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Presentación

442px-Emblem of the Papacy SE svgBienvenido a este blog de actualidad religiosa,de filosofía, de combate de la Verdad contra la secta modernista del "Concilio Vaticano II", de honor, amor y fidelidad al Magisterio infalible de la Santa Iglesia Católica, y de discusión sobre la actualidad de Méjico.
   Este blog pretende también reunir las direcciones de los centros de Misa y de sacerdotes NON UNA CUM, celebrando el Santo Sacrificio en total desunión a "Benedicto XVI" en México.

   No reconocemos, pues, la legitimidad de la autoridad de los "Papas del Concilio" Vaticano II. Estamos ciertos de que solamente esta posición, también llamada sedevacantismo, es la posición teológica que responde perfectamente a la situación actual de la Autoridad en la Iglesia, en particular detallada por la Tesis de Cassiciacum.

   Le invitamos a leer nuestro blog detalladamente. Permítanos presertarle nuestra postura teológica.

   Sea a la mayor gloria de Dios: 


El equipo de México y Tradición

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20 agosto 2012 1 20 /08 /agosto /2012 05:03

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Kýrie eléison.

Christe eléison.

Kyrie eléison.
Christe, audi nos.

Christe, exáudi nos.
Pater de caelis, Deus, miserére nobis.

Fili, Redémptor mundi, Deus, miserére nobis.

Spíritus Sancte, Deus, miserére nobis.

Santísima Virgen María, nuestra madre, aconséjanos y protégenos (se repite).
Hija amadísima del Padre Eterno,
Madre augusta del Hijo de Dios,
Divina Esposa del Espíritu Santo,
Templo viviente de la Santísima Trinidad,
Reina del Cielo y de la tierra,
Sede de la Divina Sabiduría,                                                          

Depositaria de los secretos del Altísimo,
Virgen prudentísima,
En nuestra perplejidades y en nuestras dudas,
En nuestras angustias y en nuestras tribulaciones,
En nuestros quehaceres y en nuestras empresas,
En los peligros y en las tentaciones,
En los combates contra el demonio, el mundo y la carne,
En nuestro desaliento,
En todas nuestras necesidades,
En la hora de nuestra muerte,
Por tu Inmaculada Concepción,
Por tu Feliz Natividad,
Por tu admirable Presentación,
Por tu gloriosa Anunciación,
Por tu bendita Visitación,
Por tu Divina Maternidad,
Por tu Santa Purificación,
Por los dolores y las angustias de tu materno corazón,
Por tu preciosa dormición,
Por tu triunfal Asunción,

Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi, parce nobis, Dómine.
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi, exáudi nos, Dómine.

Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi, miserére nobis.

V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.

R. Y alcánzanos el don del buen consejo.

Orémus.
Deus qui Genitrícem dilécti Fílii tui Matrem nobis dedísti, ejúsque speciósam Imáginem mira apparitióne clarificáre dignátus es: concéde quaesumus, ut ejúsdem mónitis júgiter inhaeréntes, secúndum cor tuum vívere, et ad caelestem pátriam felíciter perveníre valeámus. Per eúndem Christum Dóminum nostrum. R. Amen.

 
Oremos.

Oh Dios, que nos has dado por madre la Madre de tu amadísimo Hijo y te has dignado glorificar su hermosa Imagen mediante una milagrosa aparición, concédenos, te suplicamos, que siguiendo siempre sus consejos, podamos vivir según tu corazón y alcanzar la patria celestial. Por el mismo Cristo Nuestro Señor. R. Amén.

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5 septiembre 2010 7 05 /09 /septiembre /2010 06:28

Frutos de la Santa Comunión


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El hombre nace herido pero es curado por los sacramentos

 

            Después del pecado original cometido por Adán, los hombres quedaron separados de Dios perdiendo su gracia. Quedaron también heridos en su cuerpo y en su alma. El cuerpo humano está sometido a mil enfermedades y finalmente a la muerte. Las pasiones que son energías buenas pero ciegas no obedecen más a la voluntad. Nuestra inteligencia herida no ve fácilmente la verdad y cae en muchos errores. Nuestra voluntad está inclinada al mal y al egocentrismo, está debilitada delante de las dificultades y tentaciones y cede fácilmente. Muchas veces las pasiones nos gobiernan impulsándonos a cumplir todos sus caprichos sin tener en cuenta la ley de Dios ni la justicia para con el prójimo ni nuestro verdadero bien.

            Nuestro Señor Jesucristo por su Pasión y Muerte nos mereció la gracia y nos la comunica mediante los sacramentos. Sin embargo, aunque el bautismo nos purifique del pecado original, no suprime las heridas heredadas de ese mismo pecado. Dios quiere que cooperemos con la ayuda que nos brinda poniendo a nuestra disposición unos antídotos espirituales que nos fortalecen curando nuestras heridas y dándonos fuerzas para hacer el bien y evitar el mal. Estos antídotos o medicinas divinas los conseguimos mediante los sacramentos. Por esa razón es necesario confesarse y comulgar regularmente para vencer las tentaciones y pecados y así tener la paz en su alma y familia.

 

 

           

            El Sacramento que debemos recibir a menudo es la Santa Eucaristíamediante la Comunión.¿Por qué? Porque “su eficacia santificadora es enorme, ya que no solamente confiere la gracia en cantidad muy superior a la de cualquier sacramento, sino que nos da y une íntimamente a la persona adorable de Cristo, manantial y fuente de la misma gracia” (1). He aquí algunos de los frutos de la santa Comunión sobre el alma y el cuerpo del que comulga sin estar en pecado mortal.

 

 Frutos de la Comunión en el alma

Según el R. P. Antonio Royo Marín, los principales efectos que la Sagrada Comunión bien recibida son los siguientes (2):

1) La Eucaristía nos une íntimamente con Cristo y, en cierto sentido, nos transforma en Él. Es el primer efecto y más inmediato puesto que en el recibimos real y verdaderamente el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad del mismo Cristo. "Yo soy el pan de vida...Yo soy el pan que bajó del cielo...Si uno come de este pan vivirá para siempre y el pan que yo daré es la carne mía para la vida del mundo. En verdad, en verdad, os digo, si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis la sangre del mismo, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y Yo le resucitaré el último día. Porque la carne mía es verdaderamente comida y la sangre mía es verdaderamente bebida. El que  come mi carne y bebe mi sangre, en Mí permanece y Yo en él. El que come de este pan vivirá eternamente" (Juan, 6, 35-58).

Los alimentos corporales que comemos, los transformamos en carne propia; por el contrario, al comulgar es Cristo quien nos transforma en Él, haciéndonos cada vez más semejantes a Él. El que comulga bien, puede decir con San Pablo: “Cristo vive en mí" (Gálatas, 2, 20). Esto es una maravillosa realidad. Podemos poner un ejemplo, aunque muy imperfecto: al arrojar una esponja al agua, podemos decir que la esponja está en el agua y el agua está en la esponja.

            La santa comunión nos une a Cristo de una manera muy estrecha e íntima por medio de una gran caridad y vehemente amor. Después de ser recibido por nosotros, “Jesucristo nos mira como cosa suya propia y nos cuida con especialísimo amor, como cosa a él perteneciente y nos rodea de singular providencia para que seamos y permanezcamos dignos de Él. No sólo tiene cuidado de nuestra alma, sino aún de nuestro propio cuerpo y de toda nuestra persona en orden a nuestra santificación y perfección” (4).

2) La Eucaristía nos une con la Santísima Trinidad.Es una consecuencia necesaria del hecho de que en la Eucaristía esté real y verdaderamente Cristo entero, con su cuerpo, alma y divinidad. Porque las tres personas divinas -El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo- son absolutamente inseparables. Donde está una de ellas, tienen que estar forzosamente las otras dos. Y aunque es verdad que el alma en gracia es siempre templo vivo de la Trinidad, la sagrada comunión perfecciona ese misterio de la inhabitación trinitaria (Juan 14, 23; 2 Cor. 6, 16). “Así como el Padre, que me ha enviado, vive, y yo vivo por el Padre; así quien me come vivirá por Mí”, dice Nuestro Señor (Juan 6, 58).

3) La Eucaristía aumenta la gracia santificante al darnos la gracia sacramental que alimenta, conforta y vigoriza nuestra vida sobrenatural.

4) La Eucaristía aumenta la fe, la esperanza y, sobre todo, la caridad. Aumenta la Fepor el acto de fe que hacemos al recibir a Cristo en el sacramento. Aumenta la Esperanza porque la Eucaristía es prenda y garantía de la gloria y de la vida eterna. Aumenta, sobre todo, la Caridad según aquello de San Pablo: "La caridad de Cristo nos apremia" (2 Cor, 5, 14) ya que la comunión nos une a Cristo. “Es la caridad para con Dios y con el prójimo, una caridad no sólo afectiva sino efectiva (nos hace amar a Dios y al prójimo realmente). De este modo la Eucaristía es vínculo de caridad que une los diversos miembros de toda la familia cristiana: a los pobres y a los ricos, a los sabios y a los ignorantes en la misma santa Mesa; une a todos los pueblos de la cristiandad” (5).

            Aumenta, finalmente, todas las demás virtudes infusas (que son la prudencia, la justicia, la fortaleza, y la templanza) y los dones del Espíritu Santo, (que son la sabiduría, el entendimiento, la ciencia, el consejo, la fortaleza, la piedad y el santo temor de Dios). Desde luego la Sagrada Comunióntiene una eficacia santificadora incomparable, ya que la santidad consiste propiamente en el desarrollo y crecimiento perfecto de la gracia y de las virtudes infusas en nuestra alma.

5) La Eucaristía borra los pecados veniales. La comunión siendo un alimento divino repara las fuerzas del alma perdidas por los pecados veniales. La comunión excita el acto de caridad y la caridad actual destruye los pecados veniales que son un enfriamiento de la caridad, como el calor destruye al frío. Como el alimento es necesario para restaurar las fuerzas del cuerpo cada día, así la Comuniónes necesaria para restaurar las fuerzas del alma perdidas por la concupiscencia mediante los pecados veniales que disminuyen el fervor de la caridad (Suma Teológica III, 79, 4 ).

6) La Eucaristía perdona indirectamente la pena temporal debida por los pecados. Es decir mientras más somos fervorosos, más recibimos perdón de nuestro purgatorio. La cantidad de la pena remitida estará en proporción con el grado de fervor y devoción al recibir la Eucaristía.

7) La Eucaristía preserva de los pecados futuros, sobre todo, de los pecados de deshonestidad, por la pureza y castidad de la Carne y Sangre de Cristo que comunica su virtud, su fuerza al que las recibe. La comunión robustece las fuerzas del alma contra las malas inclinaciones de la naturaleza y nos preserva de los asaltos del demonio al aplicarnos los efectos de la pasión de Cristo, por la que fue él vencido, dice santo Tomás de Aquino (III, 79,6 y 79,6 ad 1). A un muchacho que había contraído el vicio de pecar, San Felipe Neri le aconsejó la comunión diaria. Él procuraba estar dispuesto para confesarle cuando quisiese y con la comunión diaria quitó al pobre joven su mal hábito deshonesto.

8) La Eucaristía es prenda de la gloria futura. El mismo Cristo dijo: "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene la vida eterna, y yo lo resucitaré el último día" (Juan, 6, 54). El Magisterio de la Iglesia lo afirmó en el Concilio de Trento: “Quiso Cristo que la Eucaristía fuera prenda de nuestra futura gloria y perpetua felicidad" (Dz. 875).

 

         Efectos de la Eucaristía en el cuerpo

 

1) La Eucaristía, dignamente recibida, santifica en cierto modo el cuerpo mismo del que comulga. El catecismo romano del Concilio de Trento (2ª parte n° 53) dice: “La Eucaristía refrena también y reprime la misma concupiscencia de la carne, porque, al encender en el alma el fuego de la caridad, mitiga los ardores sensuales de nuestro cuerpo”.

2) La Eucaristía confiere el derecho a la resurrección gloriosa de su cuerpo. “El que come mi Cuerpo y bebe mi Sangre, tiene la vida eterna, y Yo le resucitaré el último día” (Juan 6, 54). Se trata de la resurrección gloriosa para la felicidad eterna.

           

 

Comulgar es recibir a Dios. Es recibir santificación y fuerza, paz y consuelo, fe, esperanza y caridad. Comulgar es hacerse cada vez más semejante a Cristo, imitando sus virtudes y reproduciendo en sí mismo la vida y comportamiento de Cristo. Comulgar es armarse de la fuerza de Dios contra los vicios y los demonios; comulgar es ir sometiendo poco a poco el cuerpo al alma y ser libre de las esclavitudes de los vicios; comulgar es tener paz en el alma y a su alrededor.

            Todos los santos han deseado recibir a menudo la divina Eucaristía; de ella han sacado su santidad y perfección. ¡Dichosos los que comulgan cada día o al menos cada domingo con buena preparación y acción de gracias!

Padre Servus Christi

Bibliografía y notas

 

(1) Antonio Royo Marín, O. P. Jesucristo y la vida cristiana,  Madrid, 1961, BAC, pág. 501, no 481.

 (2) Antonio Royo Marín, O. P. Teología moral para seglares, Tomo II, Los Sacramentos, Madrid, BAC,1958, pág. 205-213 n°137.

(3) Enrique Denzinger, El Magisterio de la Iglesia, Barcelona, Herder, 1963, pág.. 249, n° 883; y DzS n° 1651.

(4) Remigio Vilariño Ugarte, S. J. Puntos de catecismo, Bilbao, 1957, pág. 1158-1159, no 2837

(5) R. Garrigou-Lagrange, O.P., La unión del sacerdote con Cristo, sacerdote y víctima, Madrid, Rialp, 1955, pág. 132.

           

 

 

 

 

 

Reflexiones acerca de la Sagrada Eucaristía

 

Pero no solo es necesario que te prepares muy bien para comulgar devotamente, sino que es necesario conservar cuidadosamente la devoción después de haber comulgado. Pues no es menor la devoción que se necesita para después de comulgar, que la que exige antes de pasar a recibir al Señor.

            La fervorosa acción de gracias después de comulgar es una gran garantía y muy buena disposición para recibir luego más favores y gracias del cielo. Y al contrario, es una verdadera falta de buena disposición y de fervor, el dedicarse enseguida inmediatamente después de comulgar, a darles satisfacciones a los sentidos.

            Después de comulgar no te dediques a charlas. Quédate unos minutos en comunicación con tu Dios. No se te olvide que en esos momentos tienes en tu corazón “al que el cielo y la tierra no logran abarcar” (2 Corintios 2,6) y al que nadie podrá quitar si tú no quieres que se aleje; es tu Dios, a quien debes consagrarte sin guardarte nada para tí, para que logres vivir ya no para tí, sino para tu Creador, y quedarte así libre de todo cuidado y preo-cupación, porque todo lo has colocado en sus manos. Que puedas decir con el Apóstol: “Vivo, pero ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en Mí” (Gálatas 6,20) (Imitación de Cristo 4,12).

 

            Si este Santísimo Sacramento se cele-brará solamente en un sitio del mundo y por un solo sacerdote, cómo serían de grandes los deseos de la gente de ir hasta aquel sitio y a este privilegiado sacerdote, para ver celebrar tan sublime misterio?

            Pero en la Eucaristía se ofrece Cristo en tantos sitios distintos y por medio de tantos sacerdotes, para que se manifieste más y más el amor que Dios tiene a los seres humanos, y para que cuanto más difundida sea la Eucaristía, más gracias y favores recibamos.

(Imitación de Cristo 4,1).

           

            Cada vez que participamos en este Sacramento de la Eucaristía, y cada vez que recibimos el Cuerpo de Cristo, participamos del Misterio de su Redención y de todos los méritos que Cristo ganó para nosotros.

            Por eso debes siempre disponerte a comulgar purificando más y más tu espíritu, y meditando con profunda atención todo lo que significa este sublime misterio de nuestra salvación. (Imitación de Cristo 4,2).       

 

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5 septiembre 2010 7 05 /09 /septiembre /2010 06:13

La semana santa:
 ¿Semana de vacaciones o de luto?

 

Queridos católicos:


El Jueves Santo, el Viernes Santo y el Sábado Santo forman el Triduo Sacro. Son los días de la Semana Santa, de la semana más importante de la historia de la humanidad. Porque para nada hubiera servido la creación si no hubiera habido la salvación.
La Semana Santa es la semana de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Pasión significa sufrimientos, muerte de Cristo en la Cruz. Pasión, Redención, Salvación y vida eterna para nosotros están vinculadas. Sin los sufrimientos, la Cruz y la muerte de Cristo no hay salvación para tí, pecador ingrato.
Cristo se hizo nuestro cordero que carga con nuestros pecados. Cristo quiere “morir a fin de satisfacer en nuestro lugar a la justicia de Dios, por su propia muerte”, dice Santo Tomás de Aquino en su Suma Teológica (III, 66, 4).
    Cristo acepta ser maltratado, para que tú no lo seas eternamente; Cristo acepta ser flagelado para que tú no seas flagelado por los demonios y el fuego en el infierno.
Cristo acepta gustar la tremenda sed de la crucifixión y la muerte amarga de la cruz, para que tú no padezcas la sed eterna de felicidad. Cristo acepta ser deshonrado en la cruz para que tú no seas deshonrado y con-fundido en el día del Juicio final.
    Y tú, hijo ingrato, ¿qué haces en esos días de la Semana Santa mientras que tu Señor está muriendo en tu lugar para salvarte? ¿Cómo los utilizas? ¿A dónde vas? ¿Por qué los profanas?
    Si en esos días tu patrón te dispensa de trabajar porque es Semana Santa, Semana de luto, Semana de la muerte del Hijo de Dios; tú deberías saber muy bien que esos días santos no son días de vacaciones, ni de disipación, ni de playa. Son días de penitencia, de oración y de lágrimas.
    El Hijo de Dios hecho hombre está luchando contra el demonio y la justicia divina para librarte. Sí, para librarte a tí y a tu familia del más grande peligro que pueda existir: el de la perdición eterna. Sábelo, incúlcalo a tus hijos para que sean agradecidos con su Salvador.
Es Dios mismo quien te lo dice: “Sin efusión de sangre no hay remisión de pecados” (Hebreos 9, 22). Y esa sangre que borra tus pecados es la de tu Bienhechor: Nuestro Señor Jesucristo. Sobre todo no digas que no has pecado y no necesitas del perdón. Si lo dijeras manifestarías tu gran ceguedad e ignorancia.
Ningún hombre puede conseguir por sí mismo el perdón de sus pecados. Debe buscarlo en otra parte: ¿dónde? en la Sangre del Hijo de Dios que murió en la Cruz el Viernes Santo. San Pablo dice: “En Él, por su Sangre tenemos la redención, el perdón de los pecados...” (Efesios 1,7).
El hombre no puede ofrecer sacrificio propiciatorio por sus pecados. Nuestro Señor Jesucristo se hizo propiciación por nuestros pecados. El se ofrece el Viernes Santo en sacrificio propiciatorio por tí. Sólo, mediante la sangre de Cristo, puedes purificarte, puedes liberarte de las cadenas del pecado y de la tiranía del demonio.
    Y en estos días durante los cuales Cristo está en los tormentos de la Cruz para merecerte la salvación, tú, pecador necesitado, tú te vas a la playa, a pasearte, divertirte, quizás acumular más pecados a los que ya hayas cometido. ¡Despiértate, hermano mío, despiértate de tu letargo! ¡Sé agradecido con tu Bienhechor! ¡Actúa  como católico verdadero!
    Ve al templo a ver y a escuchar lo que en tu lugar está padeciendo Cristo. Sábelo que la ingratitud atrae el castigo de Dios más bien que su misericordia. No seas, pues, ingrato sino agradecido.
La gratitud cristiana consagra el Triduo Santo para conocer más lo que hizo Nuestro Señor Jesucristo por nosotros e impulsarnos a la penitencia, a la sincera conversión y enmienda de nuestra vida tibia y mediocre.
El Jueves Santo es el día en que el Señor Jesús antes de ir a su Pasión te dejó el Memorial de su muerte. Para aplicar los frutos de su Pasión a tu alma, instituyó el sacramento de su amor que es la Santa Eucaristía y el sacerdocio para consagrarla. El dijo: “haced esto en memoria mía”, para recordarnos lo que padeció por puro amor hacia los ingratos que somos; para comunicar a nuestras almas la santidad y el remedio contra el pecado mediante la digna recepción de su Cuerpo. Y tú ¡irías a divertirte en ese día! No sabes que Cristo dijo: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y Yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre está en Mí y Yo en él” (San Juan 6, 54-56). Y tú que pretendes ser discípulo de Cristo ¿por qué te privas del Pan celestial que sana, purifica, santifica y pacifica tu alma y tu hogar? Si por tu culpa no aprovechas del remedio que Cristo te ofrece ¿por qué te quejas de tener problemas en tu vida, familia y trabajo?
    El Viernes Santo es para que grites con y en la Iglesia misericordia para tí mismo y para todo el género humano. El Viernes Santo es para que participes en las exequias de Cristo, escuchando el Evangelio de la Pasión y las Siete Palabras que son las últimas recomendaciones de Cristo, Nuestro Redentor.
Aprovecha el Viernes Santo para confesar con lágrimas tus iniquidades, lavar tu alma de la lepra del pecado con la Sangre de Cristo, participar en la Pasión de tu Salvador, para tener parte con Él en su victoria.
El Viernes Santo, sufrió Cristo para merecerte el ser librado del pecado que es el más horrible cáncer que pueda existir, y del infierno que es la más grande de las des-gracias. Y tú ¿irías de vacaciones con tantos otros neopaganos quizás para matarte en el camino de la ingratitud?
    El Viernes Santo es para que hagas el Vía Crucis, medites lo que hizo y padeció por tí tu Señor; para darte cuenta de lo que merece el pecado. Lea los últimos capítulos de San Mateo, Marcos, Lucas y Juan o vea la Pasión de Cristo por Mel Gibson para que te des cuenta del precio que Cristo pagó para librarte del poder del pecado y del demonio, hacerte hijo de Dios y heredero de la vida eterna. Puedes también leer y meditar Reflexiones sobre la Pasión de Jesucristo por San Alfonso María de Ligorio y La Pasión del Señor por Fray Luis de Granada, o Las Siete Palabras de Cristo por Antonio Royo Marín.
    El Viernes Santo es día de ayuno y penitencia, silencio y lágrimas y no día de playa y placeres.
El Sábado Santo es día de luto. Hombres y mujeres deberían vestirse con ropa de luto para acompañar a la Santísima Madre de los Dolores. El Sábado Santo debería servir para meditar con espanto lo que merece el pecado, porque si al Justo que cargó con nuestros crímenes así se le castiga, ¿qué será del culpable si muere con su pecado?
En resumen, hermano mío, escucha a Dios mismo que dice a cada uno de nosotros: “No tardes en convertirte al Señor, ni lo difieras de un día para otro; porque de repente sobreviene su ira, y en el día de venganza acabará contigo” (Eclesiástico, 5, 8).
Católico, aprovecha la Semana Santa para convertirte al Señor, porque la sincera conversión y el verdadero arrepentimiento aseguran el perdón de los pecados; dan paz al alma y, al fin, la vida eterna que pedimos por tí.  


Un Sacerdote católico


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o diosnuncamuere@hotmail.com

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5 septiembre 2010 7 05 /09 /septiembre /2010 05:08

El Ave María.

 

avemaria.jpg

 

La Santa Iglesia enseña, siguiendo a San Pablo, que no se puede ir a Dios sino por Nuestro Señor Jesucristo: "hay un sólo Dios y un sólo mediador entre Dios y los hombres, el hombre Jesucristo, que se entregó a sí mismo por la redención de todos" (1a Tim. II, 5-6). San Bernardo, en el S. XII, retomando la enseñanza de muchos santos de los primeros siglos, afirma que no se puede ir a Jesús sino es también por María, pues Dios quiso constituir a María como medio entre Jesús y nosotros: "Es la voluntad de Dios, dice él, que tengamos todo por María". Todas las gracias que nos ha merecido Jesús por la Redención nos vienen por María. La Iglesia reasume esta doctrina de los santos por estas simples palabras que se convirtieron en un adagio: "Ad Jesum per Mariam", "A Jesús por María". La Iglesia nos enseña otra verdad no solamente por su doctrina sino también por su práctica y el ejemplo dado por sus santos: Es por el "Ave María" que se va a María. Es lo que quisiera recordar recomendándoles leer algunas líneas de San Luis María Grignon de Montfort en su opúsculo EL SECRETO DEL SANTO ROSARIO (de la rosa 15 a la 20) a lo largo de esos seis capítulos (llamados rosas), el gran Santo explica maravillosamente lo que es esta simple oración del Ave María. Pero comienza por afirmar: "La salutación angélica es tan sublime y elevada que el Beato Alano de la Roche ha creído que ninguna criatura puede comprenderla y que solamente Jesucristo, Hijo de María puede explicarla." .

 

¿CUAL ES EL ORIGEN DEL AVE MARÍA?

 

Su primera parte ("Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre las mujeres") ha sido revelada por la Santísima Trinidad. En efecto, es el Arcángel San Gabriel que la trae del Cielo y la pronuncia por primera vez para anunciar la la Santísima Virgen que Dios Hijo iba a encarnarse en su seno. "La Virgen María recibió, dice San Luis María, esta divina salutación en orden a llevar a feliz término el asunto más sublime e importante del mundo, a saber, la Encarnación del Verbo Eterno, la reconciliación entre Dios y los hombres y la Redención del género humano. Embajador de esta buena noticia fue el Arcángel San Gabriel, uno de los primeros príncipes de la Corte Celestial". La segunda parte (bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre") ha sido añadida por Santa Isabel, el día de la Visitación, inspirada por el Espíritu Santo, cuando la Santísima Virgen María vino a visitarla. Y la Iglesia, en el primer Concilio de Efeso (año 431) sugirió la conclusión, después de condenar el error de Nestorio y definir que la Sma. Virgen es verdaderamente Madre de Dios y ordenó que que se invocase al Sma. Virgen bajo este glorioso título, con estas palabras: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte". .

 

¿EL AVE MARIA ES UNA ORACION PODEROSA PARA OBTENER LAS GRACIAS DE DIOS?

 

Cómo dudarlo ya que nuestra salvación viene de esta simple oración: "Por la salutación angélica, dice San Luis Ma. Grignon de Montfort, Dios se hizo hombre, una virgen se convirtió en Madre de Dios, las almas de los justos fueron liberadas del limbo, se repararon las ruinas del Cielo y los tronos vacíos fueron de nuevo ocupados, el pecado fue perdonado, se nos devolvió la gracia, se curaron las enfermedades, los muertos resucitaron, se llamó a los desterrados, se aplacó la Sma. Trinidad y los hombres obtuvieron la vida eterna". Por lo tanto la Salutación angélica ha sido el medio por el que el Misterio de la Santísima Encarnación se realizó y vino nuestra salvación. Pero ella es más que eso, si se puede decir: es el canal por el cual Dios ha dado todas sus gracias hasta hoy y las dará hasta el fin del mundo: "La salutación angélica contiene la fe y la esperanza de los patriarcas, de los profetas y de los Apóstoles. Es la constancia y la fortaleza de los mártires, la ciencia de los doctores, la perseverancia de lo s confesores y la vida de los religiosos" dice el Bienaventurado Alan de la Roche. Y después de haber referido estas palabras del B. Alan, sucesor de Santo Domingo, el predicador vandeano del Rosario añade: "Es el cántico nuevo de la ley de la gracia, la alegría de los Angeles y de los hombres y el terror y confusión de los demonios". .

 

¿EL AVE MARÍA ES UNA ORACION NECESARIA PARA OBTENER LAS GRACIAS PARA SALVARSE?

 

Nuestro Santo (San Luis Ma. Grignon de Montfort) no deja lugar a la menor duda en la respuesta a esta pregunta. Afirma categóricamente que quienes no tienen devoción por el Ave María van por el camino de la perdición eterna. La experiencia, dice él, es suficiente para probarlo: todos los que llevan la marca de la reprobación tienen horror al Avemaría (como los herejes "que son todos hijos de Satanás"), o son negligentes de decirla o bien sólo la dicen tibia y precipitadamente. El Santo recuerda que quienes profesan novedosas doctrinas condenadas por la Iglesia condenadas en su época (los jansenistas) "a pesar de su aparente piedad, descuidan en demasía la devoción del Rosario y frecuentemente lo arrancan del corazón de quienes les rodean, con los pretextos más hermosos del mundo". Hoy vemos, aún en nuestros días, que las nuevas doctrinas condenadas por la Iglesia, si no son las mismas que en el siglo XVIII, están siempre acompañadas de este triste signo de la reprobación de Dios: el abandono de la devoción al Rosario. Pero para confirmar esta verdad San Luis Ma. refiere el testimonio mismo de la Santísima Virgen al Beato Alano de la Roche. Entre las cosas más admirables que Ella le reveló, le dijo que: "la negligencia, tedio y aversión a la salutación angélica, que restauró el mundo, son señal probable e inmediata de reprobación eterna" y al contrario que, "quienes tienen devoción a esta divina salutación poseen una gran señal de predestinación... No se ni veo con claridad, añade San Luis Ma., cómo una devoción tan pequeña pueda ser señal infalible de eterna salvación y su defecto, señal de reprobación. No obstante, nada hay más cierto". .

 

CONCLUSIÓN ..

 

¿Quién mejor que San Luis Ma. Grignon de Montfort podrá hacernos comprender los frutos maravillosos que la recitación piadosa del Avemaría obrará en nuestra alma? ¿No es verdad que recomendando a las almas el rezo del Rosario fue que el obtenía infaliblemente su santificación o su conversión? Por lo tanto escuchemos con atención sus palabras y sobre todo decidámonos poner en práctica esta devoción por el rezo piadoso del Rosario diariamente y recurramos frecuentemente a Nuestra Señora por el Avemaría: Es asegurar infaliblemente, también para nosotros, las gracias que necesitamos para salvarnos. "¿Quieres enriquecerte con todos los bienes de la gracia y de la gloria? dice él en efecto, Saluda a la Sma. Virgen, honra a tu bondadosa Madre! Sicut qui thesaurizat, ita et qui honorificat matrem: "Quien acumula tesoros, así es el que tributa honor a su Madre - la Sma. Virgen-". (Eclo III, 5). "Preséntale, al menos, cincuenta Avemarías diariamente, cada una de ellas contiene quince piedras preciosas que agradan más a María que todas las riquezas de la tierra. ¿Qué no podrías, entonces, esperar de su generosidad? Ella es nuestra Madre y amiga. Es la Emperatriz del universo y nos ama más que lo que todas las madres y reinas juntas amaron a algún mortal. Porque -dice San Agustín- la caridad de la Sma. Virgen aventaja a todo el amor natural de todos los hombres y de todos los Angeles... "El Avemaría es un rocío celestial y divino, que al caer en el alma de un predestinado le comunica una fecundidad maravillosa para producir toda clase de virtudes. Cuanto más regada esté el alma por esta oración, tanto más se ilumina el espíritu, más se le abraza el corazón y más se fortalece contra sus enemigos". .

 

EJEMPLO: El Avemaría procura a los pecadores y herejes la gracia de la conversión. . Alban Stolz y el protestante - En su libro de La Salutación angélica, la celebre escritora Alban Stolz da a los protestantes, que buscan sinceramente la verdad, el consejo de decir todos los días un Avemaría. Tal vez, escribe, usted tiene aún, por atavismo un resto de esa veneración al la Virgen, tan conforme, por lo demás, a la naturaleza... Rompa, como Sansón, las cadenas de los prejuicios que los amarran desde su juventud... Tengan, por lo tanto, el valor todos los días un Avemaría, aunque sea durante un mes, y encontrarán tanto gusto en esta salutación angélica que no la omitirán más hasta la muerte". Este libro cayó en las manos de un sabio teólogo protestante, el Dr. Hugo Lämmer, que siguió el consejo a la letra y sintió luego una lucha interior violenta, cuya salida fue un estudio profundo del dogma católico. Este estudio llevó a la conversión a Braunsberg el 21 de noviembre de 1858; además, llegó a ser sacerdote, profesor en la facultad católica de Breslau y canónigo de esta catedral. - El Avemaría viniendo del Cielo, tiene una eficacia celeste, es en ella misma llena de gracia. ( Padre N. Delsor, Colección de ejemplos aplicados al catecismo popular de Francisco Spirago, París, 1911, p. 538).

 

"Tres días después hubo una boda en Cana de Galilea. La Madre de Jesús estaba invitada. Tambien lo estaban Jesús y sus discípulos. Se les acabo el vino, entonces la Madre de Jesús le dijo: -No tienen vino. Jesús le respondió: -Mujer, que tengo yo contigo; no sabes que aun no ha llegado mi hora. La Madre de Jesús les dijo entonces a los que estaban sirviendo: -Haced lo que el os diga". Evangelio de San Juan 2, 1-5

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23 noviembre 2009 1 23 /11 /noviembre /2009 19:59


El hombre nace herido pero es curado por los sacramentos

            Después del pecado original cometido por Adán, los hombres quedaron separados de Dios perdiendo su gracia. Quedaron también heridos en su cuerpo y en su alma. El cuerpo humano está sometido a mil enfermedades y finalmente a la muerte. Las pasiones que son energías buenas pero ciegas no obedecen más a la voluntad. Nuestra inteligencia herida no ve fácilmente la verdad y cae en muchos errores. Nuestra voluntad está inclinada al mal y al egocentrismo, está debilitada delante de las dificultades y tentaciones y cede fácilmente. Muchas veces las pasiones nos gobiernan impulsándonos a cumplir todos sus caprichos sin tener en cuenta la ley de Dios ni la justicia para con el prójimo ni nuestro verdadero bien.

Nuestro Señor Jesucristo por su Pasión y Muerte nos mereció la gracia y nos la comunica mediante los sacramentos. Sin embargo, aunque el bautismo nos purifique del pecado original, no suprime las heridas heredadas de ese mismo pecado. Dios quiere que cooperemos con la ayuda que nos brinda poniendo a nuestra disposición unos antídotos espirituales que nos fortalecen curando nuestras heridas y dándonos fuerzas para hacer el bien y evitar el mal. Estos antídotos o medicinas divinas los conseguimos mediante los sacramentos. Por esa razón es necesario confesarse y comulgar regularmente para vencer las tentaciones y pecados y así tener la paz en su alma y familia.

El Sacramento que debemos recibir a menudo es la Santa Eucaristía mediante la Comunión. ¿Por qué? Porque “su eficacia santificadora es enorme, ya que no solamente confiere la gracia en cantidad muy superior a la de cualquier sacramento, sino que nos da y une íntimamente a la persona adorable de Cristo, manantial y fuente de la misma gracia” (1). He aquí algunos de los frutos de la santa Comunión sobre el alma y el cuerpo del que comulga sin estar en pecado mortal.

 

Frutos de la Comunión en el alma

Según el R. P. Antonio Royo Marín, los principales efectos que la Sagrada Comunión bien recibida son los siguientes (2):

1) La Eucaristía nos une íntimamente con Cristo y, en cierto sentido, nos transforma en Él. Es el primer efecto y más inmediato puesto que en el recibimos real y verdaderamente el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad del mismo Cristo. "Yo soy el pan de vida...Yo soy el pan que bajó del cielo...Si uno come de este pan vivirá para siempre y el pan que yo daré es la carne mía para la vida del mundo. En verdad, en verdad, os digo, si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis la sangre del mismo, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y Yo le resucitaré el último día. Porque la carne mía es verdaderamente comida y la sangre mía es verdaderamente bebida. El que  come mi carne y bebe mi sangre, en Mí permanece y Yo en él. El que come de este pan vivirá eternamente" (Juan, 6, 35-58).

Los alimentos corporales que comemos, los transformamos en carne propia; por el contrario, al comulgar es Cristo quien nos transforma en Él, haciéndonos cada vez más semejantes a Él. El que comulga bien, puede decir con San Pablo: “Cristo vive en mí" (Gálatas, 2, 20). Esto es una maravillosa realidad. Podemos poner un ejemplo, aunque muy imperfecto: al arrojar una esponja al agua, podemos decir que la esponja está en el agua y el agua está en la esponja.

La santa comunión nos une a Cristo de una manera muy estrecha e íntima por medio de una gran caridad y vehemente amor. Después de ser recibido por nosotros, “Jesucristo nos mira como cosa suya propia y nos cuida con especialísimo amor, como cosa a él perteneciente y nos rodea de singular providencia para que seamos y permanezcamos dignos de Él. No sólo tiene cuidado de nuestra alma, sino aún de nuestro propio cuerpo y de toda nuestra persona en orden a nuestra santificación y perfección” (4).

2) La Eucaristía nos une con la Santísima Trinidad. Es una consecuencia necesaria del hecho de que en la Eucaristía esté real y verdaderamente Cristo entero, con su cuerpo, alma y divinidad. Porque las tres personas divinas -El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo- son absolutamente inseparables. Donde está una de ellas, tienen que estar forzosamente las otras dos. Y aunque es verdad que el alma en gracia es siempre templo vivo de la Trinidad, la sagrada comunión perfecciona ese misterio de la inhabitación trinitaria (Juan 14, 23; 2 Cor. 6, 16). “Así como el Padre, que me ha enviado, vive, y yo vivo por el Padre; así quien me come vivirá por Mí”, dice Nuestro Señor (Juan 6, 58).

3) La Eucaristía aumenta la gracia santificante al darnos la gracia sacramental que alimenta, conforta y vigoriza nuestra vida sobrenatural.

4) La Eucaristía aumenta la fe, la esperanza y, sobre todo, la caridad. Aumenta la Fe por el acto de fe que hacemos al recibir a Cristo en el sacramento. Aumenta la Esperanza porque la Eucaristía es prenda y garantía de la gloria y de la vida eterna. Aumenta, sobre todo, la Caridad según aquello de San Pablo: "La caridad de Cristo nos apremia" (2 Cor, 5, 14) ya que la comunión nos une a Cristo. “Es la caridad para con Dios y con el prójimo, una caridad no sólo afectiva sino efectiva (nos hace amar a Dios y al prójimo realmente). De este modo la Eucaristía es vínculo de caridad que une los diversos miembros de toda la familia cristiana: a los pobres y a los ricos, a los sabios y a los ignorantes en la misma santa Mesa; une a todos los pueblos de la cristiandad” (5).

Aumenta, finalmente, todas las demás virtudes infusas (que son la prudencia, la justicia, la fortaleza, y la templanza) y los dones del Espíritu Santo, (que son la sabiduría, el entendimiento, la ciencia, el consejo, la fortaleza, la piedad y el santo temor de Dios). Desde luego la Sagrada Comunión tiene una eficacia santificadora incomparable, ya que la santidad consiste propiamente en el desarrollo y crecimiento perfecto de la gracia y de las virtudes infusas en nuestra alma.

5) La Eucaristía borra los pecados veniales. La comunión siendo un alimento divino repara las fuerzas del alma perdidas por los pecados veniales. La comunión excita el acto de caridad y la caridad actual destruye los pecados veniales que son un enfriamiento de la caridad, como el calor destruye al frío. Como el alimento es necesario para restaurar las fuerzas del cuerpo cada día, así la Comunión es necesaria para restaurar las fuerzas del alma perdidas por la concupiscencia mediante los pecados veniales que disminuyen el fervor de la caridad (Suma Teológica III, 79, 4 ).

6) La Eucaristía perdona indirectamente la pena temporal debida por los pecados. Es decir mientras más somos fervorosos, más recibimos perdón de nuestro purgatorio. La cantidad de la pena remitida estará en proporción con el grado de fervor y devoción al recibir la Eucaristía.

7) La Eucaristía preserva de los pecados futuros, sobre todo, de los pecados de deshonestidad, por la pureza y castidad de la Carne y Sangre de Cristo que comunica su virtud, su fuerza al que las recibe. La comunión robustece las fuerzas del alma contra las malas inclinaciones de la naturaleza y nos preserva de los asaltos del demonio al aplicarnos los efectos de la pasión de Cristo, por la que fue él vencido, dice santo Tomás de Aquino (III, 79,6 y 79,6 ad 1). A un muchacho que había contraído el vicio de pecar, San Felipe Neri le aconsejó la comunión diaria. Él procuraba estar dispuesto para confesarle cuando quisiese y con la comunión diaria quitó al pobre joven su mal hábito deshonesto.

8) La Eucaristía es prenda de la gloria futura. El mismo Cristo dijo: "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene la vida eterna, y yo lo resucitaré el último día" (Juan, 6, 54). El Magisterio de la Iglesia lo afirmó en el Concilio de Trento: “Quiso Cristo que la Eucaristía fuera prenda de nuestra futura gloria y perpetua felicidad" (Dz. 875).

 

Efectos de la Eucaristía en el cuerpo

1) La Eucaristía, dignamente recibida, santifica en cierto modo el cuerpo mismo del que comulga. El catecismo romano del Concilio de Trento (2ª parte n° 53) dice: “La Eucaristía refrena también y reprime la misma concupiscencia de la carne, porque, al encender en el alma el fuego de la caridad, mitiga los ardores sensuales de nuestro cuerpo”.

2) La Eucaristía confiere el derecho a la resurrección gloriosa de su cuerpo. “El que come mi Cuerpo y bebe mi Sangre, tiene la vida eterna, y Yo le resucitaré el último día” (Juan 6, 54). Se trata de la resurrección gloriosa para la felicidad eterna.

Comulgar es recibir a Dios. Es recibir santificación y fuerza, paz y consuelo, fe, esperanza y caridad. Comulgar es hacerse cada vez más semejante a Cristo, imitando sus virtudes y reproduciendo en sí mismo la vida y comportamiento de Cristo. Comulgar es armarse de la fuerza de Dios contra los vicios y los demonios; comulgar es ir sometiendo poco a poco el cuerpo al alma y ser libre de las esclavitudes de los vicios; comulgar es tener paz en el alma y a su alrededor.

Todos los santos han deseado recibir a menudo la divina Eucaristía; de ella han sacado su santidad y perfección. ¡Dichosos los que comulgan cada día o al menos cada domingo con buena preparación y acción de gracias!

Padre Servus Christi

 

Bibliografía y notas

(1) Antonio Royo Marín, O. P. Jesucristo y la vida cristiana,  Madrid, 1961, BAC, pág. 501, no 481.
 (2) Antonio Royo Marín, O. P. Teología moral para seglares, Tomo II, Los Sacramentos, Madrid, BAC,1958, pág. 205-213 n°137.
(3) Enrique Denzinger, El Magisterio de la Iglesia, Barcelona, Herder, 1963, pág.. 249, n° 883; y DzS n° 1651.
(4) Remigio Vilariño Ugarte, S. J. Puntos de catecismo, Bilbao, 1957, pág. 1158-1159, no 2837
(5) R. Garrigou-Lagrange, O.P., La unión del sacerdote con Cristo, sacerdote y víctima, Madrid, Rialp, 1955, pág. 132.
          

Reflexiones acerca de la Sagrada Eucaristía

Pero no solo es necesario que te prepares muy bien para comulgar devotamente, sino que es necesario conservar cuidadosamente la devoción después de haber comulgado. Pues no es menor la devoción que se necesita para después de comulgar, que la que exige antes de pasar a recibir al Señor.

La fervorosa acción de gracias después de comulgar es una gran garantía y muy buena disposición para recibir luego más favores y gracias del cielo. Y al contrario, es una verdadera falta de buena disposición y de fervor, el dedicarse enseguida inmediatamente después de comulgar, a darles satisfacciones a los sentidos.

Después de comulgar no te dediques a charlas. Quédate unos minutos en comunicación con tu Dios. No se te olvide que en esos momentos tienes en tu corazón “al que el cielo y la tierra no logran abarcar” (2 Corintios 2,6) y al que nadie podrá quitar si tú no quieres que se aleje; es tu Dios, a quien debes consagrarte sin guardarte nada para tí, para que logres vivir ya no para tí, sino para tu Creador, y quedarte así libre de todo cuidado y preo-cupación, porque todo lo has colocado en sus manos. Que puedas decir con el Apóstol: “Vivo, pero ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en Mí” (Gálatas 6,20) (Imitación de Cristo 4,12).

Si este Santísimo Sacramento se cele-brará solamente en un sitio del mundo y por un solo sacerdote, cómo serían de grandes los deseos de la gente de ir hasta aquel sitio y a este privilegiado sacerdote, para ver celebrar tan sublime misterio?

Pero en la Eucaristía se ofrece Cristo en tantos sitios distintos y por medio de tantos sacerdotes, para que se manifieste más y más el amor que Dios tiene a los seres humanos, y para que cuanto más difundida sea la Eucaristía, más gracias y favores recibamos. (Imitación de Cristo 4,1).

Cada vez que participamos en este Sacramento de la Eucaristía, y cada vez que recibimos el Cuerpo de Cristo, participamos del Misterio de su Redención y de todos los méritos que Cristo ganó para nosotros.

Por eso debes siempre disponerte a comulgar purificando más y más tu espíritu, y meditando con profunda atención todo lo que significa este sublime misterio de nuestra salvación. (Imitación de Cristo 4,2).     

 
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18 julio 2009 6 18 /07 /julio /2009 18:32


Letanías de la Preciosísima Sangre

de Nuestro Señor Jesucristo

 

 

 


 

Señor, ten piedad de nosotros.                                                         Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.                                                        Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.                                                       Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.                                                                                                               Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.                                                                                               Cristo, escúchanos.

Dios Padre Celestial,                                                                                    Ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo,                                                                                         
Dios Espíritu Santo,                                                                                                             
Santísima Trinidad, que eres un solo Dios,                                                                     

Sangre de Cristo, el Unigénito del Padre Eterno,                                                    Sálvanos.
Sangre de Cristo, Verbo de Dios Encarnado,                                                                
Sangre de Cristo, del Testamento Nuevo y Eterno,                                                       
Sangre de Cristo, derramada sobre la tierra en la agonía,                                           

Sangre de Cristo, vertida copiosamente en la flagelación,                                           
Sangre de Cristo, brotada de la coronación de espinas,                                              
Sangre de Cristo, derramada en la Cruz,                                                                        
Sangre de Cristo, precio de nuestra salvación,                                                              
Sangre de Cristo, sin la cual no hay perdón,                                                                   
Sangre de Cristo, bebida eucarística y limpieza de las almas,                                    
Sangre de Cristo, manantial de misericordia,                                                                

Sangre de Cristo, vencedora de los demonios,                                                             
Sangre de Cristo, fortaleza de los mártires,                                                                    
Sangre de Cristo, sostén de los confesores,                                                                  
Sangre de Cristo, que haces germinar las vírgenes,                                                                 
Sangre de Cristo, consuelo en el peligro,                                                                                   
Sangre de Cristo, alivio de los afligidos,                                                                         
Sangre de Cristo, solaz en las penas,                                                                             
Sangre de Cristo, esperanza del penitente,                                                                    
Sangre de Cristo, consuelo del moribundo,                                                                    
Sangre de Cristo, paz y ternura para los corazones,                                                     
Sangre de Cristo, prenda de vida eterna,                                                                       

Sangre de Cristo, que libras a las almas del Purgatorio,                                              
Sangre de Cristo, acreedora de todo honor y gloria,                                                     

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,                                      Perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,                                      Escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,                              Ten piedad de nosotros.

V. ¡Oh Señor! Nos has redimido con Tu sangre.
R. Y nos has hecho reino de nuestro Dios.


Oremos:
Dios omnipotente y eterno, que has hecho de Tu Hijo Unigénito el Redentor del mundo, y has querido ser aplacado por Su Sangre, concédenos, Te suplicamos, que de tal modo adoremos el precio de nuestra salvación, que por su virtud nos salvemos de los peligros de la vida presente y alcancemos el gozo de sus frutos eternamente en el Cielo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

  

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20 mayo 2009 3 20 /05 /mayo /2009 20:14

 EL GRAN MEDIO DE LA ORACION

 

 

 


TODOS LOS SANTOS INSISTIERON EN LA NECESIDAD DE LA ORACION: VEAMOS LOS DICHOS DE ALGUNOS.
 

   SAN JUAN CRISOSTOMO.- “A la oración debiéramos considerarla como el colmo y término de todos nuestros bienes... Ella es la que produce en nosotros una vida santa... El no amar la oración es locura, y el que vive sin ella está ya muerto y corrompido... No hay señal más clara para conocer la virtud de un hombre que el ver aprecio que éste hace de la oración... Es una verdad de todos manifiesta que sin la oración no se puede vivir virtuosamente. Ella es la única arma que nos defiende por completo.


   “La oración es la cabeza de todos los bienes y el fundamento y raíz de una visa provechosa. La oración fortalece nuestra visa y sin ella nada habría en nosotros de bueno y saludable. La oración es para el hombre lo que el agua es para las plantas, o, más bien, lo que el agua es para los preces.


   “Aunque seas perro, si eres asiduo en la oración, serás preferido al hijo descuidado... No digas: Dios en mi enemigo y no me escuchará, porque si eres asiduo en la oración, pronto te dará respuesta, si ya no por ser su enemigo, al menos por ser pertinaz... No digas: “Mucho he pecado y no puedo rogar a quien tengo irritado”, porque no mira Dios la dignidad o merecimiento, sino a la intensión... Pues cuando no le pedimos es cuando se aíra: y cuando no le rogamos es cuando se aparta de nosotros.


   “Si a un hombre le pides continuamente se te tendrá por pesado y molesto; pero no es así Dios, el cual se molesta precisamente cuando no le pides, y si perseveras pidiendo, aún cuando inmediatamente no recibas, recibirás infaliblemente. Pues si encuentras la puerta cerrada, es justamente porque quiere obligarte a que llames, y si no te escucha enseguida es para que sigas pidiendo. Sigue, pues, pidiendo e infaliblemente recibirás”. (Sermón sobre San Mateo).
 

   SAN HILARIO.- “Habiendo puesto Cristo Nuestro Señor leyes difíciles de cumplir luego, dio este consejo: “Pedid y recibiréis”, para indicarnos la manera de poderlas cumplir... La consecución de todas las gracias divinas, depende únicamente de la oración.
 

   SAN JOSE DE CALASANZ.- “Sin oración no se puede perseverar en el servicio de Dios... La oración es a manera de un canal por el que nos vienen todas las gracias... La oración es tan necesaria para el hombre interior como el alimento lo es para el hombre exterior.


   SAN PEDRO DE ALCANTARA.- “Sin la gracia de la oración es imposible mortificar la carne y aún mucho más mortificar el espíritu”.
 

   SAN JUAN BERCHMANS.- “Toda apostasía es la religión tiene su origen en la falta de oración. Si hago bien mi oración, perseveraré en mi vocación”.
 

   SAN LEONARDO DE PORTOMAURICIO.- “Tomad, pues, y conservad este importante consejo: Tened por día perdido aquél en el que no hacéis oración.
 

   SAN FELIPE NERI.- “La oración mental y el pecado no pueden estar juntos. Un hombre sin oración es como un animal sin razón.
 

   SAN EFREN.- “No hay en la vida del hombre tesoro comparable a la oración.
 

   SAN NILO.- “No dará Dios la perseverancia, si no al que se la pida con perseverante oración”.
 

   SAN AGUSTIN.- “Si quieres vivir cristianamente con facilidad, haz mucha oración y lo conseguirás.
 

   SANTA TERESA DE JESUS.- “Como se haga la oración que es lo más importante, no dejará de hacerse todo lo demás...


   “La oración es el camino real para el Cielo, y camino seguro... No me parece es otra cosa perder el camino, sino dejar la oración...


   “Nadie puede hacerse a sí mismo mayor daño que dejar de tener oración...


   Las almas sin oración son como un cuerpo tullido que aunque tiene pies y manos no se puede menear... El que persevere en la oración, por más pecados y tentaciones y caídas que ponga el demonio, tengo por cierto que la sacará el Señor a puerto de luz”.
 

   SANTA TERESITA DEL NIÑO JESUS.- “La oración y el sacrificio son mis armas invencibles; constituyen todas mis fuerzas, y sé por experiencia que conmueven los corazones mucho más que las palabras”.


   Y termino recogiendo algunos pensamientos de la carta de LUCIA, la vidente de Fátima, a su sobrino el P. José: “Lo que le recomiendo por encima de todo, es que te llegues al Sagrario y reces. En la oración fervorosa recibes la luz, la fuerza y la gracia que necesitas... Sigue este camino y verás que en la oración encontrarás más ciencia, más luz, más fuerza, más gracia y virtud de lo que pudieras conseguir leyendo muchos libros o haciendo grandes estudios. Nunca consideres mal gastado el tiempo que pases en la oración... Que falte tiempo para todo lo demás, pero nunca para la oración... Estoy convencida de que la principal causa del mal que hay en el mundo y de los fallos de tantas personas consagradas es la falta de unión con Dios a través de la oración”.


   Nadie ignora que la Iglesia Católica está pasando por un momento muy difícil: Los seminarios están casi vacíos, y muchos religiosos y sacerdotes han solicitado la dispensa de sus votos.


   Ante tan extraños y alarmantes acontecimientos, muchos nos preguntamos, cuál será la causa de esta crisis religiosa, y qué clase de cosas habrán sido el motivo que nos ha llevado a esta angustiosa relajación.

   Algunos le echan la culpa al Concilio, otros a las tensiones políticas, y los más se quedan perplejos sin saberse explicar cómo hemos llegado a esto y cuál será el porvenir que nos espera.


   No obstante, en medio de este mundo que parece haberse olvidado por completo de Dios, todavía hay un grupo de almas valientes y generosas (Católicos Tradicionalistas), que luchando contra la impetuosa corriente se siguen manteniendo en el lugar que les corresponde, fieles a su vocación. Y se mantienen firmes, porque han comprendido su gran debilidad y se han asido fuertemente a Cristo, única fortaleza de las almas. El es quien les ha enseñado y les ha hecho comprender aquella gran verdad tan predicada por todos los Santos: “El que ora se salva, y el que no ora se condena”.


   Estamos estudiando el hecho inaudito de la gran relajación de una gran parte del Clero, que ha llevado a la Iglesia a un estado muy diferente al que teníamos hace treinta años. ¿Por qué hace treinta años estaban tan llenos los seminarios y había tanta ilusión en el clero en aumentar el fervor religioso mediante toda clase de ejercicios públicos de devoción, como novenarios, triduos, ejercicios espirituales, y aquellas famosas misiones populares que tanto bien hicieron y que tanta falta nos hacen ahora? Y ¿por qué ahora todo se perdió? ¿Tiene la culpa el Concilio? ¿La tienen los partidos Políticos? No. La culpa de todo está el LA FALTA DE ORACIÓN.


   Decía San Francisco de Sales que “la lectura espiritual es la raíz, la meditación es el tallo y la oración es la flor que produce todas las virtudes”.


   ¿Por qué ahora no se lee ni se hace oración como se hacía antes? La respuesta es clara y rotunda: POR CULPA DE LA TELEVISION. No se puede ver televisión y ser alma de oración. Oración y televisión, son dos cosas completamente incompatibles.
   La televisión es una arma perfectísima que tiene Satanás en sus manos para destruir la Iglesia y llevar muchas almas al infierno. ¡Es tan cómodo sentarse en el confort de una habitación, despreocupado de todo, para contemplar la televisión! Y es tan astuto el demonio que será capaz de persuadirte de que esto es un recreo necesario que te hace falta para calmar tus nervios demasiado excitados por las preocupaciones de la vida.


   Sin embargo, no hay duda de que sólo ella (televisión) ha sido el motivo de que muchísimas personas hayan descuidado necesidades tan primordiales, como la lectura espiritual, la meditación y la oración, ejercicios absolutamente necesarios para vivir nuestra vacación cristiana ajustando nuestra vida a los deseos de Cristo.


   Tal vez algunos digan: “Yo no hago oración mental, pero sí rezo el Rosario, oigo o celebro la Santa Misa y tengo otros rezos vocales”. Yo le preguntaría: y ¿cómo los haces?, ¿tienes siempre tus pensamientos en lo que pronuncian tus labios?, porque Santa Teresa dice: “Si no pensamos con Quién hablamos, y qué es lo que hablamos, y quiénes somos nosotros que osamos hablar con El, no la llamo yo oración...” La oración vocal tiene este peligro, que mientras estás rezando puedes estar pensando en otra cosa, mientras que si hablas con Dios con palabras propiamente tuyas, es más difícil que te distraigas, y es mucho más eficaz la oración. De aquí aquella afirmación de San Ligorio: “Muchos rezan el Rosario, el Oficio de Nuestra Señora, y hacen otras oraciones externas de devoción, y sin embargo continúan en pecado, mientras que el que hace oración mental es imposible que peque, porque una de dos, o deja la oración o abandona el pecado; oración mental y pecado es imposible que estén juntos” (Monja Santa).


 

El gran medio de la oración.
Autor:   San Alfonso María de Ligorio.




PRECES

Oración al comenzar el viaje  
Oracion a San Jose
Oracion de Santa Teresa  
Despues de comulgar  
Estaba la Madre Dolorosa  
Oración a la Santísima Virgen   
Oracion de San Ambrosio  
15 minutos en Compañia de Jesus Sacramentado 

Bendición de la Mesa  
Angelus 
Salve del Mar Estrella  
Madre del Redentor 
Salve Reina de los Cielos  
Acordaos Virgen 

Confiteor  
Ven Espíritu Santo 
 
Oración al Inmaculado Corazón de María  
Formula de la Intención de la Santa Misa


 

 

 

San José: acude a nosotros en los momentos difíciles.


Concédenos, sagrado San José que siempre bajo tu protección, podamos pasar nuestras vidas sin pecado.


San José nuestro Padre y Señor, bendice a todos tus hijos de la Santa Iglesia de Dios.


San José, padre adoptivo de Señor Jesús y verdadero esposo de María siempre Virgen, ruega por nosotros.


Glorioso San José, alcánzame de Jesús y María, gran fe y plena confianza en la Divina Providencia.


San José, modelo y patrono de aquellos que aman al Sagrado Corazón de Jesús, ruega por nosotros.


San José, modelo de amor al Señor; bendice a tu pueblo y llévalo a Dios.


San José, esposo y padre elegido por Dios para conducir la Sagrada Familia de Nazareth, protege nuestras familias.


San José, Padre adoptivo de Jesucristo y verdadero Esposo de la Virgen María, ruega por nosotros y por los agonizantes de este día (noche).




JACULATORIAS






   Las jaculatorias son oraciones vocales breves que ayudan a mantener la presencia de Dios a lo largo del día. Son palabras de amor, expresión de cariño vivo que salen naturales. Aparte de las que salgan espontáneamente, hará falta aprenderse algunas de memoria.
 

— Cor mundum crea in me, Deus. Ps 50,12 
— Cor contrítum, et humiliátum, Deus non despícies. Ps 50,19 
— Deo omnis glória. 
— Diligéntibus Deum ómnia cooperántur in bonum. 
Rom 3,28 
— Quia tu es, Deus, fortitúdo mea. Ps 42,2 
— Illum oportet créscere, me autem mínui. Jn 3,30 
— Ecce ego, quia vocásti me. 1 K 3,6 
— Sancta Maria, spes nostra, sedes sapiéntiæ, 
ora pro nobis. 
— Sancta Maria, spes nostra, ancílla Dómini, 
ora pro nobis. 
— Sancta Maria, stella maris, filios tuos ádiuva. 
— Omnia possum in eo qui me confórtat. Phil 4,13 
— Credo, sed ádiuva incredulitátem meam. Mk 9,23 
— Ago tibi grátias pro univérsis benefíciis tuis, 
étiam ignótis. 
— In te, Dómine, sperávi; non confúndar in ætérnum. Ps 30,2
— Adauge nobis fidem. Lk 17,5 
— Iesu, fili David, miserére mei peccatóris. Mk 10,47 
— Iesu, Iesu, esto mihi semper Iesus. 
— Dómine, tu ómnia nosti; tu scis quia amo te. Jn 21,17 
— Dómine, ut vídeam! Lk 18,41 
— Dómine, quid me vis fácere?. Acts 9,6 
— Mater pulchræ dilectiónis, fílios tuos ádjuva. 
— Dóminus meus et Deus meus! Jn 20,28  — Crea en mí, ¡oh Dios!, un corazón puro. 
— Un corazón contrito y humillado, ¡oh Dios!, 
Tú no lo desprecias. 
— Para Dios toda la gloria. 
— Para los que aman a Dios, todo es para bien. 
— Porque tú eres, oh Dios, mi fortaleza. 
— Conviene que Él crezca y yo disminuya. 
— Aquí me tienes, porque me has llamado. 
— Santa María, esperanza nuestra, asiento de la sabiduría, ruega por nosotros. 
— Santa María, esperanza nuestra, esclava del Señor, ruega por nosotros. 
— Santa María, estrella de Oriente, ayuda a tus hijos. 
— Todo lo puedo en aquel que me conforta. 
— Creo, Señor, pero ayuda mi incredulidad. 
— Te doy gracias por todos tus beneficios, 
también por los ignorados. 
— En ti, ¡oh Dios!, confío; no sea yo nunca confundido. 
— Auméntanos la fe. 
— ¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí, que soy pecador! 
— Jesús, Jesús, sé para mí siempre Jesús. 
— Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo. 
— ¡Señor, que vea! 
— Señor, ¿qué quieres que haga? 
— Santa María, Madre del amor hermoso, ayuda a tus hijos. 
— ¡Señor mío y Dios mío! 
— No se haga mi voluntad, sino la tuya. 
— Corazón sacratísimo de Jesús, danos la paz. 
— Corazón dulcísimo de María, prepárame un camino seguro. 
— Hágase, cúmplase, sea alabada y eternamente ensalzada la justísima y amabilísima Voluntad de Dios, sobre todas las cosas. Amén 
— Señor, Dios mío: en tus manos abandono lo pasado y lo presente y lo futuro, lo pequeño y lo grande, lo poco y lo mucho, lo temporal y lo eterno. 
— Dios mío, te amo… pero ¡enséñame a amar! 
— Señor, tómame como soy, pero haz que sea como Tú quieres que sea. 

— Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que Él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor (Santo Tomás Moro, antes de su martirio). 
— Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros. 
— Muestra que eres madre.

 



¡¡CRISTO REY DE REYES!!


 

 


CRISTO REY, AUTOR Y FIN DE LA CREACIÓN

 


"En el principio era le Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. El estaba en el principio en Dios. Todas las cosas por El han sido hechas, y nada de lo que existe ha sido hecho sin El".
Pero si es principio del universo, el Verbo es también su Fin.
Nada tiene ésto de extraño: la primera causa eficiente es también la última causa final; la armonía de las cosas quiere que el Alfa sea el Omega, principio y fin, y que todo se termine y vuelva finalmente a su primer principio. ?Cómo no habría de ser el heredero y el término de los siglos aquél por quién los siglos comenzaron?


Ya desde el segundo versículo de su Epístola a los Hebreos, San Pablo lo enseñan vigorosamente: es el mismo hijo de Dios quien ha hecho los siglos y en quien los siglos terminan como en el heredero de su obra común. Y que todas las cosas acaben en El, que en El encuentren su término y su consumación, proviene de que el Padre Le ha instituido heredero de todas las personas y cosas. Filiación y herencia van juntas: la una es consecuencia de la otra. Y esto significa igualmente que toda la historia se orienta hacia El, que es le heredero del largo esfuerzo de los siglos, y que todos han trabajado para El.


¿Acaso Sócrates, Platón y Aristóteles no han pensado para El? ¿Es que la Iglesia no ha venido, a su hora, para recoger como bien suyo, como una riqueza preparada por Dios para ella, todo el fruto de la inteligencia antigua? ¿Para quién sino para la Iglesia, han hablado la Ley y los profetas, la religión judía se ha desarrollado, las escuelas socráticas han discutido, los pueblos se han mezclado, los judíos han sido puestos en contacto sucesivamente con todas las grandes monarquías, el Imperio Romano adquirió su poderosa estructura? El Señor es le heredero de todo; a El, primero en el pensamiento de Dios, se han ordenando todas las obras de Dios.

Por tanto, Jesucristo es Rey. No hay ni un Profeta, ni un Evangelista, ni uno de los Apóstoles que no le asegure su cualidad y sus atribuciones de Rey.


"Un niño nos ha nacido y un hijo nos ha sido dado", Escribe Isaias en su visión profética. "El imperio ha sido asentado sobre sus hombros..." Daniel es aun más explícito: "Yo miraba en las visiones de la noche y he aquí que, sobre las nubes, vino como un Hijo de hombre; él avanzó hasta el anciano y le condujeron ante él. Y éste le dió el poder, gloria y reinado, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su dominación es una dominación eterna que no acabará nunca y su reino no será nunca destruido..."
"Príncipe de los reyes de la tierra" le llama San Juan en el Apocalipsis, y sobre sus vestiduras como sobre El mismo, pudo leer el Apóstol: "Rey de los reyes y Señor de los señores".

 

CRISTO ES REY UNIVERSAL

 


Por tanto, Jesucristo es Rey. Rey por derecho de nacimiento eterno, puesto que en Dios.
Pero también por derecho de conquista, de redención y de rescate.
"Omnia potestas data es mihi in coelo et in tierra", "Todo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra.
En el cielo y en la tierra..., que es como decir: en el orden sobrenatural y en el orden natural.
Sí, todo poder ha sido dado a Cristo en el cielo y en la tierra. Verdad que esta en la base misma del catolicismo.
Jesucristo ha pedido y Su Padre le ha concedido. Todo desde entonces le ha sido entregado. Está a la cabeza y es le jefe de todo, de todo sin excepción.


"En El y rescatados pro Su sangre", escribía San Pablo a los Colosenses, "tenemos la redención y la remisión de los pecados; que es la imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque en El fueron creadas todas las cosas del Cielo y de la Tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades; todo fue creado por El y para El. El es anterior a todo y todo subsiste en El es la cabeza del cuerpo de la Iglesia. El es el principio, el primogénito de los muertos, para que tenga la primaria sobre todas las cosas: Y plugo al padre que en El habitase toda la plenitud de la Divinidad, y por el reconciliar consigo, pacificando por la Sangre de su Cruz todas las cosas, así las de la tierra como las del cielo, en Jesucristo Nuestro Señor".

 

No establezcáis, pues, en modo alguno excepción allí donde Dios no ha dejado lugar a la excepción -exclama Monseñor Pie-. El hombre individual y el jefe de familia, a el simple ciudadano y el hombre público, los particulares y los pueblos, en una palabra, todos los elementos de este mundo terrestre, cualesquiera que sean, deben sumisión y homenaje al hombre de Jesús.

 

CRISTO ES REY DE LAS NACIONES

 


Jesucristo es Rey universal... y, por tanto, Rey de los reyes, Rey de las naciones, Rey de los pueblos, Rey de las instituciones, Rey de las sociedades, Rey del orden político como del orden privado.
¿Cómo podría ser de otro modo? Si Jesucristo es rey universal, ¿Cómo podría esa realeza no ser también realeza sobre las instituciones, sobre el Estado: Realiza social? Sin embargo,, ¡cuántos se dejan engañar!


A quienes se obstinan en negar la autoridad social del cristianismo, San Gregorio Magno da la respuesta. En ele comentario del Evangelio en que se cuenta la adoración de los Magos, al explicar el misterio de los dones ofrecidos a Jesús por estos representantes de la gentilidad, el Santo Doctor se expresa en estos términos: "Los Magos -dice- reconocen en Jesús la triple cualidad de Dios, de hombre y de Rey. Ofrecen al Rey oro, al Dios incienso, al Hombre mirra. Ahora bien, hay algunos heréticos que creen que Jesús es Dios, que creen igualmente que Jesús es hombre, pero que se niegan en absoluto a creer que Su reino se extiende por todas partes".


"Hermano mío -dice Monseñor Pie-, dices que tienes la conciencia en paz, y al aceptar el programa del liberalismo, crees permanecer en la ortodoxia, ya que crees firmemente en la divinidad y humanidad de Jesucristo, lo que te basta para considerar tu cristianismo inatacable. Desengáñate. Desde el tiempo de San Gregorio, había "algunos heréticos" que, como tú, creían en esos dos puntos; pero su herejía consistía en no querer reconocer en el Dios hecho hombre una realeza que se extiende a todo... No, no eres irreprochable en tu fe, y el Papa San Gregorio te inflige la nota de herejía, si eres de los que considerando un deber ofrecer a Dios el incienso, no quieren añadirle el oro...", es decir, reconocer y proclamar Su realeza social.


En nuestros días, Pío XI, con particular insistencia, ha querido recordar al mundo la misma doctrina en dos encíclicas especialmente escritas sobre este tema: "Ubi arcano Dei" y "Quas primas".
Esta es, pues, la enseñanza eterna de la Iglesia, y no una determinada prescripción limitada a una sola época.
 

REALEZA, NO "DE ESTE MUNDO", SINO SOBRE ESTE MUNDO

 

Sin embargo, ¿no está escrito: "Mi reino no es de éste mundo?". Su reino, ciertamente, no es de éste mundo, es decir, no proviene de éste mundo: "non est de hoc mundo"; y porque viene de arriba y no de abajo, "regnum meum non est hinc", ninguna mano terrestre podrá arrancárselo.
Dicho de otro modo, la fórmula "de este mundo" no significa en modo alguno que Jesús se niegue a reconocer el carácter de realeza social de Su soberanía.
Mi reino no es de este mundo; es decir, mi realeza no es una realeza según éste mundo, no es mi reino como los reinos de la tierra, que están limitados, sujetos a contratiempos... Mi realeza es mucho más que ésto. Mi reino no conoce fronteras; no depende de un plebiscito ni del sufragio universal. La buena o mala voluntad de los hombres no puede nada contra él.
Mi realeza no es una realeza que pasa. Mi trono no es un trono que tenga necesidad de soldados para conservarse, ni que una revolución pueda derrocar.
No soy un rey de este mundo, porque los reyes de este mundo pueden engañar y ser engañador; se puede uno librar de ellos; se puede huir de su justicia... Nada de ésto es posible a mi respecto.


No es, pues, sin manifiesto abuso que la respuesta de nuestro Señor a Pilatos es interpretada casi siempre en un sentido restrictivo para hacer creer en una realeza exclusivamente espiritual, realeza sobre las almas, y no una realeza sobre los pueblos, las naciones y los gobernantes Si "mi reino no es de éste mundo" significara que la realeza de Nuestro Señor no sobrepasa el orden de la vida interior de las almas, sería necesario admitir que aquella otra frase de Jesús, "todo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra", no es más que una amable jactancia, Sería preciso decir que muchos otros pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamento son fórmulas huecas y sin valor. Habría que decir, sobre todo, que la Iglesia no ha cesado, desde hace veinte siglos, de equivocarse en este punto.


EL DIOS-HOMBRE: REY DE REYES

 


Volvamos a los evangelios, en el capítulo del interrogatorio de Pilatos... Para lo sucesivo, y a través de Pilatos, Jesús ha querido dar la lección completa a los políticos de todos los tiempos. Observemos cuidadosamente la admirable progresión de la lección divina. En primer lugar, y por caridad, Jesús se esfuerza por disipar el equivoco fundamental que podría asustar y, por ésto mismos, cerrar el corazón al mismo tiempo que entenebrecer el espíritu: "Mi reino no es de este mundo..."


Pues Pilatos no piensa más que en un posible complot, en una simple agitación del tipo político más sórdido. Jesús lo tranquiliza. Y para dar de ello un argumento particularmente claro: "si mi reino fuese de este mundo, mis gentes habrían combatido para que no cayese en manos de los judíos..." Dicho de otra manera, lo está viendo ahora claramente, tras lo que acabo de decir y por el mismo hecho de que no haya habido motín, maquinación ni revueltas políticas... MI reino no es de los que se ven aquí abajo.
Pero la sorpresa de Pilatos aumenta. En su pobre cerebro de romano pragmático no alcanza a comprender que en tales condiciones alguien pueda declararse rey. "Ergo rex es tu"... Luego, no obstante, a pesar de todo... ¿tú eres rey...? ?tú te llamas rey?
"Tù lo has dicho, yo soy rey. He nacido para ésto y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad escucha mi voz".


Jesús, pues, ha nacido para ésto. Y Su Realeza consiste esencialmente en eso mismo: el restablecimiento de la Verdad. Restablecimiento tanto en el orden natural como en el orden sobrenatural. Su realeza es, por esencia, la realeza de la Verdad... Realeza universal de una enseñanza. Realeza universal de la doctrina católica. Doctrina y enseñanza que tiene repercusiones sociales y políticas.



Revista CRISTO REY FSSPX. octubre/1990

 

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17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 07:41

MODO PRACTICO DE CONFESARSE






Confesión. - Arrodillado en la Iglesia, mirando el sagrario o a un crucifijo rezarás un Padre Nuestro al buen Jesús y un Ave María a la Virgen para recordar, aborrecer y confesar todos tus pecados.
Exámenes de conciencia. - Tratarás de recordar todos los pecados que hubieres cometido después de la última confesión bien hecha.  Si hubieres cometido pecados graves, pensarás cuántas veces los has repetido más o menos en un mes, en una semana en un día.  Si la última vez te confesaste mal callando pecados graves por vergüenza, dirás hoy al Padre que la última vez te confesaste mal y le dirás aquel pecado que te has callado.
Luego pregúntate:
   ¿Cuánto tiempo hace que me confesé por última vez? ¿Lo hice
bien? ¿Olvidé algún pecado grave? ¿Callé alguno a sabiendas? ¿Cumplí la penitencia que me dio el confesor?
   1er Mandamiento: ¿Recé mis oraciones de la mañana y de la noche? - ¿Estudié bien el catecismo? - ¿Creí en cosas supersticiosas? ¿en brujerías?
   2º Mandamiento- ¿Juré sin necesidad o con mentira? - ¿Dije palabras malas o injuriosas contra Dios, la Santísima Virgen o los Santos?
3er Mandamiento y Primer Precepto de la Iglesia: ¿He faltado a misa los domingos o fiestas de guardar? - ¿He llegado muy tarde? - ¿Cuántas veces? - ¿He estado en la misa sin atención, jugando, hablando, distrayendo a los demás? - ¿He trabajado sin necesidad los domingos?
   4º Mandamiento: ¿Desobedecí a mis padres?- ¿Les contesté mal? - ¿Les hice enojar? - ¿Falté el, respeto a mi maestro, a los sacerdotes, a los ancianos?
   5º Mandamiento: ¿Me he peleado con mis hermanos y compañeros? - ¿Les guardé odio? ¿o rencor? - ¿Fui orgulloso... envidioso?
6º y 9º  Mandamiento: ¿Dije malas palabras? - ¿Leí libros o revistas malas? - ¿Tuve malas conversaciones? ¿cuántas veces? ¿Hice cosas malas? ¿cuántas veces?
   7º Mandamiento: ¿He robado alguna cosa? - ¿Acepté cosas robadas? - ¿Robé monedas a mis padres?... o golosinas?
8º Mandamiento: ¿Dije mentiras? - ¿Hablé con gusto mal de otras personas? - ¿Acusé falsamente a otro?
Preceptos de la Iglesia.- ¿Confesé y comulgué a lo menos una vez al odio, en el tiempo de Pascua? - ¿Comí carnes en días prohibidos?
Terminado el examen  de conciencia rezarás el Señor mío Jesucristo...   Yo pecador, con la cabeza inclinada.
Acusación.- Comenzarás la confesión diciendo: Bendecidme Padre, porque he pecado.
Hace (di el tiempo, semanas o meses, que no te has confesado).
Me acusó de (y seguirás diciendo todos tus pecados sin dejar ninguno a sabiendas).  Escucha bien lo que diga el confesor y responde a todas las preguntas que te haga.  Mientras el sacerdote te da la absolución junta las manos, inclina la cabeza y reza devotamente el Señor mío Jesucristo...   y después de la confesión cumplirás la penitencia impuesta por el confesor.
 

Acción de gracias de la confesión


   Cuán bueno habéis sido conmigo, - ¡oh Señor! - En vez de castigarme por tantos pecados como he cometido - me los habéis perdonado todos - con infinita misericordia - en esta confesión. -  De nuevo me arrepiento - de todos ellos - y prometo con vuestra gracia - no ofendemos nunca más.

Virgen Santísima, ángeles y santos del cielo, os doy gracias por haberme ayudado - dad las gracias por mi al Señor - por Tanta misericordia y alcanzadme la gracia de ser fiel a mis propósitos hasta el fin de mi vida.  Amén. (Padre Nuestro... Dios te salve María ... ).
 

Un consejo práctico


   Esfuérzate por ser siempre muy devoto de la Santísima Virgen María.

Nunca te duermas sin haber rezado por lo menos tres Ave Marías y el acto de contricción.

    La oración preferida de los Santos y que agrada mucho a la Virgen se llama.  El Santo Rosario.  Consta cada misterio de un Padre Nuestro y diez AveMaría. Cada día se rezan 5 misterios

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