, sino simplemente para hallar argumentos que sirvan a la demostración de una verdad ya dada por sentada y finiquitada desde el vamos (…) Además, en ellos [los guerardianos] se vuelve a descubrir a veces la actitud de quien pretende hacer encajar la teología y la realidad con un juicio ya formulado a priori…” (pág. 54) [se advierte que el dossier escribe lo contrario en la pág. 7]. Lógicamente, si se suprimen los argumentos que condujeron a una conclusión tan grave como la de que la Sede está Vacante, tal conclusión no puede ser sino fruto de prejuicio, apriorismo, testarudez... Le pregunto al autor si no será verdad, en cambio, lo contrario: si acaso la posición suya y la de los sacerdotes de la Fraternidad no es -ésta sí- la dictada por un juicio apriorístico fundado en la autoridad de Mons. Lefebvre. Y le pregunto más concretamente: si Mons. Lefebvre hubiese declarado categóricamente la Sede Vacante (como muchas veces estuvo a punto de hacer), el autor; ¿habría abandonado a Mons. Lefebvre o también él se habría hecho sedevacantista?

El dossier exagera -en interés propio- las divergencias entre las posturas sedevacantistas

Si el dossier poco aclara en qué consiste y como se justifica el sedevacantismo, se extiende en cambio en como “se articula” (pág. 6). El autor admite -con razón- la confusión que siempre ha hecho la Fraternidad San Pío X entre las dos posiciones en que “se articula” el sedevacantismo (sedevacantismo estricto y Tesis de Cassiciacum) (pág. 13), pero luego exagera las diferencias innegables entre ambas posiciones, para enfrentarlas y rebatir a la una con los argumentos de la otra y viceversa (cf. La imposibilidad de conciliar el sedevacantismo estricto y la Tesis de Cassiciacum, págs. 12-14). ¿Es tal vez demasiado pedir que las dos posiciones se presenten como son, con sus diferencias y sus coincidencias? Para la Tesis de Cassiciacum Francisco I no es formalmente Papa; a la pregunta de si Francisco I es Papa o no lo es, la Tesis responde “no”. Cassiciacum y el sedevacantismo coinciden formalmente (1).

¿Una “reflexión serena y desapasionada”? (pág. 6)

El dossier no mantiene pues sus promesas: el lector no podrá saber en qué consiste el sedevacantismo ni cómo se justifica. ¿Mantiene al menos la promesa de resguardar ese clima de auténtica caridad que se propone “para poder tratar el tema con tranquilidad”? Se diría que no, cuando se lee que atribuye a los “colegas” sedevacantistas “odio y veneno” (pág. 48), razonamientos de rabinos (pág. 15) o de fariseos (págs. 42-43), poniendo más que en duda la buena fe y la honestidad intelectual (en este caso, mías: pág. 56). Incluso no es “inocente” el dar la lista de los pintorescos antipapas sedevacantistas (pág. 9) y de los obispos consagrados por Mons. Thuc (págs. 44-45). Por caridad no hay intención alguna de “ridiculizar” al adversario (pág. 10), pese a que, concretamente, ése es el efecto que tendrá sobre el lector de la “Tradizione Cattolica” la publicación de esta lista…
En consecuencia, la intención del autor era buena y estoy convencido de que era también sincera, pero no se ha logrado lo suficiente porque todavía existe una excesiva animosidad que dificulta un debate verdaderamente objetivo.

Segunda parte: EL “VERDADERO PROBLEMA” Y LA SOLUCIÓN PROPUESTA POR LA TRADIZIONE CATTOLICA

Antes de exponer las objeciones que la TC presenta a nuestra posición y nuestras respuestas, me parece oportuno examinar la solución que el dossier propone a los lectores para el problema de la Autoridad. Comenzaré recordando la materia en disputa (y su importancia) para luego analizar la solución propuesta.

El “verdadero problema”: el Papa. Importancia del Papa en la Fe Católica y para la salvación

Hablar de “sedevacantismo” es hablar del Papa (y escribo Papa con mayúscula, como corresponde y es habitual en italiano y no con minúscula, como es habitual en Francia y como figura en el “dossier”, cuyo autor sin embargo no es francés).
He escrito que el gran ausente del “dossier” sobre el sedevacantismo es justamente el sedevacantismo, o bien en qué consiste y como se justifica esta postura. De igual modo podría decir, con mayor razón, que el gran ausente del “dossier” es el Papa. Sin embargo, refutar la posición sedevacantista querría decir, en teoría, demostrar que Francisco I es el legítimo pontífice de la Iglesia Católica, o sea, el sucesor de Pedro, el Vicario de Cristo (“el dulce Cristo en la tierra”, según la expresión de Santa Catalina), a quien se debe no únicamente subordinación jerárquica, sino “verdadera obediencia, no solo en las cuestiones que respectan a la fe y las costumbres, sino también en aquellas relativas a la disciplina y al gobierno de la Iglesia” (Vaticano I, Pastor Æternus, DS 3060 y 3064). Demostrar que la postura sedevacantista es falsa equivale a aplicar a Francisco I cuanto escribe el Concilio Vaticano I a propósito del Romano Pontífice: “El Primado apostólico, que el Romano Pontífice [para la TC, Francisco I] posee sobre la Iglesia universal como sucesor de Pedro Príncipe de los Apóstoles, abarca también al poder supremo de magisterio (...) En efecto, los Padres del IVº Concilio de Constantinopla, siguiendo las huellas de sus predecesores, formularon esta solemne profesión de fe: ‘La primera condición para la salvación es la de custodiar la regla de la recta fe. Y puesto que no puede volverse letra muerta la expresión de Nuestro Señor Jesucristo que dice: ‘Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia’ (Mt. 16, 18); esta afirmación se verifica en la práctica porque en la Sede Apostólica la Religión Católica siempre se ha conservado inmaculada y la doctrina católica siempre ha sido profesada en su santidad” (…) [El Papa, para el IIº Concilio de Lyon] “como tiene el deber de defender por sobre todo la verdad de la fe, así las disputas que surgiesen a propósito de la fe deben ser resueltas por juicio suyo (…) [Los Obispos] “han referido especialmente a esta Sede Apostólica los peligros emergentes en materia de fe, para que los daños causados a ella fuesen reparados sobre todo donde la Fe no puede sufrir deficiencias (…) Por lo mismo, este carisma de Verdad y de fe, jamás defectible, ha sido concedido por Dios a Pedro y a sus sucesores sobre esta Cátedra para que ejercitasen este altísimo oficio para la salvación de todos. Y para que la grey universal de Cristo, apartada por obra suya del cebo envenenado del error, fuese nutrida con el manjar de la doctrina celeste y, eliminada cualquier ocasión de cisma, la Iglesia toda se conservase en la unidad y, establecida sobre su fundamento, se irguiese inquebrantable contra las puertas del infierno” (Concilio Vaticano I, Pastor Æternus, DS 3071-3075). Demostrar que el sedevacantismo es falso significa también aplicar a Francisco I cuanto se ha definido en relación a la obligación de obediencia al Papa para salvarse: “declaramos, afirmamos, definimos que estar sometido al Romano Pontífice [para la TC, Francisco I] es necesario para la salvación a toda criatura humana” (Bonifacio VIII, Unam Sanctam, DS 875); “ningún hombre (...) podrá a la postre ser salvo fuera de la fe de la Iglesia misma y de la obediencia a los Romanos Pontífices [para la TC, Pablo VI, Juan Pablo II, etc.]” (Clemente VI, DS 1051). “Luego, entre los mandamientos de Cristo no ocupa un lugar menor el que nos ordena estar incorporados mediante el bautismo al Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia y el de adherir a Cristo y a su Vicario [en este caso, Francisco I], mediante el cual [Francisco I] Él mismo [Cristo] gobierna de modo visible a la Iglesia en la tierra. Por esto, no se salva aquel que, sabiendo que la Iglesia ha sido divinamente instituida por Cristo, rechaza sin embargo el someterse a la Iglesia o rechaza la obediencia al Romano Pontífice [para el caso, Francisco I], Vicario de Cristo en la tierra” (Pío XII, carta del Santo Oficio al Obispo de Boston, DS 3867). Reconocer a Juan Pablo II y no obedecerle equivale a declararse cismáticos: “En efecto, ¿de qué sirve proclamar el dogma católico del primado del Bienaventurado Pedro y de sus sucesores y haber difundido tantas declaraciones de fe católica y de obediencia hacia la Sede Apostólica, cuando las acciones abiertamente desmienten por sí mismas las palabras? ¿Acaso no es menos excusable la obstinación cuanto más se reconoce la debida obligación de la obediencia?¿Acaso la autoridad de la Sede Apostólica no se extiende más allá de lo que ha sido dispuesto por Nosotros, o basta tener comunión de fe con ella sin obligación de obediencia para que se pueda considerar salva la fe católica? (...) En efecto, Venerables Hermanos e hijos dilectos, se trata de la obediencia que se debe prestar o negar a la Sede Apostólica; se trata de reconocer la suprema potestad también sobre vuestras Iglesias, al menos en lo que concierne a la fe, la verdad y la disciplina; quien la negare es hereje. Por el contrario, quien la reconozca pero orgullosamente rehúse obedecerle, es merecedor del anatema” (Pío IX, Enc. Quæ in patriarchatu, nros. 23 y 24, del 1º de septiembre de 1876) (2). Obediencia que también incluye las censuras canónicas impuestas por la autoridad: “El fraude más empleado para conseguir el nuevo cisma es el nombre de católico, que los autores y sus secuaces asumen y usurpan no obstante haber sido amonestados por Nuestra autoridad y condenados con Nuestra sentencia. Siempre fue cosa importante para los herejes y cismáticos declararse católicos y decirlo públicamente, gloriándose de ello, para inducir a error a pueblos y Príncipes (…)”. En cambio, el Papa enseña que “quienquiera haya sido señalado como cismático por el Romano Pontífice, hasta que no admita expresamente su autoridad y la respete, debe dejar de usurpar de cualquier modo el nombre de católico. Nada de esto puede beneficiar mínimamente a los Neocismáticos, quienes, siguiendo las huellas de los herejes más recientes, llegaron al punto de protestar que era injusta, y por lo tanto carente de toda importancia y sin valor alguno, aquella sentencia de cisma y de excomunión conminada contra ellos en Nuestro nombre. (…) Estas razones son absolutamente nuevas y desconocidas a los antiguos Padres de la Iglesia e inauditas. (…) Por esto, habiendo los herejes jansenistas osado enseñar afirmaciones idénticas -esto es, que no se debe tener en cuenta una excomunión impuesta por un prelado legítimo con el pretexto de que es injusta, ciertos de cumplir no obstante aquella el propio deber, como decían-, Nuestro predecesor Clemente XI, de feliz memoria, en la Constitución ‘Unigenitus’ publicada contra los errores de Quesnel proscribió y condenó tales proposiciones para nada distintas de algunos artículos de Juan Wiclef, ya condenados previamente por el Concilio de Constanza y por Martín V. Efectivamente, aunque ocurra por incapacidad humana que alguien pueda ser alcanzado injustamente por censuras del propio prelado, es no obstante necesario, como lo ha advertido Nuestro predecesor San Gregorio Magno: ‘Que aquel que está bajo la guía de Pastor tenga el saludable temor de estarle siempre sometido, incluso si es castigado injustamente y no proteste temerariamente el juicio del propio superior, de modo que la culpa que no existía no se torne arrogancia a causa del acalorado reclamo’. En fin, si hay que preocuparse por uno que fue condenado injustamente por su Pastor, ¿qué no deberíamos decir, empero, de aquellos que, rebeldes a su Pastor y a esta Sede Apostólica, laceran y despedazan la inconsútil túnica de Cristo, que es la Iglesia? (…) Pero los Neocismáticos afirman que no se ha tratado de dogmas sino de disciplina (…) y por consiguiente, a aquellos que se oponen a ella no puede negárseles el nombre y la prerrogativa de católicos. Y Nosotros no dudamos de que a vosotros no os pasará por alto en qué medida es fútil y vano este subterfugio. En efecto, todos aquellos que obstinadamente resisten a los legítimos prelados de la Iglesia, especialmente al Sumo Pontífice de todos, y rehúsan seguir sus órdenes no reconociendo su dignidad, siempre han sido reconocidos como cismáticos por la Iglesia Católica” (Pío IX, Encíclica Quartus supra, del 6 de enero de 1873, nros. 6-12) (3).
Esta es la doctrina católica de la verdadera Tradición Católica, pero no la de la revista homónima, que no hace la más mínima alusión a esta doctrina. Y esto se debe a motivos obvios. En efecto, la posición de la Fraternidad San Pío X es completamente opuesta a la que acabamos de recordar. Se sostiene que Francisco I es Papa, pero su autoridad queda reducida a vanas palabras: se le niega a su magisterio (potestas docendi) no solo la infalibilidad sino hasta su misma existencia (Francisco I no enseñaría más: “es claro que según esta perspectiva, todo tipo de enseñanza -en sentido estricto y auténtico- por parte de Juan Pablo II se vuelve técnicamente imposible, pierde la propia razón de ser, y por lo tanto, su posibilidad de existir” TC, pág. 25); se rehúsa cualquier forma de obediencia a su gobierno (potestas regendi). Y en todo el dossier no hay ni trazas de ese amor por el Papa que distingue al verdadero católico.

"RESPUESTA AL DOCUMENTO DE LA FRATERNIDAD SAN PÍO X SOBRE EL SEDEVACANTISMO", http://integrismo.over-blog.com/article-documentos-50950108.html

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25 julio 2013 4 25 /07 /julio /2013 05:38

Estimados lectores:

 

Como ustedes saben, la Tesis de Cassiciacum es una respuesta objetiva y filosófica a la terrible crisis de la Iglesia que ocasionó el Concilio Vaticano II. Les dejamos una parte de ella que hemos tomado de la Revista Integrismo del P. Héctor Lázaro Romero.

 

El Equipo de México y Tradición.

gerard de l

 

Explicación de la Tesis de Mons. Guérard des Lauriers (Extracto)

 

¿Dónde está la verdad?

Ciertamente, esta variedad de respuestas al problema del Vaticano II y Francisco I debe ser desconcertante para el laico común, quien sólo quiere preservar su Fe y practicar su catolicismo.
No debería este desconcierto llevar al laico, o incluso a ciertos sacerdotes, a un espíritu de amargura, por la falta de habilidad de los sacerdotes para ponerse de acuerdo. Ni debería tal persona burlarse de algo por no ser capaz de entenderlo.
Creo que todos los sacerdotes y laicos, en todas las categorías que he descripto arriba, tienen un deseo sincero de preservar la Fe, moral y disciplina católicas. Todos ellos amarían despertar de un mal sueño y encontrarse con que el Vaticano II nunca tuvo lugar. Gustarían de ver desaparecer al Vaticano II. En este sentido están todos unidos. Se hallan divididos en materias que piden una explicación teológica respecto a lo que están haciendo. Enfrentado con la necesidad de resistir al Vaticano II y sus cambios, uno debería ofrecer una explicación coherente de acuerdo al dogma y a la teología católicos, de por qué es una buena idea el hecho de estar resistiendo. Claro está que existe una diferencia esencial entre las tres categorías generales de resistencia, (1) el indultista, (2) el lefebvrista y (3) el sedevacantista. Resistir al Vaticano II meramente por preferencia, tanto para los lefebvristas (al menos en este punto) como para los sedevacantistas, es algo muy débil. Los lefebvristas difieren de los sedevacantistas del siguiente modo: afirman que no tenemos derecho de juzgar al Papa, a lo cual los sedevacantistas responden que considerar su nueva misa, sus enseñanzas, y su disciplina universales como falsas y malignas -lo cual hacen los lefebvristas- lleva lógicamente al no papado de Bergoglio.
Este artículo, sin embargo, no concierne a las diferencias entre indultistas, lefebvristas y sedevacantistas. He analizado estas diferencias detenidamente en otros lugares. El presente tiene por objeto las existentes entre los sedevacantistas.
Que quede establecido ante todo que hay una unidad sustancial de posición entre los sedevacantistas: Francisco I no es papa y su nombre no debe mencionarse en el Canon de la Misa. En este punto están todos de acuerdo, y es esencial, pues remueve de la Iglesia la mancha de apostasía de Cristo, que sería el caso si Bergoglio fuese un verdadero Papa.
Las diferencias entre los sedevacantistas se fundan en la explicación de cómo y porqué Francisco I no es papa. Tales diferencias no hacen al dogma católico, sino a explicaciones teológicas de cosas que pertenecen al Dogma Católico. Esta clase de diferencias -en explicaciones teológicas de dogmas- siempre existió en la Iglesia. La más notable es la que hay entre dominicos y jesuitas sobre la obra de la gracia en el alma. Hay muchas otras.
Aunque cada uno sostiene que su posición es verdadera y la otra falsa, también cada uno afirma que no hay herejía en afirmar tal o cual explicación teológica. Así, aunque dominicos y jesuitas están en vehemente desacuerdo respecto a ciertos puntos teológicos, nada les impide trabajar juntos y vivir en paz como miembros del Cuerpo Místico.
En este artículo, daré al lector la presentación más simple posible de la tesis de Monseñor Guérard des Lauriers respecto al Papado después del Vaticano II. Entenderla exige cierto esfuerzo intelectual. Una de las objeciones contra la tesis es que es muy difícil de entender, inverosímil, y demasiado teológica. Sin embargo, tal queja no es legítima, dado que lo mismo puede ser dicho de casi cualquier explicación teológica de cada uno de los dogmas. El dogma de la Santísima Trinidad, por ejemplo, es simple: hay tres Personas en un solo Dios. Pero la explicación teológica de cómo hallamos tres Personas en un solo Dios, es extremadamente complicada y difícil. Esto se debe a que la teología está obligada a respetar dos cosas que aparentemente son contradictorias: la unidad de la esencia divina y la trinidad de Personas. Si un laico leyese una explicación de la Trinidad tal como aparece en los libros de estudio de los seminarios, después de unos párrafos no haría más que cerrar el libro.
Aquí es igual. El laico no debería decir: “no lo entiendo, luego no puede ser verdadero”. Hay muchas cosas difíciles de entender en teología que son, sin embargo, absolutamente verdaderas.
La “Tesis” de Monseñor Guérard des Lauriers -como se la llama- es una explicación que respeta las dos exigencias del dogma católico: (1) aquel que promulga una doctrina falsa, un culto falso y disciplinas perversas, no puede ser el Romano Pontífice; (2) debe haber una línea ininterrumpida de sucesores legítimos de San Pedro, desde San Pedro mismo hasta la Segunda Venida de Cristo.

Revista "integrismo" n° 4, http://integrismo.over-blog.com/article-mapa-del-sitio-50943381.html

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25 julio 2013 4 25 /07 /julio /2013 05:29

 

Estimados lectores:

 

Les presentamos un extracto de la entrevista de Sodalitium a Mons. Guérard des Lauriers. Pueden verla completa en el sitio de la Revista Integrismo del P. Héctor Lázaro Romero cuyo enlace se encuentra al final.

 

El Equipo de México y Tradición.

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4) Sodalitium: Entonces, ¿qué hay que pensar de Pablo VI y de Juan Pablo II?

Mons. Guérard: Dios ha juzgado. Dios juzgará. En cuanto a nosotros, no juzgamos... al menos la intención. Estos “papas” profieren la herejía y están por lo menos afectados de “Cisma capital” (Cf. Cahiers de Cassiciacum nº 3-4). Lo mejor que se puede hacer es, me parece, no considerarlos. “Nec nominetur in vobis” (Efesios V, 3). Sed tamen oremus pro eis: Miserere, De profundis.

5) Sodalitium: ¿Que piensa de las Misas tradicionales celebradas por sacerdotes que, aún siendo críticos hacia Roma, sostienen que Juan Pablo II es verdaderamente Papa y lo nombran en el Canon de la Misa?

Mons. Guérard: Misas tradicionales celebradas con la mención de Juan Pablo II durante el "Te Igitur". El Sacerdote que celebra una tal Misa pronuncia las siguientes palabras: “In primis quæ Tibi offerimus pro Ecclesia Tua Sancta Catholica...: una cum famulo tuo Papa nostro Johanne Paulo...”. Estas Misas son comúnmente designadas bajo el nombre de: “Misas Una Cum”.
Es necesario considerar dos cosas en esta proclamación: por una parte, lo que está directamente significado; por otra, lo que se halla indirectamente consignificado, teniendo en cuenta el contexto.
(I) Lo que se halla directamente significado por la fórmula “Una cum”: EL DELITO DE SACRILEGIO.
El sentido general de la súplica es determinado por las palabras: “quæ tibi offerimus pro...”. Pero SEA LO QUE SEA de este sentido general, la locución Una Cum afirma que la Iglesia (de Cristo, de Dios: tua), Santa y Católica, es “una con” el servidor de Dios que es nuestro Papa Juan Pablo II [Francisco I]. La locución "Una Cum" afirma entonces que, recíprocamente, Mons. Wojtyla [el clérigo Bergoglio] es “UNO CON” (forma uno con) la Iglesia de Jesucristo, Santa y Católica. Ahora bien, hemos mostrado arriba que esta afirmación es un error. Pues Bergoglio, al persistir en proferir y promulgar la herejía, no puede ser el Vicario de Jesucristo; no puede ser, en cuanto “papa” como debería ("famulo tuo Papa nostro"), “uno con” la Iglesia de Jesucristo. El "una cum" afirma y proclama entonces un error, que concierne CONCRETAMENTE a la Fe.
Siendo así, hay que concluir que la Misa “una cum” está “ex se” objetivamente manchada de sacrilegio. En efecto, la MISA es la acción sagrada por excelencia, ya que el Sacerdote obra “in Persona Christi”. Y si esta función instrumental concierne eminentemente al acto consecratorio, se realiza igualmente por derivación durante lo que precede y prepara el acto, o se desprende de este inmediatamente. Ahora bien, todo lo que pertenece a la acción sagrada debe ser puro; es decir, conforme a lo que exige su naturaleza. Una proclamación que especifica inmediatamente el ejercicio concreto de la Fe, debe ser SIEMPRE VERDADERA con respecto a la Fe misma. Debe serlo, EN SEGUNDO TÍTULO, si es hecha durante una acción sagrada. Si entonces una proclamación que especifica inmediatamente el ejercicio concreto de la Fe y es hecha durante una acción sagrada, es errónea, constituye IPSO FACTO y OBJETIVAMENTE un DELITO, no solo contra la Fe sino igualmente contra la acción sagrada. Una tal proclamación está entonces inculpada (afectada) de un DELITO del género “SACRILEGIO”; y eso, OBJETIVA e INELUCTABLEMENTE, sea lo que sea del PECADO cometido por los participantes (cf. 6).

(II) Lo que se halla indirectamente consignificado por la fórmula “una cum”: EL DELITO DE CISMA CAPITAL.
“Quæ tibi offerimus pro...”: Se trata de una ofrenda hecha EN FAVOR DE, eso es lo que está significado DIRECTAMENTE. De allí que se haya pretendido (en particular, Dom Gérard Calvet O.S.B.) que en el "Te Igitur" se reza POR el Papa, y no del todo CON el Papa. Pero esta es una opinión superficial. En efecto, hay que observar que, en esta primera parte del "Te Igitur", el Papa es considerado EN CUANTO PAPA, ya que es mencionado precisamente “una cum Ecclesia” (1). Por otra parte, la aplicación del fruto de la MISA (“pro”), pedida como algo ALEATORIO en favor de personas privadas en los dos "Memento", es pedida en el "Te Igitur"; DE IGUAL MANERA, unidamente en favor de la Iglesia y del Papa, como siendo evidentemente GRATUITE “ex parte Dei”, pero NECESARIA como cierta “ex parte nostri”.
De esta última observación, resulta la siguiente consecuencia: Recordemos que la “aplicación” del mérito no es NECESARIA (o “de condigno”) más que en dos casos; a saber: 1) Esta “aplicación” es hecha por Cristo en persona. Él y solo Él merece EN DERECHO por otro. 2) Esta “aplicación” es hecha a la persona misma que adquiere el mérito: cada mérito “de condigno” por sí mismo. Entonces, como la aplicación del fruto de la Misa es hecha EN DERECHO por la persona moral que constituyen UNIDAMENTE ("una cum") la Iglesia y el Papa, ES NECESARIO que esta MISMA persona moral esté en el principio del Sacrificio del cual tiene EL DERECHO de recibir el fruto. Por otra parte, se afirma comúnmente que si la Misa es primeramente el Sacrificio de Cristo, también es igual y unidamente el Sacrificio de la IGLESIA (Es por eso que, si bien el sacerdote al ofrecer el Sacrificio EN CUANTO AL EJERCICIO DEL ACTO, obra "in Persona Christi" sin mediación de la Iglesia; no obstante, EN CUANTO A LA ESPECIFICACIÓN DEL ACTO, el sacerdote no puede obrar SINO POR MEDIACIÓN de la Iglesia. Pues SÓLO la Iglesia está DIVINAMENTE calificada para garantizar con certeza: la conformidad con la Verdad del artículo que promulga en Nombre de Cristo; la conformidad con la Realidad del rito que prescribe en Nombre de Cristo (el sacerdote que usa de un rito toma IPSO FACTO la intención de la autoridad responsable del rito... ¡se pueden vislumbrar todas las consecuencias!). Y en la Iglesia en orden, por la mediación ejercida por la Jerarquía, es en definitiva el Papa quien confiere la “misión” de celebrar cualquier Misa. El Papa es el “Sumo Pontífice” en la Iglesia; y como IGLESIA Y PAPA UNIDAMENTE ("una cum") imperan en la Iglesia militante el ofrecimiento del Sacrificio propio de ella, tienen el DERECHO “in primis” al fruto del Sacrificio. EN EL ORDEN CREADO están “in primis” en cuanto al TÉRMINO (la aplicación del fruto), PORQUE ESTÁN “in primis” en cuanto al PRINCIPIO (la intimación de la celebración).
Se ve así cual es el verdadero alcance de la expresión “una cum”. Esta no significa solamente que al celebrar el Sacrificio de la Misa se reza POR la Iglesia y por el Papa, como POR (pro) tal persona privada o tal intención particular. “Una cum” consignifica, implícita pero NECESARIAMENTE, que el Sacrificio de la Misa se celebra EN UNIÓN CON y BAJO EL MOVIMIENTO de la persona moral que son unidamente (“una cum”) el Papa y la Iglesia; considerando que tal persona moral tiene el DERECHO "in primis" al fruto del Sacrificio, el cual es el único que puede fundar metafísicamente el hecho de participar EN DERECHO "in primis" en el Acto de Cristo Sacerdote que ofrece el Sacrificio.
De aquí se desprende la calificación que conviene atribuir a la MISA TRADICIONAL “una cum”. Una tal Misa es válida (¡suponiendo que el sacerdote lo sea verdaderamente!) con respecto al rito que, a imitación del Depósito, permanece DIVINAMENTE garantizado por el Magisterio de la Iglesia. Pero, quiera lo que quiera SUBJETIVAMENTE el celebrante, el acto que realiza comporta OBJETIVA e INELUCTABLEMENTE la afirmación de estar en comunión con (“una cum”) y BAJO EL MOVIMIENTO ("papa nostro") de una persona en estado de cisma capital. El acto de tal celebración está pues manchado de un delito del género “CISMA”; y eso, OBJETIVA E INELUCTABLEMENTE, sea lo que sea del pecado cometido por los participantes (sacerdote celebrante y fieles asistentes; cf. 6).

6) Sodalitium: ¿Podría por favor precisar las dificultades suscitadas por la asistencia a una Misa Tradicional celebrada “Una cum”?

Mons. Guérard: Dificultades suscitadas por el hecho de asistir a una Misa tradicional “una cum”.
Estas dificultades resultan de cuanto acaba de exponerse.
Evidentemente se deben dejar de lado los casos en los que la asistencia a una tal Misa es imperada por un motivo extrínseco (razón familiar, por ejemplo), sobreentendiéndose que la persona asistente manifieste clara y ostensiblemente que asiste SIN PARTICIPAR.
Si esta última cláusula (MANIFESTAR QUE NO SE PARTICIPA) no se realiza, entonces -ex se- el solo hecho de asistir constituye una participación, avalar la celebración. Y como ella está afectada OBJETIVA e INELUCTABLEMENTE del delito de sacrilegio y cisma; ¿acaso no se sigue que participar en tal celebración es exponerse a la culpabilidad de estos delitos?
La respuesta es afirmativa EN DERECHO. De donde se sigue que los fieles apegados a la Tradición no deben -EN DERECHO- asistir a la Misa tradicional "una cum"; y eso respecto primeramente a ellos mismos, y en segundo lugar, respecto al Testimonio que deben a los demás.
Esta respuesta afirmativa EN DERECHO, puede estar suspendida en la práctica por dos considerandos. El primero es de orden general y mira a las reglas de la moral. Un delito no es pecado si no es conocido como tal. La ignorancia excusa si es ingenua, aumenta la culpabilidad si es calculada, etc... Muchos fieles apegados a la Tradición no comprenden ni el alcance, ni entonces la gravedad del “una cum”, HAY QUE INSTRUIRLOS (cf. 10). Pero hasta tanto no hayan comprendido, no se los puede acusar por asistir a la Misa tradicional "una cum"... Solo Dios conoce los corazones.
El segundo considerando que puede suspender la norma de derecho (no asistir a la Misa “una cum”), proviene de la situación actual. Puede suceder que los fieles no tengan en la práctica otro medio de comulgar que el de asistir a una Misa "una cum". Ahora bien, si es posible vivir y crecer en el estado de gracia sin comulgar, tal privación no está exenta de dificultad ni tampoco a veces de peligro. Y de la misma manera que la Iglesia siempre ha admitido que en peligro de muerte se puede recurrir a un confesor incluso excomulgado; ¿no conviene recurrir a una Misa "una cum" para participar al Sacrificio y comulgar? Pío XII lo recordó con autoridad: en la Iglesia militante la SALVACIÓN DE LAS ALMAS constituye la finalidad de las finalidades. La asistencia a la “Misa una cum” puede entonces ser objeto de un “caso de conciencia”. Cada caso es diferente y debe resolverse en definitiva por la conciencia del interesado, no sin los consejos y directivas de un sacerdote “non una cum”. Ni rigorismo unívoco, que no tiene en cuenta la psicología de cada uno; ni laxismo sentimental (por ejemplo, una persona que puede comulgar cada quince días en una “Misa non una cum” no tiene ninguna razón y ENTONCES NO DEBE asistir a una “Misa una cum” en el intervalo, y menos todavía comulgar en ella).

Nota: Mons. Guérard sostiene que en esta materia manifiesta únicamente su opinión, y admite las buenas razones del otro criterio, según el cual no es lícito aún por motivos pastorales (el deseo de los Sacramentos) asistir y comulgar en una “Misa una cum”.

Entrevista a Mons. Guérard, http:// integrismo.over-blog.com/ 15-index.html

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25 julio 2013 4 25 /07 /julio /2013 04:57

EL PAPADO MATERIAL


Aparecido en la Revista Integrismo del Padre Héctor Lázaro Romero de acuerdo al estudio de S.E.R. Mons. Donald J. Sanborn

 

PRIMERA PARTE: INVESTIGACIÓN POSITIVA SOBRE LA DISTINCIÓN ENTRE SUCESIÓN FORMAL Y SUCESIÓN MATERIAL

Prefacio

Entre quienes niegan que Juan Pablo II [Francisco I] sea verdadero Papa encontramos dos bloques:
1) quienes niegan que lo sea tanto materialiter (materialmente) como formaliter (formalmente);
2) quienes niegan que lo sea formaliter (formalmente) pero sostienen que lo es materialiter (materialmente).
Ya se ha escrito mucho sobre estas dos tesis. Pero ya que varios sacerdotes no comprenden bien la segunda -expresada por Mons. Guérard des Lauriers-, explicaré dicha tesis en esta serie de artículos a fin de que todos, al menos la comprendan claramente y puedan juzgar su valor. La principal razón por la que es criticada por la mayoría, es porque éstos, en su espíritu, no distinguen materia y forma de la autoridad, y si las distinguen, no aplican correctamente esta distinción al Papado. Además, algunos sacerdotes consideran que la tesis de Mons. Guérard (que en adelante llamaremos simplemente «Tesis») es demasiado abstracta, casi ininteligible y que la distinción entre materia y forma de la autoridad es ilegítima, una pura invención teológica imaginada artificiosamente para explicar un tema espinoso.
Nada de esto es verdad. La distinción entre materia y forma del papado y de la autoridad en general es «clásica» y se la halla en casi todos los teólogos. Implícitamente, se la encuentra en la cuestión de la sucesión apostólica cuando se trata de la sucesión material y no formal entre los cismáticos y, según algunos, entre los anglicanos. Según la opinión más extendida, la sucesión apostólica puede ser material o formal. La primera es la nuda posesión de la sede; es decir, la posesión de la sede sin la autoridad; la segunda es la posesión de la sede con la autoridad. Esta distinción entre sucesión material y formal no podría existir si no fuese posible tener la posesión de la sede sin la autoridad. Esta distinción, que goza de gran autoridad ante los teólogos, demuestra cómo la tesis que estableciera de manera adecuada una distinción real entre la posesión de la Sede Apostólica y la posesión de la autoridad apostólica, no es una «invención abstracta», «ilegítima» o «artificiosa» -como dicen muchos-, sino al contrario, una distinción simple y clara tomada de la filosofía tomista y confirmada por el testimonio de numerosos teólogos de todas las escuelas.
Para tratar este tema adoptaré el siguiente método: I) En el primer artículo presentaré testimonios de teólogos sobre la distinción entre sucesión apostólica formal y material, que contienen explícitamente la distinción entre posesión de la sede sin la posesión de la autoridad y posesión de la sede con la posesión de la autoridad. Estos testimonios prueban que esta distinción no es una pura invención sino al contrario, una distinción muy conocida, reconocida por todos, anterior a la presente cuestión de la sede vacante. Por otra parte, mostraré cómo la Iglesia no puede permanecer como único cuerpo moral si la línea material legal no continúa sin interrupción desde el mismo San Pedro. II) En el segundo artículo trataré de modo especulativo la filosofía de la autoridad en general y luego en particular, de la materia y forma del papado, aportando el testimonio de algunos autores. Demostraré cómo por una parte no pueden coexistir en el mismo sujeto la autoridad papal y el hecho de favorecer la herejía y, por otra parte, cómo puede permanecer la posesión legal de la sede si no hay una sentencia auténtica contra el ocupante herético de la Sede Apostólica. III) En el tercer artículo aplicaré las conclusiones a Montini, Luciani y Wojtyla, Ratzinger [Bergoglio], y responderé a las objeciones.

http://integrismo.over-blog.com/15-index.html

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25 julio 2013 4 25 /07 /julio /2013 04:43

http://www.sodalitiumpianum.it/mkportal/templates/Forum/images/IMBC.jpg

 

Estimados lectores:

 

He aquí este artículo del Padre Héctor Lázaro Romero sobre la retractación de los fundadores del Instituto Mater Boni Consilii en mayo de 1987.

 

El Equipo de México y Tradición.

 

Los cuatro sacerdotes fundadores del Instituto Mater Boni Consilii en mayo de 1987 (Sodalitium N° 13) hicieron esta retractación pública luego de la difusión de doctrinas erróneas sobre la fe o la moral, enseñadas anteriormente cuando estaban en la Fraternidad San Pío X.

 

                                     ENMIENDA PÚBLICA

Por haber enseñado, o como sea dejado implícitamente creer como conforme a la verdad, en el período 1982-1985, durante su pertenencia a la Fraternidad San Pío X, los siguientes errores:
1) El Romano Pontífice goza de la infalibilidad solamente cuando enseña “ex cátedra” (o cuando define los dogmas).
2) El Magisterio ordinario y universal de la Iglesia no es infalible.
3) El Concilio Vaticano II, en cuanto concilio pastoral y no dogmático, no puede ser infalible.
4) Es lícito y debido desobedecer ordinariamente a la enseñanza doctrinal, moral y litúrgica de la Autoridad legítima (Papa y Obispos) aun reconociendo a la misma Autoridad todos los poderes que le son propios según la divina constitución de la Iglesia.
5) Es posible que la Autoridad legítima (el Romano Pontífice) promulgue e imponga a la Iglesia universal leyes (rito de la Misa, de los Sacramentos, Código de Derecho Canónico) que contengan errores, herejías o cualquier cosa nociva al bien de las almas.
6) Es posible que un auténtico Romano Pontífice, verdadero Vicario de Cristo, sea al mismo tiempo cismático, apóstata, en ruptura con la Tradición, y que sus actos hayan de considerarse nulos.
Las presentes erróneas declaraciones hieren mortalmente el dogma católico concerniente a la divina constitución de la Iglesia, a Su Magisterio, la infalibilidad de la Iglesia y la del Romano Pontífice.
A quien sea que haya sido escandalizado, los firmantes de la presente enmienda pública piden perdón y oraciones, asegurando que, con el auxilio de Dios, nunca más se repetirán errores similares.

In Fede.

"Il Problema dell'Autorità dell'Episcopato nella Chiesa" - http://www.sodalitiumpianum.it/index.php?pid=76

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8 julio 2013 1 08 /07 /julio /2013 02:58

Estimados lectores:

 

Les presentamos este vídeo sobre la vida de Isabel la Católica. Esperamos que les guste y que les permita conocer más sobre esta santa reina, que supo llevar la Verdad más allá de las aguas españolas.


El Equipo de México y Tradición.

 

 

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2 junio 2013 7 02 /06 /junio /2013 01:23

http://2.bp.blogspot.com/-jWIvn6-__io/T-GH-UfaS5I/AAAAAAAAB8I/nvNRC0z5E6U/s400/226879_1827760731711_4586493_n.jpgEstimados lectores:

 

Queremos presentarles las siguientes fotografías que nos llegan directamente de Rennes, Francia, cuya capilla es atendida por el Padre Gilles Roger (sacerdote ordenado por Mons. Dolan) con la ayuda del Padre Héctor Lázaro Romero, argentino, ferviente defensor de la Iglesia y del Papado. Además de tener miles de ocupaciones en su capilla de Rennes, como vistas a enfermos, grupos, catecismos, etc, también dirige un blog en español: http://integrismo.over-blog.com/ el cual contiene, a parte de muchísimos artículos y revistas de la verdadera Tradición Católica, la lista no exhaustiva de los centros de MISA NON UNA CUM en el mundo entero. Aprovechamos este espacio para agradecerle infinitamente por las fotos enviadas y le reiteramos nuestras oraciones.

 

El Equipo de México y Tradición.

 

Visita al Santuario de Pontmain III

Padre Romero, en Pontmain, Francia.

(lugar de apariciones)

 

Visita al Santuario de Pontmain II

 

 

Visita al Santuario de Pontmain I

 

Primeras Comuniones en la capilla de Rennes I

Con fieles de Rennes.

 

Primera Misa de nuevo sacerdote en la capilla de Rennes II

Capilla San Pío V, en Rennes, Francia

 

 

Frente de la capilla de RennesCapilla San Pío V, en Rennes, Francia

 

Corpus Christi en Rennes II

 

Mons. Dolan, confirmaciones en capilla de Rennes III

Visita de Mons. Dolan

Misa de Mons. Dolan en la capilla de Rennes V

 

Mons. Dolan predica en la capilla de Rennes

 

Misa de Mons. Dolan en la capilla de Rennes IV

 

Misa de Mons. Dolan en la capilla de Rennes III

 

Misa de Mons. Dolan en la capilla de Rennes II

 

Misa de Mons. Dolan en la capilla de Rennes I

 

Gran Crucifijo de entrada de la ciudad de Rennes II

Calvario en la entrada de Rennes

 

Gran Crucifijo de entrada de la ciudad de Rennes I

 

Misa del P. Romero en el Monte Carmelo durante peregr. a Ti

  Peregrinación a Tierra Santa

 

Abbé Roger, responsable de capilla de Rennes

Padre Gilles Roger en la capilla de Rennes

 

Altar capilla de Rennes

 

Corpus Christi en Rennes I

 

Cruzada Eucarística de la capilla de Rennes

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6 abril 2013 6 06 /04 /abril /2013 06:20

Estimados lectores:

 

Esta noticia data del 20 de marzo pasado. Es apenas ahora que la subimos al blog pero no sin dejar de comentar nuestro temor ante los actos que está perpetrando este nuevo "obispo" de Roma (como se autodenomina el mencionado). Dios proteja a su Iglesia. Como lo declaró el Instituto Mater Boni Consilii, hacemos nuestras sus palabras: "declaramos que la tesis de Cassiciacum elaborada por Mons. Guérard des Lauriers sigue vigente". Continua siendo una respuesta a la crisis que somete a la Iglesia de Cristo. La Sede Apostólica sigue vacante. Visiblemente hay un papa "materialiter" pero NO "formaliter", no tiene Bergolio ninguna jurisdicción.

 

El Equipo de México y Tradición.

 

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                                                             La iglesia del Concilio Vaticano II NO ES la Iglesia Católica

 

(de infocatólica) El "papa" Francisco ha recibido esta mañana en la Sala Clementina a los «delegados fraternales», es decir a los enviados de las Iglesias, Comunidades eclesiales y Organismos ecuménicos internacionales, así como a los representantes de las religiones no cristianas, llegados a Roma con motivo del inicio de su ministerio de Obispo de Roma y de sucesor del apóstol Pedro. En nombre de todos los presentes ha tomado la palabra el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, que ha saludado al Papa recordando la «alta, grave y difícil tarea que conlleva su ministerio» y reiterando la necesidad de las Iglesias de alejarse de la mundanidad.

 

El "papa" Francisco ha dado las gracias a Bartolomé I, llamándole «Mi hermano Andrés», ya que los patriarcas de Constantinopla son considerados los sucesores del apóstol Andrés, el hermano de Simón Pedro. Después, ha afirmado que gracias a la presencia en la Misa de ayer de todos los representantes de las diversas comunidades se sentía «de forma todavía más fuerte la oración por la unidad entre los creyentes en Cristo y, al mismo tiempo, se podía entrever, de alguna manera, su realización plena que depende del plan de Dios y de nuestra leal colaboración». «Inicio mi ministerio apostólico –ha proseguido– en este año que mi venerado predecesor, el Papa Benedicto XVI, con intuición verdaderamente inspirada, ha proclamado Año de la Fe para la Iglesia Católica. Con esta iniciativa, que quiero continuar y espero que sirva de estímulo para el camino de fe de todos, quiso conmemorar el cincuenta aniversario del Concilio Vaticano II, proponiendo una especie de peregrinación a lo que es esencial para todo cristiano : la relación personal y transformadora con Jesucristo, Hijo de Dios, muerto y resucitado por nuestra salvación. En el deseo de proclamar a los hombres de nuestro tiempo este tesoro de la fe siempre válido estriba el fulcro del mensaje conciliar». El Papa Francisco ha recordado a continuación la figura y las palabras de Juan XXIII durante la inauguración del Concilio: «La Iglesia católica estima, por lo tanto, como un deber suyo el trabajar con toda actividad para que se realice el gran misterio de aquella unidad que con ardiente plegaria invocó Jesús al Padre celestial, estando inminente su sacrificio (...) Sí, queridos hermanos y hermanas en Cristo, sintámonos todos íntimamente unidos a la oración de nuestro Salvador en la última cena con su invocación: ut unum sint. Pidamos al Padre misericordioso que podamos vivir plenamente la fe que hemos recibido como un regalo en el día de nuestro bautismo, y ser capaces de dar un testimonio alegre libre y valiente de ella. Este será nuestra mejor servicio a la causa de la unidad de los cristianos; un servicio de esperanza para un mundo todavía marcada por la división, los contrastes y las rivalidades» «Por mi parte, deseo asegurar, en la estela de mis predecesores, mi firme voluntad de proseguir el camino del diálogo ecuménico (...) y os pido que llevéis mi cordial saludo y la seguridad de mi recuerdo en el Señor Jesús a las Iglesias y comunidades cristianas que representáis aquí, y que recéis por mí para que pueda ser un Pastor según el corazón de Cristo». El Pontífice, dirigiéndose a los representantes del pueblo judío, ha subrayado «el vínculo espiritual tan especial» que tienen con los cristianos. Y, citando el decreto Nostra Aetate del Concilio Vaticano ha dicho: « La Iglesia de Cristo reconoce que los comienzos de su fe y de su elección se encuentran ya en los Patriarcas, en Moisés y los Profetas, conforme al misterio salvífico de Dios». «Confío –ha proseguido– en que con la ayuda del Altísimo, proseguiremos provechosamente el diálogo fraterno que el Concilio deseaba y que, se ha realizado efectivamente, dando no pocos frutos especialmente durante las últimas décadas». El Papa ha saludado después a los pertenecientes a otras tradiciones religiosas, en primer lugar a los musulmanes «que adoran al Dios, único viviente y misericordioso, y lo invocan en la oración» . Y dirigiéndose a todos los presentes ha exclamado: «Realmente aprecio vuestra presencia: veo en ella una nueva voluntad de crecer en la estima mutua y en la cooperación para el bien común de la humanidad». «La Iglesia católica es consciente de la importancia que tiene la promoción de la amistad y el respeto entre hombres y mujeres de diferentes tradiciones religiosas. Quiero repetirlo : promoción de la amistad y el respeto entre hombres y mujeres de diferentes tradiciones religiosas (....) También es consciente de la responsabilidad que todos tenemos con nuestro mundo, con la creación entera que debemos amar y custodiar. Y podemos hacer mucho por el bien de los que son más pobres, de los más débiles, de los que sufren, para promover la justicia, para promover la reconciliación, para construir la paz. Pero, por encima de todo, debemos mantener viva en el mundo la sed de absoluto, no permitiendo que prevalezca una visión de la persona humana unidimensional según la cual el hombre se reduce a lo que produce y lo que consume: se trata de una de las trampas más peligrosas de nuestro tiempo». «Sabemos –ha concluido– cuanta violencia ha desencadenado en la historia reciente el intento de eliminar a Dios y a lo divino del horizonte de la humanidad y advertimos el valor de dar testimonio en nuestras sociedades de la apertura originaria a la transcendencia que está grabada en el corazón del ser humano. En esto, sentimos cerca de nosotros también a todos aquellos hombres y mujeres que, sin reconocerse en tradición religiosa alguna, se sienten, sin embargo, en búsqueda de la verdad, de la bondad y de la belleza; esta verdad, bondad y belleza de Dios, y que son nuestros aliados inapreciables en el compromiso para defender la dignidad del ser humano, en la construcción de una convivencia pacífica entre los pueblos y en la custodia amorosa de la creación».

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