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Presentación

442px-Emblem of the Papacy SE svgBienvenido a este blog de actualidad religiosa,de filosofía, de combate de la Verdad contra la secta modernista del "Concilio Vaticano II", de honor, amor y fidelidad al Magisterio infalible de la Santa Iglesia Católica, y de discusión sobre la actualidad de Méjico.
   Este blog pretende también reunir las direcciones de los centros de Misa y de sacerdotes NON UNA CUM, celebrando el Santo Sacrificio en total desunión a "Benedicto XVI" en México.

   No reconocemos, pues, la legitimidad de la autoridad de los "Papas del Concilio" Vaticano II. Estamos ciertos de que solamente esta posición, también llamada sedevacantismo, es la posición teológica que responde perfectamente a la situación actual de la Autoridad en la Iglesia, en particular detallada por la Tesis de Cassiciacum.

   Le invitamos a leer nuestro blog detalladamente. Permítanos presertarle nuestra postura teológica.

   Sea a la mayor gloria de Dios: 


El equipo de México y Tradición

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25 julio 2013 4 25 /07 /julio /2013 06:06

Estimados lectores:

 

Algunos tradicionalistas piensan que el sedevacantismo nació de la separación con la FSSPX, o que el concepto de Tradición o tradicionalismo es la obra exclusiva de Mons. Lefebvre y su Fraternidad. Y bien, en este artículo sacado de la Revista Integrismo del P. Héctor Lázaro Romero analizaremos este tema.

 

El Equipo de México y Tradición.

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El sedevacantismo no fue tardío. ¡Incluso hasta fue “preventivo”! Las tomas de posición sedevacantistas respecto de la cuestión del Papa desde 1962 en adelante.

El autor del número especial de la TC es un joven que no ha conocido otra cosa que la Fraternidad; tal vez así se explique su ignorancia sobre la historia del “tradicionalismo”, pese a las “diligentes búsquedas” (cf. pág. 29, nota 7) efectuadas. Ya que él mismo nos lo pregunta (ibidem), le damos alguna información al respecto.
Demostraremos que, en cierto sentido, el sedevacantismo existía incluso antes de 1965, y que la cuestión del Papa ha sido el centro de las discusiones de los “tradicionalistas” (sedevacantistas o no) desde el principio; mientras que la “solución prudencial” (que consiste en el desinterés por la cuestión, considerada secundaria, si no ociosa y nociva) ha sido propiedad exclusiva de la Fraternidad San Pío X.

Los católicos mexicanos. El Padre Sáenz y Arriaga (1962/65)

En el subtítulo expliqué que el “sedevacantismo” no solo no fue tardío sino que, a las claras, fue “preventivo”. Hago alusión al libro Complot contra la Iglesia, publicado bajo el pseudónimo de Maurice Pinay; su primera edición -la italiana- data de 1962 y fue distribuida a todos los Padres conciliares en octubre de ese mismo año, después de 14 meses de trabajo de los autores (*). Diría que no se puede pedir una fecha de nacimiento del sedevacantismo más antigua y más pública (en Roma, en la mismísima aula de San Pedro). El libro en cuestión denuncia las tratativas en marcha entre el Cardenal Bea (encargado por Juan XXIII) y las autoridades judías (particularmente la B’naï B’rith) para obtener del Concilio apenas convocado una declaración en favor del judaísmo. Esta declaración lograría el objetivo de poner el Vaticano II en contradicción con el Evangelio, contra el consenso unánime de los Padres y contra diecinueve siglos de magisterio infalible de la Iglesia. Los judíos querían que de ese modo la “Santa Iglesia se contradijera a sí misma, perdiendo autoridad sobre los fieles, porque evidentemente proclamarían que una institución que se contradice no puede ser divina” (pág. XIX). En la introducción a la edición austríaca (enero de 1963) se lee: “La audacia del comunismo, la masonería y los judíos llega a tal punto que ya se habla de controlar la elección del próximo Papa, pretendiendo colocar en el trono de San Pedro a uno de sus cómplices en el respetable cuerpo cardenalicio” (pág. 3). Según los autores, tal plan no es nuevo: “Como lo demostraremos en esta obra con documentos de indiscutible autenticidad, los poderes del dragón infernal llegaron a colocar en el Pontificado a un cardenal maniobrado por las fuerzas de Satanás, dando por un momento la sensación de ser los dueños de la Santa Iglesia. Nuestro Señor Jesucristo, que jamás la ha abandonado, inspiró la acción y armó el brazo de hombres píos y combativos como San Bernardo, San Norberto, el cardenal Américo (…) que no reconocieron la calificación de Papa al Cardenal Pierleoni, este lobo con piel de cordero que durante muchos años buscó usurpar el Trono de San Pedro y a quien excomulgaron y desterraron bajo la merecida calificación de Antipapa” (pág. 4). Y, en efecto, todo el capítulo XXV (Un cardenal criptojudío usurpa el Papado) está consagrado al caso del antipapa Anacleto II Pierleoni. Como puede verse, para los autores del libro Complot contra la Iglesia (laicos y eclesiásticos vinculados a la Universidad de Guadalajara y a la Unión Católica Trento), solo un antipapa como Pierloni habría podido promulgar el documento Nostra Ætate que el cardenal Bea preparaba en el Concilio; este hombre fue Pablo VI, elegido en junio de 1963. Después de Complot contra la Iglesia, no faltaron otras intervenciones sobre el mismo tema durante el Concilio (**). Pese a esto, y no obstante la oposición de la minoría conciliar guiada por Mons. Carli Obispo de Segni (y coadyuvada por los Obispos árabes), y a pesar de los numerosos incidentes en el camino que hicieron pensar en un estancamiento del esquema, se llega a las vísperas del voto definitivo de la declaración conciliar Nostra Ætate. Los católicos que se oponían al Concilio y a Nostra Ætate hicieron un último intento por tratar de obstruir la vía hacia la Declaración. Henri Fesquet, enviado del periódico Le Monde, escribe en su artículo del 16 de octubre de 1965: “Sobre todo, hay que mencionar el libelo de cuatro páginas que han recibido los obispos. Está precedido por este título, tan largo como curioso: ‘Ningún concilio ni Papa alguno pueden condenar a Jesús, a la Iglesia Católica Apostólica Romana, ni a sus Pontífices y Concilios más ilustres. Ahora bien, la declaración sobre los judíos comporta implícitamente una tal condena y por esta razón, debe rechazársela’. En el texto, se leen estas impresionantes afirmaciones: ‘Los judíos desean ahora empujar a la Iglesia a condenarse tácitamente y a desacreditarse ante el mundo entero. ES EVIDENTE QUE SOLO UN ANTIPAPA Y UN CONCILIÁBULO PODRÍAN APROBAR UNA DECLARACIÓN DE ESTE GÉNERO. Y ESO ES LO QUE PIENSAN JUNTO CON NOSOTROS UN NÚMERO CADA VEZ MAYOR DE CATÓLICOS DE TODO EL MUNDO QUE ESTÁN DECIDIDOS A OBRAR DEL MODO QUE SEA NECESARIO PARA SALVAR A LA IGLESIA DE SEMEJANTE IGNOMINIA’ (…)”. Por lo tanto, los historiadores de La Tradizione Cattolica deberán admitir que el “sedevacantismo” no ha visto la luz en 1973/76, sino que tomó posición pública dirigiéndose a todos los Padres conciliares desde 1962 a 1965, o sea, de principio a fin del Vaticano II. También tendrán que admitir que dichos católicos condenaron la declaración Nostra Ætate, en tanto que Mons. Lefebvre (que también había exigido el rechazo, junto con Mons. Carli y Mons. Proença Sigaud, mediante una carta a los Padres conciliares distribuida en el aula el 11 de octubre) no formó parte -según sus propias declaraciones- de los 88 Padres que no votaron el documento conciliar el 28 de octubre de 1965. Estos solos hechos históricos demuelen completamente todas las tesis de La Tradizione Cattolica fundadas sobre el carácter tardío del sedevacantismo. Para completar, añadiré otros testimonios sobre la existencia del “sedevacantismo” antes de 1973/76, fecha de nacimiento de esta posición según los diligentes historiadores de La Tradizione Cattolica.

El Padre Guérard des Lauriers, el Padre Coache (1969)

Es sabido que el “tradicionalismo” salió a la luz pública sobre todo con la promulgación del nuevo misal, en 1969. Podemos demostrar que para esa fecha los principales defensores de la Misa Católica en Francia eran “sedevacantistas”. De hecho, el abbé de Nantes narra (a su modo) la reunión que sostuviera en su casa, la Maison Saint-Joseph, en Saint-Parres-les-Vaudes, el 21 de julio de 1969 (antes de la promulgación del nuevo misal, acaecida en noviembre del mismo año). Se trasladaron hasta lo del abbé de Nantes el Padre Philippe Rousseau, el sacerdote mexicano Sáenz y Arriaga y Charles Marquette, el Padre Coache y el Padre M.L. Guérard des Lauriers, más un laico de Versailles (Alain Tilloy); el Padre Barbara ya era huésped del abbé de Nantes en forma independiente al grupo que hacía la visita. Según el testimonio del abbé de Nantes y sus religiosos, los sacerdotes que vinieron a visitarle sostenían la invalidez de la nueva misa y la vacancia de la Sede Apostólica. Una confirmación de este testimonio se halla en una carta del Padre Guérard des Lauriers al abbé de Nantes el 8 de agosto siguiente, en la que hace referencia a la visita del 21 de julio y sostiene haber quedado demostrado -a partir de la aprobación del nuevo misal- que el “cardenal Montini” no es Papa.

Argentina, Estados Unidos, Alemania… (1967/69)

La influencia del abbé de Nantes (en ese entonces enorme, a causa de su oposición al Vaticano II desde el principio) hacía dudar a personas como el Padre Barbara o, en la Argentina, al Prof. Disandro, que ya en mayo de 1969 postulaban sin embargo también ellos la cuestión de la Sede vacante. En Estados Unidos no faltaron bien pronto los “sedevacantistas”, desde 1967 por lo menos, sino antes, como lo testimonia la carta del Dr. Kellner al Cardenal Browne del 28 de abril de ese año (22). Igualmente en Alemania, en donde se había fundado el Una Voce-Gruppe Maria en 1966. Desde 1969, el Prof. Reinhard Lauth, de la Universidad de Munich, se declaró por la vacancia de la Sede Apostólica. Por lo tanto, la tesis de la TC (ningún rastro de “sedevacantismo”antes de 1973/76) se demuestra -también universalmente falsa.

(*) MAURICE PINAY, Complot contra la Iglesia, traducción española del Dr. Luis González, Ed. Mundo Libre, México, 1968, publicado con imprimatur del 18 de abril de 1968 del arzobispo de Hermosillo, Juan Navarrete. El libro fue publicado en italiano en Roma (31 de agosto de 1962), y distribuido a todos los Padres conciliares en octubre. La edición austríaca es del 20 de enero de 1963; la venezolana, del 15 de diciembre de 1963; las mexicanas, de 1968 y 1969 (usaré la edición de 1969). El libro fue preparado en los 14 meses previos. El libro de Maurice Pinay (se trata de un pseudónimo) fue presentado también al público italiano en Sodalitium nº 37, abril-mayo de 1994, págs. 33-45 [ed. it.; ed. fr., nº 37, oct.-nov. 1994, págs. 28-40]: El complot judeo-masónico contra la Iglesia Romana. Este artículo corresponde al cap. XX del libro del PADRE NITOGLIA, Per padre il diavolo. Un’introduzione al problema ebraico secondo la tradizione cattolica, SEB, Milán, 2002.
(**) JOAQUÍN SÁENZ Y ARRIAGA, El antisemitismo y el Concilio Ecuménico. Y qué es el progresismo, La hoja de roble, México (sine loco et data, pero posterior a la apertura de la segunda sesión del Concilio); LEÓN DE PONCINS, Il problema dei giudei in Concilio, Tipografia Operaia romana, Roma. En Inglaterra, con The Britons, Londres (después de la tercera sesión); La acción judeo-masónica en el Concilio (enviado a todos los Obispos, cf. Fesquet, pág. 504, 29 de septiembre de 1964).

"RESPUESTA AL DOCUMENTO DE LA FRATERNIDAD SAN PÍO X SOBRE EL SEDEVACANTISMO", http:// integrismo.over-blog.com/ article-documentos-50950108.htm l

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Published by Juan Manuel Olivar Robles - en El Sedevacantismo
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25 julio 2013 4 25 /07 /julio /2013 05:54

Estimados lectores:

 

Les dejamos ahora el artículo LA “POSICIÓN PRUDENCIAL”, SOLUCIÓN DE LA FRATERNIDAD SAN PÍO X AL PROBLEMA DE LA AUTORIDAD DEL PAPA de la Revista Integrismo del P. Héctor Lázaro Romero.

 


El Equipo de México y Tradición.

 

A la posición sedevacantista, definida como “una falsa solución”, el dossier contrapone la “posición prudencial” de la Fraternidad San Pío X. ¿En qué consiste esta posición? Frente a la cuestión que se presenta a la conciencia de todo católico: Juan Pablo II es -sí o no- el Vicario de Cristo, al cual se debe adherir (en la enseñanza, en la disciplina, en la comunión eclesiástica) para salvarse, la solución prudencial consiste en responder: “no se sabe”. Esto equivale a decir que la pregunta carece de toda importancia real para un católico.
Si alguien piensa que el dossier sobre el sedevacantismo ha demostrado que Juan Pablo II es Papa, debe cambiar de opinión justamente en base a cuanto dice el dossier, pues la propuesta “solución de carácter prudencial” intenta “poder obrar en base a un número suficiente de elementos que, no obstante, no contemplan la solución definitiva del problema de la autoridad en la Iglesia” (pág. 20). Más bien, la postura de la Fraternidad se alejaría de la sedevacantista precisamente por el hecho de que “aún antes de diferenciarse en los contenidos, la posición de la Fraternidad y la de cuño sedevacantista difieren radicalmente en cuanto al nivel en el que se colocan. En consecuencia, toda explicación que la Fraternidad puede proponer respecto de la situación de la autoridad de Juan Pablo II es real y cualitativamente un elemento sobre el que ella admite la posibilidad de discusión; en el caso del sedevacantismo, por el contrario, las posturas de fondo sobre la autoridad de Juan Pablo II son instancias absolutas, ciertas e indiscutibles” (pág. 20). Por lo cual -coherentemente-, el objetivo del dossier no es “el de demostrar que Juan Pablo II sea Papa” (siempre pág. 20).
Esta postura es -naturalmente- la de Monseñor Lefebvre, citado por su anónimo pero no por ello ignoto discípulo: “Tal vez un día, dentro de treinta o cuarenta años, una sesión de cardenales reunida por un futuro Papa estudiará y juzgará el pontificado de Pablo VI, quizás dirá que existen elementos que habrían debido saltar a los ojos de los contemporáneos a partir de las afirmaciones de este papa, absolutamente contrarias a la Tradición [Mons. Lefebvre no aguardó demasiado tiempo para sostener él mismo esta postura y en la Pascua de 1986 se atribuye a sí mismo la posibilidad de estar “en la obligación de creer que este papa no es papa”, n.d.a.]. Prefiero por ahora considerar como papa a aquel que al menos está en el solio de Pedro; y si un día se descubriera en modo indudable que este papa no era papa, con todo, habría cumplido con mi deber” (pág. 62).
Por lo tanto, la posición “de la caridad y de la prudencia”, que sin embargo excluye de hecho a todo sedevacantista acusado de espíritu cismático por la Fraternidad San Pío X, admite en teoría la posibilidad de que la Sede Apostólica esté vacante y pueda ser declarada tal en el futuro.
Veamos si podemos extraer algunas consecuencias de esta postura definida como “necesaria” (cf. pág. 20).
PRIMERA CONSECUENCIA: La postura según la cual Juan Pablo II [Francisco I] sería Papa es, según sus propios propugnadores: no definitiva, relativa, incierta, discutible, no demostrada.
SEGUNDA CONSECUENCIA: Todos los argumentos que presenta el dossier de la FSPX (que examinaremos a continuación) también son argumentos no definitivos, relativos, inciertos, discutibles, no demostrados. En caso contrario, la primera consecuencia no sería verdadera.
TERCERA CONSECUENCIA: En particular, un futuro Papa podrá y deberá decirnos si Pablo VI y Juan Pablo II eran, sí o no, legítimos Pontífices. “Podrá”: por lo tanto, el argumento del dossier del cual nos ocuparemos enseguida (Pablo VI, Juan Pablo II, etc., son Papas porque fueron reconocidos por la Iglesia universal, afirmar lo contrario equivale a decir que la Iglesia ha dejado de existir por un largo período), carece de todo valor. “Deberá”: por consiguiente, Francisco I no es Papa que pueda garantizar su legitimidad. ¿Por qué esperar a un futuro Papa cuando se presupone que hay uno actualmente (Francisco I mismo)? “Si Juan Pablo II es Papa -observa el Padre Carandino en Opportune, Importune- no hay necesidad de esperar al pronunciamiento de la Iglesia de mañana. La ‘Iglesia’ de hoy ya se ha pronunciado sobre el Concilio, sobre la nueva misa y también sobre el propio Monseñor Lefebvre, al que considera cismático y excomulgado” (nº 5, pág. 2).
CUARTA CONSECUENCIA: La posición prudencial considera secundaria la cuestión de saber si hay y quién es actualmente el Papa, o sea, la regla próxima de la Fe. Como dijimos, esto equivale a descartar toda la enseñanza de la Iglesia respecto del Papa, su autoridad, la necesaria sumisión al Papa para salvarse, del depósito de la Revelación y la Tradición que se pretende defender. Para quien adopta esta solución prudencial el Papa vendrá a ser un elemento completamente marginal en la práctica de la propia fe católica.
QUINTA CONSECUENCIA: Quien adopta la solución prudencial -que no se pronuncia definitivamente sobre la legitimidad de Juan Pablo II- se expone a un naufragio cierto, cualquiera sea la postura que se decida adoptar: ¡se trata por lo tanto de una postura altamente imprudente! En efecto, si Juan Pablo II es Papa, uno se expone al cisma resistiéndole habitualmente y llegando a ser excomulgado por él y separado de su comunión. En cambio, si Juan Pablo II no fuese Papa, uno se expone al peligro de seguir a un falso papa, citándolo en el Canon de la Misa y presentándose la posibilidad de recibir un reconocimiento canónico de su parte; incluso la sola expectativa de un acuerdo en la duda de que él pueda no ser el legítimo Pontífice, es moralmente inaceptable y peligroso.
SEXTA CONSECUENCIA: La solución prudencial se arriesga mucho a ser una solución que terminará demostrándose falsa, como ya ha ocurrido en la historia de la Fraternidad a propósito de la cuestión sobre la licitud moral de participar de la nueva misa.
El biógrafo de Mons. Lefebvre, Mons. Bernard Tissier de Mallerais, expone muy bien este caso en el pequeño capitulo intitulado precisamente: “Un problema, la asistencia a la nueva misa”, y en los capítulos sucesivos. Hay que saber que a fines de 1971, los Padres Guérard des Lauriers, Barbara y Vinson (todos “sedevacantistas”) tomaron públicamente una postura contraria a la asistencia a la nueva misa (cf. Sodalitium, nº 50, pág. 74). Por Mons. Tissier nos enteramos que hasta Mons. de Castro Mayer, en una carta a Mons. Lefebvre del 29 enero de 1969, comunicaba a su hermano en el episcopado su convicción al respecto: “No se puede participar de la nueva misa, y para estar presentes debe existir una razón grave. No se puede colaborar con la difusión de un rito que si bien no es herético, conduce a la herejía. Es la norma que doy a mis amigos” (pág. 441). En cambio, Mons. Tissier aprueba la “prudencia” de Mons. Lefebvre (que consistía en cambiar a menudo de postura). En 1969-1970 el fundador de la Fraternidad sostiene -¡prudencialmente!- que no solo se puede, sino que se debe asistir a la nueva misa y que incluso es lícito celebrarla (cf. págs. 441- 442); los seminaristas de Mons. Lefebvre dan el ejemplo, puesto que en su ausencia “irán juntos para asistir a la misa en lo de los bernardinos de Maigrauge, donde un religioso anciano celebra la nueva misa en latín” (pág. 441). Mons. Tissier define a esta postura como una “actitud de prudente expectativa” (pág. 442). Por otra parte, solo en 1971 Mons. Lefebvre decide definitivamente rechazar la nueva misa (pág. 487). En diciembre de 1972, en sus conferencias a los seminaristas, reafirma la necesidad de eventualmente asistir a la nueva misa para satisfacer el precepto dominical. Mons. Tissier comenta: “De este modo, el arzobispo se distancia de los sacerdotes Coache y Barbara, quienes en ocasión de la ‘marcha sobre Roma’ que organizaran en Pentecostés en 1971 y 1973 habían hecho hacer a los peregrinos y a los niños un ‘juramento de fidelidad a la misa de San Pío V’” (pág. 490). Todavía en 1973, predica: “busquen la misa tridentina, o por lo menos la consagración dicha en latín” (pág. 478). Pero he aquí que en una carta privada del 23 de noviembre de 1975, (por lo tanto, después de la supresión del seminario y de la Fraternidad decretada por Pablo VI) Mons. Lefebvre escribe que la nueva misa “no obliga para cumplir con el precepto dominical” (pág. 490). “En 1975 admitirá todavía una ‘asistencia ocasional’ a la nueva misa, cuando se tema quedar mucho tiempo sin comulgar. Pero en 1977 es casi absoluto: ‘conformándonos a la evolución que se produce poco a poco en el espíritu de los sacerdotes (...) debemos evitar, diría casi de manera radical, toda asistencia a la nueva misa’”(pág. 491). “Bien pronto -escribe también Mons. Tissier- Mons. Lefebvre no tolera más que se participe en la misa celebrada según el nuevo rito...” (pág. 491). No dice el biógrafo que este “bien pronto” data recién de junio de 1981, en oportunidad de la división que se produjo en Ecône a causa de las tesis del Padre Cantoni, entonces profesor del seminario (favorable a la asistencia a la nueva misa, apoyado en esto por el propio director, el Padre Tissier). En 1982 todo candidato al sacerdocio en la Fraternidad deberá jurar no aconsejar a nadie asistir a la nueva misa, y en 1983 el distrito italiano manifestará -como postura de Mons. Lefebvre- la doctrina según la cual se comete objetivamente pecado asistiendo a la nueva misa. En conclusión: para la Fraternidad San Pío X, de 1969 a 1975, era obligatorio asistir en determinados casos a la nueva misa bajo pena de pecado. De 1975 a 1981 era tan lícito asistir a la nueva misa como no asistir a ella. Desde 1981 en adelante, es ilícito asistir a la nueva misa bajo pena de pecado. Vemos, por lo tanto, como la “posición prudencial” de Mons. Lefebvre y de la Fraternidad San Pío X respecto de una cuestión moral importante (la no asistencia a la Misa es materia de pecado grave) y doctrinal (la utilización del nuevo misal depende del juicio doctrinal que se adopta sobre la reforma litúrgica), ha consistido en una continua evolución donde el punto de llegada (por ahora) es diametralmente opuesto al de partida y se casa con la posición de aquellos que al principio eran condenados como “imprudentes” por Mons. Lefebvre (Coache, Barbara, Vinson, Guérard des Lauriers, el mismo Mons. de Castro Mayer). Detrás de este continuo cambio de posición no hay ninguna razón de principio, sino solo el tomar en cuenta “la evolución que se produce poco a poco en el espíritu de los sacerdotes”. Por lo tanto, la fe y la moral después de la opinión... ¿No le hace pensar al autor del dossier que el caso de la “posición prudencial” sobre la asistencia a la nueva misa es absolutamente análogo al de la legitimidad de Francisco I?
Para concluir: la “solución prudencial” propuesta por la FSPX es doctrinalmente infundada, intrínsecamente contradictoria y sumamente imprudente. El único punto que puede compartirse es que la Iglesia jerárquica (cardenales, obispos con jurisdicción, un futuro Concilio o un futuro Papa) deberá pronunciarse con autoridad sobre la cuestión de la legitimidad de Pablo VI, Juan Pablo II, etc. Empero, mientras tanto, el problema no puede dejarse sin resolver, porque ya desde ahora los fieles deben saber si el actual ocupante de la Sede Apostólica es -sí o no- el Vicario de Cristo, al cual es obligatorio someterse (no solo de palabra) para poder alcanzar la salvación eterna.

"RESPUESTA AL DOCUMENTO DE LA FRATERNIDAD SAN PÍO X SOBRE EL SEDEVACANTISMO", http://integrismo.over-blog.com/article-documentos-50950108.html

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25 julio 2013 4 25 /07 /julio /2013 05:46

Estimados lectores:

 

seguramente habrán escuchado diferentes opiniones sobre las posturas sedevacantistas. Hoy les traemos un extracto de un artículo completo de la Revista Integrismo del P. Héctor Lázaro Romero sobre los argumentos infundamentados de la FSSPX en Italia.

 

El Equipo de México y Tradición.

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El dossier debería haber presentado especialmente los argumentos aducidos por los sedevacantistas. Pero no hay ni traza de estas pruebas, lo que evita al autor la faena de refutarlas.

Un viejo axioma escolástico reza: “alegar una dificultad no equivale a demostrar la falsedad de un razonamiento”. Como veremos, el dossier consistirá sustancialmente en una continua variación sobre un único tema: como objeción contra el sedevacantismo presenta la doctrina de la indefectibilidad de la Iglesia. Enseguida veremos cómo esta objeción -ciertamente importante- no es probatoria. Así, se evita explicar las pruebas que presentamos para demostrar que la Sede Apostólica está (formalmente) vacante. Un trabajo científicamente correcto tiene la obligación de exponer estas pruebas para luego demostrar que son falsas, cosa que el dossier se guarda muy bien de hacer.
El autor, completamente ocupado en destacar (hasta la exasperación) las divergencias que existen entre los diversos sedevacantismos, se olvida precisamente del punto fundamental sobre el cual el acuerdo es prácticamente unánime: Francisco I no puede ser Papa precisamente en virtud del dogma de la infalibilidad del Papa y de la Iglesia.
El sedevacantismo (que se pretende estudiar) parte justamente de la infalibilidad del Papa y/o de la Iglesia:
infalibilidad del magisterio ordinario universal;
infalibilidad práctica en la promulgación de leyes canónicas;
infalibilidad práctica en la promulgación de leyes litúrgicas;
infalibilidad práctica en la canonización de los santos.
Ahora bien, la propia Fraternidad San Pío X admite la tesis -que incluso defiende a capa y a espada- según la cual están contenidos errores:
en el Concilio Vaticano II;
en el nuevo código de derecho canónico;
en el nuevo rito de la misa y en las demás reformas litúrgicas;
en algunas canonizaciones efectuadas después del Concilio.
De aquí el hecho de que el Vaticano II y las reformas que le siguieron no estén garantizadas por la infalibilidad cuando, por el contrario, deberían estarlo. No pueden venir de la Iglesia. No pueden venir del Papa. Pablo VI, Juan Pablo II, etc., que promulgaron y confirmaron estos actos, no pueden ser la Autoridad.
De todo esto, el lector de "La Tradizione Cattolica" [TC] -en un dossier dedicado al sedevacantismo y que pretende exponer sus razones no hallará ni rastros (en lo referido al argumento particular de la Tesis de Cassiciacum acerca de la falta habitual y objetiva de procurar el bien/fin de la Iglesia por parte de Pablo VI, Juan Pablo II, etc., no hallará ni una exposición ni una refutación, sino tan solo una alusión (en pág. 11, nota 1).
Esta sola laguna bastaría para desacreditar totalmente el dossier de la TC sobre el sedevacantismo. De esta laguna se derivan dos consecuencias: por un lado, el autor se siente dispensado -como ya dijimos- de rebatir los argumentos sedevacantistas. Por otro, le resulta asimismo posible acusar a los sedevacantistas de prejuicio y apriorismo deshonesto. Si no entienden y aún deforman la teología, es porque “para ellos el hecho de que Francisco I y sus sucesores no sean Papas es un dato descontado y finiquitado; en consecuencia, se sirven de Belarmino o de otros autores autorizados no para buscar la verdad, no de modo desinteresado, esforzándose honestamente para comprender qué es lo que dicen, sino simplemente para hallar argumentos que sirvan a la demostración de una verdad ya dada por sentada y finiquitada desde el vamos (…) Además, en ellos [los guerardianos] se vuelve a descubrir a veces la actitud de quien pretende hacer encajar la teología y la realidad con un juicio ya formulado a priori…” (pág. 54) [se advierte que el dossier escribe lo contrario en la pág. 7]. Lógicamente, si se suprimen los argumentos que condujeron a una conclusión tan grave como la de que la Sede está Vacante, tal conclusión no puede ser sino fruto de prejuicio, apriorismo, testarudez... Le pregunto al autor si no será verdad, en cambio, lo contrario: si acaso la posición suya y la de los sacerdotes de la Fraternidad no es -ésta sí- la dictada por un juicio apriorístico fundado en la autoridad de Mons. Lefebvre. Y le pregunto más concretamente: si Mons. Lefebvre hubiese declarado categóricamente la Sede Vacante (como muchas veces estuvo a punto de hacer), el autor; ¿habría abandonado a Mons. Lefebvre o también él se habría hecho sedevacantista?

El dossier exagera -en interés propio- las divergencias entre las posturas sedevacantistas

Si el dossier poco aclara en qué consiste y como se justifica el sedevacantismo, se extiende en cambio en como “se articula” (pág. 6). El autor admite -con razón- la confusión que siempre ha hecho la Fraternidad San Pío X entre las dos posiciones en que “se articula” el sedevacantismo (sedevacantismo estricto y Tesis de Cassiciacum) (pág. 13), pero luego exagera las diferencias innegables entre ambas posiciones, para enfrentarlas y rebatir a la una con los argumentos de la otra y viceversa (cf. La imposibilidad de conciliar el sedevacantismo estricto y la Tesis de Cassiciacum, págs. 12-14). ¿Es tal vez demasiado pedir que las dos posiciones se presenten como son, con sus diferencias y sus coincidencias? Para la Tesis de Cassiciacum Francisco I no es formalmente Papa; a la pregunta de si Francisco I es Papa o no lo es, la Tesis responde “no”. Cassiciacum y el sedevacantismo coinciden formalmente (1).

¿Una “reflexión serena y desapasionada”? (pág. 6)

El dossier no mantiene pues sus promesas: el lector no podrá saber en qué consiste el sedevacantismo ni cómo se justifica. ¿Mantiene al menos la promesa de resguardar ese clima de auténtica caridad que se propone “para poder tratar el tema con tranquilidad”? Se diría que no, cuando se lee que atribuye a los “colegas” sedevacantistas “odio y veneno” (pág. 48), razonamientos de rabinos (pág. 15) o de fariseos (págs. 42-43), poniendo más que en duda la buena fe y la honestidad intelectual (en este caso, mías: pág. 56). Incluso no es “inocente” el dar la lista de los pintorescos antipapas sedevacantistas (pág. 9) y de los obispos consagrados por Mons. Thuc (págs. 44-45). Por caridad no hay intención alguna de “ridiculizar” al adversario (pág. 10), pese a que, concretamente, ése es el efecto que tendrá sobre el lector de la “Tradizione Cattolica” la publicación de esta lista…
En consecuencia, la intención del autor era buena y estoy convencido de que era también sincera, pero no se ha logrado lo suficiente porque todavía existe una excesiva animosidad que dificulta un debate verdaderamente objetivo.

Segunda parte: EL “VERDADERO PROBLEMA” Y LA SOLUCIÓN PROPUESTA POR LA TRADIZIONE CATTOLICA

Antes de exponer las objeciones que la TC presenta a nuestra posición y nuestras respuestas, me parece oportuno examinar la solución que el dossier propone a los lectores para el problema de la Autoridad. Comenzaré recordando la materia en disputa (y su importancia) para luego analizar la solución propuesta.

El “verdadero problema”: el Papa. Importancia del Papa en la Fe Católica y para la salvación

Hablar de “sedevacantismo” es hablar del Papa (y escribo Papa con mayúscula, como corresponde y es habitual en italiano y no con minúscula, como es habitual en Francia y como figura en el “dossier”, cuyo autor sin embargo no es francés).
He escrito que el gran ausente del “dossier” sobre el sedevacantismo es justamente el sedevacantismo, o bien en qué consiste y como se justifica esta postura. De igual modo podría decir, con mayor razón, que el gran ausente del “dossier” es el Papa. Sin embargo, refutar la posición sedevacantista querría decir, en teoría, demostrar que Francisco I es el legítimo pontífice de la Iglesia Católica, o sea, el sucesor de Pedro, el Vicario de Cristo (“el dulce Cristo en la tierra”, según la expresión de Santa Catalina), a quien se debe no únicamente subordinación jerárquica, sino “verdadera obediencia, no solo en las cuestiones que respectan a la fe y las costumbres, sino también en aquellas relativas a la disciplina y al gobierno de la Iglesia” (Vaticano I, Pastor Æternus, DS 3060 y 3064). Demostrar que la postura sedevacantista es falsa equivale a aplicar a Francisco I cuanto escribe el Concilio Vaticano I a propósito del Romano Pontífice: “El Primado apostólico, que el Romano Pontífice [para la TC, Francisco I] posee sobre la Iglesia universal como sucesor de Pedro Príncipe de los Apóstoles, abarca también al poder supremo de magisterio (...) En efecto, los Padres del IVº Concilio de Constantinopla, siguiendo las huellas de sus predecesores, formularon esta solemne profesión de fe: ‘La primera condición para la salvación es la de custodiar la regla de la recta fe. Y puesto que no puede volverse letra muerta la expresión de Nuestro Señor Jesucristo que dice: ‘Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia’ (Mt. 16, 18); esta afirmación se verifica en la práctica porque en la Sede Apostólica la Religión Católica siempre se ha conservado inmaculada y la doctrina católica siempre ha sido profesada en su santidad” (…) [El Papa, para el IIº Concilio de Lyon] “como tiene el deber de defender por sobre todo la verdad de la fe, así las disputas que surgiesen a propósito de la fe deben ser resueltas por juicio suyo (…) [Los Obispos] “han referido especialmente a esta Sede Apostólica los peligros emergentes en materia de fe, para que los daños causados a ella fuesen reparados sobre todo donde la Fe no puede sufrir deficiencias (…) Por lo mismo, este carisma de Verdad y de fe, jamás defectible, ha sido concedido por Dios a Pedro y a sus sucesores sobre esta Cátedra para que ejercitasen este altísimo oficio para la salvación de todos. Y para que la grey universal de Cristo, apartada por obra suya del cebo envenenado del error, fuese nutrida con el manjar de la doctrina celeste y, eliminada cualquier ocasión de cisma, la Iglesia toda se conservase en la unidad y, establecida sobre su fundamento, se irguiese inquebrantable contra las puertas del infierno” (Concilio Vaticano I, Pastor Æternus, DS 3071-3075). Demostrar que el sedevacantismo es falso significa también aplicar a Francisco I cuanto se ha definido en relación a la obligación de obediencia al Papa para salvarse: “declaramos, afirmamos, definimos que estar sometido al Romano Pontífice [para la TC, Francisco I] es necesario para la salvación a toda criatura humana” (Bonifacio VIII, Unam Sanctam, DS 875); “ningún hombre (...) podrá a la postre ser salvo fuera de la fe de la Iglesia misma y de la obediencia a los Romanos Pontífices [para la TC, Pablo VI, Juan Pablo II, etc.]” (Clemente VI, DS 1051). “Luego, entre los mandamientos de Cristo no ocupa un lugar menor el que nos ordena estar incorporados mediante el bautismo al Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia y el de adherir a Cristo y a su Vicario [en este caso, Francisco I], mediante el cual [Francisco I] Él mismo [Cristo] gobierna de modo visible a la Iglesia en la tierra. Por esto, no se salva aquel que, sabiendo que la Iglesia ha sido divinamente instituida por Cristo, rechaza sin embargo el someterse a la Iglesia o rechaza la obediencia al Romano Pontífice [para el caso, Francisco I], Vicario de Cristo en la tierra” (Pío XII, carta del Santo Oficio al Obispo de Boston, DS 3867). Reconocer a Juan Pablo II y no obedecerle equivale a declararse cismáticos: “En efecto, ¿de qué sirve proclamar el dogma católico del primado del Bienaventurado Pedro y de sus sucesores y haber difundido tantas declaraciones de fe católica y de obediencia hacia la Sede Apostólica, cuando las acciones abiertamente desmienten por sí mismas las palabras? ¿Acaso no es menos excusable la obstinación cuanto más se reconoce la debida obligación de la obediencia?¿Acaso la autoridad de la Sede Apostólica no se extiende más allá de lo que ha sido dispuesto por Nosotros, o basta tener comunión de fe con ella sin obligación de obediencia para que se pueda considerar salva la fe católica? (...) En efecto, Venerables Hermanos e hijos dilectos, se trata de la obediencia que se debe prestar o negar a la Sede Apostólica; se trata de reconocer la suprema potestad también sobre vuestras Iglesias, al menos en lo que concierne a la fe, la verdad y la disciplina; quien la negare es hereje. Por el contrario, quien la reconozca pero orgullosamente rehúse obedecerle, es merecedor del anatema” (Pío IX, Enc. Quæ in patriarchatu, nros. 23 y 24, del 1º de septiembre de 1876) (2). Obediencia que también incluye las censuras canónicas impuestas por la autoridad: “El fraude más empleado para conseguir el nuevo cisma es el nombre de católico, que los autores y sus secuaces asumen y usurpan no obstante haber sido amonestados por Nuestra autoridad y condenados con Nuestra sentencia. Siempre fue cosa importante para los herejes y cismáticos declararse católicos y decirlo públicamente, gloriándose de ello, para inducir a error a pueblos y Príncipes (…)”. En cambio, el Papa enseña que “quienquiera haya sido señalado como cismático por el Romano Pontífice, hasta que no admita expresamente su autoridad y la respete, debe dejar de usurpar de cualquier modo el nombre de católico. Nada de esto puede beneficiar mínimamente a los Neocismáticos, quienes, siguiendo las huellas de los herejes más recientes, llegaron al punto de protestar que era injusta, y por lo tanto carente de toda importancia y sin valor alguno, aquella sentencia de cisma y de excomunión conminada contra ellos en Nuestro nombre. (…) Estas razones son absolutamente nuevas y desconocidas a los antiguos Padres de la Iglesia e inauditas. (…) Por esto, habiendo los herejes jansenistas osado enseñar afirmaciones idénticas -esto es, que no se debe tener en cuenta una excomunión impuesta por un prelado legítimo con el pretexto de que es injusta, ciertos de cumplir no obstante aquella el propio deber, como decían-, Nuestro predecesor Clemente XI, de feliz memoria, en la Constitución ‘Unigenitus’ publicada contra los errores de Quesnel proscribió y condenó tales proposiciones para nada distintas de algunos artículos de Juan Wiclef, ya condenados previamente por el Concilio de Constanza y por Martín V. Efectivamente, aunque ocurra por incapacidad humana que alguien pueda ser alcanzado injustamente por censuras del propio prelado, es no obstante necesario, como lo ha advertido Nuestro predecesor San Gregorio Magno: ‘Que aquel que está bajo la guía de Pastor tenga el saludable temor de estarle siempre sometido, incluso si es castigado injustamente y no proteste temerariamente el juicio del propio superior, de modo que la culpa que no existía no se torne arrogancia a causa del acalorado reclamo’. En fin, si hay que preocuparse por uno que fue condenado injustamente por su Pastor, ¿qué no deberíamos decir, empero, de aquellos que, rebeldes a su Pastor y a esta Sede Apostólica, laceran y despedazan la inconsútil túnica de Cristo, que es la Iglesia? (…) Pero los Neocismáticos afirman que no se ha tratado de dogmas sino de disciplina (…) y por consiguiente, a aquellos que se oponen a ella no puede negárseles el nombre y la prerrogativa de católicos. Y Nosotros no dudamos de que a vosotros no os pasará por alto en qué medida es fútil y vano este subterfugio. En efecto, todos aquellos que obstinadamente resisten a los legítimos prelados de la Iglesia, especialmente al Sumo Pontífice de todos, y rehúsan seguir sus órdenes no reconociendo su dignidad, siempre han sido reconocidos como cismáticos por la Iglesia Católica” (Pío IX, Encíclica Quartus supra, del 6 de enero de 1873, nros. 6-12) (3).
Esta es la doctrina católica de la verdadera Tradición Católica, pero no la de la revista homónima, que no hace la más mínima alusión a esta doctrina. Y esto se debe a motivos obvios. En efecto, la posición de la Fraternidad San Pío X es completamente opuesta a la que acabamos de recordar. Se sostiene que Francisco I es Papa, pero su autoridad queda reducida a vanas palabras: se le niega a su magisterio (potestas docendi) no solo la infalibilidad sino hasta su misma existencia (Francisco I no enseñaría más: “es claro que según esta perspectiva, todo tipo de enseñanza -en sentido estricto y auténtico- por parte de Juan Pablo II se vuelve técnicamente imposible, pierde la propia razón de ser, y por lo tanto, su posibilidad de existir” TC, pág. 25); se rehúsa cualquier forma de obediencia a su gobierno (potestas regendi). Y en todo el dossier no hay ni trazas de ese amor por el Papa que distingue al verdadero católico.

"RESPUESTA AL DOCUMENTO DE LA FRATERNIDAD SAN PÍO X SOBRE EL SEDEVACANTISMO", http://integrismo.over-blog.com/article-documentos-50950108.html

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25 julio 2013 4 25 /07 /julio /2013 04:43

http://www.sodalitiumpianum.it/mkportal/templates/Forum/images/IMBC.jpg

 

Estimados lectores:

 

He aquí este artículo del Padre Héctor Lázaro Romero sobre la retractación de los fundadores del Instituto Mater Boni Consilii en mayo de 1987.

 

El Equipo de México y Tradición.

 

Los cuatro sacerdotes fundadores del Instituto Mater Boni Consilii en mayo de 1987 (Sodalitium N° 13) hicieron esta retractación pública luego de la difusión de doctrinas erróneas sobre la fe o la moral, enseñadas anteriormente cuando estaban en la Fraternidad San Pío X.

 

                                     ENMIENDA PÚBLICA

Por haber enseñado, o como sea dejado implícitamente creer como conforme a la verdad, en el período 1982-1985, durante su pertenencia a la Fraternidad San Pío X, los siguientes errores:
1) El Romano Pontífice goza de la infalibilidad solamente cuando enseña “ex cátedra” (o cuando define los dogmas).
2) El Magisterio ordinario y universal de la Iglesia no es infalible.
3) El Concilio Vaticano II, en cuanto concilio pastoral y no dogmático, no puede ser infalible.
4) Es lícito y debido desobedecer ordinariamente a la enseñanza doctrinal, moral y litúrgica de la Autoridad legítima (Papa y Obispos) aun reconociendo a la misma Autoridad todos los poderes que le son propios según la divina constitución de la Iglesia.
5) Es posible que la Autoridad legítima (el Romano Pontífice) promulgue e imponga a la Iglesia universal leyes (rito de la Misa, de los Sacramentos, Código de Derecho Canónico) que contengan errores, herejías o cualquier cosa nociva al bien de las almas.
6) Es posible que un auténtico Romano Pontífice, verdadero Vicario de Cristo, sea al mismo tiempo cismático, apóstata, en ruptura con la Tradición, y que sus actos hayan de considerarse nulos.
Las presentes erróneas declaraciones hieren mortalmente el dogma católico concerniente a la divina constitución de la Iglesia, a Su Magisterio, la infalibilidad de la Iglesia y la del Romano Pontífice.
A quien sea que haya sido escandalizado, los firmantes de la presente enmienda pública piden perdón y oraciones, asegurando que, con el auxilio de Dios, nunca más se repetirán errores similares.

In Fede.

"Il Problema dell'Autorità dell'Episcopato nella Chiesa" - http://www.sodalitiumpianum.it/index.php?pid=76

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2 junio 2013 7 02 /06 /junio /2013 01:23

http://2.bp.blogspot.com/-jWIvn6-__io/T-GH-UfaS5I/AAAAAAAAB8I/nvNRC0z5E6U/s400/226879_1827760731711_4586493_n.jpgEstimados lectores:

 

Queremos presentarles las siguientes fotografías que nos llegan directamente de Rennes, Francia, cuya capilla es atendida por el Padre Gilles Roger (sacerdote ordenado por Mons. Dolan) con la ayuda del Padre Héctor Lázaro Romero, argentino, ferviente defensor de la Iglesia y del Papado. Además de tener miles de ocupaciones en su capilla de Rennes, como vistas a enfermos, grupos, catecismos, etc, también dirige un blog en español: http://integrismo.over-blog.com/ el cual contiene, a parte de muchísimos artículos y revistas de la verdadera Tradición Católica, la lista no exhaustiva de los centros de MISA NON UNA CUM en el mundo entero. Aprovechamos este espacio para agradecerle infinitamente por las fotos enviadas y le reiteramos nuestras oraciones.

 

El Equipo de México y Tradición.

 

Visita al Santuario de Pontmain III

Padre Romero, en Pontmain, Francia.

(lugar de apariciones)

 

Visita al Santuario de Pontmain II

 

 

Visita al Santuario de Pontmain I

 

Primeras Comuniones en la capilla de Rennes I

Con fieles de Rennes.

 

Primera Misa de nuevo sacerdote en la capilla de Rennes II

Capilla San Pío V, en Rennes, Francia

 

 

Frente de la capilla de RennesCapilla San Pío V, en Rennes, Francia

 

Corpus Christi en Rennes II

 

Mons. Dolan, confirmaciones en capilla de Rennes III

Visita de Mons. Dolan

Misa de Mons. Dolan en la capilla de Rennes V

 

Mons. Dolan predica en la capilla de Rennes

 

Misa de Mons. Dolan en la capilla de Rennes IV

 

Misa de Mons. Dolan en la capilla de Rennes III

 

Misa de Mons. Dolan en la capilla de Rennes II

 

Misa de Mons. Dolan en la capilla de Rennes I

 

Gran Crucifijo de entrada de la ciudad de Rennes II

Calvario en la entrada de Rennes

 

Gran Crucifijo de entrada de la ciudad de Rennes I

 

Misa del P. Romero en el Monte Carmelo durante peregr. a Ti

  Peregrinación a Tierra Santa

 

Abbé Roger, responsable de capilla de Rennes

Padre Gilles Roger en la capilla de Rennes

 

Altar capilla de Rennes

 

Corpus Christi en Rennes I

 

Cruzada Eucarística de la capilla de Rennes

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6 abril 2013 6 06 /04 /abril /2013 06:20

Estimados lectores:

 

Esta noticia data del 20 de marzo pasado. Es apenas ahora que la subimos al blog pero no sin dejar de comentar nuestro temor ante los actos que está perpetrando este nuevo "obispo" de Roma (como se autodenomina el mencionado). Dios proteja a su Iglesia. Como lo declaró el Instituto Mater Boni Consilii, hacemos nuestras sus palabras: "declaramos que la tesis de Cassiciacum elaborada por Mons. Guérard des Lauriers sigue vigente". Continua siendo una respuesta a la crisis que somete a la Iglesia de Cristo. La Sede Apostólica sigue vacante. Visiblemente hay un papa "materialiter" pero NO "formaliter", no tiene Bergolio ninguna jurisdicción.

 

El Equipo de México y Tradición.

 

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                                                             La iglesia del Concilio Vaticano II NO ES la Iglesia Católica

 

(de infocatólica) El "papa" Francisco ha recibido esta mañana en la Sala Clementina a los «delegados fraternales», es decir a los enviados de las Iglesias, Comunidades eclesiales y Organismos ecuménicos internacionales, así como a los representantes de las religiones no cristianas, llegados a Roma con motivo del inicio de su ministerio de Obispo de Roma y de sucesor del apóstol Pedro. En nombre de todos los presentes ha tomado la palabra el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, que ha saludado al Papa recordando la «alta, grave y difícil tarea que conlleva su ministerio» y reiterando la necesidad de las Iglesias de alejarse de la mundanidad.

 

El "papa" Francisco ha dado las gracias a Bartolomé I, llamándole «Mi hermano Andrés», ya que los patriarcas de Constantinopla son considerados los sucesores del apóstol Andrés, el hermano de Simón Pedro. Después, ha afirmado que gracias a la presencia en la Misa de ayer de todos los representantes de las diversas comunidades se sentía «de forma todavía más fuerte la oración por la unidad entre los creyentes en Cristo y, al mismo tiempo, se podía entrever, de alguna manera, su realización plena que depende del plan de Dios y de nuestra leal colaboración». «Inicio mi ministerio apostólico –ha proseguido– en este año que mi venerado predecesor, el Papa Benedicto XVI, con intuición verdaderamente inspirada, ha proclamado Año de la Fe para la Iglesia Católica. Con esta iniciativa, que quiero continuar y espero que sirva de estímulo para el camino de fe de todos, quiso conmemorar el cincuenta aniversario del Concilio Vaticano II, proponiendo una especie de peregrinación a lo que es esencial para todo cristiano : la relación personal y transformadora con Jesucristo, Hijo de Dios, muerto y resucitado por nuestra salvación. En el deseo de proclamar a los hombres de nuestro tiempo este tesoro de la fe siempre válido estriba el fulcro del mensaje conciliar». El Papa Francisco ha recordado a continuación la figura y las palabras de Juan XXIII durante la inauguración del Concilio: «La Iglesia católica estima, por lo tanto, como un deber suyo el trabajar con toda actividad para que se realice el gran misterio de aquella unidad que con ardiente plegaria invocó Jesús al Padre celestial, estando inminente su sacrificio (...) Sí, queridos hermanos y hermanas en Cristo, sintámonos todos íntimamente unidos a la oración de nuestro Salvador en la última cena con su invocación: ut unum sint. Pidamos al Padre misericordioso que podamos vivir plenamente la fe que hemos recibido como un regalo en el día de nuestro bautismo, y ser capaces de dar un testimonio alegre libre y valiente de ella. Este será nuestra mejor servicio a la causa de la unidad de los cristianos; un servicio de esperanza para un mundo todavía marcada por la división, los contrastes y las rivalidades» «Por mi parte, deseo asegurar, en la estela de mis predecesores, mi firme voluntad de proseguir el camino del diálogo ecuménico (...) y os pido que llevéis mi cordial saludo y la seguridad de mi recuerdo en el Señor Jesús a las Iglesias y comunidades cristianas que representáis aquí, y que recéis por mí para que pueda ser un Pastor según el corazón de Cristo». El Pontífice, dirigiéndose a los representantes del pueblo judío, ha subrayado «el vínculo espiritual tan especial» que tienen con los cristianos. Y, citando el decreto Nostra Aetate del Concilio Vaticano ha dicho: « La Iglesia de Cristo reconoce que los comienzos de su fe y de su elección se encuentran ya en los Patriarcas, en Moisés y los Profetas, conforme al misterio salvífico de Dios». «Confío –ha proseguido– en que con la ayuda del Altísimo, proseguiremos provechosamente el diálogo fraterno que el Concilio deseaba y que, se ha realizado efectivamente, dando no pocos frutos especialmente durante las últimas décadas». El Papa ha saludado después a los pertenecientes a otras tradiciones religiosas, en primer lugar a los musulmanes «que adoran al Dios, único viviente y misericordioso, y lo invocan en la oración» . Y dirigiéndose a todos los presentes ha exclamado: «Realmente aprecio vuestra presencia: veo en ella una nueva voluntad de crecer en la estima mutua y en la cooperación para el bien común de la humanidad». «La Iglesia católica es consciente de la importancia que tiene la promoción de la amistad y el respeto entre hombres y mujeres de diferentes tradiciones religiosas. Quiero repetirlo : promoción de la amistad y el respeto entre hombres y mujeres de diferentes tradiciones religiosas (....) También es consciente de la responsabilidad que todos tenemos con nuestro mundo, con la creación entera que debemos amar y custodiar. Y podemos hacer mucho por el bien de los que son más pobres, de los más débiles, de los que sufren, para promover la justicia, para promover la reconciliación, para construir la paz. Pero, por encima de todo, debemos mantener viva en el mundo la sed de absoluto, no permitiendo que prevalezca una visión de la persona humana unidimensional según la cual el hombre se reduce a lo que produce y lo que consume: se trata de una de las trampas más peligrosas de nuestro tiempo». «Sabemos –ha concluido– cuanta violencia ha desencadenado en la historia reciente el intento de eliminar a Dios y a lo divino del horizonte de la humanidad y advertimos el valor de dar testimonio en nuestras sociedades de la apertura originaria a la transcendencia que está grabada en el corazón del ser humano. En esto, sentimos cerca de nosotros también a todos aquellos hombres y mujeres que, sin reconocerse en tradición religiosa alguna, se sienten, sin embargo, en búsqueda de la verdad, de la bondad y de la belleza; esta verdad, bondad y belleza de Dios, y que son nuestros aliados inapreciables en el compromiso para defender la dignidad del ser humano, en la construcción de una convivencia pacífica entre los pueblos y en la custodia amorosa de la creación».

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30 octubre 2012 2 30 /10 /octubre /2012 04:02

Carmonayzamora.jpgCONCLUSIONES
Los católicos tradicionalistas, acostumbrados desde hace mucho a las controversias donde la virtud o la malicia de las personas u organizaciones ocupa el lugar central, pueden hallar todo lo que antecede seco y blando. No perdimos tiempo en discutir sobre las cualidades personales de las partes involucradas, si Thuc, Guérard o Carmona eran o no virtuosos, sabios, prudentes, lógicos, coherentes o teológicamente perspicaces.
Tales discusiones no tienen asidero de ninguna manera sobre el tema de si un sacramento es válido o no. Conciernen a lo que los teólogos llaman probidad del ministro. Y es una verdad de Fe Católica que la válida administración de un sacramento no depende de la probidad del sacerdote o del obispo61[61].
Por consiguiente, la cuestión de si las consagraciones Thuc eran válidas hierve hasta quedar unos principios secos y un puñado de hechos:
·  1) Todo lo que se requiere para realizar una consagración episcopal válidamente es la imposición de manos, la fórmula de 16 palabras y la intención mínima de «hacer lo que hace la Iglesia».
·  2) Una vez establecido el hecho de que un obispo válidamente consagrado realizó una consagración episcopal siguiendo un rito católico, los elementos esenciales se dan por descontados.La validez de la consagración no requiere pruebas adicionales, sino que más bien solo puede ser refutada y el peso de la prueba corresponde al acusador. Esto es evidente por la práctica pastoral ordinaria, los canonistas, el derecho canónico y la teología moral. El principio se extiende incluso a las consagraciones episcopales efectuadas por cismáticos.
·  3) Existen tres hechos esenciales que están fuera de toda discusión:

·  a) Mons. Thuc era un obispo válidamente consagrado.
·  b) Él realizó el rito de consagración episcopal para Mons. Guérard el 7 de mayo de 1981 y para Mons. Carmona el 17 de octubre de 1981.
·  c) Mons. Thuc utilizó un rito católico en ambas consagraciones.
Tenemos un obispo válidamente consagrado, que realizó consagraciones episcopales y que empleó un rito católico. En consecuencia, estamos obligados a considerar que las consagraciones episcopales que Mons. P.M. Ngodinh-Thuc confirió a M.L. Guérard des Lauriers y a Moisés Carmona Rivera son válidas**.
Puesto que estas consagraciones fueron válidas, estamos del mismo modo obligados a considerar a los obispos Thuc de los EE.UU. como obispos válidamente consagrados, que poseen el poder sacramental para confirmar, ordenar y consagrar obispos.


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·  * Gentileza del P. Romero: Revista Integrismo
·  1[1] Einsicht nº 11 (marzo, 1982), pág. 12: «Je n’ai plus de relations avec
Palmar depuis leur chef se proclame Pape. Je désapprouve tout ce qu’ils
font» («No tengo más relaciones con el Palmar desde que su jefe se
proclamó Papa. Desapruebo todo lo que hacen»).
·  1[2] The Roman Catholic nº 5 (enero, 1983), nº 8.
·  1[3] Entre ellas: Catholic University, St. John’s, Fordham, Xavier,
Marquette, Detroit, Dunwoodie, Douglaston, St.
·  1[4] F. CAPPELLO, Tractatus Canonico-Moralis De Sacramentis (Roma,
Marietti 1961), 1, 21: «Quoties rationabile seu prudens adest dubium de
collato sacramento necne aut de collati sacramenti valore». El énfasis es
mío.
·  1[5] H. DAVIS, Moral and Pastoral Theology (New York, Sheed and
Ward 1943), 3, 25: La «validez de un sacramento se da por sentada». El
énfasis es mío.
·  1[6] H. NOLDIN Y A. SCHMITT, Summa Theologiæ Moralis
(Innsbruck, Rauch 1940), 3, 27: «In sacramentis... dubium facti habetur, si
dubitatur, an sacramentum reipsa collatum sit vel quomodo collatum sit,
nempe cum debita materia, forma et intentione». El énfasis es del autor.
·  1[7] F. WANENMACHER, Canonical Evidence in Marriage Cases
(Filadelfia, Dolphin 1935), 500: «...cuando el hecho del bautismo se ha
establecido, pero la validez permanece dudosa...». El énfasis es mío.
·  1[8] H. AYRINHAC, Legislation on the Sacraments (New York,
Longmans 1928), 6: «Si existiera una duda prudente sobre el hecho de su
administración o de su validez...». El énfasis es mío.
28
·  1[9] Código de Derecho Canónico, canon 1014: «In dubio standum est pro
valore matrimonii, donec contrarium probetur...».
·  1[10] Véase S.C. de Sacramentos, Decreto del 9 de junio de 1931, Acta
Apostolicae Sedis 23 (1931), 457ff. Monseñor Pierre Martin Ngo-dinh-
Thuc
·  1[11] Einsicht nº 12 (mayo, 1982), págs. 4-6.
·  1[12] Einsicht nº 11 (marzo, 1982), págs. 14-19.
·  1[13] Einsicht nº 11 (marzo, 1982), pág. 14: «Bischofsweihe S.E. Mgr.
M.L. Guérard des Lauriers, o.p.: in Toulon am 7.Mai 1981; Konsekrator:
S.E. Mgr. Pierre Martin Ngo-dinh-Thuc: nach dem ‘Pontificale Romanum
summorum pontificum jussu editum a Benedicto XIV et Leone XIII. Pont.
Max.’ (Ratisbonae, Romae, etc. 1908)». «Bischofsweihe S.E. Mgr. Moises
Carmona und S.E. Mgr. Adolfo Zamora in Toulon am 17 Oktober 1981;
Konsekrator: S.E. Mgr. Pierre Martin Ngo-dinh-Thuc: nach dem
‘Pontificale Romanum’ (Ratisbonae, Romae, etc. 1908, S. 520 ff).
·  1[14] CLARENCE KELLY, ET AL., Entrevista al Dr. Kurt Hiller,
Munich, febrero de 1988, passim.
·  1[15] EBERHARD HELLER: «Eidesstattliche Erklärung zu den
Bischofsweihen von I.E. Mgr. M.L. Guérard des Lauriers, Mgr. Moises
Carmona und Mgr. Adolfo Zamora», Einsicht nº 21 (julio, 1991), pág. 47.
«Um noch bestehende Zweifel an den von S.E. Mgr. Pierre Martin Ngodinh-
Thuc gespendeten Bischofsweihen. die z.B. von bestimmten
Personen und Gruppen in den U.S.A. geäußert werden, und weil seine
Excellenz inzwischen verstorben ist, er sich also dazu selbst nicht mehr
äußern kann, erkläre ich an Eides statt, da ich den betreffenden
Konsekrationen durch Mgr. Ngo-dinh-Thuc persönlich beiwohnte: Ich
bezeuge, daß S.E. Mgr. M.L. Guérard des Lauriers O.P. am 7.Mai 1981,
I.E. Mgr. Moises Carmona und Mgr. Adolfo Zamora am 17 Oktober 1981
in Toulon/ Frankreich von S.E. Mgr. Pierre Martin Ngo-dinh-Thuc zu
Bischöfen der hl. katholischen Kirche geweiht wurden. Die
Konsekrationen erfolgten nach dem ‘Pontificale Romanum’ (Rom 1908).
Mgr. Ngo-dinh-Thuc spendete die Weihen im Vollbesitz seiner geistigen
Kräfte und in der Absicht, der Kirche aus ihrer Notsituation
herauszuhelfen, die er in seiner ‘Declaratio’ über die Sedisvakanz vom 25.
Februar 1982 präzisierte. München, den 10. Juli 1991. E. Heller».
·  1[16] Ratzinger a Thuc, Carta del 1º de febrero de 1983: «Après le délai
nécessaire à une enquête fondée, la S. Congrégation pour la Doctrine de la
Foi a pu s’assurer qu’au moins depuis 1981... vous avez également
conféré... l’ordination épiscopale au religieux français M.L. Guérard des
Lauriers, OP, ainsi qu’aux prêtres mexicains Moises Carmona et Adolfo
Zamora» («Luego de un plazo necesario para hacer una investigación
29
fundada, la S. Congregación para la Doctrina de la Fe pudo asegurarse de
que al menos desde 1981... usted ha conferido igualmente... la ordenación
episcopal al religioso francés M.L. Guérard des Lauriers OP, así como a
los sacerdotes mexicanos Moisés Carmona y Adolfo Zamora»).
·  1[17] S.C. Pro Doctrina Fidei, Notificatio, 12 de marzo de 1983, Acta
Apostolicae Sedis (abril, 1983).
·  1[18] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 24 de diciembre de 1984.
·  1[19] Sodalitium nº 4 (mayo, 1987), pág. 24: «Affermo che questa
Consecrazione è valida... Atteso che: 1) il rito tradizionale è stato
integralmente osservato (fatto eccezione della lettura del ‘mandato
romano’!): 2) Mons. Thuc ed io avevamo l’intenzione di fare ciò che fa la
Chiesa». Énfasis del autor. Logo de tapa de la revista alemana
·  1[20] JOSEPH F. COLLINS, Notas sobre la entrevista a Guérard, La
Charité (Francia), agosto de 1987.
·  1[21] CLARENCE KELLY, ET AL., Entrevista a Noël Barbara,
Greenwich CT, mayo de 1990.
·  1[22] Véase J. MCHUGH & C. CALLAN, Moral Theology, New York,
Wagner 1929, 1, 643: «Los juicios son moralmente ciertos, cuando el error
es imposible según lo que es habitual entre los hombres, lo opuesto de lo
que sostiene la inteligencia es tan improbable que sería imprudente
moverse a ello».
·  1 [22b] Adnotatio editoris: Ne quid a devotis etiam rudis lectoribus
celeretur, auctor reverendus planum facit se dicere fabulam, latius in
Statibus Foederatis Americae ab ephemeridibus aliis sordidis diffusam,
quod E. Presley, citharoedum ac divum populo gratissimum (qui «Rex»
appellabatur et obiit circa idibus Augusti, anno MCMLXXVII), non vero
obiisse, sed vivit jam, quasi in occulto, interdum tamen se videndum
praestans, praesertim uxoribus tabernas aromatarias frequentibus -
exemplum immo vividum, etiamsi nimirum ab auctoribus probatis haud
hucusque citatum [Sacerdotium].
·  1[23] McHugh & Callan, 1, 645.
·  [24] J. NABUCO, Pontificalis Romani Expositio Juridico-Practica (New
York, Benziger 1945), 1, 218.
·  [25] Para la validez ni siquiera se requiere que el obispo pronuncie todas
las palabras en perfecta exactitud, siempre que no cambie el significado
sustancialmente. Véase E. Regatillo, Jus Sacramentarium (Santander, Sal
Terræ 1949), 873.
·  1[26] Wanenmacher, 408.
·  1[27] Wanenmacher, 500: «De modo semejante, cuando se ha establecido
el hecho del bautismo, pero la validez permanece dudosa, hay una
30
presunción general en favor de la validez. Esto es verdadero sobre todo
para el bautismo católico y la presunción es anulada solamente por una
prueba rigurosa en contrario».
·  1[28] Wanenmacher, 411: «Para el código el matrimonio tiene el favor del
derecho: de aquí que cuando hay una duda, debemos sostener la validez
del matrimonio hasta que se pruebe lo contrario» (c. 1014).
·  1[29] S. WOYWOOD, Practical Commentary on the Code of Canon Law
(New York, Wagner 1952), 1905: «Se presume la validez de una orden
sagrada mientras no se establezca su invalidez por prueba al efecto de que
se la recibió con falta de intención por parte del peticionante».
·  1[30] L. FANFANI, Manuale Theorico-practicum Theologiæ Moralis
(Roma, Ferrari 1949), 4, 50: «E contra minister qui leviter tantum aut
negative tantum, dubitat, de bona administratione alicuius sacramenti, e.g.
non recordatur se verba formae pronuntiasse, nil repetere debet, quinimmo
peccat si facit: omne enim factum, supponendum est rite factum, nisi
positive constet contrarium». El énfasis es mío.
·  1[31] P. GASPARRI, Tractatus de Sacra Ordinatione (París, Delhomme
1893), 1, 970: «...tum quia actus, praesertim adeo solemnis qualis est
ordinatio, habendus est ut validus, donec invaliditas non evincatur».
·  1[32] B. MERKELBACH, Summa Theologiae Moralis (Brujas, Desclée
1962) 3, 165: «Ubi ergo persona omnino seria, etiam mera obstetrix, quae
sit fide digna, circumspecta, et in ritu baptizandi instructa, assereret
infantem a se rite baptizatum esse, non esset cur de valore Baptismi serio
dubitaretur;.....»
·  1[33] U. BESTE, Introductio In Codicem (Collegeville MN: St. John’s
1946), 951: «Hinc ordines collati ab episcopis schismaticis ecclesiae
orientalis, iansenistis in Batavia (Hollandia), veterum catholicorum in
Germania et Helvetia, validi habendi sunt, nisi in casu particulari vitium
essentiale admissum fuerit».
·  1 [34] P. Laghi [dirigida a E. Berry], Carta del 28 de septiembre de 1988:
«En respuesta a su consulta del 23 de septiembre de 1988, la ordenación
episcopal de Guérard des Lauriers, si bien es válida, fue gravemente
ilícita».
·  1 [35] B. LEEMING, Principles of Sacramental Theology (Westminster
md: Newman 1956), 482: «Este principio se afirma como doctrina
teológicamente cierta enseñada por la Iglesia, negarla sería teológicamente
erróneo... se presume que el ministro tiene la intención implícita en el
rito...». Énfasis del autor.
·  1 [36] Bula Apostolicae Curae, del 13 de septiembre de 1896: «Iamvero
quum quis ad sacramentum conficiendum et conferendum materiam
31
formamque debitam serio ac rite adhibuit, eo ipso censetur id nimirum
facere intendisse quod facit Ecclesia».
·  1 [37] Tractatus de Sacra Ordinatione, 1, 970: «Proinde numquam
praesumitur ministrum talem intentionem non ordinandi habuisse in
ordinatione peragenda, donec contrarium non probetur; tum quia nemo
praesumitur malus, nisi probetur...». Énfasis del autor. Los principios
anteriores igualmente rebaten los argumentos de quienes creen que el
consagrante de Lefebvre, Liénart, era masón (una acusación engañosa) y
entonces que las ordenaciones de Lefebvre son «dudosas».
·  1 [38] M. CONTE A CORONATA, De Sacramentis: Tractatus Canonicus
(Turín, Marietti 1943) 1, 56: «Virtualis enim intentio, ut iam vidimus, est
intentio ipsa actualis quae cum distractione operatur. Talis intentio certe
habetur in eo qui de more ponit actiones sacramentales».
·  1 [39] «Eidesstattliche Erklärung...,» loc. cit., «Mgr. Ngo-dinh-Thuc
spendete die Weihen im Vollbesitz seiner geistigen Kräfte».
·  1 [40] Collins, Notas sobre la entrevista a Guérard.
·  1 [41] Sodalitium nº 4 (mayo, 1987), pág. 24: «Atteso che... Mons. Thuc
ed io avevamo l’intenzione di fare ciò che fa la Chiesa».
·  1 [42] Conferencia, Cincinnati, 13 de diciembre de 1991.
·  1 [43] JOSEPH COLLINS, Notas sobre la entrevista a Noël Barbara,
noviembre de 1989.
·  1 [44] Declaración del 19 de diciembre de 1981, reimpresa en Einsicht
(marzo de 1982).
·  1 [45] Declaración del 25 de febrero de 1982. El texto fue transcripto y
reimpreso en Einsicht (marzo de 1982).
·  1 [46] Thuc a Guérard, carta no fechada [a comienzos de 1982]:
«Excellentissime Domine: Recepi litteras tuas tantum his diebus, quia non
sum in urbe Toulon jam ab uno mense. In illa epistola, voluisti cognoscere
utrum concelebravi, anno praeterito, in die quinta Sanctae hebdomadae
cum Episcopo hujus diocesis. Utique, cum illo Episcopo celebravi, quia
illa die non potui celebravi in meo domo secundum legem Ecclesiae. Tu
dixisti quod ego commisi peccatum, quia secundum te, Missa illius
episcopi erat invalida. Spero quod Deus non me judicavit ita crudeliter,
quia erravi in bona fide. † P.M. Ngo-dinh-Thuc».
·  1 [47] El que recibe el sacramento, su ordinario diocesano y el ordinario
de la diócesis donde se confirió el sacramento. Véase el Canon 1994, 1:
«Validitatem sacrae ordinationis accusare valet clericus peraeque ac
Ordinarius cui clericus subsit vel in cuius diocesi ordinatus sit».
·  1 [48] Véase Cappello 4, 683: «Aliae personae extraneae procul dubio jure
accusandi carent».
32
·  1 [49] De Synodo Diocesana 13, 13, 7: «Et utroque casu aliquid
desideratur, quod ad ejusdem actus solemnitatem, et praescriptorum
rituum observantiam pertinet; quandoquidem in prima facti specie deest
duorum Antistitum praesentia a sacris canonibus statuta; in altera vero
desideratur praesentia duorum Sacerdotum, quos Pontifex adhibendos
voluit».
·  1 [50] Z. ZITELLI, Apparatus Juris Ecclesiastici (Roma, 1888), 23:
«Siquando necessitas postulet vel impossibilitas adsit tres habendi
Episcopos, Romani Pontificis erit indulgere ut consecratio ab uno fiat
Episcopo cum assistentia duorum Sacerdotum, qui in dignitate
ecclesiastica constituti sint, vel etiam a solo Episcopo absque ulla
assistentia, ut saepe usuvenit in locis sacrarum missionum».
·  1 [51] S. MANY, Praelectiones de Sacra Ordinatione (París, Letouzey
1905), 519: «Alexander VII, brevi Onerosa, 4 Feb. 1664, concessit ut
aliqua episcopalis ordinatio, apud Sinas, fieret ab uno tantum episcopo,
cum assistentia duorum presbyterorum, et etiam, si opus esset, sine illorum
assistentia».
·  1 [52] Breve Decet Romanum, del 23 de diciembre de 1673, 3. El
Pontífice confirmaba específicamente los privilegios concedidos por
Alejandro VII, entre ellos, realizar la «...munus consecrationis cum
assistentia aliorum duorum presbyterorum, etiamsi non essent episcopi,
nec in ecclesiastica dignitate constituti, si adessent, sin minus, etiam sine
illorum assistentia...».
·  1 [53] Breve Exigit Pastoralis, del 22 de julio de 1798: «...munus
consecrationis cum adsistentia aliorum duorum presbyterorum, etiamsi
non sint Episcopi, nec in ecclesiastica dignitate constituti, si adfuerint, sin
minus etiam sine illorum assistentia...».
·  1 [54] J. MCHUGH, The Casuist (New York, Wagner 1917), 5, 24l.
·  1 [55] P. LESOURDE, Le Jésuite Clandestine: Mgr. Michel d’Herbigny
(París, Lethielleux), 70. En la relación sobre su consagración en secreto,
Mons. d’Herbigny escribe: «Le Nonce expliqua que Rome lui avait
d’abord prescrit d’être seul avec le Père d’Herbigny. Il avait fait valoir
que, sans la présence d’au moins un assistant, la céremonie lui semblait
irréalisable, ne serait-ce que pour maintenir le Missel sur les épaules du
consacré».
·  1 [56] Véase Lesourde, 76ff.
·  1 [57] D. BOUIX, Tractatus de Episcopo (París, Ruffet 1873), 1, 243:
«Sed etiamsi fiat consecratio absque ullis assistentibus, et absque obtenta
Pontificia dispensatione, adhuc valida erit».
·  1 [58] E. REGATILLO, Interpretatio et Jurisprudentia Codicis J.C.
(Santander, Sal Terrae 1953), 465: «Unus episcopus sufficit ad validitatem
33
consecrationis, dummodo ritum essentialem cum debita intentione ponat.
Idque etsi sine pontificia dispensatione unicus sit qui consecrationi
intersit». El énfasis es mío
·  1 [59] Breve Alias, del 27 de febrero de 1660: «Quantum spectat ad
sacramentum et impressionem characteris fuisse validam».
·  1 [60] De Synodo Diocesana 13, 13, 9-10: «...consecrationem hujusmodi
validam, licet illicitam, esse censuerunt... ratam firmamque, sed illicitam
Consecrationem pronuntiavit». El énfasis es de Benedicto, citando el
decreto de Clemente del 26 de noviembre de 1718.
·  1 [61] Cappello, 1, 36: «In ministro non requiritur nec status gratiae, nec
vitae probitas, imo nec ipsa fides, ad validam sacramentorum
confectionem vel administrationem. Haec est veritas catholica de fide».
Énfasis del autor.
·  * * Nos ha parecido conveniente agregar aquí las notas 90 y 91 de un
trabajo del Padre Francesco Ricossa del año 2003 (Sodalitium nº 56,
edición italiana; nº 55, edición francesa) en respuesta a objeciones que
planteara la Fraternidad San Pío X el mismo año (La Tradizione Cattolica
-TC- nº 52) en un «Dossier sobre el Sedevacantismo» (n.d.r.):
Nota 90: «Aunque me salga del tema, me parece oportuno responder de alguna
manera, al menos en una nota, a cuanto escribe la TC a propósito de las
consagraciones sin mandato romano realizadas por Mons. Thuc. La TC publica
en páginas 40-45 una lista no exhaustiva de las consagraciones que tienen origen
(en ocasiones bien lejano) en Mons. Thuc, lista que incluye casi 43 mencionados,
atribuyendo a Mons. Thuc la consagración directa de 10 obispos. Creo, al
respecto, que las consagraciones atribuibles a Mons. Thuc corresponden solo a
tres actos efectuados por él: la consagración del 12 de enero de 1976 en el Palmar
de Troya (5 obispos), la de Toulon del 7 de mayo de 1981 (Mons. Guérard des
Lauriers), y la de Toulon del 17 de octubre de 1981 (Monss. Zamora y Carmona).
En cambio, hay que excluir las supuestas y para nada demostradas de Laborie y
de Datassen (no obstante, aviesamente señalado por la TC en la pág. 47, como
jefe de la Unión de las Petites Eglises); Mons. Thuc jamás habría reconocido
oficialmente dichas consagraciones, las que, en todo caso, habrían sido solamente
consagraciones «sub conditione» de personas ya consagradas, y por lo tanto, que
no han recibido verdaderamente el episcopado de él. Si así son las cosas, de la
lista publicada por la TC hay que quitar 21 «obispos» que en realidad nunca
tuvieron nada que ver con Mons. Thuc. Ulteriormente, hay que quitar los cinco
obispos del Palmar con su dudosa descendencia, ya que nada tienen que ver con
el sedevacantismo: en el Palmar, como en Ecône, se creía en la legitimidad de
Pablo VI (y quien convenció a Mons. Thuc de trasladarse al Palmar fue un
profesor de Ecône, el canónigo Rivaz). Las consagraciones de Guérard des
34
Lauriers, Zamora y Carmona, en cambio, se efectuaron fundadas en la vacancia
(por lo menos formal) de la Sede Apostólica, como se declaró públicamente en
1982, y como lo entendieron perfectamente Juan Pablo II y el card. Ratzinger,
uniendo en actos oficiales dichas consagraciones y la declaración sobre la Sede
vacante».
Nota 91: «Sodalitium no niega los defectos de Mons. Thuc y en parte puede
compartir el juicio sostenido acerca de él por la TC. No obstante, recordamos a
quienes nos refutan la palabra evangélica sobre la paja y la viga. La TC reprocha
a Mons. Thuc, entre otras cosas: a) las consagraciones del Palmar de Troya;
·  b) la consagración de dos «viejo-católicos»;
·  c) el hecho de que entre los descendientes de dichos obispos haya incluso
gnósticos;
·  d) «la variabilidad de las posturas de Thuc»;
·  e) la «heterogeneidad de los consagrados»;
·  f) las dudas de algunos sobre la validez de sus consagraciones.
Respondemos: medice, cura te ipsum (médico, cúrate a ti mismo). Examinemos
brevemente los puntos señalados:
·  A) La consagración episcopal en el Palmar de Troya (con el rito
tradicional y para la Misa tradicional) acontece, por ejemplo, en un
contexto «aparicionista», que no puede sino desacreditar la persona de
Mons. Thuc: ¿cómo es posible que haya creído en falsos videntes? Sin
embargo, esto también le pasó a Mons. Lefebvre, e incluso a Mons. de
Castro Mayer. No quiero ciertamente negar la fe y la seriedad de estos dos
magníficos prelados, pero también ellos han tenido sus debilidades. Mons.
de Castro Mayer, por ejemplo, siguió por muchísimos años al Prof. Plinio
Corrêa de Oliveira, fundador de la T.F.P., hombre de vasta cultura y una
profunda preparación doctrinal, pero también idolatrado «gurú» de sus
seguidores, en un clima de verdadera «secta», como el mismo prelado más
tarde denunció. Mons. Lefebvre, si bien escéptico respecto de las
«apariciones», no dejó de confiar en los videntes, incluso para decisiones
importantísimas; sobre la influencia de Claire Ferchaud, Marthe Robin y
de las «apariciones» de San Damiano, escribe incluso su biógrafo Tissier
·  (B. Tissier de Mallerais, Marcel Lefebvre, une vie, Clovis, Etampes 2002,
págs. 455, 433, 479). El grupo de los valesanos propietarios de Ecône,
sumamente fieles, seguía las apariciones de San Damiano y a la vidente de
Friburgo, Eliane Gaille (recientemente, el distrito italiano percibía entre
otros, los fondos provenientes de San Damiano). En Italia, la TC y el autor
del artículo deberían estar perfectamente enterados de cuanto ocurre con
35
Rímini, donde el priorato de la Fraternidad fue fundado en arreglo con los
fieles de la «Mamma Elvira», una falsa vidente a la que, no obstante,
Mons. Lefebvre le concedió pleno apoyo. En este caso, ¿podría afirmarse
que el bien llevado a cabo por el priorato de Rímini (incluidas varias
vocaciones sacerdotales), no puede venir de Dios porque la mamma Elvira
no era una «Mujer de la Providencia»? El aparicionismo en la Fraternidad
no pertenece solo a los orígenes: Mons. Fellay, superior general de la
Fraternidad San Pío X, ha reconocido en la obra de una vidente, una tal
Germaine Rossinière (pseudónimo), «un don del Cielo» y «un tesoro de
gracia», que ha presentado oficialmente en el boletín interno de la
Fraternidad, Cor Unum (suplemento del nº 60, de junio de 1998). Son
algunos de los ejemplos, entre los muchos que podrían citarse…
·  B) Se acusa a Mons. Thuc de contactos con los «viejocatólicos»; yo
mismo he visto en Ecône a un obispo «viejocatólico» reaceptado en la
Iglesia por Mons. Lefebvre (como a su vez hiciera Mons. Thuc); a un
sacerdote y religioso qque había abandonado el ministerio (a causa de la
Action Française), que estaba casado y se había vuelto sacerdote griego
cismático, para volver al estado laical, que enseñó en Ecône etc.
·  C) Mons. Thuc no es ciertamente responsable de las consagraciones de
algunos guenonianos, que han recibido episcopado (?) de los obispos (?)
que pretenden haber recibido el episcopado de él. Mons. Lefebvre, en
cambio, es ciertamente responsable de la ordenación de más de un
sacerdote guenoniano (por lo tanto, gnóstico), ordenados directamente por
él, después de haber sido puesto en guardia, antes de la ordenación,
precisamente sobre el hecho. Estoy convencido de que Mons. Lefebvre
nunca tuvo nada que ver con estas doctrinas, pero ciertamente fue
imprudente con estas ordenaciones.
·  D) En cuanto a la «variabilidad de las posturas de Thuc oscilantes entre el
sedevacantismo y la reconciliación con el Vaticano)» (TC, pág. 47), se
pasan por alto las de Mons. Lefebvre entre un posible sedevacantismo, el
tradicionalismo y reconciliación con el Vaticano: hasta el punto que firmó
y se retractó del protocolo de acuerdo.
·  E) Pasemos a la «heterogeneidad de los consagrados» TC, pág. 47). Mons.
Lefebvre ordenó magníficos sacerdotes, pero desdichadamente también
sacerdotes escandalosos; estando al tanto en algunos casos,
desgraciadamente, de defectos morales decisivos como para no ordenar a
semejantes candidatos. No se podía prever, en cambio, el triste caso de un
sacerdote que primero atentó contra la vida de Juan Pablo II y después
abandonó el sacerdocio (para otros detalles tristes, véase su autobiografía).
Si este pobre sacerdote hubiera sido ordenado por Mons. Thuc, ¿qué no
habrían escrito (o todavía peor, dicho) los sacerdotes de la Fraternidad?
36
¿No habría constituido la prueba de la insania de Mons. Thuc?
Desdichadamente, el Obispo que ordenó a ese pobre desgraciado fue
Mons. Lefebvre (y no le hago un cargo porque no podía prever el futuro).
F) En fin, la TC insinúa la duda acerca de la salud mental de Mons. Thuc y
sobre la validez de sus consagraciones. La «duda fundada» (pág. 47) se basa
en las oscilaciones de Mons. Thuc, en la «heterogeneidad» de sus
consagraciones, en dudas presentadas por terceras personas… Hemos visto
que las mismas acusaciones (si bien, en forma distinta) podrían haberse
promovido también contra Mons. Lefebvre, y de hecho hay quien ha negado
la validez de sus ordenaciones y consagraciones. Desde Sodalitium he negado
rotundamente esta tesis insostenible. La TC debería negar del mismo modo la
tesis insostenible que pretende dudar de la validez de las consagraciones y
ordenaciones de Mons. Thuc, al menos por coherencia con lo que la propia
Fraternidad ha hecho al aceptar la validez del sacerdocio del abbé Schaeffer,
ordenado por Mons. Thuc en 1981. Cuando se trata de tener un sacerdote más,
las órdenes de Mons. Thuc son válidas; cuando se trata de disuadir a los fieles
de recibir la confirmación de parte de un Obispo que ha recibido el
episcopado de Mons. Thuc, entonces esas órdenes son inválidas o dudosas…
¿Dónde está la coherencia y la buena fe? Para terminar. No pretendo
ciertamente ser mejor que los demás ni que nuestro Instituto esté inmune de
culpas o reproches. Ni siquiera pretendo hacer un parangón entre Mons.
Lefebvre y Mons. Thuc; es evidente el rol preponderante, la mayor
importancia del prelado francés. Sin embargo, la Fraternidad no puede sacar a
relucir solo lo que honra a su fundador y esconder sistemáticamente cuanto
puede ser de menor dignidad y que podría perjudicar su figura de «Hombre de
la Providencia». Invitamos a la TC a una mayor sinceridad, o bien a renunciar
a fundar sus argumentaciones sobre la presunta santidad de sus miembros y la
presunta o cierta indignidad de sus adversarios».

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Published by Juan Manuel Olivar Robles - en El Sedevacantismo
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30 octubre 2012 2 30 /10 /octubre /2012 03:40

III. LA VALIDEZ DE LAS CONSAGRACIONES

Mons.-Pedro-Martin-Ngo-Dinh-Thuc.jpg
Ahora, retomemos la cuestión que diera lugar a este estudio: - ¿Estamos obligados a considerar que las consagraciones Thuc son válidas, i.e., que sirvieron? Fundándonos en principios de derecho eclesiástico y teología moral aplicables a todos los sacramentos, estamos obligados a responder afirmativamente.
Para entender porqué, simplemente tenemos que repasar los requisitos mínimos exigidos para que una consagración se realice válidamente, y de qué manera el derecho eclesiástico y los moralistas consideran que tales requisitos se han satisfecho en un caso dado, a menos que exista evidencia positiva en contrario.
A. Una receta para la validez Dentro de las numerosas ceremonias bellísimas de la Iglesia Católica, el Rito de Consagración Episcopal es sin duda la más espléndida y compleja. Se lleva a cabo en la festividad de un Apóstol, generalmente ante una gran concurrencia de fieles. En su forma más solemne, el obispo consagrante es asistido por otros dos obispos (denominados «co-consa-grantes»), 11 sacerdotes, 20 acólitos y 3 ceremonieros24[24]. Realizar una consagración episcopal tal como lo prescriben todas las elaboradas directivas del ceremonial demanda aproximadamente cuatro horas.
Por otro lado, realizar una consagración episcopal válidamente demanda aproximadamente 15 segundos. O sea, más o menos el tiempo que le toma a un obispo imponer sus manos sobre la cabeza del sacerdote y recitar las 16 palabras de la fórmula que exige la Iglesia para la validez. Lo que acabamos de decir podría dejar pasmado al lector lego, pero este caso es semejante a algo que todos hemos aprendido en el catecismo. Todo lo que se necesita para bautizar válidamente a alguien es agua común y la fórmula breve (Yo te bautizo, etc.). Es tan simple que hasta un musulmán o un judío podrían hacerlo bien, en caso de que alguien necesitara ser bautizado verdaderamente. Y una vez que el agua fue derramada y se recitó la fórmula breve, estará tan válidamente bautizado y será tan cristiano como si el Papa en persona lo hubiera hecho en la Basílica de San Pedro.
La receta que la Iglesia da para que una consagración episcopal sea válida es también así de simple. Además del obispo válidamente consagrado que realice el rito y un sacerdote válidamente ordenado que tenga la intención de recibir la consagración, hay solo tres ingredientes esenciales para la validez:
·  1) La imposición de manos por el obispo consagrante (denominada técnicamente materia del sacramento).
·  2) La fórmula esencial de 16 palabras recitada por el obispo consagrante (denominada técnicamente forma del sacramento)25[25].

·  3) Una intención mínima de parte del obispo consagrante «de hacer lo que hace la Iglesia» (denominada intención ministerial).
Aunque se deben observar todas las ceremonias que prescribe el rito, los tres elementos precedentes son todo lo que se requiere para que una consagración episcopal sea válida.
B. El peso de la prueba
Luego de asegurarse del hecho que un verdadero obispo realizó una consagración empleando un rito católico, ¿es necesario probar en forma positiva que el obispo no omitió alguno de estos elementos esenciales durante la ceremonia?
No. El mero hecho de que un obispo emplee un rito católico es por sí prueba suficiente de la validez, y a partir de entonces no se requiere ninguna evidencia extra. La validez se «da por sentada», y solo puede ser refutada. Y esto solo puede lograrse si se demuestra que uno de los elementos esenciales para la validez faltó (o probablemente faltó) cuando se realizó la ceremonia.
Esto se aplica a todos los sacramentos y se manifiesta por:
1. La práctica pastoral ordinaria: El registro diario de los sacramentos da por supuesto que el ministro del sacramento cumplió con los requisitos esenciales para la validez. Las actas oficiales de bautismo y ordenación no mencionan en absoluto términos técnicos como «materia», «forma» o «intención ministerial». Además, los certificados de los sacramentos simplemente declaran que fulano recibió un sacramento «con todas las ceremonias y solemnidades necesarias y oportunas», o sencillamente «según el rito de la Santa Iglesia Romana». No dicen nada más, porque la ley de la Iglesia no requiere nada más. Dichos sacramentos se consideran válidos sin necesidad de pruebas adicionales.
2. Los canonistas: Los canonistas hablan de «la reina de las presunciones, que tiene por válido el acto o el contrato mientras no se pruebe su invalidez»26[26]. Y se aplica a los sacramentos de la siguiente forma: si alguien se presenta ante un tribunal eclesiástico para cuestionar la validez de un bautismo católico27[27], un matrimonio28[28] o una ordenación29[29], la responsabilidad de probarlo [el peso de la prueba] le compete a él. Él debe demostrar que faltó un elemento esencial cuando se confirió el sacramento.
3. El Derecho Canónico y la Teología Moral: Estas fuentes prohíben volver a administrar un sacramento en forma condicional, a menos que exista una duda «positiva» o «prudente» sobre la validez (véase el punto IV.A más adelante). Como ejemplo de una duda que no caería en esta categoría, el teólogo moralista dominico Fanfani habla de un sacerdote que no recuerda si recitó la fórmula sacramental esencial. «No debería repetir nada», dice Fanfani. «Sin duda pecaría si lo hace -puesto que todo lo que se hace se presupone hecho correctamente, a menos que se demuestre positivamente lo contrario»30[30]. Que las partes esenciales del rito fueron realizadas es otra vez simplemente tomado por
garantizado.
El canonista Gasparri (que luego fuera Cardenal y compilador del Código de Derecho Canónico de 1917) proporciona un principio general: «...un acto, en particular uno tan solemne como una ordenación, debe considerarse válido mientras no se demuestre claramente su invalidez»31[31].
4. Incluso en los casos raros: Los canonistas y los moralistas incluso amplían la aplicación de estos principios a los casos donde alguien que no es el ministro católico normal emplea un rito católico para conferir un sacramento. Si una partera que afirma haber hecho un bautismo de urgencia es una persona seria, confiable e instruida en la manera de realizar el bautismo -dice el teólogo Merkelbach-, «no hay razón para dudar seriamente de la validez de un bautismo»32[32].
Por último, la Iglesia sostiene tan firmemente la validez de un sacramento administrado según un rito católico que extiende el principio no solamente a los clérigos católicos, sino que incluso lo aplica a los cismáticos. Así, las ordenaciones y las consagraciones episcopales recibidas de obispos ortodoxos, de obispos viejo-católicos de Holanda, Alemania o Suiza «deben considerarse válidas, a menos que en un caso particular deba reconocerse un defecto
esencial»33[33]. Lo que antecede refleja ciertamente la sabiduría de la Iglesia. Ella no nos pide que refutemos acusaciones negativas intrincadas: «Pruébame positivamente que no omitiste lo que se suponía que tenías que hacer para que el sacramento fuera válido». De lo contrario, habría que capacitar a hordas de testigos especialmente calificados para que comprobaran en forma independiente la validez cada vez que un sacerdote confiere un sacramento.
Por lo tanto, es fácil ver porqué un sacramento administrado según un rito católico debe considerarse válido mientras no se demuestre positivamente lo contrario.
C. Validez
Los requisitos para que una consagración episcopal sea válida son, entonces, mínimos. Y cuando se emplea un rito católico para este o para cualquier otro sacramento, la práctica pastoral ordinaria, los canonistas, el derecho eclesiástico y los moralistas no requieren ninguna prueba adicional para la validez del sacramento, incluso cuando lo administre una partera o un cismático. La validez más bien debe ser refutada.
Cuando volvemos a considerar las consagraciones de Mons. Guérard y de Mons. Carmona, tres hechos clave son absolutamente ciertos:
·  1) Mons. Thuc era un obispo válidamente consagrado.
·  2) Mons. Thuc realizó el rito de consagración episcopal para Mons.
Guérard el 7 de mayo de 1981 y para Mons. Carmona el 17 de octubre de 1981.
·  3) Mons. Thuc empleó el rito católico en ambas consagraciones.


Tenemos un obispo válidamente consagrado, que realiza el rito de consagración episcopal y que utilizó el rito católico. No hacen falta más pruebas. Por consiguiente, estamos obligados a considerar que las consagraciones episcopales que Mons. P.M. Ngo-dinh-Thuc confirió a M.L. Guérard des Lauriers y a Moisés Carmona Rivera son válidas.BishopDesLauriers2.jpg


IV. OBJECIONES DUDOSAS
Como señaláramos antes, Monseñor Antonio de Castro Mayer admitió la validez de la consagración de Mons. Guérard, y el Nuncio Apostólico en Estados Unidos, Mons. Pío Laghi, también lo consideró así, pues al condenar la consagración de Guérard como «ilícita», también reconocía que era «valida»34[34]. Podemos suponer que si se planteara a cualquiera de los dos prelados una cuestión sobre la consagración de Mons. Carmona, habrían dado respuestas similares a aquellas. Aunque eclesiásticos tan distantes teológicamente como el prelado tradicionalista de Campos y el representante oficial de Juan Pablo II en los EE.UU. puedan coincidir al admitir la validez de las consagraciones, algunos
sacerdotes católicos tradicionalistas se han mantenido cautelosos al respecto. Algunos de ellos hallaron honestamente ciertas cuestiones que les resultaban desconcertantes. Otros denunciaron agresivamente como «dudosa» la validez de las consagraciones.
Aquí nos ocuparemos del último grupo. Cada una de sus objeciones se ha basado en una de estas dos cosas:
·  A) Una aseveración gratuita que los teólogos definirían como «duda negativa», que como tal no puede utilizarse para impugnar la validez de un sacramento.
·  B) Un supuesto «requisito» del derecho eclesiástico o de la teología moral que resultó ser un invento de los objetores.
A. Dudas «negativas»
La única manera de decir verdaderamente que un sacramento es dudoso es presentar una duda positiva (o prudente) sobre su validez. La duda es positiva cuando tiene un fundamento claramente objetivo y firmemente basado en la realidad. En el caso de un sacramento, debe fundarse en pruebas sólidas de que probablemente se omitió un elemento esencial para la validez.
Por lo tanto, para plantear una duda positiva sobre la validez de las consagraciones Thuc debe demostrarse que cuando se realizó la ceremonia hubo, o probablemente hubo, un defecto sustancial en alguno de los siguientes elementos esenciales:
·  - La imposición de manos.
·  - La fórmula esencial de 16 palabras.
·  - La intención mínima del obispo de «hacer lo que hace la Iglesia».
Ahora bien, nadie entre los presentes en las consagraciones de Mons. Thuc afirmó jamás que hubieran ocurrido alguno de estos defectos.
Al no haber ningún tipo de prueba sobre defecto semejante, los objetores promueven especulaciones, cavilaciones, conjeturas, teorías personales y -un recurso favorito- cuestiones retóricas acerca de lo que puede haber o no puede haber, o de lo que posiblemente podría o no podría haber ocurrido durante los «15 segundos esenciales» de la consagración. Pero la característica principal de tales objeciones es que son subjetivas, i.e.,
que no se sustentan en un conocimiento de lo que ocurrió durante el rito, sino de la falta de conocimiento personal en el objetor de lo que ocurrió. Estas objeciones son lo que los teólogos moralistas denominan dudas negativas (o imprudentes). Y las dudas negativas no hacen que un sacramento se vuelva «dudoso». Nos limitaremos a algunas de las dudas negativas más repetidas:
1ª Objeción: ¿Qué pasaría si se hubiera omitido un elemento esencial y no lo sabemos? ¿No sería terrible? ¿No debemos acaso querer estar bien seguros? ¿No es prudente desear saber? ¿No es prudente dudar? ¿No necesitamos mayores pruebas? etc.
Tenemos aquí toda una manada de dudas negativas atronando a todo galope. Observen cómo funciona el procedimiento: Montones de dudas. Montones y montones de rastros oscuros. Pero ningún hecho pertinente y verificable. Y ningún principio tomado del derecho canónico o la teología moral. La respuesta es simple: Los canonistas católicos, los teólogos moralistas y los Papas nos han dicho qué es lo que da la certeza moral de la validez de un sacramento. Estas son las reglas que debemos seguir. Si nos ponemos a inventar nuestra propia religión cuando queramos podemos exigir más y más.
2ª Objeción: Me pregunto si Mons. Thuc «quiso hacer lo que hace la Iglesia», así que las consagraciones deben considerarse dudosas.
- Un sacerdote o un obispo que confiere un sacramento no tiene que «probar» que quiere hacer lo que hace la Iglesia. Se presume automáticamente que tiene la intención implícita en el rito. Esta es doctrina teológica cierta enseñada por la Iglesia. Y negarla es «teológicamente erróneo»35[35]. León XIII confirmó específicamente el principio con respecto a las Órdenes Sagradas cuando dijo que alguien que aplica seria y correctamente la materia y la forma, «debe juzgarse por esa misma razón que tuvo la intención de hacer lo que hace la Iglesia»36[36].
Antes citamos la declaración del canonista Gasparri afirmando que una ordenación debe considerarse válida mientras no se demuestre su invalidez. También dice que nunca debe presumirse que un obispo que confiere Órdenes Sagradas no tiene la intención de ordenar a alguien, mientras no se demuestre lo contrario. Porque no debe presumirse que alguien es malo -agrega- a menos que se pruebe que lo es37[37].
Por lo tanto, es inadmisible atacar la intención ministerial de Mons. Thuc. - Además, el solo intento de hacerlo, deja traslucir un aguerrido espíritu de presunción. La investigación y prueba en casos en los que se impugnan ordenaciones por falta de intención, era tarea de un tribunal del Vaticano llamado Santo Oficio. Entonces, el Papa mismo confirmaba específicamente la decisión del tribunal.
Un clero tradicionalista «flotante» no tiene, por lo tanto, ni el derecho ni la autoridad de atacar la intención ministerial de un arzobispo católico válidamente consagrado. La sola idea es una necedad.

3ª Objeción: Creo que Mons. Thuc estaba demente o senil, de modo que las consagraciones deben considerarse dudosas. Esta es una variante de la 2ª Objeción, ya que ataca la intención ministerial de Mons. Thuc. Como ya mencionamos, esto es igualmente inadmisible.
Rogamos a los objetores que se den cuenta que, del mismo modo, no han presentado ningún testigo o documento que apoye el cargo de que Mons. Thuc estaba «demente» o «senil » cuando realizó las consagraciones. Ellos suponen que por el simple hecho de plantear esta cuestión, ella tendría un fundamento real: Pruebe que él no estaba demente o senil. Es como decir: Pruebe que usted no le pega a su mujer.
- El «nivel» mínimo de intención requerido para conferir un sacramento válidamente es la intención virtual. No podemos extendernos aquí en la exposición de este concepto técnico. Todo lo que necesitamos saber es que la intención virtual garantiza la validez de un sacramento, incluso si el sacerdote o el obispo están interiormente distraídos antes o durante todo el rito sacramental. La intención virtual, dice el teólogo Coronata, «ciertamente está presente en alguien que realiza habitualmente acciones sacramentales »38[38]. El solo hecho de revestirse con los ornamentos e ir al altar se considera prueba suficiente de intención virtual.
Mons. Thuc celebró la Misa tradicional regularmente antes y después de las consagraciones, y muy devotamente, dijo uno de mis amigos laicos que una vez dio testimonio de que así lo hacía. Es ridículo pretender que cuando se revestía y celebraba consagraciones episcopales de tres horas de duración, Mons. Thuc repentinamente no podía siquiera lograr el mínimo de intención virtual. - Por otra parte, quienes lo conocieron realmente descartan esas acusaciones. El Dr. Eberhard Heller, que estuvo presente en las dos consagraciones, atestiguó bajo juramento que Mons. Thuc «confirió las consagraciones en completa posesión de sus facultades mentales»39[39]. Mons. Guérard declaró asimismo que Mons. Thuc era de «buen juicio», estaba «perfectamente lúcido»40[40], y que «tenía la intención de hacer lo que hace la Iglesia»41[41]. El R.P. Thomas Fouhy, un sacerdote tradicionalista de Nueva Zelanda que pasó dos días con Mons. Thuc en 1983, en Toulon, Francia, relata que el arzobispo «no tenía un pelo de tonto » y que discutió con competencia distintas cuestiones teológicas y canónicas. Incluso obsequió al Padre Fouhy con detalles de su viaje a Nueva Zelanda en 1963. El Padre Fouhy agregó que no quedaba ninguna duda de que Mons. Thuc
era competente42[42].
Así también, incluso los enemigos que tenía el arzobispo dentro del movimiento tradicionalista. Los RR.PP. Noel Barbara y Gustave Dalmasure visitaron a Mons. Thuc por separado en enero de 1982. Ambos se oponían a las consagraciones y todavía son críticos de Mons. Thuc, pero ambos también atestiguan que estaba en perfecta posesión de sus facultades. El Padre Barbara dice que la validez de las consagraciones está fuera de toda duda. Él cree que la Iglesia Conciliar fue la que inició el rumor contra el discernimiento de Mons. Thuc43[43].
- He recibido fotocopias de cuatro documentos escritos por Mons. Thuc, de puño y letra. Todos ellos fueron escritos después de las consagraciones. Su caligrafía es clara, firme y más legible que la mía. Los documentos son indudablemente la obra de un hombre coherente, cuya capacidad para conferir sacramentos válidos es inatacable.
Uno de los documentos es una carta del 30 de julio de 1982 a Mons. Guérard para enviarle cierta correspondencia. Dos son declaraciones; una de ellas, de que rompe relaciones con el grupo del Palmar de Troya44[44]; en la otra, declara su posición sobre la vacancia de la Santa Sede45[45]. El último documento es una carta de 1982 (en latín) en respuesta a una pregunta de Mons. Guérard. Varios meses después de su consagración, Mons. Guérard escuchó que Mons. Thuc había concelebrado previamente una vez el Novus Ordo, el Jueves Santo de 1981, con el obispo de Toulon. El arzobispo admite que era verdad, pero cierra con esta conmovedora frase: «Tengo la esperanza de que Dios no me juzgue con tal crueldad, pues erré de buena fe»46[46]. Es indudable que un hombre que puede escribir semejante declaración es totalmente dueño de su mente.
- Por consiguiente, extraemos la conclusión correcta: La enseñanza católica prohíbe atacar la intención sacramental de Mons. Thuc y, a la luz de las declaraciones del arzobispo y de quienes lo conocieron, los principios de la moral católica dictaminan que se deje de repetir la calumnia infundada de que él era incapaz de conferir un sacramento válido.
B. «Requisitos» inexistentes»

Muchas veces mientras realizábamos nuestra investigación, quienes objetaban las consagraciones Thuc nos decían al Padre Sanborn y a mi que «la Iglesia exige» esto o aquello para considerar válida una consagración episcopal, que en las consagraciones no se hallaba el requisito y que entonces eran «dudosas». La mayoría de estas objeciones estaba de algún modo ligada al hecho de que, además de Mons. Thuc y los futuros obispos, solo estaban presentes dos laicos en las ceremonias.
Casualmente, descubríamos en cada caso que el supuesto «requisito» no provenía de la Iglesia sino únicamente de los objetores. Citamos aquí ejemplos:
1ª Objeción: Si no existe un certificado firmado, la consagración episcopal es dudosa.
- No existe ninguna ley eclesiástica que diga que no emitir un certificado vuelve dudosa automáticamente una consagración episcopal. La certeza moral sobre el hecho de que un sacramento tuvo lugar es todo lo que se requiere para considerarlo válido (véase más arriba II.A, C).
- De todos modos, es el registro diocesano de ordenaciones, y no el certificado del obispo consagrante, el acta oficial de una consagración episcopal.
2ª Objeción: Las consagraciones fueron un hecho «secreto», más que un hecho «notorio». La responsabilidad de probar un hecho secreto corresponde a quienes lo sostienen, y dado que no se han presentado pruebas, las consagraciones son dudosas.
Esta objeción es puro cuento chino.

- El derecho eclesiástico no dice en ninguna parte que una consagración episcopal realizada con solo dos laicos presentes es un hecho «secreto», o que tal consagración sea dudosa. Esta norma la inventaron los objetores.

- De todos modos, para el derecho eclesiástico son suficientes dos testigos para
que un acto se convierta legalmente en «público». El Matrimonio, por su propia
naturaleza, por ejemplo, siempre se considera un sacramento público. Pero puede
ser contraído a puertas cerradas (para no escandalizar, por ejemplo), frente a dos
testigos. La presencia de los cuales lo convierte legalmente en «público», aunque
el hecho de que el sacramento tuvo lugar no se difunda por aquí y por allá.
- Las referencias sobre actos «secretos» y «notorios» se toman de las normas de
evidencia que el derecho canónico aplica solamente cuando dos partes
adversarias litigan, al estilo «Perry Mason», ante un juez eclesiástico en un juicio
eclesiástico.
Obviamente, el tribunal no está sesionando. Y no estará sesionando hasta que la
jerarquía de la Iglesia sea restaurada. Mientras tanto, el poder judicial para
dictaminar sobre la evidencia no ha pasado, por defecto, a los objetores.
E incluso si el tribunal estuviera sesionando, los objetores serían arrojados
fuera del recinto del juzgado, pues según el derecho canónico solo tres clases de
personas pueden cuestionar la validez de una ordenación o consagración47[47].
Ninguna otra persona -dice el canonista Cappello- tiene derecho a formular
acusaciones48[48].
3ª Objeción: Una consagración episcopal sin «testigos calificados» es dudosa.
- No existe ninguna ley eclesiástica que prescriba que los testigos -sean
calificados o no- deben estar presentes en una consagración episcopal, y menos
todavía que una consagración es dudosa sin ellos. Nuevamente, los objetores
inventaron un requisito de la nada.
4ª Objeción: Sin la presencia de al menos dos sacerdotes para atestiguar que
una consagración episcopal se realizó válidamente, la consagración es dudosa.
Este «requisito» no existe, y lo contradicen directamente las actas autorizadas
por la Santa Sede.
- La función de los sacerdotes asistentes no es -como parecen creer los
objetores- atestiguar la validez de una consagración. El Papa Benedicto XIV dice
claramente que la razón de los sacerdotes asistentes es la de agregar solemnidad
al acto litúrgico y llevar a cabo las prescripciones de los ritos49[49].
- En los países de misión, las consagraciones episcopales a menudo se
efectuaban sin sacerdotes asistentes50[50]. La práctica fue sancionada por los
Papas Alejandro VII51[51], Clemente X52[52] y Pío VI53[53]. De hecho, el breve
25
de Pío VI estaba dirigido a los obispos de lo que era entonces llamado Tonkin y
Cochinchina, la parte de Vietnam donde estaba ubicada la diócesis de Mons.
Thuc.
- La Iglesia no solamente permite que se realicen consagraciones episcopales
sin dos sacerdotes asistentes, sino que en algunos casos específicamente lo ha
ordenado así. En un caso, Roma ordenó que una consagración episcopal no
solamente se efectuara en secreto y sin asistentes, sino incluso bajo sigilo
sacramental54[54].
En un caso más reciente, el Papa Pío XI ordenó en 1926 que el Nuncio
Apostólico de Alemania efectuara una consagración episcopal secreta sin que
hubiera nadie presente. El Nuncio era el Cardenal Eugenio Pacelli, más tarde, por
supuesto, el Papa Pío XII. Pacelli solicitó a Roma que se permitiera la presencia
de al menos un sacerdote. Por favor, tómese en cuenta que no fue para servir de
«testigo », sino que simplemente así el Cardenal podría tener alguien que
sostuviera el Misal sobre los hombros del nuevo obispo, como está prescripto
efectuar mientras se recita el Prefacio55[55].
- Pío XI envió al obispo que Pacelli había consagrado, Mons. d’Herbigny, a
Rusia, para que consagrase obispos en secreto. Realizó la primera de estas
consagraciones el 21 de abril de 1926 para un cierto Padre Neveu. La
consagración tuvo lugar sin sacerdotes asistentes y con la presencia de dos laicos;
circunstancias idénticas a las de las consagraciones Thuc. Mons. d’Herbigny no
expidió ningún certificado56[56].
Obviamente, la Iglesia no permitiría -y menos aún ordenaría- que un obispo
realizase una consagración episcopal sin sacerdotes asistentes, si esta fuera
«dudosa». Por consiguiente, es imposible sostener que las consagraciones Thuc
son «dudosas» fundándose en semejante cosa.
5ª Objeción: Sin dispensa papal, una consagración episcopal realizada sin dos
sacerdotes asistentes es dudosa.
- Una vez más, ninguna ley ni canonista sustenta esta afirmación.
- Las enseñanzas de los canonistas contradicen esto directamente. Bouix dice
llanamente: «Incluso si hubiera una consagración sin ningún asistente y sin una
dispensa pontificia, aún sería válida»57[57]. Regatillo, escribiendo en un trabajo
del año 1953, va incluso más allá. Dice que una consagración realizada sin una
dispensa sería válida incluso si el obispo «es la única persona presente en la
consagración»58[58].
- Los Papas Alejandro VI59[59], Clemente XI y Benedicto XIV declararon que
las consagraciones realizadas sin tal dispensa son válidas60[60].

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Published by Juan Manuel Olivar Robles - en El Sedevacantismo
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30 octubre 2012 2 30 /10 /octubre /2012 03:13

LA VALIDEZ DE LAS
CONSAGRACIONES DE MONSEÑOR
NGO-DINH-THUC*
por el R. P. Anthony Cekada

 Escudo-Arzobispal-de-Pierre-Martin-Ngo-dinh-Thuc.png
ESCUDO DE MONS. NGO-DINH-THUC
 

 

 

INTRODUCCIÓN
I. ALGUNAS ACLARACIONES SOBRE LA INVESTIGACIÓN
II. EL HECHO DE LAS CONSAGRACIONES
III. LA VALIDEZ DE LAS CONSAGRACIONES
IV. OBJECIONES DUDOSAS
CONCLUSIONES
RESPUESTA A OBJECIONES PLANTEADAS POR LA
FRATERNIDAD SAN PÍO X
BIBLIOGRAFÍA


Durante una conversación con Monseñor Marcel Lefebvre, en 1980, di a entender que me preocupaba encontrar algún obispo luego de su muerte que pudiera ordenar sacerdotes católicos tradicionalistas y confirmar a nuestros niños.
El Arzobispo -que hasta entonces no había dado indicios de que consagraría obispos algún día- me respondió, con tacto, que ese problema también a él le preocupaba y que «Deus providebit» (Dios proveería). Y agregó -con una de sus típicas humoradas francesas que cada vez que se resfriaba o estornudaba en el interior de la capilla del Seminario de Ecône, casi le parecía oír a los 80 seminaristas que dejaban de rezar para hacer en silencio una sola petición ferviente: «Señor, ¡que viva, al menos, hasta mi ordenación!».


Esta anécdota graciosa pone de relieve un tema grave. Para nosotros, católicos tradicionalistas, los sacramentos constituyen el centro de nuestra vida espiritual y la clave de nuestra salvación. Sabemos que si deseamos oír Misa, recibir la Santa Comunión, recibir la absolución de nuestros pecados y ser fortalecidos con la Extremaunción, necesitamos sacerdotes, y es bien sabido que solo los obispos pueden ordenar sacerdotes.
Pues bien, ¿dónde podemos ir a buscar un obispo que ordene sacerdotes católicos tradicionalistas, y garantizar así que la Misa latina tradicional siga celebrándose en nuestros al tares? El laicado y el clero ligados a la Fraternidad San Pío X (especialmente los seminaristas ansiosos) ya no tienen de qué preocuparse. El 30 de junio de 1988, Mons. Lefebvre y el Obispo emérito de Campos, Brasil, Antonio de Castro Mayer, consagraron cuatro obispos para la Fraternidad San Pío X; desde entonces, estos obispos han ordenado nuevos sacerdotes para la Sociedad y hace poco [en 1991, año de este trabajo, n.d.r.] consagraron un obispo para suceder a Mons. de Castro Mayer en Campos. Los obispos de Lefebvre restringen sus deberes ministeriales meramente a las capillas y el clero que admiten todas las opiniones teológicas de la Fraternidad sin cuestionarlas, y que le rinden el control legal de sus bienes.
Asimismo, estos obispos ordenarán sacerdotes solo a los seminaristas que juren fidelidad a las posturas de la Fraternidad. Muchos sacerdotes tradicionalistas están en desacuerdo con las posturas y las políticas de la Fraternidad. Así que difícilmente podamos pensar en un obispo de Lefebvre si queremos que los niños de nuestras capillas reciban el Sacramento de la Confirmación. Menos todavía podremos hallar un seminario donde formar al clero que nos sucederá algún día, y suponer tan luego que los obispos de Lefebvre fuesen a ordenar sacerdotes a los seminaristas que formáramos.
Muchos sacerdotes tradicionalistas están en desacuerdo con las posturas y las políticas de la Fraternidad. Así que difícilmente podamos pensar en un obispo de Lefebvre si queremos que los niños de nuestras capillas reciban el Sacramento de la Confirmación. Menos todavía podremos hallar un seminario donde formar al clero que nos sucederá al gún día, y suponer tan luego que los obispos de Lefebvre fuesen a ordenar sacerdotes a los seminaristas que formáramos. Pero los obispos de Lefebvre no son la única opción. En los EE.UU. existen
actualmente seis clérigos católicos tradicionalistas comúnmente conocidos como obispos «Thuc», que a diferencia de los obispos de Lefebvre, no pertenecen a una única organización. Trabajan con total independencia unos de otros como la mayoría de los sacerdotes tradicionalistas), aunque algunos de ellos se ayudan mutuamente para realizar determinadas tareas apostólicas. A semejanza de los sacerdotes católicos tradicionalistas, estos seis obispos Thuc también son un grupo aparte. Cinco de ellos son hombres de más edad, formados y ordenados sacerdotes antes que los desastrosos cambios posconciliares hicieran sentir su impacto; uno (más joven) recibió una formación tradicional y fue ordenado según el antiguo rito bastante después de concluido el Concilio Vaticano II. Tres, eran sacerdotes diocesanos; tres, pertenecían a diferentes órdenes religiosas. Cuatro de los obispos colaboran gentilmente con distintas capillas y clero católicos fuera de su propio entorno particular; dos de los obispos están completamente fuera, en órbitas distintas. De estos seis obispos, uno de ellos tiene fama de buscapleitos notorio, otro no es demasiado conocido en ningún sentido, y los otros cuatro (dos de ellos consagrados hace poco) están muy bien considerados en los ámbitos donde desempeñan su apostolado, ya sea por vía de sus escritos o de su ministerio sacerdotal.

 
Los obispos Thuc norteamericanos pueden remontar sus consagraciones episcopales hasta uno de estos dos hombres:


·  - Monseñor M.L. Guérard des Lauriers O.P., ex profesor de la Pontificia
Universidad Lateranense de Roma y del Seminario de la Fraternidad San
Pío X en Ecône, Suiza (él fue uno de mis profesores) y autor de la famosa
Intervención Ottaviani [El Breve Examen Crítico del Novus Ordo Missae,
n.d.r.].
 
·  - Monseñor Moisés Carmona Rivera, sacerdote diocesano procedente de
Acapulco, que durante años dijo la Misa tradicional para numerosos
grupos de fieles de distintas partes de México.


En 1981 Mons. Guérard y Mons. Carmona fueron consagrados obispos por una
misma persona: Monseñor Pierre Martin Ngo-dinh-Thuc (1984), Arzobispo
emérito de Hué, Vietnam.
Mons. Thuc -nombrado por Pío XI y consagrado obispo en 1938- fundó la
Diócesis de Vinh-long y fue nombrado Arzobispo de Hué en 1960. En 1963,
mientras estaba en Roma para asistir al Concilio Vaticano II, su herma no, Ngodinh-
Diem, Presidente de Vietnam del Sur, fue derrocado y asesinado durante un
golpe de estado. Al no poder volver a Vietnam y ser marginado por el Vaticano,
Mons. Thuc sobrevivió a duras penas como sacerdote asistente en distintas
parroquias de los alrededores de Roma.
Aparentemente, su interés por el movimiento tradicionalista habría comenzado
a principios de 1975, cuando visitó el Seminario de Mons. Lefebvre en Ecône,
Suiza. El episodio resultó ser una bendición y no serlo, pues es allí donde Mons.
Thuc entabla amistad con el Padre M. Revaz, antiguo canciller de la Diócesis
suiza de Sión y profesor de derecho canónico en el Seminario de Ecône. Más
tarde, en 1975, el Padre Revaz convenció a Mons. Thuc de que la solución de los
problemas de la Iglesia se hallaba en unas supuestas «apariciones marianas» en el
Palmar de Troya, España, e insistió al Arzobispo para que consagrara obispos
destinados a los seguidores del Palmar que deseaban conservar la Misa
tradicional. Mons. Thuc aceptó y realizó las consagraciones en diciembre, pero al
año siguiente repudió su vinculación con el grupo del Palmar1[1].
Los católicos tradicionalistas que arguyen sobre las acciones posteriores de
Mons. Thuc dentro del movimiento tradicionalista pertenecerían a dos campos
contrarios. El primer grupo lo canoniza, retratándolo como un valeroso héroe que
invariablemente rechazó todos los errores de la Iglesia Conciliar. El segundo
grupo lo injuria, pintándolo como un pobre viejo tonto que carecía del estado
mental necesario para conferir válidamente un sacramento.
Ambos grupos están equivocados. Por un lado, si bien Mons. Thuc decía la
Misa tradicional, difícilmente era otro Atanasio. Sus acciones y sus declaraciones
sobre la situación de la Iglesia a menudo eran, como las de Mons. Lefebvre,
contradictorias y mistificadoras. Y también a semejanza de Mons. Lefebvre,
aparentemente aceptó un acuerdo con el Vaticano para luego cambiar de opinión.
5
Por otro lado, los vaivenes teológicos y los errores de juicio práctico
simplemente demuestran que determinado arzobispo (cada uno elija el que desee)
es humano y falible. Eso no prueba que haya perdido la capacidad mental mínima
que la Iglesia requiere para administrar un sacramento válidamente.
Bueno, hemos hecho alguna digresión. Nuestro propósito aquí no es repasar las
idas y venidas de la trayectoria de Mons. Thuc sino determinar si los seis obispos
Thuc de los EE.UU. fueron válidamente consagrados; es decir, si tienen o no el
poder sacramental que todos los obispos católicos poseen para administrar el
Sacramento de la Confirmación, ordenar sacerdotes que sean realmente sacer
dotes, y consagrar a otros obispos que sean realmente obispos.
Este poder sacramental, denominado Sucesión Apostólica, es transmitido por
un obispo católico a todos los obispos que él consagra. A su vez, ellos [los
obispos] transmitirán este poder sacramental a todos los obispos que ellos
consagren, y así sucesivamente.
Por lo tanto, para realizar nuestra averiguación debemos examinar las
consagraciones episcopales de los dos prelados hasta los cuales se remontan los
seis obispos de los EE.UU., y que son Mons. Guérard y Mons. Carmona. Si las
consagraciones episcopales de los dos últimos pueden considerarse válidas,
entonces toda la línea de órdenes que proceden de ellas es asimismo válida.
Como demostraremos a continuación, todos los hechos importantes, los
pronunciamientos de los Papas, los canonistas (expertos en derecho canónico) y
los teólogos moralistas católicos llevan a una sola e inevitable conclusión:
estamos obligados a considerar como válidas las consagraciones episcopales
conferidas por Mons. P.M. Ngo-dinh-Thuc a M.L. Guérard des Lauriers y a
Moisés Carmona Rivera.
Dado que las consagraciones de los Obispos Guérard y Carmona fueron
válidas, estamos asimismo obligados a considerar como válida toda la línea de
órdenes que procede de ellos, y entonces, también a sostener que los sacerdotes
ordenados en esta línea son verdaderamente sacerdotes y que los obispos
consagrados en esta línea son verdaderamente obispos.


I. ALGUNAS ACLARACIONES SOBRE LA INVESTIGACIÓN


En 1982 dos norteamericanos hicieron su presentación en los EE.UU. como
obispos Thuc. Las circunstancias que rodearon su aparición, dicho suavemente,
no fueron de buen augurio.
 
Uno de ellos era un sacerdote relativamente nuevo dentro del movimiento
tradicionalista, y nunca se conocieron del todo bien los detalles de cómo o por
qué se lo eligió para consagrarlo obispo. El otro vino saltando obstáculos para
lograr su mitra. Como sacerdote, en febrero de 1982, se ufanó de apoyar a Juan
Pablo II. Poco después, el discurso de los obispos Thuc y su línea dura contra
Juan Pablo II comenzó a difundirse. En junio abrazó la posición sedevacantista y
en agosto, el otro norteamericano lo consagró obispo.
De allí en más, los dos obispos se lanzaron denuncias, dividieron capillas,
pronunciaron «excomuniones», pretendieron crear diócesis, y por otro lado,
iniciaron una campaña de «sígueme o muérete», de ésas tan endémicas dentro del
clero tradicionalista.
En enero de 1983 publiqué un extenso artículo en el que exponía estos
entretelones, junto con una semblanza de Mons. Thuc, con defectos y todo. Allí
no examinaba si las consagraciones eran válidas, pero comenté que «haría falta
investigar un poco a fin de averiguar lo que los teólogos y canonistas consideran
prueba suficiente de la validez en tal caso»1[2].
Ante la falta de tal investigación, yo mismo me incliné a ver a las
consagraciones como dudosas. Así también pensaron mis compañeros sacerdotes
del Noreste. Incluso después que nos expulsaran de la Fraternidad San Pío X en
abril de 1983, las actividades de los dos obispos Thuc norteamericanos nos
dejaron ver que la idea de cooperar con ellos era moralmente imposible. Y el
asunto durmió durante dos años.
En 1985 uno de mis colegas, el Padre Donald J. Sanborn, sugirió que nuestro
grupo tomara contacto con Dom Antonio de Castro Mayer, el Obispo emérito de
Campos, Brasil, para ver si estaría dispuesto a ordenar sacerdotes para nosotros,
o al menos a darnos algún consejo. Este prelado había adoptado una postura
fuerte contra la Nueva Misa y se decía que su posición respecto de Juan Pablo II
era mucho más dura que la de Mons. Lefebvre.
El Padre Sanborn visitó Campos en abril de 1985 y conversó largamente con
Mons. de Castro Mayer. Quedó claro que el obispo limitaba su apostolado
exclusivamente a Brasil.
Cuando el Padre Sanborn mencionó el tema de quien ordenaría a nuestros
sacerdotes, Monseñor de Castro Mayer dijo: «¡Recurran a Guérard!».
El Padre Sanborn le respondió que dudaba de la validez de la consagración
episcopal de Mons. Guérard. Monseñor le respondió: «Si es válida para Guérard,

 es válida para mí». El Padre Sanborn le explicó algunas de sus dudas, pero Mons.
de Castro Mayer le respondió: «Guérard es la persona más calificada del mundo
para determinar si la consagración fue válida».


A su regreso, el Padre Sanborn propuso que algunos de nosotros
investigáramos los principios que aplican los teólogos moralistas para determinar
si una consagración episcopal es válida. Dado que yo era escéptico sobre las
consagraciones, me ofrecí para hacer el trabajo con él.
La investigación resultó ser una labor formidable. Con el Padre Sanborn
pasamos, a partir de 1985, por lo menos unas mil horas en bibliotecas de
universidades y seminarios católicos de todo EE.UU., estudiando principalmente
teología y secciones completas de derecho canónico2[3].
La conclusión que comenzó a surgir fue -debo admitirlo- contraria a mis
expectativas de un principio. No existen pruebas «especiales» o «extra» que a
uno le permitan decir que determinada consagración episcopal es válida. Los
canonistas y los teólogos consideran una consagración como harían respecto de
cualquier otro sacramento. Una vez que se realizó, se la considera válida y el
«peso de la prueba » (si correspondiera) es responsabilidad de quienes cuestionan
su validez.


En septiembre de 1988 el Padre Sanborn distribuyó un breve informe interno,
en un encuentro sacerdotal, sobre los principios teológicos que deben aplicarse.
El Padre concluyó que tenemos que considerar a las consagraciones como
válidas.
En general, el informe me pareció convincente. En particular, los comentarios
hechos por el Padre coincidían con lo que había develado de la Bula Apostolicae
Curae de León XIII.
Hubo una discusión acalorada. Más tarde, ese mismo día, conversé con el Padre
Clarence Kelly, que estaba al frente de nuestro grupo. Mencioné que el
pronunciamiento de León XIII parecía echar por tierra mis objeciones en contra
de la validez de las consagraciones (incluida la suya propia). Él me respondió:
«Nosotros no podemos decir que las consagraciones [de los obispos Thuc] son
válidas, o algunos de nuestros sacerdotes querrán asociarse a ellos».
 
En ese punto llegué a la conclusión de que los argumentos contra la validez de
las consagraciones podrían basarse en alguna otra cosa que no fueran las normas
objetivas de la teología sacramental.
Después que dejé la Sociedad San Pío V en julio de 1989, el Padre Sanborn y
yo seguimos comparando los apuntes de nuestras investigaciones. Lo que sigue
es el resultado de nuestros esfuerzos compartidos, pero la mayor parte del crédito
le corresponde al Padre Sanborn, que rastreó las fuentes teológicas y los decretos
papales con tenaz determinación.


II. EL HECHO DE LAS CONSAGRACIONES
 

 

Comenzamos nuestra investigación planteándonos estas dos simples preguntas:
·  - El 7 de mayo de 1981 en Toulon, Francia, ¿realizó Monseñor Thuc el rito
de consagración episcopal de Guérard des Lauriers siguiendo el rito
católico tradicional?
·  - El 17 de octubre de 1981 en Toulon, Francia, ¿realizó Monseñor Thuc el
rito de consagración episcopal de Moisés Carmona siguiendo el rito
católico tradicional?
La respuesta a ambas preguntas es afirmativa.
Pero hay que observar que empleamos una frase torpe. Preguntamos si Mons.
Thuc realizó el rito de consagración episcopal para dos personas, en vez de
preguntar si las consagró. ¿Porqué?
Para dirigir la atención hacia una distinción importante entre dos cosas:
·  - El hecho de un sacramento, i.e., ¿hubo una ceremonia? y
·  - La validez de un sacramento, i.e., ¿sirvió la ceremonia?
Los canonistas y moralistas, como los Padres Cappello3[4], Davis4[5],
Noldin5[6], Wanenmacher6[7] y Ayrinhac7[8] dan por descontada esta distinción.
De igual modo, los tribunales de la Iglesia convinieron en legislar sobre la 
validez de un matrimonio8[9] o de una ordenación9[10]. Primero los hechos,
después la validez.
En este capítulo, por lo tanto, no trataremos el tema de la validez (¿Sirvieron
las consagraciones?), sino tan solo la cuestión del hecho (¿Hubo una ceremonia?;
¿realizó el rito Mons. Thuc?).
No hay duda de que las consagraciones Thuc se realizaron. Pero como algunos
sacerdotes tradicionalistas han protestado por el hecho de que las consagraciones
no han sido «probadas» o «seguras», o que no pueden ser «reconocidas», nos
detendremos unos momentos para probar lo que es obvio.
A. Un Limbo jurídico
Cuando las cosas eran normales en la Iglesia, era sencillo comprobar el hecho
de si una consagración episcopal se había realizado. Uno se dirigía a alguna
autoridad que miraba el detalle en un registro oficial. Si un funcionario
eclesiástico autorizado había asentado la consagración en el registro
correctamente, el derecho eclesiástico la consideraba un hecho «probado» a los
ojos del derecho canónico. Lo mismo se aplica a los bautismos, las
confirmaciones y las ordenaciones sacerdotales.
Si los registros oficiales se extraviaban o se destruían accidentalmente, se podía
tomar otra vía. Se llevaban las pruebas a alguien con autoridad -un obispo
diocesano o un juez de un tribunal del Vaticano-, que examinaba la evidencia y
emitía un decreto declarando que fulano de tal había recibido el sacramento.
Estos funcionarios gozaban de un poder legal denominado jurisdicción
ordinaria, una autoridad que en última instancia provenía del Papa, a los fines de
ordenar, legislar, castigar y juzgar. Parte de esa autoridad consistía en el poder de
establecer a los ojos del derecho eclesiástico que un determinado acto
sacramental había sido realizado, para funcionar como contrapartida sacramental
en el Registro de actos.
En ambos casos -se trate de los registros oficiales o de los decretos de la
jerarquía- alguien con jurisdicción ordinaria estaba ejerciendo su poder. Juzgaba
que tenía las evidencias legales suficientes de que una ordenación en particular,
por ejemplo, se había realizado. La ingresaba en el registro oficial o emitía un
decreto. El hecho de la ordenación quedaba, así, establecido ante la ley. 
A diferencia de esto, consideremos mi propia ordenación. Es un hecho que
Monseñor Lefebvre me ordenó sacerdote en Ecône, Suiza, el 29 de junio de
1977. Pero el hecho no ha sido establecido legalmente. No está asentado en el
registro de ordenaciones de la Diócesis de Sión, como exigiría el derecho
eclesiástico. Si durante mi vida la Iglesia retornara a la normalidad, tendría que
ver a alguien con jurisdicción ordinaria que entonces se expediría sobre la
evidencia, y emitiría un decreto que establecería legalmente el hecho de mi
ordenación.
¿Esto, en donde coloca el hecho de las consagraciones Thuc? En el mismo
plano en que quedan mi ordenación, las consagraciones de Lefebvre y todos los
sacramentos que el clero tradicionalista confiere: en una especie de limbo
jurídico. Dado que nadie dentro del movimiento tradicionalista tiene jurisdicción
ordinaria, nadie tiene poder para expedirse sobre la prueba legal de que
determinado sacramento fue realizado, y entonces establecerlo como un hecho
ante el derecho eclesiástico. Esa es una prerrogativa de los funcionarios
eclesiásticos que recibieron su autoridad de un Papa.
No obstante, los católicos tradicionalistas podemos y efectivamente
establecemos el hecho de que hemos conferido o recibido sacramentos. Nos
valemos de la certeza moral, un concepto sencillo que aplicaremos a las
consagraciones Thuc y también a los demás sacramentos.
B. Documentos
A diferencia de las consagraciones de Mons. Lefebvre de 1988, las efectuadas
por Mons. Thuc tuvieron una difusión pública escasa o nula en los EE.UU. Sin
embargo, es fácil documentar el hecho que las ceremonias se realizaron. Estas
son algunas fuentes:
·  - Fotografías publicadas de la consagración de Mons. Guérard, el 7 de
mayo de 198110[11].
·  - Fotografías publicadas de la consagración de Mons. Carmona y de Mons.
Adolfo Zamora, el 17 octubre de 198111[12].
·  - Las leyendas que acompañan a estas fotos y afirman que Mons. Thuc
efectuó las consagraciones según el Pontifical Romano (edición de
1908)12[13].

·  - Una entrevista de febrero de 1988, efectuada bajo juramento, al Dr. Kurt
Hiller, que estuvo presente en ambas consagraciones y que sostuvo el libro
del ritual (el Pontifical Romano) para Mons. Thuc mientras éste realizaba
el rito de consagración13[14].
·  - Una declaración jurada del Dr. Eberhard Heller, que también estuvo
presente en ambas consagraciones y en la que atestigua que los Monss.
Guérard, Carmona y Zamora fueron consagrados obispos por Mons. Thuc
y que «Las consagraciones se hicieron según el Pontifical Romano (Roma,
1908)»14[15].
·  - Una carta de Joseph Cardenal Ratzinger dirigida a Mons. Thuc, que
habla de una «indagación bien sustentada» hecha por el Vaticano sobre las
consagraciones y en la cual aclara específicamente que Mons. Thuc
consagró a Guérard, Carmona y Zamora15[16].
·  - Una declaración del Vaticano de 1983 que menciona por el nombre a los
que fueron consagrados, y además -como es previsible- denuncia las
consagraciones16[17].
·  - La publicación de una carta de Mons. Thuc, fechada el 11 de julio de
1984, en la que reconoce que en 1981 confirió el episcopado a «varios
sacerdotes, a saber, a los Padres M.L. Guérard des Lauriers O.P., Moisés
Carmona y Adolfo Zamora»17[18].
·  - La publicación de una entrevista a Mons. Guérard en la que él atestigua
que Mons. Thuc lo consagró el 7 de mayo de 1981, que «la consagración
fue válida», que «se siguió íntegramente el rito tradicional (exceptuando la
lectura del mandato romano)», y que «Mons. Thuc y yo tuvimos la
intención de hacer lo que hace la Iglesia»18 19[19].
·  - Una entrevista a Mons. Guérard en la que nuevamente afirma haber sido
consagrado el 7 de mayo de 1981, y que se siguió el rito
íntegramente20[20].
·  - Una entrevista al RP. Noel Barbara, hecha bajo juramento, en la que el
Padre Barbara declara que visitó a Mons. Thuc en 1982, y que Mons. Thuc
reconoció que, de hecho, consagró a Mons. Guérard y a Mons.
Carmona21[21].

Todas estas fuentes, por supuesto, coinciden en la cuestión fundamental: el
hecho de que Mons. Thuc realizó el rito de consagración episcopal para M.L.
Guérard des Lauriers el 7 de mayo de 1981, y nuevamente para Moisés Carmona
y Adolfo Zamora el 17 de octubre de 1981.
Las declaraciones de los doctores Heller y Hiller, y de Mons. Guérard, y las
leyendas de las fotografías (escritas por el Dr. Heller), además, concuerdan en
otra cuestión fundamental: el hecho de que Mons. Thuc utilizó el rito tradicional
para realizar las consagraciones.
C. Un hecho establecido
Ante esta documentación, el lector razonablemente concluye que es un hecho
que Mons. Thuc realizó estas consagraciones y que es un hecho que usó el rito
católico tradicional. ¿Porqué? Todos los documentos apuntan a los mismos
hechos fundamentales. Las partes involucradas nunca cambiaron su relato de los
hechos. «Suena cierto».
Ese «suena cierto» que pensamos al considerar todos los hechos sobre esta
cuestión o cualquier otra, es resultado de la certeza moral, una norma de sentido
común que aplicamos permanentemente.
Los teólogos moralistas católicos dicen que la certeza moral se produce cuando
nos damos cuenta que es imposible que estemos equivocados sobre un hecho
particular, ya que lo opuesto a este hecho es tan improbable que sabemos que
creerlo sería imprudente1[22]. Esto implica, por lo tanto, considerar el opuesto de
algo para ver su grado de probabilidad.
Un ejemplo1[22b] puede servir: Yo no vi morir a Elvis Presley. Pero su esposa,
el médico, el comisario y el enterrador afirman que murió. Entonces pienso lo
opuesto: que Elvis vive y anda acechando entre las góndolas del supermercado de
mi barrio. Pero eso significaría que las cuatro personas que vieron su cadáver y
que dicen que está muerto son todos unos mentirosos y forman parte de una
conspiración en masa. Esto es tan improbable que no podría creerlo. Por lo tanto,
he llegado a tener certeza moral sobre un hecho: Elvis -«El Rey»- está
verdaderamente muerto.
En consecuencia, para llegar a tener certeza moral sobre las consagraciones
Thuc, tenemos que considerar si lo opuesto a las pruebas que poseemos es
suficientemente probable como para ser creíble: i.e., que Mons. Thuc no realizó
la consagración de Mons. Guérard ni de Mons. Carmona, o que si lo hizo no
siguió el rito tradicional.

Esto presupone las siguientes situaciones:
·  1) Que Mons. Thuc, Mons. Guérard, Mons. Carmona, Mons. Zamora (ya
fallecidos) y dos laicos archisedevacantistas mintieron, falsificaron
fotografías dos veces, incurrieron en perjurio en dos ocasiones y se
involucraron en una conspiración complicadísima y muy bien orquestada.
·  2) Que las seis personas más directamente involucradas estaban
completamente equivocadas al creer que habían ocurrido dos
consagraciones episcopales.
·  3) Que Guérard, Carmona y Zamora después confirieron ordenaciones y
consagraciones episcopales que ellos sabían que eran nulas e inválidas.
·  4) Que Guérard, Carmona y Zamora, ayudados e instigados por los
doctores Hiller y Heller, permitieron que Mons. Thuc los consagrara
obispos con un rito distinto del rito católico tradicional.
·  5) Que las personas que intervinieron en las consagraciones también
engañaron a los funcionarios del Vaticano sobre los acontecimientos, o
bien hicieron que el Vaticano participara de la conspiración.
Estas situaciones indudablemente son ridículas y absurdas, y no hay pruebas en
absoluto para sustentarlas. Pero son la única clase de teorías que alguien podría
postular si quisiera decir que no tenemos certeza moral alguna sobre el hecho de
las consagraciones Thuc. Y si acaso alguien piensa que estas alternativas son
creíbles o probables, lo único que puedo decirle es: Mantén tus ojos bien abiertos
cuando estés en el supermercado...
Esto nos deja con la certeza moral sobre el hecho de las consagraciones Thuc;
certeza «que excluye todo temor de error y toda duda seria o prudente»23[23].
Esto es todo lo que los teólogos exigen para cualquier sacramento. Ya que no
tenemos ningún fundamento serio ni prudente como para poner en duda la
realización de las consagraciones, o que se empleó el antiguo rito, debemos
tomar a ambos acontecimientos como hechos establecidos.

 


 


 

 


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Published by Juan Manuel Olivar Robles - en El Sedevacantismo
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30 octubre 2012 2 30 /10 /octubre /2012 02:19

 Estimados lectores:

 

En esta ocasión les presentamos un artículo extraído del blog amigo Sursum Corda que nos pareció muy interesante sobre la postura de Mons Lefebvre. Les dejamos sacar sus propias conclusiones.

 

El Equipo de México y Tradición


http://4.bp.blogspot.com/-HORzbmD2--Q/UGiqezJZnoI/AAAAAAAABJE/r7M32zieifc/s1600/Lefebv.jpeg

La Historia, como bien saben los que con ella trabajan se divide en dos partes: la heurística, que consiste en la recuperación, recopilación y procesamiento de datos, y la hermenéutica, que se encarga de la interpretación de los mismos.
Todo trabajo histórico es un trabajo de hermenéutica: se interpretan los hechos porque se ha seleccionado que hechos son o deben ser recordados. En el ámbito de la Tradición Católica, Monseñor Marcel Lefebvre ha sido uno de los que más tinta (y bites ahora que tantos discutimos por Internet) genera. En efecto, existe una doble hermenéutica de "Monseñor", como gustan llamarle los fieles y sacerdotes de la Fraternidad: están aquellos que sostienen que jamás el difunto obispo puso en duda la legitimidad de los Papas del Vaticano II, mientras que para otro era un disimulado sedevacantista.


Tal vez esto ocurre porque muchos lo que realmente expresan es lo que ellos quisieran que Monseñor hubiera sido. El Padre Cekada, en un artículo de varios años atrás, declaraba que estaba seguro de que Lefebvre era un antiliberal, que se oponía al Vaticano II y lo rechazaba al igual que la Nueva Misa... pero que también en él estaba la persona del político, del negociador y que en virtud de ello a veces retrocedía y siempre intentaba un diálogo con Roma. ¿De que otra manera podemos entender su jugada por el protocolo con el que Roma le autorizó a consagrar obispos? ¿Acaso Monseñor, cuando adelantó las consagraciones episcopales no esgrimió el Protocolo? ¿Cómo se puede llamar eso sino "jugada política"?


Pero desde que Ratzinger es el Papa de la Iglesia Conciliar, existe una fuerte presión a fin de que creamos que Monseñor Lefebvre siempre fue un enemigo de los sedevacantistas. Discusión fútil, es cierto, que nada suma y que al contrario, mucho perjudica. En efecto ¿Quién se beneficia del cisma de facto que existe entre los católicos fieles a la tradición? ¿Quiénes se benefician en esta disputa entre "lefebvristas" y "sedevacantistas"?
En su "Vida de Aristóteles", Ammonio puso en boca del Estagirita la siguiente frase: "Amicus Plato sed, magis amica veritas", y aquí en Sursum Corda ( y en México y Tradición tampoco), sin ánimo de desatar polémica ni contribuir al cisma interno, queremos mencionar el texto publicado por el Padre Anthony Cekada dónde se compilan las frases donde Monseñor Marcel Lefebvre apoyaba la posición sedevacantista.

Para finalizar, quisiera reproducir una frase de Monseñor, la cual influyó mucho para mi conversión al catolicismo:

"Esta Iglesia Conciliar no es, por lo tanto, Católica. En la medida en que el Papa, los obispos, sacerdotes o fieles se adhieran a esta nueva Iglesia, se separan ellos mismo de la Iglesia Católica".

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