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Presentación

442px-Emblem of the Papacy SE svgBienvenido a este blog de actualidad religiosa,de filosofía, de combate de la Verdad contra la secta modernista del "Concilio Vaticano II", de honor, amor y fidelidad al Magisterio infalible de la Santa Iglesia Católica, y de discusión sobre la actualidad de Méjico.
   Este blog pretende también reunir las direcciones de los centros de Misa y de sacerdotes NON UNA CUM, celebrando el Santo Sacrificio en total desunión a "Benedicto XVI" en México.

   No reconocemos, pues, la legitimidad de la autoridad de los "Papas del Concilio" Vaticano II. Estamos ciertos de que solamente esta posición, también llamada sedevacantismo, es la posición teológica que responde perfectamente a la situación actual de la Autoridad en la Iglesia, en particular detallada por la Tesis de Cassiciacum.

   Le invitamos a leer nuestro blog detalladamente. Permítanos presertarle nuestra postura teológica.

   Sea a la mayor gloria de Dios: 


El equipo de México y Tradición

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24 octubre 2012 3 24 /10 /octubre /2012 04:42

EL SACRIFICIO DE LA MISA


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I.- QUE EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA ES NECESARIO.
80.- ¿Por qué es necesario el Santo Sacrificio de la Misa?
Por tres razones:
1º. - Por la perfección de la Religión Católica;
2º. - Porque la Misa realiza las figuras de los sacrificios antiguos, y es representación y continuación del de la Cruz; y
3º. - Porque en la Misa se cumplen las Profecías referentes al Sacrificio de la Nueva Ley.
81.- ¿Por qué la perfección de la Religión Católica demuestra la necesidad del Santo Sacrificio de la Misa?
Porque siendo la Religión Católica la única religión perfecta, no puede carecer del Sacrificio, que es el acto por
excelencia del culto exterior y publico.
82.- ¿Cómo realiza la Misa las figuras de los sacrificios antiguos?
Porque responde perfectísimamente a los fines de los diversos sacrificios del culto antiguo, cuyo fin principal era
anunciar y representar este Sacrificio de la Misa, que es el de la Nueva Ley.
83.- ¿Qué profecías se cumplen en el Sacrificio de la Misa?
Particularmente la de Malaquías, que anunciaba el único sacrificio que Dios aceptaría, o sea el Sacrificio Nuevo, que se
ofrecería al Señor en todo tiempo y en todo lugar.

II.- QUÉ ES LA SANTA MISA
84.- ¿Qué es la Santa Misa?
la santa misa es el sacrificio de la nueva ley, en el que Cristo se ofrece e inmola místicamente bajo las especies de pan y
vino; por medio del sacerdote, ministro legitimo de la iglesia, para reconocer el soberano dominio de dios sobre nosotros,
y para aplicarnos los meritos del sacrificio de la cruz.
85.- ¿Es la Misa un verdadero Sacrificio?
Sí, la Misa es un verdadero Sacrificio.
86.- ¿Cómo sabemos que la Misa es un verdadero Sacrificio?
Lo sabemos:
1º.- Por la Sagrada Escritura:
2º.- Por las enseñanzas de la Iglesia; y
3º.- Por el mismo Rito de la Misa.
87.- ¿Cómo lo sabemos por la Sagrada Escritura?
1º.- En el Antiguo Testamento, Malaquías anunció un Sacrificio verdadero y universal, y sus palabras no pueden
referirse ni a los sacrificios antiguos, ni a los sacrificios paganos, ni al Sacrificio de la Cruz, ni al sacrificio espiritual de
las buenas obras, sino que se realizan maravillosamente en el Sacrificio de la Misa;
2º.- En el Nuevo Testamento vemos claramente que Jesucristo instituyó en la Cena un verdadero Sacrificio, y éste, es el
de la Misa.
88.- ¿Cómo sabemos por las enseñanzas de la Iglesia que la Misa es un verdadero Sacrificio?
Porque el Concilio de Trento definió solemnemente que: la misa es un verdadero sacrificio.
89.- ¿Cómo nos prueba el mismo Rito de la misa que ésta es un verdadero Sacrificio?
Porque este Rito encierra todas las condiciones que se requieren para el sacrificio propiamente dicho.

III.- RELACIONES QUE HAY ENTRE EL SACRIFICIO DE LA MISA Y EL SACRIFICIO DE LA CRUZ.
 
90.- ¿Qué relaciones hay entre el Sacrificio de la Misa y el de la Cruz?
Las relaciones más estrechas, puesto que el Sacrificio de la Cruz y el de la Misa son el mismo sacrificio.
91.- ¿Cómo sabemos que el Sacrificio de la Misa y el de la Cruz son el mismo Sacrificio?
Porque así nos lo enseña el Concilio de Trento.
92.- ¿Qué razones da el Concilio de Trento para asegurar que el Sacrificio de la Misa y el Sacrificio de la Cruz son el
mismo Sacrificio?
Las siguientes:
1º.- En uno y en otro la Víctima es la misma;
2º.- El Sacerdote es el mismo, aunque en el Altar se valga del ministerio de los sacerdotes;
3º.- Los Frutos son los mismos, puesto que la Santa Misa no hace otra cosa que aplicarnos los Frutos del Sacrificio de la
Cruz; y
4º.- Solamente se distinguen por la diferente inmolación que fue cruenta de la Cruz y es incruento en la Misa.
93.- ¿Qué otras diferencias existen entre el Sacrificio de la Cruz y el Sacrificio de la Misa?
Estas otras diferencias:
1º.- Allá el Sacerdote que lo ofrecía era sólo Cristo; acá el sacerdocio de Cristo se extiende al Sacerdote, su ministro, y en cierta manera también a los fieles que asisten;
2º.- En la Cruz, la Víctima era sólo Cristo; en la Misa, la victima completa está formada por Cristo, por el Sacerdote y por los fieles.
94.- ¿Qué resulta de todo esto?
Que en la Santa Misa, Cristo se ofrece y nos ofrece con el como una sola víctima y una sola oblación y nosotros sacerdotes y fieles, lo ofrecemos y nos ofrecemos con el, participando de su sacerdocio y de su inmolación.

FINES Y FRUTOS DEL SACRIFICIO DE LA MISA

 

I.- FINES DEL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA.
95.- ¿Es eficaz el Sacrificio de la Misa?
Sí, puesto que él solo llena los fines de los sacrificios: Latréutico, Eucarístico, Propiciatorio e Impetratorio, de una
manera perfectísima.
96.- ¿En qué consiste la eficacia del Santo Sacrificio de la Misa?
En producir todos los efectos y llenar todos los fines figurados en los sacrificios de la Ley Antigua.
97.- ¿Por qué razón es tan eficaz el Sacrificio de la Misa?
Por las razones siguientes:
1º.- Porque es la representación viva, real y verdadera del Sacrificio de la Cruz y su continuación y consumación;
2º.- Porque es el mismo Sacerdote, Cristo, quien ofrece el Sacrificio de la Misa, como ofreció el de la Cruz. El Sacerdote en la Misa es únicamente representante de Cristo; y
3º.- Porque toda la Iglesia se une voluntariamente a Cristo su Cabeza, para sacrificarse místicamente con El.
98.- ¿Cómo obtiene la Misa sus fines, Latréutico y Eucarístico?
La Misa obtiene sus fines Latréutico y Eucarístico de una manera inmediata e infalible, esto es, por sí misma y por su propia virtud.
99.- ¿Cómo obtiene la Misa el fin Propiciatorio del Sacrificio?
Porque aplaca la justicia de Dios, Quien en consideración del Sacrificio de su Divino Hijo concede a los pecadores la gracia del arrepentimiento.
100.- ¿Perdona la Misa la pena temporal debida por los pecados?
Sí, por si misma y por su propia virtud, a los justos de la tierra, según sus disposiciones, y a las almas del Purgatorio, en la medida que determine la divina sabiduría.
101.- ¿Cómo obtiene la Misa su fin Impetratorio?
Segurísimamente siempre que se trata de pedir bienes espirituales. Tratándose de bienes temporales los alcanza por sí misma y por su propia virtud; pero no segurísimamente, porque Dios no los concederá si dificultan o impiden la salvación de las almas.


II.- FRUTOS DEL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA.
102.- ¿A qué llamamos frutos del Santo Sacrificio de la Misa?
A todas las gracias y bendiciones espirituales, dones y beneficios temporales que por el infinito valor del Sacrificio de la Misa, Dios nos concede.
103.- ¿De cuántas clases son estos frutos?
De cuatro clases:
1º.- fruto especialísimo;
2º.- fruto especial;
3º.- fruto generalísimo; y
4º.- fruto general.
104.- ¿En qué consiste el fruto especialísimo de la Misa?
En las gracias y bendiciones espirituales, dones y beneficios temporales que Dios concede al Sacerdote celebrante.
105.- ¿En qué consiste el fruto especial?
En los dones, gracias y bendiciones de todo género que Nuestro Señor concede a las personas por quienes se celebra el Santo Sacrificio.
106.- ¿En qué consiste el fruto generalísimo de la Santa Misa?
En las gracias y bendiciones espirituales, dones y beneficios temporales que Nuestro Señor derrama sobre todos los miembros de la Iglesia vivos y difuntos.
107.- ¿En qué consiste el fruto general de la Misa?
En los beneficios espirituales y temporales que Nuestro Señor concede a los que ayudan la Misa, a todos los que de alguna manera cooperan a la celebración de ella y a todos los que asisten al Santo Sacrificio, según las disposiciones de cada cual.

 

III.- VALOR DEL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA.
108.- ¿Qué valor tiene el Santo Sacrificio de la Misa?
El Santo Sacrificio de la Misa es, como el de la Cruz, de valor infinito.
109.- ¿Cómo se aplica el valor infinito de la Misa a nuestras almas?
El Concilio de Trento nos enseña: “Que el Santo Sacrificio de la Misa hace que nosotros consigamos misericordia y hallemos gracia en el tiempo en que necesitamos auxilio, si, por nuestra parte, nos llegamos a Dios con corazón sincero, con recta fe, con temor y respeto, arrepentidos y contritos”.
110.- ¿Es muy provechoso para nosotros asistir a la Santa Misa o mandarla celebrar?
Entre todas nuestras buenas obras, la más agradable a Dios, es, el ofrecimiento del Santo Sacrificio de la Misa o la asistencia a ella, a causa de su infinito valor.

A QUIÉN SE OFRECE EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA
I.- A QUIÉN SE OFRECE EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA


111.- ¿A quién se ofrece el Santo Sacrificio de la Misa?
El Santo Sacrificio de la Misa únicamente se ofrece a Dios, puesto que es un acto de adoración, aun más, es el acto de adoración por excelencia.
112.- ¿Qué significan las expresiones: Misa de la Santísima Virgen, Misa de los santos ángeles, etc.? Estas expresiones únicamente significan que la Misa se celebra en memoria o en honor de la Santísima Virgen, de los ángeles o de los santos, pero no quiere decir que la Misa se ofrezca a ellos directamente.
113.- ¿Qué nos enseña el Concilio de Trento acerca de esto?
Nos enseña que podemos mandar celebrar misas en honor de los santos, para lograr que intercedan por nosotros delante de Dios.
114.- ¿Con qué intenciones debemos mandar celebrar misas en honor de los santos?
1º. - Para dar gracias a Dios por la gracia y la felicidad que les concedió:
2º. - Para ofrecernos en sacrificio con Jesucristo como ellos mismos se ofrecieron; y
3º. - Para pedirles que unan sus súplicas a las nuestras para alcanzar el remedio de nuestras necesidades.

 

II.- QUIÉN OFRECE EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA
115.- ¿Quién ofrece el Santo Sacrificio de la Misa?
El Santo Sacrificio de la Misa es ofrecido:
1º.- Por el mismo Jesucristo, que es el Principal Oferente;
2º.- Por el Sacerdote que celebra, que es ministro de Jesucristo y de la Iglesia; y
3º.- Por cada uno de los asistentes, y también por la Iglesia entera.
116.- ¿Cómo ofrece Jesucristo el Santo Sacrificio de la Misa?
Jesucristo, Sacerdote Eterno, se ofrece Él mismo en sacrificio a Dios Padre, bajo las especies de pan y vino. Y por esto decimos que Él es en la misa el principal oferente.
117.- ¿Cómo ofrece la Misa el Sacerdote que celebra?
El Sacerdote que celebra, ofrece el Santo Sacrificio como ministro o representante de Jesucristo, en el Altar, pues, se ofrece Jesucristo por manos del Sacerdote, como se ofreció en la última Cena.
118.- ¿Cómo ofrecen la Misa cada uno de los asistentes?
Cada uno de los asistentes ofrece el Santo Sacrificio de la Misa, porque hay en la iglesia dos sacerdocios, o mejor dicho, dos maneras de participar del sacerdocio de Jesucristo: el sacerdocio oficial y el sacerdocio místico: el sacerdocio de la jerarquía eclesiástica y el sacerdocio de los simples fieles. Así que cuando asistimos al Santo Sacrificio practicamos una
obra sacerdotal.
119.- ¿De qué manera participan los sacerdotes del sacerdocio de Cristo?
De una manera muy perfecta por el sacramento del orden.
120.- ¿Cómo participan del sacerdocio de Cristo los simples fieles?
De una manera menos perfecta, por los sacramentos del bautismo y de la confirmación.
121.- ¿Cómo nos hacen participantes del sacerdocio de Cristo estos Sacramentos?
Los sacramentos nos comunican la vida divina y como el sacerdocio de Cristo es algo tan esencial en su vida, al comunicarnos esta vida por el bautismo y la confirmación, no puede menos que hacernos participantes en alguna manera de su sacerdocio.
122.- ¿Cómo ofrece la Misa la Iglesia entera?
La Iglesia ofrece el Sacrificio de la Misa, porque el Sacerdote que es ministro de Jesucristo, es también ministro oficial de la Iglesia, y como tal, habla, obra, alaba, da gracias, suplica y presenta a Dios Padre la Víctima de nuestra salvación, como delegado de todos los fieles.

 

III.- POR QUIÉN SE OFRECE EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA
123.- ¿Por quién se ofrece el Santo Sacrificio de la Misa?
La Misa se ofrece por los vivos y por los muertos.
124.- ¿Por qué vivos se ofrece la Misa?
Por todos los fieles vivos, sean buenos o malos: por los malos para que se arrepientan y por los buenos para que alcancen la santidad.
125.- ¿Por qué vivos no puede ofrecerse la Misa directamente?
Por los infieles y herejes y por los que han sido públicamente excomulgados, no es lícito ofrecer la Misa nominalmente.
126.- Según esto, ¿no puede ofrecerse en alguna manera por ellos la Santa Misa?
Indirectamente se ruega por ellos, pidiendo su conversión, cuando se ofrece el Santo Sacrificio para que se acaben las herejías y para que se extienda la Iglesia por todo el mundo.
127.- ¿Por qué difuntos se ofrece la Misa?
Por todos aquellos que murieron en gracia de Dios y tienen pecados que expiar en el Purgatorio.
128.- ¿Qué Misa tiene mayor valor para los difuntos, la de Requiem o la que se celebra conforme al Rito del día?
La Santa Misa es de valor infinito, sea que se diga de Requiem o conforme al Rito del día.
129.- ¿Por qué es más útil a los difuntos la Misa de Requiem?
La Misa de Requiem es más útil a los difuntos, a causa de las oraciones especiales que se hacen por ellos.

 

CIRCUNSTANCIAS DEL OFRECIMIENTO DE LA MISA
I.- POR QUÉ INTENCIÓN SE OFRECE LA MISA
130.- ¿Qué intenciones debemos tener al ofrecer o hacer ofrecer la Santa Misa según nuestras propias intenciones?
Ante todo debemos tener una intención espiritual, esto es: lo primero que debemos pedir, son los bienes del alma.
Cuando pedimos los bienes materiales por medio del Santo Sacrificio de la Misa, debemos consentir de todo corazón, en
que Dios nos escuche siempre que lo que pidamos no sea obstáculo para nuestra salvación.
 131.- ¿Por qué hemos de ordenar así nuestras intenciones?
Porque así nos lo enseña Jesucristo en el Evangelio diciendo: “Buscad primero el reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura”.

 

II.- POR QUÉ INTENCIONES NO SE DEBE OFRECER LA SANTA MISA
132.- ¿Por qué intenciones no se debe ofrecer la Santa Misa?
Nunca se debe ofrecer la Santa Misa con fines torcidos, por ejemplo para pedir a Dios que no se descubra un robo que se ha hecho; para pedir que sobrevengan males a los enemigos, etc.
133.- ¿Qué debemos decir de quien se atreve a ofrecer la Misa con fines torcidos?
Que hace un insulto a Dios, pretendiendo alcanzar por el valor infinito del Santo Sacrificio, cosas que son contrarias a los Atributos divinos.


III.- QUÉ ES EL ESTIPENDIO
134.- ¿Qué es el estipendio?
Estipendio es la cantidad de dinero que en justicia deben dar los fieles al Sacerdote para que ofrezca el Santo Sacrificio
de la Misa, según las intenciones particulares de los donantes.
135.- ¿Qué deben indicar los fieles al Sacerdote al darle el estipendio?
Deben indicarle la intención por la cual quieren que se aplique el Santo Sacrificio. Esta intención puede ser una o varias.
136.- ¿Es el estipendio el precio del Santo Sacrificio?
El estipendio no es el precio del Santo Sacrificio, que por sí mismo es inapreciable por ser de valor infinito.
137.- ¿Es el estipendio una limosna como la que se da a los pobres?
El estipendio no es una limosna como la que se da a los pobres; es un pago justo y racional que debe hacerse a quienes consagran su vida a dispensar los auxilios espirituales.
138.- ¿Desde cuándo está establecido el estipendio?
El estipendio está establecido por la Iglesia desde el siglo VIII.

EL TEMPLO
 
I.- EL TEMPLO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
139.- ¿Dónde puede celebrarse el Culto divino?
Como Dios está en todas partes, en todas partes puede recibir la adoración y homenajes de las criaturas. Pero El mismo se ha dignado fijar el lugar en que debe dársele este Culto.
140.- ¿Qué lugares ha señalado Dios para que se le dé Culto?
En el Antiguo Testamento, fue el Tabernáculo y más tarde el Templo de Jerusalén; en el Nuevo Testamento es la Iglesia o Templo Cristiano.
141.- ¿Qué es una Iglesia o Templo Cristiano?
La Iglesia o Templo Cristiano es un edificio público consagrado al Culto divino, donde los fieles se reúnen para ofrecer el Santo Sacrificio, recibir los Sacramentos y participar en las demás ceremonias religiosas.
142.- ¿Cuál fue el primer Templo Cristiano?
El Cenáculo donde se celebró la Primera Misa.
143.- ¿Quién celebró la Primera Misa?
El mismo Jesucristo Nuestro Señor, cuando instituyó la Sagrada Eucaristía después de la Ultima Cena.


II.- PRIMEROS LUGARES DE REUNIÓN DE LOS CRISTIANOS
144.- ¿Dónde se celebraba el Culto divino en tiempo de los Apóstoles?
Los Apóstoles y sus discípulos celebraban sus asambleas religiosas en los palacios de los cristianos ricos, en otras casas particulares y en las sinagogas judías.
145.- ¿Dónde se celebraba el Culto en los tiempos de persecución violenta?
En esos tiempos, cualquier lugar servía para el Culto divino: bosques, cavernas, casas particulares y hasta cárceles. Reuníanse también los fieles en los cementerios subterráneos llamados Catacumbas.
146.- ¿Cuándo comenzó a haber edificios públicos destinados al Culto divino?
Desde el tiempo en que el Emperador Constantino comenzó a proteger públicamente la Religión Cristiana.
147.- ¿En qué edificios comenzó a celebrarse el Culto?
En los edificios públicos llamados basílicas que Constantino dotó a la Iglesia.
148.- ¿Qué eran las Basílicas?
Eran edificios destinados en un tiempo a la administración de la justicia y de otros negocios. Conforme al modelo de estos edificios, se construyeron más tarde las primeras iglesias cristianas.
149.- ¿Y todas las iglesias cristianas se llamaron Basílicas?
No, porque muy pronto quedó reservado este nombre para las grandes iglesias de Roma, y es un título honorífico que el Papa concede a otras iglesias a causa de su dignidad.


III.- DIVERSAS CATEGORÍAS DE TEMPLOS EN LA ACTUALIDAD, Y DEDICACIÓN DE ESTOS
150.- ¿Hay distintas clases de iglesias o templos?
Atendiendo a la dignidad e importancia de las iglesias, en nuestros días se clasifican del modo siguiente:
1º.- basílicas mayores y menores;
2º.- iglesias catedrales, que pueden ser patriarcales, primadas o metropolitanas;
3º.- iglesias colegiatas;
4º.- iglesias parroquiales;
5º.- capillas u oratorios públicos;
6º.- oratorios semi-públicos; y
7º.- oratorios privados.
151.- ¿Qué iglesias se llaman Basílicas?
Las iglesias que ocupan el primer puesto a causa de su dignidad o de sus privilegios.
152.- ¿Cuáles son las Basílicas Mayores?
Las Basílicas Mayores o Patriarcales, que están en Roma, son cuatro, a saber: san Juan de Letrán, Madre y Cabeza de
todas las iglesias del mundo; san Pedro del Vaticano; san pablo extra muros y santa María la Mayor. También son
Mayores fuera de la Ciudad de Roma la Basílica de san francisco y la de santa María de los ángeles en Asís.
153.- ¿Cuáles son las Basílicas Menores?
Se llaman Menores las demás Basílicas de Roma y otras iglesias en el mundo, que han recibido de los Papas el título de
Basílicas, como son: en México la insigne y nacional basílica de santa María de Guadalupe; en España la de nuestra
señora del pilar; en Francia, la nueva Basílica de santa teresa del niño Jesús, etc.
154.- ¿Qué iglesias se llaman Catedrales?
Se llaman Catedrales las iglesias en que tienen su Sede o Cátedra los Obispos.
155.- ¿Qué títulos suelen agregarse a las Catedrales?
Si el Obispo tiene alguno de estos títulos: patriarca, primado o metropolitano, esto hace que su iglesia sea igualmente
patriarcal, primada o metropolitana.
156.- ¿Qué iglesias son Metropolitanas?
Son las Catedrales donde tienen su Sede o Cátedra los arzobispos.
157.- ¿Qué se entiende por iglesias Colegiatas?
Son las iglesias que están atendidas por una reunión de Sacerdotes que se llama cabildo.
158.- ¿Cuáles son las iglesias Parroquiales?
Las que están atendidas por los curas párrocos.
159.- ¿Qué sacerdotes tienen el título de Curas Párrocos?
Los que tienen cura de almas, esto es, que deben tener cuidado de impartir los bienes espirituales a los fieles de su Parroquia.
160.- ¿Qué iglesias se llaman simplemente Capillas u Oratorios Públicos?
Son aquellas iglesias que están atendidas por un Sacerdote llamado rector o capellán.
Este Sacerdote no tiene Cura de almas.
161.- ¿Cuáles son los Oratorios Semi-públicos?
Los templos destinados para los actos del Culto de una comunidad o establecimiento, por ejemplo: los Oratorios de los Seminarios, Colegios, Asilos, Hospitales, etc.
162.- ¿Qué son Oratorios Privados?
Son lugares destinados a los actos del Culto divino, de una sola familia o de una persona particular. Para poder tener Oratorio Privado, se necesita un privilegio especial de la Santa Sede.
163.- ¿Puede celebrarse el Santo Sacrificio en lugar distinto de la Iglesia?
El Santo Sacrificio se puede celebrar fuera de la iglesia, en lugares decentes y adecuados, con permiso del Señor Obispo.
164.- ¿Qué manda la Santa Iglesia al comenzar la fabricación de un Templo?
Manda que se bendiga el terreno, la Piedra Fundamental y los cimientos; y que, después, terminada ya la construcción, el edificio sea bendecido o consagrado con toda solemnidad.
165.- ¿Qué se entiende aquí por Consagración y Bendición?
Las oraciones y ceremonias solemnes con las cuales se dedica una iglesia u oratorio al Culto divino.
166.- ¿Qué diferencias principales hay entre la Consagración y Bendición de una Iglesia?
Las siguientes:
1º.- La consagración solemne, que también se llama dedicación de una iglesia, es la más solemne de todas las
ceremonias litúrgicas y sólo puede hacerla el Obispo.
2º.- La bendición solemne de las iglesias, la puede hacer un simple Sacerdote, Delegado por el Señor Obispo, y es una
ceremonia más sencilla que la anterior.
167.- ¿En qué se distinguen las iglesias Consagradas de las que sólo han sido Bendecidas?
En que tienen doce cruces grabadas en las paredes o en los pilares, en memoria de los doce apóstoles, Columnas de la
Santa Iglesia. Estas cruces las unge el Obispo con el Santo Crisma el día de la Consagración.
168.- ¿Cómo se conmemora la dedicación de una Iglesia?
Se conmemora cada año con una Fiesta de Primera Clase y con Misa y Oficio especiales.
169.- ¿Qué se entiende por Título o Titular de una Iglesia que se le da al poner la primera piedra o el día de su bendición?
El Misterio o Santo que sirve para nombrarla o distinguirla de otra cualquiera. Así se dice: Iglesia de la Santísima Trinidad, de la Asunción, de San Pedro, etc.
170.- ¿Qué diferencia hay entre el Titular y el Patrono de una Iglesia?
El Titular sólo sirve para nombrar una Iglesia colocada bajo su advocación, y puede ser un Misterio, mientras que el Patrono es el Protector del lugar y sus habitantes y sólo puede ser un ángel o un santo.
171.- ¿Qué respeto debemos a las iglesias?
Un respeto profundo puesto que el Espíritu Santo nos dice: “Verdaderamente esta es la Casa de Dios y Puerta del Cielo”.
172.- ¿Castiga Dios a los que profanan su santo Templo?
Dios Nuestro Señor se muestra muy celoso del respeto que se debe a su santo Templo y la Historia Sagrada lo atestigua relatando los castigos que Dios ha dado a los profanadores; además el mismo Espíritu Santo nos dice: “Si alguien violare el templo de Dios, Dios lo destruirá a él”.


EL ALTAR Y SUS ACCESORIOS
 
Altar preparado para la Santa Misa.


I.- PRIMEROS ALTARES CRISTIANOS
173.- ¿Cuál es el objeto más santo y más digno que encontramos en la Casa de Dios?
El objeto más santo y más importante que encontramos en la Casa de Dios es el ALTAR.
174.- ¿Qué es el Altar?
el altar propiamente dicho es una mesa, que ahora como siempre, es la piedra sobre la cual se ofrece a dios el sacrificio.
175.- ¿Cuál fue el primer Altar cristiano?
Fue la Mesa sobre la cual Nuestro Señor celebró su Ultima Cena en el Cenáculo.
176.- ¿De qué era esta Mesa?
Era de madera, como de madera fueron también las que, en Jerusalén, en Roma y en todos los sitios usaron los
Apóstoles y los primeros Sacerdotes para celebrar el Santo Sacrificio.
177.- ¿Quién ordenó que la Mesa del Altar fuera de Piedra?
El Papa San Silvestre en el siglo IV.
178.- ¿No se usa ya ningún Altar de madera?
El único Altar de madera ahora en uso, es el antiquísimo altar papal de la Basílica de San Juan de Letrán; se supone que
fue el que usaron los primeros Papas y quizá el mismo San Pedro.


II.- DIFERENTES CLASES DE ALTARES

Altar portátil.
179.- ¿Cuántas clases de altares hay?
Se distinguen las siguientes:
1º.- altares fijos y altares portátiles.
2º.- altares privilegiados y altares no privilegiados.
180.- ¿Qué es Altar Fijo?
Altar FIJO es una mesa de piedra, que está unida y sujeta a su base o pie, y que el Obispo consagra en el mismo sitio en que ha de servir.
181.- ¿Qué es Altar Portátil?
Altar portátil, llamado ordinariamente piedra sagrada, o ara, es una simple piedra cuadrada del tamaño suficiente para que sobre ella se puedan colocar el Cáliz y la Hostia, y que el Obispo consagra en particular para que luego encaje en la Mesa del Altar que no ha recibido consagración especial.
182.- ¿Qué deben tener en el centro tanto el Altar Fijo como el Altar Portátil?
Deben tener en el centro un hoyito, o sepulcro con reliquias de mártires y tres granos de incienso. Pueden añadirse reliquias de santos no mártires.
183.- ¿Qué clase de altares deben tener las iglesias?
En toda Iglesia consagrada es necesario que haya por lo menos un Altar Fijo. En las iglesias no consagradas, pueden ser portátiles todos los altares.
184.- ¿Qué es Altar Privilegiado?
Es aquél que tiene concedida una indulgencia plenaria aplicable a los difuntos por quienes el Sacerdote dice en él la Misa.
185.- ¿Cómo se distinguen los Altares Privilegiados?
Sólo puede haber un Altar Privilegiado en cada Iglesia, y se distingue por un rótulo que dice: “altar privilegiado”.


II.- SIMBOLISMO Y CONSAGRACIÓN DEL ALTAR

Consagración del Altar.
186.- ¿Por qué ha de ser el Altar de piedra?
1º.- Porque representa a Jesucristo, Piedra y Fundamento de la Iglesia;
2º.- Porque el Cuerpo de Jesucristo fue enterrado en un sepulcro de piedra.
187.- ¿Por qué se colocan reliquias de santos en el sepulcro del Altar?
1º.- Para glorificar a los santos y por sus méritos hacernos propicio a Dios;
2º.- Para que nos recuerden que todo cristiano debe unir el sacrificio de si mismo al sacrificio del hombre dios; pues no
nos hacemos santos sino por la virtud del Sacrificio de la Cruz renovado sobre nuestros altares.
188.- ¿En qué casos pierde el Altar su Consagración?
1º.- En los altares Fijos: si se abre el sepulcro, o si se rompe notablemente la mesa del altar o simplemente se separa de
la base en que fue consagrada;
2º.- En los altares Portátiles: si se abre el sepulcro, o si la piedra se rompe notablemente.

ACCESORIOS DEL ALTAR
I.- LIENZOS SAGRADOS Y TABERNACULO.
189.- ¿Cómo debe cubrirse el Altar para la Misa?
Debe estar cubierto con tres manteles limpios.
190.- ¿Qué cualidades deben tener los manteles?
Deben ser blancos, de cáñamo o de lino, y han de estar bendecidos por un Obispo o por un Sacerdote que tenga facultad para ello.
191.- ¿Los tres manteles deben ser del mismo tamaño?
El mantel de encima debe ser más largo y llegar por ambos lados hasta el suelo. Los otros dos, son más cortos y pueden
ser reemplazados por uno solo doblado en dos.
192.- ¿Por qué quiere la Santa Iglesia que el Altar esté cubierto con tres manteles?
Por las razones siguientes:
1º Para detener en la tela que es más fácil de purificar, la Preciosísima Sangre que pudiera derramarse;
2º Porque el Altar es la Mesa del Señor en la que se sirven los más deliciosos manjares;
3º Para recordar los lienzos en que fue envuelto el Cuerpo de Jesús;
4º Para honrar a las Tres Personas de la Santísima Trinidad; y
5º Para recordarnos los tres días que Nuestro Señor pasó en el sepulcro.
193.- ¿Cómo debe protegerse la limpieza de los manteles del Altar?
Poniendo sobre ellos una cubierta de género decente, que sólo debe quitarse cuando se celebra la Santa Misa o algún otro acto litúrgico.
194.- ¿ A qué llamamos lienzos sagrados?
A los que tocan directamente el Sacratísimo Cuerpo y Sangre de Jesús Sacramentado.
195.- ¿Cuáles son los lienzos sagrados?
Los corporales, la palia y los purificadores.
196.- ¿Qué son los Corporales?
Son los lienzos sagrados de cáñamo o de lino que el Sacerdote extiende sobre el Altar desde el Ofertorio, para colocar sobre ellos la Hostia y el Cáliz. Se llaman Corporales, porque después de la Consagración, el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y Sangre de Jesucristo.
197.- ¿Qué cosas recuerdan los Corporales?
Nos recuerdan el sudario en que fue envuelto el Cuerpo difunto de Jesús, y también la pureza del alma con que debemos acercarnos a Jesús Sacramentado.
198.- ¿Qué es la Palia?
Es una doble tela de lino o de cáñamo, de forma cuadrada, que sirve para cubrir el Cáliz y la Patena; viene a ser un corporal suplementario.
199.- ¿Qué es el Purificador?
Es un lienzo de lino o de cáñamo, que sirve para purificar el Cáliz, la Patena y el Copón y también los dedos y los labios del Sacerdote celebrante.
200.- ¿Cuáles de estos Lienzos deben ser bendecidos?
Deben ser bendecidos por el Obispo o por el Sacerdote facultado para ello conforme a Derecho, o por delegación especial, únicamente los Corporales y las Palias, el Purificador no necesita bendición.
201.- ¿Pueden los simples fieles tocar los Lienzos sagrados, cuando ya han servido para el Santo Sacrificio?
No deben tocarlos cuando aún no han sido lavados por un ministro sagrado.
202.- ¿Qué Lienzo no sagrado usa el Sacerdote en la Misa?
El manutergio que es la toallita con que se enjuga los dedos al tiempo del lavabo después del Ofertorio.
203.- ¿Qué es el Tabernáculo?
El Tabernáculo, que también se llama sagrario, es una arca o urna de madera, de mármol o de metal, que está destinada a guardar el Santísimo Sacramento.
204.- ¿Por qué se le llama Tabernáculo?
En recuerdo del Tabernáculo de Moisés, en el cual, dentro del Arca de la Alianza se guardaba un vaso con Maná que era una Figura de la Sagrada Eucaristía.
205.- ¿Cómo se cierra el Tabernáculo?
Con una puerta que se cierra con llave. Esta llave debe guardarla cuidadosamente el Párroco o el Rector de la Iglesia.
206.- ¿Cómo debe estar la parte interior del Tabernáculo?
Toda su parte interior debe estar forrada con una tela de seda blanca; debe tener un Corporal o Palia para depositar en él el Copón con las Hostias Consagradas y el relicario que guarda la Hostia Grande para la Exposición.
207.- ¿Cómo debe cubrirse la parte exterior del Tabernáculo?
Con una cortinilla que se llama conopeo; esta cortina debe ser en forma de pabellón y ha de ser blanca o del color litúrgico del día. No hay conopeo negro, en lugar de éste se pone el morado.
208.- ¿Debe bendecirse el Sagrario?
Sí, debe ser bendecido por el Obispo o por un Sacerdote delegado por él.
209.- ¿Pueden ponerse algunos objetos sobre el Sagrario?
No debe ponerse ningún objeto sobre el Sagrario. Únicamente se permite poner el Crucifijo del Altar, en caso de necesidad.
II.- CRUCIFIJO Y LUCES.
210.- ¿Qué debe haber sobre el Altar en que se dice la Misa?
Debe haber un Crucifijo en el centro y además los candeleros necesarios con las velas de cera que deben estar encendidas durante el Santo Sacrificio.
211.- ¿Por qué ha de haber un Crucifijo sobre el Altar?|
Para indicar que ese lugar se convierte en un nuevo Calvario donde Jesucristo se inmola por nosotros.
212.- ¿De qué tamaño ha de ser el Crucifijo del Altar de la Misa?
Debe ser más alto que los candeleros, no que las velas, lo suficientemente grande para que lo vean el celebrante y el pueblo.
213.- ¿Cuándo debe quitarse el Crucifijo del Altar?
Cuando está expuesto el Santísimo Sacramento, y en tiempo de Pasión se lo cubre con un velo morado.
214.- ¿Cuántas velas encendidas debe haber mientras se celebra la Santa Misa?
Si la Misa es rezada por un simple Sacerdote no pueden encenderse más de dos velas, si la Misa es rezada por un Obispo o Abad, no debe haber más de cuatro velas encendidas; en la Misa Solemne se encienden seis, y en la Misa Pontifical, es decir, en la Misa solemne celebrada por un Obispo en su propia Diócesis, se enciende una vela más y se coloca detrás del Crucifijo.
215.- ¿Qué representan las velas del Altar?
Las que están a la izquierda del Crucifijo, al lado de la Epístola, representan a los santos de la Ley Antigua; las que están a la derecha, al lado del Evangelio, representan a los santos de la Nueva Ley.
216.- ¿Qué significa la séptima vela que se enciende en la Misa Pontifical?
Representa a la vez, la plenitud del sacerdocio y los Siete Dones del Espíritu Santo que el Obispo posee.
217.- ¿Cuál es la vela que debe encenderse en todas las Misas?
La tercerilla, que debe encenderse antes de la Consagración y debe permanecer encendida sobre el Altar hasta que termina la Comunión.
218.- ¿Cuál es el objeto de la vela llamada tercerilla?
Recordar la presencia real de Jesucristo sobre el Altar, y mover a los fieles a que hagan actos de fe, de adoración y de amor a Jesús Sacramentado.
219.- ¿De qué han de ser las velas de la Misa y de la Exposición?
Han de ser de cera pura de abejas, y no de sebo ni de parafina o de cualquiera otra materia.
220.- ¿Además de las velas, qué otra luz debe haber delante del Tabernáculo?
Debe haber siempre una lampara encendida delante del Tabernáculo, la cual debe alimentarse con aceite de oliva, porque además de dar una luz más viva y más pura, es un símbolo de paz y de bondad.
221.- ¿Qué nos indica la lámpara del Tabernáculo?
Esta lámpara, como la Estrella de Belén, nos indica la humilde morada del Gran Rey.


III.- VASOS SAGRADOS
222.- ¿Qué son vasos sagrados?
Vasos sagrados son los que sirven para el Culto divino.
223.- ¿Cuáles son los vasos sagrados?
Los vasos sagrados son: el caliz, la patena, el copon, el viril y la custodia, que propiamente no es un vaso.
224.- ¿Qué es el Cáliz?
Es un vaso cuya copa sirve para contener el vino que el Sacerdote consagra.
225.- ¿Qué es la Patena?
Es un platito redondo que sirve para la ofrenda del pan, para cubrir el Cáliz y para la Comunión.
226.- ¿De qué materia deben ser el Cáliz y la Patena?
El Cáliz y la Patena deben ser de oro o de plata; pero cuando son de plata, han de estar dorados en el interior.
227.- ¿Por quién deben estar consagrados el Cáliz y la Patena?
Por el Obispo o por un simple Sacerdote delegado por el Papa.
228.- ¿Qué nos recuerdan el Cáliz y la Patena?

El Cáliz nos recuerda el sepulcro de Cristo, y la Patena la losa con que lo cubrieron.
 
229.- ¿Qué es el Copón o Ciborio?
Es un vaso en que se conservan las Hostias Consagradas. Debe tener encima una cruz. Conviene que el Copón sea por lo menos de plata y que la copa esté dorada en el interior.
230.- ¿Debe estar consagrado el Copón?
El Copón no es un vaso consagrado; basta que sea solamente bendecido por un Obispo o por un Sacerdote que tenga facultad para ello.
231.- ¿Cuándo y con qué debe estar cubierto el Copón?
Debe estar cubierto con un ornamento de seda blanca llamado capillo cuando contiene la Sagrada Eucaristía. Es conveniente que cuando no la contiene se quite el capillo del Copón.
232.- ¿Cómo se llama el vaso en que se lleva el Sagrado Viático a los enfermos?
Se llama relicario. Es propiamente un coponcito portátil.
233.- ¿Qué es el Viril?
Es una especie de cajita o marco que contiene la Sagrada Hostia que se ha de colocar en la Custodia. Debe tener interiormente dos aritos para impedir que la Sagrada Hostia toque a las dos caras de cristal, que son como la tapa y el fondo de la caja.
234.- ¿Qué es la Custodia?
Es un objeto sagrado que sirve para exponer el Santísimo Sacramento a la adoración de los fieles, y por esto se llama ostensorio.
235.- ¿Qué materia conviene para la Custodia y el Viril?
Conviene que la Custodia sea de plata, y el Viril de oro o cuando menos de plata dorada.
236.- ¿Deben consagrarse el Viril y la Custodia?
El Viril debe estar bendito como el Copón por el Obispo o el Sacerdote que tenga facultad.
237.- ¿Quiénes pueden tocar los vasos sagrados?
Cuando los vasos sagrados contienen la Sagrada Eucaristía solamente los Sacerdotes y los Diáconos pueden tocarlos. Cuando están vacíos pueden tocarlos las personas encargadas de su cuidado, pero solamente con un motivo razonable y deben hacerlo usando siempre un lienzo limpio, y tratándolos con gran reverencia.
238.- ¿Cuáles son los vasos litúrgicos que no están benditos?
Las vinajeras, el incensario y la naveta, el acetre y el hisopo, la campanilla y los vasos de ablución.
239.- ¿Qué son las vinajeras?
Son unas jarritas destinadas a contener el vino y el agua para la Misa. Deben ser de cristal o de vidrio.
240.- ¿Qué es el incensario?
Es el vaso que sirve para quemar el incienso en las ceremonias litúrgicas.
241.- ¿Qué es la naveta?
Es el vaso en que se lleva el incienso que se ha de quemar en el incensario.
242.- ¿Qué es el acetre?
Es el vaso portátil que contiene el agua bendita para la aspersión y bendiciones.
243.- ¿Qué es el hisopo?
El hisopo o aspersorio, es el objeto que sirve para la aspersión del agua bendita; consiste en una bola hueca llena de agujeritos dentro de la cual se pone ordinariamente una esponja; está fija a un mango de madera o metal.
244.- ¿Qué es la campanilla?
Una campana pequeña que el que ayuda a Misa debe tocar un poco, al Sanctus, y tres veces a cada elevacion.
245.- ¿A qué llamamos vasos de ablución?
Tanto el vaso en que el Sacerdote se purifica los dedos después de haber dado la comunión fuera de la Misa, como el vaso en que se reciben las abluciones en las dos primeras misas de Navidad y de Difuntos. También se llama vaso de ablución aquél en que se lavan los lienzos sagrados.

LAS SAGRADAS VESTIDURAS
 
Sacerdote con su vestimenta talar, la sotana.
I.- EL HÁBITO ECLESIÁSTICO Y LAS VESTIDURAS BLANCAS.
246.- ¿A qué llamamos hábito eclesiástico?
Al vestido que deben usar constantemente los Obispos, los Sacerdotes y todos aquellos que se han dedicado al servicio de Dios en el estado eclesiástico.
247.- ¿Cuál es el principal hábito eclesiástico?
Es la sotana.
248.- ¿Qué es la sotana?
Es una vestidura amplia que baja hasta los talones, cerrada por delante y con mangas bastante largas.
249.- ¿De qué color debe ser la sotana?
La sotana debe ser blanca para el Papa, a causa de su suprema dignidad; roja para los Cardenales; morada para los Obispos; pero en los días de penitencia y cuando se hallan fuera de su Diócesis deben usar sotana negra; los Sacerdotes y Clérigos inferiores, usan siempre sotana negra.
250.- ¿A qué llamamos vestiduras sagradas?
A las vestiduras blancas que los Ministros de la Iglesia deben usar debajo de los ornamentos, durante las ceremonias litúrgicas.
251.- ¿Cuáles son esas vestiduras?
El amito, el alba y el cíngulo.
252.- ¿Qué es el amito?
Es un lienzo rectangular de lino blanco, que los ministros sagrados colocan primero sobre la cabeza y luego se ciñen al cuello cubriéndose las espaldas y sujetándolo por delante con unas cintas.
253.- ¿Qué costumbre han conservado algunas Órdenes Religiosas en el uso del amito?
En algunas Órdenes Religiosas se ha conservado el uso antiguo de cubrirse el celebrante con el amito toda la cabeza al tiempo de revestirse, y no descubrirse sino al pie del Altar, al empezar el Santo Sacrificio.
254.- ¿Qué representa el amito?
Dos cosas a saber:
1º.- El casco protector de la fe contra las tentaciones del demonio;
2º.- El velo con que cubrieron el Rostro de Jesucristo en su Pasión.
255.- ¿Qué oración dicen los ministros sagrados al ponerse el amito?
«Coloca, Señor, sobre mi cabeza el casco de salvación, para que pueda rechazar todos los asaltos del demonio».
256.- ¿Qué es el alba?
El alba es una túnica blanca de lino, que cubre del todo al Sacerdote.
257.- ¿Qué representa el alba?
Dos cosas:
1º.- El vestido blanco que por burla mandó Herodes que pusieran a Jesús; y
2º.- Por su color, representa la inocencia, la santidad y la nueva vida de Jesucristo.
258.- ¿Qué oración dicen los sagrados Ministros al ponerse el alba?
«Lávame, Señor, y purifica mi alma, para que lavado en la Sangre del Cordero, merezca las alegrías de la felicidad eterna».
259.- ¿Qué es el cíngulo?
El Cíngulo es un cordón de cáñamo, lino o seda con que el Sacerdote sujeta el alba y la estola, atándoselo al rededor de la cintura.
260.- ¿Qué nos recuerda el Cíngulo?
Recuerda:
1º.- Los cordeles con que amarraron a Jesucristo en el Huerto de los Olivos, los que le sujetaban a la columna de los azotes y las cuerdas con que lo azotaron; y
2º.- Simboliza la virtud de la castidad y de la continencia.
261.- ¿Qué oración dicen los Ministros sagrados al ceñirse el Cíngulo?
«Cíñeme, Señor, con un Cíngulo de pureza, extingue en mi corazón el fuego de las pasiones, para que permanezca en mí
la virtud de la continencia y de la castidad».

II.- LOS ORNAMENTOS SACERDOTALES.
 
Sacerdotes con Dalmáticas (a los lados) y Capa pluvial (en el centro).
262.- ¿A qué llamamos ornamentos propiamente dichos?
A las vestiduras sacerdotales hechas de telas preciosas y adornadas.
263.- ¿Cuáles son los ornamentos propiamente dichos?
Son: la casulla, la estola, el manipulo, el velo del cáliz, la bolsa de corporales, la capa pluvial y los velos humerales.
264.- ¿Qué es la Casulla?
La Casulla es una vestidura de diversas formas y cortes que cuelga de los hombros del Sacerdote, por delante y por
detrás a modo de escapulario.
265.- ¿Qué simboliza o representa la Casulla?
Dos cosas:
1º.- El yugo del Señor; yugo suave y ligero, cuando lo lleva la caridad; y
2º.- Recuerda el manto de púrpura que pusieron al Salvador en el Pretorio de Pilatos.
266.- ¿Qué oración dice el Sacerdote al ponerse la Casulla?
«Señor, que has dicho, mi yugo es suave y mi carga ligera, haz que yo pueda llevarla de tal modo que merezca tu gracia».
267.- ¿Qué es la Estola?
La Estola es una banda larga y estrecha que cuelga del cuello del Sacerdote. Para la celebración del Santo Sacrificio de la cruza por delante sujetándola con el Cíngulo.
268.- ¿Qué representa la Estola?
Representa el poder que el Sacramento del Orden confiere a los Ministros sagrados, para administrar los sacramentos.
269.- ¿Qué oración deben decir los Ministros sagrados al ponerse la Estola?
«Devuélveme, Señor, la estola de la inmortalidad que perdí con la desobediencia de mi primer padre, y aun cuando me acerque, sin ser digno, a celebrar tus sagrados misterios, haz que merezca algún día gozar de la gloria eterna».
270.- ¿Qué es el Manípulo?
El Manípulo es una banda más corta que la Estola, que el Sacerdote lleva sujeta al brazo izquierdo. Tanto el Manípulo como la Estola, deben tener tres cruces: una en el centro y una en cada extremo.
271.- ¿Qué representa el Manípulo?
El Manípulo representa los cordeles con que ataron al Salvador, y también significa el fruto de las buenas obras, que no se logra sin a fuerza de sudores y lágrimas,
272.- ¿Qué oración dicen los Ministros sagrados al sujetarse el Manípulo al brazo?
«Dígnate, Señor, hacer que merezca llevar el Manípulo del llanto y del dolor para poder recibir con alegría el premio de mis trabajos».
273.- ¿Qué es el Velo del Cáliz?
El Velo del Cáliz es un lienzo cuadrado de seda y del mismo color que la Casulla; tiene una cruz en la parte delantera.
Se emplea para cubrir el Cáliz y la Patena desde el principio de la Misa hasta el Ofertorio, y después de la Comunión.
274.- ¿Cómo es la Bolsa de los Corporales?
Es cuadrada, abierta por un solo lado o por tres, debe ser también del mismo género del de la casulla; sirve para guardar en ella los Corporales, lienzos sagrados que merecen grandísimo respeto.
275.- ¿Qué es la Capa Pluvial?
Es un manto de ceremonia que se emplea en las procesiones y bendiciones con el Santísimo y en otras procesiones y bendiciones solemnes.
276.- ¿Por qué se llama Pluvial?
Porque en los principios se usó para defenderse de la lluvia en las procesiones y sobre todo para llevar el Santísimo de las Catacumbas a la casa de los enfermos. Se le añadía entonces una capucha que cubría la cabeza, y de ella tenemos un recuerdo en esa especie de esclavina que cuelga de la capa por la espalda.
277.- ¿Qué simboliza la Capa Pluvial?
Simboliza la gloriosa inmortalidad que excluye el dolor y las lágrimas, y por eso, nunca se lleva el Manípulo con ella.
278.- ¿Qué son los Velos humerales?
Son los grandes paños de seda que se emplean en las funciones sagradas.
279.- ¿Cuántos son los Velos humerales?
Son dos: el Paño de hombros, blanco y el Velo del Ofertorio.
280.- ¿Para qué sirve el Paño de hombros?
El Paño de hombros, blanco y de seda sirve al Sacerdote en las procesiones y bendiciones con el Santísimo Sacramento, y para llevar el Viático a los enfermos.
281.- ¿Para qué sirve el Velo del Ofertorio?
El Velo del Ofertorio, que puede ser blanco o de color del ornamento del día, sirve al Subdiácono para sostener la Patena y presentarla en las misas solemnes.
282.- ¿Cuáles son las vestiduras y ornamentos de los Ministros inferiores?
Las vestiduras son: amito, alba y cíngulo para el Diácono y para el Subdiácono, y la cota para los Clérigos inferiores. Los ornamentos son: manipulo, estola y dalmática para el Diácono, manipulo y túnica para el Subdiácono. Los Clérigos inferiores solamente pueden usar la Capa Pluvial en algunas funciones.
283.- ¿Qué es la Cota?
La Cota es una alba recortada, con mangas anchas y cortas. Las usan los Tonsurados y los Ordenados de Menores. Debe ser blanca y de lino. Pueden usarla también los seglares cuando sirven el Altar.
284.- ¿Son diferentes la Dalmática y la Túnica?
Antiguamente lo eran; en la actualidad son iguales.
285.- ¿Qué son la Dalmática y la Túnica?
Vestiduras cerradas por delante y abiertas por los lados, y tiene para cubrir los brazos una especie de mangas cortas,
anchas y abiertas.
286.- ¿De qué tela deben ser los Ornamentos sagrados?
La Casulla, Dalmática, Capa Pluvial, Estola, Manípulo, Velo del Cáliz y Bolsa de los Corporales, han de ser de seda o
de alguna otra tela preciosa.


III.- COLORES LITÚRGICOS DE LOS ORNAMENTOS
 
Obispo y Sacerdotes con ornamentos rojos.
287.- ¿A qué llamamos colores litúrgicos?
Llamamos colores litúrgicos a los que la Iglesia ha prescrito o determinado para los ornamentos sagrados.
288.- ¿Cuáles son los colores litúrgicos?
Son cinco: blanco, rojo, verde, morado y negro. Y posteriormente han sido admitidos el color rosa para toda la Iglesia y el azul celeste como privilegio para algunas naciones.
289.- ¿Qué simboliza el color blanco?
Simboliza la luz, la gloria, la inocencia y la alegría.
290.- ¿En qué Fiestas litúrgicas deben usarse ornamentos blancos?
En todos los Misterios Gozosos y Gloriosos de Nuestro Señor; en las Fiestas de la Santísima Virgen, Dedicación de las iglesias, San Juan Bautista y Fiestas de santos y santas no apóstoles ni mártires.
291.- ¿Qué simboliza el color rojo?
Por ser más parecido a la sangre y al fuego, el rojo simboliza el fuego de la caridad y el heroísmo del Sacrificio.
292.- ¿En qué Fiestas litúrgicas están prescritos los ornamentos rojos?
En la Fiesta de Pentecostés, en las Fiestas de la Santa Cruz y las que se refieren a los instrumentos de la Pasión y en las de los Apóstoles y Mártires.
293.- ¿Qué significa el color verde?
Significa la esperanza de nuestra resurrección y del cielo.
294.- ¿En qué tiempo se usan los ornamentos verdes?
En el Tiempo Litúrgico que se llama de Peregrinación hacia la Patria, y que comprende las semanas después de Epifanía hasta Septuagésima y después de Pentecostés hasta Adviento.
295.- ¿Qué simboliza el color morado?
Simboliza la penitencia, la humildad y la tristeza, y convida al retiro y al recogimiento.
296.- ¿En qué tiempos se usa el color morado?
En todos los tiempos y actos de expiación y penitencia, como Adviento, Témporas, Cuaresma y Vigilias fuera de Epifanía, en las procesiones de rogativas y en la administración de los Sacramentos de la Penitencia y Extremaunción y parte del Bautismo.
297.- ¿En qué otra ocasión se usa el color morado?
El día de los Santos Inocentes, si no cae en domingo. Cuando esta fiesta cae en domingo, se usa ornamento rojo por ser mártires. El morado significa el dolor que causó su muerte.
298.- ¿Qué simboliza el color negro?
El negro es símbolo de luto.
299.- ¿Cuándo se usan ornamentos negros?
El Viernes Santo por la muerte del Señor; y en las misas, funerales y demás servicios de difuntos adultos.
300.- ¿En qué ocasiones se usa el color rosa?
El rosa, símbolo de alegría, introdujo para las Domínicas: gaudete de medio Adviento, y laetare de media Cuaresma.
301.- ¿Cuándo se usa el azul celeste?
En algunas naciones se usa para las fiestas y misas Votivas de la Inmaculada Concepción.

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Published by Juan Manuel Olivar Robles - en Religión Católica
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23 octubre 2012 2 23 /10 /octubre /2012 03:59

EL SACRIFICIO DE LA MISA

Messe-de-toujours-3I.- QUE EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA ES NECESARIO.
80.- ¿Por qué es necesario el Santo Sacrificio de la Misa?
Por tres razones:
1º. - Por la perfección de la Religión Católica;
2º. - Porque la Misa realiza las figuras de los sacrificios antiguos, y es representación y continuación del de la Cruz; y
3º. - Porque en la Misa se cumplen las Profecías referentes al Sacrificio de la Nueva Ley.
81.- ¿Por qué la perfección de la Religión Católica demuestra la necesidad del Santo Sacrificio de la Misa?
Porque siendo la Religión Católica la única religión perfecta, no puede carecer del Sacrificio, que es el acto por
excelencia del culto exterior y publico.
82.- ¿Cómo realiza la Misa las figuras de los sacrificios antiguos?
Porque responde perfectísimamente a los fines de los diversos sacrificios del culto antiguo, cuyo fin principal era
anunciar y representar este Sacrificio de la Misa, que es el de la Nueva Ley.
83.- ¿Qué profecías se cumplen en el Sacrificio de la Misa?
Particularmente la de Malaquías, que anunciaba el único sacrificio que Dios aceptaría, o sea el Sacrificio Nuevo, que se
ofrecería al Señor en todo tiempo y en todo lugar.



II.- QUÉ ES LA SANTA MISA
84.- ¿Qué es la Santa Misa?
la santa misa es el sacrificio de la nueva ley, en el que Cristo se ofrece e inmola místicamente bajo las especies de pan y
vino; por medio del sacerdote, ministro legitimo de la iglesia, para reconocer el soberano dominio de dios sobre nosotros,
y para aplicarnos los meritos del sacrificio de la cruz.
85.- ¿Es la Misa un verdadero Sacrificio?
Sí, la Misa es un verdadero Sacrificio.
86.- ¿Cómo sabemos que la Misa es un verdadero Sacrificio?
Lo sabemos:
1º.- Por la Sagrada Escritura:
2º.- Por las enseñanzas de la Iglesia; y
3º.- Por el mismo Rito de la Misa.
87.- ¿Cómo lo sabemos por la Sagrada Escritura?
1º.- En el Antiguo Testamento, Malaquías anunció un Sacrificio verdadero y universal, y sus palabras no pueden
referirse ni a los sacrificios antiguos, ni a los sacrificios paganos, ni al Sacrificio de la Cruz, ni al sacrificio espiritual de
las buenas obras, sino que se realizan maravillosamente en el Sacrificio de la Misa;
2º.- En el Nuevo Testamento vemos claramente que Jesucristo instituyó en la Cena un verdadero Sacrificio, y éste, es el
de la Misa.
88.- ¿Cómo sabemos por las enseñanzas de la Iglesia que la Misa es un verdadero Sacrificio?
Porque el Concilio de Trento definió solemnemente que: la misa es un verdadero sacrificio.
89.- ¿Cómo nos prueba el mismo Rito de la misa que ésta es un verdadero Sacrificio?
Porque este Rito encierra todas las condiciones que se requieren para el sacrificio propiamente dicho.

III.- RELACIONES QUE HAY ENTRE EL SACRIFICIO DE LA MISA Y EL SACRIFICIO DE LA CRUZ.

 
90.- ¿Qué relaciones hay entre el Sacrificio de la Misa y el de la Cruz?
Las relaciones más estrechas, puesto que el Sacrificio de la Cruz y el de la Misa son el mismo sacrificio.
91.- ¿Cómo sabemos que el Sacrificio de la Misa y el de la Cruz son el mismo Sacrificio?
Porque así nos lo enseña el Concilio de Trento.
92.- ¿Qué razones da el Concilio de Trento para asegurar que el Sacrificio de la Misa y el Sacrificio de la Cruz son el
mismo Sacrificio?
Las siguientes:
1º.- En uno y en otro la Víctima es la misma;
2º.- El Sacerdote es el mismo, aunque en el Altar se valga del ministerio de los sacerdotes;
3º.- Los Frutos son los mismos, puesto que la Santa Misa no hace otra cosa que aplicarnos los Frutos del Sacrificio de la
Cruz; y
4º.- Solamente se distinguen por la diferente inmolación que fue cruenta de la Cruz y es incruento en la Misa.
93.- ¿Qué otras diferencias existen entre el Sacrificio de la Cruz y el Sacrificio de la Misa?
Estas otras diferencias:
1º.- Allá el Sacerdote que lo ofrecía era sólo Cristo; acá el sacerdocio de Cristo se extiende al Sacerdote, su ministro, y
en cierta manera también a los fieles que asisten;
2º.- En la Cruz, la Víctima era sólo Cristo; en la Misa, la victima completa está formada por Cristo, por el Sacerdote y
por los fieles.
94.- ¿Qué resulta de todo esto?
Que en la Santa Misa, Cristo se ofrece y nos ofrece con el como una sola víctima y una sola oblación y nosotros
sacerdotes y fieles, lo ofrecemos y nos ofrecemos con el, participando de su sacerdocio y de su inmolación.


FINES Y FRUTOS DEL SACRIFICIO DE LA MISA
I.- FINES DEL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA.
95.- ¿Es eficaz el Sacrificio de la Misa?
Sí, puesto que él solo llena los fines de los sacrificios: Latréutico, Eucarístico, Propiciatorio e Impetratorio, de una
manera perfectísima.
96.- ¿En qué consiste la eficacia del Santo Sacrificio de la Misa?
En producir todos los efectos y llenar todos los fines figurados en los sacrificios de la Ley Antigua.
97.- ¿Por qué razón es tan eficaz el Sacrificio de la Misa?
Por las razones siguientes:
1º.- Porque es la representación viva, real y verdadera del Sacrificio de la Cruz y su continuación y consumación;
2º.- Porque es el mismo Sacerdote, Cristo, quien ofrece el Sacrificio de la Misa, como ofreció el de la Cruz. El
Sacerdote en la Misa es únicamente representante de Cristo; y
3º.- Porque toda la Iglesia se une voluntariamente a Cristo su Cabeza, para sacrificarse místicamente con El.
98.- ¿Cómo obtiene la Misa sus fines, Latréutico y Eucarístico?
La Misa obtiene sus fines Latréutico y Eucarístico de una manera inmediata e infalible, esto es, por sí misma y por su
propia virtud.
99.- ¿Cómo obtiene la Misa el fin Propiciatorio del Sacrificio?
Porque aplaca la justicia de Dios, Quien en consideración del Sacrificio de su Divino Hijo concede a los pecadores la
gracia del arrepentimiento.
100.- ¿Perdona la Misa la pena temporal debida por los pecados?
Sí, por si misma y por su propia virtud, a los justos de la tierra, según sus disposiciones, y a las almas del Purgatorio, en
la medida que determine la divina sabiduría.
101.- ¿Cómo obtiene la Misa su fin Impetratorio?
Segurísimamente siempre que se trata de pedir bienes espirituales. Tratándose de bienes temporales los alcanza por sí
misma y por su propia virtud; pero no segurísimamente, porque Dios no los concederá si dificultan o impiden la salvación
de las almas.
II.- FRUTOS DEL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA.
102.- ¿A qué llamamos frutos del Santo Sacrificio de la Misa?
A todas las gracias y bendiciones espirituales, dones y beneficios temporales que por el infinito valor del Sacrificio de la
Misa, Dios nos concede.
103.- ¿De cuántas clases son estos frutos?
De cuatro clases:
1º.- fruto especialísimo;
2º.- fruto especial;
3º.- fruto generalísimo; y
4º.- fruto general.
104.- ¿En qué consiste el fruto especialísimo de la Misa?
En las gracias y bendiciones espirituales, dones y beneficios temporales que Dios concede al Sacerdote celebrante.
105.- ¿En qué consiste el fruto especial?
En los dones, gracias y bendiciones de todo género que Nuestro Señor concede a las personas por quienes se celebra el
Santo Sacrificio.
106.- ¿En qué consiste el fruto generalísimo de la Santa Misa?
En las gracias y bendiciones espirituales, dones y beneficios temporales que Nuestro Señor derrama sobre todos los
miembros de la Iglesia vivos y difuntos.
107.- ¿En qué consiste el fruto general de la Misa?
En los beneficios espirituales y temporales que Nuestro Señor concede a los que ayudan la Misa, a todos los que de
alguna manera cooperan a la celebración de ella y a todos los que asisten al Santo Sacrificio, según las disposiciones de
cada cual.
III.- VALOR DEL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA.
108.- ¿Qué valor tiene el Santo Sacrificio de la Misa?
El Santo Sacrificio de la Misa es, como el de la Cruz, de valor infinito.
109.- ¿Cómo se aplica el valor infinito de la Misa a nuestras almas?
El Concilio de Trento nos enseña: “Que el Santo Sacrificio de la Misa hace que nosotros consigamos misericordia y
hallemos gracia en el tiempo en que necesitamos auxilio, si, por nuestra parte, nos llegamos a Dios con corazón sincero,
con recta fe, con temor y respeto, arrepentidos y contritos”.
110.- ¿Es muy provechoso para nosotros asistir a la Santa Misa o mandarla celebrar?
Entre todas nuestras buenas obras, la más agradable a Dios, es, el ofrecimiento del Santo Sacrificio de la Misa o la
asistencia a ella, a causa de su infinito valor.



A QUIÉN SE OFRECE EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA
I.- A QUIÉN SE OFRECE EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA
111.- ¿A quién se ofrece el Santo Sacrificio de la Misa?
El Santo Sacrificio de la Misa únicamente se ofrece a Dios, puesto que es un acto de adoración, aun más, es el acto de
adoración por excelencia.
112.- ¿Qué significan las expresiones: Misa de la Santísima Virgen, Misa de los santos ángeles, etc.?
Estas expresiones únicamente significan que la Misa se celebra en memoria o en honor de la Santísima Virgen, de los
ángeles o de los santos, pero no quiere decir que la Misa se ofrezca a ellos directamente.
113.- ¿Qué nos enseña el Concilio de Trento acerca de esto?
Nos enseña que podemos mandar celebrar misas en honor de los santos, para lograr que intercedan por nosotros delante
de Dios.
114.- ¿Con qué intenciones debemos mandar celebrar misas en honor de los santos?
1º. - Para dar gracias a Dios por la gracia y la felicidad que les concedió:
2º. - Para ofrecernos en sacrificio con Jesucristo como ellos mismos se ofrecieron; y
3º. - Para pedirles que unan sus súplicas a las nuestras para alcanzar el remedio de nuestras necesidades.
II.- QUIÉN OFRECE EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA
115.- ¿Quién ofrece el Santo Sacrificio de la Misa?
El Santo Sacrificio de la Misa es ofrecido:
1º.- Por el mismo Jesucristo, que es el Principal Oferente;
2º.- Por el Sacerdote que celebra, que es ministro de Jesucristo y de la Iglesia; y
3º.- Por cada uno de los asistentes, y también por la Iglesia entera.
116.- ¿Cómo ofrece Jesucristo el Santo Sacrificio de la Misa?
Jesucristo, Sacerdote Eterno, se ofrece Él mismo en sacrificio a Dios Padre, bajo las especies de pan y vino. Y por esto
decimos que Él es en la misa el principal oferente.
117.- ¿Cómo ofrece la Misa el Sacerdote que celebra?
El Sacerdote que celebra, ofrece el Santo Sacrificio como ministro o representante de Jesucristo, en el Altar, pues, se
ofrece Jesucristo por manos del Sacerdote, como se ofreció en la última Cena.
118.- ¿Cómo ofrecen la Misa cada uno de los asistentes?
Cada uno de los asistentes ofrece el Santo Sacrificio de la Misa, porque hay en la iglesia dos sacerdocios, o mejor dicho,
dos maneras de participar del sacerdocio de Jesucristo: el sacerdocio oficial y el sacerdocio místico: el sacerdocio de la
jerarquía eclesiástica y el sacerdocio de los simples fieles. Así que cuando asistimos al Santo Sacrificio practicamos una
obra sacerdotal.
119.- ¿De qué manera participan los sacerdotes del sacerdocio de Cristo?
De una manera muy perfecta por el sacramento del orden.
120.- ¿Cómo participan del sacerdocio de Cristo los simples fieles?
De una manera menos perfecta, por los sacramentos del bautismo y de la confirmación.
121.- ¿Cómo nos hacen participantes del sacerdocio de Cristo estos Sacramentos?
Los sacramentos nos comunican la vida divina y como el sacerdocio de Cristo es algo tan esencial en su vida, al
comunicarnos esta vida por el bautismo y la confirmación, no puede menos que hacernos participantes en alguna manera
de su sacerdocio.
122.- ¿Cómo ofrece la Misa la Iglesia entera?
La Iglesia ofrece el Sacrificio de la Misa, porque el Sacerdote que es ministro de Jesucristo, es también ministro oficial
de la Iglesia, y como tal, habla, obra, alaba, da gracias, suplica y presenta a Dios Padre la Víctima de nuestra salvación,
como delegado de todos los fieles.
III.- POR QUIÉN SE OFRECE EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA
123.- ¿Por quién se ofrece el Santo Sacrificio de la Misa?
La Misa se ofrece por los vivos y por los muertos.
124.- ¿Por qué vivos se ofrece la Misa?
Por todos los fieles vivos, sean buenos o malos: por los malos para que se arrepientan y por los buenos para que
alcancen la santidad.
125.- ¿Por qué vivos no puede ofrecerse la Misa directamente?
Por los infieles y herejes y por los que han sido públicamente excomulgados, no es lícito ofrecer la Misa nominalmente.
126.- Según esto, ¿no puede ofrecerse en alguna manera por ellos la Santa Misa?
Indirectamente se ruega por ellos, pidiendo su conversión, cuando se ofrece el Santo Sacrificio para que se acaben las
herejías y para que se extienda la Iglesia por todo el mundo.
127.- ¿Por qué difuntos se ofrece la Misa?
Por todos aquellos que murieron en gracia de Dios y tienen pecados que expiar en el Purgatorio.
128.- ¿Qué Misa tiene mayor valor para los difuntos, la de Requiem o la que se celebra conforme al Rito del día?
La Santa Misa es de valor infinito, sea que se diga de Requiem o conforme al Rito del día.
129.- ¿Por qué es más útil a los difuntos la Misa de Requiem?
La Misa de Requiem es más útil a los difuntos, a causa de las oraciones especiales que se hacen por ellos.
CIRCUNSTANCIAS DEL OFRECIMIENTO DE LA MISA
I.- POR QUÉ INTENCIÓN SE OFRECE LA MISA
130.- ¿Qué intenciones debemos tener al ofrecer o hacer ofrecer la Santa Misa según nuestras propias intenciones?
Ante todo debemos tener una intención espiritual, esto es: lo primero que debemos pedir, son los bienes del alma.
Cuando pedimos los bienes materiales por medio del Santo Sacrificio de la Misa, debemos consentir de todo corazón, en
que Dios nos escuche siempre que lo que pidamos no sea obstáculo para nuestra salvación.


 131.- ¿Por qué hemos de ordenar así nuestras intenciones?
Porque así nos lo enseña Jesucristo en el Evangelio diciendo: “Buscad primero el reino de Dios y su justicia y todo lo
demás se os dará por añadidura”.
II.- POR QUÉ INTENCIONES NO SE DEBE OFRECER LA SANTA MISA
132.- ¿Por qué intenciones no se debe ofrecer la Santa Misa?
Nunca se debe ofrecer la Santa Misa con fines torcidos, por ejemplo para pedir a Dios que no se descubra un robo que se
ha hecho; para pedir que sobrevengan males a los enemigos, etc.
133.- ¿Qué debemos decir de quien se atreve a ofrecer la Misa con fines torcidos?
Que hace un insulto a Dios, pretendiendo alcanzar por el valor infinito del Santo Sacrificio, cosas que son contrarias a
los Atributos divinos.
III.- QUÉ ES EL ESTIPENDIO
134.- ¿Qué es el estipendio?
Estipendio es la cantidad de dinero que en justicia deben dar los fieles al Sacerdote para que ofrezca el Santo Sacrificio
de la Misa, según las intenciones particulares de los donantes.
135.- ¿Qué deben indicar los fieles al Sacerdote al darle el estipendio?
Deben indicarle la intención por la cual quieren que se aplique el Santo Sacrificio. Esta intención puede ser una o varias.
136.- ¿Es el estipendio el precio del Santo Sacrificio?
El estipendio no es el precio del Santo Sacrificio, que por sí mismo es inapreciable por ser de valor infinito.
137.- ¿Es el estipendio una limosna como la que se da a los pobres?
El estipendio no es una limosna como la que se da a los pobres; es un pago justo y racional que debe hacerse a quienes
consagran su vida a dispensar los auxilios espirituales.
138.- ¿Desde cuándo está establecido el estipendio?
El estipendio está establecido por la Iglesia desde el siglo VIII.


EL TEMPLO
 
I.- EL TEMPLO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
139.- ¿Dónde puede celebrarse el Culto divino?
Como Dios está en todas partes, en todas partes puede recibir la adoración y homenajes de las criaturas. Pero El mismo
se ha dignado fijar el lugar en que debe dársele este Culto.
140.- ¿Qué lugares ha señalado Dios para que se le dé Culto?
En el Antiguo Testamento, fue el Tabernáculo y más tarde el Templo de Jerusalén; en el Nuevo Testamento es la Iglesia
o Templo Cristiano.
141.- ¿Qué es una Iglesia o Templo Cristiano?
La Iglesia o Templo Cristiano es un edificio público consagrado al Culto divino, donde los fieles se reúnen para ofrecer
el Santo Sacrificio, recibir los Sacramentos y participar en las demás ceremonias religiosas.
142.- ¿Cuál fue el primer Templo Cristiano?
El Cenáculo donde se celebró la Primera Misa.
143.- ¿Quién celebró la Primera Misa?
El mismo Jesucristo Nuestro Señor, cuando instituyó la Sagrada Eucaristía después de la Ultima Cena.
II.- PRIMEROS LUGARES DE REUNIÓN DE LOS CRISTIANOS
144.- ¿Dónde se celebraba el Culto divino en tiempo de los Apóstoles?
Los Apóstoles y sus discípulos celebraban sus asambleas religiosas en los palacios de los cristianos ricos, en otras casas
particulares y en las sinagogas judías.
145.- ¿Dónde se celebraba el Culto en los tiempos de persecución violenta?
En esos tiempos, cualquier lugar servía para el Culto divino: bosques, cavernas, casas particulares y hasta cárceles.
Reuníanse también los fieles en los cementerios subterráneos llamados Catacumbas.


146.- ¿Cuándo comenzó a haber edificios públicos destinados al Culto divino?
Desde el tiempo en que el Emperador Constantino comenzó a proteger públicamente la Religión Cristiana.
147.- ¿En qué edificios comenzó a celebrarse el Culto?
En los edificios públicos llamados basílicas que Constantino dotó a la Iglesia.
148.- ¿Qué eran las Basílicas?
Eran edificios destinados en un tiempo a la administración de la justicia y de otros negocios. Conforme al modelo de
estos edificios, se construyeron más tarde las primeras iglesias cristianas.
149.- ¿Y todas las iglesias cristianas se llamaron Basílicas?
No, porque muy pronto quedó reservado este nombre para las grandes iglesias de Roma, y es un título honorífico que el
Papa concede a otras iglesias a causa de su dignidad.
III.- DIVERSAS CATEGORÍAS DE TEMPLOS EN LA ACTUALIDAD, Y DEDICACIÓN DE ESTOS
150.- ¿Hay distintas clases de iglesias o templos?
Atendiendo a la dignidad e importancia de las iglesias, en nuestros días se clasifican del modo siguiente:
1º.- basílicas mayores y menores;
2º.- iglesias catedrales, que pueden ser patriarcales, primadas o metropolitanas;
3º.- iglesias colegiatas;
4º.- iglesias parroquiales;
5º.- capillas u oratorios públicos;
6º.- oratorios semi-públicos; y
7º.- oratorios privados.
151.- ¿Qué iglesias se llaman Basílicas?
Las iglesias que ocupan el primer puesto a causa de su dignidad o de sus privilegios.
152.- ¿Cuáles son las Basílicas Mayores?
Las Basílicas Mayores o Patriarcales, que están en Roma, son cuatro, a saber: san Juan de Letrán, Madre y Cabeza de
todas las iglesias del mundo; san Pedro del Vaticano; san pablo extra muros y santa María la Mayor. También son
Mayores fuera de la Ciudad de Roma la Basílica de san francisco y la de santa María de los ángeles en Asís.
153.- ¿Cuáles son las Basílicas Menores?
Se llaman Menores las demás Basílicas de Roma y otras iglesias en el mundo, que han recibido de los Papas el título de
Basílicas, como son: en México la insigne y nacional basílica de santa María de Guadalupe; en España la de nuestra
señora del pilar; en Francia, la nueva Basílica de santa teresa del niño Jesús, etc.
154.- ¿Qué iglesias se llaman Catedrales?
Se llaman Catedrales las iglesias en que tienen su Sede o Cátedra los Obispos.
155.- ¿Qué títulos suelen agregarse a las Catedrales?
Si el Obispo tiene alguno de estos títulos: patriarca, primado o metropolitano, esto hace que su iglesia sea igualmente
patriarcal, primada o metropolitana.
156.- ¿Qué iglesias son Metropolitanas?
Son las Catedrales donde tienen su Sede o Cátedra los arzobispos.


157.- ¿Qué se entiende por iglesias Colegiatas?
Son las iglesias que están atendidas por una reunión de Sacerdotes que se llama cabildo.
158.- ¿Cuáles son las iglesias Parroquiales?
Las que están atendidas por los curas párrocos.
159.- ¿Qué sacerdotes tienen el título de Curas Párrocos?
Los que tienen cura de almas, esto es, que deben tener cuidado de impartir los bienes espirituales a los fieles de su
Parroquia.
160.- ¿Qué iglesias se llaman simplemente Capillas u Oratorios Públicos?
Son aquellas iglesias que están atendidas por un Sacerdote llamado rector o capellán.
Este Sacerdote no tiene Cura de almas.
161.- ¿Cuáles son los Oratorios Semi-públicos?
Los templos destinados para los actos del Culto de una comunidad o establecimiento, por ejemplo: los Oratorios de los
Seminarios, Colegios, Asilos, Hospitales, etc.
162.- ¿Qué son Oratorios Privados?
Son lugares destinados a los actos del Culto divino, de una sola familia o de una persona particular. Para poder tener
Oratorio Privado, se necesita un privilegio especial de la Santa Sede.
163.- ¿Puede celebrarse el Santo Sacrificio en lugar distinto de la Iglesia?
El Santo Sacrificio se puede celebrar fuera de la iglesia, en lugares decentes y adecuados, con permiso del Señor
Obispo.
164.- ¿Qué manda la Santa Iglesia al comenzar la fabricación de un Templo?
Manda que se bendiga el terreno, la Piedra Fundamental y los cimientos; y que, después, terminada ya la construcción,
el edificio sea bendecido o consagrado con toda solemnidad.
165.- ¿Qué se entiende aquí por Consagración y Bendición?
Las oraciones y ceremonias solemnes con las cuales se dedica una iglesia u oratorio al Culto divino.
166.- ¿Qué diferencias principales hay entre la Consagración y Bendición de una Iglesia?
Las siguientes:
1º.- La consagración solemne, que también se llama dedicación de una iglesia, es la más solemne de todas las
ceremonias litúrgicas y sólo puede hacerla el Obispo.
2º.- La bendición solemne de las iglesias, la puede hacer un simple Sacerdote, Delegado por el Señor Obispo, y es una
ceremonia más sencilla que la anterior.
167.- ¿En qué se distinguen las iglesias Consagradas de las que sólo han sido Bendecidas?
En que tienen doce cruces grabadas en las paredes o en los pilares, en memoria de los doce apóstoles, Columnas de la
Santa Iglesia. Estas cruces las unge el Obispo con el Santo Crisma el día de la Consagración.
168.- ¿Cómo se conmemora la dedicación de una Iglesia?
Se conmemora cada año con una Fiesta de Primera Clase y con Misa y Oficio especiales.
169.- ¿Qué se entiende por Título o Titular de una Iglesia que se le da al poner la primera piedra o el día de su
bendición?
El Misterio o Santo que sirve para nombrarla o distinguirla de otra cualquiera. Así se dice: Iglesia de la Santísima
Trinidad, de la Asunción, de San Pedro, etc.



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170.- ¿Qué diferencia hay entre el Titular y el Patrono de una Iglesia?
El Titular sólo sirve para nombrar una Iglesia colocada bajo su advocación, y puede ser un Misterio, mientras que el
Patrono es el Protector del lugar y sus habitantes y sólo puede ser un ángel o un santo.
171.- ¿Qué respeto debemos a las iglesias?
Un respeto profundo puesto que el Espíritu Santo nos dice: “Verdaderamente esta es la Casa de Dios y Puerta del Cielo”.
172.- ¿Castiga Dios a los que profanan su santo Templo?
Dios Nuestro Señor se muestra muy celoso del respeto que se debe a su santo Templo y la Historia Sagrada lo atestigua relatando los castigos que Dios ha dado a los profanadores; además el mismo Espíritu Santo nos dice: “Si alguien violare el templo de Dios, Dios lo destruirá a él”.
EL ALTAR Y SUS ACCESORIOS


Altar preparado para la Santa Misa.
I.- PRIMEROS ALTARES CRISTIANOS
173.- ¿Cuál es el objeto más santo y más digno que encontramos en la Casa de Dios?
El objeto más santo y más importante que encontramos en la Casa de Dios es el ALTAR.
174.- ¿Qué es el Altar?
el altar propiamente dicho es una mesa, que ahora como siempre, es la piedra sobre la cual se ofrece a dios el sacrificio.
175.- ¿Cuál fue el primer Altar cristiano?
Fue la Mesa sobre la cual Nuestro Señor celebró su Ultima Cena en el Cenáculo.
176.- ¿De qué era esta Mesa?
Era de madera, como de madera fueron también las que, en Jerusalén, en Roma y en todos los sitios usaron los
Apóstoles y los primeros Sacerdotes para celebrar el Santo Sacrificio.
177.- ¿Quién ordenó que la Mesa del Altar fuera de Piedra?
El Papa San Silvestre en el siglo IV.
178.- ¿No se usa ya ningún Altar de madera?
El único Altar de madera ahora en uso, es el antiquísimo altar papal de la Basílica de San Juan de Letrán; se supone que
fue el que usaron los primeros Papas y quizá el mismo San Pedro.

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Published by Juan Manuel Olivar Robles - en Religión Católica
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22 octubre 2012 1 22 /10 /octubre /2012 04:40

Estimados lectores:

 

La encontramos!!!. Les presentamos el filme: Diálogo de las carmelitas. Seguro que les va a fascinar. La Revolución Francesa es la madre de la barbarie, odio y violencia contra la Iglesia Católica. Su función fue querer destruir a las dos instituciones más importantes de nuestra sociedad: la Iglesia y el Estado.

 

Es una Imperdible película que nos muestra el martirio de las dieciséis monjas carmelitas (incluyendo una novicia) del monasterio de Compiègne en el año 1794, por las fuerzas del terror instauradas tras la Revolución Francesa y su Tribunal Revolucionario. Esperamos que les guste.

 

El Equipo de México y Tradición

 

 

Viva Cristo Rey!

Vivan los Mártires de la Santa Iglesia Católica!!!

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22 octubre 2012 1 22 /10 /octubre /2012 03:11

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«El hombre no puede realizar una acción más santa, más grande, más sublime que celebrar una Misa, a cuyo respecto el Concilio de Trento dice: “Nosotros debemos confesar que ninguna otra obra puede realizarse. tan santa y divina como este formidable Misterio. Dios mismo no puede originar una acción para ser realizada que sea más santa y más grande que la celebración de la Misa”. »            S. Alfonso M de Ligorio, “la Santa Misa”.


CATECISMO DE LA SANTA MISA


LA RELIGIÓN


I.- LO QUE ES LA RELIGIÓN Y NECESIDAD DE ELLA.
1.- ¿Qué es la Religión?
Religión es el conjunto de relaciones morales que unen al hombre con Dios.
2.- ¿Qué es lo que forma las relaciones que unen al hombre con Dios?
Dichas relaciones están formadas por los distintos deberes que tiene el hombre con Dios.
3.- ¿Podrías citarme algunos de los deberes del hombre para con Dios?
He aquí algunos:
El hombre debe adorar a Dios porque es su Criador;
debe servirle porque es su Dueño y Señor;
debe agradecerle porque es su Bienhechor;
debe amarle porque es su Padre;
debe sujetarse a sus mandatos porque es su Legislador;
debe, en fin, buscar en Dios cuanto necesite tanto para su alma como para su cuerpo, porque el Señor es la fuente de
todo bien.
4.- ¿Qué debemos notar acerca de estos deberes?
1º Que todos estos deberes son necesarios y obligatorios;
2º que en su conjunto forman el lazo que une al hombre con Dios.
5.- ¿Qué resulta de esto?
Que con justísima razón podemos y debemos afirmar que LA RELIGIÓN ES NECESARIA AL HOMBRE.
6.- ¿Es obligatoria la Religión únicamente al hombre en particular?
No solamente al hombre en particular le es necesaria la Religión, sino que es también necesaria a la Sociedad.
7.- ¿Por qué es necesaria la Religión a la Sociedad?
Porque solamente el conocimiento y la práctica de la Religión pueden dar a todos y a cada uno de los miembros de la
misma Sociedad, las virtudes necesarias e indispensables para cumplir con sus deberes sociales.
II.- LA RELIGIÓN NATURAL
8.- ¿Cuántas religiones distinguimos?
Distinguimos dos religiones: La Religión Natural y la Religión sobrenatural o Revelada.
9.- ¿Qué es Religión Natural?
Religión Natural es la que se conoce con las luces naturales de la razón.
10.- ¿En qué se funda la Religión Natural?
En las relaciones necesarias entre el Creador y la Criatura.
11.- ¿Es obligatoria la Religión Natural?
Sí, la Religión Natural es obligatoria a todos los hombres, en todos los tiempos y en todos los lugares.


12.- ¿Por qué decís que la Religión Natural es obligatoria?
Porque se funda y nace en la naturaleza de Dios y en la naturaleza del hombre.
III.- LA RELIGIÓN REVELADA O SOBRENATURAL.
13.- ¿A qué llamamos Religión Revelada o Sobrenatural?
Llamamos Religión Revelada o Sobrenatural a la que Dios mismo ha hecho conocer al hombre, desde el principio del
mundo.
14.- ¿Qué ha hecho Dios por medio de la Religión Revelada?
Por medio de la Religión Revelada Dios se ha inclinado hacia el hombre, dándose a conocer de él y dándole a conocer
su destino eterno.
15.- ¿Qué partes distinguimos en la Religión Revelada?
Tres partes distintas:
1º. EL DOGMA;
2º. LA MORAL; y
3º. EL CULTO.
16.- ¿A qué llamamos Dogma?
Al conjunto de verdades que debemos creer.
17.- ¿Qué es la Moral?
El conjunto de deberes que estamos obligados a cumplir.
18.- ¿Qué es el Culto?
El conjunto de Ritos a que debemos sujetarnos para dar a Dios la adoración que le es debida.
EL CULTO
I.- EN QUÉ CONSISTE EL CULTO.
19.- ¿Qué es el Culto?
EL CULTO ES LA EXPRESIÓN DE LA RELIGIÓN.
20.- ¿En qué consiste el Culto?
En el conjunto de medios que debemos poner por obra para honrar a Dios y santificarnos
21.- ¿Cuáles son estos medios?
La oración, los sacramentos, y sobre todo el SANTO SACRIFICIO DE LA MISA.
22.- ¿En qué consiste la adoración?
Adoración es el acto por el cual reconocemos la excelencia infinita de Dios, Criador y Soberano Dueño de todas las
cosas.



II.- LAS DISTINTAS CLASES DE CULTO.
23.- ¿Cuántas clases de Culto distinguimos?
Hay tres clases de Culto:
1º. CULTO DE LATRÍA o de adoración, que sólo a Dios es debido;
2º. CULTO DE HIPERDULÍA o de mayor honor que tributamos a la Virgen Santísima por ser Madre de Dios; y
3º CULTO DE DULÍA o de honor, que tributamos a los ángeles, a los santos y a los beatos.
24.- ¿Qué clase de Culto tributamos a las imágenes y reliquias?
Un Culto RELATIVO, porque nuestros homenajes no se dirigen a las cosas sino a las personas que representan o a
quienes pertenecieron.
25.- ¿El Culto que tributamos a los ángeles y santos, no disminuye el Culto que se debe a Dios?
No; por el contrario, le honra; puesto que los santos son obra suya, son los frutos de la obra de Santificación que se
atribuye al Espíritu Santo.
III.- CÓMO DEBE EL HOMBRE RENDIR CULTO A DIOS.
26.- ¿Por qué está obligado el hombre a dar Culto a Dios?
Porque es la única de las criaturas visibles capaz de conocer las relaciones que lo unen a Dios su Creador.
27.- ¿Qué clase de Culto debe el hombre rendir a Dios?
1°. CULTO INTERIOR con su alma;
2°. CULTO EXTERIOR con su cuerpo;
3°. CULTO PRIVADO, ya solo, ya en compañía de otros; y
4°. CULTO PÚBLICO, tomando parte activa en los actos mandados por la Iglesia.

EL CULTO PÚBLICO
 
I.- DIOS ES EL AUTOR DE LA SOCIEDAD

 

28.- ¿Basta que el hombre dé a Dios Culto individual o personal?
No, es preciso además, que tribute a Dios culto social.
29.- ¿Por qué?
Porque Dios es el Autor de la Sociedad.
30.- ¿Cuándo fundó Dios la Sociedad?
Cuando fundó la primera familia uniendo a Adán y a Eva en matrimonio.
31.- ¿Cómo está organizada la Sociedad Civil?
En Municipios, Estados y Naciones.
32.- ¿Cuál es el origen y base de la Sociedad Civil?
La Familia, que también se llama Sociedad Doméstica.
33.- ¿Qué derecho tiene Dios sobre la Sociedad por ser su Autor?
Siendo Dios Autor de la Sociedad, es Dueño de ella.
34.- ¿Es Dios solamente Autor de la Sociedad?
No, es también su Conservador y su Soberano Bienhechor.

II.- LA SOCIEDAD ESTÁ OBLIGADA A DAR A DIOS CULTO EXTERIOR Y PÚBLICO.

35.- Según esto, ¿qué obligaciones tiene la Sociedad Civil para con Dios?
La sociedad civil está obligada a profesar la religión verdadera, y a expresar esta Religión dando a Dios culto exterior y
publico.
36.- ¿Es lo mismo Culto Público que Culto en público?
No, porque el Culto en público puede ser simplemente Culto Privado, Individual o Social.
III.- QUÉ ES CULTO PÚBLICO
37.- ¿Qué es Culto Público?
Culto público es el conjunto de símbolos, cantos y actos por medio de los cuales la iglesia pone de manifiesto su
religión para con dios.
38.- ¿Está sometido a ciertas reglas el ejercicio del Culto Público?
Sí, y el conjunto de estas reglas se llama liturgia católica. Y por esta razón el Culto Público se llama también culto
oficial de la iglesia.
39.- ¿De qué otra manera se llama el Culto Público?
El Culto Público, que es el Culto Oficial de la Iglesia, se llama también culto litúrgico.
40.- ¿Por qué el Culto Litúrgico es el más agradable a Dios?
Porque le es ofrecido por la Iglesia, y siendo interior, exterior y social, es el más perfecto.

EL SACRIFICIO EN GENERAL

 

I.- QUÉ ES EL SACRIFICIO
41.- ¿Cuál es el acto principal del Culto Público?
El acto principal del Culto Público es el sacrificio.
42.- ¿Qué es el Sacrificio?
Sacrificio es el ofrecimiento exterior de una cosa sensible, que se hace solamente a dios por un ministro legitimo,
destruyéndola o cambiándola para reconocer de una manera especial el soberano dominio de dios sobre nosotros.
43.- ¿Qué partes distinguimos en el Sacrificio?
Dos: la materia y la forma.
44.- ¿Qué es la Materia?
La Materia es la Víctima o cosa ofrecida.
45.- ¿Qué es la Forma?
La Forma es el modo de sacrificar a la Víctima.
II.- DIFERENTES CLASES DE SACRIFICIO.
46.- ¿Cómo se divide el Sacrificio atendiendo a la Materia?
Atendiendo a la Materia, el Sacrificio puede ser:
1º. Hostia o víctima, si se ofrece un animal;
2º. Oblación, si se ofrecen cosas inanimadas pero sólidas, como pan, harina, frutos de la tierra, etc.; y
3º. Libación, si lo que se ofrece es cosa líquida, como el vino, el aceite, etc.
47.- ¿Cómo se dividen los Sacrificios atendiendo a la Forma?
Atendiendo a la Forma, pueden ser:
1º. Holocausto, si la cosa ofrecida es quemada completamente;
2º. Hostia por el pecado, si una parte es quemada y la otra guardada para los Ministros del Sacrificio; y
3º. Hostia pacifica, si la parte no quemada, se guarda, ya para los ministros, ya para los donantes del objeto del
Sacrificio.
48.- ¿Cuándo decimos que el Sacrificio es cruento?
El Sacrificio es cruento, cuando se derrama la sangre de la víctima.
49.- ¿Cuándo es incruento?
Es incruento cuando no se derrama sangre.
50.- ¿Cómo se divide el Sacrificio atendiendo al fin del mismo?
En atención al fin, el Sacrificio puede ser:
1º. Latréutico o de adoración;
2º. Eucarístico, o de acción de gracias;


3º. Propiciatorio, o sea ofrecido a Dios para obtener de su misericordia el perdón de los pecados; y
4º. Impetratorio, o sea ofrecido a Dios para obtener sus beneficios.
III.- NECESIDAD DEL SACRIFICIO.
51.- ¿Ha habido siempre sacrificios?
El Sacrificio ha existido desde el principio del mundo y en todos los pueblos donde se han practicado actos de religión.
52.- ¿Qué la Religión Católica no podría prescindir del Sacrificio?
La Religión Católica que es la única religión perfecta, no puede carecer de Sacrificio.
53.- ¿Por qué es necesario el Sacrificio a la Religión?
El Sacrificio es necesario, porque es el acto por medio del cual, la Iglesia, exterior, pública y solemnemente tributa a
Dios homenajes a nombre de los individuos y de toda la Sociedad.
54.- ¿Qué entendemos también por Sacrificio?
Entendemos también por Sacrificio toda obra buena por la cual el hombre se ofrece, se somete y se sacrifica a dios.
55.- Según esto ¿qué actos son sacrificios?
En este sentido todos los actos de virtud son sacrificios.
56.- ¿Y qué carácter tienen todos estos sacrificios?
Todos estos sacrificios son simplemente actos de Culto privado, ya individual, ya colectivo.
57.- ¿Qué diferencia existe entre estos sacrificios y el Sacrificio propiamente dicho?
Que el Sacrificio propiamente dicho o verdadero Sacrificio, debe ser un acto de culto público y culto de Latría, y los
actos de culto público, sólo pueden ser ofrecidos por las personas que la Iglesia ha destinado para ello.

EL SACRIFICIO ANTES DE JESUCRISTO


I.- QUE EL SACRIFICIO HA EXISTIDO SIEMPRE
58.- ¿Cuáles son las personas destinadas a ofrecer el Sacrificio?
Los Sacerdotes.
59.- ¿Cuándo reciben los Sacerdotes el poder de ofrecer el Sacrificio?
El día de su ordenación o consagración sacerdotal.
60.- ¿Desde cuándo existe el Sacrificio?
El Sacrificio ha existido desde el principio del mundo.
61.- ¿Qué sacrificios notables nos recuerda la Sagrada Escritura?
Los sacrificios de Caín y Abel; el sacrificio de Noé, el sacrificio de Melquisedec, el sacrificio de Abrahán y los
sacrificios del Pueblo de Dios, cuyas ceremonias fueron prescritas por el mismo Dios.
62.- ¿Solamente el Pueblo de Dios ofrecía sacrificios?
No, también en los pueblos paganos se tuvo el sacrificio como el acto principal del culto exterior y público.
II.- SIGNIFICADO DE LOS SACRIFICIOS.
63.- ¿Qué significado tenían los sacrificios antiguos?
Significaban el homenaje supremo que es debido a Dios y además, se ofrecían como pago o expiación de los pecados.
64.- ¿Hubo algún Sacrificio antiguo que pudiese pagar a Dios la deuda que los hombres tenían con El?
Ninguno bastaba para que los hombres pudiesen pagar la deuda que con El tenían.
65.- ¿Por qué razón?
Porque la deuda contraída con Dios por el pecado de Adán era de un valor infinito.
III.- POR QUÉ AGRADABAN A DIOS LOS SACRIFICIOS.
66.- Si los sacrificios antiguos no bastaban para pagar la deuda ¿por qué agradaban a Dios?
Agradaban a Dios únicamente por tres razones:
1º.- Porque enseñaban a los hombres a rendir a Dios culto de adoración, a darle gracias y a invocarle como Autor de
todo bien;
2º.- Porque los enseñaba a pedirle perdón de sus pecados con un corazón contrito y humillado; y
3º.- Porque anunciaban y representaban el Gran Sacrificio del Mesías prometido.

EL SACRIFICIO DE LA CRUZ

I.- JESUCRISTO ES JEFE Y REPRESENTANTE DE LA HUMANIDAD.

 

67.- ¿A quién representaban las víctimas de los sacrificios antiguos?
Las víctimas de los sacrificios antiguos representaban al hombre.
68.- ¿Qué debemos decir de esta representación?
Que era imperfecta, ineficaz e insuficiente para pagar a Dios la deuda infinita que los hombres tenían con El.
69.- Entonces, ¿qué Víctima debería ofrecerse para que con su Sacrificio quedara plenamente pagada la deuda?
Una Víctima de la misma naturaleza de los hijos de Adán y cuyo Sacrificio fuera de VALOR INFINITO.
70.- ¿Qué determinó Dios entonces?
Quiso Dios que su Hijo se hiciera Hombre, para que tomando la misma naturaleza de los hijos de Adán, fuera el Jefe y
Representante de la humanidad y pagase en nombre de todos los hombres.
II.- JESUCRISTO ES SUPREMO SACERDOTE.
71.- ¿Qué debía hacer el Hijo de Dios para pagar la deuda contraída por el pecado de Adán?
Debía ofrecer el Gran Sacrificio y para ofrecerlo, debía ser Sacerdote.
72.- ¿Qué es el Sacerdote?
Es el mediador entre dios y los hombres.
73.- ¿Qué se necesita para ser Sacerdote?
ser llamado por dios a este altísimo ministerio de mediador y recibir también la consagración o unción sacerdotal.
74.- ¿Podía Jesucristo, el Hijo de Dios, ofrecer el Gran Sacrificio?
Sí, puesto que en cuanto Hombre fue llamado por su Padre Celestial a la dignidad de Sacerdote.
75.- ¿Cuándo fue Jesucristo consagrado Sacerdote?
En el momento de la Encarnación, por la unión de la Naturaleza Divina y la Naturaleza Humana, en la sola Persona del
Verbo.


III.- EL SACRIFICIO DE JESUCRISTO EN LA CRUZ FUÉ VERDADERO SACRIFICIO.

 

76.- ¿Cuándo ofreció Jesucristo el Gran Sacrificio?
Cuando se ofreció a Sí mismo como Víctima muriendo por nosotros los hombres y por nuestra salvación, en el árbol de
la Cruz.
77.- ¿Fue el Sacrificio de Cristo en la Cruz un verdadero Sacrificio?
Sí, pues en él se hallan todas las condiciones del Sacrificio propiamente dicho.
78.- ¿Cuántas veces ofreció Jesucristo el Sacrificio de la Cruz?
Una sola vez y en un solo lugar -el Calvario-, y solamente lo vieron unos cuantos hombres.
79.- ¿Qué hizo Jesucristo para perpetuar este Sacrificio?
Instituyó el Santo Sacrificio de la Misa, que es un Sacrificio necesario.

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Published by Juan Manuel Olivar Robles - en Religión Católica
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17 octubre 2012 3 17 /10 /octubre /2012 04:39

SOBRE LA MASONERÍA Y OTRAS SECTAS

Carta Encíclica
del Papa León XIII
promulgada el 20 de abril de1884


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El humano linaje, después que, por envidia del demonio, se hubo, para su mayor desgracia, separado de Dios, creador y dador de los bienes celestiales, quedó dividido en dos bandos diversos y adversos: uno de ellos combate asiduamente por la verdad y la virtud, y el otro por todo cuanto es contrario a la virtud y a la verdad.

El uno es el reino de Dios en la tierra, es decir, la verdadera Iglesia de Jesucristo, a la cual quien quisiere estar adherido de corazón y según conviene para la salvación, necesita servir a Dios y a su unigénito Hijo con todo su entendimiento y toda su voluntad; el otro es el reino de Satanás, bajo cuyo imperio y potestad se encuentran todos los que, siguiendo los funestos ejemplos de su caudillo y de nuestros primeros padres, rehusan obedecer a la ley divina y eterna, y obran sin cesar o como si Dios no existiera o positivamente contra Dios. Agudamente conoció y describió Agustín estos dos reinos a modo de dos ciudades contrarias en sus leyes y deseos, compendiando con sutil brevedad la causa eficiente de una y otra en estas palabras: Dos amores edificaron dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios edificó la ciudad terrena; el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo, la celestial [1].

2. En el decurso de los siglos, las dos ciudades han luchado, la una contra la otra, con armas tan distintas como los métodos, aunque no siempre con igual ímpetu y ardor. En nuestros días, todos los que favorecen la peor parte parecen conspirar a una y pelear con la mayor vehemencia, bajo la guía y auxilio de la sociedad que llaman de los Masones, por doquier dilatada y firmemente constituida. Sin disimular ya sus intentos, con la mayor audacia se revuelven contra la majestad de Dios, maquinan abiertamente y en público la ruina de la Santa Iglesia, y esto con el propósito de despojar, si pudiesen, enteramente a los pueblos cristianos de los beneficios conquistados por Jesucristo, nuestro Salvador.

Llorando Nos estos males, y movido Nuestro ánimo por la caridad, Nos sentimos impelidos a clamar con frecuencia ante el Señor: He aquí que tus enemigos vocearon; y levantaron la cabeza los que te odian. Contra tu pueblo determinaron malos consejos, discurrieron contra tus santos. Venid, dijeron, y hagámoslos desaparecer de entre las gentes [2].

3. En tan inminente riesgo, en medio de tan atroz y porfiada guerra contra el nombre cristiano, es Nuestro deber indicar el peligro, señalar los adversarios, resistir cuanto podamos a sus malas artes y consejos, para que no perezcan eternamente aquellos cuya salvación Nos está confiada, y no sólo permanezca firme y entero el reino de Jesucristo que Nos hemos obligado a defender, sino que se dilate con nuevos aumentos por todo el orbe.

4. Los Romanos Pontífices Nuestros antecesores, velando solícitos por la salvación del pueblo cristiano, conocieron muy pronto quién era y qué quería este capital enemigo, apenas asomaba entre las tinieblas de su oculta conjuración; y como tocando a batalla les amonestaron con previsión a príncipes y pueblos que no se dejaran coger en las malas artes y asechanzas preparadas para engañarlos.

Dióse el primer aviso del peligro el año 1738 por el papa Clemente XII [3] cuya Constitución confirmó y renovó Benedicto XIV [4]. Pío VII [5] siguió las huellas de ambos, y León XII, incluyendo en la Constitución apostólica Quo graviora [6] lo decretado en esta materia por los anteriores, lo ratificó y confirmó para siempre. Pío VIII [7], Gregorio XVI [8] y Pío IX [9], por cierto repetidas veces, hablaron en el mismo sentido.

5. Y, en efecto, puesta en claro la naturaleza e intento de la secta masónica por indicios manifiestos, por procesos instruidos, por la publicación de sus leyes, ritos y revistas, allegándose a ello muchas veces las declaraciones mismas de los cómplices, esta Sede Apostólica denunció y proclamó abiertamente que la secta masónica, constituida contra todo derecho y conveniencia, era no menos perniciosa al Estado que a la religión cristiana, y amenazando con las más graves penas que la Iglesia puede emplear contra los delincuentes, prohibió terminantemente a todos inscribirse en esta sociedad.

Llenos de ira con esto sus secuaces, juzgando evadir o debilitar a lo menos, parte con el desprecio, parte con las calumnias, la fuerza de aquellas censuras, culparon a los Sumos Pontífices que las decretaron de haberlo hecho injustamente o de haberse excedido en el modo. Así procuraron eludir el peso y autoridad de las Constituciones apostólicas de Clemente XII, Benedicto XIV, Pío VII y Pío IX; aunque no faltaron en aquella misma sociedad quienes confesasen, aun a pesar suyo, que lo hecho por los Romanos Pontífices, conforme a la doctrina y disciplina de la Iglesia, era según derecho. En lo cual varios príncipes y jefes de Gobierno se hallaron muy de acuerdo con los Papas, cuidando, ya de acusar a la sociedad masónica ante la Silla Apostólica, ya de condenarla por sí mismos, promulgando leyes a este propósito, como en Holanda, Austria, Suiza, España, Baviera, Saboya y en algunas otras partes de Italia.

6. Pero lo que sobre todo importa es ver comprobada por los sucesos la previsión de Nuestros Antecesores. En efecto, no siempre ni en todas partes lograron el deseado éxito sus cuidados próvidos y paternales; y esto, o por el fingimiento y astucia de los afiliados a esta iniquidad, o por la inconsiderada ligereza de aquellos, a quienes más interesaba haber vigilado con diligencia en este negocio. Así que en espacio de siglo y medio la secta de los Masones ha logrado unos aumentos mucho mayores de cuanto podía esperarse, e infiltrándose con tanta audacia como dolo en todas las clases sociales ha llegado a tener tanto poder que parece haberse hecho casi dueña de los Estados. De tan rápido y terrible progreso se ha seguido en la Iglesia, en la potestad de los príncipes y en la salud pública la ruina prevista muy de atrás por Nuestros Antecesores; y se ha llegado a punto de temer grandemente para lo venidero, no ciertamente por la Iglesia, cuyo fundamento es bastante firme para que pueda ser socavado por esfuerzo humano, sino por aquellas mismas naciones en que logran influencia grande la secta de que hablamos u otras semejantes que se le agregan como auxiliares y satélites.

7. Por estas causas, apenas subimos al gobierno de la Iglesia, vimos y experimentamos cuánto convenía resistir en lo posible a mal tan grave, interponiendo para ello Nuestra autoridad.

En efecto, aprovechando repetidas veces la ocasión que se presentaba, hemos expuesto algunos de los más importantes puntos de doctrina en que parecía haber influido en gran manera la perversidad de los errores masónicos. Así, en Nuestra carta encíclica Quod apostoli muneris emprendimos demostrar con razones convincentes las enormidades de los socialistas y comunistas; después, en otra, Arcanum, cuidamos de defender y explicar la verdadera y genuina noción de la sociedad doméstica, que tiene su fuente y origen en el matrimonio; además, en la que comienza Diuturnum, propusimos la forma de la potestad política moderada según los principios de sabiduría cristiana, tan maravillosamente acorde con la naturaleza misma de las cosas y la salud de los pueblos y príncipes. Ahora, a ejemplo de Nuestros Predecesores, hemos resuelto ocuparnos expresamente de la misma sociedad masónica, de toda su doctrina, así como de sus planes y manera de pensar y de obrar, a fin de que así llegue a conocerse, con la mayor claridad posible, su maliciosa naturaleza, y pueda evitarse el contagio de peste tan funesta.

8. Hay varias sectas que, si bien diferentes en nombre, ritos, forma y origen, unidas entre sí por cierta comunión de propósitos y afinidad entre sus opiniones capitales, concuerdan de hecho con la secta masónica, especie de centro de donde todas salen y adonde vuelven. Estas, aunque aparenten no querer en manera alguna ocultarse en las tinieblas, y tengan sus juntas a vista de todos, y publiquen sus periódicos, con todo, bien miradas, son un género de sociedades secretas, cuyos usos conservan. Pues muchas cosas hay en ellas a manera de arcanos, las cuales hay mandato de ocultar con muy exquisita diligencia, no sólo a los extraños, sino a muchos de sus mismos adeptos, como son los planes íntimos y verdaderos, así como los jefes supremos de cada logia, las reuniones más reducidas y secretas, sus deliberaciones, por qué vía y con qué medios se han de llevar a cabo. A esto se dirige la múltiple diversidad de derechos, obligaciones y cargos que hay entre los socios, la distinción establecida de órdenes y grados y la severidad de la disciplina por que se rigen. Tienen que prometer los iniciados, y aun de ordinarios se obligan a jurar solemnemente, no descubrir nunca ni de modo alguno sus compañeros, sus signos, sus doctrinas. Con estas mentidas apariencias y arte constante de fingimiento, procuran los Masones con todo empeño, como en otro tiempo los maniqueos, ocultarse y no tener otros testigos que los suyos. Celebran reuniones muy ocultas, simulando sociedades eruditas de literatos y sabios, hablan continuamente de su entusiasmo por la civilización, y de su amor hacia los más humildes: dicen que su único deseo es mejorar la condición de los pueblos y comunicar a cuantos más puedan las ventajas de la sociedad civil. Aunque fueran verdaderos tales propósitos, no todo está en ellos. Además, deben los afiliados dar palabra y seguridad de ciega y absoluta obediencia a sus jefes y maestros, estar preparados a obedecerles a la menor señal e indicación; y de no hacerlo así, a no rehusar los más duros castigos ni la misma muerte. Y, en efecto, cuando se ha juzgado que algunos han traicionado al secreto o han desobedecido las órdenes, no es raro darles muerte con tal audacia y destreza, que el asesino burla muy a menudo las pesquisas de la policía y el castigo de la justicia.

Ahora bien: esto de fingir y querer esconderse, de sujetar a los hombres como a esclavos con fortísimo lazo y sin causa bastante conocida, de valerse para toda maldad de hombres sujetos al capricho de otro, de armar a los asesinos procurándoles la impunidad de sus crímenes, es una monstruosidad que la misma naturaleza rechaza; y, por lo tanto, la razón y la misma verdad evidentemente demuestran que la sociedad de que hablamos pugna con la justicia y la probidad naturales.

9. Singularmente, cuando hay otros argumentos, por cierto clarísimos, que ponen de manifiesto esta falta de probidad natural. Porque, por grande astucia que tengan los hombres para ocultarse, por grande que sea su costumbre de mentir, es imposible que no aparezca de algún modo en los efectos la naturaleza de la causa. No puede el árbol bueno dar malos frutos, ni el árbol malo dar buenos frutos [10]. Y los frutos de la secta masónica son, además de dañosos, muy amargos. Porque de los certísimos indicios antes mencionados resulta claro el último y principal de sus intentos, a saber: destruir hasta los fundamentos todo el orden religioso y civil establecido por el cristianismo, y levantar a su manera otro nuevo con fundamentos y leyes sacadas de las entrañas del naturalismo.

10. Cuanto hemos dicho y diremos, debe entenderse de la secta masónica en sí misma y en cuanto abraza otras con ella unidas y confederadas, pero no de cada uno de sus secuaces. Puede haberlos, en efecto, y no pocos, que, si bien no dejan de tener culpa por haberse comprometido con semejantes sociedades, con todo no participan por sí mismos en sus crímenes e ignoran sus últimas intenciones. Del mismo modo, aun entre las otras asociaciones unidas con la masonería, algunas tal vez no aprobarán ciertas conclusiones extremas que sería lógico abrazar como dimanadas de principios comunes, si no causara horror su misma torpe fealdad. Algunas también, por circunstancias de tiempo y lugar, no se atreven a hacer tanto como ellas mismas quisieran y suelen hacer las otras; pero no por eso se han de tener por ajenas a la confederación masónica, pues ésta no tanto ha de juzgarse por sus hechos y las cosas que lleva a cabo, cuanto por el conjunto de los principios que profesa.

11. Ahora bien: es principio capital de los que siguen el naturalismo, como lo declara su mismo nombre, que la naturaleza y razón humana ha de ser en todo maestra y soberana absoluta; y, sentado esto, descuidan los deberes para con Dios o tienen de ellos conceptos vagos y erróneos. Niegan, en efecto, toda divina revelación; no admiten dogma religioso ni verdad alguna que la razón humana no pueda comprender, ni maestro a quien precisamente deba creerse por la autoridad de su oficio. Y como, en verdad, es oficio propio de la Iglesia católica, y que a ella sola pertenece, el guardar enteramente y defender en su incorrupta pureza el depósito de las doctrinas reveladas por Dios, la autoridad del magisterio y los demás medios sobrenaturales para la salvación, de aquí el haberse vuelto contra ella toda la saña y el ahínco todo de estos enemigos.

12. Véase ahora el proceder de la secta masónica en lo tocante a la religión, singularmente donde tiene mayor libertad para obrar, y júzguese si es o no verdad que todo su empeño está en llevar a cabo las teorías de los naturalistas. Mucho tiempo ha que trabaja tenazmente para anular en la sociedad toda influencia del magisterio y autoridad de la Iglesia; por esto proclaman y defienden doquier el principio de que "Iglesia y Estado deben estar por completo separados" y así excluyen de las leyes y administración del Estado el muy saludable influjo de la religión católica, de donde se sigue que los Estados se han de constituir haciendo caso omiso de las enseñanzas y preceptos de la Iglesia.

Ni les basta con prescindir de tan buena guía como la Iglesia, sino que la agravan con persecuciones y ofensas. Se llega, en efecto, a combatir impunemente de palabra, por escrito y en la enseñanza, los mismos fundamentos de la religión católica; se pisotean los derechos de la Iglesia; no se respetan las prerrogativas con que Dios la dotó; se reduce casi a nada su libertad de acción, y esto con leyes en apariencia no muy violentas, pero en realidad expresamente hechas y acomodadas para atarle las manos. Vemos, además, al Clero oprimido con leyes excepcionales y graves, para que cada día vaya disminuyendo en número y le falten las cosas más necesarias; los restos de los bienes de la Iglesia, sujetos a todo género de trabas y gravámenes y enteramente puestos al arbitrio y juicio del Estado; las Ordenes religiosas, suprimidas y dispersas.

13. Pero donde, sobre todo, se extrema la rabia de los enemigos es contra la Sede Apostólica y el Romano Pontífice. Quitósele primero con fingidos pretextos el reino temporal, baluarte de su independencia y de sus derechos; en seguida se le redujo a situación inicua, a la par que intolerable, por las dificultades que de todas partes se le oponen; hasta que, por fin, se ha llegado a punto de que los fautores de las sectas proclamen abiertamente lo que en oculto maquinaron largo tiempo, a saber, que se ha de suprimir la sagrada potestad del Pontífice y destruir por entero el Pontificado, instituido por derecho divino. Aunque faltaran otros testimonios, consta suficientemente lo dicho por el de los sectarios, muchos de los cuales, tanto en otras diversas ocasiones como últimamente, han declarado que el propósito de los Masones es perseguir cuanto puedan a los católicos con una enemistad implacable, y no descansar hasta lograr que sea destruido todo cuanto los Sumos Pontífices han establecido en materia de religión o por causa de ella.

Y si no se obliga a los adeptos a abjurar expresamente la fe católica, tan lejos está esto de oponerse a los intentos masónicos, que antes bien sirve a ellos. Primero, porque éste es el camino de engañar fácilmente a los sencillos e incautos y de atraer a muchos más; y después, porque, abriendo los brazos a cualesquiera y de cualquier religión, consiguen persuadir de hecho el grande error de estos tiempos, a saber, el indiferentismo religioso y la igualdad de todos los cultos; conducta muy a propósito para arruinar toda religión, singularmente la católica, a la que, por ser la única verdadera, no sin suma injuria se la iguala con las demás.

14. Pero más lejos van los naturalistas, porque, lanzados audazmente por las sendas del error en las cosas de mayor momento, caen despeñados en lo profundo, sea por la flaqueza humana, sea por un justo juicio de Dios, que castiga su soberbia. Así es que en ellos pierden su certeza y fijeza aun las verdades que se conocen por luz natural de la razón, como son la existencia de Dios, la espiritualidad e inmortalidad del alma humana.

Y la secta de los Masones da en estos mismos escollos del error con no menos precipitado curso. Porque, si bien confiesan, en general, que Dios existe, ellos mismos testifican no estar impresa esta verdad en la mente de cada uno con firme asentimiento y estable juicio. Ni disimulan tampoco ser entre ellos esta cuestión de Dios causa y fuente abundantísima de discordia; y aun es notorio que últimamente hubo entre ellos, por esta misma cuestión, no leve contienda. De hecho la secta concede a los suyos libertad absoluta de defender que Dios existe o que no existe; y con la misma facilidad se recibe a los que resueltamente defienden la negativa, como a los que opinan que existe Dios, pero sienten de El perversamente, como suelen los panteístas; lo cual no es otra cosa que acabar con la verdadera noción de la naturaleza divina, conservando de ella no se sabe qué absurdas apariencias. Destruido o debilitado este principal fundamento, síguese que han de quedar vacilantes otras verdades conocidas por la luz natural: por ejemplo, que todo existe por la libre voluntad de Dios creador; que su providencia rige el mundo; que las almas no mueren; que a esta vida ha de suceder otra sempiterna.

15. Destruidos estos principios, que son como la base del orden natural, importantísimo para la conducta racional y práctica de la vida, fácilmente aparece cuáles han de ser las costumbres públicas y privadas. Nada decimos de las virtudes sobrenaturales, que nadie puede alcanzar ni ejercitar sin especial gracia y don de Dios, de las cuales por fuerza no ha de quedar vestigio en los que desprecian por desconocidas la redención del género humano, la gracia divina, los sacramentos, la felicidad que se ha de alcanzar en el cielo.

Hablamos de las obligaciones que se deducen de la probidad natural. Un Dios creador del mundo y su próvido gobernador; una ley eterna que manda conservar el orden natural y veda el perturbarlo; un fin último del hombre y mucho más excelso que todas las cosas humanas y más allá de esta morada terrestre; éstos son los principios y fuente de toda honestidad y justicia; y, suprimidos éstos, como suelen hacerlo naturalistas y masones, falta inmediatamente todo fundamento y defensa a la ciencia de lo justo y de lo injusto. Y, en efecto, la única educación que a los Masones agrada, y con la que, según ellos, se ha de educar a la juventud, es la que llama laica, independiente, libre; es decir, que excluya toda idea religiosa. Pero cuán escasa sea ésta, cuán falta de firmeza y a merced del soplo de las pasiones, bien lo manifiestan los dolorosos frutos que ya se ven en parte; en dondequiera que esta educación ha comenzado a reinar más libremente, una vez suprimida la educación cristiana, prontamente se han visto desaparecer las buenas y sanas costumbres, tomar cuerpo las opiniones más monstruosas y subir de todo punto la audacia en los crímenes. Públicamente se lamenta y deplora todo esto, y aun lo reconocen, aunque no querrían, no pocos que se ven forzados a ello por la evidencia de la verdad.

16. Además, como la naturaleza humana quedó inficionada con la mancha del primer pecado, y por lo tanto más propensa al vicio que a la virtud, requiérese absolutamente para obrar bien sujetar los movimientos obcecados del ánimo y hacer que los apetitos obedezcan a la razón. Y para que en este combate conserve siempre su señorío la razón vencedora, se necesita muy a menudo despreciar todas las cosas humanas y pasar grandísimas molestias y trabajos. Pero los naturalistas y masones, que ninguna fe dan a las verdades reveladas por Dios, niegan que pecara nuestro primer padre, y estiman, por tanto, al libre albedrío en nada amenguado en sus fuerzas ni inclinado al mal [11]. Antes, por lo contrario, exagerando las fuerzas y excelencia de la naturaleza, y poniendo en ésta únicamente el principio y norma de la justicia, ni aun pensar pueden que para calmar sus ímpetus y regir sus apetitos se necesite una asidua pelea y constancia suma. De aquí vemos ofrecerse públicamente tantos estímulos a los apetitos del hombre: periódicos y revistas, sin moderación ni vergüenza alguna; obras dramáticas, licenciosas en alto grado; asuntos para las artes, sacados con proterva de los principios de ese que llaman realismo; ingeniosos inventos para una vida muelle y muy regalada; rebuscados, en suma, toda suerte de halagos sensuales, a los cuales cierre los ojos la virtud adormecida. En lo cual obran perversamente, pero son en ello muy consecuentes consigo mismos, quienes quitan toda esperanza de los bienes celestiales, y ponen vilmente en cosas perecederas toda la felicidad, como si la fijaran en la tierra. Lo referido puede confirmar una cosa más extraña de decirse que de creerse. Porque, como apenas hay tan rendidos servidores de esos hombres sagaces y astutos como los que tienen el ánimo enervado y quebrantado por la tiranía de las pasiones, hubo en la secta masónica quien dijo públicamente y propuso que ha de procurarse con persuasión y maña que la multitud se sacie con la innumerable licencia de los vicios, en la seguridad que así la tendrán sujeta a su arbitrio para poder atreverse a todo en lo futuro.

17. Por lo que toca a la vida doméstica, he aquí casi toda la doctrina de los naturalistas. El matrimonio es un mero contrato: puede justamente rescindirse a voluntad de los contratantes; la autoridad civil tiene poder sobre el vínculo matrimonial. En el educar los hijos nada hay que enseñarles como cierto y determinado en punto de religión; al llegar a la adolescencia, corre a cuenta de cada cual escoger lo que guste. Esto mismo piensan los Masones; no solamente lo piensan, sino que se empeñan, hace ya mucho, en reducirlo a costumbre y práctica. En muchos Estados, aun en los llamados católicos, está establecido que fuera del matrimonio civil no hay unión legítima; en otros, la ley permite el divorcio; en otros se trabaja para que cuanto antes sea permitido. Así, apresuradamente se corre a cambiar la naturaleza del matrimonio en unión inestable y pasajera, que la pasión haga o deshaga a su antojo.

También tiene puesta la mira, con suma conspiración de voluntades, la secta de los Masones en arrebatar para sí la educación de los jóvenes. Ven cuán fácilmente pueden amoldar a su capricho esta edad tierna y flexible y torcerla hacia donde quieran, y nada más oportuno para lograr que se forme así para la sociedad una generación de ciudadanos tal cual ellos se la forjan. Por tanto, en punto de educación y enseñanza de los niños, nada dejan al magisterio y vigilancia de los ministros de la Iglesia, habiendo llegado ya a conseguir que en varios lugares toda la educación de los jóvenes esté en manos de laicos, de suerte que, al formar sus corazones, nada se les diga de los grandes y santísimos deberes que ligan al hombre con Dios.

18. Vienen en seguida los principios de la ciencia política. En este género dogmatizan los naturalistas que los hombres todos tienen iguales derechos y son de igual condición en todo; que todos son libres por naturaleza; que ninguno tiene derecho para mandar a otro, y el pretender que los hombres obedezcan a cualquier autoridad que no venga de ellos mismos es propiamente hacerles violencia. Todo está, pues, en manos del pueblo libre; la autoridad existe por mandato o concesión del pueblo; tanto que, mudada la voluntad popular, es lícito destronar a los príncipes aun por la fuerza. La fuente de todos los derechos y obligaciones civiles está o en la multitud o en el Gobierno de la nación, organizado, por supuesto, según los nuevos principios. Conviene, además, que el Estado sea ateo; no hay razón para anteponer una a otra entre las varias religiones, pues todas deben ser igualmente consideradas.

19. Y que todo esto agrade a los Masones del mismo modo, y quieran ellos constituir las naciones según este modelo, es cosa tan conocida que no necesita demostrarse. Con todas sus fuerzas e intereses lo están maquinando así hace mucho tiempo, y con esto dejan expedito el camino a no pocos más audaces que se inclinan a peores opiniones, pues proyectan la igualdad y comunidad de toda la riqueza, borrando así del Estado toda diferencia de clases y fortunas.

20. De lo que sumariamente hemos referido aparece bastante claro que sea y por dónde va la secta de los Masones. Sus principales dogmas discrepan tanto y tan claramente de la razón, que nada puede ser más perverso. Querer acabar con la religión y la Iglesia, fundada y conservada perennemente por el mismo Dios, y resucitar después de dieciocho siglos las costumbres y doctrinas gentílicas, es necedad insigne y muy audaz impiedad. Ni es menos horrible o más llevadero el rechazar los beneficios que con tanta bondad alcanzó Jesucristo, no sólo a cada hombre en particular, sino también en cuanto viven unidos en la familia o en la sociedad civil, beneficios señaladísimos hasta según el juicio y testimonio de los mismos enemigos. En tan feroz e insensato propósito parece reconocerse el mismo implacable odio o sed de venganza en que arde Satanás contra Jesucristo.

Así como el otro vehemente empeño de los Masones, el de destruir los principales fundamentos de lo justo y lo honesto, y animar así a los que, a imitación del animal, quisiera fuera lícito cuanto agrada, no es otra cosa que empujar el género humano ignominiosa y vergonzosamente a su extrema ruina.

21. Aumentan el mal los peligros que amenazan a la sociedad doméstica y civil. Porque, como otras veces lo hemos expuesto, hay en el matrimonio, según el común y casi universal sentir de todos los pueblos y siglos, algo de sagrado y religioso: veda, además, la ley divina que pueda disolverse. Pero si esto se permitiera, si el matrimonio se hace profano, necesariamente ha de seguirse en la familia la discordia y la confusión, cayendo de su dignidad la mujer y quedando incierta la prole tanto sobre sus bienes como sobre su propia vida.

22. Pues el no cuidar oficialmente para nada de la religión, y en la administración y ordenación de la cosa pública no tener cuenta ninguna de Dios, como si no existiese, es atrevimiento inaudito aun entre los mismos gentiles, en cuyo corazón y en cuyo entendimiento tan grabada estuvo no sólo la creencia en los dioses, sino la necesidad de un culto público, que reputaban más fácil encontrar una ciudad sin suelo que sin Dios.

De hecho la sociedad humana a que nos sentimos naturalmente inclinados fue constituida por Dios, autor de la naturaleza; y de El emana, como de principio y fuente, la naturaleza y perenne abundancia de los bienes innumerables en que la sociedad abunda. Así, pues, como la misma naturaleza enseña a cada uno en particular a dar piadosa y santamente culto a Dios por tener de El la vida y los bienes que la acompañan, así, y por idéntica causa, incumbe este mismo deber a pueblos y Estados. Y los que quisieran a la sociedad civil libre de todo deber religioso, claro está que obran no sólo injusta, sino ignorante y absurdamente.

Si, pues, los hombres por voluntad de Dios nacen ordenados a la sociedad civil, y a ésta es tan indispensable el vínculo de la autoridad que, quitando éste, por necesidad se disuelve aquélla, síguese que el mismo que creó la sociedad creó la autoridad. De aquí se ve que quien está revestido de ella, sea quien fuere, es ministro de Dios, y, por tanto, según lo piden el fin y la naturaleza de la sociedad humana, es tan puesto en razón el obedecer a la potestad legítima cuando manda lo justo, como obedecer a la autoridad de Dios, que todo lo gobierna; y nada tan falso como el pretender que corresponda por completo a la masa del pueblo el negar la obediencia cuando le agrade. Todos los hombres son, ciertamente, iguales: nadie duda de ello, si se consideran bien la comunidad igual de origen y naturaleza, el fin último cuya consecuencia se ha señalado a cada uno, y finalmente los derechos y deberes que de ellos nacen necesariamente.

23. Mas como no pueden ser iguales las capacidades de los hombres, y distan mucho uno de otro por razón de las fuerzas corporales o del espíritu, y son tantas las diferencias de costumbres, voluntades y temperamentos, nada más repugnante a la razón que el pretender abarcarlo y confundirlo todo y llevar a las leyes de la vida civil tan rigurosa igualdad. Así como la perfecta constitución del cuerpo humano resulta de la juntura y composición de miembros diversos, que, diferentes en forma y funciones, atados y puestos en sus propios lugares, constituyen un organismo hermoso a la vista, vigoroso y apto para bien funcionar, así en la humana sociedad son casi infinitas las diferencias de los individuos que la forman; y si todos fueran iguales y cada uno se rigiera a su arbitrio, nada habría más deforme que semejante sociedad; mientras que si todos, en distinto grado de dignidad, oficios y aptitudes, armoniosamente conspiran al bien común, retratarán la imagen de una ciudad bien constituida y según pide la naturaleza.

24. Además, de los turbulentos errores, que ya llevamos enumerados, han de temerse los mayores peligros para los Estados. Porque, quitado el temor de Dios y el respeto a las leyes divinas, menospreciada la autoridad de los príncipes, consentida y legitimada la manía de las revoluciones, sueltas con la mayor licencia las pasiones populares, sin otro freno que el castigo, ha de seguirse necesariamente el trastorno y la ruina de todas las cosas. Y aun precisamente esta ruina y trastorno, es lo que a conciencia maquinan y expresamente proclaman unidas las masas de comunistas y socialistas, a cuyos designios no podrá decirse ajena la secta de los Masones, pues favorece en gran manera sus planes y conviene con ellas en los principales dogmas. Y si de hecho no llegan inmediatamente y en todas partes a las últimas consecuencias, no se atribuya a sus doctrinas ni a su voluntad, sino a la eficacia de la religión divina, que no puede extinguirse, y a la parte más sana de los hombres, que, rechazando la servidumbre de las sociedades secretas, resisten con valor a sus locos conatos.

25. ¡Ojalá juzgasen todos del árbol por sus frutos y conocieran la semilla y principio de los males que nos oprimen y los peligros que nos amenazan! Tenemos que habérnoslas con un enemigo astuto y doloso que, halagando los oídos de pueblos y príncipes, ha cautivado a unos y otros con blandura de palabras y adulaciones.

Al insinuarse entre los príncipes fingiendo amistad, pusieron la mira los Masones en lograrlos como socios y colaboradores poderosos para oprimir a la religión católica; y para estimularles más con insistente calumnia acusaron a la Iglesia de que, envidiosa, disputaba a los príncipes su potestad y prerrogativas reales. Lograda por tales artes la audacia y la seguridad, comenzaron a intervenir con gran influencia en el régimen de las naciones, estando dispuestos -por lo demás- a sacudir los fundamentos de los imperios y a perseguir, calumniar y destronar a los príncipes, siempre que ellos no se mostrasen inclinados a gobernar a gusto de la secta.

No de otro modo engañaron, adulándolos, a los pueblos. Voceando libertad y prosperidad pública, haciendo ver que por culpa de la Iglesia y de los monarcas, no había salido ya la multitud de su inicua servidumbre y de su miseria, engañaron al pueblo, y, despertada en él la sed de novedades, le incitaron a combatir contra ambas potestades. Pero ventajas tan esperadas están más en el deseo que en la realidad, y antes bien, más oprimida la plebe, se ve forzada a carecer en gran parte de las mismas cosas en que esperaba el consuelo de su miseria, las cuales hubiera podido hallar con facilidad y abundancia en la sociedad cristianamente constituida. Y éste es el castigo de su soberbia, que suelen encontrar cuantos se vuelven contra el orden de la Providencia divina: que tropiezan con una suerte desoladora y mísera allí mismo donde, temerarios, la esperaban próspera y abundante según sus deseos.

26. La Iglesia, en cambio, como que manda obedecer primero y sobre todo a Dios, Soberano Señor de todas las cosas, no podría, sin injuria y falsedad, ser tenida por enemiga de la potestad civil, usurpadora de algún derecho de los príncipes; antes bien, quiere se de al poder civil, por dictamen y obligación de conciencia, cuanto de derecho se le debe; y el hacer dimanar de Dios mismo, conforme hace la Iglesia, el derecho de mandar, da gran incremento a la dignidad del poder civil y no leve apoyo para captarse el respeto y benevolencia de los ciudadanos. Amiga de la paz, la misma Iglesia fomenta la concordia, abraza a todos con maternal cariño y, ocupada únicamente en ayudar a los hombres, enseña que conviene unir la justicia con la clemencia, el mando con la equidad, las leyes con la moderación; que no ha de violarse el derecho de nadie; que se ha de servir al orden y tranquilidad pública y aliviar cuanto se pueda pública y privadamente la necesidad de los menesterosos. Pero por esto piensan, para servirnos de las palabras mismas de San Agustín[12], o quieren que se piense no ser la doctrina de Cristo provechosa para la sociedad, porque no quieren que el Estado se asiente sobre la solidez de las virtudes, sino sobre la impunidad de los vicios. Conocido bien todo esto, sería insigne prueba de sensatez política y empresa conforme a lo que exige la salud pública que príncipes y pueblos se unieran, no con los Masones para destruir la Iglesia, sino con la Iglesia para quebrantar los ímpetus de los Masones.

27. Sea como quiera, ante un mal tan grave y ya tan extendido, lo que a Nos toca, Venerables Hermanos, es aplicarnos con toda el alma a la busca de remedios.

Y porque sabemos que la mejor y más firme esperanza de remedio está puesta en la virtud de la religión divina, tanto más odiada por los Masones cuanto más temida, juzgamos ser lo principal el servirnos contra el común enemigo de esta virtud tan saludable. Así que todo lo que decretaron los Romanos Pontífices, Nuestros Antecesores, para impedir las tentativas y los esfuerzos de la secta masónica, y todo cuanto sancionaron para alejar a los hombres de semejantes sociedades o sacarlos de ellas, todas y cada una de estas cosas las damos por ratificadas y las confirmamos con Nuestra autoridad apostólica. Y confiadísimos en la buena voluntad de los cristianos, rogamos y suplicamos a cada uno en particular por su eterna salvación que estimen deber sagrado de conciencia el no apartarse un punto de lo que en esto tiene ordenado la Silla Apostólica.

28. Y a vosotros, Venerables Hermanos, os pedimos y rogamos con la mayor instancia que, uniendo vuestros esfuerzos a los Nuestros, procuréis con todo ahínco extirpar esta asquerosa peste que va serpeando por todas las venas de la sociedad. A vosotros toca defender la gloria de Dios y la salvación de los prójimos: ante tales fines en el combate, no ha de faltaros ni el valor ni la fuerza.

29. Vuestra prudencia os dictará el modo mejor de vencer los obstáculos y las dificultades que se alzarán; pero como es propio de la autoridad de nuestro ministerio el indicaros Nos mismo algún plan razonable, pensad que en primer lugar se ha de procurar arrancar a los Masones su máscara, para que sean conocidos tales cuales son, que los pueblos aprendan por vuestros discursos y pastorales, dados con este fin, las malas artes de semejantes sociedades para halagar y atraer, la perversidad de sus opiniones y lo criminal de sus hechos. Que ninguno que estime en lo que debe su profesión de católico y su salvación juzgue serle lícito por ningún título dar su nombre a la secta masónica, como repetidas veces lo prohibieron Nuestros Antecesores. Que a ninguno engañe aquella honestidad fingida; puede, en efecto, parecer a algunos que nada piden los Masones abiertamente contrario a la religión y buenas costumbres; pero como toda la razón de ser y causa de la secta estriba en el vicio y en la maldad, claro es que no es lícito unirse a ellos ni ayudarles en modo alguno.

30. Además, conviene con frecuentes sermones y exhortaciones inducir a las muchedumbres a que se instruyan con todo esmero en lo tocante a la religión, y para esto recomendamos mucho que en escritos y sermones oportunos se explanen los principales y santísimos dogmas que encierran toda la filosofía cristiana. Con lo cual se llega a sanar los entendimientos por medio de la instrucción y a fortalecerlos así contra las múltiples formas del error como contra los varios modos con que se presentan atractivos los vicios en esa tan grande libertad de publicaciones y curiosidad tan grande de saber.

Grande obra, sin duda; pero en ella será vuestro primer auxiliar y colaborador de vuestros trabajos el Clero, si con vuestro esfuerzo lográis que salga bien pertrechado en virtudes y en ciencia. Mas empresa tan sana e importante reclama también en su auxilio el celo activo de los seglares, que juntan en uno el amor de la religión y de la Patria con la probidad y el saber. Aunadas las fuerzas de una y otra clase, trabajad, Venerables Hermanos, para que todos los hombres conozcan bien y amen a la Iglesia; porque cuanto mayor fuere este conocimiento y este amor, tanto mayor será así la repugnancia con que se mire a las sociedades secretas como el empeño en rehuirlas.

31. Y aprovechando esta oportunidad, renovamos ahora justamente Nuestro deseo, ya repetido, de que se propague y se fomente con toda diligencia la Orden Tercera de San Francisco, cuyas reglas con lenidad prudente hemos suavizado hace muy poco tiempo. El único fin que le dio su autor es el de traer los hombres a la imitación de Jesucristo, al amor de su Iglesia, al ejercicio de toda virtud cristiana; mucho ha de valer, por tanto, para extinguir el contagio de estas perversísimas sociedades. Y así, que cada día aumente más esta santa Congregación; pues, además de otros muchos frutos, puede esperarse de ella el insigne de que vuelvan los corazones a la libertad, fraternidad e igualdad, no como absurdamente las conciben los masones, sino como las alcanzó Jesucristo para el humano linaje y las siguió San Francisco: esto es, la libertad de los hijos de Dios, por la cual nos veamos libres de la servidumbre de Satanás y de las pasiones, nuestros perversísimos tiranos; la fraternidad que dimana de ser Dios nuestros Creador y Padre común de todos; la igualdad que, teniendo por fundamento la caridad y la justicia, no borra toda diferencia entre los hombres, sino que con la variedad de condiciones, deberes e inclinaciones forma aquel admirable y armonioso concierto que aun la misma naturaleza pide para el bien y la dignidad de la vida civil.

32. Viene, en tercer lugar, una institución sabiamente establecida por nuestros mayores e interrumpida por el transcurso del tiempo, que puede valer ahora como ejemplar y forma para lograr instituciones semejantes.

Hablamos de los gremios y cofradías de trabajadores con que éstos, al amparo de la religión, defendían juntamente sus intereses y, a la par, las buenas costumbres.

Y si con el uso y experiencia de largo tiempo vieron nuestros mayores la utilidad de estas asociaciones, tal vez la experimentaremos mejor nosotros por ser especialmente aptas para invalidar el poder de las sectas. Los que conllevan la pobreza con el trabajo de sus manos, fuera de ser dignísimos, en primer término, de caridad y consuelo, están más expuestos a las seducciones de los malvados, que todo lo invaden con fraudes y engaños. Débeseles, por ello, ayudar con la mayor benignidad posible y atraer a sociedades honestas, no sea que los arrastren a las infames. En consecuencia, para salud del pueblo, tenemos vehementes deseos de ver restablecidas en todas partes, según piden los tiempos, estas corporaciones bajo los auspicios y patrocinio de los Obispos. Y no es pequeño Nuestro gozo al verlas ya establecidas en diversos lugares en que también se han fundado sociedades protectoras, siendo propósito de unas y otras ayudar a la clase honrada de los proletarios, socorrer y custodiar sus hijos y sus familias, fomentando en ellas, con la integridad de las buenas costumbres, el amor a la piedad y el conocimiento de la religión.

33. Y en este punto no dejaremos de mencionar la Sociedad llamada de San Vicente de Paúl, tan benemérita de las clases pobres y tan insigne públicamente en su ejemplaridad. Bien conocidas son su actuación y sus aspiraciones; se emplea en adelantarse espontáneamente al auxilio de los menesterosos y de los que sufren, y esto con admirable sagacidad y modestia; pues, cuanto menos quiere mostrarse, tanto es mejor para ejercer la caridad cristiana y más oportuna para consuelo de las miserias.

34. En cuarto lugar, y para obtener más fácilmente lo que intentamos, con el mayor encarecimiento encomendamos a vuestro celo y a vuestros desvelos la juventud, esperanza de la sociedad.

Poned en su educación vuestro principal cuidado, y nunca, por más que hiciereis, creáis haber hecho bastante en el preservar a la adolescencia de aquellas escuelas y aquellos maestros, en los que pueda temerse el aliento pestilente de las sectas. Exhortad a los padres, a los directores espirituales, a los párrocos para que insistan, al enseñar la doctrina cristiana, en avisar oportunamente a sus hijos y alumnos sobre la perversidad de estas sociedades, y a que aprendan desde luego a precaverse de las fraudulentas y varias artes que sus propagadores suelen emplear para enredar a los hombres. Y aun no harían mal, los que preparan a los niños para recibir bien la primera Comunión, en persuadirles que se propongan y se comprometan a no ligarse nunca con sociedad alguna sin decirlo antes a sus padres o sin consultarlo con su confesor o con su párroco.

35. Bien conocemos que todos nuestros comunes trabajos no bastarán a arrancar estas perniciosas semillas del campo del Señor si desde el cielo el dueño de la viña no favorece benigno nuestros esfuerzos.

Necesario es, por lo tanto, implorar con vehemente anhelo e instancia su poderoso auxilio, como y cuanto lo piden la extrema necesidad de las circunstancias y la grandeza del peligro. Levántase insolente y orgullosa por sus triunfos la secta de los Masones, ni parece poner ya límites a su pertinacia. Préstanse mutuo auxilio sus sectarios, todos unidos en nefando contubernio y por comunes ocultos designios, y unos a otros se animan para todo malvado atrevimiento. Tan fiero asalto pide igual defensa, es a saber, que todos los buenos se unan en amplísima coalición de obras y oraciones. Les pedimos, pues, por un lado que, estrechando las filas, firmes y a una, resistan contra los ímpetus cada día más violentos de los sectarios; por otro, que levanten a Dios las manos y le supliquen con grandes gemidos, para alcanzar que florezca con nuevo vigor la religión cristiana; que goce la Iglesia de la necesaria libertad; que vuelvan a la buena senda los descarriados; y que, al fin, abran paso a la verdad los errores y los vicios a la virtud.

36. Como intercesora y abogada tengamos a la Virgen María Madre de Dios, para que, pues ya en su misma Concepción purísima venció a Satanás, sea Ella quien se muestre poderosa contra las nefandas sectas, en las que claramente se ve revivir la soberbia contumaz del demonio junto con una indómita perfidia y simulación. Acudamos también al príncipe de los Angeles buenos, San Miguel, el debelador de los enemigos infernales; y a San José, esposo de la Virgen santísima, así como a San Pedro y San Pablo, Apóstoles grandes, sembradores e invictos defensores de la fe cristiana, en cuyo patrocinio confiamos, así como en la perseverante oración de todos, para que el Señor acuda oportuno y benigno en auxilio del género humano que se encuentra lanzado a peligros tantos. Sea prueba de los dones celestiales y de Nuestra benevolencia la Bendición Apostólica, que de todo corazón os damos en el Señor, a vosotros, Venerables Hermanos, al Clero y a todo el pueblo confiado a vuestra vigilancia.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 20 de abril de 1884, año séptimo de Nuestro Pontificado.

[1] De civ. Dei. 14, 17.

[2] Ps. 82, 2-4.
[3] Const. In eminenti 24 april. 1738.
[4] Const. Providas 18 mai. 1751.
[5] Const. Ecclesiam a Iesu Christo 12 sept. 1821.
[6] Const. 13 mart. 1825.
[7] Enc. Traditi 21 mai. 1829.
[8] Enc. Mirari 15 aug. 1832.
[9] Enc. Qui pluribus 9 nov. 1846. -Aloc. Multiplices inter 25 sept. 1865, etcétera.
[10] Mat. 7, 18.
[11] Conc. Trid. sess. 6 de iustif. c. 1.
[12] Ep. 137 (al. 3) Ad Volusianum c. 5 n. 20.

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13 octubre 2012 6 13 /10 /octubre /2012 00:53

Estimados lectores:

 

Les presentamos un texto tomado de Oblatio Munda sobre la vida espiritual. Esperamos que les guste.

 

El Equipo de México y Tradición.

http://img.over-blog.com/211x300/4/58/51/48/stos.jpg

Un enemigo de la vida espiritual: el amor propio

Ya hemos traído en Oblatio Munda algunos textos del gran místico franciscano Fray Juan de los Ángeles. En esta oportunidad, queremos tomar una extensa cita que él presenta desde San Agustín, respecto a uno de los principales enemigos de la vida espiritual, cual es el desordenado amor propio, y sus graves consecuencias no sólo para la propia alma, sino también en nuestras relaciones con el prójimo. Nuestro amor al prójimo es expresión de nuestro amor a Dios y a nosotros mismos: si tal amor no es sobrenatural, firme, bien fundado, sin dudas que dará lugar a todo tipo de desórdenes:

“San Basilio dice: ‘Aquel es amante de sí que se ama con amor privado y demasiado’. Y para conocer este amor pone algunas señales. Pero con mayor claridad habla de él San Bernardo: ‘El amor carnal o propio es con que ante todas cosas el hombre se ama a sí mismo por sí mismo, porque aun no sabe sino a sí mismo (…) San Agustín, en libro II De Genes. ad litteram, diserta sobre el amor propio admirablemente, y en lo que viene a parar es en que es diámetro [opuesto], se opone a la caridad y le es contrario. Y, por consiguiente, es la mayor peste para el alma, porque la lleva hasta el menosprecio de Dios.

Este es aquel amor que ensucia la intención de los aprovechantes, y no sólo ensucia, sino que, cuanto es de su parte, totalmente la pervierte y la tuerce a sí, y hace algunas, y no pocas veces, que aunque lo que hacemos nos parezca que lo hacemos por amor de Dios, en el hecho de la verdad no a Dios, sino a nosotros, nos tengamos por blanco, sin buscar otra cosa en aquella acción que a nosotros mismos; y aunque también tengamos a Dios por fin y su gloria se nos represente, no es tanto eso cuanto nuestro provecho y gloria lo que nos mueve. Por lo cual digo que el amor propio siempre trae competencia con Dios acerca de la suma honra y primado del fin, queriendo uno y otro para sí; y aunque no alcanza a ser el fin de la intención del hombre y de sus acciones, es cosa certísima que cuanto él puede, aun en los varones espirituales, las ensucia con un contagio suyo. (…)

El que ninguna otra cosa que a sí mismo busca, esto es, su comodidad y gloria, mediante el amor propio, crece de manera en el apetito de ella que nunca se ve harto ni dice basta, semejante en esto al fuego y al infierno. Infinito, inmenso, insaciable le llama Santo Tomás. Y San Agustín cuenta los males que de este infame amor propio proceden. De él los cuidados mordaces que roen y atormentan el corazón; de él las perturbaciones, las tristezas, los miedos, los gozos desatinados, las discordias, las contiendas, las guerras, las asechanzas, las iras, las enemistades, los engaños, la adulación, el hurto, la perfidia, la soberbia, la ambición, la envidia, los homicidios y parricidios; la crueldad, la tiranía, la maldad, la lujuria, la petulancia, la desvergüenza, las fornicaciones, los adulterios, los incestos, los estupros y los demás géneros o diferencias de vicios sensuales; los sacrilegios, las herejías y blasfemias; los perjurios, las opresiones de pobres, las calumnias de los inocentes, las circunvenciones o pleitos en juicio; las prevaricaciones de las leyes todas, humanas y divinas; los testimonios falsos, los juicios perversos, las violencias y latrocinios y todo lo que de mal puede haber, aunque no se haya visto en el mundo ni venido en conocimiento de los hombres. Hasta aquí San Agustín. Y yo digo que maldito sea padre de familia tan mala”.

 (Extraído del “Manual de vida perfecta”, de Fray Juan de los Ángeles; en “Místicos Franciscanos Españoles”, B.A.C., 1949, págs. 583-584).

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1 enero 2012 7 01 /01 /enero /2012 19:31

Una agencia científica nacional italiana corrobora que la Sábana Santa no es una falsificación medieval.
sabana-santa.jpgLa Agencia Nacional para las Nuevas Tecnologías, la Energía y el Desarrollo Económico Sostenible italiana (ENEA) ha realizado un estudio durante los últimos cinco años para intentar reproducir la Sábana Santa, que se encuentra custodiada en Turín. Los científicos han corroborado en su intento por realizar una copia que no se trata de una falsificación, como aseguran algunos, sino que el sudario es real.

Los investigadores sólo consiguieron imitar el efecto de la tela, aplicando en el lino láseres ultra violeta de alta intensidad y abrasando el material. Comprobaron que presenta unas características físicas y químicas tan peculiares que actualmente hacen imposible obtener en el laboratorio una coloración idéntica en todos sus componentes. Por lo tanto, se deshecha la teoría de que un falsificador medieval fue el autor de la reliquia.

Los resultados del informe de ENEA indican que “esta incapacidad de repetir (y por lo tanto de falsificar) la imagen de la Sábana Santa impide formular una hipótesis fehaciente respecto al mecanismo de formación de la impresión. De hecho, al día de hoy la ciencia todavía no está en condiciones de explicar de qué modo se ha formado la imagen corpórea en el Santo Sudario. Los científicos se lamentan de la imposibilidad de realizar mediciones directas en la tela de la Sábana Santa y en parte podría ser una justificación. De hecho, el último análisis experimental in situ de las propiedades físicas y químicas de la imagen corpórea del Sudario fue efectuado en 1978 por un grupo de 31 científicos en nombre de la Shroud of Turin Research Project, Inc. (STURP)”.

“Los científicos han usado instrumentos de vanguardia, puestos a su disposición por diversas casas productoras, cuyo valor comercial alcanza los dos millones y medio de dólares. Han efectuado numerosas mediciones no destructivas de espectroscopia infrarroja, visible y ultravioleta, de fluorescencia de rayos X, de termografía y pirólisis, de espectrometría de masa, de análisis micro Raman, fotografía en transmisión, microsocopía, extracción de fibrillas y test microquímicos", continúan las conclusiones del estudio.

Los resultados del informe de Enea indican, además, que "el Sudario se remonta al siglo I, es decir, no es medieval. También hemos comprobado la total ausencia de pigmento, o sea, es posible decir que no fue hecho por la mano del hombre. Todos los fragmentos que hemos hallado son de origen orgánico", dice el documento, que incluso habla de "sangre".

“Las implicaciones son... que la imagen se formó por una explosión de energía ultravioleta tan intensa, que sólo puede ser sobrenatural. No creo que se haya hecho nada igual”, asegura a The Independent Luigi Garlaschelli, profesor de química en la Universidad de Pavía.

Para Paolo di Lazzaro, quien dirigió el estudio, "cuando uno habla de un destello de luz capaz de dar color a una pieza de lino en la misma forma que el sudario, la discusión inevitablemente cae en el terreno de los milagros".

El Dr. Di Lazzaro asegura que “si sus resultados van a suscitar algún tipo de debate filosófico o teológico, es cuestión de los expertos y de la conciencia de cada persona”.

 

tomado de "El Confidencial".

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10 octubre 2011 1 10 /10 /octubre /2011 05:40

La película protagonizada por Andy García además de Eduardo Verástegui y Rubén Blades sobre la epopeya de los cristeros en México, se estrenará a finales de este año 2011.
cristiada.jpgEl actor cubano-norteamericano Andy García encarna en el filme a Enrique Gorostieta Velarde, un caudillo que lidera un destacamento cristerio en Jalisco, mientras que Eduardo Verástegui, el intérprete de Bella, interpretará a Anacleto González Flores, beatificado por el Papa Benedicto XVI en 2005 como mártir de la rebelión de los católicos mexicanos contra la persecución desatada en los años veinte por Plutarco Elías Calles.

Además de ellos protagonizan la película sobre la epopeya católica mexicana el compositor y cantante panameño de salsa, Rubén Blades (el de Pedro Navaja), y Karyme Lozano, otra actriz que, como Verástegui, es ampliamente conocida por su abierta defensa de la religión cristiana y de la Iglesia. La afamada Eva Longoria también hace parte del elenco de estrellas de actores de la cinta.

La nueva película toma lugar durante la Guerra Cristeros (1926-1929), que fue provocada por una rebelión contra el intento del gobierno Mexicano de secularizar el país. La historia sigue a la gente común de todo el país que deciden luchar por su libertad. Atrapado en una guerra civil, todos ellos deben decidir hasta qué punto están dispuestos a ir y lo que están dispuestos a arriesgar.

 

 

http://www.cristiadafilm.com/

 

 

 


Les presentamos a continuación una crónica más que extraordinaria de la Epopeya Cristera. Agradecemos al sitio web Fluvium que elaboró este magnífico trabajo y que difundiremos a todos nuestros amables lectores con el fin de incrementar más su fe católica, su amor a Dios, a su Iglesia y su Patria Mejicana.

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El siglo de los mártires

        Es indudable que el siglo XX ha sido el más acentuadamente martirial de toda la historia de la Iglesia. Y conviene recordar en esto que el testimonio impresionante de los mártires de México fue el modelo inmediato para todos los católicos que más tarde habrían de verter su sangre por Cristo. Y en primer lugar, poco después, los mártires españoles, tan numerosos. Antonio Montero, en La historia de la persecución religiosa en España (1936-1939), obra de 1961 recientemente reeditada (BAC 204,19982, p. XIII-XIV) dice que «en toda la historia de la universal Iglesia no hay un solo precedente, ni siquiera en las persecuciones romanas, del sacrificio sangriento, en poco más de un semestre, de doce obispos, cuatro mil sacerdotes y más de dos mil religiosos».

        Pero unos años antes (1926-1929), también los mártires mexicanos fueron modelo para tantos otros cientos de miles, millones de cristianos aplastados en nuestro siglo por la Revolución en cualquiera de sus formas, liberal o nazi, socialista o comunista. Nos interesa, pues, mucho conocer la persecución religiosa en México, y entender bien la respuesta de aquellos católicos admirables, que con su sangre siguieron escribiendo los Hechos de los apóstoles en América.

        Hallamos información sobre la Cristiada en obras como la de Aquiles P. Moctezuma, El conflicto religioso de 1926; sus orígenes, su desarrollo, su solución; Antonio Ríus Facius, Méjico cristero; historia de la Asociación Católica de la Juventud Mejicana, 1925-1931; Miguel Palomar y Vizcarra, El caso ejemplar mexicano. Poseemos relatos impresionantes de los mismos cristeros, como el de Luis Rivero del Val, Entre las patas de los caballos, que viene a ser el diario del estudiante cristero Manuel Bonilla, o el del campesino Ezequiel Mendoza Barragán, Testimonio cristero; memorias del autor, a cual más admirable. Y disponemos también de excelentes estudios modernos, como el de Jean Meyer, La cristiada, I-III, y Lauro López Beltrán, La persecución religiosa en México.

        Convendrá, en todo caso, que comencemos nuestra crónica por el principio: la persecución liberal que ocasionó la Cristiada en el siglo XX no era sino la continuación de la que se inició ya largamente en el siglo XIX.

        Las persecuciones religiosas de México en el siglo XIX

        En 1810, con el grito del cura Miguel Hidalgo: «¡Viva Fernando VII y muera el mal gobierno!», se inicia el proceso que culminaría con la independencia de México. Todavía en 1821 el Plan de Iguala decide la independencia completa de México como monarquía constitucional que, al ser ofrecida sin éxito a Fernando VII, queda a la designación de las Cortes mexicanas. Tras el breve gobierno del emperador Agustín de Itúrbide (1821-24), rechazado por la masonería y fusilado en Padilla, se proclama la República (1824), que camina vacilante hasta mediados de siglo, y que pierde, en provecho de los Estados Unidos, la mitad del territorio mexicano (1848).

        Muy poco después de la independencia, ya en 1855, se desata la revolución liberal con toda su virulencia anticristiana, cuando se hace con el poder Benito Juárez (1855-72), indio zapoteca, de Oaxaca, que a los 11 años, con ayuda del lego carmelita Salanueva, aprende castellano y a leer y escribir, lo que le permite ingresar en el Seminario. Abogado más tarde y político, impone, obligado por la logia norteamericana de Nueva Orleans, la Constitución de 1857, de orientación liberal, y las Leyes de Reforma de 1859, una y otras abiertamente hostiles a la Iglesia.

        Por ellas, contra todo derecho natural, se establecía la nacionalización de los bienes eclesiásticos, la supresión de las órdenes religiosas, la secularización de cementerios, hospitales y centros benéficos, etc. Su gobierno dio también apoyo a una Iglesia mexicana, precario intento de crear, en torno a un pobre cura, una Iglesia cismática.

        Todos estos atropellos provocaron un alzamiento popular católico, semejante, como señala Jean Dumont, al que habría de producirse en nuestro siglo. En efecto, «la Cristiada [1926-1931] tuvo un precedente muy parecido en los años 1858-1861. También entonces la catolicidad mejicana sostuvo una lucha de tres años contra los Sin-Dios de la época, aquellos laicistas de la Reforma, también jacobinos, que habían impuesto la libertad para todos los cultos, excepto el culto católico, sometido al control restrictivo del Estado, la puesta a la venta de los bienes de la Iglesia, la prohibición de los votos religiosos, la supresión de la Compañía de Jesús y, por tanto, de sus colegios, el juramento de todos los empleados del Estado a favor de estas medidas, la deportación y el encarcelamiento de los obispos o sacerdotes que protestaran. Pío IX condenó estas medidas, como Pío XI expresó su admiración por los cristeros».

        En aquella guerra civil, en la que hubo «deportación y condena a muerte de sacerdotes, deportación y encarcelamiento de obispos y de otros religiosos, represión sangrienta de las manifestaciones de protesta, particularmente numerosas en los estados de Jalisco, Michoacán, Puebla, Tlaxcala» (Hora de Dios en el Nuevo Mundo 246), el gobierno liberal prevaleció gracias a la ayuda de los Estados Unidos.

        La Reforma liberal de Juárez no se caracterizó sólamente por su sectarismo antirreligioso, sino también porque junto a la desamortización de los bienes de la Iglesia, eliminó los ejidos comunales de los indígenas. Estas medidas no evitaron al Estado un grave colapso financiero, pero enriquecieron a la clase privilegiada, aumentando el latifundismo. Con todo eso, según el historiador mexicano Vasconcelos, también filósofo y político, «Juárez y su Reforma, están condenados por nuestra historia», y él ha pasado, como otros, «a la categoría de agentes del Imperialismo anglosajón» (Breve hª 11).

        Sobre esto último bastaría recordar las ofertas increíbles, vergonzosas, del gobierno de Juárez a los Estados Unidos en los tratados Mac Lane-Ocampo y Corwin-Doblado, o en los convenios con los norteamericanos gestionados por el agente juarista José María Carvajal.

        El período de Juárez se vió interrumpido por un breve período en el que, por imposición de Napoleón III, ocupó el poder Maximiliano de Austria (1864-67), fusilado en Querétaro poco más tarde. También en estos años la Iglesia fue sujeta a leyes vejatorias, y los masones «le ofrecieron al Emperador la presidencia del Supremo Consejo de las logias, que él declinó, pero aceptó el título de protector de la Orden, y nombró representantes suyos a dos individuos que inmediatamente recibieron el grado 33» (Acevedo, Hª de México 292).

        A Juárez le sucedió en el poder Sebastián Lerdo de Tejada (1872-76). Éste, que había estudiado en el Seminario de Puebla, acentuó la persecución religiosa, llegando a expulsar hasta «las Hermanas de la Caridad –a quienes el mismo Juárez respetó–, no obstante que de las 410 que había, 355 eran mexicanas, que atendían a cerca de 15 mil personas en sus hospitales, asilos y escuelas. En cambio, se favoreció oficialmente la difusión del protestantismo, con apoyo norteamericano. En el mismo año de 1873 se prohibió que hubiera fuera de los templos cualquier manifestación o acto religioso» (Alvear Acevedo 310). Todo esto provocó la guerra llamada de los Religioneros (1873-1876), un alzamiento armado católico, precedente también de los cristeros (Meyer II,31-43).

        La perduración de Juárez en el poder ocasionó entre los mismos liberales una oposición cada vez más fuerte. El general Porfirio Díaz –que era, como Juárez, de Oaxaca y antiguo seminarista–, propugnando como ley suprema la no-reelección del Presidente de la República (Plan de la Noria 1871; Plan de Tuxtepec 1876), desencadenó una revolución que le llevó al gobierno de México durante casi 30 años: fue reelegido ocho veces, en una farsa de elecciones, entre 1877 y 1910.

        En ese largo tiempo ejerció una dictadura de orden y progreso, muy favorable para los inversores extranjeros –petróleo, redes ferroviarias–, sobre todo norteamericanos, y para los estratos nacionales más privilegiados. También en su tiempo aumentó el latifundismo, y se mantuvieron injusticias sociales muy graves (+Kenneth Turner, México bárbaro). Por lo demás, el liberalismo del Porfiriato fue más tolerante con la Iglesia. Aunque dejó vigentes las leyes persecutorias de la Reforma, normalmente no las aplicaba; pero mantuvo en su gobierno, especialmente en la educación preparatoria y universitaria, el espíritu laicista antirreligioso.

        Las persecuciones de Carranza y Obregón (1916-20, 1920-24)

        Los últimos años del Porfiriato y los siguientes, en medio de continuas ingerencias de los Estados Unidos, registran innumerables conspiraciones y sublevaciones, movimientos indígenas de reivindicación agraria, y guerras marcadas por crueldades atroces. La revolución liberal, que tan duramente perseguía a los católicos, iba devorando también uno tras otro a sus propios hijos: es el horror del «proceso histórico del liberalismo capitalista, que durante el siglo XIX y la mitad del XX, logró apoderarse de las conciencias de nuestros pueblos y no sólo de sus riquezas» (Vasconcelos, Hª de México 10). Surgen en ese período nombres como los del presidente Madero (+1913, asesinado), Emiliano Zapata (+1919, asesinado), presidente Carranza (+1920, asesinado), Pancho Villa (+1923, asesinado), ex presidente Alvaro de Obregón (+1928, asesinado).

        La revolución del general Venustiano Carranza, que le llevó a la presidencia (1916-20), se caracterizó por la dureza de su persecución contra la Iglesia. En el camino hacia el poder, sus tropas multiplicaban los incendios de templos, robos y violaciones, atropellos a sacerdotes y religiosas. Todavía hoy en México carrancear significa robar, y un atropellador es un carrancista.

        Y ya en el poder, cuando los jefes militares quedaban como gobernadores de los Estados liberados, dictaban contra la Iglesia leyes tiránicas y absurdas: que no hubiera Misa más que los domingos y con determinadas condiciones; que no se celebraran Misas de difuntos; que no se conservara el agua para los bautismos en las pilas bautismales, sino que se diera el bautismo con el agua que corre de las llaves; que no se administrara el sacramento de la penitencia sino a los moribundos, y «entonces en voz alta y delante de un empleado del Gobierno» (López Beltrán 35).

        La orientación anticristiana del Estado cristalizó finalmente en la Constitución de 1917, realizada en Querétaro por un Congreso constituyente formado únicamente por representantes carrancistas. En efecto, en aquella Constitución esperpéntica el Estado liberal moderno, agravando las persecuciones ya iniciadas con Juárez en las Leyes de Reforma, establecía la educación laica obligatoria (art.3), prohibía los votos y el establecimiento de órdenes religiosas (5), así como todo acto de culto fuera de los templos o de las casas particulares (24). Y no sólo perpetuaba la confiscación de los bienes de la Iglesia, sino que prohibía la existencia de colegios de inspiración religiosa, conventos, seminarios, obispados y casas curales (27). Todas estas y otras muchas barbaridades semejantes se imponían en México sin que pestañease ningún liberal ortodoxo de Occidente.

        El gobierno del general Obregón (1920-24), nuevo presidente, llevó adelante el impulso perseguidor de la Constitución mexicana: se puso una bomba frente al arzobispado de México; se izaron banderas de la revolución bolchevique -lo más progresista, en aquellos años- sobre las catedrales de México y Morelia; un empleado de la secretaría del Presidente hizo estallar una bomba al pie del altar de la Virgen de Guadalupe, cuya imagen quedó ilesa; fue expulsado Mons. Philippi, Delegado Apostólico, por haber bendecido la primera piedra puesta en el Cerro del Cubilete para el monumento a Cristo Rey.

        La persecución de Calles (1924-29)

        Después de la presidencia de Juárez (1855-72), México fue gobernado casi siempre, como hemos visto, por generales: general Porfirio Díaz (1877-1910), general Huerta (13-14), general Carranza (16-20), general Obregón (20-24). Y ahora, en forma aún más brutal, va a ser gobernado por el general Plutarco Elías Calles (1924-29).

        Reformando el Código Penal, la Ley Calles de 1926, expulsa a los sacerdotes extranjeros, sanciona con multas y prisiones a quienes den enseñanza religiosa o establezcan escuelas primarias, o vistan como clérigo o religioso, o se reúnan de nuevo habiendo sido exclaustrados, o induzcan a la vida religiosa, o realicen actos de culto fuera de los templos... Repitiendo el truco de los tiempos de Juárez, también ahora desde una Secretaría del gobierno callista se hace el ridículo intento de crear una Iglesia cismática mexicana, esta vez en torno a un precario Patriarca Pérez, que finalmente murió en comunión con la Iglesia.

        Los gobernadores de los diversos Estados rivalizan en celo persecutorio, y así el de Tabasco, general Garrido Canabal, un déspota corporativista, al estilo mussoliniano, y mujeriego, exige a los sacerdotes casarse, si quieren ejercer su ministerio (Meyer I, 356). En Chiapas una Ley de Prevención Social «contra locos, degenerados, toxicómanos, ebrios y vagos» dispone: «Podrán ser considerados malvivientes y sometidos a medidas de seguridad, tales como reclusión en sanatorios, prisiones, trabajos forzados, etc., los mendigos profesionales, las prostitutas, los sacerdotes que ejerzan sin autorización legal, las personas que celebren actos religiosos en lugares públicos o enseñen dogmas religiosos a la niñez, los homosexuales, los fabricantes y expendedores de fetiches y estampas religiosos, así como los expendedores de libros, folletos o cualquier impreso por los que se pretenda inculcar prejuicios religiosos» (Rivero del Val 27).

        Cesación del culto (31-7-1926)

        Los Obispos mexicanos, en una enérgica Carta pastoral (25-7-1926), protestan unánimes, manifestando su decisión de trabajar para que «ese Decreto y los Artículos antirreligiosos de la Constitución sean reformados. Y no cejaremos hasta verlo conseguido». El presidente Calles responde fríamente: «Nos hemos limitado a hacer cumplir las [leyes] que existen, una desde el tiempo de la Reforma, hace más de medio siglo, y otra desde 1917... Naturalmente que mi Gobierno no piensa siquiera suavizar las reformas y adiciones al código penal». Era ésta la tolerancia de los liberales frente al fanatismo de los católicos. Ellos pedían a los católicos sólamente que obedecieran las leyes.

        A los pocos días, el 31 de julio, y previa consulta a la Santa Sede, el Episcopado ordena la suspensión del culto público en toda la República. Inmediatamente, una docena de Obispos, entre ellos el Arzobispo de México, son sacados bruscamente de sus sedes, y sin juicio previo, son expulsados del país.

        Es de suponer que los callistas habrían acogido la suspensión de los cultos religiosos con frialdad, e incluso con una cierta satisfacción. Ellos no se esperaban, como tampoco la mayoría de los Obispos, la reacción del pueblo cristiano al quedar privado de la Eucaristía y de los sacramentos, al ver los altares sin manteles y los sagrarios vacíos, con la puertecita abierta.

        El cristero Cecilio Valtierra cuenta aquella experiencia con la elocuencia ingenua del pueblo: «Se cerró el templo, el sagrario quedó desierto, quedó vacío, ya no está Dios ahí, se fue a ser huésped de quien gustaba darle posada ya temiendo ser perjudicado por el gobierno; ya no se oyó el tañir de las campanas que llaman al pecador a que vaya a hacer oración. Sólo nos quedaba un consuelo: que estaba la puerta del templo abierta y los fieles por la tarde iban a rezar el Rosario y a llorar sus culpas. El pueblo estaba de luto, se acabó la alegría, ya no había bienestar ni tranquilidad, el corazón se sentía oprimido y, para completar todo esto, prohibió el gobierno la reunión en la calle como suele suceder que se para una persona con otra, pues esto era un delito grave» (Meyer I, 96).

        Alzamiento de los cristeros (agosto 1926)

        Ya a mediados de agosto, con ocasión del asesinato del cura de Chalchihuites y de tres seglares católicos con él, se alza en Zacatecas el primer foco de movimiento armado. Y en seguida en Jalisco, en Huejuquilla, donde el 29 de agosto el pueblo alzado da el grito de la fidelidad: ¡Viva Cristo Rey! Entre agosto y diciembre de 1926 se produjeron 64 levantamientos armados, espontáneos, aislados, la mayor parte en Jalisco, Guanajuato, Guerrero, Michoacán y Zacatecas.

        Aquellos, a quienes el Gobierno por burla llamaba cristeros, no tenían armas a los comienzos, como no fuese un machete, o en el mejor caso una escopeta; pero pronto las fueron consiguiendo de los soldados federales, los juanes callistas, en las guerrillas y ataques por sorpresa. Siempre fue problema para los cristeros el aprovisionamiento de municiones; en realidad, «no tenían otra fuente de municiones que el ejército, al cual se las tomaban o se las compraban» (Meyer I, 210).

        En Arandas, un pueblo de Los Altos, según refiere J. J. Hernández, acudían de todos los ranchos nuevos contingentes, «algunos armándose hasta con rosaderas, hachas, y por los ranchos donde sabían que había armas iban a pedirlas... Esta gente de verla daba lástima, unos a más de traer malas armas, traían unas garras de huaraches [sandalias], sus sombreros desgarrados, mochos, su vestido todos remendados, otros iban en pelo de sus caballos, algunos no traían ni freno, otros nomás a pie» (Meyer I, 133).

        Al frente del movimiento, para darle unidad de plan y de acción, se puso la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, fundada en marzo de 1925 con el fin que su nombre expresa, y que se había extendido en poco tiempo por toda la república.

        El alzamiento viene expresado así en la carta de un cristero campesino, como lo eran casi todos, Francisco Campos, de Santiago Bayacora, en Durango:

        «El 31 de julio de 1926, unos hombres hicieron por que Dios nuestro Señor se ausentara de sus templos, de sus altares, de los hogares de los católicos, pero otros hombres hicieron por que volviera otra vez; esos hombres no vieron que el gobierno tenía muchísimos soldados, muchísimo armamento, muchísimo dinero pa’hacerles la guerra; eso no vieron ellos, lo que vieron fue defender a su Dios, a su Religión, a su Madre que es la Santa Iglesia; eso es lo que vieron ellos. A esos hombres no les importó dejar sus casas, sus padres, sus hijos, sus esposas y lo que tenían; se fueron a los campos de batalla a buscar a Dios nuestro Señor. Los arroyos, las montañas, los montes, las colinas, son testigos de que aquellos hombres le hablaron a Dios Nuestro Señor con el Santo Nombre de VIVA CRISTO REY, VIVA LA SANTISIMA VIRGEN DE GUADALUPE, VIVA MÉXICO. Los mismos lugares son testigos de que aquellos hombres regaron el suelo con su sangre y, no contentos con eso, dieron sus mismas vidas por que Dios Nuestro Señor volviera otra vez. Y viendo Dios nuestro Señor que aquellos hombres de veras lo buscaban, se dignó venir otra vez a sus templos, a sus altares, a los hogares de los católicos, como lo estamos viendo ahorita, y encargó a los jóvenes de ahora que si en lo futuro se llega a ofrecer otra vez que no olviden el ejemplo que nos dejaron nuestros antepasados» (Meyer I, 93).

        Aprobaciones eclesiales de la lucha armada

        Pero antes de hacer la crónica de esta guerra martirial, hemos de detenernos a analizar con cuidado, pues la cuestión es muy grave, la actitud de la jerarquía eclesial contemporánea hacia los cristeros. Prestemos atención a las fechas.

        18 de octubre de 1926. •En Roma Pío XI recibe una Comisión de Obispos mexicanos, que le informa de la situación de persecución y de resistencia armada. Pocos días después, habiéndose planteado al Cardenal Gasparri la cuestión de si los prelados podían disponer de los bienes de la Iglesia para la defensa armada, contesta que «él, el secretario de Estado de Su Santidad, si fuera Obispo mexicano, vendería sus alhajas para el caso» (Ríus 138).

        18 de noviembre de 1926. •Un mes más tarde publica el Papa su encíclica Iniquis afflictisque, en la que denuncia los atropellos sufridos por la Iglesia en México:

        «Ya casi no queda libertad ninguna a la Iglesia [en México], y el ejercicio del ministerio sagrado se ve de tal manera impedido que se castiga, como si fuera un delito capital, con penas severísimas». El Papa alaba con entusiasmo la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, extendida «por toda la República, donde sus socios trabajan concorde y asiduamente, con el fin de ordenar e instruir a todos los católicos, para oponer a los adversarios un frente único y solidísimo». Y se conmueve ante el heroísmo de los católicos mexicanos: «Algunos de estos adolescentes, de estos jóvenes –cómo contener las lágrimas al pensarlo– se han lanzado a la muerte, con el rosario en la mano, al grito de ¡Viva Cristo Rey! Inenarrable espectáculo que se ofrece al mundo, a los ángeles y a los hombres».

        30 de noviembre de 1926. •Los dirigentes de la Liga Nacional, antes de asumir a fondo la dirección del movimiento cristero, quisieron asegurarse del apoyo del Episcopado, y para ello dirigieron a los Obispos un Memorial en el que solicitaban:

        «1) Una acción negativa, que consista en no condenar el movimiento. 2) Una acción positiva que consista en: a.-Sostener la unidad de acción, por la conformidad de un mismo plan y un mismo caudillo. b.-Formar la conciencia colectiva, en el sentido de que se trata de una acción lícita, laudable, meritoria, de legítima defensa armada. c.-Habilitar canónicamente vicarios castrenses. d.-Urgir y patrocinar una cuestación desarrollada enérgicamente cerca de los ricos católicos, para que suministren fondos que se destinen a la lucha, y que, siquiera una vez en la vida, comprendan la obligación en que están de contribuir».

        El 30 de noviembre los jefes de la Liga son recibidos por Mons. Ruiz y Flores y por Mons. Díaz y Barreto. El primero les comunica jovialmente que, «como de costumbre, se salieron con la suya»; que estudiadas las propuestas por los Obispos reunidos en la Comisión, «los diversos puntos del Memorial habían sido aprobados por unanimidad», menos los dos últimos, el de los vicarios castrenses y el de los ricos, no convenientes o irrealizables.

        15 de enero de 1927. •El Comité Episcopal, respondiendo a unas declaraciones incriminatorias del Jefe del Estado Mayor callista, afirma que el Episcopado es ajeno al alzamiento armado; pero declara al mismo tiempo «que hay circunstancias en la vida de los pueblos en que es lícito a los ciudadanos defender por las armas los derechos legítimos que en vano han procurado poner a salvo por medios pacíficos»; y hace recuerdo de todos los medios pacíficos puestos por los Obispos y por el pueblo, y despreciados por el Gobierno. «Fue así como los prelados de la jerarquía católica dieron su plena aprobación a los católicos mejicanos para que ejercitaran su derecho a la defensa armada, que la Santa Sede pronosticó que llegaría, como único camino que les quedaba para no tener que sujetarse a la tiranía antirreligiosa» (Ríus 135).

        16 de enero de 1927. •A comienzos de 1927, sin embargo, llegan a Roma noticias de prensa, en las que se comunica que Monseñor Pascual Díaz y Barreto, jesuita, obispo de Tabasco, que había sido desterrado de México, en diversas declaraciones hechas en el exilio se muestra reservado sobre los cristeros: «Como Obispo y como ciudadano reprueba Díaz la Revolución, cualquiera sea su causa» (Lpz. Beltrán 108).

        Inmediatamente, el 16 de enero, la Comisión de Obispos mexicanos envía una dura carta a Mons. Díaz y Barreto, entonces residente en Nueva York, lamentando con profunda tristeza sus declaraciones públicas hechas «en contra de los generosos defensores de la libertad religiosa y algunas favorables al perseguidor, Calles».

        Los combatientes «dan la sangre y la vida por cumplir un santo deber, el de conquistar la libertad de la Iglesia». Ante el abuso gravemente injusto del poder, «existe el derecho de resistir y de defenderse, ya que habiendo resultado vanos todos los medios pacíficos que se han puesto en práctica, es justo y debido recurrir a la resistencia y a la defensa armada». Le recuerdan también los Obispos que éste «es el sentir de la mayoría de nuestros Hermanos [Obispos] de México», y también el de «los Padres de la Compañía, no sólo en México, sino en Europa y especialmente aquí en Roma». A propósito le citan las declaraciones hechas unos días antes (3-2-1927) por el famoso moralista de la Gregoriana padre Vermeersch, jesuita: «Hacen muy mal aquellos que, creyendo defender la doctrina cristiana, desaprueban los movimientos armados de los católicos mexicanos. Para la defensa de la moral cristiana no es necesario acudir a falsas doctrinas pacifistas. Los católicos mexicanos están usando un derecho y cumpliendo un deber». Poco después llega un cablegrama con la contestación de Mons. Díaz y Barreto: «Autorizo honorable Comisión negar aquello que se asegura dicho por mí, contrario lo determinado todos nosotros, aprobado, Bendito Santa Sede. Autorizo honorable Comisión publicar este cable, si conveniente» (Lpz. Beltrán 109-110).

        22 de febrero de 1927. •En Roma, el presidente de la Comisión de Obispos mexicanos declara a la prensa: «¿Hacen bien o mal los católicos recurriendo a las armas? Hasta ahora no habíamos querido hablar, por no precipitar los acontecimientos. Mas una vez que Calles mismo empuja a los ciudadanos a la defensa armada, debemos decir: que los católicos de México, como todo ser humano, gozan en toda su amplitud del derecho natural e inalienable de legítima defensa» (107).

        Pío XI bendice el grito: ¡Viva Cristo Rey!

        17 de mayo de 1927. •Unos años antes de los sucesos que nos ocupan, en 1914, San Pío X, a petición de los Obispos mexicanos, había autorizado, como «un proyecto para Nos indeciblemente grato», consagrar a Cristo Rey la república de México, y poner corona real en las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús, colocando también cetro en su mano, para significar así su realeza.

        La consagración de México a Cristo Rey, cosa al parecer imposible –a semejanza de la realizada por García Moreno en el Ecuador en 1873–, pudo sin embargo realizarse, aprovechando la venia del general Victoriano Huerta, presidente (1913-14), indio puro de Jalisco, que, por rara circunstancia, era católico y no masón, sino odiado y calumniado por las logias. Fue entonces, el 6 de enero de 1914, durante el solemnísimo acto realizado en la Catedral, en presencia de todas las primeras autoridades religiosas y civiles de la nación, cuando por primera vez en México el pueblo cristiano alzó el grito de ¡Viva Cristo Rey!

        Pues bien, a los comienzos de la Cristiada, con fecha 17 de mayo de 1927 se da traslado a los Obispos mexicanos de algunas respuestas y licencias llegadas de Roma. Y en el documento se lee: «Otro rescripto que hemos recibido concede a los que están en México, indulgencia plenaria in articulo mortis, si confesados y comulgados, o por lo menos contritos, pronuncien con los labios, o cuando menos con el corazón, la jaculatoria ¡Viva Cristo Rey!, aceptando la muerte como enviada por el Señor en castigo de nuestras culpas». Jean Meyer niega la existencia de este insólito documento (II, 344-345), pero posteriormente López Beltrán ha reproducido su fotografía en la obra ya citada (73).

        2 de octubre de 1927. •El Cardenal Gasparri, secretario de Estado, en unas declaraciones al The New York Times (2-10-1927), cuenta los horrores de la persecución sufrida en México por la Iglesia, y denuncia el silencio de las naciones, al «tolerar tan salvaje persecución en pleno siglo XX».

        Reservas sobre el movimiento armado

        A medida que pasaban los meses, las reticencias de la Iglesia para apoyar a los cristeros iban creciendo, también en Roma. Recordemos que la doctrina tradicional de la Iglesia reconoce la licitud de la rebelión armada contra las autoridades civiles con ciertas condiciones: 1, causa muy grave; 2, agotamiento de los medios pacíficos; 3, que la violencia empleada no produzca mayores males que los que pretende remediar; 4, que haya probabilidad de éxito (Pío XI, Firmissimam constantiam 1937: Dz 3775-76).

        Pues bien, la persecución de Calles daba claramente las dos primeras condiciones. Pero algunos Obispos tenían dudas sobre si se daba la tercera, pues pasaba largo tiempo en que el pueblo se veía sin sacramentos ni sacerdotes, y la guerra producía más y más muertes y violencias. Y aún eran más numerosos los que creían muy improbable la victoria de los cristeros. No faltaron incluso algunos pocos Obispos que llegaron a amenazar con la excomunión a quienes se fueran con los cristeros o los ayudaran.

        Aprobaron la rebelión armada los Obispos Manríquez y Zárate, González y Valencia, Lara y Torres, Mora y del Río, y estuvieron muy cerca de los cristeros el Obispo de Colima, Velasco, y el arzobispo de Guadalajara, Orozco y Jiménez, quienes, con grave riesgo, permanecieron ocultos en sus diócesis, asistiendo a su pueblo.

        La reprobaron en mayor o menor medida otros tantos, entre los cuales Ruiz y Flores y Pascual Díaz, que siempre vió la Cristiada como «un sacrificio estéril», condenado al fracaso. Y los más permanecieron indecisos. Pues bien, siendo discutibles las condiciones tercera y cuarta, ha de evitarse todo juicio histórico cruel, que reparta entre aquellos Obispos los calificativos de fieles o infieles, valientes o cobardes. En todo caso, es evidente que la falta de un apoyo más claro de sus Obispos fue siempre para los cristeros el mayor sufrimiento...

        18 enero 1928. -Por fin, a mediados de diciembre de 1927 el arzobispo Pietro Fumasoni Biondi, Delegado Apostólico en los Estados Unidos, y encargado de negocios de la Delegación Apostólica en México, transmite a Mons. Díaz y Barreto, Secretario del Comité Episcopal, a quien el mismo Mons. Fumasoni había nombrado Intermediario Oficial entre él y los Obispos mexicanos, la disposición del Papa, según la cual «deben los Obispos no sólo abstenerse de apoyar la acción armada, sino también deben permanecer fuera y sobre todo partido político». Norma que Mons. Díaz comunicó a todos los prelados (18-1-1928) (Meyer I,18; Lpz. Beltrán 111, 150-52)...

        Se echaron al campo, «para buscar a Dios»

        Agosto de 1926. Muchos campesinos, de la zona central de México sobre todo, se echan al monte, como Francisco Campos, «a buscar a Dios Nuestro Señor».

        «En Cocula (Jalisco), desde el 1º de agosto la iglesia estaba custodiada permanentemente por 100 mujeres en el interior y 150 hombres en el atrio y en el campanario, de noche y de día. Los cinco barrios se relevaban por turno y a cada alarma se tocaba el bordón. Entonces, todo el mundo acudía al instante, como refiere Porfiria Morales. El 5 de agosto tocó la campana cuando ella estaba en su cocina; su criada María, exclamó: "¡Ave María Purísima!". Se quitó el delantal, tomo su rebozo y un garrote, y cuando aquélla le preguntó a dónde iba, le contestó: "¡Qué pregunta de mi ama! ¿Qué no oye la campana que nos llama a los católicos de la Unión Popular? ¡Primero son las cosas de Dios!" Y salió dejando las cacerolas en el fuego» (Meyer I,103).

        No podrá encarecerse suficientemente el valor de las mujeres católicas mexicanas en la Cristiada, repartiendo propaganda, llevando avisos, acogiendo prófugos o cuidando heridos, ayudando clandestinamente al aprovisionamiento de alimentos y armas. Las Brigadas Femeninas de Santa Juana de Arco, las Brigadas Bonitas, escribieron historias de leyenda... Pero, en fin, la guerra es cosa de hombres, y a ella se fueron campesinos recios. Ezequiel Mendoza Barragán, un ranchero de Coalcomán, en Michoacán, cuya voz patriarcal hemos de escuchar en otras ocasiones, lo cuenta así:

        «Centenares de personas firmamos los papeles, se enviaron a Calles y a sus secuaces, pero todo fue inútil... Los Calles se creyeron muy grandotes y más nos apretaron, matando gente y confiscando bienes particulares de los católicos. Yo, ignorante, pero con brío, al saber los nuevos procedimientos de tal gobierno, me exalté y quise tapar el sol con un dedo, así eran mis sentimientos, me fui a conquistar gente armada y dispuesta a la guerra en defensa de la libertad de Dios y de los prójimos» (Testimonio 17).

        El curso de la guerra

        Jean Meyer, en el volumen I de su obra, describe al detalle las vicisitudes que corrió al paso de los años la guerra de la Cristiada, que él divide en estas fases:

        -incubación, de julio a diciembre de 1926;

        -explosión del alzamiento armado, desde enero de 1927;

        -consolidación de las posiciones, de julio 1927 a julio de 1928, es decir, desde que el general Gorostieta asume la guía de los cristeros hasta la muerte de Obregón.

        -prolongación del conflicto, de agosto 1928 a febrero de 1929, tiempo en que el Gobierno comienza a entender que no podrá vencer militarmente a los cristeros;

        -apogeo del movimiento cristero, de marzo a junio de 1929;

        -licenciamiento de los cristeros, en junio 1929, cuando se producen los mal llamados Arreglos entre la Iglesia y el Estado.

        El ejército federal

        El ejército «consustancial con el gobierno» en el México de entonces «consideraba a la Iglesia como su adversaria personal. Agente activo del anticlericalismo y de la lucha antirreligiosa, hizo su propia guerra, su guerra religiosa. El general Eulogio Ortiz mandó fusilar a un soldado, en el cuello del cual vió un escapulario. Algunos oficiales llevaban sus tropas al combate al grito de ¡Viva Satán!» (Meyer I,146).

        «Cada arma reclutaba por su cuenta. El enganche debía ser voluntario y firmado al menos por tres años», condición que muchas veces se incumplía, tanto que «se seguían utilizando las cuerdas para atar a los voluntarios. Se echaba mano de cualquiera: condenados de derecho común, obreros sin trabajo, campesinos», y sobre todo «del subproletariado rural y de los indios, vencidos o no» (149-150). La brutalidad y la indisciplina de esta tropa es apenas descriptible.

        Al no haber servicio de intendencia, «el avituallamiento estaba a cargo de las compañeras de los soldados, las famosas soldaderas, que marchaban al lado del ejército y que, como la langosta, caían sobre las granjas y los pueblos... La deserción, frecuente en tiempo de paz, llegaba a ser masiva en tiempo de guerra» (152). El general Amaro, jefe del ejército federal, no conseguía «poner en línea más de 70.000 hombres, aunque se pasaba el tiempo reclutando: ¡20.000 desertores al año, de 70.000 soldados!» (153). Este general famoso, el indio Amaro, hijo de un peón de Zacatecas, hombre inteligente, implacable y sanguinario, el que mandó a su aviación bombardear en el cerro del Cubilete el monumento a Cristo Rey, llegó a ser muy culto, y se reconcilió con la Iglesia varios años antes de su muerte.

        Los federales, malos jinetes, eran peores soldados, que disparaban de lejos, gastaban mucha munición, perdían las armas con facilidad, y no conocían bien el terreno por donde andaban. Eso explica que los cristeros, cuyas características de lucha eran las contrarias, les infligieran tantas bajas. Los callistas, eso sí, eran muy crueles, pero «la dureza de la represión, la ejecución de todos los prisioneros, la matanza de los civiles, el saqueo, la violación, el incendio de los pueblos y de las cosechas, dejaban en la estela de los federales otros tantos nuevos levantamientos en germen» (I, 194).

        La guerra se hacía también en la prensa del gobierno, ocultando la magnitud del conflicto o dando siempre la victoria por inminente. Unida a la lucha militar, el general Amaro propugnaba una campaña de «desfanatización», como aquélla por la que dio orden al gobernador de Jalisco de cambiar los nombres de todos los lugares que llevaban nombres de santos (I,178). Todos los medios valían, también el soborno. Así, en una ocasión, el gobierno trató de comprar a un jefe cristero llamado «el 14», el cual respondió: «Que a mí ni me den nada, que nomás arreglen eso de los padrecitos y de las iglesias, y yo me estoy en paz, pero mientras no lo arreglen que no piensen que con dinero me van a comprar» (177).

        La desesperación del gobierno se iba acrecentando a medida que pasaban los meses, y se veía incapaz de vencer -en palabras del gobernador de Colima- «las hordas episcopales de fanáticos que engañados por la patraña clerical se han lanzado a la loca aventura de restaurar el predominio de los curas» (189).

        Balance de la guerra

        A mediados de 1928 los cristeros, unos 25.000 hombres en armas, «no podían ya ser vencidos, dice Meyer, lo cual constituía una gran victoria; pero el gobierno, sostenido por la fuerza norteamericana, no parecía a punto de caer» (I, 248). En realidad, la posición de los cristeros era a mediados de 1929 mejor que la de los federales, pues, combatiendo por una Causa absoluta, tenían mejor moral y disciplina, y operando en pequeños grupos que golpeaban y huían -piquihuye-, sufrían muchas menos bajas que los soldados callistas. Después de tres años de guerra, se calcula que en ella murieron 25.000 o 30.000 cristeros, por 60.000 soldados federales.

        En enero de 1929, el embajador norteamericano Morrow -que insistía al gobierno y a la prensa para que no hablasen de cristeros sino de «bandidos» (I,301)- estimaba improbable pacificar el Estado «antes de que se solucione la cuestión religiosa». En febrero los mismos políticos veían el panorama muy oscuro, y un senador decía en un discurso a sus colegas: «¿Es que nuestros soldados no saben combatir rancheros, o no se quiere que se acabe la rebelión? Pues dígase de una vez y no estemos echando más leña. No se olviden ustedes de que con tres Estados más que se levanten de veras, ¡cuidado con el Poder Público, señores!» (I,285).

        A mediados de 1929 se veía ya claramente que, al menos a corto plazo, ni unos ni otros podían vencer. Sin embargo, en este empate había una gran diferencia: en tanto que los cristeros estaban dispuestos a seguir luchando el tiempo que fuera necesario hasta obtener la derogación de las leyes que perseguían a la Iglesia, el gobierno, viéndose en bancarrota tanto en economía como en prestigio ante las naciones, tenía extremada urgencia de terminar el conflicto cuanto antes. Eran, pues, éstas unas favorables condiciones para negociar el reconocimiento de los derechos de la Iglesia...

        Rumores de un posible arreglo

        Desde mediados de 1927 estuvo al mando supremo de los cristeros el general Gorostieta, militar de carrera, a quien iban llegando de cuando en cuando rumores de posibles arreglos entre la Iglesia y el Estado, a espaldas de la Guardia Nacional cristera. Como estos rumores iban en aumento, el 16 de mayo de 1929 escribió a los Obispos mexicanos una larga carta, de la que citamos algún fragmento:

        «Desde que comenzó nuestra lucha, no ha dejado de ocuparse periódicamente la prensa nacional, y aun la extranjera, de posibles arreglos entre el llamado gobierno y algún miembro señalado del Episcopado mexicano, para terminar el problema religioso. Siempre que tal noticia ha aparecido han sentido los hombres en lucha que un escalofrío de muerte los invade, peor mil veces que todos los peligros que se han decidido a arrostrar. Cada vez que la prensa nos dice de un obispo posible parlamentario con el callismo, sentimos como una bofetada en pleno rostro, tanto más dolorosa cuanto que viene de quien podríamos esperar un consuelo, una palabra de aliento en nuestra lucha; aliento y consuelo que con una sola honorabilísima excepción [Mons. Martínez y Zárate, obispo de Huejutla, 17 años desterrado] de nadie hemos recibido...

        «Si los obispos al presentarse a tratar con el gobierno aprueban la actitud de la Guardia Nacional, si están de acuerdo en que era ya la única digna que nos dejaba el déspota, tendrán que consultar nuestro modo de pensar y atender nuestras exigencias; nada tenemos que decir en este caso...

        «Si los obispos al tratar con el gobierno desaprueban nuestra actitud, si no toman en cuenta a la Guardia Nacional y tratan de dar solución al conflicto independientemente de lo que nosotros anhelamos...; si se olvidan de nuestros muertos, si no se toman en consideración nuestros miles de viudas y huérfanos, entonces... rechazaremos tal actitud como indigna y como traidora...

        «Muchas y de muy diversa índole son las razones que creemos tener para que la Guardia Nacional, y no el Episcopado, sea quien resuelva esta situación. Desde luego el problema no es puramente religioso, es éste un caso integral de libertad, y la Guardia Nacional se ha constituido de hecho en defensora de todas las libertades y en la genuina representación del pueblo, pues el apoyo que el pueblo nos imparte es lo que nos ha hecho subsistir...

        «Como última razón creemos tener derecho a que se nos oiga, si no por otra causa, por ser parte constitutiva de la Iglesia católica de México, precisamente por ser parte importantísima de la Institución que gobiernan los obispos mexicanos» (+Meyer I,316-320)

        El 2 de junio de 1929 el general Gorostieta fue asesinado en una emboscada por los callistas, y le sucedió al frente de la Guardia Nacional el general Degollado.

        Los «mal llamados Arreglos» (21-6-1929)

        La historia de los Arreglos alcanzados en junio de 1929 es tan triste que haremos de ella una referencia muy breve, ateniéndonos sobre todo a la documentada información que López Beltrán ha dado recientemente del asunto. Mons. Ruiz y Flores, Delegado Apostólico ad referendum, escogió como secretario para negociar a Mons. Pascual Díaz y Barreto, el «único Obispo que había mostrado decidido empeño en lograr una transacción con los callistas» (Lpz. Beltrán 499).

        Ambos fueron traídos de los Estados Unidos a México, incomunicados en un vagón de tren, por el embajador norteamericano Dwight Whitney Morrow, banquero y diplomático, protestante y masón, cómplice de Calles y del presidente Portes Gil. Ya en la ciudad de México continuaron incomunicados en la lujosa residencia del banquero Agustín Legorreta. No recibieron ni a los Obispos mexicanos ni a un enviado de la Liga. Tampoco quisieron recibier al Obispo Miguel de la Mora, secretario del Subcomité Episcopal, que mandó aviso a Mons. Flores de que «tenía grandes y urgentes cosas que comunicarle, y que no fuera a pactar nada sin antes oírlo». Las puertas de aquella casa, en esos días, sólo estuvieron abiertas «para Morrow, para los sacerdotes extranjeros: Wilfrid y Parsons y Edmundo Walsh, S.J. [experto en política internacional de la universidad de Georgetown], para Cruchaga Tocornal, el embajador de Chile, y para otros extranjeros. Para los extraños. No para los mexicanos» (Lpz. Beltrán 516).

        Puede afirmarse, pues, que los dos Obispos de los Arreglos con Portes Gil no cumplieron las Normas escritas que Pío XI les había dado, pues no tuvieron en cuenta el juicio de los Obispos, ni el de los cristeros o la Liga Nacional; tampoco consiguieron, ni de lejos, la derogación de las leyes persecutorias de la Iglesia; y menos aún obtuvieron garantías escritas que protegieran la suerte de los cristeros una vez depuestas las armas.

        Sólamente consiguieron del Presidente unas palabras de conciliación y buena voluntad, y unas Declaraciones escritas en las que, sin derogar ley alguna, se afirmaba el propósito de aplicarlas «sin tendencia sectaria y sin perjuicio alguno». Así las cosas, los dos Obispos, convencidos por el embajador norteamericano Morrow de que no era posible conseguir del Presidente más que tales Declaraciones, y aconsejados por Cruchaga y el padre Walsh, que las «creían suficientes», aceptaron este documento redactado personalmente en inglés por el mismo Morrow:

        «El Obispo Díaz y yo hemos tenido varias conferencias con el C. Presidente de la República... Me satisface manifestar que todas las conversaciones se han significado por un espíritu de mutua buena voluntad y respeto. Como consecuencia de dichas Declaraciones hechas por el C. Presidente, el clero mexicano reanudará los servicios religiosos de acuerdo con las leyes vigentes. Yo abrigo la esperanza de que la reanudación de los servicios religiosos [expresión protestante, propia de Morrow, su redactor] pueda conducir al Pueblo Mexicano, animado por un espíritu de buena voluntad, a cooperar en todos los esfuerzos morales que se hagan para beneficio de todos los de la tierra de nuestros mayores. México, D.F. Junio 21 de 1929.-Leopoldo Ruiz, Arzobispo de Morelia y Delegado Apostólico» (Lpz. Beltrán 527).

        Las leyes vigentes, por supuesto, eran aquéllas que habían desencadenado la Cristiada. ¿Para derogar aquellas leyes vigentes habían muerto inútilmente veinte o treinta mil cristeros?...

        Frutos de la Cristiada

        ¿Inútilmente lucharon, con tan grandes pérdidas y sufrimientos, los cristeros y sus familias? En 1929 el jesuita Eduardo Iglesias, bajo el pseudónimo Aquiles P. Moctezuma, en El conflicto religioso de 1926, escribía relativamente satisfecho: «Terminadas felizmente las conferencias entre el Estado y la Iglesia»... (441). No es ésa la interpretación hoy más común. Pero también hay actualmente quienes estiman que los Arreglos «fueron los menos malos posibles dentro de las circunstancias». Así lo cree, por ejemplo, Juan Landerreche Obregón, quien además insiste en que los Arreglos

        «de ninguna manera significaron que el esfuerzo, el sacrificio y la sangre de los cristeros hayan sido inútiles para la libertad de la Iglesia Católica y el respeto a la religión y a los fieles. Por el contrario, los cristeros demostraron al gobierno con sus sacrificios, sus esfuerzos y sus vidas, que en México no se puede atacar impunemente a la religión católica ni a la Iglesia... Y todo esto se demostró en forma tan convincente a los tiranos, que los obligó no sólo a desistir de la persecución religiosa, sino los ha obligado también a respetar la religión y la práctica y el desarrollo de la misma, a pesar de todas las disposiciones de la Constitución [de 1917] que se oponen a ello, y que no se cumplen, porque no se pueden cumplir, porque el pueblo las rechaza... Los frutos [de la Cristiada] se han recogido y se siguen recogiendo sesenta años después de su lucha y seguramente culminarán a su tiempo en la realización plena por la que lucharon quienes dieron ese testimonio» (Prólogo a E. Mendoza, Testimonio 4,7-8).

        En 1993 el gobierno de México concedió a la Iglesia un precario reconocimiento legal como asociación religiosa, y reestableció sus relaciones diplomáticas con la Santa Sede.

        Un triunfo de la masonería

        Unos días después de los Arreglos logrados sobre todo por los masones Morrow y Portes Gil, el 27 de junio de 1929, los masones dieron un gran banquete al presidente Portes Gil, el cual a los postres habló «a sus reverendos hermanos»:

        «Mientras el clero fue rebelde a las Instituciones y a las Leyes, el Gobierno de la República estuvo en el deber de combatirlo... Ahora, queridos hermanos, el clero ha reconocido plenamente al Estado. Y ha declarado sin tapujos: que se somete estrictamente a las Leyes (aplausos). Y yo no podía negar a los católicos el derecho que tienen de someterse a las Leyes... La lucha [sin embargo] es eterna. La lucha se inició hace veinte siglos. Yo protesto ante la masonería que, mientras yo esté en el Gobierno, se cumplirá estrictamente con esa legislación (aplausos).

        «En México, el Estado y la masonería, en los últimos años, han sido una misma cosa: dos entidades que marchan aparejadas, porque los hombres que en los últimos años han estado en el poder, han sabido siempre solidarizarse con los principios revolucionarios de la masonería» (+Lpz. Beltrán 540-541).

        Alude a la misma revolución que asesinó a García Moreno, y que tantas victorias ha logrado en los siglos XIX y XX en la América hispana con el apoyo de la masonería local y norteamericana. Portes Gil más tarde, en su libro La lucha entre el Poder Civil y el Clero, dejó bien claro que «su aparente capitulación [de los Obispos] a la que dieron el nombre de un arreglo con el Gobierno, no fue otra cosa que someterse incondicionalmente a la ley» (547). En 1958, ajeno a la Iglesia, murió en Mixcoac, y en la esquela publicada por «la Muy Respetable Gran Logia Valle de México» se le citaba como «Miembro Activo y Gran Capitán de Guardias de este Supremo Consejo del Grado 33» (546).

        Licenciamiento de los cristeros

        El Jefe supremo de la Guardia Nacional, general Jesús Degollado Guízar, dirigió a todos los cristeros, «a pesar de que se nos desgarra el alma», un patético mensaje de licenciamiento, del que entresacamos el último párrafo:

        «La Guardia Nacional desaparece, no vencida por nuestros enemigos, sino, en realidad, abandonada por aquellos que debían recibir, los primeros, el fruto valioso de sus sacrificios y abnegación. ¡AVE, CRISTO! Los que por Ti vamos a la humillación, al destierro, tal vez a la muerte gloriosa, víctimas de nuestros enemigos, con el más fervoroso de nuestros amores, te saludamos y, una vez más, te aclamamos.

REY DE NUESTRA PATRIA.

¡VIVA CRISTO REY!

¡VIVA SANTA MARIA DE GUADALUPE!

Dios, Patria y Libertad».

        «Tal vez a la muerte gloriosa...» En efecto, poco después de los Arreglos, el Gobierno, mostrando «el espíritu de buena voluntad y respeto» asegurado a los Obispos negociadores, comenzó a través de siniestros agentes «el asesinato sistemático y premeditado» de los cristeros que habían depuesto sus armas, «con el fin de impedir cualquier reanudación del movimiento... La caza del hombre fue eficaz y seria, ya que se puede aventurar, apoyándose en pruebas, la cifra de 1.500 víctimas, de las cuales 500 jefes, desde el grado de teniente al de general».

        También «hay que decir, y esto honra a aquellos hombres, que más de un general federal advirtió a los cristeros del peligro que los amenazaba» (Meyer I, 344-346). De todos modos, aún con esto, más jefes cristeros fueron muertos después de los Arreglos que durante la guerra.

        Esto supuso una larga y durísima prueba para la fe de los cristeros, que sin embargo se mantuvieron fieles a la Iglesia con la ayuda sobre todo de los mismos sacerdotes que durante la guerra les habían asistido.

        Después de los Arreglos

        El capellán de los cristeros de Colima, padre Enrique de Jesús Ochoa, en Los cristeros del volcán de Colima, cuenta que «lloró de verdad el mismo Señor Ruiz y Flores cuando se vió burlado, cuando miró el fracaso de aquellos Arreglos, "si arreglos pueden llamarse", según él mismo dijo, escribiendo de su puño y letra (el 1º de agosto de 1929)».

        Y añade: «Yo mismo he visto llorar al Papa [Pío XI] cuando trata el asunto de los arreglos de México: L’ho veduto piàngere, decía el Cardenal Boggiani al vicepresidente de la Liga Nacional, don Miguel Palomar y Vizcarra; y al que esto escribe, en Roma el año 1930» (+Lpz. Beltrán 517).

        La verdad es que los dos obispos de los Arreglos, y especialmente Mons. Pascual Díaz, sufrieron mucho en los años posteriores, y al menos por parte de algunos sectores, padecieron un verdadero linchamiento moral.

        Recientemente publicaba la revista «30 días» (1993, n.66) una entrevista con la pintora mexicana Dolores Ortega, de 85 años, que vivió de cerca la Cristiada con su marido, Carlos Díez de Sollano, uno de los responsables de la Liga Nacional. A la pregunta ¿por qué los obispos firmaron los acuerdos?, responde: «Estaban confundidos y los engañaron. Después de los arreglos, convidamos a cenar a monseñor Díaz, arzobispo de México. Estábamos comiendo y mi esposo le dice: "Oigame, Ilustrísima, ¿qué me dice usted de los arreglos?" Bajó los ojos, casi se le saltaron las lágrimas y le dice: "Mira Carlitos, ese asunto no me lo toques, me causa mucho dolor. Nos engañaron"». Y continúa el periodista: También ustedes cayeron en el engaño. A lo que contesta la señora Ortega: "No, de ningún modo. Nosotros sabíamos que era una trampa, que el Gobierno no respetaría nunca los arreglos. Lo sabíamos todos, los de la Liga y los cristeros". Sabían ustedes que era un engaño, que entregando las armas y dejando la clandestinidad la muerte era segura. ¿Por qué lo hicieron, entonces? "Porque lo mandaba la Iglesia. Por fidelidad, por obediencia a la Iglesia"».

        Crónica de los mártires y beatos

        Así fue. Y aún hoy, pocos pueblos católicos, como el mexicano, quieren tanto a sus Obispos y sacerdotes. Pero hagamos crónica de los mártires, lo más importante de todo cuanto ocurrió en torno a la Cristiada.

        Los mártires cristeros -en el sentido estricto de la palabra- fueron muchísimos, aunque como es lógico sólo algunos serán reconocidos y canonizados por la Iglesia como tales. No es fácil, pues, entre tantos héroes destacar a algunos, pero vamos a hacerlo con Anacleto González Flores, el que organizó la Unión Popular en Jalisco, impulsó la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, y se distinguió como profesor, orador y escritor católico. El Maestro Cleto, como solían decirle con respeto y afecto, era un cristiano muy piadoso, como lo muestra el siguiente dato:

        «Al final del Rosario, los cristeros de Jalisco añadían esta oración compuesta por Anacleto González Flores: "¡Jesús misericordioso! Mis pecados son más que las gotas de sangre que derramaste por mí. No merezco pertenecer al ejército que defiende los derechos de tu Iglesia y que lucha por ti. Quisiera nunca haber pecado para que mi vida fuera una ofrenda agradable a tus ojos. Lávame de mis iniquidades y límpiame de mis pecados. Por tu santa Cruz, por mi Madre Santísima de Guadalupe, perdóname, no he sabido hacer penitencia de mis pecados; po

r eso quiero recibir la muerte como un castigo merecido por ellos. No quiero pelear, ni vivir ni morir, sino por ti y por tu Iglesia. ¡Madre Santa de Guadalupe!, acompaña en su agonía a este pobre pecador. Concédeme que mi último grito en la tierra y mi primer cántico en el cielo sea ¡Viva Cristo Rey!"» (Meyer III,280).

        Pues bien, el 1 de abril de 1927 fue apresado con tres muchachos colaboradores suyos, los hermanos Vargas, Ramón, Jorge y Florentino. «Si me buscan, dijo, aquí estoy; pero dejen en paz a los demás». Fue inútil su petición, y los cuatro, con Luis Padilla Gómez, presidente local de la A.C.J.M., fueron internados en un cuartel de Guadalajara. Allá interrogaron sobre todo al Maestro Cleto, pidiéndole nombres y datos de la Liga y de los cristeros, así como el lugar donde se escondía el valiente arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez. Como nada obtenían de él, lo desnudaron, lo suspendieron de los dedos pulgares, lo flagelaron y le sangraron los pies y el cuerpo con hojas de afeitar. Él les dijo:

        «Una sola cosa diré y es que he trabajado con todo desinterés por defender la causa de Jesucristo y de su Iglesia. Ustedes me matarán, pero sepan que conmigo no morirá la causa. Muchos están detrás de mí dispuestos a defenderla hasta el martirio. Me voy, pero con la seguridad de que veré pronto, desde el Cielo, el triunfo de la Religión y de mi Patria».

        Atormentaron entonces frente a él a los hermanos Vargas, y él protestó: «¡No se ensañen con niños; si quieren sangre de hombre aquí estoy yo!». Y a Luis Padilla, que pedía confesión: «No, hermano, ya no es tiempo de confesarse, sino de pedir perdón y perdonar. Es un Padre, no un Juez, el que nos espera. Tu misma sangre te purificará». Le atravesaron entonces el costado de un bayonetazo, y como sangraba mucho, el general que mandaba dispuso la ejecución, pero los soldados elegidos se negaban a disparar, y hubo que formar otro pelotón. Antes de recibir catorce balas, aún alcanzó don Anacleto a decir: «¡Yo muero, pero Dios no muere! ¡Viva Cristo Rey!».

        Y en seguida fusilaron a Padilla y los hermanos Vargas (+Rivero 131-133).

        Una vez suspendido el culto en México el 31 de julio de 1937, la inmensa mayoría del clero, unos 3.500, obedeciendo a sus Obispos, se fue recogiendo en las grandes ciudades, controladas por el gobierno, con lo que los civiles y combatientes del campo quedaban sin pastores. Estos sacerdotes, aunque sujetos a estricta vigilancia y en ocasiones a vejaciones, no corrieron normalmente peligro de muerte.

        Por el contrario, los sacerdotes que permanecieron en el campo, lo hicieron con gravísimo riesgo, conscientes de que si eran apresados, serían ejecutados, muchas veces con sadismo, ya que el gobierno pensaba que «fusilando sin compasión a todo sacerdote cogido en el campo, obligaba a los demás, aterrorizados, a refugiarse en la ciudad», y esperaba así que «dejando a los campesinos sin sacerdotes, sofocaría rápidamente la rebelión» (Meyer I,40).

        Se calcula que cien o doscientos permanecieron en el campo, escondidos con la protección de los fieles, que en muchos casos fueron también ejecutados por darles cobijo. López Beltrán, considerando los años 1926-29, da los nombres de 39 sacerdotes asesinados, más los de 1 diácono, 1 minorista y 6 religiosos (343-4). Guillermo Mª Havers recoge los nombres de 46 sacerdotes diocesanos ejecutados en el mismo período de tiempo (Testigos de Cristo en México 205-8). Muchos de estos curas pertenecían a la archidiócesis de Guadalajara (Jalisco, Zacatecas, Guanajuato) o a la diócesis de Colima, pues sus prelados, Mons. Orozco y Jiménez y Mons. Velasco, permanecieron en sus puestos, con buena parte de su clero.

        El 22 de noviembre de 1992, Juan Pablo II beatificó a veintidós de estos sacerdotes diocesanos, destacando que «su entrega al Señor y a la Iglesia era tan firme que, aun teniendo la posibilidad de ausentarse de sus comunidades durante el conflicto armado, decidieron, a ejemplo del Buen Pastor, permanecer entre los suyos para no privarlos de la Eucaristía, de la palabra de Dios y del cuidado pastoral.

        Lejos de todos ellos encender o avivar sentimientos que enfrentaran a hermanos contra hermanos. Al contrario, en la medida de sus posibilidades procuraron ser agentes de perdón y reconciliación». La Conferencia del Episcopado Mexicano, en el libro ¡Viva Cristo Rey! (México 19912), nos da breves reseñas biográficas de los 25 mártires que han sido beatificados (otras reseñas de ellos y de otros muchos, también de laicos y religiosos: +Lpz. Beltrán 243-487; Havers, Testigos de Cristo en México). Aquí nos limitaremos a recordar sus santos nombres, con las fechas de su martirio.

        En 1915: David Galván Bermúdez, en la persecución de Carranza (30-1).

        En 1926: Luis Batis Sainz, y con él tres feligreses de la Acción Católica, Manuel Morales, casado, Salvador Lara Puente, y su primo David Roldán Lara (15-8), también beatificados.

        En 1927: Mateo Correa Magallanes (6-2); Jenaro Sánchez (18-2); Julio Alvarez Mendoza (30-3); David Uribe Velasco (12-4); Sabas Reyes Salazar (13-4); Cristóbal Magallanes, con su coadjutor Agustín Sánchez Caloca (25-5); José Isabel Flores (21-6); José María Robles (26-6); Miguel de la Mora (7-8); Margarito Flores García (12-11); Pedro Esqueda Ramírez (22-11).

        En 1928: Jesús Méndez Montoya (5-2); Toribio Romo González (25-2); Justino Orona Madrigal (1-7); Atilano Cruz Alvarado (1-7); Tranquilino Ubiarco (5-10);

        En 1937: Pedro de Jesús Maldonado (11-2), en una persecución desatada en Chihuahua, en tiempo del presidente Lázaro Cárdenas, otro general (1934-40).

        «La solemnidad de hoy [Cristo Rey], destacaba Juan Pablo II en la ceremonia de beatificación, instituida por el papa Pío XI precisamente cuando más arreciaba la persecución religiosa de México, penetró muy hondo en aquellas comunidades eclesiales y dio una fuerza particular a estos mártires, de manera que al morir muchos gritaban: ¡Viva Cristo Rey!»

        A todos ellos ha de añadirse el nombre del padre jesuita Miguel Agustín Pro Juárez, beatificado por el papa Juan Pablo II el 25 de setiembre de 1988. A diferencia de los sacerdotes antes recordados, él estaba en la ciudad de México, por orden de sus superiores, dedicándose ocultamente al apostolado. Con ocasión de un atentado contra el presidente Obregón, fueron apresados y ejecutados los autores del golpe, y con ellos fueron también eliminados el padre Pro y su hermano Humberto, que eran inocentes (23-11-1927) (+Rafael Ramírez Torres, Miguel Agustín Pro; y Luis Butera, Un mártir alegre. Vida del P. Miguel Pro).

        El espíritu de los cristeros

        Pero volvamos a los cristeros, a aquellos católicos que se alzaron en armas, echándose al monte «para defender a su Dios, a su Religión, a su Madre, que es la Santa Iglesia». Traeremos sobre ellos algunos datos y observaciones, siguiendo principalmente a Jean Meyer, que estudió largamente la Cristiada, y entrevistó durante cuatro años a muchos antiguos cristeros. Dos avisos previos:

        1.-Nótese que los datos reflejan un tiempo, hacia 1970, en que el pueblo mexicano llevaba siglo y medio independiente de España, y un siglo sometido a persecución religiosa continua por parte de los gobiernos liberales, a partir de Juárez.

        Recordemos que en 1917 la Constitución establece la educación laica. En 1934 se impone al pueblo la educación socialista, y Calles proclama indispensable que la Revolución se apodere «de las conciencias de la niñez y de la juventud», porque ambas «deben pertenecer» a la Revolución (352) -a la revolución liberal o a la socialista, viene a ser lo mismo-. Y en 1946 se vuelve a la educación arreligiosa. Pero siempre y en todo caso «ha sido constante la actitud que supone que es el Estado el que tiene el derecho de educar, derecho negado expresamente a la Iglesia y no reconocido a los padres de familia» (Acevedo 357).

        2.-Adviértase también que la inmensa mayoría de los cristeros eran rancheros modestos, gente de pueblo, aunque también se unieron a ella algunos estudiantes, licenciados o profesionales. Los ricos católicos, dicho sea de paso, apenas les ayudaron nunca, aunque lo necesitaban siempre, sobre todo para comprar armas y parque. Pues bien, los cuestionarios muestran que entre los cristeros «cerca del 60 % no habían ido jamás a la escuela», aunque no todos ellos eran analfabetos, pues bastantes habían aprendido a leer en su casa (III,272).

        Muestran sin embargo una sorprendente cultura, y más concretamente, una profunda cultura cristiana. Ya conocemos, por ejemplo, la voz de Ezequiel Mendoza Barragán, campesino michoacano de Coalcomán, que nunca fue a la escuela, y que llegó a ser coronel famoso de cristeros. Jean Meyer, que conoció a Mendoza cuando éste tenía ya 75 años, confiesa: «quedé deslumbrado, fascinado, por la misteriosa energía que irradiaba de él» (pról. Testimonio). Y en otro lugar dice que «todas las entrevistas confirman el carácter representativo de Ezequiel Mendoza», aunque es cierto que su lengua era «especialmente clara y bella» (III,289).

        Espiritualidad católica. -En entrevistas, crónicas y cartas de cristeros causa admiración comprobar la calidad doctrinal, bíblica y poética de sus expresiones. Todo lo cual contradice abiertamente el menosprecio de algunos pedantes acerca de la veracidad del cristianismo entre los indígenas de América. Los cristeros, concretamente, tenían en sí toda la fuerza de quien sabe estar haciendo la voluntad de Dios. «Conscientes de hacer la voluntad de Dios, dice Meyer, los cristeros podían resistir todos los descalabros militares, todas las desdichas espirituales y hasta la más terrible de todas: los arreglos y el poco apoyo clerical» (289). Esa fidelidad a la voluntad de Dios providente les hacía inquebrantables.

        Ezequiel Mendoza, por ejemplo, decía a su gente: «No, muchachos, acuérdense que aquí pedimos a Dios lo que más nos conviniera y por eso no digamos desatinados "ya ven que las cosas cambian de un momento a otro"; "la hoja del árbol no se mueve sin la gran voluntad de Dios", paciencia y resignación» (289). En cierta ocasión, según él mismo refiere, arengaba así a los suyos: «No queremos compañeros que traigan fines torcidos, queremos hombres que de todo corazón quieran agradar a Dios en todo, sin otro interés que defender a su Iglesia nuestra Madre; ya que sus feroces enemigos la quieren exterminar, aunque no lo conseguirán, porque fue dicho por Nuestro Señor Jesucristo que "las puertas del infierno no prevalecerán contra ella"; y lo que Cristo ofreció lo cumple; también dijo que "pasarán los cielos y la tierra, pero sus palabras no pasarán". Además tenemos nuestra Reina y Madre la Virgen de Guadalupe, ella nos recomendará con su Padre, con su Hijo, y con su esposo, el Espíritu Santo. Todavía más contamos con todos los santos y santas del Cielo y de la tierra para que ellos rueguen a Dios por nosotros en todo tiempo y lugar, y si Dios está con nosotros no tengamos miedo de morir en defensa de la Iglesia y de la Patria, seremos mártires e iremos al cielo para siempre» (Testimonio 31).

        Por su parte, Aurelio Acevedo, un simple ranchero de Zacatecas, animaba así a su tropa: «Vosotros, valientes sin tacha, siempre pensad que vais en camino del Calvario; pensad que vais al martirio cumbre donde se entra al Cielo de la Paz y eterno regocijo. Todo redentor debe ser crucificado para fin de que triunfe y sea glorificado. No olvidéis que esta lección es más clara que el sol que nos alumbra: ¡recordad a Jesús!» (Meyer III,275).

        Y otro jefe, Pedro Quintanar, decía a sus tropas: «Todo lo bueno que en vosotros hay es sólo de Dios y... todo lo malo que en vuestro regimiento hay es vuestro. A Dios hay que atribuir todo lo bueno y toda la gloria y todo triunfo, pues vosotros sois instrumentos viles» (289).

        Prácticas religiosas. -La guerra fue para muchos cristeros como unos ejercicios espirituales continuados. La misa sobre todo era, cuando había sacerdote, lo más apreciado por los cristeros, el centro de todo, cada día. Más aún, «en los campamentos cristeros, cuando esto era posible, el Santísimo Sacramento estaba expuesto, y los soldados, por grupos de quince o veinte, practicaban la adoración perpetua. La comunión frecuente era la regla... Los sacerdotes que permanecían con los cristeros se pasaban el tiempo confesando, bautizando, casando, organizando ejercicios espirituales y haciendo misiones» (III,278).

        Pero «era frecuente que no hubiese ya sacerdote, y entonces un seglar tomaba la dirección de la vida religiosa, como Cecilio Valtierra, el cual todas las mañanas leía el Oficio de la Iglesia, en presencia de los fieles, y todas las tardes llevaba el Rosario. Estas misas blancas iban acompañadas de otras innovaciones» (III,277). «Los cánticos y el Rosario acompañaban todos los instantes de la vida, en la marcha o en el campamento. Los cristeros oraban y cantaban a altas horas de la noche, rezando colectivamente el Rosario, de rodillas, y cantando los laudes a la Virgen o a Cristo, entre las decenas» (III,279).

        Es indudable que de su fe cristiana sacaban los cristeros toda su abnegación y valor para la guerra. No eran unos valientes a pesar de ser unos hombres piadosos, sino que más bien porque eran piadosos eran valientes.

        Sólo un ejemplo: en cierta ocasión en que los cristeros habían sufrido varias bajas y estaban tristes, el general «Degollado les hizo rezar el rosario, tras de lo cual los arengó: "Porque Cristo Rey se llevó a los nuestros ya ustedes se acobardaron, ¿ya se les olvidó que al enlistarse en las filas de Su ejército le ofrecieron sus servicios y sus vidas?... Dios, sin necesidad de usar de combates, dispone de nuestras vidas cuando a Él le place... Dejen sus armas al pie del altar, que yo nunca seré jefe de cobardes". Las tropas lloraban y gritaban: "¡No, mi general! Seguiremos siendo los valientes de Cristo Rey, y si no, pónganos a prueba"» (Meyer I,232).

        Idea del gobierno y de la guerra. -Los cristeros tenían de la guerra, y de la persecución que la causó, una idea mucho más teológica que política. En las entrevistas, algunas veces también, se refleja una cierta visión política del conflicto. Por ejemplo, «para los cristeros, el turco Calles, vendido a la masonería internacional, representaba al extranjero yanki y protestante, deseoso de terminar su obra destructora (la anexión de 1848 es conocida de todos, y la situación de subhombres de los chicanos de Texas y Nuevo México...), descatolizando el país» (III,285).

        Sin embargo, prevalecía con mucho la visión teológica de la guerra. Conocían bien, en primer lugar, el deber moral de obedecer a las autoridades civiles, pues «toda autoridad procede de Dios», pero también sabían que «hay que obedecer a Dios antes que a los hombres», cuando éstos hacen la guerra a Dios. Veían claramente en la persecución del gobierno una acción poderosa del Maligno.

        Ezequiel Mendoza, por ejemplo, consideraba a los gobernantes de su patria «endiablados callistas, masones y protestantes malos, que sólo buscan las comodidades del cuerpo y la satisfacción de sus caprichos en este mundo engañador y no creen que los espera un infierno de tormentos eternos, pobres murciélagos que se creen aves y son ratones» (III,283). Y decía, «¡ay de los tiranos que persiguen a Cristo Rey, bestias rumanas de las que nos habla el Apocalipsis! Todos debemos tener muy presentes las bienaventuranzas de que nos habla Nuestro Señor Jesucristo: pobreza de espíritu, lágrimas de contrición, justa mansedumbre, hambre y sed de justicia, misericordiosos, los de limpio corazón, los pacificadores, los buenos cuando son perseguidos por los malos, como nos aprietan los Calles ahora, dizque porque somos muy malos, que andamos tercos queriendo defender la honra y gloria de Aquel que murió desnudo en la cruz más alta y en medio de dos ladrones, por ser Él el más malo de todos los humanos, que no quiso someterse al supremo de la tierra. Es lo que dicen ellos, porque les falta un domingo y los redobles de tambor, pero nosotros se los daremos con ayuda de quien resucitó de los muertos el tercer día y que, porque nos ama, nos dejó por Madre su propia Madre» (III,287).

        Este tono profundamente bíblico era el de la Cristiada. Es la visión del Apocalipsis: Satán, el dragón infernal, la antigua serpiente, da su fuerza a la Bestia, poder maligno intramundano, que hace la guerra a los santos y a cuantos guardan el testimonio de Jesús. En este sentido, los cristeros estaban indeciblemente más cerca del Apocalipsis del apóstol San Juan que de la teología de la liberación moderna.

        Con toda razón el Cardenal Ratzinger afirmaba que «la teología de la liberación, en sus formas conexas con el marxismo, no es ciertamente un producto autóctono, indígena, de América Latina o de otras zonas subdesarrolladas, en las que habría nacido y crecido casi espontáneamente, por obra del pueblo. Se trata en realidad, al menos en su origen, de una creación de intelectuales; y de intelectuales nacidos o formados en el Occidente opulento» (Informe sobre la fe, 207). La espiritualidad popular real es la de Ezequiel Mendoza y sus compañeros, llena de resonancias de la Biblia y del catecismo.

        El martirio. -La teología del martirio en los cristeros no es menos rica que la de las Passiones de los primeros siglos, aunque muchas veces vaya en clave de humor. «¡Qué fácil está el cielo ahorita, mamá!», decía el joven Honorio Lamas, que fue ejecutado con su padre (III,299). «Hay que ganar el cielo ahora que está barato», decía otro (298). Norberto López, que rechazó el perdón que le ofrecían si se alistaba con los federales, antes de ser fusilado, dijo: «Desde que tomé las armas hice el propósito de dar la vida por Cristo. No voy a perder el ayuno al cuarto para las doce» (302).

        En Sahuayo asesinaron uno a uno a veintisiete cristeros, que uno a uno murieron dando vivas a Cristo Rey, pero perdonaron la vida a Claudio Becerra, por ser muy jovencito. Más tarde, con gran tristeza, iba a pedir junto al sepulcro de sus compañeros martirizados: «Compañeros, pídanle a Dios me vaya al cielo a acompañarlos». Bebía entonces demasiado, y cuando el cura le reprochó, él dijo: «Me emborracho, padre, porque me da sentimiento que Dios no me quiso para mártir» (Lpz. Beltrán 66-70)...

        Una vez más la voz del patriarca Mendoza: «Ustedes y yo lamentamos de corazón el fallecimiento de esos hombres que de buena fe ofrendaron sus vidas, familia y demás intereses terrenales, derramaron su sangre por Dios y por nuestra querida patria, como lo hacen los verdaderos mártires cristianos; pues su sangre, unida con la de Nuestro Señor Jesucristo y con la de todos los mártires del Espíritu Santo, nos alcanzará de Dios Padre los bienes que esperamos en la tierra y en el Cielo. Dichosos los que mueren por el amor al Dios que hizo los cielos y la tierra, y en todo está por esencia, presencia y potencia, no como los dioses falsos de Plutarco Elías Calles y de otros locos desviados por Satanás, que les ofrece los bueyes y la carreta de esta vida y después los hace birria caliente y gorda en el infierno de los tormentos» (III,299).

        La muerte tranquila de los cristeros, con frecuencia después de terribles tormentos, impresionaba siempre a los federales. Morían perdonando y gritando ¡Viva Cristo Rey! Y el pueblo guardaba sus palabras, recogía su sangre, enterraba sus cuerpos, acudía en masa a sus funerales, cuando eran posibles, en protesta silenciosa y confesión de fe.

        Alegría. -La alegría estaba también siempre presente, como es lógico, en estos hombres que se estaban jugando la vida por Cristo, pasando indecibles miserias y penalidades. En crónicas y escritos siempre hay huellas de alegría y de humor. Cuenta Ezequiel Mendoza que su papá, en una ocasión, jugándose la vida, se quedó sosteniendo una puerta de campo, para que escapara un grupo de cristeros. Los federales le disparaban una y otra vez, sin atinarle. Así que él, sin soltar la puerta, «como enojado volvió su cara y regañó al enemigo, dijo: "Pendejos, tirar para acá, parece que no ven gente"» (Testimonio 37). De éstas hay innumerables anécdotas cristeras.

        Espiritualidad bíblica y tradicional

        Siendo la Biblia y la Tradición eclesial las fuentes permanentes de la espiritualidad cristiana, el calificativo de tradicional, en su sentido más genuino, es tan precioso como el de bíblico. Pues bien, la espiritualidad de los cristeros es netamente bíblica y tradicional. Jean Meyer subraya con fuerza ambas notas: «Hemos quedado asombrados por el número y la exactitud de las citas bíblicas. La idea de un pueblo católico ignorante de la Biblia no es válida para el campesino mexicano de esta época. En los caseríos lejanos de la parroquia se la leía de pie, o más bien se formaba círculo en torno de aquel que sabía leer» (307).

        No hay, tampoco, mariolatría en la devoción a la Virgen: «El culto de la Virgen guadalupana no es distinto del que recibe en Rusia (¡800 lugares de peregrinación marianos!), en Polonia o en Francia» (309). Meyer afirma una y otra vez «la indiscutible catolicidad de la fe mexicana» (309).

        «La religión de los cristeros era, salvo excepción, la religión católica romana tradicional, fuertemente enraizada en la Edad Media hispánica. El catecismo del P. Ripalda, sabido de memoria, y la práctica del Rosario, notable pedagogía que enseña a meditar diariamente sobre todos los misterios de la religión, de la cual suministra así un conocimiento global, dotaron a ese pueblo de un conocimiento teológico fundamental asombrosamente vivo. A Cristo conocido en su vida humana y en sus dolores, con los cuales puede el fiel identificarse con frecuencia, amado en el grupo humano que lo rodea: la Virgen, el patriarca San José, patrono de la Buena Muerte, y todos los santos que ocupan un lugar muy grande, completamente ortodoxo, en la vida común, se le adora en el misterio de la Trinidad. Esta religión próxima al fiel la califican de superstición los misioneros norteamericanos (protestantes y católicos) y los católicos europeos no la juzgan de manera distinta» (307). Sin embargo, «el cristianismo mexicano, lejos de estar deformado o ser superficial, está sólida y exactamente fundamentado en Cristo, es mariológico a causa de Cristo, y sacramental por consiguiente, orientado hacia la salvación, la vida eterna y el Reino. Durante la guerra, los santos se retraen notablemente hasta su propio lugar, mientras se manifiesta el deseo ardiente del cielo» (310).

        La profundidad de la evangelización realizada en México durante siglos quedó absolutamente probada cuando, después de más de un siglo de continuas persecuciones liberales, socialistas y revolucionarias, los cristeros ofrecieron al mundo este testimonio formidable de espiritualidad y de martirio.

        Volvamos, pues, al principio, y oigamos la voz franciscana de uno de los primeros evangelizadores, Fray Toribio de Benavente, Motolinía. Lo que él dice de México, lo diremos aquí, para terminar nuestra historia; y lo diremos pensando en toda la América hispana:

        «¡Oh, México que tales montes te cercan y coronan! ¡Ahora con razón volará tu fama, porque en ti resplandece la fe y evangelio de Jesucristo! Tú que antes eras maestra de pecados, ahora eres enseñadora de verdad; y tú que antes estabas en tinieblas y oscuridad, ahora das resplandor de doctrina y cristiandad» (Hª de los indios III,6, 339). «Pues concluyendo, digo: ¿quién no se espantará viendo las nuevas maravillas y misericordias que Dios hace con esta gente?... Estos conquistadores y todos los cristianos amigos de Dios se deben mucho alegrar de ver una cristiandad tan cumplida en tan poco tiempo, e inclinada a toda virtud y bondad. Por tanto ruego a todos los que esto leyeren que alaben y glorifiquen a Dios con lo íntimo de sus entrañas; digan estas alabanzas que se siguen, según San Buenaventura: "Alabanza y bendiciones, engrandecimientos y confesiones, gracias y glorificaciones, sobrealzamientos, adoraciones y satisfacciones sean a vos, Altísimo Señor Dios Nuestro, por las misericordias hechas con estos indios nuevos convertidos a vuestra santa fe. Amén, Amén, Amén"» (II, 11, 283).

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6 octubre 2011 4 06 /10 /octubre /2011 05:08

Queremos difundir la siguiente información del P. Dizán Vásquez L. a través de este medio para que sea una herramienta en nuestra lucha contra las sectas protestantes que están destruyendo a nuestro país. Les solicitamos su difusión masiva para salvaguardar la fe de millones de mexicanos confundidos por la herejía protestante.

El Equipo de México y Tradición.

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REFERENCIA
CATOLICO: ¡DEFIENDE TU FE!
Pbro. Dizán Vásquez L.
Como responder al proselitismo sectario
La Nueva Librería Parroquial de Clavería
Editorial Basilio Núñez S.A. de C. V.

Introducción

Se recopilan  en este libro una serie de temas en que poco a poco hemos ido dando respuesta a algunas de las objeciones mas frecuentes que ponen a los católicos ciertos protestantes proselitistas, especialmente a los de tipo sectario. La constante queja y petición de muchos católicos que se acercan a sus pastores en busca de ayuda nos movió a emprender esta laboriosa tarea.
     Estos temas se editaron primero en forma de fichas sueltas, que tuvieron gran aceptación en toda la República Mexicana y más allá de nuestras fronteras. Ahora las publicamos en un libro  agrupándolas por la unidad de su contenido, y, sobre todo, hemos añadido muchos temas nuevos.
     Esperamos que estos temas orienten de veras a muchos católicos que se ven asediados continuamente por propagandistas sectarios, que cuestionan con insistencia, y a veces con agresividad, nuestra fe católica.
     La invasión de sectas, venidas casi siempre del vecino país del norte, es ya un fenómeno alarmante del que muchos pastores de la Iglesia parece que no acaban de darse cuenta. A veces da la impresión que ven con indiferencia y hasta con desdén esa continua labor de destrucción de la fe, que un verdadero enjambre de sectas esta realizando entre los católicos. Nos dormimos en nuestros laureles y cuando de repente despertamos, nos damos cuenta de que un numero considerable de católicos ha abandonado ya la Iglesia, atraído por la propaganda sectaria.
     Por eso en América Latina diversas voces autorizadas se han levantado para pedir que se vuelva a utiliza en la Iglesia una sana apologética, tan favorecida en otros tiempos, tal vez con excesos, pero tan abandonada en estos últimos anos. ( Apologética es la parte de la teología que se dedica a exponer las pruebas y fundamentos de la fe católica, especialmente en confrontación con los ataques de que es  objeto).
     Somos conscientes, sin embargo, de que una labor apologética no basta, y que ni siquiera es lo principal. En el fondo, si muchos católicos se pasan a las sectas o caen en la incredulidad, es porque no han podido encontrar en su propia Iglesia la respuesta a los interrogantes más profundos que  los agobian. Urge, por tanto, que la Iglesia intensifique en su propio seno un proceso de  evangelización integral que llegue a todos los bautizados que no han descubierto el tesoro inagotable de su fe.
     Estos temas están escritos en un lenguaje sencillo, al alcance de todos. Algunos amigos, sin embargo, nos han hecho la observación de que la cantidad de citas bíblicas es excesiva. Pero nos hemos atenido al criterio de que “ más vale que sobre y no que falte “, confiando en que los lectores consultaran en la Biblia solo las citas que consideren suficientes.

     Aunque la intención y el tono es de confrontación con los que se muestran hostiles a nuestra fe, muchos de estos temas pueden servir para que los católicos, sin ningún afán  apologético, conozcan o profundicen su propia fe. En este caso es recomendable que estudien este libro en grupo bajo la guía de un coordinador, seleccionando los temas que más les interesan.
     Esperamos, pues, que Dios bendiga este trabajo y que anime a nuestros hermanos católicos, a quienes va dirigido, a estar “ siempre dispuestos para justificar la esperanza que los anima, ante cualquiera que les pida razón de ella. Pero háganlo con sencillez y respeto, como quien tiene la conciencia en paz. Asi, tendrán vergüenza de sus acusaciones todos aquellos que los calumnian por llevar la hermosa vida cristiana “ ( 1 Pe 3, 15 – 16)


Pbro. Dizán Vázquez Loya.

Primera parte

Algunas objeciones contra la fe católica


1.    ¡Alerta, católico! ¡Te quieren arrancar la fe!

     Tal vez parezca exagerada esta afirmación, pero es la verdad.
     Un gran numero de sectas, unas de origen protestante, otras que ni siquiera pueden llamarse cristianas, han desatado sobre nuestras comunidades católicas una gran ofensiva. Como un enjambre están acosando a los católicos a toda hora y por todos los medios: visitas a domicilio, en la calle, por radio y TV, con folletos y revistas, etc. Esas sectas son muy diversas y hasta enemigas unas de otras, pero con un mismo objetivo: arrancarnos la verdadera fe cristiana que tenemos, para sustituirla con sus errores y extravagancias.
     Esta no es una falsa alarma. Ahí tienes el caso de Guatemala, un país hermano de Mexico, donde hace apenas unos cuantos anos mas del 90% de la población era católica. Ahora, tras unos anos de intensa propaganda, los protestantes son ya el 50% de la población.
     También en Mexico, las sectas están llevando a cabo diversas campanas, planeadas en Estados Unidos y apoyadas con millones de dólares, para llegar a cada uno de nuestros hogares católicos.
     Si abres los ojos, veras que ya son muchos los católicos que se han pasado a alguna de esas sectas. Tal vez eso le ha sucedido a algún miembro de tu familia o a algún amigo tuyo.
     Y ¡si al menos se cambiaran a una sola iglesia protestante, mas o menos evangélica! Pero ya son mas de 200 las sectas que “trabajan” en  Mexico, sembrando la confusión doctrinal y la división en las familias, porque ni siquiera ellas mismas están de acuerdo entre sí. Muchas de ellas, además, ponen en peligro nuestra misma identidad nacional, al imponernos patrones de conducta ajenos a nuestra cultura.
     Esas sectas se valen de todos los medios para arrancarnos la fe: se aprovechan de nuestra soledad o tristeza, de nuestra pobreza, de nuestra ignorancia religiosa, y llegan a difundir las más groseras calumnias contra la Iglesia católica. Atacan a la Santísima Virgen Maria, atacan al Papa, atacan la Santa Misa. En fin, atacan todo lo que somos y creemos, sin tomarse la molestia de entablar un dialogo serio y respetuoso para saber que es lo que en realidad creemos.

¡DESPIERTA!


     La Iglesia Católica es la verdadera Iglesia que fundo Jesucristo hace 20 siglos y que existe interrumpidamente desde los Apóstoles. En todas las épocas ha habido sectas que han pretendido apartar a los católicos de su verdadera fe. Por eso la Palabra de Dios nos puso en guardia desde el principio:
     Yo sé que después de mi partida se introducirá entre ustedes lobos crueles que no perdonaran al rebaño; Y también que de entre ustedes mismos se levantaran hombres que hablaran cosas perversas, para arrastrar a los discípulos detrás de sí (Hch 20,29-30; Ver también Mt 7,15; 24,24; 2Pe 2,1-3)
     Todas las sectas pretenden defender sus errores con la Biblia, olvidando que nadie puede interpretar la Biblia a su antojo (2Pe 1,20; 3,15-16)
     Si alguien entrara en tu casa para robarte cualquier cosa ¿no te defenderías? Tu fe es el tesoro más grande que tienes ¿vas a dejar que te la arrebaten?
     Instrúyete en tu propia fe católica para que estés siempre dispuesto a dar respuesta a todo el que te pida razón de tu esperanza (1Pe 3,15) Únete a tu parroquia, entra en algún movimiento apostólico, estudia la Biblia en un grupo católico.
     Puedes estar seguro de que  cualquier cosa buena que encuentres en cualquier secta, la tienes ya, y con mayor abundancia, en tu propia Iglesia. También puedes estar seguro de que tu Iglesia tiene respuestas suficientes a todas las dificultades que te pongan los protestantes. Aclara a tiempo tus dudas.
     Como respuesta a la montana de hojas, folletos, programas, etc. Con que te están aplastando las sectas, ponemos en tus manos este libro CATOLICO: DEFIENDE TU FE. Léelo, estúdialo, difúndelo.



2.    ¿En cual Iglesia debemos seguir a Jesucristo?

     Un gran numero de sectas protestantes están sembrando confusión en nuestras comunidades católicas. Con su proselitismo nos quieren apartar de la Iglesia Católica, en la que fuimos bautizados, para que aceptemos el Evangelio mutilado y el Cristo incompleto que ellas nos presentan. Supongamos que usted ya no quisiera ser católico y tratara de “encontrar la verdad” y de seguir a Cristo en otra Iglesia. ¿Cuál escogerías? Hay actualmente mas de mil denominaciones y sectas, pero suponiendo que usted vive en donde se escribió esto, tendría una larga lista de iglesias para escoger, por ejemplo:

Asamblea de Dios                    Iglesia Evangélica Internacional
Ejercito de Salvación                    Iglesia Interdenominacional
Iglesia Adventista                    Iglesia Local
Iglesia Apostólica de la fe en Cristo Jesús        Iglesia Bautista
Iglesia Cristiana                    Iglesia Menonita
Iglesia de Cristo                    Iglesia Mormona
Iglesia de Dios Universal                Iglesia Presbiteriana
Iglesia de Jesucristo de las Américas         Iglesia reestructurada en el Espíritu   
Iglesia Evangélica                    Testigos de Jehová
Etc, etc.

     Todas esas iglesias anuncian a Jesucristo, es verdad. Pero cada una a su modo. Hay para todos los gustos. ¿Cuál escogería usted? Si se hace mormón. ¿Por qué no se hace mejor testigo de Jehová? Si prefiere a los pentecostales ¿por qué no escoge mejor a los bautistas? Acaso da lo mismo pertenecer a una iglesia que a otra, o no pertenecer a ninguna, para ser verdadero discípulo de Cristo.
     NO. Según la Biblia UNA SOLA es la verdadera Iglesia de Jesucristo. Por tanto, las demás, aunque conserven muchos elementos de la fe cristiana, no son la Iglesia de Jesucristo, porque aparecieron en la tierra cuando la Iglesia Católica ya existía, y porque no contienen toda la verdad y la vida que Cristo nos vino a traer.


Analicemos la Biblia:

     En primer lugar vemos que Cristo jamás se planteo la posibilidad de que hubiera diferentes iglesias que lo tuvieran a El como Señor y que estuvieran separadas y en desacuerdo entre si. Cristo no quiere divisiones entre sus discípulos. Quiere que todos los que creemos en El estemos unidos (Jn 17,21; 1 Cor 12, 12-13)
     Cristo fundo una sola Iglesia, no muchas. Y esa Iglesia se nos presenta con figuras que dan a entender unidad, acuerdo, armonía: la Iglesia en su Cuerpo, su Casa, su Comunidad: (Mt 16, 18;  1 Cor 10, 32; 11, 22; Ef 1, 22; Col 1, 18; 1 Tim 3, 15; Hch 2, 47)
     Ciertamente la Biblia habla de “iglesias”, en plural, pero se refiere a comunidades que están en comunión unas con otras. Son las “iglesias locales” que forman, todas juntas, la Iglesia universal, es decir católica (Hch 14,23; Rm 16,5; 2Cor 8,1; 1 1,8; Ap. 1,14)
     Cristo mismo le dio a su Iglesia pastores par que la apacentaran en su nombre. Estos son los Apóstoles (Mt 10,1-4; 28, 18-20; Hch 1, 12; 2,42; Ef 2,20). A los Apóstoles les dio el Espíritu Santo y el poder de transmitirlo (Hch 2,4; 8,18; Jn 21, 20-23)
     A uno de esos Apóstoles, a Pedro, Cristo le encomendó el ministerio especial de confirmar la fe de sus hermanos y de hacer que se conserven en la unidad que Cristo quiere para su Iglesia (Mt 16, 18-19; Jn21, 15-17; Lc 22-31-32). Los Apóstoles, incluido Pedro, fueron dejando sucesores para que apacentaran las iglesias locales que ellos iban fundando (Hch 20, 28-30; 6, 2-6; 8, 18; 1 Tim 3, 1-10; 4, 14; 5, 17-23 Tim 1,6; Tito 1, 5-9)
     A estos sucesores de los Apóstoles se les puede seguir la pista a través de la historia, y son los que llamamos ahora los obispos, que tiene como colaboradores a los presbíteros y diáconos, como en la Iglesia de los primeros tiempos. Todos los obispos del mundo están en comunión con el Obispo de Roma, que  es el sucesor del Apóstol Pedro. ¡Esa es la Iglesia católica!
     En cambio, la historia nos dice quien fundo cada una de las sectas, y sabemos que en el momento en que nacieron ya existía la Iglesia católica, porque esta fue fundada por Jesucristo hace 20 siglos.


3.    ¿Es cierto que la Iglesia Católica traiciono a Jesucristo?

     Las sectas protestantes no niegan, porque es un hecho comprobable históricamente, que la actual Iglesia católica existe desde el principio del cristianismo, hace 20 siglos.
     Entonces ¿cómo justifican las sectas, su propia existencia como iglesias diferentes y separadas de la Iglesia católica, si la Biblia dice que Cristo fundo y quiere una sola Iglesia? (Mt 16, 18; Ef 1,22; Col 1,18; Hch 2,47).
     Cada secta parece olvidar que ella es una entre mil y se presenta como la única Iglesia de Cristo, la única que ¡de veras! Obedece la Biblia y enseña toda la verdad.
     Pero de cada una de ellas sabemos quien la fundo y cuando. Por ejemplo, John Smith, H. Jacob y otros, fundaron a los bautistas en el siglo XVII; Joseph Smith fundo a los mormones a principios del siglo XIX; A fines de ese mismo siglo Charles T. Russell fundo a los testigos de Jehová, etc. Y sabemos que en cualquiera de esos anos en que se fundaba una nueva secta, la Iglesia católica ya existía.
     Naturalmente, las sectas no dicen que esos señores fueron sus fundadores, sino que, Biblia en mano, fueron los “restauradores” de la verdadera Iglesia, porque, según ellos, la Iglesia, porque, según ellos, la Iglesia católica en determinado momento y con determinados errores que a ellas se les ocurren, apostato de la verdadera fe y abandono a Cristo. Entonces vinieron ellos y ¡zas! A Iglesia apareció de nuevo, limpia y fresca como salió de las manos de Cristo. ¡Lo curioso es que eso mismo afirman, de una u otra manera, cada una de las mil sectas que hay!

     Pero ¿en realidad pudo la Iglesia católica, la única que viene sin interrupción desde los Apóstoles, haber caído en el error y dejado de ser la única Iglesia que Cristo fundo?

     No es posible. Porque si eso hubiera pasado, no seria la Iglesia la que habría fallado, sino el mismo Cristo. Veamos por que.
     De la Iglesia, como comunidad humana, se podría esperar cualquier falla. Eso ya lo sabia Cristo. Por eso, El mismo prometió a su Iglesia que la preservaría de todo error:

-    El poder del infierno no la puede vencer (Mt 16,17)
-    Jesucristo estara con su Iglesia todos los días, hasta el fin del mundo (Mt 28, 20)
-    Jesús prometió a Pedro que su fe no fallaría, para que confirmara a sus hermanos (Lc 22,31-32)
-    El Espíritu Santo estara siempre con su Iglesia (Jn 14, 16)
    
     Si Cristo y la Iglesia son como la Cabeza y el Cuerpo o como el Esposo y la Esposa (Col1, 18; Ef 5,25-27) ¿puede la Cabeza separarse de su Cuerpo o el Esposo divino divorciarse de su Esposa?
     Por eso, la Escritura llama a la Iglesia columna y fundamento de la verdad (1 Tim 3, 15)
     Por tanto, al decir las sectas que la Iglesia se aparto de Cristo en tal o cual siglo, en realidad no acusan a la Iglesia, sino acusan al mismo Cristo de mentiroso y de haber fallado a sus promesas.
     Pero, ¿qué pensar de los defectos y pecados que ha habido en los miembros de la Iglesia, desde el Papa hasta el mas sencillo de los católicos? Cristo ya sabia que, como humanos, en su Iglesia siempre habría pecadores (Mt 13, 24-30; 47-50) Lo que hace santa a la Iglesia es que Jesús esta con ella y que en ella les ofrece a todos los hombres los tesoros de la verdad, de la redención, de la gracia. Si algunos católicos, pocos o muchos, no viven la riqueza de su fe, la responsabilidad es de ellos y eso no invalida a la Iglesia en cuanto tal.
     Entre los mismos Apóstoles se le coló a Jesús un Judas, y en la Iglesia primitiva, que estaba bajo la dirección de los Apóstoles, ya se daban escándalos (1 Cor 5, 1-5; Gal. 3, 1-3, 1-4; Lc 17-1)
     En las sectas, cuando surge cualquier conflicto, o cuando a uno le parece que los demás no están bien, se separa y ¡funda otra secta! Asi pretenden conservarse puros. Pero aun asi ¿podrían tirar la primera piedra? (Jn 8,7; Mt 7,3).



4.  ¿Te ha desilusionado la Iglesia?

     Uno de los argumentos favoritos que utilizan las sectas protestantes para atraer a los católicos, consiste en repetirles  machaconamente los pecados y defectos (unos verdaderos, otros falsos) de la Iglesia católica.
     Las sectas protestantes se escandalizan de que la Iglesia católica se presente a si misma como la verdadera Iglesia de Cristo, la original, la que viene desde los Apóstoles, y que pretenda que Cristo sigue obrando su salvación en el mundo a través de ella.
     ¡Eso es imposible! Dicen. Una Iglesia tan pecadora no puede representar a Cristo. Ahí esta la historia para probarlo: los papas indignos, las cruzadas, la inquisición. . . y, ahora mismo, tantos malos sacerdotes, tantos católicos borrachos, tantas injusticias. . . (En sus hojitas de propaganda procuran, naturalmente, omitir cualquier referencia a lo bueno que también tiene la Iglesia)
     Con estos argumentos engatusan a muchos católicos que, decepcionados de su Iglesia, la abandonan para irse a esas sectas donde “todos son tan buenos. . . tan alegres. . . todos se ayudan. . . nadie se emborracha. . .”.
     Es característica de todos los sectarios el considerarse a si mismos los únicos puros, los únicos buenos y elegidos. Por eso, en un vano intento de constituir esa casta de hombres selectos que pretenden ser, cuando no están de acuerdo con algo malo que descubren en su secta, se separan de ella y fundan otra, y otra, y otra. . .Con eso les es muy fácil negar su pasado y presentarse siempre como recién caídos del cielo, como si entre ellos y la época bíblica no hubiera pasado el tiempo.
     Cristo, al fundar su Iglesia (Mt 16, 18), al enviarla a salvar a  los hombres enriquecida con la misma autoridad divina de El (Jn 20, 21-23), y al constituirla como columna y fundamento de la verdad (1 Tim 3, 15), no se hacia ilusiones: Bien sabia que estaría formada por hombres pecadores, como lo eran los mismos Apóstoles (Mt 16, 23; 26, 40-43; Mc 9, 33-34; Jn 13, 21-26 2 Cor 4, 7)
     Si la Iglesia católica se presenta como santa, según confesamos en el Credo, no es porque la raíz de esa cantidad este en sus miembros, sino en el Señor Jesucristo, que la fundo y la envió al mundo, y porque en ella el Señor ofrece a todos los hombres los frutos de su redención y los auxilios constantes de su gracia para que se santifique todo el que quiera. Por eso, la Iglesia católica, al lado de muchos pecadores, puede también ofrecer al mundo el ejemplo de millones de mártires y santos que han vivido plenamente el Evangelio.
     Es cierto que Cristo nos ha justificado (Rm 3, 24; 5,9) y nos ha llamado a ser santos (Mt 5,48; Tes 4,3; 1Pe 1,16; 2Cor 5,17), pero Dios no nos ha quitado la libertad y, mientras vivamos en esta vida, tenemos que luchar para seguir siendo fieles a Cristo, tratando continuamente de morir al pecado, a fin de que la vida de Cristo se manifieste plenamente en nosotros (Rm 6,4-8) Y aun después del Bautismo, Dios nos invita continuamente a hacer penitencia por nuestros pecados (Lc 13,1-5; Ap. 2,1-5) y progresar en la santidad (2Cor 4,16; Rm 12,1; Ef 4,20-24; Col 3,10)

     Cristo purifico a su Iglesia con su sangre (Ef 5,25-27), pero esa Iglesia ideal no será una realidad plena y perfecta sino al final de los tiempos (Ap. 21,1-5.10-11) Mientras tanto, en el camino de la Iglesia esta mezclada la azada con el trigo, hasta que solo Dios juzgue quien es digno de la vida eterna (Mt 13,27-30; 25,32-33)
     La desilusión y el escándalo que los protestantes (y con ellos muchos incrédulos y católicos alejados) sufren frente a la Iglesia, a causa de los errores y pecados de muchos de sus miembros, es de la misma naturaleza de la que sufren los ateos frente a Dios, y los judíos frente a Jesucristo.
     La Iglesia, ciertamente, tiene el mismo poder de Cristo para salvar a los hombres, pues asi como Cristo es el signo que manifestó a Dios, la Iglesia es el signo que manifiesta a Cristo. Pero un signo, al mismo tiempo que revela algo (descubre, manifiesta, da a conocer) también lo vela (opaca, oculta, no pone a la vista toda la realidad de lo que quiere dar a conocer) Si al individuo le falte la fe, el signo, en lugar de llevarlo a la cosa significada, puede apartarlo de ella. Por eso son mas los que creen en Dios; menos los que creen en Cristo, y mucho menos los que creen en la Iglesia.
Expliquemos.

1.    Dios. En el mundo son más numerosos los que creen en Dios que los creen en Cristo, pues de Dios, a quien nadie ve, se tiene la idea de los mas perfecto posible. Pero aun asi, muchos se escandalizan de Dios y pierden la fe en El, por las formas humanas imperfectas en que El se ha querido revelar, respetando la lenta evolución de la humanidad. (Dt 2,31-34; 3,2-3; 1Sam 15,2-3; Sal 137,7-9)

2.    Cristo. Aunque es Dios mismo, el numero de los que creen en el disminuye. Es cierto que se presento como hombre santísimo (Heb 7,26; Jn 8,46) y extraordinario en todos los aspectos (Mt 8,27; Jn 7,45-46) Pero, al fin y al acabo, se presento como hombre (Fil 2,6-8), y la fe tiene que atravesar al hombre Jesús para llegar hasta el Dios revelado por Él (Jn 14,9) Por eso los judíos (como muchos hombres de hoy), al faltarles la fe, se escandalizaron de Cristo (Mc 2,5-7; 6,3; Mt 13,56-57; Lc 4, 21-22; 7,23. 34; 10,33; 1Cor 1,23)

3.    La Iglesia. Todavía es más fácil creer en ella. La Iglesia no solo es humana, sino además pecadora. Por eso son todavía más numerosos los que se escandalizan de ella: las sectas protestantes que se aferran a la idea de una Iglesia ideal, invisible, formada solo por los puros y santos; los incrédulos que también, por falta de fe, no alcanzan a penetrar mas allá de la realidad humana de la Iglesia para captar el misterio divino que encierra.

      Sin embargo, la Iglesia es santa, repetimos, no porque la santidad provenga de ella misma, sino por haber sido elegida misericordiosamente por Cristo como su Esposa y su Cuerpo (Ef 5,22-33), por ser su Casa, Familia y Templo de Dios (Ef 2,19-22)
     Por eso la Iglesia, a pesar de cualquier amenaza exterior, es indestructible (Mt 16,18) A pesar de todo pecado y de toda culpa que pueda haber en ella, Dios la renueva continuamente, y no la abandona (Mt 28,20) A pesar de todos sus errores y equivocaciones, es infalible (Jn 14,17) Dios la mantiene en la verdad pues su infalibilidad significa la radical permanencia en la verdad, la cual no queda destruida por errores particulares.
     Por eso a la Iglesia también se le puede aplicar aquellas palabras que Pedro le dijo a Jesús cuando muchos se escandalizaron de Él y lo abandonaron (Jn 6,60. 66-68): ¿Para que inventar o buscar otra Iglesia, si en esta Iglesia católica, real y concreta, a la que pertenecemos, esta toda la verdad de Cristo, y todos los medios de salvación que Él nos dejo?

 

5.   Ni la Iglesia sin la Biblia, ni la Biblia sin la Iglesia.

     Con frecuencia se invita a los católicos a escuchar el mensaje de la Biblia predicado por muy diversa sectas; en la calle, en las plazas, en reuniones especiales, en visitas a domicilio, o en cursos por correo.
     Los católicos que acuden a esas enseñanzas descubren ciertamente cosas maravillosas, porque la Biblia es la Palabra de Dios. Pero, al mismo tiempo, caen en el caos y en la confusión doctrinal tan propios del protestantismo.
     ¿Se pregunta usted por que? Pues porque la Biblia no es un libro caído del cielo, que cada quien puede entender y explicar a su manera. La Biblia no puede ser comprendida correctamente si se toma desligada de la Iglesia en la que nació. La Biblia y la Iglesia están inseparablemente unidas: ni Iglesia sin Biblia, ni Biblia sin Iglesia.
     Es probable que usted nunca haya pensado en las siguientes afirmaciones:

1.    La Iglesia no nació de la Biblia, pues la Iglesia es anterior a la Biblia. Es decir, primero fue la Iglesia, y en ella nació la Biblia. Esto, vale con respecto a Israel, si nos referimos al Antiguo Testamento, como con respecto a la Iglesia cristiana, si nos referimos al Nuevo Testamento. De la Iglesia cristiana hablamos en lo que sigue.

     Cuando se escribieron los libros del Nuevo Testamento, la Iglesia ya había sido fundada por Cristo, pues recordamos que Cristo murió y resucito alrededor del ano 30,mientras que los libros del N. T. fueron escritos anos después. Por ejemplo, el Evangelio de San Marcos se escribió alrededor del ano 64. San  Lucas escribió su Evangelio entre los anos 65 y 80. de estas fechas data mas o menos el Evangelio actual de San Mateo. Los primeros libros del N. T. son las Cartas de San Pablo, escritas entre los anos 51 y 67. el ultimo libro fue el Apocalipsis, entre los anos 70 y 95.
     Es evidente que lo que estos libros dicen ya era enseñado, creído y practicado en la Iglesia, antes de que se escribieran.

2.    Cuando se escribió la Biblia (en nuestro caso el Nuevo Testamento) la Iglesia era ya una comunidad viva y organizada, alimentada por la Palabra de Dios que predicaban oralmente los Apóstoles y sus sucesores.

     Los escritos del Nuevo Testamento no son unos tratados sistemáticos y completos de la Revelación Divina, como si fueran textos de la doctrina para usarse en la enseñanza.  Estos libros responden circunstancias especiales del momento. Los mismos Apóstoles dicen que no todo lo que paso quedo escrito, ni siquiera de la vida y la predicación de Jesús (Jn 21,25; 2Tes 2,15; 2 Tim 1,13; 2,2; 2Jn 12)

3.    Ciertamente los protestantes han hecho mucho bien a la humanidad traduciendo la Biblia a muchos idiomas, y difundiéndola por todas partes, pues la Biblia es un gran tesoro que todos debemos leer. Pero ellos hacen eso principalmente porque creen que para estar en unión con Jesús, y poder salvarse, basta que cada quien lea la Biblia y crea lo que ella dice, aunque la interprete como quiera. A cusa de este error, los protestantes se han dividido (y se siguen dividiendo) en centenares de sectas, opuestas unas a otras, que defienden los más increíbles errores, y sin embargo afirma cada una que lo que ella enseña es “lo que la Biblia dice”.
 
4.    La Biblia es verdadera Palabra de Dios, y debemos creer y obedecer lo que nos enseña y manda. Pero Jesucristo no vino a escribir una Biblia. El vino a inaugurar el Reino de Dios, y para eso fundo una comunidad (su Iglesia), que en el mundo fuera ya el anuncio y el inicio del Reino. A sus Apóstoles, Jesús no los mando a repartir Biblias, sino a predicar, y a dirigir en su nombre su Iglesia (Mt 28, 19-20; Lc 10, 16; Rm 10, 17) A sus discípulos, Jesús no les mando que leyeran la Biblia, para conocer su voluntad, sino que los puso en relación con su Iglesia, y con las autoridades que dejo en ella (Hch 9, 6-17; Mt 18, 15-18) Esto mismo hizo Yahvé en el Antiguo Testamento (Dt 17, 8-13)

En la misma Biblia leemos que algunas de sus partes son difíciles de entender, y que muchos falsean su sentido, y por eso es necesario que alguien, que este plenamente insertado en la Iglesia y con misión de predicar, ayude a entenderla (2Pe 1, 20-21; 3, 15-17; Hch 8, 26-)

5.    La Iglesia cristiana del siglo I (los primeros anos de Iglesia era guiada por la Palabra   
de Dios. Pero esta no estaba solo en los pocos libros que escribieron algunos de los Apóstoles, sino que se encontraba también en las palabras y hechos de Jesús, en la predicación de los Apóstoles, y en la orientación que daban continuamente a la Iglesia, y que ella recogía, conservaba y vivía con fidelidad. A este conjunto de orientaciones vivas de Cristo y de los Apóstoles (que no quedaron escritas) es a lo que la Iglesia llama la Tradición divina, la cual quedo plasmada en la vida misma de su Iglesia, en sus instituciones, en su culto, y, sobre todo, en su manera de entender todas las cuestiones que plantea la Biblia.

6.    La Tradición no es, pues, un conjunto de verdades separadas de, o en oposición a la Biblia, sino la atmósfera o el ambiente en que esta se escribió, y la clave para interpretarla correctamente. La Tradición es la vida y la fe de la Iglesia el siglo I que, junto con la Biblia escrita, se ha conservado y trasmitido fielmente del siglo I al II, de este al III, y asi sin interrupción. Con ella se conecta la Iglesia católica de hoy.

          De   la   tradición  viene, por  ejemplo,  la celebración  del domingo, que muchas sectas admiten (¿Por qué, si en la Biblia no hay mandato expreso de ello?).También el sentido concreto que la Iglesia da a algunos pasajes de la Biblia, en los que los protestantes no se ponen de acuerdo jamás, por ejemplo la Eucaristía (Mt 26, 26-28; Mc 14, 22-25;   Lc
     22, 17-20; 1Cor 11, 23-29).
     Cualquiera que hoy (como lo hacen los protestantes) quiera entender la Biblia fuera  de la única Iglesia que existe desde los bíblicos al momento en que fueron escritos. Finalmente, es por la Tradición como la Iglesia pudo saber cuales libros son inspirados y cuales no. De ese modo ella, con autoridad, definió el canon (lista de los libros de la Biblia)
     Aun con estas pocas ideas ¿se da usted cuenta de lo absurdo que es querer leer y explicar la Biblia prescindiendo de la Tradición y de la Iglesia en que se escribió, y de los pastores que le fueron dados por Cristo para conservar la Iglesia dentro de la verdadera fe? Por eso las sectas protestantes son un hervidero de errores, de divisiones y de contradicciones.



6.    Leer la Biblia. . . ¿En clave protestante o en clave católica?

     Existe hoy entre los católicos, a Dios gracias, un renovado interés por la lectura de la Biblia. Y esto, que puede convertirse en una hermosa renovación de su vida cristiana, puede también entrañar el peligro de llevarlos a abandonar la Iglesia, y de caer en alguna secta protestante a causa de una buena o de una mala interpretación de la Biblia.
     Es importante tener en cuenta que nadie debe interpretar la Biblia a su manera, pues interpretarla es buscar lo que allí quiso decir Dios; además, bien sabido es que en la Biblia hay pasajes difíciles de entender, como enseña el mismo San Pedro (2Pe 1, 20; 3, 16) Por eso necesitamos que alguien, debidamente capacitado, nos la explique (Lc 24, 25-27; Hch 8, 29-35; Ne 8,8)
   
      Los protestantes defienden que:
-    Cada quien puede entender, por si mismo, el sentido de la Biblia.
-    La palabra de Dios es la única autoridad  a la que debemos someternos.
-    Todas las cosas que ellos creen, las creen: “porque asi dice la Biblia”.
    
     Pero estas afirmaciones son tan falsas, que ni los mismos protestantes las practican.
     De hecho, en cada secta hay una autoridad, o una tradición que les indica a los miembros de la secta el sentido que le deben dar a la Biblia. Y si algún miembro de la secta se cree inspirado y quiere interpretar la Biblia de manera diferente a como esta establecido entre ellos, lo echa de la secta, si no es que el mismo se sale para ir a fundar su propia secta. Con razón las sectas se multiplican sin cesar.
     ¡Que diferente es la posición de los católicos! Nosotros abiertamente reconocemos que entendemos la Biblia como nos enseñan el Papa y los Obispos, que son los sucesores de aquellos Apóstoles a los que Cristo les dejo la autoridad en su Iglesia (Mt 28, 19; Lc 10, 16; Jn 20, 21-23; 21, 15-17; Hch 2, 14) Y el Papa y los Obispos no nos enseñan lo que a ellos se les ocurre, según su interpretación personal, sino que ellos conservan y transmiten la interpretación que la Iglesia le dio desde un principio a la Biblia y que le ha venido dando a través de los siglos, desde el tiempo en que todavía vivían los Apóstoles. Los católicos tenemos una Tradición, que es la misma vida y la fe de la Iglesia del siglo I, cuando todavía vivían los Apóstoles. Entendemos la Biblia a la luz de esa Tradición, es decir la entendemos como los Apóstoles enseñaron a la Iglesia a entenderla.
     Las sectas protestantes niegan la autoridad de la Iglesia católica y pretenden apoyarse solo en la Biblia; pero entonces se  quedan sin la Tradición autentica, que es la única clave segura para interpretar la Biblia. Por eso se ven obligados a sustituir esa Tradición divina por las tradiciones de sus propia sectas. De esa manera tenemos una “tradición” luterana, otra calvinista, otra metodista y bautista y mormona y pentecostal y sabatista. . .
     Tan numerosas las sectas, tan diferente y muchas veces opuestas entre si (unas mas equivocadas que otras), todas se derivan de un tronco común y tienen, a pesar de esas diferencias y oposiciones una característica común, que es la clave con la que leen e interpretan la Biblia:
     Según esta clave, las sectas seleccionan ciertos textos bíblicos que destacan el papel único que le corresponde a Cristo como autor de nuestra salvación; pero, al mismo tiempo, olvidan o callan otros textos (tan bíblicos como aquellos) que hablan del poder que Cristo le dejo a su Iglesia. Las sectas hacen a un lado casi totalmente a la Iglesia. Y con esto creen defender a Cristo, pero, en realidad, lo traicionan, pues rechazan lo que el expresamente ordeno. Son “más cristianos” que el mismo Cristo.
     Por eso las sectas, cuando leen, o enseñan a leer la Biblia, se  fijan solo en textos que afirman el poder de Cristo, como estos: Jn 3, 16;  14, 6; 17, 3; Hch 4, 12; 16, 31; 1Tim 2, 5-6; 1 Cor 10, 4; 1Pe 2, 6-8; Jn 8, 12, y otros.
     En cambio, no saben que hacer con los textos que afirman claramente que Cristo esta  presente en su Iglesia, con todo su poder y su autoridad, como estos: Mt 16, 18-19; 1Tim 3, 15; Cor 5,4; Mt 18, 18; Jn 20, 23, y otros.
    La clave católica de la Biblia, en cambio, se caracteriza porque no excluye ninguna de esas dos series de afirmaciones, sino que las integra en una sola realidad, sin oposiciones ficticias, como es la voluntad de Dios, que es quien inspiro la Biblia, y como la Iglesia las ha vivido desde sus orígenes hasta hoy.1

1.    Ver mas adelante, Tercera parte: La Iglesia católica, entre el pelagianismo y el protestantismo.



7.    ¿Se puede ser discípulo de Cristo sin pertenecer a su Iglesia?

     Las sectas protestantes que tan activo proselitismo hacen entre los católicos, con la intención de apartarnos de la verdadera Iglesia, usan principalmente des argumentos:

1.    Unos dicen que su secta es la verdadera Iglesia de Cristo. Que ellos tuvieron que restaurarla, porque la antigua Iglesia, la católica, se había apartado de la verdad.

2.    Otros protestantes, en cambio, sobre todo en estos últimos anos, cansados de tanta división y tantas sectas que hay entre ellos, hacen otra división mas, y pretenden llamarse simplemente “cristianos”. Ellos no son, ni quieren ser, una iglesia mas mientras afirman que lo mismo da pertenecer a cualquier iglesia, o no pertenecer a ninguna. Eso es secundario, dicen, basta creer en Jesucristo y leer la Biblia.
     Pero, ¿tienen realmente razón? ¿Qué nos enseña la Biblia sobre esto?. Veamos.

     Cristo mismo habla de establecer su Iglesia (Mt 16,18) la cual es llamada también “la Iglesia de Dios” (1Cor 10,32; 11,22; Gal. 1,13; 1Tim 3,5.15)
     La Iglesia es la reunión o asamblea (en griego “ekklesia”), formada por los llamados por Cristo para ser santificados (1Cor 1,1-2) La Iglesia es una comunidad visible (Hch 2,42-47) que continua a través de la historia (Mt 28,20), organizada y dirigida por los mismos pastores que Cristo le dejo, para que la apacentaran en su nombre (Mt 28,18-19; Jn 20,21-22; 21,15-17)
     A la Iglesia se entra por medio del Bautismo, Sacramento de la fe (1Cor 12,13), el cual nos incorpora a Cristo, muerto y resucitado (Rm 6,3-5) Es decir, por la misma fe con que nos unimos a Cristo, nos unimos también a la Iglesia.
     La Iglesia es el nuevo Pueblo de Dios, formado con los judíos que reconocieron en Jesús al Mesías, y con los paganos que creyeron en el Evangelio (Hch 11,14-18; Rm 9,24-26; 1Pe 2,9-10)
     Asi como Dios escogió a Israel e hizo con el una alianza (Ex 24,38), asi también, en Cristo, Dios hizo un nuevo pueblo, el verdadero Israel (Gal. 16,15-16), del cual el antiguo era solo figura e hizo con el una Alianza nueva y definitiva, sellada con la sangre de Cristo (Mt 26,26-28)
     Dios, por tanto, no solo llama a cada hombre a una relación individual con Él, sino que nos quiere unidos en una Comunión, que es la Iglesia, formada a imagen de la Trinidad (1Jn 1,3; Hch 4,32)
     Cristo quiere identificarse de tal manera con su Iglesia, que rechazarla a ella (especialmente a los que ha puesto como pastores en su lugar) es rechazarlo a Él (Lc 10,16); perseguirla a ella, es perseguirlo a Él (Hch 9,1-6)

     Tan intima es la unión entre Cristo y la Iglesia, que se nos presenta como la comparación de la cabeza (Cristo) y el cuerpo (Iglesia) (Ef 1,22-23; 5,23; Col 1,18; 2,17-19); o con la comparación del esposo (Cristo) y la esposa (Iglesia) (Ef 5,25-27)
     ¡Que diferencia con lo que hacen las sectas, que minimizan a la Iglesia y nos presentan un Cristo solo, como cabeza arrancada de su cuerpo, o como esposo divorciado de su esposa!
     Las sectas, además, fastidiadas por tantas divisiones que tienen, han acabado por verlas como “normales” (contra la expresa voluntad de Cristo: Jn 17,21), y algunas hasta     piensan que todas las “iglesias” son iguales, aunque no tengan ninguna comunión entre si, con tal de que crean en Cristo, y aunque no se pongan de acuerdo en muchas otras verdades que tan claramente nos enseña la Biblia. Pero de todo eso no resulta sino ¡una cabeza con muchos cuerpos, o un esposo con muchas esposas! Lo cual es absurdo. Por eso los católicos creemos que solo debe haber una sola Iglesia de Cristo, y que no se puede seguir a Cristo plenamente sino formando parte de esa única Iglesia, que es la católica.
     “Esta es la única Iglesia de Cristo, que en el Credo confesamos como Una, Santa, Católica y Apostólica, y que nuestro Salvador, después de su resurrección encomendó a Pedro para que la apacentara (Ver Jn 21,17), confiándoles a el y a los demás Apóstoles su difusión y gobierno (Ver Mt 28,18ss), y la erigió perpetuamente como columna y fundamento de la verdad (1Tim 3,15)” 1

1.    Concilio Vaticano II, Constitución sobre la Iglesia, 8.



8.    ¿Quién te salva... Cristo o la Iglesia?


     “La Iglesia no te salva, ni el Papa, ni los curas. Solo Cristo te salva”. Asi nos predican muchas sectas protestantes que pululan entre nosotros, invitándonos a que dejemos la Santa Iglesia Católica y abracemos sus errores.
     La cuestión planteada por ellos, parece muy atractiva y evangélica a simple vista, pero en realidad esta en desacuerdo con lo que Cristo hizo y enseñó:
     En primer lugar, hay que repetir y dejar bien claro lo que la Iglesia Católica siempre ha creído y enseñado; que Cristo es el único salvador del hombre (Mt 1,21; Jn 3,16-18; Hch 2,21; 4,12; 16,30-31; 1Tim 2,5-6)
     Por tanto esa pretendida originalidad evangélica de la salvación solo por Jesucristo que pregonan muchas sectas, no es mas que una repetición (y además un empobrecimiento)de la verdadera y tradicional fe católica. Igualmente, las acusaciones que hacen a la Iglesia, de que ella pretende suplantar a Cristo para salvar al hombre solo con sacramentos, rezos, buenas obras, medallas, penitencias, etc., es pura calumnia de gente que obstinadamente se niega a examinar sin perjuicios la autentica fe de la Iglesia.
     Las sectas utilizan en su predicación una falsa disyuntiva entre Cristo y la Iglesia, como si hubiera que escoger entre los dos y, naturalmente, quedarse solo con Cristo.
     No es que las sectas nieguen la noción de “iglesia”, pues de ella habla claramente la Biblia, pero la vacían a tal grado de su verdadero sentido, que en la practica la reducen a nada, sustituyéndola por un subjetivismo y un individualismo ajenos al plan de Dios.

¿Qué dice la Biblia acerca de la Iglesia?

     Como Cristo es enviado (a salvar al mundo) por el Padre, asi también Cristo envía (con su misma misión y poder) a su Iglesia (Jn 20,21-23)
     Esto quiere decir que asi como Cristo, por su naturaleza humana, es el sacramento (o signo sagrado) que hace presente y visible entre los hombres al Dios invisible (Jn 14,9-10), asi también la Iglesia es el Sacramento que perpetua visiblemente, en medio de la humanidad, a Cristo resucitado, ausente físicamente de este mundo desde su ascensión al Padre (Mt 28,18-20; Lc 10,16)
     Por eso, entre Cristo y su Iglesia hay una unión tan estrecha, que nada la puede romper. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo y Él es la Cabeza (Col 1,18) Entre ambos constituyen el “Cristo completo”. Es cierto que, hablando en absoluto, Cristo no necesita a la Iglesia, pero su plan es salvar al mundo desde ella; aunque también es cierto que cuando el quiere, obra co soberana libertad fuera de ella (Jn 10,16)
     Pero, ¿qué o quien es la Iglesia? La Iglesia somos todos los que, unidos a Cristo por la fe, hemos sido bautizados para formar un solo cuerpo (1 Cor 12, 13-14; Hch 2, 41-42), y al celebrar la Eucaristía (1 Cor 11, 23-26) entramos en comunión con el Señor ( 1 Cor 10, 16-17) y nos hacemos miembros unos de otros (Rom 12, 5)
     Somos el Pueblo de Dios (1Pe 2, 9-10), que en el Espíritu Santo mantiene unido (Ef 4, 1-6) y enriquecido con diferentes carismas y ministerios para el servicio común (Ef 4, 11-12; 1 Cor 12, 4-12)
     Entre estos servicios y ministerios esta el servicio que desempeñan en la Iglesia los Apóstoles, sus sucesores y colaboradores (Mt 10, 17; Rm 1,1; Hch 1, 21-26; 2 Tim 1, 6) y, en particular, el “servicio de Pedro” (Mt 16, 18-19; Jn 21, 15-17; Lc 22, 31-32), que en la Iglesia católica nunca ha dejado de existir en la persona del Papa.
     Las sectas, al no poder negar el deseo de Cristo de establecer una Iglesia, se escapan por la tangente explicándola como una iglesia abstracta e “invisible”, que no corresponde a ninguna estructura concreta de este mundo. Eso lo dicen solo para negar la autoridad de la Iglesia Católica (“para escapar de la esclavitud de Roma”) mientras que en el interior de cada secta imponen interpretaciones, disciplinas y estructuras mucho más rígidas que las de la Iglesia católica.
     La idea de una Iglesia “invisible” (es decir, reducida a la guía espiritual y aislada del Espíritu Santo en cada alma), es contraria a lo que nos enseña la Biblia, la cual nos habla siempre de una comunidad, al mismo tiempo visible – institucionalizada, jerárquica, bien organizada e identificable – (Hch 2, 42-42; 4, 32-35; Mt 5, 14-16; Jn 13, 34-35; 17, 20-21) y espiritual –animada por el Espíritu Santo, carismática – (Hch 2, 1-4.38; 13, 52; Jn 20, 22-23; 1 Cor 2, 9-13; 12, 4; 2 Cor 1, 21-22)
     Si la Iglesia no estuviera vivificada por el Espíritu, no estaría en ella el poder de Cristo para salvar a los que creen. Pero si no fuera visible y concreta, no tendría nada que ver con los hombres, pues no podría ser signo de Cristo para ellos.
     En el fondo, el error protestante, desde Lutero hasta nuestros días, consiste en que no han comprendido ( o no han querido admitir plenamente) el misterio de la Encarnación del Verbo: un Dios que se hace hombre de carne y hueso como nosotros (Jn 1, 14) y que nos salva desde ese hombre llamado Jesús (Mt 1, 21; Ef 1, 3-7)1*.
     La existencia y la misión de la Iglesia responde, por voluntad divina, esa misma “ley de la encarnación”. Es decir, el propósito de Dios de haber “encarnado”, de algún modo, en su Iglesia, en los sacerdotes, en todos los bautizados, a través de los signos sacramentales, instituciones, etc.
     Por eso, para los católicos, cada vez que la Iglesia bautiza, es Cristo el que bautiza (Rm 6, 3-4), cada vez que la Iglesia perdona, es Cristo quien perdona, cada vez que la Iglesia predica la Palabra, es Cristo quien la predica y produce el fruto (1 Cor 3, 5-9; 2Cor 5, 20).
     Entonces, nos volvemos a preguntar: ¿Quién salva: Cristo o la Iglesia? ¿No es verdad que esa falsa disyuntiva solo la ponen las sectas para engañar a los incautos y para arrancarlos de la Iglesia católica?

*1. Ver el desarrollo de este tema en la 2ª. Parte.



1.   El peligro jehovista


     Entre las variadas sectas que hoy corroen con sus errores y su proselitismo agresivo el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, destaca la secta de los testigos de Jehová.
     Esta secta es una verdadera Anti-Iglesia. Conscientemente se ha propuesto erradicar, con un plan minucioso y llevado a cabo con tenacidad, hasta el mas leve vestigio de lo que hemos entendido siempre por la palabra “cristianismo”.
     Su embestida mortal tiene como objetivo demoler el contenido fundamental de la fe cristiana (aun aquello que las diferentes Iglesias separadas conservan todavía en común, como el Kerygma apostólico), asi como el culto y la espiritualidad que hemos practicado durante siglos.
     Mas aun, su radicalismo los lleva a borrar del corazón y del lenguaje de las gentes aquellas formas culturales que están al mismo tiempo enraizadas en la historia y en la fe de nuestros pueblos.
     Por ejemplo, echan abajo las fiestas más entrañables con que el pueblo expresa y revive su fe y su amor a la patria, como la Navidad o las fiestas nacionales. No solo cambian el significado de la fe, sino el vocabulario mismo que la expresa: A la Iglesia la llaman “congregación”; a la cruz, “madero de tormento”; al Antiguo Testamento, “escrituras hebreas”; al Nuevo Testamento, “escrituras griegas cristianas”; a la gracia,, “bondad inmerecida”; a bautizarse, “simbolizarse”, etc.
     ¿A que viene este afán de cambiarlo todo? Quieren hacer “tabla rasa” de todo lo que ahora somos y creemos, en lo civil y en lo religioso, para hacer de nosotros algo totalmente nuevo e irreconocible: un pueblo de esclavos de la gran organización teocratica que tiene su sede en Brooklin, aunque esto parezca un relato de ciencia-ficción.
     Por su furia destructora anticristiana, los testigos de Jehová no son solamente una Anti-Iglesia, sino un verdadero Anti-Cristo. Niegan con verdadera sana el contenido más fundamental de nuestra fe cristiana acerca de Dios y de Cristo: La Trinidad, la divinidad de Jesús, su encarnación,  la redención por su muerte en la cruz, su resurrección corporal, y el significado profundo de Pentecostés.
     Niegan muchísimas otras verdades cristianas, pero para que seguir adelante. ¿Acaso negando a Cristo como verdadero Dios y verdadero hombre, tiene sentido cualquier otra afirmación cristiana? No se trata, pues, de una nueva modalidad del cristianismo, dentro de la ya de por sí desdichada división que existe, sino de una negación radical del cristianismo. Pero una negación que trata de imponer un proyecto alternativo, falaz y dañino, para sustituirlo.
     A pesar de esto, los pastores y los laicos más conscientes de la Iglesia, no parece que se den cuenta cabal de lo que pasa a su alrededor. Ven con indiferencia que a su lado van cayendo, uno tras otros, miles y miles de católicos en las garras de esa secta tenebrosa, que les arrebata lo más sagrado que poseen: Su fe en Jesucristo. Este tesoro que nos predicaron con tantas fatigas nuestros misioneros, por el que murieron tantos testigos verdaderos y que nos legaron las generaciones pasadas... Todo para que en un momento absurdo, tal vez por un descuido nuestro inexcusable, esa preciosa herencia se pierda para siempre.
     ¡No puede ser! ¡Nosotros somos responsables de nuestros hermanos, de esas ovejas indefensas asediadas por el lobo rapaz! ¡Tenemos que hacer algo!
     Tenemos que proclamar, hoy mas fuerte que nunca, a los  cuatro vientos, incluso yendo de casa en casa como lo hacen los falsos testigos, que Jesucristo es el Señor, el Hijo de Dios, consustancia al Padre, nuestro Redentor y único Mediador, verdadero Dios y verdadero hombre.
     Nuestra recomendación es que al dar testimonio de nuestra fe ante los falsos testigos, no se pierda el tiempo discutiendo con ellos las numerosas diferencias que nos separan, sino que nos concentremos siempre e invariablemente en una sola: Quien es realmente Jesucristo.
     Si se trata de discutir con los testigos, o con quienes estén cayendo en sus garras, hagámoslo con amor hacia su persona. Proclamemos alegremente y con absoluta seguridad la verdad sobre Jesucristo, como quien trata de salvar a un hermano que se ahoga. Si con la gracia de Dios lo logramos, esa será nuestra mayor recompensa.
     ¡Pongamos en rescatar a nuestros hermanos en la fe, por lo menos el mismo entusiasmo que los falsos testigos están poniendo para perderlos! 1*.



*1. Muchos buenos libros y folletos se han escrito para rebatir a los falsos testigos de Jehová, pero creemos que los mejores, los que dan el golpe definitivo, y mortal a esa secta, son estos dos de Antonio Carrera, ex-testigo:: Mentiras y Disparates de los Testigos de Jehová y Documentos que Desenmascaran a los Testigos de Jehová, publicados por Editorial Camino. Apdo. 877, Chihuahua, Chih, Mexico. Otras obras del mismo autor pueden verse al final de este libro.



2.   Quienes son los testigos de Jehová
Historia

     Los testigos de Jehová fueron fundados en Pensilvania (E.U.) alrededor del ano 1870, por Carlos Taze Russell, un joven que abandono pronto la escuela y se dedico al comercio. Comenzó a leer la Biblia con un grupo de amigos y “descubrió” que todas las iglesias cristianas estaban equivocadas en la interpretación de la Biblia,  mientras que solo él la entendía correctamente.
     Para difundir sus ideas fundo una revista y escribió muchos folletos y libros, e impuso a sus seguidores la obligación de venderlos.
     Russell estableció entonces su secta en forma de sociedad de acciones legalmente constituida, con el objeto de publicar y vender sus escritos. Es la actual Sociedad de Biblias y Tratados Torre del Vigía o Atalaya (Sociedad Watch Tower) Luego fundo otras empresas comerciales filiales.
     Russell se vio en constantes pleitos ante los tribunales. Unas veces como demandante y otras como demandado. Su misma mujer lo acuso de injurias graves y logro la separación legal.
     Russell se fanatizo con una idea, alrededor de la gira toda su doctrina: el próximo fin del mundo. Tomando literalmente los números que hay en la Biblia, predijo que el mundo se acabaría en 1914.
     Murió en 1916 y lo sucedió como Presidente de la Sociedad Joseph Franklin Rutherford, el cual organizo la secta como una teocracia gobernada por Dios a través de los dirigentes supremos de la secta. Rutherford se caracterizo por un gran odio y hostilidad contra todas las religiones y gobiernos civiles del mundo, a los que consideraba instrumentos de Satanás, especialmente a la Iglesia católica.
     La secta fundada por Russell se ha dividido en muchos grupos, especialmente debido a los cambios que Rutherford introdujo. En 1931 Rutherford impuso a sus seguidores el nombre de Testigos de Jehová, inspirándose en Isaías 43, 10-12. Rutherford también escribió muchos libros, en los que “corrigió” muchas afirmaciones de Russell; el mismo cambio con frecuencia. Predijo el fin del mundo para 1925, y construyo una gran mansión para hospedar a los antiguos patriarcas, que habrían de resucitas. El acabo ocupando esa casa en la que murió en 1942.
     Lo sucedió Nathan Homer Knorr, quien completo la organización de la secta, conservó y amplio las doctrinas de sus antecesores, pero recomendó a sus seguidores mas amabilidad y cortesía con las personas que había de convertir.
     Knorr murió en 1977 y, desde esa fecha, gobierna la secta Frederick Franz, ayudado por un cuerpo de Gobierno de 18 miembros. Las oficinas centrales de la secta están en Brooklin, N.Y. Los testigos, según sus propias estadísticas, son unos 2,000,000 en mas de 200 países. En Mexico hay actualmente unos 84,000.
     Se pasa a ser testigo de Jehová por el hecho de predicar o de vender las publicaciones de la Sociedad, de casa en casa, o de cualquier otro modo. Existen dos categorías de testigos: los pioneros que deben dedicar a la secta al menos 100 horas al mes, y los proclamadores que consagran al menos 10 o 15 horas al mes a predicar y vender libros.

Creencias


     ¿Son protestantes los testigos de Jehová? Por su origen, y por gran parte de sus doctrinas, son protestantes. Russell era de familia presbiteriana; Rutherford perteneció antes a los bautistas y Knorr a la Iglesia Reformada. Además, una gran parte de sus doctrinas y de las acusaciones que repiten contra la Iglesia católica, son típicamente protestantes: sobre  la Biblia, los Sacramentos, la Virgen Maria, los Santos, las imágenes, el Papa, etc.
     Sin embargo, los testigos se apartan radicalmente de los demás protestantes al negar verdades fundamentales que la mayoría de estos todavía conservan en común con la Iglesia católica. Aquí vamos a enumerar solo algunas de las creencias típicas de los testigos.
     Dios. Dicen que solo ellos le dan a Dios su verdadero nombre, que es Jehová. Niegan la Trinidad.. Según ellos Cristo no es Dios, y el Espíritu Santo es solo una “fuerza activa” de Dios.
     Jesucristo. Enseñan que fue creado por Jehová. Antes de venir a la tierra era el Arcángel Miguel, o sea el Verbo, el cual no se encarno, sino que dejo de existir como creatura espiritual para convertirse en un embrión humano en el seno de Maria. Vino a la tierra en primer lugar para reivindicar el nombre de Jehová, en segundo lugar para borrar con su muerte los pecados de los suyos. El Jesús humano no resucito. Su cuerpo y su alma murieron para siempre, y en su lugar Jehová saco del sepulcro una creatura espiritual.
     Destino del Hombre. Enseñan que hay tres grupos de personas:
   
      1) Los 144,000 (Ap. 7,4) Estos, al morir, son transformados en creaturas espirituales y van al cielo a reinar con Cristo. De ellos, solo una pequeña parte  vive todavía en la tierra. Todos juntos son el “siervo fiel y prudente” (Mt 24, 25) que maneja la Sociedad Watch Tower; son los representantes visibles de Jehová en la Tierra.

     2) “La gran multitud” (Ap. 7,9), o “yonadabs” (2Re 10, 15), o las “otras ovejas” (Jn 16,16): son los demás testigos de Jehová. Estos vivirán para siempre en un paraíso restaurado en la tierra. Pero antes, dentro de muy poco tiempo (ya no se atreven a señalar fechas), este mundo será destruido en la gran  batalla de Harmagedon (Ap. 16, 14 y 2Re 23, 29-30), donde los pecadores y los miembros de todas las religiones (que forman el 3er. Grupo), serán aniquilados, pues el infierno, según ellos, no existe. Entonces Cristo establecerá un reinado provisional de mil años (Ap. 20, 22-4) para la “ multitud”. Estos serán allí probados por ultima vez, y los que perseveren serán felices para siempre en el paraíso terrenal.
     Los testigos dicen que todas estas cosas están en la Biblia, y las “prueban” con multitud de textos escogidos y manipulados por  sus dirigentes, a quienes los testigos obedecen ciegamente.
     En realidad, los testigos no hacen sus estudios directamente sobre la Biblia, sino sobre los libros y revistas que les proporciona la Sociedad.



3.   Los testigos de Jehová niegan la divinidad de Cristo

     En sus visitas de casa en casa, los testigos de Jehová ocultan al principio sus verdaderos propósitos e invitan simplemente a las personas a estudiar la Biblia con ellos. Si la persona acepta, poco a poco le van transmitiendo sus errores, al mismo tiempo que le infunden un profundo desprecio por la Iglesia católica, a la que malinterpretan y calumnian con verdadera sana.
     Cuando usted hable con algún miembro de esta secta, no se eje enfrascar en discusiones interminables sobre diversos temas, tal vez poco importantes. Concéntrese mejor en una verdad fundamental que ellos niegan, echando por tierra toda la redención del hombre y la fe cristiana: la divinidad de Jesucristo, la cual esta íntimamente relacionada con el Misterio de la Santísima Trinidad. Asi, al quedar los testigos desenmascarados por este error fundamental, quedan completamente desacreditados, y por lo mismo, será inútil seguir discutiendo con ellos otros errores de la secta, como la fecha del fin del mundo, la prohibición de la sangre, etc.
     Los testigos de Jehová, sobre todo cuando se ven perdidos, son especialistas, en saltar de una tema a otro, acumulando textos y mas textos de la ¿Biblia. No se deje enredar. Insista en discutir un solo tema, el de la divinidad de Jesucristo.
     La divinidad de Cristo es una creencia tan firme, fundamental y tradicional p

ara aun cristiano que solo se puede esperar que la niegue uno que no es cristiano. Por eso, los testigos de Jehová, que quieren aparecer como cristianos, y que dicen creer en el Nuevo Testamente, no se atreven a negarla directamente, sino que esquivan la cuestión, dando un largo rodeo, que al fin los hace caer ni mas ni menos que en el politeísmo ¡Si! los testigos de Jehová, según su propia confesión, creen que solo hay un Dios, sino que hay diversos dioses, uno de los cuales ¡es Jesucristo!
     De acuerdo con sus escritos y con sus platicas, esto es lo que los testigos creen acerca de Jesucristo.
     -   Hay un Dios todopoderoso, que es Jehová.
-   Antes de crear al mundo, Jehová creo a los ángeles.
-    Al primer ángel que creo, o sea el  Arcángel San Miguel, Jehová lo llamo su  “primogénito (su Hijo), el cual se hizo hombre y ¡es Jesús!
-    Además de Jehová, hay otros “dioses” que son “poderosos” Jesús es “un Dios poderoso” ( citan a Is 9, 6-7), a diferencia de Jehová, que es “todopoderoso”. Por eso en Jn 1,1 donde todas las Biblias traducen  “el Verbo (la Palabra) era Dios” la “Biblia” de los testigos (adulterada cínicamente por ellos) dice “la Palabra era un dios”. Según los testigos, Satanás es otro “dios” (se basan en 2 Cor 4,4)

Que pensar de todas estas barbaridades

     1. - El monoteísmo (creencia en un solo Dios) es la nota mas característica de los judíos, que estaban rodeados de pueblos politeístas (creencia en varios dioses) Los judíos basaban su fe precisamente en la revelación bíblica: No hay mas que un solo Dios verdadero (2 Sam. 7, 22, 32; 1Cron 17, 20; Is 44, 6,8; 45,22) El es eterno, santo, todopoderoso (Gn 17,1) o simplemente poderoso  (Sal 89, 8-9)
     2. - Rodeado como estaba Israel de pueblos politeístas, Yahvé (o Jehová, como un Dios celoso, que no admite otros dioses delante de El, Nadie, fuera de El, es Dios, porque solo El puede salvar (Ex 20, 3-5; Is 43, 10-12; 48, 11-12)
     3.- Cuando en el Antiguo Testamento se habla de “dioses” diferentes del único Dios se refiere a los dioses falsos de los gentiles, a los ídolos, que ni son Dios, ni son nada (2Re 19, 18; Jer 2, 11; Sal. 135 15-18)
     4. - También en el Nuevo Testamento se habla constantemente de un solo Dios verdadero, y se les llama “dioses” no solo a los  ídolos de los paganos (Hch 17, 16; 1 Tes 1,9), sino a todo aquello que pretenda ocupar para el hombre el lugar que solo le corresponde al Dios verdadero ( como el diablo: 2 Cor 4, 4; los placeres: Fil 3, 19; el dinero: Col 3,5; o también los reyes, que en algunos pueblos eran considerados como dioses) Pero claramente se afirma que todos ellos son los falsos dioses (1 Cor 8, 5-6; Gal. 4, 8-9)
     5. - Como se ve, cuando la Biblia habla de “dioses” (con minúscula y diferente de Yahvé) lo hace en sentido negativo, refiriéndose a dioses falsos, en oposición a Yahvé, el único Dios verdadero. Solo en el Sal 82, 6 se les llama “dioses e hijos del Altísimo” a los jueces que representan a Yahvé en medio de su pueblo (incluso a los jueces inicuo, como en este caso). Jesús cita este pasaje (Jn 10, 34), para probar que El, con mayor razón, puede ser llamado Dios e Hijo e Dios, pues no solo participa de la naturaleza divina por la gracia como nosotros ( 2Pe 1,4) sino que posee la misma divinidad del Padre, del cual procede como Hijo desde toda la eternidad (Jn 1,1. 18; 10-30)
     6. - Por tanto es totalmente falso y blasfemo decir que Jesús es un dios, asi como minúscula. El enredo en el que se meten los testigos de Jehová se debe a su obstinación en negar otro dogma de la fe cristiana, claramente enseñado por la Biblia, es decir, la Trinidad de personas en el único Dios. No pudiendo negar que la Biblia habla del Padre como Dios, no saben dónde colocar al Hijo, al que la Biblia también presenta como Dios y lo convierten en “un dios”, lo cual equivale a negar su divinidad.

4.   Cristo y Yahvé son el mismo y único Dios

     Ya vimos como los testigos de Jehová niegan uno de los pilares fundamentales de nuestra fe cristiana: La divinidad de Jesucristo. Con esto basta para saber que esa secta es completamente falsa.
     En el Antiguo Testamento Dios se presenta, entre otros nombre, como Yahvé (Ex 3, 14-15. Esto lo admiten los testigos, aunque siguiendo un antiguo error en la lectura del hebreo, ellos lo   llaman Jehová.
     Ahora bien, Jesucristo, en el Nuevo Testamento, aparece con el mismo poder y la misma divinidad con que aparece Yahvé en el Antiguo Testamento. Los dos se identifican en su divinidad: son el mismo y único Dios. Tanto a Yahvé como a Jesús, y solo a ellos, se les aplican en la Biblia, con exclusividad, ciertos títulos que indican una tarea que solo Dios puede realizar: crear y salvar al hombre.


Compare estos textos:

     ROCA: Yahvé (2Sam 22,2; Sal 18,2.31; Is 8,14-15) Jesus (1Cor 10,4; Ef 2,20; 1Pe 2,6-8; Hch 4,11)

     PASTOR: Yahvé (Sal 23,1; 80,1; Is 40,10-11; Ez 34,2-16) Jesús (Jn 10,10-16; 1Pe 2,25)
     JUEZ: Yahvé (Ez. 34,17-22; Ecl 12,14; Jer 17,10) Jesús (Mt 25,31-33; 2 Cor 5-10, comparado con Rm 14,10;  2Tim 4,1; Ap. 2,18,23)

     UNICO SALVADOR: Yahvé (Is 43,3.11-14; 45,22; Os 13,4) Jesús (Mt 1,21; Hch 4,11-12; Tit. 2,13)

     REY: Yahvé (Sal 10,16; 24,7-9; Is 6-5) Jesús (Jn 1,49; 18,37; Mt 25,34; Ap. 17,14)

     CREADOR: Yahvé (Gn 1,1; Is 42,5: 45,12.18) Jesús (Jn 1,3-10; Col 1,16-17; Heb 1,10)

     ES ADORADO: Yahvé (Sal 95,6-7; Ap. 22,8-9) Jesús (Heb 1,6; Ap. 5,12-14; Jn 5,23)

     TODA RODILLA ANTE EL SE DOBLA: Yahvé (Is 45,23) Jesús (Rm 14,10-12; Fil 2,10-11)

     UNICONOMBRE QUE DEBEMOS INVOCAR: Yahvé (Joel 2,32; Hch 2,21) Jesús (Hch 4,11-12; 3-16)

     TIENE EL MISMO PRECURSOR: Yahvé (Is 40,3-5) Jesús (Mt 3,1-3; 11-12; Mc 1,1-3. 7-8; Lc 1,76) DIOS VERDADERO: Yahvé (Jer. 10,10) Jesús (1Jn 5,20)

     SENOR DEL SABADO: Yahvé (Ex 31,15) Jesús (Mc 12,8)

     INMUTABLE: Yahvé (Mal 3,6) Jesús (Heb 1,11-12; 13,8)

     ALFA Y OMEGA, PRINCIPIO Y FIN: Yahvé (Ap. 1,8; 21,6) Jesús (Ap. 1,11.17; 22,13)

     ENVIA A LOS PROFETAS: Yahvé (2Cron 36,15-16) Jesús (Mt 23,34)

     VIDA: Yahvé (Gn 2,7; 1Sam 2,6; Job 33,4; Sal 16,11; 21,4; 36,9; 71,20) Jesús (Jn 1,4; 3,36; 5,21.26; 35.40.47.52-54; 8,12; 10,10.28; 11,25; Col 3,4; 1Jn 1,1)

     LUZ: Yahvé (Job 29,3; Sal 27,1; 36.9; 43,3; 89,15; 90,17; 118, 27; Is 2,5; Mi 7,8; 1Jn 1,5) Jesús ( Jn 1,4-9; 8,12; 9,5; 12,46)

     RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS: Yahvé (Job 19, 25-27) Jesús (Jn 11,25-26)

     Un titulo de máxima importancia, exclusivo de Yahvé en el Antiguo Testamento y aplicado a El también es el Nuevo Testamento, solo es compartido por Jesús. Este titulo es usado con tanta frecuencia para suplir el nombre de Yahvé, que acababa por convertirse en un nombre propio del único Dios: Es el titulo de Señor.

     YAHVE ES EL SEÑOR: (En hebreo Adonai, en griego Kyrios) (Dt 10,16-17; Jos. 3,11; Miq 4,13; Sal. 140,8) JESUS ES EL SEÑOR (Rm 10,9; Mt 22,43-46; Hch 2,36; Lc 1,43; 1Cor 12,3; Col 2,6; Filp. 2.11; Ap. 17-14)

     Finalmente, el mismo nombre divino YAHVE, que significa YO SOY y que Dios se aplica a si mismo en su revelación a Moisés, Jesús también se lo aplica a si mismo:
     Dios dijo: YO SOY (= YAHVE) (Ex 3,14-15) Jesús dijo: YO SOY (= YAHVE) ( Jn 8,57-58; 18,4-5)

     Para nosotros “ yo soy” no es mas que una forma verbal, pero a los judíos que escucharon a Jesús, eso les sonó como una blasfemia porque vieron que Jesús se aplicaba a si mismo el nombre divino. (Ver la reacción de los judíos en Jn 8,59 y 18,6)

     Como se ve, las pruebas bíblicas de la identidad divina entre Jesús y Yahvé son abrumadoras. ¡Y todavía se empeñan los testigos de Jehová en decir que Jesús es solo un representante de Jehová! ¿De que representado se puede decir exactamente lo mismo que del representado?.



5.   La Biblia afirma la divinidad de Cristo.

     El mayor tesoro que tenemos los católicos y que los testigos nos quieren arrancar, es nuestra fe en Cristo. Creemos que Él es nuestro único Salvador, precisamente porque es el Mediador, y es Mediador porque solo El es en si mismo verdadero Dios y verdadero hombre.

     Profundizando en el error de los testigos, podemos preguntarnos: ¿En que afecta su negación de la divinidad de Cristo al dogma de la redención de la humanidad? Los Santos Padres (escritores cristianos posteriores a los Apóstoles) decían: “No es salvado lo que no es asumido”. Esto quiere decir que Dios(en Cristo), salvo al hombre, asumiendo (haciendo suya) su naturaleza humana y uniéndola en si mismo a su naturaleza divina en la Persona del Verbo Encarnado. Por eso entre otras cosas, la sangre del hombre Jesús, derramada en la cruz, tuvo valor infinito para salvarnos.
     Ya hemos probado con la Biblia la divinidad de Jesucristo, verdad fundamental del cristianismo que niegan los testigos de Jehová. Ahora vamos a ver otros textos de la Biblia en que se afirma claramente esa verdad.
     El Verbo era Dios (Jn 1,1) Este pasaje es uno de los más claros testimonios de la divinidad de Cristo, por eso los testigos en su “biblia” falsificada traducen “un dios”.
     Jesús reclama para sí el poder divino de perdonar  el pecado, y prueba con milagro su afirmación (Mc 2,5-12)
     Jesús no proclama la Palabra de Dios como portavoz de Yahvé (como lo hacían los profetas: Is 1,1-2.10-11; Jer 1,1-2.7-9; Ez. 2,3-4), sino en nombre propio (Mt 5,21-22.27-28.31-32)
     Jesús hace milagros en nombre propio (Mc 1,4; 2,9-11; 3, 5; 5,41) y no como los apóstoles (que los hacían en nombre de Jesucristo o por la fe que se tenia en El: Hch, 3, 6; 14, 8-10)
     Jesús exige de sus perseguidores una adhesión absoluta que solo a Dios se le puede dar (Mt 10, 37; 19, 29, comparar con Dt 6, 5 y Mt 22, 37)
     A Jesús se le da gloria igual que a Dios (2 Cor 4, 6; 2 Tim 4, 18, aquí el Señor es Jesús: v v. 1 y 8; 2 Pe 3, 18; comparar con 1 Cr. 29, 11; Sal 86, 12; 104, 31)
     Jesús es la imagen de Dios invisible. Es decir, Dios, que al hacerse hombre ( Jn 1, 14), se hizo visible (Col 1, 15; Heb 1, 3).  Tiene la plenitud de la divinidad (Col 1, 19).
     Jesús afirma tener el mismo poder y divinidad del Padre (Jn 10, 37-38; 14, 8-10; 16, 15; 17, 110. 21). Los judíos entendieron muy bien que Jesús quería hacer pasar por Yahvé-Dios (Jn 5, 18; 10, 30-33; Mt 26, 65)
     Tomas confiesa la divinidad de Jesús y Jesús no lo reprende (Jn 20, 228-29; comparar con Hch 14, 11-15). Ver también los siguientes textos:
      Rm 9,5; 1 Tim 3,16; 6, 11-16; Tito 2, 13; Heb 1, 5-24).
     NOTA IMPORTANTE: Vea estos textos en cualquier traducción de la Biblia, católica o protestante, pero NO en la de los Testigos de Jehová (“Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras”), pues ellos la han falsificado descaradamente para negar la divinidad de Cristo, como lo veremos mas adelante.
     Para echar por tierra todas estas  pruebas de la divinidad de Cristo los testigos, aparte de traducirlas de otra manera en su “biblia”, mencionan algunos textos en los que Jesús aparece como inferior al Padre (Mc 13, 32; Jn 14, 28; Mt 27, 46).
     Para entender esos textos hay que recordar que Jesucristo es verdadero Dios, igual al Padre en divinidad, sabiduría, poder, eternidad, etc., (como lo hemos demostrado ya), pero también es verdadero hombre por su Encarnación (Gal. 4,4; Jn 1, 14; Lc 2, 7; 1 Cor 15, 21; Tim 2, 5) y en cuanto hombre obviamente es inferior al Padre.
     Este es el sentido del anonadamiento del Verbo (Filp. 2, 6-8)
     Por eso Jesús compartía nuestras limitaciones humanas, menos el pecado (Heb 4, 15): crecía en sabiduría (Lc 2, 52), tuvo hambre (Mt 14, 33-34), y sobre todo murió (Jn 19, 30) Jesús también resucito como hombre, no como Dios (Hch 2, 32), y también fue constituido Señor en su humanidad, pues como Dios ya lo era (Filp. 2, 9-11; Hch 2, 36; Jn 17, 5)


6.    Jesucristo es Hijo de Dios

     De acuerdo con la revelación bíblica, la Iglesia católica (y siguiéndola a ella, la mayor parte de las Iglesias cristianas) ha confesado siempre  que Dios es Trinidad: un solo Dios verdadero en el que hay tres personas distintas: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
     Esta verdad fundamental es negada hoy por dos tipos de sectas antitrinitarias.
1.    Los que confiesan la divinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, pero dicen que no son tres personas, sino tres modos de manifestarse el mismo y único Dios. Por ejemplo, la Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús (pentecostal)
2.     Los que afirman (en un error mucho mas grave) la divinidad del Padre (al que llaman Jehová), pero niegan la del Hijo y la del Espíritu Santo. Tales son los testigos de Jehová.
     Es interesante notar que todas las herejías que se dan actualmente no hacen mas que repetir, a veces al pie de la letra, herejías que se dieron en la antigüedad cristiana. Asi por ejemplo, los que pusimos en el numero 1 no son sino una reproducción del sabelianismo (o monarquismo) del siglo II. Y los del número 2 reviven, casi al pie de la letra, los errores del arrianismo del siglo IV.
     Sobre la divinidad y la personalidad del Espíritu Santo hablaremos en el tema siguiente. Veamos ahora como el Padre y el Hijo son el mismo y único Dios verdadero y al mismo tiempo dos personas distintas. Los pasos de la prueba son los siguientes:
1)    La Biblia afirma claramente que no hay mas que un solo Dios verdadero (ya lo vimos)
2)    La divinidad del Padre la reconocen las sectas mencionadas, y no la vamos a probar aquí.
3)    Jesucristo es verdadero Dios y, por tanto, es el único Dios que existe, pues no hay otro (ya lo vimos también).
4)    En el Nuevo Testamento el Padre y Jesucristo se presentan cada uno con una personalidad propia y diferente ( es lo que vamos a ver ahora).


Jesucristo no solo es Dios, sino Hijo de Dios

a)    Asi lo confesaron muchos (Mt 14, 33; 16, 16; 27-54; Mc 3, 11; 5,7; Lc 1, 32; Jn 1, 34. 499; 6, 69; Hch 3, 13.26; Rm 5, 10; 8, 3; Gal 4,4).
b)    Es cierto que en la Biblia excepcionalmente, también se les llama “hijos de Dios” a los ángeles (Job 1, 62, 1) y a los hombres (Os 1, 10).
c)    Pero la manera en que Jesús se presenta como Hijo de Dios es única y especial (Mt 11, 27, 43; Lc 22, 70-71; Jn 3, 35-36; 5, 19-47; 6, 32-40; 9, 35-38; 10, 29-38; 11, 4; 19-7).
d)    El mismo Padre atestigua la relación única que hay entre El y su Hijo (Mt 3, 17 y paralelos).
     En las dos ultimas listas de textos, c) y d), se ve claramente que el Padre y el Hijo se distinguen y que hablan el uno del otro sin confundirse.
     Si además de Cristo nosotros también somos hijos de Dios, es porque en Cristo hemos sido adoptados (Rm 8, 14-17. 29; Gal. 3, 26-27; 4,4-7; Ef 1, 5; 1Jn 3, 1-2). Pero solo Jesús es el Unigénito, el único Hijo engendrado por Dios (Jn 1,18; 3,16), y su relación con el Padre es diferente a la nuestra (Jn 16,28; 20,17)
     Ciertamente la vida de Dios infinito es una realidad inabarcable para nuestra pobre inteligencia humana (Rm 11, 33-55) y las palabras que usamos para expresar ese misterio (padre, hijo, naturaleza, persona) se quedan cortas, pues están tomadas de la realidad humana. El Concilio de Nicea (ano 325) condeno a Arrio, y expreso la doctrina bíblica diciendo que Cristo, el Hijo de Dios, es consubstancial con el Padre: Es decir, no dice solo que tiene una naturaleza igual a la del Padre - como pasa en la tierra entre el papa y el hijo sino que su naturaleza ( o sustancia) es única con el Padre, aunque sean dos personas diferentes.
     El Hijo fue engendrado (no creado, como dicen los testigos) por el Padre, en el sentido que procede del Padre desde la eternidad. Dios Padre nunca fue no-Padre, porque engendro a su Hijo desde toda la eternidad (Jn 1, 18). En este mismo sentido dice la Escritura que el Hijo es la Palabra (O verbo) del Padre. Ahora bien una palabra, antes de expresarse, ya esta en la mente, como idea (Jn 1, 1.14; 1s 55, 10-11) También la Escritura dice que el hijo es el resplandor de su gloria, e imagen de su sustancia (Heb 1, 3)
     Es imposible decir mas en este reducido espacio, pero los católicos pueden tener la seguridad de que nuestra fe siempre tendrá una respuesta precisa, segura y basada en la Biblia, para desbaratar las artimañas que los testigos de Jehová siguen acumulando contra la Santísima Trinidad.



7.   El Espíritu Santo es Dios


     La Iglesia católica ha confesado siempre, de acuerdo con la Biblia, que el Espíritu Santo es verdadero y único Dios, junto con el Padre y el Hijo, y al mismo tiempo es una Persona distinta de ellos.
     Esta verdad, que junto con la Iglesia Católica es confesada por casi todos los demás cristianos, es hoy negada por dos tipos de sectas, como lo vimos con respecto a Jesucristo a saber:
1.    Los que afirman la divinidad del Espíritu Santo, pero niegan que sea una persona distinta del Padre y del Hijo.
2.    Los que niegan tanto la divinidad como la personalidad del Espíritu Santo. Tales son los testigos de Jehová.
     Los testigos de Jehová dicen que cada vez que la Biblia habla del Espíritu Santo se esta refiriendo a un soplo o viento, poder o energía o fuerza activa de Dios. Por eso en su traducción falsificada de la Biblia (Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras) siempre escriben “espíritu santo”, con minúsculas.
     En la antigüedad cristiana hubo unos herejes que afirmaban algo parecido, era los Macedonianos. Contra estos se reunió el I Concilio de Constantinopla (ano 381) que resumió  la doctrina bíblica con las palabras que todavía confesamos en el Credo de la Misa:
     “(Creemos) en el Espíritu Santo
     Señor y dador de vida;
     Que procede del Padre y el Hijo;
     Que con el Padre y el Hijo
     Recibe una misma adoración y gloria;
     Y que hablo por los profetas”.
     En la Biblia, la palabra espíritu (ruaj, en hebreo; pneuma, en griego),  significa soplo de viento, aliento vital, espíritu, y en cada caso hay que ver cual es su significado preciso, sobre todo cuando se refiere al Espíritu de Dios o Espíritu Santo. La Biblia nos enseña que el Espíritu Santo:
1)    es una persona,
2)    distinta del Padre y del Hijo,
3)    Es el mismo y único Dios que el Padre y el Hijo ( los tres son la misma sustancia divina)
     NOTA: Hemos separado los siguientes textos bíblicos en 3 grupos para mayor claridad, pero los tres prueban las mismas verdades.
     1. - El Espíritu Santo es una Persona ( es decir: un sujeto o individuo inteligente y espiritual, capaz de obrar por sí mismo con responsabilidad. Es “alguien”, no algo”).
     Obra como persona (Hch 8,29; 13,2; 15, 28; 16,6; Rm 8, 14-16.26-27; 1 Cor 3, 16;2, 10-11; Ef 4, 30; 1 Jn 5,6; Ap. 2, 7;22,17)
     Jesús mismo trata al Espíritu como una persona, pues la palabra griega pneuma (espíritu) es neutra, por tanto el pronombre que se refiere a ella debería ser también neutro, sin embargo en Juan 16, 8. 13-14 se usa el pronombre masculino ekeinos (aquel) para referirse al Espíritu Santo.
     Al Espíritu Santo se la llama Paráclito, que quiere decir auxiliador, protector, consolador, abogado (Jn 14, 26; 16, 17) Y Jesús dice que el Espíritu Santo es otro Paráclito diferente a El mismo, que también lo es (Jn 14, 16; 1Jn 2,1)
     2. - El Espíritu Santo es presentado como alguien distinto del padre Y del Hijo: Se habla al mismo tiempo de los tres sin confundirlos. (Mt 28, 19; Mc 1, 10-11; Rm 8, 14-17; 15, 15-16. 30. 1 Cor 12, 4-6; 2 Cor 1, 21-22; 13, 13; Ef 4,3-6; 1Pe 1, 2)
     3. - El Espíritu Santo tiene los mismos atributos de Dios (por tanto es Dios)
     Se identifica con Yahvé (Hch, 5, 3-4; 28, 25-27; comparar con Is 6, 8-10; Heb 3, 7-9; comparar con Ex 17, 7 y Sal 95, 7-11) Es Señor igual que YAHVE (2 Cor 3, 16-17; Is 1, 24). Es eterno (Hch 9, 14). Esta en todas partes (Sal 139, 7-12; Jn 14, 17; Icor 3, 16). Todo lo sabe (Jn 14, 26; 1 Cor 2, 10-11)
     Con su poder, fue creado, el mundo (Gn 1, 2), la Virgen concibió a Jesús (Lc 1,35; Mt 1, 18-20), Cristo resucito (Rm 8, 11). Los profetas hablaron (2Pe 1,21), y la Iglesia es extendida gobernada y santificada (Hch, 1, 8, 20,28, Jn 3,5; Rm 8,19-16)



8.   El Padre, y el Espíritu Santo son Yahvé, el único Dios verdadero


     Los testigos de Jehová destruyen  la verdad de la Biblia al negar y combatir una de sus revelaciones fundamentales. La Trinidad.
     Dicen ellos que la palabra “trinidad” no se encuentra en la Biblia, y eso es cierto, pero la realidad de la Trinidad si se encuentra tan clara y repetida en la Biblia, que para poder negarla, ellos tuvieron que hacer su propia traducción de la Biblia, en la que falsifican y tuercen todos los pasajes que se refieren a la Trinidad.
     En los temas anteriores hemos probado la divinidad de Cristo y del espíritu Santo. En el presente tema veremos, en forma conjunta, la identidad divina de las Tres Personas.
     Veamos algunos  de los títulos, perfecciones y obras que se dicen igualmente de cada una de las tres Personas d la Trinidad. La fuerza del argumento esta e que si la Biblia le reconoce a cada Persona los atributos de Dios, es evidente que esa persona es Dios. Y precisamente el único Dios que existe, pues la Biblia no reconoce mas que uno.
     Hay que tener en cuenta que muchos de los textos siguientes que se refieren a Dios Padre, se refieren también al Dios único, simplemente, sin distinción de personas, sobre todo tratándose del Antiguo Testamento.
-    La Biblia no solo atribuye el nombre de Yahvé a Dios Padre, o a Dios en el Antiguo Testamento (Neh 9, 6-7), sino que también identifica al Hijo con Yahvé (Lc 1, 76, comparado con Mal 3, 1; Lc 3, 4-6 y Jn 1, 15,  comparados con Is 4,3), y también el Espíritu Santo (Heb 3, 7-11, comparado con Sal 95, 6-11 y Ex 17, 5-7)
-    Según la Biblia el Padre es Dios (Rm 1,7; Ef, 4, 6), pero también el Hijo es Dios (Rm 9,5; Tit 2, 13; Heb 1, 8-9; Jn 20-28, y también el Espíritu Santo es Dios (Hch 5,3-4; 7,51, comparado con 2Re 17, 14; Hch 28; 25-27, comparado con Is 6, 8-10)
-    El Padre es nuestro Señor (Sal 8, 11.9) El Hijo es nuestro Señor (Hch 2,36; ICor 8,6; Fil 2,11) El Espíritu Santo es nuestro Señor (2Cor 3, 16-17) Entonces ¿cuántos Señores tenemos los creyentes? (Mt, 6,24; Ef 4,5)
-    El Padre es eterno (Sal 90,2; 93,2) El Hijo es eterno (Heb 1, 10-12; 13,8; Prov. 8, 22-23). El Espíritu Santo es eterno (Heb 9,14)
-    El Padre es omnipotente (Gn 17, 1; Ex 6,3) El Hijo es omnipotente (Mt 28, 18; Mc 2, 10-12; Ap. 1,8) El espíritu Santo es omnipotente – tiene el mismo poder de Dios- (Lc 1,35; Hch 2,4 4,31; 9,31; Rm 15, 3.9).
-    El Padre es el Salvador (Is 43, 3.11; Lc 1,47; Tit 3,4) El Hijo es el Salvador (Mt 1,21; Lc 2,11; Tit  2,13). El Espíritu Santo es el Salvador (1Cor 6,11; Heb 9,14). La salvación es atribuida a las tres Divinas Persona (2Cor 1, 21-22).
-    El Padre es el autor de la regeneración –o nuevo nacimiento- (Jn 1, 12-13) El Hijo es el autor de la regeneración 1Jn 2, 29). El Espíritu Santo es el autor de la regeneración (Jn 3, 5-6) En la obra del nuevo nacimiento interviene la Santísima Trinidad (Tit 3, 4-6)
-    Los hijos de Dios tenemos comunión con cada una de las tres Divinas Personas, y las tres habitan en cada uno de nosotros como un templo (Jn 1,3; Fil 2, 1; 2Cor 13, 14; Jn 14, 23; Ap. 3, 20; 2 Cor 6, 16; Gal. 2, 20; Ef 3, 17; 1 Cor 3, 16-17; 6, 19; 2 Tim 1, 14)



9.   Una “biblia “ adulterada para negar a Jesucristo

     Los testigos de Jehová niegan las verdades más importantes de la fe cristiana. Durante anos trataron de “probar” sus errores manejando a su antojo las traducciones de la Biblia (católicas y protestantes) que tenían a mano. Sin embargo, a cada paso se encontraban con una dificultad: todas esas Biblias afirman precisamente lo contrario de lo que ellos enseñan. Por eso no tuvieron mas remedio que hacer su propia traducción de la Biblia, para poder “probar” con ella sus inmensos errores, especialmente para negar la divinidad de Jesucristo.
     La “biblia” de los testigos de Jehová se llama Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras. Es un verdadero fraude, una descarada adulteración de la Biblia. Sin el menor pudor suprimen o añaden palabras y tuercen el sentido original hebreo y griego según les conviene. Además, con el pretexto de ser una traducciones literal, su “biblia” esta escrita en un español rudo, extravagante y desagradable.
     Si usted toma una traducción católica ( y también no católica) de la Biblia, allí le dice quien o quienes la tradujeron. Podemos investigar la capacidad científica y la honestidad de esas personas, para saber si podemos confiar en la fidelidad de su traducción. En cambio, la Sociedad de los testigos se ha negado obstinadamente a revelar los nombres de los traductores de su “biblia”. Añádase que la traducción castellana esta hecha, no sobre los idiomas originales, sino del inglés.
     Veamos, con algunos ejemplos, como los testigos de Jehová han corrompido la verdad de la Sagrada Escritura. Consiga con sus amigos varias traducciones diferentes de la Biblia (católicas y protestantes), y también la “biblia” Nuevo Mundo de los testigos. Compare en todas ellas los siguientes textos y vera la sorpresa que se lleva:
-    Juan 1,1; el texto se refiere a Jesucristo. Los testigos lo rebajan a la categoría de “un dios”, asi con minúscula.
-    Romanos 9,5: añaden el verbo sea, y asi impiden que la palabra Dios se refiere a Cristo.
-    Tito 2,13; Pedro 1,1; añaden del antes de Salvador, para evitar la identificación entre Dios y el Salvador Jesucristo.
-    Mateo 2,11; 9, 38; 2998, 17; Juan 9,38: proskunesan en griego significa adorar de rodillas, y no rendir homenaje. De hecho, los testigos traducen bien en Mateo 4,9; Lucas 4,8; Juan 4,20.
      Comparar también Jn 7,29; 10,38; 14, 10-11; Mt 26, 26-28: se vera como los Testigos inventan palabras que cambian todo el sentido: “representante”, “en unión”, “significa”...
      ¡Increíble! Ha habido, y hay actualmente, grandes sabios, expertos en hebreo y griego, y grandes, instituciones de renombre mundial dedicadas al estudio de la Biblia. Pero ahora resulta que todos ellos no saben nada, y que los únicos que saben traducir correctamente la Biblia son esos “sabios” testigos de Jehová, que, “por humildad” quieren quedar en el anonimato. ¿Tiene sentido todo esto?
      Veamos otros ejemplos: en el Antiguo Testamento, el titulo Señor (Adonai) es un titulo divino; solo se aplica a Dios Yahvé o Jehová). Pero en el Nuevo Testamento ese mismo titulo Señor (Kyrios) se le aplica indistintamente a Dios y a Cristo, lo que  demuestra que ambos son iguales en su divinidad.
     Ahora bien, los testigos, abusando de su traducción, cada vez que en el Nuevo Testamento la palabra Señor (Kyrios) se refiere (según ellos) a Dios, la traducen por Jehová, pero cuando esa misma palabra se refiere a Cristo, la traducen por Señor. Solo que a veces ellos mismos caen en su propia trampa, como sucede en Rom14, 1-14, donde el titulo Señor se repite en griego 9 veces. Los testigos, creyendo que ahí Señor se refiere a Jehová, lo  traducen por Jehová, pero al llegar, al v. 14, lo vuelven a traducir por Señor, pues de lo contrario ¡hubieran tenido que traducir Jehová Jesús! Traducción perfecta que les hubiera echado por tierra todos sus errores, pues el v. 9 nos dice que el Señor ( del que habla todo el párrafo) ¡Es Jesús!



10.   ¿Testigos de Jehová o testigos de Jesucristo?


     Los testigos de Jehová, según ellos, quieren restablecer en la tierra el santo nombre de Dios, que en el Antiguo Testamento se presento a Moisés como Jehová (Ex 3, 14) (Ahora sabemos que  es erróneo leer las cuatro consonantes hebreas YHWH por Jehová. Deben leerse YAHVE  (Yahvé, Yavé), que significa El-Que-Es, o también EHYEH (Yo Soy), en primera persona.
     La secta dice que los verdaderos adoradores de Dios deben ser “Testigos de Jehová” como dice Isaías (43, 10) Pero con eso los testigos de Jehová se quedan anclados en el Antiguo Testamento y no logran entender, sino superficialmente, la plena revelación que Dios nos hizo en su Hijo  Jesucristo (Heb 1,1-2). Asi los testigos de Jehová, mas que una secta cristiana, son una secta judía.
     Los testigos, al igual que los judíos, niegan la divinidad de Jesucristo y con eso echan abajo la redención del hombre por la sangre de Jesucristo. El, por ser hombre, derramo su sangre (Heb 10, 19-20) y por ser Dios, ese derramamiento de sangre tuvo valor  infinito (merito infinito) para perdonar todos los pecados del mundo (Hch 20-28; Rom 5; 9; Ef 1,7; Col 1,20; Heb 9, 11-12; 10, 4-10; 1 Pe 1, 18-19; Ap. 1, 5)
     Según la idea de redención que tienen los testigos la voluntad  de Jehová de redimir al hombre la hubiera podido realizar cualquier hombre, o ángel encarnado. Pero eso no se puede admitir o por lo menos, eso no responde al plan de Dios de que nos habla la Escritura  (Rm 3, 9-10; Heb 1, 5-6; 10, 1-2)
     Jesucristo es el mismo Dios, hecho hombre o manifestado en carne humana (Jn 1, 1-4; 14, 9; 17, 22; Col 1, 15; Tit 3, 16) Por eso, por su humanidad unida a su divinidad,  y no por otra razón, Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres (1 Tim 2, 5-6), el único camino  para llegar al Padre (Jn 14, 6)
     Para los cristianos, creer en Dios (Gn 15, 6), amar a Dios (Dt 6, 5) y obedecer a Dios (Dt 7,9; Ex 24, 7), es igual que creer en Cristo (Jn 1, 13;3, 16’ Hch 16, 31), amar a Cristo (Mt 10, 37; Jn 8, 42; 1 Cor 16-22) y obedecer a Cristo (Jn 14, 5; 15, 17; Hch 5, 9). Por eso, como adoramos a Yahvé (Mt 4, 10), adoramos a Cristo (Mt 2, 11; 28, 18; Heb 1,6; Ap. 5, 12-14)
     Al negar la divinidad de Cristo, los testigos de Jehová niegan, en consecuencia, el sublime misterio de la encarnación del Verbo (Jn 1, 14), que llega a la culminación con su muerte y resurrección. La confesión de este misterio es, precisamente, lo que nos constituye como cristianos (Rm 10,9; Hch 11, 26)
     Frente a Jesucristo, que reclamaba por si la misma divinidad de Yahvé, los testigos reaccionaron con el mismo escándalo que sufrieron los judíos (Mc 2, 6-12; Jn 10,31-33), los cuales estaban tan convencidos de la trascendencia, unidad e infinitud de Yahvé Dios (Dt 4, 12,15; 6,4; Is 6, 1-15; Sal. 8, 1), que no quisieron aceptar que ese Dios se revelara después en tres Personas y que, por un misterioso e inefable designio de su voluntad, una de esas Personas quisiera hacerse hombre y morir por nosotros  en una cruz, dándonos asi Dios una prueba mas – la definitiva-  de su poder y de su amor infinitos. De ese modo, al igual que los judíos, los testigos de Jehová pretenden defender el honor de Yahvé enmendándole la plana, es decir, no tolerándoles que se salga del molde en que ellos, lectores ávidos del Antiguo Testamento, lo han encerrado y negándose a aceptarlo como el Dios siempre sorpresivo que esta mas allá de nuestros cálculos y previsiones humanas (Is 55, 8-9)
     Los testigos de Jehová, como toda secta, insisten machaconamente en muchos elementos bíblicos, pero descuidan y francamente menosprecian el núcleo central del Evangelio, es decir, el Kerigma: Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, murió por nuestros pecados, y resucitó para nuestra salvación. Solo los que invoquen su nombre, y lo reconozcan como Señor (Kyrios, Adonay) pueden ser salvos (1 Cor 15, 1-4; Ef 1,11-18; Fil 2, 5-11; Rm 5,8-11; 1Tim 2, 5-6; Hch 4, 12; 116, 31)
     Los testigos insisten en todo menos en eso. Jesucristo ocupa para ellos un lugar secundario. Comparemos los elementos básicos de la predicación de los testigos ( el nombre de Jehová, la próxima venida de su Reino, el inminente fin del mundo, el milenio y el paraíso en la tierra, los 144,000 que irán al cielo, etc.), con el Kerigma es decir, la predicación fundamental de los Apóstoles (Hch 2,22-36; 3, 12-26; 4,8-12; 5, 28-32; 8, 30-35; 13, 26-39)
     Se comprende pues,   que los testigos no son movidos por el Espíritu de Dios (1 Cor 12, 3; 1 Jn 4, 1-3), antes bien, están cegados por el “dios” de este mundo (2 Cor 4, 3-4) y son falsos testigos de Jehová, pues si no honran y reconocen la divinidad del Hijo, tampoco honran al Padre (Jn 5, 23, 1 Jn 2, 22-23)
     El plan de Dios es que nosotros, si queremos ser verdaderos “testigos de Jehová” debemos ser, ante todo, testigos de Jesucristo (Hch 1, 8, 22; 2, 32; 3, 15, 4, 33; 5, 31-32, 10, 39; 18, 5; 22,15. 18; Mt 10, 32-33; Jn 3, 26; 15, 27; 2 Tim 1, 8), pues Jesucristo y Yahvé (Jehová) son el mismo y único Dios verdadero.



11.   ¿Qué harán los testigos de Jehová después de este nuevo engaño?

     Se trata del engaño del Fin del Mundo, que los testigos de Jehová, con una verdadera obsesión, andan profetizando para los anos que van de 1984 a 1994.
     El error de los testigos de Jehová ( y de otras sectas parecidas consiste en que, echando mano de su imaginación, afirman sobre el Fin del Mundo mas detalles de los que la Biblia nos revela, y sobre todo, se atreven a señalar con mas o menos precisión la fecha en que sucederá, contradiciendo la expresa afirmación de Cristo (Mt 24, 36. 42.44)
     En sus 100 anos de historia, los testigos de Jehová han señalado como fechas del Fin del Mundo y de la Segunda Venida de Cristo, los años de 1874, 1914, 1918, 1925 y 1975. En todas esas ocasiones han fallado, y como consecuencia de esos fracasos, muchos testigos desilusionados han abandonado la secta. Pero los dirigentes de la Watch Tower, que son los principales culpables del engaño, y a quienes el mismo reditúa grandes ventajas económicas, se las han arreglado siempre para sacudirse la vergüenza y seguir adelante como si nada hubiera pasado.
     Esos fracasos los han obligado también a contradecirse una y otra vez. Cada nuevo dirigente corrige al anterior, a pesar de que todos afirman  que hablan con la mismísima autoridad de Dios, ¡Da pena ver a tantos ingenuos testigos  de Jehová moverse como veletas, según el viento que sopla desde la central de Brooklyn!
     El último fraude que han inventado es que el Fin del Mundo tendrá lugar mientras este viva la generación de 1914. Y para “probarlo” profanan la Sagrada Escritura con las mas descabelladas interpretaciones.
     1914 es para ellos una fecha clave (aunque cada vez la explican de diferente manera). En ese ano, según ellos, Cristo  comenzó a reinar en el Cielo sentándose en su trono “ a la derecha del Padre “ (Sal 110, 1-2; Ap. 12,7-12) y Satanás “fue soltado” para que hiciera mucho daño en la tierra durante el tiempo que dure la generación que nació en 1914 o que ya vivía  en ese año (Mt 24, 34) Antes de que termine ese plazo, Cristo vendrá y  aniquilara, en la Batalla del Harmagedon (Ap. 16, 14. 16), los falsos sistemas de este mundo, que son los gobiernos y las regiones. Entonces establecerá  en la tierra un gobierno de mil anos (Ap. 20, 2-4) en un paraíso terrenal. Al final de ese milenio habrá una segunda prueba, y los que resulten fieles (“la gran muchedumbre”: Ap. 7, 9), se quedaran a vivir para siempre en ese paraíso terrenal, mientras que los malos serán aniquilados (pues según ellos el infierno no existe)
     El comienzo de todo esto será, pues, antes de que se acabe la generación de 1914. Y como según el Salmo 90 la vida del  hombre dura de 70 a 80 anos, de aquí se sigue que la generación del 14 comenzó a desaparecer en 1984 y prácticamente no existirá en 1994. Por tanto  el Fin del Mundo sucederá entre estas dos fechas, pero más cerca de la primera que de la segunda.
     Como se ve, después de tantos fracasos, los testigos de Jehová ya no se atreven a señalar un ano preciso para el Fin del Mundo, y ahora dejan la fecha un poco indefinida. Pero en todo caso su nuevo fracaso será evidente a mas tardar en 1994, ¿Qué inventaran entonces los dirigentes de la Torre?
     Para reforzar sus vaticinios, los testigos manipulan todavía mas la Biblia haciéndonos creer que en este tiempo que corre, mas que en ningún otro, se están cumpliendo las señales que Cristo profetizo como preludio del Fin del Mundo: Guerras, hambre, terremotos y peste  (Mt 24, 7; Mc 13, 8; Lc 21, 10-11). Y llegan al colmo de afirmar que solo ahora, gracias a ellos, el Evangelio se esta predicando en todo el mundo, cumpliéndose con esto otra señal dada por Cristo (Mt 24, 14).
     La razón del presente tema es la siguiente:
     QUE LES QUEDE BIEN CLARA A TODOS LOS CATÓLICOS LA FECHA QUE  PONEN LOS TESTIGOS PARA EL FIN DEL MUNDO, PUES CUANDO PASEN ESTOS ANOS SEGURAMENTE LOS TESTIGOS SE VAN A QUERER ESCABULLIR DICIENDO QUE ELLOS  NO DIJERON NADA, Y RETIRARAN DE LA CIRCULACIÓN LOS LIBROS QUE LOS COMPROMETEN, COMO LO HAN HECHO EN OTRAS OCASIONES.
     Cuando este nuevo fraude quede al descubierto ¿tendrán los testigos de Jehová la suficiente humildad para volver a visitar  nuestros hogares y reconocer su error y la falsedad de su secta?.1*



1* Todas las afirmaciones consignadas en este tema están rigurosamente tomadas de los escritos de los testigos de Jehová. Por la brevedad del espacio se han omitido muchos datos.



12.   ¿Esta cerca el Fin del Mundo?


     El Fin del Mundo, junto con la Segunda Venida de Cristo, es uno de los temas en que más insisten algunas sectas que hacen proselitismo entre los católicos. Para algunas este tema constituye una verdadera obsesión, por ejemplo, los adventistas, los testigos de Jehová, algunos grupos bautistas y pentecostales.
     El hecho de que esas sectas anuncien con tanta insistencia el Fin del Mundo, puede llevar a los católicos a pensar que todo lo que se refiere a este tema es también un error. Por eso, lo primero que hay que aclarar es que el Fin del Mundo pertenece al mensaje central de Jesucristo y desde siempre ha formado parte de  la de la Iglesia católica.
     Lo que pasa con esta verdad, como con otras que también pertenecen a la Iglesia católica, es que las sectas la desligan del conjunto de la Revelación divina, la distorsionan y la  convierten asi en una herejía.
     Las sectas se han contaminado la verdad del Fin del Mundo con detalles sacados, no de la Biblia, sino  de su propia imaginación. Entre estos, el mas importante es el que se refiere a la fecha  del Fin del Mundo, que se señalan con precisión, o aseguran que ya esta muy próxima.
     Para no dejarnos engañar, pues, por falsos predicadores (2 Pe 3, 16), veamos, en una apretada síntesis, que nos enseña la Biblia sobre esas realidades finales.
     Este mundo en que vivimos (la tierra, el universo, la humanidad) no es cierto, tendrá fin (Sal  72, 5; 105, 25-26; Mt 5, 18) El Fin del Mundo consistirá  en la destrucción final del mal: el pecado, el dolor, la muerte (Mt 13, 39-40. 49; 1 Cor 15, 24-26). La Biblia presenta esa destrucción con figuras literarias, propias del lenguaje apocalíptico, que indican la magnitud, la fuerza y la rapidez con que van a suceder (Joel 2, 10.31; Is 13, 9-10; Mt 24, 29; Ap. 6, 12-14)
     Pero el mundo en cuanto tal, lo mismo que nuestro cuerpo, no serán destruidos para siempre, sino purificados y  transformados (Hch 3, 21; Rm 8, 11. 19-23; 1 Cor 15, 35-49; Ef 1, 9- 10; 2Pe 3, 13; Ap. 21, 1015).
          Toda esa realidad perfecta y definitiva la presento Jesús con el concepto fundamental del Reino de Dios (Mt 5, 3; 6, 33; Hch 1, 3) Pero ese Reino ya comenzó a ser una realidad en la tierra desde la encarnación del Hijo de Dios. Él es un anticipo del Reino (Mt 3,2; 4,17; 10,7) También la Iglesia Cuerpo de Cristo, es ya una avanzada del Reino de Dios en medio de este mundo. En la medida que se predica el Evangelio y los hombres aceptan a Cristo, el Reino va creciendo (Mt 12,28; 13,24.31.33; Mc 12,34; Lc 17,20-21)
     El Reino de Dios llegara a su plenitud y consumación cuando Jesucristo venga por segunda vez, pero esto hay que entenderlo bien. Cristo, en realidad ha seguido estando siempre con nosotros (Mt 28,20), y su presencia se hace realidad cada vez que, individual y comunitariamente, nos entregamos a El (Gal. 2,20; Mt 18,20) Su segunda venida consistirá, mas bien, en que se manifestara visiblemente con toda su gloria y poder divinos, para juzgar a los vivos y a los muertos. (Mt 25,31-33; Tit 2,13; 2Pe 4,13)
     Un momento parcial de esta segunda venida gloriosa de Jesús se da cuando a cada uno le llega la muerte, en la que se decide, mediante el juicio particular, nuestra salvación o condenación eternas ( Fil 1,19-21; 2Tim 4,6-8; 2Or 5,1-10; Lc 16,22-23)
     Y ahora, la Gran Pregunta:
     ¿Cuándo será el Fin del Mundo y la Segunda Venida del Señor? Por lo anterior se deduce que estas son realidades que ya se están dando. Sin embargo, tendrán un momento final y conclusivo (Hch 1,11) De la fecha de este momento final no sabemos absolutamente nada. Cristo quiso dejarla en la incertidumbre total. Puede suceder ahora mismo o dentro de mil años o más (Mt 24 3,36; Hch 1,6-7; 1Tes 5,1-2)
     Lo que si sabemos que esta es la última etapa de la humanidad. La nueva y definitiva Alianza de Dios con los hombres (Heb 1,1-2; Gal. 4,4; Ef 3,8-9; Mt 26,27-29; 1Pe 1,20; 1Jn 2,18) El Fin del Mundo esta siempre “a la vuelta de la esquina”. Por eso las “señales del fin del mundo” (Mt 24,7; Mc 13,8; Lc 21,10-11; Mt 24,14; 2Tes 2,3; Rm 11,25-26) son fenómenos que se están dando a lo largo de esta ultima etapa de la humanidad en que nos encontramos.
     San Pedro nos dice que la tardanza de Cristo se debe a que para El mil años son como un dia y, porque espera pacientemente que todos los hombres se arrepientan (2 Pe 3,8-15) Al no revelarnos la hora de su venida, el Señor nos exhorta a permanecer siempre vigilantes (Mt 24,42-44; 25,1-13) Esa vigilancia consiste en vivir santamente haciendo fructificar la gracia que nos trajo el Señor en su primera venida (2Pe 3,11.14; Mt 25,14-30) De esta manera apresuramos esa venida del Señor, que debemos desear y pedir ardientemente. (2Pe,3,12; Ap. 22,17.20) 

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2 abril 2011 6 02 /04 /abril /2011 03:43

 

 

 QUE SE SEPA LA VERDAD, LA PERSECUSIÓN RELIGIOSA EN MÉXICO REPRESENTA UN ACONTECIMIENTO TRÁGICO EN LA HISTORIA DE NUESTRO PAÍS. EL GOBIERNO REVOLUCIONARIO Y ANTICATÓLICO PERSIGUIÓ A LA IGLESIA Y AL PUEBLO DE MÉXICO POR CREER EN JESUCRISTO Y EN LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA E HIZO MÁRTIRES PARA LA ETERNIDAD.

 

VIVA CRISTO REY !!!

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