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Presentación

442px-Emblem of the Papacy SE svgBienvenido a este blog de actualidad religiosa,de filosofía, de combate de la Verdad contra la secta modernista del "Concilio Vaticano II", de honor, amor y fidelidad al Magisterio infalible de la Santa Iglesia Católica, y de discusión sobre la actualidad de Méjico.
   Este blog pretende también reunir las direcciones de los centros de Misa y de sacerdotes NON UNA CUM, celebrando el Santo Sacrificio en total desunión a "Benedicto XVI" en México.

   No reconocemos, pues, la legitimidad de la autoridad de los "Papas del Concilio" Vaticano II. Estamos ciertos de que solamente esta posición, también llamada sedevacantismo, es la posición teológica que responde perfectamente a la situación actual de la Autoridad en la Iglesia, en particular detallada por la Tesis de Cassiciacum.

   Le invitamos a leer nuestro blog detalladamente. Permítanos presertarle nuestra postura teológica.

   Sea a la mayor gloria de Dios: 


El equipo de México y Tradición

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16 octubre 2012 2 16 /10 /octubre /2012 00:41

Estimados lectores:

 

he aquí un breve estudio de Mons. Martín Dávila Gándara, Superior de la Sociedad Sacerdotal Trento, sobre la institución del Papado y la posición sedevacantista. Le recomendamos ampliamente.

 

El Equipo de México y Tradición.

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El PAPADO (UN BREVE ESTUDIO)

Antes de comenzar con la exposición con todo lo que se refiere al Papado, vamos a exponer primero, lo referente a la jerarquía y gobierno de la Iglesia.

JERARQUÍA ECLESIÁSTICA

Jesucristo ha llamado a su Iglesia “Reino de Dios”, la constituyó materialmente a semejanza, a una Monarquía temporal.

Jesucristo Nuestro Señor distinguió siempre entre los Apóstoles (que quiere decir legados o enviados) y los Discípulos; y así sólo a los Apóstoles dijo que fuesen a predicar el Evangelio a todas las naciones, y que los enviaba a ellos como su Padre celestial le había a Él enviado. Y entre los Apóstoles distinguió siempre a San Pedro, haciéndolo Cabeza de los Apóstoles, pues que a él solo dijo que confirmase a sus hermanos en la fe, y que apacentase las ovejas y corderos del redil cristiano.

Los miembros de la Iglesia forman, grupos diferentes, subordinados el uno al otro; el grupo de los que enseñan y administran, y el de los enseñados y administrados. (el primer grupo, por su encargo de enseñar, se le llama Iglesia docente, que quiere decir enseñante;el segundo grupo se llama discente o simplemente fiel).

Forman la Iglesia docente el Papa con los Obispos, y, por delegación los presbíteros y ministros sagrados.

Y forman la Iglesia discente o fiel los católicos de todas condiciones que no han recibido órdenes sagradas.

El Papa es el representante de Cristo sobre la tierra, y por lo tanto, la Cabeza visible de la Iglesia (la palabra Papa es griega, y significa Padre, y se daba primitivamente a todos los obispos; así se llama también al Papa, Padre Santo. Por estar en lugar de Cristo, Vicario de Cristo; por ser el Príncipe de los Obispos, Soberano Pontífice, y sucesor de San Pedro, quien murió en Roma).

La Jerarquía esta dividida en Jerarquía de Orden y en Jerarquía de Jurisdicción, esta última consta del Papa, los Obispos, y Párrocos.

El Papa tiene autoridad de Jefe supremo, de Maestro infalible y de Juez inapelable para enseñar y regir la Iglesia.

El Papa como Jefe supremo de la Iglesia, tiene la primacía de honor y de jurisdicción sobre todos los Obispos y fieles de la Iglesia, junto con el poder de disponer todo lo concerniente a la santificación de las almas, sin tener que someterse a ninguna autoridad civil ni eclesiástica.

GOBIERNO Y ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA

Nuestro Señor Jesucristo estableció la Iglesia como una Monarquía absoluta, de la cual Jesucristo es el Rey y cabeza invisible, y siendo el Papa por extensión, el Rey y cabeza visible. la Iglesia jamás puede estar acéfala o sea sin cabeza, esto a pesar, de que acontezca la sede vacante después de la muerte de un Papa hasta que se reúna el Conclave Cardenalicio y elija otro Papa, y en algunas veces, este periodo se llegó a prolongar hasta casi 3 años, del 29 de noviembre de 1268, en que el papa Clemente IV murió, hasta el 1 de Septiembre de 1271, y con ello se dio comienzo a uno de los más largos interregnos — o vacancia del cargo papal — en la historia de la Iglesia católica. Los cardenales en ese momento iban a reunirse en cónclave en la ciudad de Viterbo; pero las maquinaciones de Carlo d’Anglio, Rey de Nápoles, sembraron discordia entre los miembros del Sagrado Colegio, y la posibilidad de una elección vino a ser cada vez más remota.Después de casi tres años, el alcalde de Viterbo encerró a los cardenales en un palacio, no permitiéndoles más de lo necesario para subsistir, hasta que llegaran a una decisión que devolviera a la Iglesia su Cabeza visible. Finalmente, el 1° de septiembre de 1271, se eligió a Gregorio X para la silla de Pedro.

Durante este largo período de vacancia de la Sede Apostólica, también ocurrieron vacancias en varias diócesis alrededor del mundo. A fin de que los sacerdotes y fieles no quedasen sin pastores, se eligieron y consagraron obispos para llenar las sedes vacantes. En este tiempo hubo veintiún elecciones y consagraciones en varios países. Lo más importante de este precedente histórico es que todas estas consagraciones episcopales fueron ratificadas por el papa Gregorio X, y, por consiguiente, afirmó su licitud.

Es importante considerar, que aunque como en estos casos de Sede vacante, no se haya la cabeza visible que es el Papa, la Iglesia jamás queda acéfala, (y no es como piensan algunos que se acaba el mundo, por no haber la cabeza visible) ya que Nuestro Señor Jesucristo, como Rey y cabeza invisible, con la ayuda del Espíritu Santo siempre esta rigiéndola, y siempre pesan las palabras de Nuestro señor, que la fuerzas y poderes del infierno no prevalecerán contra ella.

Algo parecido sucedió en el gran cisma de occidente, pero en este caso hubo Papas verdaderos y papas falsos o antipapas, pero era tal confusión, que los fieles no sabían cuales eran los verdaderos Papas, porque llegó haber hasta tres Papas y cada uno con su colegio cardenalicio que se proclamaban como Papas verdaderos, es como si se viviera en Sede vacante por la confusión, y todo este cisma duró 39 años (1378-1417), y durante ese tiempo, no se acabó el mundo como piensan algunos, se ordenaron y consagraron muchos sacerdotes y obispos válidamente, aunque en algunos casos ilícitamente. Estos casos de Sede vacante, más bien fueron un aviso de Dios, para toda la cristiandad, que en el futuro, no por la muerte de un Papa, sino por la herejía pudiese darse la Sede vacante, ya que no puede haber un Papa hereje, ya que o es Papa o es hereje, no puede ser Papa y hereje a la misma vez, porque se estaría en contra del dogma de la Infalibilidad Pontificia, definido por el Concilio Vaticano I, y la Bula Cum est Apostolatus Officio de Pablo IV.

Volvamos a retomar el tema, decíamos que la Iglesia es monárquica y que Nuestro Señor Jesucristo es el Rey y cabeza invisible de ella y el Papa es la cabeza visible. Los Obispos son como los gobernantes de las provincias; y los Párrocos, los jefes de los pueblos, nombrados por los Obispos para mandar en su nombre.

El Papa gobierna asistido por el Colegio de Cardenales, a quien consulta y distribuye la dirección de la Congregaciones romanas, las cuales atienden a los diversos ramos de administración de la Iglesia. Y se comunica con los Estados o países por medio de los Nuncios Apostólicos, especie de embajadores del Papa, con las facultades que él quiera concederles.

El mundo distribuido en Diócesis, es gobernado por los Obispos que forman grupos, a cuya cabeza se halla el Arzobispo (primero entre los Obispos); y en cada nación, un Primado de honor (en México, es el Arzobispo de la ciudad de México).

Cuando se reúnen los Obispos de una provincia para tomar acuerdos, esta Asamblea episcopal se llama Concilio Provincial; si se reúnen los de una nación con su Primado, se llama la reunión Concilio Nacional, y si se reúnen los de la Iglesia Universal con el Papa o siquiera con aprobación del Papa, se llama Concilio Ecuménico. Los acuerdos de éste, aprobados por el Papa, en fe y costumbres, son infalibles.

En cada Diócesis, el Obispo tiene un Consejo formado por los Canónigos (antiguamente, canónigo era hombre que vivía de regla (canon) y estaba dedicado a la celebración de los oficios divinos en la Catedral) de su Catedral; uno o más Vicarios Generales (Vicario es el que desempeña funciones de otro) para ayudarle en la administración de su Obispado, junto con un Tribunal Eclesiástico; y para ayudarle en el gobierno, uno o más Secretarios de Cámara.

Distribuida cada Diócesis en parroquias, pone el Obispo al frente de cada una de ellas un sacerdote, generalmente con carácter de inamovible, quien puede ser ayudado por vicarios o coadjutores.

Los Párrocos de cada comarca forman un grupo presidido por el Párroco que tiene señalada la dignidad de arcipreste.

En cada parroquia los sacerdotes ocupan cargos particulares o están agrupados formando Comunidades de Beneficiados.

Por fin, para la formación científica y espiritual del Clero tiene la Iglesia institutos de enseñanza llamados Universidades, Colegios o Seminarios.

Ahora si, vamos adentrarnos más, en todo lo referente al Papado, y para ello vamos a extractar y actualizar, algunas partes de un escrito de Mons. Mark A. Pivarunas en Junio de 1997.

Hace casi 2000 años en el antiguo distrito de Cesárea de Filipo, nuestro Divino Salvador escogió a San Pedro como la roca sobre la cual él habría de fundar Su Iglesia. Prometió a San Pedro y, en su persona, a sus sucesores, la potestad suprema sobre la Iglesia universal “para atar y desatar.”

Repasemos las enseñanzas de Jesucristo y del magisterio infalible de la Iglesia católica a fin de entender mejor la naturaleza y prerrogativas del oficio divino del Papa.

En el Evangelio de San Juan, leemos cómo nuestro Divino Salvador escogió a sus doce Apóstoles y a Simón, hijo de Jonás, Cristo le había puesto por nombre Cefas:

“Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)” (Juan 1:42).

¿Por qué le cambió Cristo su nombre? ¿Qué importancia tendría este cambio en el futuro? Las respuestas a estas preguntas se encuentran en el Evangelio de San Mateo, donde leemos:

“Viniendo Jesús a la región de Cesárea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el bautista; otros Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos” (Mateo 16:13-19).

Jesucristo dio a Simón, hijo de Jonás, el nombre de Cefas (roca) pues sobre él construiría Su Iglesia.

Esto es además probado por las palabras de nuestro Señor a San Pedro en ambos el Evangelio de San Lucas y el de San Juan:

“Dijo el Señor también: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo. Pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Lucas 22:31-32).

“Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Apacienta mis corderos… Pastorea mis ovejas… Apacienta mis ovejas” (Juan 21:15-17).

En los santos Evangelios, siempre se nombra primero a San Pedro en las listas de los Apóstoles (Mt. 10:2; Marcos 3:16; Lucas 6:14). En los Hechos de los Apóstoles, es Pedro quien dice que debe reemplazarse al apóstata de Judas (Hechos 1:15; 2:14) y es San Pedro quien primero se dirige a las masas el primer Domingo de Pentecostés.

Cuando investigamos los primeros siglos de la era cristiana, vemos cómo los sucesores de San Pedro en Roma ejercieron el poder de “las llaves del reino de los cielos” “para atar y desatar.”

El Papa San Clemente, escribiendo a los Corintios en el 96 D.C., mientras aún vivía el Apóstol y Evangelista San Juan, advirtió a ciertos perturbadores entre los Corintios que no desobedecieran lo que Cristo les había ordenado a través de él, así reclamando claramente para sí la autoridad de Vicario de Cristo para mandar a toda la Iglesia como sucesor de San Pedro.

En el siglo segundo, el Papa San Víctor I (189-198) ordenó a los obispos de Asia a celebrar la Pascua en el mismo día que la Iglesia de Roma, y los amenazó con la excomunión si rehusaban su obediencia.

En el siglo tercero, el Papa San Calixto (217-222) declaró en contra de los Montanistas que por virtud del Primado que sostenía él como sucesor de San Pedro, tenía el poder para perdonar hasta los pecados más grandes.

El Papa San Esteban I (254-257) ordenó a las Iglesias africanas y asiáticas a no re-bautizar a los herejes, so pena de excomunión.

En el siglo cuarto, el Papa San Julio I (337-352) enseñó que las dificultades que surgieran entre los Obispos habrían de ser decididas por él mismo como Juez Supremo.

El Papa Siricio (384-399) enseñó que la Iglesia Universal había sido encomendada a su cuidado como quien había heredado el Primado de San Pedro.

Las declaraciones de los sucesores de San Pedro en la Sede de Roma a través de los siglos son tan explícitos y numerosos que sería superfluo dar más testimonios. Además de esta lista de sucesores de San Pedro que ejercieron el Primado de Jurisdicción sobre la Iglesia universal, el testimonio de los primeros Padres de la Iglesia y de los Concilios ecuménicos también confirman este punto. De nuevo tenemos recurso al testimonio de la historia.

San Ignacio Mártir (murió en el año 110), escribiendo a los romanos, dijo que la Iglesia de Roma es la cabeza de las demás iglesias.

San Ireneo dijo que sería muy largo enumerar los sucesores de todas las iglesias; pero que mostrando la enseñanza tradicional de la Iglesia de Roma, se refuta a los herejes, pues es necesario que cada iglesia esté de acuerdo con la Iglesia de Roma por razón de su mayor autoridad.

San Cipriano llamó a la Iglesia de Roma la “Iglesia principal y la fuente de la unidad.”

En el Concilio de Éfeso, en el año 431, Felipe, el Legado del papa, hizo la siguiente declaración y a la cual unánimemente consintieron los Padres del Concilio: “Nadie niega, pues en verdad fue conocido en todas las épocas, que el santo y bienaventurado Pedro, Príncipe y Cabeza de los Apóstoles, el pilar de la fe y el fundamento de la Iglesia, recibió de Nuestro Señor, Jesucristo, el Salvador y Redentor de la raza humana, las Llaves del Reino, y a él le fue dado el poder de atar y desatar. él (Pedro) vive y ejercejuicio hasta el día de hoy y para siempre en sus sucesores… Su sucesor y representante en ese oficio, el Papa Celestino, nos ha enviado a este sínodo.”

Los Padres del Concilio de Calcedonia (451), escribiendo al Papa San León, declararon que en el Concilio él presidía por su legado como cabeza sobre sus miembros; ellos le hablan como a padre; como a sucesor de Pedro e intérprete de la Fe; como a quien le había sido confiado el cuidado de toda la Iglesia; y le ruegan que honre y afirme sus decretos mediante su decisión.

El Tercer Concilio de Constantinopla (680) se dirigió al Papa como El Arzobispo de la Iglesia Universal.

El Segundo Concilio de Nicea (787) se dirigió al Papa como a quien cuya Sede es preeminente por razón de que posee el Primado del mundo entero.

Existen muchas otras referencias que pueden citarse; sin embargo, la mejor referencia al Papado, a su Primado de Jurisdicción e Infalibilidad Papal, se encuentra en el Primer Concilio Vaticano que se reunió bajo el Papa Pío IX entre 1869 y 1870.

En este Concilio encontramos un resumen de todas las enseñanzas anteriores de la Iglesia sobre este tema:

“Pues los padres del Cuarto Concilio de Constantinopla, siguiendo con fidelidad los pasos de sus predecesores, hicieron esta solemne profesión: ‘La primer condición de la salvación es mantener la norma de la verdadera Fe. Pues es imposible que las palabras de nuestro Señor Jesucristo, quien dijo, “Tú eres Pedro, y sobre esta roca fundaré mi Iglesia” (Mt. 16:18), no puedan verificarse. Y su verdad ha sido probada por el curso de la historia, pues en la Sede Apostólica la religión Católica se ha mantenido siempre sin mancha, y su enseñanza conservada santa.’”

“Pues ellos entendieron plenamente que esta Sede de San Pedro siempre permanece intacta de cualquier error, de acuerdo a la divina promesa que nuestro Señor y Salvador hizo al príncipe de sus discípulos, ‘He orado por ti, para que tu fe no desfallezca; y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos’ (Lucas 22:32).”

“Ahora este carisma de la Verdad y de la nunca carente Fe fue conferida sobre San Pedro y sus sucesores en esta Sede, a fin de que pudieran cumplir su supremo oficio para la salvación de todos.”

Estas citas del Primer Concilio Vaticano nos recuerdan que el Papa es la única persona esencial en el ejercicio de la Iglesia Católica de la propiedad de su infalibilidad.

Ahora vamos a dejar un poco el escrito por Mons. Pivarunas, para especificar y exponer un poco más sobre la INFALIBILIDAD PONTIFICIA.

Para probar la verdad y racionalidad de esta doctrina, de la Infalibilidad, nos apoyaremos de las palabras mismas de nuestro Salvador, y del tribunal del sentido común.

Primero, vamos a considerar lo que no es la infalibilidad papal. Y muy por el contrario de lo que piensan muchas personas, esta infalibilidad no significa que el Papa esté inspirado. Los Apóstoles y los Evangelistas recibieron este don, y sus escritos son aceptados como palabra inspirada por Dios. Más la Iglesia no afirma que el Papa esté inspirado, o que reciba alguna revelación divina, estrictamente hablando.

Así, el Concilio Vaticano I declara: “Porque el Espíritu Santo no les fue prometido a los sucesores de Pedro, a fin de que ellos propaguen una nueva doctrina revelada, sino que, bajo la asistencia del Divino Espíritu, puedan preservar incólume, y explicar con toda fidelidad la revelación o depósito de la fe, trasmitido por los apóstoles”.

ALGUNOS LA CONFUNDEN CON LA IMPECABILIDAD. En segundo lugar, la infalibilidad no quiere decir que el Papa sea impecable o incapaz de culpabilidad moral. Muchos individuos tienen el hábito de referirse a algún pontífice cuyo carácter no se halla enteramente libre de faltas de esta naturaleza, diciendo: “he ahí un Papa que ha sido culpable de una mala acción. Eso prueba que él no era infalible y, por tanto, ningún Papa es infalible”, pero lo más admirable es que ciertos grupos que se dicen católicos ataquen de esto mismo al mismo San Pedro, primero con la triple negación de S. Pedro a Jesús antes de la Pasión; aunque después de la Resurrección el mismo Señor, lo perdonó, preguntándole tres veces “Pedro me amas” a lo cual San Pedro contesto afirmativamente, y ante tal respuesta Jesús, lo confirmó como pastor visible de su rebaño, diciéndole primero apacienta mis ovejas y después apacienta mis corderos y por último apacienta mis ovejas y mis corderos. Pero claro está, que cuando se dio esa triple negación todavía no tenía San Pedro la Infalibilidad papal, sino después de recibir el Espíritu Santo en Pentecostés, pero aun así siguen con su necedad, esos grupos, diciendo que también S. Pedro se equivocó después de Pentecostés, puesto que él mismo fue reprendido por San Pablo, por no hacer la diferencia entre el judaísmo y el cristianismo, para ello, cabe señalar que ésta supuesta duda de S. Pedro no afecta a su infalibilidad, por la sencilla razón: de quela costumbre de la circuncisión, heredada por los apóstoles, debió ser dejada de lado, toda vez que no era necesaria para la salvación. Todas estas objeciones que hacen los no católicos y ciertos grupos que se dicen católicos, no han acertado ni de lejos el significado de la infalibilidad.

De hecho, los Papas han sido, con pocas excepciones, hombres de mucha virtud, veintinueve de los primeros treinta murieron como mártires por la fe. Y de los 261 que han ocupado la silla de Pedro, 69 son honrados en los altares como santos, a causa de sus eminentes virtudes. Solamente 6 han podido ser acusados de graves culpas. Esta es una proporción bastante pequeña si consideramos que de los doce Apóstoles escogidos directamente por Cristo, uno fue Judas Iscariote.

Con todo aún cuando una gran mayoría de los Pontífices hubieran sido malos, esto no habría menoscabado la prerrogativa de su infalibilidad; porque ésta les fue otorgada, no para mantenerlos en la virtud, sino para preservarlos de error en la enseñanza de los dogmas o verdades perennes de la Iglesia Católica. Tenemos, por ejemplo, que un juez ha sido revestido por las leyes de nuestro país con cierto poder y autoridad. Si en su vida privada este juez comete alguna falta de orden moral, esto no quita la validez de sus decisiones judiciales. Su autoridad no depende del carácter de su vida privada. Se le ha conferido por virtud del cargo que desempeña, en bien de la comunidad. Del mismo modo la infalibilidad fue conferida al oficio del Papado, en provecho de la sociedad, y no depende para nada de la conducta privada del Papa.

RECONOCE SUS FRAGILIDADES. El Papa reconoce tener las mismas debilidades a que están sujetos todos los demás hombres. Todas las mañanas al principiar la Misa, dice humildemente al pie del altar: “Yo pecador me confieso a Dios todopoderoso… que pequé gravemente en pensamiento, palabra y obra”.

Asimismo, al ofertorio de la Misa, ora: Recibe Padre santo, Dios omnipotente y eterno, esta Hostia inmaculada, que yo indigno siervo tuyo, te ofrezco por mis innumerables pecados, ofensas y omisiones”.

A pesar de su alto ministerio no pretende el Papa estar exento de las fragilidades y tentaciones que afligen al común de la humanidad. Ni se atribuye por un solo instante la impecabilidad, por virtud de la infalibilidad que está vinculada a su oficio.

En vista de todo esto, ¿no es extraño que los ministros protestantes traten de denigrar el dogma de la infalibilidad papal diciendo a sus seguidores que ha habido malos Papas?; pero lo más terrible, es que ciertos grupos que se dicen cat mismas de nuestro Salvador, y depor Mons. Pivarunas, para expner ni eclesiponer todo lo concerniente a la santificaciele habamnólicos, denigren este dogma, en su afán de defender lo indefendible, en la búsqueda de justificar las herejías de falsos Papas, y con ello, confunden maliciosamente la impecabilidad con la infalibilidad papal, porque una cosa muy diferente es la debilidad y fragilidad humana que están presentes en San Pedro y sus sucesores, y otra es la prerrogativa de la infalibilidad papal, que les fue otorgada, no para mantenerlos en la virtud, sino para precaverlos del error en la enseñanza de la revelación divina.

NO SE TRATA DE CIENCIAS. En tercer lugar, la infalibilidad no significa que el Papa no pueda equivocarse tratándose de ciencias naturales, como física, geología, astronomía, o medicina, cosas que nada tienen que ver con el depósito de la verdad revelada. Tampoco se refiere la infalibilidad a cuestiones de política, tales como la forma de gobierno que una nación debe de tener, o los candidatos que han de sostener los católicos. Por tanto, no restringe la libertad de la ciencia, ni se arroga la autoridad civil del estado.

Por último, la infalibilidad no quiere decir que el Papa esté inmune de error cuando habla como un maestro privado. En esto puede errar, aún cuando hable de fe y de moral.

VERDADERO SIGNIFICADO. ¿Qué es lo que significa entonces la infalibilidad Papal realmente? Significa: Cuando el Papa, oficialmente y con toda la autoridad de sucesor de San Pedro y como cabeza de la Iglesia universal, define para toda la Iglesia una doctrina de fe o de moral, entonces no comete error.

Tres condiciones se exigen, como se ve: (1) El Papa debe hablar ex cátedra, es decir, desde la silla de San Pedro, en su capacidad oficial. (2) Su decisión debe de aplicarse y obligar a toda la Iglesia. (3) Debe referirse a materias de fe o de moral.

Por lo mismo, el Papa no tiene autoridad de establecer una nueva doctrina (como es el caso de los Papas del Vaticano II). Porque, no es el autor de la revelación, sino solamente su intérprete y expositor. Por eso, no tiene autoridad para quebrantar la ley divina o cambiar un solo ápice de la Escritura. Sus funciones se limitan a trasmitir incólume a los hombres el divino depósito de la fe.

Ahora continuemos con el escrito de Mons. Pivarunas:

Como Ludwig Ott, STD, lo explica en su libro de teología dogmática, Principios Básicos de los Dogmas Católicos:

Los posesores de la infalibilidad son:

A) El Papa: El Papa es infalible cuando habla ex cathedra (como ya se mostró arriba).

B) El episcopado entero: La totalidad de los obispos es infalible cuando, ya estén en asamblea en un Concilio general o esparcidos por toda la tierra, proponen una enseñanza de fe o moral para ser sostenida por todos los fieles.

Los Obispos ejercen su poder de enseñanza infalible de manera ordinaria cuando, en sus diócesis, en unión moral con el Papa, unánimemente promulgan las mismas enseñanzas sobre la fe y la moral. El Concilio Vaticano expresamente declaró que también las verdades de la Revelación, propuestas como tales por el oficio docente ordinario y general de la Iglesia, también han de ser firmemente sostenidas con “fe divina y católica”.

Sin el Papa, la Iglesia no puede ejercer su infalibilidad. Por esta razón la Ley Canónica legisla que un Concilio Ecuménico se suspende (ipso jure) en caso de la muerte del Papa. Se vuelve a reunir solamente después de la elección de un nuevo Papa.

Ahora bien, todas estas consideraciones nos llevan al tema principal de este escrito. ¿Qué ocurrió en el Segundo Concilio Vaticano de 1962 a 1965?

La respuesta es horrorosa. Después de dos años de trabajo de la Comisión Preparatoria, compuesta de Obispos y teólogos de alrededor del mundo, se reunieron 75 schemata (temas para discusión) para presentarse al Concilio, no obstante, por intervención de Juan XXIII, todos estos documentos fueron descartados y reemplazados por nuevos schemata.

De esto se lamentaban algunos Obispos, uno de ellos era, Marcel Lefebvre (quien era miembro de la Comisión Preparatoria):

“Ahora saben lo que ocurrió en el Concilio. Después de quince días desde su apertura, no quedó ni una de los esquemas ya preparados, ¡ni uno! Todos fueron rechazados, todos fueron condenados a la basura. Nada quedó, ni una sola oración. Todos fueron sacados… Después de quince días, nos quedamos sin preparación alguna. Realmente fue inconcebible.”

Ahora, ya era posible presentar el siguiente programa — el del ecumenismo y la libertad religiosa.

A pesar del hecho de que la Iglesia Católica había previamente condenado el falso ecumenismo (el diálogo inter-religioso y la comunión en el culto con los no-católicos), especialmente por el Papa Pío XI en laMortalium Animos, y a pesar del hecho de que el Código de Derecho Canónico de 1917 había prohibido la communicatio in sacris (canon 1258) y consideraba sospechoso de herejía al que se involucrara en ella (canon 2315), el Concilio Vaticano II, ahora fomentaba el ecumenismo en su decreto Unitatis Redintegratio y en su declaración Nostra Aetate. Mientras que antes del Concilio, la Iglesia Católica siempre enseñó que la fe católica era la única y verdadera religión revelada por Dios, ahora el Concilio abría sus puertas de salvación a todas las demás religiones — protestantes e infieles (hinduismo, budismo, islamismo, judaísmo, etc.) por igual. Ahora la nueva misión de la Iglesia, de acuerdo al Vaticano II, es promover lo bueno que se halle en estas falsas religiones.

Ya no hay referencia a la conversión a la verdadera Fe.

Siguiendo al Concilio, se hizo necesario que los innovadores liberales se deshicieran del Santo Sacrificio de la Misa, pues planteaba una barrera para los protestantes. En el nombre del ecumenismo, seis teólogos protestantes representantes del Concilio Mundial de Iglesias, la iglesia luterana, la iglesia anglicana y la iglesia presbiteriana participaron activamente en la comisión especial establecida por Paulo VI para re-escribir la Misa. El resultado final de esta comisión, como ya sabemos, fue el Novus Ordo Missae — el Nuevo Ordinario de la Misa — el cual por ningún motivo representa el Sacrificio propiciatorio del Calvario, sino, como la definieron ellos, usando las palabras del mismo Lutero, “la Cena del Señor.”

En los últimos 47 años, la moderna jerarquía ha promulgado diariamente en sus “enseñanzas ordinarias y universales” estos evidentes errores. De forma regular, Juan Pablo II reitera una y otra vez los falsos y francmasónicos principios de la libertad religiosa y práctica el falso ecumenismo, no sólo con protestantes, sino también con infieles.

¿Cómo puede representar la moderna jerarquía el magisterio infalible de la Iglesia Católica? ¿Cómo pueden los “papas” del Vaticano II representar la roca sobre la cual Cristo fundó su Iglesia? ¿Puede aplicarse las palabras del Concilio Vaticano I “en las enseñanzas de la Sede Apostólica la religión Católica se ha mantenido siempre sin mancha” y “esta Sede de San Pedro siempre permanece intacta de cualquier error,” a la jerarquía moderna?

¿Qué, entonces, ha ocurrido en la Iglesia Católica? La respuesta se encuentra en la Segunda Epístola a los Tesalonicenses de San Pablo:

“El día del Señor no vendrá sin que antes venga la Apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición… que se sienta en el templo de Dios, haciéndose pasar por Dios” (II Tes. 2:3-4).

En las instrucciones del Gran Oriente Francmasónico, el Alta Venta, su plan fue claramente delineado para infiltrar la Iglesia Católica en sus más altos niveles, hasta la misma Silla de Pedro. Estos son extractos de El Gran Oriente Francmasónico Desenmascarado, por Mons. George F. Dillon, D.D:

“Ahora; a fin de asegurarnos un Papa en la manera requerida, es necesario modelar para ese Papa una generación merecedora del reino que nosotros soñamos. Dejar por un lado a la vejez y la madurez, e ir por la juventud, y, si fuere posible, hasta por la infancia.

“En unos años el joven clero habrá, por la fuerza de los eventos, invadido todas las funciones. Ellos gobernarán, administrarán y juzgarán. Ellos formarán el concilio del Soberano. Ellos serán llamados para escoger al Pontífice reinante; y ese Pontífice, como la gran parte de sus contemporáneos, necesariamente estará imbuido con los principios italianos y humanitarios que estamos por poner en circulación.

“Buscad al Papa que nosotros retratamos. ¿Queréis establecer el reino de los escogidos sobre el trono de la prostituta de Babilonia? Dejad que el clero marche bajo vuestra bandera, siempre en la creencia de que marchan bajo la bandera de las Llaves Apostólicas. ¿Deseáis causar la desaparición del último vestigio de la tiranía y la opresión? Arrojad las redes como Simón, hijo de Jonás. Pero en lugar de que sea a las profundidades del mar, arrojadlas a las profundidades de las sacristías, los seminarios, y los conventos, y, si no os precipitáis en nada, ganaréis una carga de pescados más milagrosa que la de él… Habréis pescado una Revolución en Tiara y Capa pluvial, marchando con Cruz y estandarte — una Revolución que sólo necesita un pequeño piquete para incendiar las cuatro esquinas del mundo.”

Hoy somos testigos de una formación rápida de un Nuevo Orden Mundial bajo las auspicias de las Naciones Unidas, pero no puede haber duda de que la O.N.U. tiene su contraparte en la moderna Iglesia Conciliar del Vaticano II.

Que podamos permanecer firmes en la verdadera Fe, pues “quien perseverare hasta el final, ese se salvará” (Mt. 24:13). Hasta aquí el escrito de Mons. Pivarunas.

Este estudio que se ha hecho del Papado, es para dar luz, en estos tiempos de apostasía y tinieblas, que nos ha tocado vivir.

Y por último, espero en Dios, que todo lo expuesto, le sirva, y oriente a todo y sensato fiel católico de buena fe.

Para la elaboración de este escrito, nos respaldamos en los siguientes libros: “Catecismo Romano” traducción de Pedro Martín Hernández; “Tratado Completo de Religión” de Cayetano Soler, Pbro.; “La Iglesia Católica sus Doctrinas Enseñanzas y Practicas” por el Rev. Padre Juan A. O´Brien Doctor en Filosofía; y la Carta Pastoral de Mons. Pivarunas sobre el “Papado” del 29 de Junio de 1997.


Sinceramente en Cristo

Mons. Martín Dávila Gándara

Obispo en Misiones

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Published by Juan Manuel Olivar Robles - en El Sedevacantismo
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12 octubre 2012 5 12 /10 /octubre /2012 04:44

 Los obispos y la jurisdicción usurpada

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Introducción.

 

En los últimos tiempos existen grandes discusiones entre los tradicionalistas sobre la validez o no de los obispos que forman parte de lo podemos llamar “La resistencia católica”. En los pultimos años, pareciera que la cantidad de obispos se ha multiplicado de manera proporcional a las “congregaciones religiosas tradicionalistas”, especialmente entre los sedevacantistas, aunque no podemos ignorar que también hay varias que mantienen la misma “posición prudencial” que Monseñor Marcel Lefebvre y la FSSPX.
Este breve ensayo tiene como objetivo entonces poder examinar los parámetros que se deben utilizar para saber si un obispo es o no un verdadero obispo. Quiero antes que nada recomendar, como hicieron otros en un comentario de este blog, el texto del RP Anthony Cekada titulado “La validez de las ordenes de Monseñor Ngo Dihn Tuhc. También aclaro que en este ensayo no tocaré directamente el problema de si la consagración dada per saltum es o no válida o si, bajo casos extraordinarios sería válida la ordenación de un sacerdote por otro (tesis de Pulvemarcher) ya que en la primera la Iglesia no se ha expedido aunque hay antecedentes históricos y la segunda contradice el tridentino, aunque parecieran existir casos aislados de algún Papa permitiendo en algún monasterio que el Abad impusiera las manos sobre un religioso, lo cual no implica necesariamente que fuera para ordenarlo pero, al igual que el caso Duarte-Costa le daremos una breve revisada.

Un obispo válido

En tiempos normales nadie se preguntaría si tal o cual obispo es o no valido, empero como la Iglesia se encuentra en un estado de crisis ocurre que todos dudamos de todos. Esto no es necesariamente malo, así, por ejemplo podemos leer en Apocalipsis
Es entonces legítimo preguntar por la validez de las ordenes de alguien que se presenta como obispo. No es para menos, ya que los obispos, junto con el Romano Pontífice en situaciones normales de la Iglesia Católica) son los “pastores legítimos de la Iglesia” (Catecismo de San Pío X 154). Ahora bien, hoy no estamos en una situación normal y la ley canónica ha quedado en varios aspectos superada y no puede aplicarse. Así, por ejemplo el Canon 935 reserva la consagración episcopal en el Sumo Pontífice y las consagraciones sin mandato papal, son, desde Pío XII penadas con la excomunión (antes era con la suspensión a divinis):
Consecratio episcopalis reservatur Romano Pontifici ita ut nulli Episcopo liceat quemquam consecrare in Episcopum, nisi prius constet de pontificio mandato.

Los obispos ordinarios forman parte de la jerarquía de la Iglesia Católica, son miembros de la Iglesia Docente. Son príncipes de la Iglesia (el Cuerpo Místico de Cristo), ya que no existen por la voluntad de Pedro (como los Ilustrísimos Cardenales), sino de aquel que lo colocó frente al Colegio de los Apóstoles. Es decir, los obispos no son ministros del Papa, sino de la Iglesia porque son verdaderos vicarios de los apóstoles. Los obispos reciben así dos grandes facultades para su labor, que es el trabajo para la salvación de las almas:

    “1) inmediatamente de Dios, por intermedio del Soberano Pontífice o
    inmediatamente del Soberano Pontífice pero por derecho divino, el poder de
    jurisdicción "para gobernar a los fieles con el fin de obtener la vida eterna" y
    ello por medio del magisterio sagrado, del poder legislativo y del poder
    judicial.
    2) Inmediatamente de Dios, en el momento de la consagración
    episcopal, el poder del orden "para santificar las almas por el ofrecimiento del
    Sacrificio de la Misa y por la administración de los sacramentos". Entre los
    sacramentos, son propios del Obispo el de la Confirmación y del Orden. Este
    último le permite transmitir el sacerdocio incluso en su plenitud
    (Episcopado).”

Vamos despacio. Todos los obispos tienen la facultad y poder sacramental y lo reciben con la ordenación. Para saber si un obispo es o no obispo tenemos que saber si se realizó el ritual de consagración. Es decir tuvo que haber tenido lugar o no el sacramento, ya que la teología sacramental se basa en hechos concretos y no en especulaciones. Es por eso que Muchos canonistas como F. Cappello y H. Davies diferencian el hecho de un sacramento de la validez del mismo. En efecto ese es el proceder de los tribunales eclesiásticos romanos que primero verifican el hecho y luego recién confirman (o no) la validez. ¿Cómo podemos verificar estos hechos? En primer lugar tenemos para cada caso el certificado de consagración, las fotografías, videos o testimonio de los testigos de que haya ocurrido el hecho en sí.
El Papa Pío XII en su Sacramentum Ordinis despejó cualquier duda acerca de la validez del ritual de ordenación, así como de las palabras esenciales. En el caso de las consagraciones en sí, para que estas sean validas hacen falta los siguientes requisitos:

1. Que la ceremonia sea realizada por un obispo válidamente consagrado y que el obispo a consagrar sea un sacerdote válidamente ordenado.
2. Que ambos tengan la intención ministerial de hacer lo que hace la iglesia.
3. La imposición de manos por el obispo consagrante sobre el consagrado.
4. La formula esencial de 16 palabras recitada por el obispo consagrante.

Es menester señalar que para el punto numero 4, no es condición sine qua non la perfecta exactitud en la pronunciación todas las palabras de la formula mientras que el significado no sea alterado substancialmente, por ejemplo si el consagrante tartamudea, estornuda, tose o repite una palabra... Si se dan por sentados estos hechos, se dice que la validez existe por «presunción» y sería incluso inmoral reiterar la consagración sub conditione si se tiene certeza moral de haberse cumplido estos requisitos.


En el caso de los obispos Andrés Morello, Squettino, Argueta, Fellay, Williamson o Taylor tenemos evidencias de que se cumplieron esos cuatro puntos, por lo tanto SON OBISPOS VALIDAMENTE CONSAGRADOS PORQUE TODOS ELLOS FUERON CONSAGRADOS POR OBISPOS VALIDAMENTE CONSAGRADOS.


Mientras un obispo recite la formula con las palabras esenciales sobre un hombre tenemos un obispo. Esto vale si este es ortodoxo o si es hereje, ya que la herejía no invalida per se un sacramento, aunque bien pueden hacerlo ilícito. Ese sería el caso los obispos consagrados por Duarte Costa y algunos de sus sucesores. En efecto, el Obispo de la Iglesia Brasileña, cuando se separa de la Iglesia Católica consagró a diez obispos utilizando el ritual tridentino. Los consagró para su iglesia, la cual era cismática, pero los consagró. Todos ellos tenían aptitud canónica desde el momento que esos sacerdotes que fueron consagrados habían sido previamente ordenados en la Iglesia Católica Romana (Can 974) y algunos hasta tenían títulos en Derecho Canónico y Teología. Estos diez obispos eran obispos válidos, cismáticos y herejes si, pero válidos, como lo son los obispos orientales de Constantinopla o Moscú. Sin embargo, de esos diez obispos no todos consagraron a los restantes utilizando el ritual válido, por lo que la segunda generación y posteriores deben estudiarse caso por caso. Esto es algo común cuando un ministro ordenado extra ecclesiam solicita ingresar al Cuerpo Místico de Cristo como clérigo.

Una cuestión de jurisdicción.
Ahora bien, además del poder de orden, existe el poder de jurisdicción. Todos sabemos que la jurisdicción es entregada de forma ordinaria por el Sumo Pontífice. Los cismáticos, como atentan contra el Romano Pontífice y se erigen en jurisdicciones independientes carecen de todo poder de jurisdicción. Esto hace inválidos algunos sacramentos que administran como la confesión (Canon 872). Los cismáticos pierden el poder de jurisdicción en cuanto se separan de la Iglesia Católica (Canon 873). Ahora bien, según el Canon 2366 si un sacerdote escucha confesiones sin la jurisdicción ordinaria queda de forma inmediata suspenso a divinis. Suspensos a divinis están per se todos aquellos que son ordenados extra ecclesiam como clérigos para servir en una iglesia cismáticas, es decir aunque se posean las sagradas ordenes están no pueden ser ejercidas sin cometer un gravísimo pecado:

    CAN. 2279.
    § 1. Suspensio ab officio simpliciter, nulla adiecta
    limitatione, vetat omnem actum tum potestatis ordinis et iurisdictionis, tum
    etiam merae administrationis ex officio competentis, excepta administratione
    bonorum proprii beneficii.
    § 2. Suspensio:
    1°. A iurisdictione
    generatim, vetat omnem actum potestatis iurisdictionis pro utroque foro tam
    ordinariae quam delegatae;
    2°. A divinis, omnem actum potestatis ordinis quam
    quis sive per sacram ordinationem sive per privilegium obtinet;
    3°. Ab
    ordinibus, omnem actum potestatis ordinis receptae per ordinationem;
    4°. A
    sacris ordinibus, omnem actum postestatis ordinis receptae per ordinationem in
    sacris;
    5°. A certo et definito ordine exercendo, omnem actum ordinis
    designati; suspensus autem prohibetur insuper eundem ordinem conferre et
    superiorem recipere receptumque post suspensionem exercere;
    6°. A certo et
    definito ordine conferendo, ipsum ordinem conferre, non vero inferiorem nec
    superiorem;
    7°. A certo et definito ministerio, ex. gr., audiendi
    confessiones, vel officio, ex. gr., cum cura animarum, omnem actum eiusdem
    ministerii vel officii;
    8°. Ab ordine pontificali, omnem actum
    potestatis ordinis episcopalis;
    9°. A pontificalibus, exercitium
    actuum pontificalium, ad normam can. 337, § 2.



La situación actual y los las jurisdicciones “usurpadas”.


En situaciones normales, es decir cuando no hay dudas de que el Papa es Papa, por decirlo de una manera simple y llana esta ley de la Iglesia vale para todos, pero como ya digimos, no estamos en una situación normal. Desde el Concilio Vaticano II la enseñanza de Roma no es segura para nadie entre los miembros de la Tradición.
Entonces no existe nadie con jurisdicción ordinaria, es decir, nadie cree que el actual ocupante de la Silla Apostólica tenga facultad para ordenar o establecer jurisdicciones ordinarias y que estemos sujetos a ella. Aparece así la figura de la jurisdicción supletoria, es decir aquella que no es delegada por el Papa, sino por la Iglesia en casos de extrema urgencia y para salvación de las almas, Es similar a la que existe en las misiones donde cualquier sacerdote católico puede absolver, donde un obispo puede ordenar a otros al sacerdocio… Pero la jurisdicción supletoria no tiene, como la ordinaria un espacio geográfico delimitado, actúa sobre el conjunto de las almas para la salvación de las mismas.
Esta jurisdicción sirve para dar un marco legal y de emergencia ante ciertas circunstancias, verbigracia la absolución de los pecados, la admisión de alguien a la vida religiosa, etc… pero nadie puede juzgar a otros, nadie puede excomulgar a otros y menos aún adoptar poderes propios de la jurisdicción ordinaria. Los Obispos de la Resistencia Católica, entonces están habilitados para ordenar, confirmar y predicar, al igual que los sacerdotes que pueden predicar sin menester de autorización de un obispo ordinario, porque estos ya no existen… solo hay obispos de emergencia que la Iglesia se provee para evitar que la sucesión apostólica se pierda.

 

Si se trata del obispo que le administra los sacramentos a determinada congregación debe tenerse en cuenta que:
  
    a) Al no existir la jurisdicción ordinaria no se puede erigir congregaciones
    canónicamente lícitas… a lo sumo uniones pías que no son lo mismo.
    b) El obispo solo puede administrar ordenes, no intervenir ni realizar ningún acto de
    jurisdicción porque nadie se le entregó. La epikeia es siempre momentánea no un
    modus vivendi.
    c) Los fieles no están atados a ningún obispo protector, porque esa figura es ilusoria.

    Los fieles estpan sujetos a su ordinario, como este no existe hoy, ellos eligen

    al que consideran el mejor obispo, pero puede abandonarlo si este se comporta de manera  no cristiana, cae en herejía o simplemente porque no le simpatiza.
    d) Los “obispos protectores” que sólo existen en las “jurisdicciones de papel” y

    virtuales no pueden declarar anulaciones matrimoniales, iniciar procesos canónicos,

    exigir o recibir juramentos, etc.


Conclusiones.


En el presente ensayo hemos revisado los parámetros que se utilizan en la teología sacramental para corroborar o no la validez de las ordenes que posee un obispo. Pero también hemos atendido a la cuestión de la jurisdicción que causa grandes problemas y no pocas confusiones entre los fieles. Que ciertos obispos educados en seminarios estrictos confundan los hechos no parece inocente. Un obispo proveniente del cisma bizantino, malabar, brasileño o veterocatólico que se convierta a la Tradición Católica y que realice algunos actos no canónicos puede ser comprendido y hasta tolerado a la vez que se le debe señalar y enseñar su error. Pero no se puede pensar lo mismo de aquellos que han asado años en seminarios y hasta se encontraron al frente de los mismos.
La facilidad con la que hoy aparecen grupos de sacerdotes reclamando ser congregaciones religiosas hechas y derechas, con constituciones o reglas, que vienen a “restablecer” la Compañía de Jesús, a los Franciscanos, los Dominicos…. Y lo hacen de la noche a la mañana no puede sino apabullarnos. Pero además de estas ordenes “clásicas” vemos un florecimiento de otro tipo de congregaciones que actúan de manera impune, confundiendo a los fieles, generando temores y viviendo de la religión en vez de vivir la Religión. Por suerte existen quienes son más sinceros y reconocen que se tratan de uniones pías. Como señaló el Padre Anthony Cekada en una comunicación que nos enviara hace no mucho tiempo atrás, el problema de las congregaciones es que estas se transforman el objetivo de su labor; en vez de centrar su lucha contra el Modernismo lo hacen contra las demás “congregaciones” en un desesperado intento por sobrevivir y establecer su hegemonía.
Finalmente debemos recordar UNA VEZ MÁS que nadie, absolutamente nadie tiene poderes ordinarios en el actual estado en el que se encuentra la Iglesia Católica Romana, que está en las catacumbas. Cuando mucho existe la jurisdicción supletoria, que la Iglesia entrega para la salvación de las almas y no para lujos personales.

 

Tomado de Sursum Corda.

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16 septiembre 2012 7 16 /09 /septiembre /2012 04:14

Estimados lectores:

 

He aquí una magnífica carta del P. Michel, condenando los errores del modernismo y su conclusión de la vacancia de la Sede de Pedro. Recemos por él.

 

Saludos.

http://www.cmri.org/pictures/oswalt-fr-michael.jpg(Carta a la clerecía de la Diócesis de Rockford)
Michael Oswalt before his ordination in the traditional rite
Por Rvdo. P. Michael Oswalt

Después de un curso de 6 años en el seminario de Mundelein, un seminario conciliar en Chicago, Michael Oswalt fue ordenado bajo el nuevo rito de ordenación. A pesar de que se apego al pensamiento Católico tradicional en el seminario, sus ojos se abrieron a los efectos del modernismo en el nivel parroquial, cuando recibió su primera asignatura. Por la gracia de Dios, obtenida especialmente a través del rezo diario del Santo Rosario y a la consagración total a Jesús a través de Maria, Michael se convenció que la nueva Iglesia conciliar no es la verdadera Iglesia Católica. El ultimo rayo de luz llego cuando su superior un día le pregunto: “Quieres ser miembro de la Iglesia pre-Vaticana II o de la post-Vaticana II?” Michael sabía que no podía seguir permaneciendo en la Iglesia conciliar. La siguiente es la carta que envió a todos los sacerdotes de la diócesis, en marzo del 2009, en referencia a las razones por las cuales abandona el Novus Ordo. El ahora se encuentra estudiando para poder ser ordenado debidamente al sacerdocio con los ritos tradicionales de la Iglesia.

Queridos hermanos clérigos de la Diócesis de Rockford.

He decidido dejar la Diócesis de Rockford por la razón de que he llegado a la conclusión de que los cambios promulgados por el Vaticano II no son compatibles con el Catolicismo Romano.

Nadie niega que el Vaticano II impusiera amplios y profundos cambios en la Iglesia Católica. Pero todos los cambios o son accidentales o substanciales. Si los cambios impuestos por el Vaticano II fuesen meramente accidentales, no existiría justificación para oponerse a ellos, aun si estos fuesen considerados de mal gusto. En cambio, si estos cambios fueses substanciales, entonces los cambios del Concilio Vaticano II representan nada menos que el establecimiento de una nueva religión la cual difiere esencialmente del Catolicismo Romano. En tal caso seria una obligación de todo católico, y en especial de los Sacerdotes, resistir estos cambios y luchar por disiparlos de los edificios e instituciones Católicas, como los Católicos han luchado en el pasado para erradicar el arrianismo, el nestorismo, protestantismo y muchas herejías que han intentado apoderarse de la Iglesia Católica Romana.

Durante muchos años he estudiado las diferencias entre el Catolicismo pre-Vaticano II y la religión post-Vaticana II. Estas diferencias me parecieron muy profundas. Pero en todos los casos yo me esforcé como mejor me fue posible por otorgar el beneficio de la duda a aquellos que estaban promulgando esos cambios. En muchos casos fui impulsado a la negación, esto es, a una auto-ceguera de los hechos que yo sabía que en mi Corazón que eran verdaderos, pero que no los podía confrontar como verdad.

Nadie niega de antemano, que la Fe en que se creía y practicaba hasta antes del Concilio Vaticano segundo era Católica Romana, esto es, la Religión e Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo, la cual creemos ser una verdadera Iglesia fuera de la cual no hay salvación. Por lo tanto todos debemos admitir, que para que la religión post-Vaticana II califique como verdadera Católica Romana, debe conformarse substancialmente en todas las cosas a la Fe y practicas pre-Vaticana II. En otras palabras, en orden para legítimamente y verdaderamente proclamar que somos sacerdotes Católicos Romanos, es necesario que exista una continuidad substancial entre la Fe pre-Vaticana II y los cambios post-Vaticano II. Si la continuidad substancial ha sida interrumpida, entonces nosotros como sacerdotes hemos perdido nuestra unión con Nuestro Señor Jesucristo, con la Iglesia Católica Romana, con cada una de los verdaderos pontífices que se sentaron en el trono de San Pedro, con todos los Santos del Cielo, de hecho con todo Católico que nos ha precedido en la Fe. Perdemos nuestro derecho al apostolado, a la unidad en la fe, al catolicismo, y a la santidad. De hecho seria muy difícil pensar en algo más falso, más absurdo, más innecesario, y aun más peligroso, el que un sacerdote proclame ser Católico, pero que haya perdido la continuidad con la sagrada tradición del Catolicismo Romano.

Por lo tanto, es necesario que demuestre la discontinuidad entre el presente y el pasado, una reclamación que para algunos parecerá descabellada, pero para otros una verdad la cual se encuentra en lo profundo de sus mentes, y pesa fuertemente en sus corazones. La evidencia para la postura que tomo es muy amplia. Se requeriría un libro de muchos volúmenes para hacerle justicia a la evidencia que debe ser presentada. Pero mostrare estos argumentos en forma condensada, e invitare al mismo tiempo a todos aquellos interesados que investiguen más en libros, sitios Web y fuentes periodísticas.

Presentare la evidencia de la siguiente manera:

    las herejías contenidas en el Vaticano II;
    la herejía enseñada en el código de derecho canónico de 1983, y las practicas pecaminosas sancionadas por el mismo;
    como la nueva misa de 1969 es falsa y un acto de adoración no-Católico, siendo este una expresión litúrgica de las herejías del Vaticano II;
    La Heteropraxis de la religión del Vaticano II, estos es, la confirmación de la naturaleza herética del Vaticano II por medio de las observancias y practicas comunes de la religión del Vaticano II, ya sean oficialmente sancionadas y practicadas por la jerarquía, o simplemente aprobadas en forma silenciosa a un nivel universal;
    como los sacramentos han sido alterados substancialmente, llevando en muchos casos ya sea a la invalidez o a la duda de la validez;
    las herejías que son públicamente profesadas por Benedicto XVI;
    como las cuatro marcas de la Iglesia Católica no se pueden encontrar en la nueva religión del Vaticano II.

Luego haré un resumen señalando que en los tres elementos esenciales de cualquier religión, es decir en la doctrina, en la liturgia y en la disciplina, el Vaticano II y sus subsecuentes cambios han efectuado un cambio substancial en la Fe Católica. A partir de esto, llegare a las conclusiones lógicas, ambas especulativas y prácticas.

Las herejías contenidas en el Vaticano II. Existen cuatro principales herejías contenidas en este Concilio.

La primera es la referente al ecumenismo, encontrada en el documento Redintegratio Unitatis, el cual enseña que la religiones No-Católicas son medios de salvación. Esta doctrina herética fue mas tarde enfatizada en el Catechesi Tradendae de Juan Pablo II. Esta aseveración es directamente contraria a la doctrina referente a que “fuera de la Iglesia no hay salvación”, la cual el Papa Pió IX llamo “un bien conocido dogma Católico”. Ambas, las nociones y prácticas del ecumenismo fueron condenadas por el Papa Pió IX en la encíclica Mortalium Animos de 1928.

La segunda herejía es la concerniente a la unidad de la Iglesia, la cual básicamente consiste en afirmar que la Iglesia de Cristo no esta exclusivamente identificada con la Iglesia Católica, pero que meramente subsiste en ella. Esta doctrina herética esta contenida principalmente en Lumen Gentium, y su significado herético esta confirmado en las declaraciones de Juan Pablo II y Benedicto XVI, particularmente en el código de derecho canónico de 1983, en la declaración de 1992 “declaración concerniente a la Iglesia y a la Comunión” y en el directorio Ecuménico. Es contraria a las enseñanzas de la Iglesia, principalmente contenidas en Satis Cognitum del Papa León XIII, Mortalium Animos de Pope Leo XIII, Mystici Corporis del Papa Pió XII, y en la condenación de la “Teoría de la rama” hecha por el Santo Oficio baja el Papa Pió IX.

La tercera herejía es la concerniente a la Libertad Religiosa, contenida en el documento Dignitatis Humanae, el cual casi palabra por palabra afirma la misma doctrina que fue condenada por el Papa Pió VII en Post Tam Diuturnas, por el Papa Gregorio XVI en Mirari Vos, por el papa Pió IX en Quanta Cura, y por el Papa León XIII en Libertas Praestantissimum. La enseñanza del Concilio Vaticano II referente a la Libertad Religiosa también contradice la realeza de Jesucristo en la sociedad tal cual como se expresa en Quas Primas del Papa Pió XI, así como la constante actitud y practica de la Iglesia en lo que concierne a la sociedad civil.

La cuarta herejía es la referente a la colegialidad la cual altera la constitución monárquica de la Iglesia Católica, con la cual fue dotada por el Divino Salvador. La doctrina del Vaticano II, confirmada por el código de derecho canónico de 1983, el cual proclama que el sujeto (el posesor) de la suprema autoridad de la Iglesia es el colegio de obispos juntamente con el papa, esto es contrario a la doctrina definida del concilio de Florencia y del concilio Vaticano I.

La herejía enseñada en el código de derecho canónico de 1983, y las prácticas pecaminosas sancionadas por el mismo. El código de derecho canónico de 1983 contiene la herejía del Vaticano II concerniente a la unidad de la Iglesia, contenida en Lumen Gentium. También permite el sacrilegio al Sagrado Sacramento, mediante la aprobación de su recepción por no-católicos, lo cual es pecado mortal, y permite communicatio in sacris con no-católicos, lo cual es pecado mortal. Además, el Directorio Ecuménico de 1993 permite prácticas ecuménicas que siempre han sido enseñadas por la Iglesia como pecados mortales.

Como la nueva misa de 1969 es falsa y un acto de adoración no-católico, en tanto cuanto es la expresión litúrgica de las herejías del Vaticano II.

    Como la nueva misa de 1969 es falsa y un acto de adoración no-católico, en tanto cuanto es la expresión litúrgica de las herejías del Vaticano II;

    fue compuesta con el expreso propósito de hacer una liturgia ecuménica, agradando a protestantes, despojándola de las verdades Católicas concernientes al sacerdocio, el Santo Sacrificio de la Misa, y la presencia real de Cristo en la Sagrada Eucaristía;
    fue compuesta con la ayuda y aportaciones de seis ministros protestantes, lo cual muestra el espíritu herético con el cual fue concebida y formulada;
    sus autores sistemáticamente eliminaron de sus oraciones y enseñanzas, doctrinas que serian ofensivas para los herejes;
    enseña, ya sea mediante sus simbolismo y gestos, herejías y errores concernientes al sacerdocio, el Santo Sacrificio de la Misa, y la presencia real de Cristo en la Sagrada Eucaristía;
    Muy probablemente es invalida debido a un defecto de intención lo cual causa en la persona que la celebra, y lo hace suyo, por lo menos en la versión vernácula, una alteración blasfema de las palabras de Cristo en la formula de la consagración;
    la versión original contenía la herejía Arriana en la cuarta oración eucarística, al decir a Dios Padre: “Tu solo eres Dios”, sin ninguna referencia a las otras personas.

La heteropraxis de la religión del Vaticano II, esto es, la confirmación de la naturaleza herética del Vaticano II mediante la común observancia y practicas de la religión del Vaticano II, ya sea oficialmente practicada y proclamada por su jerarquía, o simplemente aprobada a través de un silencio a nivel universal. Ese Vaticano II de hecho inserto dentro de las instituciones de la Iglesia Católica una religión nueva y falsa lo cual se puede ver a raíz de años de abominables practicas. Estas incluyen:

    pecados en contra del primer mandamiento de Dios en la forma de servicios ecuménicos de todo tipo;
    (b) practicas pastorales y litúrgicas las cuales implícitamente perdonan los pecados de homosexualidad;
    aberraciones litúrgicas profanas y raras, en ocasiones usando mujeres vestidas en forma indecente y/o ritos derivados del paganismo;
    la destrucción del Sacramento del Matrimonio mediante la indiscriminada concesión de anulaciones, y por falsas razones;
    la implícita, o en ocasiones explicita aprobación de métodos artificiales de control de natalidad;
    el reinado de la herejía en seminarios, universidades y escuelas parroquiales Católicas;
    la alteración substancial del sacramento de la extrema unción mediante el otorgamiento a aquellos que no están próximos de morir;
    la practica de la comunión en la mano, con el resultado de que muchas veces lo que se supone es el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo es tratado en una forma gravemente sacrílega.

Como los sacramentos han sido alterados substancialmente, llevándolos en muchos casos a la invalidez o a la duda de la validez. La consagración Episcopal fue hecha inválida en el rito latino mediante la introducción del rito de ordenación de obispos de 1986. A pesar de que clama el usar una formula derivada de los ritos orientales, en realidad lo que fue tomado de estos ritos no fue la forma esencial de la consagración Episcopal, sino la ceremonia para la instalación de los patriarcas, quienes ya estaban consagrados. El rito de consagración de 1986 falla en mencionar la gracia de la dignidad Episcopal como la plenitud del sacerdocio.

No hay necesidad de mencionar la enormidad de este problema, ya que desde 1986 la validez de los obispos en el rito latino se ha extinguido gradualmente, y con ella la validez de los sacerdotes los cuales ellos intentan ordenar. Aparte de cualquier otra consideración del Vaticano II y sus efectos, esta es por mucho la peor. En turno, ha invalidado o promete invalidar cualquier otro sacramento a excepción del Bautismo y el Matrimonio.

Además, la validez de la Misa ha sido comprometida por la intención del rito, el cual es expresado en la Instrucción General. En este documento, las palabras de la consagración, formalmente separadas del resto del texto y en letras negras, son actualmente referidas como una institución narrativa. Pero si un Sacerdote, aun validamente ordenado, dice estas palabras meramente como una institución narrativa, el no consagra, faltando a la adecuada intención, el Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. De hecho, estas mismas palabras “Institución narrativa", en referencia a la sagrada declaración del sacerdote “Este es mi cuerpo", efectuando la transubstanciación, son prueba positiva del carácter protestante de la Nueva Misa.

La validez de la consagración del vino se hace dudosa por la falsa traducción de pro multis a por todos. Cualquiera con el conocimiento básico del griego original sabe que esta es una traducción incorrecta de estas muy sagradas palabras, de hecho una distorsión blasfema de las palabras de Nuestro Señor Jesucristo. Debido a que estas palabras son requeridas para la validez, la consagración del vino en la nueva Misa se hace dudosa, ya que la incorrecta traducción podría constituir una alteración substancial de la forma esencial.

Pero la religión del Vaticano II ha abandonado la idea de la necesidad de la materia y la forma, de cualquier modo, Juan Pablo II aprobó como validas las “Misas” de la Iglesia Asiría, una secta cismática que desciende de los Nestorianos, en donde las “Misas” no contienen palabras de consagración. Semejante aprobación abandona la práctica y enseñanza universal de la Iglesia concerniente a la validez de los sacramentos, y por lo tanto es herética.

Otras alteraciones han puesto en duda los Sacramentos de la Extrema Unción, Confirmación, y Ordenes Sacerdotales.

Las herejías que son públicamente profesadas por Benedicto XVI y otros miembros de la jerarquía Vaticana II. Benedicto XVI enseña entre otras, las siguientes herejías:

    Que el ecumenismo no busca que alguien de otra religión se convierta a la religión Católica.
    Que la espera mesiánica judía no es en vano.
    TQue existen buenas y perfectas razones para decir que el viejo testamento no se refiere a Nuestro Señor Jesucristo.
    Poner en duda el dogma de la supremacía de la jurisdicción del Romano Pontífice.
    El hecho de que el reconoce a obispos cismáticos como “pastores de la Iglesia”
    El hecho que espera que las sectas protestantes no se disuelvan, que por el contrario “que sean fortalecidas en sus confesiones y en sus realidades eclesiales.”
    Que la Iglesia Católica no tiene el derecho de absorber otras iglesias, que por el contrario una “unidad básica — de iglesias que permanecen iglesias, mas sin embargo llegan a ser una iglesia - debe remplazar la idea de conversión”.
    Que existe “La presencia salvadora de Nuestro Señor en la Evangelica (Protestante) Cena del Señor”.
    Que el protestantismo no es una herejía.
    Que la “validad de la liturgia depende principalmente, no en palabras especificas, pero en la comunidad de la Iglesia...”
    Que el bautizo de infantes es una practica cuestionable.
    Que la historia bíblica de la creación en parte esta basada en relatos paganos.
    Que el Corán, el cual explícitamente niega la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo y se refiere a las mujeres como ganado, es un libro sagrado de una gran religión la cual debe ser respetada.
    Que existen tales cosas como santos paganos.
    Que las religiones no-Católicas son medios de salvación.
    Que el término “pecado original” es engañoso e impreciso.
    Que la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo existe fuera de los límites de la Iglesia Católica.
    Que la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo esta dividida.
    Que la unidad de la Iglesia aun se encuentra en proceso de formación.
    Que es importante que cada uno pueda pertenecer a la religión de su gusto.
    Que no ocurrirá la resurrección de los cuerpos de la muerte.
    Que en la Sagrada Eucaristía, “Cristo esta en el pan”, consecuentemente exponiendo la doctrina de Lutero de la emanación o consubstanciación.

Esta lista podría ser mas larga, pero el espacio no nos permite seguir elaborando sobre el mismo. (Si alguien desea ver las referencias y citas las cuales sustentan estas acusaciones de herejía, las puede obtener solicitándomelas).

Como las cuatro marcas de la Iglesia Católica no se encuentran en la nueva religión del Vaticano II. Las cuatro marcas de la Iglesia, encontradas en el Credo de Nicea, son las características esenciales de la verdadera Iglesia de Cristo, mediante las cuales se distingue de las sectas falsas. Pero estas cuatro marcas — Una, Santa, Católica y Apostólica - faltan en la religión del Vaticano II.

La nueva religión no es santa por (1) su pública profesión y promulgación de la herejía con respecto a ambas cosas, Fe y morales; (2) sus falsas y perversas disciplinas; (3) los graves pecados en contra del primer mandamiento los cuales perdona y promueve en el nombre de ecumenismo.

La nueva religión no es una, porque la unidad de Fe ha sido completamente destruida en ella. Ha perdido su unidad de la Fe con los tiempos anteriores de la Iglesia, debido a que se ha separado de las doctrinas ancestrales. Además, ya no tiene unidad de Fe consigo misma. De hecho toda aberración doctrinal es permitida. El único pecado doctrinal después del Vaticano II es la adherencia a la Fe Católica como Una, verdadera Fe.

La nueva religión no es católica, o Universal, ya que sin la unidad doctrinal, sin consistencia con el pasado, es imposible la Catolicidad. Catolicidad no es otra cosa que ser una, por ejemplo una Fe, una disciplina, y una liturgia, aplicada a todos los lugares y tiempos en el mundo. Pero ya he mencionado de muy distintas maneras la ruptura con el pasado, así como el caos doctrinal, disciplinario y litúrgico que actualmente existe en la nueva religión. Por lo tanto, no existe ninguna marca de Catolicidad.

Finalmente no existe apostolado. La religión del Vaticano II ha disuelto los lazos de unidad con los apóstoles en la doctrina, liturgia y disciplina. Ha roto la línea de sucesión apostólica mediante la inválida consagración de obispos. Ha alterado la constitución apostólica de la Iglesia Católica mediante la alteración de la noción y rol del Romano Pontífice.

En resumen, la nueva religión no es nada más que una secta no-Católica, una más de las muchas que han nacido en los últimos dos mil años en un intento en alterar la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo.

Por esta razón, después de mucha oración y reflexión, he decidido dejar esta religión la cual es ajena a la Fe Católica como la ha sido siempre conocida y practicada, y apreciada por mis antepasados Católicos. Yo quiero morir en la misma Fe que ellos murieron, y no en el modernismo. Yo quiero ser un verdadero sacerdote Católico, y decir una Misa valida y Católica, la cual durante siglos santificó a las almas de manera muy eficaz, y construyó la Iglesia en una estructura magnifica como lo era en 1958, cuando falleció el Papa Pió XII.

Desde ese fatídico día de su fallecimiento, la Iglesia Católica ha caído en una espiral de declive, inmoralidad, y mala fortuna. Ha sido reducida, miserablemente, a un pequeño número de fieles que se han tomado la tarea de resistir la masacre del modernismo, condenada con tanta fuerza por San Pió X. Que Dios me de la gracia de vivir en la Verdad y en un Sacrosanto Sacerdocio, y morir en la Sagrada Fe de nuestros antepasados.

— Rvdo. P. Michael Oswalt

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16 septiembre 2012 7 16 /09 /septiembre /2012 01:31


http://www.cmri.org/pictures/carmona.jpg
(Carta de Monseñor Moisés Carmona)

Monseñor Moises Carmona

 

Mi querido y verdadero amigo:

En respuesta a su carta, debo decirle lo siguiente.

Es claro que en normales circunstancias, ningún obispo puede consagrar lícitamente a otro obispo. Sin embargo, actualmente estamos viviendo en circunstancias que no son normales y que constituyen un caso inusual para lo cual nada está claramente legislado. Tres cosas caracterizan nuestra sutuacion actual:

1) Desde la muerte de Pío XII, no hemos tenido sino impostores, lo cual significa que por cerca de veinte años la Sagrada Sede ha estado vacante.

2) Casi el episcopado entero se ha embarcado en una nueva religión, y por lo tanto ha apostatado de la verdadera Fe, renunciando a la eterna Iglesia.

3) El hambre de los verdaderos fieles por la palabra de Dios, la cual ya no les esta siendo predicada, y la solicitud que ellos nos hacen de la administración de los sacramentos Católicos.

En un principio, pusimos nuestras esperanzas en el Arzobispo Lefebvre, en quien vimos a un verdadero obispo Católico, un defensor de la Fe verdadera, con quien la sucesión apostólica legítima continuaría; pero hemos sido engañados. Lefebvre ha sido afectado; nos hemos sentido traicionados viéndolo hacer tratos con el vaticano desde donde todos los golpes contra la verdadera Iglesia han venido.

Si bien el hombre falla, Dios no puede hacerlo, tampoco puede El abandonar a Su Iglesia. Esta es la razón por la cual, providencialmente y en su tiempo oportuno, el muy ilustre y humilde Arzobispo de Hue, Vietnam, con sus valientes declaraciones, ha presentado a todos los hombres el desastroso estado en el cual la Iglesia se encuentra a si misma ante los ojos de Dios. El declaró la vacante de la sagrada sede y la invalidez de la “Nueva Misa”, comprometiéndose a sí mismo como un Arzobispo Católico que haría por la Iglesia todo lo que él pudiese y debiese hacer.

El episcopado fue ofrecido a mi persona. Tuve que pensar mucho acerca de esto antes de que pudiese decidir. Al final, Acepté por la sola razón de ayudar en el rescate y triunfo de la Iglesia.

En Octubre 17, el Padre Zamora y yo, fuimos consagrados por el Arzobispo Thuc prácticamente en una catacumba, con sólo dos distinguidos doctores como testigos. Ambos fuimos conscientes de las furiosas tormentas de protesta que vendrían, pero las palabras de nuestro Divino Maestro nos alentaban: “Llorarás y te lamentarás, mientras el mundo se regocija; y estarás triste, pero tu tristeza sera tornada en júbilo” (Juan 16:20).

En nuestro regreso a México, los ataques empezaron. Algunos dijeron, sin ningún fundamento, que nuestras consagraciones eran inválidas porque habíamos sido consagrados con el nuevo rito; otros, más serios, dijeron que basados en el Canon 953 y 2370, las consagraciones eran válidas pero ilícitas, y que consecuentemente habíamos sido suspendidos.

Como podemos ver, nuestros detractores ignoraron el axioma Qui cum regula ambulat, tuto ambulat — “El que con la regla camina, camina seguro.” Ellos deben recordar, si lo han olvidado, que el Papa Gregorio IX dejó once reglas y Bonifacio VIII ochenta y ocho para la interpretación verdadera de la ley. Estas reglas, de acuerdo al Canon 20, pueden suplir el defecto de la regla en un caso particular, como en el caso en el que actualmente nos encontramos a nosotros mismos. Consecuentemente, la cuarta regla de Gregorio IX expresamente declara: Proper necessitatem, illicitum efficitur licitum — “La necesidad hace lícito lo que era ilícito.”

La necesidad de tener obispos y sacerdotes Católicos y la falta de los sacramentos verdaderos pueden ser vistas fácilmente; por lo tanto fuimos válida y lícitamente consagrados.

La regla 88 de Bonifacio VIII también expresamente declara Certum est quod is committit in legem qui legem verbum complectens contra legis nititur— “Cierto es que peca contra la regla quien se apega a la letra y deja de lado el espíritu.” Por lo tanto, es injusto imputar al legislador un deseo de dañar grandemente a la Iglesia durante la vacante de la Sagrada Sede al prohibir la ordenación de obispos y sacerdotes y la administración de los sagrados sacramentos a los fieles que los solicitan.

Por lo tanto, al aceptar la consagración episcopal de parte del Arzobispo Thuc, hemos confiado en el respaldo de estas reglas, conscientes y ciertos de que habríamos pecado , si al respaldarnos en la letra [de la ley] rechazáramos las consagraciones, puesto que habría solamente un obispo Católico para transmitir la sucesión episcopal.

[Breve párrafo de poca relevancia se omite aquí.]

Por favor, acepte mi más sincero afecto. Ruego a Dios continúe iliminándole de manera que pueda continuar en la batalla, defendiendo los derechos de Cristo y Su Iglesia, ahora tan lastimosamente ofendidos por aquellos que tinen el deber de defenderlos, incluso a costa de sus vidas.

Sinceramente suyo,


Moisés Carmona R
Mayo 18 de 1982

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10 septiembre 2012 1 10 /09 /septiembre /2012 02:49

http://www.sodalitium.eu/images/benvenuto_files/001_SignatureAccordLefebvre1988.jpg

 

EN EL MES DE MAYO DEL PRESENTE AÑO 2012, EL PADRE FRANCESCO RICOSSA, SUPERIOR GENERAL DEL INSTITUTO MATER BONI CONSILII HIZO EL SIGUIENTE ANÁLISIS SOBRE LAS RELACIONES ENTRE LA FSSPX Y LA ROMA CONCILIAR, ESPERAMOS QUE SEA DE SU INTERÉS:

 

Un edificio construido sobre la arena…

El 9 de mayo del corriente año se hizo público un intercambio de correspondencia entre los obispos consagrados por Mons. Lefebvre en 1988, acerca de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y de la eventualidad de aceptar la propuesta de reconocimiento canónico, con ciertas condiciones, de dicha Fraternidad por Benedicto XVI. Más precisamente, se trata de una carta del 7 de abril del 2012, dirigida al Consejo general de la FSSPX por los obispos Alfonso de Galarreta, Bernard Tissier de Mallerais y Richard Williamson, y de la respuesta del 14 de abril firmada por los tres miembros del Consejo general: Mons. Bernard Fellay, Superior General, y sus dos asistentes, Niklaus Pfluger y Marc-Alain Nély. La autenticidad de las cartas fue confirmada el 11 de mayo por un comunicado de la Casa Generalicia de la FSSPX, que acusó de falta grave al anónimo divulgador de la correspondencia. La primera consecuencia oficial de la revelación de la carta de los tres obispos fue tomada ayer, 16 de mayo, durante la habitual reunión de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que decidió que “respecto a las posiciones adoptadas por los tres obispos de la Fraternidad San Pío X, su situación deberá ser tratada separada y singularmente” (separadamente de la de Mons. Fellay). 

 A una primera lectura, los autores de la carta del 7 de abril parecen estar –desde un punto de vista doctrinal, pastoral y también humano– en las antípodas de su colega y superior Mons. Fellay, y viceversa. Los tres primeros se oponen valientemente a la doctrina del Vaticano II y a aquella “subjetivista” de Joseph Ratzinger; estiman por lo tanto imposible un acuerdo doctrinal e inaceptable un acuerdo práctico con Benedicto XVI, y consideran que dicho acuerdo conducirá a la FSSPX a la ruina. Por el contrario, Mons. Fellay y sus asistentes piensan que el Vaticano II debe solamente ser interpretado según la Tradición, según la intención manifestada por Benedicto XVI, y que rechazar el reconocimiento canónico de la FSSPX equivale de hecho a tomar una posición cismática, si no sedevacantista, al rechazar la autoridad del Papa. De allí la tentación de los católicos de alinearse del lado de una u otra parte de los dos ejércitos en batalla. 

 En realidad, los cuatro obispos consagrados por Mons. Lefebvre están menos alejados entre ellos de lo que parece: llegan a conclusiones opuestas, pero lo hacen partiendo de los mismos principios. En efecto, los cuatro sostienen, al menos de hecho, como primera, última y suprema referencia la autoridad de Mons. Lefebvre –del cual se proclaman herederos– más que la de la Iglesia. Los cuatro se dicen en comunión con Joseph Ratzinger-Benedicto XVI. Los cuatro consideran, al menos de hecho, que la Iglesia y su Jefe visible, el Papa, son falibles, y que en los últimos cincuenta años (si no incluso constantemente, desde San Pedro, como pretende Roberto De Mattei en su ensayo “Apologia della Tradizione”), han caído en el error. Sus divergencias son atribuibles al hecho de que ponen de relieve uno u otro aspecto de la doctrina y praxis de Mons. Lefebvre: la existencia de errores en el Vaticano II, por un lado; la legitimidad de los “Papas” que difundieron y confirmaron estos errores, por el otro (con la consecuencia, común a ambos, que la Iglesia y el Papa serían –a veces sí, a veces no– fuente de errores). 

 La historia de la Fraternidad, dijo un día Mons. Lefebvre, es la historia de sus cismas. La causa principal de estos cismas, que llegaron ahora a la cima de esta sociedad, debe buscarse en la posición existente desde su fundación y adoptada luego definitivamente por la FSSPX entre 1979 y 1981: atribuir los errores “conciliares”, que no son otra cosa que la reedición del Modernismo condenado por San Pío X como la reunión de todas las herejías (y en consecuencia como una “súper-herejía”, según la expresión condenada por Mons. Fellay), al Papa legítimo y a la Iglesia, y entonces, en última instancia, al mismo Cristo que gobierna Su Iglesia, y al Espíritu de Verdad. 

 ¿Qué sucederá, quizás dentro de poco? No somos profetas. Sin duda, una vez más, los Modernistas han logrado hábilmente sembrar la división. 

¿Cuáles son los riesgos que, al término de este análisis, denuncia nuestro Instituto? 

El primero: que una buena parte de los fieles, detrás de Mons. Fellay, siga el proceso –comenzado desde hace mucho tiempo– de aceptación de la teoría y de la praxis del Modernismo agnóstico ratzingeriano. 

El segundo: que una u otra parte de los fieles, detrás de los otros tres obispos, o solamente de uno de ellos, siga el proceso ya avanzado de constitución de una pequeña iglesia galicana, hostil casi instintivamente al Papado y a la Iglesia Romana.

El tercero (pero no el último): que unos y otros persistan en los principios erróneos que Mons. Lefebvre, conscientemente o no, puso a la base de su edificio, y que han conducido al actual desastre. Un pequeño error en los principios se vuelve grande en sus conclusiones, y un edificio construido sobre la arena no resistirá a la prueba de los hechos. 


Nuestro Instituto denuncia los errores modernistas que comenzaron con el Vaticano II y las reformas que le siguieron. 

Afirma que tales errores no pueden venir de la Iglesia ni de un Pontífice legítimo. Recuerda que no se puede estar en comunión con quien no profesa íntegramente la Fe Católica.

Pone en guardia contra los errores profesados desde siempre por la FSSPX y por sus comunidades amigas, sea que estos errores lleven a un acuerdo con los Modernistas, sea que lleven contrariamente, siguiendo a uno o a varios obispos, a una resistencia a aquellos que son considerados como las autoridades legítimas. 

Constata que la tesis teológica sobre la situación actual de la Autoridad en la Iglesia de Mons. Guérard des Lauriers O.P., es hoy y siempre la más adecuada para fundar sólidamente la perseverancia en la Fe, y entonces poder enfrentar y vencer, con la gracia de Dios y la intercesión de María, a la herejía modernista que arruina y pierde las almas.   

Padre Francesco Ricossa

Verrua Savoia, 17 de mayo de 2012, Ascensión del Señor

Fuente: www.sodalitium.it

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20 agosto 2012 1 20 /08 /agosto /2012 04:48

El Grano de Incienso:
Los Sedevacantistas y las Misas Una Cum
— R.P. Anthony Cekada —
www.traditionalmass.org

 

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Estimado lectores,

 

   después de varias semanas en silencio, sin escribir ningún artículo, por fin, hénos aquí de regreso para continuar desde nuestro pequeño rincón, el combate que queremos llevar por la Realeza de Nuestro Señor.

   Si bien no hemos escrito en el blog, no hemos, por otro lado, estado inactivos: hemos podido permanecer en contacto con lectores de nuestra página deseando profundizar las cuestiones aquí tratadas, pero sobre todo -y es lo que nos llena aún más de satisfacción- hemos permanecido en contacto con algunos sacerdotes que nos han animado en nuestro combate, ayudándonos con sus oraciones, y permitiéndonos el libre uso de sus textos para presentárselos a ustedes. Con mucho gusto hemos mantenido contacto con sacerdotes de la Fundación San Vicente Ferrer, a quienes agradecemos sus comentarios y oraciones, y con el padre Romero, director de la Revista Integrismo, desde Argentina, así como con sacerdotes del Instituto Mater Bonii Consilii, nuestro más querido compañero de combate. Desde aquí enviamos un saludo de corazón a todos ellos, y pedimos sus oraciones al pie del Altar y su bendición sacerdotal.

 

 

   En esta ocasión presentamos a ustedes el documento "El Grano de Incienso" por el R.P. Anthony Cekada. Dicho texto trata de la cuestión de la asistencia a la misa dicha en unión con Ratzinger.

   La experiencia nos ha enseñado que muchos son los sedevacantistas que, sin mayor problema de conciencia, asisten voluntariamente a dichas misas -de manera general oficiadas por sacerdotes lefebvristas o sacerdotes ecclesia dei-. La misma experiencia nos ha mostrado que, casi de manera exclusiva, son quienes adhieren a la Tesis de Cassiciacum quienes defienden con más ahinco la NO ASISTENCIA a dichas misas.

 

   Sin embargo, creemos que el tema no se restringe únicamente a las trincheras que defienden la vacancia del Trono de San Pedro: pensamos que importa mucho que quienes nos conocen -mal- conozcan nuestra posición con respecto a la asistencia a la misa una cum Benedicto.

 

   Entendemos que el texto es denso y quizás complicado. Pero pensamos que vale la pena echarle un vistazo.

 

   Desde nuestro humilde pedazo de tierra profesamos públicamente, pues, la NO ASISTENCIA A LA MISA DICHA EN UNIÓN A RATZINGER-BENEDICTO XVI.

 

   Que la Virgen Santíma les bendiga. Feliz y santo año 2012 a ustedes. 

 

Juan Manuel Olivar y Diego Olivar

 

 

 

http://ddata.over-blog.com/2/35/00/25/abbe-romero/-Nuevo-/SedesUnaCum.esp.pdf

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16 agosto 2012 4 16 /08 /agosto /2012 05:54

Estimados lectores:

 

Ahora les presentamos un artículo elaborado por Mons. Mark Anthony Pivarunas de la CMRI. Esperemos que les agrade.

 

Gloria a Dios, fidelidad a la Iglesia, caridad para el prójimo.

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El Sedevacantismo es la posición teológica de aquellos católicos tradicionales que muy ciertamente creen en el papado, en la infalibilidad papal y en la primacía del Romano Pontífice, y pero no obstante, no reconoce a Juan Pablo II como legítimo sucesor de Pedro en el primado. En otras palabras, no reconocen a Juan Pablo II como un verdadero papa. La palabra “sedevacantismo” está compuesta de dos palabras latinas que juntas significan “la Silla está vacante.” A pesar de varios argumentos alzados contra esta posición — basados en la falsa idea de que el papa no puede hacer nada malo, o que es una reacción emocional a los problemas de la Iglesia — la posición sedevacantista se fundamenta en las doctrinas católicas de la infalibilidad e indefectibilidad de la Iglesia, y sobre la opinión teológica del gran teólogo eclesiástico San Roberto Belarmino.

Como introducción a este a artículo, dejemos que el católico tradicional se pregunte primeramente a sí mismo por qué es un católico tradicional. ¿Por qué no asiste a la Misa del Novus Ordo? ¿Por qué rechaza las enseñanzas del II Concilio Vaticano sobre Ecumenismo y Libertad Religiosa? ¿Por qué rechaza el nuevo código de Derecho Canónico (1983) en el cual, bajo ciertas circunstancias, los cismáticos y herejes pueden, sin abjurar de sus errores y una profesión de la Fé Católica, recibir de un sacerdote católico los sacramentos de Penitencia, Extremaunción, y Sagrada Eucaristía? Si el católico tradicional responde correctamente la primera pregunta, declararía de la manera más simple que la Nueva Misa es, sin duda alguna, un peligro para su fe y que debido a los cambios radicales en el Ofertorio y en la Consagración, es cuestionable que la transubstanciación siquiera tome lugar. En respuesta a la segunda pregunta, el católico tradicional declararía apropiadamente que las instrucciones que se hallan en los decretos sobre Ecumenismo y Libertad Religiosa del Vaticano II han sido condenadas por otros papas anteriores, particularmente por el Papa Pío IX en el Syllabus de Errores. Por último, a la tercera pregunta, el católico tradicional seguramente respondería que semejante ley del nuevo código jamás podrá considerarse como una verdadera legislación a seguir, ya que los sacramentos serían sacrílegamente administrados a herejes y cismáticos.

Cuán apropiadamente el finado Arzobispo Marcel Lefébvre, en ocasión de su Suspension a divinis por Pablo VI, escribiera la siguiente reflección el 29 de junio de 1976:

    “Que la iglesia conciliar es una iglesia cismática, porque rompe con lo que la Iglesia Católica que siempre fuera. Tiene sus nuevos dogmas, su nuevo sacerdocio, sus nuevas instituciones, su nuevo culto, todo condenado ya por la Iglesia en muchos documentos oficiales y definitivos.

    “Esta Iglesia Conciliar es cismática, porque ha tomado como base para su actualización principios que se oponen a los de la Iglesia Católica, tales como un nuevo concepto de la Misa expresado en los números 5 del Prefacio (decreto) al Missale Romanum y 7 de su primer capítulo, los cuales confiere a la asamblea un rol sacerdotal que no puede ejercer; de igual manera el derecho natural — es decir, divino — de cada persona y de cada grupo de personas a la libertad religiosa.

    “Este derecho a la libertad religiosa es blasfemo, porque atribuye a Dios propósitos que destruyen Su Majestad, Su Gloria, Su Reinado. Este derecho implica libertad de conciencia, libertad de pensamiento, y todas las libertades Masónicas.

    “La Iglesia que afirma tales errores es por completo cismática y hereje. Esta Iglesia Conciliar no es, por lo tanto, Católica. En la medida en que el Papa, los obispos, sacerdotes o fieles se adhieran a esta nueva Iglesia, se separan ellos mismo de la Iglesia Católica.”

Dejemos que los Católicos tradicionales, especialmente los miembros de la Sociedad de San Pío X, se pregunten a sí mismos hasta qué punto el Papa, los obispos, sacerdotes, y laicos se han adherido a esta nueva iglesia que, como reflejó el Arzobispo Lefébvre, los habría separado de la Iglesia Católica. Juan Pablo II se adhiere por completo a la Iglesia Conciliar. Él mismo respalda la Misa del Novus Ordo y las falsas enseñanzas del Vaticano II. Él mismo ha promulgado el Nuevo Código de Derecho Canónico (1983). Él mismo ha practicado el falso ecumenismo y el herético indiferentismo religioso en Asís, Italia, el 27 de octubre de 1986, ¡por la atroz convocación de todas las falsas religiones del mundo para orar a sus falsos dioses por la paz mundial!

Tan desagradaable como resulte este tema, los católicos tradicionales se encuentran confrontados por terribles y candentes preguntas:

    ¿Es la Iglesia Conciliar, la Iglesia Católica?

    ¿Es Juan Pablo II, como cabeza de la Iglesia Conciliar, un verdadero papa?

El sedevacantista respondería sin vacilación e inequívocamente que no.

Pensar de otro modo, responder que sí a las preguntas anteriores, sería implicar que la Iglesia Católica ha fallado en su propósito, que la Iglesia de Cristo no es infalible e indefectible, que el Papa no es la roca sobre la cual Cristo fundó su Iglesia, que la promesa del Cristo de estar con Su Iglesia “todos los días hasta la consumación del mundo,” y que la asistencia especial del Espíritu Santo le ha fallado a la Iglesia — conclusiones que ningún católico tradicional podría jamás mantener. Consideren la siguiente cita del Concilio Vaticano I (1870):

    “Porque los padres del Cuarto Concilio de Constantinopla, siguiendo fielmente los pasos de sus predecesores, hicieron esta solemne profesión: ‘La primera condicion para la salvación es mantener la norma de la verdadera Fe. Porque es imposible que las palabras de nuestro Señor Jesucristo, quien dijo: “Tú Eres Pedro, y sobre esta roca construiré mi Iglesia” (Mateo 16:18) no sean ciertas. Y su verdad ha sido probada por el curso de la historia, porque en la Sede Apostólica la religión católica siempre se ha mantenido pura y sus enseñanzas sagradas.’ ...porque ellos se dieron cuenta de que esta Sede de San Pedro siempre se mantiene libre de cualquier error, de acuerdo con la divina promesa de nuestro Señor y Salvador hecha al príncipe de sus discípulos: ‘He rogado por ti para que tu fe no perezca, y tú, una vez conviertido, confirma a tus hermanos’ (Lucas 22:32).”

El Papa León XIII, en su encíclica Satis Cognitum, enseñó que la Autoridad Docente de la Iglesia no puede estar jamás en el error:

    “Si (el magisterio viviente) pudiera de alguna manera ser falso, le seguiría una evidente contradicción, porque entonces Dios mismo sería el autor del error.”

¿Cómo puede un católico tradicional rechazar por una parte la Nueva Misa, las enseñanzas heréticas del Concilio Vaticano II y del Nuevo Código de Derecho Canónico (1983), y por otro lado continuar reconociendo como papa al mismo que oficialmente promulga e impone tales errores?

Para considerar otro asunto más, ¿son la fe y el gobierno del católico tradicional los mismos que el de Juan Pablo II y su Iglesia Conciliar? ¿Creen los católicos tradicionales en las mismas doctrinas que Juan Pablo II y su Iglesia Conciliar acerca de la Nueva Misa, el falso ecumenismo y la libertad religiosa?

¿Están los católicos tradicionales sujetos a la jerarquía local y, por último, a Roma?

El Papa Pío XII, en su encíclica El Cuerpo Místico de Cristo, enseñó:

    “Se entiende que todos aquellos que están divididos por la fe y el gobierno no pueden convivir en este único Cuerpo, y no pueden vivir la vida de su único Espíritu Divino.”

¿Están los católicos tradicionales unidos o divididos por la fe y el gobierno con la Iglesia Conciliar?

El sedevacantista reconoce honestamente que su fe no es la misma que la de Juan Pablo II y su Iglesia Conciliar. Reconoce que no está sujeto ni sumiso a Juan Pablo II. Como católico tradicional, el sedevacantista cree y profesa todas las enseñanzas de la Iglesia Católica, y esta profesión de la verdadera Fé incluye un rechazo de las falsas enseñanzas del Vaticano II (“todas ya condenadas por la Iglesia en muchos documentos, oficiales y definitivos” — Arzobispo Marcel Lefébvre (29 de junio de 1976).

Durante la primera oración del Canon de la Misa tradicional, que comienza el Te igitur, el sacerdote, en tiempos normales, recitaría una cum papa nostro N. (Uno con nuestro papa N.). ¿Qué significado tiene esta corta frase — una cum, uno con? Uno en la fe, uno en el gobierno, uno en la Misa y los Sacramentos — unidos — ¡éste es el significado! ¿Puede un sacerdote tradicional honestamente recitar en el Canon de la Misa que él es una cum Juan Pablo II? ¿En qué es él una cum Juan Pablo II? En las enseñanzas conciliares, en el gobierno, en la Nueva Misa oficial y los Sacramentos — ¿es realmente una cum?

Una última consideración sobre este tema del sedevacantismo es la manera en que han ocurrido todas estas cosas. ¿Cuándo tuvieron lugar? ¿Cómo tuvieron lugar? Este es un asunto en que los mismos sedevacantistas difieren. Algunos sostienen que las elecciones pontificias fueron inválidas basadas en la Bula del Papa Pablo IV en 1559, Cum ex apostolatus:

    “Si alguna vez, en algún momento pareciera que... el Romano Pontífice se desviara de la Fe Católica o cayera en alguna herejía antes de asumir el Papado, dicha asunción, aún si fue hecha con el consentimiento unánime de todos los cardenales, quedará nula, inválida, y anulada; tampoco podrá decirse que se torne válida o se considere legítima en modo alguno, ni se piense dar a tales personas el poder de administrar asuntos temporales o espirituales, sino que todo lo dicho, hecho, y administrado por ellos carecerá de toda fuerza y no tendrá autoridad en lo absoluto ni derecho sobre persona alguna, y que tales personas por ese mismo hecho (eo ipso) y sin ninguna declaración requerida sea privado de toda dignidad, lugar, honor, título, autoridad, oficio y poder.”

Algunos sedevacantistas citan el Código de Derecho Canónico (1917), Canon 188, No. 4:

    “Todos los puestos quedarán vacantes ipso facto (sin que se requiera una declaración) por renuncia tácita... #4 por abandono público de la Fe Católica.”

Otros sostienen la opinión de San Roberto Belarmino en De Romano Pontifice (Capítulo XXX):

    “La quinta opinión (concerniente a un papa hereje) es por tanto verdadera; un papa que se manifieste hereje, por ese mismo hecho (per se) cesa de ser papa y cabeza (de la Iglesia), así como por lo mismo deja de ser cristiano (sic) y miembro del cuerpo eclesiástico. Este es el juicio de todos los primeros Padres, que enseñaban que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción.”

El Papa Inocencio III, citado por el teólogo Billot en su Tract. de Ecclesia Christi, pág. 610, dice:

    “La fe es para mí necesaria hasta el punto de que, teniendo a Dios como único juez en otros pecados, puedo sin embargo ser juzgado por la Iglesia por pecados que pueda haber cometido en asuntos de la fe.”

Basta decir que el tema del papa es difícil, desagradable, y causa temor; sin embargo es un asunto importante y necesario que no puede evadirse.

En conclusión, que no se diga que el sedevacantista rechaza el papado, el primado, o la Iglesia Católica. Por el contrario, es a causa de su creencia en el papado y el primado, la infalibilidad e indefectibilidad de la Iglesia Católica, que rechaza a Juan Pablo II y a su Iglesia Conciliar.

Para el sedevacantista, la Iglesia Católica no puede fallar, ni ha fallado. La gran apostasía anunciada por San Pablo en su Epístola a los Tesalonicenses ha tenido lugar:

    “Que nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá el día del Señor sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios, haciéndose pasar por Dios.... Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene, a fin de que a su debido tiempo se manifieste. Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; con tal que quien ahora lo detiene, siga deteniendo, hasta que sea a su vez quitado de en medio. Y entonces se manifestará aquel inicuo...” (2 Tes. 2:3-8).

¿Quién es éste “que ahora lo detiene... hasta que sea a su vez quitado de en medio, y entonces se manifestará aquel inicuo”? Quizás el Papa León XIII tiene la respuesta en su Motu Proprio del 25 de septiembre de 1888, cuando escribió en su invocación a San Miguel:

    “Estos enemigos tan mañosos han llenado y embriagado con hiel y amargura a la Iglesia, esposa del Cordero inmaculado, y han colocado manos impías en sus posesiones más sagradas. En el mismo lugar santo, donde se alza la Sede del más santo Pedro y la Silla de la Verdad para luz del mundo, han levantado el trono de su más abominable impiedad con el inicuo concepto de que cuando al Pastor se le derribe, las ovejas podrán dispersarse.”

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16 agosto 2012 4 16 /08 /agosto /2012 01:55

    Estimados lectores:442px-Emblem of the Papacy SE svg

 

Ofrecemos ahora a nuestros lectores un artículo de la revista Sodalitium; se trata de la respuesta al artículo sobre el sedevacantismo en la revista de la fraternidad de Mons. Lefebvre (FSSPX) en Italia, "La Tradizione Cattolica".

   Gloria a Dios, fidelidad a la Iglesia, caridad para el prójimo. 



- Respuesta al número especial de "La Tradizione Cattolica" sobre el sedevacantismo.

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