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Presentación

442px-Emblem of the Papacy SE svgBienvenido a este blog de actualidad religiosa,de filosofía, de combate de la Verdad contra la secta modernista del "Concilio Vaticano II", de honor, amor y fidelidad al Magisterio infalible de la Santa Iglesia Católica, y de discusión sobre la actualidad de Méjico.
   Este blog pretende también reunir las direcciones de los centros de Misa y de sacerdotes NON UNA CUM, celebrando el Santo Sacrificio en total desunión a "Benedicto XVI" en México.

   No reconocemos, pues, la legitimidad de la autoridad de los "Papas del Concilio" Vaticano II. Estamos ciertos de que solamente esta posición, también llamada sedevacantismo, es la posición teológica que responde perfectamente a la situación actual de la Autoridad en la Iglesia, en particular detallada por la Tesis de Cassiciacum.

   Le invitamos a leer nuestro blog detalladamente. Permítanos presertarle nuestra postura teológica.

   Sea a la mayor gloria de Dios: 


El equipo de México y Tradición

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26 julio 2013 5 26 /07 /julio /2013 22:53

Estimados lectores:

 

Este extracto del estudio completo del blog Integrismo del P. Héctor Lázaro Romero será nuestra respuesta a un comentario de un lector que manifiesta "que la tesis es el reconocimiento de la inefectivilidad del sedevacantismo radical..." El mismo lector ni siquiera está al corriente que Mons. Guérard des Lauriers entregó su alma a Dios desde hace ya muchos años. Buena lectura.

 

El Equipo de México y Tradición.

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“Los frutos del sedevacantismo” según la TC: esterilidad, rencor, veneno… (págs. 48-49). Naturalmente, la FSPX es totalmente inmune a estas faltas…

Último argumento de la TC: la presunta “esterilidad” del sedevacantismo. “Por sus frutos los conoceréis”, dice el Evangelio, y “no falta quien piensa poder argumentar contra el sedevacantismo simplemente constatando su esterilidad” (TC, pág. 48). El autor del artículo arroja la piedra y esconde la mano, ya que en lo que respecta a este argumento, “nos contentamos con señalarlo sin darnos el lujo de aplicarlo nosotros mismos” (ibidem). Pero igual un poquitín lo aplica: “hay sin embargo en el sedevacantismo un factor constante de esterilidad que no depende de las buenas o malas intenciones, sino más bien de la situación objetiva en la cual se halla: sobre este peligro creemos poder expresarnos”. Y he aquí el “peligro” tal como lo ve la TC: el sedevacantista “medio” [?] “ya no tiene un verdadero interés en combatir por el triunfo de la verdad en una Iglesia que, de hecho, no puede considerar suya bajo ningún concepto”. Tranquilizaremos rápidamente a la TC: el triunfo de la verdad en la Iglesia nos interesa por encima de todo, y esto es tan verdadero para los sedevacantistas estrictos (P. Barbara, en su momento), como para los guerardianos que han contactado a los “obispos” conciliares para empujarlos a rever el Vaticano II; digamos más bien que “el triunfo de la verdad en la Iglesia” no se obtiene con tratativas que tienen como fin un compromiso completamente en perjuicio de la verdad.
Insiste la TC en explicar nuestra esterilidad: “forzoso es que a la larga el sedevacantismo derrame su propio rencor y su propio veneno no ya sobre el modernismo en cuanto tal” sino sobre la Fraternidad San Pío X: “de esto surge ciertamente una esterilidad crónica” (pág. 49). Cierto, escribimos a menudo sobre los errores de la Fraternidad, los cuales desgraciadamente no conciernen tanto directamente al reconocimiento de Juan Pablo II, como a verdades católicas (infalibilidad del magisterio, obediencia a las autoridades legítimas, imposibilidad de crear Tribunales eclesiásticos paralelos a los del Papa, o de negar la infalibilidad de las canonizaciones, etc.). Sin embargo, por hablar solo de Sodalitium, la cuestión “Fraternidad” es una entre tantas otras: hemos escrito artículos, dado conferencias y publicado libros sobre las encíclicas de Juan Pablo II, sobre Juan XXIII y la historia del Concilio, sobre las relaciones entre Iglesia y estado, sobre la cuestión judía, la Masonería, el gnosticismo, sobre la actualidad política o la filosofía tomista, y también sobre la vida espiritual, etc... Prácticamente todas las homilías dominicales versan sobre la vida cristiana a la cual consagramos las fatigas del ministerio, el Apostolado de la oración, la Cruzada eucarística, la escuela católica (junto a las religiosas de Cristo Rey), los ejercicios espirituales… El retrato que hace la TC del sacerdote y del fiel denominado “sedevacantista” no es un retrato, sino una caricatura.
“En fin, en las filas del sedevacantismo no falta quien espera ver (...) una capitulación general de la Fraternidad San Pío X, y se esfuerza entonces, desde hace décadas, en demostrar su inminencia” (pág. 49). Los esfuerzos no han sido muy difíciles, tanto más que la inminencia de la capitulación nos ha sido confirmada a menudo por sacerdotes mismos de la Fraternidad (que quizás escriben en la TC) y era incluso denunciada por un Obispo de la Fraternidad como una “traición”. En realidad, nosotros no deseamos esta “capitulación general”, como tampoco deseamos que la Fraternidad permanezca tal como es, cada vez más tendiente a convertirse (lo ha dicho el Padre Simoulin, superior del distrito italiano) en una “pequeña Iglesia”. Nosotros deseamos que la Fraternidad tome hasta el extremo la posición católica contra el modernismo. Mons. Guérard des Lauriers dijo y escribió siempre que, en ese caso, habría renunciado a ejercer su episcopado en cuanto Mons. Lefebvre hubiese finalmente cumplido plenamente con su deber. La esperanza de Mons. Guérard des Lauriers se vio defraudada: nosotros deseamos que algún día podamos combatir codo a codo con los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X, cuando profesen íntegramente la doctrina católica, y deseamos todavía más que este feliz acontecimiento se realice también para todos los demás sacerdotes católicos que erróneamente siguen el Concilio, a fin de que, abandonadas sus funestas ilusiones, retomen el camino interrumpido hace treinta años, para la gloria de Dios y la salvación de las almas. ¡Convierta el Señor también a los pueblos que, en siglos pasados, se separaron de Su Iglesia por la herejía y el cisma, y se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor!
Oremos:
“Dios omnipotente y eterno, que a todos salvas y que no quieres que ninguno perezca, dígnate guardar las almas engañadas por la astucia del demonio, a fin de que, renunciando a todas las perversidades de la herejía, sus corazones descarriados se arrepientan y retornen a la unidad de tu verdad” (Oración del Viernes Santo).
“Oh Dios, que corriges a los que están errados, reúnes a los dispersos y los conservas unidos, infunde sobre el pueblo cristiano la gracia de tu unión, a fin de que alejada toda división, sometido al verdadero pastor de tu Iglesia, pueda servirte dignamente” (Oración para extirpar el cisma).
“Te suplicamos humildemente, oh Señor, a fin de que tu inmensa piedad conceda a la Sacrosanta Iglesia Romana, un Pontífice que te sea siempre agradable por su santo celo hacia nosotros y sea siempre digno de reverencia entre tu pueblo por su saludable gobierno y para la gloria de Tu nombre” (Oración para la elección del Sumo Pontífice).
“Ut inimicos Sanctæ Ecclesiæ humiliare digneris, Te rogamus, audi nos” (Letanías de los Santos).

"RESPUESTA AL DOCUMENTO DE LA FRATERNIDAD SAN PÍO X SOBRE EL SEDEVACANTISMO", http:// integrismo.over-blog.com/ article-documentos-50950108.html

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Published by Juan Manuel Olivar Robles - en La Tesis de Cassiciacum
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26 julio 2013 5 26 /07 /julio /2013 22:30

Estimados lectores:

 

A continuación difundimos un artículo del P. Héctor Lázaro Romero tomado de su blog Revista Integrismo (cuyo enlace se encuentra más abajo) en el cual se pone en tela de juicio los argumentos de la Tradizione Catolica en contra de la Tesis de Cassiciacum de Mons. Guérard des Lauriers. Buena lectura.

 

El Equipo de México y Tradición. MONS. GUÉRARD

 

La última objeción especulativa de la TC a la sola Tesis de Cassiciacum es la de fundarse en un “juicio privado” (págs. 17-20; 34-39). Futilidad de esta objeción, que se reduce a las precedentes ya resueltas

La TC admite que los adherentes a la Tesis de Cassiciacum no pretenden reemplazar a la Iglesia al constatar la vacancia (formal) de la Sede Apostólica. Cuando decimos que Juan Pablo II no es formalmente Papa, no pretendemos hablar en nombre de la Iglesia ni con su autoridad (cf. Lucien, págs. 119-120); no solo la propia TC lo reconoce, sino que nos alaba por ello (págs. 17 y 34). Alabanza emponzoñada: en efecto, la TC pretende deducir justamente de esta afirmación, “gravísimas consecuencias”. Veamos si esto corresponde a la verdad… ¿Es lícito para un católico seguir un “juicio privado” en materia teológica? Y en nuestro caso concreto, ¿un “juicio privado” sobre el hecho dogmático “Juan Pablo II no es Papa” comporta “gravísimas consecuencias”?

Un “juicio privado”, o más bien una conclusión teológica, es una guía segura para el fiel en la medida en que dicha conclusión esté fundada en datos de la fe y un recto razonamiento. Es, por el contrario, ilícito oponer el propio “juicio privado” al que es considerado el magisterio de la Iglesia, como hace la Fraternidad San Pío X

¿Qué significa “juicio privado”? El juicio es la conclusión de un silogismo, de un razonamiento: si el razonamiento es correcto, el juicio será verdadero. Dado que estamos hablando de cosas de fe (la legitimidad de un Pontífice es un hecho dogmático que puede pertenecer al objeto material de la fe), el razonamiento en cuestión es un razonamiento teológico que, fundado sobre al menos una premisa de fe, puede llegar a una conclusión (llamada teológica) absolutamente cierta, es decir, propia para obtener la plena adhesión de la inteligencia a esta conclusión. A este juicio lo llamamos “privado” porque no lo emite la Iglesia, que está divinamente asistida, sino solamente teólogos (como lo era, indudablemente, el Padre Guérard des Lauriers) y fieles.
No vemos en sí cual sea el problema de principio que pueda plantear el hecho de sostener una tesis teológica como absolutamente cierta, y esto a la luz de la fe (lo que la Fraternidad hace tranquilamente, y con razón, a propósito del Concilio y la Reforma litúrgica). “Cierta”, porque rigurosamente demostrada (con aquellos argumentos que la TC omite exponer, para poder acusarnos de afirmar cosas gravísimas de modo arbitrario). “A la luz de la fe”, porque la Tesis se sirve en su demostración deductiva de una premisa de fe, unida a hechos de observación inmediata y al principio de no contradicción (cf. Lucien, pág. 11) (87). Para la TC, por el contrario, nuestro razonamiento sería largo, complejo, inaccesible al simple fiel (pág. 35), que debería fiarse ciegamente (con tendencias carismáticas) (ibidem) de sus guías… La elaboración del argumento es ciertamente compleja, pero no lo es la simple toma de conciencia del hecho de que un verdadero Papa no puede enseñar el error, darnos una misa mala, destruir (en la medida de lo posible) la Iglesia. Es cuanto, en el fondo y muy simplemente, escribía el mismo Mons. Lefebvre: “un problema grave se presenta a la conciencia y a la FE DE TODOS LOS CATÓLICOS desde el comienzo del pontificado de Pablo VI. ¿Cómo puede un papa, verdadero sucesor de Pedro, garantizado por la asistencia del Espíritu Santo, presidir la destrucción de la Iglesia, la más profunda y extensa de su historia, en el espacio de tan poco tiempo, como ningún heresiarca jamás logró hacer?” (Declaración del 2 de agosto de 1976; Itinéraires nº 206, pág. 280).
A esta pregunta, Mons. Lefebvre respondía en su carta a los cardenales reunidos para el cónclave, del 6 de octubre de 1978: “Un Papa digno de este nombre y VERDADERO sucesor de Pedro no puede declarar que se dedicará a la aplicación del Concilio y de sus Reformas” (Itinéraires nº 233, pág. 130).
Y el Padre Lucien comentaba así estas palabras: “En efecto, la doctrina católica sobre la asistencia ejercida por el Espíritu Santo respecto de la Autoridad de la Iglesia en general y del Magisterio en particular nos dicta afirmaciones ciertas concernientes al hecho dogmático: Pablo VI no era Papa. Afirmaciones que, por el hecho mismo, son sostenidas a la luz de la fe.
Sí, es imposible, es una certeza de fe, que un Papa conduzca la Iglesia a su destrucción con un río de reformas impuestas de hecho y autenticadas ‘en nombre de su autoridad suprema’.
Es imposible, en particular, que un Papa promulgue en unión con los obispos representantes de la Iglesia universal un texto conciliar que contradiga un punto de doctrina ya fijado. Esto es imposible en virtud de la infalibilidad del Magisterio ordinario universal. (…)
Es igualmente imposible que un verdadero Papa promulgue, establezca de hecho e imponga un rito de la misa ‘peligroso y nocivo’.
Estas son las certezas de la fe, accesibles a todos, que responden a la cuestión que se presenta a la conciencia de todos los católicos” (Cahiers de Cassiciacum nº 5, pág. 76).
Que Pablo VI, Juan Pablo II, etc., no posean la Autoridad es una consecuencia necesaria del hecho -sostenido también por la TC- de que el Vaticano II ha errado en su enseñanza y que el nuevo misal es moralmente inaceptable.
Concluyamos: si los argumentos de los “sedevacantistas”, y en particular de la Tesis de Cassiciacum, realizan una demostración rigurosa del hecho de que Pablo VI no podía, y Francisco I no puede ser Papa, tal conclusión se impone a la inteligencia de todos los fieles capaces de comprenderla. Estos adhieren a ella con certeza, y deben conformar su conducta con esta verdad. No es necesario, para hacer esto, que la Iglesia se haya pronunciado explícitamente, así como no es necesaria la intervención del magisterio para concluir que llueve y que es entonces oportuno proveerse de un paraguas. A esta conclusión (Francisco I no es -formalmente- Papa) los fieles no adhieren, sin embargo, aún como a una verdad de fe, ya que la Iglesia no la ha definido aún como tal; quien rechaza esta conclusión no es, por el hecho mismo, un hereje que se coloca fuera de la Iglesia (cf. Lucien, op. cit., págs. 119-121). Sin embargo, al negar esta conclusión teológica y afirmar que Francisco I es Papa, se arriesga a tener que negar ciertas verdades de fe (ya sea aceptando su enseñanza, que está en oposición en muchos puntos con el magisterio de la Iglesia; ya sea al rechazarla, atribuyendo así el error al Papa y a la Iglesia). Resulta, en efecto, ilegítima la posición de la Fraternidad San Pío X y de la TC, la cual opone un juicio privado (sobre el Vaticano II, sobre el nuevo misal, sobre el nuevo código de derecho canónico, sobre las canonizaciones proclamadas por Francisco I, sobre su magisterio, etc.) a aquel que, según ellos, es siempre el Magisterio de la Iglesia o su disciplina: preferir el juicio propio al de la Iglesia es la actitud propia del hereje.

Ni siquiera en el caso concreto el “juicio privado”: “Juan Pablo II no es Papa” nos coloca en una situación de “gravísimas consecuencias”, como teme la TC. En efecto, el juicio de la Iglesia al respecto permanece siempre posible

La TC no se opone al hecho de que un simple fiel pueda, e incluso deba, formular “juicios privados” sobre materias de por sí muy difíciles: “Naturalmente -escribe- el rechazo de los otros elementos doctrinales (como el ecumenismo, la libertad religiosa, el Novus Ordo...) por parte de todo ‘tradicionalista’ se sitúa de manera completamente distinta respecto al rechazo de la autoridad de los pontífices contemporáneos, en cuanto a que él realmente puede en tales casos constatar la incompatibilidad entre una enseñanza conciliar y su contrario expresado en el magisterio dogmático perenne de la Iglesia y entonces, la imposibilidad de adherir a ella” (págs. 38-39); la Fraternidad concluye de aquí, en la vida moral, que es por ejemplo pecaminoso asistir a la nueva misa, aún cuando no haya otras misas a las cuales asistir en un día de precepto… Sin embargo, la misma TC excluye que se pueda afirmar que no es posible que la Iglesia (por lo tanto, un Papa legítimo) haya podido darnos veneno (es decir, una doctrina y una liturgia nocivas), ¡aunque esta imposibilidad sea enseñada por el Concilio Vaticano I (DS 3075) y sea evidente para todo fiel! ¿Por qué? Tratemos de comprender juntos los argumentos de la TC...
En general, nuestra Tesis inventaría una tercera solución inexistente entre el juicio puramente privado “pronunciado por un sujeto sin autoridad, privado de efectos jurídicos y normativos” y un “un juicio canónico, es decir, de por sí público, con efectos jurídicos, pronunciado por la autoridad competente”. “En síntesis -concluye la TC resumiendo nuestro “error”- la Tesis de Cassiciacum pretende de algún modo demostrar que de un juicio que se proclama no jurídico derivan efectos de facto jurídicos, TENIENDO VALOR NORMATIVO PARA LA CONDUCTA DE TODOS LOS FIELES” (pág. 37, nota 12). Ahora bien, la TC no se da cuenta que nos reprocha exactamente lo que ella misma hace: como hemos recordado, para la Fraternidad es lícito y obligatorio pasar de un juicio privado (“la nueva misa es mala”) a una verdadera norma “para la conducta de todos los fieles” (“no es lícito asistir a la nueva misa”). Esta inexistente tercera posición entre el juicio privado que no puede obligar las conciencias y el juicio público y canónico de la Iglesia para la Fraternidad existe, ¡y cómo!… ¡pero no cuando podría contradecir sus propias posiciones! Respondemos entonces: el “juicio privado” está privado de efectos jurídicos, concedo; está privado de efectos normativos para la conciencia de los fieles, nego. Si una persona descubriese que no está válidamente casada, por ejemplo, estaría obligada a comportarse como no casada en cuanto a la norma moral, y como casada en cuanto al hecho jurídico. Se trata de dos realidades distintas.
La TC insiste: el caso de la legitimidad de un Papa, y en general de “un hecho histórico y contingente sobre el cual la Iglesia como tal no se ha expedido todavía” (pág. 39), no es asimilable al de una enseñanza ya definida por la Iglesia (como por ejemplo la doctrina sobre la libertad religiosa, ya condenada por la Iglesia). Podríamos objetar que sobre la nueva misa la Iglesia como tal no se ha expedido aún, y sin embargo la Fraternidad da, con razón, un juicio (privado) negativo que comporta una norma para las conciencias (no se puede asistir a ella)…
El caso de la legitimidad de una “autoridad” eclesiástica no es esencialmente distinto: pueden haber criterios objetivos, y no solo subjetivos, que pueden llevarnos a la conclusión cierta de la legitimidad o ilegitimidad de determinado prelado. En consecuencia, el clero y el pueblo tienen el deber de romper la comunión eclesiástica con él, como hicieron el clero y el pueblo de Constantinopla con su Patriarca Nestorio antes de que éste último fuese condenado en el Concilio de Éfeso, en el cual participó justamente porque no había sido todavía canónicamente depuesto. Pero la TC objeta que el caso del Papa es distinto. Y nuestra Tesis caería en el subjetivismo desde tres puntos de vista: al afirmar que tal persona no es Papa antes del juicio de la Iglesia; al afirmar que tal persona podría ser nuevamente Papa sin que exista una autoridad que lo pueda confirmar; al juzgar a la Primera Sede, que no puede ser juzgada por nadie.
Contra estas afirmaciones, recordamos lo dicho por el Cardenal Albani, citado por Bouix: “El Papa herético, si se enmienda antes de la sentencia declaratoria [de herejía], recupera ipso facto el pontificado, sin una nueva elección por parte de los Cardenales…” (Tractatus de Papa, t. I, pág. 548). Según este autor, en consecuencia, el Papa herético pertinaz cesaría ya de ser Papa antes de la sentencia de la Iglesia (contra lo que sostiene la TC) y podría recuperar la misma autoridad antes de la sentencia de la Iglesia (siempre contra lo que sostiene la TC). Esto no excluye que -también desde el punto de vista de la Tesis de Cassiciacum- puedan y deban haber intervenciones de la autoridad de la Iglesia. La Tesis, en efecto, postula la intervención del Concilio general imperfecto para declarar que el “papa materialiter” cesa también materialmente de ocupar la Sede. Según la TC, esto sería imposible, porque sería imposible para los cardenales y obispos, también ellos solamente materialiter, (re)tomar la jurisdicción. Respondemos que si esto es posible en el caso del Papa, lo es todavía más en el caso del episcopado; que en todo caso dicha jurisdicción puede venir de Dios, como en la hipótesis presentada por el P. Zapelena para el caso del Concilio de Constanza. Y también, tanto en el caso del Papa como en el del episcopado, los criterios son todo menos subjetivos: ya que el obstáculo a la recepción de la Autoridad es la adhesión al Vaticano II y a sus reformas, es necesario y suficiente para que sea recuperada la autoridad que sea públicamente condenado el Vaticano II y declaradas nulas sus reformas; lo que puede ser fácil e indiscutiblemente constatado por todos.
La Primera Sede no puede ser juzgada, recuerda la TC, y es muy cierto. Es por eso que los teólogos han interpretado los textos del Decreto de Graciano, de Inocencio III, de los teólogos medievales que afirman que la Primera Sede PUEDE ser juzgada (sólo) en caso de herejía, en este sentido: “del hecho de que el Papa herético pueda ser juzgado por el Concilio, no se sigue que el Papa pueda estar sometido al Concilio; ya que, vuelto hereje, ya no es más Papa” (Card. Albani, en Bouix, pág. 547) (88). Por lo tanto, de hecho, es posible un juicio del “Papa herético” (y con mayor razón, del hereje elegido “papa”).
En resumen: afirmar que Francisco I no es Papa formalmente es una conclusión teológica fundada en una premisa de fe (la infalibilidad del magisterio ordinario universal, por ejemplo) y en la contradicción constatada entre el Vaticano II y la enseñanza de la Iglesia (contradicción admitida por Mons. Lefebvre).
Tal juicio es solamente privado: puede ser norma cierta de comportamiento, pero carece de valor jurídico: Francisco I es aún “papa” materialmente.
Francisco I puede arrepentirse, condenar el Vaticano II y volverse formalmente Papa: es doctrina enseñada también por autores del pasado, como el Cardenal Albani, y la cosa es constatable con evidencia por todos, sin ninguna necesidad de recurrir al juicio privado de los “guerardianos”.
De la misma manera, sería posible a todos constatar la condenación pública del Vaticano II por parte de obispos materialiter que tendrían ipso facto, removido el obstáculo, autoridad en la Iglesia. ¿Autoridad dada por quién?, se pregunta la TC. Por Cristo, que la concede a quien posea los títulos a la jurisdicción (títulos dados por el “papa” materialiter).
Notemos, entre otras cosas, que -concretamente- sedevacantistas de todas las tendencias, partidarios de Mons. Lefebvre o del abbé de Nantes estarían todos de acuerdo, al menos de hecho, en esta feliz eventualidad, reconociendo y prestando obediencia al Sumo Pontífice que condenara como es debido al Vaticano II y declarara nulas las reformas. Todos deseamos poder ver pronto este milagro moral, imposible a los hombres, pero no a Dios, que suprimiría el cisma de facto que se introdujo entre nosotros.

"RESPUESTA AL DOCUMENTO DE LA FRATERNIDAD SAN PÍO X SOBRE EL SEDEVACANTISMO", http:// integrismo.over-blog.com/ article-documentos-50950108.htm l

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25 julio 2013 4 25 /07 /julio /2013 05:38

Estimados lectores:

 

Como ustedes saben, la Tesis de Cassiciacum es una respuesta objetiva y filosófica a la terrible crisis de la Iglesia que ocasionó el Concilio Vaticano II. Les dejamos una parte de ella que hemos tomado de la Revista Integrismo del P. Héctor Lázaro Romero.

 

El Equipo de México y Tradición.

gerard de l

 

Explicación de la Tesis de Mons. Guérard des Lauriers (Extracto)

 

¿Dónde está la verdad?

Ciertamente, esta variedad de respuestas al problema del Vaticano II y Francisco I debe ser desconcertante para el laico común, quien sólo quiere preservar su Fe y practicar su catolicismo.
No debería este desconcierto llevar al laico, o incluso a ciertos sacerdotes, a un espíritu de amargura, por la falta de habilidad de los sacerdotes para ponerse de acuerdo. Ni debería tal persona burlarse de algo por no ser capaz de entenderlo.
Creo que todos los sacerdotes y laicos, en todas las categorías que he descripto arriba, tienen un deseo sincero de preservar la Fe, moral y disciplina católicas. Todos ellos amarían despertar de un mal sueño y encontrarse con que el Vaticano II nunca tuvo lugar. Gustarían de ver desaparecer al Vaticano II. En este sentido están todos unidos. Se hallan divididos en materias que piden una explicación teológica respecto a lo que están haciendo. Enfrentado con la necesidad de resistir al Vaticano II y sus cambios, uno debería ofrecer una explicación coherente de acuerdo al dogma y a la teología católicos, de por qué es una buena idea el hecho de estar resistiendo. Claro está que existe una diferencia esencial entre las tres categorías generales de resistencia, (1) el indultista, (2) el lefebvrista y (3) el sedevacantista. Resistir al Vaticano II meramente por preferencia, tanto para los lefebvristas (al menos en este punto) como para los sedevacantistas, es algo muy débil. Los lefebvristas difieren de los sedevacantistas del siguiente modo: afirman que no tenemos derecho de juzgar al Papa, a lo cual los sedevacantistas responden que considerar su nueva misa, sus enseñanzas, y su disciplina universales como falsas y malignas -lo cual hacen los lefebvristas- lleva lógicamente al no papado de Bergoglio.
Este artículo, sin embargo, no concierne a las diferencias entre indultistas, lefebvristas y sedevacantistas. He analizado estas diferencias detenidamente en otros lugares. El presente tiene por objeto las existentes entre los sedevacantistas.
Que quede establecido ante todo que hay una unidad sustancial de posición entre los sedevacantistas: Francisco I no es papa y su nombre no debe mencionarse en el Canon de la Misa. En este punto están todos de acuerdo, y es esencial, pues remueve de la Iglesia la mancha de apostasía de Cristo, que sería el caso si Bergoglio fuese un verdadero Papa.
Las diferencias entre los sedevacantistas se fundan en la explicación de cómo y porqué Francisco I no es papa. Tales diferencias no hacen al dogma católico, sino a explicaciones teológicas de cosas que pertenecen al Dogma Católico. Esta clase de diferencias -en explicaciones teológicas de dogmas- siempre existió en la Iglesia. La más notable es la que hay entre dominicos y jesuitas sobre la obra de la gracia en el alma. Hay muchas otras.
Aunque cada uno sostiene que su posición es verdadera y la otra falsa, también cada uno afirma que no hay herejía en afirmar tal o cual explicación teológica. Así, aunque dominicos y jesuitas están en vehemente desacuerdo respecto a ciertos puntos teológicos, nada les impide trabajar juntos y vivir en paz como miembros del Cuerpo Místico.
En este artículo, daré al lector la presentación más simple posible de la tesis de Monseñor Guérard des Lauriers respecto al Papado después del Vaticano II. Entenderla exige cierto esfuerzo intelectual. Una de las objeciones contra la tesis es que es muy difícil de entender, inverosímil, y demasiado teológica. Sin embargo, tal queja no es legítima, dado que lo mismo puede ser dicho de casi cualquier explicación teológica de cada uno de los dogmas. El dogma de la Santísima Trinidad, por ejemplo, es simple: hay tres Personas en un solo Dios. Pero la explicación teológica de cómo hallamos tres Personas en un solo Dios, es extremadamente complicada y difícil. Esto se debe a que la teología está obligada a respetar dos cosas que aparentemente son contradictorias: la unidad de la esencia divina y la trinidad de Personas. Si un laico leyese una explicación de la Trinidad tal como aparece en los libros de estudio de los seminarios, después de unos párrafos no haría más que cerrar el libro.
Aquí es igual. El laico no debería decir: “no lo entiendo, luego no puede ser verdadero”. Hay muchas cosas difíciles de entender en teología que son, sin embargo, absolutamente verdaderas.
La “Tesis” de Monseñor Guérard des Lauriers -como se la llama- es una explicación que respeta las dos exigencias del dogma católico: (1) aquel que promulga una doctrina falsa, un culto falso y disciplinas perversas, no puede ser el Romano Pontífice; (2) debe haber una línea ininterrumpida de sucesores legítimos de San Pedro, desde San Pedro mismo hasta la Segunda Venida de Cristo.

Revista "integrismo" n° 4, http://integrismo.over-blog.com/article-mapa-del-sitio-50943381.html

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25 julio 2013 4 25 /07 /julio /2013 05:29

 

Estimados lectores:

 

Les presentamos un extracto de la entrevista de Sodalitium a Mons. Guérard des Lauriers. Pueden verla completa en el sitio de la Revista Integrismo del P. Héctor Lázaro Romero cuyo enlace se encuentra al final.

 

El Equipo de México y Tradición.

442px-Emblem of the Papacy SE svg

4) Sodalitium: Entonces, ¿qué hay que pensar de Pablo VI y de Juan Pablo II?

Mons. Guérard: Dios ha juzgado. Dios juzgará. En cuanto a nosotros, no juzgamos... al menos la intención. Estos “papas” profieren la herejía y están por lo menos afectados de “Cisma capital” (Cf. Cahiers de Cassiciacum nº 3-4). Lo mejor que se puede hacer es, me parece, no considerarlos. “Nec nominetur in vobis” (Efesios V, 3). Sed tamen oremus pro eis: Miserere, De profundis.

5) Sodalitium: ¿Que piensa de las Misas tradicionales celebradas por sacerdotes que, aún siendo críticos hacia Roma, sostienen que Juan Pablo II es verdaderamente Papa y lo nombran en el Canon de la Misa?

Mons. Guérard: Misas tradicionales celebradas con la mención de Juan Pablo II durante el "Te Igitur". El Sacerdote que celebra una tal Misa pronuncia las siguientes palabras: “In primis quæ Tibi offerimus pro Ecclesia Tua Sancta Catholica...: una cum famulo tuo Papa nostro Johanne Paulo...”. Estas Misas son comúnmente designadas bajo el nombre de: “Misas Una Cum”.
Es necesario considerar dos cosas en esta proclamación: por una parte, lo que está directamente significado; por otra, lo que se halla indirectamente consignificado, teniendo en cuenta el contexto.
(I) Lo que se halla directamente significado por la fórmula “Una cum”: EL DELITO DE SACRILEGIO.
El sentido general de la súplica es determinado por las palabras: “quæ tibi offerimus pro...”. Pero SEA LO QUE SEA de este sentido general, la locución Una Cum afirma que la Iglesia (de Cristo, de Dios: tua), Santa y Católica, es “una con” el servidor de Dios que es nuestro Papa Juan Pablo II [Francisco I]. La locución "Una Cum" afirma entonces que, recíprocamente, Mons. Wojtyla [el clérigo Bergoglio] es “UNO CON” (forma uno con) la Iglesia de Jesucristo, Santa y Católica. Ahora bien, hemos mostrado arriba que esta afirmación es un error. Pues Bergoglio, al persistir en proferir y promulgar la herejía, no puede ser el Vicario de Jesucristo; no puede ser, en cuanto “papa” como debería ("famulo tuo Papa nostro"), “uno con” la Iglesia de Jesucristo. El "una cum" afirma y proclama entonces un error, que concierne CONCRETAMENTE a la Fe.
Siendo así, hay que concluir que la Misa “una cum” está “ex se” objetivamente manchada de sacrilegio. En efecto, la MISA es la acción sagrada por excelencia, ya que el Sacerdote obra “in Persona Christi”. Y si esta función instrumental concierne eminentemente al acto consecratorio, se realiza igualmente por derivación durante lo que precede y prepara el acto, o se desprende de este inmediatamente. Ahora bien, todo lo que pertenece a la acción sagrada debe ser puro; es decir, conforme a lo que exige su naturaleza. Una proclamación que especifica inmediatamente el ejercicio concreto de la Fe, debe ser SIEMPRE VERDADERA con respecto a la Fe misma. Debe serlo, EN SEGUNDO TÍTULO, si es hecha durante una acción sagrada. Si entonces una proclamación que especifica inmediatamente el ejercicio concreto de la Fe y es hecha durante una acción sagrada, es errónea, constituye IPSO FACTO y OBJETIVAMENTE un DELITO, no solo contra la Fe sino igualmente contra la acción sagrada. Una tal proclamación está entonces inculpada (afectada) de un DELITO del género “SACRILEGIO”; y eso, OBJETIVA e INELUCTABLEMENTE, sea lo que sea del PECADO cometido por los participantes (cf. 6).

(II) Lo que se halla indirectamente consignificado por la fórmula “una cum”: EL DELITO DE CISMA CAPITAL.
“Quæ tibi offerimus pro...”: Se trata de una ofrenda hecha EN FAVOR DE, eso es lo que está significado DIRECTAMENTE. De allí que se haya pretendido (en particular, Dom Gérard Calvet O.S.B.) que en el "Te Igitur" se reza POR el Papa, y no del todo CON el Papa. Pero esta es una opinión superficial. En efecto, hay que observar que, en esta primera parte del "Te Igitur", el Papa es considerado EN CUANTO PAPA, ya que es mencionado precisamente “una cum Ecclesia” (1). Por otra parte, la aplicación del fruto de la MISA (“pro”), pedida como algo ALEATORIO en favor de personas privadas en los dos "Memento", es pedida en el "Te Igitur"; DE IGUAL MANERA, unidamente en favor de la Iglesia y del Papa, como siendo evidentemente GRATUITE “ex parte Dei”, pero NECESARIA como cierta “ex parte nostri”.
De esta última observación, resulta la siguiente consecuencia: Recordemos que la “aplicación” del mérito no es NECESARIA (o “de condigno”) más que en dos casos; a saber: 1) Esta “aplicación” es hecha por Cristo en persona. Él y solo Él merece EN DERECHO por otro. 2) Esta “aplicación” es hecha a la persona misma que adquiere el mérito: cada mérito “de condigno” por sí mismo. Entonces, como la aplicación del fruto de la Misa es hecha EN DERECHO por la persona moral que constituyen UNIDAMENTE ("una cum") la Iglesia y el Papa, ES NECESARIO que esta MISMA persona moral esté en el principio del Sacrificio del cual tiene EL DERECHO de recibir el fruto. Por otra parte, se afirma comúnmente que si la Misa es primeramente el Sacrificio de Cristo, también es igual y unidamente el Sacrificio de la IGLESIA (Es por eso que, si bien el sacerdote al ofrecer el Sacrificio EN CUANTO AL EJERCICIO DEL ACTO, obra "in Persona Christi" sin mediación de la Iglesia; no obstante, EN CUANTO A LA ESPECIFICACIÓN DEL ACTO, el sacerdote no puede obrar SINO POR MEDIACIÓN de la Iglesia. Pues SÓLO la Iglesia está DIVINAMENTE calificada para garantizar con certeza: la conformidad con la Verdad del artículo que promulga en Nombre de Cristo; la conformidad con la Realidad del rito que prescribe en Nombre de Cristo (el sacerdote que usa de un rito toma IPSO FACTO la intención de la autoridad responsable del rito... ¡se pueden vislumbrar todas las consecuencias!). Y en la Iglesia en orden, por la mediación ejercida por la Jerarquía, es en definitiva el Papa quien confiere la “misión” de celebrar cualquier Misa. El Papa es el “Sumo Pontífice” en la Iglesia; y como IGLESIA Y PAPA UNIDAMENTE ("una cum") imperan en la Iglesia militante el ofrecimiento del Sacrificio propio de ella, tienen el DERECHO “in primis” al fruto del Sacrificio. EN EL ORDEN CREADO están “in primis” en cuanto al TÉRMINO (la aplicación del fruto), PORQUE ESTÁN “in primis” en cuanto al PRINCIPIO (la intimación de la celebración).
Se ve así cual es el verdadero alcance de la expresión “una cum”. Esta no significa solamente que al celebrar el Sacrificio de la Misa se reza POR la Iglesia y por el Papa, como POR (pro) tal persona privada o tal intención particular. “Una cum” consignifica, implícita pero NECESARIAMENTE, que el Sacrificio de la Misa se celebra EN UNIÓN CON y BAJO EL MOVIMIENTO de la persona moral que son unidamente (“una cum”) el Papa y la Iglesia; considerando que tal persona moral tiene el DERECHO "in primis" al fruto del Sacrificio, el cual es el único que puede fundar metafísicamente el hecho de participar EN DERECHO "in primis" en el Acto de Cristo Sacerdote que ofrece el Sacrificio.
De aquí se desprende la calificación que conviene atribuir a la MISA TRADICIONAL “una cum”. Una tal Misa es válida (¡suponiendo que el sacerdote lo sea verdaderamente!) con respecto al rito que, a imitación del Depósito, permanece DIVINAMENTE garantizado por el Magisterio de la Iglesia. Pero, quiera lo que quiera SUBJETIVAMENTE el celebrante, el acto que realiza comporta OBJETIVA e INELUCTABLEMENTE la afirmación de estar en comunión con (“una cum”) y BAJO EL MOVIMIENTO ("papa nostro") de una persona en estado de cisma capital. El acto de tal celebración está pues manchado de un delito del género “CISMA”; y eso, OBJETIVA E INELUCTABLEMENTE, sea lo que sea del pecado cometido por los participantes (sacerdote celebrante y fieles asistentes; cf. 6).

6) Sodalitium: ¿Podría por favor precisar las dificultades suscitadas por la asistencia a una Misa Tradicional celebrada “Una cum”?

Mons. Guérard: Dificultades suscitadas por el hecho de asistir a una Misa tradicional “una cum”.
Estas dificultades resultan de cuanto acaba de exponerse.
Evidentemente se deben dejar de lado los casos en los que la asistencia a una tal Misa es imperada por un motivo extrínseco (razón familiar, por ejemplo), sobreentendiéndose que la persona asistente manifieste clara y ostensiblemente que asiste SIN PARTICIPAR.
Si esta última cláusula (MANIFESTAR QUE NO SE PARTICIPA) no se realiza, entonces -ex se- el solo hecho de asistir constituye una participación, avalar la celebración. Y como ella está afectada OBJETIVA e INELUCTABLEMENTE del delito de sacrilegio y cisma; ¿acaso no se sigue que participar en tal celebración es exponerse a la culpabilidad de estos delitos?
La respuesta es afirmativa EN DERECHO. De donde se sigue que los fieles apegados a la Tradición no deben -EN DERECHO- asistir a la Misa tradicional "una cum"; y eso respecto primeramente a ellos mismos, y en segundo lugar, respecto al Testimonio que deben a los demás.
Esta respuesta afirmativa EN DERECHO, puede estar suspendida en la práctica por dos considerandos. El primero es de orden general y mira a las reglas de la moral. Un delito no es pecado si no es conocido como tal. La ignorancia excusa si es ingenua, aumenta la culpabilidad si es calculada, etc... Muchos fieles apegados a la Tradición no comprenden ni el alcance, ni entonces la gravedad del “una cum”, HAY QUE INSTRUIRLOS (cf. 10). Pero hasta tanto no hayan comprendido, no se los puede acusar por asistir a la Misa tradicional "una cum"... Solo Dios conoce los corazones.
El segundo considerando que puede suspender la norma de derecho (no asistir a la Misa “una cum”), proviene de la situación actual. Puede suceder que los fieles no tengan en la práctica otro medio de comulgar que el de asistir a una Misa "una cum". Ahora bien, si es posible vivir y crecer en el estado de gracia sin comulgar, tal privación no está exenta de dificultad ni tampoco a veces de peligro. Y de la misma manera que la Iglesia siempre ha admitido que en peligro de muerte se puede recurrir a un confesor incluso excomulgado; ¿no conviene recurrir a una Misa "una cum" para participar al Sacrificio y comulgar? Pío XII lo recordó con autoridad: en la Iglesia militante la SALVACIÓN DE LAS ALMAS constituye la finalidad de las finalidades. La asistencia a la “Misa una cum” puede entonces ser objeto de un “caso de conciencia”. Cada caso es diferente y debe resolverse en definitiva por la conciencia del interesado, no sin los consejos y directivas de un sacerdote “non una cum”. Ni rigorismo unívoco, que no tiene en cuenta la psicología de cada uno; ni laxismo sentimental (por ejemplo, una persona que puede comulgar cada quince días en una “Misa non una cum” no tiene ninguna razón y ENTONCES NO DEBE asistir a una “Misa una cum” en el intervalo, y menos todavía comulgar en ella).

Nota: Mons. Guérard sostiene que en esta materia manifiesta únicamente su opinión, y admite las buenas razones del otro criterio, según el cual no es lícito aún por motivos pastorales (el deseo de los Sacramentos) asistir y comulgar en una “Misa una cum”.

Entrevista a Mons. Guérard, http:// integrismo.over-blog.com/ 15-index.html

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25 julio 2013 4 25 /07 /julio /2013 04:57

EL PAPADO MATERIAL


Aparecido en la Revista Integrismo del Padre Héctor Lázaro Romero de acuerdo al estudio de S.E.R. Mons. Donald J. Sanborn

 

PRIMERA PARTE: INVESTIGACIÓN POSITIVA SOBRE LA DISTINCIÓN ENTRE SUCESIÓN FORMAL Y SUCESIÓN MATERIAL

Prefacio

Entre quienes niegan que Juan Pablo II [Francisco I] sea verdadero Papa encontramos dos bloques:
1) quienes niegan que lo sea tanto materialiter (materialmente) como formaliter (formalmente);
2) quienes niegan que lo sea formaliter (formalmente) pero sostienen que lo es materialiter (materialmente).
Ya se ha escrito mucho sobre estas dos tesis. Pero ya que varios sacerdotes no comprenden bien la segunda -expresada por Mons. Guérard des Lauriers-, explicaré dicha tesis en esta serie de artículos a fin de que todos, al menos la comprendan claramente y puedan juzgar su valor. La principal razón por la que es criticada por la mayoría, es porque éstos, en su espíritu, no distinguen materia y forma de la autoridad, y si las distinguen, no aplican correctamente esta distinción al Papado. Además, algunos sacerdotes consideran que la tesis de Mons. Guérard (que en adelante llamaremos simplemente «Tesis») es demasiado abstracta, casi ininteligible y que la distinción entre materia y forma de la autoridad es ilegítima, una pura invención teológica imaginada artificiosamente para explicar un tema espinoso.
Nada de esto es verdad. La distinción entre materia y forma del papado y de la autoridad en general es «clásica» y se la halla en casi todos los teólogos. Implícitamente, se la encuentra en la cuestión de la sucesión apostólica cuando se trata de la sucesión material y no formal entre los cismáticos y, según algunos, entre los anglicanos. Según la opinión más extendida, la sucesión apostólica puede ser material o formal. La primera es la nuda posesión de la sede; es decir, la posesión de la sede sin la autoridad; la segunda es la posesión de la sede con la autoridad. Esta distinción entre sucesión material y formal no podría existir si no fuese posible tener la posesión de la sede sin la autoridad. Esta distinción, que goza de gran autoridad ante los teólogos, demuestra cómo la tesis que estableciera de manera adecuada una distinción real entre la posesión de la Sede Apostólica y la posesión de la autoridad apostólica, no es una «invención abstracta», «ilegítima» o «artificiosa» -como dicen muchos-, sino al contrario, una distinción simple y clara tomada de la filosofía tomista y confirmada por el testimonio de numerosos teólogos de todas las escuelas.
Para tratar este tema adoptaré el siguiente método: I) En el primer artículo presentaré testimonios de teólogos sobre la distinción entre sucesión apostólica formal y material, que contienen explícitamente la distinción entre posesión de la sede sin la posesión de la autoridad y posesión de la sede con la posesión de la autoridad. Estos testimonios prueban que esta distinción no es una pura invención sino al contrario, una distinción muy conocida, reconocida por todos, anterior a la presente cuestión de la sede vacante. Por otra parte, mostraré cómo la Iglesia no puede permanecer como único cuerpo moral si la línea material legal no continúa sin interrupción desde el mismo San Pedro. II) En el segundo artículo trataré de modo especulativo la filosofía de la autoridad en general y luego en particular, de la materia y forma del papado, aportando el testimonio de algunos autores. Demostraré cómo por una parte no pueden coexistir en el mismo sujeto la autoridad papal y el hecho de favorecer la herejía y, por otra parte, cómo puede permanecer la posesión legal de la sede si no hay una sentencia auténtica contra el ocupante herético de la Sede Apostólica. III) En el tercer artículo aplicaré las conclusiones a Montini, Luciani y Wojtyla, Ratzinger [Bergoglio], y responderé a las objeciones.

http://integrismo.over-blog.com/15-index.html

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4 noviembre 2012 7 04 /11 /noviembre /2012 05:51

¿SER CRISTIANO SIN IGLESIA? -

UNA PONENCIA por el
Dr. Eberhard Heller
trad. Dr. Alberto Ciria

sede vacante coat of arms
Nota:
La siguiente ponencia se preparó para una mesa redonda sobre el tema „¿Ser cristiano...sin Iglesia?",en el marco del programa de la Universidad Popular de Ottobrunn (Munich), que el 22 de abril de 1999 dirigió su director, Karl Eisfeld, en la casa de Wolf-Ferrari en Ottobrunn. Para una mejor comprensión interna, pero también como preparación para un tratamiento posterior y más intenso de este problema, a continuación de la ponencia quema explicar más detalladamente la propia situación eclesiástica que resulta para nosotros a partir de la sedisvacancia, así como el paso final que se desprende de la ponencia: „El dilema (de la falta de autoridad eclesiástica y la obligación de restituir la Iglesia como institución), a mi entender, sólo puede resolverse si el conjunto de todas las actividades correspondientes anticipa esta restitución, con la reserva de una legitimación posterior y definitiva a cargo de la jerarquía restablecida."
* * *
Cristo no ha fundado su Iglesia como una mera comunidad de fe cuyos miembros sostienen las mismas convicciones, sino preferentemente como institución sagrada para continuar Su obra de salvación. La Iglesia una tiene en la persona de San Pedro y en las de sus sucesores la autoridad máxima para el ejercicio y la custodia del ministerio doctrinal, pastoral y sacerdotal, una autoridad que Pedro recibió directamente de Cristo. Sólo la Iglesia está legitimada por Cristo para administrar el tesoro de la revelación, sólo en ella conoce el cristiano la verdadera voluntad de salvación de Dios. En consecuencia, ser cristiano de modo íntegro no sólo consiste en confesar las máximas de fe reveladas y aceptar determinados principios morales, sino también aceptar y recibir los medios de salvación que Cristo instauró, y especialmente los sacramentos administrados por la Iglesia como institución sagrada, a través de los cuales al cristiano le es otorgada una participación ciertamente oculta, pero no obstante real (personal) en la vida divina.
Se podría pensar que para ser cristiano basta en lo esencial con creer en Dios, que se ha revelado en Jesucristo, y en seguir las prescripciones morales correspondientes. El cumplimiento de estos postulados, para el que no se precisa de Iglesia alguna, sería suficiente para poder designarse como cristiano.
Esto es un error. No se trata sólo de limitarse a tomar como verdaderas determinadas máxima de fe, de cumplir ciertos sacramentos, sino de la aceptación del ofrecimiento salvador de Dios, que mediante su muerte expiadora ha dado a los hombres la posibilidad de unificarse de nuevo con El: se trata de sellar la nueva alianza. Sellar esta alianza sólo es posible mediante la aceptación de los medios de salvación que da la Iglesia, en especial sumándose al sacrifico misal que celebra la Iglesia. Salus extra Ecclesiam non est, „no hay salvación fuera de la Iglesia" (Cipriano de Cártago, carta 73, capítulo 21): esto significa que Cristo confía las verdades y los medios de salvación sólo a la Iglesia que El instauró, y que sólo a ella la ha legitimado para administrarlos para la salvación de las almas.
Quien sabe del carácter de la Iglesia como institución sagrada verdadera y la única legítima, no puede apartarse de ella, ella es necesaria para la salvación. La concesión de la salvación a través de la Iglesia es voluntad de Dios, y no una arrogancia humana.
Ahora bien, se objeta que la Iglesia como institución sagrada falsea su misión, que defiende sus propios intereses, que se transforma en un mero instrumento de poder que aterroriza psíquicamente a los creyentes con sus exigencias morales; los miembros de su jerarquía serían frente a sus creyentes quienes menos practican lo que ellos mismos exigen de éstos: amor al prójimo, etc. Por este motivo, a menudo los mejores cristianos habrían abandonado la Iglesia -o como dirían ellos, la Iglesia ministerial-, para dedicarse al cumplimiento del ideal cristiano sin las cargas falseantes de la Iglesia.
Como hemos dicho, sólo la Iglesia está legitimada para cumplir mediante la administración de los sacramentos el presupuesto para la obtención de la salvación, para volver a ser incluido en la alianza con Dios. Por eso, sin los medios de gracia que ella administra y que son los que posibilitan en primer lugar la participación en la vida divina, una vida religiosa fracasará a causa de la Iglesia. Este camino les está vedado a los cristianos -pese a toda crítica justificada a ciertos ministros- también porque de este modo rechazarían el papel central de la Iglesia respecto de Dios, con quien se supone que quieren estar unidos, y porque con ello también se alejarían implícitamente de Dios.

Pero, al margen de ello, cabe lanzar la pregunta de si podría plantearse una situación en la que pudiera parecer justificado apartarse de la Iglesia ministerial actual, aun aceptando la pertenencia a la Iglesia instaurada por Cristo como condición necesaria para la salvación.
Según las explicaciones que hemos dado hasta ahora, debería haber quedado claro que la  Iglesia, en su autocomprensión, sólo puede y debe considerarse a sí como institución sagrada de Cristo. Los ministros correspondientes son sólo administradores -y no los poseedores- de los medios y las verdades de salvación. Los creyentes tienen la posibilidad de examinar si los edictos y los decretos de la jerarquía correspondiente obedecen a esta voluntad divina, puesto que ésta se ha revelado y rige de modo inmodificable. Un rechazo de la jerarquía actual sólo estaría autorizado si ésta falseara y manipulara directa y ostensiblemente las verdades y los bienes de salvación confiados a ella, si traicionara la herencia y la misión de Cristo. Pero este rechazo no significaría un abandono de la Iglesia como institución sagrada, sino sólo una particular prueba de lealtad hacia Cristo, la cabeza de la Iglesia, a quien en esta situación extrema le sería concedida la prioridad. En el caso citado, en calidad de cristiano se tendría no sólo el derecho, sino también el deber de tener en cuenta el hecho de la traición y la apostasia de la jerarquía y de volverse contra los representantes de una Iglesia profanada y mutada en una institución que no tiene salvación y a la que ya no se podría reconocer como autoridad legítima.
Un caso semejante de traición a las verdades de fe centrales, por cuanto yo sé, se ha planteado en el Vaticano Segundo, se ha hecho ya manifiesto en él y posteriormente se ha continuado (como „revolución desde arriba"). En „Nostra Aetate", Art. 3, se dice por ejemplo: „La Iglesia considera con estima también a los musulmanes, que adoran al Dios único, al Dios vivo y que es en sí, al Dios misericordioso y todopoderoso, el creador del cielo y de la tierra, que ha hablado a los hombres."
Dios, que en Cristo se nos ha revelado a los hombres, se equipara aquí con Alláh, que fue anunciado por Mahoma, es decir, se niega el carácter único de la revelación de Cristo. En el curso de la llamada reforma litúrgica el rito de la misa se falseó de tal modo que las celebraciones con arreglo al nuevo „N.O.M." ya no operan la salvación. (Acerca de esta reforma, el propio cardenal Ratzinger ha hablado de „destrozo" -en el prólogo a Gamber, Die Liturgiereform, Le Barroux 1992, p. 6- y de „quebranto de la liturgia" -La mia vita, ricordi 1927-1997, Roma 1997).
El sincretismo que hoy propaga (2012 aplica para Benedicto XVI) Juan Pablo II („Judíos, cristianos, musulmanes, todos ellos creen en el mismo Dios") no sólo niega implícitamente la revelación de Dios en Cristo -y con ello también la Trinidad de Dios-, sino que además reduce la representación de Dios a una mera imagen teísta. Por contra, Cristo dice. „Nadie viene al Padre si no es a través de MI" (Juan, 14, 6). Pues „quien no tiene al Hijo, tampoco tiene al Padre" (Juan 2, 23). Es decir, quien no tiene a CRISTO, el Hijo de Dios, tampoco tiene a Dios-Padre. La verdad viva se sacrifica a los empeños por una unidad de las religiones. El hecho de la apostasia de la jerarquía ha encontrado su versión eclesiásticamente vinculante en la declaración de vacancia de la sede romana de Su Eminencia el Monseñor P. M. Ngô-dinh- Thuc, antiguo arzobispo de Hue (Vietnam), que éste promulgó en Munich el 21 de marzo de 1982.
Ahora bien, se puede objetar: aquellos que consideran la institución actual de la Iglesia como no legitimada,
también han caído con ello de facto en aquella situación que ellos mismos designan como
ilegítima: vida religiosa fuera de la Iglesia, o mejor dicho,, Jglesia".
A ello hay que decir: aunque los creyentes y sacerdotes que han permanecido fieles a la fe cristiana se
vieron confrontados -sin quererlo- con la apostasia que se estaba llevando a cabo, no pueden apelar simplemente a un estado de emergencia y hacer lo que quieran, sino que tienen que intentar terminar con este estado, que para ellos viene definido por la falta de una institución, mediante la restitución de la Iglesia como institución sagrada, demostrando en ello su actuación religiosa y eclesiástica como legitimada por la Iglesia. No obstante, de aquí resulta un dilema. Por un lado falta en la actualidad la autorización eclesiástica necesaria para el cumplimiento de esta tarea, y por otro lado el cumplimiento de esta tarea es el presupuesto necesario para el restablecimiento precisamente de esta autoridad eclesiástica. El dilema, a mi entender, sólo puede resolverse si el conjunto de todas las actividades correspondientes anticipa esta restitución, con la reserva de una legitimación posterior y definitiva a cargo de la jerarquía restablecida.
„Extra Ecclesiam nulla salus est" (Cipriano de Cártago) Esta constatación que el obispo Cipriano de Cártago promulgó en la carta 73, capítulo 21, y que ha de servirnos de divisa en las reflexiones que siguen, es la respuesta más adecuada al problema planteado en una mesa redonda el 22 de abril de 1999 en Ottobrunn, Munich, moderada por Karl Eisfeld sobre el tema: „¿Ser cristiano sin Iglesia?", a la que también fueron invitados representantes de nuestra corriente y sobre la que redacté la comunicación anterior, en la que quise compendiar nuestra posición, esto es, la posición de los sedevacantistas.
Aun cuando la pregunta precedente -„¿Ser cristiano sin Iglesia?"- se dirigía preferentemente a personas que, por los más diversos motivos, se habían distanciado del ministerio eclesiástico oficial (por ejemplo a causa de la supuesta paralización de las reformas, de una decepción personal o de una esclerosis espiritual, o mejor dicho, de una „intolerancia" en cuestiones de fe pero sobre todo también en cuestiones de moral), la pregunta de antes y la respuesta de Cipriano tienen que aplicarse en una medida particular también a nuestra situación, con sus problemas específicos.
Las realidades hay que juzgarlas sobriamente: también nosotros (bien que no por culpa nuestra, sino por culpa de la „revolución desde arriba") nos hallamos en la situación de (tener que) llevar nuestra existencia cristiana fuera de la Iglesia (como institución sagrada), mas también para nosotros rige el principio de que „extra Ecclesiam nulla salus", „no hay salvación fuera de la Iglesia": el centro misal en X no es la Iglesia, el Padre Y no es la autoridad, aunque pueda participar de ella si a partir de ella se legitima a sí mismo o legitima sus acciones -en un sentido que aún hay que describir-.
¿Cómo habría de ser esto posible? Hemos de someternos a una institución (la Iglesia) que (a causa de la apostasia de la jerarquía) ha dejado de existir como institución legítima. Reconocer este dilema significa ya osar un paso en la dirección correcta.
Cabría objetar que pese a todo se tienen sacerdotes y obispos que administran los sacramentos, que aseguran la sucesión..., y que eso ya basta para la salvación de las almas. Por lo demás, nadie tendría la culpa de que la jerarquía haya apostasiado, y en ningún caso se podría inculpar de ello a los sacerdotes que han permanecido fieles, o bien limitarlos por ello en su actuación justificada y también legitimada.
De hecho, estos sacerdotes que han permanecido fieles han conservado los plenos poderes sacramentales a través de la consagración (de las consagraciones), pero les falta la encomendación concreta, el mandato, la legitimación a cargo de la autoridad -en último término a cargo del Papa- para poder ejercer estos poderes plenos. Por citar un ejemplo: un obispo que quiere trabajar para la perduración de la Iglesia consagra a un sacerdote. ¿Cómo justifica éste su actuación pastoral, la lectura de la Santa Misa, la confesión, etc.? Apela a la encomendación del obispo que lo ha consagrado.
¿Pero quién ha encomendado a éste obrar en el sentido de la Iglesia? ¿De qué dependería a su vez la encomendación de su sacerdote? ¿En qué autoridad se apoya?
Pero -se objeta con razón- falta la autoridad. Y como esta circunstancia no puede ventilarse en una discusión, los legalistas, esto es, aquellos que dirigen su atención a puntos que son supuestamente relevantes en un sentido primariamente jurídico, llegan a la conclusión de que si bien se puede seguir obrando por sí mismo en un sentido religioso, hay que guardarse de ejercer toda otra actividad, por ejemplo la restitución de la Iglesia, el mantenimiento de la sucesión, etc. Por cuanto respecta  a los clérigos, desde este punto de vista estaría estrictamente prohibido administrar los sacramentos -salvo in extremis, es decir, en caso de riesgo de muerte-. A esta posición no se le puede denegar una cierta coherencia. Sin embargo, yo no puedo compartirla, y en concreto por el siguiente motivo: las disposiciones jurídicas no hay que tomarlas por sí mismas, no son fines en sí mismos. No pueden llevar a una reducción ad absurdum de la verdadera definición de la fundación de la Iglesia como institución sagrada. Suprema ley salus animorum, „la ley suprema es la salvación de las almas". A los apóstoles Cristo „los envió a anunciar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos" (Lucas 9, 2). Nuestra pregunta es, pues, cómo se puede realizar con la ley la encomendación
misional de Cristo („Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. Quien crea y sea bautizado, se salvará; pero quien no crea, se condenará" -Marcos 16, 16-) mediante la
Iglesia (pues sin ella no hay salvación) y bajo las circunstancias actuales (ausencia de una autoridad encomendante).
Quiero anotar que con la respuesta a esta pregunta se está pisando una nueva tierra teológica, pues en la historia de la Iglesia jamás se dio una situación semejante. Visto formalmente aparece el siguiente problema: se reclama algo que (ya) no hay, o mejor dicho, que todavía no ha vuelto a haber: la autoridad, pero que sin embargo debe volver a haber, restituida a través de diversos pasos procesuales que en sí mismos (todavía) no están legitimados (por la autoridad). Una solución de esta (aparente) contradicción sólo se alcanzaría anticipando el fin (la restitución de la Iglesia como institución sagrada) y categorizando los diversos pasos como provisionales hasta la restitución definitiva. Una justificación definitiva de este proceso de restitución sólo podría realizarse por medio de la autoridad restituida realmente. (Esta también era la concepción del ya fallecido obispo Guérard de Lauriers). Esta anticipación del restablecimiento de la autoridad y de la Iglesia como institución sagrada y guardarse uno mismo de juzgar la actividad que conducen a ello (es decir, actividad bajo reserva de una justificación posterior) son a mi entender los presupuestos no sólo de todo intento de restitución, sino también de la administración legitimada por la Iglesia de los sacramentos y de la participación en ellos bajo las circunstancias dadas: y esto es lo único decisivo para la salvación de cada alma. Aquí se observa por un lado que fuera de la Iglesia no puede haber salvación alguna, es decir, que no se busca la propia salvación ni los medios de salvación en círculos sectarios, pero al mismo tiempo también se integra el empeño de poner fin a este estado privado de autoridad -y por tanto también „sin salvación"-. Y sólo bajo este presupuesto está permitida a mi entender una actividad religiosoeclesiástica (porque de este modo está justificada provisionalmente).
Hay que tener claras las consecuencias de orientar la propia vida religiosa sin referencia a la Iglesia, fuera de la cual no hay salvación alguna, de recibir, en el modo de un egoísmo consciente de salvación, unos sacramentos administrados por clérigos vagantes -¡e incluso aunque sean sacerdotes ordenados válidamente!- que, sin embargo, a su vez no pueden ser apostrofados sino como una „atención al cliente" de corte sectarista, que no sirve al bien de la Iglesia ni quiere edificarla, sino que preferentemente tiene en vista a su clientela. Estas personas simplemente no han sido encomendadas por nadie, es decir, por ninguna autoridad eclesiástica, ni tampoco están legitimadas para ello en el sentido indicado anteriormente.
No hay que engañarse: la recepción y la administración de los sacramentos no estarían autorizados por cuanto respecta a su efecto salvador, es decir, por cuanto respecta al misericordioso establecimiento de la relación con Dios: serían cuanto menos problemáticos, si es que no incluso ineficientes.
(Nota bene: se recomienda analizar por una vez más detenidamente bajo este aspecto del flujo eficiente de gracia y del efecto de gracia la relación de sus llamados co-cristianos, que continuamente van a recibir los sacramentos de clérigos oscuros o bien sectarios. ¡Uno se quedará asombrado!) Hago aquí una digresión, pues aquí se ofrece la posibilidad de explicar más detenidamente el término de „egoísmo de salvación" que tan a menudo utilizo, posiblemente incluso de modo impropio, para que no surja ningún malentendido. ¡Desde luego que el creyente tiene que esforzarse por la salvación de su alma! Para eso ha fundado Cristo su Iglesia como institución de salvación, para que aquellos que aceptan los frutos de su sacrificio en la cruz puedan sellar de nuevo la alianza con Dios (una alianza oculta, pero personal y real). „Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás (es decir, los bienes de la vida diaria) se os dará por añadidura." (Mt. 6. 33). Pero esta oferta de salvación Cristo la ha transmitido a su Iglesia, y por eso sólo la hay dentro de la Iglesia, para que la consecución de la salvación sólo pueda cumplirse en ella, y no fuera de ella.
Pero fuera de la Iglesia se encuentran todos los sectarios y clérigos vagantes, es decir, sacerdotes -incluso sin comillas- que no están legitimados para la administración de los sacramentos, que no tienen la encomendación eclesiástica para ellos, pero que, en cambio, en los últimos tiempos han ofrecido sus servicios a diversos centros. Los creyentes sólo pueden recibir los sacramentos de clérigos que están dentro de la Iglesia y que actúan en ella. (Lo que esto significa en la situación actual lo he explicado antes.) Un egoísta de salvación es por tanto alguien que espera encontrar su salvación, y en particular los sacramentos, conscientemente extra Ecclesiam (fuera de la Iglesia), o digámoslo de un modo más prudente: sine Ecclesia (sin la Iglesia), es decir, de modo no autorizado -¡y sólo para sí mismo!-. Se podría objetar: esta posición de justificar la propia postura religiosa por medio de la anticipación de la reconstrucción de la Iglesia, pero con la reserva de someter las acciones emprendidas por mor de ello a un enjuiciamiento posterior, no es realista en vista de la mentalidad y del compromiso de la mayoría de los creyentes y clérigos, que apenas están dispuestos a colaborar en la reconstrucción, más aún, ni siquiera en la formación de la comunidad, por no decir ya a pensar en la efectuación de una elección papal.
Desde luego que veo las dificultades de la realización de tales empresas, que son tan grandes que toda una serie de creyentes ya se ha resignado. Pero hay que establecer una distinción entre la concepción justificada de una tarea y su realización. Aun cuando a esa tarea hayan de salirle al paso las dificultades más extremas, más aún, aun cuando, bajo determinadas circunstancias, haya que considerarla temporalmente como irrealizable, esto no significa que haya que renunciar a ella como tarea conocida correctamente. Pero es decisivo que me atenga a ella y que implore la asistencia divina para su realización... y entonces ya se hallarán caminos para ello. „Pedid y se os dará; buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá. Pues quien pide, recibe; y quien busca, encuentra; y a quien llama, se le abre."
(Lucas 11, 9-10) Si quiero ayudar a un enfermo mas en ese momento me falta la medicina necesaria, no puedo „sellar" al enfermo como sano ni declarar que de nada sirve el deber de ayudar a personas enfermas sólo para „resolver" el problema de cómo procurarme una medicina.
Formulado en categorías éticas: el deber ser del deber en sí mismo justificado (es decir, el restablecimiento de la Iglesia) no puede no ser válido porque el ser fáctico concreto (es decir, los problemas teóricos y organizativos todavía no resueltos para su terminación, pero también la comodidad, el desinterés de los afectados, esto es, nuestras propias debilidades) se oponga a este deber ser. Formulado positivamente: el deber ser es válido (debe ser) con independencia de los problemas de su realización.
El problema principal de la restitución es con toda seguridad un problema mental. ¡La reconstrucción tiene que haberse verificado ya „en nuestras cabezas"! Y si nos encamináramos hacia ella con esta actitud, entonces también advertiríamos toda ocasión para la realización de esta tarea. Por ejemplo, la formación de una comunidad dentro de una región no debería plantear en realidad ningún problema particular: la cohesión regional del clero ortodoxo, que se reúna en torno de los creyentes y que se encargue de modo perdurable de la responsabilidad pastoral, del acuerdo y la organización del trabajo parroquial. Es ostensible que hasta ahora esto todavía no se ha logrado. ¿Qué hubiera sido de la Iglesia si los apóstoles y las primeras comunidades cristianas se hubieran comportado como nosotros lo hacemos en parte? ¿Acaso este edificio de la Iglesia no habría sido vencido ya tras poco tiempo por „las puertas del infierno" y ya sólo tendríamos noticias de él por algunos diccionarios de historia antigua? . ,
Hay que saber lo que se quiere: o bien ir dando tumbos en sentido religioso más o menos sin ninguna concepción para acabar cayendo cada vez más hondo en el medio sectario y sin salvación, o bien colaborar con una clara perspectiva o estrategia religiosa y eclesiástica en la reconstrucción de la Iglesia para poder (re)encontrar en ella la propia salvación.

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26 octubre 2012 5 26 /10 /octubre /2012 03:47

Fundación del seminario del Instituto Mater Boni Consilii


casaverrua.jpgEn enero de 1987, el Instituto Mater Boni Consilii abre, en Orio Canavese, en la diócesis de Ivrea, un Seminario, que desde 1988 ha sido transferido a Verrua Savoia, en la diócesis de Casale Monferrato, donde desenvuelve actualmente su actividad de formación del clero en preparación al sacerdocio.

El Seminario y la Iglesia: Posición doctrinal - Situación canónica

El Seminario “San Pedro Mártir” se propone preparar a los jóvenes candidatos al sacerdocio católico, en la más estricta fidelidad a la Iglesia Católica Romana. “Corresponde exclusivamente a la Iglesia -recuerda el Reglamento de nuestro Seminario- instituir los seminarios (can. 1352) y al Obispo o a la Santa Sede aprobar sus reglamentos (can. 1357 3 e 4). Por lo tanto, en la espera de la institución canónica del Seminario y de la aprobación de su Reglamento, el Seminario San Pedro Mártir no es una realidad de derecho, sino solamente de hecho. Sin embargo, puesto que la formación del clero es de importancia vital para la continuación de la Misión confiada por Nuestro Señor Jesucristo, consideramos nuestro derecho y deber, durante el estado de privación de autoridad en la Iglesia, preparar al sacerdocio a cuantos se sientan llamados por Dios a eso. A causa de cuanto se ha dicho en los puntos precedentes, la única justificación moral de la existencia de nuestro seminario, sin aprobación canónica, es la situación actual de la Iglesia Católica que ha sido descripta por Mons. M. L. Guerard des Lauriers en la tesis de Cassiciacum [ver . A esta tesis, por consiguiente, deben adherir superiores, profesores y alumnos del seminario.

MONS. GUÉRARDMons. Guérard des Lauriers o.p.
al final de su vida, en su hábito

blanco de dominico

     

001_Stemma-domenicano.jpg

escudo dominico (la orden religiosa de
Mons. Guérard y de Mgr McKenna)

 

La vocación sacerdotal

No se puede aspirar al sacerdocio si no se ha recibido una vocación o llamada de parte de Dios: “Ni alguno se apropie de ese tal honor, sino quien está llamado por Dios, como Aarón” (Heb. 5, 4); “no me habéis elegido vos a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he constituido para que vayáis y déis fruto” (Jn. 15, 16); “no todos entienden esta palabra, mas sólo a aquellos a los cuáles se les es concedido” (Mt. 19, 11). Dios no dejará nunca de suscitar vocaciones sacerdotales, porque ellas son indispensables para la existencia misma de su Iglesia.


Rarísimamente las llamadas son extraordinarias o milagrosas (como aquella de San Pablo); normalmente, Dios manifiesta su elección a través de la causas segundas creadas. En particular, la Divina Providencia:


1. Producirá propicio (o hará superar o compensar) el ambiente familiar y formativo, no excluidos los aspectos materiales, económicos, etc.

2. Infundirá y alimentará en los jóvenes las idóneas cualidades físicas, intelectuales y morales;

3. Inspirará en su voluntad el deseo de la vida sacerdotal (particularmente con la devoción al Sacrificio de la Misa), haciendo discernir y juzgar los elementos indicados por del director espiritual;

4. Iluminará a sus superiores eclesiásticos, produciendo en ellos el juicio favorable e induciéndolos a la aceptación.


Admisión al seminario

Las personas interesadas por el seminario deben escribir al Rector del Seminario San Pedro Mártir (Localitá Carbignano 35/36, 10020 Verrua Savoia (To), Italia), precisando los motivos que los empuja a desear el sacerdocio.


En la carta se necesitará adjuntar eventualmente:


I. Un “currículum vitae” del candidato (lugar y fecha de nacimiento, familia, estudios, trabajo, eventuales seminarios ya frecuentados, etc.).

II. Los certificados de bautismo, confirmación, matrimonio religioso de los padres. I

II. Copia del diploma de la escuela media superior (madurez).

IV. Una carta de presentación del candidato suscripta por un sacerdote.


La petición de admisión será examinada por el Rector, que valorará si el candidato satisface cuanto es requerido por la Iglesia, particularmente en los cánones 1363-1364 del Código de Derecho Canónico (promulgado por Benedicto XV). El candidato –de cualquier nacionalidad- debe ser de una edad comprendida entre los 17 y 40 años. Ellos podrán requerir la admisión al Instituto Mater Boni Consilii; sin embargo, “son admitidos también candidatos que no intentando entrar a formar parte del Instituto Mater Boni Consilii, previo acuerdo con su Instituto o grupo sacerdotal o la recomendación de ellos por parte de un sacerdote confiable”, sostengan cuanto se ha dicho sobre la posición doctrinal a adoptar en el seminario.


Los estudios

El año académico comienza con la fiesta de la Dolorosa (15 de septiembre) y termina al final de junio; los exámenes están previstos para los meses de febrero y de junio. Los cursos se preveen de una duración de seis años: dos de filosofía escolástica, y cuatro de teología. Sea para la filosofía, sea para la teología, se seguirá la doctrina del Doctor Común, Santo Tomás de Aquino (can 1366).

Las clases son dadas en italiano o en francés, mientras que los manuales y textos de estudio son en latín: para quienes conozcan menos bien el latín están previstos cursos semanales de recuperación.

La liturgia y el hábito eclesiástico

La Santa Misa y el oficio divino son celebrados exclusivamente en latín y conforme a las rúbricas promulgadas por San Pío X. Desde el momento de la imposición de la sotana, los clérigos deben vestir constantemente el hábito eclesiástico (talar). 001_9Pontificale.jpgPontificale Romanum

Las Órdenes Sagradas

En el curso de los estudios, los seminaristas que lo requieran con el acuerdo del director espiritual y la aprobación del Rector, recibirán las Órdenes Sagradas previstas por el Concilio de Trento: la tonsura, las cuatro órdenes menores, el subdiaconado (que implica la obligación del celibato), el diaconado y el sacerdocio. Las Órdenes Sagradas son ordinariamente administradas por Mons. Geert Stuyver, del Instituto Mater Boni Consilii, consagrado obispo por Mons. Robert Fidelis Mc Kenna, dominico, a su vez consagrado por el teólogo dominico Mons. Michel-Louis Guérard des Lauriers. Padre Guérard des Lauriers recibió la consagración episcopal en 1981, de Mons. Pierre-Martin Ngo-dinh-Thuc, que fue Arzobispo de Hué, en Vietnam, y Asistente al Solio Pontificio. Por la legitimidad de esta consagración, que puede ser justificada en la actual situación de la Iglesia (la Sede Apostólica está formalmente vacante), se puede consultar el opúsculo del Padre Ricossa sobre la consagración episcopal en venta en el Centro Editorial Sodalitium.


001_12MgrStuyver.jpg                                   Mons. Stuyver, reza en una ceremonia de ordenación (2005)          


                                                                            001_StemmaMgr.jpgSu blasón episcopal:
“Por la caridad de la Verdad”


Conclusión

Nuestro Señor Jesucristo ha confiado al Sacerdote la celebración del Sacrificio de la Misa, renovación incruenta de aquél del Calvario, único Sacrificio del Nuevo Testamento que rinde a Dios la gloria que a Él le es debida. Al sacerdote solamente le ha confiado la administración de los sacramentos, canales de la gracia, e instrumento privilegiado para la salvación de las almas. Los jóvenes que tengan las cualidades físicas, intelectuales y morales para el sacerdocio, pregúntense si tal vez Jesucristo no les dirige t ambién a ellos las palabras: “venid y seguidme”. Los Ejercicios Espirituales según el método de San Ignacio de Loyola son un medio óptimo, recomendado por la Iglesia, para descubrir la propia vocación. En esto tiempos particularmente difíciles, sacerdotes celosos, preparados y piadosos son todavía más necesarios que en el pasado para la salvación de la almas. ¿Por qué deben ser los otros y no podría ser yo, quien responda a la llamada de Jesucristo?001_1StemmaMgr.jpg



[Las referencias escritas "can." son de los cánones de la Iglesia según el Codex Juris Canonici (Código de Derecho Canónico) de 1917].

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16 agosto 2012 4 16 /08 /agosto /2012 01:50

    Ofrecemos al lector el siguiente artículo tomado de la Revista Sodalitium.

   Dios quiera que, poco a poco, los artículos que nosotros facilitamos, sirvan a que más y más gente conozca el verdadero combate por la Fe en nuestra época de crisis.

   Que Nuestra Señora del Buen Consejo nos ilumine para mejor transmitir la Verdad.

    Sea para gloria de Dios.

- La Tesis de Cassiciacum cuestionada. Respuesta a la «Tour de David» y a «Le Sel de la Terre»

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15 agosto 2012 3 15 /08 /agosto /2012 00:27

Nos permitimos dejarles un documento en el que ustedes encontrarán el fundamento de nuestra posición teológica, la Tesis de Cassiciacum. Se trata de una entrevista hecha a Monseñor Guérard des Lauriers o.p. en la que no solamente él mismo explica el contenido de la Tesis sino que, además, la sitúa en el contexto histórico correspondiente. Esperamos que les sea de mucha ayuda.



Gloria a Dios, fidelidad a la iglesia, caridad para el prójimo. 



ENTREVISTA A MONSEÑOR GUÉRARD DES LAURIERS:

http://ddata.over-blog.com/2/35/00/25/abbe-romero/documentos/Sodalitium13.pdf

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