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Presentación

442px-Emblem of the Papacy SE svgBienvenido a este blog de actualidad religiosa,de filosofía, de combate de la Verdad contra la secta modernista del "Concilio Vaticano II", de honor, amor y fidelidad al Magisterio infalible de la Santa Iglesia Católica, y de discusión sobre la actualidad de Méjico.
   Este blog pretende también reunir las direcciones de los centros de Misa y de sacerdotes NON UNA CUM, celebrando el Santo Sacrificio en total desunión a "Benedicto XVI" en México.

   No reconocemos, pues, la legitimidad de la autoridad de los "Papas del Concilio" Vaticano II. Estamos ciertos de que solamente esta posición, también llamada sedevacantismo, es la posición teológica que responde perfectamente a la situación actual de la Autoridad en la Iglesia, en particular detallada por la Tesis de Cassiciacum.

   Le invitamos a leer nuestro blog detalladamente. Permítanos presertarle nuestra postura teológica.

   Sea a la mayor gloria de Dios: 


El equipo de México y Tradición

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28 septiembre 2010 2 28 /09 /septiembre /2010 05:31

Non fecit taliter omni nationi !!!

 

 

Viva la Virgen de Guadalupe Reina de México

y Emperatriz de América !!!

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5 septiembre 2010 7 05 /09 /septiembre /2010 06:19

CRISTO FUNDO UNA SOLA IGLESIA

LA IGLESIA CATÓLICA

Pruebas bíblicas e históricas

 

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Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, dio su vida en la Cruz para salvar a los hombres del pecado y del poder del demonio. Fundó su Iglesia para continuar su obra de salvación. Única y exclusivamente a esta Iglesia que Él mismo fundó, confió su misión, su Evangelio, su autoridad y sus poderes divinos para predicar, bautizar, hablar en su nombre y salvar a los hombres. Sin embargo, dieciséis siglos después de Cristo, Martín Lutero, un sacerdote católico excomulgado por sus  graves errores en materia de fe, inventó la teoría de la libre interpretación de la Biblia. Este libre examen produjo unas 36,000 sectas diferentes y opuestas, que sin ningún derecho se apropiaron del Evangelio, utilizándolo contra la legítima Iglesia. Para hacerse aceptar, todas estas sectas destructoras de la Iglesia legítima, pretenden ser de Jesucristo. Hoy en día muchos fundan “su iglesia” y “predican la Biblia” a su modo, haciendo “discípulos” y sembrando confusión y división entre los católicos.

                ¿ Todo esto sería fruto del Espíritu Santo de Cristo? ¿Reconoce Cristo a estas 36,000 iglesias como suyas o las rechaza? puesto que Él no las fundó y a nadie dio autoridad para fundarlas? Frente a la confusión provocada por las sectas, para no dejarse engañar y perderse eternamente (Mateo 7, 15-23) ¿cómo saber con certeza cuál es la verdadera Iglesia que Cristo fundó? Este  asunto necesita reflexión, mucha buena voluntad y humildad.


Cristo fundó la Iglesia Católica


Toda persona que es lógica y cree en lo que dice la Biblia y quiere hacer la voluntad de Dios, debería aceptar los principios siguientes:

1.  Cristo no escribió una Biblia, sino que fundó una Iglesia: formó hombres y los mandó a hablar y actuar en su Nombre (Mateo 28, 19; II Timoteo 2, 2).

2 La Iglesia que Cristo fundó debe necesariamente tener 21 siglos de existencia, puesto que Cristo vivió hace más de 2000 años en esta tierra.

3. Únicamente la Iglesia que tiene 21 siglos viene de Cristo, es la iglesia legítima, la que escribió la Biblia, la que recibió el Espíritu Santo.

4. Ahora bien, la historia nos dice que la Iglesia Católica, es decir, la Iglesia cristiana universal, es la única Iglesia que tiene 21 siglos, y que esta misma Iglesia viene de los Apóstoles, a través de sus legítimos sucesores. Desde San Pedro, martirizado en el año 67 en Roma por el emperador romano Nerón, hasta el Papa Benedicto XVI, esta Iglesia tiene un jefe, representante de Cristo y sucesor de San Pedro, ahora llamado Papa.

5. Únicamente la Iglesia Católica, que ha tenido 265 Papas, puede proporcionarnos una lista de sus jefes, desde San Pedro hasta el Papa actual. Ninguna otra iglesia puede ofrecernos esta lista de la sucesión apostólica. Si no puede mostrarnos este documento, significa que fue fundada después; y si fue fundada después, no es una iglesia legítima, ni verdadera ni bíblica; no puede ser obra de Cristo; si no es obra de Cristo, esta “iglesia” fundada por supuestos profetas, no puede ni predicar correctamente el Evangelio, ni santificar ni salvar, aunque afirme ser de Cristo (Mateo 7, 15-23). Es un instrumento de perdición que confunde la gente, ya que Cristo afirma que habrá supuestos “profetas que extraviarán a muchos” (Mateo 24, 11).

6. Cristo, por ser Dios, no puede equivocarse ni engañarnos: prometió a sus Apóstoles y a sus sucesores que Él estaría con ellos hasta el fin del mundo y que las fuerzas del mal no podrían prevalecer contra su Iglesia (Mateo 28, 17-19). Por consiguiente, pretender que la Iglesia verdadera se acabó en el siglo cuarto y que el emperador Constantino “fundó la Iglesia Católica”, es antibíblico y antihistórico; es una afirmación indigna de un hombre sensato.

7 Los que inventan supuestas iglesias desobedecen a Cristo y sus legítimos representantes a quienes Él dijo: “Quien a vosotros escucha, a Mí me escucha y quien a vosotros rechaza, me rechaza a Mí; ahora bien, quien me rechaza a Mí rechaza a Aquel que me envió.” (Lucas 10, 16).

8. A los que rechazan la Iglesia Católica, pero se sirven de la Biblia, que la misma Iglesia Católica recibió, escribió, y nos la transmitió durante dieciséis siglos, decimos: Cristo, por ser Dios, es sabio y prudente, no dejó la Biblia como una manzana de la discordia entre sus discípulos y los  que se hacen pasar por sus discípulos fundando sectas.  Cristo fundó una Iglesia, dejó un representante, que fue San Pedro y sus legítimos sucesores, para predicar, interpretar y defender su Evangelio contra los manipuladores de la Biblia (II Pedro 1, 20; Gál. 1, 8; II Cor. 11, 13-14). La Biblia en manos de los fundadores de sectas, no puede defenderse, no tiene boca para desmentir las falsas interpretaciones y malas aplicaciones.

9. La Iglesia verdadera necesariamente es UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA y debe tener 2000 años; debe tener la misma fe, la misma moral, la misma autoridad mediante la legítima sucesión apostólica y la misma enseñanza, desde Cristo hasta hoy. Ahora bien, aparte de la Iglesia Católica, ninguna de las 36 000 iglesias protestantes cumple con estas condiciones (Juan 17, 20).


La Biblia nos habla de una Iglesia


                San Pedro, después de haber declarado que Cristo es el Hijo de Dios vivo, recibe del propio Cristo esta respuesta: “Yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré MI IGLESIA, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del reino de los cielos: todo lo que atares sobre la tierra, será atado en los cielos, y lo que desatares sobre la tierra, será desatado en los cielos.” (Mateo 16, 17-19).

                Nuestro Señor dice mi Iglesia, no dice mis iglesias. Aunque la Iglesia esté en el mundo entero, es una. Jamás de los jamases nuestro Señor habla de varias iglesias. Al contrario, nos advierte de no dejarnos engañar por supuestos profetas. Así como Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2, 5), así la Iglesia Católica es la única Iglesia que conduce a Jesucristo, puesto que ella sola fue fundada por Él, para continuar su obra. Ella sola recibió al Espíritu Santo y la promesa de ser asistida por Él hasta el fin del mundo (Hechos 1, 8; Mateo 28, 20); ella sola es “la Iglesia del Dios viviente, columna y sostén de la verdad” (I Timoteo 3, 15); ella sola es la Iglesia de los Apóstoles, la iglesia de la cual habla la Biblia. Separarse de ella es renunciar a Cristo. Que esta Iglesia tenga hijos o ministros buenos o malos es otro asunto.

                Cristo, Pontífice y Sacerdote supremo del Nuevo Testamento (Hebreos 4 y 5), formó a los Apóstoles y les comunicó sus poderes. Los Apóstoles que son los enviados y depositarios exclusivos de la autoridad de Cristo, antes de morir dejaron sucesores legítimos, esto es, formaron otros presbíteros y obispos, a quienes dieron el poder y la misión de predicar conforme a la Fe que ellos recibieron, predicaron y transmitieron ( II Timoteo 2, 2). Desde el siglo I hasta el XXI, siempre la Iglesia Católica tuvo sacerdotes, obispos y papas. Ella sola tiene esta sucesión apostólica legítima. San Pablo escribe a su discípulo, el obispo Tito: “Te he dejado en Creta [isla griega] para que arregles las cosas que faltan y para que constituyas presbíteros en cada ciudad, como yo te ordené” (Tito 1, 5). Los presbíteros son los sacerdotes. El mismo San Pablo dice a los fieles de la ciudad de Corinto: “Os alabo porque observáis las tradiciones conforme os las he transmitido (I Cor. 11, 2). “Mantened firmemente las tradiciones en que fuisteis adoctrinados, ya sea de viva voz ya sea por carta nuestra (II Tesalonicenses 2, 15). Una secta que nació 2000 años después no ha visto nada, no recibió nada, no escuchó nada, no tiene ninguna tradición apostólica ni legitimidad. La palabra tradición viene del latín; significa transmisión y entrega del mensaje de Cristo, comunicado oralmente o por escrito (II Juan 12; III Juan 13). Por ejemplo por la Tradición sabemos que hay cuatro evangelios. En la Iglesia Católica, los fieles con sus presbíteros observaron lo que les fue transmitido, y ellos lo transmitieron, bajo la vigilancia de los obispos, a la generación siguiente; así fue desde el siglo I hasta hoy.

                 La más antigua secta protestante fue fundada por un sacerdote católico Martín Lutero, 1521 años después de Cristo. Ahora bien, los protestantes, que nacieron dieciséis siglos después de los Apóstoles, nunca los conocieron ni los escucharon ni recibieron una Biblia o misión de ellos. De ninguna manera pueden saber la correcta interpretación de la Biblia, que es el libro Sagrada de la Iglesia Católica y Apostólica. San Pablo dice: “Aun cuando nosotros mismos, aun cuando un ángel del cielo os anuncie un evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea maldito. Lo dijimos ya, y ahora vuelvo a decirlo: Si alguno os predica un evangelio distinto del que recibisteis, sea anatema. (Gálatas 1, 8-9). Toda interpretación de la Biblia que contradice la Fe católica y apostólica de 2000 años es un evangelio distinto. Todas las sectas predican un evangelio diferente del que predicaron los Apóstoles y sus legítimos sucesores. Esto es sumamente grave para ellas y sus víctimas.

                Hablando de los predicadores no autorizados por la legítima Iglesia, San Pablo dice: “Esos tales son falsos apóstoles, obreros engañosos, que se disfrazan de apóstoles de Cristo. No es maravilla, ya que el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz. No es mucho, pues, que también sus ministros se disfracen de ministros de justicia; su fin será el que corresponde a sus obras” (II Cor. 11, 13-14). Esto es algo tremendo e increíble. Sin embargo Cristo dijo: “Se levantarán muchos falsos profetas que engañarán a muchos […] y obrarán grandes señales y prodigios....” (Mateo 24, 11, 24). Los falsos profetas harán incluso falsos milagros.


La verdadera Iglesia es católica y apostólica


                Cristo mandó a sus Apóstoles y sucesores anunciar su Evangelio (Mateo 28, 20). Los Apóstoles predicaron y dejaron representantes. San Pablo escribe a Timoteo, a quien consagró Obispo: "Lo que oíste de mí transmítelo a hombres fieles, los cuales serán aptos para enseñarlo a otros" (II Timoteo 2, 2). En la Iglesia Católica, desde San Pablo los obispos transmitieron a otros obispos lo recibido y los dejaron como guardianes de este depósito de la Fe (I Timoteo 6, 20).

                Las palabras Iglesia y Católica vienen del griego y significan la asamblea universal de todos los fieles cristianos. Decir católico y decir cristiano es la misma cosa. “La Iglesia dijo San Agustín es el pueblo cristiano esparcido por toda la redondez de la tierra”. Desde el año 107, San Ignacio mártir, segundo Obispo de Antioquía de Siria, después de San Pedro, utilizó el término Iglesia Católica hablando de las iglesias fundadas por los apóstoles.

                La historia nos dice que los rusos y griegos “ortodoxos”, por ejemplo, se separaron de la Iglesia Católica en el año 1054. Los protestantes  y evangélicos empezaron con Martín Lutero a partir de 1521. Los anglicanos fueron fundados en 1534 por el rey de Inglaterra, Enrique VIII, porque el Papa no le permitió divorciarse. Todas las demás sectas nacieron de la revolución luterana. Los Testigos de Jehová fueron fundados en Estado Unidos en 1871 por Carlos Taze Russell; los Mormones en 1830 por Joseph Smith; los de la supuesta “Luz del mundo” en 1926 por Eusebio Joaquín González en México. Los que se llaman “cristianos” son protestantes disfrazados. De todas estas sectas, ninguna tiene 2000 años, ninguna viene de los Apóstoles. Ahora bien, si Cristo no las fundó ¿qué garantía de veracidad y legitimidad pueden tener? Absolutamente ninguna. Al contrario, la Biblia, la historia, el sentido común y la justicia las condenan como usurpadoras de misión y función (Jeremías 23, 21, 25).

En conclusión, Cristo, fundador de la Iglesia Católica y Apostólica  nos advierte: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestiduras de ovejas; mas por dentro son lobos feroces… No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos; mas el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, éste entrará en el reino de los cielos. Muchos me dirán en aquel día (del Juicio): Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu nombre, en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre obramos muchos prodigios? Y entonces les declararé: nunca jamás os conocí; apartaos de mí los que obráis la iniquidad” (Mateo 7, 15-23).

En la crisis actual muchos de buena fe están en las sectas, pensando estudiar la Biblia. Sin embargo, se separaron de la Iglesia de Cristo para seguir iglesias ilegítimas que no tienen la autentica interpretación de la Biblia y que no salvan. La solución es regresar a la Iglesia fundada por Cristo, la que es Una, Santa, Católica y Apostólica.

Un sacerdote católico

 

Para saber más y escuchar testimonios de ex-pastores ahora católicos ver

www.fernando-casanova.com/ALIANZA_FORMATIVA.html;

http://www.defiendetufe.org/Testimonios.htm

sus comentarios a : email losdefensoresdelafecatolica@gmail.com

o dios.nuncamuere@hotmail.com

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19 junio 2010 6 19 /06 /junio /2010 21:49

EL ISLAM SEGÚN EL CORÁN Y LA HISTORIA


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Después de los atentados de las Torres Gemelas el problema del Islam cobró nueva actualidad. Si en pleno siglo XIX estaba en franca decadencia, hoy avanza en todo el mundo, sobre todo en los países cristianos. Las mezquitas aparecen en los lugares más insólitos de Latinoamérica.

Ciertos católicos y los políticos de todo color favorecen peligrosamente la expansión del Islam. Creen que ciertos slogans de paz, fraternidad y amistad pueden hacer cambiar la doctrina, los hechos y la mentalidad de los musulmanes. No nos engañemos: el Corán y el islamismo no cambian nunca.

Es preciso evitar ese tipo de ilusiones y saber bien qué es y en qué consiste el Islam.

LA PRENSA Y EL ISLAM

La prensa suele hablar del Islam sin conocerlo realmente. A resultas de los atentados, la revista “Semanario”, órgano de formación e información católica de la arquidiócesis de Guadalajara, México, publicó varios artículos. El periódico tiene el deber de formar e informar objetivamente a los lectores. Ahora bien, hablar del mahometismo con un vocabulario cristiano y considerarlo como un casi cristianismo es hablar con ligereza, peligrosa y engañosamente. Presentarlo como una religión de paz es fruto de una simple buena intención. Pero las buenas intenciones no cambian la naturaleza del Islam o del Corán, que manda a hacer la guerra santa en nombre de Alá.

A propósito de los atentados el Papa Juan Pablo II se preguntaba: “¿Cómo se pueden verificar episodios de tan salvaje crueldad?”. La respuesta está en el Corán: “Cuando encontréis a los infieles matadlos hasta el punto de hacer con ellos una carnicería (...) Los que hayan sucumbido en el camino de Alá (en la guerra), Alá los introducirá en el paraíso” (…) “¡Oh creyentes! Si asistís a Alá en su guerra contra los malvados, él también os asistirá y dará firmeza a vuestros pasos. En cuanto a los incrédulos, ojalá perezcan” (Corán, LXVII, 4-5, 7-9).

La mejor manera de saber qué es el “terrorismo islámico” consiste en tomar en serio todo lo que dice el Corán. No hay que dividir a los musulmanes en los buenos “moderados” y en los malos “fanáticos-extremistas”. Todos los musulmanes tienen los mismos principios: el Corán, el ejemplo de Mahoma y la historia del Islam. Los musulmanes que hacen la guerra quieren cumplir la voluntad de Alá y ejecutar una obra meritoria. La doctrina islámica los respalda e incita a actuar de esa manera.

El semanario en cuestión publicó unos versículos del Corán que hablan de la paz, sin mencionar ni uno de los muchos que hablan de la guerra santa o jihad. El autor quiere vender una versión edulcorada del Islam, adaptándolo al ambiente actual: ecumenismo, libertad, derechos humanos, fraternidad. Eso nunca existió ni existirá en el Corán.

¿QUÉ ES EL ISLAM, QUIÉN LO FUNDÓ?

El Islam fue fundado por Mahoma en Arabia, 622 años después de Cristo. San Juan Damasceno (650-750), que vivió en la Siria conquistada por los árabes en 634, en su “Libro sobre las herejías” escribió: “Hay también la religión de los ismaelitas [árabes] que domina todavía en nuestros días, extravía a los pueblos y anuncia la venida del Anticristo”. Se levantó entre los árabes idolatras “un falso profeta, llamado Mahoma, que después de tomar conocimiento del Antiguo y Nuevo Testamente, y haber frecuentado probablemente a un monje arriano [que niega la divinidad de Cristo] fundó su propia herejía. Después de haberse ganado el favor del pueblo simulando la piedad, insinuó que una Escritura venida del cielo le fue revelada por Dios. Habiendo redactado en su libro unas doctrinas risibles, transmitió a los árabes esta manera de adorar a Dios”.(1)

En el siglo VII todos los pueblos mediterráneos eran cristianos y la península arábiga estaba bastante evangelizada. Sólo quedaban unas tribus paganas. Mahoma pretendió tener revelaciones de Alá y se proclamó profeta. Los comerciantes de La Meca lo rechazaron. En 622 tuvo que refugiarse en la ciudad de Yatrib (la cual hoy se llama Medina) y allí logró atraer a algunos hacia su religión. La comunidad judía de Yatrib no lo reconoció como profeta. Por eso Mahoma la castigó. La enemistad entre judíos y musulmanes data de aquel entonces.

Cuando Mahoma pudo fortalecerse, se lanzó a asaltar ricas caravanas junto a sus compañeros. Hizo la guerra y se proclamó jefe religioso, civil y político de los árabes. Por esa razón en el Islam no hay distinción entre la religión y la política, entre lo civil y lo religioso.

En 630, acompañado de sus huestes, conquistó la ciudad de La Meca. Bernardino Llorca escribe: “Podemos, pues, afirmar que el verdadero origen de las llamadas inspiraciones de Mahoma, las verdaderas fuentes inspiradoras del Corán y del Hadiths (dichos de Mahoma), son: en primer lugar, la voluntad dominadora y, por consiguiente, una política sin escrúpulos por parte de Mahoma, que para conseguir su ideal de dominio no se arredraba ante ninguna dificultad ni crimen alguno, y por lo mismo, organizó la guerra santa o guerra de exterminio de todos los que se oponían al triunfo de su ideología”.(2)

Mahoma fue el fundador de la guerra santa. De hecho, “lo nuevo que trajo Mahoma fue, además de su religión, este impulso hacia afuera [de Arabia], un ansia desbordante de conquista, que lo convirtieron a él y a su pueblo en verdaderos conquistadores religioso-políticos”.(3)

Mahoma se consideró como el último y el mayor de todos los profetas. Los musulmanes lo tienen como tal. El Corán es considerado como la última revelación divina y acusa a cristianos y judíos de haber falsificado la Biblia.

Mahoma murió en 632 después de haber sometido a su poder la península arábiga uniendo las tribus árabes belicosas y nómadas acostumbradas al pillaje de las naciones vecinas. A su muerte lo sucedieron Abû Bekr y después Omar, quienes se entregaron al pillaje de Siria. Una simple operación de razzia se transformó en una conquista definitiva y dio nacimiento de un imperio anticristiano sobre las ruinas de la antigua cristiandad, sabiendo capitalizar las divisiones surgidas entre los cristianos después de los concilios de Éfeso (431) y Calcedonia (451) que condenaron el nestorianismo y el monofisismo.

EL ISLAM NIEGA Y COMBATE EL CATOLICISMO

El dios del Islam, Alá, que habla en el Corán, niega y condena absolutamente la Santísima Trinidad, la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo y la redención por la cruz; califica a la Iglesia y a sus representantes de meros infieles:

Negación de la Trinidad: “No digáis: Hay trinidad. Cesad de hacerlo. Esto os será más ventajoso, pues Alá es único. Gloria a él. ¿Cómo tendría un hijo?” (Corán, IV, 169).

Aquellos que creen en la Trinidad son infieles: “Infiel es el que dice: Dios es el tercero de la trinidad, en tanto que no hay más Dios que el Dios único. Si no cesan (…) en verdad un castigo doloroso alcanzará los infieles” (Corán, V, 77).

Cristo es un puro hombre: “Jesús es a los ojos de Alá, lo que es Adán. Alá lo formó del polvo y luego le dijo: Sea y fue” (Corán, III, 53).

Los cristianos son infieles: “Infiel es el que dice: Dios es el Mesías [Cristo], hijo de María” (Corán, V, 76). “Los cristianos dicen: el Mesías es hijo de Dios. Tales son las palabras de sus bocas; al decirlas se semejan a los infieles de otro tiempo. ¡Que Dios les haga la guerra!” (Corán, IX, 30).

Negación de la crucifixión: “Los judíos dicen: Hemos condenado a muerte al Mesías, a Jesús, hijo de María, al enviado de Alá. No, no lo han matado, no lo han crucificado; un hombre que se le parecía fue puesto en su lugar, (...) no lo han matado realmente. Alá lo ha elevado a él” (Corán, IV, 156).

El Corán debe reemplazar la Biblia: Alá “ha enviado a su apóstol [Mahoma] provisto de la dirección y de la verdadera religión, para elevarla por encima de todas las religiones” (Corán, XLVIII, 28).

EL CORÁN Y LA GUERRA SANTA ISLÁMICA

No se puede entender lo que pasa hoy y lo que pasó con el Islam desde su nacimiento sin considerar al Corán como punto de referencia de la mentalidad, del derecho, de la política y de la actitud de los musulmanes. Tratar de “fanáticos” a los musulmanes que toman el Corán en serio es una muestra de suma ignorancia. Todos los musulmanes están perfectamente de acuerdo en que el Corán es la verdad divina comunicada a los hombres. En toda religión el fundador es un modelo que debe ser imitado.

Sus primeros compañeros son los que realmente saben explicar y transmitir lo que enseñó el fundador. Su actuación y sus palabras son ejemplos que los secuaces deben reproducir. Ahora bien, si Mahoma, el fundador, y sus primeros lugartenientes, los califas, fueron hombres pacíficos, entonces los “terroristas” de hoy no serían verdaderos musulmanes, sino “extremistas” que deforman la religión islámica.

Sin embargo, la historia nos enseña todo lo contrario. Mahoma y los califas sometieron por la fuerza primero a toda Arabia y después, aprovechando de las divisiones entre cristianos, conquistaron por medio de la guerra a Siria, Palestina, Egipto, Libia, Túnez, Argelia, Marruecos, casi toda España, Portugal, hasta el sur de Francia, Turquía, Irak, Irán, Armenia, y Afganistán hasta la India. La guerra es el medio principal de difusión del Islam.

Por eso, los que hoy son llamados “terroristas” son en realidad los verdaderos musulmanes. Quieren practicar su religión e imitar a su profeta, conquistando a sangre y fuego al mundo para el Islam. Ni más ni menos que lo que hicieron los primeros musulmanes con la guerra santa.

La guerra santa es para el Islam lo que las misiones son para el catolicismo. Se dice de Mahoma que intervino en unas ochenta batallas. El Corán incita a la guerra santa más de cien veces. Quizás hay musulmanes que no quieren matar ni hacerse matar. Ése no es el problema. Lo que interesa es lo que es la doctrina musulmana considerada como revelación divina y lo que los musulmanes piadosos piensan hacer como obra de bien, poniendo en práctica esa misma enseñanza.

He aquí algunas citas al respecto: “Combatid en la senda de Dios [=haced la guerra santa por la causa de Alá] (…) Matadlos doquiera que los halléis y expulsadlos de donde ellos os han expulsado. La tentación de la idolatría es peor que la carnicería de la guerra” (Corán, II, 186-7); “Se os ha prescrito la guerra”, (Corán, II, 212); “Si no marcháis al combate, Alá os castigará con un castigo doloroso; os reemplazará por otro pueblo” (Corán, IX, 39); “¡Oh creyentes! Combatid a los infieles que os rodean; que hallen siempre en vosotros una acogida ruda” (Corán, IX, 124); “Cuando encontréis a los infieles, matadlos hasta el punto de hacer con ellos una carnicería y estrechad fuertemente las trabas de los cautivos. Luego ponedlos en libertad o entregadlos mediante un rescate cuando la guerra haya cesado. Obrad así” (Corán, LXVII, 4 y ss.); “No mostréis cobardía y no llaméis a los infieles a la paz cuando sois los más fuertes y Alá está con vosotros” (Corán, 47, 37); “Combatid a los infieles hasta que no haya ya tentación (de idolatría) ni más culto que el del Dios único” (Corán, VIII, 40); “No os deis tregua en la persecución de vuestros enemigos” (Corán, IV, 105).

EL “DHIMMI”, CRISTIANO SOMETIDO EN EL ISLAM

Entre cristianos y musulmanes nunca hubo igualdad de derecho. Los cristianos que se defendían eran reducidos a esclavitud o directamente asesinados; los que se rendían sin luchar y entregaban sus ciudades eran considerados “dhimmi”, o ciudadanos de segunda clase, que debían ser humillados, pagar tributos especiales, servir al Islam y no hacer ninguna propaganda del cristianismo.

Bat Ye’or, especialista en el estatuto del dhimmi, escribe: “Un análisis más detallado de la condición del «dhimmi» descubre que, bajo ciertos aspectos, fue inferior a la del esclavo. En efecto el esclavo, a pesar de ser privado de su libertad, no sufría como el «dhimmi» el envilecimiento obligatorio y constante prescrito por la religión. El menosprecio de la persona y su inferiorización erigido en principio teológico y político constituye el aspecto principal de la civilización de la «dhimmitud». Es la ignominia de la inferioridad, que legitima derramar la sangre del «harbi» [a quien debe hacerse la guerra], que justifica el jihad y la anonadación de los «dhimmi»”.(4)

Todos estos aspectos fueron justificados por los juristas musulmanes mediante versículos del Corán. Bat Ye’or dice: “A la vista de las innumerables fuentes consultadas, parece que estas medidas de humillación siempre fueron aplicadas en el conjunto del dar al-Islam. Los períodos de aligeramiento o alivio constituyen situaciones excepcionales, temporarias, resultando de conjunciones efímeras y accidentales. (...) Los teólogos musulmanes justifican la humillación de los «dhimmi» invocando versículos coránicos y las Hadiths, [dichos de Mahoma]. Los «dhimmi» son acusados de falsificar la Biblia y de negar la superioridad del Corán perseverando en el error”.(5)

Las persecuciones que sufren los cristianos bajo el imperio de la ley islámica no es tema de un pasado más o menos remoto. Desde hace años en Sudán se persigue a los cristianos que no aceptan la islamización del país. En Arabia Saudita viven actualmente unos 500.000 cristianos a los que se les prohíbe bajo pena de cárcel o expulsión tener una capilla, celebrar Misa o poseer una Biblia. Durante la Guerra del Golfo los helicópteros tuvieron que ocultar la cruz y pintar en su lugar la media luna…

UNOS PRINCIPIOS BÁSICOS PARA ENTENDER EL ISLAM

¿Puede cambiar el Islam? Dejemos que el Corán responda: “Las palabras de Alá no cambian” (Corán, X, 65); “Alá ha enviado a su apóstol [Mahoma] con la dirección y la verdadera religión [Islam], para elevar ésta por encima de todas las demás religiones” (Corán, IX, 33). En el contexto del islamismo, algo como el Vaticano II es simplemente impensable. Para los musulmanes la única verdadera religión es el Islam: “Todo el que desee otro culto que no sea la resignación a Dios (Islam), ese culto no será recibido por él; y en el otro mundo él será del número de los desgraciados” (Corán, III, 79). El último y sello de todos los profetas es Mahoma (Corán, XXXIII, 40).

El Corán es la palabra de Alá. Todo lo que dice es verdad absoluta, sin ningún error. Los que ponen en práctica el Corán son los musulmanes piadosos, los demás son impíos.

El mundo entero pertenece a Alá y fue dado a los musulmanes; esto tienen que reconquistarlo apelando a todos los medios.

Por el momento el mundo está dividido en dos partes: dar al-Islam y dar al-harb: tierra del Islam y tierra de guerra. Las tierras no islámicas deben ser conquistadas e islamizadas mediante una infiltración pacífica, la islamización de los autóctonos, el matrimonio, procreación de muchos hijos o la guerra. Cada mezquita que se construye allí es un territorio “liberado” y entregado al dar al-Islam. Por esa razón Mons. Bernardini dijo en el Sínodo de Obispos en 1999: “Que nunca se dé una iglesia católica a los musulmanes para su culto; eso sería la prueba más cierta de nuestra apostasía”.

Los cristianos y los judíos falsificaron las Escrituras que recibieron antes de la venida de Mahoma. Por tanto, son infieles: “¡Oh vosotros los que habéis recibido las escrituras! ¿Por qué revestís la verdad con el manto de la mentira? ¿Por qué la ocultáis, vosotros que la conocéis?”

Cristo es un simple profeta menor que Mahoma. Considerarlo como Dios es un crimen de infidelidad, que pone a los católicos al mismo nivel que los idólatras.

El Corán y la doctrina musulmana están por encima de cualquier ley humana, de cualquier dignidad del hombre o de cualquiera de sus derechos. Los musulmanes pueden aprovecharse de las leyes occidentales para instalarse y organizar sus comunidades en países católicos, esperando un día llegar a dominarlos.

Los musulmanes son soldados de Alá y deben someter todo el planeta al Islam. Para lograrlo, pueden utilizar todos los medios: la mentira, el engaño, la subversión o la fuerza.

El vocabulario islámico traducido en lenguas cristianas parece adquirir un contenido cristiano y engaña a la gente. Las realidades a las que apuntan las palabras en árabe, sobre todo en el Corán, son diferentes y tiene un sentido islámico propio.


NOTAS:
(1) San Juan Damasceno, “Escritos sobre el Islam”, París, ed. du Cerf, sources chrétiennes, 1992, págs. 211-213.
(2) Llorca - Villoslada - Laboa, “Historia de la Iglesia Católica ”, Tomo I : Edad antigua, Madrid, BAC, 1990, pág. 728.
(3) Llorca - Villoslada - Laboa, “Historia de la Iglesia Católica ”, Tomo I: Edad antigua, pág. 719.
(4) Bat Ye’or, Face au danger intégriste, Juifs et Chrétiens sous l’Islam, págs. 86-87.
(5) Bat Ye’or, Face au danger intégriste, Juifs et Chrétiens sous l’Islam, págs. 88-89.

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2 diciembre 2009 3 02 /12 /diciembre /2009 18:39
   
Cómo Pío XI condena el falso ecumenismo de hoy
y las reuniones de Asís


Mortalium Animos
Encíclica del Papa Pío XI
promulgada el 6 de enero de 1928



(Acerca de cómo se ha de fomentar
la verdadera unidad religiosa)



Venerables Hermanos: Salud y bendición apostólica.

1. Ansia universal de paz y fraternidad. Nunca quizás como en los actuales tiempos se ha apoderado del corazón de todos los hombres un tan vehemente deseo de fortalecer y aplicar al bien común de la sociedad humana los vínculos de fraternidad que, en virtud de nuestro común origen y naturaleza, nos unen y enlazan a unos con otros.

Porque no gozando todavía las naciones plenamente de los dones de la paz, antes al contrario, estallando en varias partes discordias nuevas y antiguas, en forma de sediciones y luchas civiles y no pudiéndose además dirimir las controversias, harto numerosas, acerca de la tranquilidad y prosperidad de los pueblos sin que intervengan en el esfuerzo y la acción concordes de aquellos que gobiernan los Estados, y dirigen y fomentan sus intereses fácilmente se echa de ver —mucho más conviniendo todos en la unidad del género humano—, porque son tantos los que anhelan ver a las naciones cada vez más unidas entre sí por esta fraternidad universal.

2. La fraternidad en religión. Congresos ecuménicos. Cosa muy parecida se esfuerzan algunos por conseguir en lo que toca a la ordenación de la nueva ley promulgada por Jesucristo Nuestro Señor. Convencidos de que son rarísimos los hombres privados de todo sentimiento religioso, parecen haber visto en ello esperanza de que no será difícil que los pueblos, aunque disientan unos de otros en materia de religión, convengan fraternalmente en la profesión de algunas doctrinas que sean como fundamento común de la vida espiritual. Con tal fin suelen estos mismos organizar congresos, reuniones y conferencias, con no escaso número de oyentes, e invitar a discutir allí promiscuamente a todos, a infieles de todo género, a cristianos y hasta a aquellos que apostataron miserablemente de Cristo o con obstinada pertinacia niegan la divinidad de su Persona o misión.

3. Los católicos no pueden aprobarlo.Tales tentativas no pueden, de ninguna manera obtener la aprobación de los católicos, puesto que están fundadas en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables, pues, aunque de distinto modo, todas nos demuestran y significan igualmente el ingénito y nativo sentimiento con que somos llevados hacia Dios y reconocemos obedientemente su imperio.

Cuantos sustentan esta opinión, no sólo yerran y se engañan, sino también rechazan la verdadera religión, adulterando su concepto esencial, y poco a poco vienen a parar al naturalismo y ateísmo; de donde claramente, se sigue que, cuantos se adhieren a tales opiniones y tentativas, se apartan totalmente de la religión revelada por Dios.

4. Otro error. La unión de todos los cristianos. Argumentos falaces. Pero donde con falaz apariencia de bien se engañan más fácilmente algunos, es cuando se trata de fomentar la unión de todos los cristianos. ¿Acaso no es justo —suele repetirse— y no es hasta conforme con el deber, que cuantos invocan el nombre de Cristo se abstengan de mutuas recriminaciones, y se unan por fin un día con vínculos de mutua caridad? ¿Y quién se atreverá a decir que ama a JESUCRISTO, sino procura con todas sus fuerzas realizar los deseos que Él manifestó al rogar a su Padre que sus discípulos fuesen una sola cosa.(2) Y el mismo JESUCRISTO ¿por ventura no quiso que sus discípulos se distinguiesen y diferenciasen de los demás por este rasgo y señal de amor mutuo: En esto conocerán todos que sois mis discípulos, en que os améis unos a otros? (3). ¡Ojalá —añaden— fuesen una sola cosa todos los cristianos! Mucho más podrían hacer para rechazar la peste de la impiedad, que, deslizándose y extendiéndose cada vez más, amenaza debilitar el Evangelio.

5. Debajo de esos argumentos se oculta un error gravísimo. Estos y otros argumentos parecidos divulgan y difunden los llamados “pancristianos”; los cuales, lejos de ser pocos en número, han llegado a formar legiones y a agruparse en asociaciones ampliamente extendidas, bajo la dirección, las más de ellas, de hombres católicos, aunque discordes entre sí en materia de fe.

6. La verdadera norma en esta materia. Exhortándonos, pues, la conciencia de Nuestro deber a no permitir que la grey del Señor sea sorprendida por perniciosas falacias, invocamos vuestro celo, Venerables Hermanos, para evitar mal tan grave; pues confiamos que cada uno de vosotros, por escrito y de palabra, podrá más fácilmente comunicarse con el pueblo y hacerle entender mejor los principios y argumentos que vamos a exponer, y en los cuales hallarán los católicos la norma de lo que deben pensar y practicar en cuanto se refiere al intento de unir de cualquier manera en un solo cuerpo a todos los hombres que se llaman católicos.

7. Sólo una Religión puede ser verdadera: la revelada por Dios. Dios, Creador de todas las cosas, nos ha creado a los hombres con el fin de que lo conozcamos y lo sirvamos. Tiene, pues, nuestro Creador perfectísimo derecho a ser servido por nosotros. Pudo ciertamente Dios imponer para el gobierno de los hombres una sola ley, la de la naturaleza, ley esculpida por Dios en el corazón del hombre al crearlo: y pudo después regular los progresos de esa misma ley con sólo su providencia ordinaria. Pero en vez de ella prefirió dar Él mismo los preceptos que habíamos de obedecer; y en el decurso de los tiempos, esto es desde los orígenes de género humano hasta la venida y Predicación de JESUCRISTO, enseñó por Sí mismo a los hombres los deberes que su naturaleza racional les impone para con su Creador. “Dios, que en otro tiempo habló a nuestros padres en diferentes ocasiones y de muchas maneras, por medio de los Profetas, nos ha hablado últimamente por su Hijo Jesucristo”.(4) Por donde claramente se ve que ninguna religión puede ser verdadera fuera de aquella que se funda en la palabra revelada por Dios, revelación que comenzada desde el principio, y continuada durante la Ley Antigua, fue perfeccionada por el mismo JESUCRISTO con la Ley Nueva. Ahora bien: si Dios ha hablado —y que haya hablado lo comprueba la historia— es evidente que el hombre está obligado a creer absolutamente la revelación de Dios, y a obedecer totalmente sus preceptos. Y con el fin de que cumpliésemos bien lo uno y lo otro, para gloria de Dios y salvación nuestra, el Hijo Unigénito de Dios fundó en la tierra su Iglesia.

8. La única Religión revelada es la de la Iglesia Católica. Así pues, los que se proclaman cristianos es imposible no crean que Cristo fundó una Iglesia, y precisamente una sola. Mas, si se pregunta cuál es esa Iglesia conforme a la voluntad de su Fundador, en esto ya no convienen todos. Muchos de ellos, por ejemplo, niegan que la Iglesia de Cristo haya de ser visible, a lo menos en el sentido de que deba mostrarse como un solo cuerpo de fieles, concordes en una misma doctrina y bajo un solo magisterio y gobierno. Estos tales entienden que la Iglesia visible no es más que la alianza de varias comunidades cristianas, aunque las doctrinas de cada una de ellas sean distintas.

Sociedad perfecta, externa, visible. Pero es lo cierto que Cristo Nuestro Señor instituyó su Iglesia como sociedad perfecta, externa y visible por su propia naturaleza, a fin de que prosiguiese realizando, de allí en adelante, la obra de la salvación del género humano, bajo la guía de una sola cabeza,(5) con magisterio de viva voz(6) y por medio de la administración de los sacramentos,(7) fuente de la gracia divina; por eso en sus parábolas afirmó que era semejante a un reino,(8) a una casa,(9) a un aprisco,(10) y a una grey.(11) Esta Iglesia, tan maravillo­samente fundada, no podía ciertamente cesar ni extinguirse, muertos su Fundador y los Apóstoles que en un principio la propagaron, puesto que a ella se le habla confiado el mandato de conducir a la eterna salvación a todos los hombres, sin excepción de lugar ni de tiempo: “Id, pues, e instruid a todas las naciones”.(12) Y en el cumplimiento continuo de este oficio, ¿acaso faltará a la Iglesia el valor ni la eficacia, hallándose perpetuamente asistida con la presencia del mismo Cristo, que solemnemente le prometió: “He aquí que Yo estaré siempre con vosotros, hasta la consumación de los siglos”?(13) Por tanto, la Iglesia de Cristo no sólo ha de existir necesariamente hoy, mañana y siempre, sino también ha de ser exactamente la misma que fue en los tiempos apostólicos, si no queremos decir —y de ello estamos muy lejos— que Cristo Nuestro Señor no ha cumplido su propósito, o se engañó cuando dijo que las puertas del infierno no habían de prevalecer contra ella.(14)

9. Un error capital del movimiento ecuménico en la pretendida unión de iglesias cristianas. Y aquí se Nos ofrece ocasión de exponer y refutar una falsa opinión de la cual parece depender toda esta cuestión, y en la cual tiene su origen la múltiple acción y confabulación de los católicos que trabajan, como hemos dicho, por la unión de los iglesias cristianas. Los autores de este proyecto no dejan de repetir casi infinitas veces las palabras de Cristo: “Sean todos una misma cosa... Habrá un solo rebaño, y un solo pastor”,(15) mas de tal manera las entienden, que, según ellos, sólo significan un deseo y una aspiración de Jesucristo, deseo que todavía no se ha realizado. Opinan, pues, que la unidad de fe y de gobierno, nota distintiva de la verdadera y única Iglesia de Cristo, no ha existido casi nunca hasta ahora, y ni siquiera hoy existe: podrá, ciertamente, desearse, y tal vez algún día se consiga, mediante la concorde impulsión de las voluntades; pero entre tanto, habrá que considerarla sólo como un ideal.

“La división" de la Iglesia. Añaden que la Iglesia, de suyo o por su propia naturaleza, está dividida en partes; esto es, se halla compuesta de varias comunidades distintas, separadas todavía unas de otras, y coincidentes en algunos puntos de doctrina, aunque discrepantes en lo demás, y cada una con los mismos derechos exactamente que las otras; y que la Iglesia sólo fué única y una, a lo sumo desde la edad apostólica hasta tiempos de los primeros Concilios Ecuménicos. Sería necesario pues —dicen—, que, suprimiendo y dejando a un lado las controversias y variaciones rancias de opiniones, que han dividido hasta hoy a la familia cristiana, se formule, se proponga con las doctrinas restantes una norma común de fe, con cuya profesión puedan todos no ya reconocerse, sino sentirse hermanos. Y cuando las múltiples iglesias o comunidades estén unidas por un pacto universal, entonces será cuando puedan resistir sólida y fructuosamente los avances de la impiedad...

Esto es así tomando las cosas en general, Venerables hermanos; mas hay quienes afirman y conceden que el llamado Protestantismo ha desechado demasiado desconsideradamente ciertas doctrinas fundamentales de la fe y algunos ritos del culto externo ciertamente agradables y útiles, los que la Iglesia Romana por el contrario aún conserva; añaden sin embargo en el acto, que ella ha obrado mal porque corrompió la religión primitiva por cuanto agregó y propuso como cosa de fe algunas doctrinas no sólo ajenas sino más bien opuestas al Evangelio, entre las cuales se enumera especialmente el Primado de jurisdicción que ella adjudica a Pedro y a sus sucesores en la sede Romana.

En el número de aquellos, aunque no sean muchos, figuran también los que conceden al Romano Pontífice cierto Primado de honor o alguna jurisdicción o potestad de la cual creen, sin embargo, que desciende no del derecho divino sino de cierto consenso de los fieles. Otros en cambio aun avanzan a desear que el mismo Pontífice presida sus asambleas las que pueden llamarse “multicolores”. Por lo demás, aun cuando podrán encontrarse a muchos no católicos que predican a pulmón lleno la unión fraterna en Cristo, sin embargo, hallarás pocos a quienes se ocurre que han de sujetarse y obedecer al Vicario de Jesucristo cuando enseña o manda y gobierna. Entretanto aseveran que están dispuestos a actuar gustosos en unión con la Iglesia Romana, naturalmente en igualdad de condiciones jurídicas, o sea de iguales a igual: mas si pudieran actuar no parece dudoso de que lo harían con la intención de que por un pacto o convenio por establecerse tal vez, no fueran obligados a abandonar sus opiniones que constituyen aun la causa por qué continúan errando y vagando fuera del único redil de Cristo.

10. La Iglesia Católica no puede participar en semejantes uniones. Siendo todo esto así, claramente se ve que ni la Sede Apostólica puede en manera alguna tener en dichos Congresos, ni de ningún modo pueden los católicos favorecer ni cooperar a semejantes intentos; y si lo hiciesen, darían autoridad a una falsa religión cristiana, totalmente ajena a la única y verdadera Iglesia de Cristo.

11. La verdad revelada no admite transaciones. ¿Y habremos Nos de sufrir —cosa que sería por todo extremo injusta— que la verdad revelada por Dios, se rindiese y entrase en transacciones? Porque de lo que ahora se trata es de defender la verdad revelada. Para instruir en la fe evangélica a todas las naciones envió Cristo por el mundo todo a los Apóstoles; y para que éstos no errasen en nada, quiso que el Espíritu Santo les enseñase previamente toda la verdad;(16) ¿Y acaso esta doctrina de los Apóstoles ha descaecido del todo, o siquiera se ha debilitado alguna vez en la Iglesia, a quien Dios mismo asiste dirigiéndola y custodiándola? Y si nuestro Redentor manifestó expresamente que su Evangelio no sólo era para los tiempos apostólicos, sino también para las edades futuras, ¿habrá podido hacerse tan obscura e incierta la doctrina de la Fe, que sea hoy conveniente tolerar en ella hasta las opiniones contrarias entre sí? Si esto fuese verdad, habría que decir también que el Espíritu Santo infundido en los apóstoles, y la perpetua permanencia del mismo Espíritu en la Iglesia, y hasta la misma predicación de Jesucristo, habría perdido hace muchos siglos toda utilidad y eficacia; afirmación que seria ciertamente blasfema.

12. La Iglesia Católica depositaria infalible de la verdad. Ahora bien: cuando el Hijo Unigénito de Dios mandó sus legados que enseñasen a todas las naciones, impuso a todos los hombres la obligación de dar fe a cuanto les fuese enseñado por los testigos predestinados por Dios;(17) obligación que sancionó de este modo: el que creyere y fuere bautizado, se salvará; mas el que no creyere será condenado.(18) Pero ambos preceptos de Cristo, uno de enseñar y otro de creer, que no pueden dejar de cumplirse para alcanzar la salvación eterna, no pueden siquiera entenderse si la Iglesia no propone, íntegra y clara la doctrina evangélica y si al proponerla no está ella exenta de todo peligro de equivocarse. Acerca de lo cual van extraviados también los que creen que sin duda existe en la tierra el depósito de la verdad, pero que para buscarlo hay que emplear tan fatigosos trabajos, tan continuos estudios y discusiones, que apenas basta la vida de un hombre para hallarlo y disfrutarlo: como si el benignísimo Dios hubiese hablado por medio de los Profetas y de su Hijo Unigénito para que lo revelado por éstos sólo pudiesen conocerlo unos pocos, y ésos ya ancianos; y como si esa revelación no tuviese por fin enseñar la doctrina moral y dogmática, por la cual se ha de regir el hombre durante todo el curso de su vida moral.

13. Sin fe, no hay verdadera caridad. Podrá parecer que dichos “pancristianos”, tan atentos a unir las iglesias, persiguen el fin nobilísimo de fomentar la caridad entre todos los cristianos. Pero, ¿cómo es posible que la caridad redunde en daño de la fe? Nadie, ciertamente, ignora que SAN JUAN, el Apóstol mismo de la caridad, el cual en su Evangelio parece descubrirnos los secretos del Corazón Santísimo de Jesús, y que solía inculcar continuamente a sus discípulos el nuevo precepto Amaos unos a los otros, prohibió absolutamente todo trato y comunicación con aquellos que no profesasen, íntegra y pura, la doctrina de JESUCRISTO: Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no le recibáis en casa, y ni siquiera le saludéis.(19) Siendo, pues, la fe íntegra y sincera, como fundamento y raíz de la caridad, necesario es que los discípulos de Cristo estén unidos principalmente con el vínculo de la unidad de fe.

14. Unión irrazonable. Por tanto, ¿cómo es posible imaginar una confederación cristiana, cada uno de cuyos miembros pueda, hasta en materias de fe, conservar su sentir y juicio propios aunque contradigan al juicio y sentir de los demás? ¿Y de qué manera, si se nos quiere decir, podrían formar una sola y misma Asociación de fieles los hombres que defienden doctrinas contrarias, como, por ejemplo, los que afirman y los que niegan que la sagrada Tradición es fuente genuina de la divina Revelación; los que consideran de institución divina la jerarquía eclesiástica, formada de Obispos, presbíteros y servidores del altar, y los que afirman que esa jerarquía se ha introducido poco a poco por las circunstancias de tiempos y de cosas; los que adoran a Cristo realmente presente en la Sagrada Eucaristía por la maravillosa conversión del pan y del vino, llamada “transubstanciación”, y los que afirman que el Cuerpo de Cristo está allí presente sólo por la fe, o por el signo y virtud del Sacramento; los que en la misma Eucaristía reconocen su doble naturaleza de sacramento y sacrificio, y los que sostienen que sólo es un recuerdo o conmemoración de la Cena del Señor, los que estiman buena y útil la suplicante invocación de los Santos que reinan con Cristo, sobre todo de la Virgen MARÍA Madre de Dios, y la veneración de sus imágenes, y los que pretenden que tal culto es ilícito por ser contrario al honor del único Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo?(20)

15. Resbaladero hacia el indiferentismo y el modernismo. Entre tan grande diversidad de opiniones, no sabemos cómo se podrá abrir camino para conseguir la unidad de la Iglesia, unidad que no puede nacer más que de un solo magisterio, de una sola ley de creer y de una sola fe de los cristianos. En cambio, sabemos, ciertamente que de esa diversidad de opiniones es fácil el paso al menosprecio de toda religión, o “indiferentismo”, y al llamado “modernismo”, con el cual los que están desdichadamente inficionados, sostienen que la verdad dogmática no es absoluta sino relativa, o sea, proporcionada a las diversas necesidades de lugares y tiempos, y a las varias tendencias de los espíritus, no hallándose contenida en una revelación inmutable, sino siendo de suyo acomodable a la vida de los hombres.

Además, en lo que concierne a las cosas que han de creerse, de ningún modo es lícito establecer aquella diferencia entre las verdades de la fe que llaman fundamentales y no fundamentales, como gustan decir ahora, de las cuales las primeras deberían ser aceptadas por todos, las segundas, por el contrario, podrían dejarse al libre arbitrio de los fieles; pues la virtud de la fe tiene su causa formal en la autoridad de Dios revelador que no admite ninguna distinción de esta suerte. Por eso, todos los que verdaderamente son de Cristo prestarán la misma fe al dogma de la Madre de Dios concebida sin pecado original como, por ejemplo, al misterio de la augusta Trinidad; creerán con la misma firmeza en el Magisterio infalible de Romano Pontífice, en el mismo sentido con que lo definiera el Concilio Ecuménico del Vaticano, como en la Encarnación del Señor.

No porque la Iglesia sancionó con solemne decreto y definió las mismas verdades de un modo distinto en diferentes edades o en edades poco anteriores han de tenerse por no igualmente ciertas ni creerse del mismo modo. ¿No las reveló todas Dios?

Pues, el Magisterio de la Iglesia el cual por designio divino fue constituido en la tierra a fin de que las doctrinas reveladas perdurasen incólumes para siempre y llegasen con mayor facilidad y seguridad al conocimiento de los hombres aun cuando el Romano Pontífice y los Obispos que viven en unión con él, lo ejerzan diariamente, se extiende, sin embargo, al oficio de proceder oportunamente con solemnes ritos y decretos a la definición de alguna verdad, especialmente entonces cuando a los errores e impugnaciones de los herejes deben más eficazmente oponerse o inculcarse en los espíritus de los fieles, más clara y sutilmente explicados, puntos de la sagrada doctrina. Mas por ese ejercicio extraordinario del Magisterio no se introduce, naturalmente ninguna invención, ni se añade ninguna novedad al acervo de aquellas verdades que en el depósito de la revelación, confiado por Dios a la Iglesia, no estén contenidas, por lo menos implícitamente, sino que se explican aquellos puntos que tal vez para muchos aun parecen permanecer oscuros o se establecen como cosas de fe los que algunos han puesto en tela de juicio.

16. La única manera de unir a todos los cristianos. Bien claro se muestra, pues, Venerables Hermanos, por qué esta Sede Apostólica no ha permitido nunca a los suyos que asistan a los citados congresos de acatólicos; porque la unión de los cristianos no se puede fomentar de otro modo que procurando el retorno de los disidentes a la única y verdadera Iglesia de Cristo, de la cual un día desdichadamente se alejaron; a aquella única y verdadera Iglesia que todos ciertamente conocen, y que por la voluntad de su Fundador debe permanecer siempre tal cual Él mismo la fundó para la salvación de todos. Nunca, en el transcurso de los siglos, se contaminó esta mística Esposa de Cristo, ni podrá contaminarse jamás, cómo dijo bien SAN CIPRIANO: No puede adulterar la Esposa de Cristo; es incorruptible y fiel. Conoce una sola casa y custodia con casto pudor la santidad de una sola estancia.(21) Por eso se maravillaba con razón el santo Mártir de que alguien pudiese creer que esta unidad, fundada en la divina estabilidad y robustecida por medio de celestiales sacramentos, pudiese desgarrarse en la Iglesia, y dividirse por el disentimiento de las voluntades discordes.(22) porque siendo el cuerpo místico de Cristo, esto es, la Iglesia, uno,(23) compacto y conexo,(24) lo mismo que su cuerpo físico, necedad es decir que el cuerpo místico puede constar de miembros divididos y separados; quien, pues, no está unido con él no es miembro ni está unido con su cabeza, que es Cristo.(25)

17. La obediencia al Romano Pontífice. Ahora bien, en esta única Iglesia de Cristo nadie vive y nadie persevera, que no reconozca y acepte con obediencia la suprema autoridad de PEDRO y de sus legítimos sucesores. ¿No fue acaso al Obispo de Roma a quien obedecieron, como a sumo Pastor de las almas, los ascendientes de aquellos que hoy yacen anegados en los errores de FOCIO, y de otros novadores? Alejáronse ¡ay! los hijos de la casa paterna, que no por eso se arruinó ni pereció, sostenida como está perpetuamente por el auxilio de Dios. Vuelvan, pues, al Padre común, que olvidando las injurias inferidas ya a la Sede Apostólica, los recibirá amantísimamente. Porque, si, como ellos repiten, desean asociarse a Nos y a los Nuestros, ¿por qué no se apresuran a venir a la Iglesia, madre y maestra de todos los fieles de Cristo.(26) Oigan como clamaba en otro tiempo LACTANCIO: Sólo la Iglesia Católica es la que conserva el culto verdadero. Ella es la fuente de la verdad, la morada de la Fe, el templo de Dios; quienquiera que en él no entre o de él salga, perdido ha la esperanza de vida y de salvación. Menester es que nadie se engañe a sí mismo con pertinaces discusiones. Lo que aquí se ventila es la vida y la salvación; a la cual si no se atiende con diligente cautela, se perderá y se extinguirá.(27)

18. Llamamiento a las sectas disidentes. Vuelvan, pues, a la Sede Apostólica, asentada en esta ciudad de Roma, que consagraron con su sangre los Príncipes de los Apóstoles SAN PEDRO y SAN PABLO, a la Sede raíz y matriz de la Iglesia Católica;(28) vuelvan los hijos disidentes, no ya con el deseo y la esperanza de que la Iglesia de Dios vivo, la columna y el sostén de la verdad (29) abdique de la integridad de su fe, y consienta los errores de ellos, sino para someterse al magisterio y al gobierno de ella. Pluguiese al Cielo alcanzásemos felizmente Nos, lo que no alcanzaron tantos predecesores Nuestros: el poder abrazar con paternales entrañas a los hijos que tanto nos duele ver separados de Nos por una funesta división.

Plegaria a Cristo y a Maria. Y ojalá Nuestro Divino Salvador, el cual quiere que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad,(30) oiga Nuestras ardientes oraciones para que se digne llamar a la unidad de la Iglesia a cuantos están separados de ella.

Con este fin, sin duda importantísimo, invocamos y queremos que se invoque la intercesión de la Bienaventurada Virgen MARÍA, Madre de la Divina Gracia, develadora de todas las herejías y Auxilio de los cristianos, para que cuanto antes nos alcance la gracia de ver alborear el deseadísimo día en que todos los hombres oigan la voz de su divino Hijo, y conserven la unidad del Espíritu Santo con el vínculo de la paz.(31)

19. Conclusión y bendición apostólica. Bien comprendéis, Venerables Hermanos, cuánto deseamos Nos este retorno, y cuánto anhelamos que así lo sepan todos Nuestros hijos, no solamente los católicos, sino también los disidentes de Nos; los cuales, si imploran humildemente las luces del cielo, reconocerán, sin duda, a la verdadera Iglesia de Cristo, y entrarán, por fin, en su seno, unidos con Nos en perfecta caridad. En espera de tal suceso, y como prenda y auspicio de los divinos favores, y testimonio de Nuestra paternal benevolencia, a vosotros, Venerables Hermanos, y a vuestro Clero y pueblo, os concedemos de todo corazón la Apostólica Bendición.

Dado en San Pedro de Roma el día 6 de Enero, fiesta de la Epifanía de Nuestro Señor Jesucristo, el año 1928, sexto de Nuestro Pontificado.


(1) Del 6 de enero de 1928, publicada en AAS 20 (1928), p. 5-16). La presente traducción está tomada de la “Colección completa de Encíclicas Pontificias”, editorial Guadalupe, Bs. Aires, en dos tomos; t. I, p. 1114 y ss.).
(2) Jn. XVII, 21.
(3) Jn. XIII, 35.
(4) Heb. I, 1-2.
(5) Mat. XVI, 18; Lc. XXII, 32; Jn. XXI, 15-17.
(6) Mc. XVI, 15.
(7) Jn. III, 5; VI, 48-59; XX, 22; Jn. XVIII, 18.
(8) Mt. XIII, 24, 31,33,44, 47.
(9) Ver. Mt. XVI, 18.
(10) Jn. X, 16.
(11) Jn. XXI, 15-17.
(12) Mt. XXVIII, 19.
(13) Mt. XXVIII, 20.
(14) Mt. XVI, 18.
(15) Jn. XVII, 21; X, 16.
(16) Jn. XVI, 13.
(17) Act. X, 41.
(18) Mc. XVI, 16.
(19) II Jn. vers. 10.
(20) Ver I Tim. II, 5.
(21) San Cipriano. De la Unidad de la Iglesia (Migne PL. 4, col. 518-519).
(22) S. Cipriano. De la Unidad de la Iglesia (Migne PL:, 4, col. 519-B y 520-A).
(23) I Cor. XII, 12.
(24) Efes. IV, 15.
(25) Efes. V, 30; I, 22.
(26) Conc. Lateran. IV, c. 5 (Denz. Umb. 436).
(27) Lactancio Div. Inst. 4, 30 (Corp. Scr. E. Lat. Vol. 19, pág. 397, 11-12; Migne PL, 6. col. 542-B a 543-A).
(28) S. Cipriano, Carta 38 a Cornelio 3. (Entre las cartas de S. Cornelio Papa III; Migne PL 3, col. 733-B).
(29) I Tim. III, 15.
(30) I Tim. II, 4.
(31) Efes. IV, 3.
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23 noviembre 2009 1 23 /11 /noviembre /2009 20:03


Cristo fundó una sola Iglesia : la Iglesia católica :

Pruebas bíblicas e históricas

Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, dio su vida en la Cruz para salvar a los hombres del pecado y del poder del demonio que es enemigo mortal de la humanidad. Fundó su Iglesia para continuar su obra de salvación. Únicamente a esta Iglesia que Él mismo fundó, confió su misión, su Evangelio, su autoridad y sus poderes divinos para  santificar y salvar a los hombres y hablar en su nombre. Hoy Cristo sigue santificando y salvando a los hombres en la Iglesia que El mismo fundó.  Sin embargo, 16 siglos después de Cristo un pobre sacerdote católico excomulgado, Martin Lutero, inventó la teoría de la libre interpretación de la Biblia. Este libre examen produjo unos 30,000 grupos diferentes y opuestos que reclaman ser de Jesucristo. Hoy en día muchos fundan su "su iglesia" y "predican la Biblia" a su modo haciendo "discípulos" y calumniando en nombre de Cristo la única Iglesia que Cristo mismo fundó. ¿Es conforme a la voluntad de Cristo todo eso? ¿Reconoce Cristo a estas 30,000 "iglesias" como suyas? o ¿las rechaza puesto que El no las fundó y a nadie dio autoridad para fundarlas? Frente a la confusión provocada por los falsos profetas ¿cómo saber con certeza cuál es la Iglesia que Cristo fundó para no dejarse engañar y perderse eternamente? Este es un asunto de salvación o condenación eterna (Mateo. 7, 15-23).

Unos 30,000 grupos diferentes y opuestos reclaman ser de Jesucristo. ¿Es conforme a la voluntad de Cristo todo eso? ¿Reconoce Cristo a estas "iglesias" recién nacidas como suyas? o ¿las rechaza puesto que El no las fundó y a nadie dio autoridad para fundarlas? Frente a la confusión provocada por las sectas, para no dejarse engañar y perderse eternamente ¿cómo saber con certeza cuál es la Iglesia que Cristo fundó?

 

Cristo fundó la Iglesia Católica

Toda persona de buena voluntad que ama a su Salvador y quiere hacer la voluntad de Dios, debe tener estos principios claros en la mente:

1. La Iglesia que Cristo fundó debe necesariamente tener 21 siglos de existencia. Por la simple razón de que Cristo vivió hace unos 2000 años en esta tierra.

2. Únicamente la Iglesia que tiene 21 siglos viene directamente de Cristo mediante sus 12 Apóstoles, es decir, sus 12 enviados y sus legítimos sucesores.

3. Ahora bien la historia nos dice que la Iglesia católica, es decir, la Iglesia cristiana universal, es la única Iglesia que tiene 21 siglos; y que esta misma Iglesia viene de los Apóstoles mediante sus legítimos sucesores. Desde San Pedro, martirizado en el año 67 en Roma por el emperador  romano Nerón, hasta el Papa Benedicto XVI, esta Iglesia tiene un jefe, vicario de Cristo, y sucesor legítimo  de San Pedro, ahora llamado Papa.

4. A parte de la Iglesia Católica que tuvo 265 Papas ninguna otra iglesia puede darnos una lista de sus jefes desde San Pedro hasta hoy. Si no puede mostrarnos este documento, esto significa que fue fundada después; y si fue fundada después, no es una iglesia legítima, ni verdadera. Si no fue fundada por Cristo, no puede ser obra de Cristo; si no es obra de Cristo esta “iglesia” fundada por hombres, supuestos profetas autoproclamados, no puede ni santificar ni salvar aunque se reclame de Cristo (Mateo 7, 15-23). Es un instrumento de perdición puesto que Cristo afirma explícitamente que habrá supuestos “profetas que engañarán a muchos” (Mateo 24, 11).

5. A los que afirman a la ligera  que la iglesia se terminó en el siglo cuarto, contestamos: . Cristo, por ser Dios, es la Verdad misma, no puede equivocarse ni engañarnos; prometió a sus Apóstoles y a sus legítimos sucesores que El estaría con ellos y sus legítimos sucesores hasta el fin del mundo y que las puertas del mal no podrían prevalecer contra su Iglesia (San Mateo 28, 17-19). Por consecuencia, pretender que la Iglesia verdadera se acabó en el siglo 4º y que el emperador Constantino “fundó la Iglesia Católica”, es anti bíblico y anti histórico; es una afirmación gratuita, inventada por las sectas para justificar su ilegítima iglesia que no tiene 2000 años. Aceptar esta acusación y falsificación de la historia y de la Biblia, es indigno de un hombre sensato que afirma ser creyente en Cristo. Además los que inventan supuestas iglesias actúan en contra de la voluntad de Cristo manifestada en la Biblia, siendo desobedientes a los legítimos representantes de Cristo  a quien dijo :“Quien a vosotros escucha, a Mí me escucha y quien a vosotros rechaza me rechaza a Mí; ahora bien, quien me rechaza a Mí rechaza a Aquel que me envió” (Lucas 10, 16).

6. A los que rechazan a la Iglesia católica y se sirven de la Biblia que la Iglesia católica nos comunicó decimos: Cristo, por ser Dios que lo sabe todo, no podía dejar la Biblia como una manzana de discordia entre sus discípulos. Fundó una Iglesia, dejó un vicario, es decir, lugarteniente que es San Pedro y sus sucesores legítimos para predicar, interpretar y defender su Evangelio y doctrina contra los imprudentes que para su condenación manipulan la Biblia (II Pedro 1, 20; Gal,1, 8. II Cor 11, 13-14). La Biblia en la mano de los falsos profetas, fundadores de sectas no puede defenderse, no tiene boca para gritar ni manos para rechazar al injusto agresor que la falsifica y adultera. Cristo no escribió una Biblia sino fundó una Iglesia, formó a hombres y los mandó hablar en su nombre (II Timoteo 2, 2).

7. La Iglesia verdadera necesariamente es UNA, SANTA, CATOLICA Y APOSTOLICA y debe tener 2000 años; tener la misma fe; misma moral; misma autoridad y misma enseñanza desde Cristo hasta hoy.

 

La Biblia nos habla de Una Iglesia

En el Evangelio de San Mateo vemos que San Pedro después de haber declarado que Cristo es el Hijo de Dios vivo, recibe del propio Cristo esta respuesta: "Bienaventurado eres, Simón Bar Yoná, porque carne y sangre no te lo reveló, sino mi Padre Celestial. Yo te digo que tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré MI IGLESIA, y las puertas del abismo no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del reino de los cielos: todo lo que atares sobre la tierra, será atado en los cielos, lo que desatares sobre la tierra, será desatado en los cielos" (Mateo 16, 17-19).

Nuestro Señor habla de una sola Iglesia, dice Mi Iglesia, no dice mis iglesias. Aunque la Iglesia esté en el mundo entero, es una, como el cuerpo está compuesta de muchos miembros sin embargo es uno. Jamás de los jamases nuestro Señor habla de varias iglesias. Al contrario nos advierte de ser prudentes  y no dejarnos engañar por los falsos y supuestos profetas que sin ningún derecho fundan "sus iglesias" y engañan la gente con la Biblia robada a los católicos.

Los Apóstoles, es decir los enviados y depositarios de la autoridad de Cristo, antes de morir dejaron lugartenientes y sucesores legítimos. Desde el siglo 1º  hasta el 21°, siempre la Iglesia católica tuvo sacerdotes, obispos y papas. Como Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres (1Timoteo 2, 5), así la Iglesia Católica es la única Iglesia que conduce a Jesucristo puesto que ella sola fue fundada por El para continuar su obra. Cristo formó a los Apóstoles  los Apóstoles formaron otros hombres a quienes dieron poder y misión de predicar conforme a la fe que ellos recibieron, predicaron y transmitieron (II Timoteo 2, 2). San Pablo escribe a su discípulo, el obispo Tito: "Te he dejado en Creta [isla griega] para que arregles las cosas que faltan y para que constituya presbíteros en cada ciudad como yo te ordené" (Tito, 1, 5).

Los presbíteros son los sacerdotes y su jefe, su supervisor es el obispo. El mismo San Pablo dice a los fieles de la ciudad de Corinto que evangelizó: "Sed imitadores míos tal cual yo soy de Cristo" (1 Cor 11, 1). Ahora bien para ser imitador de San Pablo hace falta haberlo visto y escuchado. Del siglo 1 hasta el 21 hubo cristianos y presbíteros en Corinto o en Roma que vivieron conforme a lo que habían visto y escuchado; y nos comunicaron a nosotros los católicos lo que recibieron de los apóstoles. El mismo Apóstol dice: "Os alabo porque observáis las tradiciones conforme os las he transmitido" (I Cor 11, 1-2). Una secta que nació 2000 años después no ha visto nada, no recibió nada, no tiene ninguna tradición ni legitimidad.

Tradición viene del latín; significa transmisión, entrega. En la Iglesia católica, los fieles con sus presbíteros observaron lo que les fue comunicado, transmitido y ellos lo transmitieron a la generación siguiente; así fue desde el siglo I hasta hoy. La más antigua secta protestante fue fundada por un mal sacerdote católico alemán Martin Lutero 1521 años después de Cristo. Muchos otros sacerdotes corruptos y políticos interesados apoyaron a Lutero en su rebeldía, hicieron una sangrienta •revolución en toda Europa y después se dividieron en una infinitud de sectas que siguen confundiendo a la gente.

Ahora bien, los protestantes que nacieron 16 siglos después  de Cristo y de sus Apóstoles nunca recibieron una misión o autoridad de los Apóstoles, nunca los conocieron, nunca escucharon nada de lo que transmitieron. De ninguna manera pueden saber realmente el contenido de la Fe auténtica y la correcta interpretación de la Biblia que nació en la Iglesia Católica. Al contrario, todas las sectas fundadas después caen bajo la maldición de San Pablo que dice: "aun cuando nosotros mismos, aun cuando un ángel del cielo os anuncie un evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema. Lo dijimos ya, y ahora vuelvo a decirlo: Si alguno os predica un evangelio distinto del que recibisteis, sea anatema (maldito)" (Gálatas 1, 8-9).

Todas las sectas aunque se digan evangélicas anuncian un evangelio diferente del que anunciaron los Apóstoles y sus legítimos sucesores, usurpan el titulo de la Iglesia de Jesucristo para su perdición. El mismo san Pablo nos advierte: "Esos tales son seudoapóstoles (falsos apóstoles), obreros engañosos, que se transfiguran en apóstoles de Cristo, [se hacen pasar por... como un bandido se viste de policía por ejemplo]. No es maravilla, ya que el mismo Satanás  se transfigura en ángel de luz. No es mucho, pues, que también sus ministros se transfiguran cual ministros de justicia, cuyos remate será conforme a sus obras". (II Cor 11, 13-14). Es muy importante lo que nos dice San Pablo en este texto: como el demonio se hace pasar por ángel bueno así sus ministros se hacen pasar por ministros de Cristo para engañar a la gente la biblia en la mano y el nombre de Dios y de Cristo en la boca. Esto es algo tremendo, propio de los tiempos de los falsos profetas. Cristo dice: "Se levantarán muchos falsos profetas que engañarán a muchos" (San Mateo 24, 11). "Se levantarán falsos cristos y falsos profetas y obrarán grandes señales y prodigios para inducir a error, si posible fuera, aun a los mismos elegidos..."(San Mateo 24, 24)

 

La verdadera Iglesia  debe ser católica y apostólica

Cristo mandó a sus Apóstoles y sucesores anunciar su Evangelio a todos los pueblos y les prometió que estaría con ellos hasta el fin del mundo (San Mateo 28, 20). Los Apóstoles predicaron y dejaron lugartenientes.
Prisionero en Roma, San Pablo escribe a Timoteo a quien consagró obispo: "Lo que oíste de mí transmítelo a hombres fieles, los cuales serán aptos para enseñarlo a otros" (II Timoteo 2, 2; Filipenses 4, 9). En la Iglesia Católica, desde San Pablo los obispos transmitieron lo recibido.

Las palabras Iglesia y Católica vienen del griego, significan la asamblea general de todos los fieles cristianos que tienen como jefe a San Pedro y sus sucesores. "La Iglesia dijo San Agustín, es el pueblo cristiano esparcido por toda la redondez de la tierra." Esta es la definición de católica. La doctrina católica es apostólica, es decir, viene directamente de los Apóstoles. El Espíritu Santo gobierna a esta Iglesia mediante los ministros apostólicos, es decir, los sucesores legítimos de los Apóstoles que son el  Papa y los obispos. Los sacerdotes son los ayudantes de los obispos.

Muchos protestantes pretenden a la ligera tener el Espíritu Santo y en su nombre hacer lo que hacen. Esto es totalmente falso.  El Catecismo  Católico Romano del Concilio de Trento dice: "El Espíritu Santo fue dado primero a los Apóstoles; después por la gracia de Dios siempre quedó en esta Iglesia. Puesto que es la única que está dirigida y gobernada por el Espíritu Santo, ella es la única iglesia infalible en su enseñanza y moral. Al contrario todas las demás iglesias que usurpan el nombre de iglesias están bajo la conducta e influencia del demonio, y caen necesariamente en funestos errores en materia de fe y moral." (Capitulo X).

Desde el año 107, San Ignacio mártir, 2º  obispo de Antioquía de Siria después de San Pedro, utilizó la palabra católica para designar el conjunto de las iglesias locales fundadas por los Apóstoles y sus sucesores. Los rusos y griegos "ortodoxos" por ejemplo se han separado de la Iglesia Católica en el año 1054.       Los protestantes empezaron con el mal sacerdote católico Martín Lutero en 1517.

En 1521 el Papa tuvo que excomulgarlo por sus numerosas herejías, es decir, sus errores graves en materia de fe. Todas las demás sectas, independientemente del nombre que se dan, nacieron de la revolución protestante. Los Testigos de Jehová fueron fundados en 1871, los Mormones en 1834, los de la "Luz del mundo" en 1926. Ninguna tiene 21 siglos, ninguna tuvo contacto directo con los Apóstoles de Cristo. Ahora bien, si Cristo no las fundó ¿qué credibilidad y garantía de veracidad pueden tener? Absolutamente ninguna. Al contrario, la Biblia, la historia y el sentido común las condenan como usurpadoras de misión y función. El que se separa de la Iglesia Católica que Nuestro Señor Jesucristo fundó,  desobedece a Cristo (San Juan 17, 21); y separándose de Cristo, se deja engañar por los falsos profetas y apóstoles de la mentira mediante una Biblia robada y manipulada que no salva.           

Nuestro Señor Jesucristo nos advierte: "Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestiduras de ovejas; mas de dentro son los lobos feroces… No todo el que me  dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos; mas el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, éste entrará en el reino de los cielos. Muchos me dirán en aquel día (día del Juicio): Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu nombre, en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre obramos muchos prodigios?  Y entonces le declararé: nunca jamás os conocí; apartaos de mí los que obráis la iniquidad" (San Mateo 7, 15-23). Seguramente muchos de buena fe siguen a los falsos  profetas, sin embargo esto no cambia nada puesto que se separaron de la única Iglesia de Cristo para seguir gente que fundó falsas iglesias que no salvan. La solución es regresar a la Iglesia Católica que Cristo fundó.

Un sacerdote católico

Se puede fotocopiar y distribuir este volante…
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23 noviembre 2009 1 23 /11 /noviembre /2009 19:54


          
I- Los negadores del Infierno

No existe el Infierno, dicen: Los librepensadores: ¡Usted injuria la razón humana!...¡En nuestro siglo creer en el infierno!

Los escépticos: ¡Invenciones! ¡Historias de terror !

Los modernistas y liberales: ¡No hablamos de eso!...¡Se van a vaciar nuestras iglesias!...¡Atacan al espíritu moderno!

Los optimistas y sentimentales: ¡Dios es demasiado bueno!...¿Por un pecado de un momento?...

No se trata de saber si creen o no, de si les gusta o no, de si les acomoda o no a los intelectuales modernos. Se trata de saber si el infierno existe... Pues bien... ¡Existe el infierno! “De Dios nadie se burla” nos repite con frecuencia la Sagrada Escritura.

¿Cómo estar seguros de que el infierno existe?

Por Nuestro Señor Jesucristo... Quien no puede equivocarse ni engañarnos...porque El es Dios y ha manifestado su divinidad por sus milagros porque Dios nos ha revelado que existe verdaderamente un Infierno.

 

II- Lo que dice la Biblia

a) En el Antiguo Testamento: Recorred los Salmos, los Profetas, etc. Frecuentemente refiriéndose a los impíos, hablan de “gusano que roe y no muere, fuego que no se apaga, fuego que los devorará”, “¿quién de vosotros podrá soportar este fuego que devora?”, “¿quién de vosotros podrá vivir en medio de los fuegos eternos”, etc.

b)  En el Nuevo Testamento: ¡Cuántas veces el Evangelio nos recuerda esta verdad! He aquí el resumen de la predicación  de San Juan Bautista: “Haced penitencia, porque ya el hacha está puesta a la raíz del árbol”. “Todo árbol que no da buen fruto será cortado y arrojado al fuego” (San Lucas 3, 9). “El alma cenará su trigo en su granero, mientras que la paja la quemará con fuego inextinguible” (San Mateo 3, 10-12).

Cristo habla del Infierno

Aún si no hubiera hablado más que una sola vez, sería suficiente. Bajo pena de renunciar a ser sus discípulos y bajo pena de ser rechazado por El, deberíamos creer en su divina palabra que no puede engañar.

Pero ¿Nuestro Señor Jesucristo habló del Infierno una sola vez? ¿Nos puso en guardia Nuestro Señor “que venía a salvar lo que estaba perdido”? Cuántas veces habla de las “tinieblas exteriores”, del lugar donde habrá “lágrimas y rechinar de dientes”, de la “Gehenna”.

“Nada temáis a los que pueden matar el cuerpo y no pueden matar el alma: temed más bien al que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehenna” (San Mateo 10, 28).

¿Se dice que pensar en el Infierno es inútil? Lean las actas de los mártires: ¿no es cierto que con esta última frase respondían a sus jueces en medio de sus torturas?

¿Nuestro Señor Jesucristo no tuvo miedo de insistir? Escuchen lo que nos dice para no titubear ante ningún sacrificio: “Si tu mano te escandaliza, córtatela: mejor te será entrar manco en la vida que con ambas manos ir a la Gehenna, al fuego inextinguible, donde ni el gusano muere ni el fuego se apaga”.

Y el buen Maestro insiste: “Si tu pie te escandaliza córtatelo: mejor te es entrar en la vida cojo que con ambos pies ser arrojado a la Gehenna, donde ni el gusano muere ni el fuego se apaga”.

Pero no se insistirá jamás demasiado para salvar a estos pobres locos que se dejan seducir por la vanidad del mundo que nos deslumbra tanto. Y continúa:“Si tu ojo te escandaliza, sácatelo: mejor te es entrar tuerto en el reino de los cielos que con ambos ojos ser arrojado a la Gehenna, donde ni el gusano muere ni el fuego se apaga”.

Y este discurso en donde el Hijo de Dios insiste tanto lo repitió frecuentemente, porque nos lo reporta San Marcos (9, 43-48). Los Evangelios son sólo un resumen de su vida, está claro que el mismo Señor recordó frecuentemente esta misma verdad.

El discurso sobre el juicio final

“Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, preparado para el Diablo y sus ángeles”  (San Mateo 25).

Los que temen saber si hay fuego en el Infierno, lean estas palabras y las del final del mismo discurso “Y estos irán al suplicio eterno”.

Los sentimentales que se imaginan que se pueden burlar impunemente de Dios, mediten esta advertencia de la Verdad Eterna, así como éstas expresiones de la historia del Rico Epulón. Es Jesús mismo quien las ha escogido para hacernos comprender: “Este lugar de tormentos”. “Estoy atormentado en las llamas”. “Hijo, acuérdate de que ya recibiste tus bienes en vida, y Lázaro recibió males, y ahora él es consolado y tú eres atormentado”. “Entre nosotros hay un gran abismo, de manera que los que quieran pasar de aquí a vosotros no pueden, ni tampoco pasar de ahí a nosotros”...“Padre, te lo ruego, envía a Lázaro a casa de mi Padre, por que tengo cinco hermanos, para que les advierta, a fin de que no vengan también ellos a este lugar de tormentos”. Y dijo Abrahám: -Tienen a Moisés y a los Profetas: que los escuchen. -No, Padre Abrahám, dijo él (el rico malo), pero si alguno de los muertos fuese a ellos, harían penitencia. Y le dijo: Si no oyen a Moisés y a los Profetas, tampoco creerán si un muerto resucita”.

¿Y los Apóstoles?

San Pedro: “Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que, los precipitó en el abismo de las tinieblas al fondo del Tártaro para ser allí atormentados”. (II Pedro 2, 4)

San Pablo: “El Señor castigará con las llamas de fuego a los que desconocen a Dios y no obedecen al Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo”. “Sufrirán penas eternas en la muerte, lejos de la faz del Señor” (II Tesalonicenses 1, 8 Gálatas 5 y Efesios 5, 5). Y este grito de pavor: “Es terrible caer en las manos de Dios vivo”. Además, a pesar de sus milagros y de las conversaciones que Dios le había concedido hacer, San Pablo dice:“castigo mi cuerpo y lo esclavizo” “no sea que, habiendo predicado a otros, resulte yo mismo reprobado”.

Y el dulce San Juan: “Si alguno adora a la bestia... será atormentado con el fuego y el azufre delante de los santos ángeles y delante del Cordero. Y el humo de sus tormentos subirá por los siglos de los siglos y no tendrá reposo ni de día ni de noche” (Apocalipsis 14, 10). “Y todo el que no fue hallado en el libro de la vida fue arrojado al estanque de fuego” (Apocalipsis 20, 15). “Los cobardes, los infieles, los abominables, los homicidas, los fornicarios, los hechiceros, los idólatras y todos los embusteros, tendrán su parte en el estanque que arde con fuego y con azufre, que es la segunda muerte” (Apocalipsis 21, 8 y 13,18).

 

III- La Iglesia católica y el Infierno

¡Sí! Existe un infierno...y un infierno eterno. Es de fe. Lo sabemos con certeza por que Dios mismo nos lo ha advertido. El nos ha dicho: “Yo soy el Señor y no cambio” (Malaquías 3, 6).

La Iglesia nos lo advierte por el Símbolo de San Atanasio y el IV Concilio de Letrán y por su enseñanza continua. El que no lo quisiera creer, quedará fuera del Arca de Salvación.

 

Conclusión

¿IRA USTED AL INFIERNO?

Sí,...si usted no cree. “El que no crea será condenado” (San Marcos 16, 16).

Sí,...si desprecia a Dios y a sus mandamientos. No piense poder actuar impunemente: “De Dios nadie se burla”. Es El quien tiene la última palabra...piénselo.

Sí,...si no teme a Dios, usted que se resiste a creer en su palabra a pesar de las pruebas  que El le ha dado, usted que acepta las malas doctrinas, usted que se esfuerza en ganar un poco de dinero o prolongar su salud y no hace nada por su salvación eterna, usted que se deja arrastrar por el respeto humano, usted que hace confesiones y comuniones sacrílegas, usted que no santifica el día del Señor, que no quiere perdonar o restituir el mal adquirido o romper con esta compañía peligrosa, o que no quiere aceptar el deber de tener hijos en el matrimonio, o que no quiere huir de la impureza, etc.

Sí,...muy probablemente...si deja para mañana su conversión. “Aquel que ha prometido el perdón al pecador arrepentido, no le ha prometido el día siguiente” dice San Gregorio. La regla general es ésta: “Se muere como se vive”. Entonces ¿dónde se irá usted? ¿a dónde hubiese ido si hubiese muerto tal día? ¿Y esta mañana? ¿No son preguntas que todo hombre de juicio y razón debe hacerse?

Pero, ¿y la bondad de Dios? ¿No la ve usted? Mire el crucifijo “Dios amó tanto a los hombres que les dio a su Hijo Unigénito, para que el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna” (San Juan 3, 16). “El se anonadó por nosotros”, “me ha amado, se ha entregado a Si mismo por mí” (Filipenses 2, 16).

¡Cuántas veces Él vino a llamar a la puerta de su corazón! Y el tiempo tan precioso que le dio, ¡no es acaso fruto de su Misericordia para que lo emplee en su salvación? ¿Qué espera? Arrójese a sus pies. Pídale perdón. Póngase resueltamente a practicar sus mandamientos. ¡Con su ayuda es fácil y dulce!

¿Quiere usted asegurar su salvación? Tome el mejor medio. Venga a hacer los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. Quien quiere el fin pone los medios.
¡No hay nada mejor que la salvación!

Pero si usted continúa haciendo poco caso de los deberes para con Dios y pecando en su presencia, sépalo, no lo olvide jamás: ¡DE DIOS NADIE SE BURLA! (San Pablo a los Gálatas 6.7).

Un sacerdote católico
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23 noviembre 2009 1 23 /11 /noviembre /2009 19:31


Los Santos son los verdaderos discípulos de Nuestro Señor Jesucristo. La vida de los Santos es el Evangelio puesto en práctica y por esto son los modelos que tenemos que conocer e imitar para salvarnos. Sin embargo, los que hoy llamamos santos eran hombres como nosotros, que tenían problemas y dificultades en sus familias, con sus hijos y sus vecinos. También ellos tenían tentaciones, pecados e incluso algunos de ellos fueron grandes pecadores como San Agustín.

¿Cómo de pecadores alcanzaron la santidad? ¿Cómo vencieron la ira, la pereza, la envidia, los malos deseos y todas las tentaciones? En una palabra, ya fueran jóvenes o viejos, religiosos o seglares, padres o madres de familia, muchachos o muchachas, ¿qué medios emplearon para protegerse del mal, fortalecerse, santificarse, progresar, vencer y triunfar? Al leer su vida sabremos estas cosas. Mejor aún, la lectura de su vida, junto con la lectura del Catecismo y del Santo Evangelio nos fortalecerá, iluminará, instruirá y nos ayudará a ser verdaderos católicos, con la paz en el alma y la sonrisa en el rostro, a pesar de las dificultades de la vida.

 

Leer en familia

Los católicos de los siglos pasados, que conocían el valor y la importancia de estas buenas lecturas, hacían a veces sacrificios enormes para poder adquirir la vida de los mártires y de los santos; y constituían así un patrimonio intelectual católico para sus hijos. Pues no hay que olvidarlo nunca, los santos son los héroes y campeones del cristianismo; los mejores hijos de la Iglesia y los vencedores del mundo, de la carne y del demonio. A ellos es a quienes tenemos que conocer, imitar y seguir, y no a los protagonistas corruptos de la televisión y del cine.

Las familias católicas se reunían , después de la cena, rezaban juntos y leían cada día algunas páginas de las vidas de los santos, del Catecismo o del Evangelio. Esta lectura cotidiana alimentaba las inteligencias, fortificaba la voluntad; inflamaba su celo; los ponía en guardia contra las trampas y mentiras del demonio y de sus secuaces; unía a los miembros de la misma familia; formaba jóvenes virtuosos, obedientes, fuertes contra el mal y orgullosos de ser católicos, hijos de Dios y herederos del cielo, a tal punto que decían “antes morir que pecar” (S. Domingo Savio).
Frutos de la buena lectura

Esta lectura ha hecho Santos y familias felices. ¡Dichosos los padres que les dan a sus hijos la costumbre de leer la vida de los campeones de la Fe: tendrán hijos o nietos santos! Así, Santa Teresa de Jesús, cuando era niña, al leer la vida de los Santos con su hermano, se entusiasmó por la felicidad del cielo y finalmente llegó a él gloriosamente (1). ¡Dichosos los padres que defienden a sus hijos y nietos cerrando la puerta de su casa a los malvados, corruptos y corruptores de la caja de todos los vicios, impura y mentirosa! ¡Dichosos los padres que eligen buenos compañeros y modelos para sus hijos, pues los niños tienden a imitar todo!

«Dime con quién andas y te diré quién eres». Si les dan a leer a sus hijos la vida de los Santos, se sentirán movidos por estos héroes y, consciente o inconscientemente, tratarán de imitar sus virtudes de fortaleza, trabajo, obediencia y respeto de sí y de los demás. Muchos pecadores se convirtieron y se hicieron a su vez Santos al querer imitar los buenos ejemplos de los santos cuya vida leían; y otros hombres están, por desgracia, en el infierno por haber leído o visto cosas malas.

Algunos conocemos el caso del soldado español Ignacio de Loyola. Herido, clavado en su lecho de sufrimiento, Ignacio leyó la vida de Nuestro Señor Jesucristo y de los Santos. Esta lectura repetida lo convirtió, le hizo descubrir la verdadera sabiduría e hizo de él mediante los Ejercicios Espirituales y la Compañía de Jesús, el mayor defensor de la Fe católica frente a la herejía protestante naciente.

 

La lectura es una escuela de santificación

¿Quieren ustedes vencer el pecado, saber santificar el sufrimiento, vivir cristianamente, salvar su alma, ser católicos militantes que ayudan a sus hermanos a vencer y a salvarse? Lean y hagan que otros lean la vida de los Santos y de los Mártires. Lean la Imitación de Cristo de Tomás de Kempis, la Introducción a la Vida Devota de San Francisco de Sales, la Vida de San Juan Bosco, la de Santo Domingo Savio, San Pío X, Santa Mónica, Las Glorias de María de San Alfonso María de Logorio, etcétera.

Hoy en día, triunfan el mal y las sectas porque atacan a católicos ignorantes, cadáveres ambulantes, a gente que paga por dejarse envenenar a sí mismo y a sus familias, en lugar de formarse leyendo buenos libros.

 

Los santos nos hablan de la lectura

Miren lo que hacían los Santos: a unas religiosas que le pedían cilicios, San Alfonso de Ligorio les respondió enviándoles un buen lote de libros que les ayudarían a santificarse mejor (2). El mismo San Alfonso escribía: “No tengo la posibilidad, pero si pudiera quisiera imprimir tantos ejemplares de este pequeño libro (“El gran medio de la Oración”) como hay fieles vivos en el mundo, y distribuírselo a todos para que comprendieran la gran necesidad de la oración para salvarnos” (3).

El Santo Cura de Ars leía cada día la vida del santo del día y decía: “Leamos sobre todo la vida de algún santo, donde veremos lo que ellos hacían para santificarse; esto nos alentará” (4).

San Antonio María Claret decía: “Al considerar el bien tan grande que trajo a mi alma la lectura de libros buenos y piadosos, es la razón por la que procuro dar con tanta profusión libros por el estilo, esperando que darán en mis prójimos a quienes amo tanto los mismos felices resultados que dieron en mi alma ” (5). Y el mismo santo añadía: “El bien que se puede recabar de la lectura de un buen libro no se puede calcular, y siendo ésta la mejor limosna que puede hacerse, ciertamente recibirá de Dios un premio centuplicado en la vida eterna”(6). Delante de la inercia y flojera de unos católicos San Claret se quejaba: “¿Hasta cuando serán más prudentes y diligentes los hijos de las tinieblas que los de la luz? (Lucas 16, 8). Si los impíos lo hacen para pervertir ¿por qué no haremos nosotros otro tanto para conservar y aumentar la piedad de los fieles?” (7). Para mantener al pueblo en la fe católica y rechazar el veneno de los herejes, San Claret escribía a un amigo suyo: “Doy continuas gracias a Dios y a ustedes por el celo que veo les anima para hacer circular los escritos buenos, y que no sean más prudentes y solícitos los hijos de las tinieblas en hacer circular sus pestíferos errores escritos que los hijos de la luz en hacer correr los escritos saludables”(carta no 19). ¿Qué hacer para a frontar las sectas: “Conviene que salgan libros buenos, muchos y a bajo precio, y que se extiendan por toda España”, decía el mismo Santo (carta no 23). ¿Por qué no decir la misma cosa para México o Guatemala?

 

La buena lectura nos ayuda a ser buenos

La lectura de los libros buenos produce un cambio de costumbres, amor a la paz, unión en la familia, cumplimiento de los deberes de estado; respeto y caridad hacia el prójimo, hace amar la virtud, rechaza el vicio, impulsa hacia lo bueno, lo verdadero, lo eterno, la santidad que es fuente de la felicidad y de todos los bienes.

Por consiguiente, el que quiere ser verdadero católico lea vidas de los Santos y medite sus ejemplos, ya que son estrellas brillantes y ardientes que encienden el corazón. No hay mejor lectura para llegar a la virtud como la lectura de la vida de los Santos. La lectura de la vida de los Santos es un arsenal en el que hallamos todas las armas para vencer a los enemigos de la salvación y domar nuestras pasiones; la vida de los Santos es una farmacia espiritual en la que hallamos todos los remedios para curar todas las enfermedades del alma. En la vida de los Santos hallamos fuerza, paciencia, caridad, justicia, buenos ejemplos y verdadera vida de familia católica. Así pues, el que quiere salvarse y salvar a su familia, lea y haga leer las vidas de los santos ofreciéndolas a sus hijos, nietos, ahijados, amigos como regalo de cumpleaños, o fiesta de su santo patrono. Pues sólo hay un camino para ir al cielo, es el que tomaron los Santos.

Sigámoslos pues y ayudemos a los demás a tomarlo. Sigamos a nuestros héroes, hagamos lo que ellos hacían y, como ellos, triunfaremos con la gracia de Dios.

 

Noticias

(1) Santa Teresa de Jesús, Autobiografía, cap 1, no. 5
(2) San Alfonso de Ligorio, Obras Selectas, Madrid, BAC, 1954 tomo II, pág. 5
(3) El Gran Medio de la Oración, Prefacio
(4) San Juan María Vianney Sermones Escogidos, tomo I, pág. 50
(5) San Antonio María Claret, Escritos Autobiográficos, Madrid, BAC 1981 no. 42
(6) San Antonio María Claret, Escritos Espirituales, BAC, pág. 427-428
(7) San Antonio María Claret, Cartas Selectas, Madrid, BAC, pág. 24, carta no. 9
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17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 07:33


                                                  PRIMERAS NOCIONES



1. ¿Quién es Dios Nuestro Señor?
   Dios Nuestro Señor es el Ser infinitamente perfecto, creador del cielo y de la tierra.
2. ¿Hay un solo Dios?
   Hay un solo Dios verdadero, creador del cielo y de la tierra, que premia a los buenos y castiga a los malos.
3. ¿Dios ha existido siempre?
   Dios ha existido siempre y siempre existirá, porque es eterno.
4. ¿Dónde está Dios?
   Dios está en el cielo, en la tierra y el todo lugar.
5. ¿Dios lo ve todo?
   Dios lo ve todo, aun nuestros pensamientos. 
 
II

6. ¿Quién es la Santísima Trinidad?
   La Santísima Trinidad es el mismo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero.
7. ¿Cuál es la primera persona de la Santísima Trinidad?
   La primera persona de la Santísima Trinidad es el Padre.
8.    ¿Cuál es la segunda persona de la Santísima Trinidad?
   La segunda persona de la Santísima Trinidad es el Hijo.
9. ¿Cuál es la tercera persona de la Santísima Trinidad?
 La tercera persona de la Santísima Trinidad es el Espíritu Santo.
10. ¿El Padre es Dios?
   Sí, el Padre es Dios.
11. ¿El Hijo es Dios?
   Sí, el Hijo es Dios.
12. El Espíritu Santo es Dios?
   Sí, el Espíritu Santo es Dios.
13. ¿Las tres personas de la Santísima Trinidad son un solo Dios?
   Sí, las tres personas de la Santísima Trinidad son un solo Dios verdadero.


III


14. ¿Qué quiere decir creador?
   Creador quiere decir, que Dios todo lo ha hecho de la nada.
15. ¿Cómo creó Dios al mundo?
   Dios creó al mundo con su voluntad omnipotente, lo conserva con su poder y lo gobierna con su providencia.
16. ¿Cuáles son los seres más perfectos que ha creado Dios?
   Los seres más perfectos que ha creado Dios son los ángeles y los hombre.
17. ¿Qué son los ángeles?
   Los ángeles son unos seres puramente espirituales, dotados de inteligencia y voluntad.
18. ¿Quién es el Angel de la Guarda?
   El Angel de la Guarda, que se llama también Angel Custodio, es un ángel que Dios da a cada uno de nosotros, para que nos proteja en la tierra y nos lleve al cielo.
19. ¿Para qué fin ha creado Dios al Hombre?
   Dios ha creado al hombre para conocerle, amarle, y servirle en esta vida y después gozarle en la vida eterna.
20. ¿Quiénes fueron el primer hombre y la primera mujer que Dios creo?
   El primer hombre fue Adán, cuyo cuerpo hizo Dios de barro y le unió un alma inmortal que creó de la nada, y la primera mujer fue Eva, qué sacó del costado de Adán, dotándola igualmente de un alma inmortal.
21. ¿Dónde colocó Dios a Adán y Eva?
   Dios colocó a Adán y Eva en un lugar delicioso, llamado Paraíso Terrenal.
22. ¿Les impuso algún precepto a Adán y Eva?
   Dios impuso a Adán y Eva el precepto de no comer del Arbol de la Ciencia del bien y del mal.
23. ¿Adán y Eva obedecieron a Dios?
   No. Adán y Eva, tentados por el demonio, desobedecieron a Dios.
24. ¿Cómo castigó Dios a Adán y Eva?
   Dios castigó a Adán y Eva privándolos de la gracia santificante y además los arrojó del Paraíso y los condenó a padecer y morir.
25. ¿Tuvo Dios misericordia de los hombres?
   Sí, Dios tuvo misericordia de los hombres y para salvarlos les prometió y envió un Redentor.
26. ¿Quién es el Redentor que Dios prometió y envió a los hombres?
   El Redentor que Dios prometió y envió a los hombres es el mismo hijo de Dios hecho hombre.
 

IV


27. ¿Cuál de las tres divinas personas se hizo hombre?
   De las tres divinas personas se hizo hombre la segunda, que es el Hijo.
28. ¿Cómo se llama el Hijo de Dios hecho hombre?
   El hijo de Dios hecho hombre se llama Jesucristo.
29. ¿Quién es el Padre de Jesucristo?
   El Padre de Jesucristo es sólo es Eterno Padre.
30. ¿Quién es la madre de Jesucristo?
   La madre de Jesucristo es la Santísima Virgen María.
31. ¿Dónde nació Jesucristo?
   Jesucristo nació es Belén y fue puesto en un pesebre.
32. ¿Por qué quiso Jesucristo morir muerte de cruz?
   Jesucristo quiso morir muerte de cruz para librarnos del pecado y de la muerte eterna.
33. ¿Cómo resucitó Jesucristo al tercer día después de su muerte?
   Jesucristo resucitó al tercer día después de su muerte, volviendo a juntar su cuerpo y alma gloriosa para nunca más morir.
34. ¿Cómo subió a los cielos Jesucristo?
   Jesucristo subió a los cielos por su propia virtud.
 

V


35. ¿Sois Cristiano?
   Sí, soy cristiano por la gracia de Dios.
36. ¿Qué quiere decir ser cristiano?
    Ser cristiano quiere decir tener la fe de Jesucristo, que se profesó en el Bautismo y estar ofrecido a su santo servicio.
37. ¿Cómo nos hacemos cristianos?
   Nos hacemos cristianos por medio del Santo Bautismo.
38. ¿Cuál es la señal del cristiano?
   La señal del cristiano es la Santa Cruz,
 

VI


39. ¿Cuándo vendrá Jesucristo a juzgar a los buenos y a los malos?
   Jesucristo vendrá a juzgar a los buenos y a los malos, al fin del mundo.
40. ¿Antes del fin del mundo serán todos los hombres juzgados?
   A todos los hombres al fin de su vida juzgará Jesucristo y sentenciará a los buenos a gozar eternamente de Dios en la gloria y a los malos a padecer eternos tormentos en el infierno.
41. ¿Que es la muerte?
   La muerte es la separación del alma y del cuerpo.
42. ¿Qué es la gloria?
La gloria es ver a Dios Y gozar de El sin fin, en una bienaventuranza eterna.
43. ¿Qué es el infierno?
   El infierno es la privación de la vista de Dios y el lugar donde se padece el fuego eterno y todo el mal sin mezcla de bien alguno.
44. ¿Qué es el purgatorio?
   El purgatorio es el lugar done van las almas de los que mueren en gracia de Dios, sin haber enteramente satisfecho por sus pecados, para ser allí purificados con terribles tormentos.

VII

45. ¿Cuál es la única verdadera Iglesia?
   LA UNICA VERDADERA IGLESIA ES LA CATOLICA, APOSTOLICA, ROMANA.
46. ¿Qué es la Santa Iglesia Católica?
   La Santa Iglesia Católica, es la comunidad de los fieles cristianos, guiados por el Papa, bajo la acción del Espíritu Santo, en orden a la salvación eterna.
47. ¿Quién fundó la Iglesia Católica?
   Nuestro Señor Jesucristo fundó la Iglesia Católica.
 

VIII


48. ¿Qué es pecado?
   Pecado es una falta voluntaria contra la ley de Dios.
49. ¿Qué es pecado original?
   Pecado original es aquel con que todos nacimos, heredado de nuestros primeros padres Adán y Eva.
50. ¿Quién no tuvo pecado original?
   Unicamente la Virgen María no tuvo pecado original.
51. ¿Qué es pecado mortal?
   Pecado mortal es pensar, desear, decir, hacer u omitir algo contra la ley de Dios en materia grave.
52. ¿Se merece el infierno por un solo pecado mortal?
   Sí, se merece el infierno por un solo pecado mortal.
53. ¿Qué es pecado venial?
   Pecado venial es pensar, desear, decir, hacer u omitir algo contra la ley de Dios en materia leve.


IX


54. ¿Cuántos y cuáles son los sacramentos de la Iglesia?
   Los sacramentos de la Iglesia son siete: Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Penitencia, Unción de los enfermos, Orden Sagrado y Matrimonio.
55. ¿Quién instituyó los sacramentos de la Iglesia?
Nuestro Señor Jesucristo instituyó los Sacramentos de la Iglesia.
56. ¿Qué nos dan los Sacramentos dignamente recibidos?
   Los sacramentos dignamente recibidos nos dan la gracia santificante.
57. ¿Qué es la gracia santificante?
   La gracia santificante es un don divino, que hace al hombre hijo
de Dios y heredero del cielo.
 

X


58. ¿Qué es el Bautismo?
   El Bautismo es el primero y más necesario de los sacramentos, en el que se nos da la gracia y el carácter de cristianos.
59. ¿Qué pecado perdona el sacramento del Bautismo?
El sacramento del Bautismo perdona el pecado original y cualquier otro que hubiere en el que se bautiza.
60. En caso de necesidad, ¿quién puede bautizar?
   En caso de necesidad puede bautizar cualquier hombre o mujer, que tenga uso de razón.
61. ¿Cómo se hace para bautizar en caso de necesidad?
Para bautizar en caso de necesidad se derrama agua natural sobre la cabeza del que se bautiza diciendo al mismo tiempo, con intención de bautizar: "Yo te bautizó en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo".
62. ¿Qué promesas se hacen en el Santo Bautismo?
En el Santo Bautismo el que se bautiza hace por sí mismo o por medio de sus padrinos, las promesas de creer las enseñanzas de la Iglesia y vivir conforme a ellas y de renunciar para siempre al demonio, sus obras y sus pompas, es decir, al pecado y a todo lo malo.


XI

63. ¿Qué es la Confirmación?
   La Confirmación es un sacramento que nos da el Espíritu Santo con sus siete dones y nos fortalece en la fe que recibimos en el Bautismo.
64. ¿Debe estar en gracia de Dios el que se confirma?
   Sí, el que se confirma debe estar en gracia de Dios.
65. ¿Qué pecado comete el que recibe la Confirmación sabiendo que está en pecado mortal?
El que recibe la Confirmación sabiendo que está en pecado mortal, comete un sacrilegio.


XII


66. ¿Qué es la Eucaristía?
   La Eucaristía es un sacramento que contiene verdadera, real y sustancialmente, el cuerpo, sangre, alma y divinidad de Nuestro Señor Jesucristo.
67. ¿A quién recibimos en la Santa Comunión?
En la Santa Comunión recibimos a Nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.
68. ¿Qué es la hostia antes de la consagración?
   La hostia antes de la consagración es pan.
69. ¿Qué es la hostia después de la consagración?
   La hostia después de la consagración es el cuerpo de Jesucristo, juntamente con su sangre, alma y divinidad.
70. ¿Qué ha y en el cáliz antes de la consagración?
En el cáliz antes de la consagración hay un poco de vino con algunas gotas de agua.
71. ¿Qué hay en el cáliz después de la consagración?
En el cáliz después de la consagración está la sangre de Jesucristo juntamente con su cuerpo, alma y divinidad.
72. ¿Después de la consagración hay en la hostia pan o en el cáliz vino?
 Después dé la consagración no hay en la hostia pan ni en el cáliz vino, sino únicamente los accidentes o apariencias de pan y vino, como el olor, el color, el sabor, etc.
73. ¿Cuándo se convierte el pan en el cuerpo y el vino, en la sangre de Nuestro Señor Jesucristo?
El pan se convierte en el cuerpo y el vino en la sangre de nuestro Señor Jesucristo en la Santa Misa en el momento de la Consagración.
74. ¿Cuántas cosas son necesarias para hacer una buena Comunión?
Para hacer una buena Comunión son necesarias tres cosas:

1) Estar en gracia de Dios, 2) Estar en ayunas con la debida anticipación, 3) Saber a quién se va a recibir en la boca, acercarse a comulgar con devoción y hacerlo de rodillas.
75. ¿Qué quiere decir estar en gracia con Dios?
   Estar en gracia con Dios quiere decir no tener pecado mortal.
76. ¿Qué pecado comete quien va a comulgar sabiendo que está
en pecado mortal?
Quien va comulgar sabiendo que está en pecado mortal comete un horrible sacrilegio.
77. Quien está en pecado mortal, ¿cómo se ha de disponer para comulgar?
Quien está en pecado mortal se ha de disponer, para comulgar haciendo una buena confesión, no bastando hacer un acto de contricción.
78. ¿Qué es el Santo Viático?
   El Santo Viático es la Comunión que se administra a los enfermos de cierta gravedad en cuyo caso no se necesita estar en ayunas.


XIII


79. ¿Qué es la Santa Misa?
   La Santa Misa es el sacrificio del cuerpo y sangre de Nuestro Señor Jesucristo, ofrecido en nuestros altares en memoria del sacrificio de la Cruz.
80. ¿El sacrificio de la Misa es el mismo sacrificio de la cruz?
   Sí, el sacrificio de la Misa es el mismo sacrificio de la Cruz, porque en él se ofrece y sacrifica el mismo Jesucristo, aunque de un modo incruento, es decir, sin padecer ni morir corno en la Cruz.


XIV


81. ¿Qué es la Penitencia?
   La Penitencia o Confesión es un sacramento por el cual se perdonan todos los pecados cometidos después del Bautismo.
82. ¿Cuántas cosas son necesarias para hacer una buena confesión?
Para hacer una buena confesión son necesarias cinco cosas: 1) examen de conciencia, 2) dolor de los pecados; 3) propósito de enmienda, 4) confesar al sacerdote todos los pecados; 5) cumplir la penitencia impuesta por el confesor.
83. ¿Qué es examen de conciencia?
Examen de conciencia es procurar con diligencia acordarse de los pecados cometidos desde la última confesión bien hecha.
84. ¿Qué quiere decir tener dolor de los pecados?
Tener dolor de los pecados quiere decir arrepentirse de haberlos cometido.
85. ¿Qué es el propósito de enmienda?
El propósito de enmienda es una firme resolución de nunca jamás ofender a Dios.
86. ¿Qué pecados hay obligación de confesar?
Hay obligación de confesar los pecados mortales, diciendo su número y las circunstancias que cambian la especie o que cambian el pecado venial en pecado mortal.
87. ¿El que calla por vergüenza algún pecado mortal, se confiesa bien?
No, el que calla por vergüenza algún pecado mortal se confiesa mal y comete un grave sacrilegio, y queda además con la obligación de volver a confesar los pecados que confesó y no confesó y el sacrilegio o sacrilegios cometidos.
88. ¿Qué es la Unción de los enfermos o extrema unción?
   La Unción de los enfermos es un Sacramento que se administra a los enfermos de cierta gravedad para mayor bien de su alma y para dar la salud al cuerpo si así conviene a la salud del alma.
89. ¿Qué es el Orden Sagrado?
El Orden Sagrado es un sacramento que da la potestad de ejercitar los sagrados ministerios e imprime en el alma del que lo recibe el carácter de ministro de DIOS.
90. ¿Qué es el Matrimonio?
El Matrimonio es un sacramento que a lo esposos la gracia para amarse santamente y educar cristianamente a sus hijos, estableciendo entre ellos una santa e indisoluble unión.


XVI


91. ¿Qué es fe?
   Fe es una virtud sobrenatural, infundida por Dios en nuestra alma, por la cual creemos todo lo que Dios ha revelado y por medio de la Iglesia nos propone para que lo creamos.
92. ¿Qué es esperanza?
   Esperanza es una virtud sobrenatural infundida por Dios en nuestra alma, por la cual confiarnos alcanzar la gloria, mediante la gracia y nuestras buenas obras.
93. ¿Qué es caridad?
   Caridad es una virtud sobrenatural infundida por Dios en nuestra alma, por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos por amor de DIOS.

- Las virtudes teologales son tres: Fe, Esperanza y Caridad.
- Las virtudes cardinales son cuatro: Prudencia, justicia, fortaleza y templanza.
- Los dones del Espíritu Santo son siete: sabiduría, entendimiento, consejo, ciencia, fortaleza, piedad y temor de Dios.
- Los pecados capitales son siete: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza.
- Los enemigos del alma son tres: el mundo, el demonio y la carne.

 

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17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 07:19


PRIMERAS NOCIONES

ORACIONES PRINCIPALES



Señal de la Cruz

   Persignarse. Por la señal † de la Santa Cruz -.de nuestros † enemigos, líbranos Señor † Dios Nuestro.
    Santiguarse. En el nombre del Padre y del Hijo † y del Espíritu Santo. Amén.

Padre Nuestro

   Padre nuestro, que estás en los cielos – santificado sea tu nombre – venga a nosotros tu reino – hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy, y perdónanos nuestras deudas – así como nosotros perdonamos a nuestros deudores – y no nos dejes caer en la tentación, - más líbranos del mal.

Ave María

   Dios te salve, María, llena eres de gracia – el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres – y bendito es el fruto de tu vientre Jesús – Santa María, Madre de Dios, - ruega por nosotros pecadores - ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria

   Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo – como era en un principio, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Credo

   Creo en Dios Padre Todopoderoso – Creador del cielo y de la tierra, - y en Jesucristo su único Hijo nuestro Señor, - que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, - Nació de Santa María Virgen, - padeció bajo el Poder de Poncio Pilato, - fue crucificado, muerto y sepultado, - descendió a los infiernos – al tercer día resucitó de entre los muertos. – Creo en el Espíritu Santo, - la Santa Iglesia Católica, - la Comunión de los Santos, - el perdón de los pecados, - la resurrección de la carne, la vida perdurable. Amén.

Salve

   Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, - vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. – A ti clamamos los desterrados hijos de Eva – a ti suspiramos, gimiendo, y llorando es ente valle de lágrimas. – Ea, pues Señora, abogada nuestra. – vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos. – y después  de este destierro muéstranos a Jesús, - fruto bendito de tu vientre. - ¡Oh Clementísima! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce Virgen María! – Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, - para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Confiteor

   Yo pecador me confieso a Dios todopoderoso, a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel Arcángel, al bienaventurado San Juan Bautista, a los Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, a todos los Santos y a vos, Padre, que pequé gravemente con el pensamiento, palabra y obra, por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa. Por tanto, ruego a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel Arcángel, al bienaventurado San Juan Bautista, a los Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, a todos los Santos y a vos, Padre, que roguéis por mí a Dios Nuestro Señor. Amén.

Acto de Contricción

   Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: por ser Vos quien sois, bondad infinita y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido, también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno, ayudado de vuestra Divina Gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

Acto de Fe, Esperanza y Caridad

   Creo en Vos, Dios mío, porque sois la verdad misma, espero en  Vos que sois infinitamente fiel a vuestras promesas, me daréis la gracia que necesito para salvarme, os amo sobre todas las cosas porque sois infinita bondad y mi sumo bien y por amor vuestro amo a mi prójimo como a mí mismo y me pesa en el alma de haberos ofendido. Amén. 

 

MANDAMIENTOS DE LA LEY DE DIOS

Los mandamientos de la ley de Dios son diez, a saber:


   1° Amar a Dios sobre todas las cosas.
   2° No tomar su nombre en vano.
   3° Santificar las fiestas.
   4° Honrar padre y madre.
   5° No matar.
   6° No fornicar.
   7° No hurtar.
   8° No levantar falso testimonio.
   9° No desear la mujer de tu prójimo.
  10° No codiciar los bienes ajenos.
 

PRECEPTOS DE LA IGLESIA

Los preceptos de la Iglesia son cinco:


   1° Participar de la Misa todos los Domingos y fiestas de guardar.
   2° Ayunar a guardar abstinencia de carne cuando lo manda la Iglesia.
   3° Confesarse y comulgar al menos una vez al año por Pascua de Resurrección y cuando espera haber peligro de muerte.
   4° Contribuir al Sostenimiento de la Iglesia.
   5° No contraer matrimonio contrario a las leyes de la Iglesia. 

 

LOS SACRAMENTOS DE LA IGLESIA

Los Sacramentos de la Iglesia son siete:


   1° Bautismo.
   2° Confirmación.
   3° Eucaristía.
   4° Reconciliación o penitencia.
   5° Unción de los enfermos o Extremaunción.
   6° Orden Sagrado.
   7° Matrimonio.

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